E - ETICA DE LOS DDHH: INICIO Y META
a- Una aproximación al problema.
El problema principal de los DDHH es ético. Los fundamentos éticos y
filosóficos de
los DDHH se han convertido en punto de referencia para partidarios y
adversarios;
delimitarlos es un ejercicio que determinará la posibilidad y el alcance de
lograrlos.
La historia del reconocimiento de los DDHH ha transcurrido desde hace más de
400
años; estos son un resultado de la época moderna, de la civilización industrial y
de la
cultura con la que esta época y civilización vinieron al mundo: el capitalismo.
En esta etapa los DDHH aparecieron en el plano del pensamiento en filósofos
que
intentaban derruir el orden social caduco, se incorporaron a las ideas políticas,
fueron
ganando terreno en el cuerpo jurídico, no sólo en las ideas sino en el derecho
positivo y
de ahí se trasladaron a las relaciones entre los estados.
El auge de la burguesía impulsó el crecimiento económico, el avance de las
ciencias (es
la época en que esta realmente aparece), y sobre todo los derechos
individuales
imprescindibles al burgués y con ellos los DDHH.
Durante estos últimos 300 años la Humanidad dedicó su esfuerzo a esclarecer
el
problema, los más representativos filósofos y pensadores de los últimos tres
siglos
trataron el tema procurando derribar las barreras al pensamiento conservador,
fuertemente influido por la intolerancia religiosa y el predominio de formas de
pensar
que avasallaban la individualidad.
No debe extrañarnos que fueran estos pensadores, en su tiempo los mas
preclaros
representantes de la naciente burguesía y del pensamiento liberal, quienes
desarrollaran
la noción inicial de DDHH, visión a la que se han ido sumando aquellos que
siempre se
han ubicado en la vanguardia de la Humanidad y que han encontrado en los
DDHH la
bandera mas elevada de la nueva época.
El que con el paso del tiempo la propia cultura que los vio nacer se haya
convertido en
su principal obstáculo es algo que venimos demostrando desde las primeras
páginas de
este texto.
La Etica aporta desde su peculiar concepción de la dignidad algunas normas
que sirven
de fundamento a la doctrina de los DDHH:
a-) la dignidad de la persona excluye la interferencia y más aún la violación de
su
privacidad;
b-) esa dignidad se objetiva en la capacidad de la persona de “elegir” sus
valores
morales siempre que esa “elección” no se constituya en conductas que afecten
a otros;
c-) se construye desde ella, el sentido de la vida del ser humano, sentido
independiente y
que implica la legitimidad de las acciones para realizarlo siempre sin provocar
la
afectación a otros a constituirse en obstáculo para la realización del sentido de
vida de
otros.
Esta legitimidad moral apela a la autonomía como criterio de validación, a la
idea de
que el ser humano es un FIN en si mismo y de que sus fines personales son
propios de
cada uno y atañen sólo a él, siempre que no se constituyan en ofensa u
obstáculo para
los fines personales de otros.
Y esa autonomía al asegurar la dignidad se constituye en esencia de la
persona moral.
Consideramos persona moral aquella dotada de dos facultades morales que se
constituyen en básicas:
- la capacidad para comprender el contenido y el alcance de ciertos principios
de
justicia, a lo que llamaríamos racionalidad ética;
- la capacidad de construir una concepción del bien moral y comportarse
acorde a él,
lo que llamaríamos sentido razonable de la justicia.
Es comprensible que el sustrato de estas capacidades es la autonomía o
libertad personal
(no cabe aquí diferenciar) pero en condiciones de convivencia social y
actuación
razonable.
b- Derecho subjetivo y objetivo.
La comprensión de estos conceptos es fundamental para intentar formar una
verdadera
cultura de ejercicio de los DDHH.
El derecho, incluyendo el Derecho de los DDHH, es un sistema normativo que
expresa
y tutela los valores predominantes en la sociedad, en esta definición se
incluyen
determinados valores, no sólo pero si fundamentalmente morales, la función
reguladora
de todo derecho y, en tanto los propios valores son cambiantes, un sentido
progresivo
del derecho.
El derecho positivo será entonces solamente la plasmación escrita del derecho,
las
normas obligatorias, los preceptos imperativos, las reglas técnicas y los
mecanismos
coercitivos, esto es, lo evidente del derecho en tanto que disposiciones
impuestas por un
poder.
La explicación anterior es sólo para esclarecer la complejidad del concepto y
afirmar
enseguida que existe un concepto de “Derecho Subjetivo” que es lógicamente
imprescindible para dilucidar filosóficamente la esencia y el devenir de los
DDHH.
En su comprensión elemental Derecho Subjetivo (DS) nos remite a la facultad
de las
personas, es decir del “sujeto”, para realizar (o no realizar) determinadas
acciones y
para exigir de otras que no le obstaculicen sus acciones o que realicen
acciones a las que
ellas se sientan necesitadas; todo esto en el marco de la ley.
