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carente de interés para los educadores- que aleja a la disciplina del ámbito de
la práctica educativa real y de las preocupaciones concretas de sus
protagonistas. Se trata, en el mejor de los casos, de una sistematización
abstracta sobre temas académicos, sin incidencia en la educación tal y como la
experimentan sus protagonistas -padres, profesores y alumnos- en su actividad
diaria.
Sin embargo, y a pesar de estas críticas, es comúnmente admitido que
existe una Filosofía de la Educación implícita en las obras de muchos filósofos -
desde Platón a Gadamer- que constituye, en algunos de ellos, el núcleo de su
pensamiento.
2. La Filosofía de la Educación como “disciplina académica”
La diversificación de las disciplinas académicas obedece a su
consideración como áreas de estudio organizadas sistemáticamente; son
ámbitos del saber y del hacer que tienen objetos, metodologías y finalidades
específicas. Más que conjuntos estáticos de saberes objetivados, las
disciplinas son modos de disponer un conjunto de actividades cognoscitivas
[Pring, 2004].
Así, la Filosofía de la Educación se distingue de las demás materias
filosóficas y pedagógicas por su objeto de estudio, la metodología que emplea
y el fin que se propone alcanzar.
- Su objeto propio es el estudio del fenómeno educativo en toda su
amplitud: los agentes, procesos y escenarios donde se desarrolla el binomio
enseñanza-aprendizaje.
- Emplea para su elaboración metodologías filosóficas.
- Tiene como fin inmediato la elaboración de un cuerpo de doctrina que
facilite a los profesionales de la educación la comprensión del sentido y las
implicaciones antropológicas y éticas de su tarea, para mejorar su actividad
práctica.
En definitiva, la Filosofía de la Educación no pretende elaborar “una
gran teoría” en el sentido epistemológico fuerte de la palabra [Pring, 1978] -un
sistema unificado de proposiciones, semejante a las teorías científicas-, sino
llevar a cabo una reflexión crítica y sistemática sobre la educación de la que se
4
puedan extraen conclusiones que permitan entender y afrontar mejor los
problemas de la práctica educativa.
El asentamiento de la Filosofía de la Educación como disciplina
académica a partir de 1960 se debe a Richard S. Peters, del Instituto de
Educación (IOE) de la Universidad de Londres, quien lideró el trabajo de un
grupo de expertos en Filosofía Analítica, que aplicaron este método al estudio
de la educación. Su objetivo principal se orientaba a la clarificación filosófica de
conceptos educativos fundamentales como, por ejemplo, enseñanza,
adoctrinamiento, autoridad, aprendizaje, creatividad, etc., que hasta ese
momento habían recibido poca atención por parte de los filósofos.
Peters definió la Filosofía de la Educación como una familia de
investigaciones unidas entre sí por su carácter filosófico y su relevancia en
cuestiones educativas; señaló que debía tomar como punto de partida los
problemas de la educación, y había de construirse en diálogo fecundo con la
Ética, la Filosofía Social y la Teoría del Conocimiento, entre otros saberes
[Peters, 1983].
Estos pioneros de la Filosofía de la Educación en Gran Bretaña
pretendían que la disciplina fuera auténticamente filosófica -y, por lo tanto,
reconocida como tal por los demás filósofos-; y demostrar su relevancia de cara
a la formación del profesorado, de tal forma que se incluyera en los planes de
estudio de los futuros profesionales de la educación a nivel nacional. Aunque
en parte lograron estas metas, la Filosofía Analítica de la Educación resultó
excesivamente técnica y fría, y no contaba con una antropología definida sobre
la que sustentarse.
3. La Filosofía de la Educación y otras disciplinas pedagógicas
La Filosofía de la Educación no constituye un campo independiente,
como una “reserva acotada” de conocimiento, sino que debe cultivarse en
diálogo interdisciplinar con los demás saberes que se ocupan del estudio del
ser humano y de la educación. En concreto, se sitúa en la intersección de la
Antropología, la Filosofía de la Cultura y las Ciencias de la Educación cuando
éstas tratan de comprender en plenitud al ser humano en cuanto educable, con
vistas a iluminar lúcidamente la acción educativa [G. Amilburu y García, 2012].
5
En cuanto disciplina académica, se puede elaborar de diferentes
maneras, muchas de ellas válidas y complementarias entre sí. El hecho de que
se cultive con una orientación más histórica o sistemática, analítica o deductiva,
etc., dependerá de las inclinaciones filosóficas de los autores o de las
circunstancias externas -requisitos legales, académicos, etc.- que pesen sobre
ellos.
