Capítulo 20: Encuentros con Habitantes de Agartha
El silencio era absoluto en el vasto salón de cristal. La esfera flotante en el centro del espacio
seguía girando lentamente, emanando una luz suave pero intensa, como si estuviera viva,
consciente de su presencia y de su propósito. Alfredo y su equipo se encontraban
completamente fascinados, rodeados por la intrincada red de símbolos que parecían flotar en
el aire, fusionándose con los hilos de luz que conectaban las antiguas civilizaciones entre sí. La
visión era abrumadora, pero lo que sentían no era solo asombro, sino una profunda sensación
de conexión con algo mucho mayor que ellos mismos.
De repente, una vibración en el aire los hizo detenerse. Era como si el espacio mismo estuviera
cambiando, como si algo los estuviera observando. Alfredo levantó la vista hacia la esfera, y
notó que la luz que emanaba de ella se volvía más brillante, casi cegadora, pero al mismo
tiempo no causaba dolor. En un parpadeo, la luz se dispersó, revelando figuras que se
materializaban frente a ellos.
Eran seres de apariencia etérea, su forma humana, pero con una luminosidad sutil que los
rodeaba, como si no pertenecieran completamente a este plano. Sus ojos, grandes y
profundos, irradiaban sabiduría y paz, pero también una profunda autoridad. No hablaban,
pero Alfredo sintió un impulso inmediato de comunicarse con ellos, como si pudieran leer sus
pensamientos y emociones.
—¿Quiénes son ustedes? —preguntó Alfredo, su voz resonando débilmente en el espacio
silencioso.
Una de las figuras se adelantó, sus ojos brillando con una intensidad especial. Al principio, no
emitió ningún sonido, pero las palabras comenzaron a fluir en la mente de Alfredo, como si
fueran entendidas a nivel profundo, más allá del lenguaje.
"Nosotros somos los guardianes del conocimiento, los custodios de la red de sabiduría que
conecta todas las civilizaciones. Vivimos en Agartha, un reino que no está en el tiempo ni en el
espacio como lo entienden los humanos. Aquí, el pasado, el presente y el futuro se entrelazan
en una eterna danza de luz y conciencia."
Alfredo sintió que su mente se expandía. No era solo una conversación verbal, sino un
intercambio de energía. Sus preguntas y pensamientos fluían hacia ellos, y las respuestas
llegaban sin esfuerzo, de manera instantánea.
"Las civilizaciones que conoces, como los egipcios, los mayas, los sumerios, los incas, y todas
las demás, no eran islas aisladas de conocimiento. Eran nodos de una red cósmica que
compartía sabiduría y energía. Nosotros les ofrecimos una guía, pero también les dejamos el
libre albedrío para elegir su camino. En su sabiduría, ustedes han creado muchas historias y
mitos para recordar lo que una vez fue, pero las verdaderas conexiones han permanecido
ocultas, esperando ser descubiertas."
Isabel, que estaba de pie junto a Alfredo, dio un paso adelante, su curiosidad evidente.
—¿Por qué estábamos destinados a encontrar este lugar? ¿Qué significa todo esto para
nosotros ahora? —preguntó, su voz temblando ligeramente de emoción.
La figura luminosa la miró con unos ojos profundos y amables. "Lo que buscan no es solo el
conocimiento antiguo, sino la capacidad de recordar su propio lugar en el universo. Las
civilizaciones perdidas dejaron un legado, pero no es solo su legado lo que deben entender.
Ustedes, los humanos, tienen la capacidad de reconectar con el tejido del universo, de
comprender que todo está interconectado."
La esfera comenzó a pulsar con más intensidad, y Alfredo sintió como si su mente se abriera
aún más. De repente, las visiones comenzaron a tomar forma con claridad absoluta. Vió
imágenes de las grandes civilizaciones en su apogeo: los egipcios construyendo las pirámides,
los sumerios escribiendo en tablillas de arcilla, los mayas observando las estrellas, los incas
creando sus intrincadas terrazas en los Andes. Pero luego, las visiones comenzaron a cambiar.
