Sotelo, gracias K.
Cross
PULLING HEARTSTRINGS
ALEXA RILEY
Sotelo, gracias K. Cross
Dedicado al día después de San Valentín...
Cuando todo el chocolate está al 50% de descuento.
Sotelo, gracias K. Cross
Cupid Gets Struck
Astrid ha vuelto a casa después de terminar la escuela culinaria
y está lista para su primera entrevista de trabajo. Su nuevo jefe
le resulta familiar y le mueve la fibra sensible.
Cupid ha estado esperando hasta que Astrid se graduara y
regresara a su ciudad natal. Armado con un imperio que
construyó solo para ella, finalmente le confesará que ha estado
ahí todo el tiempo.
Advertencia: Esta novela rápida de San Valentín es azucarada
y está lista para que le des un mordisco. Descubre lo que ocurre
cuando Cupid finalmente reclama su amor.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 1
ASTRID
— ¿Estás segura de que Nicky no puede contratarte
permanentemente?— pregunta Star, dándole otro mordisco al pastel
de merengue de limón que he hecho. No está bromeando al cien por
cien, y la adoro. Es mi segunda fan más grande, detrás de mi hermano,
y los quiero mucho a los dos. Me hacen creer que puedo tener una
oportunidad de luchar en el mundo. Ellos y mi mejor amigo Cupid.
Aunque él nunca ha probado mis dulces.
Mucha gente cree que el pastel de merengue de limón es un
postre difícil de hacer, pero no lo es. Al menos, no para mí. Creo que
uno de los rasgos más valiosos como pastelera es la paciencia. No
puedes apurar la perfección, y tampoco puedes quitarle los ojos de
encima.
—He apreciado el trabajo temporal, pero las finanzas realmente
no son mi pasión. — Me río. — ¿Quieres que mi hermano me contrate
como su pastelera personal?
—Quiero decir, estoy segura de que pronto estaré embarazada.
Necesitaré muchos dulces. — Lo siguiente que hace es coger uno de
mis eclairs. Realmente le encanta todo lo que hago. Tanto es así que
me hizo hacer su pastel de bodas.
—Así es como pago mi alquiler en este momento. Ya estoy como
contratada aquí. —digo, señalando la cocina. El lugar parece que una
bomba de postres explotó en él. Puede que sepa hornear, pero siempre
dejo un rastro de desorden detrás de mí.
No hay mucho espacio en la encimera, lo cual es ridículo porque
aunque esta cocina sea la de una casa personal, es más grande que
los apartamentos de algunas personas. En este momento, me he
apoderado completamente de la cocina, y a mi hermano nunca le ha
importado. Ahora creo que eso va a empezar a cambiar. No solo Star
se ha mudado con él, sino que también se han casado hace unas
semanas.
Sotelo, gracias K. Cross
Hacía poco que habían vuelto de su luna de miel, y estoy
empezando a sentirme fuera de lugar. No quiero ser su tercera rueda.
Tampoco quiero que tengan que sentarme y hablar conmigo para
encontrar mi propio espacio. Ese rechazo ardería, y aun sabiendo que
tendrían razón al pedirlo, no quiero que se llegue a ese punto.
Cuando mi hermano Nick me dijo que podía quedarme con él
después de graduarme en la escuela culinaria, había sido un adicto al
trabajo que nunca estaba en casa. Las cosas han cambiado
definitivamente en el poco tiempo transcurrido desde que encontró a
su Star. Me encantan juntos, pero sería una mentirosa si no admitiera
que estoy un poco celosa de lo que tienen.
Nick no es mi hermano de sangre. Crecimos juntos en el sistema
de acogida, y siempre me vigiló de cerca incluso cuando había
envejecido. Es la única familia de verdad que tengo, y me da miedo
pensar que se me pueda escapar de las manos porque ahora está
empezando una propia.
Estoy segura de que Star tiene razón, y en poco tiempo estará
embarazada porque no pueden dejar de tocarse. Deseo tanto eso para
ellos, y ambos lo merecen, pero ya no estoy segura de cuál es mi lugar.
Sé que no es dentro de su casa y que necesito encontrar un lugar
propio, además de un trabajo.
—No pagas alquiler. — dice Nick, entrando en la cocina.
Se dirige directamente a Star y la besa larga y duramente en la
boca. Me alejo de ellos, sin querer entrometerme más de lo que ya
estoy.
—Sabes delicioso. — le oigo decir. Empiezo a escabullirme de la
cocina, pero mi hermano me llama para que vuelva. —No hace falta
que te vayas. — Me sonríe, algo que hace más a menudo ahora.
—En realidad sí. Tengo que prepararme para mi entrevista.
Prometo que limpiaré cuando vuelva.
—Está bien, ya lo sabes. — trata de tranquilizarme Nick.
—Los veré más tarde. — Les hago un pequeño saludo con la
mano antes de dirigirme a mi dormitorio para prepararme para mi
entrevista, mi primera entrevista. Todavía no le he dicho a mi hermano
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con quién es la entrevista. Ya le di vueltas a la pregunta cuando me la
hizo una vez.
No sé por qué, porque estoy segura de que pronto lo sabrá. Creo
que una parte de mí no quiere que intente mover los hilos para
ayudarme a conseguir el trabajo. Quiero conseguirlo porque soy buena
en lo que hago y no porque Q sea uno de los amigos de mi hermano.
De hecho, no tenía ni idea de quién era hasta hace poco, cuando lo
conocí formalmente en la boda de mi hermano.
Me buscó cuando se enteró de que había hecho el pastel esa
noche, aunque ya había sentido sus ojos sobre mí antes de eso. No sé
cómo terminé con una entrevista. Estaba hecha un lío cuando se sentó
a mi lado y elogió mi pastel.
Me invitó a su restaurante, diciendo que necesitaban ayuda con
sus postres, algo que necesitan urgentemente con el Día de San
Valentín a la vuelta de la esquina. Apuesto a que se arrepintió de la
invitación unos segundos después de dármela. Fui y derramé mi
bebida justo en su regazo cuando sus ojos se fijaron en los míos.
Había retrocedido en el tiempo hasta cuando era una niña de
trece años. Sus ojos azul oscuro eran iguales a los de Austin, mi
primer enamoramiento. Era el chico que nunca podría olvidar, incluso
todos estos años después. Era como si estuviera ahí de nuevo,
robándome el aire de los pulmones como siempre hacía cuando era
una niña.
Es una locura, porque Q no se parece en nada a mi Austin,
excepto en sus ojos. Aunque los de Austin solían estar ocultos tras
unas gafas la mayoría de las veces. Era un poco tonto y el único chico
que no sobresalía por encima de mí. Era diferente a todos los demás,
y creo que por eso me enamoré tanto de él.
Ahora Q Hart es más grande que la vida. El hombre es
probablemente dos pies más alto que yo y es conocido por sus
hermosos restaurantes. También es conocido por ser uno de los
solteros más atractivos y codiciados de la ciudad. O eso es lo que leí
en Internet después de acechar un poco. Puede que no sea Austin,
pero ni siquiera yo podía negar que el hombre estaba muy bueno. Me
sorprendió mi atracción por él, pero estaba ahí.
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Q se levantó de su asiento cuando derramé mi bebida y fue a
limpiarse. Casi hui de la boda, agradeciendo que mi hermano no
pudiera apartar las manos de su nueva novia y abandonara su propia
fiesta antes de tiempo. Me sorprendió que me llamara para fijar la hora
de entrada. No estoy segura de lo que haré, pero mi plan es llevar un
puñado de postres para que los pruebe. Puede que sea un poco
desastre a veces, pero sé hornear. Es lo único que se me da bien.
Cuando era pequeña y tenía la oportunidad de usar la cocina,
fingía que estaba horneando para mi marido y mis hijos y los mimaba
con mis golosinas. Era mi forma de jugar a la fantasía. En esos raros
momentos, me hacía la ilusión de tener mi propia familia. Siempre
cogía mis extras y se los daba a Austin. Hasta que se fue y se mudó.
Me detengo en el espejo cuando termino de arreglarme, dándome
cuenta de que podría haberme dejado caer en la fantasía una vez más.
Con mi pequeño cárdigan rosa y mi falda larga, parezco salida de los
años cincuenta.
Saco mi teléfono y pienso hacer una foto para enviársela a Cupid
cuando veo que ya tengo un mensaje suyo.
Cupid: Buena suerte, dulzura.
Me encanta cuando me llama dulzura. Lleva haciéndolo desde
que nos encontramos en una web de cocina online hace años.
Empezamos a hablar en los comentarios de la web Cupid's Love of
Sweets, que era su blog.
Pronto pasamos a los correos electrónicos y luego a los mensajes
de texto, y desde el principio he estado enamorada de él. Coquetea,
pero nunca va más allá. Últimamente incluso le envié algunas fotos,
esperando que me devolviera una, pero no hubo suerte. ¿Cómo puedo
estar medio enamorada de un hombre al que nunca he visto? Pero eso
no me importa. Nadie me conoce mejor que Cupid. Años de mensajes
y correos electrónicos nos han convertido en algo más que amigos, o
al menos eso es lo que siento.
Sé que Cupid vive aquí en la ciudad, y pensé que cuando volviera
de California me pediría que nos viéramos en persona, pero no lo ha
hecho. Cada día que no lo pide, mi corazón se rompe un poco más. Es
Sotelo, gracias K. Cross
la primera persona a la que he dejado entrar desde mi tonto
enamoramiento de Austin cuando era pequeña.
Yo: Gracias
Comprobando la hora, me salto la foto, no queriendo parecer
demasiado necesitada. El traje tendrá que servir, ya que no tengo
tiempo de cambiarme ahora. Lo dejo estar y me apresuro a ir a la
cocina a recoger mis golosinas. Puede que no consiga mi fantasía de
tener una familia, pero tal vez pueda al menos conseguir un trabajo.
Uno que me haya ganado yo sola.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 2
CUPID
Estoy paseando por el restaurante y haciendo la cuenta atrás
hasta que llegue Astrid. Cuando compruebo mi reloj, veo que aún
faltan siete minutos y once segundos para que llegue, pero no soporto
la espera.
Verla en la boda y que no me reconociera fue un golpe, pero no
voy a dejar que eso arruine mi plan. Era la primera vez que la veía en
años, y por supuesto no me reconoció. He cambiado mucho desde la
última vez que me vio, cuando solo tenía quince años y ella trece.
Mis padres decidieron que era una gran idea que nos
mudáramos en mi segundo año de instituto, y por aquel entonces no
tenía un teléfono móvil ni una forma de ponerme en contacto con ella.
Además, habría sido demasiado tímido para decir algo de todos
modos.
Era un chico regordete que llegó tarde a la pubertad y seguía
siendo más bajo que la mayoría de los chicos de la escuela. El acné,
las gafas y la voz chillona me hacían mantener la barbilla baja y
permanecer en silencio la mayoría de los días, pero cuando veía a
Astrid, era como si el sol saliera solo para mí.
Claro, era la hermana pequeña de mi mejor amigo, pero más
tarde, cuando volví a estar en contacto con Nick, me enteré de que iba
a la escuela culinaria del oeste. Ella hablaba de eso cuando éramos
niños, y sabía que era su sueño. Solo que nunca consideré lo que
significaría para ella mudarse al otro lado del país y lejos de mí. Bueno,
tal vez no lejos de mí, pero eso es lo que sentía. No podía perseguirla
y decirle que volviera a casa, pero lo que sí podía hacer era construir
un imperio para que volviera. Así que eso es lo que hice.
He estado enamorado de Astrid desde que supe lo que era el
amor, pero ella no tiene ni idea de que existo. Lo demostró en la boda.
Si alguna vez sintió algo por mí cuando éramos jóvenes, no lo
demostró, o al menos no sintió la misma chispa que yo. Tal vez sea
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porque he crecido un metro y medio y he ganado casi cien kilos de
músculo desde la última vez que me vio. Mi pelo se oscureció y me
creció la barba, pero una parte de mí pensó que en el fondo ella
seguiría viéndome en algún lugar de su interior.
Aquella noche pasaron muchas cosas, y solo hablamos un breve
segundo antes de que me derramara la bebida encima, pero seguía
siendo como estar a la luz del sol y rodeado de calor estando a su lado.
Cuando éramos niños, nunca me llamaba por mi nombre de pila.
Mis padres me llamaban Cupid Austin Smith, así que en el colegio me
llamaba por mi segundo nombre y me aseguraba de que nadie supiera
mi nombre de pila. Era embarazoso tener el nombre de Cupido, pero
al final no lo odié y ahora todo el mundo me llama Q. Uso el apellido
de soltera de mi madre, Hart, para los negocios porque es más fácil
separar el trabajo de mis cosas personales, así que aunque Astrid me
conozca por Q Hart, no sabría enseguida que soy yo.
Comprobando mi reloj, veo que le quedan dos minutos y
diecisiete segundos para llegar tarde. Debería haberme ofrecido a
recogerla, pero eso probablemente habría sido raro.
La puerta principal del restaurante se abre y me doy la vuelta
para verla entrar con una caja de pastelería blanca. Ni siquiera
pretendo hacerme el interesante, y me apresuro a acercarme lo más
rápido posible.
—Lo siento, habría llegado antes, pero el tráfico era un desastre.
—Llegas pronto. — suelto y trato de hacerme interesante.
Normalmente soy una persona segura de sí misma con una docena de
negocios en mi haber y una lista de restaurantes que administro y de
los que soy propietario. Pero una simple conversación con la chica que
me robó el corazón cuando era un niño y soy un tonto torpe. — ¿Qué
hay en la caja?
—Postres. — Su sonrisa casi me hace caer, y me recuerdo a mí
mismo que debo respirar. —Pensé que sería bueno traer algunas
muestras. Sé que te gustó el pastel de boda, pero quería enseñarte de
qué más soy capaz.
—Estoy deseando probarlos. — Le quito la caja y me quedo ahí,
memorizando su cara porque hace mucho que no la veo.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Deberíamos sentarnos?— Se muerde el labio, y quiero patear
mi propio culo por ser tan tonto.
—Sí, quiero decir, claro, vamos por aquí. — Le hago un gesto con
la cabeza hacia una de las mesas privadas cercanas a la ventana y
cojo los cubiertos por el camino.
El restaurante no abre hasta la noche, y es temprano. El
personal de cocina aún no ha llegado, y me alegro de tenerla para mí
solo. Por fin.
— ¿Café?— Pregunto, cogiendo la cafetera que preparé para
cuando ella llegara. Asiente y le sirvo una taza, añadiendo una pizca
de canela por encima como a ella le gustaba.
— ¿Cómo sabías que me gustaba la canela en el café? —Ladea
la cabeza y me doy cuenta de mi error.
— ¿A la mayoría de la gente no le gusta?— digo y luego trato de
cubrir mis huellas. — ¿Por qué no me hablas de tu formación y de tu
especialidad?
Da un sorbo a su café y luego tararea en señal de agradecimiento
mientras empieza a hablar de la escuela de cocina y de su amor por la
repostería. Podría sentarme así durante horas simplemente
escuchándola hablar y describir la hojaldre de la masa laminada. La
forma en que dice “mantequilla” es lo más bonito del mundo.
—Tengo un evento la semana que viene y me gustaría contratarte
para él. — digo mientras saco el tenedor de la servilleta y abro la caja.
—Todavía no has probado mis postres. — sonríe tímidamente, y
Dios, me calienta por dentro.
—No necesito hacerlo. Es obvio que tienes talento, me di cuenta
por el pastel de boda. Pero viendo lo apasionada que eres por la cocina,
eso es exactamente lo que estoy buscando. — Sus mejillas se sonrojan
y se mira las manos mientras cojo un trozo de pastel. Cuando tarareo
agradecido, sus ojos se fijan en los míos.
— ¿Te gusta?
—Nunca he comido nada tan dulce. — Las palabras salen de mi
boca y me doy cuenta de que puede sonar mal. —Es perfecto. —
corrijo, y veo que su sonrisa se amplía.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Y qué tipo de evento es?
—Es por San Valentín. — insinúo, dando un mordisco a un
pastel de chocolate. —Es una gran fiesta, así que necesitaré un pastel.
—Me encanta hacer pasteles. ¿En qué tipo estás pensando?
— ¿Cuál es tu favorito?— Gimo cuando pruebo el chocolate, y
ella se acicala.
—Me encanta el pastel de fresa con glaseado de queso crema,
pero es tu fiesta; deberías elegir lo que quieras.
—Creo que el pastel de fresa con glaseado de queso crema es el
pastel perfecto.
— ¿De verdad?
Asiento y como otra cosa que tiene caramelo y manzanas. Está
tan bueno que sigo comiendo hasta que se acaba.
— ¿Puedes hacerme otra caja como esta ahora mismo en mi
cocina?
Se ríe como si estuviera bromeando, pero cuando no me río con
ella, se queda seria. — ¿Hablas en serio?
— ¿Quiero comer tus golosinas todo el día?— Mi sonrisa es lenta
y constante mientras la miro de arriba abajo. —Sí, hablo en serio
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Capítulo 3
ASTRID
Esos ojos. Me están volviendo loca. Cuanto más los miro, más
segura estoy de que son de Austin. ¿Podrían ser parientes? La idea de
que eso sea posible hace que me recorran emociones encontradas.
Los ojos de Q no se apartan de mí mientras revoloteo por su
impresionante cocina, preparándole más dulces. En mi opinión, este
lugar es una obra de arte, y si alguien pudiera haber sacado de mi
mente el diseño perfecto de una cocina comercial, sería este.
—No puedo creer que tengas una zona entera para los postres.
— La enorme cocina está dividida en dos secciones, una al lado de la
otra, y tiene otro espacio entero para hornear.
—Quiero tener una carta de postres completa en el futuro, no
solo un puñado de artículos. Sabía que el chef necesitaría su propia
zona, y lo planifiqué.
—Es un espacio de ensueño. — admito, deseando este trabajo
más y más por segundo.
—De hecho, estaba pensando en tener un menú de aperitivos de
postres también. — Levanto la cabeza para mirarlo. — ¿Qué?— sonríe,
y juro que es una sonrisa de complicidad.
—Nada, es una idea que he barajado con un amigo. Que los
restaurantes deberían poner algunos dulces en la carta de aperitivos.
Nada despierta el hambre como el azúcar.
—No puedo estar más de acuerdo. Nosotros también servimos
siempre pan al principio. Normalmente es un pan moreno y otro
blanco, pero ¿qué tal si servimos un pan dulce y otro blanco?
— ¡Como un pandoro!— Chillo demasiado fuerte y el calor me
sube a las mejillas. Dios mío. ¿Qué me pasa? Tengo que actuar como
un adulto y no como una niña emocionada.
Sotelo, gracias K. Cross
—Pandoro. — Q gime la palabra, cerrando los ojos como si la
estuviera saboreando.
El calor que se precipitó a mi cara se desplaza por todo mi cuerpo
mientras lo observo. Desde que entré por la puerta de su restaurante,
he percibido que algo bullía entre nosotros. Me digo a mí misma que
estoy perdiendo la cabeza. Es imposible que este hombre esté
interesado en mí de esa manera. No solo porque se trata de Q, sino
porque se supone que mi corazón pertenece a Cupid. No puedo estar
coqueteando y enviando señales contradictorias. No es que sepa
coquetear... a menos que derramar bebidas sobre la gente sea
coquetear.
Puede que Cupid no quiera tu corazón, me recuerda mi estúpido
cerebro, y tampoco es que Q vaya a quererlo. Tengo que dejar de
hablar conmigo misma en mi cabeza.
—Me encanta el azúcar en polvo. — suelto. Ya está. Eso es algo
que puedo afirmar que me gusta fácilmente, y también me gusta a mí.
Especialmente mis caderas.
—Estoy sorprendido. — Q se aparta de la pared en la que está
apoyado y despeja el espacio entre nosotros. Se ha quitado la chaqueta
del traje y se ha remangado la camisa abotonada. Observo con
atención cómo sus ojos se fijan en los míos. Se me corta la respiración
cuando levanta la mano y me pasa el pulgar por la mejilla. Cuando lo
retira, veo un rastro de polvo blanco.
—Soy un poco desastre cuando cocino. Lo siento. — Se lleva el
pulgar a la boca, chupando el polvo, y mis ojos se dirigen a sus labios
carnosos.
—No eres un desastre, dulzura. — dice mientras empieza a
inclinarse. ¿Va a besarme? No, eso no puede ser. Mis manos salen
disparadas, presionando contra su ancho y duro pecho para
detenerlo, y sus cejas se levantan con sorpresa.
— ¿Cómo me has llamado?
— ¿Astrid?
Sacudo la cabeza porque no es eso lo que ha dicho. —Dulzura.
— repito. —Me has llamado dulzura.
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—Puede ser. — Se encoge de hombros. —Llamo así a mucha
gente. Como querida o cariño.
Vuelvo a presionar su pecho, pero no se mueve. Doy un paso
atrás, preguntándome qué me pasa. Casi dejo que me bese mientras
estoy haciendo una entrevista de trabajo.
—Lo siento. — dice, con la voz baja.
—No pasa nada. — Intento quitármelo de encima y devolver mi
atención al glaseado que estaba haciendo. Los celos me irritan al
pensar que llama a otras personas con esos nombres. ¿Se lo hace a
su personal? Puede que solo esté coqueteando y que yo lo esté
interpretando mal porque es muy guapo. Empiezo a pensar que este
trabajo podría no ser una buena idea.
—No está bien. Te he mentido. — Vuelvo a levantar la cabeza. —
No llamo a otras personas dulzura o querida. Dulzura te queda bien.
—Supongo. — Star y mi hermano siempre dicen que huelo a
azúcar.
— ¿Sientes esto, Astrid?— Apoya las dos manos en el mostrador
junto a mí.
—No sé qué pasa, pero tengo novio. — me apresuro a decir,
prácticamente gritando la palabra “novio”.
—Entonces tu novio es un idiota. — Se aparta y luego se acerca
a la pared para apoyarse en ella y verme hornear. Cruza los brazos
sobre el pecho, con cara de cabreo. —Si fueras mía, seguro que no
serías mi novia.
— ¿Qué significa eso?— resoplo, buscando en la encimera una
cuchara medidora que en realidad no necesito.
—Serías mi mujer. Mi esposa. — declara, y me doy la vuelta,
tirando varias cosas de la encimera al suelo. —De acuerdo, puede que
seas un poco desordenada, pero en realidad es parte del atractivo, si
me preguntas.
Me quedo parada mientras empieza a recoger las cosas. —Tengo
un novio. — repito.
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—Como ya he dicho, es un idiota. Me he estado muriendo,
esperando que llegara el día de hoy. Han pasado dos semanas desde
el banquete de bodas.
— ¿De verdad?— Mi corazón da un vuelco.
—Sí, de verdad. ¿Dónde ha estado ese novio? — desafía.
—De acuerdo, no es mi novio. Es mi amigo de internet. Pensé
que tal vez cuando me mudara aquí podríamos... — Me detengo,
sabiendo que parezco patética. Lo miro fijamente y espero que me diga
que estoy loca o que probablemente me estén engañando, pero no dice
nada. —Tus ojos. Me recuerdan a alguien.
Sus cejas se levantan. — ¿A quién?
—Alguien de hace mucho tiempo.
— ¿También es un novio?— Una sonrisa juguetea en sus labios,
y sé que me está tomando el pelo.
—No. — Sacudo la cabeza. —Dudo que se acuerde de mí. Era
amigo de mi hermano. Los dos éramos pequeños, y yo era la típica
hermana menor que se enamoraba del amigo de su hermano. — Pongo
los ojos en blanco, tratando de disimularlo.
—Dudo que pueda olvidarte, dulzura. Eres muy inolvidable.
Vaya, tal vez estoy siendo estúpida. Me aferro a cosas que quizá
nunca ocurran y me aferro a fantasías que he inventado en mi cabeza.
Ahora mismo tengo a un hombre delante de mí, claramente
interesado, y ¿no es eso lo que quiero?
Me relamo los labios, sabiendo que probablemente sea una idea
terrible, mientras empiezo a ponerme de puntillas. Un beso no sería
terrible, ¿verdad?
—Dulzura. — susurra Q, con su cálido aliento rozando mi boca.
—Señor. — dice alguien, y me alejo de un salto de Q cuando un
hombre con bata de cocinero entra empujando por la puerta giratoria.
Se queda helado cuando nos ve a los dos. — ¿Esta es ella? — dice al
cabo de un rato.
— ¿Yo? — le digo, señalándome como una maldita idiota.
Sotelo, gracias K. Cross
—Carlo, esta es Astrid. Estoy tratando de convencerla de que
suba a bordo. Vamos a hacer una prueba la semana que viene en el
evento de San Valentín.
—Sácalo de su miseria y acepta ya. El hombre ha sido un idiota
durante las últimas dos semanas. — Carlo se burla de Q. —Mierda,
¿puedo probar esto?— Carlo se acerca a inspeccionar lo que ya tengo
empezado.
—Oh, está aquí. — dice una alta y bonita pelirroja que entra en
la cocina, seguida de otras dos personas, todas ellas actuando como
si ya me conocieran.
—Sí, por favor. Sírvanse ustedes mismos. — los animo cuando
empiezan a aparecer más personas.
—Somos un poco como una familia por aquí. — dice Q antes de
volver a apoyarse en la pared y observarme.
Paso las siguientes horas cocinando para su personal, y todos
me gustan mucho. Todos me dicen cuáles son sus favoritos, y elegimos
unos cuantos que tendré en el evento de la semana que viene junto
con el pastel de fresas.
Cuando llega la hora de irnos, Q me lleva a casa, sin importarle
que el restaurante esté ocupado cuando nos vamos. Incluso me
acompaña hasta la puerta.
—Una semana, dulzura. — dice, y suena como una promesa.
Se necesita todo lo que hay en mí para no perseguirlo. En lugar
de eso, cierro la puerta y me apoyo en ella. La cabeza aún me da
vueltas. Para ser una chica a la que nunca han besado, tengo
demasiadas relaciones complicadas.
Supongo que tengo una semana para resolverlo. Una semana es
una eternidad.
Suena mi teléfono y lo saco del bolso para ver un mensaje de
Cupid.
Cupid: ¿Has conseguido el trabajo?
Yo: Creo que sí. Voy a hacer un evento para él la semana que viene, el día
de San Valentín.
Sotelo, gracias K. Cross
Cupid: No lo olvides, cariño. Eres mi San Valentín.
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Capítulo 4
CUPID
Una semana después...
—Sabes, cuando Star y yo nos juntamos, ella pensó que estaba
loco.
—Lo estás. — le digo a Nick sin levantar la vista.
—Pero tengo que decir que nada de lo que hice se compara con
esto.
Cuando levanto la vista hacia donde está parado en el escenario,
lleva una sonrisa de suficiencia, y quiero derribarlo al suelo. Tal vez
una buena pelea podría sacar algo de esta agresividad contenida que
estoy sintiendo en este momento. Especialmente con todo el mundo
llegando y en la otra sala tomando cócteles y aperitivos.
Quiero que el lugar sea perfecto, así que he estado ayudando a
Star y a su equipo a decorar el restaurante. Es un tema de San
Valentín, por supuesto, pero también es exagerado. Qué es
exactamente lo que quería.
Hay flores que cuelgan del techo en largas cascadas y todas las
superficies planas están cubiertas de rosas rojas y rosas. Hay una
orquesta calentando, y ya he visto a varias personas entrando por la
puerta principal.
—Es la hora. — dice Nick mientras enciende la última vela y
viene a reunirse conmigo. — ¿Estás seguro de todo esto?— Cuando lo
fulmino con la mirada, levanta las manos. —Está bien, tranquilo, solo
estoy preguntando. ¿Cuándo va a llegar mi hermana?
—En unos quince minutos si Star hizo su trabajo.
—Star no se perderá nada. — dice Nick con confianza. —Ella
también quiere que el día de hoy sea perfecto.
Sotelo, gracias K. Cross
—De acuerdo. Si por alguna razón esto no va de acuerdo al
plan…
—Lo tengo. — dice Nick, dándome una palmadita en el hombro.
—Solo tienes que ir a ponerte hermoso, y yo mantendré a todos
ocupados con mi chispeante personalidad.
—Estamos condenados. — suspiro mientras me dirijo a la oficina
trasera y me cambio.
Una vez que me he quitado la ropa que usé para arreglar, me
pongo el traje oscuro y la corbata roja. Compruebo mi reloj y luego
miro por la ventana trasera, viendo a Star y Astrid llegar justo a
tiempo.
Hay una pequeña sala en la parte trasera que utilizamos para
cenas privadas en ocasiones, y ahí espero a Astrid. Tengo el corazón
en la garganta, pero sé que hoy es el día en que me sinceraré. Llevo
una semana aguantando desesperadamente con un hilo mientras
espero el día de hoy, y ahora que ha llegado, no estoy seguro de que
vaya a sobrevivir.
—Nos vemos en la puerta. — dice Star cuando Astrid entra en la
habitación. Star me guiña un ojo mientras cierra la puerta,
dejándonos a Astrid y a mí solas.
— ¿Qué pasa? Todo está listo, pero Star dijo que querías verme.
—Estás muy hermosa. — Su vestido hasta el suelo no tiene
tirantes y es de color rosa pálido con algún tipo de chispas por todas
partes.
—No es demasiado, ¿verdad?— Sus mejillas se enrojecen y ya no
puedo soportar la distancia que nos separa.
—No, es perfecto. Estás perfecta.
—Star me hizo vestirme para esta noche. — Está avergonzada,
pero se ve impecable.
Tomando sus manos entre las mías, suelto un profundo suspiro
y comienzo. —Necesito hablar contigo de algo, Astrid.
