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La monografía de Carlos Iván Villamizar Palacios explora el papel de los negociantes extranjeros en las luchas políticas de Colombia entre 1878 y 1894, enfocándose en la guerra civil de 1884 y sus efectos en los intereses comerciales de estos migrantes. A través de metodologías como la prosopografía, se analiza la vida asociativa de los extranjeros y su relación con las élites locales, revelando cómo estos actores influyeron en el contexto político y económico del país. El trabajo contribuye a la comprensión de la política colombiana del siglo XIX, destacando la interconexión entre negocios y política en un periodo de inestabilidad.
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La monografía de Carlos Iván Villamizar Palacios explora el papel de los negociantes extranjeros en las luchas políticas de Colombia entre 1878 y 1894, enfocándose en la guerra civil de 1884 y sus efectos en los intereses comerciales de estos migrantes. A través de metodologías como la prosopografía, se analiza la vida asociativa de los extranjeros y su relación con las élites locales, revelando cómo estos actores influyeron en el contexto político y económico del país. El trabajo contribuye a la comprensión de la política colombiana del siglo XIX, destacando la interconexión entre negocios y política en un periodo de inestabilidad.
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EXPROPIACIONES Y RECLAMACIONES: Negociantes extranjeros y política

durante el ascenso de “La Regeneración” en Colombia (1878-1894)

Carlos Iván Villamizar Palacios

Universidad Industrial de Santander

Facultad de Ciencias Humanas

Escuela de Historia

Bucaramanga

2020.
EXPROPIACIONES Y RECLAMACIONES: Negociantes extranjeros y política
durante el ascenso de “La Regeneración” en Colombia (1878-1894)

Carlos Iván Villamizar Palacios

Monografía para optar al título de magíster en Historia

Directora: Ana Milena Rhenals Doria.

Doctora en Historia de la Universidad Pablo de Olavide-Sevilla.

Universidad Industrial de Santander

Facultad de Ciencias Humanas

Escuela de Historia

Bucaramanga

2020.

2
AGRADECIMIENTOS

Debo agradecer, en primer lugar, a mis padres pues gracias a ellos he cosechado
un logro más en mi vida académica. En segundo lugar, a Doña Martha y Don Jorge,
auténticos segundos padres en la ciudad de Bogotá, durante todo el desarrollo de
esta investigación. En tercero a Francy y Eliseo, que ejercieron de correctores de
estilo y ayudaron a pulir esta monografía.

Y por supuesto, no puedo olvidar la valiosa mentoría de la profesora Milena Rhenals


Doria, del profesor Alvaro Acevedo (apoyo constante en toda mi vida académica) y
las enseñanzas de los profesores durante el pregrado y el posgrado, entre los
cuales merece un destacado lugar el profesor William Buendía Acevedo, un
auténtico educador y maestro, de esos que ya no abundan.

3
TABLA DE CONTENIDO.

INTRODUCCIÓN ................................................................................................... 10
1. EL FENÓMENO DE LA INMIGRACIÓN EN COLOMBIA: (1853-1894) .......... 40
1.1PRESENCIA EXTRANJERA EN COLOMBIA DURANTE LA SEGUNDA MITAD
DEL SIGLO XIX: ASPECTOS FUNDAMENTALES. .............................................. 45
1.2PRESENCIA ALEMANA EN BUCARAMANGA Y LA PROVINCIA DE SOTO.
............................................................................................................................... 52
1.3PRESENCIA EXTRANJERA EN OTROS LUGARES DEL TERRITORIO
NACIONAL............................................................................................................. 63
2. EL CLIMA DE NEGOCIOS PARA LOS EXTRANJEROS DURANTE LAS
GUERRAS CIVILES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX. ......................... 74
2.1 PANORAMA DESALENTADOR U OPORTUNIDAD: CONDICIONES
MATERIALES PARA LOS NEGOCIOS DE EXTRANJEROS. ............................... 78
2.2. EL “ESPÍRITU DE PARTIDO” COMO CONTEXTO DE LA INMIGRACIÓN. .. 88
2.3. LA GUERRA DE 1885 Y EL TRIUNFO DE LA REGENERACIÓN: NUEVAS
REGLAS DE JUEGO PARA LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS. ................. 105
3. LA VIDA ASOCIATIVA DE LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y SU
INSERCIÓN EN LAS SOCIEDADES LOCALES. ................................................ 117
3.1 NEGOCIANTES ALEMANES Y SUS VÍNCULOS CON LA SOCIEDAD
BUMANGUESA. .................................................................................................. 121
3.2 NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y SUS VÍNCULOS CON SOCIEDADES
LOCALES EN OTROS LUGARES DEL TERRITORIO NACIONAL. ................... 143
4. LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y LAS PRESUNTAS VIOLACIONES A
LA NEUTRALIDAD DURANTE LA GUERRA DE 1885: EXPROPIACIONES Y
RECLAMACIONES. ............................................................................................. 157
4.1 LORENT, KELLER Y CO, DEL COMERCIO DE BUCARAMANGA. ............. 161
4.2. CÉSAR LULLE, PHILIP HAKSPIEL Y MINLOS & BREUER, DEL COMERCIO
DE BUCARAMANGA. .......................................................................................... 170
4.3. ERNESTO CERRUTI Y CO, DEL COMERCIO DE CALI.............................. 182
4.4. GIUSEPPE VALLE BIGLIA, DEL COMERCIO DE CALI. ............................. 200
4.5 ¿“AMIGOS” DEL GOBIERNO NACIONAL? LOS CASOS DE MANUEL
CORTISSOZ Y JUAN B. MAINERO .................................................................... 204

4
5. CONCLUSIONES. ........................................................................................... 219
BIBLIOGRAFIA .................................................................................................... 224

5
LISTA DE CUADROS.

Cuadro 1. Aplicación práctica de los tres niveles de sociabilidad definidos por Loaiza
Cano. ..................................................................................................................... 32
Cuadro 2. Relación de alemanes avecindados en Bucaramanga, con su respectiva
compañía comercial…………………………………………………………………...…56

Cuadro 3. Descendencia de Miguel Valenzuela vinculada matrimonialmente a


inmigrantes alemanes .......................................................................................... 128

Cuadro 4. Enlaces entre alemanes y señoritas de Bucaramanga. ...................... 134

Cuadro 5. Relación de italianos incluidos en el Laudo Arbitral de la Corona española.


Basado en el documento original…………………………………………………….200

Cuadro 6. Las cartas requisadas a Giuseppe Valle Biglia: resumen de su


contenido.............................................................................................................. 208

6
LISTA DE ILUSTRACIONES.

Ilustración 1 : Geo von Lengerke. ................................................................................................ 52


Ilustración 2: Generaciones de alemanes. ................................................................................. 59
Ilustración 3 Moneda de Geo Von Lengerke. ............................................................................ 81
Ilustración 4:Descendientes de Ulpiano Valenzuela Mutis. ................................................... 128
Ilustración 5: Los hijos de Miguel Valenzuela. ......................................................................... 129
Ilustración 6:Descendientes de Pablo Antonio Valenzuela ................................................... 130
Ilustración 7:Descendientes de Jerónimo Benito Valenzuela. .............................................. 130
Ilustración 8: La familia del “Gran General” ............................................................................. 145
Ilustración 9:Edmundo de Holte Castello Brandon. ................................................................ 152
Ilustración 10: La familia Koppel-Kopp. .................................................................................... 153
Ilustración 11: Relaciones entre las familias Castello, Koppel y Kopp ................................ 154
Ilustración 12: Factura de la expropiación realizada por el jefe departamental de Soto,
Felipe Sorzano, a Lorent, Keller y Co, del comercio de Bucaramanga. .............................. 165
Ilustración 13:Recibo extendido por Domnino Castro al negociante Philip Hakspiel, por
expropiaciones.............................................................................................................................. 177
Ilustración 14:General Valentín Deaza ..................................................................................... 187
Ilustración 15:Ricardo Gaviria Cobaleda. ................................................................................. 193
Ilustración 16:Gilberto Cortissoz ................................................................................................ 205
Ilustración 17:La extraña letra expedida por el gobierno nacional a favor de Cortissoz. . 209
Ilustración 18: General Juan Manuel Dávila Pumarejo .......................................................... 210
Ilustración 19: Juan B. Mainero Trucco .................................................................................... 213
Ilustración 20: El cónsul italiano en Barranquilla, Juan Armella, certifica la nacionalidad
italiana de “Giovanni Batista Mainero." ..................................................................................... 218

7
RESUMEN

TÍTULO: EXPROPIACIONES Y RECLAMACIONES: NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y


POLÍTICA DURANTE EL ASCENSO DE “LA REGENERACIÓN” EN COLOMBIA (1878-
1894).

AUTOR: CARLOS IVÁN VILLAMIZAR PALACIOS.12

PALABRAS CLAVES: Expropiaciones, Reclamaciones, negociantes


extranjeros, élites locales, política.

DESCRIPCIÓN: Mínimo 200 palabras, máximo 300.

La monografía tiene por objeto indagar acerca del rol de los negociantes de origen
extranjero en las luchas políticas de la convulsa etapa final de los “Estados Unidos
de Colombia” y la emergencia del régimen Regenerador (1878-1894), con especial
énfasis en la guerra civil de 1884 y las afectaciones que generó en capitales
extranjeros desde el punto de vista político. Teniendo en cuenta que, si bien
disposiciones normativas prohibían la participación de extranjeros en política, es
ingenuo concebirlos como individuos desligados de su contexto. Ello obliga a
reconstruir la vida asociativa de los migrantes y su relación con las élites locales,
así como el vaivén de las luchas políticas para observar a tales negociantes
inmersos en el contexto de su época. Con el fin de realizar tales objetivos, se realizó
la identificación de los actores, la reconstrucción de su vida asociativa y contexto
político, haciendo uso de metodologías como la prosopografía y la interpretación
crítica de fuentes de la época. Estos procedimientos permitieron describir maneras
de asociarse o sociabilidades, vinculación de negociantes extranjeros a redes de
poder locales, el rol de tales migrantes en procesos de contratación estatal y
desarrollo de las fuerzas productivas propios del modelo capitalista que se quería
implementar, así como los intereses en pugna y en general aportar al conocimiento
de la política durante el siglo XIX colombiano.

1
Trabajo de Grado para optar por el grado de Magister en Historia.
2
Facultad de Ciencias Humanas. Escuela Historia. Directora: Ana Milena Rhenals Doria.

8
ABSTRACT

TITLE: EXPROPRIATIONS AND CLAIMS: FOREIGN BUSINESSES AND POLITICS


DURING THE RISE OF “LA REGENERACIÓN” IN COLOMBIA (1878-1894)

AUTHOR: CARLOS IVÁN VILLAMIZAR PALACIOS.34

KEY WORDS: Expropriations, Claims, foreign businessmen, local elites,


politics.

DESCRIPTION:

The monograph investigates the role of businessmen of foreign origin in the political
struggles of the convulsed final stage of the "Estados Unidos de Colombia" and the
emergence of “La Regeneración” (1878-1894), with a emphasis on the civil war of
1884 and his effects in the bussiness of alien people. For that, is necesary the
reconstruction of the associative life of migrants and their relationship with local
elites, and the political fight because that businessmen are immersed in this
context. So, for the objetives of this investigtion, the text makes an identification of
the actors in the historical process, the reconstruction of their associated life and
political context, using a lot of methodologies of the social sciences as the
prosopography and the critical interpretation of epocal sources These procedures
made it possible to describe ways of associating or sociability, the realtionship of the
foreing businessmen whit the local power networks, the role of such businessmen in
state contracting processes and development of the productive forces of the
capitalist model that was to be implemented. In general, the monography contribute
to the knowledge of politics during the Colombian nineteenth century.

3
Bachelor Thesis.
4
Facultad Ciencias Humanas. Escuela Historia. Directora Ana Milena Rhenals Doria.

9
INTRODUCCIÓN

Esta investigación surgió a partir de preguntas ingenuas. Y circunstancias fortuitas.


Mucho antes de vislumbrar la posibilidad de hacerlo un tema de investigación, el
autor del presente trabajo era consciente de la presencia cotidiana de los migrantes
alemanes en las calles y en los periódicos de su ciudad. Las páginas de sociales
presentaban a prestantes potentados locales cuyos apellidos traían un regusto del
extranjero: Ogliastri, Gavassa, Clausen, Hederich, Hakspiel, Goelkel. Y en las
calles: la casa de los Streithorst, la casa Wessels, pastas Gavassa, la inmobiliaria
Oglistri, entre toras. Pero no sería hasta el encuentro en Bogotá con unas carpetas
que pertenecían a una serie denominada “Reclamaciones”, que reposan en el
Archivo General de la Nación (AGN), cuando la inquietud en torno a aquellos
apellidos tomaría cuerpo, y se convertiría en una investigación histórica. No sólo era
una obviedad preguntarse por la presencia de tales extranjeros, sino que también
lo era preguntarse si su presencia trascendió en el tiempo. Los apellidos
incorporados a la prosapia de la élite y los vestigios de su residencia en “la Ciudad
de los Parques” ya contestan ambas preguntas. Sin embargo, faltaba contar el
cuento, como dice un respetado maestro. Y las presentes líneas intentan esclarecer
cómo estos migrantes se asentaron en Bucaramanga, y cómo terminaron
estableciendo familia e integrándose en la sociedad local.

