CUENTOS
A
fndice
© 1956, 1970, 1987, Virgilio Pinera
© De esta edici6n:
1999, Grupo Santillana de Ediciones, S. A.
Torrelaguna, 60. 28043 Madrid
Telefono 91 744 90 60
Telefax 91 744 92 24
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• Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S. A.
Prologo 11
Beazley 3860. 1437 Buenos Aires
• Aguilar, Altea, Taurus, Alfaguara S. A. de C. V.
Avda. Universidad, 767, Col. del Valle, CUENTOS FRfos (1956)
Mexico, D.F. C. P. 03100
• Distribuidora y Editora Aguilar, Altea,
Taurus, Alfaguara, S. A. Laca{da 35
Calle 80 N° 10-23
Santafe de Bogota, Colombia Lacarne 38
Elcaso Acte6n 41
ISBN: 84-204-2292-4
Dep6sito legal: M. 21.185-1999
Impreso en Espafia - Printed in Spain
Las partes 44
© Disefio de colecci6n:
Elcambio 46
Jose Crespo, Teresa Pereletegui y Rosa Marfn
© Cubierta: Lacena 49
51
Luis Pita
© Fotograffa del autor: Proyecto para un suefio
Lux Chessex
El baile 58
El album 64
Todos los derechos reservados.
Esta publicaci6n no puede ser
El parque 82
reproducida, ni en todo ni en parte,
ni registrada en o transmitida por,
Elcomercio 84
86
un sistema de recuperaci6n
de informaci6n, en ninguna forma La boda
ni por ningun medio, sea mecanico,
fotoqufmico, electr6nico, magnetico,
electro6ptico, por fotocopia,
La batalla 88
o cualquier otro, sin el permiso previo
por escrito de la editorial.
En el insomnio 90
El infierno 91
Cosas decojos 92
Lacara 94
Lacondecoraci6n 102
Como vivf y como morf 105 El filantropo 202
El viaje 107 Frfo en caliente 220
El conflicto 109 El caramelo 236
El Gran Baro 137 El que vino a salvarme 261
EL QUE VINO A SALVARME UN FOGONAZO (1987)
(1970)
La muerte de las aves 269
Grafomanfa 149 El crecimiento del
Una desnudez salvadora 150 sefior Madrigal 271
Natacion 151 Ars longa, vita brevis 275
Un parto insospechado 152 Belisario 288
La montafia 153 El talisman 292
El interrogatorio 299
La locomotora 154
El otro yo 301
El sefior Ministro 156
Salon Parafso 305
Alegato contra la bafiadera
desempotrada 159 En la funerea playa fue 312
Amores de vista 161 Tadeo 316
Union indestructible 163 Un fogonazo 322
Oficio de tinieblas 164
MUECAS PARA ESCRIBIENT ES
El enemigo 166 (1987)
La transformacion 172
Un fantasma a posteriori 175 Un jesuita de la literatura 333
Elbalcon 181 Concilio y discurso 360
La gran escalera del El caso Baldomero 377
Palacio Legislativo 188 La risa 425
Unas cuantas cervezas 192 Vea y oiga 444
Unos cuantos nifios 196 Lo toma o lo deja 461
El Impromptu en Fa de
Federico Chopin 472 Un poco de Pinera
Funebre caminata
llena de vida 499
Hecatombe y alborada 506
Hay muertos que no
hacen ruido 513 Antes de sentarme a escribir estas paginas, una pala
bra me daba vueltas. Caminando por mi casa me la repetf va
Hay ranas que no crfan pelos... 523
rias veces, hasta sentir en la boca su sabor amargo. La busque
Hosanna! Hosanna... ? 528 en los diccionarios que tengo a mano, el de la Academia y el
Hispanico, el primero impreso en la decada del cincuenta y
CUENTOS INEDITOS en la del treinta el segundo, evidentemente anacr6nicos, y no
encontre la acepci6n que buscaba. Aparecfan las palabras margi
nal, marginado, pero faltaba el significado con que solemos
El mufieco 539 usarlas en la sociedad actual.
El cubo 570 Decimos «fulano esta marginado», «clases marginadas»,
«barrios marginales», «literatura marginal». Usamos la pala
La rebeli6n de los enfermos 572 bra como verbo y como adjetivo. Era evidente, me dije cami
Otra vez Luis Catorce 584 nando, y pese a mi escasa preparaci6n filol6gica, que procedfa
de margen, y esta de algun termino latino, margo, por ejemplo.
