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Iddocumento 42384

El artículo examina la importancia del acto de preguntar en la filosofía, destacando cómo Heidegger inicia un estudio profundo sobre este tema, que ha sido descuidado a lo largo de la historia, excepto por Platón, Aristóteles y Descartes. Se establece una conexión entre el Érōs y la pregunta, sugiriendo que la filosofía es una búsqueda impulsada por el amor al saber, donde la pregunta actúa como un símbolo que une el conocimiento buscado y encontrado. La reflexión sobre el preguntar se convierte en una herramienta esencial para entender la naturaleza de la filosofía y su relación con el asombro y la búsqueda de la verdad.

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Iddocumento 42384

El artículo examina la importancia del acto de preguntar en la filosofía, destacando cómo Heidegger inicia un estudio profundo sobre este tema, que ha sido descuidado a lo largo de la historia, excepto por Platón, Aristóteles y Descartes. Se establece una conexión entre el Érōs y la pregunta, sugiriendo que la filosofía es una búsqueda impulsada por el amor al saber, donde la pregunta actúa como un símbolo que une el conocimiento buscado y encontrado. La reflexión sobre el preguntar se convierte en una herramienta esencial para entender la naturaleza de la filosofía y su relación con el asombro y la búsqueda de la verdad.

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Revista de Filosofía

v. XXXIV, 1, 2022
pp. 9-19

La pregunta por la pregunta *

Federico Camino Macedo


Pontificia Universidad Católica del Perú
caminofederico@[Link]
[Link] 0000-0002-3073-9928

Resumen: Con Heidegger se inicia en la historia de la filosofía el estudio pormenorizado


de lo que es y lo que implica el preguntar, pues, con las excepciones de Platón y
Aristóteles y posiblemente de Descartes, la pregunta como tal fue desatendida, a
pesar de que es en la filosofía que el preguntar logra su máxima plenitud.
Las reflexiones del presente artículo estudian las vinculaciones entre el Érōs
y la pregunta (erṓtēsis), vinculación esencial que, si bien no es etimológica
sino fonética, permite encontrar una común estructura anfibológica que une
esas dos dimensiones y posibilita establecer un vínculo esencial entre el Érōs
como fuerza y la pregunta como el lugar en que esa fuerza se expresa, lo que
no es otra cosa que la filosofía en tanto amor o aspiración al saber. En la
unidad pregunta-respuesta está ese saber como unidad de lo buscado y lo
encontrado.
La pregunta, suerte de símbolo que une, supone un distanciamiento que elimina
la inmediatez de lo dado y establece una distancia en la que se sitúa lo interrogado
y su aspiración a la unidad del saber. La pregunta es la piedad del pensamiento,
como dice Heidegger, y las preguntas filosóficas, la expresión de nuestras primeras
y últimas perplejidades.
Palabras clave: Érōs; pregunta y preguntar; respuesta; símbolo; problema

Abstract: “The Inquiry for the Question”. With Heidegger, the detailed study of what
it is and what questioning implies begins in the history of philosophy, since, with
the exceptions of Plato and Aristotle and possibly Descartes, a question as such was
neglected, despite the fact that it is in the field of philosophy that questioning achieves
its maximum fulfillment. The reflections of this article study the links between Érōs
and the question (erṓtēsis), an essential connection that, although it is not etymo-
logical but phonetical, allows us to find the common amphibian structure that
joins together these two dimensions and makes it possible to establish an essen-
tial link between Érōs as the strength and the question as the place where that
strength is expressed, what is nothing other than philosophy as love or aspiration
to knowledge.

* Este artículo fue escrito en homenaje a Francisco Miró Quesada y publicado en una versión anterior
preliminar. El texto completo, con las anotaciones y referencias completas, es el aquí presentado.