El concepto presupone que un sujeto de derecho, en este caso “sujeto activo”
es
TITULAR de ciertos derechos, y al serlo se hacen suyos y por tanto
“subjetivos”. Los
DDHH serían parte de esta categoría pues se subjetivizan en los seres
humanos.
Se discute si el Derecho Subjetivo es anterior o posterior al surgimiento de los
derechos
positivos; al margen de ella la Filosofía de los DDHH asume que estos en su
origen y
finalidad se centran en la persona humana y en su dignidad por lo que todo se
realiza en
torno a los derechos del ser humano que son ya derechos suyos, es decir,
subjetivos.
Lo esencial en el Derecho Subjetivo es la relación de alteridad, la
intersubjetividad
(relación entre sujetos), entre un sujeto activo (el tutelar del derecho) y uno o
mas
sujetos pasivos (los que deben dar, hacer u omitir acciones que garanticen al
sujeto
activo o titular el disfrute de un derecho).
El Positivismo del Siglo XX, León Duguit, Hans Kelsen, Norberto Bobbio entre
muchos otros, han negado la existencia de los Derechos Subjetivos con lo que
sentaron
las bases para negar la necesidad de la fundamentación filosófica de los
DDHH; para
esta escuela los DDHH son válidos si y sólo si están positivizados, esto es, si
YA está en
la legislación.
Si bien este debate se mantiene entre las diversas escuelas en Bolivia carece
ya de
interés al estar incorporados a la CPE como parte del bloque de
constitucionalidad los
tratados internacionales en la materia (Art 410)
Sobre derechos subjetivos pueden consultar: Bidart Campos G. – páginas 27 a
29
c- DDHH y moral
Los DDHH se derivan de ciertos principios morales, como ha quedado
establecido,
debemos entonces regresar a la noción de principio y precisar que estos se
caracterizan
por los siguientes rasgos:
- su existencia viene dada por el hecho de que pueden ser aceptados como los
que nos
guían hacia un comportamiento debido, no porque sean mayoritarios en las
conductas empíricamente observables;
- Si bien pueden NO estar presentes en la mayoría de los seres humanos
tienen que
estar presentes en algunos, es decir, tienen que ser reales no imaginarios;
- Al ser aceptados constituyen el criterio de justificación de esas conductas, o lo
que
es lo mismo, no pueden valorarse esas conductas por otros principios;
- Pueden valorar cualquier conducta;
- Pasan a integrar el ideal moral de la sociedad.
Y en o fuera del derecho son estos principios (los aceptados) los que guían
conductas,
cuando nos atenemos a lo que dice la ley estamos siguiendo un principio: el
que
considera moral actuar según lo que dispone el derecho positivo, y este
principio se
asienta a su vez (como todos) en un juicio valorativo pues se infiere que ese
derecho
positivo es mínimamente justo.
Aclarado lo funcional tendríamos entonces que determinar los principios éticos
de los
que se derivan los DDHH.
Al calificar la procedencia de los DDHH como un tipo especial de derecho
moral nos
remitíamos al principio de que todo ser humano por sólo serlo es titular de
estos
derechos.
Pero al calificar esos derechos básicos como de la “persona humana”, también
nos
remitíamos a la idea de que el atributo fundamental de esa persona es el de
poseer la
capacidad de ejercer esos derechos y esto presupone una distinción principal:
la que
existe entre SER titular de un derecho y ESTAR capacitado para ejercerlo.
Lo primero permite quedar en lo declarativo, lo segundo exige lo constructivo;
así los
límites para el disfrute de un derecho estarán en los hechos y no en la
condición de lo
que concluimos que la adhesión a los principios morales que derivan DDHH
supone la
destrucción permanente de los obstáculos que nos impiden gozar esos
derechos.
Sobre la Etica de los DDHH pueden consultar: Bidart Campos G. – páginas 81
a 93
d- Principios éticos en los que se fundamentan los DDHH
d.1 – Dignidad
Es un concepto presente en cualquier teoría ética, en ellas expresa el valor
intrínseco a
la persona, la actitud de esta hacia si mismo y de la sociedad hacia ella.
Parte de la idea de que el comportamiento humano es tal si y sólo si expresa el
valor
intrínseco de la persona, de que la personalidad como estructura integral debe
materializarse también integralmente so pena de degradarse, y que en el
sustrato de esas
manifestaciones se encuentra la dignidad.
La Dignidad supone una exigencia a si mismo por lo que se relaciona con la
responsabilidad; en tanto que presupone un comportamiento de los demás
hacia el
sujeto, del reconocimiento (no otorgamiento) de esa dignidad se relaciona
también con
el honor. En ambos casos el comportamiento digno es un escalón hacia la
libertad
moral por lo que debe también ser examinada esta relación.
