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Colonialidad: Poder y Explotación Global

La colonialidad designa un patrón estructural de poder originado por la conquista de América, que combina un sistema de dominación basado en la clasificación social jerárquica y un sistema de explotación bajo el capitalismo. Este concepto, desarrollado por Aníbal Quijano, se diferencia del colonialismo al referirse a la forma en que el trabajo, el conocimiento y las relaciones sociales se articulan en un contexto global capitalista. La colonialidad persiste como un elemento central en la estructuración de la sociedad latinoamericana, a pesar de la emancipación del siglo XIX que desmanteló el colonialismo.

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Colonialidad: Poder y Explotación Global

La colonialidad designa un patrón estructural de poder originado por la conquista de América, que combina un sistema de dominación basado en la clasificación social jerárquica y un sistema de explotación bajo el capitalismo. Este concepto, desarrollado por Aníbal Quijano, se diferencia del colonialismo al referirse a la forma en que el trabajo, el conocimiento y las relaciones sociales se articulan en un contexto global capitalista. La colonialidad persiste como un elemento central en la estructuración de la sociedad latinoamericana, a pesar de la emancipación del siglo XIX que desmanteló el colonialismo.

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PROYECTO: DICCIONARIO DEL PENSAMIENTO ALTERNATIVO II

Colonialidad
por Pablo Quintero (UBA - CONICET)

La categoría colonialidad o colonialidad del poder designa al patrón estructural de


