ETAPAS DE LA INVESTIGACION CIENTIFICA | CONTRASTACION DE HIPOTESIS
(Primera parte)
[BIBLIOGRAFIA: Hempel, Filosofía de la Ciencia Natural, cap. 2]
■ Hasta ahora estuvimos trabajando con algunas cuestiones generales relativas a las ciencias y a la
Epistemología y comenzamos a trabajar sobre algunos conceptos importantes. Vimos la distinción
entre lo EMPIRICO y lo TEORICO y definimos las nociones de BASE EMPIRICA y DATO
EMPIRICO. Analizamos la noción de ENUNCIADO y trabajamos sobre los distintos niveles de
ENUNCIADOS. Por último, definimos el concepto de HIPOTESIS. Ahora vamos a ver como
todos estos conceptos se ponen en movimiento en la INVESTIGACION CIENTIFICA. Vamos a
analizar detalladamente como se desarrolla en la práctica una investigación científica y vamos a ver
el rol fundamental que juegan las hipótesis en las investigaciones científicas. [NOTA: es
fundamental que antes de continuar lean la narración que hace Hempel del caso Semmelweis (texto
de Hempel, pp. 16 a 20) que agregamos como ANEXO al final de este documento]
► Toda investigación científica comienza con un PROBLEMA de INVESTIGACION. Son los
problemas de investigación los que disparan las investigaciones científicas, sin problema no hay
investigación. Entonces, ¿qué es un PROBLEMA de INVESTIGACION? Un problema de
investigación es algo que ocurre en el mundo que nos resulta extraño, anómalo o enigmático. De
acuerdo a los conocimientos que tenemos sobre el mundo, esperamos que el mundo se comporte de
una determinada manera... pero a veces el mundo y las entidades que pueblan el mundo se
comportan de un modo inesperado, de un modo extraño, de un modo que va en contra de nuestras
expectativas de como deberían comportarse. Cuando eso ocurre tenemos un PROBLEMA de
INVESTIGACION. Un problema de investigación siempre puede ser expresado con un “por qué”:
¿Por qué ocurre lo ocurre en el mundo? ¿Por qué las mujeres de la 1era División de la Maternidad
del hospital de Viena enferman en tan alta proporción de fiebre puerperal?
► Una vez que hemos delimitado el PROBLEMA de INVESTIGACION, el paso siguiente es
intentar formular una solución provisoria a nuestro problema, intentar dar una respuesta
provisoria a nuestro por qué: ¿Por qué ocurre lo que ocurre en el mundo? Porque… ¿Por qué las
mujeres de la 1era División de la Maternidad del hospital de Viena enferman en tan alta
proporción de fiebre puerperal? Porque en la 1era División del hospital las mujeres yacen de
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espaldas. En otras palabras, formulamos una HIPOTESIS que nos permita entender o explicar por
qué ocurre lo que ocurre en el mundo. Llamaremos HIPOTES PRINCIPAL a estas hipótesis que
proponen una respuesta al PROBLEMA de INVESTIGACION. Ahora bien, el simple hecho de
formular una HIPOTESIS no nos dice si esa hipótesis es verdadera o falsa, no nos dice si lo que
afirma la hipótesis es correcto o no. El simple hecho de que se nos ocurra que puede ser la posición
en la que yacen las mujeres lo que hace que enfermen… no nos dice si efectivamente esa es la
causa de la enfermedad. ¡Justamente por eso decimos que es una HIPOTESIS! ¡Porque aún no
sabemos si lo que afirma es verdadero o falso! ¡Por eso decimos que es una respuesta provisoria a
nuestro problema!
► Una vez que formulamos una HIPOTESIS tenemos que ponerla a prueba; tenemos que buscar
un modo que nos permita determinar si nuestra hipótesis es verdadera o falsa. Tenemos que
CONTRASTAR la HIPOTESIS. Ahora lo vamos a analizar en detalle, pero muy sintéticamente
CONTRASTAR una HIPOTESIS es buscar una manera que nos permita confrontar aquello que
afirma la HIPOTESIS con hechos que podamos observar o experimentar en el mundo que nos
rodea, y evaluar si lo que afirma se corresponde o no con los hechos que podemos experimentar en
el mundo. En otras palabras, CONTRASTAR una HIPOTESIS es confrontarla con la BASE
EMPIRICA.