De ahí surgieron varias preguntas, ya no tan ingenuas: ¿Para qué hicieron esto
último? ¿Fue solamente porque las santandereanas les parecieron muy bonitas?
¿Qué pasó en otros lugares del territorio nacional? Y hojeando las carpetas de las
“Reclamaciones”, el asunto se complejiza aún más. Pues allí se repetían varios de
los sonoros apellidos que había visto en tiempos anteriores. Esas carpetas
recopilaban informaciones sobre reclamos establecidos por extranjeros
damnificados en las guerras civiles que asolaron a Colombia durante el siglo XIX. Y
más allá del hecho en sí de la reclamación, las carpetas hacían un minucioso
recuento de la vida económica y social del extranjero en cuestión, en un esfuerzo

10
por establecer no sólo su capital, sino de quiénes se rodeaba. Debido a que si sus
cercanos eran rebeldes… pues ya se intuye en qué irá a parar el asunto.

Así, las preguntas ingenuas dejaron de serlo. Y la investigación entró en materia.


Una consulta bibliográfica permitió establecer que los estudios sobre tales
extranjeros hacían énfasis en la presencia de tales sujetos en el territorio nacional,
y algunos exploraban su condición de negociantes, pero sin explorar un aspecto
que podría ser fundamental: la relación de esos extranjeros con personalidades
locales, ligadas al mundo de la política. Saltaba a la vista que la consolidación de
capitales ha sido tradicionalmente atribuida a la innovación empresarial, pero no se
ha indagado acerca del rol de los vínculos políticos en dicha consolidación.
Tampoco (salvo quizás el caso del empresario de origen italiano Ernesto Cerruti) se
había tratado el impacto de las guerras civiles en los negocios del empresariado
extranjero, ni mucho menos se ha buscado relacionar tal impacto con los posibles
vínculos políticos de tales negociantes. Por ello, se identificó un posible vacío
historiográfico, en el sentido que en trabajos como los compilados por Carlos Dávila
Ladrón de Guevara y el grupo de Adolfo Meisel no se han abordado la problemática
del rol de la política en la trayectoria de los negociantes y la acumulación de
capitales, además de la conformación de redes y circuitos comerciales.

Contextualmente, la investigación se ubicó en la hoy república de Colombia, la cual


durante los años de 1863-1886 se denominó “Estados Unidos de Colombia”.
Durante ese lapso, existieron nueve entidades federales, denominadas “Estados
Soberanos”, las cuales se extinguieron tras la firma de la constitución de 1886. Se
trata de un territorio pobremente integrado, caracterizado por la pugna de diversas
facciones políticas, acaudilladas por rutilantes líderes militares y apóstoles de la
opinión, quienes a través de las armas y los periódicos disputaban el poder en los
Estados Soberanos y en la Unión. Esta delimitación no fue azarosa, porque la
bibliografía permitió establecer que, durante esta época, y a partir de la implantación
del librecambio, arribó a Colombia un número relativamente importante de
migrantes extranjeros.

11
La Experiencia Federal colombiana duró poco más de 20 años. Existieron desde
luego antecedentes. La federalización es un proceso que data por lo menos de
1855, cuando surgió el primer estado: Panamá. De hecho, fue la constitución de
1853 la que abrió la puerta a ello, al invocar vagamente “el restablecimiento de la
Unión colombiana bajo una federación de 15 o más estados”. Pero sería la
constitución de 1863 la que impondría la federalización absoluta. La ausencia de
vías de comunicación funcionales (a excepción de Panamá, que tenía su ferrocarril
desde 1855) dificultaba no sólo las comunicaciones entre estados sino inclusive
entre diversos distritos de un mismo estado. La imposibilidad de los gobiernos para
ejecutar las obras de infraestructura necesarias para el progreso material les llevó
a solicitar el concurso de nacionales y extranjeros, quienes ejecutarían tales obras
a cambio de diversas ventajas. Las concesiones y el crédito fueron los dos pilares
del estado durante el periodo federal, cuyos magros ingresos eran suplidos con los
préstamos solicitados a la banca nacional e internacional.

A partir de 1877, los Estados Unidos de Colombia entraron en crisis debido a la


caída de los precios de las exportaciones y al ascenso de un nuevo proyecto
político: la Regeneración. Las presidencias de Julián Trujillo y Rafael Núñez dan
inicio al proceso de descomposición del régimen federal, como lo denotaron
historiadores y políticos de la época como Holguín5, Baraya6, Quijano Wallis7 y el
propio Rafael Núñez8. Este contexto es trabajado por Helen Delpar, en su libro
“Rojos Contra Azules9”. La transformación está mediada por las guerras civiles de
1877 y 1885, y los intentos de las diversas facciones en pugna por imponerse.

En un contexto tan precario, Colombia vivía su pleno ingreso a la economía mundial


del siglo XIX, o sistema-mundo. A partir de la apertura económica experimentada

5 HOLGUÍN, Carlos. La traición del Doctor Núñez. Guayaquil: Imprenta Comercial, 1893. P.
6 BARAYA, José María. Biografía del General Julián Trujillo. Bogotá: Imprenta de J. M. Lleras, 1876.
7 QUIJANO WALLIS, José María. Memorias autobiográficas, histórico – políticas y de carácter social.

Grottaferrata: Tipografía italo-orientale, 1919. P. 561.


8 NUÑEZ, Rafael. La reforma política en Colombia. Bogotá, Biblioteca Popular, 1950. P.
9 DELPAR, Helen. Rojos contra Azules. El Partido liberal en la política colombiana. Bogotá:

Procultura, 1994. P. 550.

12
con la implantación del librecambio, Colombia se trasformó en un potencial
exportador de materias primas para la economía mundial. Y a la vez se convirtió en
un destino plausible para los inmigrantes extranjeros, que valoraban el potencial
económico del país, a pesar de sus dificultades. Por ello, el arribo de extranjeros a
Colombia puede verse desde la óptica de los procesos de integración en la
economía mundial. Y el arraigo de los migrantes en las sociedades locales como
una estrategia para abrir mercados y facilitar los procesos de intercambio.

Analizar las migraciones desde la perspectiva del sistema mundo no es una


iniciativa novedosa, pues para el caso colombiano, Julián Lázaro, en su trabajo
titulado “Extranjeros en el Caribe colombiano: el caso de los alemanes en
Barranquilla, 1919-1945. Migración, dinámicas de grupo y política internacional10”
postuló la posibilidad de enmarcar un fenómeno concreto como lo es el arribo de
ciudadanos alemanes a Barranquilla dentro de un contexto global, mucho más
amplio, que incluye fenómenos como los conflictos a escala mundial, cambios en la
economía, etc. Esta posibilidad analítica es bastante similar a lo que se propone
Giovanni Levi cuando postula que la intención del método microhistórico no es otra
que el análisis de las “cosas pequeñas” a la luz de preguntas y problemas
generales11. Recientemente, autores como Sebastien Conrad han resaltado la
pertinencia de “situar dentro de los contextos más amplios, y potencialmente
globales, fenómenos y asuntos históricos concretos12”, compartiendo el interés por
la relación entre la particularidad y la generalidad, pero desde una orilla
completamente opuesta a la de Levi, que procede de manera “microhistórica”. Y
como Levi, este trabajo busca partir de algo que puede parecer sumamente
insignificante: un puñado de hombres, que no sobrepasarán el centenar. Pero cuyas
vidas iluminarán el conocimiento histórico de una localidad (Bucaramanga, Cali,
Cartagena), de una región (la integrada por la provincia de Soto) de un país

10
LÁZARO, Julián. Extranjeros en el caribe colombiano: el caso de los alemanes en Barranquilla,
1919-1945. Migración, dinámicas de grupo y política internacional. Tesis para optar al título de Doctor
en Historia. Sevilla: Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, 2016. 576 p.
11
LEVI, Giovanni. Microhistorias. Bogotá: Universidad de los Andes, 2019. Pág. XVII (Prólogo)
12 CONRAD, Sebastian. Historia global. Barcelona: Crítica-Planeta, 2017. P. 59.

13
(Colombia). Y acaso también sus “microhistóricas” observaciones serán fructíferas
para aquel que pretenda observar dinámicas latinoamericanas y globales, relativas
al objeto de estudio y periodo.

Por ello, la investigación privilegió el estudio de casos concretos. Puede decirse que
pone el microscopio sobre los alemanes asentados en Bucaramanga
principalmente, durante los instantes de su llegada, su consolidación como actores
sociales y hombres de fortuna y sus vicisitudes durante el cambio de régimen
político, evidenciadas a partir de los procesos de reclamación. Sin embargo, fueron
investigados casos de otras localidades de la geografía nacional. Cerruti, por
ejemplo, es ineludible, y los estudios sobre su caso son de los pocos existentes
sobre un negociante extranjero y su relación con la élite social y política. Mainero
Trucco fue otra de las figuras que definitivamente no podían quedar al margen. Y
también durante el desarrollo de la investigación fueron emergiendo más casos,

La investigación pretendió acotar la vida asociativa de los negociantes extranjeros,


para determinar con cuáles actores políticos traban relación y si dichos actores
favorecieron, en cierta medida, los intereses de tales negociantes desde los
espacios de poder. Esto se realizó, por una parte, compilando información sobre las
localidades donde se avecindaron los inmigrantes, porque durante la investigación
se vislumbró la importancia del vínculo del matrimonio y del compadrazgo, inclusive
en aquellos inmigrantes de origen protestante. También cierta información relativa
a contratos, empréstitos y negocios concluidos con el gobierno nacional o los
gobiernos estatales, y sus agentes. Ello para evidenciar el rol de los negociantes
extranjeros como contratistas públicos. Pero sin duda, las informaciones más útiles
provinieron de las “Reclamaciones” pues en los expedientes se encontraban
copiadas escrituras públicas, pruebas testimoniales, certificados y recibos que
informaban de las actividades de los negociantes, y de sus tratos con la élite local.

14
De esa manera, el problema central de la investigación fue describir la vida
asociativa de los negociantes de origen extranjero, haciendo especial énfasis en las
estrategias utilizadas para forjar vínculos con las élites locales. Otro interrogante,
íntimamente relacionado con el anterior, se preguntaba si a partir de sus relaciones
a los negociantes se les achacaban simpatías con alguno de los grupos políticos en
pugna, y debido a ello habían sufrido expropiaciones en las guerras civiles. Es decir,
dilucidar si detrás de tales expropiaciones se escondían motivaciones políticas.
Estas preguntas tuvieron como telón de fondo el complejo contexto político
colombiano, que para esta investigación incidió de manera directa en las actividades
de los negociantes de origen extranjero. Tales negociantes se vieron abocados a
implementar estrategias para sobrellevar este contexto, y muy posiblemente para
sacarle provecho. La caracterización de las diversas facciones en pugna y las
circunstancias de la confrontación política y militar permitirán establecer los diversos
grupos que se consolidaron y será pertinente para ubicar a los negociantes de
origen extranjero como relacionados a actores de determinado grupo. Por lo tanto,
la investigación se compone de cuatro momentos:

- En un primer momento, elabora una visión comprensiva de la presencia de


inmigrantes extranjeros en Colombia, haciendo particular énfasis en el caso
de los inmigrantes alemanes establecidos en Bucaramanga.
- En un segundo momento, reconstruye el contexto político y social de la
Colombia que encuentran los inmigrantes, haciendo especial énfasis en la
política partidista y las guerras civiles.
- En un tercer momento, reconstruye la vida asociativa de los migrantes de
origen extranjero y las prácticas utilizadas para vincularse, así como su rol
en la sociedad local.
- Finalmente, ahonda en las circunstancias de las expropiaciones a
negociantes extranjeros durante la guerra de 1885, así como en sus
respectivas reclamaciones, para saber si sus vínculos asociativos son un
factor relevante en estos procesos.

15
Los dos primeros momentos (materializados en capítulos) tienen una vocación
contextual, pues ubican a los inmigrantes en el país y vislumbran el contexto político
que encontraron esos inmigrantes, el cual incide en sus negocios. El momento tres
se explaya en la vida asociativa, con la particularidad de que muchos de los actores
políticos enunciados en el segundo momento aparecen allí nuevamente,
conformando vínculos familiares y de amistad con los inmigrantes extranjeros. Y el
cuarto y último momento de la investigación, dedicado al análisis de las
expropiaciones y reclamaciones, permite revalidar la hipótesis de las alianzas entre
negociantes e integrantes de las élites locales, dando un cierre muy conveniente a
la investigación.

Revisión historiográfica.

Al revisar las publicaciones sobre negociantes e historia empresarial de los últimos


años, es posible señalar que algunas de ellas se centran en la reconstrucción de la
trayectoria de un sujeto específico, quizás algo desconectado de un contexto, no
sólo empresarial sino político. El mejor ejemplo que ilustra tal situación es el texto
compilado por Carlos Dávila Ladrón de Guevara, titulado Empresas y empresarios
en la Historia de Colombia13, en su acápite Historias de Negociantes. El objetivo del
texto es abordar la trayectoria de varios negociantes y sociedades comerciales. En
el caso del empresario caucano Lisandro Caicedo, se busca analizar las estrategias
de tal individuo para la acumulación de capitales, atribuyéndolas a la innovación
empresarial y a las efectivas asociaciones comerciales, las cuales determinaban el

13DAVILA LADRÓN DE GUEVARA, Carlos (editor). Empresas y empresarios en la historia de


Colombia. Siglos XIX-XX. Una colección de estudios recientes. Bogotá: Norma-CEPAL- Uniandes,
2003, 2 vols. P. 1348. Este trabajo, clásico de la historia empresarial, se enfoca en estudios de caso
de empresarios, empresas y sectores gremiales, valorando sus particularidades y su éxito o fracaso.
En suma, la mayoría de los ensayos están enmarcados en estudiar las innovaciones industriales y
empresariales, la conformación de los negocios y aspectos de la práctica empresarial.