[Link]
Federico Camino

In the question-answer unit is that knowledge as a unit of what is sought and


what is found.
The question, a kind of symbol that links together, supposes a distancing that
eliminates the immediacy of what is given and establishes a distance in which
what is questioned and its aspiration to the unity of knowledge are placed. The
question is the piety of thought, as Heidegger says, and the philosophical ques-
tions, the expression of our first and last perplexities.
Keywords: Érōs; question and questioning; response; symbol; problem

Es sin duda en la filosofía que el preguntar adquiere la mayor profun-


didad, originariedad y vastedad y, sin embargo, a lo largo de su historia solo se
registran dos momentos en los que el preguntar en cuanto tal es explícitamente
presentado y analizado, en Platón y Aristóteles. A ellos se les puede añadir
Descartes1, quien en la Regla XIII de sus Regulae ad directionem ingenii señala
algunas condiciones del preguntar mismo.
Es recién con Heidegger que el preguntar como conducta humana y
expresión de la búsqueda filosófica será estudiado y ocupará un lugar central
en su pensamiento e inaugurará, además, innumerables reflexiones sobre lo
que significa e implica preguntar.
Lo que a continuación expondré son las libres reflexiones que me ha susci-
tado el preguntar como tal a raíz de las explicaciones y análisis de Heidegger
sobre el tema.
Preguntamos con palabras y preguntamos en silencio, preguntamos a
los demás, a las cosas y a nosotros mismos y, sin embargo, el análisis de esa
capacidad, de lo que implica y posibilita ha pasado casi desapercibido a lo largo
de siglos de reflexión filosófica, con las excepciones ya señaladas.
A partir de las respuestas iniciales de la filosofía se pueden vislumbrar
las preguntas que expresaron los primeros asombros del pensar, pero hay que
esperar a Platón para encontrar interrogantes precisos, así como una reflexión
10 sobre lo que supone y significa preguntar.

1
Descartes, R., Oeuvres de R. Descartes, Adam, Ch. y P. Tannery (eds.), París: Librairie Philoso-
phique J. Vrin, v. X, 1966, pp. 430-438.

Revista de Filosofía, v. XXXIV, 1, 2022 / e-ISSN 2223-3741


La pregunta por la pregunta

En el diálogo Menón2 se encuentra la célebre paradoja del preguntar.


Preguntar sería inútil e imposible pues, o se sabe y no se pregunta justamente
porque se sabe, o no se sabe y tampoco se pregunta porque no se sabría qué
preguntar. Puede decirse que todo el esfuerzo de Platón está en solucionar esa
paradoja y salvar la pertinencia e importancia del preguntar. La doctrina de
las Ideas tiene como uno de sus objetivos principales explicar la complejidad
del preguntar, momento esencial de la mayéutica socrática.
La reflexión sobre la pregunta se convierte en Aristóteles en un estudio
taxonómico cuyo centro es la noción de problema, en especial en los Tópicos3.
Desde entonces, la filosofía guardará silencio sobre el problema mismo del
preguntar, a pesar de ser la filosofía la actividad interrogante por excelencia. Ella
formula las preguntas fundamentales, las primeras y las últimas, aquellas que
por su radicalidad pueden comenzar o terminar involucrando al preguntar mismo.
“Yo pregunto” se dice en griego ἐρωτάω (erotáo) y “pregunta” es ἐρώτησις
(erótesis). El verbo es ἔρομαι (éromai), “preguntar”. Esas expresiones tienen una
evidente vinculación fonética, aunque no etimológica4, con el Ἔρως (Éros), palabra
central no solo en Platón, sino en lo que significa la filosofía misma. La vinculación
Ἔρως-ἐρωτάω (Éros-erotáo) es una vinculación filosófica, como veremos.
En el mito platónico del nacimiento de Ἔρως en El Banquete, se explica la
naturaleza bipolar del Ἔρως por la naturaleza de sus padres, Πόρος (Póros), el
recurso, la salida, y Πενία (Penía), la carencia, la penuria. Ἔρως no es una divi-
nidad ni es humano, sino, como lo explica Diótima, la sacerdotisa de Mantinea,
una realidad intermedia entre los dioses y los hombres. Es un δαίμων (daímon).
El Ἔρως oscila entre la abundancia, manifestación de lo heredado de su
padre, y la penuria, herencia de su madre. Su vida transcurre en esos vaivenes
que lo hacen un eterno buscador de la plenitud, que una vez alcanzada, la
pierde para seguir ese peregrinar en la búsqueda de una realización que ni
bien es lograda, se pierde nuevamente, y así en un proceso que no tiene fin.
Es fácil observar la relación entre ἔρομαι (éromai) y Ἔρως, ya que la
pregunta también tiene una esencial dimensión anfibológica en la medida en
que posee, de alguna manera, aquello que le falta –la respuesta vista desde la
11
pregunta– y no posee lo que tiene –la pregunta vista desde la respuesta.

