LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
Magistrado ponente
STC10259-2021
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
(Aprobado en sesión virtual de cuatro de agosto de dos mil
veintiuno)
Bogotá, D. C., trece (13) de agosto de dos mil
veintiuno (2021)
Se procede a decidir la tutela impetrada por Manuel
Alejandro Mora Torres contra la Sala Civil – Familia del
Tribunal Superior del Distrito Judicial Pasto, con ocasión del
asunto verbal de nulidad de testamento, iniciado por el aquí
actor frente a Fanny Bertha Lagos Arteaga.
1. ANTECEDENTES
1. El promotor exige el amparo de la prerrogativa
al acceso a la administración de justicia, presuntamente
conculcada por el convocado.
2. En apoyo de su reparo, manifiesta que Fanny
Bertha Lagos Arteaga, esposa de su hermano Humberto
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
Cesáreo Mora Torres, quien falleció en Guaitarilla el 29 de
mayo de 2014, procedió a efectuar los trámites
pertinentes ante el Juzgado Promiscuo Municipal de esa
localidad, con el propósito de lograr “la reducción del
testamento verbal otorgado [por aquél] ante cinco
testigos (…)”, pedimento acogido por ese despacho, en
pronunciamiento de 22 de octubre siguiente.
Como dicho acto testamentario, en su criterio, “no
tiene valor alguno”, pues no se llevó a escrito dentro de
los treinta (30) días siguientes al deceso de Mora Torres,
según lo impone el artículo 1093 del Código Civil 1, impulsó
el juicio materia de censura.
En el libelo correspondiente, además de exigir la
nulidad del testamento, el tutelante reclamó declarar
ineficaz la liquidación sucesoral realizada mediante
escritura pública, respecto de los inmuebles identificados
con matrículas números 254-23258, 254-23259 y 254-
23262 de la Oficina de Registro de Túquerres.
En sentencia de 1° de septiembre de 2020, el
Juzgado Promiscuo de Familia del Circuito de esa
municipalidad, acogió las pretensiones de la demanda,
determinación revocada, en sede de apelación, por el
tribunal enjuiciado, al desatar la alzada interpuesta por la
demandada.
1
“El testamento verbal no tendrá valor alguno si el testador falleciere después de los
treinta días subsiguientes al otorgamiento; o si habiendo fallecido antes no se hubiere
puesto por escrito el testamento, con las formalidades que van a expresarse, dentro de los
treinta días subsiguientes al de la muerte”.
2
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
Estima el accionante el quebranto de sus
prerrogativas, por cuanto, en su sentir, la corporación
confutada incurrió en vía de hecho por “excesivo
ritualismo”, pues basó su decisión en el carácter de “cosa
juzgada” de la providencia dictada por el Juzgado
Promiscuo Municipal de Guaitarilla, cuando no puede
“solapa[rse] una actuación contraria a la ley, (…) pues si
[ese juzgador] se equivocó al dar trámite a la reducción
testamentaria, no se puede prolongar o proteger este
yerro con un yerro aún mayor (…)”.
Acude a este trámite porque, asevera, no tiene a su
alcance otros instrumentos de defensa, pues, dada la
cuantía del litigio, no contó con la posibilidad de incoar el
recurso extraordinario de casación.
3. Solicita, en consecuencia, dejar sin efecto el
fallo de segundo grado y ratificar el del a quo.
I.1. Respuesta de los accionados y vinculados
1. El Juzgado Promiscuo de Familia del Circuito de
Túquerres remitió el enlace respectivo para la revisión del
decurso censurado.
2. El colegiado atacado defendió la legalidad de su
actuación y pidió desestimar la protección impetrada.
3
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
2. CONSIDERACIONES
1. Revisada la providencia de 5 de marzo de 2021,
mediante la cual el tribunal enjuiciado, en sede de
apelación, revocó el fallo de primer grado en el decurso
censurado para, en su lugar, negar las pretensiones del
ahora accionante, no se extrae irregularidad manifiesta
lesiva de garantías sustanciales.
