5234 12 2024 Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p.
251-263, noviembre 2021---- 1
Epistemologías feministas, psicología social y poscolonialismo: Aproximaciones y
desafíos
Andréa Moreira Lima
Centro Universitário UNA
Resumen
El texto presenta el campo de las epistemologías feministas, discutiendo las principales críticas
feministas al modelo de la ciencia tradicional. Se trata de una revisión de literatura realizada a
partir de la recopilación y análisis de textos clásicos y contemporáneos sobre la temática.
Inicialmente, son discutidos los impactos de la parcialidad de género en la construcción y
consolidación de hipótesis y teorías científicas. A continuación, se realizan los análisis de las
contribuciones de la psicología social feminista y de la teoría poscolonial en la interpretación de
la producción del conocimiento científico, presentando iniciativas políticas y académicas para la
ampliación de la participación y de la representatividad de las mujeres en la ciencia, mirando en
contexto latinoamericano. Pese a los desafíos que aún existen para la superación de la desigualdad
de género en la ciencia, las perspectivas feministas han favorecido el agrandamiento gradual de la
representatividad de las mujeres en la producción científica, contribuyendo de esta manera para
el enfrentamiento de las desigualdades de género en todas sus amplitudes.
Palabras clave: epistemologías feministas; género; feminismos; psicología social; poscolonialismo.
Introducción
La epistemología puede definirse como el estudio del conocimiento. En una acepción más
restringida y contemporánea, el término designa el estudio de los principios y características de la
ciencia (Steup, 2018). De esta manera, la expresión "epistemología feminista" se refiere a una
perspectiva que analiza la ciencia desde marcadores sociales, con un enfoque en la influencia de las
cuestiones de género en la producción científica.
La filosofía de la ciencia, durante la primera mitad del siglo XX, estuvo dominada por
escuelas que intentaron comprender la ciencia estrictamente desde sus aspectos metodológicos. Los
positivistas lógicos, por ejemplo, interesados en la demarcación entre ciencia y no ciencia
(metafísica), entendieron las teorías científicas como conjuntos de enunciados que pueden ser
verificados o confirmados mediante la observación empírica (Ayer, 1975).
Crítico de los positivistas, Karl Popper defendió que el carácter científico de una teoría no
reside en la posibilidad de verificar sus enunciados, sino en su capacidad para producir hipótesis
que puedan ser probadas y, por lo tanto, refutadas si son incorrectas (Popper, 2013). Aunque son
proyectos epistemológicos distintos, estos dos modelos comprendieron la ciencia desde una
perspectiva internalista: es decir, ambos postularon que el conocimiento científico se alcanza
mediante la aplicación de un método con características supuestamente únicas y universales.
Por el contrario, Thomas Kuhn comprendió la ciencia desde una perspectiva externalista,
analizando las condiciones históricas de la producción científica (Oliva, 2003). Kuhn (1997)
identificó que no existe un método científico único que, al aplicarse, garantice la atribución del
término "ciencia" al conocimiento producido. En sus investigaciones sobre las Revoluciones
Científicas ocurridas a lo largo de la historia en diversas disciplinas, Kuhn destacó que la adhesión
a una nueva teoría no depende únicamente de que la teoría haya sido formulada o confirmada
mediante la aplicación de un conjunto determinado de reglas científicas. La adopción de una teoría
Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p. 251-263, noviembre 2021---- 2
también depende de los valores que impregnan y orientan a una determinada comunidad científica,
los cuales no siempre pueden interpretarse como universales o justificables empíricamente.
En cierta medida, las formulaciones de Kuhn abrieron el camino para el desarrollo de las
epistemologías feministas. Sus análisis mostraron que existen factores históricos y sociales, internos
a la propia ciencia, que deben ser considerados en los análisis epistemológicos de la ciencia. Las
epistemólogas feministas, a su vez, ampliaron este análisis, presentando argumentos sobre la
existencia de factores históricos y sociales que, externos a la propia ciencia, influyen en la
producción del conocimiento (Longino, 2003; Bandeira, 2008).
Por lo tanto, un análisis crítico de la producción científica requiere una apertura para
problematizar las influencias de los marcadores sociales en la ciencia. Desde esta perspectiva, el
presente artículo analiza el campo de las epistemologías feministas, destacando las principales
críticas feministas a la ciencia para luego articular el campo de las epistemologías feministas con las
contribuciones de la psicología social crítica feminista y las teorías poscoloniales en el análisis de la
producción del conocimiento científico.
Método
Este artículo es una revisión bibliográfica narrativa, realizada a partir del relevamiento y
análisis de textos científicos clásicos y contemporáneos sobre las epistemologías feministas, la
psicología social crítica feminista y las teorías poscoloniales. La revisión de literatura narrativa es
un tipo de revisión amplia apropiada para presentar el "estado del arte" de un determinado tema
(Brum et al., 2015), realizada a partir del análisis de libros, artículos científicos y otros documentos.
