La cuestión homérica
La cuestión homérica se refiere al debate académico sobre la autoría de los poemas épicos
La Ilíada y La Odisea. Existen tres grandes posturas:
1. Unitaristas: defienden que Homero, un poeta del siglo VIII a. C., compuso ambos
poemas en su totalidad.
2. Analistas: sostienen que los poemas son el resultado de una larga tradición oral,
compuestos por varios autores y recopilados posteriormente.
3. Neoanalistas: consideran que Homero utilizó materiales previos, pero les dio forma
definitiva y coherente.
El consenso actual es que La Odisea y La Ilíada pertenecen a una tradición oral que fue
fijada por escrito probablemente en el siglo VI a. C., bajo el gobierno de Pisístrato, en
Atenas.
Prototipo del héroe homérico: Aquiles y Odiseo
Ambos personajes son héroes homéricos, pero representan dos modelos diferentes:
Característica Aquiles Odiseo
Rasgo dominante Valor guerrero Inteligencia y astucia
Motivación La gloria inmortal (kleos) El regreso a casa (nostos)
Relación con los Más desafiante (confronta a Más diplomático y protegido
dioses Agamenón y los dioses) por Atenea
Emoción Ira Prudencia
dominante
Ambos, sin embargo, persiguen el concepto de Areté.
Concepto de Areté
● En el mundo griego, areté significa excelencia, el cumplimiento del potencial de una
persona.
● Para los héroes homéricos, la areté se logra al destacarse en lo que mejor hacen:
luchar (Aquiles) o pensar y sobrevivir (Odiseo).
● Está vinculada con la honra, el deber, la valentía y el honor ante la comunidad.
El camino del héroe (Joseph Campbell)
Campbell identifica un patrón narrativo universal en las mitologías del mundo, que se puede
aplicar a La Odisea. Este patrón incluye:
1. Llamado a la aventura (Odiseo debe partir a Troya)
2. Cruce del umbral (tras la guerra, inicia su largo regreso)
3. Pruebas y aliados (Circe, las sirenas, el Cíclope)
4. Descenso a los infiernos (encuentro con los muertos en el Hades)
5. Regreso con el elixir (llega a Ítaca, derrota a los pretendientes)
6. Transformación del héroe (es más sabio, más humilde, más completo)
Estructura de La Odisea
La Odisea se divide en tres grandes partes:
1. Telemaquia (Cantos 1-4)
○ Telémaco parte en busca de su padre.
○ Se narra la situación en Ítaca con los pretendientes.
2. Las aventuras de Odiseo (Cantos 5-12)
○ Se relatan los obstáculos en su regreso: Calipso, el Cíclope, Circe, el Hades,
las sirenas, Escila y Caribdis, etc.
3. Venganza y regreso (Cantos 13-24)
○ Odiseo llega a Ítaca disfrazado.
○ Se reencuentra con Telémaco.
○ Venganza contra los pretendientes.
○ Reconocimiento de Penélope y su padre, reconciliación final.
Aunque hay en este poema numerosos elementos comunes con la Ilíada en la forma, en lo
referente a la lengua y a la composición formular, así como en la presencia de algunos
elementos culturales arcaizantes, hay importantes rasgos que diferencian ambos poemas y
que ponen de manifiesto el carácter posterior de la Odisea. Estos rasgos tienen que ver con
aspectos de contenido, de tratamiento de los personajes, de la presentación de las
relaciones humanas, pero también de carácter narrativo, como refleja la complicación de su
estructura.
La Odisea está compuesta de tres elementos temáticos principales: la historia mítica del
regreso de Ulises a Ítaca después de la guerra de Troya; el viaje de Telémaco, su hijo, en
busca de su padre; y un conjunto de historias de navegación que remontan a los cuentos
populares típicos de los pueblos marineros, donde abundan los monstruos, los lugares
fantásticos y los peligros propios de los viajes por mar en frágiles navíos como los utilizados
en las expediciones griegas.
El relato se articula también en dos grandes partes, que corresponden casi exactamente a
dos mitades. En la primera mitad (del canto 1 al verso 95 del canto 13), se narran las
aventuras del viaje de Ulises hasta llegar a Ítaca, dentro de las que se integra, como un
excurso, el viaje de Telémaco. La segunda mitad (desde el verso 96 del canto 13 al canto
24) relata fundamentalmente los sucesos una vez que Ulises llega a Ítaca y cómo prepara y
consigue la recuperación de su familia y su palacio. A continuación, se ofrece un breve
resumen lineal del contenido.