2. En efecto, se observa que el colegiado
denunciado, tras relatar los antecedentes del asunto y
precisar los motivos de la alzada interpuesta por Fanny
Bertha Lagos Arteaga, fundados en haber erigido, en
tiempo, la petición de llevar a escrito el testamento de
Humberto Cesáreo Mora Torres, sin serle imputable el
plazo tomado para ello por el Juzgado Promiscuo
Municipal de Guaitarilla, resaltó, en cuanto al “testamento
verbal”, lo siguiente:
“(…) [N]uestro Código Civil no [lo] ha definido (…), pero con
base en los requisitos establecidos en los artículos 1090 a
1092, podemos decir que es aquel que otorga una persona
en caso de peligro inminente para su vida, ante tres testigos
y haciendo de viva voz sus declaraciones y disposiciones
testamentarias.
“En los testamentos privilegiados, como lo es el verbal,
opera la caducidad, en los casos establecidos en el canon
1093 de la normatividad sustantiva civil, a saber:
“1. Si transcurren 30 días de haberse otorgado ese acto
jurídico, sin que fallezca el testador y
“2. Si no se pone por escrito, con las formalidades legales,
dentro de los 30 días siguientes al deceso del testador.
4
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
“Es una condición de eficacia del acto testamentario que en
el referido plazo, se presente la petición al juez del circuito
del lugar donde se otorgó, a fin de reducirlo a escrito,
conclusión que se apoya en los artículos 10934, 10945 del
C.C. y 573 del C.P.C., cuya omisión ocasiona la caducidad de
ese acto de voluntad unilateral (…)”.
“Así las cosas, compete a la parte interesada promover el
trámite de reducción a escrito del testamento verbal,
regulado en el artículo 573 del C.P.C., hoy 475 del C.G.P.; sin
embargo, se acudirá a la primera de esas reglas, ya que era
la vigente para el momento en que se promovió esa solicitud
por la señora Fanny Bertha Lagos Arteaga -13 de junio de
2014-, con respecto a la voluntad testamentaria del
causante Humberto Cesáreo Mora Torres.
“Estipulaba esa disposición normativa que “la petición para
reducir a escrito el testamento verbal deberá presentarse al
juez del circuito del lugar donde se otorgó, dentro de los
treinta días siguientes a la defunción del testador, y se
sujetará a las siguientes reglas: (…) 2. Si la solicitud fuere
procedente, se ordenará la recepción de las declaraciones
en audiencia, para la cual se señalará fecha y hora, a fin de
esclarecer los puntos relacionados en los artículos 1094 y
1095 del Código Civil. (…) 6. Si de las declaraciones o de
otras pruebas practicadas en la misma audiencia, a solicitud
del interesado o por decreto oficioso del juez aparece que el
testador falleció después de los treinta días siguientes a la
fecha en que fue otorgado el testamento, el juez lo declarará
inexistente como tal”.
“El trámite en comento corresponde a una medida especial,
concretamente a un asunto preparatorio o previo a una
sucesión testada, como se nomina en el Título XXIX, Capítulo
I, ibídem, se compone fundamentalmente de tres etapas, la
primera el examen de los testigos, luego la resolución
judicial y, por último, su protocolización (…)”.
Para el caso, el tribunal indicó que el demandante
cuestionaba la oportunidad en la cual se puso por escrito
el testamento de Humberto Cesáreo Mora Torres, pues si
bien falleció el 25 de mayo de 2014, aquello sólo tuvo
lugar hasta el 22 de octubre posterior, cuando el Juzgado
Promiscuo Municipal de Guaitarilla emitió la providencia
correspondiente.
5
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
Frente a lo anterior, el accionado señaló que la
discusión, entonces, versaba sobre si, a pesar de hallarse
dilucidado por el mencionado juzgador, lo relativo a la
caducidad del testamento, resultaba procedente emitir
otra decisión al respecto, en el trámite bajo su
conocimiento.