La revisión narrativa también se conoce como "revisión crítica" (Noronha & Ferreira, 2000), debido
a que depende del juicio de valor del autor sobre la relevancia de los trabajos seleccionados para el
análisis (Rother, 2007); por lo tanto, debido a su carácter cualitativo, no tiene como objetivo permitir
la reproducción sistemática de sus resultados.
En el proceso de selección de fuentes de investigación, se identificaron trabajos clásicos y
contemporáneos que permitieran responder a las siguientes preguntas:
¿Cuáles son las críticas de las epistemologías feministas a las epistemologías tradicionales?
¿Cuál es la importancia del debate sobre las epistemologías feministas para el campo de la
psicología social crítica feminista?
¿Cómo pueden contribuir las teorías poscoloniales a situar el debate sobre las epistemologías
feministas en el contexto latinoamericano?
Los resultados del análisis de los textos se sistematizaron en secciones específicas,
considerando las preguntas que guiaron la búsqueda e identificación de los artículos. En los
resultados de la investigación se presentan críticas feministas a la concepción tradicional de la
ciencia, exponiendo y discutiendo ejemplos clásicos de la crítica feminista a la ciencia. Luego, en la
discusión, se plantean algunas de las consecuencias de la desproporción entre hombres y mujeres
en la ciencia, algo que repercute en la subordinación de las mujeres en estos espacios.
Posteriormente, se discuten las aproximaciones entre la psicología social crítica feminista y las
epistemologías feministas, situando el debate en el contexto latinoamericano a partir de las teorías
feministas poscoloniales.
Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p. 251-263, noviembre 2021---- 3
Resultados
Una crítica feminista a la interpretación tradicional de la ciencia
En general, las epistemólogas feministas coinciden en que el contenido de las hipótesis
científicas puede ser influenciado por la proporción de hombres y mujeres en la ciencia. Es decir,
estas teóricas entienden que la existencia de más investigadores hombres que investigadoras
mujeres afecta la elección de los problemas considerados científicamente relevantes y también la
descripción y explicación de esos fenómenos. Esta posición contradice la concepción clásica según
la cual los atributos personales del investigador no influyen en la producción o los resultados de la
investigación (French, 2007).
El argumento de que la proporción de hombres y mujeres afecta el contenido de las hipótesis
científicas puede ejemplificarse con dos casos clásicos, provenientes de disciplinas científicas
distintas. El primero, extraído de la paleoantropología, un campo científico que articula las
disciplinas de la paleontología y la antropología en el estudio de los fósiles de homínidos, con el
objetivo de reconstruir la historia del desarrollo de la especie humana (Zihlman, 1981).
En sus inicios, los estudios producidos por esta disciplina destacaban que el bipedalismo –
la postura erguida de los seres humanos, única entre los homínidos actuales –, el desarrollo del
lenguaje y el uso de herramientas de piedra habrían surgido a partir de las demandas de la caza,
entendida como una práctica responsabilidad de los hombres. De este modo, las teorías sugerían la
importancia y predominancia del papel social de los primeros homínidos hombres en el desarrollo
de las características distintivas de la especie humana, hace más de tres millones de años (Zihlman,
1981).
Con la entrada de mujeres en esta ciencia, surgieron teorías alternativas, como la teoría de la
mujer recolectora. Las nuevas investigadoras de este campo argumentaron que la práctica de la
recolección requirió una mayor cooperación social y, con ello, el desarrollo del lenguaje, la creación
y el uso de herramientas de piedra, lo que generó una mayor necesidad de uso de las manos, lo que
habría propiciado el desarrollo del bipedalismo (French, 2007).
De esta manera, las prácticas sociales de las primeras homínidas mujeres habrían sido más
importantes para el desarrollo de las características distintivas de la especie humana: mientras que
el éxito en la caza requeriría silencio y aislamiento, la técnica de recolección requeriría interacción y
comunicación. Es decir, la inserción de mujeres en la paleoantropología culminó en la producción
de nuevas hipótesis sobre la historia de la especie humana. Según argumentan las epistemólogas
feministas, estas nuevas hipótesis no surgieron aleatoriamente, sino que fueron el resultado directo
del aumento en el número de mujeres en la comunidad científica, demostrando cómo la
desproporción entre hombres y mujeres en la ciencia puede llevar al desarrollo de hipótesis
científicas divergentes y parciales (Longino, 1990).