▪ A veces resulta sencillo confrontar lo que afirma una HIPOTESIS con hechos que puedan ser
observados en el mundo que nos rodea. A veces resulta sencillo CONTRASTAR una HIPOTESIS.
Supongamos que tenemos una HIPOTESIS que afirma que “el 31/12 de este año ocurrirá un
eclipse lunar”. Para determinar si esa hipótesis es verdadera o falsa, para confrontar lo que afirma la
hipótesis con hechos que podamos observar o experimentar en el mundo que nos rodea, basta con
esperar y observar lo que ocurre en el cielo… si efectivamente el 31 de diciembre constatamos la
ocurrencia de un eclipse lunar podremos decir que la hipótesis es verdadera, caso contrario diremos
que es falsa. Por supuesto, las cosas no suelen ser tan sencillas en la práctica científica y
generalmente debemos recurrir a métodos INDIRECTOS para poner a prueba las hipótesis.
▪ Tomemos una de las hipótesis que puso a prueba el Dr. Semmelweis. Por ejemplo, la Hipótesis
relativa al Cura. Esquemáticamente, la hipótesis afirma que “la causa de la gran proporción de
mujeres que enferman de Fiebre Puerperal y de la consecuente elevada tasa de mortalidad en la
1era división de la maternidad del hospital de Viena es el paso del Cura”. Noten que en este caso
no basta con sentarse a observar lo que ocurre en el hospital para poder determinar si la hipótesis es
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verdadera o falsa. De hecho, podríamos quedarnos toda la vida observando lo que ocurre en el
hospital y veríamos pasar al Cura y a las mujeres enfermar y morir, pero ninguna de esas
observaciones nos permitirían decidir si la fiebre puerperal y la consecuente muerte de las mujeres
está asociada o no al paso del Cura. Semmelweis, que sabía perfectamente que ninguna observación
directa iba a ser de utilidad para poner a prueba a la hipótesis, se hace una pregunta fundamental:
¿qué efectos observables deberían producirse si la hipótesis del Cura fuera verdadera? ¿qué cosas
deberían poder observarse si efectivamente la causa de la alta tasa de mortalidad fuera el paso del
Cura. Y responde: Si la causa de la elevada tasa de mortalidad en la 1era división de la
maternidad del hospital de Viena es el paso del Cura entonces la eliminación del factor Cura
producirá un descenso de la tasa de mortalidad. Efectivamente, eliminada la causa debería
desaparecer el efecto.
Notemos que de la hipótesis principal (“la causa de la elevada tasa de mortalidad en la 1era
división de la maternidad es el paso del Cura”), Semmelweis deriva una segunda hipótesis (“la
eliminación del factor Cura producirá un descenso de la tasa de mortalidad”). ¿Por qué decimos
que esta afirmación que deriva Semmelweis es una nueva hipótesis? Porque cuando Semmelweis la
deriva de la hipótesis principal aún no sabemos si es verdadera o falsa, aún no sabemos si
efectivamente la eliminación del factor Cura va a producir o no un descenso en la tasa de
mortalidad. Se trata de una afirmación o de un enunciado cuyo valor de verdad se encuentra en
estado de problema… es decir, ¡una hipótesis! Llamamos IMPLICACION CONTRASTADORA
(Ic) o CONSECUENCIA OBSERVACIONAL (Co) de la hipótesis principal a esta segunda
HIPOTESIS DERIVADA.
Notemos, también, que la implicación contrastadora tiene una característica fundamental: basta
con generar experimentalmente ciertas condiciones estipuladas por la propia implicación
contrastadora (“eliminar el factor Cura”) para poder determinar por medio de la observación
directa si la implicación contrastadora es verdadera o falsa. Y eso es exactamente lo que hace
Semmelweis. Realiza un sencillo experimento que consiste en solicitarle al Cura que deje de pasar
por la 1era división de la maternidad (“elimina el factor Cura”) y observa como se comporta la tasa
de mortalidad. Así, logra determinar por medio de la observación que no es cierto que la
eliminación del factor Cura produzca un descenso en la tasa de mortalidad. Y esta situación lo
lleva a concluir que tampoco es cierto que la causa de la elevada tasa de mortalidad en la 1era
división de la maternidad esté asociada al paso del Cura. Es decir: logra demostrar por medio de la
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observación que la implicación contrastadora derivada de la hipótesis principal es falsa, de lo cual
concluye que también la hipótesis principal es falsa.
