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En Romanos 14:18 - 15:6, Pablo enfatiza que el servicio a Cristo debe centrarse en la justicia, paz y gozo del Espíritu Santo, más allá de prácticas alimenticias. Se presentan tres principios de conducta cristiana: convicción, conciencia y consideración hacia los débiles en la fe. El apóstol también destaca la importancia de la unidad entre judíos y no judíos en el cuerpo de Cristo, promoviendo la armonía y el amor mutuo en la adoración a Dios.

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En Romanos 14:18 - 15:6, Pablo enfatiza que el servicio a Cristo debe centrarse en la justicia, paz y gozo del Espíritu Santo, más allá de prácticas alimenticias. Se presentan tres principios de conducta cristiana: convicción, conciencia y consideración hacia los débiles en la fe. El apóstol también destaca la importancia de la unidad entre judíos y no judíos en el cuerpo de Cristo, promoviendo la armonía y el amor mutuo en la adoración a Dios.

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Romanos 14:18 - 15:6

Continuamos estudiando el capítulo 14 de esta epístola del apóstol a los Romanos. Y en nuestro
estudio anterior, decíamos que el hombre es totalmente incapaz de ver o entrar en el reino de
Dios, sin experimentar un nuevo nacimiento espiritual. Este reino no tiene nada que ver con
prácticas relacionadas con comer o beber, o ayunar, con dejar de comer carne los viernes, o no
comer cerdo, o tener una dieta vegetariana. Estos factores no tienen nada que ver con esto.
Ahora, la justicia, que se menciona en el versículo 17, tiene el mismo significado que hemos
encontrado en las otras porciones de esta epístola a los Romanos. Quiere decir, estar en una
correcta relación con Dios. Significa haber vivido una vida agradable para Dios bajo el control del
Espíritu Santo. Esto va con la justicia y tiene que ver con nuestro andar, nuestro vivir en el
Espíritu. Es un enfoque más práctico que teológico. Es más moral, que oral. Es una justicia
relacionada con el Espíritu Santo. Y el gozo que también se menciona en este versículo 17, es
algo que está ausente de muchas de las vidas de los creyentes. El fruto del Espíritu tiene que
producir gozo en nuestra vida. Esto no tiene que ver con actitudes triunfalistas ni con una
sonrisa permanente. Creemos que está más bien relacionado directamente con el gozo íntimo
que uno tiene en su corazón. Leamos ahora el versículo 18 de este capítulo 14 de la epístola a
los Romanos:
"El que de esta manera sirve a Cristo, agrada a Dios y es aprobado por los hombres".
Aunque haya un reino literal sobre esta tierra, el apóstol estaba aquí hablando sobre el ámbito
espiritual en el cual se entra por medio del nuevo nacimiento. Cristo no es servido por la comida
o la bebida, sino que nuestro servicio para Él debe estar relacionado con la justicia, la paz y el
gozo del Espíritu Santo. Es precisamente en estos factores que el creyente agrada a Dios y es
aprobado por los hombres. Aquí "aprobado por los hombres" no significa el aplauso de los
hombres porque uno sea creyente. Los hombres pueden incluso perseguir al creyente. Pero en el
fondo, las personas respetan y aprueban a los creyentes genuinos, mientras que desprecian y
rechazan a los hipócritas y a los falsos.
Éste es un gran principio de conducta. La vida y palabras del creyente debieran agradar a Dios y
lograr la aprobación de la conciencia de los hombres. Veamos ahora el versículo 19:
"Por lo tanto, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación espiritual".
El propósito del apóstol Pablo es el de dar una exhortación al creyente, y es una exhortación
doble. El buscar lo que conduzca a la paz en este versículo implica procurar ansiosamente esta
línea de acción. El creyente tiene que hacer un esfuerzo sincero de evitar el uso de comidas u
otras acciones o actitudes que puedan ofender al hermano cristiano. Podemos decir que éste es
el aspecto negativo de la exhortación que está dando Pablo. El aspecto positivo es proseguir
activamente hacia la meta de los valores espirituales, tales como la justicia, la paz y el gozo en
el Espíritu Santo. Luego, en el versículo 20, leemos:
"No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias;
pero lo malo es comer algo que haga tropezar a otros".
Por causa de la comida, no debe echarse a perder la obra de Dios. Por supuesto, el creyente
tiene la libertad de comer, por ejemplo, carne o abstenerse de comerla. Pero ninguna de estas
dos actitudes le recomendará ante Dios. Pero por una gratificación física, no debe destruirse la
obra de Dios en el corazón de algún creyente con una conciencia débil o poco desarrollada
espiritualmente. Lo que es alimento para una persona, puede resultar veneno para otra. En
Esaú, el hermano de Jacob, tenemos un ejemplo. El no tenía ningún respeto hacia Dios ni
tampoco apreciaba su primogenitura, y estaba dispuesto a venderla por un plato de lentejas.
Nuestro consejo, es que no vendamos la bendición de nuestra primogenitura para satisfacer el
apetito. Leamos ahora el versículo 21:
"Mejor es no comer carne ni beber vino ni hacer nada que ofenda, debilite o haga tropezar a tu
hermano".
Pablo volvió otra vez a los dos temas: comida y bebida. Después añada una declaración
generalizada, diciendo "ni hacer nada". Todo lo que resulte cuestionable y sea un asunto de
conciencia para un creyente con una conciencia débil o poco desarrollada, se convierte en una
actitud errónea para el creyente con una conciencia firme. Ahora, el versículo 22 nos presenta el
segundo gran principio de la conducta cristiana, es decir,