La presentación anterior no tiene como objetivo llegar a una conclusión sobre cuál de estas
teorías – la del hombre cazador o la de la mujer recolectora – es la correcta. El ejemplo y la discusión
muestran que hay una correlación entre la proporción de mujeres y hombres en la ciencia y lo que
se produce de hipótesis e interpretaciones científicas a partir de esta (des)proporcionalidad. Es decir,
el ejemplo señala que la disparidad de género en la ciencia puede resultar en el surgimiento y
consolidación de sesgos. En esta dirección, Longino (1990) afirma que la proporcionalidad entre
hombres y mujeres serviría para la producción de una ciencia más objetiva y, al mismo tiempo, más
comprometida con la eliminación de sesgos interpretativos.
El segundo ejemplo de disparidad de género en la ciencia se refiere al desarrollo de la
primatología, disciplina que estudia el orden de los primates, como los gorilas, orangutanes y
chimpancés. Entre las décadas de 1930 y 1950, los primatólogos identificaron una gran diferencia en
Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p. 251-263, noviembre 2021---- 4
el comportamiento sexual de los gorilas machos y hembras, señalando el dominio de los machos y
la sumisión de las hembras. Los estudios, desarrollados por científicos hombres, destacaban que los
machos primates mostraban una mayor variedad en el comportamiento sexual, manteniendo
relaciones sexuales con muchas hembras, mientras que estas, sumisas, presentaban poca
variabilidad de parejas sexuales y eran seducidas, precisamente, por el comportamiento agresivo y
dominante de los machos (French, 2007).
A partir de la década de 1970, con el aumento del número de mujeres en la primatología, las
hipótesis se modificaron sustancialmente. Nuevas observaciones sugirieron que el comportamiento
sexual de las hembras primates no era tan homogéneo como se había descrito. Es decir, las científicas
describieron que los comportamientos de las hembras primates también mostraban variabilidad,
aunque eran variaciones más sutiles, por ejemplo, en la construcción de estrategias para determinar
al macho dominante del grupo, lo que demostraba que las hembras eran tan activas como los
machos en la definición de un grupo. Sin embargo, los investigadores hombres, inmersos en una
visión social distorsionada sobre los roles de género, no percibieron adecuadamente este fenómeno
(Haraway, 1989). Como se puede observar, los cambios en las hipótesis planteadas en primatología
también estaban relacionados con el aumento del número de mujeres en la comunidad científica.
Posteriormente, otras investigadoras feministas presentaron y discutieron nuevas influencias
de la desproporcionalidad de género en la ciencia. En resumen, cuestionaron el lugar de
invisibilidad social de la mujer en la ciencia, como se discutirá a continuación.
Discusión
Consecuencias recientes de la parcialidad de género en la ciencia
Gran parte de las investigadoras epistemólogas argumentaron que el conocimiento no puede
ser disociado del tiempo y lugar de su producción (Harding, 1987, 1993; Haraway, 1988; Keller,
1984; Longino, 1999). De esta forma, argumentaban que las jerarquías de género - representadas en
la dominación masculina y la subalternidad femenina - tienen influencias directas en la forma en
que se construye y organiza la ciencia. Los estudios de estas investigadoras señalaban, por ejemplo,
la existencia de un silenciamiento de las voces femeninas y una ausencia y/o invisibilidad de las
mujeres en la investigación, lo que permitió cuestionar los principios tradicionales de la ciencia: la
objetividad y la universalidad.
Según destacan estas autoras, existen diferencias históricas entre el papel social de la mujer
y del hombre en la ciencia, y los estudios de género muestran cómo estas diferencias llevan al
desarrollo de investigaciones que desconsideran el género femenino. Tal parcialidad de género
puede ser ejemplificada: 1) por la diferencia en la proporción de hombres y mujeres en la ciencia; 2)
por los problemas que son priorizados por la comunidad científica; y 3) por la conducción de la
investigación científica (Keller, 1984). A continuación, se discutirán algunos ejemplos actuales que
destacan estas tres formas de parcialidad de género en la ciencia.
En el campo del área de la salud sexual y reproductiva, por ejemplo, las investigaciones sobre
medicamentos para la anticoncepción han contribuido a que la planificación familiar sea
considerada como responsabilidad exclusiva de la mujer. De los diversos métodos anticonceptivos
existentes, solo tres están destinados al uso masculino: el preservativo, la vasectomía y el coito
interrumpido. Mientras que la píldora anticonceptiva femenina se comercializa desde principios de
la década de 1960, una píldora anticonceptiva masculina fue desarrollada solo a partir de 2006 y,
aún así, no está disponible en el mercado. Es decir, cuando las investigaciones en el área de la
sexualidad y la reproducción se refieren a la responsabilidad, estas se centran en el público
femenino; sin embargo, cuando se trata de cuestiones relacionadas con el deseo o el placer sexual,
Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p. 251-263, noviembre 2021---- 5
el enfoque prioritario es el público masculino - después de todo, desde 1998 se comercializan
medicamentos para el tratamiento de disfunciones sexuales masculinas, mientras que solo en 2015
se desarrolló un medicamento similar para mujeres, cuya comercialización aún no ha sido aprobada.