Es conveniente, volviendo al segundo recalcar que en la medida en que las
condiciones
son variadas y muy frecuentemente contradictorias la elección de acciones que
haga el
sujeto aún en el marco de aquellas establece la responsabilidad de este por lo
que elige y
lo que hace relevante esa elección es su significado moral.
Y es en la responsabilidad que se asume por la elección en que esta basada la
dignidad
que elaborada en términos de principio “prescribe que los hombres deben ser
tratados
según sus decisiones, intenciones o manifestaciones de consentimiento” (Nino:
1996:
287), y esto es básico no sólo para la doctrina de los DDHH sino para las
relaciones
humanas en las múltiples instituciones y situaciones en las que se realizan.
El principio tiene en cuenta como causal de acciones los deseos, preferencias,
creencias
y opiniones de la persona, las cuales pueden ser también objeto de juicios
morales aún
cuando no se objetiven en actos.
La Dignidad se relaciona con la “responsabilidad”; en la literatura filosófica
encontramos varios criterios para entender la responsabilidad.
La posición del determinismo clásico señala que en la medida en que actuamos
siempre
según ciertas condiciones en puridad no tenemos libertad de actuar; y si no
somos libres
de actuar según nuestras particulares opiniones entonces no se nos puede
exigir
responsabilidad, esto es, no somos responsables por nuestra conducta
Al otro extremo la posición del extremo voluntarismo defiende que una acción
es libre
si y sólo si es resultado de la libre voluntad en total ausencia de
condicionantes, es decir que el sujeto pudo elegir esa u otra acción y sólo en
estas condiciones se nos puede
considerar responsables de nuestros actos
Los seres humanos actuamos siempre en ciertas condiciones, esto es, nuestra
vida está
condicionada por un conjunto de factores económicos, culturales, sociales,
políticos y
de diversa índole; en tanto estas condiciones son siempre contradictorias
nosotros
ELEGIMOS nuestros actos, por ello somos responsables por nuestra elección.
No podemos alegar que las condiciones “determinan” nuestro comportamiento,
sin duda
estas nos colocan a veces en verdaderas situaciones de elección y otras en
situaciones de
conflicto, pero en última instancia siempre decidimos cual es nuestra conducta.
La dignidad es inherente a todo ser humano; es lo que consideramos dignidad
como
ontológica, es la que dimana de su propio ser y establece que el
comportamiento
humano es tal si y sólo si expresa el valor intrínseco de la persona.
Es en esta dimensión que la Dignidad constituye el fundamento, el punto de
partida de
los DDHH; pero también es entendida como la posibilidad de vivir en
condiciones
humanas, dignas, de vida y en este sentido es el objetivo superior de los DDHH
Considerar la dignidad el cenit en el plexo axiológico del derecho significa:
- esa dignidad tiene su reflejo y su fuente en la racionalidad, en su capacidad
de
comprender su realidad;
- esa dignidad se refleja en dos direcciones inter influyentes: la defensa frente a
lo que
la denigra, menoscaba o niega; y la actuación para desarrollar la personalidad
integral de cada individuo.
Ver Cuadro 2 al final del epígrafe.
d.2 - Autonomía
El principio de AUTONOMÍA como muchos conceptos es polisémico, lo
utilizaremos
aquí no en su dimensión política o sociológica sino estrictamente en una
dimensión
filosófica para designar un atributo del ser humano; así entendido la
“autonomía”
presupone capacidad auto legisladora, esto es., sólo son válidas aquellas
normas que nos
damos a nosotros mismos siempre que esas normas puedan constituirse en
normas
aceptables para otros.
En este sentido la Autonomía es:
- constitutiva de la moralidad y de la persona moral,
- criterio de obligatoriedad personal,
- criterio de validación del derecho ejercido
La autonomía es un asunto de libre elección de la persona individual en la
adopción de
sentidos y planes de vida (siempre que no afecten a terceros), el Estado, la
escuela u
otros individuos no deben intervenir en esa elección sino crear las condiciones
para que
la persona realice su elección.
El valor de la autonomía no depende de las preferencias individuales aunque
las
incluya. En el pensamiento ético la autonomía nunca se redujo a las
convicciones o
preferencias de los individuos; en esa tradición la moralidad (o moral
objetivada) ha
presupuesto la dialéctica entre la realización práctica de la norma y su
deontología
Esta regla básica podemos formularla como: “es deseable que la gente
determine su
conducta sólo por la libre adopción de los principios morales que, luego de
suficiente
reflexión y deliberación, juzgue válidos” (Nino, 1996: 230).
Por libertad de elección entendemos que los individuos se comporten dentro de
ciertos
límites signados por la libertad de otros en un contexto de ideales compartidos
sobre el
“bien”.