Preguntémonos: del hecho de que la implicación contrastadora haya resultado falsa, ¿es legítimo
concluir que hipótesis principal también lo es? Antes de responder esta pregunta, es importante no
perder de vista que las razones que nos llevan a determinar que la implicación contrastadora es falsa
no son las mismas que nos llevarían a determinar que la hipótesis principal también lo es. La
falsedad de la implicación contrastadora se establece directamente a partir de la experiencia y la
observación, mientras que la falsedad de la hipótesis principal es una conclusión que se desprende
de todo el proceso de contrastación. Por lo tanto, para responder la pregunta debemos analizar en
detalle el esquema de razonamiento que subyace a la contrastación de la hipótesis principal.
Sigamos paso a paso el recorrido de Semmelweis.
▫ En primer lugar deriva la implicación contrastadora (Ic) de la Hipótesis principal (Hcura):
la causa de la elevada tasa de mortalidad la eliminación del factor Cura
Si en la 1era división de la maternidad es el entonces producirá un descenso en la tasa
paso del Cura de mortalidad
▫ En segundo lugar elabora un sencillo experimento que le permite determinar que:
la eliminación del factor Cura
No es cierto que produzca un descenso en la tasa de
mortalidad
▫ Por último concluye que la hipótesis principal es falsa, es decir que:
la causa de la elevada tasa de mortalidad
No es cierto que en la 1era división de la maternidad es el
paso del Cura
Queda, entonces, el siguiente esquema de razonamiento:
H cura → Ic p→q
¬Ic si reemplazamos Hcura por p e Ic por q nos queda ¬q
¬H cura ¬p
Se trata, por supuesto, del Modus Tollens, una forma de razonamiento válida. Por lo tanto, el
razonamiento que subyace a la contrastación que realiza Semmelweis es válido. ¿Qué significa que
el razonamiento sea válido? Significa que si sabemos que las dos premisas del razonamiento son
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verdaderas entonces podemos afirmar que la conclusión también es verdadera. Es decir que (y esto
va a parecer un trabalenguas): si sabemos que es verdadero que si la causa de la elevada tasa de
mortalidad en la 1era división de la maternidad del hospital de Viena es el paso del Cura entonces
la eliminación del factor Cura producirá un descenso de la tasa de mortalidad y si sabemos que es
verdadero que no es cierto que la eliminación del factor Cura produzca un descenso en la tasa de
mortalidad, es decir, si sabemos que es verdadero que la implicación contrastadora es falsa, ¡y
sabemos que estas dos cosas son verdaderas!, entonces podemos afirmar con certeza es verdadero
que no es cierto que la causa de la elevada tasa de mortalidad en la 1era división de la maternidad
sea el paso del Cura, es decir, podemos afirmar que es verdadero que la hipótesis principal es
falsa. En la Segunda parte de este documento, cuando introduzcamos las hipótesis auxiliares,
veremos que esta cuestión es más compleja y que la posibilidad de una refutación concluyente de
una hipótesis no es tan clara como parece. Por el momento, no resulta incorrecto afirmar que al
menos en principio podemos afirmar que la hipótesis principal es falsa.
En resumen, si de una hipótesis derivamos una implicación contrastadora y esta implicación
contrastadora resulta ser falsa, entonces podemos afirmar (al menos en principio) que la hipótesis
principal también es falsa. Cuando se da esta situación, decimos que la hipótesis principal (en
nuestro ejemplo la hipótesis del Cura) no superó la contrastación, que ha quedado REFUTADA y
que debe ser descartada.