— ¿Hay algún problema con el pastel?— Sus ojos se abren de
par en par y niego.
Sotelo, gracias K. Cross
—No, es precioso. Se entregó perfectamente y está esperando en
la cocina.
Mira nuestras manos unidas y siento que sus dedos rodean los
míos con nerviosismo. —Cuando me miras, dulzura, ¿sientes algo por
mí?
Sus ojos se dirigen a los míos y se ensanchan un poco. — ¿Qué
quieres decir?
— ¿Te resulta familiar? ¿Se te revuelve el estómago como si este
fuera el lugar donde debes estar?
—Es complicado. — Su voz es suave, pero sé que se está
conteniendo.
—El chico que dijiste que era tu novio, ¿se llama Cupid? ¿Es la
persona por la que sientes algo?
Se muerde el labio inferior y sacude la cabeza, pero luego se
detiene y asiente ligeramente. —No estoy segura. Somos amigos desde
hace mucho tiempo, pero no estoy segura de lo que es. ¿Cómo sabes
su nombre?
— ¿Y dices que te recuerdo a alguien de hace mucho tiempo?—
Continúo mientras alzo la mano y toco su mejilla, dejando que mis
dedos recorran su suave piel.
—Sí. — se inclina hacia mi tacto, y eso me anima a seguir.
— ¿Y si soy yo?— Cuando su expresión se convierte en
confusión, continúo. — ¿Y si el hombre al que consideras tu novio y el
chico al que cuidaste hace mucho tiempo son el mismo? — traga con
fuerza y su respiración se entrecorta cuando le rodeo la cintura con la
otra mano. — ¿Y si soy Cupid, dulzura? ¿Y si también soy Austin?
— ¿Qué has dicho?— Su voz apenas supera un susurro mientras
la estrecho contra mí.
—Te he esperado lo suficiente, Astrid. Toda mi vida he esperado
y me he guardado para ti. He creado el blog para ti, he comprado los
restaurantes para ti, he construido este mundo para ti, dulzura. Todo
ello.
Sotelo, gracias K. Cross
—No puede ser. — respira, tocando mi cara como si no fuera
real.
—Es real y es verdad. Siento el engaño con Cupid, pero ese es
mi verdadero nombre y la razón por la que todo el mundo me llama Q.
Después de alejarme, tú eras lo único en lo que podía pensar. Cuando
encontré a Nick de nuevo, ya te habías ido a la universidad. Sabía que
ese era tu sueño, y no podía detenerlo. Pero lo que sí podía hacer era
que el resto se hiciera realidad.
— ¿Hiciste todo esto por mí?— Hay lágrimas no derramadas en
sus ojos, y asiento.
—Te amo, Astrid. Te he amado desde que tenía quince años, y
nunca he mirado a otra mujer desde entonces. Eres todo lo que
siempre he querido, y he esperado este momento, este día.
—No puedo creer esto. No puedo creer que seas Austin.
—Lo soy, y después de todo este tiempo, necesito que hagas algo
por mí. — Respiro profundamente y luego me arrodillo lentamente
frente a ella. Cuando saco la caja de mi bolsillo, se tapa la boca por la
sorpresa. —Necesito que te cases conmigo, dulzura. Déjame seguir
amándote como mi esposa por el resto de mi vida. No me hagas esperar
un día más para tenerte como mía.
—Esto es una locura. — Me deja coger su mano mientras abro
la caja del anillo y saco el gigantesco diamante tallado en forma de
corazón.
—Lo es, pero una vez me dijiste que la magia ocurre cuando
menos lo esperas. — Deslizo el anillo en su dedo y la miro a los ojos.
—Cásate conmigo, Astrid.
—Sí. — dice, y cae en mis brazos.
Cierro los ojos y la sostengo junto a mi corazón, tomando por fin
mi primer aliento real desde no sé cuándo. Tal vez lo he estado
reteniendo desde que tenía quince años y me alejé de ella, pero ahora
estoy aquí, y nunca la dejaré ir.
—No los hagamos esperar. — digo mientras me levanto con ella
en brazos.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Qué?— Sus ojos se abren de par en par con incredulidad, y
sonrío.
—Todo el mundo está aquí y espera vernos atar el nudo. — Le
cojo la cara con las manos y aprieto mi frente contra la suya. —Me he
pasado toda la vida pensando en mi primer beso, y sabía que sería
contigo el día de nuestra boda.
—Te amo tanto. — Cierra los ojos justo cuando la puerta detrás
de nosotros se abre y Star entra.
—Que empiece el espectáculo. — chilla.
Nick se pone a su lado, encogiéndose de hombros. —Lo siento,
pero lo hemos escuchado todo. — dice, y Star le da una palmada en el
pecho.
—No te disculpes, no lo siento lo más mínimo. — Star se muestra
presumida mientras se queda mirando.
—Vamos a casarnos. — me dice Astrid con una enorme sonrisa
en la cara.
—No te voy a dar la oportunidad de cambiar de opinión. — chilla
mientras la cojo en brazos y la llevo al lugar que hemos reservado para
la ceremonia.
Todo el mundo está en sus asientos y llevo a Astrid por el pasillo
entre los vítores del público. Cuando llego al escenario, pongo a Astrid
de pie y me coloco frente a ella, cogiéndole las manos. El ministro
empieza a hablar y, mientras lo hace, lo único que puedo hacer es
mirar a mi hermosa novia. No puedo creer que por fin estemos aquí y
que la tenga después de todo este tiempo.
Nick me entrega la alianza y Star le da a Astrid la suya. Nos los
ponemos al mismo tiempo y mi esposa me mira con asombro y
admiración. Es el mejor momento de mi vida, y cuando el ministro nos
declara marido y mujer, no dudo en abrazarla.
—Te amo, esposa.
—Te amo, esposo. — dice, y me inclino y pongo mis labios sobre
los suyos.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 5
ASTRID
Cuando la boca de Cupid presiona contra la mía, me doy cuenta
de que todo lo que he soñado se está haciendo realidad. Todas las
fantasías que he representado en mi mente se están haciendo
realidad, y todas ellas residen en este hombre. Siempre ha sido él
desde que tengo memoria. ¿Cómo he ido y me he enamorado del
mismo hombre una y otra vez?
Por eso supe que cuando me pidió que me casara con él en este
momento, no era realmente una locura. Ha sido y siempre será él. No
importaba cómo llegara a mí: mi corazón, mi cerebro y mi cuerpo
siempre lo eligieron a él. Solo ha habido tres personas con las que he
pensado en la posibilidad de tener más, y siempre ha sido la misma
persona.
Los dedos de Cupid se hunden en mi pelo mientras mueve su
boca contra la mía. Mis ojos se cierran y me permito sentirlo al
principio. Quiero recordar cada detalle de este beso. Cuando su lengua
recorre el borde de mis labios, los separo, deseando que lo profundice.
Lo hace.
Puede que ninguno de los dos nos hayamos besado antes, pero
todo es natural. Su beso no es tímido. Su lengua se desliza y acaricia
la mía. Dejo que mi cuerpo se funda con el suyo y mis rodillas
flaquean. Cupid me mantiene de pie y me rodea la cintura con su
brazo para sujetarme.
Un gemido retumba en su interior y le respondo con un gemido
propio. El deseo se arremolina en mi interior y aumenta rápidamente.
Mi cuerpo quiere más, y un gemido me abandona cuando me doy
cuenta de que su dura polla me presiona el estómago. Cada vez que
hago un ruido, se sacude contra mí.
—Chicos, no quiero interrumpir, pero... — La voz de Nick me
devuelve a la realidad.
Sotelo, gracias K. Cross
Una realidad maravillosa, pero me recuerda que estoy delante de
una sala llena de gente dándonos un primer beso muy intenso. Otro
gruñido sale de Cupid antes de que levante su boca de la mía. Se lame
los labios y entonces su sonrisa es gigantesca.
El calor me sube a la cara por un millón de razones diferentes,
pero no por vergüenza; es más timidez que otra cosa. Pero, sobre todo,
es la emoción de no solo contemplar el hermoso rostro de mi marido,
sino de ver su boca hinchada por nuestros besos. Me encanta ver el
anillo en su dedo cuando lo deslizo en su lugar, pero ver esta marca
en él es fácilmente igual de caliente. Sobre todo sabiendo que soy la
única chica que ha besado esos labios y que siempre seré la única.
Cupid me coge de la mano y me lleva de regreso al pasillo. Todo
el mundo se pone en pie y aplaude, y nada más sacarme de la sala me
tiene en su despacho con la puerta cerrada tras nosotros. Cuando la
cerradura hace clic, me besa de nuevo.
—Eres mi esposa. — me dice entre beso y beso. —Joder, sabía
que tendrías un sabor dulce. — Su boca recorre mi cuello y me empuja
hacia atrás para sentarme en su escritorio.
—Cupid. — gimo cuando sus manos empiezan a levantar mi
vestido, tratando de subirlo alrededor de mi cintura.
—Por favor, no me digas que pare. — Sus dedos se deslizan por
la parte delantera de mis bragas, tirando de ellas hacia un lado. Sé
que puede sentir lo empapadas que están. —Estás desnuda. — me
dice entre dientes. — ¿Para quién te has afeitado?— tira de las bragas
y se rompen, pero no tienen ninguna posibilidad.
—Para ti. — admito. —Tenía el presentimiento de que hoy iba a
pasar algo. Cupid. — Me relamo los labios. —Me dijiste que sería tu
San Valentín, así que pensé que tal vez hoy podrías aparecer.
También... — Hago una pausa mientras el calor me sube a la cara.
—Fuera con eso. No hay secretos.
—A veces en mi cabeza invento fantasías. He tenido una en la
que tú, Q, perdías la cabeza esta noche en la fiesta y me llevabas a tu
oficina para hacer lo que querías. — Su nariz se ensancha.
— ¿Entonces ibas a estar con Cupid después?— Asiento. Es
travieso, pero ¿qué puede hacer una chica?
Sotelo, gracias K. Cross
—Son solo fantasías, pero a veces las juego un poco. Como
afeitarme por si se hacen realidad.
— ¿Así que te has afeitado para estar preparada para mí?
—Todo para ti.
—Entonces será mejor que no te decepcione. — Sonríe mientras
se arrodilla frente a mí. —Esta es una fantasía a la que será mejor que
te acostumbres. No hay forma de que pueda tenerte revoloteando por
la cocina fuera de mi oficina y no arrastrarte para probarlo.
—Oh, Dios. — Me encanta cómo suena eso.
Cupid entierra su cara entre mis muslos, y jadeo ante la
sensación. Mis fantasías no son nada comparadas con la realidad
mientras lame y chupa, sin burlarse de mí en absoluto. Ya hemos
esperado bastante.
—Tan apretada. — gime cuando desliza un dedo dentro de mí y
luego otro. Ya siento su polla apretada contra mí, y no tengo ni idea
de cómo va a caber dentro. No me importa; moriré en el intento. No
hay manera de que no tome cada centímetro de mi marido. Cupid
bombea sus dedos más rápido, trabajando en otro. Está apretado, y el
pequeño pellizco de dolor es erótico.
—Q, Austin... no-no-no puedo. — Sacudo la cabeza. Es
demasiado. Me estoy deshaciendo.
—Lo harás, mi dulzura. Dame mi azúcar. — exige antes de
succionar mi clítoris en su boca, dando largos tirones mientras
acaricia su lengua de un lado a otro. Cuando sus dedos se enganchan
dentro de mí, estoy acabada. Grito su nombre mientras el orgasmo
asalta mi cuerpo.
Las lágrimas se escapan de todas las emociones abrumadoras
que salen a borbotones. —Dulzura. — Cupid me besa y, cuando abro
los ojos, me doy cuenta de que estoy sentada en su regazo. — ¿Estás
conmigo?
—Siempre voy a estar contigo. Tendrás suerte si te pierdo de
vista. — Resoplo y le sonrío a través de mis ojos llorosos.
Sotelo, gracias K. Cross
—Bien, no quiero perderte de vista. — Paso mis dedos por su
fuerte mandíbula. No puedo creer que sea Austin, pero cuanto más
miro su cara, más lo veo. Trazo mi dedo por su mejilla y por su nariz.
—Apuesto a que si sigo alimentándote, te parecerás más a
Austin. — bromeo, haciendo que se ría.
—Puede ser, pero creo que voy a hacer unos buenos
entrenamientos con mi esposa. — Un bufido seguido de una risita me
abandona. —Joder, eres adorable.
—Pienso hacerlo, pero... — Me detengo, mirando hacia la puerta,
recordando que hay un montón de gente esperándonos. Cupid me
agarra de la barbilla y vuelve a centrar mi atención en él.
—Por mucho que quiera mandar a la mierda y robarte, tenemos
toda la vida. Voy a compartir unos cuantos bailes con mi esposa, a
comer el pastel que me ha hecho y a presumir de ti antes de arrastrarte
a nuestro hogar. — Las lágrimas vuelven a llenar mis ojos. Nunca he
sido tan feliz en mi vida. Nick siempre ha sido mi familia, pero esto es
diferente. Esta es una familia que me pertenece.
—Nuestro hogar. — Me encantan esas palabras.
—Nuestro hogar. Conozco todos tus sueños, dulzura. Me los has
contado a lo largo de los años, y mientras he esperado para reclamarte,
los he hecho realidad. Si te impresiona el restaurante que he
construido para ti, espera a ver qué más he hecho. — Ninguna de mis
fantasías ha estado a la altura de la realidad de este hombre.
—Te amo. — le digo, diciéndolo con toda mi alma.
—Yo también te amo, dulzura. — Se levanta y me pone de pie.
—Se acabaron las fantasías para ti. Voy a hacerlas realidad.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 6
CUPID
—Esto no puede ser real. — dice Astrid después de que la lleve
al umbral de nuestra casa.
—Sé que hemos hablado de ello desde que éramos niños, pero
incluso entonces te encantaba hornear. — La planta baja es una
planta abierta diseñada para una familia numerosa. La cocina da al
comedor y al salón, y más allá hay una pared de cristal con vistas al
agua.
—Es lo suficientemente grande para cuatro familias. — Tiene los
ojos muy abiertos, pero su sonrisa es aún mayor.
—Esa es otra cosa que sé qué quieres y que pienso darte. — La
pongo de pie y le acaricio la cara. —A partir de ahora.
— ¿Lo dices en serio?
—Los dos queremos una familia grande, y voy a darte todos los
bebés que puedas soportar. — Se ríe mientras la beso y la vuelvo a
mirar a los ojos. —Lo digo en serio, dulzura. Tus deseos son órdenes
para mí.
—No puedo creer que todo esto sea nuestro. ¿Has hecho esto por
mí?
Asiento mientras las lágrimas afloran a sus ojos y se las limpio.
—Todo lo que quiero hacer es pasar el resto de mi vida amándote. Eso
es, Astrid. Me robaste el corazón hace mucho tiempo y no quiero
recuperarlo nunca.
—Eres mío tanto como soy tuya. — Esta vez me atrae para que
la bese, y casi me tumba cuando salta sobre mí.
Caigo de espaldas en el sofá y se sienta a horcajadas sobre mí.
Gruño mientras tiro del material de su vestido. —No quiero romper tu
vestido de novia, pero estoy impaciente.
Sotelo, gracias K. Cross
—Necesito verte sin camisa. — Sus manos son casi tan frenéticas
como las mías mientras casi nos arañamos.
—Deja que te folle con este vestido. — gruño cuando abre la parte
delantera de mi camisa de vestir y los botones salen volando. —Quiero
que la primera vez que mi polla entre en ti sea cuando estés vestida
de novia.
—Sí. — respira mientras juntos recogemos todo el material
brillante de su vestido.
Ya no tiene bragas y su coño desnudo está resbaladizo y
pegajoso. —Joder. — gimo cuando saca mi polla y se desliza sobre su
cresta. —Ve despacio, bebé, también es mi primera vez. No quiero
correrme encima antes de metérmela.
—Y no quiero desperdiciar ni una gota. — Agarra la raíz de mi
polla y mueve su mano arriba y abajo un par de veces antes de pasarla
por sus pliegues.
—Deberíamos tener más juegos previos. — siseo, presionando
contra su abertura. —Quería comerte de nuevo antes de hacer esto.
—Más tarde. — gime y se hunde un poco. —Primero necesito
esto.
—Jesús, dulzura. Me voy a correr.
—Hazlo. — casi suplica mientras sostiene la cabeza de mi polla
en su entrada y la bombea un poco más.
—Vas a matarme así.
Cuando mi polla se sacude y palpita, mira con los ojos muy
abiertos cómo mi semen sale disparado dentro de ella en un torrente
caliente.
—Puedo sentirlo. — Su voz es suave, como si estuviera
asombrada mientras se desliza hacia abajo y toma más de mí. —Dios,
eres tan grande.
—No hables sucio o me correré de nuevo. — jadeo, y cae hasta
el fondo y se sienta completamente sobre mi polla. —Oh, joder.
—Estoy tan llena. — Se balancea un poco y su cabeza cae hacia
atrás. —Pero el dolor se siente tan bien.
Sotelo, gracias K. Cross
—Suficiente. — gruño, agarrándola por las caderas y dándonos
la vuelta. —Es mi turno.
Le sujeto las caderas con una mano, y con la otra le tiro de la
parte superior del vestido. Sus tetas se derraman y me lamo los labios
antes de agarrar una. Grita mientras bombeo dentro y fuera, su coño
se aprieta a mi alrededor.
Ahí, en el centro de nuestra sala de estar, follo a mi esposa por
primera vez. De todas las veces que imaginé este momento, no pensé
que sería así, pero Dios, es mucho mejor. Nada me preparó para lo
perfecta que sería, o lo especial que es este momento.
—Te amo tanto. — La acerco a mí y me froto contra su coño,
frotando su clítoris en el punto justo.
—No pares. — inclina sus caderas hacia arriba, acogiendo mi
cuerpo en el suyo. —Te amo, Cupid.
Cuando noto que sus piernas se tensan y su espalda se arquea,
sigo entrando hasta que cae al vacío. Su coño se aprieta a mí alrededor
y no puedo contenerme más. Mis embestidas son temblorosas, y la
sensación de su calor en mi polla es demasiado. Mi polla palpita y me
corro con tanta fuerza que casi me derrumbo encima de ella.
Sus piernas rodean mis caderas y, cuando la miro a los ojos,
sonríe de forma tan grande y hermosa. —Nunca he visto nada tan
hermoso. — le digo, apartando su pelo suelto de la cara.
— ¿Otra vez? — pregunta, moviendo las cejas.
—Otra vez. — acepto y vuelvo a penetrarla.
Acabamos haciendo el amor por toda la casa esa noche y
dejamos un rastro de ropa por el camino. Es el mejor día de mi vida,
y saber que tenemos muchos más por delante me hace doler el corazón
de felicidad. Astrid fue mi principio y será mi final, desde hoy hasta
siempre.
Sotelo, gracias K. Cross
Epílogo Uno
ASTRID
Un año después...
Estoy en el baño de Star esperando que uno de los malditos test
de embarazo me muestre algo. Son los dos minutos más largos de toda
mi vida.
—Puedo sentirlo esta vez, Astrid. Lo juro. — desliza su mano en
la mía.
Está de pie junto a mí, posando sobre las siete pruebas que
tenemos ante nosotros. Puede que sea exagerado, pero realmente no
me importa. Había orinado en una taza para que Star me ayudara a
sumergirlos todos tan rápido como pudiéramos para colocarlos de
manera que todos pudieran leerse a la vez. Nada dice más que mejor
amiga que eso. No, hermana. Es mi hermana.
No tenía ni idea de que cuando Star se casara con mi hermano
tendría mi propia hermana. Siempre hemos sido Nick y yo. Me
preocupé un poco cuando se casaron, pero me alegré por ellos, por
supuesto. Nick se merecía una buena mujer y Star es más que eso.
Ella iluminó todo su mundo y le mostró que la vida no es solo trabajo.
Cuando creces sin nada, como Nick y yo, a veces lo olvidas.
Siempre había estado tan concentrado en asegurarse de que nunca
nos faltara nada que no se daba cuenta de las alegrías de la vida que
se estaba perdiendo. Ella le dio eso.
Realmente esperaba que nos embarazáramos juntas. Supongo
que pensé que como ella había quedado embarazada tan rápido nos
pasaría lo mismo a Cupid y a mí. Vamos como conejitos desde que
éramos vírgenes. Es como si hubiéramos recuperado el tiempo
perdido.
Al principio todos los meses me hacía un test y salían negativos.
Cupid dijo que me estaba presionando demasiado y el médico dijo lo
mismo hace seis meses. No nos pasa nada a ninguno de los dos, así
Sotelo, gracias K. Cross
que sé qué pasará cuando pase. He estado disfrutando del viaje y de
estar recién casada.
En este último año se han hecho realidad muchos de mis
sueños. Desde casarme con el hombre de mis sueños, hasta trabajar
en el mejor restaurante de la ciudad, pasando por recibir un puñado
de premios por mis postres. Incluso el mes pasado firmé un contrato
para dos libros de cocina. Lo tengo todo excepto esta pequeña, pero
muy grande cosa. Un bebé.
—Estoy bastante segura de que no he tenido un período desde
antes de Navidad. — Me he devanado los sesos, pero mis periodos
nunca han sido regulares. A menudo ni siquiera los tengo o son solo
unas gotas.
Creo que con las fiestas y todo el asunto del libro, se me fue de
las manos por un momento. Luego, después de la locura de las fiestas,
pasamos dos semanas en Fiji por mi cumpleaños. Ahora es nuestro
aniversario y me he despertado sin ganas. Star y yo ya teníamos
planes para reunirnos y disfrazarnos para San Valentín sabiendo que
nuestros maridos tienen planes para nosotros esta noche.
Como no quería dar esperanzas a Cupid, he mantenido la boca
cerrada toda la mañana. Creo que él sabe que pasa algo porque es
demasiado bueno leyéndome. Es casi aterrador lo mucho que presta
atención.
— ¡Van!— Star grita cuando las pruebas empiezan a estallar.
Uno a uno aparece “embarazada” en los palos y las lágrimas resbalan
por mis mejillas. — ¡Oh, Dios mío! — chilla y Nick entra corriendo en
el baño.
— ¿Qué demonios está pasando?
—Podría estar embarazada. — susurro.
— ¡¿Podrías?!— Star agita la mano ante todas las pruebas.
—Estoy asustada. Necesito ver a un médico. — Miro a mi
hermano. —Ahora mismo. — Si alguien puede hacer eso además de
mi Cupid, es mi hermano.
—De acuerdo. — Saca su teléfono.
Sotelo, gracias K. Cross
En cuestión de segundos tiene a la ginecóloga de Star en la línea
y en veinte minutos me tiene en una de sus mesas de examen mientras
me hace una ecografía. Ya ha hecho sus propias pruebas que
confirman lo que sé. Está segura de que estoy embarazada, pero ahora
va a decirme de cuánto estoy.
Star está a mi lado, cogiéndome la mano. —Oh. — dice la
doctora, inclinando la cabeza mientras mueve un poco más la varilla
que ha colocado dentro de mí. Con lo temprano que probablemente
estoy, dijo que esta sería la mejor ecografía que se podría hacer.
— ¿Oh? ¿Qué es oh? No puedes decir simplemente ¡oh! —
Prácticamente grito, poniéndome nerviosa. Debería haber llamado a
Cupid después de que ella hiciera su prueba y lo confirmara también,
pero la máquina de ecografía estaba aquí mismo y estaba debatiendo
decírselo esta noche.
¿Qué podría ser un mejor regalo de San Valentín y de aniversario
de boda que esto? Los dos queremos una familia numerosa y es algo
de lo que siempre hemos hablado. Por eso construyó esa casa gigante
para nosotros.
Sé que siempre podemos adoptar y tengo la sensación de que lo
haremos algún día, ya que crecí en el sistema y sé que hay tantos
niños dulces que necesitan un hogar, pero tenía tantas ganas de
experimentar todas las partes de la maternidad.
—Aquí mismo. — la doctora me sonríe. —Y aquí. — Pasa el dedo
de un lado a otro para mostrármelo. Tanto Star como yo nos
inclinamos.
— ¿Son gemelos?— pregunta Star.
—No. — responde la doctora.
—Son trillizos. — digo totalmente sorprendida.
—Sí. — confirma.
— ¡Oh mi Dios!— Star vuelve a chillar.
La puerta de la sala de exploración se abre y espero que sea mi
hermano porque Star ha vuelto a gritar, pero es Cupid. En realidad,
no es tan sorprendente con la forma en que estaba actuando esta
mañana.
Sotelo, gracias K. Cross
—Juro que el bastardo ha salido de la puta nada. — dice Nick
desde detrás de él.
Siempre me olvido de que podemos rastrear al otro en nuestros
teléfonos, así que no sé por qué no se me ocurrió, ya que sé que lo usa
todo el tiempo.
— ¿Supongo que este es el padre? — pregunta la doctora.
—Sí. — Sonrío a mi marido.
—Nos vamos a ir. — Star se inclina y me besa la mejilla antes de
soltarme la mano. —Te quiero.
—Yo también te quiero. — digo antes de que salga de la
habitación y cierre la puerta detrás de sí. Cupid está ahí en medio
segundo, ocupando su lugar.
— ¿Estás en problemas, dulzura?— Enreda nuestros dedos.
—Sí, los dos lo estamos. Son trillizos. — le digo, y su agarre de
mi mano se estrecha mientras una gigantesca sonrisa se apodera de
su rostro.
—Estás de diez semanas por lo que parece. — nos dice el médico.
Dice algunas otras cosas pero yo entro y salgo un poco. Mi mente está
en todas partes pero no puedo apartar los ojos de Cupid. —Les doy un
momento y luego repasamos algunas cosas más en mi despacho.
Puedes vestirte. — Sale y nos deja solos.
—Tres bebés. — susurro mientras me siento.
—Me has superado. No puedo creerlo. — se ríe, sacudiendo la
cabeza.
— ¿Qué quieres decir?
—Quiero decir que sabía que estabas embarazada.
— ¿Qué? ¿Y no se te ocurrió decírmelo?— Por supuesto que lo
hizo. Siempre lo sabe todo cuando se trata de mí.
—Lo pensé hace unas semanas, pero lo dejé pasar. — Me coge
las mejillas. —No quería darte esperanzas, pero durante la última
semana estuve muy seguro. Iba a decírtelo esta noche. Tengo todo
planeado en la casa para nosotros.
Sotelo, gracias K. Cross
—Estamos embarazados.
—Tres bebés, dulzura.
—La espera ha merecido la pena. — Sonrío aunque se me llenen
los ojos de lágrimas.
Se inclina y roza su boca con la mía. — Cuando se trata de ti,
todo vale la espera.
Esta vez Cupid realmente me impactó.
Sotelo, gracias K. Cross
Epílogo Dos
CUPID
Nueve años después...
— ¿Cupid?— Oigo a Astrid llamar desde el dormitorio.
—Aquí dentro. — Casi he terminado de arreglarme y sé que ya
vamos un poco tarde.
Hoy es el cumpleaños de los niños y vamos a tener una casa
llena de gente para celebrarlo. He estado preparando todos los juegos
al aire libre y consultando con el catering, así que voy con retraso. Me
he dado una ducha rápida y ahora tengo que ponerme algo de ropa y
bajar rápidamente.
—Hola ahí, guapo. — oigo decir a mi esposa mientras cojo el
jersey. Todavía estoy descalzo y en vaqueros, pero ya estoy casi listo.
—Hola, dulzura. ¿Has terminado el…?— Dejo de hablar cuando
me doy la vuelta y veo que solo lleva un sujetador rojo de encaje y una
faldita diminuta. —Pastel.
Cierra lentamente la puerta del armario tras ella y se apoya en
ella. —Pensé en venir aquí y ver si necesitabas ayuda para prepararte.
— Sus ojos suben y bajan por mi cuerpo, pero se detienen en mi pecho
desnudo. Mi polla se hincha, haciendo que los vaqueros me aprieten
mientras dejo caer el jersey al suelo.
—Astrid, hay como veinte personas abajo. — digo, pero mi
protesta suena débil incluso para mis propios oídos.
—Lo sé. — Se levanta la parte delantera de la falda
juguetonamente y me muestra su coño desnudo. —Solo pensé en
traerte un pequeño aperitivo.
—Maldita sea, dulzura, me estás matando. — Me arrastro por la
alfombra hasta donde está apoyada, y su sonrisa se amplía. —No
tenemos tiempo para esto.
Sotelo, gracias K. Cross
Abre las piernas, que ya se están abriendo y me dan todo el
espacio que necesito. Sería tan fácil arrodillarme y enterrar mi cara
contra su coño.
—Seré rápida. — promete. —Me estuve tocando en el baño y ya
estoy mojada.
—Joder. — gruño al imaginarme cómo era ella haciéndolo.
Mis rodillas se doblan sin que yo se lo diga y caigo sobre su dulce
coñito de bruces. Es sedoso y suave y está tan jodidamente húmedo
mientras froto mi cara por todo él.
—Sabía que te gustaría eso. — Me agarra del pelo mientras le
chupo el clítoris y grita. —Oh, Dios, justo ahí.
Echando sus piernas sobre mis hombros, me deleito con ella
mientras mueve sus caderas hacia adelante, tomando lo que quiere.
Estoy demasiado ansioso por dárselo, pero lo quiero a mi manera.
Cuando retiro mi boca de su coño, grita, pero no lo acepto. —
Puedes esperar. — le ordeno mientras me levanto y me desabrocho el
cinturón. —Te vas a correr en mi polla.