Aquí aparece un nuevo problema, lo que cada uno considere válido puede no
ser lo
realmente valioso pero la autonomía sólo puede exigir que el principio
adoptado haya
sido suficientemente reflexionado, que se haya tenido en cuenta las razones de
los que
adoptan otros principios y que el comportamiento sea consecuente con la
conclusión.
No es reiterativo insistir en que las condiciones son siempre el que la elección y
la
conducta no afecte a otras personas.
Una situación en la que colisionan derechos es en la forma de protesta pública
que
implican los bloqueos de vías de circulación ya que se considera el derecho a
la protesta
en contra del derecho a la circulación.
La Convención Americana de Derechos Humanos o Pacto de San José en su
art.32
inciso II estableció:
“II.- Los derechos de cada persona están limitados por los derechos de los
demás, por la
seguridad de todos y por las justas exigencias del bien común en una sociedad
democrática” (CADH)
Basándose en este instrumento el Tribunal Constitucional boliviano emitió la
Sentencia
Constitucional 292/2002 que señaló: “el bloqueo de caminos y las
movilizaciones
violentas…..constituyen un uso abusivo de los derechos que les reconoce la
Constitución”
Resulta por lo menos sugerente el por que el Estado boliviano no ha
incorporado a su
arsenal legal esta sentencia prohibiendo los bloqueos en un país en el que
cualquier
organización, y a veces por motivos difícilmente justificados, bloquea calles y
caminos
sin importar el perjuicio causado a los demás.
Así la autonomía se conecta con la tolerancia siendo ambas fundamento de un
discurso
moral sólido y efectivo, con lo que ambos tengan valor moral en sí mismos.
Otro asunto es el juicio moral. Una acción autónoma no es necesariamente
valiosa,
cuando afecta derechos de otros es disvaliosa y en este sentido es legítimo no
sólo
rechazarla sino tomar las medidas, por el Estado o por otros individuos, que
impidan la
ejecución de esas acciones.
Según lo dicho mas arriba es un límite lícito a la autonomía el coartar la
elección y
realización de actos que impidan otras acciones autónomas siempre que estas
sean
legítimas en si, o sea que no afecten a otros.
La conclusión es que la autonomía, que constituye el fundamento de la
personalidad y
de la moralidad, es también la base ética de los derechos; la capacidad auto
legisladora
proporciona la legitimidad a los comportamientos en sociedad si estas
conductas se
atienen a los principios que esos individuos elegirán en ciertas condiciones,
que
garantizan la unidad de lo racional y lo razonable y si, por tanto, esa elección
es justa.
El reconocimiento a la capacidad humana de elegir sentidos y medios para
realizarlos es
lo que impregna a la democracia de valor moral y da al derecho legitimidad.
Y otro momento, la relación entre racionalidad (lo que convienen a un individuo)
y la
razonabilidad (lo que conviene a los individuos cooperantes) en su conexión
razonable
con lo social en la realización de la intersubjetividad y la condición de la
autonomía.
La función principal de este principio al interior de la Doctrina de los DDHH es
la de
resguardar aquellos bienes y derechos individuales ante medidas que puedan
limitar o
ser atentatorias para su ejercicio.
El bien inicial inferido del principio es el de la libertad de comportarse de
cualquier
manera siempre que no perjudique a terceros; e.e., la libertad de elegir el
propio sentido
de vida; este comportamiento autónomo presupone la integridad psíquica y
biológica
como fundamento de la elección con lo que el principio se extiende a las
libertades que
garanticen condiciones o eviten obstáculos externos a ese comportamiento; y
en tanto
que la libertad de elegir sentidos de vida y materializarlos sólo es posible si se
poseen y
desarrollan ciertas facultades intelectuales y el medio óptimo para ello es la
educación,
concluimos que el derecho a esta se deriva de la autonomía.
La educación que asegura la autonomía es aquella que permite y favorece la
percepción
crítica de la realidad y con ello facilita sin condicionamientos doctrinarios la
elección de
aquellos valores que constituirán el núcleo de la personalidad
La autonomía se manifiesta en los relacionamientos múltiples por lo que
requiere de la
libertad de expresión de ideas y creencias tanto las científicas como las
políticas,
artísticas, religiosas u otras.
Y estas mismas relaciones sociales e intersubjetivas generan la necesidad de
asociarse
libremente de manera tal que los individuos puedan participar en todas aquellas
comunidades en las que consideren pueden realizar sus planes de vida, entre
ellas la
familiar. Este derecho permite la adscripción de los individuos a las variadas
organizaciones que se lo disputan y se ha convertido en un mecanismo de
liberación de
la persona de las estructuras opresoras al favorecer que el individuo utilice una
organización para resguardarse de otra.
La extensión del principio supone entonces la voluntariedad, e.e., que la
asociación se
realice sin imposiciones ni al asociado individual ni a los que lo “reciben”; en el
caso
específico de los periodistas la Corte Interamericana de DDHH en su Opinión
Consultiva OC – 5/85 de 13 de noviembre de 1985 estableció que la
colegiatura
obligatoria de periodistas infringía un bien superior, la libertad de expresión.
