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Mindfulness en intervenciones clínicas

El artículo presenta un estudio de caso sobre la aplicación de técnicas de mindfulness en la práctica clínica, enfocándose en la respiración consciente y la autocompasión para tratar a dos pacientes con síntomas de ansiedad y depresión. Se documenta la eficacia de estas intervenciones, que resultaron en una reducción de la sintomatología y un aumento del bienestar emocional. Se destaca la importancia de validar las emociones y la aceptación de experiencias difíciles como parte del proceso terapéutico.

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Mindfulness en intervenciones clínicas

El artículo presenta un estudio de caso sobre la aplicación de técnicas de mindfulness en la práctica clínica, enfocándose en la respiración consciente y la autocompasión para tratar a dos pacientes con síntomas de ansiedad y depresión. Se documenta la eficacia de estas intervenciones, que resultaron en una reducción de la sintomatología y un aumento del bienestar emocional. Se destaca la importancia de validar las emociones y la aceptación de experiencias difíciles como parte del proceso terapéutico.

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Vol. 15, nº 1, pp.

50-58
Escritos de Psicología Enero-Junio 2022
https://doi.org/10.24310/espsiescpsi.v15i1.13971
Psychological Writings
ISSN 1989-3809

Mindfulness en consulta: la práctica de la respiración y de la


amabilidad con uno mismo
Mindfulness into the clinical practice: breathing and
self-compassion practices
Pilar Rueda
Facultad de Psicología y Logopedia. Universidad de Málaga, España

Resumen Abstract
Este es un artículo de caso clínico cuyo objetivo es presen- The purpose of this case study is to present practical
tar ejemplos prácticos de intervenciones llevadas a cabo examples of interventions carried out in clinical practice
utilizando técnicas de mindfulness. El mindfulness o aten- using mindfulness techniques. In recent years, it has been
ción plena, se ha demostrado en los últimos años como demonstrated that mindfulness is a powerful treatment,
una potente forma de trabajo que genera cambios tanto a able to produce changes at both biological and physiologi-
nivel cerebral y fisiológico en la persona como en su nivel cal levels as well as on well-being, through the reduction of
de bienestar, a través de la reducción de la sintomatología the symptoms of stress, anxiety, depression and ruminative
de estrés, ansiedad y depresión, así como de la reducción thoughts. This study is of a psychological intervention mainly
de los pensamientos rumiativos. Las intervenciones pre- focused on mindful breathing, meditation, and exercises of
sentadas fueron llevadas a cabo dos pacientes adultas de self-compassion in two patients (women aged 31 and 44
31 y 44 años que presentaban sintomatología ansiosa y years) with anxious and depressive symptoms. Some of
depresiva. Estas intervenciones estuvieron basadas, funda- the exercises used and the results obtained are explained:
mentalmente en la atención a la respiración, ejercicios de reduction of anxiety, reduction of depressive symptoms,
meditación y de autocompasión. Se describen algunos de and increase of well-being. The identification data has been
los ejercicios llevados a cabo y los resultados obtenidos: changed to preserve the patients’ anonymity. Informed con-
reducción de la ansiedad, reducción de la sintomatología sent was obtained to publish their cases.
depresiva e incremento del bienestar. Los datos identificati-
vos proporcionados no se corresponden con los reales, con Keywords: mindfulness, intervention, clinical psychology,
el fin de preservar el anonimato de las pacientes. Se recabó depression, anxiety.
el consentimiento informado de las pacientes para la reali-
zación de este trabajo.

Palabras clave: mindfulness, atención plena, intervención,


psicología clínica, depresión, ansiedad.

Cómo citar este artículo: Rueda, P. (2022). Mindfulness en consulta: la práctica de la respiración y de la amabilidad con uno
mismo. Escritos de Psicología – Psychological Writings, 15(1), 50-58. https://doi.org/10.24310/espsiescpsi.v15i1.13971

Correspondencia: Pilar Rueda. Facultad de Psicología y Logopedia. Blvr. Louis Pasteur, 25. 29071 MÁLAGA, España. E-mail:
[email protected]