A la luz del canon 573 del Código de Procedimiento
Civil, antes citado, el ad quem sostuvo:
“(…) [L]a evaluación acerca de la tempestiva actuación de la
hoy demandada, para poner por escrito el testamento
verbal, recae sobre el enjuiciador que conoció de ese asunto
preparatorio, quien debe rechazar la solicitud si advierte que
fue formulada a destiempo o, declarar inexistente la
voluntad testamentaria, si constata con respaldo en los
medios persuasivos practicados que se estructuró la
caducidad.
“Consecuentemente, reabrir una discusión sobre el
particular, desconocería que el fallo que redujo a escrito el
testamento verbal, hizo tránsito a cosa juzgada, por lo que
no es viable reanudar un debate ya definido, en el que se
accedió a la solicitud de poner por escrito la última voluntad
del causante, en cuanto a la distribución de sus bienes (…)”.
Tal postura, conforme expuso, se apoyaba en la
doctrina allí citada, según la cual
“existe una petición inicial (que no tiene por qué reunir los
requisitos de toda demanda) donde se solicita la reducción a
escrito; a ella se debe acompañar la prueba de la defunción
del testador y solicitarse las pruebas que demuestren la
existencia del testamento y sus condiciones mediante la
citación de los correspondientes testigos.
“Si el juez de familia encuentra que la solicitud es
procedente puede ocurrir que estime que ya caducó la
oportunidad para presentar la petición, porque recuerdo
para que el testamento verbal pueda ser considerado, el
6
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
testador debe haber fallecido no más allá de los treinta días
siguientes a la fecha de otorgamiento del testamento y
además se debe presentar la solicitud a más tardar dentro
de los treinta días siguientes a la muerte del testador (…).
“El juez podrá rechazar la solicitud si alguno de los términos
antes citados ha caducado o si no se acompaña la prueba de
la defunción. Practicadas las pruebas, el juez procede a
resolver si existe o no el testamento y, en caso afirmativo,
señalará claramente cuáles son las últimas disposiciones del
testador y ordenará que se protocolice lo actuado en una
notaría del lugar.
“(…).
“Puede ocurrir que el juez no hubiese establecido
claramente la caducidad proveniente de la fecha del
testamento (la fecha de la muerte y la presentación del
escrito debe confrontarlas antes de decidir si admite o no la
tramitación) y si de las pruebas efectuadas precisa que la
muerte ocurrió treinta días después de otorgado el
testamento, lo declarará inexistente, lo que para efectos
prácticos tiene la misma consecuencia que declarar que no
reúne los requisitos de tal, y que por consiguiente no tiene
ninguna trascendencia jurídica, aunque el acto formalmente
reúna todos los requisitos del testamento verbal.
“Ejecutoriada la decisión del juez, sea declarando la
existencia del testamento o negando su eficacia, ya nada se
puede hacer, pues a diferencia de la apertura del
testamento cerrado o de la publicación del abierto otorgado
ante cinco testigos (en los cuales se puede procurar su
validez mediante el trámite del proceso verbal) para la
reducción a escrito del testamento verbal no existe tal
posibilidad.
“En efecto, imaginemos que el juez declara que no se puede
tener como ejecutable un testamento cerrado. La decisión se
apela y el superior confirma, o sencillamente no se recurre,
y queda ejecutoriada en primera instancia. Subsiste la
facultad de adelantar el correspondiente proceso verbal para
restarle eficacia a la decisión del juez y que el testamento se
ejecute.
“Supongamos la misma circunstancia para reducir a escrito
el testamento verbal. Resuelta la apelación que confirma lo
decidido por el a quo o ejecutoriada en primera instancia, la
cosa juzgada genera todos sus efectos y no puede intentarse
por vía del proceso verbal quitar efectos a tal determinación
(López Blanco Hernán Fabio, Código General del Proceso
Parte Especial, Segunda Edición, DUPRE Editores Ltda.