2
Platón, Menón, 80d5-e5.
3
Aristóteles, Tópicos, VIII, 155b1-160b13.
4
Cf. Frisk, H., Griechisches Etymologisches Wörterbuch, Heidelberg: Universitätsverlag Carl
Winter, tomo I, 1973, pp. 547 y 574. Y Chantraine, P., Dictionnaire Étymologique de la Langue
Grecque, Histoire des Mots, París: Klincksieck, 1999, p. 370.

Revista de Filosofía, v. XXXIV, 1, 2022 / e-ISSN 2223-3741


Federico Camino

Pero, ¿qué significa realmente preguntar? Una breve revisión de la etimo-


logía de los términos “preguntar” e “interrogar” nos puede dar indicaciones
iniciales que nos orienten.
“Preguntar” viene del latín vulgar praecunctare5, alteración del latín
clásico percontari por cambio de prefijo e influjo de cunctari, dudar, vacilar.
En su forma originaria, percontari es un derivado de contus (κοντός), vara,
pértiga que sirve para medir la profundidad del mar cuando una embarcación
se acerca a la costa. Se preguntaba con un largo bastón o percha para saber a
qué atenerse, como el ciego o cualquiera con los ojos cerrados tantea con los
brazos en la oscuridad.
Las formas iberorromances parten del más tardío percunctari, “dudar”,
“vacilar”, como ya se dijo, que tienen una vinculación directa con el supuesto
mismo del preguntar.
“Cuestión”6, en tanto pregunta y asunto, es en latín quaero (primitivo
quaeso), que significa buscar, indagar, tema de investigación y problema,
también “querer” y su compuesto “inquerir”.
“Interrogar”, del latín interrogo, interrogare, no solo significa preguntar,
sino también rogar, pedir e inclusive implorar, compuesto de inter-relación,
mediación y rogo, rogare, que es ruego. En el Nuevo Testamento el verbo ἐρωτάω
(erotáo) es no solo pregunto, sino suplico, imploro, como se puede constatar
en los Evangelios7.
La filosofía animada por el Ἔρως (Éros), que en ella subyace como φιλία
(philía) en su sentido más fuerte, es búsqueda a partir de una carencia y de
una aspiración al saber. Como dice Heidegger: “La aspiración (Streben) de la
filosofía está determinada por el Eros”8.
Platón, en el Teeteto, vincula a la filosofía con Ἶρις (Iris) al hablar del
asombro (θαυμάζειν) como origen de la filosofía. Dice: “…) pues experimentar
eso que llamamos asombro, es característico del filósofo. Este y no otro es el
origen (ἀρχή) de la filosofía. El que dijo que Iris era hija de Taumante (Θαύμαντος)
parece que no trazó erróneamente su genealogía”9.

12
5
Corominas, J., Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana, tomo III, Madrid: Gredos, 1976,
pp. 870-871.
6
Gómez de Silva, G., Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Española, México: Fondo de
Cultura Económica, 1991, pp. 99, 385 y 579.
7
Cf. Juan 14:16, Mateo 15:23, Lucas 14:18. Además, Marcos 7:26 y, particularmente, Juan
12:21.
8
Heidegger, M., Was ist das – die Philosophie?, Günther Neske Verlag, Pfullingen, 1966, p. 14.
9
Platón, Teeteto, 155d3-5.