16
éxito o fracaso de sus empresas14. En el caso de Carlos E. Restrepo15, el objetivo
manifiesto del investigador es abordar únicamente sus actividades empresariales,
pese a que Restrepo fue un connotado líder cívico y político, presidente de Colombia
para el Periodo 1910-1914. Sobre ello, el investigador describe cómo Restrepo
buscó marginarse de sus negocios, a fin de ocupar la posición de primer mandatario,
señalando lo difícil que fue para él retornar nuevamente a su práctica empresarial.
Caso similar ocurre con algunos de los “Cuadernos de historia económica y
empresarial”, editados por el Banco de la República. En el caso del ensayo dedicado
al comerciante de origen alemán Adolfo Held 16, este cumple lo que promete: una
visión acerca de Held y sus actividades empresariales, pues si bien existe un breve
bosquejo de las conexiones de Held con Wessels, y las actividades políticas del
primero (se le menciona apoyando una facción radical en contra de la rutilante figura
política del momento, Rafael Nuñez, en 1875), este tema no vuelve a ser abordado
en el resto de la investigación. El estudio de Villoria de la Hoz sobre el Clan Mier17,
centrado en Joaquín de Mier y su hijo Manuel, tampoco se aleja de esta perspectiva,
pues hace un contexto (a grandes rasgos) sobre la situación política de Santa Marta
para luego centrarse exclusivamente en los negocios, y el éxito o fracaso de los
Mier en sus empresas.
La omisión intencional respecto al abordaje de las posibles relaciones políticas
insertas en los negocios de los negociantes subrayados es motivo de crítica, pues
si bien centrarse en ciertos aspectos de la trayectoria de un individuo es una opción
metodológica legítima y en ocasiones necesaria, ello no quiere decir que no sea
pertinente plantear otro tipo de estudios que sí aborden tales relaciones, e incluso
las conviertan en uno de sus principales objetivos. Es posible postular la existencia

14 LONDOÑO MOTTA, Jaime. Lisandro Caicedo, un empresario territorial caucano. En: DAVILA
LADRÓN DE GUEVARA, Carlos. Óp. Cit., pp. 430-433.
15 GARCÍA ESTRADA, Rodrigo de Jesús. Carlos E. Restrepo, el empresario. En: DAVILA LADRÓN

DE GUEVARA, Carlos. Óp. Cit., pp. 460-465.


16 MEISEL, Adolfo y VILLORIA, Joaquín. Los alemanes en el Caribe colombiano. El caso de Adolfo

Held (1880- 1927). Cuadernos de Historia Económica. 1999, nro. 1, 22 p.


17 VILLORIA, Joaquín. EMPRESARIOS DE SANTA MARTA: El caso de Joaquín y Manuel Julián de

Mier, 1800-1896. Cuadernos de Historia Económica. 2000, nro. 7, 34 p.

17
de una tendencia historiográfica centrada en reconstruir las trayectorias
empresariales de sujetos específicos, evitado abordar sus conexiones con el mundo
de la política y otros escenarios que probablemente no hacen parte de la actividad
empresarial propiamente dicha.

Quizás sea el trabajo de Rodrigo de Jesús García Estrada el que mayormente ha


contribuido a la estructuración de dicha perspectiva metodológica. Dos grandes
trabajos, uno titulado “Los Extranjeros en Colombia. 1810-192018”, y el otro titulado
“Extranjeros, ciudadanía y membresía política a finales de la Colonia y la
Independencia en la Nueva Granada, 1750-183019”, constituyen el grueso de sus
aportes ya no al estudio de la actividad empresarial, sino la actividad de los
extranjeros en las empresas, o emprendimientos.
Si bien el primero de los estudios no declara pertenecer a la perspectiva
historiográfica de la historia empresarial, dedica gran parte de sus líneas a medir la
participación de los negociantes de origen extranjero en la economía de las
regiones, buscando quizás de esta manera caracterizar su impacto en el país a
través de tales aportaciones regionales. El fin último del estudio parece ser definir
el papel de los extranjeros en el desarrollo de la “nación” colombiana. No obstante,
el estudio, si bien ofrece una especie de contexto “estatal” (puesto que establece
las diferentes políticas implementadas por los gobiernos de turno, especialmente
las “Reformas de medio Siglo” y la “Regeneración”), no ahonda en conexiones entre
negociantes y las élites nacionales, en las relaciones entre el poderío económico
del capital extranjero y el poder político encarnado por los dirigentes de los
proyectos nacionales a los cuales se refiere el autor. Si bien esta omisión es
deliberada (se trata, como ya se expuso, de una opción metodológica e
historiográfica), queda la sensación de la necesidad de estudios que no sólo hagan

18 GARCÍA ESTRADA, Rodrigo de Jesús. Los Extranjeros en Colombia. 1810-1920. Bogotá: Planeta,
2006. P. 240.
19 GARCÍA ESTRADA, Rodrigo de Jesús. Extranjeros, ciudadanía y membresía política a finales de

la Colonia y la Independencia en la Nueva Granada, 1750-1830. Bogotá: Universidad del Rosario-


Universidad Andina Simón Bolívar, 2016. P. 264.

18
énfasis en la “presencia” de los extranjeros, sino en las interacciones de estos con
los poderes locales, para entender su rol en la construcción de Nación no sólo desde
el “desarrollo” económico, sino avanzar también en la comprensión de los
extranjeros como fenómeno político y social.

En el caso del segundo de los trabajos a considerar, resulta bastante interesante


descubrir que se trata de un estudio que busca ponderar la participación de los
extranjeros en una empresa política: La Independencia. Así, el autor busca analizar
en qué circunstancias se sumaron dichos extranjeros al proyecto, su posterior
inserción en la ciudadanía local (hasta el punto de obtener la naturalización) y la
participación de dichos extranjeros (ya arraigados y naturalizados) en la convulsa
política de la post-independencia. No obstante, tal participación no se analiza
únicamente desde la perspectiva de la política, pues también se trabaja el rol de los
extranjeros en los proyectos colonizadores y las empresas mineras, pese a los
anatemas de la Iglesia, que veía con malos ojos la masiva llegada de inmigrantes
de fe protestante, o cualquiera que fuera diferente de la católica. Sin embargo, el
estudio también se aleja de la posibilidad de establecer conexiones políticas, pues
el autor está más interesado en bosquejar un contexto político, en el marco del cual
menciona y destaca la inserción de extranjeros en dicho contexto. Se ocupa de
reseñar la ocupación de cargos públicos (militares, sobre todo) por parte de los
extranjeros. Nuevamente, la temática dominante es la “presencia del extranjero” y
su inserción en la sociedad local, mas no se abordan las conexiones de dichos
extranjeros con los actores locales.

Algo distante de la perspectiva enunciada más arriba se encuentran los estudios de


Jorge Alberto Restrepo Restrepo y Manuel Rodríguez Becerra, pues en su marco
de análisis conectan acontecimientos políticos con las actividades comerciales,
sugiriendo una relación entre la política y los intereses empresariales. Así, en su
estudio “La actividad comercial y el grupo de comerciantes de Cartagena a fines del

19
siglo XIX”20, los autores se ocupan de establecer la actuación de Rafael Núñez,
desde la presidencia del Estado Soberano de Bolívar, en pos de la apertura del
Canal del Dique, como uno de los derroteros fundamentales de su administración,
haciendo gestiones incluso ante el gobierno federal. Los autores señalan la
intervención de los individuos del comercio de la ciudad, tanto en la fase de
planificación (consejo consultivo, en el cual figuraban los negociantes de origen
extranjero Pedro Maciá y Tomas Stevenson) como en la fase de ejecución y
contratación, pues el estado licitó la operación del canal. A su vez, los autores no
dudan en subrayar el papel determinante de Núñez como favorecedor y
patrocinador de la empresa del Canal, pues afirman:

Es posible que el Canal Dique hubiera corrido con la misma suerte de antes y al poco
tiempo de realizados los trabajos de mejoramiento éstos se hubieran perdido por falta
de mantenimiento. Pero esto no ocurrió gracias a que por aquel entonces ocupaba la
Presidencia de la República el cartagenero Rafael Núñez. Para asegurar la navegación
por el Dique y su control por parte de Cartagena, Núñez decreta por ley de 1887 que el
Canal es «vía nacional», quedando, por lo tanto, el gobierno central responsable de su
administración, cargos y derechos (El Porvenir, 499, 1887).8 Un poco más tarde, el
mismo Núñez comisiona al gobernador de Bolívar para que se haga cargo de todas
estas atribuciones (El Porvenir, 507, 1887). De esta manera los fondos para
mantenimiento del Dique quedaban garantizados y su administración en favor de los
intereses comerciales de Cartagena firmemente asegurados por el control local de los
mismos.21

De esta manera, los autores perfilan una tendencia historiográfica centrada en la


construcción de un contexto político y económico que acompaña las reflexiones en
torno a la trayectoria empresarial, y más que una historia de vida en sí les interesa
establecer un grupo regional cuyos intereses están inevitablemente conectados. Y
tales conexiones no sólo provienen del mundo empresarial, sino también, del mundo
de la política. Uno de los textos más representativos de dicha perspectiva sin lugar
a duda sería el de Alonso Valencia Llano, titulado “Empresarios y políticos en el

20 RESTREPO Restrepo, Jorge y RODRIGUEZ, Manuel. La actividad comercial y el grupo de


comerciantes de Cartagena a fines del siglo XIX. Economía & Región. 2013, Vol. 7, nro. 1, pp. 169-
229.
21 Ibid., p. 182.

20
Estado Soberano del Cauca”22. Allí, se documenta la relación existente entre
Ernesto Cerruti, comerciante de origen italiano, y actores políticos como Tomás
Cipriano de Mosquera (Cerruti incluso se casó con una de sus nietas), Ezequiel
Hurtado, Lope Landaeta, y otros individuos que son socios de sus firmas
comerciales. El ascenso de Cerruti y el crecimiento de sus capitales coincide, según
Valencia Llano, con el triunfo de sus “amigos” en la arena política: el ocaso de estos
últimos, en la guerra civil de 1885 coincide con la ruina del comerciante y el particular
castigo aplicado por el nuevo régimen: la expropiación de varios de sus bienes, al
parecer por su sospechosa simpatía y militancia en el bando rebelde. Si bien en
algunos textos se observa un interés por la inserción del extranjero en la sociedad
local, no son trabajos que se centren en este tópico, y solo lo tratan como un interés
superficial. El libro de Valencia es uno de los trabajos que más se acerca a la vida
asociativa de los negociantes, pero la generalidad siempre ha sido suponer al
negociante como un ser aséptico, que solo ingresa capitales al país y que
permanece distanciado de la sociedad. Cuando se estudian las sociabilidades y
redes políticas de negociantes casi siempre se hace con nacionales y no con
extranjeros, como si estos últimos no tuvieran una vida asociativa.

En esa perspectiva, por ejemplo, el trabajo de Elber Berdugo titulado “José María
Sierra: las rentas públicas estatales y la concentración patrimonial de la riqueza en
Colombia (1877-1909)”23 no indaga en torno a negociantes de origen extranjero,
pero describe el ascenso del ya mítico “campesino millonario”: “Pepe” Sierra. No
sólo analiza sus acciones individuales en pos de consolidar su fortuna, sino que
alude a sus conexiones políticas, que presenta como un factor clave para la
diversificación de sus intereses y a la larga, el crecimiento de sus capitales y la
expansión de sus negocios. Para ello, el autor se ocupa, por una parte, de analizar
la expansión de los negocios de Sierra a otros territorios fuera de Antioquia, como

22 VALENCIA LLANO, Alonso. Empresarios y políticos en el Estado Soberano del Cauca. Cali:
Universidad del Valle, 1993. P. 327.
23BERDUGO, Elber. José María Sierra: las rentas públicas estatales y la concentración patrimonial

de la riqueza en Colombia (1877-1909). Tiempo & Economía. 2017, 4 (1), pp. 27-54.

21
Santander y la Costa Atlántica, lo que logró construyendo sociedades comerciales
con la élite social y empresarial de cada uno de los sitios donde incursionaba. Estas
relaciones personales fueron fructíferas a Sierra porque le permitieron intervenir en
el remate de rentas estatales en diversos puntos de la geografía nacional. Destaca
también la relación de Sierra con poderosas figuras del proyecto Regenerador
emergente, como Manuel Casabianca, Rafael Reyes (uno de sus hijos se casó con
una hija de “Don Pepe”), Fabio Lozano y otros más. La relación con Casabianca fue
bastante fructífera, pues a través del general, a la sazón gobernador del Tolima,
accedió a lucrativos negocios como la renta de licores y la de degüello. En suma,
este artículo desarrolla la amalgama entre empresarios y política, mostrando cómo
las conexiones de Sierra facilitaron sus diversos negocios.
La historiografía nacional también ha producido textos que se ocupan del conjunto
general de los extranjeros frente a diversas políticas del gobierno nacional, infiriendo
la existencia de una vida asociativa de tales extranjeros, pero sin profundizar en
ello. Frank Safford, en su texto ya clásico, titulado “Empresarios nacionales y
extranjeros en Colombia durante el siglo XIX”24, alude también a tales conexiones,
pues subraya los vínculos del Comodoro Juan B. Elbers, empresario naviero
alemán, con Francisco de Paula Santander, permitiendo entrever que quizás tales
vínculos guardan alguna relación con los sucesivos privilegios de navegación a
vapor por el Magdalena otorgados al negociante alemán, a pesar de sus constantes
fracasos en dicha empresa. Safford a su vez se ocupa de realizar un balance sobre
los diferentes vaivenes políticos, especialmente los de las primeras tres décadas de
vida independiente (1820-1850), y sus afectaciones en el empresariado, pues con
frecuencia se alternaban gobiernos favorables a las actividades económicas de los
extranjeros con otros más reacios a ellas.
Quizás se relacione con ello lo que afirma Roger Pita sobre la inmigración
extranjera, pues señala una gran variación en las políticas del Gobierno a la hora
de recibir a los extranjeros, siendo común su percepción como una amenaza, rasgo

24SAFFORD, Frank. Empresarios nacionales y extranjeros en Colombia durante el siglo XIX. Anuario
colombiano de historia social y de la cultura. 1969, nro. 4, p. 87-111.

