Unidad y pluralidad fenoménica de la conducta (apunte de cátedra.
Fuente “Psicología de
la conducta” de José Bleger)
En nuestro medio, el psiquiatra y psicoanalista argentino José Bleger, en su libro “Psicología de la
conducta” explica: “Con respecto a la psicología, podemos decir que estudia los seres humanos, pero
lo hace desde un ángulo o enfoque particular, que responde a la necesidad de atender determinado
plano de su organización como seres vivos. La psicología no es la única que estudia al hombre y, por
lo tanto, comparte su objeto con otras ciencias. Los intentos de hallar un objeto específico y privativo
para cada ciencia tienen mucha relación con los supuestos metafísicos de estudiar entidades o
sustancias, y estas falacias han conducido históricamente a la psicología a definir su objeto de estudio
como el alma, la conciencia, la mente o el psiquismo, olvidando que éstas son entidades abstractas
con las cuales se reemplazan los fenómenos concretos. Con este tipo de definición, el objeto de
estudio no queda claramente delimitado, sino que, por el contrario, se desemboca en una complicada
mitología de la que aún no se han desembarazado del todo las modernas corrientes psicológicas.
Estas definiciones estructuran una psicología verbalista, o bien se desarrolla una contradicción entre
los fenómenos concretos estudiados y las respectivas formulaciones teóricas. No hay tal cosa como
alma, psique, mente o conciencia; hay sí, fenómenos psicológicos o mentales, pero el atributo no debe
ser transformado en sujeto ni en sustancia”.
Para José Bleger es la conducta el objeto de estudio de la Psicología y adopta la definición de
conducta dada por Lagache: "el conjunto de respuestas significativas por las cuales un ser vivo en
situación integra las tensiones que amenazan la unidad y el equilibrio del organismo"; o como "el
conjunto de operaciones (fisiológicas, motrices, verbales, mentales) por las cuales un organismo en
situación reduce las tensiones que lo motivan y realiza sus posibilidades". En el ser humano este
conjunto de operaciones tiene una estructura muy compleja.
Desde antiguo se reconocen en el ser humano dos tipos distintos de fenómenos, a los que pueden
reducirse todas sus manifestaciones. Uno es concreto, aparece en el cuerpo y en actuaciones sobre el
mundo externo; aunque nunca puede existir una acción sobre un objeto sin que concomitantemente
ocurra una modificación o movimiento del cuerpo, puede suceder que uno u otro sean, en momentos
distintos, el más importante. Así, consideramos una conducta concreta corporal cuando se trata, por
ejemplo, del enrojecimiento o palidez de la cara, mientras que calificamos de conducta concreta en el
mundo extemo a, por ejemplo, concurrir a un sitio, conducir un automóvil, aunque para ello se necesite
lógicamente de las modificaciones corporales. Otro tipo de conducta incluye todas aquellas
manifestaciones que no se dan como acciones materiales y concretas sino de manera simbólica; estas
últimas son los fenómenos reconocidos como mentales. Estos son los fenómenos de conducta de los
que siempre se ha partido en el estudio psicológico.
Y en ello radica la clave del desarrollo del ser humano, del aprendizaje a nivel individual y social, como
sujeto y como especie. Esa búsqueda se transforma en actividad, en producción, en praxis: el hombre
se transforma a la vez que transforma al medio.
De este modo, la necesidad se convierte en el motor de la conducta y es a través de esta última que el
sujeto se nos hace manifiesto. Pichon Riviere entendió a la conducta como una estructura o sistema
dialéctico y significativo (y por lo tanto decodificable) que tiene una intencionalidad y que surge como
intento de respuesta y resolución frente a las contradicciones y exigencias adaptativas, en particular, la
contradicción inherente a todo ser vivo entre necesidad y satisfacción.
Enrique Pichón Riviére sostuvo que la conducta se expresa en tres áreas, representadas
esquemáticamente como tres círculos concéntricos y que corresponden respectivamente a los
fenómenos mentales, corporales y los de actuación en el mundo externo. El mismo autor, estudiando
muy detalladamente este esquema y su dinámica en psicología y psicopatología, ha llamado a estos
círculos las Áreas de la conducta.
La conducta siempre implica manifestaciones coexistentes en las tres áreas; es una manifestación
unitaria del ser total y no puede, por lo tanto, aparecer ningún fenómeno en ninguna de las tres áreas
sin que implique necesariamente a las otras dos; por lo tanto, las tres áreas son siempre coexistentes.
El pensar o imaginar —por ejemplo— (conductas en el área de la mente) no pueden darse sin la
coexistencia de manifestaciones en el cuerpo y en el mundo externo y —respectivamente- también a
la inversa. Esta permanente coexistencia de las tres áreas no excluye el predominio de alguna de ellas
en un momento dado, predominio que permite calificar a la conducta como perteneciente a cada una
de las tres áreas.
ACTIVIDADES
Actividad:
Leer el siguiente ejemplo
PREDOMINIO, COINCIDENCIA Y CONTRADICCIÓN DE LAS ÁREAS DE LA CONDUCTA
Las tres áreas en que se manifiesta la conducta son siempre coexistentes, la conducta se
manifiesta simultáneamente en las tres áreas mente, cuerpo y mundo externo aunque lo puede
hacer de modo diferente en cada una de ellas.
Coexistencia: toda conducta se manifiesta en las tres áreas a la vez. Por ejemplo: estornudo
(área del cuerpo), pienso que me estoy resfriando (área de la mente), me levanto y cierro la
ventana (área del mundo externo). Ninguna conducta se manifiesta en una sola área, aunque
siempre hay un área que predomina.
Coincidencia: cuando las tres áreas van en el mismo sentido. Por ejemplo: veo a Marisa, voy
hasta donde está ella y la saludo con un abrazo.
Contradicción: se produce cuando nuestra conducta se presenta con oposición entre las áreas.
Por ejemplo: pienso “ahí está la insoportable de Marisa”, voy hasta donde está ella y la saludo
con una sonrisa.
Ejemplificar con una situación diferente la coincidencia o contradicción de las áreas de la
conducta
NIVELES DE INTEGRACIÓN
Integración significa el desarrollo creciente y progresivo de elementos que van
organizando una estructura cada vez más compleja y perfeccionada a través de
sucesivas etapas.
En el organismo ocurren distintos tipos de fenómenos que van a ir formando esos
niveles de integración.
Algunos de esos fenómenos son más simples, como bostezar, y otros, son más
complejos, como soñar. Los de mayor complejidad incluyen a los más sencillos. Se
llaman niveles de integración por la sucesiva complejidad que surge en cada uno de
ellos con respecto al anterior.
Toda conducta humana se desarrolla en el nivel psicológico e incluye a los anteriores
niveles.
Ejemplo:
Una persona va manejando y al ver el semáforo que se pone en rojo, frena
bruscamente.
Analizamos esta conducta en distintos niveles:
Nivel físico-químico: se producen secreciones como sudor ante la situación de riesgo.
Nivel biológico: con mi pie oprimo el freno, mientras retiro con la mano el cambio.
Nivel psicológico: podría haber estado escuchando la radio o distraído, sin embargo
interpreto el color rojo del semáforo y actúo de acuerdo a la necesidad o decido cómo
resolver la situación.
Nivel social: es una convención social que el color rojo signifique peligro, o que hay que
detener el auto ante un semáforo en rojo.
Nivel axiológico: es un valor ético el cuidar la vida propia y la de los demás. También es
un valor el respeto por las leyes en este caso de tránsito.
Ejemplificar con una situación relacionada a la higiene y seguridad