La conciencia
"¿Tienes tú fe? Tenla para ti mismo delante de Dios. Bienaventurado el que no se condena a sí
mismo en lo que aprueba".
Otra traducción lo expresa así: "La fe que tienes, guárdala para ti mismo delante de Dios.
¡Dichoso aquel que usa de su libertad sin cargos de conciencia!" El apóstol Pablo está
presentando aquí la conciencia, el segundo principio de la conducta del creyente, habiendo ya
tratado el aspecto de la convicción. Nos está diciendo que cuando esperamos o tratamos de
hacer algo para Dios, debemos hacernos la pregunta: ¿Es propio o correcto para mí el hacer
esto? ¿Lo puedo hacer con gran entusiasmo, expectativa y gozo? En esta exhortación miramos
hacia atrás, hacia lo que hemos hecho. Dice aquí, feliz es el hombre que no se condena a sí
mismo por lo que ha hecho. El creyente debería mirar atrás hacia su conducta, sin cargos de
conciencia.
Pero hay una notable diferencia cuando uno que es creyente comete un pecado, y cuando un no
creyente lo hace. Si un creyente ha pecado, lo confiesa ante Dios y dice: "Dios, me arrepiento de
lo que hecho. No quiero volver a hacerlo". El hijo pródigo de la parábola dijo: "Me levantaré e iré
a mi padre". Y el Señor Jesucristo dijo a sus discípulos que lavaría sus pies. Y en la primera carta
del apóstol Juan, capítulo 1, versículo 9, leemos: "Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y
justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad". Lo interesante en el relato
del hijo pródigo es que no tenemos ninguna información de que él volvió al año siguiente a vivir
con los cerdos. A él no le gustaba esa vida y optó por volver a disfrutar de la calidad de vida de
la casa de su padre. Sin embargo, un no creyente, a pesar de las consecuencias de su pecado,
pensará que, después de todo, lo ha pasado bien pecando y que valdrá la pena pecar otra vez.
Ésa es la diferencia, entre el creyente que peca, y el no creyente que peca. Y ésa es la diferencia
en el día de hoy.
Leamos el versículo 23.
"Pero el que duda sobre lo que come, se condena a sí mismo, porque no lo hace con fe; y todo lo
que no proviene de fe, es pecado".
Todo lo que no se hace con la convicción que da la fe, es pecado. Aquí hay otra definición del
pecado para el creyente. Cualquier línea de conducta o cualquier acto que no constituya un fluir
de la fe, se convierte en pecado. Ésta es la respuesta del Espíritu Santo a las actitudes
cuestionables. Y ya que el creyente es salvo por la fe, él debe andar y vivir por fe.

Romanos 15:1-6
Usted puede notar que al comenzar ahora con el capítulo 15, entramos en la parte final de esta
Epístola a los Romanos. Hemos visto la relación del creyente hacia los demás creyentes y hacia
los de afuera. Ahora, en primer lugar, tenemos el tercer gran principio mencionado aquí, y es el
que presenta la consideración al creyente con una conciencia espiritual débil o
insuficientemente desarrollada. En realidad, es la continuación del capítulo anterior. En los
primeros tres versículos tenemos el tema de la separación. Luego tenemos la consolidación; la
unión o consolidación de los judíos y los no judíos en un solo cuerpo, para glorificar a Dios.
También tenemos la continuación del testimonio personal del apóstol Pablo como apóstol a los
no judíos y a los romanos en particular. Esta sección concluirá el principal argumento de esta
Epístola. Y Pablo volverá a hablar de las relaciones personales.