Hace un pequeño ruido de queja en la garganta cuando le
engancho las piernas alrededor de mi cintura y la aprieto contra la
puerta. La meto hasta el fondo de un solo empujón y le tapo la boca
con la mano para que no nos oiga nadie.
— ¿Creíste que podías entrar aquí y burlarte de mí y conseguir
lo que querías? —asiente y sigo empujando, con la constante subida
de su orgasmo casi en su punto álgido. —Debería hacerte esperar.
Abre los ojos y me mira horrorizada.
—Eso es lo que deberías conseguir. Debería follarte hasta el
límite y dejarte ahí toda la noche. ¿Caminando por el dormitorio con
esta diminuta falda y sin bragas? Te lo estás buscando, dulzura.
—Por favor. — murmura detrás de mi mano.
—Apuesto a que te inclinarías sobre cualquier superficie con ese
coñito al aire. Caliente y cachonda y esperando a que lo llene.
Sus párpados se vuelven pesados y siento que se moja más. Le
encanta que le hable sucio.
Sotelo, gracias K. Cross
—Eres mi chica codiciosa. — se aprieta alrededor de mi polla y
gimo por lo apretada que se siente. —Dejaré este semen en ti para que
cuando lo sientas en tus bragas más tarde puedas recordar esto.
Asiente vigorosamente mientras la abro más y me froto contra
su clítoris. Grita, pero mi mano amortigua el sonido. Está tan cerca y,
aunque quiero que esto dure para siempre, tenemos que ser rápidos.
Tomando su pecho con la otra mano, le pellizco el pezón a través
del sujetador y grita mientras alcanza el clímax. Entierro mi cara
contra ella y la estrecho mientras doy un último empujón y me corro
con ella. Me aprieta casi hasta el dolor, pero lo agradezco. Es una dulce
tortura mientras me vacío dentro de ella y una cálida satisfacción se
instala entre nosotros.
—Eres una zorra. — le digo antes de besarla suavemente.
—No me tendrías de otra manera. — sonríe y me devuelve el
beso. —Te amo.
—Te amo más, dulzura. — Un beso rápido más y luego me retiro
de ella, poniendo mi polla aún húmeda de nuevo en mis vaqueros. —
Y puedes chuparla después.
—No me tientes con un buen rato.
No tengo duda de que la gente de abajo puede oír los chillidos
que salen del armario mientras persigo a mi esposa y finalmente la
atrapo. Llegamos más que tarde a la fiesta, pero merece la pena. Todo
vale la pena cuando se trata de Astrid y nuestra familia. Ella es mi
forma favorita de pasar cada minuto del día.
Fin…
Sotelo, gracias K. Cross
SWEET TREATS
BY ALEXA RILEY
Charity Treat es una profesora de primaria enamorada en secreto
del tío de un estudiante. Ella lo ha estado deseando desde lejos,
pero poco sabe ella que él ha estado dando pasos para hacerla
suya.
Reese Lovella ha estado obsesionado con Charity desde el
segundo en que la vio. El baile del día de San Valentín es su
oportunidad para hacerla suya y asegurarse de que nunca se le
escape.
Advertencia: Su historia es rápida, ardiente y muy dulce. Coge
un poco de chocolate y acurrúcate con esta adorable lectura.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 1
CHARITY
— ¿Señorita Treat?
Levanto la vista de la pila de trabajos que estoy corrigiendo y veo
a Scott Grayson de pie delante de mi mesa. Tiene el pelo rubio
desordenado y una mancha de tierra en la mejilla. Está claro que se
lo ha pasado bien durante el recreo extra que la clase se ha ganado
hoy. Sus ojos azules brillan con picardía y sé lo que se avecina.
— ¿Todo bien, Scott?— Echo un vistazo al reloj y veo que aún
me quedan unos minutos hasta que la clase tenga que volver a recoger
sus cosas al final del día.
—Mi tío Reese ha vuelto a preguntar por ti.
Mis mejillas se calientan mientras una sonrisa se extiende por la
cara de Scott. Tengo que reconocer que el tío es implacable. Tal vez un
poco romántico de corazón. No sabía que los chicos de tercero hicieran
de casamenteros, pero parece que éste sí. Cada vez que Scott tiene un
momento para hablar conmigo, siempre es sobre su tío Reese y lo
maravilloso que es.
Tengo que contenerme para no preguntarle cómo está su tío,
porque estoy segura de que correrá a contarle cualquier cosa que le
diga. Pero quién sabe lo que le estará contando. Por lo que sé, no ha
preguntado nada sobre mí y Scott se lo está inventando todo él solo.
No estoy segura de querer saber qué le está contando a su tío sobre
mí.
— ¿Te divertiste durante el recreo extra?— Intento cambiar de
tema porque no quiero pensar en cómo mi corazón da un pequeño
aleteo cada vez que Scott menciona a su tío. O en cómo me flaquean
un poco las rodillas cuando a veces viene a recogerlo al colegio. Me
hace sentir cosas que nunca había sentido antes. En todo tipo de
lugares. Así es como me siento siempre cuando sus ojos me miran.
Sotelo, gracias K. Cross
Aunque no entiendo por qué me mira. Reese es uno de los
hombres más atractivos que he visto en mi vida. Ha sido el tema de
conversación en más de un almuerzo del personal aquí en Hartwood
Elementary. Sé más de él de lo que probablemente debería, ya que
todas las profesoras no paran de hablar de él. Incluso algunos
profesores también.
Sé que, a sus treinta años, es un arquitecto muy respetado en la
ciudad. Hace poco lo nombraron uno de los solteros más codiciados
de Seattle, tiene su propia organización benéfica que ayuda a niños
desfavorecidos a ir a la universidad y participa en la vida de su sobrino
más que la mitad de los padres de por aquí. Toda esa perfección sin
contar lo guapo que es. Así que definitivamente no me está mirando.
Soy la nueva maestra de tercer grado que tiene un poco de
sobrepeso sin planes de cambiarlo. No renuncio a los dulces por nada
del mundo, ni siquiera para entrar en una talla más pequeña. Llevo
gafas de montura gruesa porque mi vista es terrible y tengo un pelo
rizado incontrolable que siempre me estorba.
Soy tan tímida e inexperta cuando se trata de hombres, que
apenas puedo saludarlo cuando intenta hablar conmigo. Quizá me
mira y se pregunta por qué la escuela contrataría a una profesora que
es tan tímida que apenas puede hablar. Quizá por eso preguntaba por
mí. Probablemente le preocupa que Scott no esté recibiendo la
educación que debería. Y por lo que algunos de los padres pagan por
enviar a sus hijos aquí, ni siquiera puedo enojarme por eso.
Scott hace una media mueca de disgusto cuando cambio de
tema. —Me preguntó si ibas a estar en la fiesta de San Valentín.
—Claro que iré. No me gustaría perderme tu traje. — Le devuelvo
la sonrisa, sin morder el anzuelo. Este chico es bueno.
Los dos nos giramos y vemos cómo los estudiantes empiezan a
amontonarse en la sala.
—Todos tomen sus cosas. No olviden sus agendas. Su examen
de ortografía es mañana. — les digo por encima del ruido mientras se
mueven por el aula, haciendo lo que les digo.
Sotelo, gracias K. Cross
—Le diré que estarás ahí. — dice Scott entusiasmado. Parece
más contento con esto que con la fiesta en sí. —También tiene razón,
señorita Treat. Tienes unos ojos preciosos.
Con eso, Scott se da la vuelta y corre hacia su cubículo para
coger su mochila. Mi cara se calienta de nuevo.
Un momento después suena el timbre y los niños salen del aula,
dejándome pensando en las inocentes palabras de Scott. Y también
pensando en lo que me pondré para la fiesta. No he pensado mucho
en ello. Mi mente ha estado en hacer los dulces de chocolate que
llevaré.
— ¿Sigue en pie?— dice Apple, sacándome de mis pensamientos
cuando entra en mi clase. Lleva el pelo castaño recogido en una trenza
apretada. Apple es tan excéntrica como su nombre. Nunca puedo
adivinar qué se va a poner de un día para otro. Todo le queda bien, ya
que es la profesora de arte.
Es la única amiga que he hecho desde que me mudé aquí. Los
otros profesores son agradables, pero Apple dejó en claro que quería
que fuéramos amigas además de colegas, y esta noche es la primera
noche que vamos a salir fuera de la escuela. Lo estoy deseando. Su
esposo está fuera de la ciudad esta semana y ella no quiere volver
directamente a una casa vacía. Tengo la sensación de que una casa
vacía es algo que volvería loca a Apple. A Apple le gusta hablar. Mucho.
Llevo más de cinco meses en Seattle y no he hecho ningún amigo.
Será la primera persona que venga a mi piso. Nunca he tenido una
casa propia y es emocionante tener un espacio al que llamar mío.
Bueno, por el momento.
Cuando llegué a Seattle después de enterarme de que había
conseguido el trabajo en Hartwood Elementary, tuve que alojarme en
un hotel hasta que pude encontrar una casa. No fue para tanto, ya
que me gradué en la universidad en primavera y dejé los dormitorios
de Berkeley para venir directamente aquí. No sabía dónde encontraría
finalmente un trabajo y no quería echar raíces hasta que lo supiera.
Fue duro, y la mayoría de los sitios estaban fuera de mi alcance
económico con el sueldo de profesora. Tengo suerte de haber ido a la
universidad con una beca que me daba alojamiento y comida. Eso me
dejó sin una gigantesca pila de deudas estudiantiles, pero mi
Sotelo, gracias K. Cross
presupuesto sigue siendo algo ajustado. Entonces tuve suerte y
encontré un lugar para alquilar en un edificio de lujo que está a poca
distancia de la escuela.
La única pega es que solo puedo quedarme ahí hasta que
encuentren un comprador, y tengo que estar preparada para
mudarme en cualquier momento. Y no puedo estar ahí si tienen que
enseñar la casa a un posible comprador. En las cuatro semanas que
llevo viviendo ahí, no me ha pasado ni una sola vez. Ha sido un alivio,
porque no he tenido tiempo de buscar otra casa. He estado demasiado
enfrascada en mi primer trabajo como profesora.
—Sí. — Me pongo de pie, agarro mi cárdigan del respaldo de mi
silla antes de deslizarlo y alisar sus arrugas. —Solo tengo que agarrar
mi bolso. — lo cojo del armario y meto todos los trabajos que me
quedan por corregir.
—Señorita Treat. — Levanto la cabeza al oír su voz. La voz de
Reese. Es profunda y ronca, una voz que jamás olvidaría. Se desliza
por mi piel, haciendo que se me ponga la piel de gallina. —Scott olvidó
su agenda. — Una sonrisa se dibuja en sus labios carnosos mientras
sus ojos grises me recorren, y su sonrisa aumenta cuando se detienen
en la parte superior de mi cabeza, recordándome que todavía llevo una
cinta en la cabeza con un corazón unido a resortes que los hace
rebotar. Me levanto rápidamente, me los quito de encima de la cabeza
e intento alisarme el pelo rebelde. Mis ojos se dirigen a Scott, que tiene
una sonrisa a juego en la cara.
Sé que la ha olvidado a propósito. — Ve a agarrarla. — le digo a
Scott, manteniendo mis ojos fijos en él, decidida a no encontrarme con
los de Reese. Mis rodillas vuelven a flaquear.
Scott corre hacia su cubículo, y Reese se mueve hacia mí,
llenando mi línea de visión y no dándome otra opción que mirarlo.
— ¿Irás mañana a la fiesta? — me pregunta mientras sube la
mano para apartarme uno de los rizos y colocármelo detrás de la oreja.
Se me corta la respiración. Nunca me había tocado. Creo que ni
siquiera había estado tan cerca de mí. Abro y cierro la boca y me pongo
roja. Se inclina un poco y acerca la boca a mi oreja.
Sotelo, gracias K. Cross
—Respira, Charity. —Su cálido aliento me golpea la concha de la
oreja y hago lo que me ordena. —Ahora respóndeme, dulzura.
—Por supuesto. La mayoría de los profesores lo harán. — digo
por fin, sorprendida de no tropezar con mis palabras.
Se echa hacia atrás y miro a cualquier parte menos a su cara.
Es tan alto que no tengo que esforzarme mucho. Apenas llego a la
mitad de su pecho.
—Solo pregunto por ti.
Mis ojos se clavan en los suyos. Se ha ido la alegría, y algo más
se esconde bajo su mirada. Algo que no puedo leer.
—Sí. —Esta vez hablo con facilidad, pero quizá sea porque es
una respuesta de una sola palabra.
—Bien, cenaremos después.
—Yo…
—Vamos, Scott. — dice, cortando mi respuesta. Se da la vuelta
y se va sin darme la oportunidad de decirle que no.
—Oh. Mi. Dios —dice Apple. Había olvidado por completo que
estaba en la habitación—. Desde que ese hombre recoge a su sobrino,
ni una sola vez ha invitado a salir a alguien. O aceptado una oferta
para salir.
— ¿Nunca?— pregunto, repentinamente interesada en su vida
amorosa.
—Nunca. Ni siquiera cuando Becky se lo ha pedido. — Apple
hace un gesto cómplice a sus tetas. Como si no supiera quién es
Becky, la maestra de jardín de infantes. Ella sí tiene tetas gigantes que
deberían estar mejor cubiertas durante las horas de clase, o tal vez
simplemente se ven gigantes porque su cintura es muy pequeña en
comparación. —Creo que incluso le dijo que estaba siendo
inapropiada.
Tal vez fue inapropiado. No es que esté considerando ir.
Definitivamente no debería. Soy la profesora de su sobrino, y me
sorprende que quiera tener una cita conmigo. Las cosas podrían
ponerse feas si no funciona, y por feas me refiero a mí con el corazón
Sotelo, gracias K. Cross
roto y llorando cada vez que lo vea, porque soy una llorona
incontrolable. Si un cachorro es muy lindo, me pongo a llorar.
—Dios, ¿qué voy a hacer? — le pregunto. No puedo salir con él.
No solo me rompería el corazón, sino que los profesores hablarían.
Siempre hablan, y más cuando se trata de Reese y lo que trama. Estoy
segura de que incluso leen basura sobre él en Internet. Tal vez yo
también debería leer los artículos.
—Oh, vas a cenar. — Apple tiene una sonrisa gigante en la cara.
¿Por qué todo el mundo está tan emocionado de jugar al
casamentero aquí? Incluso si accediera a tener una cita con Reese,
estaría tan sobrepasada. Apenas puedo formar frases con él, o evitar
sonrojarme como una colegiala. ¿De qué hablaríamos?
—Deja de darle vueltas. Veo que tu mente va a mil por hora.
Tomaremos un poco de vino y hablaremos. Además, ¿qué te vas a
poner mañana?
Mierda, me olvidé de comprar un vestido nuevo. — Tal vez
deberíamos parar por una botella de vino extra. — le digo, echándome
el bolso al hombro. Tendré que sacar algo de mi armario.
Tengo la sensación de que a Reese no le va a gustar que le diga
que no voy a ir a cenar. No creo que sea un hombre que escuche la
palabra no muy a menudo.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 2
REESE
Scott cruza corriendo la puerta principal y tira su mochila en las
escaleras antes de dirigirse a la cocina. Lo sigo, escucho los sonidos
de mi hermana y sé que probablemente tendrá algo para comer.
Sonrío cuando veo a Scott darle un abrazo y llevar un plato de
algo a la mesa.
— ¿Dónde está el mío?— pregunto, poniéndome una mano sobre
el corazón y fingiendo estar herido.
—En la mesa. — dice con una sonrisa burlona.
Mi hermana Kim es muy buena madre y siempre tiene comida
en casa, por eso me gusta venir aquí. Ella y su esposo, Eric Grayson,
llevan casados desde los diecinueve años. Eric trabaja en ventas
farmacéuticas, así que viaja mucho durante la semana.
Me gusta ayudar cuando puedo llevando a Scott al colegio o
recogiéndolo, aunque Kim es más que capaz. Ella y Eric siguen
perdidamente enamorados. Lo han estado desde el día en que él se
trasladó a nuestro instituto y se vieron por primera vez. Siempre me
pregunté cómo era eso... hasta el día en que vi a Charity y todo se
aclaró.
— ¿La has visto?— pregunta Kim, apoyándose en la encimera.
Cojo el plato que me ha preparado, me acerco a la barra y tomo
asiento. Miro y veo a Scott jugando con algo en la mesa del comedor.
Quiero asegurarme de que no lo oye, aunque el chico parece oírlo todo.
—Tengo una cita. — digo con orgullo, metiéndome una fresa en
la boca.
Ella se tapa la boca con las manos y me mira sorprendida. —
¿Dijo que tendría una cita contigo?
Sotelo, gracias K. Cross
Hago una mueca ante su excitación. —No exactamente. —
Pienso en lo sorprendida que se quedó cuando le dije que íbamos a
salir a comer. Sonrío. —Pero irá.
—Quizá entonces pueda empezar a llevar a Scott a la escuela. Te
juro que probablemente piensen que sus padres lo han abandonado.
Pero en realidad mi hermano está enamorado de la profesora de mi
hijo y está al límite de acosarla.
— ¿Al límite?— pregunto, subiendo una ceja. Ella sabe algunas
de las cosas que he hecho para tener a Charity en el punto de mira,
pero no todo.
—Probablemente sea mejor que no conozca todos los detalles. —
dice, levantando las manos y caminando hacia el comedor, donde está
sentado Scott. Observo desde la distancia cómo se inclina, le besa la
cabeza y se sienta a su lado para preguntarle por su día.
La observo y pienso en nuestros padres y en lo orgullosos que
estarían de ella. Nuestro padre murió en un accidente de trabajo
cuando éramos pequeños, y mi madre se quedó con una gran parte
del dinero del seguro para ayudarnos a mantenernos. Kim y yo
tuvimos la suerte de poder ir a la universidad y hacer lo que
quisiéramos sin tener que preocuparnos por pasar apuros
económicos.
Cuando nuestra madre falleció repentinamente de cáncer de
mama el año pasado, fue un duro golpe para todos nosotros. Nos las
hemos arreglado para salir adelante, aunque queda un espacio vacío
en nuestra familia que nunca podremos llenar.
Mi madre siempre me animó a seguir mis sueños, y así lo hice.
Fui a la escuela y me licencié y luego hice un máster en arquitectura.
Después decidí abrir mi propio negocio, y desde entonces me he
convertido en uno de los mejores arquitectos de Seattle. Llevo tanto
tiempo centrado en construir mi empresa y crear cosas nuevas y
emocionantes que he dejado de lado cualquier tipo de vida amorosa.
No he tenido novia desde la secundaria, y la última vez que salí con
una mujer, Bush era presidente.
He llevado a Scott a la escuela de vez en cuando desde que
empezó. Su escuela está justo al lado de mis oficinas, así que es fácil
pasar a recogerlo y llevarlo a casa después, ahorrándole el viaje a mi
Sotelo, gracias K. Cross
hermana. Pero un día, al entrar en su clase, vi a Charity. Fue entonces
cuando supe de qué habían estado hablando mi madre y mi hermana
todos estos años. Esa primera chispa y los sentimientos de protección
y amor que surgen de la nada. Una mirada a Charity y me enamoré al
instante. No me había dirigido ni una sola palabra y ya me la
imaginaba caminando hacia mí por el pasillo.
El hecho de que no me prestara atención cada vez que intentaba
hablar con ella fue un golpe para mi ego. No es que me creyera guapo
o mejor que otros hombres. Era el hecho de que esta mujer era
claramente mi futura esposa, y ni siquiera estaba dispuesta a mirarme
a los ojos. Cada vez que intentaba sacar algo personal, ella cambiaba
el tema a Scott. Amo al chico, no me malinterpretes, pero empezaba a
ponerme celoso por la forma en que le sonreía.
Estaba a punto de apuntarme a su clase si no accedía a tener
una cita conmigo, así que hoy decidí tirar la casa por la ventana. Le
dije a Scott que debería olvidarse de algo en clase para que yo pudiera
volver a entrar, y el pequeño me ayudó. No estaba esperando a que
aceptara nada conmigo. Ya había superado ese punto y estaba listo
para exigir. Así que después de contarle lo de la cena, me largué de
ahí. No tenía sentido darle tiempo para que se escabullera. Lo único
que quiero que se quite es la ropa.
Sus rizos oscuros y sus gafas de montura gruesa me provocan
dolor en todo el cuerpo. Mi sucia fantasía de profesora ha cobrado vida
delante de mí, y quiero arrancarle las camisas de cuello abotonado y
dejar que esas enormes tetas suyas reboten en mi cara. Quiero que
me cabalgue mientras le chupo los pezones.
— ¡Reese!— grita Scott, y sacudo la cabeza. Claramente no era
la primera vez que decía mi nombre.
— ¿Tienes un traje bonito para la fiesta de mañana? — pregunta,
y sonrío.
—Lo tengo cubierto, chico. Dejaré que tu mamá te recoja
mañana, pero te veré en el baile. Buenas noches, Kim. — digo por
encima del hombro, choco los cinco con Scott y salgo.
Charity ya debería estar en casa, así que puedo irme.
Sotelo, gracias K. Cross
Cuando compré el edificio del centro y lo rediseñé, me imaginé
vendiendo las unidades que tenía debajo. Estoy en el último piso, y los
pisos de abajo tienen un tremendo valor inmobiliario. El primer día vi
a Charity y decidí que tenía que hacer los deberes. Esperé un par de
veces y escuché que estaba buscando un lugar para quedarse. Me
aseguré de que le llegara un correo electrónico con una nueva
propiedad, en alquiler y cerca de la escuela. Le hice creer que estaba
alquilada hasta que apareciera un comprador. Incluso hice que un
agente se reuniera con ella para explicarle los detalles. Nunca tuve
intención de vender la casa, al menos mientras ella viviera en ella. Pero
sabía que tenerla cerca me ayudaría a dormir por las noches. Sobre
todo sabiendo que algún día podría tenerla en mi piso.
Me subo al coche y atravieso la ciudad hasta mi edificio.
Estaciono en el garaje y subo en el ascensor privado. En lugar de subir
al ático, me detengo en el vestíbulo para hablar con Joshua. Es el
vigilante nocturno y, cuando me ve acercarme, se levanta y sonríe.
—Hola, Sr. Lovella. Todo va bien esta noche. — Me entrega un
portapapeles con un par de firmas, y señala la de abajo. —La señorita
Treat ha traído una invitada. Estaré encantado de sacar las cámaras
si quiere ver a la visitante.
Sacudo la cabeza al ver el nombre. —No será necesario, Joshua.
Gracias. Saluda a Sandy de mi parte. Que pases buena noche.
—Lo haré. Usted también, señor.
Estoy seguro de que Joshua sabe lo que estoy haciendo. Desde
que Charity se mudó, he estado controlando la seguridad
regularmente, junto con cualquier visitante que pudiera entrar. Hasta
ahora, solo ha recibido un par de entregas de comida, que Joshua tuvo
la amabilidad de interceptar y entregar personalmente. Recibió una
buena gratificación por sus esfuerzos y planea llevar a su mujer a
Hawaii para su aniversario. Merece la pena.
Entro en el ascensor y, por mucho que quiera ir a su planta, no
lo hago. Presiono el botón del mío y subo. Cuando entro, voy a mi
despacho y compruebo la señal. Joshua no sabe que tengo mis propias
cámaras, y vuelvo a pinchar hasta que encuentro el punto en el que
ella entra. Veo cómo ella y su compañera de trabajo suben al ascensor
y, a continuación, paso a la siguiente cámara situada frente a su
Sotelo, gracias K. Cross
puerta para verla entrar sana y salva. Tuve que luchar contra mí
mismo para no colar las cámaras adentro, porque no estaba seguro de
si sería capaz de controlarme si veía mucho más.
Después de ver la cinta tres veces más, me acerco al sofá de mi
despacho y me estiro. Sonrío para mis adentros, pensando que
mañana a esta hora estaré a solas con ella, y entonces no tendrá más
remedio que enamorarse de mí.
Todo lo que necesito es un momento a solas, entonces ella verá
lo que hago. Sentirá la innegable fuerza que nos une, y entonces
podremos dejar de fingir. Charity Treat va a saber que no hay mundo
sin mí, igual que yo no tengo mundo sin ella.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 3
CHARITY
—Sigo sin acostumbrarme a este sitio. — dice Apple mientras
bebe otro sorbo de su copa de vino.
Ya hemos bebido la segunda botella que compramos de camino
a mi casa y los envases de comida para llevar están vacíos. Todo el
cuerpo me zumba y siento calor. Algunos de mis temores sobre el
mañana desaparecen por un momento.
Echo un vistazo al piso y no puedo estar más de acuerdo con
ella. Todo este edificio es increíble, y va a ser un asco cuando tenga
que dejarlo. Sé que nunca más podré permitirme algo tan bonito con
el sueldo de una profesora, pero nunca dejaría la enseñanza para vivir
en un sitio lujoso. Eso no significa que no vaya a disfrutar de este
lugar mientras dure. Es una muestra de una vida que nunca pensé
que podría experimentar.
Crecí en un hogar de acogida tras perder a mi abuela, que me
crió. Tenía diez años cuando murió y era todo lo que tenía. Recuerdo
que mi madre pasaba por aquí y por allá cuando yo era pequeña, pero
es más bien un borrón, y a menudo me pregunto si los recuerdos son
reales. No me dolían, pero ¿puede algo hacerte daño de verdad si no
lo sabías? No recuerdo haberla echado de menos ni haber pensado
que volvería a buscarme cuando murió mi abuela. De hecho, nunca
pensé en ella.
Perder a mi abuela fue duro. No era la más cariñosa, pero
siempre estaba ahí para mí. Tuve suerte -mucha suerte, de hecho-
cuando caí en el sistema de acogida y me fui a vivir con la tía K y el
tío C, como todos los llamábamos.
Dos profesores jubilados y casados que nunca pudieron tener
hijos propios. Siempre tenían al menos seis niños a su cargo. Cuando
uno se iba, otro venía a vivir con nosotros. Eran maravillosos con todos
nosotros. Y aunque eran cariñosos, también eran realistas con
nosotros.
Sotelo, gracias K. Cross
Nos dieron las herramientas para triunfar en la vida. Todas las
noches, cuando volvíamos del colegio, cenábamos juntos. Luego
volvíamos a estudiar después de un rato de juego. Nos decían que la
única manera de llegar a alguna parte en la vida era trabajar duro.
Estaban decididos a que todos nosotros no solo entráramos en la
universidad, sino que también consiguiéramos becas para ayudarnos.
Pero incluso con todo el estudio, todavía había tiempo para la
risa y un poco de amor. Aunque hace mucho tiempo que no veo a
algunos de mis hermanos y hermanas de acogida, seguimos
enviándonos correos electrónicos y llamándonos. Otros se ocuparon
de la vida, pero entendimos que siempre habría un vínculo que nos
mantendría unidos.
Sentía que cada vez que alguien abandonaba el nido, lo hacía
lejos del hogar que la tía K y el tío C habían creado para nosotros.
Aunque era un lugar agradable y sé que nos querían, nunca fue
realmente nuestro hogar. Era un lugar de acogida. Un lugar seguro
que nos enseñó y nos preparó para el mundo, y siempre les estaré
agradecida. Agradecida por lo que nos dieron y por cómo abrieron su
casa a todos nosotros.
—Todos los muebles venían con ella. — admito. Si no,
estaríamos sentadas en el suelo, con un pequeño sofá y una mini
nevera. Es todo lo que tengo de la universidad. Es el único mueble que
tengo. Dios, realmente espero que nadie me quite este lugar, porque
necesito más tiempo para ahorrar para la mudanza. No solo para el
depósito, sino también para los muebles.
—Tal vez no debería estar bebiendo en este sofá. — Apple hace
una pausa, con su copa de vino a medio camino de la boca. Me subo
las gafas por la nariz y cojo mi propia copa.
—Soy una torpe. Ya sé que las manchas salen fácilmente en
estos sofás.
Ella se ríe y bebe un buen trago de su vino. Yo hago lo mismo
antes de coger mi teléfono. Mordiéndome el labio, debato sobre lo que
he estado pensando hacer desde que llegué a casa.
—Quizá podamos buscarlo un poco en Google.
Sotelo, gracias K. Cross
A Apple se le iluminan los ojos. — ¡Acabas de decir que no
deberíamos! — Deja el vaso sobre la mesa. — ¿Y qué quieres decir con
un poco? ¿Qué es un poco de Google?
—No lo sé. He cambiado de opinión. — Pongo su nombre en el
buscador. —Un poco es un vistazo a las imágenes, sin pinchar en los
enlaces ni nada. — No sé por qué, pero esto hace que parezca que no
es tan malo.
— ¿Segura que quieres hacerlo?
Miro a Apple, con el dedo sobre el botón de búsqueda, lista para
empezar. Esta fue su idea para empezar.
— ¿Por qué? ¿Sabes algo?— Siento que se me hace una bola en
el estómago, como si estuviera a punto de perder algo que nunca he
tenido. Tal vez no quiero ver. O quizá sea mejor saberlo.
Una sonrisa se dibuja en su cara, haciendo que parte de la
tensión se desvanezca.
—Busca. O te enamoras más de él o... — Se detiene, pero ya
estoy presionando buscar y desplazándome por las fotos de él. Hay
fotos suyas en eventos y se han escrito varios artículos sobre él en el
último año.
En muchas de las fotos está con su madre o su hermana. En
otras, está solo. No puedo contenerme y hago clic en un artículo que
habla de que perdió a su madre de cáncer de mama y de cómo donó
un ala completamente nueva al hospital local, dedicada a la
investigación del cáncer.