Interpretando esta Opinión pude deducirse que la obligación que establecen
algunos
colegios profesionales que exigen la inscripción como requisito para trabajar es
contraria a la Convención. Y en correspondencia la decisión del Estado
boliviano de no
exigir la colegiatura a los abogados como requisito para trabajar es
consecuente con lo
legislado por la Corte IDH.
La realización de todos estos derechos (integridad, educación, expresión,
asociación)
presupone comúnmente contar con determinados bienes materiales, de donde
la
realización del principio se extiende a otros derechos: la libertad y la posibilidad
de
trabajar para crear esos bienes, la garantía de contar con períodos de ocio para
disfrutarlos y la seguridad de no ser privado de ellos por arbitrariedad de las
autoridades.
El principio de autonomía tiene su fundamento en la moralidad, es el
constituyente de la
persona; pero como hemos visto la moral debe ser analizada en sus dos
campos, el
social y el individual, dimensiones interconectadas, mutuamente penetradas e
inherentes
al ser humano.
Y si bien algunas acciones pueden infringir ambas, otras consecuentes con una
dimensión pueden ser atentatorias contra la otra dimensión; como el caso mas
común es
que sea la moral individual y su conducta consecuente la que afecte o interfiera
en la
social o interpersonal, el principio establece que el Estado u otros individuos
pueden interferir en lo que atañe a una desviación del comportamiento en su
dimensión
intersubjetiva pero no permite que esa interferencia en el campo intra subjetivo,
es decir,
en las acciones del sujeto hacia si mismo, ni permite que esta intromisión
pueda
justificarse a partir de los que una clase o grupo particular considere como
“moral
social”.
Y es que la autonomía tiene su fundamento moral en el consenso, la moral a
diferencia
del derecho se asienta en la aceptación consciente y libre de ciertos principios,
se
destina a lograr la adhesión voluntaria a ellos y de ahí a que las acciones
consecuentes
sean convergentes.
Ver Cuadro 3 al final del Capítulo.
d.3 - Inviolabilidad de la persona
Es la exigencia ética que prescribe imponer a los seres humanos
comportamientos que
no contribuyan a su beneficio, este principio parte de la concepción de que la
persona es
un fin en si mismo y de la idea kantiana de que si esto es así los fines de ese
sujeto
tienen que ser, en la medida de lo posible, mis fines.
Este principio rechaza cualquier sacrificio o privación en beneficio de un sujeto
colectivo o de otro sujeto excepto que ese sacrificio o privación se haga a partir
del
sentido de vida del que se lo autoimpone, ejemplo, un acto heroico en una
batalla, el
sacrificio por un ideal. Rechaza, así mismo, el que estas privaciones sean
autoimpuestas
a partir de medios de compulsión, aún sean estos morales.
El principio de inviolabilidad supone el rechazo al utilitarismo en tanto este
sostiene que
el sacrificio de unos en beneficio de otros es válido si de este sacrificio resulta
una
utilidad social, un incremento de la capacidad de disfrute de bienes materiales,
una
felicidad (supuesta) general, es decir, aquello que el utilitarismo propone
maximizar;
con lo que en realidad se logra:
a- la desintegración de ciertas personas en beneficio de otras,
b- el aumento de la capacidad de disfrute del grupo (clase o sociedad en pleno)
a costa
de la reducción de esta capacidad en algunos de sus miembros.
Ejemplo clásico es la doctrina neoliberal que nos “promete” un futuro promisorio
si
reducimos nuestra capacidad de realización humana actual. Y conste que la
crítica a esta
posición no se hace en el plano sociológico en el que se debe tener en cuenta
las
relaciones de poder, la corrupción y el egoísmo de los que imponen estos
sacrificios que
casi siempre no los sufren como comprobamos en los reiterados “reajustes”
que el
Neoliberalismo aplica en nuestros países cuando acceden sus representantes
al Poder,
sino en el plano exclusivamente filosófico, ya que mientras la inviolabilidad
defiende al
individuo el utilitarismo potencia el individualismo.
La inviolabilidad supone también un rechazo a las variadas formas de
colectivismo; al
aplicar las decisiones de la “mayoría” muchas veces se constriñe la persona y
sus
intereses, motivaciones o deseos, este fue el caso de las organizaciones de la
extinta
sociedad socialista europea.
Estas doctrinas no van a un problema de distribución como las utilitaristas sino
a uno en
apariencia mas profundo: los titulares deben afirmar sus derechos aún a costa
de los de
otros individuos concretos, si bien las personas colectivas son sujetos de
derecho existen
diversos enfoques sobre el carácter ontológico de ellas, a saber:
a- la persona colectiva existe con independencia de los individuos que las
integran;
b- son sólo grupos de individuos que, en un momento, actúan conjuntamente;
c- su existencia es supuesta (por lo tanto no existen realmente) por el Derecho
para
ciertos fines.
