CANCER COLORRECTAL
Definición: es el tercer cáncer en frecuencia en varones y mujeres. Su incidencia se incrementa con la edad,
según lo evidencia el hecho de que cerca del 90% de las personas que desarrollan esta variante de cáncer es
mayor de 50 años de edad. Es más frecuente en individuos con antecedente familiar de cáncer, personas con
enfermedad de Crohn y colitis ulcerosa, y aquéllas con poliposis adenomatosa familiar del colon. También está
muy relacionado con la dieta: baja en fibras, mucha grasa y alta en hidratos de carbono.
ANATOMÍA Y FISIOLOGÍA DEL COLON:
ANATOMÍA PATOLÓGICA: Alrededor del 95% de los CCR son adenocarcinomas. En la unión anorrectal es
posible hallar carcinomas de células escamosas o carcinomas originados a partir del epitelio de transición
(carcinoma cloacogénico).
Las vías de diseminación más frecuente del CCR son:
Linfática, que suele ocurrir progresivamente según un orden anatómico ascendente en los ganglios que
acompañan a los vasos cólicos. Alrededor del 40% de los casos presenta afección ganglionar en el momento
del diagnóstico.
Hematógena, a través de los vasos de la pared colorrectal y, mediante el drenaje venoso portal, al hígado,
que es el órgano más frecuentemente afectado por metástasis en el cáncer de colon. Los tumores del tercio
inferior del recto drenan en la cava inferior, por lo cual pueden causar metástasis pulmonares, óseas,
cerebrales, etc., en ausencia de metástasis hepáticas.
Por contigüidad, que puede determinar invasión o fistulización de órganos vecinos como asas intestinales,
vejiga urinaria, vagina, etc.
Peritoneal, poco frecuente pero de pronóstico infausto.
CUADRO CLÍNICO: no suele dar síntomas hasta fases avanzadas. La forma de presentación varía según la
localización del tumor.
- Los tumores del colon izquierdo: se manifiestan en general en forma de rectorragia o cambios en el ritmo
deposicional (estreñimiento o falsa diarrea), condicionados por la reducción de la luz del colon. El
crecimiento del tumor hasta ocluir la luz intestinal puede provocar un cuadro agudo de obstrucción intestinal
con dolor cólico, distensión abdominal, vómitos y cierre intestinal.
- Los tumores del colon derecho suelen causar hemorragia oculta y los síntomas referidos por el paciente
son los atribuibles a la anemia crónica secundaria. Excepto cuando se afecta la válvula ileocecal, los
tumores de esta localización no comportan obstrucción intestinal. No es infrecuente que se detecte una
masa en la exploración del cuadrante inferior derecho del abdomen.
Por otra parte, la exploración física se dirige a determinar el estado nutricional, detectar palidez secundaria a
anemia crónica y buscar masas abdominales, hepatomegalia, adenopatías o signos de obstrucción intestinal.
Es evidente la importancia del tacto rectal, que descubrirá la mayoría de los tumores rectales y permitirá conocer
su tamaño, grado de fijación e invasión a estructuras adyacentes.
Los pacientes que tienen un cáncer en el lado derecho del colon, pueden pasar desapercibidos, porque de
este lado, el colon es más grande y puede que los síntomas sean anemia y perdida de peso. Quizás no se
diagnostique al paciente hasta que hay metástasis, hay que estar muy atentos a los síntomas. Es menos
frecuente que el izquierdo, es más frecuente en las mujeres. Tienen peor supervivencia.
El cáncer del lado izquierdo: da síntomas más precoces porque crecen para adentro, obstruyendo la luz,
puede haber sangrado como rectorragia. Hay una mayor incidencia en este cáncer, es más frecuente en
hombres. Tienen mejor supervivencia.
DIAGNÓSTICO: debe sospecharse ante todo paciente que presenta cambios en el ritmo deposicional,
rectorragia o hematoquecia, o bien anemia crónica por pérdidas ocultas en heces. Si es del colon derecho ojo
con la astenia, síndrome de repercusión general, pérdida de peso y anemia. Si es del lado izquierdo puede dar
melena (color negro por sangre coagulada), diarrea, estreñimiento.
Ante la sospecha de CCR es imperativo practicar una colonoscopia que, además de objetivar el tumor, permitirá
tomar biopsias para su diagnóstico histológico y descartar la presencia de lesiones sincrónicas. En caso de
tumores estenosantes que no permitan la progresión del endoscopio es recomendable completar la exploración
con una colonografía por TC o RM.
Buscar la sangre oculta en materia fecal, si da positivo sabemos que hay algo que estudiar, si da negativo no
descarta nada.
Una vez establecido el diagnóstico, y dado que un elevado porcentaje de pacientes presenta diseminación local
o a distancia en aquel momento, debe efectuarse la estadificación del tumor. Las exploraciones
complementarias para el diagnóstico de extensión incluyen la radiografía o TC torácico con el fin de descartar
metástasis pulmonares y la ultrasonografía o TC abdominal para investigar la existencia de metástasis
hepáticas.
En las neoplasias rectales, la ultrasonografía endoscópica y la RM rectal permiten conocer el grado de
infiltración de la pared intestinal y la existencia de adenopatías locales. En la identificación de metástasis
hepáticas de pequeño tamaño es útil la ultrasonografía intraoperatoria. Por último, en los pacientes con
metástasis potencialmente resecables puede ser útil la PET con el fin de descartar otros focos neoplásicos. La
determinación de los valores séricos del antígeno carcinoembrionario (CEA) tiene sensibilidad y especificidad
reducidas para el diagnóstico del CCR. Sin embargo, posee valor pronóstico en el momento del diagnóstico y
su monitorización es útil para el seguimiento de los pacientes tras la resección quirúrgica.
TRATAMIENTO: el tratamiento de elección del CCR es la intervención quirúrgica. La resección con finalidad
curativa debe incluir el segmento cólico afectado por la neoplasia, con ampliación de unos 4-5 cm de intestino
sano en cada uno de los extremos, y los ganglios linfáticos regionales. El tipo de tratamiento quirúrgico varía
según la localización tumoral y la presencia o ausencia de complicaciones asociadas (perforación, obstrucción).
PRONÓSTICO: la supervivencia global de los pacientes con CCR tras una resección quirúrgica radical es del
40% a los 5 años, aproximadamente, siendo el estadio tumoral el principal factor que condiciona su pronóstico.
Otros factores adicionales que se han descrito asociados a un peor pronóstico son: edad (diagnóstico antes de
los 40 años o después de los 70 años), presencia de complicaciones relacionadas con el tumor (perforación,
obstrucción) o enfermedades asociadas, estado general del paciente, tamaño del tumor, afección de órganos.