Fichenlo, si pueden 589 Abri uno de estos diccionarios y encontre que margen era «ex
tremidad y orilla de una cosa. Margen del rfo, del campo. An
darse uno por las margenes es andarse por las ramas». Yabierto
el otro diccionario encontre, ademas, como margen «el espacio
que queda en blanco en cada uno de los cuatro lados de una
pagina manuscrita o impresa». Ymarginal, seguf leyendo, era
aquello que estaba al margen. Marginado, decfan al unfsono
mis viejos diccionarios, «contenci6n del cauce de un rfo por
medio de cliques o taludes».
Por tanto, y metaf6ricamente, marginado es estar fuera
de algo, haber sido excluido o autoexcluirse, ser apartado o
apartarse, ser dejado o quedarse en esas margenes del rfo o del
campo, en esos espacios en blanco donde nada hay o nada puede
verse. A tal extension del sentido de una palabra y sus derivados
suele llamarse «evoluci6n semantica de un termino». Yen dic
cionarios mas actuales, que no tuve ocasi6n de consultar, tal
vez se halle recogido el significado actual.
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marchase a compas, esto es, que nadie engullera un filete me
Lacarne nos. Una vez fijados estos puntos, diose cada uno a rebanar dos
filetes de su respectiva nalga izquierda. Era un glorioso espec
taculo, pero se mega no enviar descripciones. Se hicieron cal
culos acerca de cuanto tiempo gozarfa el pueblo de los benefi
cios de la came. Un distinguido anatomico predijo que sobre
un peso de cien libras, y descontando vfsceras y demas organos
Sucedio con gran sencillez, sin afectacion. Por moti no ingestibles, un individuo podfa comer came durante ciento
vos que no son del caso exponer, la poblacion sufrfa de falta de cuarenta dfas a razon de media libra por dfa. Por lo demas, era
came. Todo el mundo se alarmo y se hicieron comentarios un calculo ilusorio. Y lo que importaba era que cada uno pu
mas o menos amargos y hasta se esbozaron ciertos propositos diese ingerir su hermoso filete.
de venganza. Pero, como siempre sucede, las protestas no pa Pronto se vio a senoras que hablaban de las ventajas
saron de meras amenazas y pronto se vio aquel afligido pue que reportaba la idea del senor Ansaldo. Por ejemplo, las que
blo engullendo los mas variados vegetales. ya habfan devorado sus senos no se vefan obligadas a cubrir de
Solo que el senor Ansaldo no siguio la orden general. telas su caja toracica y sus vestidos conclufan poco mas arriba
Con gran tranquilidad se puso a afilar un enorme cuchiUo de
del ombligo. Y algunas, no todas, no hablaban ya, pues habfan
cocina, y, acto seguido, bajandose los pantalones hasta las rodi engullido su lengua, que, dicho sea de paso, es un manjar de
llas, corto de su nalga izquierda un hermoso filete. Tras haber monarcas. En la calle tenfan lugar las mas deliciosas escenas:
lo limpiado lo adobo con sal y vinagre, lo paso -como se asf, dos senoras que hacfa muchfsimo tiempo que no se vefan
dice- por la parrilla, para finalmente frefrlo en la gran sarten no pudieron besarse; habfan usado sus labios en la confeccion
de las tortillas del domingo. Sentose a la mesa y comenz6 a sa de unas frituras de gran exito. Y el Alcaide del penal no pudo
borear su hermoso filete. Entonces llamaron a la puerta; era su firmar la sentencia de muerte de un condenado porque se habfa
vecino que venfa a desahogarse... Pero Ansaldo, con elegan comido las yemas de los dedos, que, segun los buenos gourmets
te ademan, le hizo ver el hermoso filete. El vecino pregunto y (y el Alcaide lo era) ha dado origen a esa frase tan llevada y traf
Ansaldo se limito a mostrar su nalga izquierda. Todo quedaba da de «chuparse la yema de los dedos».