Vió el colapso de estos imperios, la destrucción, el olvido, y un sentimiento de tristeza lo
invadió.
"Ustedes han perdido mucho, y muchos de esos conocimientos han quedado sepultados bajo
capas de tiempo y olvido. Pero no todo está perdido. A través del despertar de esta conciencia,
ustedes tienen la capacidad de reconstruir lo que se ha perdido, y también de trascender las
limitaciones del pasado."
Mariana, que había estado callada hasta ese momento, habló con cautela.
—¿Qué debemos hacer ahora? ¿Cuál es nuestra responsabilidad en todo esto?
La figura luminosa inclinó su cabeza con una expresión de comprensión.
"Su responsabilidad es simple, pero profunda. Deben recordar y compartir lo que han
aprendido. Pero no solo como información histórica, sino como una enseñanza viva, que se
pueda aplicar al futuro. Las civilizaciones no fueron destruidas solo por el paso del tiempo, sino
por la desconexión de su propia esencia. Ustedes deben aprender a vivir en armonía con el
conocimiento que hemos compartido, y a guiar a la humanidad hacia una nueva era, donde los
hilos de sabiduría, amor y respeto por la vida conecten a todos los seres, sin distinción de
tiempo ni lugar."
Alfredo sintió un profundo alivio al escuchar esas palabras. Por un momento, sintió que todo el
peso de la búsqueda, de la expedición, de todo lo que había vivido, cobraba sentido. Agartha
no solo era un lugar de secretos antiguos, sino un faro de esperanza para el futuro de la
humanidad. No solo tenían el conocimiento de las civilizaciones pasadas, sino la oportunidad
de integrarlo en su propia existencia.
—¿Cómo podemos lograrlo? —preguntó Alfredo, su voz firme.
La figura que había hablado antes extendió una mano hacia él, y Alfredo sintió una cálida
energía fluir hacia él, envolviéndolo en una vibración que resonaba con cada célula de su
cuerpo. "Ustedes ya lo están logrando. El hecho de que estén aquí, de que hayan cruzado el
umbral de este portal, es un acto de fe y comprensión. No necesitan hacerlo solos. Hay muchas
otras almas en el mundo que están comenzando a recordar, que están comenzando a conectar
los hilos. Su tarea es compartir su viaje, y al hacerlo, abrir las puertas de la conciencia para
todos."
Khaled dio un paso al frente, sus ojos brillando con una nueva comprensión.
—¿Es este el propósito de las civilizaciones antiguas? ¿Por eso nos dejaron estos mensajes? —
preguntó, su voz resonando con claridad.
"Así es. Las civilizaciones antiguas dejaron fragmentos de su sabiduría en las piedras, en los
templos, en las estrellas. No se trataba de un conocimiento para unos pocos elegidos, sino de
una semilla que debía germinar en el corazón de la humanidad. Ahora, ese conocimiento está
listo para ser sembrado de nuevo. Y ustedes son los jardineros."
Alfredo asintió, sintiendo la responsabilidad que se posaba sobre sus hombros, pero también la
claridad de su misión. No solo había encontrado el conocimiento de las civilizaciones perdidas;
había encontrado el propósito de su propia existencia: reconectar a la humanidad con las
fuerzas cósmicas que la habían guiado, redescubrir el verdadero significado de la vida y
compartir ese entendimiento con el mundo.
La figura luminosa comenzó a desvanecerse lentamente, su forma diluyéndose en la luz misma.
"La red de sabiduría nunca se ha desconectado. Siempre ha estado ahí, esperando ser vista.
Recuerden, la verdad no se busca solo en el pasado, sino en el presente y el futuro. Ustedes
tienen el poder de reescribir la historia de la humanidad."
Con esas últimas palabras, las figuras se desvanecieron por completo, dejando a Alfredo y su
equipo rodeados por la luz que emanaba de la esfera. Ahora sabían que su viaje no había
terminado. Apenas comenzaba.
Fin del capítulo.