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Capitulo 14

El capítulo narra la exploración de un equipo en Sumeria, específicamente en el Templo de Enki, donde descubren conexiones entre civilizaciones antiguas y un conocimiento cósmico compartido. A través de jeroglíficos y simbolismo, el grupo se da cuenta de que hay una red interdimensional que une a diferentes culturas y sus comprensiones del universo. La experiencia en el templo se convierte en un punto de partida para una búsqueda más profunda del conocimiento perdido de la humanidad.

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Capitulo 14

El capítulo narra la exploración de un equipo en Sumeria, específicamente en el Templo de Enki, donde descubren conexiones entre civilizaciones antiguas y un conocimiento cósmico compartido. A través de jeroglíficos y simbolismo, el grupo se da cuenta de que hay una red interdimensional que une a diferentes culturas y sus comprensiones del universo. La experiencia en el templo se convierte en un punto de partida para una búsqueda más profunda del conocimiento perdido de la humanidad.

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Capítulo 14: Sumeria y el Templo de Enki

El aire caliente de Bagdad se mezclaba con el aroma de especias y té en las bulliciosas calles del
mercado. Alfredo, Isabel, Mariana, Ramón y Khaled se encontraban de nuevo en un país con
una historia aún más antigua que Egipto. Sumeria, la cuna de la civilización, esperaba a ser
desvelada, y con ello, los secretos más profundos de la red cósmica que unía las civilizaciones.
Después de su descubrimiento en las pirámides de Giza, sabían que su próximo destino debía
ser Mesopotamia, la región entre los ríos Tigris y Éufrates, donde la historia de la humanidad
comenzó a tomar forma.

Sumeria no era solo el hogar de los primeros grandes imperios, sino también de los dioses que,
según las antiguas tablillas, habían guiado a los seres humanos desde tiempos inmemoriales.
Enki, el dios de la sabiduría y el agua, estaba en el centro de muchas leyendas. Se decía que
había traído el conocimiento a los hombres, revelando secretos de los cielos y de la Tierra. Y, de
acuerdo con los antiguos textos sumerios, Enki estaba relacionado con una "red de sabiduría"
que se extendía mucho más allá de las fronteras de Sumeria.

Khaled, el experto en culturas antiguas, había conseguido permisos especiales para acceder a
las ruinas del Templo de Enki, en la antigua ciudad de Eridu. Según los textos, Enki había tenido
una conexión directa con las estrellas, y en su templo se guardaban antiguos artefactos que,
según algunos rumores, aún contenían el conocimiento perdido de los dioses.

El viaje a Mesopotamia fue largo, pero al llegar al desierto de Irak, el equipo pronto se dio
cuenta de que la vastedad del paisaje escondía más de lo que sus ojos podían ver. Los vestigios
de las antiguas ciudades, ahora solo escombros y ruinas, eran el recordatorio de un tiempo en
el que los dioses caminaban entre los hombres.

El Templo de Enki estaba parcialmente excavado, pero aún conservaba su magnificencia, a


pesar de los daños sufridos por siglos de olvido y saqueo. La entrada estaba custodiada por
columnas talladas con símbolos que representaban figuras mitológicas: serpientes, humanos
con alas y criaturas híbridas que parecían mezclarse con las estrellas.

—Este lugar tiene una energía especial —dijo Isabel, mirando hacia las ruinas del templo. Su
voz era baja, casi reverente. Aunque el aire del desierto era cálido, había algo en la atmósfera
que parecía diferente, como si el tiempo se detuviera en aquel punto del mundo.

Alfredo asintió. Durante su viaje, había aprendido a escuchar las vibraciones de los lugares, a
percibir las huellas dejadas por las civilizaciones antiguas. Y en este lugar, en particular, sentía
algo profundo. El Templo de Enki no era solo un sitio arqueológico; era un punto de conexión
entre los mundos.

—Aquí, según las leyendas sumerias, Enki compartió los secretos del cosmos con la humanidad
—dijo Khaled mientras caminaba hacia la entrada del templo. Estaba claro que él también
sentía la magnitud de lo que estaban a punto de descubrir.