poder específico de la modernidad, originado a partir de la conquista de América y la
subsecuente hegemonía planetaria europea. Se compone históricamente a partir de la
asociación entre un sistema de dominación asentado en un entramado de relaciones
sociales intersubjetivas, basadas en la clasificación social jerárquica de la población
mundial; y un sistema de explotación, que consiste en la articulación de todas las
formas conocidas de expropiación del trabajo conocidas en una única estructura
hegemonizada por el capitalismo. La colonialidad es, en este sentido, uno de los
elementos constitutivos del patrón global de poder capitalista. La conceptualización de
la colonialidad, supone que con la constitución de América, el emergente poder
capitalista se hace mundial, sus centros hegemónicos se localizan en las zonas situadas
sobre el Atlántico -que después se identificarán como Europa-, y como eje central de
su nuevo patrón de dominación se establece la colonialidad (Quijano, 2000b). Según
Aníbal Quijano (2000a) la colonialidad, se compone históricamente sobre la asociación
estructural de dos ejes centrales que fueron constituyéndose a partir de la conquista
de América, entre fines del siglo XV y principios del siglo XVI. El primero de estos ejes
consiste, ante todo, en un sistema de dominación asentado en un entramado de
relaciones sociales intersubjetivas, basadas en la clasificación social jerárquica de la
población mundial, sostenida en la configuración y naturalización de la idea de “raza”
(Quijano, 1993). La idea de raza como categoría central de la clasificación social
colonial, desempeñará un papel medular dentro de las nuevas identidades
geoculturales globales que se constituyeron históricamente con el colonialismo
hispánico, articulándose posteriormente en una misma trama de estratificación social,
con otras formas de clasificación basadas en la idea de clase y en las ideas de
“género”/sexualidad, estas últimas son muy probablemente las modalidades más
antiguas de clasificación social, pero fueron reconstituidas dentro de un nuevo marco
de sentidos asociados a la colonialidad (Quijano, 2000a). Es en este sentido que la de
idea de raza y el complejo ideológico del racismo, impregnan todos y cada uno de los
ámbitos de existencia social y constituyen la más profunda y eficaz forma de
dominación social, material e intersubjetiva (Quijano, 2001), por ende la naturalización
de la idea de raza y sus concomitantes ha dispuesto que la posición subalterna de las
poblaciones derrotadas en el conflicto histórico de la conquista -y las
subsecuentemente sometidas por el específico e histórico patrón de poder de
la colonialidad- sea considerada no como el resultado de un conflicto de poder sino
como la derivación lógica de una inferioridad esencial en su naturaleza. El segundo eje
estructural de la colonialidad, está compuesto por un sistema de explotación que se
gestó en el mismo movimiento histórico de producción y de control de subjetividades
que da origen a los ejercicios clasificatorios descritos en el primer eje. En este sentido,
con la conquista de América, comienza a constituirse paralelamente un nuevo sistema
de control del trabajo, que consiste en la articulación de todas las formas de
explotación conocidas hasta entonces (esclavitud, servidumbre, pequeña producción
mercantil, etc.), en una única estructura heterogénea de producción de mercancías
para el mercado mundial, alrededor de la hegemonía del capitalismo (Quijano, 2001).
El capitalismo se desarrolló desintegrando a todas las antiguas modalidades societales
de trabajo, absorbiendo y redefiniendo todos los fragmentos estructurales anteriores
que le fueran útiles, al tiempo que generalizaba la mercantilización de todos los
procesos sociales de producción y distribución. Debido a su propio carácter, el
capitalismo ha articulado históricamente diferentes formas de explotación
desarrolladas en las más diversas latitudes, configurando un único orden mundial
encarnado en el control global del trabajo. Asociados a estos dos ejes de
la colonialidad, se yerguen dos procesos constitutivos fundamentales y conexos, a
saber: el establecimiento de un nuevo sistema de control generalizado de la autoridad
colectiva (o pública) que girará paulatinamente en torno a la hegemonía del Estado
(Quijano, 2001) en asociación con la progresiva configuración de un sistema de Estados
conformados por los dominadores del actual patrón de poder, del cual serán excluidas
las poblaciones subalternas, al menos hasta bien entrado el siglo XIX. En asociación
directa al proceso anterior, se funda un nuevo sistema de producción y control de las
relaciones (inter)subjetivas que fue elaborado y sistematizado a mediados del siglo
XVII en Europa, como parte del eurocentramiento del patrón de poder
moderno/colonial, y que puede ser denominado como eurocentrismo (Quijano, 1997).
El eurocentrismo está caracterizado por un conjunto de imaginarios sociales y de
perspectivas de conocimiento, dependientes tanto de las exigencias del capitalismo,
como de la necesidad de los colonizadores de perpetuar y naturalizar su dominación.
Esto ha incluido históricamente la apropiación de los logros intelectuales e incluso
tecnológicos de los colonizados (Quijano, 1993). No obstante, el rasgo más potente del
eurocentrismo ha sido un modo de imponer sobre los dominados un espejo
distorsionante que les obligará, en adelante, a verse con los ojos del dominador,
bloqueando y encubriendo la perspectiva histórica y cultural autónoma de los
dominados bajo ese patrón de poder. Debe notarse que el concepto
de colonialidad difiere de la noción de “colonialismo”. Colonialismo designa una
relación política y económica, en la cual la soberanía de un pueblo reside en el poder
de otro pueblo o nación que explota la naturaleza y productos del trabajo de los
colonizados. En contraposición a esto, la colonialidad se refiere a un patrón de poder
que emergió como resultado del colonialismo moderno, pero que en lugar de estar
limitado a una relación de poder entre dos pueblos o naciones, más bien da cuenta de
la forma como el trabajo, el conocimiento, la autoridad y las relaciones intersubjetivas
se articulan entre sí a través del mercado capitalista mundial y de la diferencia colonial
(Mignolo, 2003). Así, pues, aunque el colonialismo precede temporalmente a
la colonialidad, esta última, en tanto patrón de poder, sobrevive al colonialismo. En
este mismo sentido, la categoría colonialidad no designa simplemente a una
“herencia” colonial sino más bien al modelo estructural de dominación, explotación y
conflicto originado con el colonialismo global europeo, pero reconfigurado
constantemente durante el largo tiempo histórico de la modernidad. Por ende, se
habla de un patrón de poder, en tanto que sistema ordenador y acumulativo de las
relaciones sociales en la trama histórica de América Latina. De esta manera, la
emancipación latinoamericana del siglo XIX desmanteló al colonialismo pero no a
la colonialidad. La colonialidad sigue siendo el elemento central de la estructuración de
la sociedad, ya que tanto sus ejes centrales, como sus dinámicas de dominación,
explotación y conflicto, siguen (re)produciendo las modalidades de existencia social en
América Latina. Los orígenes de la categoría colonialidad remiten directamente a las
investigaciones y propuestas teóricas del sociólogo peruano Aníbal Quijano, progenitor
de la noción en América Latina. A inicios de la década de los ´90 Quijano propone el
término en un texto individual (Quijano, 1991) y en un escrito en conjunto con
Immanuel Wallerstein (Quijano y Wallerstein, 1992). En sus publicaciones
subsiguientes Quijano ampliará y reformulará la categoría, articulándola con sus
propuestas teóricas. La idea de colonialidad es por ende indisociable de los modelos
analíticos de Quijano, particularmente de su teoría sobre el poder (Quijano, 2000a y
2001), de sus estudios sobre la dominación cultural (Quijano, 1980 y 1997) y de sus
formulaciones sobre la heterogeneidad estructural de América Latina (Quijano, 1988 y
1990). En las elaboraciones de Quijano el concepto colonialidad y colonialidad del
poder son permutables, no así en las producciones posteriores de otros autores. En la
última década se ha generado una honda expansión de la categoría y de sus usos,
siendo esgrimida actualmente de muy diversas formas incluso más allá de América
Latina. El uso más extendido y significativo de la propuesta de la colonialidad está
ligado a lo que se ha conocido como el “proyecto
modernidad/colonialidad/decolonialidad” que reúne a un conjunto heterogéneo de
intelectuales-activistas latinoamericanos en torno al debate sobre estas problemáticas
(Escobar, 2005). Desde allí, se han propuesto distintos usos y flexiones del
término colonialidad con el fin de profundizar y enfocar diferentes ámbitos o
problemáticas; entre las flexiones más extendidas de la noción se encuentran:
colonialidad del saber, colonialidad del ser y colonialidad de la naturaleza.

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