La consideración al creyente de conciencia débil


"Los que somos fuertes en la fe debemos soportar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a
nosotros mismos".
Éste es el tercer y último gran principio o norma que debe gobernar la conducta del creyente.
Pablo se identificó a sí mismo entre los hermanos fuertes en la fe. Y él insistió en que éstos
deben mostrar consideración por los sentimientos y los prejuicios que pueden tener los débiles.
Pablo se identificó con los que eran fuertes en la fe. Recordemos lo que dijo él en su Primera
carta a los Corintios, capítulo 8, versículo 13: "Por lo cual, si la comida le es a mi hermano
ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano". Pablo pareció
decirnos: "Yo puedo comer carne. Me encanta comer un buen asado. Pero no lo voy a comer si
ofende a mi hermano". Y en su Primera carta a los Corintios, capítulo 10, versículo 24, leemos:
"Ninguno busque su propio bien, sino el del otro". Nos exhorta a buscar el bien de los demás. Y
en su carta a los Gálatas, capítulo 6, versículo 2, el apóstol también nos dijo: "Sobrellevad los
unos la cargas de los otros, y cumplid así la ley de Cristo". Pasemos ahora al versículo 2 de este
capítulo 15 de la epístola a los Romanos:
"Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación"
O sea, que es bueno para que el prójimo pueda crecer en la fe, el cual es el objetivo de toda la
conducta cristiana. Pablo pudo decir en su primera carta a los Corintios, capítulo 9, versículo 19:
"Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor número". Y
siguió diciendo en el versículo 20: "Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos,
a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la Ley) para ganar a los que están
sujetos a la Ley".
Como la Biblia guarda silencio sobre muchos aspectos de nuestra sociedad contemporánea, se
nos han presentado estos tres grandes principios o principios de separación: (1) Convicción:
Cualquier cosa que hagamos debe realizarse con entusiasmo porque estamos profundamente
convencidos de que eso es lo que Dios quiere que hagamos. (2) Conciencia: Nuestra conducta
debiera ser tal que no miremos hacia atrás sintiendo un cargo de conciencia. Y (3),
Consideración: Deberíamos mostrar sensibilidad y consideración por los sentimientos,
opiniones y prejuicios de los creyentes que tienen una conciencia débil, sensible o
espiritualmente menos desarrollada. Leamos ahora el versículo 3 de este capítulo 15 de
Romanos:
"Porque ni aun Cristo se agradó a sí mismo; antes bien, como está escrito: Las ofensas de los
que te insultaban cayeron sobre mí".
Esta cita del Antiguo Testamento pertenece al Salmo 69:9. Se trata de un Salmo imprecatorio,
así llamado porque en él se expresan deseos de que alguien sufra un mal o un daño. También es
uno de los grandes salmos mesiánicos. Cristo nunca puso Su propio interés o sus placeres en
primer lugar. Siempre que Cristo nos es presentado como un ejemplo, es en relación con la
gracia redentora de Dios. Llegamos a ser creyentes por medio de la fe en Jesucristo.

La consolidación de judíos y no judíos en un cuerpo


"Las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que, por la
paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza".
Pablo dijo que aquellas cosas fueron escritas en el pasado "para nuestra enseñanza".
Podríamos mencionar que, el pecado más grande en la Iglesia hoy en día, es el desconocimiento
de la Palabra de Dios. Dios quiere que conozcamos Su Palabra. El apóstol Pablo, refiriéndose a
los acontecimientos históricos del Antiguo Testamente, dijo en su Primera carta a los Corintios,
capítulo 10, versículo 11: "Todas estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas
para amonestarnos a nosotros, que vivimos en estos tiempos finales".
Leamos ahora el versículo 5:
"Y el Dios de la paciencia y de la consolación os dé entre vosotros un mismo sentir según Cristo
Jesús"
El apóstol hizo aquí una pausa para orar pidiendo que las bendiciones canalizadas solamente por
la Palabra de Dios, pudieran influir tanto entre judíos como en no judíos en el cuerpo de Cristo;
no que estas dos agrupaciones estuvieran enteramente de acuerdo entre sí en cuanto a la
cuestión de carnes y bebidas, sino que pudieran demostrar que son uno, en cuanto al amor y la
consideración mutua. Y ahora en el versículo 6, leemos:
"Para que unánimes, a una voz, glorifiquéis al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo".
Debe haber tal armonía en su alabanza, que aquellos que alaben revelen la unidad de creyentes.
Cuando realmente se glorifica a Dios, la pared intermedia de separación entre judíos y otros
pueblos se derriba como se derrumbó el muro de Jericó al tocar las bocinas y al gritar el pueblo.
El Señor Jesucristo dijo en el evangelio según San Juan, capítulo 13, versículo 35: "En esto
conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros".

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