La narración de la Odisea comienza en lo que temporalmente se puede considerar el centro
del argumento, en la penúltima etapa de su camino de regreso a Ítaca, cuando se halla
retenido por la ninfa Calipso. Junto a ella ha pasado ya una larga temporada y los dioses
deciden permitirle continuar su viaje. Ahora bien, el poema, en lugar de continuar esa línea
argumental recién iniciada, dirige su atención a Atenea, que convence a Telémaco de que
deje su tierra y emprenda un recorrido que le llevará por las principales cortes de Grecia en
busca de noticias de su padre. Este largo viaje se describe a lo largo de casi todo el libro 1 y
los libros 2 a 4 y es lo que se conoce como Telemaquia.
A principios del libro 5, se describe la asamblea de dioses en la que Zeus decreta que se
libere a Ulises de la morada de Calipso. Ésta lo deja ir, pero una pavorosa tormenta lo
arrastra a las costas de la isla de Feacia. Allí es encontrado por la hija del rey Alcínoo,
Nausícaa, que se enamora de él. La descripción de la estancia en Feacia, comenzada en el
libro 5 se prolonga hasta el libro 8. Hacia final de este libro, se describe una fiesta en la que
el aedo Demódoco narra las aventuras de la toma de Troya y el ardid del caballo hueco de
madera. Ulises se conmueve y Alcínoo le hace contar su historia, hasta entonces oculta
para ellos.
Durante cuatro libros, del 9 al 12, Ulises rememora su largo periplo desde que salió de
Troya, sus encuentros con diversos seres y los peligros corridos. Se pueden conocer, de
este modo, las luchas en el país de los cícones; su llegada, tras una tormenta que aleja a
los marinos de su camino, al país de los lotófagos, que dan de comer la flor del olvido; el
desembarco en la tierra de los cíclopes y el enfrentamiento con Polifemo; el paso por la isla
del dios de los vientos, Eolo; la llegada, tras otra tormenta provocada por los propios
marinos, que abrieron curiosos el odre de los vientos regalo del dios, a la isla de la maga
Circe, que convierte a algunos compañeros en cerdos; la bajada al Hades para consultar a
Tiresias, muerto, por su futuro; el paso por el litoral, donde las sirenas atraen los barcos con
maravillosos cantos y fingidas voces, el peligro del estrecho en el que los navegantes han
de sortear al monstruo canino Escila a un lado y al terrible remolino de Caribdis al otro; un
nuevo desembarco, en la isla del Sol; finalmente, tras otra terrible tormenta que le deja
privado de compañeros, su llegada a la isla de Ogigia, donde habita la ninfa Calipso. Se
produce, de este modo, el reencuentro de la historia narrada por Ulises con los
acontecimientos por los que comenzó el relato de la propia Odisea.
Conmovido por el relato, Alcínoo, rey de los feacios, proporciona a Ulises un barco para
volver a su tierra y llega a Ítaca. Durante casi todo el canto 13 y los cantos 14 al 16, se narra
cómo Ulises va progresivamente preparándose para volver a su palacio. El poeta se demora
relatando las artimañas de Atenea, el encuentro con el porquero Eumeo, que le pone al día
de la situación de su casa, y el reencuentro con su hijo, Telémaco. De éste todavía se
narran las etapas finales de su periplo antes de que Atenea le haga regresar.
En el libro 17, vuelve Ulises a su palacio disfrazado de mendigo. A lo largo de los libros 17 a
23 el relato va cobrando intensidad dramática: se van sucediendo las escenas en que se ve
el palacio de Ítaca ocupado por los pretendientes de Penélope, el reconocimiento del hé-
roe por parte de la vieja aya Euriclea y por la propia Penélope, la trama de la venganza y la
prueba del arco. Ulises, ayudado por Telémaco mata a los pretendientes y recupera su
puesto en Ítaca.