Un ejemplo adicional es el hecho de que gran parte de las investigaciones médicas y
farmacéuticas, especialmente aquellas realizadas en laboratorio, utilizan al sexo masculino como
único estándar para sus estudios. Hasta la década de 1990, las mujeres eran excluidas en el 80% de
las pruebas de medicamentos para la hipertensión, a pesar de que también padecían este problema
en igual medida. Por lo tanto, las investigadoras feministas denunciaron que los resultados de las
pruebas no podían generalizarse a las pacientes femeninas, lo que llevó a cuestionar la validez de
muchos estudios sobre medicamentos cardiovasculares, incluso por parte de las propias agencias
de salud (French, 2007).
En el campo de la Psicología, esta parcialidad de género se puede observar en los
experimentos realizados con animales: generalmente se utilizan animales machos en las
investigaciones. El argumento para esta elección es la mayor variación hormonal en las hembras,
durante el ciclo menstrual, lo que resultaría en comportamientos más inestables. Es decir, la
experimentación con animales machos es una elección basada en la simplificación del objeto de
estudio (Shansky, 2019). En esta lógica, el macho se convierte en la norma y la hembra en una
desviación de la norma. Sin embargo, si los organismos de las hembras son más complejos debido
a una mayor variación hormonal, ¿por qué no estudiar los organismos de las hembras y luego
extrapolar los resultados a los organismos supuestamente más estables, en este caso, los machos?
Establecer como objetivo un organismo más "estable" puede, de hecho, perjudicar la comprensión
científica de la amplitud y la complejidad del objeto de estudio de la Psicología, la subjetividad.
Los casos mencionados demuestran que, muchas veces, las normas que se preconizan como
ejemplos de rigor y objetividad revelan, en realidad, las preferencias de una tradición. En este caso,
una tradición que desatiende al género femenino y reproduce una jerarquización entre hombres y
mujeres en la ciencia.
Mujer y ciencia: Contribuciones de una psicología social crítica feminista
Las mujeres continúan subrepresentadas en la ciencia, representando solo el 28% del total de
científicos en el mundo, con pequeñas variaciones según el país observado (Organización de las
Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 2017, p. 10). Además, solo uno de cada
cinco países ha alcanzado la paridad de género en el ámbito científico. En la mayoría de los países,
las mujeres se concentran en las ciencias humanas y sociales, especialmente en áreas relacionadas
con el cuidado, como psicología, pedagogía y enfermería, y siguen estando subrepresentadas en las
ciencias exactas, en carreras de ingeniería y tecnología.
Investigaciones recientes han corroborado el hecho de que el sesgo de género impide que las
mujeres alcancen una posición mejor en las universidades. Moss-Racusin et. al. (2012) llevaron a
cabo un estudio con 127 profesores(as) de Biología, Química y Física reclutados en seis
universidades de tres regiones geográficas diferentes de los Estados Unidos, todas clasificadas como
grandes universidades de investigación. A los(as) profesores(as) sometidos al estudio se les pidió
que evaluaran candidatos(as) para un puesto de gerente de laboratorio. Los(as) docentes creían que
estaban evaluando a un(a) estudiante real y debían proporcionar retroalimentación sobre las
credenciales académicas de estos(as) estudiantes. Sin embargo, el currículum presentado para la
evaluación de los(as) profesores(as) era el mismo, excepto por el género. La mitad de los(as)
profesores(as) recibió aleatoriamente un currículum con un nombre masculino (John), mientras que
la otra mitad recibió aleatoriamente un currículum con un nombre femenino (Jennifer). Los aspectos
evaluados en los currículos fueron la competencia del(a) estudiante y la probabilidad de
Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p. 251-263, noviembre 2021---- 6
contratarlo(a) para el puesto; además, los(as) profesores(as) debían establecer un salario inicial para
el(a) candidato(a).
Los resultados mostraron que los(as) profesores(as) consideraban a las estudiantes con
nombre femenino como menos competentes y cualificadas que los estudiantes con nombre
masculino, a pesar de que las competencias académicas fueran idénticas.
Los profesores también ofrecieron a las estudiantes del género femenino un salario anual
medio significativamente menor que el ofrecido a los candidatos con nombre masculino (Moss-
Racusin et. al., 2012). Además, aunque tanto los profesores hombres como mujeres informaron que
les gustaba más la candidata del sexo femenino, este factor no tuvo influencia en la percepción de
competencia de la candidata, lo que muestra que los docentes fueron influenciados por estereotipos
culturales sobre la falta de competencia científica de las mujeres 1 (Moss-Racusin et. al., 2012). Es
decir, la investigación mostró que, en las universidades estudiadas, existen tendencias sutiles contra
las estudiantes del sexo femenino, lo que puede contribuir a la subrepresentación de las mujeres en
la ciencia, especialmente en los niveles más altos.