Pero en la vida real no todos los intereses en una persona son de igual
jerarquía y mucho
menos entre personas diferentes; aquí surge un problema con la inviolabilidad,
¿es
necesario o posible respetar todos los intereses de todas las personas por
igual?
Para responder debemos auxiliarnos del criterio ético de la jerarquía, así:
- el contenido que refleja el concepto principio es de mayor grado de
esencialidad que
el reflejado por el término norma,
- un principio humano general es de mayor grado de esencialidad que uno
particular,
ejemplo el derecho a la propia dignidad es un principio más profundo que el
derecho
a la expresión; de ello se deriva el límite a la libertad de expresión, esta no
puede
mellar la dignidad de las personas
La función del principio de inviolabilidad consiste en resguardar ciertos
intereses de los
individuos los cuales no pueden ser obviados en contra de su voluntad.
La Doctrina de los DDHH existe para limitar la obtención de ciertos bienes
colectivos si
estos afectan o violan ciertos derechos básicos; para fijar que el
reconocimiento de los
derechos individuales básicos no puede ser limitado aún por la necesidad de
alcanzar el
bien común.
El principal colofón moral aquí es que la solución de conflictos morales (y de
derecho si
se admite el fundamento ético de este) pasa por el consentimiento de las
partes;
precisamente reconocer un derecho a una persona es aceptar que esa persona
es el único
árbitro para decidir el curso que seguirá el bien protegido.
Por supuesto se excluye de este razonamiento las conductas que atentan
contra la
sociedad o contra otras personas, ergo, los que cometen delitos.
Ver Cuadro 4 al final del Capítulo
d. 4 - Solidaridad
Ser Solidario es aproximarnos de manera integral, afectiva y práctica a las
situaciones
humanas de aquellos que se encuentran en posiciones desfavorecidas; implica
el
desarrollo de un sistema de valores que tienda a ello.
Son variados los campos en los que se ejerce la solidaridad: familiar, amistosa,
vecinal,
laboral, nacional, interclasista, internacional, religiosa.
En la Teología Vaticana actual Solidaridad es “amor y servicio al prójimo,
particularmente de los mas pobres” (Sollicitando Rei Socialis)
Las dimensiones de la Solidaridad son también variadas:
a- personas solidarias, es “estar con.....” el otro y es uno de los resultados
deseados de
los sistemas educativos, la Solidaridad como cualquier valor humano encuentra
su
fundamento, su sustrato en la vida social pero se educa a partir de ciertas
finalidades
o fines que se proponga un sistema educativo nacional y debe recibir de la
escuela la
máxima atención;
b- en los ambientes: entre ellos la escuela, es articular un nuevo tejido social; la
familia
es sujeto de “solidaridad” en la medida en que padres e hijos, cada uno a su
momento, se compromete con la satisfacción de las necesidades de los otros;
c- en el mercado; particularmente en el laboral la acción de los movimientos
sociales,
sindicatos, ONGs, las más disímiles asociaciones han logrado poner barreras a
la
explotación de las empresas y plantear cotas de solidaridad;
d- en el Estado: la democracia es impensable sin un mínimo de solidaridad, la
verdadera democracia es un mecanismo de participación política destinada a
mejorar
la vida de las personas, la Doctrina de los DDHH considera como democráticos
a
aquellos países que en mayor medida satisfacen los derechos humanos de
todos;
e- en el mundo laboral; este exige hoy ciertas cuotas de cooperación, la
producción se
hace cada vez más compleja, se exige la cooperación como forma de
responder a los
altos niveles técnicos, colaboración e intercambio de roles productivos.
Históricamente la solidaridad es un producto de las luchas del proletariado por
su
emancipación económica y se traslada a las diferentes clases, estamentos y
grupos
humanos que han visto que solamente de manera colectiva y no estrictamente
individual
pueden lograr su liberación.
Pero la solidaridad enfrenta determinados peligros en su comprensión, a veces
pensamos que:
a- la Solidaridad es un sentimiento bello pero imposible; la sociedad es
“insolidaria”
“todos” somos egoístas y “como la gente es así” no podemos comportarnos
solidariamente;
b- la Solidaridad es algo del pasado, seguramente que nuestros abuelos eran
solidarios,
vivían en un pueblo pequeño en el que todos se conocían y por eso ayudaban
a los
demás; o un futuro deseable, si la situación mejorara podríamos ayudar a las
otras
personas.
c- la Solidaridad es ajena a los problemas políticos, como la concepción
dominante en
la política es la de “todo vale” pues en este campo no es posible manifestar un
sentimiento tan humano como es la solidaridad.
Por otra parte, muchas veces observamos comportamientos favorables que
parecen
“solidarios” pero en el fondo esconden otros sentimientos, estas conductas son
positivas
pero no pueden ser calificadas exactamente de solidarias.