3.1. Pedagogía, Ciencias de la Educación y Teoría de la Educación
En el ámbito de lengua española se llamó inicialmente “Pedagogía” a la
rama del saber que tenía como objeto específico describir y dar razón de la
actividad educativa, y señalar el modo de llevarla a cabo [Medina, 2001, 309].
Con el paso del tiempo, la Pedagogía alcanzó un mayor nivel de
especialización y complejidad al adoptar la metodología propia de las ciencias
experimentales, con las que ha ido estableciendo vínculos cada vez más
estrechos. Así, los pedagogos se interesaron progresivamente por conocer e
incorporar a su ámbito los métodos y resultados de la Psicología, Biología,
Sociología, Economía, etc. De esta manera, la Pedagogía se identificó con el
“estudio científico de la educación” se ampliándose para albergar todos los
saberes que empezaron entonces a llamarse “Ciencias de la Educación”. Esto
supuso simultáneamente un parcelamiento del estudio del fenómeno educativo
favoreciendo el desarrollo diferenciado y autónomo de diferentes áreas:
Didáctica, Pedagogía Social, etc.
Sin embargo como las Ciencias de la Educación remiten un mismo
fenómeno, se echaba de menos una sistematización y visión de conjunto que
permitiera comprender, interpretar, describir, explicar, predecir, justificar, etc.,
las múltiples circunstancias que concurren en el proceso educativo. Por eso se
volvió nuevamente la mirada hacia la Pedagogía, como “ciencia que aporta la
fundamentación teórica, tecnológica y axiológica, dirigida a explicar, interpretar,
decidir y ordenar la práctica de la educación” [García Aretio et al., 2011: 251].
Pero, paradójicamente, la denominación “Pedagogía” perdió su carga
“científica” y se dividió en otras dos disciplinas -Teoría y Filosofía de la
Educación-, conviviendo con ellas sin una delimitación clara de sus fronteras.
6
En este contexto, la Teoría de la Educación buscaba configurarse
como un saber de carácter más descriptivo y demostrativo, mientras que la
Filosofía de la Educación adoptaba una intención normativa. La primera asumió
el estudio de la educación desde un punto de vista predominantemente fáctico,
mientras que segunda lo hacía desde un enfoque interpretativo. La Teoría de la
Educación estaría orientada por tanto hacia el análisis de temas inmediatos o
circunstanciales, mientras que la Filosofía de la Educación busca fundamentar
reflexivamente la acción educativa [Quintana, 1995].
3.2. Antropología de la Educación
La Antropología cumple una función propedéutica en cualquier estudio
relacionado con la educación, ya que disponer de un conocimiento adecuado
del hombre -de su modo de ser y de obrar- es una condición necesaria para
poder plantear con acierto la tarea educativa [Higgins, 2011].
El estudio del ser humano puede abordarse desde ángulos muy
diversos, desde la experiencia inmediata al conocimiento científico y filosófico.
Atendiendo a la distinción establecida por Dilthey puede ser estudiado tanto por
las Ciencias de la Naturaleza -Física, Biología, Medicina…-, como por las del
Espíritu: Historia, Sociología, Literatura, etc.
Entre los estudios antropológicos que revisten un mayor interés de cara
a la educación se puede distinguir dos grandes ámbitos: la Antropología
Filosófica y las Antropologías Positivas: estas últimas engloban a su vez los
trabajos de la Antropología Física y la Antropología Sociocultural [Choza,
1985].
Mientras que las Antropologías Física y Sociocultural se ocupan de
distintos aspectos de la facticidad humana, empleando los métodos y
procedimientos propios de las ciencias particulares, la Antropología Filosófica
se propone llegar a comprender el sentido de lo humano, que incluye pero no
se agota en su dimensión fáctica.
La consideración de las cuestiones antropológicas más estrechamente
vinculadas al proceso educativo ha dado origen a la Antropología de la
Educación, una disciplina relativamente joven, que se caracteriza por la
diversificación de temáticas y metodologías entre quienes la cultivan.
7
Las relaciones que se establecen entre la Filosofía y la Antropología de
la Educación dependerán del tipo de Antropología que se adopte en cada caso.
La Antropología filosófica, constituye un firme apoyo para la Filosofía de la
Educación de cara a la consecución de su objetivo: comprender qué es la
educación en toda su radicalidad y los seres humanos en cuanto educables,
con el fin de mejorar la práctica educativa.
