HUELLA Y ASEDIO DE LA ESPECTRALIDAD: FANTOLOGÍA
(HANTOLOGIE) DERRIDIANA POSTMETAFÍSICA. ¿LA “UNA VIDA” DE
GILLES DELEUZE ES IGUAL O EQUIVALENTE AL “ESPECTRO” DE LA
FANTOLOGÍA DE JACQUES DERRIDA?
VORLAUFEN: “MUERTE PROPIA” (MARTIN HEIDEGGER).
«Señor, concede a cada cual su propia muerte.» Rainer Maria Rilke
«La “pérdida-del-ser” que comporta el “estado-de-muerte”,
implica, para el Dasein, la pérdida del morir como “adelantarse
ontológico” —Vorlaufen— a la posibilidad de su imposibilidad de
ser…» Martin Heidegger interpretado por Armando Almánzar-Botello
PERSONA ≠ PERSONAJE CONCEPTUAL
«…El personaje, afirma Gilles Deleuze, prevalece por sobre la
persona. Esta última no hace más que designar el lugar incierto de un
yo, mientras que el personaje agrupa los momentos intensos, los
rasgos fuertes, todas las singularidades que conforman un cuerpo.
Frente a la persona exangüe, el personaje tiene una consistencia.
Dibuja y ocupa un plano inmanente de consistencia. El “personaje
conceptual”, se lee en “¿Qué es filosofía?”, se compone de
singularidades que no habitan la persona, sino que se propulsan fuera
de ella, vagabundas, nómadas. Una risa, por ejemplo, la risa de
Foucault. No es su persona, es su personaje. El personaje está del
lado de lo impersonal, no de ese impersonal que es comúnmente
confundido con la indiferenciación, sino de aquel que libera las
diferencias más elevadas. El primero podría llamarse impersonal
abstracto, el otro, impersonal concreto, consistente…» René Schérer
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FANTOLOGÍA
«De la analogía que establece Freud entre el aparato psíquico y un
artefacto de escritura se desprenden algunas consecuencias teóricas
y clínicas. En términos teóricos, cuando el mecanismo del aparato
psíquico es un proceso de inscripción, la huella mnémica es alterable.
Si la huella puede modificarse, la memoria es un fenómeno inmerso
en lo que Derrida llama fantología u ontología asediada por
“fantasmas” provenientes del pasado y del futuro, y no un archivo de
“presentes” ya pasados. La memoria queda entonces en sintonía con
la versión derrideana de acontecimiento en tanto sobreviene como
repetición en diferencia, esto es, en tanto que toda “nueva” impronta
guarda algo del texto psíquico previo no obstante emerge como
inauguración. Clínicamente se devela necesario abandonar la
búsqueda de un sentido último y originario del discurso del paciente.»
Martínez Ruiz, Rosaura: Memoria y psique freudiana en el juego de la
fantología. Andamios [online]. 2010, vol.7, n.14, pp.201-224. ISSN
1870-0063.
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MÁQUINA, ORDEN SIMBÓLICO E INTERPRETACIÓN…
«Esta es una de mis modestas pero muy serias y afinadas notitas
que algunos locutores y/o escribanos de los del número del Infierno,
consideran plagios a Jacques Lacan, “simples juegos de metáforas” o
lo que, siguiendo a Christian Metz, he venido calificando como “la
gran sintagmática de las frases cohete”. ¡Mediocres filisteos!»