▪ Tomemos ahora la hipótesis de la Materia Cadavérica Invisible. Esquemáticamente, la hipótesis
afirma que “la causa de la gran proporción de mujeres que enferman de Fiebre Puerperal y de la
elevada tasa de mortalidad en la 1era división de la maternidad del hospital de Viena es que los
médicos infectan a las mujeres con materia cadavérica invisible que llevan en sus manos”. Una vez
más, no basta con sentarse a observar lo que ocurre en el hospital para poder determinar si la
hipótesis es verdadera o falsa. Podríamos quedarnos toda la vida observando lo que ocurre en el
hospital y veríamos a los médicos realizar sus prácticas de anatomía, higienizarse las manos con
agua y jabón y a las mujeres enfermar y morir, pero ninguna de esas observaciones nos permitirían
decidir si la fiebre puerperal y la consecuente muerte de las mujeres está asociada o no a la materia
cadavérica invisible. Nuevamente, Semmelweis se hace una pregunta fundamental: ¿qué efectos
observables deberían producirse si la hipótesis de la materia cadavérica invisible fuera verdadera?
¿qué cosas deberían poder observarse si efectivamente la causa de la alta tasa de mortalidad fuera
la infección por materia cadavérica invisible? Y responde: Si la causa de la elevada tasa de
mortalidad en la 1era división de la maternidad del hospital de Viena es que los médicos infectan a
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las mujeres con materia cadavérica invisible que llevan en sus manos entonces la higienización de
los médicos con solución de cal clorurada producirá un descenso en la tasa de mortalidad.
Al igual que en el caso anterior, de la hipótesis principal (“la causa de la elevada tasa de
mortalidad en la 1era división de la maternidad es que los médicos infectan a las mujeres con
materia cadavérica invisible que llevan en sus manos”), Semmelweis deriva una implicación
contrastadora (“la higienización de los médicos con solución de cal clorurada producirá un
descenso en la tasa de mortalidad”). Notemos que, de nuevo, la implicación contrastadora tiene
una característica fundamental: basta con generar experimentalmente ciertas condiciones
estipuladas por la propia implicación contrastadora (“hacer que los médicos higienicen sus manos
con solución de cal clorurada”) para poder determinar por medio de la observación directa si la
implicación contrastadora es verdadera o falsa. Y eso es exactamente lo que hace Semmelweis,
realiza otro sencillo experimento que consiste en solicitarle a los médicos que se higienicen las
manos con solución de cal clorurada y observa como se comporta la tasa de mortalidad. Así, logra
determinar por medio de la observación que efectivamente la higienización de los médicos con
solución de cal clorurada produce un descenso en la tasa de mortalidad. Es decir, logra demostrar
por medio de la observación que en este otro caso la implicación contrastadora derivada de la
hipótesis principal es verdadera. Preguntémonos: del hecho de que la implicación contrastadora
haya resultado verdadera, ¿es legítimo concluir que la hipótesis principal también es verdadera?
Una vez más, antes de responder esta pregunta, es importante no perder de vista que las razones que
nos llevan a determinar que la implicación contrastadora es verdadera no son las mismas que nos
llevarían a determinar (en el caso de que eso fuera posible) que la hipótesis principal también lo es.
La verdad de la implicación contrastadora se establece directamente a partir de la experiencia y la
observación, mientras que la verdad de la hipótesis principal sería (en el caso de que eso fuera
posible) una conclusión que se desprende de todo el proceso de contrastación. Por lo tanto, para
responder la pregunta debemos analizar en detalle el esquema de razonamiento que subyace a la
contrastación de la hipótesis principal. Sigamos paso a paso el recorrido de Semmelweis.
▫ En primer lugar deriva la implicación contrastadora (Ic) de la Hipótesis principal (H mci):
la causa de la elevada tasa de mortalidad la higienización de los médicos con
Si en la 1era división de la maternidad es que entonces solución de cal clorurada producirá
los médicos infectan a las mujeres con un descenso en la tasa de mortalidad
materia cadavérica invisibe
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▫ En segundo lugar elabora un sencillo experimento que le permite determinar que:
la higienización de los médicos con
solución de cal clorurada produce un
descenso en la tasa de mortalidad
▫ ¿Sería legítimo concluir de lo anterior que
la causa de la elevada tasa de mortalidad
en la 1era división de la maternidad es que
los médicos infectan a las mujeres con
materia cadavérica invisibe?
Si así se hiciera, quedaría configurado el siguiente esquema de razonamiento:
H mci → Ic p→q
Ic si reemplazamos Hmci por p e Ic por q nos queda q
H mci p
Se trata, por supuesto, de la Falacia de Afirmación del Consecuente, una forma de razonamiento
inválida. Por lo tanto, si del hecho de que la implicación contrastadora hubiera resultado verdadera,
pretendiéramos concluir la verdad de la hipótesis principal, estaríamos cayendo en un razonamiento
inválido. ¿Qué significa que un razonamiento NO sea válido? Significa que aun sabiendo que todas
las premisas del razonamiento son verdaderas no podemos afirmar que la conclusión también lo sea.