4. La Filosofía de la Educación y los educadores
La Filosofía -también la Filosofía de la Educación- no es un tipo de
saber útil en el sentido en que pueden serlo las matemáticas o la ingeniería;
pero es de gran utilidad, porque cumple una función esencial a la hora de
iluminar la acción humana, que por tratarse de la actividad de un ser racional
debería estar orientada por el conocimiento. Por esa razón su cultivo adquiere
una gran importancia para los educadores.
La tarea educativa remite de suyo a cuestiones de gran calado
filosófico que es necesario abordar como, por ejemplo, qué significa conocer y
qué valor tienen determinadas formas de pensamiento (Epistemología), qué
que es valioso y por tanto merece ser enseñado y aprendido (Ética), la
naturaleza de las actividades mentales (Filosofía de la mente), etc. [Pring,
1978].
La Filosofía de la Educación, no pretende determinar con qué medios,
en qué circunstancias y ambiente, o a qué individuo psicobiológico concreto
hay que educar; sino que se plantea cuestiones de carácter más amplio y
general, del tipo: qué es la educación, por qué es necesaria, quién es el sujeto
de la educación metaempíricamente considerado, para qué educamos, cómo
es posible que alguien llegue a educarse, etc. [Sacristán, 1994].
En concreto, una de las cuestiones filosóficas fundamentales que han
de abordarse al tratar el tema de la educación consiste en clarificar qué se
entiende por un ser humano educado; porque el ideal de humanidad que se
asume es el motor que pone en marcha todo el proceso educativo. Sólo
después, una vez perfilada la cuestión del ideal al que se tiende, se podrán
acometer con acierto los estudios relacionados con los agentes y los medios
educativos, pues deben adecuarse a la promoción del ideal de persona que
8
orienta el proceso. Y, sin duda, para acertar en la formulación de ese ideal es
preciso llevar a cabo una atenta reflexión de carácter filosófico-antropológico.
Además de éstas, hay otras cuestiones filosóficas de gran interés para
los educadores; entre ellas, las que examinan las tensiones que se plantean en
la sociedad contemporánea rara reconciliar la responsabilidad social y la
autonomía individual; el respeto por la tradición y la el derecho a ofrecer una
interpretación personal de la misma; la libertad personal y la autoridad externa;
el ámbito privado del individuo y el dominio público de la comunidad, etc.
La Filosofía de la Educación se ocupa también de otros temas de gran
importancia como, la formulación del modelo antropológico que subyace en las
distintas propuestas teóricas de educación; la naturaleza específica de la
relación educativa; la clarificación de los fines, objetivos y valores educativos; el
lugar que corresponden a la educación social, cívica, política, religiosa, ética y
estética en el curriculum; la deontología profesional de los docentes, etc.
Sólo tras una reflexión Filosófica, Antropológica y Ética sobre el sujeto
de la educación es posible formular conclusiones que tengan fuerza normativa
en este ámbito. Y sólo entonces los educadores estarán preparados para
ejercer un juicio razonable sobre su propia tarea, y hacer aportaciones
substanciales en asuntos educativos de interés general, más allá de los límites
de su institución.
Como ya se ha mencionado, la Filosofía de la Educación, no busca
directamente generar nuevos conocimientos pedagógicos, sino permitir una
comprensión más profunda de aquello con lo que el educador está ya
familiarizado; y ayudar a conocer las discusiones y los problemas que tuvieron
lugar en el pasado, y el modo en que fueron afrontados -y tal vez solucionados-
racionalmente [Smeyers, 2010].
En concreto, hay tres campos de la Filosofía de la Educación que
pueden proporcionar una ayuda inestimable a los educadores:
a. El recurso al Análisis lógico del lenguaje, orientado a la clarificación
de los términos y teorías pedagógicas que se emplean en el
lenguaje ordinario y el discurso académico sobre la educación.
b. El modo de argumentación propio de la Filosofía práctica, que
proporciona un contrapeso y complemento a la abstracción de las
ciencias teóricas y al pragmatismo técnico [García Amilburu, 2014].
9
c. El conocimiento de la Historia de la Filosofía, que pone en contacto
con las diferentes respuestas que el ser humano ha formulado a los
interrogantes últimos que se plantea, desde perspectivas teóricas e
ideológicas muy diversas.
En efecto, los conceptos que utilizamos actualmente en el ámbito
educativo son el producto terminal de un proceso histórico de transformación
de nociones que se acuñaron por primera vez en la Grecia clásica [Carr, 1987].