Una investigación realizada por la Academia Nacional de Ciencias, Ingeniería y Medicina
(2018) destacó que la mayoría de las mujeres que estudian o enseñan en las áreas de Ciencias,
Ingeniería y Medicina han experimentado situaciones de acoso sexual o laboral. Debido a tales
violaciones de derechos, la UNESCO y ONU Mujeres establecieron el "Día Internacional de la Mujer
y la Niña en la Ciencia", el 11 de febrero, para visibilizar que las mujeres enfrentan diversos
obstáculos a lo largo de sus trayectorias educativas en la ciencia, como los estereotipos impuestos
por la sociedad, a menudo reproducidos en el contexto escolar; las dificultades para manejar la
doble jornada laboral, es decir, para conciliar los estudios y/o la actividad profesional con las
responsabilidades de cuidado del hogar y la familia; y los prejuicios enfrentados al elegir
determinados campos de estudio y trabajo.
Aún en relación con la falta de reconocimiento y visibilidad de las mujeres que trabajan en la
ciencia, es relevante destacar que la invisibilidad de la mujer tiene una dimensión política e
historiográfica. Hay un intento de sostener la creencia de que las mujeres siempre han estado
ausentes en la ciencia, a pesar de todas las evidencias de sus contribuciones a lo largo de la historia
(Lino & Mayorga, 2016). Por lo tanto, como resalta Rago (1998), es necesario investigar los orígenes
de las prácticas científicas opresoras que han generado la subalternización y estigmatización de las
mujeres científicas, proponiendo análisis historiográficos que reconstruyan la historia del
reconocimiento y visibilidad de la mujer a lo largo de la historia de la ciencia para romper el mito
de que las mujeres no poseen competencia cognitiva como los hombres.
Diversas investigaciones sobre género, como las realizadas por la Organización Internacional
del Trabajo - OIT (Oelz, Olney & Tomei, 2013) o por el Instituto Brasileño de Geografía y Estadística
- IBGE (2012), señalan la existencia de desigualdades de género en el mercado laboral en Brasil.
Según el IBGE (2012), los salarios de las mujeres brasileñas permanecen un 28% inferiores a los de
los hombres. Esta realidad se reproduce también en las áreas profesionales relacionadas con el
cuidado, por ejemplo, en la Psicología.
Datos publicados por el Consejo Federal de Psicología (CFP) en 2013 y por el Consejo
Regional de Psicología de Minas Gerais (CRP/MG) en 2015 señalan que el 89% de los profesionales
de la psicología en el país son mujeres. Sin embargo, con respecto a la actuación en la educación
superior, en los cursos de grado en Psicología, la situación se invierte. En el universo investigado
por el CFP, el 8,2% de los hombres indican que su principal lugar de trabajo es la universidad,
1En un estudio similar, los psicólogos eran más propensos a contratar a un candidato para un puesto de trabajo
en la Facultad de Psicología cuando el currículum del candidato tenía un nombre masculino en lugar de femenino
(Steinpreis, Anders y Ritzke, 1999).
Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p. 251-263, noviembre 2021---- 7
mientras que solo el 4,37% de las mujeres psicólogas informan que ocupan este espacio (Yamamoto,
Oliveira & Costa, 2013). Por lo tanto, aunque las mujeres no estén subrepresentadas en este ámbito,
siendo numéricamente la mayoría de los profesionales universitarios en Psicología, la diferencia de
proporcionalidad entre hombres y mujeres que trabajan en el campo científico es menor que en otros
segmentos de la Psicología, lo que corrobora la estadística de que cuanto más prestigioso es el cargo,
menor es la participación femenina (Lima, 2020).
Además, las psicólogas brasileñas enfrentan problemas relacionados con el trabajo y su
remuneración desigual, y también con la distribución desigual del cuidado de los hijos y el trabajo
doméstico, por lo que no se distinguen "de las mujeres con las que, como profesionales de la
psicología, atienden, interactúan o tienen algún tipo de contacto" (Lhullier & Roslindo, 2013, p. 49).
Por lo tanto, es importante discutir, además de las mujeres científicas, también sobre las mujeres
psicólogas insertas en las diversas áreas de actuación de la Psicología, en sus interseccionalidades
de raza/etnia, orientación sexual y otros marcadores sociales de desigualdades, con el objetivo de
estructurar políticas de valorización del trabajo femenino, en toda su diversidad.