22
posiblemente heredado de la dominación hispánica25. Señala que la Regeneración
y la hegemonía Conservadora son particularmente fértiles en cuanto a las
restricciones migratorias. Se veía al extranjero como un sospechoso, ya fuera por
temas religiosos (caso de los que profesaban la fe protestante u otra diferente a la
católica) o por considerarse como potenciales violadores de la neutralidad,
susceptibles de participar en política. Estos dos periodos del acontecer nacional
fueron, según Pita, abundantes en expulsiones y expropiaciones,26 debido a la
susceptibilidad del gobierno, que relacionaba a los extranjeros con los desórdenes
de las guerras civiles del siglo XIX.

De igual manera, el trabajo titulado “El ferrocarril de Antioquia: negociantes


extranjeros y participación local” de Juan Santiago Correa,27 realiza un recuento de
los pormenores y desarrollo de dicha obra, centrado en la persona del empresario
cubano-estadounidense Francisco Javier Cisneros, el cual arriba a Colombia desde
Lima en 1874 para realizar la obra del ferrocarril de Antioquia, convocado por el
antioqueño Juan María Uribe, cónsul de Colombia en Lima en aquella época. Las
conexiones que establece Cisneros con el gobierno local y el gobierno nacional le
permiten renegociar varias veces el contrato, pese a sus sucesivos incumplimientos,
e incluso su concurso es convocado para la construcción de varias vías férreas en
los otros estados soberanos. No obstante, a raíz de la guerra de 1885 el Gobierno
cancela el contrato de Cisneros, lo cual invita a preguntarse acerca de las razones
que se alegaron para dicha cancelación, que es algo que el artículo no logra decir.
Con todo, queda establecida la relación de Cisneros con los políticos de la época,
pues ni el gobierno del Estado Soberano de Antioquia ni el Gobierno Nacional
hicieron uso de las cláusulas que les permitían revocarle el contrato hasta 1885.

25 PITA, Roger. La expulsión de extranjeros “perniciosos” en Colombia durante los últimos años de
la Hegemonía Conservadora. HistoReLo. 2017, vol. 9, nro.17, pp. 157.
26 Ibid. Pp. 157.
27 CORREA, Juan Santiago. El ferrocarril de Antioquia: empresarios extranjeros y participación local.

Estudios Gerenciales. 2012, vol. 28, nro. 123, pp. 149-166.

23
El trabajo de Sergio Paolo Solano y Jorge Conde, titulado “Élite empresarial y
desarrollo industrial en Barranquilla, 1875-1930”28, ofrece luces sobre la
participación de sectores del floreciente empresariado barranquillero en la Guerra
de los Supremos, desde una respuesta regional que tenía entre sus objetivos
reclamar al gobierno central la apertura del puerto de Sabanilla al comercio
exterior29. También señala las presiones políticas de la élite cartagenera para que
el gobierno, en vez de concentrarse en la habilitación de un puerto en el sector de
Barranquilla, se centrara en la recuperación del canal del Dique, frustrando de esta
manera los intereses de los negociantes barranquilleros.30 Además, hace hincapié
en el efecto de las medidas proteccionistas, adoptadas por algunos gobiernos
federales, en el empresariado de Barranquilla, pues tales medidas aplicaban no sólo
para los extranjeros, sino para los negocios de otros estados soberanos,
perjudicando las redes comerciales forjadas por los comerciantes de Barranquilla.

En un contexto más amplio, el libro de Rory Miller titulado “Empresas británicas.


Economía y política en el Perú 1850-1934”31 contiene elementos relevantes para
esta investigación. Miller se propuso estudiar los negocios de las casas comerciales
británicas en Perú (especialmente la casa Grace, la más grande de ellas y que
incluso cuenta con un archivo organizado) pero tomando en cuenta también la
relación de los políticos peruanos con los intereses británicos. Una de las
impresiones que guio el trabajo de Miller tiene que ver con:
[…] la idea de que los conflictos entre políticos peruanos acerca de la mejor manera de
enfrentarse con los problemas económicos, sobre todo los que tocaban a los
inversionistas extranjeros, llegaron a ser muy fuertes y amargos. Sí, había una especie
de “élite colaboradora” del tipo que había propuesto Robinson (y un poco más tarde
algunos dependentistas como André Gunder Frank), pero también era posible encontrar
una fuerte corriente nacionalista opuesta a la cesión de intereses nacionales frente a
las demandas y las amenazas de hombres de negocios extranjeros .32

28 SOLANO Sergio, CONDE Jorge. Elite empresarial y desarrollo industrial en Barranquilla, 1875-
[Link]: Uniatlántico,1993. P. 172.
29 Ibid., p. 12.
30 Ibid., p. 14
31 MILLER, Rory. Empresas británicas. Economía y política en el Perú 1850-1934. Lima: Banco

Central de la Reserva del Perú-Instituto de Estudios Peruanos, 2011. P. 489.


32 Ibid., p. 15.

24
De manera que uno de sus intereses manifiestos es estudiar los vínculos entre
políticos y negociantes extranjeros, si bien esa participación política estará mediada
por las tomas de posición frente a la conveniencia de las diversas inversiones
extranjeras, y al parecer no dirá mucho sobre la inserción de los negociantes
extranjeros en la sociedad local. Miller subraya a su vez importantes elementos
políticos que intervienen en los negocios de los negociantes extranjeros, como por
ejemplo una oligarquía débil y fragmentada. Miller considera importante profundizar
en los lazos y conflictos entre la élite “costeña” y los diputados de las provincias de
la sierra, lo cual implica sumergirse en el estudio de los posibles vínculos que
trabaron tales individuos33. Conviene señalar a su vez que Miller se sorprendía al
constatar la inexistencia de un estudio de los vínculos entre los políticos peruanos
y los capitales extranjeros:

Se debe notar que las relaciones entre el Estado peruano, Michael P. Grace y el
directorio de la Peruvian siguieron siendo muy complicadas inmediatamente después
de 1890, y que nadie ha investigado las consecuencias de estos vínculos ni publicado
nada sobre el manejo notorio de los ferrocarriles y otras concesiones por parte de la
Peruvian durante esta década: hay materiales sobre esto en los archivos de Gibbs y en
las cartas que mandó el primer representante de la Peruvian, Clinton E. Dawkins, desde
Lima a su amigo inglés, Alfred Milner.

De manera que los vínculos entre actores de la política y negociantes extranjeros


son un tema que Miller tiene muy presente, en parte porque según él las propias
fuentes documentales invitan a trazar este tipo de relación. Pues el investigador que
se tope con el manejo dado a las concesiones podrá intuir el papel de tales vínculos
en los negocios. Así, con un pie en la política y otro en la economía, Miller trazó un
estudio que combina tanto los comportamientos económicos como el peso político
de muchas decisiones, y la importancia de los vínculos y relaciones sociales al hacer
negocios.
En conclusión, pueden caracterizarse por lo menos dos tendencias historiográficas:
la que se enfoca en el estudio de casos y deliberadamente omite las diversas

33 Ibid., p. 21.

25
conexiones entre el empresariado y la política (porque ello hace parte de su
estrategia metodológica) y la que se ocupa de contextualizar y abordar tales
vínculos, señalando la confluencia de los intereses empresariales y políticos. De
esta manera, se crea una suerte de diada: los negocios son usados para hacer
política, y la política para hacer negocios. Precisamente en este último horizonte
historiográfico se quiere situar la presente investigación.

Perspectiva teórico- metodológica

El estudio fundamentalmente busca comprender el modo de relacionarse de ciertos


individuos específicos (negociantes de origen extranjero) con actores del poder
político. Por lo tanto, al aludir a las relaciones humanas y el poder, se inscribe dentro
de una historia social de lo político, haciendo énfasis no en las acciones del poder,
sino en los lazos entre los negociantes y los políticos. Los conceptos/ categorías
básicas de esta investigación serán: el concepto de política (tal y como lo entienden
Carl Schmitt y Hannah Arendt, para establecer la participación en política de los
individuos), el concepto de sociabilidad (para describir la vida asociativa de los
individuos) y el concepto de negociante (para caracterizar a los individuos). El
resultado final será una caracterización de los negociantes y su vida asociativa.

En el caso del concepto de política, Hannah Arendt señalaba que lo político puede
ser entendido como “vita activa”, como una “manera de acción necesaria para
mantener unidos a los hombres dentro de un orden”34. La política es una expresión
de la vida en comunidad, y aunque tradicionalmente se entiende por ella lo que se
referiría al Estado, política remite más que nada a un “estar juntos”, pues para
Arendt, “Todas las actividades humanas están condicionadas por el hecho de que
los hombres viven juntos, si bien es sólo la acción lo que no cabe ni siquiera
imaginarse fuera de la sociedad de los hombres”35. Para Arendt, es claro que la

34 ARENDT, Hannah. La condición Humana. Buenos Aires: Paidós, 2009. P. 30.


35 Ibid., p. 37.

26
sociedad posee inherentemente un “orden” pero ello no menoscaba ni determina la
vita activa ni el “estar juntos”. Todos los aspectos de la condición humana están
relacionados con la política, pues la política es una expresión natural del “estar
juntos.

Carl Schmitt concuerda con Arendt sobre el equívoco en torno a política y estado.36
Según él, lo lógico sería comprender la política a partir de la vida. Y para Schmitt lo
político encierra un binomio que se expresa en la vida humana: la relación antitética
entre amigo y enemigo.

La distinción política específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las


acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo […] El sentido de la
distinción amigo-enemigo es marcar el grado máximo de la intensidad de una unión o
separación, de una asociación o disociación. El enemigo político no necesita ser
moralmente malo, ni estéticamente feo, no hace falta que se erija en competidor
económico, e incluso puede tener sus ventajas hacer sus negocios con él. Simplemente
es el otro, el extraño, y para determinar su esencia basta con que sea existencialmente
distinto y extraño en un sentido particularmente intensivo.37

La concepción de Schmitt de lo político también remite a una opción metodológica.


Pues afirmar que en lo político subyace como fundamento la distinción entre amigo
y enemigo implica proyectar un estudio de los vínculos relacionales que delimitan
esa “amistad” o “enemistad”, para de esa manera comprender las diferentes
posturas y proyectos políticos. Es claro que este enfoque clásico, postulado por
Schmitt, no sólo se relaciona íntimamente con la concreción de vínculos asociativos
típica de las sociabilidades, sino que permitirá entender la radicalización de la
política que operó en el siglo XIX. La visión de política de Schmitt insiste en una
política basada en la formación de grupos o “partidos” que buscan su beneficio
propio y la anulación del contrario38. Por lo tanto, las reflexiones de Schmitt resultan
complementar las de Arendt, en el sentido de que exploran los modos del “estar
juntos”, y permite conceptualizar las relaciones políticas durante el periodo a
estudiar, que como señala Helen Delpar se caracteriza por la política de la
aniquilación del contrario, al señalar casos como el intento de los radicales por

36 SCHMITT, Carl. El concepto de lo político. Madrid: Alianza, 1990. P. 51.


37 Ibid., p. 57.
38 Ibid., p.62.

27
hacerse con el control de todos los estados de la Unión, manipulando elecciones y
utilizando a la Guardia Colombiana, en perjuicio del sector independiente, su
aparente aliado durante un largo trecho de la Experiencia Federal39 (1863-1886).

Comprender a la política desde la acción humana es la perspectiva general que


anima los trabajos de Arendt y Schmitt, y también parece ser la perspectiva que
anima el trabajo de Maurice Agulhon, a través de la categoría sociabilidad. Esta
última es la categoría que permite el estudio científico de la vida asociativa, y remite
a una suerte de cualidad de ser sociable, de vincularse con otros y esbozar
iniciativas y finalidades en común. Originada en la palabra francesa sociabilité, que
parece aludir a una capacidad o cualidad de co-estar con otros de manera
participante y activa, y siempre dispuesta a vincularse, es decir, a ser sociable 40.
Esta afirmación hace necesario recabar en algunos de los presupuestos de la teoría
política clásica para entender por qué la sociabilidad hace referencia a aspectos
inherentes a la condición humana, y permite abordar el estudio de los vínculos
asociativos formales e informales, teniendo como condición sine qua non la
recurrencia del vínculo, pues para que un vínculo adquiera la categoría de un
agenciamiento político (es decir, la adscripción del actor a determinado proyecto o
iniciativa política) el vínculo debe estar documentado de manera suficiente e
inequívoca.