Armando Almánzar-Botello
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LA MÁQUINA, LO SIMBÓLICO, LA INTERPRETACIÓN (Esquirlas
pensativas…)
«La ciencia es una ideología de la
Supresión del sujeto.» Jacques Lacan
Por ARMANDO ALMÁNZAR-BOTELLO
En respuesta a la posición estratégica asumida por Jacques Lacan
frente al auditorio de su primer Seminario “Los escritos técnicos de
Freud. 1953-1954”, (Editorial Paidós, Barcelona, 1981), posición en la
que nuestro “Mallarmé o Góngora del psicoanálisis” aún defendía una
supuesta pureza de lo Simbólico libre de “escorias imaginarias” y
analógicas —pureza susceptible de ser regulada o transmitida por la
Máquina Cibernética y su codificación binaria—, psicoanalistas y
pensadores tales como Octave Mannoni, Jean-Bertrand Pontalis, Serge
Leclaire, Claude Lévi-Strauss y Jean Hyppolite, entre otros, se
opusieron al “corte tajante” que en dicho primer tiempo lógico de su
pensamiento Lacan intentaba realizar entre lo “Imaginario sensible” y
la “pureza Trascendental de lo Simbólico binario”. Debate a lo
Wittgenstein, como señala posteriormente con verdadera pertinencia
la psicoanalista y pensadora francesa Monique Schneider, entre una
posición filosófica “formalizante”, idealista (Jacques Lacan) y una
dimensión teorética “vitalizante” (representada en ese primer
seminario de Lacan por Octave Mannoni y otros).
Esa originaria posición lacaniana con respecto al Orden Simbólico
hipostasiado, concebido como máquina homeostática regulada por la
armonía pitagórica del número y cónsona con cierta “vulgata
cibernetoide” (Edgar Morin), fue rigurosa y progresivamente
abandonada por el psicoanalista francés, quien se va abocando, con
el desarrollo parsimonioso de su teoría y de una experiencia clínica
concreta, a la elaboración de categorías tales como “trazo/rasgo
unario” “significante”, “goce”, “letra”, “semblante”, “objeto
metonímico a”, “lalangue”, “inconsciente real”, “sinthome”, “real
imposible”, etcétera, “cuasiconceptos” que problematizan
radicalmente este punto de partida centrado en el Otro simbólico
maquinal como garante absoluto de la Verdad y como lugar ocupado
por el Analista en el seno de la relación transferencial.
El aparato psíquico vendrá entonces a constituir para Jacques
Lacan, más que una completa máquina simbólica, homeostática y
armónica —incapaz de jugar con el error, el pathos y el sinsentido, sin
estallar—, una incompleta y fallida máquina deseante de la errancia
perpetua y de las territorialidades provisorias, que opera de forma
impredecible o “funciona estropeándose” (Deleuze y Guattari),
trabajada por la potencia disruptiva de lo Real inabordable. Devenir =
Ser.
Con posterioridad a este Seminario I de 1953-54, Lacan hablará de
la imposibilidad de evitar la contaminación de los tres registros:
Imaginario, Simbólico y Real (Nudo Borromeo), y terminará
planteando la transformación del inconsciente simbólico freudiano en
inconsciente real, en “lalangue” y/o “l’ une-bévue” (sintagma
lacaniano, este último, procedente, por juego homofónico, del
“Unbewusst” freudiano —Inconsciente— y traducido al español como
“Unembuste”, por Néstor A. Braunstein).
Así consuma Lacan una cierta ruptura con el Discurso de la
Ciencia, con ese discurso animado por la pretensión de atrapar lo Real
imposible en una estructura numérica programada, algorítmica,
lógico-matemática o lingüística.
Lacan, al arribar a esta fase de su pensamiento, se planteará el
momento final de la cura como un “contrapsicoanálisis”, orientado a
impedir la hipóstasis de lo simbólico, efecto posible de la
interpretación, y a permitir al analizado, entendido como “parletre”
(hablante-ser: correlato de “lalangue”), sostener cierta apertura a lo
Real por medio de un “savoir-y-faire avec son sinthome” (saber hacer
ahí con “su” sinthome).
No obstante, Jacques Derrida y Jean-Luc Nancy, en varias zonas de
sus respectivas obras, señalan en categorías lacanianas como “falo
simbólico”, “verdad como palabra plena”, “indivisibilidad de la letra”,
etcétera, su compromiso con la Tradición Metafísica Occidental
Falogo-fono-céntrica.