¿Qué no es Solidaridad?
a- una acción de beneficencia, dar lo que nos sobra es mejor que atesorarlo, la
historia
conoce ejemplos de productores capitalistas que han preferido botar los
alimentos
antes que regalarlos a los niños y a los pobres y esto para mantener los precios
altos,
hubiera sido mejor que estos productores hubieran regalado esos alimentos.
Pero en
puridad la solidaridad NO es regalar lo que nos sobra sino quitarnos algo para
darlo
a alguien más necesitado.
b- una acción individual, las acciones individuales son importantes, si cada uno
de
nosotros nos comportáramos correctamente la sociedad fuera mucho más
humana y,
tal vez, no hiciera falta el derecho para sancionar conductas anti sociales; pero
sería
necesario una suma infinita de acciones individuales para cambiar la sociedad,
por
eso dar una limosna a un necesitado si bien es un acto altruista no es
exactamente
solidaridad ya que no cambia esencialmente la situación del pobre; inclusive
muchos psicólogos consideran que la limosna es contraproducente pues
refuerza la
precariedad,
c- una acción exclusivamente racional; muchos países europeos tienen
programas de
ayuda a países latinoamericanos o de otros continentes necesitados, las
fuentes
financieras de esa ayuda son a menudo las donaciones que hacen los
ciudadanos de esos países, pero en la legislación impositiva generalmente ese
aporte es un
mecanismo para deducir de impuestos, es decir, el donante también se
beneficia
pues nos “regala” lo que hubiera tenido que pagar en impuestos. Por supuesto
esa
ayuda, siempre que no sea condicionada, no debe ser rechazada, pero
debemos
valorarla en su justa medida y motivación.
Ver Cuadro 5 al final del Capítulo.
d. 5 - Relaciones entre los principios
Las relaciones entre estos principios son obvias. Si la Autonomía consiste en la
libertad
para elegir acciones y los medios de realizarla y la responsabilidad la asunción
de las
consecuencias de esas acciones, la dignidad es la respuesta de otros por esas
acciones.
Así como la inviolabilidad nos fija las funciones de los derechos y la autonomía
su
contenido, la dignidad apunta a la dinámica de estos ya que señala a la
posibilidad
razonable de operar con ellos en un contexto social.
Admitido que los derechos humanos derivan de ciertos principios morales
puede
entonces afirmarse que el Derecho de los DDHH es un orden que asegura el
ejercicio de
los atributos inherentes a los individuos, quedando por elucidar la forma en que
lo hará.
Es fácil desde lo argumentado ubicarse en la posición del individualismo
clásico, es
bueno entonces recordar que ya el pensamiento marxista estableció las
carencias de esta
posición; al destacar el carácter esencial del hombre no en su individualidad
sino en su
sociabilidad, en su capacidad de construir fuerzas productivas sociales para
desarrollar
su vida destacó el conjunto de las relaciones sociales como el contexto
formativo de la
personalidad.
Como ya han apuntado prestigiosos autores, no se trata de resaltar el individuo
a costa
de los intereses sociales ni de privilegiar estos diluyendo las aspiraciones
personales en
ellos sino de reestructurar la sociedad de manera tal que los intereses de cada
uno se
integren efectivamente al del grupo como contexto de la realización de todos.
O planteado al modo de Adela Cortina “Tiene pleno sentido que una sociedad
democrática y pluralista no desee inculcar a sus jóvenes una imagen de
hombre
admitida como ideal sólo por alguno de los grupos que la componen, pero
tampoco
renuncie a transmitirles actitudes sin las que es imposible la convivencia
democrática”
(Cortina: 1994: 28).
Los valores morales que fundamentan la Doctrina de los DDHH parecen estar
es ese
grupo de valores educables sin los cuales es impensable una sociedad
democrática.
Podemos resumir lo expuesto en:
- el desarrollo humano al que se aspira significa la formación de una persona
integral
en su disfrute y respeto a los derechos de todos
- si queremos un desarrollo humano debemos atender a la educación moral del
individuo, sólo así este desarrollo será verdaderamente “humano”
- el reconocimiento de los derechos del “otro” como el límite al disfrute de los
propios implica sustentar nuestros comportamientos en bases razonables mas
que
racionales;
- el fundamento que otorga coherencia a toda la doctrina y a su práctica es la
formación y ejercicio de ciertos valotes morales
- el objetivo primordial de toda educación en derechos humanos es el
reconocimiento
de la dignidad del otro y formar la disposición a asumir acciones destinadas a
eliminar las desigualdades existentes;
la contradicción entre las dos lógicas dominantes socialmente: la del mercado y
la
de los DDHH podrá, de triunfar la primera, hacer inviable el disfrute efectivo de
los derechos y, con ello, la destrucción de la propia sociedad;
El Derecho de los Derechos Humanos en el Siglo XXI debe adoptar esta
perspectiva si
quiere coadyuvar al disfrute efectivo de estos evidenciar estas tensiones es un
ejercicio
imprescindible en la medida en que la vida real avanza y la teoría debe seguirla
de cerca
para reflejarla y guiar las acciones prácticas de los seres humanos.