explicado. A su vez, el vecino deslumbrado y conmovido salio Hubo hasta pequenas sublevaciones. El sindicato de
sin decir palabra para volver al poco rato con el Alcalde del obreros de ajustadores femeninos elevo su mas formal protes
pueblo. Este expreso a Ansaldo su vivo deseo de que su ama ta ante la autoridad correspondiente, y esta contesto que no
do pueblo se alimentara, como lo hacfa Ansaldo, de sus propias era posible slogan alguno para animar a las senoras a usarlos de
cames de cada uno. Pronto quedo acordada la cosa y despues de nuevo. Pero eran sublevaciones inocentes que no interrum
las efusiones propias de gente bien educada, Ansaldo se trasla pfan de ningun modo la consumicion, por parte del pueblo,
do a la plaza principal del pueblo para ofrecer, segun su frase de su propia came.
caracterfstica, «una demostracion practica a las masas». Uno de los sucesos mas pintorescos de aquella agrada
Una vez allf hizo saber que cada persona cortarfa de su ble jomada fue la diseccion del ultimo pedazo de came del
nalga izquierda dos filetes, en todo iguales a una muestra en bailarfn del pueblo. Este, por respeto a su arte, habfa dejado
yeso encarnado que colgaba de un reluciente alambre. Y de para lo ultimo los bellos dedos de sus pies. Sus convecinos ad
claraba que dos filetes y no uno pues si el habfa cortado de su virtieron que desde hada varios dfas se mostraba vivamente
propia nalga izquierda un hermoso filete, justo era que la cosa inquieto. Ya solo le quedaba la parte camosa del dedo gordo.
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Entonces invit6 a sus amigos a presenciar la operaci6n. En
medio de un sanguinolento silencio cort6 su porci6n postre El caso Acte6n
ra y sin pasarla por el fuego la dej6 caer en el hueco de lo que
habfa sido en otro tiempo su hermosa boca. Entonces todos
los presentes se pusieron repentinamente serios.
Pero se iba viviendo, y era lo importante. iY si acaso...?
iSerfa por eso que las zapatillas del bailarfn se encontraban
ahora en una de las salas del Museo de los Recuerdos Ilustres? El sefior del sombrero amarillo se me acerc6 para
Solo se sabe que uno de los hombres mas obesos del pueblo decirme: «iQuerrfa usted, acaso, format parte de la cadena...?
(pesaba doscientos kilos) gast6 toda su reserva de came dispo -y sin transici6n alguna afiadi6-: Sabe, de la cadena Ac
nible en el breve espacio de quince dfas (era extremadamente te6n...». «2Es posible ...? -le respond{-. 2Existe, pues, una
goloso, y, por otra parte, su organismo exigfa grandes cantida cadena Acte6n?». «S.f -me contest6 frfamente-, pero im
des). Despues ya nadie pudo verlo jamas. Evidentemente, se porta mucho precisar las razones, las dos razones del caso Ac
ocultaba... Pero no solo se ocultaba el, sino que otros muchos te6n». Sin poderme contener, abrf los dos primeros botones de
comenzaban a adoptar identico comportamiento. De esta suer su camisa y observe atentamente su pecho. «S.f -dijo el-, las
te, una mafiana, la sefiora Orfila, al preguntar a su hijo --que se dos razones del caso Acte6n. La primera (a su vez extendi6 su
devoraba el 16bulo izquierdo de la oreja- d6nde habfa guarda mano derecha y entreabri6 mi camisa), la primera es que el
do no se que cosa, no obtuvo respuesta alguna. Y no valieron su mito de Acte6n puede darse en cualquier parte». Yo hund.f li
plicas ni amenazas. Llamado el perito en desaparecidos solo geramente mis ufias del pulgar y del mefiique en su came. «Se
pudo dar con un breve mont6n de excrementos en el sitio donde ha hablado mucho de Grecia en el caso Acte6n -continua-,
la sefiora Orfila juraba y perjuraba que su amado hijo se encon pero creame (y aqu.f hundi6 tambien el ligeramente sus ufias
traba en el momento de ser interrogado por ella. Pero estas lige del pulgar y el mefiique en mi came del pecho), tambien aqu.f
ras alteraciones no minaban en absoluto la alegrfa de aquellos en Cuba misma o en el Cuzco, o en cualquier otra parte, puede
habitantes. iDe que podrfa quejarse un pueblo que tenfa asegu darse con toda propiedad el caso Acte6n». Acentuando un po
rada su subsistencia? El grave problema de orden publico crea co mas la presi6n de mis ufias respond{: «Entonces, su cadena
do por la falta de came ino habfa quedado definitivamente zan va a tener una importancia enorme». «Claro -me contest&-,
jado? Que la poblaci6n fuera ocultandose progresivamente nada claro que va a tenerla; todo depende de la capacidad del aspi