7
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
Bogotá, D.C.-Colombia, 2018, páginas 629 a 631) (…)”
(subraya del texto).
Posteriormente, destacó que los interesados
llamados al trámite de reducción a escrito del testamento
verbal de Mora Torres, entre éstos el aquí tutelante, nada
indicaron sobre la caducidad planteada en el juicio
censurado, cuestión que, en todo caso, le correspondía
dilucidar al juez de aquel procedimiento.
Luego, sobre los requisitos de validez del
testamento, anotó que la ausencia de éstos podía dar
lugar a su nulidad; no obstante, el incumplimiento del
plazo consagrado en el mencionado canon 1093 del
Código Civil, para elevarlo a escrito, “conduc[ía] a su
caducidad”. Resaltó que, si bien era dable impulsar un
decurso para impugnar el testamento por la presencia de
vicios, ello
“(…) no autoriza a controvertir nuevamente la caducidad,
sino la validez del acto de última voluntad del causante,
consignado en el decreto judicial, protocolizado, o sea,
puede pedirse su nulidad de acuerdo con las reglas
generales, por ejemplo, alegando la falta de razón del
testador, la fuerza ejercida sobre él, la falsedad de los
testigos, etc.
“De antaño el máximo órgano de la jurisdicción ordinaria
consideró sobre el particular, lo siguiente: “Según el artículo
1097 del C.C., el testamento verbal consignado en decreto
judicial podrá ser impugnado de la misma manera que
cualquier otro testamento auténtico. Un testamento
auténtico, como el abierto o el cerrado, puede ser
impugnado, en primer lugar, por contravenir las normas
sobre las herencias; en segundo lugar, por no reunir los
requisitos de forma exigidos por la ley; en tercer lugar, por
no ser hábil el testador, y en cuarto lugar, falsedad, esto es,
por no haber sido otorgado por quien figura como otorgante
de él, o porque habiendo sido otorgado realmente por quien
se dice, ha sido alterado en alguna forma. Un testamento
verbal puede ser impugnado por aquellos motivos, así como
por falsedad, porque la persona a quien se le atribuye no lo
8
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
otorgó, o las disposiciones que lo componen no
corresponden a la verdad, por haber faltado a ella los
testigos instrumentales, y por no haber presenciado la
integridad de los hechos y circunstancias que constituyen el
acto (Corte Suprema de Justicia, sentencia 14 de julio de
1954, G.J. T. LXXVIII, página 71) (…)”.
“En efecto, debe distinguirse entre las dos figuras jurídicas
mencionadas, ya que la caducidad es un fenómeno
consistente en la no realización de ciertos actos o
circunstancias o hechos dentro de determinado tiempo, que
opera de pleno derecho (op legis) y que impide la eficacia de
un testamento, no depende de la voluntad del testador, sino
que es creado por la ley y es de orden público, “se diferencia
de la nulidad en cuanto no se basa en vicios propios del
testamento sino en circunstancias posteriores a su
otorgamiento; no necesita declaración judicial para su
existencia, ni tampoco puede sanearse por las formas que
para tal efecto establece la ley. Además, mientras la
caducidad impide que surja la eficacia testamentaria, la
nulidad por su parte, destruye retroactivamente los efectos
que ha producido el testamento” (Lafont Pianetta Pedro,
Derecho de Sucesiones, Tomo II, La Partición y Protección
Sucesoral Partición Sucesoral Anticipada, Novena Edición,
Librería Ediciones del Profesional Ltda, páginas 331-332)
(…)”.
Conforme a lo anterior, anotó que la nulidad se
origina en circunstancias coetáneas al otorgamiento del
testamento, las cuales, declaradas, lo privan de efectos;
mientras que la caducidad no impide que el acto
testamentario los produzca cuando ha sido reducido a
escrito dentro de los treinta (30) días siguientes a la
muerte del causante, cuestión ya dilucidada, en el caso,
por el fallador competente.