Los trabajos de Maurice Agulhon, pionero en el uso de la categoría “sociabilidad”,


introdujeron en la disciplina histórica al vínculo asociativo como objeto de estudio
per se. Ello implica estudiar tal vínculo asociativo como fenómeno, yendo “a la cosa
misma” como tal, sin considerar a dicha vida asociativa como sobre-determinada
por conceptos de la sociología como la lucha de clases, el hecho social y otros más
que escrutaron los vínculos asociativos desde concepciones epistemológicas
particulares. Agulhon propone explicar la sociedad desde los vínculos asociativos

39
DELPAR, Helen. Óp. Cit., pp. 222.
40AGULHON, Maurice. Política, imágenes, sociabilidades. Introducción a cargo de Jordi Canal y
Morell. Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016. P. 105.

28
de los individuos, los cuales muchas veces se adscriben a la cotidianidad de tales
individuos. Las implicaciones teóricas de esta proposición son bastante fuertes,
porque se aleja de la tradición sociológica, harto dedicada al hallazgo de sistemas
y estructuras que funcionaran para el “todo social”. Se rescata, de esta manera, al
individuo, cuya dimensión como sujeto histórico parecía ser anulada por el
organismo social. Este enfoque renovado, popularizado ya en diferentes partes del
mundo, permite repensar la historia de las formas posibles de asociación, y a través
de ello, la historia política.

Referirse a la categoría sociabilidad implica acercarse al estudio de la vida


asociativa de los individuos. Esta vida asociativa es en cierta medida política pues
la construcción de asociaciones con fines políticos es un rasgo de la vida en
sociedad. Para Maurice Agulhon la sociabilidad está íntimamente relacionada con
los ideales de la Ilustración y no es otra cosa que la forma “científica” de la
fraternidad.41 Es decir, remite a una suerte de vida intersubjetiva,42 un co-estar con
otros, que conforma vínculos asociativos. Estos vínculos ocurren en el marco de
“lugares comunes”, espacios o nichos sociales donde los individuos coinciden y
traban relaciones que pueden trasladarse (o no hacerlo) a la política. Si bien la
pertenencia a asociaciones voluntarias es un factor relevante, es erróneo reducir la
sociabilidad únicamente a la pertenencia a tales asociaciones.43 Pues sería suponer
que siempre hay un factor “consciente” en las sociabilidades, cuando muchas veces
los vínculos se dan de manera más o menos arbitraria e inesperada.

En la investigación, la importancia analítica de la categoría sociabilidad se vislumbró


al pretender identificar la relación entre negociantes extranjeros y actores políticos,
señalando los posibles lugares comunes donde coincidirán repetidas veces. Por lo
tanto, es necesario que negociantes y políticos compartan uno o más espacios de
sociabilidad. Tales espacios de sociabilidad se refieren a puntos de encuentro

41 Ibid., p. 115.
42 Ibid., p. 113.
43 Ibid., p. 117.

29
donde los actores trazan relaciones, como la familia, el ejército, las asociaciones
cívicas, etc. Según William Chapman “el estudio de las sociabilidades nos permitirá
dar cuenta cuándo un individuo accionaba su relación de poder, cómo un sujeto
empleaba sus relaciones para influir o no en ciertas decisiones, implicando el
análisis de los medios y manifestaciones de cómo los individuos entran a
relacionarse, incorporando, en ocasiones, lo afectivo como parte de la acción44”. Por
lo tanto, sociabilidad fue útil para dar cuenta de las posibles influencias de actores
ajenos a la participación política directa, como los negociantes extranjeros, en
negocios públicos. A su vez, la contra cara: la influencia de actores que ejercen la
representación política en el ámbito empresarial y de los negocios. A través de la
categoría “sociabilidad” se realizará una aproximación al modo de relacionarse de
individuos considerados “típicos” según el problema de investigación: negociantes
extranjeros y líderes políticos.

El estudio abordó casos concretos de negociantes extranjeros, en su mayoría


pertenecientes a la comunidad alemana de Bucaramanga. Con la finalidad de
explorar su vida asociativa, se tratarán los tres niveles de sociabilidad que propone
Gilberto Loaiza Cano en su texto “La sociabilidad y la historia política del siglo XIX.”45
Loaiza expresaba que en primer lugar está el nivel familiar, un vínculo primario entre
los individuos, que también define la mayor cercanía entre los individuos
emparentados; el segundo, una especie de vida cotidiana definida por relaciones
habituales y repetitivas, en donde aparecen las relaciones de vecindad y de amistad
mediadas por espacios cotidianos como la iglesia, la escuela, la pulpería y el café.
Ahora bien, sobre el tercer nivel, Loaiza dice lo siguiente

El tercer nivel es aquel de la participación social más activa en que los vínculos
adquieren mayor trascendencia desde el punto de vista político porque se establecen
nexos asociativos más formales que entrañan obligaciones, deberes, derechos.
Además, incide en la definición de identidades de todo tipo, especialmente las políticas;
en este nivel el individuo puede formarse en los ámbitos de la ciudadanía, de la

44 CHAPMAN, William. El concepto de sociabilidad como referente del análisis histórico.


Investigación & desarrollo. 2015, vol. 23, nro. 1, pp. 187-37.
45 LOAIZA CANO, Gilberto. La sociabilidad y la historia política del siglo XIX. En VANEGAS, Isidro

(editor). El Siglo diecinueve colombiano. Bogotá: Ediciones Plural, 2017. P.243.

30
militancia política y gremial. Este nivel es más voluntario y más consiente, y por lo tanto
muy activo e incidente en la composición de la vida pública.46

Este último nivel parece referir a una suerte de vida política (recordando a Hannah
Arendt) pues se basa en nexos asociativos tácitos o manifiestos, que ligan a los
individuos no sólo con otros, sino con grupos políticos, Pudiendo reconocerse que
al decir “personal político” Loaiza se refiera a los diversos actores reclutados en
torno a determinado grupo político, y que de tener la oportunidad actuarán en pos
de objetivos comunes, solidarizándose otros integrantes del personal político. Sin
embargo, esta solidaridad se verá mediada por circunstancias subjetivas que
permitirán analizar la efectividad del citado vínculo. Por ello, es importante ponderar
a través de las informaciones recolectadas qué tan efectivo puede ser tal vinculo,
entendiendo que se debe demostrar con suficiencia los réditos políticos cosechados
por los negociantes y la participación de políticos en negocios de estos últimos.
Metodológicamente hablando, se procede de acuerdo con los tres niveles de
sociabilidad establecidos por Loaiza, como se ilustra en la cuadro 1:

Cuadro 1. Aplicación práctica de los tres niveles de sociabilidad definidos por Loaiza
Cano.

1-nivel: 2 nivel: habitual 3-nivel: personal


familiar (amistad, participación político (participación
(familia en asociaciones como directa en política y
directa y juntas de beneficencia, actividades que
familia de mejoras públicas y revelen intercambio de
política, todo tipo de iniciativas favores políticos:
compadrazg civiles, concurrencia a otorgamiento de
o) lugares comunes, baldíos y concesiones,
proyectos culturales, participación en
vecindad, vínculos en la reuniones políticas,
escuela o el ejército. intervenciones en la

46 Ibid., p.129.

31
Vínculos de Negocios e guerra para favorecer a
iniciativas comerciales un bando político
Registros Archivos privados, AGN, AO, MRREE,
de correspondencia, reclamaciones, Fondo
Bautismo, periódicos, secretaría Baldíos, Caminos,
actas de de guerra y marina Tabacos, Carnicerías,
matrimonio, notarías, cámaras de Aguardientes, Salinas,
Registros comercio etc. Prensa
de
confirmació
n…
Iglesias AGN, Archivos Archivo General de la
parroquiales departamentales, Nación
Archivos notariales, Biblioteca Nacional
Archivos municipales BLAA
-BLAA, BNC
Fuente: LOAIZA CANO, Gilberto. Óp. Cit.

Esta especie de “mapa” permite establecer la manera de proceder con el material


documental, indicando las posibles inferencias en relación con la demostración de
la hipótesis principal, que sostiene que los negociantes de origen extranjero tenían
una vida asociativa que los llevó a ligarse a las élites locales y presuntamente a
simpatizar con una de las agrupaciones políticas de la época. La aplicación de este
modelo de análisis a los individuos seleccionados facilitó reconstruir su vida
asociativa, sugiriendo incluso su relación con grupos políticos. Se parte de la idea
de que no se necesita ser un agitador ni un hombre de armas consumado, ni orientar
un periódico para participar en política, pues existen otros modos de favorecer o
acompañar un proyecto político. Ello porque los negociantes de origen extranjero
necesariamente debían acomodarse al momento político, y en circunstancia de
guerra posiblemente se vieron obligados a apoyar a uno de los bandos en cuestión.

32
El estudio de estos individuos se realizó en función de sus vínculos asociativos, lo
que quiere decir que se está bastante lejos de expresiones historiográficas como
las biografías, pues se privilegia la acción colectiva47. Dentro de las posibles formas
de la acción colectiva, esta investigación se fijó en las élites, por su papel crucial en
las actividades de los negociantes extranjeros. Según Wright Mills, por élite se hace
referencia a una minoría que controla el poder y toma decisiones clave48. Acceder
a esto selecto grupo es clave para que los negociantes puedan llevar a cabo sus
intereses. Para Wright Mills existirían varias élites, grupos o comunidades reducidas
con espacios de influencia específicos: es posible hablar de élites locales 49, para
evitar generalizar y caracterizar desde un marco flexible no sólo los poderes en una
perspectiva nacional, sino también en su dimensión más doméstica. La pertenencia
a la élite no está adscrita a un mero criterio económico, pues existen muchas
variables, como el prestigio, que influyen en el encumbramiento de determinados
individuos.50 Necesariamente los inmigrantes extranjeros ingresaron a ese selecto
grupo a fin de incidir en la toma de decisiones e intercambiar favores, garantizando
su inserción en esta minoría que posiblemente, grosso modo, ya se hallaba definida
al momento de su inmigración.

Para ser abordadas metodológicamente, las élites requieren del método


prosopográfico, que resulta útil para caracterizar las élites en cuestión, mediante el
análisis de trayectorias de vida, tal y como lo señala Lawrence Stone:

Esta es una herramienta fundamental para la exploración de cualquier aspecto de la


historia social, e implica una investigación retrospectiva de las características comunes
de un grupo de muestra de protagonistas históricos, mediante un análisis colectivo de
un conjunto de variables uniformes acerca de sus vidas — variables referentes al
nacimiento y la muerte, el matrimonio y la familia, los orígenes sociales, la posición
económica y el status heredados, el lugar de residencia, la educación, el monto y las
fuentes personales de ingreso y de riqueza, la educación, la religión, la experiencia en
un oficio, etcétera. 51

47
BALMORI Diana; VOSS Stuart y WORTMAN, Miles. Las alianzas de familias y la formación del
país en América Latina. México: Fondo de Cultura Económica, 1984. P. 2.
48
WRIGHT Mills, C. la élite del poder. México: Fondo de Cultura económica, 2013. P. 34.
49
Ibid., p. 50.
50
Ibid., p. 88.
51 STONE, Lawrence. El pasado y el presente. México: Fondo de Cultura Económica, 1986. P. 42.

33
Las variables comunes que establece la prosopografía no sólo tienen relación con
la perspectiva analítica de Loaiza, sino que también permiten establecer elementos
de comparación para individuos con perfiles similares. En el caso que nos ocupó,
se establecieron puntos en común como las actividades económicas, los ciclos de
las llegadas, los nexos con otros migrantes y varios elementos más que permiten
intuir ciertas comunidades de migrantes, como la alemana de Bucaramanga y la
italiana del Cauca, que presentan ciertas características específicas, vínculos e
interconexiones, que justifican la necesidad de proceder a realizar la biografía
colectiva. Según Marcela Ferrari, el uso de la prosopografía en la historia política es
bastante antiguo y resulta útil para conocer cómo se relacionaban determinados
individuos agenciados a un proyecto político particular.52

En las sociedades post-dominación española de América, ningún vínculo era tan


relevante como el familiar. El peso de la familia es subrayado acertadamente por
Diana Balmori, Stuart Voss y Miles Vortman en “Las alianzas de familias y la
formación del país en América Latina.” Admitiendo que la familia no sólo ocupa una
esfera privada, sino que funciona como “una organización social en sí”53 Las familias
durante el siglo XIX actuaban como auténticas corporaciones, con intereses
claramente definidos, y un número extenso de actores que trabajaban por
generaciones en pos de tales intereses. La investigación lo pudo comprobar
plenamente para el caso de la familia Valenzuela de Bucaramanga, que se expone
de manera detallada en el capítulo III. En esencia, la familia funcionaba como una
red, tal y como le concibe Zakarias Moutoukías. Él señala la necesidad de
comprender los vínculos como un tejido, basado en actores, recursos y negociación

La combinación conceptual presentada en los párrafos precedentes lleva a considerar


acciones y conductas en términos de las posiciones relativas de los actores en el interior
de un tejido de ·vínculos reales, con sus respectivos recursos más o menos movilizables
y pertinentes a las cambiantes relaciones de negociación, cooperación y conflicto que
entablan. Así vistas, las prácticas -tanto las más frecuentes como las excepcionales- se

52 FERRARI, Marcela. Prosopografía e historia política. Algunas aproximaciones. Antíteses. 2010,


vol. 3, nro. 5, pp. 530.
53
Balmori, Diana, Voss, Stuart, Wortman, Miles. Óp. Cit., pp. 13.

