Poder Palabras Jesuitas
Poder Palabras Jesuitas
POLÍTICA Y CULTURA
EN LA ÉPOCA MODERNA
POLÍTICA
,-
Y CULTURA,
EN LA EPOCA MODERNA
(Cambios dinásticos. Milenarismos,
mesianismos y utopías)
Universidad de Alcalá
© Universidad de Alcalá
Servicio de Publicaciones
ISBN: 84-8138-587-5
Depósito Legal: M-5.473-2004
Fotocomposición e Impresión: Solana e Hijos, A.G., S.A.
EL PODER DE LAS PALABRAS DE LA COMPAÑÍA
DE JESÚS EN EL VALLADOLID MODERN0 1
1 Resumen de la Tesis Doctoral en curso. «El poder de la enseñanza y del sermón: presencia de la Compañía
de Jesús en el ámbito geográfico de Valladolid durante el Antiguo Régimen», dirigida por el doctor Teófanes
Egida López, catedrático de Historia Moderna de la Universidad de Valladolid. Javier BWTieza es becario del
Ministerio de Educación y Cultura dentro del proyecto de investigación «El catolicismo en Esparia en la época
moderna: el proceso de confesionalización».
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tor más activo, más presente, poderoso y prestigiado era la Compañía de Jesús, cuya impor_
tanc,ia sólo puede medirse adecuadamente si se recuerda 10 que supuso la decisión de Carlos
UI de expulsarlos. de su Monarquía. El profesor Conlreras hablaba de la sociedad «ecIesiali_
zada», pues era una Iglesia en sí misma. Lo cierto es que dentro de ella se vivían los aconte_
cimientos sociales más importantes de la vida, en tiempos y espacios que se encontraban
sacralizados. Nos encontramos ante una cultura dominante que necesitaba «convertir» a los
cristianos, siguiendo lo que los agentes eclesial es considerasen correcto. Evangelizar logran_
do el asiento de un sistema cultural dominante. Y ahí se integra la confesionalización. PeTO
como señalábamos antes, este proceso debía encontrarse consensuado con los poderes tem-
porales, pues se producía un uso compartido de la autoridad.
Dentro del auge que en la historiograffa vuelven a cobrar los estudios por las mentalida-
des colectivas, formas de religiosidad, [Link] educativo, efectos de las órdenes reli-
giosas sobre el pueblo ... la Compañía de Jesús nunca ha dejado de interesar. Se han
elaborado estudios monográficos, y otros se encuentran en curso, sobre los jesuitas en Gali-
cia, Asturias, Salamanca, Soria, La Rioja, el Colegio Imperial de Madrid, Jaén, Granada,
Arévalo, algunos parciales sobre la antigua provincia de Castilla, además de los activos tra-
bajos que desde la expulsión y la crisis del XVIII para la Compañía han sido publicados por
el equipo de trabajo de la Universidad de Alicante, dirigido por el doctor Giménez López.
Algunos de los anteriores trabajos son memorias de licenciatura y tesis doctorales relativas a
la presencia educativa de los jesuitas en sus respectivos ámbitos geográficos. No hemos
querido olvidar en este nuestro trabajo, otras formas de poder de la palabra. El más impor-
tante, sin duda, el sermón. Pero también acompañado por la confesión, la enseñanza de la
doctrina cristiana y los catecismos, la palabra imitada de los modelos de santidad y la máxi-
ma expresión en las misiones populares.
Como decíamos, los jesuitas han sido objetivos de interés de los historiadores. La bibli-
ografía de la que disponíamos era abundantísima. Antes y después de la primera expulsión
de 1767, muchos se ocuparon en apologías de la Compañía o ataques virulentos contra ella,
sin olvidar los estudios más recientes y actuales sobre aspectos de su economía, hasta los
más diversos aspectos de las mentalidades colectivas que no cesan de aparecer. Las prime-
ras obras, las contemporáneas para aquellos siglos, debían encontrarse sujetas a un impor-
tante aparato crítico.