Así, en torno a la validez, refutada por el aquí
tutelante en el libelo demandatorio, el tribunal sostuvo el
fracaso de sus pretensiones porque
“(…) ningún motivo de nulidad se invocó por el actor, por el
contrario, el sustento de su demanda, se hizo consistir en
9
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
que no se cumplió el presupuesto exigido en el artículo 1093
de la norma sustantiva civil, vale decir, que operó la
caducidad, tema que se itera ya fue definido en una decisión
judicial anterior, amparada por la impronta de la cosa
juzgada.
“En suma, entre las condiciones de eficacia del testamento
verbal, está que se reduzca a escrito dentro de los 30 días
siguientes a la muerte del testador, omisión que produce la
caducidad de la memoria testamentaria, aspecto que con
fuerza de cosa juzgada dirime el administrador de justicia
que conoce del trámite regulado en el artículo 573 del
C.P.C., hoy 475 del C.G.P., sin que ese fenómeno extintivo
pueda ser nuevamente discutido a través de otro proceso
verbal, pero ello no significa que el testamento consignado
en el decreto judicial, protocolizado, pueda ser impugnado,
en la misma forma que cualquier otro testamento auténtico
(artículo 1097 del C.C.) (…)”.
3. No se constata irregularidad o desafuero en las
consideraciones anteriores, pues el tribunal explicó, con
suficiencia y de manera razonada, el porqué no procedía
la “nulidad” del testamento verbal deprecada por el
querellante.
3.1. Así, destacó que, además de no invocarse
ningún motivo de invalidez respecto del acto
testamentario, la caducidad denunciada por no elevarse el
mismo a escrito, en los plazos del artículo 1093 del Código
Civil, había sido una cuestión ya resuelta en un trámite
jurisdiccional anterior, donde no fue declarada tal figura;
por el contrario, el funcionario competente, mediante
providencia judicial en firme y con presunción de
legalidad y acierto, redujo a escrito el testamento y, con
ello, ese acto empezó a surtir los efectos
correspondientes, determinación imposible de soslayarse
y no susceptible de revisión a través del proceso criticado.
10
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
Según lo ha expresado esta Corte: “(…)
independientemente de que se comparta o no la
hermenéutica de los juzgadores atacados, ello no
descalifica su decisión ni la convierte en caprichosa y con
entidad suficiente de configurar vía de hecho (…)”2.
La sola divergencia conceptual no puede ser venero
para rogar el amparo porque la tutela no es instrumento
para definir cuál planteamiento interpretativo en las
hipótesis de subsunción legal es el válido, ni cuál de las
inferencias valorativas de los elementos fácticos es la más
acertada o la correcta para dar lugar a la intrusión del
juez constitucional. El resguardo previsto en la regla 86 es
residual y subsidiario.
Esta Sala, en torno a la nulidad testamentaria, en
sede de casación, ha señalado:
“(…) [los r]equisitos [del testamento] (…), si bien han
merecido algún relajamiento en su manejo por parte de la
jurisprudencia, no pueden ser desconocidos con carácter
absoluto, dada la solemnidad que se predica de dicha
manifestación de voluntad, a capa de afectar la validez
sustancial del acto, expresándose en relación al tema que:
“(…) en materia de nulidades, y especialmente en las
referentes a los testamentos, el criterio debe ser siempre
restricto y jamás de ampliación, por lo grave que es dejar,
sin fundamentos muy sólidos y sin razones muy evidentes,
ineficaz e inoperante la última voluntad del testador". (G.J. t.
LIV bis, pág. 157; LXXXIV, pág. 366 y CXIII, pág. 108).