Es decir que (y esto, otra vez, va a parecer un trabalenguas): aun sabiendo que es verdadero que si
la causa de la elevada tasa de mortalidad en la 1era división de la maternidad del hospital de
Viena es que los médicos infectan a las mujeres con materia cadavérica invisible que llevan en sus
manos entonces la higienización de los médicos con solución de cal clorurada producirá un
descenso en la tasa de mortalidad y aun sabiendo que es verdadero que efectivamente la
higienización de los médicos con solución de cal clorurada produce un descenso en la tasa de
mortalidad, es decir, aun sabiendo que la implicación contrastadora es verdadera, aun así no
podemos afirmar con certeza que es verdadero que la causa de la elevada tasa de mortalidad en la
1era división de la maternidad del hospital de Viena sea que los médicos infectan a las mujeres con
materia cadavérica invisible que llevan en sus manos, es decir, no podemos afirmar con certeza que
la hipótesis principal sea verdadera. Podemos decir que la hipótesis superó la contrastación, pero
no que es verdadera.
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Notemos que se da una suerte de asimetría en la contrastación de hipótesis: cuando una hipótesis no
supera la contrastación podemos afirmar que es falsa, pero cuando supera la contrastación no
podemos afirmar que sea verdadera. Quizás podría pensarse que si una hipótesis superara dos, tres
o un gran número de contrastaciones, entonces sí estaríamos en condiciones de afirmar que la
hipótesis es verdadera. Pero esto no es así: aun cuando una hipótesis fuera sometida a una cantidad
indefinida (aunque finita) de contrastaciones, y aun cuando la hipótesis superara todas esas
contrastaciones, aun así no podríamos afirmar con certeza que la hipótesis es verdadera. ¿Por qué?
Porque si así lo hiciéramos, seguiríamos cayendo en la Falacia de Afirmación del Consecuente. Si
del hecho de que una gran cantidad de implicaciones contrastadoras de una hipótesis (Ic1, Ic2, Ic3…
Icn) hubieran resultado ser verdaderas concluyéramos que la hipótesis también es verdadera,
quedaría configurado el siguiente esquema de razonamiento:
H ppal →( Ic 1⋅Ic 2⋅Ic 3 … Ic n )
Ic 1
Ic 2
Ic 3
…
Ic n
H ppal
que, ¡por supuesto!, no es otra cosa que la Falacia de Afirmación del Consecuente, una forma de
razonamiento inválido… lo cual significa que aun cuando sepamos que todas las premisas del
razonamiento son verdaderas no podemos afirmar con certeza que la conclusión también lo sea.
Por lo tanto, cuando una hipótesis supera una o más contrastaciones podemos afirmar que ha sido
confirmada en relación a una o más experiencias o que ha sido corroborada, pero jamás que es
verdadera. No obstante, es preciso reconocer que el hecho de que una hipótesis supere sucesivas y
numerosas contrastaciones ha despertado y despierta la intuición de que algo más podría decirse
sobre ella en relación a su valor de verdad, porque ¿acaso podría ser casualidad que supere tantas
contrastaciones? Esta cuestión ha dado lugar a diversos debates, entre ellos el debate
confirmacionismo–corroboracionismo, y está asociada al debate entre realismo y antirrealismo
científicos, que será abordado a lo largo de la materia.