En la actualidad, los encuentros entre las epistemologías feministas y la Psicología social han
contribuido cada vez más a la construcción de una perspectiva crítica sobre la ciencia psicológica
(Lima et al., 2019). En Brasil, estos cambios pueden rastrearse desde la crisis de la Psicología Social
en la década de 1970, influenciada también por los cambios de paradigma científico a nivel
internacional. Según Borges (2014), la Psicología Social Crítica se construyó a partir de la
insatisfacción con la ciencia tradicional, mediante teorías y metodologías críticas que permitieron
reflexionar sobre la psicología, la producción de sus conocimientos y sus impactos en la sociedad,
buscando así una ciencia comprometida con el cambio social en pro de la equidad de género,
sexualidad, raza, clase y otros marcadores sociales que atraviesan los modos de subjetivación.
Por lo tanto, a partir del momento en que las psicólogas sociales, junto con las epistemólogas
feministas, pusieron en la agenda la desconstrucción del sesgo androcéntrico y la lógica patriarcal
aún vigente en la psicología tradicional, ya sea por la ausencia y/o invisibilidad de las mujeres
psicólogas en los espacios de poder, ya sea por el tratamiento periférico de las teorías feministas en
el área, se comenzó a abrir camino para una Psicología Social Crítica feminista (Nogueira & Neves,
2004).
Contribuciones del feminismo poscolonial a la producción del conocimiento científico
Las epistemologías feministas también se han desarrollado a partir del acercamiento y la
articulación con el pensamiento poscolonial. Es decir, más allá de las problematizaciones acerca de
la epistemología tradicional, estas perspectivas han cuestionado las epistemologías dominantes
producidas en el hemisferio norte global.
Los términos "pensamiento descolonial", "pensamiento decolonial" y "pensamiento
poscolonial" se han utilizado a veces como sinónimos, a veces marcando especificidades analíticas.
Para Ballestrin (2013), el pensamiento descolonial es un movimiento de ruptura con el colonialismo,
es decir, una ruptura con las normas y valores heredados del proceso de colonización de naciones
y pueblos. El "pensamiento decolonial", por otro lado, destaca una permanencia, aunque sutil, de
aspectos colonizadores en las relaciones humanas e instituciones sociales, que necesitan ser
destacados, problematizados y superados 2.
2El debate sobre el pensamiento decolonial se originó a partir de estudios que dieron mayor énfasis a las experiencias
y conocimientos producidos en América Latina, todavía tan inferiores frente al eurocentrismo y las influencias del
pensamiento posestructural y posmoderno. Dichos estudios fueron impulsados por intelectuales latinoamericanos
que se articulaban en torno a investigaciones que problematizaban la permanencia de aspectos del pensamiento
colonial en diferentes niveles de la vida personal y colectiva (Balestrin, 2013).
Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p. 251-263, noviembre 2021---- 8
Al pensar desde los márgenes, el trabajo de los investigadores en traducción cultural, o
transcultural, atraviesa fronteras al establecer una crítica respecto a la imposición de
jerarquías presumiblemente universales y esencializantes que excluyen a ciertos grupos
sociales, estigmatizados y marcados simbólica y socialmente como inferiores. Desde el siglo
XVI, los colonizadores impusieron esta forma de pensamiento utilizando el poder religioso
y militar, así como otras formas de explotación que perduran en la contemporaneidad,
símbolo de la dominación del Occidente sobre el resto del mundo (Jardim & Cavas, 2017, p.
89).
En este estudio, el término "pensamiento poscolonial" se utiliza para demarcar las influencias
de las perspectivas de pensamiento que abogan por la ruptura con las prácticas y los saberes
colonizadores, independientemente de las especificidades de estas perspectivas. Por lo tanto, más
que diferenciar tales conceptos, importa comprender cómo el pensamiento poscolonial contribuye
al desarrollo de las llamadas Epistemologías del Sur (Fanon, 2010; M. Santos, 2006; B. Santos,
Menezes & Nunes, 2005; B. Santos, 2009; Quijano, 2009; Nunes, 2009; Spivak, 2010) y,
consecuentemente, a los avances de las epistemologías feministas poscoloniales (Anzaldúa, 2004;
Ballestrin, 2013, 2017; Curiel, 2009; Segato, 2012; Walsh, 2009).