La obra se cierra con un canto final, el 24, que hace las veces de epílogo y en el que se
unen varias escenas, como un encuentro de Hermes con los grandes guerreros aqueos
muertos en los que éstos se enteran de la fortuna de Ulises, o, sobre todo, el reencuentro
de Ulises con su anciano padre Laertes. Se trata, en realidad, de episodios completamente
ajenos al resto de la acción de la Odisea y que bien pudieran ser producto de una adición
tardía para enlazar con otros poemas épicos del ciclo troyano.
Como puede comprobarse por el resumen, la obra reúne un conjunto muy heterogéneo de
elementos y episodios dentro de una trama que es también compleja. Analizaremos su
estructura.
Una de las características principales del relato homérico del viaje de Ulises es su falta de
linealidad. En efecto, a diferencia de lo que sucede con la narración bélica de la Ilíada, los
acontecimientos no se cuentan en el orden en que sucedieron, sino que se combinan en un
orden diferente al cronológico, utilizando recursos narrativos que se atestiguan en esta obra
por vez primera dentro de la literatura occidental. En el cuadro que sigue, pueden
compararse lo que sería la estructura lineal de los hechos relatados y su disposición en la
obra.
Secuencia de los hechos / secuencia de la narración
Hechos Narración
I Troya II Calipso (1)
Cícones III Telémaco (1-4)
Lotófagos II Calipso (5)
Cíclopes Feacia (5-8)
Eolo I Troya (9-12)
Lestrígones …
Circe
Sirenas
Escila y Caribdis
Isla del Sol
II Calipso/III Telémaco
FeaciaII Feacia (13)
IV Ítaca (13-14)
IV Ítaca III Telémaco (15)
IV Ítaca (15-23)
V Epílogo V Epílogo (24)
Los números entre paréntesis hacen referencia a los cantos de la Odisea.
Como se ve en la parte izquierda del esquema, las unidades narrativas con las que se juega
(marcadas por números romanos) son cinco, que corresponden, respectivamente, a todos
los sucesos anteriores a la llegada a la isla de Calipso (I), la estancia en la morada de la
ninfa, la salida de ella, la llegada al país de los feacios y los sucesos en tal lugar (II), el viaje
de Telémaco, convencido por Atenea, en busca de noticias de su padre (III), los
acontecimientos de Ítaca desde la llegada de Ulises hasta la muerte de los pretendientes y
la recuperación de su posición (IV), y, finalmente, el heterogéneo epílogo (V). En todo este
conjunto de elementos, sólo el viaje de Telémaco plantea un problema para una narración
secuencial, al tratarse de un acontecimiento simultáneo de la estancia de Ulises con
Calipso, el episodio de Feacia y la llegada a Ítaca. Sólo en este caso, por tanto, el excurso
era obligado y es, a mi juicio, esta necesaria incrustación la que obligó a uno de los aedos
compiladores de la historia, quizás al último de ellos en la larga secuencia de la transmisión
épica del relato, a trastocar toda la secuencia tal como se refleja en la columna derecha.
En efecto, la Telemaquia es en sí misma un largo poema que abarca cuatro cantos casi
completos y que constituye una unidad narrativa propia. Es, con toda probabilidad, obra de
un aedo diferente al de la mayor parte de los otros pasajes. Quizá con el fin de no
interrumpir en su mitad la narración de la historia de Ulises incrustando donde le
correspondería cronológicamente un pasaje de tal entidad, se optó por incorporarla al
principio de toda la obra. Pero esto conllevaba consecuencias. En efecto, si no se quería
provocar una gran separación entre sucesos simultáneos, la anteposición de la Telemaquia
obligaba a adelantar la narración de los episodios correspondientes y paralelos de los que
era protagonista Ulises. El resultado es que la Odisea comienza precisamente por una
breve introducción de apenas 100 versos en el canto 1, en los que se nos presenta la
situación del héroe en su dorado cautiverio con Calipso. Una vez acabada la parte principal
de la Telemaquia, se retoma la secuencia de la aventura de Ulises en las tierras de Calipso
y de los feacios. Han quedado sin contar, sin embargo, todos los importantes
acontecimientos anteriores, es decir, los que se produjeron desde la salida de Troya hasta el
encuentro con Calipso. El recurso para recuperarlos es genial: se presentan como si fueran
un relato del propio Ulises a sus anfitriones feacios inmediatamente antes de que se
produzca el gran quiebro de la narración, que es el regreso mismo de Ulises a Ítaca. Este
largo retroceso en la narración –lo que en términos cinematográficos se conoce hoy por
flashback– permite, por un lado, recuperar episodios que, sin duda, eran conocidos por los
oyentes, que los esperarían, pero, además, produce un efecto de dilación antes de llegar al
mencionado momento capital, verdadero pivote central de la Odisea, que representa el
reencuentro de Ulises con su tierra. Finalmente, con la inserción del relato de Ulises se
obtuvo, de forma consciente o no, un interesantísimo cambio de punto de vista de la
narración, pues lo que hasta entonces se relataba en tercera persona, al tratarse de un
recuerdo que el aedo pone en boca del protagonista, pasa a ser presentado como una
narración en primera persona.