▪ Llegamos así a un resultado importante. Sería suficiente un caso en que una hipótesis no supere
una contrastación para poder afirmar (al menos en principio) que la hipótesis es falsa pero no
alcanzarían ni una cantidad indefinida de casos en que la hipótesis supere la contrastación para
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poder afirmar que es verdadera. Esta situación se conoce como la ASIMETRIA ENTRE
REFUTACION Y VERIFICACION. Las ciencias (al menos las ciencias fácticas) no tienen
ningún método que permita VERIFICAR hipótesis; en otras palabras, las ciencias no tienen ningún
método que permita demostrar que una hipótesis es verdadera. Se trata de un límite epistémico de
la práctica científica, un límite en nuestra capacidad de conocer algo. Por el contrario, vimos que las
ciencias sí tienen (al menos en principio) un método que les permite REFUTAR hipótesis, un
método que les permite demostrar que una hipótesis es falsa. Un último comentario. Que no sea
posible demostrar que una hipótesis sea verdadera no significa, por supuesto, que esa hipótesis sea
falsa, pero tampoco significa que esa hipótesis no pueda ser verdadera. Quizás las ciencias hayan
formulado o en algún momento formulen hipótesis que efectivamente sean verdaderas, ¡pero jamás
podremos saberlo!
ANEXO: Caso Semmelweis [extraído de Hempel, Filosofía de la Ciencia Natural, cap. 2, pp- 16-20]
Como simple ilustración de algunos aspectos importantes de la investigación científica,
parémonos a considerar los trabajos de Semmelweis en relación con la fiebre puerperal. Ignaz
Semmelweis, un médico de origen húngaro, realizó esos trabajos entre 1844 y 1848 en el Hospital
General de Viena. Como miembro del equipo médico de la Primera División de Maternidad del
hospital, Semmelweis se sentía angustiado al ver que una gran proporción de las mujeres que habían
dado a luz en esa división contraía una seria y con frecuencia fatal enfermedad conocida como fiebre
puerperal o fiebre de post-parto. En 1844, hasta 260, de un total de 3.157 madres de la División
Primera -un 8,2%- murieron de esa enfermedad; en 1845, el índice de muertes era del 6,8%, y en 1846,
del 11,4%. Estas cifras eran sumamente alarmantes, porque en la adyacente Segunda División de
Maternidad del mismo hospital, en la que se hallaban instaladas casi tantas mujeres como en la
Primera, el porcentaje de muertes por fiebre puerperal era mucho más bajo: 2,3%, 2,0% y 2,7% en los
mismos años. En un libro que escribió más tarde sobre las causas y la prevención de la fiebre
puerperal, Semmelweis relata sus esfuerzos por resolver este terrible rompecabezas.
Semmelweis empezó por examinar varias explicaciones del fenómeno corrientes en la época;
rechazó algunas que se mostraban incompatibles con hechos bien establecidos; a otras las sometió a
contrastación.
Una opinión ampliamente aceptada atribuía las olas de fiebre puerperal a «influencias
epidérmicas», que se describían vagamente como «cambios atmosférico-cósmico-telúricos», que se
extendían por distritos enteros y producían la fiebre puerperal en mujeres que se hallaban de postparto.
Pero, ¿cómo -argüía- Semmelweis podían esas influencias haber infestado durante años la División
Primera y haber respetado la Segunda? Y ¿cómo podía hacerse compatible esta concepción con el
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hecho de que mientras la fiebre asolaba el hospital, apenas se producía caso alguno en la ciudad de
Viena o sus alrededores? Una epidemia de verdad, como el cólera, no sería tan selectiva. Finalmente,
Semmelweis señala que algunas de las mujeres internadas en la División Primera que vivían lejos del
hospital se habían visto sorprendidas por los dolores de parto cuando iban de camino, y habían dado a
luz en la calle; sin embargo, a pesar de estas condiciones adversas, el porcentaje de muertes por fiebre
puerperal entre estos casos de «parto callejero» era más bajo que el de la División Primera.
Según otra opinión, una causa de mortandad en la División Primera. era el hacinamiento. Pero
Semmelweis señala que de hecho el hacinamiento era mayor en la División Segunda, en parte como
consecuencia de los esfuerzos desesperados de las pacientes para evitar que las ingresaran en la
tristemente célebre División Primera Semmelweis descartó asimismo dos conjeturas similares
haciendo notar que no había diferencias entre las dos divisiones en lo que se refería a la dieta y al
cuidado general de las pacientes.
