La leyenda de Tanabata
Esta leyenda se originó en China, pero también se
transmite en Japón y Corea. Se dice que un día Orihime, hija
del rey Tenkou, estaba tejiendo en la orilla del río
Amanogawa y apareció un pastor, que se llamaba
Hikoboshi. Los jóvenes se saludaron, conversaron un rato y
se enamoraron rápidamente.
El rey se enteró de que su hija amaba al joven, le dijo a ella
que tenía que casarse con Hikoboshi y se ocupó de
organizar la boda. La princesa y el pastor contrajeron
matrimonio, pero estaban tan enamorados y felices que
dejaron de ocuparse de sus deberes; ella ya no tejía y él ya
no cuidaba las ovejas.
El padre se disgustó con esta situación, como era un
hombre muy poderoso, les prohibió a los enamorados que
se vieran y los convirtió en estrellas, entre las que puso el
río Amanogawa.
La princesa estaba desesperada y le suplicó a su padre que
tuviera piedad. El monarca accedió a los ruegos de su hija y
le dijo que solo se podía encontrar con su esposo si cumplía
con sus tareas.
Ella trabajó muy duro y pudo ver a Hikoboshi, pero había un
río entre los dos que no les permitía acercarse. Orihime se
puso a llorar y de sus lágrimas surgieron unas urracas que
construyeron un puente sobre el río. Finalmente, los jóvenes
pudieron encontrarse cara a cara, pero no por mucho
tiempo porque tenían que continuar realizando sus
obligaciones.
Esta leyenda explica el origen de dos estrellas que se
pueden ver en el polo norte en verano. Orihime se
transformó en una estrella que se llama Vega y Hikoboshi
en aquella que se llama Altair. Los dos astros están
separados por la Vía Láctea, que según esta historia es el
río Amanogawa.
El 7 de julio en Japón se celebra Tanabata, una fiesta en la
que se recuerda esta leyenda, porque ese día en la Vía
Láctea se dibuja una línea que une a Vega con Altair, como
si esa raya fuera el puente que une a Orihime y a
Hikoboshi.
La leyenda de Basaseachi
Esta es una leyenda mexicana que explica el origen de la
cascada Basaseachi. Según esta historia, había un rey,
Candameña, que tenía una hija.
La princesa era muy bella y ya tenía edad de casarse, pero
su padre no quería que contrajera matrimonio con cualquier
hombre, sino con alguno que fuera digno de ella. Muchos
jóvenes se presentaron en el palacio del rey como
pretendientes de la mano de su hija, pero solo cuatro fueron
elegidos como posibles esposos.
Candameña les dijo a los cuatro jóvenes que tendrían que
pasar por una serie de pruebas para demostrar su fuerza,
honor y valentía y que solo aquel que superara todos los
retos se casaría con la princesa. Padre e hija se sentaron en
la cima de la montaña para ver cómo estos hombres
realizaban las tareas. Ellos pudieron hacer las tres primeras
con mucho esfuerzo, pero en la cuarta todos fallecieron.
La princesa se dio cuenta de que ningún mortal podría
superar esas pruebas y que todo había sido un engaño de
su padre para evitar que ella se casara. Ella se puso muy
triste y se tiró de la montaña, pero no se hizo daño, porque
un brujo lanzó un hechizo para que la joven se transformara
en una cascada.
La leyenda del Caleuche
Esta leyenda se originó en Chiloé, una isla que se encuentra
en el sur de Chile. En este lugar surgieron muchas historias
sobre diversos seres fantásticos, por ejemplo, los brujos,
quienes son los protagonistas de este relato.
Según cuenta la leyenda, el Caleuche es un barco que solo
puede ser visto en las noches de neblina. Se dice que los
brujos son los dueños de esta embarcación y que allí
realizan fiestas y otras actividades.
Estos brujos pueden bajar a tierra y parecen personas
comunes, pero se los diferencia porque si se les da un
apretón de manos, estas siempre están muy frías. Se
supone que van a tierra firme para buscar nuevos
tripulantes que, ni bien suben a la nave, se convierten en
esclavos.
En el presente hay muchas personas que creen en esta
leyenda y, por eso, toman precauciones por temor a
convertirse en esclavos de los brujos, como no cantar ni
silbar cuando se navega o se pesca.
La leyenda de los cuatro dragones
Según esta leyenda existían cuatro dragones, el rojo, el
amarillo, el negro y el blanco, que vivían en el mar del este.