—Jesús, es aún más perfecto de lo que ya pensaba. — Por alguna
razón esto lo hace peor. No sé qué pensé que encontraría. Tal vez algo
que mostrara algún defecto. O que tal vez salía con una mujer
diferente cada noche. Pero nada de eso estaba ahí.
—Y eso es lo que quería decir. Te vas a convencer de no salir con
él por eso.
— ¿Puedes no salir con alguien porque es demasiado perfecto?
¿Eso existe?— pregunto, levantando mi copa de vino para beber otro
trago. En lugar de eso, golpeo el vaso y derramo el vino sobre mi
camiseta de los Aristogatos y mis pantalones de yoga.
Sotelo, gracias K. Cross
—Oh mi Dios. Apuesto a que voy a hacer eso si tengo una cita
con él. — Señalo el vino en mi camiseta, haciendo que Apple resople.
— ¿Por qué crees que todas las profesoras solteras hablan
siempre de él? Es como un maldito unicornio al que nadie puede
atrapar. Ni siquiera para un polvo rápido. — Apple mueve las cejas.
Me levanto y voy a la cocina, intentando asearme. Apple aparece
instantes después.
—Escucha —dice, poniéndose la mano en la cadera—. No te
asustes. Fíjate en los hechos. Nunca se le ha visto salir con una mujer,
y ahora te pide que salgas en una cita muy pública. No solo eso, todo
el mundo ha estado murmurando acerca de cómo él siempre te está
mirando. Algo que nunca ha hecho con nadie más. Solo contigo. Todo
esto me demuestra que realmente te quiere. Esto no es un juego. Está
más que interesado en ti. — Se acerca un paso más y me da mi copa
de vino rellenada. —Y después de lo que he visto hoy, esa cita tendrá
lugar de un modo u otro. Bébete el vino y pensemos en el vestido que
te vas a poner mañana.
Doy un gran trago, sabiendo que tiene razón. Hoy podría decir
que Reese me va a tener. Es solo cuestión de cuánto tiempo tardará.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 4
REESE
Entro en el gimnasio del colegio y miro a mí alrededor,
buscándola. Este día ha parecido una eternidad, y sé que no puedo
esperar ni un segundo más para poner mis ojos en ella. Tocarla. Saber
por fin lo suaves que son sus labios.
La habitación se ha transformado en una mansión parecida a un
castillo, con gente contratada para hacer trucos. La escuela se excede
cada año, pero siempre recauda mucho dinero para obras benéficas
con el evento. Miro a mí alrededor y veo a alumnos, padres y profesores
jugando y bailando.
Scott me tira de la mano y señala, y yo sigo su línea de visión.
Kim y Eric se acercan por su otro lado y ven nuestro intercambio.
—Vamos, Scott. Vamos a ver si tu padre nos compra algodón de
azúcar. — Kim me guiña un ojo y todos se alejan. Scott sonríe de oreja
a oreja. Ha sido mi pequeño compinche durante todo esto.
Vuelvo a echar un vistazo a la multitud y veo el rojo y el negro.
Por supuesto, Charity lleva un vestido que se amolda a sus deliciosas
curvas. Tiene corazoncitos. Sonrío mientras me acerco y la miro de
arriba abajo. El vestido muestra sus exuberantes curvas en todos los
lugares adecuados y se me hace agua la boca. Lleva el pelo suelto y
las suaves ondas enmarcan su rostro. Lleva gafas y parece una
bibliotecaria sexy. Es el sueño húmedo de cualquier hombre, y me
cuesta caminar en línea recta hacia ella.
No sé cómo voy a mantener la compostura. Creo que no voy a
ser capaz. La he deseado durante demasiado tiempo, y toda esta
necesidad está empujando hacia delante, queriendo salir por fin, y va
a hacer falta todo mi control para no llevarla a la superficie más
cercana y descubrir por fin lo dulce que sabe realmente.
Sotelo, gracias K. Cross
Por fin me ve y su boca se abre un poco, sorprendida, antes de
que sus labios formen una perfecta O. Me mira de arriba abajo y una
sonrisa se dibuja en su boca.
—Hacemos buena pareja. — le digo abriendo un poco los brazos.
Veo cómo se sonroja al ver mi traje oscuro con la corbata roja
que combina a la perfección con su vestido. En los últimos meses me
he dado cuenta de que siempre le gusta el rojo. Pensé que una corbata
roja era una apuesta segura.
— ¿Tienes idea de lo sexy que estás esta noche? — le pregunto.
Se sonroja y se muerde el labio. El movimiento es tan inocente y
dulce. Avanzo unos pasos y ella me imita, retrocediendo hacia la
esquina oscura. La persona con la que estaba hablando antes se ha
alejado y ahora tenemos esta zona privada para nosotros solos.
Hay una estructura de madera construida para el evento justo a
nuestro lado, y es perfecta para lo que quiero. Solo necesito probar.
Un poco, me miento a mí mismo. Nada con ella será suficiente, pero no
puedo contenerme. Extiendo la mano, tomando la mano de Charity y
empujándola detrás de la estructura. Nos ofrece aún más privacidad,
que es lo que necesito desesperadamente con ella en este momento.
— ¿Reese?— Dice mi nombre en tono de interrogación, pero
también hay una pizca de emoción. Puedo verlo en sus ojos. Empiezo
a ver que tendré que presionarla un poco. Lo necesita. Y por su voz,
creo que también lo desea.
Una vez escondidos, aprieto suavemente su espalda contra la
pared y me coloco frente a ella, protegiéndola de la vista si alguien
volviera por aquí.
—Charity. Te he deseado desde el momento en que te vi. No me
digas que no sientes esta atracción entre nosotros.
Muevo las palmas de las manos a ambos lados de su cabeza,
aprisionándola y sin dejarla escapar. Quiero que sepa lo en serio que
voy con esto. La dejaría marchar si viera una pizca de miedo, pero no
hay nada en sus ojos. Solo hay deseo en su interior, y es imposible
que no sienta esa atracción. Es tan densa que puedo sentirla rodar
entre nosotros y unir nuestras almas.
Sotelo, gracias K. Cross
—Pero tú eres... tú. Y yo soy, bueno, soy yo. — Se encoge de
hombros como si eso fuera una explicación que debiera entender.
Quizá tenga razón. Ella es ella, dulce y suave, y yo soy un hombre que
trabaja demasiado y no sabe nada de tener una mujer propia. Ella está
fuera de mi alcance, pero no soy lo suficientemente hombre como para
hacerme a un lado. Es mía y no me importa ser un cabrón egoísta por
tenerla.
Inclina la barbilla y le pongo la mano suavemente en el cuello,
empujándola con el pulgar hacia arriba. Quiero que me mire cuando
le diga esto.
—Exacto. — Veo un brillo de derrota en sus ojos y no puedo
imaginar por qué está triste. —Charity, eres la mujer más hermosa
que he conocido. No puedo pasar más de dos segundos sin pensar en
ti y querer saber cada detalle de tu día. Y de tu vida. Tú eres tú, y eso
no solo me fascina, sino que me llama como una sirena en la noche.
Cualquier hombre tendría suerte de lamer el suelo que pisas. Pero
tendrán que conformarse con la decepción, porque eres mía.
—Reese, ni siquiera nos conocemos. Esto es una locura. —mira
a su alrededor, pero no hay nada más que ver y ningún otro lugar a
donde ir. —No puedes venir aquí y reclamarme como si fuera un
premio.
Sonrío y le quito un rizo de la cara. —Oh, pero lo eres, mi dulce
Treat. Y creo que ya lo he hecho.
Me inclino lentamente hacia delante para que conozca mi
intención. Rozo mis labios suavemente sobre los suyos, un susurro de
lo que está por venir. Durante tres latidos, eso es todo lo que hago,
manteniéndome quieto, rozando suavemente mis labios con los suyos.
Y entonces se enciende una chispa, y nos aferramos el uno al otro,
besándonos como si yo hubiera estado en la guerra durante los
últimos diez años y ella me hubiera estado esperando todo este tiempo
para volver a casa. No sé quién se ha movido primero, pero su cuerpo
está tan pegado al mío como el mío al suyo. La empujo con más fuerza
contra la pared y sus piernas me rodean la cintura.
Sabe a caramelo dulce y gimo cuando su lengua sale para probar
la mía. Durante mucho tiempo me he preguntado si esta conexión
entre nosotros era unilateral, pero ahora sé que no lo es.
Sotelo, gracias K. Cross
Desciendo las manos por su espalda hasta su redondo trasero.
Agarro cada nalga con fuerza y la acuno contra mí. Esta vez suelta un
pequeño gemido y dejo de hacer lo que estábamos haciendo,
presionando mi frente contra la suya para controlarme. No quiero que
se corra aquí.
—Aquí no. Así no. He esperado tanto tiempo para tenerte entre
mis brazos, Charity.
Respiro y le doy un último beso antes de bajarla de nuevo al
suelo y cogerle la mano, entrelazando sus dedos con los míos. La saco
de la parte trasera de la estructura y veo una puerta de salida cerca.
Me dirijo hacia ella. Lo único que tengo en mente es sacarla de aquí.
Los profesores se giran para mirarnos, pero los ignoro y sigo
caminando.
—Espera, Reese. ¿Adónde vamos? No puedo irme. — dice, pero
no hay fuerza real detrás de sus palabras. Sigue mi ritmo a cada paso
que doy, sin siquiera apartar su mano de la mía.
—Te dije que te iba a llevar a cenar. No especifiqué dónde. Tengo
comida en mi casa. Vámonos de aquí.
Antes de que le dé tiempo a explicarse, la meto en la parte trasera
del coche y cierro la puerta. El conductor se aleja del bordillo y yo
arrastro a Charity hasta mi regazo.
— ¿Dónde estábamos?
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 5
CHARITY
Mi boca aterriza en la suya, y esta vez sé con certeza quién
empieza. He perdido el control antes en el gimnasio y ya no puedo
soportarlo. Estoy cansada de luchar contra este deseo abrumador por
Reese. Claro, no sé mucho sobre él, pero nunca he tenido este tipo de
química con nadie antes.
Hay algo aquí que es tan caliente y urgente que no tengo forma
de controlarlo. Y para ser sincera, no sé si quiero hacerlo. Cupido nos
ha golpeado con su arco esta noche.
He estado preocupada por esta noche, preguntándome qué
podría pasar. Y preguntándome qué podría no pasar. Pero tan pronto
como me tocó, me perdí. Todos los miedos y preocupaciones
desaparecieron y me quedé en un charco de necesidad. Empecé a
protestar cuando nos fuimos, pero era todo tan débil. Ni siquiera creía
lo que decía. Deseaba más que nada irme con él, así que tiré la cautela
al viento. Puede que sea cosa de una noche para él, y si lo es, será una
mierda, pero estoy viviendo el momento.
Me pongo a horcajadas sobre Reese. Nunca he hecho algo así,
así que el movimiento audaz tiene que venir de algún lugar profundo
dentro de mí. Es una parte de mi cuerpo que nunca he tocado antes,
y le estoy dando las llaves para conducir.
—Charity. Mi Dios, sabes tan jodidamente dulce. Eres como una
droga.
Me lame el labio inferior y siento que todo al sur de mi ombligo
se aprieta de deseo. El calor húmedo que siento entre las piernas me
humedece las bragas y me aprieto contra él. La presión que crece en
mi interior es cada vez mayor y no estoy segura de poder controlarla.
Siento el placer como si estuviera subiendo a la cima de una montaña
rusa, solo que no tengo ni idea de cómo va a ir. El miedo a la caída es
paralizante, pero sigo subiendo, subiendo, subiendo.
Sotelo, gracias K. Cross
—Reese. Oh Dios, estoy... — Mis palabras se cortan cuando su
boca va a mi cuello y siento sus dientes rozar la piel sensible.
— ¿Estás qué? — pregunta, agarrándome las caderas con tanta
fuerza que el placer y el dolor se mezclan.
—Cerca. — suspiro mientras cierro los ojos.
Me balanceo arriba y abajo contra la dura cresta de su polla.
Está encajada entre nosotros, pero es gruesa y caliente. Siento su
calor a través de sus pantalones y mi traje, y lo único que quiero es
romper la tela que nos separa.
—Estamos solos, dulzura. Puedes tomar lo que quieras de mí.
Mi respiración se entrecorta, y abro mis piernas increíblemente
más, necesitando tanta fricción como pueda conseguir. Estoy a un
golpe de tener el orgasmo más intenso de mi vida y tengo miedo de
que me destroce.
—Te mantendré unida. — dice Reese, como si leyera mi mente.
La certeza y la seguridad de sus palabras calman todos mis
temores y le entrego mi orgasmo. Echo la cabeza hacia atrás y grito de
placer mientras las oleadas de calor fluyen a través de mí. Mi sexo se
aprieta y me duelen los pechos mientras él se revuelve contra mis
caderas, arrastrando mi liberación. El calor me abrasa las venas y es
el mayor orgasmo que he tenido nunca.
Intento recuperar el aliento mientras me siento débil y mareada.
Es como si hubiera hiperventilado, solo que es eufórico y maravilloso.
De repente recuerdo sus palabras sobre que esto es una droga. Nunca
me había sentido tan colocada y tan dichosa en toda mi vida. Es como
si me hubiera inyectado heroína, pero nunca había tenido la mente
tan clara. Abro los ojos, miro los suyos y, por un segundo, creo que
debería sentir vergüenza. Pero su mirada es de puro placer. Sus ojos
están entrecerrados y puedo sentir los latidos de su corazón contra
mis pechos. Pero hay algo sereno en ella. Como si pudiera sentarse
aquí y ver cómo me corro mil veces sin cansarse nunca.
—Gracias. — dice Reese, y siento que mi cara se enrojece.
—Yo debería darte las gracias. — le digo.
Sotelo, gracias K. Cross
Se inclina hacia delante y roza lentamente sus labios con los
míos. Entonces saca la lengua y me roza el labio inferior, y un
escalofrío de placer me recorre de nuevo. ¿Cómo es posible que me
excite tan pronto? ¿No debería durarle años a una mujer un orgasmo
así?
De repente, el coche se detiene y veo que estamos fuera de mi
edificio. La confusión me invade y miro a Reese.
—Somos vecinos. — dice, colocándome un mechón de pelo
detrás de las orejas. En mi cabeza deberían saltar todo tipo de
alarmas, pero él me pasa un dedo por los labios. —Te lo explicaré
cuando estemos arriba.
Me coge en brazos y me lleva al edificio y al ascensor.
Probablemente debería protestar, viendo cómo el guardia de seguridad
de la noche se limita a observar lo que ocurre, pero me siento tan bien
en los brazos de Reese que no pienso demasiado en ello.
Si planeaba darme el mejor y más duro orgasmo de mi vida y
luego secuestrarme, misión cumplida. No tengo ningún deseo de ir a
ningún sitio que esté lejos de su alcance.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 6
CHARITY
—Todavía no puedo creer que vivamos en el mismo edificio. Es...
Reese me empuja contra la puerta de su casa.
Jadeo cuando se arrodilla delante de mí. Me mete la mano entre
los pechos y me baja la cremallera del vestido. Me lo compré hace unos
años, cuando estaba un poco más delgada, así que me queda ceñido
por todas partes y no solo en algunos sitios. Es como una segunda
piel, pero esta noche me ha dado un poco más de confianza. Lo
suficiente como para ser más atrevida que nunca con nadie.
Espera y me quito el vestido, dejándolo caer al suelo. A
continuación me quito las bragas, de modo que ahora estoy delante
de él completamente desnuda. Me recorre una excitación nerviosa.
—Lo único que pensaba cuando entraste en el coche era que no
había podido probarte. —Se inclina hacia delante y su nariz roza mi
sexo desnudo. Lo oigo respirar y es muy erótico. Mi respiración se
acelera y no me atrevo a decir nada. Mi corazón se acelera.
—Dime que puedo saborearte. — dice contra mi piel húmeda.
Está tan cerca, pero me pregunta, espera a que le diga que puede
hacer lo que está tan desesperado por hacer.
Me agacho y le paso los dedos por el pelo, animándolo.
Deseándolo.
—Por favor. —Susurro la palabra y él entierra su cara entre mis
piernas. Grito su nombre mientras sus grandes manos me agarran los
muslos. Sus dedos se clavan en mí mientras me abre más para su
boca. Me inclino un poco hacia atrás, con una mano en el pomo de la
puerta y la otra hundida en su pelo, aferrándome a él.
Me chupa el clítoris y gimo, sintiendo que me acerco cada vez
más al orgasmo. Sucede tan deprisa que casi me da vergüenza. No
sabía que podía volver a correrme tan deprisa, pero estoy a punto de
Sotelo, gracias K. Cross
hacerlo, porque noto que va en aumento. Mis caderas empiezan a
moverse y trato de empujarlo mientras alcanzo el límite del placer.
Gruñe contra mí y me agarra las caderas, sujetándome mientras el
orgasmo me recorre el cuerpo. Grito su nombre una y otra vez
mientras el orgasmo me invade.
Lenta y suavemente, me lame mientras me recupero del
orgasmo. Me frota las piernas con suavidad. Su lengua se desliza por
mi muslo como si quisiera obtener hasta la última gota de mi placer.
Dejo caer la cabeza hacia delante, sin darme cuenta de que la había
echado hacia atrás cuando me hizo correr. Lo miro, este gran hombre
de rodillas frente a mí dándome el mejor orgasmo de mi vida, incluso
superando al de antes. No creí que pudiera ser mejor. Me equivoqué.
Sus ojos se cruzan con los míos y me ruborizo. Suelto el pomo
de la puerta y me llevo la mano a la boca. Me sonríe antes de besar
cada uno de mis muslos y depositar un suave beso entre mis piernas.
—No seas tímida, mi dulzura. Ha sido el segundo momento más
maravilloso de mi vida. — me dice, retirando la mano de mi boca y
sustituyéndola por sus labios. Me besa profundamente, como si
quisiera marcar mi boca con la suya. Me agarra los dedos y los
entrelaza con los suyos mientras separa su boca de la mía.
Me suelta la mano y busca los botones de su camisa. Espero con
la respiración contenida a que los desabroche lentamente y se
descubra. Su pecho desnudo está cincelado, con una ligera capa de
vello sobre los músculos. Dios mío, ¿podría ser más perfecto?
Toma la camisa y me la ofrece, y me doy la vuelta, metiendo los
brazos por los agujeros. Una vez puesta, me doy la vuelta y me la
abrocha. Sus ojos recorren mi cuerpo, y hay satisfacción en ellos,
como si estuviera contento de que lleve algo suyo. El movimiento es
posesivo, y no puedo evitar acurrucarme un poco en la camisa,
disfrutando de su tacto.
—Ya está. Ahora puedo pensar con claridad. Permíteme que te
dé de comer.
Me aparta de la puerta y es la primera vez que veo su
apartamento.
Sotelo, gracias K. Cross
—Vaya. — digo, haciendo que me mire por encima del hombro
mientras me lleva al salón.
— ¿Te gusta?
—Es impresionante. — le digo, incapaz de apartar los ojos de los
ventanales que dan a la ciudad. El edificio es alto y me permite ver
más allá de la ciudad y las montañas, detrás de las cuales desaparece
el sol.
—Me alegro de que te guste. — responde, tirando de mí para que
me siente a su lado en el sofá. La mesita que tenemos delante está
llena de platos con todo tipo de comida. Se inclina hacia delante y coge
un plato. Su otra mano suelta la mía y se acerca a mi muslo. Me clava
un poco los dedos. Me agarra posesivamente y me acaricia con el
pulgar.
Me acerca un trozo de queso a la boca y le doy un mordisco. No
creo que nadie me haya dado de comer antes. Me mira mientras como
y trago, sin apartar los ojos de mí.
— ¿Y cuál fue el primero?— pregunto, moviéndome un poco y
haciendo que sus dedos se claven un poco más en mi muslo. Dejo de
moverme.
— ¿Primero qué? — pregunta, dándome otro bocado.
—El momento más maravilloso de tu vida.
Sonríe, mostrando sus dientes blancos y perfectos y haciendo
que mi corazón se estremezca. No solo por lo guapo que es, sino
porque sé dónde acaba de estar esa boca. En algún lugar donde una
boca nunca ha estado antes.
—Cuando te vi.
Me sonrojo de nuevo.
—Dios, me encanta eso. Ni siquiera sabía que las mujeres podían
sonrojarse. — Se inclina y sus labios rozan mis mejillas. Sí,
probablemente porque las mujeres de mi edad no son tan inexpertas.
Aunque con él, no creo que eso vaya a ser un problema. Cuando
me toca, mi cuerpo reacciona. Como cuando me subí a él como a un
árbol en el baile. Lo besé como si fuera a morir si no lo hacía. No solo
Sotelo, gracias K. Cross
eso, sino que Reese se hace cargo y no tengo que preocuparme si estoy
haciendo algo mal. Él lo hace por mí.
— ¿Siempre eres tan encantador?— Pregunto, preguntándome
si todo lo que dice es una frase. Escuché muchas tonterías en la
universidad y sé que los hombres dirán cualquier cosa para meterse
en tus pantalones. Pero eso no parece cuadrar con Reese.
No creo que tenga que trabajar para meterse en los pantalones
de una chica. Probablemente ellas solo le tiran sus pantalones.
Excepto yo. Sigo huyendo. Tal vez por eso me encuentra tan deseable,
porque soy un desafío.
—No. No estoy tratando de ser encantador. Solo estoy siendo
honesto. — Se acerca un poco más a mí, terminando el trozo de queso.
—No te estoy dando una línea, dulzura. El primer día que te vi, tenías
tus gafas de montura gruesa posadas en tu nariz de botón mientras
estudiabas un papel que tenías en la mano. Me atrapaste en ese
momento. Luego te reíste. A carcajadas, con la cabeza hacia atrás. Fue
algo que te dijo uno de los niños, y lo sentiste con todo tu corazón. En
ese momento, supe que se había acabado. Sabía que encontraría la
manera de tenerte. De hacerte mía. De sentir esa risa contra mí
mientras te abrazaba. Dándote razones para hacerlo.
Mi respiración se entrecorta y mis ojos se clavan en los suyos.
Sé que en este momento seré suya todo el tiempo que quiera. Ya no
me importa.
— ¿Lo entiendes, amor?
Asiento.
— Finalmente. — murmura mientras su boca se posa en la mía.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 7
REESE
Alargo la mano y rozo con el dedo su mejilla y luego su
mandíbula. Su piel es suave y delicada, y su rubor me pone duro como
una piedra.
—Desde el momento en que te vi, supe que eras para mí, Charity.
El amor a primera vista puede parecer ridículo y la gente puede poner
los ojos en blanco, pero para mí es real. Me enamoré de tu sonrisa, de
tu risa y de tu mirada cuando hablabas con tus alumnos. Me enamoré
de ti antes incluso de que me dijeras una palabra. — Sus ojos se
iluminan, pero no veo ni rastro de miedo en ellos. Solo esperanza. —
Te amo, Charity. Eres la otra mitad que me ha faltado toda la vida, y
ya te he esperado bastante. No me hagas esperar más.
—Reese, no sé qué decir. Todo esto está pasando tan rápido. —
Sus ojos recorren la habitación y luego vuelven a mí.
—Mi madre solía decirme que las cosas buenas llevan su tiempo,
pero las grandes ocurren de golpe. Era un viejo dicho que le encantaba
recordarme cuando me desanimaba por cualquier cosa. Y el día que
te vi, sus palabras resonaron en mis oídos. Tú eres mi grandeza,
Charity.
Se lleva las manos a la boca y luego las extiende, tocando mis
labios. Es como si no pudiera creer que mis palabras sean reales, pero
lo son.
—Te vas a mudar conmigo, nos vamos a casar y te voy a amar el
resto de mi vida. Puede que te lleve algún tiempo ponerte de acuerdo
conmigo, pero puedes hacerlo desde nuestra casa y con mi anillo en
el dedo.
Suelta una carcajada y, antes de que me dé cuenta, me tumba
de espaldas en el sofá. Le agarro el culo desnudo con las dos manos y
sus labios se posan en los míos en un beso ardiente. Gime en mi boca
mientras nos doy la vuelta y la aprisiono debajo de mí.
Sotelo, gracias K. Cross
Me rodea la cintura con las piernas, me siento, agarro la parte
delantera de la camisa que cubre su cuerpo y la abro. Los botones
saltan por los aires, pero me da igual mientras me inclino y abro la
boca sobre su pezón, chupándolo con fuerza. Me agarra del pelo y me
aprieta cuando me dirijo a su otro pecho mientras me desabrocho los
pantalones. Si no la penetro pronto, moriré.
—Por favor. — dice Charity mientras se inclina del sofá y sostiene
mi boca más cerca de ella. —Reese, te necesito.
—Te quiero desnuda. — susurro contra la suave piel entre sus
pechos. —No quiero nada más que nuestra piel se toque, y quiero que
tu coño se amolde a cada cresta de mi polla.
—Sí. — respira y abre más las piernas. —Soy tuya. Sólo sé
amable.
La miro a los ojos y veo la súplica. Es una mirada que no
esperaba, pero la bestia que llevo dentro gruñe de excitación.
— ¿Soy el único al que has dejado que te toque? — Asiente y
tengo que cerrar los ojos para controlarme. —Me dejarás ser el primero
y el último, ¿verdad, Charity?
Asiente, pero yo quiero las palabras.
—Dilo, amor. Dime que puedo tenerte hasta el fin de los tiempos.
—Soy tuya, Reese. Para siempre.
Empujo la punta de mi polla desnuda contra su abertura,
dejando que se hunda lentamente en su calor. La estrechez no cede
fácilmente, y tengo que usar todo el control que puedo reunir para no
empujar dentro de ella tan rápido como quiero. Pronto podré
penetrarla tan rápido y tan fuerte como me pida. Pero esta primera
vez, tengo que ir despacio. Quiero saborear cada centímetro de su coño
virgen antes de tomar su cereza.
Le subo la mano por los brazos y le sujeto las muñecas. La miro
a los ojos y no rompo el contacto mientras la penetro lentamente.
—Te amo, Charity. — suspiro al sentir que su inocencia se rompe
y me ata a ella de todas las formas posibles.
Sotelo, gracias K. Cross
Se tensa ante la sensación y yo me inclino para tomar sus labios.
La beso y me quedo quieto mientras su cuerpo se toma su tiempo para
adaptarse a mi intrusión. Ojalá pudiera ocultarle este dolor, pero es la
única forma de darnos lo que ambos queremos. Se abre para mí y yo
introduzco mi lengua en su boca, saboreando su dulzura. Al cabo de
un momento, su lengua toca la mía y se relaja debajo de mí. Beso su
barbilla y su cuello, y lamo el hueco bajo su oreja. Intenta moverse
debajo de mí, pero aún no estoy preparado. Quiero que no solo esté
relajada, sino que me suplique que la folle. Quiero que necesite mi
polla follándola más de lo que necesita su próximo aliento.
—Reese. — gime, levantando las caderas.
—Todavía no. Déjame disfrutar de esto. Te he esperado tanto.
La siento temblar debajo de mí mientras deslizo mi polla hasta
el fondo, envainándola en su calor. Sentirme totalmente dentro de ella
es la mejor sensación que he experimentado nunca, y no tengo
ninguna prisa por que termine.
No muevo la parte inferior de mi cuerpo mientras mi boca besa
cada centímetro de piel a mi alcance. Me acerco a sus pechos y les
presto más atención que antes. Se retuerce debajo de mí cuando
vuelvo a su boca y sus uñas se clavan en mis manos, que siguen
sujetándola.
—Si no me haces el amor, voy a matarte. — exhala
dramáticamente, y le sonrío.
—Bueno, eso no puede ser, ¿verdad?
La saco despacio, disfrutando de la dulce sensación. Mi polla
está dura como una piedra, pero ella está completamente empapada y
mi entrada es fácil. Cuando vuelvo a penetrarla, no sé quién de los dos
gime más fuerte. Es un paraíso hacer el amor con ella, y me tomo mi
tiempo. Entro y salgo sin prisas, creando un ritmo suave. Pero al cabo
de unos instantes, ya no es suficiente para ella.
—Voy a entrar en combustión si no lo aceleras. Más, Reese.
Necesito más.
—Creo que combustionar es lo divertido. — Le doy una sonrisa
malvada, pero ella aprieta su coño justo cuando empujo, y mi sonrisa
cae.
Sotelo, gracias K. Cross
Gruño, entierro mi cara en su cuello y le doy exactamente lo que
quiere. Le suelto las muñecas y sus manos se dirigen a mi espalda,
sus uñas arañan mi piel. Empujo cada vez más deprisa mientras sus
muslos se aferran a mis caderas y empiezo a perder el control. Quería
ir más despacio, pero mi cuerpo tiene otras ideas. Intento meter todo
lo que puedo dentro de ella.
Sabiendo que no duraré mucho más, meto la mano entre los dos
y acaricio su clítoris con el pulgar. Grita por la presión y sus piernas
se tensan aún más.
—Córrete conmigo, Charity. Tengo que sentir tu placer en cada
centímetro de mí.
Su coño se aprieta y mis ojos se ponen en blanco mientras
empujo cada vez más fuerte. De repente, se tensa debajo de mí y su
fuerte gemido se convierte en un grito de liberación cuando llega al
clímax. La sensación de su humedad goteando entre nosotros al
desatarse su pasión es todo lo que necesito para correrme. Sigo
bombeando mientras me libero dentro de ella, esparciendo mi semen
en lo más profundo de su vientre. No hay un centímetro en su interior
que no cubra de semen mientras eyaculo en su interior.
