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1️⃣
VIERNES 8 DE MARZO DE 2024.
Viernes de la III Semana de Cuaresma feria // Misa de la feria, Prefacio de
Cuaresma.
1️ª Lectura: Os 1️4,2-1️0; Salmo: Sal 80; Evangelio: Mc 1️2,28b-34.
UN GESTO SENCILLO
Nuestra primera lectura es un oráculo de esperanza que parece ser un añadido
del último redactor del libro profético. En ella, hay un hilo conductor que tal
vez se nos escapa en español: es la palabra volver (en hebreo, swb) y los
términos relacionados con ella en el hebreo como apostasía (mswbh) y
volverse (sb). Quiere comunicar que la culpa del pueblo y el castigo impuesto
por Dios, que son el tema del capítulo anterior (1️3, 1️-1️5), no son
necesariamente el acto final. Al contrario, si el pueblo simplemente gira su
posición, volviéndose desde una postura de sus espaldas a Dios hacia una
postura frente a Él, evitará la catástrofe. Un gesto tan sencillo es también
posible para nosotros. No importa lo que hayamos hecho en el pasado, si nos
volvemos a Dios nuestras vidas florecerán como la azucena (1️4, 6).
San Juan de Dios, religioso conmemoración // Misa de la memoria: se dice
la oración colecta propia y el resto de la feria.
San Juan de Dios, religioso, nacido en Portugal, que después de una vida llena
de peligros en la milicia humana, prestó ayuda con constante caridad a los
necesitados y enfermos en un hospital fundado por él, y se asoció compañeros,
con los cuales constituyó después la Orden de Hospitalarios de San Juan de
Dios. En este día, en la ciudad de Granada, en España, pasó al eterno descanso.
LITURGIA DE LAS HORAS: de la feria.
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2⃣
PRIMERA LECTURA
Nunca llamaremos ya dios nuestro a las obras de nuestras manos.
Del libro del profeta Oseas: 1️4, 2-1️0
Esto dice el Señor Dios: “Israel, conviértete al Señor, Dios tuyo, pues tu maldad
te ha hecho sucumbir. Arrepiéntanse y acérquense al Señor para decirle:
Perdona todas nuestras maldades, acepta nuestro arrepentimiento sincero,
que solemnemente te prometemos. Ya no nos salvará Asiria, ya no confiaremos
en nuestro ejército, ni volveremos a llamar dios nuestro a las obras de nuestras
manos, pues sólo en ti encuentra piedad el huérfano. Yo perdonaré sus
infidelidades, dice el Señor; los amaré, aunque no lo merezcan, porque mi
cólera se ha apartado de ellos. Seré para Israel como rocío; mi pueblo florecerá
como el lirio, hundirá profundamente sus raíces, como el álamo, y sus renuevos
se propagarán; su esplendor será como el del olivo y tendrá la fragancia de los
cedros del Líbano. Volverán a vivir bajo mi sombra, cultivarán los trigales y las
viñas, que serán tan famosas como las del Líbano. Ya nada tendrá que ver Efraín
con los ídolos. Yo te he castigado, pero yo también te voy a restaurar, pues soy
como un ciprés, siempre verde, y gracias a mí, tú das frutos. Quien sea sabio,
que comprenda estas cosas y quien sea prudente, que las conozca. Los
mandamientos del Señor son rectos y los justos los cumplen; los pecadores, en
cambio, tropiezan en ellos y caen.”
COMENTARIO
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No se cierra el libro con el sombrío y poco alentador panorama del castigo y
rechazo divino. Hay esperanza de salvación si se reconocen de corazón las
culpas y los pecados y, sobre todo, si se reconoce quién es el único que puede
salvar (4). Sólo así, con un corazón dispuesto, Dios volverá a encargarse de
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cuidar amorosamente a Israel y a devolverle la vida perdida (5-8). Pero, eso sí,
Dios no debe volver a ser confundido con los ídolos de Betel y Dan (9).
3⃣
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 80, 6c-8a. 8bc-9. 1️0-1️1️ab. 1️4.1️7
R/. YO SOY TU DIOS, ESCÚCHAME.
Oyó Israel palabras nunca oídas: He quitado la carga de tus hombros y el
pesado canasto de tus manos. Clamaste en la aflicción y te libré. R/.
Te respondí, oculto entre los truenos, y te probé en Meribá, junto a la fuente.
Escucha, pueblo mío, mi advertencia, Israel, ¡si quisieras escucharme! R/.
No tendrás otro Dios, fuera de mí, ni adorarás a dioses extranjeros, porque yo
el Señor, soy el Dios tuyo, que te sacó de Egipto, tu destierro. R/.
¡Ojalá que mi pueblo me escuchara y cumpliera Israel mis mandamientos!