“Surge evidente, entonces, que el propósito del legislador ha
sido el de propender por la estabilidad, firmeza y cumplida
ejecución de la última voluntad de quien decide disponer de
sus bienes mediante alguna de las formas testamentarias
2
CSJ. Civil. Sentencia de 18 de marzo de 2010, exp. 2010-00367-00; ver en el mismo
sentido el fallo de 18 de diciembre de 2012, exp. 2012-01828-01.
11
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
preestablecidas; por esa razón, únicamente son susceptibles
de invalidar los actos solemnes de aquella especie respecto
de los cuales se demuestre en forma fehaciente la existencia
de errores en su otorgamiento que, sin resquicio de duda,
estructuren alguna de las precisas y concretas causales de
nulidad consagradas en el ordenamiento positivo, y no
cualquier otro vicio o irregularidad. (CSJ SC 13 de oct. de
2006). (Resalta la Corte).
“(…).
“En materia de nulidad testamentaria se habla de nulidades
internas y externas, haciendo referencia las primeras a las
deficiencias en los requisitos de fondo, relacionados con la
capacidad del testador, o vicios del consentimiento, objeto y
causa ilícitos y las segundas a la omisión de las
solemnidades, generando en ambos casos nulidades
absolutas.
“Existen algunas formalidades cuyo cumplimiento por propia
disposición legal, exige constancia expresa de su
acatamiento en el acto mismo, so pena que se tengan por
desatendidas, sin que se admita prueba posterior en
contrario; en tanto que otras, si bien se exige su atención, el
no mencionarlas no invalida el acto, pues se permite
presumir que se cumplieron, quedando la posibilidad de
acreditarse lo contrario por cualquier otro medio de prueba.
“(…) De otro lado, si bien la nulidad absoluta puede ser
declarada, aun de oficio, por el juzgador, para tal propósito
resulta indispensable que, conforme lo impone el artículo
1742 del Código Civil dicha nulidad «aparezca de manifiesto
en el acto o contrato», puesto que de no ser así deberá no
solo alegarse por el interesado, sino también acreditarse
debidamente (…)”3.
A la luz de lo anterior, se insiste, si el peticionario
ningún motivo de nulidad alegó en el asunto cuestionado
y, sólo se limitó a exponer la caducidad del acto
testamentario, cuestión definida en otra actuación
judicial, el tribunal no podía acoger sus pretensiones y
menos decretar, oficiosamente, la nulidad del testamento
al no evidenciar vicio manifiesto.
3
CSJ. SC5635-2018 de 14 de diciembre de 2018, exp. n.° 76001 31 10 001 2006 00188 01
12
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
3.2. Sobre la reducción del testamento verbal a
escrito, se memora, el numeral 9° del artículo 3° del
Decreto 960 de 1970, señalaba como función de los
notarios, entre otras: “(…) Intervenir en el otorgamiento,
extensión y autorización de los testamentos solemnes
que conforme a la Ley civil deban otorgarse ante ellos
(…)”.
En la actualidad, sin asomo de duda, son los jueces
del lugar donde haya sido otorgado el testamento los
facultados para llevar a escrito tal acto de voluntad, en la
forma y términos establecidos en el canon 475 del Código
General del Proceso, el cual indica:
“(…) REDUCCIÓN A ESCRITO DEL TESTAMENTO VERBAL. La
petición para reducir a escrito el testamento verbal deberá
presentarse al juez del lugar donde se otorgó, dentro de los
treinta (30) días siguientes a la defunción del testador, y se
sujetará a las siguientes reglas:
“1. Al escrito se acompañará la prueba de la muerte del
testador, y en él deberá pedirse que se reciba declaración a
los testigos instrumentales y a las demás personas de
quienes se afirme que tienen conocimiento de los hechos
relativos al otorgamiento del testamento, con indicación de
su nombre, vecindad y lugar donde habiten o trabajen.
“2. Si la solicitud fuere procedente, se ordenará la recepción
de las declaraciones en audiencia, para la cual se señalará
fecha y hora, a fin de esclarecer los puntos relacionados en
los artículos 1094 y 1095 del Código Civil.