34
tornan interpretables dentro de las conexiones específicas que constituyen las
posiciones relativas de los actores y sus recursos .54

Para Moutoukias, es clave entender las vinculaciones personales entre actores (que
serán caracterizadas en el presente estudio como “sociabilidad”) como parte de un
conjunto mucho mayor, que agrupa a varios actores e incluso les conecta sin que
haya un vínculo personal de por medio, a través de un actor que se relacione con
ambos. Es clave entender que cada uno de estos actores posee recursos, es decir,
servicios o bienes (culturales y simbólicos en el caso de la relación política) que
puede intercambiar, negociar. La capacidad de negociación permite entender qué
es lo que media entre ambos actores y su vínculo de sociabilidad. Las redes se
establecen en medio de esta clase de intercambios que permiten establecer lo que
Gilberto Loaiza denomina “personal político”: un grupo que está dispuesto a
intervenir para favorecer a alguno de los actores implicados en la red. Cada actor
tiene una funcionalidad específica y un elemento de negociación distintivo, así, si
se trata de un líder político reconocido, podrá ofrecer su amistad junto con múltiples
beneficios como la participación en contratos estatales, mientras que el negociante
podrá ofrecer participación en sus sociedades comerciales e inversiones.

Como casos donde se usa acertadamente esta perspectiva, podemos ofrecer los
trabajos de Grey Verbel55 y Alfonso Fernández Villa.56 Para este último, resulta claro
que el acceso al Estado (a través de contratos, concesiones, etc.) será uno de los
objetivos fundamentales de los hombres de negocios, añadiendo que en la
Cartagena de la Regeneración (1885-1895) “los empresarios se hacían hombres
públicos y los hombres públicos se hacían empresarios.”57 Fernández Villa logra
demostrar esta amalgama a través de los diferentes vínculos que tienen entre sí los

54 MOUTOUKÍAS, Zacarías. Familia patriarcal o redes sociales: Balance de una imagen de la


estratificación social. Anuario IEHS. 2000, nro. 15, pp. 140.
55 VERBEL, Grey. Elites y redes de poder en torno al proyecto regenerador. Cartagena 1874-1892.

El Taller de la Historia. 2011, vol. III, nro. 3, pp. 41-62.


56 FERNANDEZ VILLA, Alfonso. Clientelismo y guerra civil en Cartagena. Sobre las estrategias

políticas de la élite cartagenera. (1885-1895). Memorias. 2005, nro. 2.


57 Ibid., p. 6.

35
“vencedores” de la guerra de 1885 en Cartagena.58 Así, por ejemplo, señalará cómo
la familia Vélez se benefició de sus conexiones con el proyecto regenerador para
obtener contratos y puestos públicos, cosechando los réditos de sus vínculos con la
facción triunfante. También muestra cómo varios de los parientes políticos de Juan
B. Mainero Trucco lograron múltiples beneficios gracias al triunfo del régimen
regenerador, con quien tenían afinidad.59 La participación en actividades cívicas, las
conexiones familiares y políticas, todo ello es relevante a la hora de trazar el perfil
de un individuo y sus conexiones, cuya vista de conjunto permite identificar redes.

Grey Verbel, por su parte, intenta determinar quiénes eran los integrantes de la élite
cartagenera ad-portas de la Regeneración, señalando varios subgrupos como las
familias tradicionales del periodo colonial, los sectores en ascenso vinculados a la
experiencia republicana, y los extranjeros, que ingresan a través de enlaces con
alguna de las dos tipologías60. Posteriormente, señala la participación de estos
individuos en los proyectos políticos, inicialmente en el independentismo y
posteriormente en la Regeneración. Hace especial énfasis en las retaliaciones
tomadas por el triunfante Partido Nacional (grupo político de Núñez y sus nuevos
aliados conservadores) hacia diversos actores vinculados a la guerra de 1885,
incluidos algunos exaliados políticos, como una parte de los independientes que
tomó las armas durante la guerra61. Quizás el caso más prominente sea el de
Antonio González Carazo, que pasa de apoyar la candidatura de Núñez en 1875 a
respaldar a Gaitán Obeso en su intento por tomar Cartagena. Conviene pensar que
quizás estos líderes son sólo una arista de la red, y vinculados a ellos se encuentran
negociantes extranjeros que bien pueden cambiar de bando junto con estos líderes.
Entre el círculo independiente que dominó Cartagena (y de paso al Estado de

58 Ibid., p. 20-21.
59 Ibid., p. 24.
60 VERBEL, Grey. Óp. Cit., pp. 46.
61 Ibid., p. 54.

36
Bolivar) Grey Verbel señala a varios negociantes extranjeros como vinculados a
través de relaciones familiares y de amistad. Entre ellos, Juan B. Mainero62.

Acotados los aspectos del problema de investigación, la revisión bibliográfica y la


perspectiva teórico- metodológica, se presenta a continuación la exposición de los
resultados de investigación. Se organizaron en 4 capítulos, que obedecen a los
cuatro momentos de la investigación: la contextualización del arribo de los
extranjeros y los aspectos fundamentales del fenómeno de la inmigración, la
contextualización del contexto político colombiano en el marco del cual se dan las
actividades de los negociantes propuestos, la exposición de su vida asociativa y los
nexos con las élites locales y los negociantes frente a las expropiaciones realizadas
por el gobierno regenerador, que de alguna manera revalidan las inferencias sobre
su vida asociativa y ligan tal vida asociativa al contexto político. Será tarea del lector
juzgar si las perspectivas analíticas se hallan suficientemente confirmadas por los
hallazgos que se expondrán a continuación.

62 Ibid., p. 57.

37
Mapa 1. Estado Soberano de Santander.

Fuente: [Link]

38
Mapa 2. Estados Unidos de Colombia.

Fuente: [Link]

39
1. EL FENÓMENO DE LA INMIGRACIÓN EN COLOMBIA: (1853-1894)

Colombia, como todos los países surgidos de la disolución del Imperio Español, no
tenía una naturaleza especialmente cosmopolita. Los recelos de las autoridades
españolas para permitir el arribo masivo de contingentes de extranjeros son bien
conocidos.63 Con los procesos revolucionarios de finales del siglo XVIII estas
restricciones se endurecieron, y el hallazgo de una conspiración en Santa Fe en
1794, dirigida por los médicos franceses Manuel Froés y Luis de Rieux pareció
darles la razón.64 De ingleses y alemanes, nada quería saberse: estaban entre los
más peligrosos, por su religión protestante. Si acaso los italianos eran los más
tolerados, debido a que los dilatados dominios de su Majestad Católica abarcaban
partes de Italia. Y así, Carmine Caracciolo, príncipe de Santo Buono, pudo ser virrey
del Perú, y Miguel de la Grúa Talamanca, Marqués de Branciforte, de la Nueva
España. También hubo virreyes de otras nacionalidades, como el valón Teodoro de
Croix y el irlandés Ambrosio O’Higgins, con años de servicio al monarca español y
de fe católica. Estos son los casos notorios, porque es evidente que toda prohibición
tiene sus excepciones, y seguro algunos habrán logrado colarse por los intersticios
del Caribe, que la decadente España era incapaz de controlar.

La presencia extranjera se hace notoria con la Independencia. No sólo porque


alrededor de dos mil extranjeros vinieron a servir en los ejércitos libertadores, sino
porque al decretarse la apertura de la navegación y el fin de los monopolios los
extranjeros por fin podían hacerse visibles, y no pocos arribaron a la recién nacida
república con la venia del gobierno nacional, que en 1823 publicó su primera ley
sobre el fomento de la inmigración extranjera.65 Así, el inglés John Harker vino a

63
GARCÍA Estrada, Rodrigo de Jesús. Óp. Cit., pp. 44.
64 Archivo General de Indias (AGI), ESTADO, 53, N.55, f. 1v. El Virrey de Nueva Granada al Duque
de la Alcudia.
65 Decreto para promover la inmigración de extranjeros y la colonización de tierras de la Gran

Colombia (Bogotá, 7 de junio de 1823) Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit. Carpeta Simón
Bolívar (76 documentos): 1823-1844, folio 1r.

40
hacer estudios de química y mineralogía, contratado por el vicepresidente
Santander. Y terminó casándose con Mercedes Mutis Amaya, hija del funcionario
burocrático Facundo Mutis, y descendiente de una importante familia minera de la
ciudad de San Juan de Girón, cuyo patriarca era el español Manuel Mutis, hermano
de “El Sabio”. Antioquia, una de las principales regiones mineras hacia el final de la
dominación hispánica, atrajo también a extranjeros que buscaban realizar
actividades mineralógicas, como el francés Boussignault.66 Otros, como Juan B.
Elbers, o el inglés de ascendencia italiana David Castello67 (que llegó con su hijo
Edmundo) vinieron a negociar contratos con el gobierno colombiano. De estos,
algunos se quedaron, y otros abandonaron el país, desilusionados porque la mayor
parte de las veces encontraban dificultades para desempeñar los encargos.

En un principio, la presencia de extranjeros estuvo ligada al esfuerzo bélico de la


independencia, por lo cual las autoridades estuvieron especialmente enfocadas en
la naturalización68. Un primer momento de las migraciones, que va hasta el año
1843, está salpicado de disposiciones legales sobre naturalización,69 destinadas a
asimilar a los veteranos de las guerras de independencia. En ese año se promulgan
la ley definitiva sobre naturalización, que se refería vagamente a la inmigración. El
reparto de baldíos también estaba enfocado en tales extranjeros naturalizados o por
naturalizarse, de los cuales el más sobresaliente era el general Daniel F. O´Leary.

En el caso de Antioquia, la migración de la primera mitad del siglo XIX estuvo


orientada hacia el potencial minero que tenía la región, materializado por las minas
de Marmato, Supía, Titiribi y Santa Rosa de Osos. En su mayoría arribaron ingleses
y hombres del norte de Europa.70 Fueron muy pocos los que se quedaron. Los que

66
GARCÍA Estrada, Rodrigo de Jesús. Óp. Cit., pp. 71.
67
ORTIZ, Sergio Elías. David Castello. Boletín Cultural y Bibliográfico. 1964, vol. 7, nro. 02.
68 GARCÍA Estrada, Rodrigo de Jesús. Óp. Cit., pp. 163-166.
69 OLARTE, Vicente (comp.) Condición Legal de los Extranjeros en Colombia. Recopilación de leyes

y decretos sobre extranjeros hasta el año de 1908. Bogotá, Imprenta de la Luz, 1908. Pp. 5-7.
70 GARCÍA Estrada, Rodrigo de Jesús. Óp. Cit., pp. 69-93.

41
continuaron en el país darían lugar a importantes familias antioqueñas, como los De
Greiff (de origen sueco) y los Pemberty (de origen inglés)

Será sólo hasta el advenimiento del “progresista” gobierno del general Tomás
Cipriano de Mosquera se daría otro enfoque a la inmigración de extranjeros, con
componentes fuertemente ligados al aspecto mercantil y a la apertura de circuitos
comerciales enfocados en el potencial agrícola del país. Durante su gobierno (1845-
1849) se emitieron: la ley del 27 de marzo de 1847, sobre la sucesión de extranjeros
fallecidos ab intestatio,71 la ley del 27 de mayo de ese año sobre la profesión
consular y la ley de 16 de marzo de 1848 sobre expropiaciones y reclamaciones,
que exoneraba a la Nación de cualquier perjuicio causado sobre la propiedad de los
extranjeros, salvo que hubiera sido cometido por una “autoridad legítima.”
Finalmente, la ley del 28 de abril de 1848 fijó condiciones básicas para la migración,
reservándose el Estado el derecho de admisión y autorizando al ejecutivo a
expulsarles sin previo aviso del territorio de la República.72

Por ello, es posible afirmar que, pese a algunos vagos intentos previos (en 1823 y
1843) las leyes promulgadas entre 1847 y 1848 sobre inmigración extranjera fijaron
por primera vez la normatividad básica referida a extranjeros que arribaran a
Colombia.73 Estas disposiciones no ofrecían tierras baldías o alguna perspectiva
atractiva para el migrante, pero eran conscientes del ingreso de Colombia en el
“sistema-mundo”, en el marco de la política librecambista profesada por Mosquera
y su ministro de Hacienda, Florentino González.

Las concesiones de baldíos y en general, las condiciones más atractivas para los
migrantes datan de la federalización de la república. La constitución que abrió las
puertas al modelo federal, la de 1853, se refería a los extranjeros en su artículo 8,
afirmando que “Los extranjeros que se hallen en el territorio de la Nueva Granada,

71
Es decir, sin testamento.
72
OLARTE, Vicente (comp.). Óp. Cit., pp. 8.
73 GOMEZ Matoma, Maria Angélica. La política internacional migratoria colombiana a principios del

siglo XX. Memoria y sociedad. 2009, vol. 13, (26), pp. 7-17.