Comería de lo mejor de mi trigo y yo lo saciaría con miel silvestre. R/.
COMENTARIO
La palabra de Dios conserva su función acusadora para el pueblo de la Nueva
Alianza: la carta a los Hebreos nos urge a escucharla (Heb 3,1️2). Ahora adquiere
la acusación una urgencia nueva, cuanto más alta es la nueva redención; pero
también las invitaciones son más eficaces, porque al «corazón de piedra» ha
sucedido un «corazón de carne», y porque las bendiciones prometidas son más
íntimas y duraderas.
4⃣
EVANGELIO
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El Señor tu Dios es el único Dios: ámalo.
Del santo Evangelio según san Marcos: 1️2, 28-34
En aquel tiempo, uno de los escribas se acercó a Jesús y le preguntó: “¿Cuál es
el primero de todos los mandamientos?” Jesús le respondió: “El primero es:
Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor; amarás al Señor, tu
Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente y con todas tus
fuerzas. El segundo es éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay
ningún mandamiento mayor que éstos.” El escriba replicó: “Muy bien,
Maestro. Tienes razón, cuando dices que el Señor es único y que no hay otro
fuera de él, y amarlo con todo el corazón, con toda el alma, con todas las
fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los
holocaustos y sacrificios.” Jesús, viendo que había hablado muy sensatamente,
le dijo: “No estás lejos del Reino de Dios.” Y ya nadie se atrevió a hacerle más
preguntas.
COMENTARIO
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El fundamentalismo religioso de los fariseos y los letrados había multiplicado
los diez mandamientos en aproximadamente seiscientos treinta
mandamientos. Uno de los letrados, sinceramente confundido, pregunta a
Jesús por el mandamiento principal, Jesús, acudiendo a Dt 6,4s y Lv 1️9,1️8,
responde que no es uno sino dos: el amor a Dios y el amor al prójimo. Del amor
a Dios, antes que ritos y promesas, debe nacer siempre el amor y la solidaridad
por los hermanos (cfr. 1️ Jn 4,20)
5⃣
MEDITACIÓN
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RENUNCIA Y DESAPEGO.
«¡Oh Señor!, me sacarás de la red que me han tendido, porque tú eres mi
fortaleza» (Sal 31️, 5).
1️) «Israel, conviértete al Señor Dios tuyo, porque tropezaste con tu pecado»
(Os 1️4, 2). Con estas palabras de los antiguos profetas, la Iglesia, en el tiempo
cuaresmal, sigue invitando a sus hijos a la conversión. Invitación que interesa
a todos: a los pecadores endurecidos en el mal, a los tibios, a los indiferentes,
y aun a las personas dadas a la vida espiritual a fin de que realicen en sí mismas
una profunda purificación interior. Y como Israel, requerido por Oseas
prometía a Dios volver a la pureza de su culto, abandonando todos los ídolos
—«No volveremos a llamar dios a la obra de nuestras manos—, del mismo
modo el cristiano debe acoger la invitación de la Iglesia, proponiéndose un
desapego total de cualquier cosa que le impida entregarse a Dios. Siempre será
verdad que el hombre propende a crearse ídolos, más o menos grandes, los
cuales roban a su corazón y a su vida lo que debería ser entregado a Dios. El
primer ídolo lo crea en sí mismo, en la medida en que va buscando cuanto
apaga el egoísmo, el orgullo, la vanidad, la codicia o el deseo desordenado de
afecto. Simultáneamente, las pasiones le inducen con facilidad a apegarse a
personas o cosas, que se convierten para él en otros tantos ídolos. Así es cómo
el hombre queda dividido en sus afectos, en sus energías vitales, y por lo tanto
incapaz de entregarse totalmente a Dios. Si su vocación le compromete en una
vida de santidad y de unión con el Señor, tal situación le obstruye el paso, y en
lugar de ir adelante, se queda encallado. Cualquier apego voluntario, aunque
mínimo, es una atadura que retiene al hombre en su lanzamiento hacía Dios, y
le impide alcanzar la perfecta unión con él.
«Porque eso me da —dice san Juan de la Cruz— que una ave esté asida a un
hilo delgado que a uno grueso, porque, aunque sea delgado, tan asida se estará
a él como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el
delgado es más fácil de quebrar; pero, por fácil que es, si no le quiebra, no
volará» (1️ S 1️1️, 4). En este estado se hallan muchas almas que, aun deseando
entregarse a Dios, se dejan prender en la red de tantos pequeños apegos y
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costumbres defectuosas. Sólo una renuncia generosa puede quebrar estas
ataduras y dar a esas almas la plena libertad de espíritu.