—Joder. — digo apretando los dientes mientras mi orgasmo no
cesa. Nunca había sentido algo tan jodidamente perfecto, y no se
detiene. Finalmente dejo de empujar y me mantengo dentro de ella.
Pero las pulsaciones de mi polla bombean pequeñas gotas dentro de
ella mucho después de que me haya agotado.
Nos doy la vuelta y Charity se sienta a horcajadas sobre mí
mientras mi polla tiesa intenta seguir eyaculando. Estoy
completamente agotado, pero él no ha captado el mensaje. Mi polla no
se ha ablandado lo más mínimo y sigo llenándole el coño por completo.
Charity respira con dificultad encima de mí, pero entonces siento
sus labios en mi pecho desnudo. Le aparto un rizo de los ojos y me
dedica la sonrisa más suave y dulce que he visto nunca. Me duele el
pecho de lo hermosa que es y de la suerte que tengo de que me haya
elegido.
—Yo también te amo. — me dice, y siento el escozor de una
lágrima en el ojo.
Sotelo, gracias K. Cross
Nunca he sido un hombre que se emocione, pero esta es la mujer
con la que he soñado. Es la mujer con la que pasaré el resto de mi
vida tomado de la mano, experimentando la vida y quizá creando
nuevas vidas. Que me ame es más de lo que podría desear.
—Ahora eres mía, Charity. — le digo, besándola suavemente. —
El mejor día de San Valentín de mi vida.
Se ríe y se acurruca contra mí mientras empiezo a moverme
dentro de ella. Va a ser una noche larga, y estoy deseando pasarme el
resto de mi vida conociendo cada centímetro de su cuerpo.
Sotelo, gracias K. Cross
Epílogo
CHARITY
—Hoy fue perfecto. — dice Reese contra mi cuello, depositando
besos con la boca abierta ahí mientras me siento a horcajadas sobre
su regazo en el salón. —No sabía que un jersey luminoso pudiera
excitarme tanto.
—Yo respiro y tú te excitas. — le digo riendo mientras sus manos
se deslizan por la espalda de mi jersey. Su única respuesta es gruñir
y seguir besándome, incapaz de apartar su boca de mí. Gimo y me
muevo sobre su regazo. Llevamos un año juntos y seguimos sin poder
contenernos, ni siquiera cuando estaba a punto de reventar
embarazada de nuestros gemelos.
—Sé que se supone que debo dejarte descansar esta noche, ya
que es nuestra primera noche sin Charlotte y Henry, pero no creo que
pueda parar hasta que ninguno de los dos no pueda moverse. —
Siento el broche de mi sujetador y mis pechos se derraman libres. Con
un movimiento rápido, me quita el jersey y el sujetador. Me agarra por
la cintura y me atrae aún más hacia él.
—Suena maravilloso. —Me dejo llevar por él. Sé lo que me
espera. Me hará gritar su nombre una y otra vez hasta que me
desmaye. Luego me despertará horas más tarde, ya dentro de mí, y
volverá a hacerlo.
—Más que maravilloso. — digo, dejando que se me cierren los
ojos mientras sigue besándome por todas partes. Desliza las manos
por mi cuerpo hasta llegar al cuello, me agarra la cara y la inclina para
que lo mire. Siempre hace eso cuando me dice que me ama. Abro los
ojos y le sonrío.
—Te amo mucho.
—Yo también te amo. —Me inclino para besarlo. Nuestras bocas
se funden como dos mitades formando un todo. Así es como me siento
siempre con él. Dios, este hombre me ha dado todo lo que podía soñar.
Sotelo, gracias K. Cross
Aún no puedo creer que sea todo mío. Un hombre que cree que puse
la luna y las estrellas en el cielo. Me hace sentir como si fuera el centro
de todo su mundo. No sabía que los hombres así eran reales. Me retiro
y él sigue sin soltarme la cara.
—Hay algo que tengo que decirte. — Entorno los ojos hacia él. A
Reese le gusta soltarme bombitas de Tengo algo que decirte. Desde nos
vamos a casar mañana hasta la empresa de mudanzas recogerá tu piso mañana y
traerá tus cosas aquí. Por cierto, soy el dueño del edificio, a la vez que soltó que
los planos de la casa de nuestros sueños no eran solo un plan. La casa
de nuestros sueños ya estaba bien construida. A veces me vuelve loca,
pero otra parte de mí adora lo emocionado que se pone.
—Estamos embarazados. — me dice, y me quedo con la boca
abierta. No, no puede ser. Acabo de tener a los gemelos hace unos
meses. —No te asustes. Estoy renunciando.
Lo miro fijamente, aún sin encontrar las palabras. Me está
diciendo que estoy embarazada y que va a dejar el trabajo.
—Bueno, renunciando no, pero dando un paso atrás. Mi
empresa puede ocuparse sola de las cosas cotidianas y yo puedo
encargarme de proyectos especiales cuando quiera, pero aparte de eso,
sí, lo dejo.
Se me humedecen los ojos y sé por qué lo hace. Es porque la
primera vez que me enteré de que estaba embarazada -como ahora,
que también me lo había comunicado- me asusté con mi trabajo
porque sabía que me costaría volver a trabajar después de tener un
bebé. Luego me enteré de que eran dos bebés. Me convenció, pero
nunca volvimos a hablar de ello. Probablemente piensa que me voy a
volver loca otra vez. Y no es así.
—No tenías por qué hacerlo. — le digo, apoyando las manos en
su pecho. —No voy a volverme loca. Te lo prometo.
—Solo quiero que lo tengas todo, y sé que te encanta enseñar.
—Me encanta —le doy la razón—. Pero en ese momento, enseñar
era todo lo que sabía, por lo que había pasado la mayor parte de mi
vida trabajando, entonces te encontré. — Dios, parece que fue hace
siglos, aunque no lo fue. Es difícil recordar la vida sin este hombre.
Sotelo, gracias K. Cross
—Te encontré. — corrige.
—Quiero decir, cuando me acosaste ligeramente.
— ¿Cuándo? — se burla, alzando las cejas. —No sabía que había
dejado de hacerlo. Simplemente me lo puse un poco más fácil.
Eso me hace reír de nuevo.
—No sé si volveré. Me ha gustado mucho ayudar con tus obras
benéficas. Sobre todo los programas de becas.
—Entonces es tuyo. — dice simplemente, y sacudo la cabeza.
—Nuestro —corrijo—. Me gusta ayudar a los niños de ahí, pero
también me gusta la libertad y, bueno, también quiero más. Me
sorprende lo rápido que he vuelto a quedar embarazada.
—A mí no. Sabes que no puedo quitarte las manos de encima. —
Sé que no puede. Después de tener a los gemelos me daba un poco de
vergüenza volver a tener sexo. Mi cuerpo ya no era lo que era. Nunca
fui delgada, y el embarazo puso marcas extra en mi cuerpo.
La primera noche que hicimos el amor después de tenerlos,
Reese había besado cada marca. Luego me dijo que quería poner más
en mi cuerpo. Estaba claro que no iba a esperar. Tampoco debería
sorprenderme. Reese siempre se lanza de cabeza a todo.
— ¿Cuántos más quieres?— Acerco mi boca a la suya.
—Todos los que quieras.
—Tenemos tres habitaciones libres en la casa nueva.
Reese se mueve rápido, poniendo mi espalda en el sofá mientras
viene sobre mí. —Entonces será mejor que me ponga a trabajar.
Porque lo que mi pequeña esposa quiere, siempre lo tendrá.
Fin…
Sotelo, gracias K. Cross
A Valentine to Remember
BY ALEXA RILEY
Mina siempre ha tenido un lugar especial en su corazón para
Aspen. Lástima que él no sienta lo mismo. Tal vez haya llegado el
momento de que ella siga adelante y deje que Cupido haga su
magia.
Aspen ha hecho todo lo posible por mantener a Mina a distancia,
pero no durará mucho más. La idea de que ella esté con otro lo
lleva a hacer cosas que juró no hacer. Él pende de un hilo, y ella
tiene las tijeras en la mano.
Advertencia: Este rapidito de San Valentín enviará a Cupido
directo a tu corazón... o a tus asuntos femeninos. Sin juzgar. Si
te encantó Snowed in With Scrooge, ¡esta es la continuación que
estabas esperando!
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 1
MINA
— ¿Crees que es suficiente?
—Creo que has hecho galletas más que suficientes para todo el
pueblo. — se ríe mi papá, colocando la última cesta de galletas que
hice en la parte de atrás de mi coche. — ¿Hay alguna razón por la que
hayas hecho tantas? — Cierra la puerta del coche y se apoya en un
lateral. Todo el mundo sabe que cuando me enojo horneo. —Sé que no
estás nerviosa por tu nuevo trabajo.
—No lo estoy, estoy emocionada. Me encanta Brightberry.
Este pueblo es el único hogar que recuerdo. De hecho, el primer
recuerdo que tengo es la noche en que mi papá nos encontró a mi
mamá y a mí. Probablemente nos habríamos convertido en polos
congelados si no nos hubiera visto a un lado de la carretera.
Técnicamente, Nyah es mi hermana, pero siempre ha sido más como
una madre para mí. Pero ella y Fraser lo hicieron oficial cuando me
adoptaron, y Brightberry ha sido nuestro hogar desde entonces.
Después de que mamá y papá tuvieran tres hijos a los que adoro,
nuestra familia ha sido mi mundo. Quedarme cerca de casa ha sido
mi plan y eso es lo que estoy haciendo ahora. No sé si mi pasado tiene
algo que ver, ya que tuve unos padres biológicos de mierda. Por suerte,
no los recuerdo.
Con la excepción de los dos meses que pasé en la ciudad
formándome como operador del 911, he pasado toda mi vida en
Brightberry. Incluso cuando estaba en la ciudad venía a casa todas
las semanas, pero ahora que se ha acabado estoy en casa
Sotelo, gracias K. Cross
permanentemente. He empezado el siguiente capítulo de mi vida y mi
nuevo trabajo no va a ser la única aventura en la que me embarque.
Tengo otros planes y nadie va a interponerse en ellos.
— ¿Y por qué tantas galletas? — Papá da unos golpecitos en la
parte superior de mi coche para llamar mi atención.
—No te vi quejarte de cuántas hice cuando te las estabas
comiendo anoche.
—Me comí cuatro. — dice, y arqueo una ceja. Los dos sabemos
que es un mentiroso. —De acuerdo, ocho. — admite tímidamente,
haciéndome sonreír.
—Debería irme. — le digo para que no siga intentando
sonsacarme más información. Me abraza, diciéndome que esta
conversación no ha terminado pero que me deja fingir que sí.
Lo último de lo que quiero hablar con mi papá es de Aspen. Es
el chico que se adueñó de mi corazón desde que me dejó destruirlo con
bolas de nieve cuando era niña y nunca me devolvió una. Cuando
éramos niños compartía todos sus juguetes conmigo. Luego, cuando
nos hicimos mayores, intenté compartir mi primer beso con él.
Lástima que saliera terriblemente mal porque desde entonces ha sido
horrible.
Ahora empiezo a preguntarme si tal vez tenía razón al
rechazarme. Desde que intenté besarlo, las cosas han sido incómodas
y no es que pueda evitar a Aspen. Es sobrino de mi padre adoptivo y
nuestra familia siempre está junta. Aunque crecimos en la misma
familia, nunca pensé en él de esa manera. Desde que tengo uso de
razón siempre me ha gustado Aspen. Puede que también lo ame. Oh,
¿a quién quiero engañar? Por supuesto que estoy perdidamente
enamorada de él, pero nunca va a suceder.
La única vez que traté de besarlo ya hizo las cosas desordenadas
e incómodas. Nunca pensé que él y yo estando juntos podría ser malo,
pero tal vez podría destruir nuestra familia. Otra parte de mí piensa
que ese barco ya zarpó. Me mataría que Aspen trajera a una chica a
casa. Como nuestro pueblo es tan pequeño, es probable que la
conozca. Todo el mundo conoce a todo el mundo y sería horrible.
Sotelo, gracias K. Cross
Intento quitarme todos esos pensamientos de la cabeza,
conduzco hasta la ciudad y me concentro en mi primer día. No tardo
mucho y, cuando entro en la comisaría, veo a todos los bomberos
afuera jugando al baloncesto. Es entonces cuando veo que Becs está
apoyada en su ambulancia viendo el espectáculo. Puede que haga frío,
pero eso no impide que algunos bomberos vayan sin camiseta.
— ¿Se puede echar una mano a una chica?— los llamo cuando
salgo del coche y todos giran la cabeza hacia mí. —Tengo galletas.
— ¿Por qué me arruinas el espectáculo? — Becs resopla riendo.
—También puedes comer galletas. — Becs es unos años mayor
que yo y estaba en el mismo curso que Aspen.
— ¿Tu primer día de trabajo y ya nos estás mimando? — dice
Ryan cuando se acerca a mí primero.
—Tenía tiempo libre. — le digo y abro la puerta trasera. —Al
menos lleva dos adentro para mí. Que cada uno se pelee por el resto.
— Luego me echo hacia atrás y dejo que me despejen todo.
—No sé por qué tienes tanto tiempo libre. Podría ayudarte con
eso. — sugiere Ryan, y no estoy segura de sí está bromeando o no.
Siempre ha sido un gran coqueto.
—Cuidado. — murmura uno de los bomberos. Por el rabillo del
ojo veo llegar el todoterreno negro del sheriff. Solo tenemos dos de
estos vehículos en la ciudad y uno pertenece a Angela, que está a
punto de jubilarse. El suyo, sin embargo, es blanco, mientras que el
negro pertenece a Aspen.
Cuando conseguí este trabajo sabía que no solo nos
cruzaríamos, sino que tendríamos que pasar gran parte del día
comunicándonos. Que es algo que hace tiempo que no hacemos.
Desde el beso fallido, evito a Aspen lo mejor que puedo, pero siempre
se las arregla para aparecer. Incluso cuando estaba entrenando en la
ciudad. Estoy segura de que es porque intenta cuidarme y no porque
yo desee que esté cerca de mí.
Hace unos años creía que el hecho de que alejara al sexo opuesto
de mí y apareciera de la nada era algo excitante. Pensé que tal vez
estaba celoso y quería demostrar a todo el mundo que yo era suya.
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Oh, qué equivocada estaba. Bien podría ser uno de mis hermanos.
Asco. No hay nada fraternal en la forma en que veo a Aspen.
— ¿Por qué atención?— Levanto la barbilla y miro fijamente a
Ryan mientras finjo que no sé qué Aspen se dirige directamente hacia
mí. — ¿Tienes miedo del sheriff?
— ¿De verdad quieres jugar con fuego? — Me sonríe y me encojo
de hombros.
—Supongo que si alguien podría enseñarme a hacerlo serías tú.
—Ya es suficiente. — la voz de Aspen retumba en el
estacionamiento.
—Oh, creo que me gusta más este nuevo espectáculo. — oigo reír
a Becs.
— ¿Qué es suficiente?— pregunto inocentemente mientras dirijo
mi mirada a Aspen. Ojalá no me gustaran los hombres de uniforme,
pero, de nuevo, solo me ha gustado él. Que es lo que estoy intentando
superar.
—Entra, Betty te está esperando. — me ordena Aspen mientras
me lleva la mano a la cadera para empujarme hacia la comisaría.
Ya estoy harta de sus interrupciones, así que le aparto la mano
de un manotazo.
—Nos vemos luego. — les digo a los bomberos. Ya no me importa
si me quemo. Ya no soy una niña pequeña y es hora de que Aspen
aprenda a entenderlo.
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Capítulo 2
ASPEN
—He oído que fruncir el ceño puede provocar arrugas
prematuras. — dice Angela, pero no le presto atención. Hago algún
tipo de sonido de reconocimiento, pero no me alejo de la ventana. —Y
disminuye el recuento de espermatozoides.
—Hmmm. — es todo lo que digo porque no me gusta lo cerca que
Marshall está del tablero de despacho. Claro, tiene noventa y siete
años, pero no me gusta cómo le sonríe a Mina.
—También escuché que Mina tiene una cita este fin de semana.
— ¿Qué?— Eso llamó mi atención. Me doy la vuelta en la silla
tan rápido que casi me caigo, pero consigo agarrarme al escritorio en
el último segundo.
Angela está atando una cinta roja alrededor del paquete que
tiene sobre la mesa y coge las tijeras para rizar los extremos. — ¿No lo
sabías? Creo que ese joven bombero, ¿cómo se llama, Ryan? Sí, creo
que la invitó a salir.
—Es San Valentín. — lo digo como si fuera una escena del
crimen. Lo que significa que debería ser la razón obvia por la que no
va a salir con él.
—Sí. — Angela me mira como si estuviera loco y sostiene el
regalo. —Es lo que hace la gente en San Valentín. Bueno, supongo que
la gente que tiene los huevos de invitar a salir a la persona de la que
está enamorada.
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—No sé de qué me estás hablando. — Mis ojos se entrecierran y
frunzo el ceño mientras aparto la silla de Angela y vuelvo a mirar por
la ventana. —Recuérdame cuántos días faltan para que te jubiles.
—Quizá deberías volver a tu despacho y contarlos. — Se ríe de
su propio chiste.
Los dos sabemos por qué estoy aquí todo el tiempo y no es
porque quiera su despacho. Es porque desde esta ventanita se ve
directamente el despacho donde trabaja Mina.
Lleva aquí más de una semana y cada momento desde que
empezó a trabajar aquí ha sido el peor de mi vida. O quizá también el
mejor, porque la veo mucho. De cualquier manera, ella no parece
entender el infierno literal por el que me está haciendo pasar.
En ese momento Mina se levanta de la mesa y le miro el culo.
Hoy lleva una falda ajustada que estaba oculta por un cárdigan de
gran tamaño. Debe de haberse acalorado y se ha quitado el cárdigan,
porque ahora puedo ver el ensanchamiento de sus caderas y lo
exuberantes que son sus curvas.
— ¿No hay algún tipo de código de vestimenta? — Digo y me doy
cuenta de que no quería decir eso en voz alta. En cualquier caso, Mina
está infringiendo algo. Cuando se da la vuelta, solo puedo pensar en
su dulce coñito, que mantiene apretado entre esos gruesos muslos.
—Una cosa joven y bonita como ella no debería tener que
esconder esas curvas.
—Voy a decirle a Sarah que has dicho eso. — la amenazo sin
girarme hacia Angela.
—Pffft. — se burla como si hubiera hecho una broma. —Ella
aprecia algo bonito de ver tanto como yo.
—Maldita sea. — Siseo en voz baja. ¿No puede todo el mundo
dejar de mirar a mi jodida chica? ¿Tan difícil es para la gente apartarse
de una puta vez?
De acuerdo, no es mía, pero Angela sabe muy bien cómo me
siento. Probablemente sea la única persona en este planeta que sabe
lo enamorado que estoy de Mina y también sabe por qué no puedo
hacer nada al respecto.
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—Aspen. — dice Angela, y suspiro antes de mirarla a los ojos.
Cuando lo hago, me mira con simpatía. —Sé qué crees que no puedes
seguir a tu corazón, pero la vida es corta. Deberías saberlo mejor que
nadie. — Antes de que pueda responder, coge la cajita de su escritorio
y se la mete en el bolsillo del abrigo. —Me dirijo a casa para darle a mi
mujer un regalo anticipado de San Valentín. A mi edad he aprendido
una valiosa lección.
— ¿Qué lección? —pregunto, incapaz de deshacerme de la
sensación de hundimiento en el pecho.
—No esperes al momento adecuado. Haz que sea el momento
adecuado. — me dice y me saluda antes de coger su sombrero y
marcharse.
Genial. Ahora tengo que sentarme aquí sola a lidiar con mis
emociones cuando lo único que quiero es evitar que sucedan. Claro,
tiene razón en que yo debería saber mejor que nadie que la vida es
corta. Mis padres murieron en un accidente de coche cuando yo era
solo un bebé y me criaron mis abuelos. Sé lo importante que es decirle
a la gente que la quieres y vivir la vida que quieres porque el mañana
no está prometido. La muerte de mis padres fracturó a muchos de los
que me rodeaban, sobre todo a mi tío Fraser. No fue hasta que Nyah
y Mina llegaron a su vida que pudo ver lo que se estaba perdiendo.
Antes de que llegaran, nuestra familia solo veía el gris. Cuando
Fraser las encontró a un lado de la carretera, de repente todo era de
colores vivos. Después de eso el tío Fraser siempre estuvo cerca y se
ha convertido en un padre para mí. Por eso se supone que no debo
estar enamorado de Mina. Es su hija y nos criamos juntos. Cuando
tuvieron tres hijos más, nunca sentí que me reemplazaban o me
hacían a un lado. Fraser y Nyah siempre me incluyeron como si fuera
uno de los suyos, lo que hace que todo esto sea mucho más
complicado.
A lo lejos veo que Mina se da la vuelta y se apoya en su escritorio.
Gimo al ver su camisa ceñida sobre el pecho. Por alguna razón, siento
que lo hace para torturarme personalmente. Nunca se había vestido
así, pero supongo que tampoco había trabajado antes en un entorno
profesional. Servir mesas y hacer de canguro no requerían
exactamente ropa de negocios, pero nunca pensé que verla
completamente vestida me la pondría tan dura.
Sotelo, gracias K. Cross
Está leyendo un papel y veo cómo el bolígrafo que tiene en la
mano se desliza por sus labios carnosos y mi polla palpita. Incluso
desde tan lejos puedo ver el brillo de su lengua, que sale para
lamérselos, y tengo que tragarme un gemido.
—Joder. — digo a la habitación vacía y me planteo volver a mi
despacho a masturbarme.
Entonces es cuando veo a ese hijo de puta de Ryan y mis manos
se aprietan en puños. ¿Planea salir con él? Por encima de mi cadáver.
Mientras salgo furioso del despacho, intento recordarme a mí
mismo que el asesinato no es una opción. Por el momento.
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Capítulo 3
MINA
Sonrío cuando veo a Ryan entrar en la comisaría. Es bueno para
reírse e irrita a Aspen. Es una doble victoria. No me sorprendería que
a Ryan también le gustara molestar a Aspen. Seguro que se aburre en
la estación de bomberos. No es como si las sirenas sonaran todos los
días.
Demonios, solo tuvimos dos llamadas esta semana y no eran
emergencias. Siempre es alguien que necesita ayuda con un proyecto
en su casa y piensa que somos la solución ideal.
Sally llamó diciendo que alguien estaba en el lateral de su casa
y cree que estaba teniendo un ataque de pánico. Cuando llegaron los
bomberos y Aspen, no encontraron nada en el lateral de la casa,
excepto los cubos de basura. Sally parecía lo más alejado de un ataque
de pánico antes de preguntar si alguien podía llevar sus cubos de
basura a la acera.
Aspen sacudió la cabeza y se rió de la anécdota. Recuerdo
cuando se portaba así conmigo. Mis pequeñas travesuras lo hacían
sonreír, que era la única razón por la que seguía haciéndolas. A veces
me enojaba por una tontería y él me sonreía mientras me solucionaba
el problema. Después me llamaba princesa, pero hacía años que no
me decía eso. Sabía que lo decía con dulzura, y por eso siempre me
derretía. Tiene la habilidad de hacerme sentir preciosa con esa sola
palabra.
— ¿Has venido a causar problemas?— le pregunto a Ryan
mientras se acerca. Incluso su forma de caminar es coqueta. Juro que
este hombre está tentando a la suerte.
Sotelo, gracias K. Cross
—No hay mucho más que hacer. — dice mientras se apoya en el
mostrador.
—Sabes que puede meterte en esa celda. — Hago un gesto con
la cabeza hacia la única celda que nunca he visto usar.
—Creo que si me consigue una cita contigo, merece la pena. —
Ryan me dedica esa sonrisa que hace que la mitad de las chicas de la
ciudad se enamoren de él. Lástima que a mí no me haga nada. Ryan
lo sabe, pero eso no lo detiene. El hombre podría coquetear con un
poste.
—No vas a ir a una jodida cita de San Valentín. — dice Aspen
desde detrás de mí.
No lo he oído salir del despacho, pero sabía que no tardaría en
llegar para echar a Ryan. Aunque también disfruto molestando a
Aspen, la emoción está desapareciendo. La rabia está empezando a
llenar ese espacio y, si soy sincera, sé que mi rabia proviene del dolor.
Lástima que enojarse sea más fácil.
—No lo estamos. — le digo mientras miro por encima del hombro
en su dirección. No me mira, sino que sigue mirando a Ryan. Su
expresión me hace retroceder porque me doy cuenta de que esta vez
está más que enojado. De hecho, creo que nunca lo había visto tan
enojado.
—No quería esperar hasta mañana, así que Mina ha accedido a
salir esta noche.
Aspen se mueve y apenas consigo poner mi cuerpo delante de él
antes de que pueda echar mano de Ryan. Sin pensarlo, pongo las
manos en el pecho de Aspen para detenerlo y, al mismo tiempo, siento
que sus manos se dirigen a mis caderas. Debe de hacerlo para no
atropellarme, pero sus dedos me agarran con fuerza.
—Eres el nuevo sheriff. — le recuerdo a Aspen, pero no creo que
pueda oírme.
—Te toca, Aspen. — dice Ryan y entonces oigo sus pasos
retirándose hacia la puerta. —Te recojo esta noche, Mina. — me dice
antes de emprender la huida de regreso a la estación de bomberos.
Sotelo, gracias K. Cross
—No vas a tener una cita con él. — Los dedos de Aspen se clavan
en mis caderas y mis labios se entreabren.
Tengo que luchar para no apretar mi cuerpo contra el suyo y
empezar a gemir. Es lo que más deseo, pero ya no lo persigo. Nunca
había intentado ocultar lo que sentía por él hasta que se apartó de mi
beso. Odio esto pero es como tiene que ser.
—Aspen. — Mi voz es suave mientras paso el dedo por su placa.
Siempre intenta hacer lo correcto y es una de las cosas que más me
gustan de él. Es un buen hombre, pero quizá demasiado bueno para
mí. —Suéltame.
—No puedo. —Cierra los ojos y veo cómo aprieta la mandíbula.
—Tienes que hacerlo. — susurro. —Por favor.
Para mi decepción, respira hondo antes de soltarme y dar un
paso atrás. Se me hace un nudo en la garganta y no puedo tragarlo.
Necesitar que me suelte y querer que lo haga son dos cosas distintas.
—Ya he terminado por hoy. — me apresuro a decir mientras cojo
la chaqueta y el bolso de la silla. Le dirijo una última mirada antes de
salir corriendo todo lo rápido que me permiten mis tacones.
—Mina. — me llama y me detengo con la mano en la puerta.
Espero unos segundos, pero no dice nada más, así que salgo y
voy directa al coche. Después de meter mis cosas, salgo del
estacionamiento porque necesito estar un rato sola. Cuando llego a
las afueras de la ciudad, me debato entre ir directamente a casa o dar
una vuelta. No tengo tiempo de decidirme antes de que unas luces
rojas y azules parpadeen detrás de mí.
— ¿Qué demonios está haciendo?— me digo mientras estaciono
el coche. Se acabó. Oficialmente he llegado a mi límite con Aspen.
Estoy a medio camino de salir del coche y ya le estoy expresando lo
que pienso. —Escucha...
Mis palabras se detienen cuando veo una expresión intensa en
los ojos de Aspen mientras pisa fuerte en mi dirección.
—Demasiado lejos esta vez. — me gruñe y me sobresalto para
dar un paso atrás. Lástima que no haya adónde ir y me choque con el
coche.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Qué... ah... qué estás...? — Intento preguntar, pero antes de
que pueda formular una pregunta clara me agarra de las muñecas y
me hace girar. Antes de darme cuenta, Aspen me ha puesto las
esposas. —Aspen, ¿qué demonios estás haciendo?
—Te sugiero que dejes de hablar, solo vas a meterte en más
problemas. — me regaña mientras me lleva de regreso a su cruiser y
abre la puerta del copiloto.
— ¿En serio?— ¿Qué demonios le pasa?
—Entra. — me ordena antes de darme una palmada en el culo y
me quedo boquiabierta. —Bien. —Está impaciente por que siga sus
órdenes, porque apenas me da un segundo para subir antes de
agarrarme por las caderas y levantarme. Estoy en el asiento del
copiloto antes de que pueda parpadear y lo siguiente que sé es que
está inclinado sobre mí para abrocharme el cinturón. Se me corta la
respiración al ver lo cerca que tiene su cara de la mía. Puedo oler el
dulce glaseado de los panecillos de canela que he llevado hoy.
—Dijiste que me dejarías marchar. — le recuerdo, y me
sorprendo cuando mis palabras salen entrecortadas y nada parecidas
a las mías.
Se inclina aún más y apenas roza sus labios con los míos. —
Mentí. — dice fácilmente antes de apartarse.
— ¿Mentiste? —Parpadeo, sin saber qué va a pasar a
continuación.
—Ya he mentido bastante. Se acabaron los juegos y tu culo es
mío, princesa. — dice antes de cerrar la puerta del coche de un
portazo.
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Capítulo 4
ASPEN
— ¿Adónde me llevas?— exige Mina desde el asiento del copiloto.
El susto que se llevó cuando rocé sus labios con los míos se ha
esfumado. Ahora que estoy conduciendo, quiere respuestas.
—A casa. — le digo, y noto cómo se desinflan sus velas.
—Estupendo. La familia se va a reír mucho. — La mueca que
suelta es épica.
— ¿No has oído lo que he dicho? —Me mira confusa y niego. —
Tu culo es mío, princesa.
— ¿Entonces por qué me llevas a mi casa?
—No he dicho que te lleve a tu casa. Dije que te llevaría a casa.