“3. Antes de la celebración de la audiencia se emplazará a
los posibles interesados por medio de edicto que se fijará en
la secretaría del despacho por cinco (5) días y que se
publicará en la forma prevista para el emplazamiento.
“4. Recibidos los testimonios, el mismo juez dictará la
providencia que ordena el artículo 1096 del Código Civil,
siempre que se reúnan las condiciones previstas en dicha
norma, y adquiera certeza sobre los hechos que allí se
13
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
indican y dispondrá que la actuación se protocolice en
notaría del lugar, previa expedición de copia para su archivo.
“5. Cuando de las declaraciones de los testigos
instrumentales no aparece claramente la última voluntad del
testador, el juez declarará que de ellas no resulta
testamento verbal.
“6. Si de las declaraciones o de otras pruebas practicadas en
la misma audiencia, a solicitud de interesado o por decreto
oficioso del juez aparece que el testador falleció después de
los treinta (30) días siguientes a la fecha en que fue
otorgado el testamento, el juez lo declarará inexistente
como tal.
4. Siguiendo los derroteros de la Convención
Americana de Derechos Humanos4 y su criterio
jurisprudencial, no se otea vulneración alguna a la
preceptiva de la misma ni tampoco del bloque de
constitucionalidad, que ameriten la injerencia de esta
Corte para declarar inconvencional la actuación atacada.
El convenio citado es aplicable dado el canon 9 de
la Constitución Nacional, cuando dice:
“(…) Las relaciones exteriores del Estado se fundamentan en
la soberanía nacional, en el respeto a la autodeterminación
de los pueblos y en el reconocimiento de los principios del
derecho internacional aceptados por Colombia (…)”.
Complementariamente, el artículo 93 ejúsdem,
contempla:
“(…) Los tratados y convenios internacionales ratificados por
el Congreso, que reconocen los derechos humanos y que
prohíben su limitación en los estados de excepción,
prevalecen en el orden interno”.
“Los derechos y deberes consagrados en esta Carta, se
interpretarán de conformidad con los tratados
4
Pacto de San José de Costa Rica, firmado el 22 de noviembre de 1969 y aprobado en
Colombia por la Ley 16 de 1972.
14
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
internacionales sobre derechos humanos ratificados por
Colombia (…)”.
El mandato 27 de la Convención de Viena, sobre el
Derecho de los Tratados de 1969 5, debidamente
adoptada por Colombia, según el cual: “(…) Una parte no
podrá invocar las disposiciones de su derecho interno
como justificación del incumplimiento de un tratado (…)”6,
impone su observancia en forma irrestricta cuando un
Estado parte lo ha suscrito o se ha adherido al mismo.
4.1. Aunque podría argumentarse la viabilidad
del control de convencionalidad sólo en decursos donde
se halla el quebranto de garantías sustanciales o cuando
la normatividad interna es contraria a la internacional
sobre los derechos humanos, se estima trascendente
efectuar dicho seguimiento en todos los asuntos donde se
debata la conculcación de prerrogativas
iusfundamentales, así su protección resulte procedente o
no.
Lo aducido porque la enunciada herramienta le
permite a los Estados materializar el deber de garantizar
los derechos humanos en el ámbito doméstico, a través
de la verificación de la conformidad de las normas y
prácticas nacionales, con la Convención Americana de
Derechos Humanos y su jurisprudencia, ejercicio que
según la Corte Interamericana se surte no sólo a petición
de parte sino ex officio7.
5
Suscrita en Viena el 23 de mayo de 1969.
6
Aprobada por Colombia mediante la Ley 32 de 1985.
7
Corte IDH. Caso Gudiél Álvarez y otros (“Diario Militar”) contra Guatemala. Sentencia de
noviembre 20 de 2012. Serie C No. 253, párrafo 330.