Además de esta base bibliográfica nos motivó el importante patrimonio documental de
la ciudad de Valladolid, sin olvidar lo mucho que nos podían aportar los archivos nacionales
(Histórico Nacional, Biblioteca Nacional y Real Academia de la Historia), además de los
propios de la Compañía (los provinciales y el romano). Sin embargo investigar Historia Mo-
derna en Valladolid resulta fácil. No solamente desde el cercano Archivo de Simancas, sino
desde el estudio de la vida de la ciudad que nos brindan los Libros de Claustros de la Uni-
versidad de Valladolid (en el Archivo Universitario) o los del Secreto de los Cabildos ordi-
narios y extraordinarios de la Catedral de Valladolid (con una consulta muy limitada del
Archivo Catedralicio). No podernos olvidar los protocolos notariales del Archivo Histórico
Provincial, la documentación judicial (pleitos sobre todo) de la Real Chancillería y las Actas
Municipales. En esto hemos puesto muchos esfuerzos, puesto que los jesuitas se encontra-
ban integrados en los distintos aspectos de la vida y de los trabajos de la ciudad.
PRESENTACIÓN DE PROYECTOS DE INVESTIGACIÓN 797
presas que debían llevarse a cabo, pues aquí residían diversos poderes (Monarquía como
sede preferencial de la Corte hasta 1559, capital entre 1601 a 1606, Chancillería, Universi-
dad y Colegio Mayor Santa Cruz, además de Inquisición). Por lo tanto un estudio de los je-
suitas y sus ministerios' en el ámbito de Valladolid pensamos que tiene la suficiente
proyección para convertir algunas de sus conclusiones en valederas y aplicables en el ámbi-
to general de la Compañía de Jesús.
Sin embargo la proximidad de Medina del Campo, la villa de las ferias, y el estable-
cimiento de un colegio de jesuitas en este núcleo, llamados como no podía ser de otra
forma, por comerciantes y mercaderes, hace inevitable la extensión de nuestro foco de
atención también a este centro, como al noviciado de la Compañía que se instalará final-
mente en Villagarcía de Campos, después de haber pasado por Simancas y Medina. Tres
centros de actuación, cinco colegios, cinco· modelos, que configuran una red de actua-
ciones, un ir y venir de ideas, de religiosos y de gobierno de todos los colegios de la
Compañía en Castilla, como residencia habitual del provincial para este ámbito. Por eso,
además del suficiente atractivo que la ciudad del Pisuerga podía tener en sí misma, se
convirtió en una de las capitales jesuíticas de Castilla, únicamen~e ensombrecida por la
universitaria Salamanca.
Como otras tantas del norte de Castilla, Valladolid era una ciudad levítica, por el eleva-
do porcentaje cuantitativo y cualitativo de población de clérigos regulares, monjes, frailes,
sacerdotes o monjas. Esta concentración de establecimientos religiosos, con importantes Es-
tudios para la formación de sus miembros, además de palToquias, iglesias penitenciales y er-
mitas hacían pensar a los jesuitas que su entrada en la capital del Pisuerga, o más
prolongadamente su asentamiento continuado, se convertilÍa en un difícil juego de compe-
tencias y devociones espirituales.
La ciudad fue un elemento fundamental en el proceso de confesionalización. Es verdad
que el cristiano rural estaba considerado con un rango inferior y que la ciudad -como seña-
laba el profesor Contreras- se convertía en el ámbito preciso para entender la comunidad
cristiana en su «carácter congregacional». De ahí también la utilidad de diferenciar los mo-
dos de adoctrinamiento de la Compañía en la ciudad de Valladolid o en un pueblo cercano
al noviciado de Villagarcfa. Es verdad, que en el siglo XVI, se contemplaba la necesidad de
«eclesializar» el espacio campesino, inspirando esta intención muchas de las misiones popu-
lares, en las que los jesuitas eran maestros. Junto a esta confesionalización, debía aplicarse
medios de control, en un proceso que interesaba política y socialmente.