En el contexto de una muy posterior meditación sobre lo simbólico
tal como se aborda en el primer seminario de Lacan a que hemos
hecho referencia, nos dice la psicoanalista y pensadora francesa
Monique Schneider:
«¿Quién ha pronunciado el decreto que asigna al triángulo su
lugar, ya sea en las tinieblas exteriores de lo empírico clavado a lo
imaginario, ya sea en el orden trascendente de lo simbólico? El
Maestro sólo está ahí para ratificar el juicio último que la Máquina
preside. El Maestro (Amo) y la Máquina: dos figuras en apariencia
antitéticas pero quizá subterráneamente solidarias. Nueva Pitonisa, la
Máquina necesita de un mediador para descifrar los juicios que ella
pronuncia, juicios que serán el fruto, o bien del poder soberano de
uno solo, o bien del más extremo anonimato [corporativo].» Monique
Schneider.
“Trascendencia de lo simbólico. Un platonismo decapitado”. Ensayo
incluido en el libro «¿Retorno a Lacan? La nueva controversia»,
Jacques Sédat y otros. Editorial Gedisa, Barcelona, 1982, página 221.
En estas palabras de Monique Schneider se percibe, de modo
implícito, la persistente advertencia de cierta modernidad crítica con
respecto a los recursos de una cibernética manipuladora, de una
biotecnología reductora, de una tecnocracia regulada por un principio
programador potencialmente opresivo para la humanidad. Este uso
de la tecnociencia, de la función lógica y del matema, sueña con
abolir el estatuto irreductible del sujeto procesual y conflictivo, con
destruir la problematicidad, la dimensión contradictoria de lo
subjetivo no programable y heterogéneo, para someter así las
singularidades nómadas a la lógica (ahora neoliberal) de la
“globalidad globalizante”, homogeneizante, propia del “estado
espectacular integrado”. Reducción del concepto a la lógica de la
identidad, renunciando a lo que T. W. Adorno denomina “lo no idéntico
del concepto”.
En una primera etapa de su conceptualización Lacan es hegeliano
y considera que todo “lo real es racional”, como lo entiende el autor
de la Fenomenología del espíritu. Con esta visión de lo real Lacan
asumía que todo (mente, lenguaje, realidad) es susceptible de
reducirse al número, a la lógica binaria y algorítmica.
Con los parámetros conceptuales de la primera etapa de su
pensamiento Lacan no estaba listo para percibir que utilizando las
vías de un dominio indiscriminado ejercido por lo que luego sería el
“psicobiopoder” y la “tecnociencia sin conciencia”, el gran capital
vendría, eventualmente, a dar su actualidad más terrible y siniestra a
determinadas aristas destructivas presentes en esa tradición
imperialista y falogocéntrica consumada por la metafísica en el
momento de su conversión en Ge-Stell (o estructura técnica y
financiera de imposición, dominio y emplazamiento).
Lacan, posteriormente (y siguiendo a Heidegger), cuestionará ese
intento de abordar lo real mediante el número y definirá un nuevo
estatuto de dicho real concibiéndolo como no susceptible de ser
atrapado por la fórmula, por la función lógica o por la axiomatización
simbólica. Llegado este momento plantea una aproximación “literal o
litoral” (a través de la letra y la escritura) a eso que denomina lo “real
imposible” (Lituratierra)
A pesar de los elementos metafísicos rastreados en la obra de
Lacan por pensadores como Derrida, Nancy, Lacoue-Labarthe y otros,
esta se desmarca de los aspectos destructivos del “discurso
capitalista y de los mercados”, y se constituye, por el contrario, en
uno de los más afinados medios para la exploración crítica de los
diversos regímenes de goce que operan en el complejo panorama de
la tardomodernidad.
Abril de 2013
© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.
Reservados todos los derechos de autor.