50 Escritos de Psicología, 15, 50-58


CARLOS JAVIER LÓPEZ-CASTILLA

Introducción
Desde el surgimiento de la psicología positiva en el año 1999 de la mano de M. Seligman, la ciencia ha
demostrado que las emociones positivas tienen efectos beneficiosos, no solo sobre el bienestar de las
personas, sino sobre su salud física (Stellar et al., 2015). No obstante, los profesionales de la psicología
observan que, a través de los medios de comunicación y las redes sociales, se fomenta una actitud vital
en la que las emociones “desagradables” tienden a excluirse (Baker, 2019). Esta forma de relación con
las emociones es un error pues, todas las emociones, sin excepción, cumplen funciones básicas para
la supervivencia física y psicológica de los seres humanos (Morgado, 2017; Vázquez & Chaves, 2016).
Los investigadores del campo de la Psicología Positiva, así como los profesionales de la psicología
clínica, alertan del peligro de incurrir en lo que se ha llamado positivismo tóxico: un conato de filosofía
de vida que censura cualquier expresión humana contraria a la felicidad y que ha convertido la bús-
queda de la misma en una obligación (Hervás, 2017; Vázquez y Chaves, 2016). Este positivismo tóxico,
alimenta un estilo de vida desconectado de la naturaleza necesaria de todas las emociones (Baker,
2019). El bienestar emocional, el desempeño laboral, las relaciones sociales, familiares y de pareja se
benefician directamente cuando nos sentimos felices, cuando experimentamos emociones positivas
(Linley y Joseph, 2012; Vázquez y Chaves, 2016; Vázquez et al., 2006). Sin embargo, no por ello se
debe menospreciar la importancia que para un adecuado bienestar psicológico y equilibrio emocional,
tienen la validación emocional y la experiencia de emociones difíciles (Andalibi y García, 2021; Hervás,
2017; Linehan, 1997) . La validación emocional se define como el proceso por el cual se le da sentido
y aceptación a la experiencia emocional, sea del tipo que sea (Linehan, 1997).
Esta tendencia a no dar cabida a las emociones que nos resultan desagradables, como la tris-
teza o la ira no es algo novedoso. No hay más que fijarse en ciertos patrones educativos ya añejos
pero que, sin embargo, persisten en forma de frases como “los/as niños/as mayores no lloran” para
animar a un niño/a cuyo juguete acaba de romperse. O, en el contexto de la pérdida, el deseo de que
los dolientes se recuperen inmediatamente (“tú ahora hacia delante, que la vida sigue”), sin dejar un
espacio adecuado a la expresión de la tristeza y al propio proceso de duelo, fundamental para integrar
la pérdida como parte de la experiencia (Andalibi y García, 2021).
Es necesario fomentar el bienestar, buscar e incentivar aquello que nos hace felices (Roca et al.,
2021; Seligman, 1999; Avia y Vázquez,2011). El error está en censurar los momentos o situaciones en
los cuales este bienestar no es posible. Estas situaciones, de manera inevitable, ocurren a lo largo del
ciclo vital (Baker, 2019; Hervás, 2017) La ciencia ha demostrado cómo a partir de momentos de crisis
se puede crecer, fundamentalmente, a través del desarrollo de la resiliencia (Leiler y Jenewin, 2019;
Linkow y Trump, 2019). Se define la resiliencia como la habilidad de las personas para mantener o recu-
perar el funcionamiento físicio y psicológico ante situaciones o eventos vitales altamente estresante
y/o adversidades. No obstante, esto no es óbice para que la persona necesite validación emocional
y un acompañamiento adecuado en su proceso de integración y recuperación del equilibrio (Leiler y
Jenewin, 2019).
El mindfulness, o “la práctica de la atención plena” recién importada en occidente desde las
prácticas meditativas de oriente se ha demostrado como gran facilitador del bienestar de las personas
(Germer, 2009; Montero-Marín et al., 2016; Roca et al., 2019; Roca et al., 2021; Simón, 2012). Entre
otros beneficios, estas prácticas permiten la aceptación de la emoción y la experiencia sin juzgarla
(Ramos, et al., 2012; Simón, 2012, 2015), esto es, sin etiquetarla como buena o mala, invitando a la
persona a aceptarla tal cual está siendo. La práctica del mindfulness se basa en tres pilares fundamen-
tales:
La práctica de la respiración: también llamada respiración consciente. Consiste en poner plena aten-
ción a los componentes de la respiración, la inhalación y la exhalación. Esta práctica facilita la relajación
de la mente y es un primer paso hacia la desidentificación de la persona de su emoción. El objetivo es
comprender que la emoción es algo que se experimenta pero no somos la emoción (Kabat-Zinn, 2013).
La mente de principiante: en la tradición budista se considera que el sufrimiento procede de los juicios
y las expectativas. La práctica de la mente de principiante consiste en vivir la experiencia sin juzgarla,
sin esperar que sea de una manera o de otra (Kabat-Zinn, 2013).
La compasión: está íntimamente ligada a la mente de principiante. La práctica de la compasión consiste
en la amabilidad para/con el sufrimiento de los demás y el propio (Germer, 2009; Simón, 2015). Cuando
se dirige esta compasión hacia nuestro sufrimiento se llama autocompasión. Debido a la connotación
que la palabra compasión puede tener en castellano, identificada con sentir pena/lástima por el otro o
por uno mismo, se suele utilizar la expresión “ser amable con uno mismo” o auto-amabilidad para refe-
rirse a ella (Alonso, 2012; Simón, 2012).

