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Capitulo 2

Alfredo Méndez investiga un texto sumerio que menciona un mapa hacia un portal en los Andes, relacionado con el legendario reino subterráneo de Agartha. A medida que conecta símbolos y leyendas, decide emprender una expedición, reclutando a su asistente y a la Dra. Isabel Mendoza, una arqueóloga experta en la región. Con determinación, Alfredo se prepara para descubrir secretos olvidados que podrían cambiar la historia humana.

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Capitulo 2

Alfredo Méndez investiga un texto sumerio que menciona un mapa hacia un portal en los Andes, relacionado con el legendario reino subterráneo de Agartha. A medida que conecta símbolos y leyendas, decide emprender una expedición, reclutando a su asistente y a la Dra. Isabel Mendoza, una arqueóloga experta en la región. Con determinación, Alfredo se prepara para descubrir secretos olvidados que podrían cambiar la historia humana.

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Capítulo 2: El Mapa Antiguo

La noche había caído sobre el laboratorio de Alfredo Méndez, pero el brillo de las luces de la
lámpara de aceite y el resplandor de las pantallas de su ordenador llenaban la habitación con
una luz cálida y febril. Había pasado toda la tarde investigando el texto sumerio, cada símbolo
cuneiforme revelaba más pistas sobre la red de civilizaciones, y el concepto de un
“conocimiento compartido” se tornaba más real en su mente. Sin embargo, lo que realmente lo
mantenía despierto era el fragmento que había descubierto entre las páginas del pergamino:
una sección donde se mencionaba un mapa.

El mapa, según los antiguos textos, apuntaba a un lugar en los Andes, donde las antiguas
civilizaciones de América del Sur habrían encontrado un portal hacia Agartha, el legendario
reino subterráneo. Alfredo había escuchado muchas veces hablar de Agartha, pero siempre
como una fantasía. Sin embargo, el texto sumerio daba una credibilidad inesperada a esa
leyenda, sugiriendo que ese portal no solo existió, sino que fue conocido por más de una
civilización.

Una y otra vez, Alfredo repasó las notas que había tomado sobre el mapa. La ubicación
señalada era remota, en una región inaccesible por la mayoría de las rutas conocidas. La
primera vez que leyó sobre el mapa, pensó que podría ser un engaño o una metáfora. Pero a
medida que seguía analizando, algo dentro de él le decía que no podía ignorarlo. Las
coincidencias entre los símbolos sumerios y las leyendas de los Andes eran demasiado
llamativas para ser meras casualidades.

Con determinación, Alfredo se levantó de su escritorio y fue hacia una de las estanterías
repletas de viejos libros y artefactos. Tomó uno de los volúmenes más antiguos que tenía en su
colección: un compendio sobre leyendas de los Andes y las antiguas creencias de los pueblos
indígenas. Mientras hojeaba las páginas, su dedo se detuvo en un pasaje que hablaba de los
Hatun Karpay, un grupo sacerdotal inca que supuestamente tenía el conocimiento de los
portales místicos hacia otros mundos. Había menciones de un lugar secreto, más allá de los
Andes, donde los antiguos creían que el mundo subterráneo conectaba con el mundo superior.

El mapa sumerio mencionaba algo similar, pero con una diferencia crucial: un “nexo de los hilos
del tiempo” que conectaba el mundo material con el reino subterráneo. Para Alfredo, eso no
era solo una metáfora. Era una invitación, una pista de algo mucho más grande.

Decidido, comenzó a revisar sus archivos personales. En una vieja carpeta de cuero, encontró
una serie de mapas de exploradores pasados, aquellos que se habían aventurado a la región de
los Andes en busca de artefactos perdidos. Muchos habían fracasado o desaparecido, pero uno
de los mapas más antiguos llamó su atención: un plano detallado de la zona de Vilcabamba, un
lugar remoto que había sido considerado por algunos como la última capital del Imperio Inca
antes de su caída.

En la esquina inferior derecha del mapa, un símbolo grabado lo hizo detenerse en seco: el
mismo símbolo que había visto en la tapa de la caja donde había encontrado el pergamino
sumerio. Un círculo con líneas entrelazadas. Esa coincidencia era demasiado significativa para
pasarse por alto.

Con el pulso acelerado, Alfredo extendió el mapa sobre su mesa y comenzó a comparar las
ubicaciones. La alineación de los puntos era extraña pero precisa, y había una marca que
señalaba una cueva oculta cerca de las Montañas de Vilcabamba. El mapa parecía indicar que
este lugar era el umbral entre el mundo visible y lo oculto. Y aunque no era una prueba
definitiva de la existencia de Agartha, algo en su intuición le decía que había más de lo que los
ojos podían ver.

El tiempo comenzó a diluirse a medida que Alfredo trazaba líneas sobre el mapa con un lápiz,
conectando puntos, calculando distancias. Cada vez que sus ojos se deslizaban sobre los
símbolos y las anotaciones, sentía que se acercaba más a una verdad enterrada durante siglos.
El texto sumerio, la leyenda inca y el mapa antiguo formaban un rompecabezas que solo podía
resolverse en el terreno.

No podía esperar más.

Decidió, en ese instante, que emprendería una expedición hacia los Andes. Necesitaba
respuestas, y el llamado del pasado era demasiado fuerte como para ignorarlo. Pero no sería
una aventura solitaria. Necesitaba un equipo que lo acompañara, alguien que pudiera ayudarlo
a interpretar lo que encontrarían en el camino y, quizás, alguien que tuviera más experiencia
con las leyendas y la geografía del lugar. Además, un viaje a tan remotas tierras requeriría todo
un equipo logístico.

El día siguiente amaneció con una urgencia renovada. Alfredo se encontraba en su teléfono,
haciendo las primeras llamadas para organizar la expedición. Marcos, su asistente más cercano,
sería el primero en unirse. Luego, contactó a una arqueóloga peruana, la Dra. Isabel Mendoza,
quien había trabajado durante años en excavaciones en los Andes y conocía las leyendas
locales.

La Dra. Mendoza respondió al teléfono con una mezcla de sorpresa y curiosidad.

—¿Usted cree que realmente hay algo allá? En los Andes hay muchos mitos sobre portales,
pero... ¿un mapa sumerio, profesor? Eso es un territorio inexplorado —dijo, escéptica pero
intrigada.

Alfredo sonrió, reconociendo el escepticismo en su voz. Nadie podía entender la magnitud de


lo que sentía, pero eso no lo iba a detener. En sus manos tenía el comienzo de una historia más
grande de lo que cualquier persona podría imaginar.

—No lo sé, Isabel. Pero he encontrado algo. Y creo que si seguimos las pistas que están ante
nosotros, podríamos descubrir algo que cambie todo lo que sabemos sobre la historia humana.

—Entonces, cuente conmigo, Alfredo. Estaré lista para partir en cuanto usted lo diga.

El plan estaba en marcha.

Esa misma noche, Alfredo recogió el mapa sumerio y lo colocó junto al mapa de los Andes. Con
una determinación que solo los verdaderos exploradores conocen, comenzó a organizar los
detalles de la expedición. Sabía que el camino sería peligroso. No solo por la geografía del
lugar, sino por lo que podría encontrar. Agartha, si realmente existía, no era solo un reino
subterráneo; era el guardián de secretos olvidados.

Alfredo guardó los mapas en su maletín, miró una última vez el laboratorio que había sido su
hogar durante años, y respiró hondo.

El llamado del pasado lo había encontrado, y ahora debía seguirlo, sin importar los peligros o
los misterios que aguardaban.
El viaje comenzaba.

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