— Es entonces cuando giro hacia el camino que lleva a mi casa.
Es parte del terreno que poseían mis abuelos, pero después de
salir de la academia lo compré e hice construir en él una casa estilo
cabaña de madera. Me mentí a mí mismo todos esos años, porque me
aseguré de que esta casa fuera lo bastante grande para que
pudiéramos tener aquí una familia. Mina y yo juntos. Quizá no estaba
dispuesto a admitir que ése era mi plan, pero en todo lo que he hecho
me he asegurado de que hubiera un espacio solo para ella.
No dice ni una palabra cuando entro en el garaje y estaciono el
coche. Cuando doy la vuelta y la desabrocho, decido ponérnoslo fácil
a los dos y me la echo al hombro. Chilla mientras intenta patalear,
pero cuando le doy una palmada en el culo se tranquiliza un poco.
Maldita sea, ¿cuántas veces he querido hacer eso?
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Llevarla adentro es una delicia porque la última vez que estuvo
aquí fue cuando estaba en obras. Sabía que tenerla aquí sería
peligroso y no me equivocaba. En cuanto cruzo el umbral, la pongo en
pie y tiro de ella contra mí.
— ¿De verdad vas a dejarme esposada así? — corta, un poco de
fuego regresa a ella.
—Por ahora. —Solo puedo sonreírle mientras me inclino y poso
mis labios sobre los suyos.
El sonido que emite es algo parecido a un gruñido de frustración,
pero en cuanto mi lengua roza el borde de sus labios, se convierte en
un gemido. Entonces se abre para mí y lo aprovecho. Mientras mi boca
reclama la suya, mis manos se mueven hacia las curvas de sus
caderas y la aprietan.
Cuando mi boca desciende por su cuello hasta la suave piel de
debajo de su oreja, jadea sorprendida. —Aspen, pensé... Dios, justo
ahí. — Muerdo el punto sensible y luego lo lamo mejor mientras
aprieto contra su estómago. —Espera, creía que no me deseabas.
Casi se queda sin aliento al gritar la pregunta, pero lo único que
puedo hacer es arrodillarme. — ¿No te deseo? —Las palabras son
amargas en mi boca mientras sacudo la cabeza. —No hay nada que
haya deseado más, princesa.
Cuando estoy de rodillas, le subo la ajustada falda por los
muslos hasta que puedo verle las bragas. Apenas hemos dado diez
pasos dentro de la casa y no puedo quitarle las manos de encima. Con
las manos en las piernas, la empujo un poco hacia atrás para que
apoye el culo en el brazo del sofá. Luego las meto entre sus rodillas y
separo esos muslos exuberantes.
— ¿De verdad vamos a hacer esto?— Hay una mezcla de miedo
y excitación en su voz cuando la miro.
—Esto siempre tuvo que ser así: tú y yo. — Engancho el dedo en
el centro de sus bragas y tiro de ellas hacia un lado. —Esto era y
siempre será mío.
Entierro la cara contra su coño porque no puedo esperar ni un
segundo más. El primer sabor de su dulzura me vuelve loco y la
respiro. Es como si me hubieran dado una inyección de adrenalina
Sotelo, gracias K. Cross
cuando coloco sus piernas sobre mis hombros y empujo mi cara
contra ella lo más que puedo. Le lamo el clítoris con la lengua y luego
le chupo los labios del coño antes de bajar y lamer su interior. Luego
llego hasta su culo y vuelvo a subir, sin perder ni un centímetro.
Todo el tiempo Mina grita y dice mi nombre, lo que solo me hace
hacerlo más. Estoy tan duro que duele y creo que en algún momento
incluso gimo. Pero ella sabe tan dulce y su coño se siente tan bien en
mi lengua que no puedo parar.
—Aspen, voy a correrme. No creo que deba hacerlo en tu cara.
— gime e intenta apartarse.
Un gruñido inesperado me abandona mientras mis dedos se
clavan en su culo para que no pueda apartarse ni un milímetro. —Si
no te corres en mi cara tiraré la jodida llave de esas esposas.
—Pero, pero... — Su protesta muere cuando le chupo el clítoris
y lo único que puede hacer es sentarse y aguantar. Lo siguiente que
sé es que está gritando mi nombre y moviendo sus caderas contra mi
cara.
—Esa es mi chica. — le digo, y la lamo en círculos para alargar
su orgasmo.
Cabalga sobre mi lengua mientras se corre con fuerza y, de algún
modo, eso me libera un poco. Por supuesto, mi polla no está de
acuerdo mientras llora en mis pantalones, pero hay algo en hacer que
Mina se corra que satisface una larga necesidad. Es algo que siempre
he querido hacer y ahora planeo hacerlo una y otra y otra vez.
Antes de que pueda recuperar el aliento, me pongo en pie y me
desabrocho el cinturón. —Te necesito. — es todo lo que consigo decir
mientras me tiemblan las manos y libero por fin mi polla.
—Estoy aquí. —Sus ojos están entrecerrados y si no la conociera
diría que parece un poco borracha mientras abre las piernas en señal
de invitación.
—Todavía no tomas la píldora, ¿verdad? —le pregunto mientras
deslizo la cabeza de mi polla por su deseo. Cuando niega, asiento. —
Bien, porque te voy a follar desnudo.
Sotelo, gracias K. Cross
Vuelve a gemir cuando la introduzco unos centímetros, pero
consigo mantenerla quieta justo antes de meterla hasta el fondo. Su
pequeño coño es tan suave y cálido que tengo que contener la
respiración para no correrme.
—Maldita sea, qué coño tan estrecho. — gimo mientras me salgo
y me apresuro a entrar de nuevo. —Joder, princesa, qué dulce me lo
has tenido. ¿Verdad?
—Sí. — consigue decir entre jadeos cuando vuelvo a penetrarla.
—Así es. No es para nadie más que para mí, ¿verdad?
—Solo para ti. — asiente mientras la follo con fuerza y firmeza.
—Quiero follarte hasta que todos sepan que estás tomada porque
caminas como si tuvieras mi semen entre las piernas.
—Oh, Dios. — Se aprieta a mi alrededor y sus ojos se cierran de
placer cuando meto la mano entre los dos.
—Voy a mantenerte sobre mi polla hasta que no puedas sentarte
sin preguntarte por qué no estoy dentro de ti. — Mi pulgar acaricia su
clítoris mientras me entierro profundamente y ella empieza a correrse.
—Eso es, princesa. Ordéñame para que vaya justo donde tiene que ir.
—Aspen. —palpita alrededor de mi polla mientras la lleno y
cuando termina su orgasmo su cuerpo está flácido.
—Creo que es hora de quitarte las esposas. — le digo, la beso en
los labios y le echo la mano a la espalda. —Esta vez quiero tus manos
sobre mí.
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Capítulo 5
MINA
—Aspen. — Cuando me doy la vuelta y estiro el brazo, veo que
su lado de la cama está vacío. Abro los ojos en un momento de pánico
porque he soñado muchas veces que estábamos juntos y me
despertaba sola.
La última vez que me pasó fue hace un año, después de que él
se apagara. Fue entonces cuando pensé que nunca estaríamos juntos
de la forma que siempre había soñado desde que era pequeña. Antes
de eso acogí con satisfacción todos esos sueños.
Sentada, me envuelvo en la manta y siento una ternura entre las
piernas. Eso debería ser todo lo que necesito para saber que lo de
anoche no fue un sueño. De acuerdo, ¿dónde demonios se ha metido?
En ese momento se abre una puerta y aparece Aspen, que está
completamente vestido. —Mierda. — murmura, haciendo que el
pánico que sentí hace unos instantes vuelva de golpe. ¿Está dudando?
—Por favor, no...
—Lo siento, princesa. — se apresura a decir. —Pensé que llegaría
antes de que te despertaras. — Se acerca a donde estoy y me coge en
brazos. — ¿Cuándo empezaste a levantarte tan temprano?
Antes de que pueda decir nada, sus dedos se hunden en mi pelo
y me besa. Supongo que no quiere una respuesta a su pregunta. Le
rodeo el cuello con los brazos y consigo tumbarlo en la cama conmigo.
Es obvio que me ha dejado hacerlo, pero aun así me hace sonreír.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Lamentas no estar en la cama conmigo? — le pregunto antes
de pasarle un dedo por la mandíbula. Estoy enamorada de su desaliño
matutino.
—Siempre lo lamento cuando no estoy en la cama contigo. —
Dice y luego sonríe contra mis labios.
—Pensé que tal vez... — Aparto la mirada.
—No hagas eso. — me gira la cara. —No vamos a escondernos el
uno del otro. Ya no.
—Nunca me he escondido, Aspen. Creo que he sido bastante
clara sobre mi postura.
—Lo sé. — Deja caer su frente sobre la mía. —Me has estado
volviendo loco toda la vida.
—Hey. — resoplo.
—Te prometo que es una de las muchas cosas que amo de ti,
princesa.
— ¿Qué amas de mí?— Repito y él levanta la cabeza.
—Creo que está claro que te he amado toda mi maldita vida.
—Pues a mí no me ha quedado claro. — Le empujo el pecho pero
no se mueve. —Era obvio que te amaba y no cómo amo a mi familia.
He hecho el ridículo.
—Nunca has hecho el maldito ridículo, Mina. Ni una sola vez. Si
alguien ha sido un tonto soy yo. Pensé que estabas siendo tu dulce ser
normal hasta que intentaste besarme.
—Intenté. — Pongo los ojos en blanco para hacerle creer que
estoy molesta por eso en vez de dolida.
—Aún eras menor. Estaba en la academia de policía. — gruñe.
Supongo que nunca lo había pensado, pero no se equivoca.
Aspen siempre ha mirado por todos. Así es él. Desde el principio ha
sido un buen hombre y no me sorprende que por eso no lo dejara ir
más lejos.
— ¿Así que me habrías besado?
Sotelo, gracias K. Cross
—Es la única jodida cosa que me detuvo aquel día. Luego no
pude dejar de pensar en ello cuando me di cuenta de que realmente
querías que pasara algo entre nosotros. — Deja escapar un largo
suspiro. —Entonces se me metió en la cabeza todo por lo que han
pasado nuestras familias. — Aspen fue el que más perdió cuando
murieron sus padres, porque eran muy cariñosos e importantes para
su familia. Yo no recuerdo a la mía, lo cual me han dicho que es bueno.
—Aspen. — susurro cuando empiezo a darme cuenta y se me
pasa la rabia que sentía.
—No quería reventar a nuestra familia. Tenía miedo de que solo
fuera un flechazo por tu parte. Ya estaba tan enamorado de ti que me
aterraba arriesgarme. — Sacude la cabeza.
— ¿Y entonces qué? Ibas a dejarme ir y casarte...
—Termina la frase y te daré unos azotes en el culo, princesa. —
Suelto una risita, sin asustarme lo más mínimo de Aspen. —Está claro
lo que habría pasado si hubieras llevado a alguien a casa. Lo vimos
ayer y supe que era demasiado tarde. Ya no hay vuelta atrás, pero
nunca la hubo para empezar.
—Te amo, Aspen.
—También te amo, princesa. — Se inclina y presiona sus labios
contra los míos. —Todavía podría matar a Ryan. — dice Aspen entre
besos.
—No iba a salir con él. — me río. —Asustas a cualquiera que
quiera salir conmigo.
— ¿Eso no te ha dado una pista sobre mi obsesión por ti?
— ¿Obsesión?— Me gusta cómo suena eso.
— ¿Alguna vez has tenido que ahuyentar a alguna chica de mí?
—No. —Entrecierro los ojos. Por suerte nunca he tenido que
lidiar con nada de eso. Me habría matado ver a Aspen con otra
persona. — ¿Por qué? ¿Hubo...?
—Joder, no. Solo has sido tú.
— ¿No lo sé? Fuiste muy bueno ocultando que no te gustaba.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿En serio? — replica.
Entonces empiezo a repasar los últimos años y muchas cosas
cobran sentido. Por eso se convirtió en un idiota gruñón y siempre
estaba advirtiendo a los chicos que se alejaran de mí. También estaba
siempre cerca, pero a distancia.
—Cuando hice mi entrenamiento en la ciudad, ¿nos
encontrábamos por casualidad todo el tiempo?
—No. — Sonríe. —Te lo dije, princesa. Obsesionado. — dice, y
tiro de él hacia abajo para darle otro beso.
—Demasiada ropa. — me quejo mientras le tiro de la camisa. —
¿Para empezar, por qué estás vestido? ¿Qué era tan importante que
tenías que salir de la cama?
—Es San Valentín. — Me levanta en brazos y me lleva por el
pasillo hacia la cocina.
—Se me había olvidado. — digo avergonzada antes de sonreír de
par en par cuando veo que ha preparado el desayuno. Hay rosas por
todas partes y él las atraviesa para sentarme en la mesa del comedor.
Después se arrodilla a mi lado.
—Vi esto hace dos años y me hizo pensar en ti. Lo compré sin
pensármelo dos veces. — me dice mientras saca una cajita del bolsillo
y la abre. Cuando la gira para mirarme, veo un gran diamante en
forma de corazón y suelto un grito ahogado.
—Es un...
—Cásate conmigo. — Lo dice como una orden mientras me coge
la mano y me lo pone en el dedo. Por supuesto, encaja a la perfección.
—No me lo estás pidiendo, ¿verdad?
—No.
—Bien. — Me lanzo sobre él y me atrapa antes de caer de
espaldas al suelo en el montón de pétalos de rosa. Entonces se me
ocurre algo y me incorporo. — ¿Les preguntaste a mis padres?
—Sí. No es que importara.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Qué dijeron?— No creo que a mi mamá le importe porque
estoy bastante segura de que sospecha lo que siento por Aspen. Es
Fraser quien me preocupa.
—Dijeron que ya era hora. — Aspen sonríe y ahora también
sonrío. Este hombre es todo mi mundo. —Feliz día de San Valentín,
princesa.
Sotelo, gracias K. Cross
Epílogo
ASPEN
—Shhh, cállate. — le susurro a Mina al oído mientras le agarro
las caderas por detrás.
—Lo intento. — gime y abre más las piernas.
Es el día de nuestra boda, así que no tenía por qué pasar.
Pensaba hacerlo después de la ceremonia. Pero una mirada a ella en
ese maldito vestido y todas las apuestas estaban fuera. Ver sus tetas
hinchadas y apenas caber en el vestido cuando lo hicieron hace unos
meses hizo que me doliera la polla. Solo nuestra familia inmediata
sabe que está embarazada, pero tengo la sensación de que el gato va
a estar fuera de la bolsa una vez que el público tenga una buena
mirada de ella.
—Joder, estás tan mojada. — gruño y vuelvo a penetrarla. —
También estás más suave. — Es todo lo que puedo hacer para no
enloquecer después de dos bombeos, pero puedo sentir que se está
acercando y me contengo. —Mierda, no hagas eso.
Su coño se aprieta alrededor de mi polla y entonces tiene la
audacia de empujar su culo hacia atrás para más.
—Por favor, Aspen. Estoy tan cerca.
—Maldita sea, princesa. — Cierro los ojos con fuerza y me agarro
a ella mientras su coño me aprieta como un puño. Está tan caliente y
resbaladiza que cada centímetro de mi polla palpita de necesidad y no
aguantaré mucho más.
Sotelo, gracias K. Cross
—Eso es. — sisea, y lo siguiente que sé es que me obliga a
correrme con ella.
Golpeo la pared con el puño mientras me ordeña el semen a
oleadas. Me olvido del silencio y de los doscientos invitados que nos
esperan a poca distancia. Estamos en la parte trasera de la iglesia, en
un armario, pero no es que sea precisamente privado.
No sé si ella es más ruidosa que yo, porque solo oigo la sangre
que bombea en mis oídos. Es un subidón de calor y, cuando termina,
los dos estamos jadeando.
—Todo esto es culpa tuya. — le digo, y luego me separo de su
calor a regañadientes. Veo que he dejado un rastro de semen entre
sus muslos y sonrío mientras cojo sus bragas y me las meto en el
bolsillo.
—Es culpa mía. —Mina parece sorprendida mientras se baja el
vestido e intenta en vano alisar todas las arrugas que acabamos de
hacerle. —Fuiste tú el que me vio las tetas y se volvió loco.
—Exacto. Es culpa tuya por tener unas tetas tan magníficas. —
Tiro de ella para acercarla y luego entierro mi cara en su escote y lamo
entre ellas.
— ¡Sinvergüenza! — se burla y sonrío.
—Te encanta. — Beso sus labios, esta vez más despacio y con
más suavidad. —Y te amo.
—También te amo. — me responde y entonces se oye un fuerte
golpe en la puerta.
—Si por fin han terminado ahí adentro los estamos esperando
todos. — dice alguien al otro lado de la puerta y Mina abre mucho los
ojos.
—Es Ryan. — sisea.
Al principio pienso en matarlo, pero está aquí porque debe de
haberme oído follarme a mi casi esposa y eso me parece una victoria.
Al menos no es mi tía, o peor, mi tío, el que viene a decirnos que nos
larguemos.
Sotelo, gracias K. Cross
—Enseguida salimos. — digo a través de la puerta y Mina suelta
una risita nerviosa.
—No me puedo creer que acabamos de tener sexo en una iglesia.
— me dice mientras me alisa la pajarita.
—Creo que estar embarazada antes de la boda podría anularlo.
— bromeo, y pone los ojos en blanco.
— ¿Dónde están mis bragas?— Mira por el suelo y me encojo de
hombros.
—Ni idea, pero tenemos que irnos.
—Aspen, no puedo casarme sin bragas. — Me tira del brazo
mientras abro la puerta y la arrastro fuera.
—Lo próximo que me dirás es que no puedes casarte con mi
semen en el interior de tus muslos, pero así será, princesa. — Le guiño
un ojo y ella emite el gruñido de frustración más adorable.
—Todo el mundo se va a enterar. — Inclina la cabeza mientras
la conduzco por el largo pasillo que nos lleva de regreso a donde se
suponía que estábamos.
— ¿Que te follé en el armario? Probablemente, pero como he
dicho, es culpa tuya. — Intento molestarla un poco para que no se
estrese por toda la gente que hay aquí. Si está un poco enojada
conmigo entonces no estará pensando en que todos los ojos están
puestos en ella.
—Intentas distraerme. — resopla y me aprieta la mano. —
Gracias.
—Es mi trabajo. — Llevo su mano a mi boca y beso la palma, y
puedo sentir algo de la tensión que la abandona.
—Ahí estás. —Nyah viene corriendo cuando nos ve a los dos. —
Todos están esperando. Mira las mejillas sonrojadas y el vestido
arrugado de Mina y luego se gira hacia mí. —Te dije que no tocaras
hasta después de la ceremonia. — Me golpea en el brazo y yo finjo
estar herido.
Sotelo, gracias K. Cross
—Creo que voy a buscar a la sheriff Angela entre la multitud y
denunciar un delito. — Me froto la mancha del brazo y ella pone los
ojos en blanco.
—El único crimen que ocurre aquí es si ustedes dos no se van al
altar porque tenemos veinticinco kilos de camarones en hielo.
—Indícanos el camino. — le digo, entonces sonríe por fin y coge
el ramo de Mina de la mesa cercana.
— Te ves tan hermosa. — le dice Nyah a Mina y se dan un rápido
abrazo. Fraser se acerca en ese momento y también la abraza.
— ¿Lista? — le pregunta a Mina y ella asiente. Le ha pedido a
Fraser que la acompañe al altar y el hombre ha derramado alguna
lágrima.
— ¿Supongo que te veré en el frente?— Mina me dice.
—Estoy contando los segundos. — La beso por última vez antes
de que se convierta oficialmente en mi para siempre.
Por suerte, solo pasaron doscientos setenta y tres segundos
antes de que la volviera a tener en mis brazos. A partir de ahora nunca
se me escapará.
Fin…
Sotelo, gracias K. Cross
Heartstrings
Bronte intentó trabajar como asistente legal en la gran ciudad,
pero después de tener al peor jefe del mundo siguiéndola a cada
paso, huyó de regreso a casa, a Mittenville. Todo iba bien hasta
que el flamante abogado de la ciudad resultó ser aquel del que
ella creía poder escapar.
En cuanto Marcus vio a Bronte, le hizo caer de rodillas. Ella lo
abandonó pero él no se rendía tan fácilmente. La ha seguido
hasta su casa y no hay ningún lugar donde ella pueda
esconderse.
Advertencia: ¡Feliz Día de San Valentín de parte de tus Lady
Dj's favoritas de Read Me Romance!
Sotelo, gracias K. Cross
Prólogo
BRONTE
Miro por la ventana de la cocina compartida con el personal.
Estamos en la vigésima planta y puedo ver toda la ciudad. Todo el
mundo se agolpa debajo de nosotros y empieza a hacer sus compras
navideñas. Caen copos de nieve gigantes, y es esta época del año la
que me hace echar de menos mi hogar.
La pequeña ciudad de Mittenville prospera durante las fiestas.
Todo el pueblo es festivo y todo el mundo se vuelca. Vivir en la ciudad
hace difícil hacer lo mismo.
He intentado decorar mi pequeño estudio, pero no tengo lugar.
Decoré mi escritorio aquí, pero atrajo algunas miradas de reojo.
Intento que no me moleste, ya que está claro que algunos de los otros
empleados y abogados no tienen el mismo espíritu navideño. Me doy
cuenta de que no encajo aquí.
—Hola, Bronte. — dice Jackson entrando en la cocina.
—Hola. — le digo con una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Estás a punto de comer? — pregunta.
—Sí, solo estaba mirando la nieve un rato. Es bonita tan arriba.
—Odio la nieve. — Jackson coge su almuerzo de la nevera y yo
hago lo mismo. Cuando ve mi fiambrera, ladea la cabeza. —Qué
interesante.
—La he hecho yo. — La dejo en una de las mesas. —Bueno, la
caja no. La compré. — Era una simple fiambrera rosa cuando la
compré. —Pegué las joyas. — Mientras las recorro con los dedos, veo
a Marcus entrando en la cocina. —Luego pinté mi nombre de un color
brillante y le añadí purpurina.
Sotelo, gracias K. Cross
—Interesante. — vuelve a decir Jackson.
Intento no inquietarme mientras me siento en la silla. Marcus
me pone nerviosa. Estaba enamorada de él antes de empezar en el
bufete. Es uno de los mejores abogados del estado. Demonios, tal vez
del país. Él freaking clerked para un juez del Tribunal Supremo nada
más salir de la universidad. Cuando fui a la entrevista, esperaba verlo,
y así fue.
Marcus pasó en medio de mi entrevista. El despacho en el que
estaba tenía las paredes de cristal y podía ver a todo el mundo entrar
y salir. La mayoría de las oficinas son así, a menos que cierren las
persianas. Cuando Marcus pasó, se detuvo de repente y se giró. Para
mi sorpresa, entró en la sala y se sentó como si siempre hubiera estado
ahí.
La mujer que me entrevistaba le preguntó si necesitaba algo,
pero él le dijo que no y que continuara. A partir de ese momento,
empecé a tropezar con mis palabras. Había visto fotos suyas, pero en
persona era aún más guapo e imponente.
Estaba segura de que había tenido una mala actuación durante
la entrevista, pero justo cuando salía del edificio, recibí una llamada
en la que me informaban de que había conseguido el puesto y tenía
que empezar inmediatamente. Estaba muy emocionada, pero la
emoción duró poco.
Mi despacho estaba justo al lado del de Marcus, donde me
habían asignado como su asistente legal. El puesto que solicité como
asistente jurídica era para ocuparme de los asuntos pendientes y de
la investigación. Sin embargo, al llegar el primer día, recibí la noticia
de que mi puesto había cambiado y ahora trabajaba directamente para
Marcus.
Me quedé estupefacta y un poco abrumada. No me consideraba
cualificada y esperaba llegar algún día a ese nivel. Aunque no podía
permitirme el lujo de esperar, estaba preparada para la tarea. O eso
creía.
Sotelo, gracias K. Cross
Marcus no es lo que yo pensaba. Está pendiente de cada uno de
mis movimientos y me llama a su despacho para decirme estupideces
sobre mi trabajo. Me ha hecho creer que piensa que soy tonta.
Desde afuera, pensé que esto podría ayudar a mi
enamoramiento, pero hasta ahora, eso no ha cambiado. Cuanto más
tiempo he pasado a su lado, más brillante me doy cuenta de que es.
Lástima que él no piense lo mismo y diga que todo mi trabajo tiene
que ser revisado tres veces por él. Le gusta hacerlo conmigo a su lado
aunque eso signifique quedarse hasta tarde.
Ahora su comportamiento va más allá de quedarse hasta tarde
y me llama a todas horas. No puedo escapar de él. Si me doy la vuelta,
está ahí mismo. Incluso ahora he estado en la cocina del personal
durante unos minutos, y aquí está.
—Bronte. — Marcus dice mi nombre.
—¿Sí, señor?
—¿Por qué no almorzamos en mi oficina? Pediré la comida y
podemos repasar el correo que me enviaste.
—He traído la comida. — Abro mi fiambrera y saco el bocadillo.
—¿Mantequilla de maní y mermelada? — pregunta, y asiento. Es
mi favorito. —Me sorprende que no lo hayas olvidado.
Ya estamos otra vez.
—Hoy no. — le digo y saco el bocadillo de la bolsa ziplock.
De acuerdo, puede que me haya olvidado de comer o cenar unas
cuantas veces. Comprendo mi tendencia a ser desorganizada, pero
cuando se trata de trabajo e investigación, sobresalgo. Eso es todo de
lo que tiene que preocuparse. ¡¿Qué jefe llama y pregunta si cenaste?!
—¿Eso tiene forma de corazón? — Jackson pregunta.
—Sí. — digo antes de morderlo.
Sotelo, gracias K. Cross
—Deberíamos tener una happy hour después del trabajo. —
sugiere Jackson.
Nadie me ha invitado a nada. Sabía que todos salían a veces
después del trabajo porque oía a la gente hablar de ello al día
siguiente. Esta es la primera vez que alguien me dice algo al respecto
antes de que ocurra.
—Trabaja hasta tarde. — Marcus responde antes de que yo
pueda.
No sabía que trabajaba hasta tarde, pero no me sorprende.
—Cierto, lo siento, Marcus. — le dice Jackson.
—Sr. Xander. — lo corrige Marcus.
Es raro que se ponga así por llamarle Marcus. Cuando lo llamo
Sr. Xander, me corrige con su nombre de pila. Este hombre es confuso.
—Sr. Xander. — repite Jackson.
—Ven, Bronte. — Marcus empieza a recogerme las cosas y, antes
de que pueda detenerlo, tira mi almuerzo a la basura.
—¡¿Qué estás haciendo?!— Me levanto de un salto de la silla.
—Pediremos un almuerzo en condiciones. — Lo dice como si
fuera un hecho. Aprieto los labios para no decir nada grosero. Puedo
sentir los ojos de Jackson rebotando entre los dos. —Ven. — vuelve a
decir Marcus mientras me pone la mano en la espalda. No tengo más
remedio que avanzar mientras me empuja fuera de la cocina del
personal.
No me pierdo las miradas extrañas que recibimos mientras
caminamos hacia su despacho. Marcus no me quita la mano de la
espalda en todo el camino, como si fuera a intentar escapar. ¿Saben
todos que tengo problemas? ¿Por qué me miran así?
Dejo de caminar cuando llegamos al lugar donde normalmente
está mi escritorio, solo que ahora ya no está. Dios mío. Me están
despidiendo. Espera, ha dicho que trabajamos hasta tarde.
Sotelo, gracias K. Cross
—Muévete, Teapot. — Me da un pequeño golpecito en el culo,
haciéndome saltar a la acción.
¿De verdad me ha dado un golpecito en el culo? Me apresuro a
entrar en su despacho, donde veo mi escritorio.
—¿Por qué está aquí mi escritorio?
—Para poder vigilarte mejor.
—En serio. — Resoplo, cruzando los brazos sobre el pecho. —
Esto es ridículo.
—Soy el jefe, Teapot.
—Deja de llamarme así. — Inmediatamente me arrepiento de
haber pisado fuerte, porque sé que eso me hace parecer una niña. Ya
soy una cosa pequeñita.
Esa es otra razón por la que no me gusta esta ciudad. Me
acribilla la gente de la misma forma que lo está haciendo Marcus
ahora mismo.
—No. — Se sienta en su silla, sacando su teléfono para pedir el
almuerzo.
—¿Sabes qué? Lo dejo. — digo, luchando contra las lágrimas.
—Siéntate. — me ordena.
—¿No me has oído? Renuncio.
—No puedes renunciar.
—Sí puedo. — resoplo.
—Te lo prohíbo. — Se levanta de la silla. —Ahora sienta tu
adorable culo en esa silla o te meteré en ella.
Mi cuerpo obedece sin que mi mente se lo diga, y lo siguiente que
sé es que estoy sentada. Él suelta un suspiro, visiblemente relajado.
Bien, está claro que no puedo dejarlo. Tendré que marcharme.
Si no aparezco mañana, se dará cuenta. Enviaré un email a RRHH
Sotelo, gracias K. Cross
cuando vuelva a Mittenville. Entonces verá que no puede prohibirme
hacer nada.
Una cosa que sé con certeza es que no puedo seguir haciendo
esto. Marcus Xander no es el hombre que pensé que era. Es algo
totalmente distinto.
Debería haberlo sabido. Marcus Xander siempre consigue lo que
quiere, y me quiere a mí... para siempre. Incluso si eso significa venir
hasta Mittenville...