El resto de la obra sigue ya la secuencia esperada, salvo el breve momento en el libro 15 en
que se retoma la parte final de la Telemaquia para reunir a Ulises con su hijo.
La complejidad de la estructura, muy alejada, como se ha dicho, de simplicidad de la Ilíada,
manifiesta la mano de un hábil compilador, dueño de recursos narrativos que serán ya
desde el momento de su composición, dada la enorme influencia de los poemas homéricos
en la literatura posterior, instrumentos literarios repetidos una y otra vez.
La paideia del héroe en la cultura griega: una formación ética y ejemplar
En la antigua Grecia, la figura del héroe ocupaba un lugar central en la educación y en el
imaginario colectivo. Lejos de la concepción moderna del héroe como un personaje con
poderes extraordinarios, el héroe griego era un modelo ético y cultural, una figura que
encarnaba los valores fundamentales de su civilización.
Werner Jaeger, en su obra Paideia: los ideales de la cultura griega, analiza cómo la
educación griega —la paideia— no solo transmitía conocimientos técnicos o intelectuales,
sino que formaba integralmente al individuo en valores como el areté (excelencia), la
sofrosyne (mesura), el coraje, la lealtad y la sabiduría. En este contexto, el héroe se
convertía en un referente fundamental en el proceso de formación moral, espiritual y
ciudadana del individuo. La paideia implicaba un ideal de perfeccionamiento del ser
humano, y el héroe era su encarnación narrativa, su ejemplo viviente.
El héroe como paradigma educativo
Desde temprana edad, los jóvenes griegos eran introducidos en el universo mítico a través
de los poemas épicos, especialmente la Ilíada y la Odisea, atribuidos a Homero. Estas
epopeyas cumplían una función educativa central: no solo entretenían, sino que ofrecían
modelos de conducta que los jóvenes podían admirar e imitar. En sus relatos, personajes
como Aquiles y Ulises (Odiseo) se presentan como arquetipos del héroe, aunque con
rasgos profundamente distintos y complementarios.
Aquiles, protagonista de la Ilíada, representa la figura del héroe guerrero por excelencia:
valiente, fuerte, impulsivo, orgulloso, y motivado por la búsqueda de la kleos (gloria
inmortal). Su figura encarna la tensión entre el destino y el libre albedrío, y su accionar, si
bien admirable en términos de coraje, también advierte sobre los peligros del exceso, la
hybris (desmesura) y la ira descontrolada. Aquiles es un héroe que se debate entre su
destino personal y su deber colectivo, entre la vida larga sin gloria y la muerte temprana
pero inmortalizada en la memoria de los hombres.
Por otro lado, Ulises, en la Odisea, encarna otro tipo de heroísmo: el de la inteligencia
estratégica (mêtis), la astucia y la resistencia frente a la adversidad. A lo largo de su
extenso y peligroso viaje de regreso a Ítaca, Ulises enfrenta múltiples desafíos que no solo
prueban su fuerza física, sino sobre todo su capacidad de reflexión, su prudencia, su
perseverancia y su fidelidad a su hogar, a sus valores y a su identidad. Ulises representa al
héroe civilizatorio, que pone sus capacidades al servicio del retorno, la restauración del
orden familiar y político, y el reencuentro con la comunidad. Su heroísmo no se mide por la
fuerza bruta, sino por su capacidad de adaptarse, aprender y sobrevivir sin perder su
humanidad.