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La pregunta por la pregunta

Esa vinculación esencial –Iris sería otro nombre para la filosofía– se


explica no solo por su común origen, sino, como lo indica en el Crátilo10, por
ser Iris mensajera, ya que su nombre deriva de εἴρειν (eírein) –hablar. En ese
pasaje, Platón establece la esencial relación εἴρειν- λέγειν (éirein-légein) –hablar–
y διαλέγεσθαι (dialégesthai) –dialogar11– con el λόγος (lógos) de la filosofía tal
como él la entiende.
Ἶρις es representada por el Arco Iris. Es esposa de Céfiro y es presentada
en algunas versiones como madre de Ἔρως. Como Hermes, es Iris la encargada
de trasmitir los mensajes de los dioses a los hombres y las súplicas e interro-
gantes de los hombres a los dioses, y simboliza la unión del cielo y de la tierra,
de los dioses y los hombres. El semicírculo del Arco Iris es su representación
visible.
¿Qué tienen que ver estas consideraciones con el problema de la pregunta
como tal? Creemos que nos pueden servir para tener una adecuada aproxi-
mación a lo que supone la filosofía como plena realización del preguntar y,
en consecuencia, esclarecer en algo el problema que nos ocupa, la pregunta
como tal.
Toda pregunta apunta a una respuesta y de alguna manera adquiere
con ella una unidad de sentido, tal vez incluso como pregunta sin respuesta.
Si entendemos la filosofía como la expresión de nuestro asombro en tanto
existentes y la pregunta como la realización de ese asombro, hay que considerar
entonces que la filosofía es una fuerza (Ἔρως) y la pregunta la manifestación
de esa fuerza o impulso que irrumpe en el todo del mundo, involucrándonos
en esa totalidad y posibilitando una indagación de lo que implica nuestro estar
en el mundo.
La filosofía es la fuerza de unificación que quiere recuperar o instaurar
la unidad de la pregunta y la respuesta, unidad que es la de la comprensión o
de la constatación temática.
En su escrito de 1801 sobre la diferencia entre los sistemas filosóficos de
Fichte y Schelling, Hegel escribe: “La necesidad de la filosofía (das Bedürfnis
der Philosophie) surge cuando el poder de unificación (Macht der Vereinigung)
13
desaparece de la vida de los hombres y los opuestos pierden su viva relación
(lebendige Beziehung) e interacción y cobran autonomía”12.

10
Platón, Crátilo, 408b.
11
Ibid., 398.
12
Hegel, G.W.F., Differenz des Fichte’schen und Schelling’schen Systems der Philosophie,
Hamburgo: Felix Meiner Verlag, 1962, pp. 14ss.

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Federico Camino

Se trata entonces en la filosofía de recuperar la fuerza de unificación


al situar al hombre frente al dinamismo de la realidad para poder referirse al
mundo mediante la fuerza y el poder del pensar interrogante.
Reflexionando libremente en lo afirmado por Hegel en polémica con
Reinhold, se puede considerar que esa fuerza unificadora es el Ἔρως que, una
vez perdido (por ejemplo, cuando el mito pierde vigencia como explicación del
mundo), tiende a recuperar la ahora “desgarrada armonía” (zerrissene Harmonie)
que se ha instalado en la “escisión” (Entzweiung)13.
Esa unidad se expresa en el binomio pregunta-respuesta cuando se logra
la completud de la comprensión. Esa unidad sería también la del Arco Iris,
al vincular esencialmente las preguntas de los hombres y las respuestas de
los dioses; es decir, las respuestas en la revelación de la palabra como λόγος.
La unidad de la comprensión permite pensar en el carácter simbólico
de todo preguntar en el sentido de considerar la pregunta y su relación con
la respuesta como un ajuste o ensamblaje en la forma y la figura del símbolo
(σύμβολον) en tanto encuentro, reunión, articulación o coyuntura (συμβολή y
συμβάλλω) o en un ponerse de acuerdo o convenir en algo y un relacionarse
de pregunta y respuesta.
Pero, ¿puede decirse que son así las cosas? La pregunta, ¿abre un espacio
que será ocupado por la respuesta logrando así la unidad de la comprensión
o intelección? ¿No poseerá la pregunta, la respuesta en ella misma? ¿Cuál es
el verdadero vínculo entre esas dos instancias que parecen complementarias?
¿Qué significa, qué es y qué presupone preguntar? ¿Cómo entender la respuesta
en su referencia a la pregunta que le da sentido? ¿Qué es preguntar? ¿Qué es
responder?
Las esclarecedoras consideraciones de Heidegger sobre la estructura
del preguntar y de la pregunta en Ser y Tiempo14 son muy conocidas, no así lo
que en el curso del semestre de invierno de 1923-24, que dio en la universidad
de Marburgo con el título de Introducción a la Investigación Fenomenológica15,
afirmó sobre el problema que nos ocupa. Frente a los cuatro momentos que
indica en Ser y Tiempo, en el curso mencionado distingue doce. Es imposible
14
desarrollar aquí lo expuesto por Heidegger en ese curso.