tenfa que ver con el aspecto central de la cosa, y solo era un colo rante a la cadena Acte6n» (y al decir esto acentu6 un tanto mas
f6n que no alteraba en modo alguno la firme voluntad de aque la presi6n de sus ufias). En seguida afiadi6, como [Link] por
lla gente de procurarse el precioso alimento. iEra, por ventura, un desgarramiento: «Pero creo que usted posee las condicio
dicho colof6n el precio que exigfa la came de cada uno? Pero nes requeridas...». Deb.f lanzar un quejido, [Link], pero su
serfa miserable hacer mas preguntas inoportunas y aquel pru [Link] lo habfa recogido, pues, casi gritando me dijo: «La se
dente pueblo estaba muy bien alimentado. gunda raz6n (yo mire sus ufias en mi pecho, pero ya no se vefan,
circunstancia a la que achaque mas tarde el extraordinario au
1944 mento en el volumen de su voz), la segunda raz6n es que no se
sabe, que no se podrfa marcar, delimitar, sefialar, indicar, pre
cisar (y todos estos verbos parecfan los poderosos pitazos de
una locomotora) d6nde termina Acte6n y d6nde comienzan
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caderas hacia abajo la tela de la capa se arremolinaba, formaba
Las partes caprichosos pliegues como si debajo de ella no continuase su
anatomfa. Yo esperaba que un nuevo portazo me traerfa alguna
explicacion; pero si el portazo se cumplio fue para dejarme ver
que ahora la tela encontraba nuevas regiones en donde arremo
linarse. 0 sea, que toda la region que abarca la caja toracica pa
recfa de una elasticidad tan extremada que la tela de la capa
Al abrir la puerta de mi cuarto vi que mi vecino esta podfa adoptar los pliegues mas insospechados. Quedaba la ca
ba de pie en la puerta del suyo. Como el corredor que separaba beza, pero la capa comenzaba a caer justamente desde los hom
nuestras habitaciones respectivas era de grandes proporciones, bros, o mas precisamente desde la base del cuello, y, en verdad,
no pude precisar a la primera ojeada en que consistfa el objeto no llovfa en aquel instante, habfa un hermoso sol, y por otra
que le cubrfa, desde los hombros, todo el cuerpo. Una inda parte, ino se estaba bajo un seguro techo? Sin contar que mi
gacion mas minuciosa me hizo ver una larga capa de magnffi vecino iniciaba la septima vuelta a su habitacion y allf era de
cos pliegues. Pero lo que me choco fue precisamente esa parte todo punto imposible la mas remota inclemencia del tiempo.
de su cuerpo que correspondfa a su brazo izquierdo: en aque En lo que a mf toca, pense 16gicamente en una octava salida,
lla region, la tela de la capa se hundfa visiblemente y estable pero lo cierto es que transcurrio un tiempo mas largo que el
cfa una ostensible diferencia con la otra, es decir, con la re empleado en todas las anteriores y no se ofa el portazo anun
gion de su brazo derecho, aunque debo confesar que la cosa no ciador. Entonces me lance furiosamente a la puerta, le di un
era como para pedirle explicaciones. Tampoco hubiera podido terrible empujon. Clavadas con enormes pernos a la pared se
hacerlo, pues mi vecino ya trasponfa la puerta de su habitacion vefan las siguientes partes de un cuerpo humano: dos brazos
imprimiendo un elegante movimiento a los [Link] pliegues (derecho e izquierdo), dos piernas (derecha e izquierda), la re
de la cola de su capa. Por mi parte, empece a cavilar sobre aque gion sacrocoxfgea, la region toracica, todo imitando graciosa
lla hendidura en la region del hombro izquierdo, pero no pu mente a un hombre que esta de pie como aguardando una no
de avanzar gran cosa en mis pensamientos; otra vez salfa mi ticia. No pude mirar mucho tiempo, pues se escuchaba la voz
vecino envuelto en su gran capa. Mire rapidamente su hombro de mi vecino que me suplicaba colocar su cabeza en la parte
izquierdo, y en seguida, como es natural, el derecho. Tambien vacfa de aquella composicion. Complaciendolo de todo cora
ahora se hundfa allf visiblemente la tela. zon, tome con delicadeza aquella cabeza por su cuello y la fije
Esta vez mi vecino no me concedio el lujo de sorpren en la pared con uno de esos pernos enormes, justamente enci
derme: un portazo me advirtio que de nuevo habfa desapareci ma de la region de los hombros. Y como ya la capa no le serfa
do. 0, mejor dicho, que aparecfa otra vez; de pie, como siem de ninguna utilidad, me cubrf con ella para salir como un rey
pre, pero un tanto envarado en la parte donde la pierna derecha por la puerta.