Conviene conocer el desarrollo de las ideas que se emplean, porque la
evolución de su uso y su significado manifiestan cuestiones más profundas que
es necesario tener en cuenta para su adecuada comprensión. Porque, como
señala Boyer [1920], no es posible adquirir un conocimiento adecuado de las
realidades específicamente humanas -y la educación es, sin duda, una de
ellas- sin conocer su historia.
Muchos filósofos han trabajado temas de interés para la educación. En
todas las grandes áreas de la Filosofía -Metafísica, Lógica, Ética,
Epistemología, Antropología Filosófica, Filosofía Moral y Política, etc.- se tratan
de un modo u otro cuestiones que afectan directamente al núcleo mismo de la
acción educativa como, por ejemplo, la distinción entre el bien y el mal, el
ejercicio de la libertad, la posibilidad de que un ser humano enseñe a otro, la
dimensión social del ser humano, el fundamento de la autoridad, etc.
La Historia de la Filosofía pone al educador en contacto con las ideas
que entretejen nuestro modo de entender la educación, facilita el desarrollo del
juicio propio y previene frente al peligro del dogmatismo en aquellos ámbitos
que están abiertos a la discusión, a la diversidad de planteamientos, y a la
crítica razonada.
No es este el momento de señalar el desarrollo del pensamiento
educativo en la Historia de la Filosofía. Remitimos al lector a las voces
correspondientes a los distintos autores.
5. Historia de la Filosofía de la Educación como disciplina
5.1. La “prehistoria académica” de la Filosofía de la Educación
10
La Filosofía de la Educación como disciplina académica universitaria
tiene una vida relativamente corta [White, 2003] pero, como ya se ha dicho,
desde Sócrates, pensadores que pertenecen a épocas y tradiciones filosóficas
muy diversas han formulado “ideas filosóficas acerca de la educación” [Hirst,
1998].
Estas “ideas filosóficas sobre temas educativos” que han llegado hasta
nosotros se pueden agrupar en cuatro grandes tradiciones de pensamiento: la
aristotélica –incluyendo en ésta el pensamiento clásico y las aportaciones
cristianas-; el racionalismo postcartesiano; la filosofía empirista y el idealismo.
Sin embargo, hay que esperar hasta el siglo XX para poder hablar
propiamente de Filosofía de la Educación como “disciplina académica”. Muchos
autores consideran a Dewey (1859-1952) el primer “filósofo de la educación”,
porque planteó su trabajo como un examen filosófico de los problemas que
surgen en el desarrollo de la educación, y no como pensamiento filosófico
aplicado a la educación. Para Dewey los planteamientos teóricos acerca de lo
que hay que hacer en el ámbito educativo deben surgir como respuesta a los
problemas que presenta la propia tarea de educar; y las teorías deben probarse
después en la práctica, como él mismo hizo en la Escuela Laboratorio.
5.2. Richard S. Peters y el Instituto de Educación de Londres
Peters es, sin duda una de las personas que ha contribuido más
decisivamente a edificar la Filosofía de la Educación en el siglo XX, reuniendo
en el Instituto de Educación de la Universidad de Londres un importante grupo
de académicos entre quienes cabe destacar, además del propio Peters, figuras
como Paul Hirst, John Wilson, John White, etc. Bajo el impulso y la dirección de
Peters se cultivó un estilo nuevo de Filosofía de la Educación que ha tenido
gran repercusión en el desarrollo de esta disciplina, sobre todo en el ámbito
anglosajón [Cuypers y Martin, 2009].
Richard S. Peters estudió Filosofía en las Universidades de Oxford y
Londres. En 1962 sucedió a Louis A. Reid en la Cátedra de Filosofía del IOE
hasta 1983. Por influjo de G.E. Moore y B. Russell, el Análisis Lógico del
Lenguaje se convirtió a inicios del siglo XX en el instrumento imprescindible
11
para la clarificación del significado de los conceptos y la justificación de su valor
de verdad. Esta clarificación se realiza reduciendo el concepto a elementos
atómicos que son comprobables a través de la experiencia sensible.
Posteriormente, el pensamiento del segundo Wittgenstein centró el análisis
lógico en el examen del uso que se hace del lenguaje, tanto del lenguaje
científico como del ordinario. Peters se formó en el seno de esta tradición
filosófica; de ahí que propusierala aplicación del análisis lógico del lenguaje
ordinario a los enunciados que se emplean en el ámbito de la educación con el
fin de clarificar el contenido de los principales conceptos utilizados en este
campo como, por ejemplo, motivación, emoción, autonomía, castigo,
aprendizaje, enseñanza, curriculum, etc. Y, en primer lugar, el concepto mismo
de educación.