13
Ibid., p. 12.
14
Cf. Heidegger, M., Sein und Zeit. Gesamtausgabe, tomo II, Fráncfort d.M.: Vittorio Klostermann,
1977, pp. 9-11
15
Heidegger, M., Einführung in die Phänomenologische Forschung. Gesamtausgabe, tomo XVII,
Fráncfort d.M.: Vittorio Klostermann, 1994, pp. 73-79.

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La pregunta por la pregunta

En toda su obra, ahora conocida casi en su totalidad, Heidegger pregunta


insistentemente –ya que lo que movió su esfuerzo de búsqueda y esclarecimiento
fue la pregunta por el ser– que reitera desde múltiples planos y perspectivas.
Junto a la pregunta ontológica, las reflexiones y consideraciones sobre
el problema mismo del preguntar constituyen los aspectos más importantes
de su pensamiento. Y esto porque es la estructura de la pregunta y lo que ella
implica, lo que abre la indagación por el sentido del ser, indagación que a su
vez supone una previa e insuficiente, en términos filosóficos, captación del
ser. La filosofía es el despliegue temático de esa pre-comprensión. No se trata
ahora de seguir a Heidegger, sino de reflexionar libremente sobre el problema
de la pregunta como pregunta.
Ya hemos formulado algunas preguntas que surgen de la perplejidad
que suscita el preguntar mismo, como si la dualidad pregunta-respuesta
debiera entenderse como dos extremos que confluyen en una unidad o si los
dos extremos no fueran sino el despliegue de uno de ellos, de la pregunta o
inclusive de la respuesta. Obviamente que es el problema de la estructura
misma de esta dualidad en el ejercicio de la acción de “hacer” una pregunta.
Imposible detenerse en los aspectos sin duda esenciales del preguntar,
como son los aspectos psicológicos, lingüísticos, lógicos y fácticos, así como en
la sin duda casi infinita variedad de preguntas que se ordenan en los planos
establecidos por la tradición de la filosofía, es decir, la pregunta por el an sit
(si algo existe, si algo es), quid sit (qué es lo que es o existe), la pregunta por el
qualis sit (cómo es lo que es o existe, sus propiedades o accidentes) y la pregunta
por el cur sit (por la causa de lo que es o por la indagación por el por qué es).
Solo tendremos en cuenta lo que puede sin más y muy esquemáticamente
decirse en una suerte de acercamiento fenomenológico al asunto mismo del
preguntar.
En toda pregunta hay una indicación a la dirección de la respuesta,
al ámbito de la realidad al cual se refiere en una primera instancia. Puede
ser una pregunta fáctica16 (¿dónde está mi lapicero?), formal (¿cuál es la raíz
cúbica de 729?) y las que podríamos llamar filosóficas (¿cuál es el sentido de
15
la vida, si es que tiene uno? ¿En qué radica el sentido del ser?). Obviamente
que este último grupo de preguntas abarca multiplicidad de niveles, pero, en
todo caso, no encontramos fácilmente una dirección de búsqueda como en
los casos precedentes de preguntas fácticas o formales. Se puede decir que el