2) «Creado por Dios en la justicia, el hombre, sin embargo, por instigación del
demonio, en el propio exordio de la historia, abusó de su libertad,
levantándose contra Dios y pretendiendo alcanzar su propio fin al margen de
Dios» (GS 1️3). Para reconquistar la santidad perdida y restablecer la comunión
con Dios es necesario un camino hacia atrás, camino de desapego y de
renuncia total. Es ésta una exigencia del bautismo; para que la gracia bautismal
conduzca realmente a una vida nueva en Cristo, hay que morir a todo lo que
puede suponer pecado y que, de cualquier modo, está en contraste con la
santidad de Cristo. Es también una exigencia del primer mandamiento, dado
por Dios en el Antiguo Testamento y reafirmado por Cristo en el Nuevo: «El
Señor nuestro Dios es el único Señor, y amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu ser» (Mc 1️2, 29-30).
Ese «todo», repetido con insistencia, significa que «nada» debe impedir o
disminuir el amor a Dios. Si el corazón está ocupado por afectos desordenados
hacia el propio yo o hacia las criaturas, no puede amar con todo el ser. El
precepto de la caridad reconoce como elemento recíproco la renuncia total a
todo afecto que no esté de acuerdo con el amor a Dios y no pueda ser
incorporado a tal amor. El hombre no tiene más de una voluntad, dice san Juan
de la Cruz, y ésa, «si se embaraza y emplea en algo, no queda libre, sola y pura,
como se requiere para la divina transformación» (1️ S 1️1️, 6). Cuando el hombre
se apega a las criaturas, se hace su esclavo, y en lugar de hallar en ellas una
ayuda para ir a Dios, halla un tropiezo, un estorbo. Por eso, el Santo insiste:
«Para venir a poseerlo todo [a Dios], no quieras poseer algo en nada... Cuando
reparas en algo, dejas de arrojarte al todo» (ibid 1️3, 1️1️. 1️2).
También el mandamiento del amor al prójimo -«Amarás a tu prójimo como a ti
mismo» (Mc 1️2, 31️)— impone análogas exigencias, y para ser observado con
plenitud, requiere la renuncia generosa del egoísmo. Renuncia y desapego no
son la santidad misma, pero son condiciones indispensables para alcanzarla,
precisamente porque hacen posible la plenitud del amor.
6⃣
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ORACIÓN
Señor, considerando nuestras miserias y la promesa de su curación,
respondemos inmediatamente: Henos aquí en tu presencia, porque tú eres el
Señor Dios nuestro... Hemos sido llamados, y hemos respondido: Henos aquí
en tu presencia. Y mostraremos con los hechos que, habiendo prometido ser
tuyos, no nos sometemos a ningún otro fuera de ti, y decimos: Porque tú,
Señor, eres nuestro Dios. En efecto, no reconocemos a ningún otro dios: no al
vientre, como los glotones, cuyo dios es el vientre. No al dinero, como los
avaros, porque la avaricia es idolatría. No divinizamos ninguna otra cosa ni la
adoramos como a Dios, según hacen muchos; tú, ¡oh Dios!, estás por encima
de todos, para todos, en todos, y estamos vinculados en la caridad que nos une
a ti. Sí, la caridad nos une a Dios. Repetimos: Henos aquí en tu presencia,
porque tú, Señor, eres nuestro Dios. (Orígenes, de Oraciones de los primeros
cristianos, 64).
7⃣
CONTEMPLACIÓN
Harto mal es, Señor, que os lleguéis Vos a un alma de esta suerte y se llegue
ella después a cosa de la tierra para atarse a ella... Cuando no nos damos a Vos
con la determinación que Vos os dais a nosotros, harto hacéis de dejarnos en
oración mental y visitarnos de cuando en cuando, como criados que están en
su viña; mas estotros son hijos regalados, no los querría quitar de cabe sí, ni
los quita, porque ya ellos no se quieren quitar; siéntalos a su mesa, dales de lo
que come hasta quitar el bocado de la boca para dárselo...
¡Oh bienaventurada dejación de cosas tan pocas y tan bajas, que llega a tan
gran estado! ¡Vos nos amáis, Señor! Amáis a quien os ama, y no con poco amor.
¿Por qué no os mostraremos nosotros, en cuanto podemos, el amor? ¡Es
hermoso trueque dar nuestro amor por el vuestro! Vos lo podéis todo, y acá
nosotros no podemos sino lo que Vos nos hacéis poder.
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Pues ¿qué es esto que hacemos por Vos, Señor, hacedor nuestro? Que es tanto
como nada, una determinacioncilla. Pues si lo que no es nada queréis que
merezcamos por ello el todo, no seamos desatinados. (Santa Teresa de Jesús.
C. 1️6, 8, 1️0).
8⃣
Que la libertad de Jesús respecto a las normas me ayude mejor a entender en
que consiste el amor.
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