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PRÁCTICAS DE MINDFULNESS EN CONSULTA

Para los profesionales de la psicología, la práctica del mindfulness es de gran valor, no solo para
el propio bienestar sino para la intervención clínica. Así, existen diversos programas empíricamente
validados para reducir la sintomatología depresiva y ansiosa, como por ejemplo el Mindfulness Based
Cognitive Therapy (MBSC; Segal et al., 2013); para reducir el estrés, el Mindfulness Based Stress
Reduction (MBSR; Santorelly y Kabat-Zin, 2003), así como para fomentar la autocompasión, el Mind-
fulness Self Compassion Program (MSC; Germer, 2009; Germer y Neff, 2012; Neff, 2006).
La literatura científica ha mostrado cómo la práctica habitual de la meditación produce cambios
en los procesos cognitivos, corroborando la eficacia no solo de los programas mencionados, sino de la
práctica de mindfulness en intervenciones en depresión, ansiedad, psicosis o dolor crónico; Germer y
Neff, 2012; Kuyken et al., 2008; Tsur et al., 2020; Vázquez et al., 2006).
El objetivo de este trabajo es presentar dos ejemplos prácticos de intervenciones clínicas utili-
zando mindfulness, concretamente, la atención a la respiración y entrenamiento en autocompasión.
Ambas intervenciones fueron llevadas a cabo con mujeres y ambas resultaron en la reducción o elimi-
nación de la sintomatología así como en un incremento del bienestar. Los datos que se ofrecen han
sido modificados para preservar la identidad de las pacientes, si bien los ejercicios que se detallan sí
son reales. Se recabó el consentimiento informado de ambas pacientes para ser incluidas en el pre-
sente trabajo.

Caso 1: Bárbara
Descripción
Bárbara acude a consulta derivada por su entrenador personal con el que tiene gran amistad. Llama
miedosa insistiendo mucho en que nunca ha necesitado acudir a un psicólogo hasta ahora, que se
siente desesperada. Tiene 44 años, está casada desde hace 15 y tiene un hijo de seis años. Es una
profesional de alto nivel, al igual que su marido, ambos con un status socio-económico alto. Reside en
la ciudad donde recibe el tratamiento psicológico desde hace 20 años, se mudó al finalizar sus estudios,
procedente de otra ciudad. Es la segunda de dos hijas. Tanto su hermana como sus padres, con los que
tiene buena relación, residen fuera. Tiene un entorno social rico de amistades del trabajo, del colegio
de su hijo y de su infancia. Comparte la mayoría de estas amistades con su marido, aunque no todas.
No refiere ningún problema de salud física.

Motivo de consulta
Hace dos semanas que descubrió a través de un mensaje de teléfono que su marido le es infiel y desde
entonces ha perdido el apetito y el sueño. Refiere que no ha dormido más de dos horas seguidas desde
ese momento. Su principal problema es un gran malestar emocional, acompañado de importante sin-
tomatología ansiosa.