En resumen, Peters defendió que la Filosofía de la Educación debía
ocuparse en primer término del análisis lógico de los conceptos empleados en
el discurso pedagógico y de la fundamentación de los conocimientos,
creencias, acciones y actividades educativas, antes de responder a las
cuestiones relativas a su justificación y la normatividad. De ahí que las dos
preguntas que enmarcan el paradigma de la Filosofía de la Educación
planteado por Peters son:
a. ¿Qué se entiende por educación? (“What do you mean?”: Análisis
conceptual)
b. ¿Cómo se puede mostrar que la educación es algo valioso? (“How
do you know?”: Justificación)
Peters desarrolló su trabajo en cuatro áreas fundamentales [Peters,
1966]:
1. El análisis filosófico de los conceptos propios del campo de la
educación que pueden ser estudiados también desde la
Psicología Filosófica y la Filosofía Social
2. La aplicación de la Ética y la Filosofía Social a los contenidos y
procedimientos deseables para la educación
3. El examen de los esquemas conceptuales que emplean los
psicólogos de la educación en el estudio de los procesos
educativos
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4. El examen filosófico del contenido y organización del curriculum y
otras cuestiones relacionadas con el aprendizaje.
Entre sus escritos hay que destacar la Conferencia Inaugural
pronunciada en el IOE en 1964, que llevaba por título “La Educación como
iniciación”. En ella presentaba de modo paradigmático su manera de entender
la tarea educativa como la introducción del sujeto que se educa en las
tradiciones públicas de la cultura a la que pertenece [Peters, 1966]. Ésta es una
de las aportaciones más originales de Peters, con la que se abrió una nueva
línea de comprensión y desarrollo de la disciplina.
La “iniciación” es el rito de paso que se cumple en la pubertad y que,
una vez superado, introduce a los jóvenes en la vida adulta como sujetos de
pleno derecho. La imagen de la “iniciación” sostiene que educación tiene como
fin familiarizar a los seres humanos más jóvenes con el mundo de las
tradiciones culturales a las que pertenecen para que puedan vivir en él como
personas adultas, autónomas y responsables.
Peters parte del ideal de “persona educada” que se forjó en el siglo XIX
-aquella que se ha desarrollado moral, intelectual y espiritualmente-, y describe
la educación como la actividad mediante la cual la propia cultura es
“entregada” por una generación a la siguiente y se desarrollan en quienes
aprenden estados mentales estables valiosos.
Hacia el final de su vida académica, dedicada a la teorización filosófica
a un alto nivel, Peters reconoció que el trabajo que debería desarrollarse en el
futuro tendría que asumir un carácter más “pegado a la tierra”, aunque también
afirmó que no se debe perder de vista que no será posible solucionar los
problemas educativos concretos si los educadores no los abordan primero
desde una aproximación filosófica coherente [Peters, 1983].
Efectivamente, la Filosofía de la Educación elaborada por Peters, al
ser analítica y fundante, contribuyó a dar claridad, estructura argumentativa,
seriedad y respetabilidad a la disciplina, pero –como él mismo intuyó-, de
alguna manera reclama un complemento que contrarreste su carácter
excesivamente formalista y analítico.
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5.3. Corrientes actuales en Filosofía de la Educación
La nota característica del pensamiento filosófico educativo actual es su
fragmentación: por el modo de entender la naturaleza de esta disciplina, por los
diferentes tipos de preguntas que se formulan quienes la cultivan, por las
respuestas -muchas veces incompatibles entre sí- que ofrecen las distintas
escuelas o tradiciones de pensamiento, etc. [Carr, 2005].
Así, se observa que conviven en la actualidad Filosofías de la
Educación de corte Analítico junto con otras aproximaciones influidas por la
filosofía Crítica, el Deconstruccionismo, la Fenomenología, el Neomarxismo, el
Existencialismo, el Personalismo, la Hermenéutica, o el Neoaristotelismo, por
citar sólo las más señaladas.
Si bien algunas de las cuestiones que se plantean en la actualidad
fueron ya tratadas por Sócrates, otras han ido surgiendo al hilo del desarrollo
histórico humano, como las que hacen referencia, por ejemplo la educación
multicultural en un mundo globalizado, la educación para la democracia, o para
el desarrollo sostenible, etc., pues los filósofos de la educación
contemporáneos son herederos de una tradición multisecular que está en
continuo desarrollo.