42
o que vengan a él, gozarán de los mismos derechos civiles y garantías que los
granadinos, debiendo estar sometidos como ellos, a las leyes y autoridades del
país”74. Esta declaración, que no se había insertado en ningún otro texto
constitucional anterior, mostraba un nuevo espíritu de apertura a la migración
extranjera

La ley de 25 de abril de 1856 fue la primera que consagró la masiva entrega de


baldíos a extranjeros, y estaba enfocada a lograr la colonización de los “territorios
nacionales”, especialmente San Martín, Caquetá y Casanare. Hasta este punto, son
extraños los casos de extranjeros domiciliados en Colombia, pero con las leyes
promulgadas en los primeros años de vida de los “Estados Unidos de Colombia” las
condiciones se harían harto favorables. Nuevamente es el general Mosquera quien
toma interés por el asunto de la inmigración extranjera. El decreto-ley del 20 de junio
de 1862 estipulaba que, al arribar a Colombia, los extranjeros poseían los mismos
derechos de los naturales del país, y estaban exentos de varios deberes como el
servicio militar. Podían además ser elegidos para cargos de representación popular,
adquirir bienes con iguales facilidades, y lo que es más importante, podían recibir
libremente bienes nacionales, ora por venta o concesión.75 Anterior a ello, un
decreto del 11 de marzo había fijado el procedimiento para realizar reclamaciones,
que incluía avaluó de la “cosa tomada” y la prueba del hecho en cuestión.

Con posterioridad a la “Guerra de las Soberanías” continuó legislándose sobre


extranjería. En la ley 16 de 19 de abril de 1865 se definió por primera vez el principio
de neutralidad, que debía observar todo extranjero presente en el territorio nacional.
No podían mezclarse en ningún conflicto civil o internacional del país.76 Una nueva
ley del 21 de junio de 1866 (con Mosquera nuevamente presidiendo la República)

74
Constitución Política de la República de Nueva Granada, del año de 1853. Disponible en
[Link]
75
Olarte, Vicente (comp.). Óp. Cit., pp. 9.
76
Ibid., p. 10.

43
recopiló las disposiciones emanadas desde 1862, y además declaró a los
extranjeros exentos de pagar contribuciones de guerra o empréstitos forzosos.

En el año de 1871 fue expedido un nuevo paquete de leyes que amplió los
beneficios para los extranjeros que se domiciliaran en Colombia, creando “Juntas
de Extranjeros”, presentes en todas las aduanas nacionales, enfocadas a dar
información y auxiliar al extranjero en su propósito de residir al interior de la
república, además de elaborar listas de todos los migrantes del territorio nacional77
(ley 80 del 9 de julio de 1871). Antes de esta disposición, parece que la migración
ocurría de forma desordenada, sin siquiera un somero registro de quienes
ingresaban al país. Además, ese mismo año se legisló sobre la necesidad de
fomentar iniciativas como la Compañía de Inmigración y fomento, del Estado
soberano del Magdalena, otorgando excepciones fiscales para esta clase de
iniciativas. Nuevas leyes confirmaron el estatus privilegiado para los migrantes: en
1873 se les garantizó un mínimo de 25 hectáreas a cada inmigrante que fuera
enganchado por una compañía o empresario, siempre y cuando el Gobierno hubiera
concedido a dicho empresario o compañía tierras baldías. La guerra civil de 1877
fue la primera contienda civil generalizada en la mayor parte del territorio de los
Estados Unidos de Colombia, y fue la primera vez que el gobierno tuvo que pagar
las reclamaciones de extranjeros, considerando que se trataba de “créditos” de
índole forzosa concedidos por el extranjero en cuestión. A fin de pagar estas sumas,
se expidió una ley con el procedimiento indicado para hacerlo.78 que guarda
similitudes con la que se expediría años después, relativa a la guerra de 1884-85.

En las próximas páginas, se estudiarán detalladamente casos que dan cuenta del
relativo éxito de las políticas desplegadas a partir de la quinta década del siglo XIX
para atraer migración extranjera a Colombia. Pues durante todo el periodo federal
se formaron comunidades de extranjeros en varias ciudades de Colombia,
dedicados al comercio y actividades agrícolas, ligadas a la política librecambista y

77
Ibid., p. 11.
78
Ibid., p. 11-13.

44
neocolonial promulgada por el Estado Colombiano. Esta política concretamente se
manifestaba en múltiples ventajas para su instalación, como paridad entre los
productos nacionales y los bienes importados, concesión de baldíos, etc. Uno de
los más importantes ingresos fiscales eran las aduanas. De ahí que el gobierno
estuviera interesado en fomentar la salida de materias primas y la importación de
mercancías, que define la doble condición del negociante extranjero, de
comerciante y hacendado. La aproximación concreta a los casos (con especial
atención a la comunidad alemana de Bucaramanga y la provincia de Soto) permitirá
pasar del marco general de la inmigración extranjera al hecho en sí de la
inmigración, entendiendo que el proceso de inmigración implica el carácter de
residente del extranjero en Colombia, así como su avecindamiento en un municipio
y finalmente, su efectiva integración a las sociedades locales.

1.1 PRESENCIA EXTRANJERA EN COLOMBIA DURANTE LA SEGUNDA


MITAD DEL SIGLO XIX: ASPECTOS FUNDAMENTALES.

A partir de estudios sobre la presencia de extranjeros en diversos lugares del


territorio colombiano durante la temporalidad prevista, se pueden postular tres
premisas fundamentales, de las cuales todo estudio sobre tales inmigrantes debe
dar cuenta, y que muy seguramente serán revalidadas o revisadas a lo largo del
presente trabajo. Tales premisas son:

- El bajo número de migrantes europeos. Colombia recibió relativamente


pocos migrantes, según lo señala Rodrigo de Jesús Estrada79. El escaso
atractivo de Colombia seguramente tenía que ver con su débil economía,
mucho menos significativa que la de otros países latinoamericanos como
México, Brasil y Argentina. Su desorganización política también podría ser
un factor para considerar, pues si bien todos los países latinoamericanos

79
García Estrada, Rodrigo de J. Óp. Cit., pp. 240.

45
vivieron guerras civiles, el conflicto parece recurrente en algunos países,
como Colombia, mientras que otros como México y Brasil presentan mayor
estabilidad, siendo particularmente ilustrativo el caso de este último, cuyas
instituciones monárquicas permanecieron sin mayores sobresaltos hasta el
año de 1889. Y Argentina, por ejemplo, a partir del triunfo unitario, tampoco
se vio salpicada por trastornos de gran factura.80

- Los migrantes presentes en el territorio nacional al inicio del proyecto


regenerador (1878) arribaron en tres momentos: entre 1855 y 1865 llegan los
pioneros, que son muy pocos; entre 1865 y 1875 llegan otros más, en su
mayoría convocados al territorio colombiano por aquellos que arribaron en
un primer momento, y posteriormente se da la migración más numerosa de
las tres, entre 1875 y 1885. Luego se presentó una disminución en el número
de migrantes de países europeos, muy seguramente por las políticas
promulgadas por los hombres fuertes de “La Regeneración.”

- La existencia de al menos dos posturas profesadas por el Gobierno Nacional


durante los años propuestos. Por una parte, una suerte de apertura y
cordialidad hacia migrantes procedentes de todos los países de Europa
occidental, inclusive los protestantes. Bajo la perspectiva de una “mejora de
la raza” e ingreso en los circuitos agroexportadores del “sistema mundo”.
Esta postura es típica del régimen federal, y con la paulatina llegada de “la
Regeneración” es remplazada por otra visión, que hace énfasis en el
catolicismo y en la latinidad, siendo poco deseable el arribo de elementos
protestantes y norgermánicos. Esta visión, que Núñez dibujó en sus escritos,
publicados en diversos periódicos, se combinaría con elementos

80 GARAVAGLIA, Juan Carlos; PRO, Juan y ZIMMERMAN, Eduardo (eds.) Las fuerzas de guerra en
la construcción del Estado. América Latina: Siglo XIX. Buenos Aires: Prohistoria, 2012. P. 29-32.

46
nacionalistas para construir un nuevo proyecto de blanqueamiento, que
intentaba ser más fiel a la herencia cultural del país.81

Como posible razón de la baja migración de europeos a Colombia, Vera de Flachs


postula que, al ser más certera la ruta hacia la industrialización de países como
México, Brasil y Argentina, es normal que la migración hacia América Latina se haya
concentrado en dichos países82. La ausencia de obras que demandaran masiva
mano de obra calificada explicaría el carácter eventual de la migración a Colombia.
Las ciudades de la Costa caribe precedieron a las del interior en esta eventual
inmigración de extranjeros. Para 1850, ya estaba bien desarrollada la comunidad
de judíos sefardíes de Curazao, que daría origen a linajes costeños como los
Jessurum, los Cortissoz, los Meoz y los Senior.

Tampoco hay rastros de que el arribo de tales extranjeros haya significado


innovaciones en las prácticas habituales de la economía, siendo quizás una de sus
mayores contribuciones su rol en la apertura de mercados trasatlánticos, que se ha
sugerido, pero no se ha demostrado sistemáticamente. Se sabe que muchos de
ellos actuaban en asocio a firmas ubicadas en un contexto mundial, lo que es claro
por ejemplo en los casos de Aepli Eberbach en Barranquilla, Minlos Breuer en
Santander y Venezuela y Lorent& Keller en Santander. En muchos casos, el origen
del capital de estas casas era local. En varios casos, el capital había sido acumulado
antes de la llegada del inmigrante, y era puesto a disposición de este a través de
asociaciones con potentados y ricos hombres del país, que confiaban en el “don”
del extranjero para poner esos fondos en el trasiego de la economía mundial. Por
ello, no es de extrañar que casi todos los migrantes sean directores de sociedades
comerciales. También porque, como se verá a lo largo del trabajo, poner el capital
bajo una “bandera extranjera” era una acción muy común.

81
RHENALS, Ana Milena y FLÓREZ, Francisco. Escogiendo entre los extranjeros “indeseables”:
afro-antillanos, sirio-libaneses, raza e inmigración en Colombia, 1880-1937. Anuario Colombiano de
Historia Social y de la Cultura. 2013, vol. 40, nro 1, pp. 243-271.
82
VERA de Flachs, María Cristina. Emigraciones transoceánicas. Los alemanes en América 1850-
1914. El caso argentino. Cuadernos de Historia Contemporánea. 1994, nro. 16, pp. 67-68.

47
La llegada de los europeos parece estar íntimamente ligada al sistema-mundo y al
“boom” que experimentaron algunos productos en el mercado mundial. La quina,
conocida desde 1631 en Europa (las comunidades indígenas la habían incorporado
a sus saberes desde muchos siglos atrás) incrementó su demanda con los procesos
de colonización en África y Asia, que se dieron durante el siglo XIX, dadas sus
propiedades contra varias enfermedades tropicales o “fiebres”. Su cotización en los
mercados de Bremen y Hamburgo trajo el primer puñado de migrantes alemanes a
Santander, en la década del 50.83 Los pioneros, son Alejandro Koppel y Georg Von
Lengerke: ambos arriban antes de 1857.84 La cotización de los productos agrícolas
tropicales en los mercados europeos también motivará el arribo de negociantes
extranjeros al Valle del Cauca. En este caso, es Santiago Eder uno de los pioneros,
llegando en 1861 desde los Estados Unidos.85 En Buenaventura, puerto principal
del Pacifico colombiano, se asentaron algunos, como el italiano Sebastián Tassara,
que llegó hacia el año 1860, desde Panamá. Tassara fue uno de los mayores
importadores de mercancías por la aduana de Buenaventura, en el año 186686. La
Costa, como ya se dijo, recibía constantemente migrantes extranjeros desde 1850
por lo menos. En Cartagena, el protagonismo pertenecía al italiano Juan Bautista
Mainero Trucco. Sus negocios se extendían por Antioquia, Cauca, y por supuesto
Bolívar.87 Pese a que Mainero inició sus actividades casi a la par de Lengerke y
Tassara, en realidad hacía parte de la segunda generación de una casa comercial
que operaba desde los años 30, regentada por su tío Juan Trucco.

83
RAMÍREZ, Alejandro. Los efectos de la extracción y exportación de la corteza de quina en el
departamento de Soto, Estado soberano de Santander, 1876-1884. Monografía para optar al título
de Historiador. Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander, 2009. P.122.
84
Ibid., p. 23.
85
RAMÍREZ, Ella Nhoris. Valle del Cauca: aspectos de su proceso de configuración regional en el
contexto republicano. Tesis para optar al título de magíster en Historia. Bogotá: Pontificia Universidad
Javeriana, 2011. P. 39.
86 Estados Unidos de Colombia. Diario Oficial. Año III, número 701. Bogotá, 26 de julio de 1866.
87
MOLINA, Luis Fernando. El viejo Mainero: Actividad empresarial de Juan Bautista Mainero Trucco
en Bolívar, Chocó, Antioquia y Cundinamarca 1860-1918. Boletín cultural y bibliográfico. 1988, vol.
25, nro. 17, pp. 3-29.

48
Todos los anteriormente citados corresponden al primer momento de la inmigración
bajo el marco de las políticas favorables consagradas por el régimen federal. Un
segundo momento, que coincidirá con un auge de las quinas (focalizado en
Santander y Cauca) verá surgir a prominentes negociantes como el italiano Ernesto
Cerruti en Cauca88 y el alemán Paul Lorent en Santander. Ambos arriban durante el
final de la sexta década del siglo y el principio de la séptima y se vinculan a
negociantes ya establecidos: Cerruti a Tassara y Lorent a su tío, Lengerke. Los
negociantes de la Costa también participan en el proceso de expansión de la
economía, principalmente en el rol de agentes del ciclo agroexportador.89 Esa
segunda oleada parece entonces estar relacionada con una suerte de noticias sobre
las posibles perspectivas de fortuna, esparcidas por los que llegaron primero.
Quizás el caso de Lengerke sea el más sistemático, pues está vinculado al inicio en
los negocios de un número importante de sus compatriotas.90

Finalmente, la última gran bonanza quinera en 1877 y los estertores del régimen
federal atrajeron nuevos migrantes, especialmente en Santander donde Lorent
documentó la existencia de una nueva variedad de quina: la quina cuprea. No
parece que regiones como el Cauca recibieran muchos migrantes en esta oleada,
aunque la presencia extranjera en el puerto de Buenaventura parecía perenne. A
Santander arriban varios alemanes, concentrados en Bucaramanga. También
aparece en el escenario Manuel Cortissoz, súbdito holandés. Procedente de
Barranquilla, intentó monopolizar la exportación de la nueva variedad de quina,
solicitando baldíos. Muchos de estos baldíos ya habían sido entregados a Lengerke,
en un privilegio que databa de 1863. Sin embargo, Cortissoz tenía aliados muy
influyentes, y la muerte sorprendió a Lengerke antes de lograr una satisfacción.