Cinco modelos como deCÍamos antes en este ámbito geográfico. El primero de ellos, el
Colegio de San Antonio, Casa Profesa desde 1566 y Colegio de San Ignacio en el siglo
XVII. Fue la imagen plástica y de gobierno de la Compañia en Valladolid. Esta religión,
convertida en jerarquía de responsabilidades, situó en la misma casa, la morada y centro de
perfeccionamiento. el ideal de vida, de la elite de esta orden: los padres profesos. Después
las dificultades económicas la convirtieron en un colegio de escasa importancia académica.
Asegurada su fundación, el templo de San Ignacio se convirtió en la voz predicada de la
Compañia, rodeada de aquellos jesuitas santos que ya en el siglo XVII la Iglesia contrarre-
formista había propuesto como modelos a imitar ante los fieles, Muchas procesiones solem-
nes de la ciudad, los miembros de la Chancillería y la Universidad, la más importantes hijas
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espirituales, las devociones más cotidianas de los jesuitas, tuvieron su sede o procedían de
éste de San Ignacio.
San Ambrosio, el segundo de los colegios fundados en Valladolid por parte de los jesui-
tas, era el que se encontraba más próximo física y académicamente, a la Universidad de Va-
lladolid. Próximo por las materias y disciplinas y sobre todo por la cesión que los doctores y
claustro de la Universidad iban a contratar con los Padres de la Compañía en distintos mo-
mentos de estos siglos, de la gramática latina. El latín era el paso previo a la llegada de un
estudiante a las Facultades, la segunda enseñanza de aquellos días. San Ambrosio fue el po-
der académico.
Como dijimos antes, el colegio de San Albano de los ingleses, con el impulso de Felipe
n, se convirtió (al igual que el de Sevilla),en la escuela de mártires, de aquellos que una vez
ordenados (y algunos integrados en la Compañía de Jesús) marchaban a la misión de Ingla-
telTa. En ocasiones no les daba tiempo a dar testimonio con su palabra y utilizaban como
medio su vida, a través del martirio (así considerado por la Europa católica), llamado rebel-
día política por la Inglatena anglicana.
El colegio de Medina del Campo fue el centro de formación en una ciudad próspera y
burguesa, sobre todo en pleno esplendor de las ferias del siglo XVI. Aquí las pretensiones
de los jesuitas no se centraban en los poderosos políticos, en aquellos que rodeaban a los
monarcas. Medina era el mundo del negocio, del comercio, del dinero. Era necesario que los
jóvenes no viviesen solamente en el espejismo de la prosperidad y la riqueza. Los jesuitas
debían insistir en la moral que debía envolver a esta riqueza. En la formación académica tu-
vieron un medio para alcanzar estos fines.
El quinto y último de los modelos que convertía a Valladolid en una capital de la
Compañía en Castilla fueron los noviciados o casas de probación. Muy cerca de la capi-
tal, cuando el río Pisuerga va a entregar sus aguas, al Duero, se sitúa la villa de Siman-
caso y en la misma se estableció el primer noviciado de la Compañía en España: «el
mundo al revés» en el cual los jóvenes debían de vivir antes de integrarse plenamente en
esta religión. Los impulsos iniciales fueron paralelos a la inestabilidad que acompañó a
esta casa y a los caprichos de su fundador, hasta su instalación definitiva en VH1agarcfa,
pasando antes por Medina del Campo. Valladolid fue también cantera para los miem-
bros de la Compañía.
Al mismo tiempo los Colegios, sin acompañarlos en sus trayectorias vitales como insti-
tuciones, nos permiten conocer el modo de ser de los jesuitas, sus intenciones iniciales, las
cualidades que demandaban como religiosos, encontrando en la obediencia, como Hijos que
eran de ella, su principal fundamento. También hablaremos de las elites de fundadores, bien
diferentes según los lugares. Desde el impulso real en el establecimiento de San Albano, los
hombres de negocios Rodrigo de Dueñas o Pedro Cuadrado para la mercantil Medina, las
vinculaciones casi familiares de Magdalena de BOlja y Loyola, condesa de Fuensaldaña en
San Ignacio de Valladolid o la maternidad protectora de aquella otra Magdalena, esta vez la
de Ulloa, convertida en «mecenas» de esta Compañía. Sin embargo no podemos detenernos
en el sujeto ~la Compañía~, sino profundizar en el predicado -sus ministerios pastorales-
. Preferimos conocer las formas de proyectarse sobre la sociedad que les rodeaba, sobre la
sociedad que les escuchaba, que intentaba seguir los comportamientos por ellos predicados,
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800 JAVlER BURRIEZA SÁNCfIlc.'Z
en las conciencias por ellos modeladas. Vamos a acercarnos a estos trabajos a través de los
distintos poderes de la palabra, de las distintas formas de adoctrinamiento.
