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La historia narra la desaparición de la aldea de Alhendre y la investigación de Laura, una antropóloga que se adentra en el misterio, encontrando un ambiente inquietante y la presencia de ojos dibujados en las paredes. Tras una experiencia aterradora, Laura desaparece y su hermano Sergio intenta encontrarla, solo para descubrir que ella se ha convertido en parte de la aldea y que ambos están atrapados en un ciclo de oscuridad y vigilancia. La narrativa explora temas de desaparición, obsesión y la transformación de los personajes en seres que ya no son los mismos.

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La historia narra la desaparición de la aldea de Alhendre y la investigación de Laura, una antropóloga que se adentra en el misterio, encontrando un ambiente inquietante y la presencia de ojos dibujados en las paredes. Tras una experiencia aterradora, Laura desaparece y su hermano Sergio intenta encontrarla, solo para descubrir que ella se ha convertido en parte de la aldea y que ambos están atrapados en un ciclo de oscuridad y vigilancia. La narrativa explora temas de desaparición, obsesión y la transformación de los personajes en seres que ya no son los mismos.

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## **5.

Terror en la Aldea de los Ojos Vacíos**

Nadie hablaba de **Alhendre**. Ni siquiera los mapas se atrevían a señalar su ubicación exacta. A los
viajeros que preguntaban, los lugareños les decían que era solo una leyenda. Pero algunos, con la voz
baja y los ojos temblorosos, murmuraban lo mismo: *“No vayas, los ojos siguen allí…”*

Laura, una antropóloga apasionada por los mitos rurales, escuchó sobre Alhendre en un archivo antiguo
de la universidad. Decía que una aldea entera había desaparecido en 1921, tras una serie de
desapariciones y fenómenos inexplicables. Nadie investigó. No había registros oficiales. Solo rumores.

Motivada por su instinto, viajó al norte del país, hasta una región montañosa donde las señales de GPS
fallaban y la niebla parecía permanente. A pie, con mochila y grabadora, se adentró en el bosque.
Después de horas de caminata, la vegetación se abrió y lo vio: **Alhendre**, un conjunto de casas de
piedra cubiertas por el musgo y el silencio.

Era como si el tiempo se hubiera detenido.

Entró a la primera cabaña. Todo estaba en su lugar: platos en la mesa, ropa colgada, incluso una vela
derretida hasta la base. Pero lo más extraño era que **no había cuerpos.** Ni señales de lucha. Ni rastro
de sangre. Solo... ausencia.

Laura sintió que la observaban. Cada vez que se giraba, encontraba en las paredes dibujos toscos de
ojos. Enormes. Negros. Sin párpados. Sin expresión.

—¿Qué significan estos ojos? —murmuró, grabando con su voz temblorosa.

Al caer la noche, decidió refugiarse en la iglesia del pueblo. Una construcción simple, con una campana
oxidada. Al entrar, encontró una Biblia abierta en un altar improvisado. Las páginas estaban arrancadas,
menos una. En ella, alguien había escrito con sangre seca:
*"Los ojos ven en la oscuridad. No duermas. No pestañees. No los dejes entrar."*

Sintió un frío antinatural. Su linterna comenzó a parpadear. Los bancos comenzaron a crujir, uno a uno,
como si alguien invisible caminara por el pasillo. Laura huyó, pero al salir, el pueblo ya no era el mismo.
Las casas parecían haberse movido. Las ventanas la miraban.

Corrió al bosque, pero no encontraba el camino. Daba vueltas. Siempre volvía a la plaza central. Allí, en
medio de la niebla, había una figura. Un anciano sin rostro. Solo piel lisa donde deberían estar sus ojos.

—No mires… —susurró él con voz seca—. Ellos vienen si miras demasiado.

Laura gritó. La niebla la envolvió. Cayó.

Despertó al día siguiente en su tienda de campaña, lejos del pueblo. Su grabadora estaba junto a ella,
aún encendida. Reprodujo los audios.

Pero no encontró su voz. Solo sonidos distorsionados, respiraciones profundas, y una frase repetida una
y otra vez:

*"Nos ves. Ahora somos parte de ti."*

Cuando regresó a la ciudad, nadie le creyó. Mostró los audios. Eran solo estática. Trató de encontrar
Alhendre de nuevo. Nunca lo logró. El camino desapareció. El bosque se cerró.

Poco a poco, comenzó a notar algo más inquietante: su reflejo en el espejo cambiaba. Sus ojos eran cada
vez más... vacíos. Más negros. Más fijos.
Una noche, sus amigos la encontraron sentada frente al espejo, repitiendo con una sonrisa inerte:

—Ellos me ven. Yo también los veo. Y pronto, tú también los verás…

Desde entonces, Laura desapareció sin dejar rastro.

Y en algunos pueblos, aún juran haber visto una figura con ojos vacíos que aparece entre la niebla.

---

5. La Aldea de los Ojos Vacíos — Parte II: El Eco de Laura

Nadie supo qué ocurrió con Laura. Su desaparición fue tratada como un caso más sin resolver. Pero en
foros oscuros de internet, comenzaron a circular grabaciones, fotos borrosas, testimonios de
excursionistas que escuchaban susurros en la niebla.

Un grupo de investigadores del misterio, Proyecto Umbral, decidió encontrar la aldea maldita. Usaron
coordenadas, cálculos lunares, y finalmente, la hallaron. Pero Alhendre no era igual. Ahora se movía.
Cambiaba de lugar.

Solo una persona logró entrar y salir: Sergio, hermano menor de Laura, obsesionado con encontrarla.

Dentro de la aldea, encontró retratos de ella, colgados en cada casa. Todos mostraban un rostro sin ojos.
En el campanario, tallado en piedra, estaba escrito:

“Laura es la nueva guía. Sus ojos son nuestros.”

Al avanzar, vio su silueta. Estaba en el centro del pueblo, sonriendo, pero algo era distinto. Sus pupilas
eran completamente negras.

—¿Vienes por mí… o por ti? —le preguntó con voz serena—. Aquí todos ven. Aquí nadie está solo.
Sergio intentó llevarla, pero ella se desvaneció como humo. Luego, él comenzó a cambiar. Sus sueños
eran invadidos. Su reflejo parpadeaba cuando él no lo hacía.

Logró escapar, pero ya no era el mismo. Ahora escucha voces donde hay silencio. Ojos que lo miran en
cada rincón oscuro.

Y en su diario dejó la última frase:

"Laura no quiere volver. Ella ya no está sola. Y ahora, yo tampoco."

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