15
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
No sobra advertir que el régimen convencional en el
derecho local de los países que la han suscrito y
aprobado, no constituye un sistema opcional o de libre
aplicación en los ordenamientos patrios; sino que en estos
casos cobra vigencia plena y obligatoriedad con carácter
impositivo para todos los servidores estatales, debiendo
realizar no solamente un control legal y constitucional,
sino también el convencional; con mayor razón cuando
forma parte del bloque de constitucionalidad sin quedar al
arbitrio de las autoridades su gobierno.
4.2. El aludido control en estos asuntos procura,
además, contribuir judicial y pedagógicamente, tal cual se
le ha ordenado a los Estados denunciados –incluido
Colombia-8, a impartir una formación permanente de
Derechos Humanos y DIH en todos los niveles jerárquicos
de las Fuerzas Armadas, jueces y fiscales 9; así como
realizar cursos de capacitación a funcionarios de la rama
ejecutiva y judicial y campañas informativas públicas en
materia de protección de derechos y garantías10.
Insistir en la aplicación del citado control y esbozar
el contenido de la Convención Interamericana de
8
Corte IDH, Caso Vélez Restrepo y familiares Vs. Colombia, Excepción preliminar, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 3 de septiembre de 2012. Serie C No. 248, párrs. 259
a 290, criterio reiterado Caso Masacre de Santo Domingo Vs. Colombia, Excepciones
preliminares, Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 30 de noviembre de 2012. Serie
C No. 259, párrs. 295 a 323.
9
Corte IDH, Caso de la Masacre de Las Dos Erres Vs. Guatemala, Excepción Preliminar,
Fondo, Reparaciones y Costas. Sentencia de 24 de noviembre de 2009. Serie C No. 211,
párrs. 229 a 274.
10
Corte IDH, Caso Furlan y familiares Vs. Argentina, Excepciones preliminares, Fondo,
Reparaciones y Costas. Sentencia de 31 de agosto de 2012. Serie C No. 246, párrs. 278 a
308.
16
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
Derechos Humanos en providencias como la presente, le
permite no sólo a las autoridades conocer e interiorizar las
obligaciones contraídas internacionalmente, en relación
con el respeto a los derechos humanos, sino a la
ciudadanía informarse en torno al máximo grado de
salvaguarda de sus garantías.
Además, pretende contribuir en la formación de una
comunidad global, incluyente, respetuosa de los
instrumentos internacionales y de la protección de las
prerrogativas fundamentales en el marco del sistema
americano de derechos humanos.
5. El auxilio impetrado será desestimado.
3. DECISIÓN
En mérito de lo expuesto, la Corte Suprema de
Justicia, en Sala de Casación Civil, administrando justicia
en nombre de la República y por autoridad de la ley,
RESUELVE:
PRIMERO: NEGAR la tutela solicitada por Manuel
Alejandro Mora Torres contra la Sala Civil – Familia del
Tribunal Superior del Distrito Judicial Pasto, con ocasión del
17
Radicación n.° 11001-02-03-000-2021-02425-00
asunto verbal de nulidad de testamento, iniciado por el aquí
actor frente a Fanny Bertha Lagos Arteaga.
SEGUNDO: Notifíquese lo así decidido, mediante
comunicación telegráfica, a todos los interesados.
TERCERO: Si este fallo no fuere impugnado
remítase el expediente a la Corte Constitucional para su
eventual revisión.
NOTIFÍQUESE Y CÚMPLASE
FRANCISCO TERNERA BARRIOS
Presidente de Sala
ÁLVARO FERNANDO GARCÍA RESTREPO
HILDA GONZÁLEZ NEIRA
AROLDO WILSON QUIROZ MONSALVO
LUIS ALONSO RICO PUERTA
OCTAVIO AUGUSTO TEJEIRO DUQUE
(Con ausencia justificada)
LUIS ARMANDO TOLOSA VILLABONA
18