Errores, límites y aprendizaje: el héroe humanizado
Un rasgo esencial de la educación griega es que los héroes no son presentados como seres
perfectos o inalcanzables. Sus errores y caídas también forman parte del aprendizaje. Esta
visión humanizada del héroe tenía un profundo valor pedagógico: mostraba que incluso los
más grandes pueden equivocarse, pero que es posible aprender y crecer a partir de esas
experiencias. Los héroes homéricos son figuras complejas, llenas de contradicciones, que
reflejan los dilemas éticos y existenciales del ser humano.
La paideia heroica consistía entonces en formar ciudadanos que aspiraran a imitar no solo
las hazañas, sino sobre todo las virtudes de los héroes. No se trataba de repetir
literalmente sus actos, sino de interiorizar sus valores: el compromiso con el deber, la
búsqueda de la verdad, la fidelidad a la palabra dada, el respeto a los dioses y a los demás
seres humanos. La finalidad última era alcanzar la plenitud humana, vivir de acuerdo con
la excelencia propia del ser humano y contribuir al bien común, especialmente en el marco
de la polis (ciudad-estado), donde cada ciudadano tenía un rol activo que cumplir.
Una enseñanza vigente
Aunque los contextos históricos hayan cambiado, el ideal del héroe griego sigue siendo una
fuente de reflexión y aprendizaje. En una sociedad donde muchas veces se confunden éxito
con fama o poder, la figura del héroe como ejemplo ético, resistente, inteligente y
comprometido con su comunidad ofrece una lección profunda y duradera.
La paideia del héroe nos invita a preguntarnos:
● ¿Qué tipo de personas admiramos hoy?
● ¿Qué valores estamos cultivando en nuestra vida cotidiana?
● ¿Somos capaces de actuar con responsabilidad, integridad y sentido del deber
incluso ante las dificultades?
La verdadera grandeza, nos enseñan los griegos, no reside en lo espectacular ni en lo
inmediato, sino en el esfuerzo constante por vivir con sentido, responsabilidad y dignidad.
La figura del héroe, desde la perspectiva de la paideia, sigue siendo una guía para quienes
buscan una vida plena, justa y verdaderamente humana.
La Odisea es un extenso poema épico de unos 11.600 versos, dividido en 24 cantos por
editores alejandrinos, quienes lo organizaron siguiendo las letras del alfabeto griego.
Aunque comparte rasgos con La Ilíada —como el uso del lenguaje y ciertos elementos
culturales antiguos—, La Odisea presenta diferencias importantes en su contenido,
tratamiento de personajes y estructura narrativa, lo que indica que fue compuesta más
tarde.
La historia se centra en tres ejes principales:
1. El regreso de Ulises a Ítaca tras la guerra de Troya.
2. El viaje de su hijo Telémaco para buscar noticias de su padre.
3. Una serie de aventuras fantásticas inspiradas en relatos marineros, con monstruos,
islas misteriosas y peligros del mar.
La obra está dividida, temáticamente, en dos grandes partes. La primera (hasta la mitad del
canto 13) narra las aventuras y el viaje de Ulises, incluyendo la Telemaquia. La segunda
parte relata su llegada a Ítaca, el reencuentro con su hijo, y cómo planea y ejecuta la
recuperación de su casa y su posición.
La narración no sigue un orden cronológico. Comienza cuando Ulises está retenido por la
ninfa Calipso, y de inmediato se enfoca en Telémaco. Luego, tras una decisión de los
dioses, Ulises es liberado y llega a la isla de los feacios. Allí, cuenta en primera persona
todo lo que vivió desde que salió de Troya, en una especie de flashback que abarca cantos
9 a 12. Esta técnica narrativa, novedosa para la época, permite recuperar episodios clave
sin interrumpir la progresión principal del relato.
Una vez en Ítaca, Ulises se oculta y planifica su regreso. Se disfraza de mendigo, observa a
los pretendientes de Penélope, se reencuentra con Telémaco y, finalmente, ejecuta su
venganza. El poema concluye con un epílogo (canto 24) que incluye escenas adicionales,
como el reencuentro con su padre Laertes, posiblemente añadidas más tarde para enlazar
con otras historias del ciclo troyano.
La estructura de La Odisea demuestra una gran sofisticación narrativa: la combinación de
tiempos, los cambios de punto de vista, y la inclusión de relatos dentro del relato muestran
el trabajo de un compilador o poeta que conocía bien los recursos literarios. Estas técnicas
tendrían una enorme influencia en la literatura occidental posterior.