La palabra predicada y la enseñanza constituyen los bastiones TIuís importantes. La pre-
dicación, no 10 debemos olvidar, era el medio de comunicación habitual de aquellos días.
Un espectáculo, como señala el profesor Teófanes Egida, demandado y necesario en los
acontecimientos más cotidianos, pero en otros muchos ffii:1S extraordinarios del Antiguo Ré-
gimen. No podian faltar los sermones en el modo de transcurrir el año litúrgicarnente en
una Catedral, en la forma de medir el tiempo sacralizadamente, Los Libros del Secreto
de los Cabildos no lo han confirmado, En el siglo XVII de Valladolid, Catedral en cons-
trucción pero palabra en funcionamiento. Los regulares se repartían, lo más equitativamente
que las rivalidades lo permitían, la tabla de los sermones. Los jesuitas naturalmente se en-
contraban allí. Solamente su participación se podía encontrar ensombrecida por el juego de
las competencias y por el de los privilegios. O llamémosla de otra forma. Por aquellos plei-
tos interpuestos por los canónigos de la Catedral ante la negativa de los jesuitas a pagar de-
terminados diezmos.
Hablando de la palabra jesuítica de los sermones en Valladolid, podemos hablar de la
preparación del predicador, de la agilidad en el manejo de los contenidos, en su capacidad
de exponerlos con habilidad, del dominio de la improvisación, La ret6rica del predicador,
más que deleitar estaba dirigida a la persuasión, «porque quanto mayor es el de1eyte que re-
cibe el oido con la harmonía (.,,) tanto menos pasto sólido», decía el padre Calatayud. La
predicaci6n implicaba diversidad del auditorio y por ello debía existir acomodación al mis-
mo. El sermón no era un elemento aislado. Se encontraba perfectamente engarzado en un
programa meditado de contenidos, Doctrinas en las que nunca faltaba 10 extraordinario, lo
milagroso y sorprendente. En definitiva el sermón, en su poder de persuasión, era capaz de
crear un clima de entusiasmo entre los fieles, que permitía rechazar todo aquello que hasta
unos momentos antes formaba parte del hacer y del hablar cotidianos.
Del poder de la palabra predicada naCÍan las devociones impulsadas por la Compañía ele
Jesús. Los deseos de imitación ante la vida y la contemplación de un santo, de asumir aque-
llo que habían oído, por 10 cual se sentían increpados desde el púlpito. Precisamente el Co-
legio de San Ambrosio de Valladolid se convirtió en un hito más de la devoción al Sagrado
Corazón de Jesús, tan impulsada por los jesuitas, tan criticada por los ilustrados, al situarse
allí las supuestas revelaciones del Corazón de Jesús al padre Bernardo de Hoyos, Las eleva-
ciones también se traducían en Congregaciones, algunas fundadas tras la celebración de una
misión popular, como signo de perduración, de lo allí conseguido, Era la palabra predicada
convertida en palabra vivida y comportamientos, para formar las necesarias clientelas, de !lIS
que los jesuitas, corno otras religiones, se encontraban menesterosos para llevar a cabo sus
intenciones.
La enseñanza fue otro de los baluartes más decisivos. El estudio de los colegios valliso~
letanos así 10 demuestran, adern,-ls de 'Jos métodos pedagógicos que utilizaban, los conteni~
dos, la implicación de la sociedad en esta enseñanza, todo perfectamente programado en la
famosa «Ratio Studiorum», que tanto pesó en la enseñanza (no sólo española) durante si-
glos. Los colegios no formaron parte de las primeras intenciones de san Ignacio, Posterior-
mente los jesuitas que le rodeaban pudieron comprobar que, la enseñanza era un medio
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