La Filosofía de la Educación de cada autor es deudora de su
planteamiento filosófico y del modo de concebir las relaciones entre la Filosofía
y la Educación. Algunos autores sostienen que entre ambas disciplinas se da
una íntima vinculación, otros defienden su absoluta independencia, y -como en
todo- también existen posturas intermedias.
En conjunto, se puede hablar de seis grandes metodologías utilizadas
para elaborar la Filosofía de la Educación, que son las que diferencian unos
estilos filosóficos de otros:
1. La Filosofía de la Educación descriptiva analiza filosóficamente lo
que sucede en el proceso educativo.
2. La "Filosofía de la Educación para educadores" elabora una especie
de antología de cuestiones filosóficas que se consideran de interés para los
profesionales.
3. Se ha cultivado también una Filosofía de la Educación como
“Análisis Metafísico de cuestiones educativas” -la estructura entitativa del ser
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educacional, la esencia de la educación y sus causas, la teleología ordenadora
de todo el proceso, etc.
4. La Filosofía Analítica de la Educación trata de clarificar el contenido
conceptual de los términos del lenguaje que se emplea en el contexto de la
educación.
5. Hay autores que defienden una Filosofía de la Educación “reflexiva”,
sobre los supuestos profundos de la educación, que integre un buen
conocimiento de la Historia, y las conclusiones de la Antropología Filosófica.
6. El enfoque deductivo en la Filosofía de la Educación, o estudio de
las Escuelas de Filosofía -llamado coloquialmente "de los -ismos"-, busca
explicitar las consecuencias educativas que se pueden extraer de los
principales sistemas filosóficos -racionalismo, empirismo, existencialismo, etc.-.
Las críticas a este tipo de Filosofía de la Educación señalan que una
postura metafísica o epistemológica no puede tener implicaciones lógicas
necesarias que sean aplicables en el campo de la teoría y la práctica
educativas; y sostienen también que dos filósofos que pertenezcan a una
misma escuela filosófica pueden estar en desacuerdo respecto a cómo deben
llevarse a cabo determinadas prácticas educativas y, por el contrario, personas
que coinciden sobre cuestiones educativas pueden sostener posturas
filosóficas muy diferentes.
Aun siendo esto verdad, es posible descubrir rasgos recurrentes en la
Filosofía de la Educación que elaboran pensadores que pertenecen a una
corriente filosófica determinada [Bigge, 1982], y que existe un cierto “aire de
familia” en las respuestas que ofrecen a las preguntas fundamentales que se
plantea la Filosofía de la Educación.
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Podrían resumirse así [García Amilburu y García, 2012, 118]:
Fin de la Cómo se Cómo se Qué se
Educación aprende enseña
enseña
Realismo Formar virtudes Disciplina Mostrando la Verdades
clásico intelectuales y intelectual verdad y el
fundamentales
morales bien
Teísmo dualista Salvación Demostración Disciplina de la Matemáticas.
eterna racional inteligencia
Lógica
Empirismo Eficacia Estímulo- Desde fuera. Ciencias
respuesta y Estimular
naturales
refuerzo
Filosofía Examinar Refinando el Enseñar a Proposiciones
analítica creencias para razonamiento razonar
verificables
ser racionales lógicamente
Existencialismo Autorrealización Cultivando Despertar la Lo que quiera
del individuo. sentimientos responsabilidad
el alumno
Autoconciencia personal
Conductismo Formar Haciendo, Seleccionar Estudios
patrones resolviendo experiencias.
sociales,
intelectuales y problemas Interés
de conducta experimentos
Cognitivismo Reconstruir la Cambio en Suscitar y
vida cambiando comportamientos resolver
patrones de problemas.
pensamiento Investigar
6. Sociedades, Congresos y Revistas de Filosofía de la Educación
Aunque la Filosofía de la Educación tiene una vida relativamente corta
como disciplina académica, constituye un área de conocimiento muy dinámica
si se tienen en cuenta las Sociedades profesionales, publicaciones y reuniones
científicas que se celebran, aunque sea reducido el número de personas que
se dedican a su cultivo. Esto se debe en parte a las propias características de
la disciplina y también a que los recortes presupuestarios llevados a cabo en
casi todas las Universidades han perjudicado directamente a los
Departamentos de Humanidades y, de modo especial, a las materias
relacionadas con la Filosofía.