En general, el pensamiento poscolonial es un proceso de lucha continua por la producción
de construcciones alternativas del saber. Se trata de una elección teórico-política de ruptura con los
contenidos epistemológicos que contribuyen a la construcción de instituciones y relaciones sociales
de opresión, ya sea a través de marcadores sociales o por las configuraciones geopolíticas aún tan
desiguales. En este sentido, Walsh (2009) destaca la importancia de mantener una postura continua
de transgresión de los saberes hegemónicos obsoletos y de la insurgencia de nuevos saberes que
amplíen la representatividad de las diversas voces que han producido conocimientos. Sin embargo,
Ballestrin (2013) advierte que el pensamiento poscolonial no debe ser interpretado como un rechazo
al saber producido en el Norte global, sino como su ampliación:
El proceso de descolonización no debe ser confundido con el rechazo de la creación humana
realizada por el Norte Global y asociado con aquello que sería genuinamente creado en el
Sur [...]. Puede ser leído como contrapunto y respuesta a la tendencia histórica de la división
del trabajo en el ámbito de las ciencias sociales (Alatas, 2003), en la cual el Sur Global
proporciona experiencias, mientras que el Norte Global las teoriza y las aplica [...]. Esta
búsqueda ha informado un conjunto de elaboraciones denominadas Teorías y
Epistemologías del Sur (Ballestrin, 2013, p. 108-9).
Resende (2014) aclara que el pensamiento poscolonial es un proceso de superación histórica
del colonialismo, una continuidad de las luchas anticoloniales que resultaron en la independencia
política de las antiguas colonias. Este pensamiento supone una subversión del patrón de poder
colonial, en una tarea de deconstrucción y reconstrucción de otras formas de poder y conocimiento.
Por lo tanto, lo que está en cuestión no es la desvalorización del conocimiento ya producido, sino el
intento y el cuidado de dar visibilidad a las contribuciones teóricas y prácticas producidas en las
periferias del mundo académico, especialmente por las mujeres, ampliando así la representatividad
en las ciencias y profesiones.
Walsh (2009) problematiza la postura moderna de colonialidad que insiste en mantener el
conocimiento científico hegemonizado masculinamente, blanco, europeo o norteamericano como
los únicos saberes legítimos y capaces de producir verdades sobre la vida humana. La autora destaca
que esta lógica estuvo presente en el proceso dominante de la globalización a través de la ilusión de
Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p. 251-263, noviembre 2021---- 9
construir un mundo homogéneo hacia el progreso. Por lo tanto, comprender los feminismos
poscoloniales, aún tan poco visibilizados en Brasil, significa dar reconocimiento a la producción de
teorías y prácticas de mujeres periféricas del mundo.
Lugones (2014) afirma que descolonizar el género implica comprender la opresión de
mujeres subalternizadas a través de la intersección de los marcadores sociales de colonización,
racialización, explotación capitalista y heterosexualista. De esta manera, a medida que se
desmantelan las lógicas de opresión, también se desmantelan los modos de subjetivación e
intersubjetividades que afectan a las mujeres colonizadas. Sin embargo, algunas autoras cuestionan
hasta qué punto la producción académica feminista ha logrado producir ontologías poscoloniales
apropiadas para las diferentes voces académicas, convirtiendo a las mujeres en sujetos y no solo
objetos de discurso. Es decir, ¿en qué medida los saberes producidos por las mujeres han logrado
descolonizar el feminismo mismo, ampliando la lucha por la pluralidad de las mujeres?
Según estas teóricas, los avances de los movimientos feministas deben ser una estrategia
permanente para enfrentar efectivamente las relaciones de poder-saber que deslegitiman ciertas
experiencias, especialmente las experiencias de las mujeres periféricas, es decir, aquellas
atravesadas por diversos marcadores de opresión social (Anzaldua, 2005; Curiel, 2007, 2009;
Mayorga, Coura, Miralles y Cunha, 2013; Wittig, 2006).
A partir de las contribuciones del pensamiento poscolonial, es posible pensar en las
estrategias feministas para la construcción de saberes que tengan como punto de partida no solo el
rompimiento con la parcialidad de género, sino también el rompimiento con la parcialidad de
raza/etnia, clase, orientación sexual, territorialidad, entre otros 3. De acuerdo con Matos (2010), la
propuesta de construir una teoría política feminista desde el Sur global se basa en el reconocimiento
de una "cuarta ola" de movimientos y estudios feministas en América Latina, en un movimiento de
reconocimiento de un "feminismo difuso" que abarca horizontalmente diversos feminismos, como
el negro, el académico, el lésbico, el masculino, etc.
Algunas actividades de visibilidad de la mujer en la ciencia brasileña se han llevado a cabo
en diversas universidades de Brasil, protagonizadas por estudiantes e investigadoras. Tales acciones
pueden analizarse a partir de investigaciones realizadas por Bandeira (2008) y Rago (1998), que
señalan actividades similares como estrategias para ampliar las posibilidades de hacer ciencia,
siempre articuladas con los procesos socioculturales existentes, en este caso, procesos aún
impregnados políticamente y simbólicamente por la presencia masculina.