Evaluación inicial
En la primera sesión, apenas puede hablar de lo que le sucede pues no puede contener el llanto. Las
ojeras y el aspecto demacrado confirman la pérdida de apetito y de sueño que refiere. Constante-
mente pide disculpas por su comportamiento (“debes pensar que soy una histérica”). Está tomando
ansiolíticos desde unos días antes de venir a consulta aunque no siente que la ayuden demasiado.
Está totalmente enfocada en “su deber” de tomar una decisión respecto a qué hacer con el matrimonio
(“tengo que tomar una decisión ya. No puedo estar así pero es que no sé qué hacer porque a pesar de
todo yo le quiero”). Se culpa porque “tengo una casa estupenda, dinero, un buen trabajo y salud. Otros
matarían por estar en mi lugar y mírame, hecha un adefesio llorando”). Le angustia que alguien en su
trabajo sepa lo que le está ocurriendo (“qué van a pensar de mí si saben que no soy capaz de afrontar
mis problemas con tranquilidad”).
En esta primera entrevista prácticamente todas sus respuestas comienzan con un descalificativo
hacia sí misma (“lo tengo todo para ser feliz y mírame, soy una inútil”, “soy tonta” y similares).
Se aprecian claramente al menos dos aspectos que se deben abordar con el tratamiento: el
manejo de la ansiedad y fomento de la amabilidad con ella misma, esto es, mejora del autoconcepto y
la autoestima y disminución de la autoexigencia. Se aprecia un altísimo nivel de autoexigencia en todos
los ámbitos de su vida: como madre, como profesional, como hija (“mis padres lo están pasando fatal
con esta situación y no puedo hacerles eso”) y mucho ataque a sí misma en forma de descalificativos y
ausencia de aceptación y validación de sus propias emociones (“parezco una cría con tanto follón en mi
cabeza” “a veces me miro al espejo y me digo ¡deja de llorar ya!“). La dificultad de Bárbara para acep-
tar que está pasando por un momento difícil es un ejemplo de los efectos perjudiciales del positivismo
tóxico referido en la introducción.

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PILAR RUEDA

Demanda y objetivos terapéuticos


Bárbara solicita que se le ayude a tomar una decisión sobre su matrimonio (separarse o no) inmediata-
mente, así como que le ayudemos a dejar de llorar y sentirse mejor. Quiere que todo sea rápido, que el
malestar que siente acabe cuanto antes para “poder recuperar mi vida”.
Fue necesario reformular la demanda de la paciente y acordar con ella que, antes de tomar una
decisión, debía recuperar el equilibrio físico y emocional. Los objetivos que se establecieron fueron:
trabajo en el manejo de la ansiedad, disminución de la exigencia consigo misma y aumentar la toleran-
cia al malestar y a la incertidumbre.

Intervención
En esta sección se detallarán dos de los ejercicios realizados con la paciente, uno de respiración y otro
de autocompasión.
En la primera sesión, además de realizarse la entrevista inicial, se comenzó con la intervención
en forma de escucha activa, validación emocional y psicoeducación: la explicación de que lo que le está
ocurriendo es natural, que no hay nada de infantil ni de patológico en sentirse ansiosa en esa situación
y en sentir emociones aparentemente contradictorias como la ira, la decepción, el miedo y el amor.
En la segunda sesión se dedicó un espacio al principio para una pausa consciente a través de
la respiración. Se guió a la paciente en una breve pausa (en torno a cinco minutos) dedicada a centrar
la atención en la respiración. Las orientaciones, dadas por la terapeuta, fueron primero dirigidas a la
postura corporal: plantas de los pies apoyadas en el suelo, manos sobre los muslos, espalda recta
sin rigidez, hombros relajados, cabeza recta y ojos cerrados. Una vez en esta postura, se invitó a la
paciente a prestar atención a su respiración, sintiendo el aire entrar y salir. A continuación se hizo un
breve escáner corporal, haciéndola llevar la atención desde la planta de los pies de forma ascendente
hasta su cabeza y bajar para terminar en el abdomen. Una vez ahí se orientó a la paciente para inhalar
y exhalar de forma más profunda. Al finalizar, la paciente comenta que se siente bien, que le ha resul-
tado agradable el ejercicio. En adelante, todas las sesiones comenzaron con una pausa de este tipo e
incluso se facilitaron a la paciente audios para que practicara en casa.
En esta segunda sesión Bárbara continúa obcecada en tomar una decisión sobre separarse o no
de inmediato, en la necesidad de estar bien para que nadie en el trabajo la pueda ver como débil y en el
lenguaje descalificativo hacia sí misma. Se aprovechó una de sus intervenciones para preguntarle si a
su amiga Victoria (descrita en la primera sesión como su mejor amiga) le diría lo mismo si ella estuviera
pasando por esta situación. Bárbara se quedó muy sorprendida por la pregunta y sollozando respondió
que no. Este es el diálogo que siguió a esta pregunta:

- Psicóloga: ¿Y qué le dirías? Si no le dirías que es una imbécil por querer a un hombre que le es infiel,
¿qué le dirías entonces?
- Bárbara: Que tras 15 años de matrimonio más los tres de novios es normal que le quiera, que el amor
no se borra de un día para otro.
- Psicóloga: ¿Y si a Victoria le dirías eso, por qué a ti misma te llamas imbécil? ¿Qué hay de diferente
entre Victoria y tú?
- Bárbara: (llorando desconsoladamente) No lo sé.

A partir de este diálogo se introdujo la necesidad, más allá de tomar una decisión o no sobre el matri-
monio, de cambiar la manera en la que se castiga a sí misma por todo: por estar triste, por estar
desconcentrada en el trabajo, por tener mal aspecto, por no tener ganas de hacer deporte, por el sufri-
miento de sus padres ante la situación, por la confusión entre desear romper la relación y al mismo
tiempo desear que todo vuelva a ser como antes y un largo etcétera. Con esto se comenzó el entrena-
miento en autocompasión cuyo fin último es la disminución de su autoexigencia. Se hizo a la pciente
consciente de las constantes descalificaciones que, tanto verbal como internamente, se decía a sí
misma. Le pedimos como tarea para la semana que preste atención a estas auto-descalificaciones,
bien sean verbalizadas o solo pensadas.
Uno de los ejercicios utilizados para trabajar estos aspectos, adaptado de Neff (2006) es el ejerci-
cio del crítico, el criticado y el observador externo. Se explicó a la paciente que todos tenemos un crítico
interno cuya función realmente es protegernos del fracaso. Este crítico nace muy temprano en nuestra
niñez a través de las críticas de padres, educadores y demás figuras de autoridad y poco a poco lo
vamos interiorizando como una voz interna (Schwartz, 2015). Dependiendo de la personalidad y de la
propia historia de desarrollo, este crítico interno puede ser realmente disruptivo y mermar la autoes-
tima, el desempeño y el bienestar de la persona, distorsionando la visión del sí mismo (Bourquin,2015;

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PRÁCTICAS DE MINDFULNESS EN CONSULTA

Schwartz, 2015), como le estaba ocurriendo a ella. Tras esta explicación, se pidió a la paciente que
en tres folios dibujara a su crítico interno, a quien recibe la crítica (que es ella misma) y a un observa-
dor externo al diálogo. Colocamos los tres folios formando un triángulo en el suelo y le pedimos a la
paciente que, colocada sobre cada uno de ellos y asumiendo ese rol, nos diga cómo se siente.

- Psicóloga: Cuando el crítico dice “eres una imbécil”, ¿qué siente?


- Bárbara: Rabia, frustración. Lo dice gritando para hacerme reaccionar
- Psicóloga: ¿Por qué siente rabia y frustración?
- Bárbara: Porque no le gusta cómo me estoy comportando, piensa que no lo estoy haciendo bien, que
no debo hacer lo que estoy haciendo. Que me estoy haciendo daño.

Profundizamos en este ejercicio de observación del crítico interno hasta que Bárbara se da cuenta de
que lo que hay detrás del descalificativo es el deseo de que esté bien, de que este mal momento pase.
A continuación se coloca en el rol de quien recibe la crítica.

- Psicóloga: ¿Cómo se siente la persona que recibe la crítica?


- Bárbara: Mal, muy tonta. Machacada.
- Psicóloga: ¿Por qué se siente así?
- Bárbara: Porque no puedo estar de otra manera. No sé hacerlo mejor aunque hago todo lo que puedo.