16
Cf. Berlin, I., Conceptos y Categorías. Un Ensayo Filosófico, México: Fondo de Cultura Econó-
mica, 1983, pp. 27-42.

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Federico Camino

ámbito de esas preguntas en lo que respecta a la indagación que conduce a


una respuesta, es el de la reflexión o constatación fenomenológica y descripción
de lo constatado y descrito, pero las modalidades varían en la medida en que
no hay un plano de búsqueda que se imponga. Eso puede verse fácilmente en
la diversidad de modalidades del filosofar, lo que se ha visto como el problema
del método. El “objeto” de la reflexión filosófica no está allí, como en el caso de
las ciencias positivas. Hay que conquistarlo o establecerlo. Eso repercute en
la manera de preguntar.
Nos interesan esas preguntas de difícil ubicación que nos remiten a los
mecanismos del pensar reflexivo o al pensar que constata y describe, pero las
dimensiones de este artículo impiden que se pueda entrar a considerar ese
problema.
En lo que respecta a la pertinencia o no del preguntar, se puede decir de
manera muy somera que el estar inmerso en una actividad determinada elimina
la distancia que es la condición de todo preguntar que se hace con una mirada
en él mismo. Es decir, la plena realidad de algo en la inmediatez de lo dado es
captada de tal manera que no hay lugar a que se instale la pregunta, pues de
alguna forma la respuesta está dada sin que se formule una pregunta. Yo sé
lo que hago sin preguntarme por su realidad. Hay una especie de silenciosa
complicidad que de alguna manera implica un conocimiento de lo que estoy
haciendo. Por ejemplo, cuando bailo –como quería Nietzsche17 que lo hiciera
un filósofo– en el cuerpo, llevado por la música, está el significado del baile
que se despliega en la inmediatez de la acción de bailar. Allí no hay preguntas,
sino solo respuestas, respuestas que comprendo en la medida en que el baile
mismo es una respuesta a preguntas no formuladas. El problema surge cuando
quiero saber qué significa bailar. Entonces dejo de estar inmerso en el baile
para reflexionar sobre él; aunque puedo seguir bailando, la dimensión reflexiva
elimina la inmediatez del baile.
Todo preguntar irrumpe en aquello que pregunta y de alguna manera lo
inmoviliza en la distancia realizada por la pregunta misma y se despliega como
búsqueda de una respuesta.
16
Se puede decir que la pregunta es la apertura que le abre a lo interrogado
el espacio de la respuesta en los términos que establece la pregunta misma al
poner en evidencia la búsqueda que es motivada por la inquietud por saber.

17
Nietzsche, F., Die fröhliche Wissenschaft, Parágrafo 381, en: Sämtliche Werke, tomo III, Múnich/
Berlín: Dtv - Walter de Gruyter Verlag, 1980, p. 635.

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La pregunta por la pregunta

En griego responder se dice ἀποκρίνω (apokríno), que significa separar,


apartar, elegir, señalar, contestar, y es una palabra vinculada a los oráculos,
como la palabra latina respondeo, que significa comprometerse a su vez y su
raíz es aquella de las libaciones en los sacrificios. La respuesta oracular se
daba en el espacio espiritual del compromiso del creyente.
El verbo alemán antworten (responder), dice Heidegger, “significa en
realidad tanto como ent-sprechen (co-responder)”18.
La respuesta no llena simplemente lo abierto por la pregunta, sino se
inscribe como una suerte de complemento que puede entenderse finalmente
como siendo un aspecto de la pregunta misma. Es decir, la trascendencia que
sería la dimensión abierta por la pregunta podría entenderse como siendo
un complemento que “regresa” para darle forma a la inmanencia que sería la
característica esencial de la compleja estructura del preguntar.
Toda pregunta expresa una situación de conflicto en el sentido de una
carencia o de una ausencia que se manifiesta en la presencia de un problema o
dificultad o aporía en general. Problema en griego se dice πρόβλημα (próblema)
y significa saliente, promontorio; abrigo, defensa, reparo, escudo, dificultad o
barrera, pero sobre todo cuestión propuesta, problema como la dificultad para
avanzar, impase o aporía, lo que detiene la marcha esclarecedora, pero también
lo que la posibilita.
Ante un problema surge la pregunta que lo expresa. El libro de las aporías
en la Metafísica19 de Aristóteles es un repertorio de obstáculos, de nudos que el
filósofo debe desatar, de problemas que impiden la progresión de los argumentos
que se deben tejer alrededor de cada asunto que ocupa al pensar.
Una pregunta que puede hacerse en este contexto es la de la necesidad
del preguntar filosófico, es decir, de la pertinencia de sus preguntas, de su
legitimidad.
Kant, en el prólogo de la primera edición (1781) de la Crítica de la Razón
Pura, escribe: “La razón humana tiene el destino singular, en uno de sus cuerpos
de conocimiento, de hallarse agobiada (belästig wird) por preguntas que no
puede eludir (abweisen), pues son planteadas por la naturaleza de la razón
17
misma, y que empero tampoco puede responder; pues sobrepasan (übersteigen)
toda facultad de la razón humana”20.