Las estrategias para llevar a cabo una epistemología feminista poscolonial no se limitan
únicamente al ámbito universitario. Bolzani (2017) destaca la importancia de construir proyectos
gubernamentales que incentiven a niños y adolescentes a insertarse en el mundo científico. En este
sentido, se entiende que la escuela tiene un papel fundamental en la desconstrucción de una cultura
que educa a las niñas reproduciendo valores relativos a la pasividad y al cuidado como inherentes
al género femenino, mientras que se anima a los niños a la competencia y al desarrollo del
razonamiento lógico-abstracto.
Por lo tanto, para superar este modelo sexista de educación, es importante desarrollar
proyectos político-pedagógicos que despierten en niños y adolescentes, independientemente de su
género, la curiosidad por el universo del conocimiento y la ciencia. Además, en el contexto social
más amplio, es necesario romper con la división sexista del trabajo y de las relaciones humanas,
3 El feminismo descolonial o, también, feminismos del sur, ha sido defendido por académicas feministas aliadas a los
movimientos y luchas de las mujeres. Sin embargo, los feminismos latinoamericanos son plurales e independientes de
las teorías académicas. Las experiencias vividas por las mujeres de América Latina, Centroamérica y el Caribe no son
idénticas. Aun así, es posible destacar similitudes en las desigualdades e injusticias perpetuadas históricamente por
las estructuras políticas, sociales, culturales y económicas, las cuales permiten reflexionar sobre las múltiples
identidades, necesidades, reivindicaciones e intereses feministas (Matos, 2010).
Revista Psicologia para America Latina, n. 36, p. 251-263, noviembre 2021---- 10
incentivando tanto a las niñas como a los niños a participar en los espacios de poder y de
participación social, ámbitos privilegiados para el empoderamiento y la ampliación de las
representatividades.
Consideraciones Finales
El presente estudio realizó una exposición crítica de las epistemologías feministas, tanto
desde el punto de vista de sus cuestiones centrales como de las especificidades del contexto
latinoamericano, más específicamente, el brasileño. Para ello, se destacaron evidencias científicas y
reflexiones teórico-políticas que denuncian la desproporcionalidad de género en la ciencia y sus
impactos en la producción del conocimiento.
La investigación culminó en la problematización de la relación de saber-poder desigual entre
los países del Norte y del Sur global, específicamente en la producción de la ciencia. Se señaló la
importancia del reconocimiento de los aportes realizados por las investigadoras feministas, quienes
han dado visibilidad a los saberes poscoloniales para comprender la complejidad humana y sus
relaciones.
La conquista de un espacio verdaderamente democrático en la agenda académica sigue
siendo un gran desafío, debido a la ausencia de un lugar social efectivo para las producciones
científicas orientadas hacia una perspectiva feminista que discuta las jerarquías patriarcales
articuladas al modo de hacer ciencia. Sin embargo, gradualmente, las perspectivas feministas han
favorecido la ampliación de la representatividad de la producción científica en el contexto
latinoamericano, contribuyendo al enfrentamiento de las desigualdades de género en todas sus
dimensiones. En este sentido, la Psicología Social Crítica, desde su perspectiva feminista, se ha
mostrado como un marco teórico-metodológico propicio para ocupar el lugar de una ciencia que es
producida por y para todas las personas.
Deconstruir las opresiones impuestas a las voces subalternizadas de las mujeres
investigadoras puede ser el camino para avanzar en los procesos de descolonización de los saberes
y poderes hegemónicos. Para ello, se hace necesario cuestionar las percepciones e ideologías
prejuiciosas que dificultan la participación de las mujeres en la ciencia y en la propia gestión de las
estructuras académicas. Tales posturas prejuiciosas son obstáculos para que las propias mujeres se
vean como científicas, ya que las imágenes que se presentan o incluso se imponen a las mujeres
reflejan los roles estereotipados de género compartidos culturalmente, en los medios de
comunicación, los libros de texto, la publicidad y los propios espacios científicos. Por eso, es
necesario desmontar las barreras impuestas a niñas y mujeres en diversos ámbitos de la sociedad:
en el hogar, en el aula y en los lugares de trabajo, entre otros espacios, contribuyendo al
cuestionamiento de los estereotipos y a la reconstrucción de nuevas posibilidades de identificación
y acción.
Específicamente en el campo científico, se defiende la necesidad de reconocer e intervenir en
la lógica de inferiorización y opresión del género femenino. Tal opresión se basa en una
jerarquización desencadenada por discursos, valores y prácticas hegemónicas que han contribuido
a restringir a las mujeres a lugares de subalternidad, incluso, o sobre todo, en los lugares de
expresión, conocimiento y poder, como en la ciencia.
Cita Bibliográfica:
Lima, A. M. (2021). Epistemologias feministas, psicologia social e pós-colonialismo: aproximações e
desafios. Psicologia para América Latina, (36), 251-263. (Traduccion de Cátedra).