Cierta vez los dragones se alejaron de su hogar volando y
vieron que en la tierra había una aldea y cosechas, plantas
y ríos secos.
Los dragones se acercaron un poco a la aldea y escucharon
que las personas con su canto pedían que lloviera para
tener ríos de donde beber agua y para que sus cosechas
mejoraran.
Los dragones sabían que era cuestión de vida o muerte
para esta gente y, por eso, fueron al palacio de Jade, el
emperador del cielo. Cuando estos seres llegaron, el
monarca se enojó porque lo despertaron y les dijo que
volvieran al mar del este.
Pero ellos le explicaron que la gente necesitaba agua,
entonces el emperador les prometió que al otro día llovería.
Ellos le creyeron y volvieron a su hogar.
Sin embargo, pasaron los días, no había llovido y no se veía
ni una sola nube en el cielo. El dragón negro les dijo a los
demás que Jade no resolvería el problema y que ellos
podían solucionarlo si llenaban sus bocas de agua y la
escupían en el cielo.
Los cuatro dragones bajaron volando hasta el mar, llenaron
sus bocas con agua, subieron al cielo y la soltaron.
Repitieron esto muchas veces hasta que se dieron cuenta
de que en la tierra llovía.
Ellos fueron a la aldea y vieron que las personas estaban
bailando bajo la lluvia, porque estaban muy contentas. Sin
embargo, el emperador estaba furioso, entonces les pidió a
sus guardias que fueran a buscar a los dragones.
Los guardias capturaron a los cuatro héroes y encerraron a
cada uno en una montaña. Pero los dragones querían ser
útiles para la gente, entonces se transformaron en ríos y,
así, nunca faltó el agua en la tierra.
La leyenda de Olentzero
Esta es una leyenda vasca que cuenta la historia de un
gigante muy bondadoso. Cierta vez los duendes estaban
caminando por el bosque y escucharon un sonido extraño.
Se encontraron con un hada y juntos fueron a averiguar qué
producía ese ruido.
Cerca del río vieron que un arbusto se movía, se asomaron
y se dieron cuenta de que había un bebé llorando. El hada
le dijo al recién nacido que se llamaría Olentzero, le regaló
el don de la solidaridad y lo llevó con una pareja que no
tenía hijos.
El hombre y la mujer cuidaron del bebé que, a medida que
fue creciendo, fue aprendiendo a cortar leña. Cuando
Olentzero era adulto, sus padres fallecieron.
Un día estaba nevando muy fuerte, las personas de la aldea
no podían salir de sus hogares, casi no tenían madera para
sus chimeneas y tenían mucho frío. Olentzero, que ya era
un gigante, fue a todas las casas del pueblo para compartir
su leña.
Los pueblerinos aprendieron una importante lección:
siempre tenían que guardar leña de más en sus casas. El
gigante no tuvo que llevársela nunca más, pero era tan
generoso que comenzó a construir juguetes de madera y se
los regaló a los niños en Navidad.
La leyenda del puma y la luna
Esta es una leyenda de los mapuches, un pueblo originario
del sur de Chile y de Argentina. Se dice que un puma, que
vivía en el bosque y que era muy valiente, un día comenzó
a sentirse muy solo.
Una noche el felino estaba descansando al costado de un
río y vio la luna. La luz de la luna le llamó la atención y lo
deslumbró y, por eso, el puma no pudo dejar de mirarla.
Empezó a seguirla y caminó muchos kilómetros para no
perderle el rastro.
Vio que la luna se ocultaba detrás de una montaña y
comenzó a trepar, pero cuando llegó a la cima, no la podía
ver. Salió el sol y el puma se sintió solo otra vez.
Cuando oscureció, el puma se dirigió al mismo sitio en el
que había visto la luna por primera vez, esta apareció, el
animal se sintió acompañado y la siguió tal como lo había
hecho la noche anterior.
Al tercer día hizo lo mismo, pero al cuarto día no pudo
encontrarla en ningún lugar. Se entristeció porque
extrañaba la luz blanca y brillante, se acostó al costado de
un lago y se quedó dormido.
Cuando despertó, era de noche y vio el reflejo de la luna en
el agua. Le parecía que era gigante y no podía creer que
estuviera tan cerca. Tan bien le hacía su compañía que saltó
al lago, pero nunca salió de este. Se cree que el puma
ahora está en otro lugar y que siempre lo acompaña la luna.