Al igual que anteriormente, se profundiza en cómo la crítica, lejos de ayudarla, la hunde más aun y se
convierte en un círculo vicioso: a más crítica- peor me siento- menos puedo hacer porque la ansiedad
me lo impide- más me critico por ello.
Por último, Bárbara adopta la posición de un observador externo. Rompe a llorar: “no me puedo
creer lo mal que me trato. Y lo he hecho siempre. La primera vez que me presenté a las oposiciones y
aprobé sin plaza no te imaginas el tiempo que estuve sin poder perdonármelo”.
Tras este ejercicio, que fue muy intenso para Bárbara , se la guió en una meditación para que
visualizara que ella y su crítico interno se miran frente a frente y poco a poco pueden acercarse hasta
llegar a abrazarse.
Las sucesivas sesiones siguieron una estructura similar a la presentada: comienzo y cierre con
una breve meditación, siempre orientada al cuerpo o a la observación de los pensamientos y trabajando
la autoexigencia, el castigo y la crítica interna hacia sí misma. A partir del ejercicio descrito, Bárbara
comenta que ya no se siente tan mal y cuando se descubre a sí misma con estos pensamientos trata
de pararlos. Aprendió también a llevar la atención a la respiración en momentos de ansiedad, sobre
todo cuando está en el trabajo. Además de trabajar la identificación de la crítica y su modificación por
pensamientos más amables hacia sí misma, se exploró el autocuidado. Bárbara tenía muy automati-
zados ciertos rituales de belleza y deporte así como de interacción social. Sin embargo, ninguna de
estas cosas las hacía por el placer de hacerlas, sino más bien como obligación de tener buen aspecto
o de pasar tiempo con amigos y familiares. Se identificaron en consulta algunas acciones que podía
hacer en su día a día como una forma de autocuidado (por ejemplo, permitirse jugar con la tablet de
vez en cuando) y cómo llevarlos a cabo con plena conciencia de que eran algo que hacía por y para
ella porque merecía cuidarse.

Valoración de la intervención
Tras ocho sesiones, distribuidas semanalmente, Bárbara ya no necesitaba tomar ansiolíticos y su
ansiedad se había reducido drásticamente aunque seguía teniendo momentos difíciles. Su nivel de
crítica y autoexigencia también se redujeron y lo que más llamativo le resultaba era “lo atenta que estoy
ahora a cómo pienso sobre mí misma y lo que disfruto cuidándome”. Aprendió a usar la respiración
como mecanismo para la regulación de la ansiedad así como a parar los diálogos de exigencia y desca-
lificación. Decidió pedirle al marido que se fuera de casa al menos por un tiempo, para poder permitirse
pensar con calma sobre el matrimonio. Este permiso para darse tiempo se extendió a sus sentimientos,
aceptando que fueran ambiguos o que a veces fueran contradictorios así como a tener momentos de
abatimiento, enfado o miedo en los que no necesitaba fingir estar bien.

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PILAR RUEDA

Caso 2. Gema
Descripción
Gema tiene 31 años. Sufre depresión mayor, diagnosticada por un psiquiatra, desde hace algo más de
un año (no recuerda con exactitud la fecha del diagnóstico) pero en los últimos meses ha empeorado
mucho. Acude a la consulta con poca esperanza de poder ser ayudada aun a pesar de no haber reci-
bido nunca tratamiento psicológico, solo psiquiátrico en forma de medicación. Está casada y no tiene
hijos. Antes de enfermar trabajaba como esteticien en un centro de belleza, a raíz de la depresión dejó
el trabajo y no ha vuelto a trabajar, ya que su situación económica es holgada. Vive en un municipio
pequeño. Es la menor de cuatro hermanas, una de ellas fallecida en un accidente de tráfico a los 15
años cuando ella tenía 10 años. Su relación con sus dos hermanas es distante a pesar de que residen
en el mismo municipio. Sus padres viven en la casa de al lado y la relación con ellos es muy conflictiva.

Motivo de consulta
La paciente siente una gran desesperanza ante el futuro. No encuentra ilusión en nada y aunque no
tiene ideas suicidas afirma que no le importaría estar muerta. Acude a consulta derivada por su médico
de cabecera que no observa ninguna evolución en su sintomatología a pesar de estar tomando medi-
cación.

Evaluación inicial
Gema presenta características típicas de una depresión mayor: cabizbaja, sin apenas energía para
hablar. Se observa en ella cierta abulia fruto de la desesperanza ante el futuro. Comparte que el único
deseo que sentía en su vida era el de ser madre y que recientemente han descubierto que su marido es
estéril, por lo que el embarazo debería llevarse a cabo con semen de un donante y así no lo desea. Su
historial familiar es complejo. Su madre sufrió malos tratos constantes de parte de su padre alcohólico
en presencia de las hijas hasta que ella llegó a la adolescencia. Cuando tenía 10 años una hermana
falleció en un accidente de tráfico. Cuenta compungida, que su madre nunca se recuperó de la muerte
su hermana. Su relación con las otras dos hermanas es distante. Al igual que Bárbara, Gema tiene un
diálogo interno destructivo, en su caso, marcado por la culpa y los sentimientos de inutilidad “no sirvo
para nada”. Es incapaz de nombrar un solo aspecto de sí misma que le resulte agradable o positivo.
Tampoco identifica nada en su vida que la motive o la haga feliz.