En 1846, una comisión designada para investigar el asunto atribuyó la frecuencia de la
enfermedad en la División Primera a las lesiones producidas por los reconocimientos poco cuidadosos
a que sometían a las pacientes los estudiantes de medicina, todos los cuales realizaban sus prácticas de
obstetricia en esta División. Semmelweis señala, para refutar esta opinión, que (a) las lesiones
producidas naturalmente en el proceso del parto son mucho mayores que las que pudiera producir un
examen poco cuidadoso; (b) las comadronas que recibían enseñanzas en la División Segunda
reconocían a sus pacientes de modo muy análogo, sin por ello producir los mismos efectos; (c)
cuando, respondiendo al informe de la comisión, se redujo a la mitad el número de estudiantes y se
restringió al mínimo el reconocimiento de las mujeres por parte de ellos, la mortalidad, después de un
breve descenso, alcanzó sus cotas más altas.
Se acudió a varias explicaciones psicológicas. Una de ellas hacía notar que la División Primera
estaba organizada de tal modo que un sacerdote que portaba los últimos auxilios a una moribunda
tenía que pasar por cinco salas antes de llegar a la enfermería: se sostenía que la aparición del
sacerdote, precedido por un acólito que hacía sonar una campanilla, producía un efecto terrorífico y
debilitante en las pacientes de las salas y las hacía así más propicias a contraer la fiebre puerperal. En
la División Segunda no se daba este factor adverso, porque el sacerdote tenía acceso directo a la
enfermería. Semmelweis decidió someter a prueba esta suposición. Convenció al sacerdote de que
debía dar un rodeo y suprimir el toque de campanilla para conseguir que llegara a la habitación de la
enferma en silencio y sin ser observado. Pero la mortalidad no decreció en la División Primera.
A Semmelweis se le ocurrió una nueva idea: las mujeres, en la División Primera, yacían de
espaldas; en la Segunda, de lado. Aunque esta circunstancia le parecía irrelevante, decidió, aferrándose
a un clavo ardiendo, probar a ver sí la diferencia de posición resultaba significativa. Hizo, pues, que
las mujeres internadas en la División Primera se acostaran de lado, pero, una vez más, la mortalidad
continuó.
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Finalmente, en 1847, la casualidad dio a Semmelweis la clave para la solución del problema. Un
colega suyo, Kolletschka, recibió una herida penetrante en un dedo, producida por el escalpelo de un
estudiante con el que estaba realizando una autopsia, y murió después de una agonía durante la cual
mostró los mismos síntomas que Semmelweis había observado en las víctimas de la fiebre puerperal.
Aunque por esa época no se había descubierto todavía el papel de los microorganismos en ese tipo de
infecciones, Semmelweis comprendió que la «materia cadavérica» que el escalpelo del estudiante
había introducido en la corriente sanguínea de Kolletschka había sido la causa de la fatal enfermedad
de su colega, y las semejanzas entre el curso de la dolencia de Kolletschka y el de las mujeres de su
clínica llevó a Semmelweis a la conclusión de que sus pacientes habían muerto por un
envenenamiento de la sangre del mismo tipo: él, sus colegas y los estudiantes de medicina habían sido
los portadores de la materia infecciosa, porque él y su equipo solían llegar a las salas inmediatamente
después de realizar disecciones en la sala de autopsias, y reconocían a las parturientas después de
haberse lavado las manos sólo de un modo superficial, de modo que éstas conservaban a menudo un
característico olor a suciedad.
Una vez más, Semmelweis puso a prueba esta posibilidad. Argumentaba él que si la suposición
fuera correcta, entonces se podría prevenir la fiebre puerperal destruyendo químicamente el material
infeccioso adherido a las manos. Dictó, por tanto, una orden por la que se exigía a todos los
estudiantes de medicina que se lavaran las manos con una solución de cal clorurada antes de reconocer
a ninguna enferma. La mortalidad puerperal comenzó a decrecer, y en el año 1848 descendió hasta el
1,27% en la División Primera, frente al 1,33% de la Segunda.
En apoyo de su idea, o, como también diremos, de su hipótesis, Semmelweis hace notar además
que con ella se explica el hecho de que la mortalidad en la División Segunda fuera mucho más baja: en
ésta las pacientes estaban atendidas por comadronas, en cuya preparación no estaban incluidas las
prácticas de anatomía mediante la disección de cadáveres.
La hipótesis explicaba también el hecho de que la mortalidad fuera menor entre los casos de
«parto callejero»: a las mujeres que llegaban con el niño en brazos casi nunca se las sometía a
reconocimiento después de su ingreso, y de este modo tenían mayores posibilidades de escapar a la
infección.
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