se articula a la cadera; tambien all.f la tela de la capa formaba
un profundo seno. Un nuevo portazo me anuncio una nueva 1944
salida: en efecto, iniciaba la cuarta. La [Link] diferencia con la
anterior venfa a radicar en el punto de elasticidad, es decir, que
la capa, de las caderas hacia arriba, descontando aquellas pro
nunciadas hendiduras de los brazos, contorneaba asombrosa
mente toda la anatomfa de mi vecino; pero, en cambio, de las
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o el ministro son testigos mudos de nuestra vida. Ellos son del
momento, y las cucarachas son de siempre. Al principio, quiero El viaje
decir, en esos afios en que todavfa el alma espera algo, trataba de
exterminarlas; despues de un fatigoso asalto contra estos insec
tos, me decfa que todo iba a cambiar, que la fortuna tendrfa que
sonrefrme: si no existfa una sola cucaracha en mi cuarto, tampo
co mi vida podrfa tener el {nfimo valor de una cucaracha. Al
guien, seguramente, ya se acercaba a mi puerta para ofrecerme Tengo cuarenta afios. A esta edad, cualquier resoluci6n
la sabrosa pulpa de la abundancia; ofa claramente sus pasos y que se tome es valida. He decidido viajar sin descanso has
hasta vefa su mano tendida, plena de clones. Mas fueron lle ta que la muerte me Harne. No saldre del pafa, esto no tendrfa
gando, en cambio, esos afios en que solo se escuchan los ruidos objeto. Tenemos una buena carretera, con varios cientos de
siniestros de un est6mago vacfo; entonces ya deje de extermi kil6metros. El paisaje, a uno-y otro lado del camino, es encan
narlas, comprend{ que eran parte de m{ mismo, que el resto del tador. Como las distancias entre ciudades y pueblos son re
mundo me resultaba pura apariencia y ellas la unica realidad. lativamente cortas, no me vere precisado a pernoctar en el
Todo me escapaba menos las cucarachas; se impusieron tan fe camino. Quiero aclarar esto: el mfo no va a ser un viaje preci
rreamente que comence a ver alas de cucarachas en los brazos de pitado. Yo quiero disponer todo de manera que pueda bajar en
las gentes y patas en sus piernas. La cosa se resolvi6 en catastrofe cierto punto del camino para comer y hacer las demas necesi
el dfa que dije a un sefior que acababa de regalarme un traje dades humanas. Como tengo mucho dinero, todo marchara sa
usado: «Dios se lo pague, cucaracha... ». Me sum{ en abismos. bre ruedas...
Cord a mi cuarto y me encerre. Decid{ no salir mas a la calle. Es A prop6sito de ruedas, voy a hacer este viaje en un co
taba perdido: si yo vefa al mundo como una enorme cucaracha, checito de nifios. Lo empujara una nifiera. Calculando que una
ique podfa esperar de mis semejantes? No se sabe de ninguna nifiera pasea a su crfo por el parque unas veinte cuadras sin
cucaracha que haya hecho algo constructivo; por el contrario, mostrar [Link] de agotamiento, he apostado en una carretera,
devoran todo lo que se pone a su alcance. Entonces, para que se que tiene mil kil6metros, a mil nifieras, calculando que vein
guir luchando... A los pocos d{as me estaba muriendo. No hubo te cuadras de cincuenta metros cada una hacen un kil6metro.
