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Capitulo 1

Alfredo Méndez, un investigador solitario, recibe un antiguo rollo sumerio que sugiere una conexión espiritual y de conocimiento entre civilizaciones olvidadas. Este descubrimiento lo impulsa a investigar más, llevándolo a considerar la leyenda inca de Agartha como un posible punto de partida. Con determinación renovada, Alfredo y su asistente Marcos se preparan para una aventura en Perú que podría reescribir la historia humana.

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Capitulo 1

Alfredo Méndez, un investigador solitario, recibe un antiguo rollo sumerio que sugiere una conexión espiritual y de conocimiento entre civilizaciones olvidadas. Este descubrimiento lo impulsa a investigar más, llevándolo a considerar la leyenda inca de Agartha como un posible punto de partida. Con determinación renovada, Alfredo y su asistente Marcos se preparan para una aventura en Perú que podría reescribir la historia humana.

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Capítulo 1: El Llamado del Pasado

Alfredo Méndez estaba acostumbrado a trabajar en soledad. El pequeño laboratorio que había
convertido en su refugio era un santuario de objetos antiguos, mapas polvorientos y pilas de
libros que hablaban de civilizaciones olvidadas. Un lugar que, para él, era mucho más que una
oficina o un taller de investigación; era un vínculo con el pasado, un espacio donde las voces de
los antiguos podían ser escuchadas a través de sus vestigios.

Esa tarde, sin embargo, el silencio del laboratorio se vio interrumpido por el sonido de la
puerta al abrirse. Un joven asistente, Marcos, entró con una caja de madera en las manos,
visiblemente emocionado.

—Profesor Méndez, tengo algo para usted —dijo mientras colocaba la caja sobre la mesa, su
rostro reflejaba la urgencia de un hallazgo importante.

Alfredo, que no estaba acostumbrado a las interrupciones, levantó la mirada de los jeroglíficos
egipcios que estudiaba y observó la caja. El material de la caja parecía antiguo, pero no era la
madera la que lo intrigó, sino el símbolo tallado en su tapa: un círculo con líneas entrelazadas,
un diseño que le resultaba vagamente familiar. Se acercó a ella con una mezcla de curiosidad y
escepticismo.

—¿De dónde viene esto? —preguntó mientras comenzaba a abrir la caja con cuidado.

—De un coleccionista privado. Un amigo mío que sabe lo que hago... me pidió que lo revisara.
Es un fragmento sumerio —respondió Marcos, con voz baja, como si temiera que el objeto
pudiera escucharle.

Dentro de la caja, envuelto en telas de lino, descansaba un rollo de pergamino que, a simple
vista, parecía tener siglos de antigüedad. Alfredo lo desenrolló con una mezcla de reverencia y
emoción. El pergamino estaba cubierto de símbolos cuneiformes, algunos conocidos, otros
inéditos, pero lo que llamó su atención de inmediato fue una frase que aparecía repetida a lo
largo del texto:

"La red de civilizaciones. La conexión de los hilos del tiempo."

El corazón de Alfredo dio un vuelco. Había escuchado rumores sobre tales conceptos en viejas
leyendas y teorías, pero nunca había encontrado evidencia tan clara de que tales conexiones
existieran realmente. El texto mencionaba una red, algo más que meras interacciones
comerciales o migratorias. Había una implicación más profunda: una red espiritual y de
conocimiento que unía a culturas distantes a lo largo del tiempo.

Alfredo miró a Marcos, su mente trabajando a toda velocidad.

—Esto... esto es enorme. —Dijo Alfredo, sus dedos recorriendo los símbolos, su voz apenas un
susurro. —Si lo que aquí se sugiere es cierto, podría cambiar por completo nuestra
comprensión de la historia humana. La idea de que culturas como los sumerios, los egipcios,
los mayas y los incas compartieran un conocimiento común... no es solo un mito. Puede que
todo esté conectado, de una forma que nunca imaginamos.

Marcos observó a Alfredo con cautela, no entendiendo completamente el alcance de lo que


había encontrado, pero reconociendo la intensidad de la reacción de su mentor.

—¿Qué significa eso para ti, profesor? ¿Dónde empezarías a investigar algo así?
Alfredo no le respondió inmediatamente. Su mente ya había comenzado a visualizar la
investigación que tendría que realizar. Había muchas preguntas, pero solo una respuesta
posible: seguir el rastro que el texto había comenzado a trazar. Una red de civilizaciones. Un
conocimiento compartido, oculto a lo largo de los siglos. Y lo más importante: la idea de que
este "conocimiento" no solo se había transmitido a través de objetos, sino a través de lo
espiritual, de una sabiduría compartida, oculta y probablemente trascendental.

Con un suspiro, Alfredo guardó el pergamino con cuidado en una caja de protección y se
levantó de su escritorio. Un plan comenzó a formarse en su mente.

—Voy a necesitar más que solo esto —dijo finalmente, con una determinación renovada. —
Necesito acceder a más fuentes, más evidencias. Y creo que el lugar donde podría encontrar
algo más... es en los Andes. He oído hablar de una antigua leyenda inca sobre un portal hacia
un reino subterráneo. Puede que sea solo una leyenda, pero si este texto es tan importante
como parece... quizás haya algo real detrás de esas historias.

Marcos lo miró asombrado.

—¿Estás hablando de Agartha? —preguntó, sorprendido de que Alfredo mencionara algo tan
específico.

Alfredo asintió, pensativo.

—Agartha, el reino subterráneo. No sé si existió, pero las leyendas sobre lugares ocultos,
conectados con otros mundos o tiempos, son más comunes de lo que imaginamos. Y si hay
algo que los sumerios, los egipcios, los mayas y los incas tenían en común, es la creencia en un
conocimiento más allá de lo tangible. Este texto... —se detuvo, mirando el pergamino como si
buscara respuestas en las líneas—... este texto sugiere que esa conexión no es solo un mito.
Puede ser el punto de partida para entender algo mucho más grande.

Marcos asintió, comenzando a entender la magnitud de lo que Alfredo estaba sugiriendo. La


aventura que se avecinaba no solo podría reescribir la historia, sino también desvelar secretos
que habían estado ocultos por milenios.

Alfredo se levantó y comenzó a recoger sus cosas, mientras su mente ya se transportaba a los
Andes. No podía perder el tiempo. Sabía que estaba ante algo trascendental, algo que podría
unir el pasado y el futuro de la humanidad. Y, en ese momento, supo que el llamado del pasado
había llegado para cambiar su vida para siempre.

—Marcos, prepárate. Vamos a Perú.

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