CUADRO 2 - PRINCIPIO DE LA DIGNIDAD
DEFINICIÓN: VALOR INTRINSECO DE LA PERSONA.
- Es inherente a todo ser humano; Dignidad Ontológica
- Dimana de su propio ser
- El comportamiento humano es tal si y sólo si expresa el valor intrínseco de la
persona
- Supone la responsabilidad ante otros por los propios actos
- Supone una exigencia a sí mismo = RESPONSABILIDAD
- Supone un comportamiento ante los otros = HONOR
FUNCIÓN SEÑALA LA POSIBILIDAD RAZONABLE DE OPERAR CON
CIERTOS DERECHOS EN UN CONTEXTO SOCIAL
DERECHOS INFERIDOS
A UN TRATO JUSTO Art 7, 10
AL RECONOCIMIENTO DE NUESTRA AUTONOMÍA Art 3
A SER RESPONSABLES POR NUESTRAS DECISIONES Y
COMPORTAMIENTOS
Art 21, 29
CARÁCTER INALIENABLE E IMPRESCRIPTIBLE Art 1, 2, 3
CUADRO 3 PRINCIPIO DE AUTONOMÍA
DEFINICIÓN CAPACIDAD HUMANA DE, LUEGO DE SUFICIENTE
REFLEXIÓN, ADOPTAR AQUELLOS PRINCIPIOS MORALES QUE
CONSIDERE
VALIDOS SIEMPRE QUE NO SEAN PERJUDICIALES A OTROS.
SUPONE: Construir su sentido de vida y elegir los medios para realizarlo
LA ELECCION ES VALIDA SI Y SOLO SI:
A- Siempre que no sean perjudiciales a terceros.
B - Siempre que la adopción haya sido resultado de la libre decisión
C - Siempre que hayan sido resultado de suficiente reflexión.
FUNCIÓN: RESGUARDAR DERECHOS ANTE MEDIDAS QUE LOS LIMITEN
AUTONOMÍA implica TOLERANCIA
DERECHOS INFERIDOS
SEGÚN LA DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
CON RELACIÓN A LA CONDUCTA
Libertad de Comportarse Art 13, 18
Libertad de Educación Art 26
Libertad de Expresión Art. 19
Libertad de Asociación Art 20, 23.4
CON RELACIÓN A LOS BIENES
Libertad de Trabajar Art 23
Garantía de Ocio Art 24
Seguridad de Propiedad Art 17
CUADRO 4 PRINCIPIO DE INVIOLABILIDAD
DEFINICIÓN: LA PROPIA CONDUCTA ES LEGÍTIMA SI Y SÓLO SI SE
RECHAZA CUALQUIER INTROMISIÓN INFUNDADA AÚN SEA EN NOMBRE
DEL BIEN COMÚN Y SE ACEPTA LO MISMO PARA EL COMPORTAMIENTO
DE OTROS
La Persona es un fin en sí mismo
Los sacrificios o privaciones de un sujeto son ilegítimos salvo que dimanen de
la libre
elección de ese sujeto.
FUNCIÓN: RESGUARDAR CIERTOS INTERESES DE LOS INDIVIDUOS QUE
NO PUEDEN SER OBVIADOS EN CONTRA DE SU VOLUNTAD
GARANTIZAR LA LIBERTAD ANTE CUALQUIER IMPOSICIÓN O PRIVACIÓN
EN BENEFICIO DE OTROS SUJETOS
- INVIOLABILIDAD presupone CONSENTIMIENTO
DERECHOS INFERIDOS
SEGÚN LA DECLARACION UNIVERSAL DE LOS DERECHOS HUMANOS
Se evidencia en los Artículos 8, 9, 11, 12
CUADRO 5 PRINCIPIO DE SOLIDARIDAD
SER SOLIDARIO ES APROXIMARNOS DE MANERA INTEGRAL, AFECTIVA Y
PRÁCTICA A LAS SITUACIONES HUMANAS DE AQUELLOS QUE SE
ENCUENTRAN EN POSICIONES DESFAVORECIDAS.
Implica el desarrollo de un sistema de valores.
En la Teología Vaticana es “amor y servicio al prójimo, particularmente de los
más
pobres (SOLLICITANDO REI SOCIALIS)
DERECHOS INFERIDOS
ART 28 – DERECHO A UN ORDEN SOCIAL…EN EL QUE LOS DERECHOS
SE
HAGAN PLENAMENTE EFECTIVOS
DERECHOS COLECTIVOS: A UN MEDIO AMBIENTE SANO