El interior del templo era oscuro, pero los rayos del sol se colaban a través de pequeñas
aberturas en el techo, iluminando las paredes cubiertas de tablillas y relieves. Alfredo se
adelantó, observando los jeroglíficos grabados en piedra, que representaban escenas de Enki
impartiendo sabiduría a los humanos. El dios estaba representado de muchas formas, pero una
figura en particular llamó la atención de Alfredo. Era una representación de Enki con una esfera
flotante en sus manos, rodeado por una espiral de luces que se extendía hacia el cielo.
—Esto... —dijo Alfredo, tomando una profunda respiración—. Es la misma simbología que
vimos en las pirámides. La espiral, la esfera, las luces... ¿Es posible que todas las civilizaciones
estén conectadas por un mismo conocimiento?

Isabel, que se había acercado al relieve, asintió mientras tomaba notas.

—Las civilizaciones no solo compartían elementos culturales. Estaban unidas por algo mucho
más profundo, algo que les permitió comprender el universo de una manera única. Este
símbolo, el de Enki con la esfera, parece indicar que la sabiduría de los dioses estaba dirigida a
la humanidad para que pudiera trascender las limitaciones del tiempo y el espacio.

Ramón, que hasta ese momento había estado observando con cautela, se acercó a Alfredo con
una expresión de asombro.

—No es solo un símbolo —dijo con voz baja—. Creo que hay algo más. Mira esto.

Ramón señaló una parte de la pared, donde un conjunto de jeroglíficos más pequeños estaba
grabado en un espacio que parecía casi oculto. Alfredo se agachó para observar más de cerca, y
sus ojos se agrandaron al reconocer la figura central: la misma espiral que había visto en las
pirámides de Egipto.

—Esto es increíble —dijo Alfredo, apuntando hacia los símbolos—. Estos jeroglíficos describen
una "red de energías" que conecta todos los mundos. Hablan de portales cósmicos, de viajeros
del alma que se trasladan entre los reinos de los dioses y los humanos. Hablan de... conexión.

Khaled, que había permanecido en silencio mientras observaba, finalmente se adelantó.

—Este templo es más que un simple lugar de culto —dijo, con voz grave—. Es un punto de
energía, un lugar donde las fuerzas cósmicas convergen. Enki no solo enseñó a los humanos
sobre la agricultura y la escritura, sino que también les mostró cómo acceder a un
conocimiento que va más allá de este mundo.

Alfredo reflexionó sobre las palabras de Khaled. Sabía que lo que había descubierto en Egipto y
en Sumeria no era un simple viaje arqueológico; era una revelación. Las civilizaciones antiguas
habían compartido un conocimiento profundo sobre el universo, uno que, de alguna manera,
se había mantenido oculto, disperso en símbolos y leyendas. La esfera que había encontrado
en Perú, las pirámides en Egipto, y ahora los templos en Mesopotamia... todo parecía indicar
que había una red interdimensional, un puente entre diferentes mundos y tiempos, que las
civilizaciones antiguas habían utilizado para comprender su lugar en el cosmos.

Alfredo extendió su mano hacia la esfera grabada en la pared del templo. Un fuerte zumbido
llenó el aire cuando sus dedos rozaron los símbolos. En ese instante, una visión fugaz cruzó su
mente: un mapa estelar que conectaba todos los puntos de la Tierra, con líneas de energía que
atravesaban continentes, uniendo culturas aparentemente distantes.

La visión desapareció tan rápido como llegó, pero Alfredo supo lo que significaba. El
conocimiento de las estrellas, de los dioses y de la humanidad estaba almacenado en algún
lugar más allá de la percepción humana, y era su misión desvelarlo.

—Esto... esto es solo el comienzo —dijo Alfredo, con determinación—. Lo que hemos
encontrado aquí no es un destino, es una guía. Un mapa hacia algo mucho más grande. Algo
que conecta a todas las civilizaciones.
El equipo asintió en silencio, sabiendo que lo que les esperaba no solo cambiaría el curso de su
investigación, sino también la historia de la humanidad. La red de civilizaciones estaba más viva
que nunca.

Fin del capítulo.

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