cambio alguno de esto: las cucarachas prosiguieron fielmente Cada una de estas nifieras, no vestidas de nifieras sino de cho
yendo y viniendo, revoloteando, despidiendo su olor nausea feres, empuja el cochecito a una velocidad moderada. Cuando
bundo, haciendo ese ruido horrendo con sus alas, y como mi se cumplen sus mil metros, entrega el coche a la nifiera apos
postraci6n se acentuaba cada vez mas, comenzaron a posarse en tada en los pr6ximos mil metros, me saluda con respeto y se
mi propio cuerpo; al principio, dmidas, despues mas audaces, aleja. Al principio, la gente se agolpaba en la carretera para
devorando pedacitos de tela en espera de algo mejor; una falan verme pasar. He tenido que escuchar toda clase de comenta
ge avisaba a la otra, y, en una breve iluminaci6n de mis sentidos, rios. Pero ahora (hace ya sus buenos cinco afios que ruedo por
percib{ su peso tremendo, como una armadura encima de mis el camino) ya no se ocupan de m{: he acabado por ser, como el
huesos. iSera aventurado pensar que la justicia, echando abajo sol para los salvajes, un fen6meno natural... Como me encanta
mi puerta, lanza un grito de asombro al contemplar a la cucara el violin, he comprado otro cochecito en el que toma asiento el
cha mas grande sobre la faz de la tierra? celebre violinista X; me deleita con sus melodfas sublimes.
Cuando esto ocurre, escalono en la carretera a diez nifieras en
1956 cargadas de empujar el cochecito del violinista. S6lo diez ni-
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fieras, pues no resisto mas de diez kil6metros de musica. Por
lo demas, todo marcha sobre ruedas. Es verdad que a veces la El conflicto
estabilidad de mi cochecito es amenazada por enormes ca
miones que pasan como centellas y hasta en cierta ocasi6n a la
nifiera de turno la dej6 semidesnuda una corriente de aire. Pe
quefios incidentes que en nada alteran la decision de la marcha
vitalicia. Este viaje me ha demostrado cuan equivocado estaba
yo al esperar algo de la vida. Este viaje es una revelaci6n. Al I. Preludio
mismo tiempo me he enterado de que no era yo el unico a
quien se revelaban tales cosas. Ayer, al pasar por uno de los tan Lo fusilarfan en la semana venidera. Teodoro se decfa
tos puentes situados en la carretera, he visto al famoso banque que el suceso en sf comportaba, en su cronicidad, el mismo sa
ro Pepe sentado sobre una cazuela que giraba lentamente im bor de los sucesos cr6nicos (un tic nervioso o la perpetua selva
pulsada por una cocinera. En la pr6xima bajada me han dicho de la vieja Luisa), porque de acuerdo con el hecho de que dia
que Pepe, a semejanza mfa, ha decidido pasar el resto de sus riamente se fusila a un hombre en un punto cualquiera de la
dfas viajando circularmente. Para ello ha contratado los servi tierra, y de acuerdo igualmente con sus lecturas acerca de fusi
cios de cientos de cocineras, que se relevan cada media hora, te lados, se hacfa necesario reconocer que la cosa era perfectamente
niendo en cuenta que una cocinera puede resolver, sin fatigarse, natural y 16gica; es decir, que ante el caso particular de su pr6-
un guiso durante ese lapso. El azar ha querido que siempre, en xima ejecuci6n no cabfa alterarse o conmoverse o hacer de ella
el momento de pasar yo en mi cochecito, Pepe, girando en su un centro de universal atracci6n, ya que estas ejecuciones se su
cazuela, me de la cara, lo cual nos obliga a un saludo ceremo cedfan en el tiempo y el espacio con la misma regularidad con
nioso. Nuestras caras reflejan una evidente felicidad. que al dfa sucede la noche o a la piel herida la salida de la san
gre. Tambien, en cuanto al desarrollo de la misma (de la ejecu
1956 ci6n) supondrfa violencia quererla referir como cosa excepcio
nal, pues el chino fusilado el dfa anterior a miles de leguas, y el
aleman, sacrificado el afio anterior, y todos los hombres fusila
dos hasta ese momento, morfan con esa misma igualdad que
muestran dos frescas salchichas gracias a la insensibilidad de
un engranaje correctfsimo.
Si algo ofuscaba a Teodoro no serfan ciertamente tales
minucias. Se incorpor6 en el camastro y, rapidamente, se di
rigi6 a las rejas. Un espfritu vulgar o muy psicoanalista ha
brfa dictaminado que Teodoro sufrfa terribles crisis nerviosas
a causa de las subconscientes y sucesivas representaciones de
su pr6xima ejecuci6n. Sin embargo, nada mas distante de la
verdad.
Teodoro aplic6 el ofdo entre dos barrotes; se escucha
ban pasos. « Vienen mezclados taconeo de mujer con zapatos
de hombre; sera Luisa que viene de nuevo», musit6.