Demanda y objetivos terapéuticos


La paciente presenta tal grado de desesperanza que su única demanda es llorar menos. Siente que
su llanto es incontrolado y se siente muy incómoda cuando en situaciones del día a día, como por
ejemplo, hacer la compra, no puede contener las lágrimas. Se acordó con la paciente que, para mode-
rar su necesidad de llorar sería necesario trabajar su tristeza, en concreto, el grado de crítica hacia sí
misma; la integración de la noticia acerca de la esterilidad de su marido y se le propuso profundizar en
la relación que mantenía con sus padres y hermanas, así como con la muerte de su hermana, pues se
sospecha de la existencia de un duelo patológico en toda la familia.

Intervención
Dado que Gema mostró cierto interés en la meditación, tras la entrevista incial se cerró con una
meditación inspirada por Thich Nhat Hanh (2017), orientada a visualizar el propio sufrimiento para
transformarlo. Al finalizar, Gema se mostró aliviada y muy agradecida por el tiempo y el espacio “no
estoy acostumbrada a poder hablar así y que me escuchen”.
En la siguiente sesión, primera de intervención, se dio a Gema el espacio necesario para hablar y
llorar ante la evidente necesidad que tenía de desahogarse con una persona que “no la juzgara y que la
comprendiera” (en palabras de la paciente). Se practicó solo la escucha activa acompañada de psicoe-
ducación sobre la base cerebral de las emociones y de la depresión. Gema se mostró muy sorprendida
y receptiva a estas explicaciones. En la segunda sesión, se comenzó el trabajo en autocompasión,
previa explicación de este concepto a la paciente. Uno de los ejercicios realizados para la práctica de la
autocompasión fue Cambiando el monólogo de mi crítico interno (Neff, 2006). En la sesión anterior se le
propuso a Gema, dada la frecuencia con la que se insultaba y menospreciaba a sí misma, que tomara
nota de algunos de estos pensamientos. Acudió a consulta con una nota realizada con el teléfono
móvil muy larga: “me he quedado alucinada. ¿Cómo puedo hablarme así tanto?” comentó. El ejercicio
consistió en visualizarse a sí misma. Con la atención centrada en la respiración y los ojos cerrados, le
pedimos que se visualizara a sí misma como si estuviera en un espejo y le preguntamos cómo se siente
esa otra “ella” que está visualizando. Gema rompió a llorar y dijo que esa “otra ella” se sentía muy mal.

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PRÁCTICAS DE MINDFULNESS EN CONSULTA

Se acompañó a la paciente en esta toma de conciencia de cómo su propia crítica la lastimaba cada vez
más y la invitamos a re-hacer algunas de las frases que se decía habitualmente. Fuera de la visualiza-
ción, la paciente escogió del listado qué afirmaciones o insultos transformar en verbalizaciones (tanto
internas como externas) más amables. Necesitó mucha ayuda pues se bloqueaba y rápidamente caía
de nuevo en el menosprecio. Estos son algunos ejemplos:

- no he hecho nada productivo con mi vida


ha sido difícil hasta ahora pero aun puedo hacer cosas bonitas con mi vida
- soy una fracasada
aunque aun no lo crea del todo, soy una persona capaz
- no puedo ser madre porque seguramente sería una mala madre
tengo mucho amor que dar y cuidaría a mi hijo lo mejor posible
- no hay nada bueno en mí
soy una persona valiosa, aunque yo no lo vea
- debería estar muerta
al igual que mis hermanas que aun viven, yo también merezco ser feliz
- mi marido está conmigo por lástima. Podría estar con alguien mejor.
soy buena persona, soy valiosa, aunque aun no lo vea