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Adenda:
ANGELUS SILESIUS “VISTO” POR JACQUES LACAN
«…Johannes Scheffler realizó, a comienzos del siglo XVI (¡sic!),
estudios muy profundos de medicina —en esa época probablemente
tenía más sentido que ahora— y escribió con el nombre de Angelus
Silesius unos cuantos dísticos sumamente cautivantes. ¿Místicos? Tal
vez no sea el término más exacto. Se trata de la deidad, y de sus
relaciones con la creatividad que se sostiene por esencia en la
palabra humana, y que llega tan lejos como la palabra, hasta el punto
mismo en el cual ella termina por callarse. La perspectiva poco
ortodoxa en la que siempre se afirmó Angelus Silesius es, de hecho,
un enigma para los historiadores del pensamiento religioso.
»Ciertamente no es casualidad que surja en los textos de Balint.
Los dos versos que cita son muy bellos. Se trata nada menos que del
ser en tanto que está vinculado, en la realización del sujeto, con lo
contingente, o con lo accidental. Y para Balint esto resuena como el
eco de lo que él concibe como el último término de un análisis: ese
estado de erupción narcisista, del que ya he hablado en una de
nuestras reuniones.
»Esto también despierta ecos en mis oídos. Pero no concibo el fin
del análisis del mismo modo. La fórmula de Freud “Wo Es war soll Ich
werden”: “Donde el ello estaba el yo debe estar”, es entendida
habitualmente como una grosera espacialización, y, a fin de cuentas,
se reduce la reconquista analítica del “ello” a un acto de espejismo. El
ego se ve en un sí mismo que no es más que su última alienación, tan
solo más perfeccionada que todas las que hasta entonces conoció.
»No, lo constituyente es EL ACTO DE LA PALABRA. El progreso de
un [psico]análisis no consiste en la ampliación del campo del ego, no
es la reconquista por el ego de su franja desconocida: es un
verdadero vuelco, un desplazamiento, un paso de minué ejecutado
entre el ego y el id. Ya es hora [de] que les lea el dístico de Angelus
Silesius, el trigésimo del segundo libro de “El Peregrino Querubínico”.
»Zufall und Wesen
Mensch werde wesentlich: denn wann die Welt vergeht
So fält der Zufall weg, dass Wesen dass besteht.
»Este dístico se traduce así:
»Contingencia y esencia
Hombre, deviene esencial: pues cuando el mundo pasa, la
contingencia se pierde y lo esencial subsiste.
»De esto se trata al fin de un [psico]análisis; de un crepúsculo, de
un ocaso imaginario del mundo, incluso de una experiencia que limita
con la despersonalización. Es entonces cuando lo contingente cae –el
accidente, el traumatismo, las dificultades de la historia–. Y es
entonces el ser el que llega a constituirse.
»Manifiestamente, Angelus escribió esto en el momento en que
realizaba sus estudios de medicina. El fin de su vida estuvo
perturbado por las guerras dogmáticas de la Reforma y la
Contrarreforma en las que asumió una actitud extremadamente
apasionada. Pero los libros de “El Peregrino Querubínico” producen
un sonido transparente, cristalino. Constituyen uno de los momentos
más significativos de la meditación humana sobre el ser, un
momento, para nosotros, más rico en resonancias que La noche
oscura de San Juan de la Cruz, que todo el mundo lee y nadie
comprende.
»No puedo dejar de aconsejar enfáticamente, a quien hace
[psico]análisis, que se procure las obras de Angelus Silesius. No son
muy extensas y están traducidas al francés en Aubier. Encontrarán
muchos otros temas de meditación, por ejemplo el retruécano de
“Wort”, la palabra y “Ort”, el lugar, y también muchos aforismos muy
acertados acerca de la temporalidad. Tal vez tenga, en alguna otra
ocasión, oportunidad de hablar de algunas de estas fórmulas,
sumamente cerradas, pero que a su vez abren perspectivas
admirables y se ofrecen a la meditación». Jacques Lacan
9 de Junio de 1954
Jacques Lacan: “Seminario I. Los Escritos Técnicos de Freud. 1953-
1954”. Barcelona, Editorial Paidós, 1981, pp. 338-340.
© Armando Almánzar-Botello. Santo Domingo, República Dominicana.
Reservados todos los derechos de autor.
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