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 1
BRONTE
Miro la pantalla del ordenador. Esto no puede ser. ¿Cómo he
podido perder mi trabajo en tres lugares diferentes? Tampoco me han
contestado los posibles candidatos. Cierro el portátil, no quiero
quedarme mirando el correo de despido.
—Esto es una tontería. — murmuro para mis adentros. ¿Qué voy
a hacer?
Había vuelto a casa, a Mittenville, tras una breve estancia en la
ciudad. Debería haber sabido que la ciudad no era para mí. Elegí una
universidad situada a las afueras de la ciudad y nunca me aventuré a
salir del campus. También era la universidad más cercana a
Mittenville.
Me gusta estar rodeada de gente, pero con demasiada gente me
pongo nerviosa. Tampoco me gusta mucho que nadie hable entre sí.
Todo el tiempo que estuve ahí, sentí que la única vez que la gente me
hablaba era para decirme que me quitara de en medio. O eso, o
básicamente me pasaban por encima.
Cuando me licencié, sabía que no tenía muchas opciones. Quería
trabajar como asistente legal, lo que significaba que tenía que ir a la
ciudad. Por aquel entonces, no había ni un solo abogado en
Mittenville, así que volver a casa no era una opción. Recibí muchas
ofertas y acepté la que me pareció la mejor.
Lástima que odiara cada segundo.
En cuanto encontré un trabajo en el que podía trabajar desde
casa, metí la cola y volví corriendo a Mittenville. A veces es un poco
solitario, pero es un trabajo. Puedo hacer lo que más me gusta, que es
investigar. También es lo que mejor se me da. Si alguien necesita
conocer la jurisprudencia, me llaman a mí. Y si no sé la respuesta, la
encontraré.
Sotelo, gracias K. Cross
Ver el correo electrónico de despido no tiene sentido. Cada
proyecto que me encargan, lo entrego pronto, y sé que he hecho un
gran trabajo. No había ninguna razón para que me despidieran, y eso
me angustia. Como no quiero quedarme sentada y preocupada, me
obligo a levantarme y hacer algo.
Mi casa es pequeña, pero me sirve. Hay un dormitorio y un baño,
pero tiene un comedor que me sirve de escritorio y mesa de
manualidades. Revuelvo los objetos de mi escritorio y, de paso, me
deshago de algunas cosas.
He estado debatiendo en qué proyecto trabajar a continuación,
ya que actualmente estoy trabajando en unos diez proyectos diferentes
a la vez. Tiendo a saltar de uno a otro. Solo me falta coser unos botones
a una de las faldas para completarla. Por otro lado, podría terminar el
panda de punto, que está a una oreja de estar terminado.
Cuando me ruge el estómago, recuerdo que hoy no he comido.
Me viene a la cabeza la voz de Marcus, y esta vez me sale un pequeño
gruñido. Ese hombre puede ponerme tan nerviosa. Siempre estoy
tranquila y soy amable, pero se las arregla para sacarme de quicio.
Estoy segura de que disfruta molestándome hasta que se me acaba la
paciencia y consigue una reacción.
No entiendo cómo demonios ha acabado aquí, en Mittenville. Es
como si el destino estuviera en mi contra y jugara con mi vida. Él fue
una de las razones por las que corrí de regreso a casa. Luego, lo
siguiente que supe, es que tenía una nueva y brillante oficina en la
ciudad. Durante medio segundo, me pregunté si me habría seguido a
Mittenville. Pero cuanto más lo pensaba, menos probable me parecía.
Marcus es un abogado de éxito. Incluso tiene su propia
jurisprudencia. ¿Por qué me excita ese hecho?
—Porque eres extraña. — murmuro para mis adentros, e
inmediatamente me acobardo. Eso es lo que la mayoría de la gente
dice de mí. O eso o me llaman rara.
Pero Marcus nunca decía esas cosas. En cambio, se enojaba
porque una vez más me olvidaba de comer. Realmente no es mi
intención, es que el tiempo se me escapa cuando me pierdo en diversas
tareas. Me encanta la comida. Cuando se lo digo a la gente, tienden a
Sotelo, gracias K. Cross
no creerme porque soy muy pequeña. Pero cuando como, como de
todo.
Abro la nevera y veo que está completamente vacía. Luego miro
en la despensa y está igual de vacía. Como no tengo muchas opciones,
me calzo las botas y cojo la mochila. Es demasiado tarde para ir a la
tienda y no tengo coche para salir de la ciudad. La mayoría de las
veces no es necesario, porque puedo ir andando a los lugares que
necesito.
El Nutmeg Diner está cerca y abierto, así que tendrá que ser
suficiente para esta noche. Por suerte, no está nevando, pero a medida
que avanzo por la calle, noto el frío. Saludo a algunas personas que
pasan y ellas hacen lo mismo. Es una de las cosas que más me gustan
de casa. En la ciudad me habrían tirado el dedo corazón a la cara.
—Hola, Bronte. — me llama Kristin cuando entro en la cafetería.
—Hola. — le digo mientras busco asiento.
— ¿Coca-Cola de cereza?
—Sí, por favor. —Veo una mesa junto a una ventana y Kristin
viene enseguida con mi bebida.
— ¿Otra vez te has quedado sin comida? — me dice bromeando.
De acuerdo, sí, también se me olvida hacer la compra a menudo.
—Quizá te he echado de menos. — Me subo las gafas por la nariz
y ella sonríe.
—Podemos seguir con eso si quieres. — Kristin saca su bloc. —
Pégame.
Me sé el menú de memoria, así que no hace falta que cante y
baile.
—Papas fritas, palitos de mozzarella, y... — Me detengo, sé que
quiero algo más pero no sé qué.
— ¿Nachos? — me dice.
—Sí.
—De acuerdo. — se ríe Kristin, garabateándolo antes de ir a
llenar los cafés. Meto la mano en el bolso y saco el teléfono, las agujas
Sotelo, gracias K. Cross
de tejer y la bufanda que guardo ahí. Trabajo en ella siempre que salgo
y tengo tiempo libre. No soy muy aficionada a las redes sociales, así
que esto me da algo que hacer.
Mi mente divaga mientras tejo, así que me relaja. A menudo, si
estoy atascada en un proyecto de trabajo, me viene la respuesta a la
cabeza si tejo unas cuantas filas.
—Ya casi terminas con ese. — dice Kristin mientras deja mis
palitos de mozzarella y mis nachos.
La campana de la entrada de la cafetería suena, llamando
nuestra atención.
— ¡Uf! Creía que solo me gustaban los vaqueros. — me dice
Kristin en voz baja. —Supongo que un hombre con traje no está tan
mal.
Kristin solo bromea. Ella y Kent llevan casados unos cuantos
años. Aun así, no puedo evitar los celos que brotan de mi interior. Odio
esa sensación porque no me importa mucho el hombre del traje.
Marcus Xander.
Maldita sea, estoy acorralada. No puedo levantarme de un salto
y salir corriendo, así que hago lo único que se me ocurre. Cojo una
papa frita cubierta de queso y me la meto en la boca. Luego hago lo
posible por ignorarlo.
El problema es que lo está haciendo casi imposible porque viene
hacia aquí.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 2
MARCUS
— ¿Es solo mi presencia lo que te hace fruncir el ceño o que
intente comerme uno de tus nachos?
No me pasa desapercibida la forma en que Bronte acerca un poco
más el plato mientras yo tiendo mi abrigo sobre el respaldo del asiento
vacío frente a ella.
—Eso no es un perchero.
Entrecierra los ojos cuando le sonrío y retiro el asiento vacío. No
rompo el contacto visual con ella mientras hago ademán de sentarme
e inclinarme hacia atrás.
— ¿Necesita un menú? — pregunta la camarera, y Bronte suelta
un gruñidito de lo más lindo.
—Quiero una Coca-Cola de cereza. — le digo, pero sigo mirando
a Bronte.
—Deja de copiarme. — sisea Bronte, y mientras está distraída,
cojo un nacho. Intenta apartarme la mano de un manotazo, pero llega
demasiado tarde.
— ¿Le traigo algo de comer o van a compartir? — pregunta la
camarera, pero antes de que pueda responder, Bronte me da una
patada por debajo de la mesa.
—Que se traiga su propia comida, Kristin. — dice Bronte.
— ¿Llevas tacones? — Levanto una ceja a Bronte, y veo que sus
mejillas se sonrojan un poco. —Ah, y tomaré lo que le apetezca.
—Suena bien. — Kristin me pone la bebida delante y nos deja a
solas.
—Hay muchos otros lugares para sentarse. — Bronte frunce el
ceño como si estuviera personalmente ofendida por mi presencia.
Sotelo, gracias K. Cross
—Cierto. Pero ninguno tiene estas vistas. — Consigo robar un
palito de mozzarella de la cesta antes de que pueda apuñalarme con
el tenedor. —Además quería hablar contigo.
— ¿Y de casualidad me encontraste aquí esta noche?
—No, primero fui a tu casa. — Su vaso se detiene justo antes de
que la pajita toque sus labios. —He oído que podrías necesitar un
trabajo.
— ¿Qué? —Deja el vaso y mira al otro lado de la mesa. — ¿Cómo
te has enterado? Me acabo de enterar.
—Vamos, Teapot. Sabes que trabajamos bien juntos.
— ¿Teapot?— pregunta Kristin mientras deposita un plato de
comida entre nosotros.
—Es porque… — empiezo a explicar, pero Bronte me corta.
—El Sr. Trajes Elegantes dice que cuando me enojo, grito.
Oigo las risitas de la camarera mientras se aleja, y eso enoja aún
más a Bronte. ¿Por qué es tan linda cuando está enojada?
— ¿Son elegantes mis trajes?
—Sabes que sí. Y no trabajo para ti. — Coge una papa frita y me
apunta con ella. —Otra vez.
—Di tu precio. — Me acerco un poco más y sus ojos se abren de
par en par. —Incluso te daré unos trajes elegantes para que te los
pongas.
—Solo porque no te gustan mis jerseys. — Pone los ojos en
blanco, pero no me pierdo que se muerda el labio inferior.
Actualmente lleva un cárdigan amarillo que tiene botones en
forma de limones y una costura cursiva sobre su corazón que dice
exprime el día.
—Me gustan demasiado. — murmuro y me aclaro la garganta. —
De acuerdo, te compraré hilo para que tejas todos los jerseys que
quieras.
Suspira mientras aparta de sí el plato vacío de papas fritas. —
Me gusta trabajar desde casa.
Sotelo, gracias K. Cross
—No, no te gusta. — La acusación hace que me mire de nuevo,
y quizá por eso siempre la molesto. Es el único momento en el que me
mira, y si soy sincero, es el único momento en el que me siento vivo.
—Sí, me gusta. — Levanta la barbilla en señal de desafío y siento
que se me calienta la sangre.
Esta es la Bronte de la que me enamoré. El primer día que vino
a mi oficina, estaba acabado. Su columna vertebral estaba recta, sus
hombros echados hacia atrás y estaba demasiado dispuesta a decirme
dónde meterme mi arrogancia. Nunca me había sentido tan deshecho
por alguien, pero esta cosita llegó y me puso en mi lugar tan fácilmente
que fue como si hubiera estado esperando a que ella lo hiciera. Ahora
no puedo funcionar sin ella a mi lado.
La presioné demasiado y demasiado rápido, y salió corriendo.
Supongo que es una lástima que la siguiera. No solo la perseguí en
medio de la nada, sino que monté un negocio. También podría haber
pagado a algunos otros bufetes de abogados para liberarla de sus
contratos. ¿Qué puedo decir? En todo caso, estoy decidido.
Bronte irrumpió en mi vida con rizos rebeldes, colores chillones
y un carácter tan dulce que todo el mundo la adoraba. Luego me
abandonó y dejó mi vida fría y sin sentido. Esto es juego limpio en lo
que a mí respecta.
—Puedes mentirte a ti misma, Teapot, pero no puedes mentirme
a mí. — Me lamo la salsa del pulgar y veo cómo me mira la boca. —Sé
que odias estar en esa casa sola día tras día. Necesitas la luz del sol.
Ven a trabajar para mí y podrás tener el despacho que quieras.
—Bien, quiero el tuyo. — Sé que lo dice para enojarme, pero me
hace sonreír de oreja a oreja.
—Trato hecho. — Saco mi cartera y dejo suficiente dinero para
cubrir esta comida dos veces.
—Espera, no, estaba bromeando. — Empieza a protestar cuando
me levanto de la mesa.
Para ser un buen abogado, hay que saber ganar una discusión.
Lo que la mayoría de la gente no sabe es que, a veces, para ganar una
discusión lo único que tienes que hacer es callarte en el momento
adecuado.
Sotelo, gracias K. Cross
—Hasta mañana, teapot. — Le guiño un ojo e ignoro todo lo
demás que dice mientras salgo por la puerta.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 3
BRONTE
Fijo la mirada en la puerta principal del despacho de Marcus.
¿Por qué tuvo que elegir este lugar? Siempre he pensado que sería el
despacho perfecto para un abogado. Está muy bien escondido en el
centro de la ciudad, pero las ventanas dan al exterior, así que se puede
ver a la gente pasar. También está justo al lado de la panadería. La
idea de pasarme por ahí cada mañana al ir a trabajar me hizo soñar
despierta con hacerla realidad. Es como si se hubiera metido en mi
imaginación para hacerlo realidad. Solo que Marcus no consigue
hacerlo bien.
Las persianas están cerradas en todas las ventanas, e incluso el
cristal de la puerta está tapado. Estoy segura de que puede ser
necesario cerrarlas cuando hay clientes de visita, pero ¿por qué está
cerrada tan herméticamente ahora mismo? Estar así cerrado significa
que nadie puede echar el más mínimo vistazo al interior.
Tiro del cuello de mi cárdigan. Hoy es rosa con corazones, a juego
con el vestido que me regalaron por San Valentín. Aún no es San
Valentín, pero quería ponérmelo. Me pregunto qué pensará Marcus.
Resoplo, molesta por mis propios pensamientos sobre él.
Es una mala idea. No debería haber venido, pero aquí estoy.
Marcus tiene una especie de extraña atracción que siempre me atrae
hacia él. Intenté alejarme de él cuando me mudé de la ciudad, pero
entonces, ¡puf! apareció a la vuelta de la esquina, y ahora no hay forma
de escapar de él. Tengo que aguantarme y afrontar esta situación.
¡Puedo ser adulta! Endurezco los hombros antes de abrir la puerta
principal y entrar.
—Creía que iba a tener que ir a buscarte. — Suelto un grito
mientras se encienden las luces.
— ¡Por los pasteles de queso! Casi me sacas el alma del cuerpo.
— Lo fulmino con la mirada. —No lo conseguirás tan fácilmente.
Sotelo, gracias K. Cross
Cuando me llevo la mano al pecho, noto cómo se me acelera el
corazón. Definitivamente es porque me ha asustado y no porque sea
tan guapo. Siempre tan jodidamente guapo. Es enloquecedor, de
verdad, y por medio segundo me pregunto si duerme con sus trajes.
—Siempre consigo lo que busco. — Una sonrisa lenta y sexy se
dibuja en sus labios. Es perverso, y él lo sabe. Peor aún, mi cuerpo lo
sabe.
—Bueno, con los honorarios que cobras, eso espero. — Levanto
la barbilla. —Pensaría que también serías capaz de mantener las luces
encendidas.
—Tranquila, Teapot. Acabo de llegar.
Su respuesta me hace preguntarme dónde vive. Es un pueblo
pequeño y conozco todas las casas. Al menos eso creo. Estuve fuera
unos años, pero no hay precisamente muchas construcciones nuevas.
— ¿Dónde está mi oficina? Me gustaría instalarme. — Me doy un
golpecito en la bolsa gigante que llevo al hombro. Es jodidamente
pesada y quiero dejarla en el suelo.
— ¿Esa cosa pesa más que tú? — Marcus intenta quitarme la
bolsa, pero yo agarro la correa con fuerza. — ¿Seguro que quieres
jugar ya, Teapot?
—No voy a jugar a nada. — ¿O no? Empiezo a preguntármelo.
Podría dejar que sus comentarios me resbalaran como el agua a un
Maine Coon (he oído que su pelaje es resistente al agua), pero por
alguna razón no puedo evitarlo. Marcus tira de la bolsa, haciéndome
caer sobre él. Debería retroceder, pero esto me parece un desafío. —
¿Qué haces?
—Quiero la bolsa, pero no la sueltas. Parece que no me dejas
elección.
¿Qué significa eso? Mi pensamiento interior se responde cuando
Marcus me levanta de los pies.
— ¡Ah! — chillo, y entonces soy incapaz de formar palabras. —
Tú, tú, umm... — Me cuesta pensar en un nombre para llamarlo, me
siento demasiado nerviosa con mi cuerpo apretado contra el suyo.
Está duro y huele muy bien.
Sotelo, gracias K. Cross
— ¿Quieres llamarme de alguna manera, Teapot? — me
pregunta mientras me lleva hacia una puerta abierta. —Puedo darte
varias opciones. ¿Qué te parece ‘amante’? — Me burlo y pongo los ojos
en blanco, fingiendo fastidio. —De acuerdo, ¿qué tal ‘esposo’?
— ¿Qué? —susurro, y mi cuerpo se paraliza. ¿De verdad ha
dicho eso?
—Ya me has oído. — Me vuelve a poner en pie. —Bienvenida a
nuestra oficina.
Marcus me sube las gafas por la nariz y tengo que obligarme a
ignorar cómo quiere que lo llame. Y lo que me hace sentir.
Echo un vistazo a la habitación y alzo la barbilla con obstinación.
— ¿Necesitas ayuda para sacar tus pertenencias de aquí?
—Oh, Teapot. Deberías saber mejor que nadie que el diablo está
en los detalles. Dijiste que querías mi despacho. Ahora es tuyo. —
Sonríe. —Y mío.
Marcus deja mi bolso sobre el escritorio, y estoy tan
desconcertada que no me he dado cuenta de que me lo ha quitado de
encima. Entonces mi portalápices rosa con hipopótamos bailando sale
rodando de la bolsa.
— ¿Seguro que quieres hacer esto? — Cruzo los brazos sobre el
pecho en señal de desafío.
No estoy dispuesta a diseñar toda la oficina en rosa y rojo, que
por cierto son mis dos colores favoritos, solo para fastidiarlo. Hay
quien piensa que estos colores no combinan, pero se equivocan. Podría
poner unos cojines en el sofá contra la pared del fondo y quizá una de
mis mantas de punto. Una vez descubiertas las ventanas, creo que
unas cortinas quedarían muy bien.
—No hay nada más en este mundo que prefiera hacer. — Lo dice
con una intensidad que me hace apretar los labios. También apretaría
los muslos, pero no quiero que vea lo que me hace.
—Quizá deberíamos repasar el acoso sexual en el lugar de
trabajo. ¿Te perdiste esa parte de Derecho?
Sotelo, gracias K. Cross
Es un comentario estúpido, porque ya sé que estudió en una
universidad de la Ivy League y que después fue secretario de un juez
del Tribunal Supremo.
—Puede que necesite un repaso. ¿Me lo enseñas?
Se apoya en el escritorio y coge mi porta bolígrafos. Lo coloca en
posición vertical sobre el escritorio antes de sacar un bolígrafo dorado
de un bolsillo interior de su chaqueta y dejarlo caer dentro. Hay algo
en ese acto que me resulta extrañamente dulce y me toca la fibra
sensible.
—Creo que deberíamos ponernos a trabajar. — le digo y paso a
su lado.
Intento distraerme para no pensar en cosas sexuales con Marcus
mientras saco cosas del bolso. No puedo enseñarle una mierda cuando
se trata de cosas sexys. Sé que me toma el pelo, y no se me escapa
que también coquetea un poco, pero si supiera que nunca me han
besado, se echaría a reír y saldría corriendo. Quizá debería decírselo.
La fría realidad podría acabar con todo esto para que podamos
trabajar profesionalmente.
—Si tú lo dices, Teapot. — No se mueve mientras me mira
desempacar.
— ¿Compartimos este escritorio?— No lo miro mientras hago la
pregunta.
—Sí.
—Bien. —Hago lo posible por disimular mis facciones y no decirle
nada.
Hui de Marcus por la forma en que mi cuerpo responde al estar
tan cerca de él. Ahora estaré más cerca de él que nunca. Es imposible
que esto no acabe mal.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 4
MARCUS
—Deja de ser tan mandón. — resopla Bronte mientras limpio los
envases vacíos para llevar y los tiro a la basura.
—Sabes que soy tu jefe, ¿verdad? — Levanto una ceja y recibo
un pequeño gruñido de fastidio. — ¿Y por qué es mandón asegurarme
de que comes a tu hora?
—Simplemente lo es.
Se pasó tanto tiempo vaciando su bolsa de Mary Poppins de un
sinfín de chucherías que, cuando terminó, pude oír cómo le gruñía el
estómago. Pedí un bocadillo en la tienda de la manzana de abajo y
pagué al camarero para que nos lo trajera. No quería perderme ni un
momento de la decoración de nuestro espacio común.
—Entonces, ¿esto es todo?— Muevo la mano por la habitación y
luego señalo con la cabeza el cuadro enmarcado de la oca que dice
Todas mis horas son facturables.
—Ni de lejos. — Se sienta en lo que antes era mi silla. —Esto es
todo lo que pude meter en mi bolso.
—Bueno, entonces supongo que hoy iré a casa contigo después
del trabajo.
— ¿Para qué?— La forma en que se muerde el labio delata mis
sospechas.
—Porque estoy dispuesto a apostar a que pensabas traer el doble
de lo que has traído hoy por despecho.
— ¿No?— Lo dice como una pregunta, y no puedo evitar
sonreírle.
—Como sospechaba. — Hay un hueco en el escritorio que no está
ocupado por sus cosas y meto mi portátil en él. Luego cojo la silla que
he encontrado en el almacén y me siento frente a ella. —Te olvidas,
Sotelo, gracias K. Cross
Teapot. Que estoy deseando meterle mano —mis ojos recorren su
cuerpo de arriba abajo antes de relamerme— a cualquier cosa tuya.
—Siempre tienes que hacer que todo suene tan sucio. — Sus
mejillas se enrojecen mientras escribe en el teclado que tiene delante
y finge ignorarme. Por mucho que lo intente, sé que no está tan
afectada como finge.
— ¿Yo? — niego mientras abro el portátil y finjo trabajar. —Tú
eres la que suplicó estar en la misma oficina que yo.
No tengo que levantar la vista para verla fulminándome con la
mirada, lo noto en la piel y me hace sonreír con más fuerza.
— ¿Qué fue lo que me dijiste? Puedes mentirte a ti misma, pero
no me mientas a mí. Porque los dos sabemos que no era yo la que
suplicaba. — Es presumida mientras se echa hacia atrás en la silla,
pero lo lleva demasiado lejos cuando intenta poner los pies sobre el
escritorio.
— ¡Bronte, no!— grito, pero es demasiado tarde. El movimiento
desequilibra la silla y, antes de que pueda detenerse, cae hacia atrás.
Me abalanzo sobre ella en un instante, pero llego demasiado
tarde para cogerla antes de que caiga al suelo. Cuando llego a su lado,
está de espaldas y la silla está de lado a su lado.
—Háblame. ¿Dónde te duele?— Le paso las manos por los brazos
antes de ponerle una mano en la nuca.
— ¿Dónde está mi orgullo? —gime y cierra los ojos. —Ahí es
donde más me duele.
—Si te hace sentir mejor, yo hice lo mismo la primera vez que
me senté en esa silla.
Abre los ojos y parpadea varias veces. —La verdad es que sí.
—Quédate quieta un momento. — le digo cuando intenta
incorporarse. —Puede que te hayas golpeado la cabeza.
—Estoy bien. —Intenta apartarme con la mano, pero me cierno
sobre ella para que no pueda.
Sotelo, gracias K. Cross
—Bronte. — Mi voz es grave y exigente, y cuando sus ojos se
clavan en los míos, me encanta el poder que me da. —No te muevas.
Es una orden.
—De acuerdo. — dice en voz baja y se relaja contra el suelo.
Cuando mi mirada desciende por su cuerpo, me doy cuenta de
que el vestido se le ha ceñido a la cintura y tiene las piernas desnudas.
Al ver toda esa piel suave y hermosa, se me hace agua la boca y no
puedo evitar que mi mano se mueva hacia ella.
—Debería comprobar si tienes heridas. — Trago saliva mientras
le subo el dobladillo del vestido hasta dejar al descubierto sus bragas
blancas de algodón.
—Marcus. — Su voz apenas supera un susurro.
—Déjame tocarte. — digo, casi tan bajo como ella. La mano que
tengo en su nuca se mueve hacia su cuello. Le rozo la barbilla con el
pulgar mientras la miro fijamente a los ojos. —He esperado tanto.
No me dice que pare, suelto el vestido de su cintura y meto la
mano entre sus piernas. Sigo mirándola a los ojos mientras mis dedos
recorren el borde de sus bragas y luego el algodón que cubre su coño.
Sus párpados se agitan cuando la toco suavemente, sintiendo cómo el
suave material se humedece a medida que aumenta su deseo.
— ¿Tienes idea de cuántas veces he imaginado esto? — Me
acerco para sentir su aliento en mis labios. — ¿Cuánto tiempo llevo
deseándote?
— ¿A mí? —Se le atascan las palabras en la garganta cuando
aprieto sus bragas mojadas, frotando su clítoris.
—Todo es por ti, Bronte. Todo.
Acorto la distancia entre nuestros labios porque no puedo pasar
ni un segundo más sin besarla. El sonido que sale de ella es como un
gemido, pero no me detengo. Soy exigente al lamerle el labio inferior,
pero ella es una buena chica y obedece, abriéndose para mí. Saboreo
su lengua y mi propio deseo se apodera de mí mientras mi polla palpita
en mis pantalones.
Gime cuando aparto el algodón húmedo, dejando su coño al
descubierto para que lo toque. Su cuerpo se estremece de placer y el
Sotelo, gracias K. Cross
mío hace lo mismo cuando las yemas de mis dedos entran en contacto
con su calor húmedo y resbaladizo.
Con mi boca en la suya, pierdo la noción del tiempo y del lugar.
No me importa que estemos en el suelo de la oficina que compartimos.
Está claro que es pleno día y que alguien podría vernos, pero ya me
he olvidado de todo eso.
Lo único que me importa en este momento es hacer que Bronte
sienta algo parecido a lo que siento por ella.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 5
BRONTE
La boca de Marcus se aprieta contra la mía, y su lengua es ávida
al pasar por mis labios. La acción intensifica el beso y todo mi mundo
cambia. No estoy segura de que podamos volver a ser como antes de
este momento.
Este beso es la experiencia más placentera que he tenido en mi
vida y no quiero que pare. Agarro la parte delantera de su camisa y le
devuelvo el beso, haciéndole saber en silencio lo que siento. Esto es
pasión. Esto es lo que siempre he soñado. Es una lujuria que no puede
detenerse, ¿o podría ser más que eso?
—Bronte. — Marcus gime mi nombre contra mi boca. —Voy a
besarte aquí. — Su dedo se desliza por la costura de mi sexo hasta
encontrar mi clítoris.
—Sí. — suspiro, deseando sentir también ahí su lengua
codiciosa. Estoy desesperada por ver hasta dónde puede llevar este
placer y esta pasión desbordantes.
—No preguntaba.
Espero ver su sonrisa sexy, pero ya no está ahí. La expresión de
Marcus es intensa y hace que se me revuelva el estómago de
excitación. Nunca olvidaré esto ni la forma en que me mira. Este
momento me dice tantas cosas que se me graba en el alma.
Me agarra el vestido y me lo ciñe aún más alrededor de la
cintura, mientras sus dedos tiran de mis bragas hacia un lado. Marcus
se mueve entre mis piernas y sus anchos hombros separan mis
muslos. Cuando se instala ahí, no se burla de mí ni se toma su tiempo;
en lugar de eso, su boca cubre mi sexo con avidez, y yo jadeo. Abre los
pliegues de mi sexo con los dedos para abrirme. Cuando se centra en
mi clítoris, pongo los ojos en blanco.
Siento un cosquilleo en el cuerpo y el pulso entre los muslos se
vuelve demasiado intenso. Todo me abruma al instante y agarro su
Sotelo, gracias K. Cross
pelo. Quiero apartar su boca de mí, pero sigo acercando mis caderas
a su cara. Los músculos de mis piernas se tensan bajo la presión y
siento como si estuvieran a punto de ceder. Me retuerzo, y el límite en
el que me encuentro está tan cerca, pero aún fuera de mi alcance.
Marcus levanta la cabeza y el aire frío se abalanza sobre mi sexo.
El placer que sentía desaparece y abro los ojos de golpe.
— ¡No!— grito, sorprendiéndome a mí misma.
—Tienes que dejar de resistirte, Bronte. — Se lame los labios
brillantes.
—Por favor, no te burles de mí.
— ¿Burlarme de ti? —Marcus se inclina y me besa el clítoris. La
acción hace que mi espalda se arquee antes de que vuelva a levantar
la cabeza. — ¿Tienes idea de cómo ha sido para mí? Durante meses,
Bronte. Así es como me he sentido desde que te conocí.
—No. — Sacudo la cabeza de un lado a otro. —Eso no es posible.
— Una persona no podría vivir así.
—Lo es. — dice y luego canturrea de placer. —Pero no soy un
hombre cruel.
—Mentiroso. — Levanto las caderas con deseo, rogándole en
silencio que siga. Me agarro con fuerza a su pelo e intento empujar mi
sexo contra su boca. ¿Qué demonios me pasa?
—No para ti, Teapot. Si hubieras cedido a lo que ambos
queríamos, habría estado comiendo de tu mano todo este tiempo. —
Vuelve a lamerse los labios. —Y tu coño.