18
Heidegger, M., Was ist das-die Philosophie?, Pfullingen: Günther Neske Verlag, 1966, pp. 20-21.
19
Aristóteles, Metafísica B, 995a25; 1003a8.
20
Kant, I., Kritik der reinen Vernunft, Hamburgo: Felix Meiner Verlag, 1956, p. 5 (Cf. también:
Kants Werke. Akademie Textausgabe, tomo IV, Berlín: Walter de Gruyter & Co, 1968, p. 7).

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Federico Camino

Contrario a esta afirmación se mostró Marx, que consideraba que el


hombre solo se hace las preguntas que puede responder de una u otra manera
y no solamente a través de afirmaciones negativas.
En ese contexto dice Marx21 que sin la filosofía no es posible penetrar
en las dificultades o abrirse paso (durchdringen) en los problemas esenciales.
Las preguntas de la filosofía serían lo que los Escolásticos denominaban
questio perfecta, es decir, una pregunta tan completamente determinada que
lo buscado puede deducirse de lo dado en la pregunta, una especie de juicio
analítico complejo.
Obviamente, quedan muchas cosas pendientes de aclaración sobre la
pregunta como tal en tanto capacidad esencial del ser humano. Puede decirse,
en todo caso, que al principio no estuvo el Verbo (san Juan) ni el acto (Tat,
Goethe), sino la pregunta o el preguntar, ese preguntar que abre por partida
doble el problema del ser y de la nada y que es una variedad de la espera, como
pensaba Sartre22 y que además supone la existencia de una verdad que se
busca, ya que toda respuesta debe ser verdadera, incluso la falsa, ya que esta
debe ser una verdadera respuesta falsa, pues de lo contrario sería verdadera
por la doble negación.
La conducta interrogativa inaugura toda indagación filosófica no siendo
necesaria una transparencia del preguntar mismo o una tematización de lo
que implica y es esa misma conducta interrogativa manifestación del pensar,
como testimonia el largo silencio que ha acompañado al ejercicio del preguntar
en la historia de la filosofía.
Es pertinente terminar preguntando si el pensar que calcula y mide, y
que parece extenderse al universo entero, terminará desplazando y anulando
al pensar que medita, de donde surgen las interrogantes de la filosofía, o si
las preguntas filosóficas podrán seguir expresando nuestras perplejidades
esenciales. Una de ellas es la capacidad del preguntar mismo, lo que es y lo
que supone.

Recibido: 05/12/2021
18
Aceptado: 04/02/2022

21
Marx, M., Die Frühschriften, Stuttgart: Alfred Kröner Verlag, 1968, p. 6.
22
Sartre, J.-P., L’Être et le Néant. Essai d’Ontologie phénomenologique, París: Librarie Gallimard,
1960, p. 39.

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La pregunta por la pregunta

Bibliografía

Aristóteles, Tratados de lógica (Órganon), Madrid: Gredos, 1982.


Aristóteles, Metafísica, Madrid: Gredos, 1994.
Berlin, I., Conceptos y Categorías. Un Ensayo Filosófico, México: Fondo de Cultura
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Chantraine, P., Dictionnaire Étymologique de la Langue Grecque, Histoire des Mots, París:
Klincksieck, 1999.
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Co, 1968.
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Revista de Filosofía, v. XXXIV, 1, 2022 / e-ISSN 2223-3741

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