Debido a que la siguiente cita había sido cancelada, esta sesión se pudo prolongar el tiempo suficiente
para, una vez cambiadas algunas de las verbalizaciones destructivas, poder hacer un ejercicio de
visualización en el cual la propia Gema se dijera estas nuevas verbalizaciones a sí misma. De nuevo, a
través de la conciencia en la respiración, la guiamos para que se visualizara a sí misma en frente y con
la ayuda de la terapeuta, expresar estas nuevas frases.
Trabajar con la paciente utilizando mindfulness como base fue especialmente sencillo dada su
predisposición. Se le recomendaron meditaciones en autocompasión (Simón, 2017) para que las rea-
lizara en casa. Sin embargo, eliminar el automatismo de criticarse, menospreciarse o desearse a sí
misma mal fue un proceso muy difícil y con muchas recaídas, dado el profundo enraizamiento de este
patrón. Dentro de los ejercicios practicados con Gema también destaca el de la carta a sí misma (Neff,
2006). En cuanto hubo cierta relajación del crítico interno le pedimos que se escribiera una carta a sí
misma en la cual se pidiera perdón por no haberse cuidado y querido lo suficiente y se expresara amor
y calidez. Si lo deseaba podía compartir esta carta en sesión. La longitud de la misma fue sorprendente:
cinco páginas (habitualmente estas cartas son de una o dos páginas). Aunque en los primeros párrafos
se apreciaba cierto rechazo y descalificación, fue una carta realmente emotiva. Gema contó muy emo-
cionada que escribiendo la carta había sido la primera vez que se había sentido bien estando a solas.

Valoración de la intervención
El caso de Gema fue un caso complejo y, si bien se apreció una clara mejoría en la sintomatología
depresiva tras seis semanas de intervención, el proceso terapéutico fue bastante más largo debido al
complejo historial de desarrollo de la paciente, a la dificultad a afrontar dentro de su matrimonio ante
la posibilidad de un embarazo mediante fecundación in vitro con semen de un donante y a la relación
conflictiva que mantenía con sus padres, de los cuales era vecina. A través de la intervención Gema
se hizo consciente de su diálogo interno destructivo que la hacía proclive a la depresión y la ansiedad,
así como de la falta de autocuidado. A través de la intervención retomó el contacto con una amiga y
comenzó a practicar deporte, primero de forma individual y a continuación en grupo, con el objetivo de
ampliar su círculo social, que hasta el momento se ceñía a su marido y sus padres exclusivamente. Se
la animó también a hacer algún tipo de actividad que reemplazara a lo laboral, pues no quería volver a
trabajar, y decidió hacerse voluntaria en una protectora de animales. Esta actividad, no solo le aportaba
nuevos contactos, sino sensación de satisfacción y una gran mejora en su autoestima y autoconcepto.
El progreso de Gema estuvo marcado por muchos altibajos y una gran implicación de la paciente
con la terapia. Se apreció un marcado cambio en su bienestar emocional y su funcionamiento psico-so-
cial, si bien temas más profundos como la relación con los padres y la muerte de la hermana requirieron
de un proceso terapéutico más largo.

Conclusiones
El objetivo de este trabajo era presentar de forma resumida y con ejemplos concretos cómo intervenir
en sintomatología ansiosa y depresiva con técnicas de mindfulness, en concreto, atención a la respi-
ración, meditación y prácticas de autocompasión. La evidencia científica muestra la eficacia de esta

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PILAR RUEDA

forma de intervención (Germer y Neff, 2012; Kuyken et al., 2008; Montero-Marín et al., 2016; Roca et
al., 2019; Roca et al., 2021; Tsur et al., 2020; Vázquez et al., 2006). La experiencia es que los pacien-
tes se sienten muy reconfortados con la práctica de la atención plena en consulta, resultando no solo
agradable, sino también de gran utilidad en su día a día (Montero-Marín et al., 2016; Roca et al., 2019).
Respecto al trabajo en autocompasión, no cabe duda de que todos, en mayor o menor grado, tende-
mos a la autocrítica en algún momento (Germer, 2009; Neff, 2006; Simón, 2012). Si bien la crítica y la
exigencia nos permiten crecer profesional y personalmente, cuando se convierten en desprecio y des-
calificación permanente pueden llegar a ser muy dañinas para la salud causando, no solo problemas de
autoestima, sino más graves como trastornos depresivos. Por ello es importante cuidar, no solo cómo
hablamos a los demás, sino también cómo nos hablamos a nosotros mismos.

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