Gimo ante sus palabras justo antes de que cubra mi sexo con su
boca. Sus manos pasan por debajo de mí y levantan mi parte inferior
del suelo, permitiéndole llegar hasta el fondo. Endurece la lengua y
siento cómo me penetra.
—Marcus. — Intento mover las caderas, pero me agarra con
fuerza. Tiene todo el control y lo único que puedo hacer es quedarme
tumbada y aguantarlo.
Vuelve a mi clítoris, lo chupa con avidez y cada centímetro de mi
cuerpo se tensa. Me tiemblan las piernas e intento respirar, pero me
Sotelo, gracias K. Cross
resulta imposible. Marcus me mantiene en su lugar mientras mi
cuerpo entra en una espiral de placer que hace que mi sexo se
contraiga. Me salen palabras, pero me cuesta comprenderlas, o
realmente cualquier cosa. Me pierdo en lo que me ha hecho hasta que
siento que estoy completamente agotada y mi cuerpo se debilita.
Cuando sus labios tocan mi cuello, abro los ojos.
—Dios mío. — susurro.
—Eso no es lo que estabas gritando hace un segundo. — Marcus
sonríe contra mi cuello. Puedo sentirlo e incluso oírlo en su voz.
— ¿Qué he dicho?— pregunto vacilante. Debo de haber perdido
la cabeza, porque no he notado que se moviera de entre mis piernas y
subiera por mi cuerpo.
—Dijiste: ‘Santa jodida mierda’.
—No, no lo dije. — Miro al techo, incapaz de recordar nada que
no sea pura felicidad.
No maldigo porque tengo miedo de disfrutar demasiado. Siempre
me he asegurado de no hacerlo nunca porque Marcus no se equivoca.
Cuando me excito, puedo explotar. Incluso mi abuela solía decirme
que tenía un poco de mal genio. Ella me decía que era lo más dulce
que podía ser, hasta que dejaba de serlo.
Marcus me toca la barbilla y giro la cabeza para mirarlo. —Lo
hiciste. — Me besa antes de que pueda argumentar que se equivoca.
Acabo de hacer un montón de cosas que nunca antes había
hecho, así que tal vez es posible que se me haya escapado una o dos
maldiciones. Tal vez.
— ¿Hola?— Oigo a alguien gritar, y eso me saca del hechizo en
el que me encontraba. Me separo bruscamente de Marcus y me bajo
el vestido para cubrirme la mitad inferior del cuerpo. — ¿Marcus?—
Oigo de nuevo una voz femenina.
Antes de darme cuenta, Marcus se levanta y me lleva con él. Me
pone de pie y coge la silla que se había caído. Medio segundo después,
una mujer llama a la puerta abierta del despacho.
Sotelo, gracias K. Cross
Santa bola de queso. ¿Hice todo eso con Marcus mientras
cualquiera podría haber entrado aquí y vernos? Por eso hui de él en
primer lugar. Me hace cosas en la cabeza y luego actúo como una loca.
Bueno, loco para mí.
—Bueno, este lugar es sin duda un cambio de su última oficina.
— dice la mujer en el interior de la puerta.
—Nina. — saluda Marcus.
— ¿Interrumpo? Estaba cerca, así que pensé... — Se interrumpe.
No estoy segura de quién es, pero por su elegante traje, supongo
que es una abogada de la ciudad. Deben de estar familiarizados
porque la mayoría de los abogados se refieren a Marcus por su
apellido.
—En realidad...
—En realidad, estaba a punto de irme a hacer unos recados. —
digo, cortando a Marcus. Lo miro de reojo y, si no estuviera
enloqueciendo, sonreiría porque, por una vez, tiene algunas arrugas
en el traje. Me encanta habérselas hecho yo y haber emborronado su
fachada, normalmente perfecta.
—Nina, esta es Bronte, mi...
—Asistente. — vuelvo a interrumpirlo porque mi corazón no
podía soportar la posibilidad de cómo habría terminado esa frase.
Después de lo que ha pasado hace unos momentos, creo que me da
más miedo cómo quiero que acabe esa frase. Cojo mi bolso y me cuesta
todo lo que puedo no mirarlo mientras sonrío amablemente a Nina. —
Les dejaré un poco de espacio.
— Teapot. — Oigo la advertencia en el tono de Marcus, pero ya
estoy en marcha. Mientras salgo del despacho y emprendo la huida,
doy gracias a Nina por haberme dado cobertura.
Pero tal vez no debería estarlo.
Sotelo, gracias K. Cross
Capítulo 6
MARCUS
—Dios mío, ¿esa era Bronte?— Nina pregunta mientras mira por
encima de su hombro.
—Sí. — Suelto un suspiro frustrado y me paso una mano por la
cara. —En buen momento como siempre, hermanita.
— ¿Por qué no evitaste que se fuera?
Pienso en la intensidad de lo que compartimos y en lo rápido que
se separó de mí. Cómo me cortó para declararme que solo era mi
asistente y no el verdadero amor de mi vida. Estaba ansiosa por
alejarse de mí todo lo posible y, si soy sincero, me dolió. No, no voy a
dejar que se aleje por mucho tiempo, pero ahora mismo, voy a lidiar
con mi entrometida hermana antes de perseguir a Bronte y hacer que
reconozca lo que ya estoy seguro.
Me ama tanto como yo a ella. Lo nuestro es inevitable y punto.
Cuanto antes se enfrente a los hechos, mejor.
— ¿Qué quieres?— Puedo oír la impaciencia en mi voz, pero estoy
demasiado lejos para preocuparme.
—Siempre la más cálida de las bienvenidas. — resopla Nina. —
He venido a saludar a mi hermano mayor y a ver cómo va todo. La
última vez que hablamos, parecías un cachorro abandonado a su
suerte. Está claro que las cosas entre Bronte y tú han mejorado.
—Hasta que interrumpiste. — aclaro.
—Lo siento, pero he llamado a la puerta. —levanta una ceja. —
Durante varios minutos.
Me aclaro la garganta e intento pensar en una excusa. Como no
se me ocurre ninguna, me encojo de hombros. —Supongo que tengo
que instalar un timbre.
Sotelo, gracias K. Cross
—Claro. — dice despacio y echa un vistazo a mi despacho. —Veo
que está como en casa.
—Como le dije.
Nina suspira. —No era un reto, Marcus. Lo creas o no, me gusta
lo que ha hecho con el lugar. Parece que fue capaz de sacarte ese palo
del culo, y por eso, me encantaría darle la mano.
—Entonces la próxima vez no la eches de aquí. — Sé que estoy
siendo un imbécil pero también sé que Nina me perdonará mucho más
rápido que Bronte. Cuanto más discuta con mi hermana, más lejos
estará Bronte de mí.
—De acuerdo. — Nina levanta las manos. —Me voy.
—Espera. — digo, y por suerte no me hace perseguirla. —Lo
siento, yo no...
—En serio, no pasa nada. — me interrumpe y luego hace un
gesto con los dedos hacia mi escritorio. —Interrumpí algo, y fue un
mal momento para todos. Volveré a la ciudad y me largaré.
—No, no te vayas. ¿Por qué no te quedas esta noche? Tengo que
hablar con Bronte, pero me encantaría que por fin la conocieras.
— ¿Estás seguro?— Nina duda, y sé que está sopesando las
opciones para ver si hablo en serio o no. Cuando asiento, sonríe, y sé
que ha sido la decisión correcta. Nina y yo tuvimos unos padres de
mierda de pequeños, y yo he sido su tutor la mayor parte de su vida.
—Estupendo. He hecho la maleta por si acaso.
—De acuerdo, luego nos vemos. — le digo rápidamente antes de
salir corriendo por la puerta.
Miro calle arriba y calle abajo y no me sorprende ver que Bronte
no está. Intento pensar adónde iría. Descarto su casa. Ese sería el
lugar obvio, y ella no querría que la encontrara tan fácilmente. Lo
mismo ocurre con el restaurante. Ya ha comido y no puede volver a
casa, así que necesita un lugar donde esconderse. Tendría que ser un
lugar público y a poca distancia. Querría ir a algún lugar conocido,
pero te garantizo que no está de humor para mantener
conversaciones.
Sotelo, gracias K. Cross
Sonrío para mis adentros mientras me doy la vuelta y salgo en
dirección a la biblioteca.
Una vez subo las escaleras y entro, veo a una ancianita en el
mostrador de circulación sellando libros. Cuando me acerco a ella, me
mira por encima de las gafas y me dedica una sonrisa de lo más dulce.
—Tú debes de ser Marcus. — Veo que lleva una etiqueta con el
nombre de señora Maggie. Para mi sorpresa, la ancianita me mira de
arriba abajo como si fuera un trozo de carne. —Ya veo por qué Bronte
huye de ti. ¿Qué número de zapato usas?
—Um... — Siento cómo se me calientan las mejillas mientras
miro a cualquier parte menos en su dirección.
—Me dijo que no te dijera que se iba a esconder con los libros de
texto de investigación en el segundo piso. — La señora Maggie se sube
las gafas a la nariz. —Pero nunca se me ha dado bien guardar secretos.
— ¿No me digas?— Intento ahogar mi sonrisa, y es casi
imposible.
—Si me preguntas, a esa chica le vendrían bien unos cuantos
empujones contra las pilas, ya me entiendes.
Mis ojos se abren de golpe ante la dulce ancianita.
—Oh, no pongas esa cara. Una vez fui joven. — Vuelve a mirarme
de arriba abajo. —Mi difunto Andrew usaba una talla trece. — Me
guiña un ojo y señala las escaleras que hay detrás de ella. —Arriba,
gira a la izquierda. Estará al fondo.
—Um, gracias, creo.
—Cuando quieras, guapo. — dice la señora Maggie. —Ah, y no
te preocupes. No tenemos cámaras ahí atrás. Llevo años intentando
que instalen algunas, pero nunca entra en el presupuesto.
—Creí que habías dicho que eras joven. — bromeo.
Suelta una carcajada. — Oh dulzura, no es para evitar que la
gente se divierta allá atrás. Es para que yo pueda ver el espectáculo.
Me quedo con la boca abierta antes de sacudir la cabeza y
alejarme del escritorio. La señora Maggie no dice nada más y vuelve a
sellar libros.
Sotelo, gracias K. Cross
Mientras subo corriendo las escaleras, no puedo evitar pensar
que la señora Maggie podría ser la anciana más genial que he conocido
nunca.
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Capítulo 7
BRONTE
Voy y vengo entre las estanterías. Este rincón de la biblioteca
con los libros de texto de investigación siempre ha sido mi pequeño
escondite. Cuando estaba en el instituto, venía aquí después de clase
y los leía.
No me resultaba difícil perderme fácilmente en la información
que ansiaba. Hay un sitio web donde la gente busca jurisprudencia y,
cuando la encuentra, sube los documentos legales. Me pasaba horas
rebuscando en esos libros, esperando encontrar la respuesta. Siempre
quería ser de las primeras en responder porque me parecía un juego
que podía ganar.
Era mejor que volver a casa vacía. Mi padre siempre estaba de
viaje trabajando, y más aún cuando yo me hice mayor. Al menos,
cuando estaba en la biblioteca, había gente. Era tranquilo, pero no
demasiado.
Ahora mismo, no tengo ningún deseo de rebuscar en viejos libros
de texto. Aunque abriera uno, no creo que fuera capaz de asimilar
nada. Estoy tan distraída que sé que leería la misma página una y otra
vez. Es porque todos mis pensamientos giran en torno a Marcus.
¿Quién era la atractiva mujer de su despacho? ¿Y cómo demonios era
capaz de tocarme como si conociera cada curva de mi cuerpo?
Cuando trabajé para él antes, nunca me perdí cómo las mujeres
lo miraban. Mujeres que estaban mucho más a su altura que yo.
Incluso albergaba un ligero interés romántico por él antes de que
supiera de mi existencia, pero entonces, mi interés se centraba
principalmente en sus habilidades y talento en la sala del tribunal.
Aprendí sobre él leyendo jurisprudencia. De hecho, la primera
vez que vi su nombre fue aquí. La experiencia de conocerlo en persona
fue abrumadora. Me lo había imaginado tanto que nunca pensé que
la realidad pudiera superarlo. Estaba muy equivocada.
Sotelo, gracias K. Cross
En cuanto lo vi, todo mi cuerpo se iluminó como nunca antes lo
había hecho. Estaba tan aterrorizada que construí muros para
mantenerlo a distancia. Marcus los atravesó cada vez. Una parte de
mí lo había disfrutado de verdad. Odiaba estar sola y él siempre
intentaba acercarse, pero yo huía.
Cuando oigo el ruido sordo de unos pasos que se acercan, dejo
de caminar. Es imposible que me haya encontrado, pero Marcus puede
ser decidido cuando persigue algo que quiere. Para estar segura, me
deslizo hasta el final de las pilas y aprieto la espalda contra ellas.
Inclino la cabeza, intentando escuchar, pero solo hay silencio.
La decepción empieza a invadirme, lo cual es una locura porque no
quiero que me encuentre.
Entonces doy un grito ahogado porque de repente está ahí,
ocupando todo el espacio delante de mí. Estoy clavada al extremo de
la estantería y, de algún modo, me he arrinconado.
—Huiste de mí.
—No hui. — Me subo las gafas por la nariz. —Caminé deprisa.
— Marcus ladea la cabeza antes de sacudirla. —Estoy investigando.
Sus manos suben a ambos lados de los estantes, y me siento
realmente enjaulada. —No vas a ninguna parte, Teapot. — Marcus
inclina la cabeza y siento su boca en mi cuello. Me besa antes de que
sienta sus dientes mordiéndome. —No había terminado contigo.
—Eso es parte del problema. — Susurro las palabras porque
ahora que está aquí, todos mis pensamientos se desordenan.
—Dime. —exige, y me muerdo el labio inferior. Puede que sea
mejor cuando me presiona para que no sea tan vulnerable. —No puedo
arreglarlo a menos que lo hagas.
— ¿De verdad crees que he sido cruel? — Recuerdo lo que había
dicho antes en nuestra oficina. — ¿Que lo soy ahora?
No lo había dicho abiertamente, pero estaba implícito. Dijo que
lo mantuve en vilo durante meses, y que su necesidad coincidía con
la mía. Lo que sentía cuando tenía su boca entre mis muslos era una
mezcla de tortura y placer. No puedo creer que le haya hecho eso. Yo
no. No soy una zorra. Miro hacia abajo, entre nosotros, y noto la dura
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silueta de su polla en el pantalón. Quiero estirar la mano y tocarla, o
al menos frotarme contra él.
—No creo que lo hagas a propósito. Tampoco creo que te des
cuenta de lo que me haces.
—No soy como las otras chicas-mujeres. — corrijo rápidamente.
—No soy elegante ni... — Me humedezco el labio inferior mientras lo
miro a los ojos. —Con experiencia.
Una suave sonrisa se dibuja en sus labios. —No la tienes. —
Tengo que apartar la mirada de él, pero Marcus me agarra de la
barbilla y me obliga a mirarlo. —Eres diferente a las demás, Bronte.
Sé quién eres y sé lo que quiero. Esa dulce inocencia que tienes
siempre está a flor de piel, Teapot. Incluso cuando vas por mí. Lo
quiero. — Marcus roza su boca con la mía. —Es mía para tener. —
Presiona sus labios contra los míos en un suave beso. —Para proteger.
— Me besa de nuevo. —Para amar.
—Marcus. — Exhalo su nombre. ¿Realmente dijo amor? ¿Y cómo
me ha excitado tanto como todo lo que ha hecho? —No quiero ser
cruel. — Su mano baja hasta mi cadera y me atrae hacia él. Es
entonces cuando siento su polla dura presionando mi estómago.
—Entonces deja de correr. Para ser una mujer inteligente, no
estás entendiendo esto tan rápido como me gustaría. — Marcus me
levanta y lo rodeo con las piernas como si fuera lo más natural.
— ¿Qué significa eso?
— ¿Crees que me mudé aquí al azar, Teapot? Empaqué toda mi
vida y me mudé a un pequeño pueblo del que nunca había oído hablar.
Para estar contigo.
Busco su rostro y veo la verdad en sus ojos. Nunca lo había
pensado así, pero suena demasiado romántico y loco para creerlo.
—No parecía real.
—Te lo prometo, Bronte, soy muy real. — Me aprieta la polla y
yo le agarro los hombros.
—Sabes, solía fantasear contigo. — digo, mi confesión
entrecortada. —Aquí mismo, en esta habitación. Leía sobre ti y tus
casos, y tenía fantasías.
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— ¿De qué tipo?— La forma en que me mira hace que un
escalofrío me recorra la espalda.
—Sucias. — susurro. —Pensaba en lo que podrías hacerme aquí
arriba, escondida entre los libros. Pero luego me preocupaba estar una
vez más dejando que las fantasías se me escaparan.
Una sonrisa malvada se dibuja en el rostro de Marcus.
—Bueno, Teapot. No se me ocurre mejor manera de demostrarte
exactamente lo que significas para mí.
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Capítulo 8
MARCUS
— ¿Recuerdas la primera vez que entraste en mi despacho? —
Mi mano suelta su cadera y voy por los botones de la parte delantera
de su vestido. Sus piernas se aprietan alrededor de mi cintura, pero
la tengo sujeta a la pared. No va a ir a ninguna parte.
—Sí. —Se queda sin aliento cuando le abro de un tirón la parte
delantera del vestido y le bajo bruscamente las copas del sujetador.
—Llevabas ese maldito jersey. El que tenía un conejito
sosteniendo un cuchillo. Decía No culpable en joyas rojas.
—Ningún juez del mundo condenaría algo tan lindo. — La última
palabra termina en un gemido mientras chupo un pezón.
—Hmmm. — Tarareo de placer al sentir el apretado pico en mi
lengua. —Te eché un vistazo. — Mi boca se mueve hacia el otro pezón
y noto cómo su coño se mece contra mí. —Y lo supe.
— ¿Su-supiste qué?— Ahora respira con más fuerza mientras
meto la mano entre los dos.
—Que eras mía. —Saco la polla del pantalón y la apunto a su
calor húmedo. —Fuiste una bola de demolición para cada ladrillo
cuidadosamente construido de mi vida.
El sonido de sus bragas rasgándose la hace jadear, pero no me
importa. Me guardo los jirones en el bolsillo mientras aprieto la cabeza
de mi polla contra los labios de su coño.
— ¿Cómo es que eso no es algo malo? —Es una pregunta sincera,
pero cuando toco su húmeda abertura, baja los párpados.
—Porque eso es lo que hace el amor, Teapot. El amor te hace
despertar y mirar a tu alrededor por primera vez. Al menos eso es lo
que me hizo a mí. Te amo, y desde el momento en que puse mis ojos
en ti, fue como ver el mundo en color. — La aprieto lo suficiente para
que jadee. —Y también me amas.
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—Sí. — gime, y entonces la meto hasta el fondo.
Gime por el pinchazo de dolor, pero yo estoy ahí, besándole el
cuello y lamiéndole los pezones. Mi boca toca todo lo que puedo
mientras ella aprieta su coño alrededor de mi polla. Pronto su cuerpo
se relaja y, cuando le rozo el clítoris con el pulgar, mueve las caderas.
—Dímelo, Bronte. Quiero que me digas que me amas mientras
estoy dentro de ti.
—Te amo. — Sus ojos se clavan en los míos mientras meto y saco
la polla.
—Otra vez. — exijo, empujando más fuerte esta vez.
—Te amo. —No tarda en responder, y lo repite una y otra vez.
Cada vez que empujo, las palabras salen de sus labios y me
hacen sentir completo. —Te amo. — le digo antes de cubrir su boca
con la mía.
Me trago sus gritos de placer mientras su apretado coño me
aprieta como una prensa. Cuando está a punto, me meto hasta el
fondo y rozo su clítoris. Es todo lo que necesito para que se corra en
mis brazos y no tenga más remedio que seguirla.
El apretón de su coño me saca el semen y es todo lo que puedo
hacer para mantenernos erguidos. Lo que quiero es tirarme al suelo y
volver a hacer lo que quiera con ella, pero en algún lugar de mi mente
recuerdo que estamos en una biblioteca. Y no estamos precisamente
solos.
Tengo que parpadear varias veces antes de recuperar la visión,
pero cuando lo hago, lo único que veo es a Bronte. Tiene un brillo de
sudor en las mejillas que la hace parecer radiante. Trazo sus suaves
contornos con los dedos y la miro fijamente a los ojos.
—Te amo. — le digo, y me sonríe. Le devuelvo la sonrisa y niego.
—No sé cuándo sentiré que lo he dicho lo suficiente, pero sé que no es
hoy. Y definitivamente no mañana.
—Conozco esa sensación. — Abre la boca para protestar cuando
la saco de adentro, pero la hago callar con una mirada.
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—Cuanto antes te saque de aquí, antes podré meterte en mi
cama y tenerte completamente desnuda.
La pongo de pie y me meto la polla en los calzoncillos. La parte
delantera está acampanada, pero no hay forma de que baje pronto.
— ¿Te has deshecho de la mujer de tu despacho? — Bronte finge
estar interesada en las arrugas de su vestido cuando hace la pregunta.
—Sí. — digo y luego espero a que me mire. —Le he dicho a mi
hermana que espere a que volvamos. Quiero que la conozcas.
—Oh. — Es adorable cuando se avergüenza y la atraigo hacia
mí.
— ¿Oh?— Froto mi nariz contra la suya y beso la punta. —No
tienes que preocuparte nunca por otra mujer, Teapot. Tengo las
manos ocupadas contigo.
Para demostrarlo, le aprieto el culo con las dos manos. Se ríe
mientras salimos a toda prisa de las pilas de libros de consulta y
bajamos las escaleras. Al salir, veo que la señora Maggie sigue en
recepción sellando libros.
—Buenas noches. — le dice Bronte al pasar.
—Parece que has conseguido lo que buscabas. — La señora
Maggie me guiña un ojo y hago como si no la hubiera oído.
— ¿Qué ha dicho?— pregunta Bronte, pero ya la estoy
acompañando más allá del escritorio.
—Te lo contaré luego. — le susurro y la empujo hacia la puerta
principal.
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Epílogo
BRONTE
Años después…
Puede que esta no haya sido mi mejor idea. ¿En qué problema
me he metido esta vez? He ido y destruido nuestra hermosa cocina
que actualicé hace unos años. Este fue uno de los últimos grandes
proyectos para el Amorous Bow, y ahora he arruinado mi cocina.
El Amorous Bow es una hermosa, impresionante casa histórica
que se encuentra en una colina que es un poco más alta que la ciudad
de Mittenville. Cuando sales al porche, puedes ver toda la ciudad.
Cuando era niña, siempre miraba la casa y pensaba que ahí
debía vivir el presidente o alguien importante. Nunca imaginé que
algún día viviría aquí con mi propia familia. En lugar de ir a la
biblioteca para no volver a casa vacía, nunca imaginé que un día
volvería directamente a Amorous Bow, una casa llena de amor y risas.
Me quedé más que sorprendida cuando Marcus me dijo que era
de su propiedad pero que había estado durmiendo encima de su
despacho de abogados mientras se hacían las reformas. Aunque
llevaba años desocupada y necesitaba un poco de cariño, la estructura
de la casa era sólida. La compró para mí cuando se mudó aquí por
primera vez, sabiendo que un día me convertiría en su esposa. Marcus
era capaz de alcanzar cualquier meta que se propusiera.
—Teapot, tengo a Archer abajo y... — Marcus deja de hablar
cuando entra en la cocina.
Me aprieto las mejillas con las palmas de las manos, intentando
que no cunda el pánico. —No sé qué ha pasado.
Marcus echa la cabeza hacia atrás y se ríe. De acuerdo, puede
que sepa algo de lo que ha pasado. Pensé que había tiempo suficiente
para coser los dos últimos botones en forma de corazón del osito de
peluche que estaba haciendo. Siempre pienso que tardaré dos
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segundos cuando en realidad son diez minutos. Mierda, tengo que
terminar su sombrero también.
— ¡Marcus!— Gruño y doy un pisotón. Él sigue riéndose. —
¡¿Qué voy a hacer?! Es la primera fiesta de San Valentín para él en el
colegio, y yo me encargo de las cupcakes. — Resoplo mientras mis ojos
recorren el desastre que he hecho.
El glaseado blanco que intenté colorear de rojo es marrón caca,
y todos los cupcakes no tienen exactamente forma de cupcakes.
Además, están quemados. Hay harina, azúcar y Dios sabe qué más
por todas partes. En mi defensa, no sabía que la batidora mandaría la
mitad volando fuera del tazón.
—Muy bien. — Marcus levanta las manos y da un paso hacia mí.
Cuando lo hace, se oye un fuerte crujido.
Los dos miramos hacia abajo y vemos que ha pisado una cáscara
de huevo que debe de haberse caído de la encimera. El cuerpo de
Marcus empieza a temblar de risa, pero mantiene los labios sellados
para que no salga ningún sonido.
—Lo he estropeado todo. — resoplo. No son las hormonas del
embarazo, pero estoy segura de que mi esposo diría lo contrario.
—Ya basta. — Marcus me coge en brazos y aparta algunas cosas.
Me deja en la isla de la cocina para poder mirarme a los ojos. —Te
tengo.
—Mañana se agotará todo. Lo sé.
—Te tengo, Teapot. — Me besa la punta de la nariz antes de dar
un paso atrás. Lo veo entrar en el lavadero y luego oigo que se abre el
frigorífico. Cuando vuelve a salir, tiene una caja rosa en las manos. —
Mira. — Marcus levanta la tapa para mostrarme los cupcakes rosas y
rojos más adorables que he visto nunca.
— ¿Los hizo Joy?— Nadie cocina mejor que Joy, pero sobre todo
cocina y hornea para su esposo y los hombres que trabajan en su
rancho. Joy y yo crecimos juntas, e incluso saqué a su esposo de la
cárcel una vez. Fue después de que él se convirtiera en un cavernícola
mientras la protegía, pero esa es otra historia.
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—Los hizo. — dice Marcus. Tendré que llamarla para darle las
gracias.
—Así que sabías que iba a fallar.
Marcus deja la caja y vuelve hacia mí. —Oye. — Me acaricia una
mejilla con la palma de la mano y coloca la otra sobre mi creciente
barriguita. Nuestro bebé crece muy deprisa. Va a ser tan grande como
su hermano. No tengo ni idea de cómo puedo llevar a los bebés
gigantes de mi esposo, pero parece que funciona. —Sé que mi bella,
dulce y entrañable esposa, que tiene una mente brillante, no es muy
buena cocinera.
Resoplo en respuesta. —Es algo dulce que me conozcas tan bien.
Supongo.
Me pasa el dedo por la mejilla y veo que tiene glaseado blanco.
Marcus se lo mete en la boca. —Se me ocurren varias cosas que puedo
hacer con este glaseado. — Marcus mete el dedo en uno de los cuencos
de glaseado antes de llevármelo a los labios. Lo chupo de su dedo,
haciéndolo gemir.
—Yo también soy buena en eso. — digo y froto mi mano sobre
sus vaqueros y aprieto su dura polla. No importa cuántos años hayan
pasado, siempre consigo excitar a mi esposo sin apenas esfuerzo.
Me entran ganas de reír cuando pienso en lo mucho que me
preocupaba no poder satisfacer sus necesidades siendo una virgencita
tonta. Todo lo que necesité fue confiar en él y todo mi mundo se abrió.
Toda mi timidez se desvaneció. De hecho, me volví atrevida, y las
perversiones que ninguno de los dos sabíamos que teníamos
aparecieron.
La mano de Marcus se desliza por mi pelo y agarra un puñado.
— ¿Quieres chupar eso también?
—Sí. — Me chupo los labios, mi cuerpo empieza a hormiguear.
Me encanta cuando me domina.
— ¿De verdad crees que una cosita como tú puede meterse toda
esta polla en la boca?
—Podría intentarlo.
—Intentarlo no es suficiente.
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—Puedo hacerlo. Por favor. — Lo miro a través de las pestañas.
—Papi. — Me tira de la encimera y coge una de las toallas grandes. La
deja caer al suelo antes de ponerme de rodillas.
Marcus se saca la polla de los pantalones y aprieta la base. —
Abre. — me ordena. Separo los labios para que pueda deslizar la polla.
Sus dedos vuelven a agarrarme el pelo para mantenerme quieta
mientras entra y sale de mi boca.
—Joder. — grita Marcus mientras gimo a su alrededor. Me
resisto a soltar una risita cuando me saca la polla de la boca y me
vuelve a colocar sobre la encimera. Enloquecido, me sube el vestido y
me aparta las bragas. —Te mojas tanto chupándomela. Eres una
sucia.
Me acerca al borde del mostrador, guiando su polla hasta mi
entrada. Me empuja con fuerza y pongo los ojos en blanco.
—Llevo años follándome este precioso coño, y todavía tengo que
trabajar mi polla en él.
—Lo siento, papi.
—Mentirosa. — gruñe, y tiene razón.
Me encanta ver a este hombre perderse en su lujuria y necesidad
de mí, su amor por mí. Es casi demasiado fácil hacerle perder el
control. Me dejo caer sobre la encimera y miro a mi esposo hacer lo
que quiere conmigo.
—Tan apretada. — Empuja con más fuerza hasta que por fin toca
fondo. Mi cuerpo lo absorbe porque está hecho para mí.
Sujeto todas las cuerdas de su corazón como él hace con las
mías. Ambos sabemos cuándo y dónde tirar, dándonos lo que siempre
necesitamos. El uno al otro.
Fin…
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