88 VALENCIA Llano, Alonso. Óp. Cit., p. 278.


89
El clásico ejemplo de esa dinámica es el de la firma A Wolff y Cía. Esta firma, establecida en
Barranquilla, tenía por objeto comercializar las cargas de quina remitidas por la firma Cortissoz y cía,
de Bucaramanga. Esta última comercializaba en la provincia de Soto la sal marina remitida por Wolff.
90 CARREÑO, Clara y MALDONADO, Cyntia. ¿Espíritu visionario? Geo von Lengerke: proyectos

comerciales y de caminos en la segunda mitad del siglo XIX. Anuario Colombiano de Historia Social
y de la Cultura. 2009, vol. 36, nro. 2, pp. 17-40.

49
El aparente declive en la inmigración seguramente guarda relación con los cambios
en la economía-mundo, que hacia 1880 comenzó a demandar quinas del sudeste
asiático, donde se establecieron plantaciones en las colonias inglesas y francesas.
A su vez, los avances en la química ocasionaron que pronto la quina fuera sustituida
por productos sintetizados en laboratorios farmacéuticos, como Bayer. Esto
solamente es cierto para la migración europea, pues pronto se recibiría una nueva
afluencia de sirio libaneses y antillanos en la Costa caribe,91 y norteamericanos
interesados en la explotación petrolera y el cultivo del banano.92 Por otra parte, el
advenimiento de la Regeneración sin lugar a duda constituye una completa
reconfiguración de la economía, la política y la sociedad en Colombia. Con justicia,
varias voces reclamaban que Santander y Cauca fueron los territorios más
golpeados con la llegada del proyecto regenerador, no sólo por su
“desmembramiento” sino por la poca conveniencia de la mayor parte de sus tierras
para el cultivo del nuevo producto bandera: el café.93 Sin embargo, algunos
alemanes en Santander, como Emilio Minlos y Paul Lorent, intentaron cultivar este
producto en Lebrija, Rionegro y en Piedecuesta, con un éxito cuestionable.94

La Regeneración además profesaba el credo de la mejora racial, tal y como lo


defiende Núñez en La reforma Política.95 Actitud que contrastaba con la esgrimida
por el “Olimpo radical”, que no parecía especialmente interesado en situar a
Colombia en el debate social, que era agitado en todo el mundo ante la emergencia
de las ciencias sociales, en especial la antropología. Colombia, crisol de muchos
pueblos, ¿qué raza tenía para los cultores del mito racial? Aunque nunca hubo una
afirmación categórica al respecto, el propio Núñez y otros “prohombres” de su

91 RHENALS, Ana Milena. Inmigrantes sirio-libaneses y sus prácticas económicas (ilegales) en


Colombia, 1880-1930. Anuario de Historia Regional y de las Fronteras. 2009, vol. 23, nro.1, pp. 49-
72.
92 WABGOU, Maguemati; VARGAS, Daniel, y CARABALÍ, Juan Alberto. (2012). Las migraciones

internacionales en Colombia. Investigación y Desarrollo. 2012, vol. 20, nro.1, pp. 142-167.
93 JOHNSON, David. Santander siglo XIX. Cambios socioeconómicos. Bogotá: Carlos Valencia

Editores, 1984. P. 296.


94 GUERRERO Rincón, Amado Antonio y AVELLANEDA, Maribel. La élite empresarial de Santander.

En DÁVILA Ladrón de Guevara, Carlos (editor). Óp. Cit., pp. 157.


95 Núñez, Rafael. Óp. Cit., pp. 131.

50
régimen como Miguel Antonio Caro vertieron el hispanismo y la cultura “Latina”
como posibles elementos de la identidad colombiana. Ello en sintonía con diferentes
propuestas que emergían en toda la antigua América colonizada por España y
Portugal, íntimamente relacionadas con la invención de Latinoamérica como forma
de identificación cultural, en contraposición a la América “anglosajona.”96

La noción de latinidad, que presuntamente impregnó este proyecto político,


determinaría que se privilegiase a inmigrantes más acordes con dicha noción, en
detrimento de afroantillanos y sirio libaneses, que depreciaban la “raza”97, y
migrantes de la Europa anglosajona, opuestos culturalmente hablando a la veta
“racial” de la Europa meridional y latina, que era la más propicia para enriquecer
“racialmente” a la sociedad colombiana. Este racialismo no es nuevo, y hunde sus
raíces en el régimen hispánico, obsesionado con las castas, la degeneración racial
y la “contaminación” que suponía la llegada de elementos anglosajones.98

Grosso modo, las tres premisas propuestas al inicio del presente trabajo recopilan
los principales hallazgos de un importante número de investigadores sociales de
Colombia y Latinoamérica. Para continuar con los objetivos de la investigación, es
necesario situar tales premisas en los contextos en cuestión, a partir de sujetos
concretos. Tales sujetos serán, por supuesto, los inmigrantes extranjeros

96 AYALA Mora, Enrique. El origen del nombre América Latina y la tradición católica del siglo XIX.
Anuario Colombiano de Historia social y de la cultura. 2013, vol. 40, nro. 1, pp. 213-241.
97 RHENALS Doria, Ana Milena y FLÓREZ Bolívar, Francisco Javier. Óp. Cit., pp. 248.
98
Véase ARAYA Espinosa, Alejandra. ¿Castas o razas? Imaginario sociopolítico y cuerpos
mezclados en la América colonial. Una propuesta desde los cuadros de castas. En CARDONA,
Hilderman y PEDRAZA, Zandra. Al otro lado del cuerpo. Estudios biopolíticos en América Latina.
Bogotá: Uniandes, 2014, pp. 53-78.

51
1.2 Presencia alemana en Bucaramanga y la provincia de Soto.
Ilustración 1 : Geo von Lengerke.

Fuente: [Link]

Las premisas más arriba sustentadas permiten ubicar al Estado Soberano de


Santander dentro del boom de productos como el tabaco y la quina, que
favorecieron la puesta en marcha del proyecto radical, comprometido por completo
con la doctrina del laissez faire y el liberalismo económico.99 La presencia alemana
en Santander, y concretamente en la provincia de Soto y su capital Bucaramanga,
girará en torno a la colocación de tales productos en el mercando mundial. La
colonia alemana se formó paulatinamente, durante los 29 años de existencia del
Estado Soberano (1857-1886) y ejerció una influencia notable en la ciudad, como lo
reconoció su primer cronista, José Joaquín García. Él hace bastante énfasis en
cómo el brandy sustituyó a la chicha, el pool al tejo y el
tabaco a los cigarrillos.100 Pese a que tienden a ser concebidos como una
comunidad estática, los migrantes alemanes realmente arriban a la ciudad en
diferentes épocas. El acucioso examen de las fuentes documentales lleva a afirmar
que, como bien lo dicen los mitos, el primero que llegó fue Georg (o Geo) Von

99JOHNSON, David. Óp. Cit., pp. 25.


100GARCÍA, José Joaquín. Crónicas de Bucaramanga. Bogotá: Imprenta de Medardo Rivas,1896.
P. 171.

52
Lengerke, hacia el año de 1855. Para 1858 ya tenía una tienda de sombreros en
Bucaramanga.101

También abrió un establecimiento de diversión, denominado “el Tívoli”, construido


según se estilaba en Europa, y con ello sería visto por algunos vecinos como el
promotor de la expansión de las costumbres y modos de vida foráneos. Este
establecimiento hacía gala de no pocas novedades, como los juegos de Bolo, billar,
cantina, jardines y un patio con dos trapecios.102 Sin embargo, Lengerke también
mostró una gran sagacidad a la hora de procurarse el apoyo de las élites locales en
sus diversas iniciativas, contribuyendo a los trabajos de remodelación de la Iglesia
de San Laureano, y solidarizándose en calamidades públicas, como la sublevación
de los presos de la cárcel de Pamplona en 1865. A fin de impedir que los facinerosos
saquearan Bucaramanga, Lengerke organiza una partida con su gente.103

En torno a sus múltiples negocios e intereses, muy favorecidos por el recientemente


advenido régimen federal, Lengerke demandó la presencia de más de sus
compatriotas. Los migrantes alemanes que llegaron entre 1860 y 1870 se vincularon
casi todos a su actividad comercial o agropecuaria. Goelkel, Fritsch, Hederich y
Lorent se iniciarían en el mundo de los negocios bajo la tutela de Lengerke, este
último es su sobrino, hijo de su hermana Henriette.104 Otros como Guillermo Muller
y Guillermo Schrader no parecen tener una relación directa con Lengerke, y sus
inicios en la actividad comercial se hallan ligados a la firma Koppel y Schloss,
presente en varios lugares del territorio nacional, que en Bucaramanga era
regentada por Alejandro Koppel.105 Posteriormente representarían estos intereses
Guillermo Schrader y Guillermo Muller, los cuales espantados por los

101 Ibid., p. 106.


102 Ibid., p. 114.
103 Ibid., p. 141
104 CONSTAÍN, Juan Esteban. 200 años de la presencia alemana en Colombia. Bogotá: Universidad

del Rosario, 2012. P. 75.


105 GUERRERO Rincón, Amado Antonio y AVELLANEDA, Maribel. Óp. Cit., pp. 151.

53
acontecimientos del 8 de septiembre 1879106 se marcharon precipitadamente de
Bucaramanga, quedando el súbdito inglés (nacido en Colombia) Adolfo Harker
como representante de la multinacional.

La bonanza quinera en torno a los años 1876-1882 traería un nuevo grupo, más
nutrido, entre los que destacan Polko, Lulle, Wessels,107 Larsen, Hakspiel,
Volkmann y Keller, los dos últimos asociados a Lorent & Lengerke.108 Con la muerte
de Geo en 1882, emergieron nuevas asociaciones comerciales, lideradas por Lorent
con la participación de Keller y Volkmann. Algunos de los recién llegados formarían
sus propias sociedades comerciales, luego de permanecer un corto periodo de
tiempo como dependientes de las sociedades comerciales de Lorent. Así ocurrió
con César Lulle, que llegó a Bucaramanga en el último ciclo y para 1886 ya tenía
su propia casa comercial. La llegada de los hermanos Federico y Emilio Minlos hacia
1880 era un fenómeno distinto, pues obedecía a la instalación en Bucaramanga de
una sucursal de la firma Minlos, Breuer & Co, establecida en Maracaibo y con unos
20 años de existencia. De hecho, su titular en Bucaramanga, Emilio Minlos
Montovio, era hijo del director general de aquella firma comercial, el alemán Emil
Minlos109 y la marabina (con ascendencia italiana) Dolores Montovio. De esa
manera, la mayoría de los migrantes aparecen asociados a las actividades de
Lengerke. Unos pocos responden al establecimiento de sucursales de firmas ya
constituidas en Bucaramanga: tal fue el caso del arribo de Koppel, como

106 Ese día, la sociedad democrática conocida como “La culebra pico de Oro” lideró una asonada
contra la comunidad alemana de Bucaramanga y aquellos que consideraba como sus partidarios,
con un saldo de dos alemanes muertos (Christian Goelkel Ogliastri y Hermann Hederich)
107 La presencia de Bernhard Wessels parece ser conexa a la de su hermano Martin, natural de

Bremen como él y director de la compañía de Navegación del Magdalena.


108 GUERRERO Rincón, Amado Antonio y AVELLANEDA, Maribel. Óp. Cit., pp. 152.
109 La casa comercial Minlos Breuer era una firma bastante sólida, que era la principal exportadora

de café de Venezuela. Minlos se había iniciado en el negocio del café de la mano de su suegro, el
negociante italiano Giuseppe Montovio. En 1876 regresó a Europa y dejó la dirección de sus
empresas a sus hijos. La fundación de una sucursal de la firma en Bucaramanga hacía parte de un
plan de expansión muy ambicioso, centrado en el cultivo del café, un producto que en Colombia no
alcanzaba valores de exportación. Véase CARDOZO Galué, Germán. Impacto del comercio alemán
en la economía regional marabina (1870–1900). Memorias. Revista digital de Historia y Arqueología
desde el Caribe colombiano. 2013, vol. 10, nro. Y también: RISCHBIETER, Julia Laura.
Microeconomía de la globalización. Café, comerciantes y consumidores en el imperio 1870-
1914. Böhlau Verlag, Colonia. 2011. Pp. 35–36, 51–53, 59, 348.

54
representante de la casa comercial Koppel y Schloss, que jalonó la llegada de
Guillermo Muller y Guillermo Schrader. Y también fue el caso de la firma Minlos
Breuer, en una época ya tardía. El cuadro numero 1 da más información sobre los
migrantes alemanes avecindados en Bucaramanga, su fecha de llegada estimada
y sus casas o compañías comerciales.

Cuadro 2. Relación de alemanes avecindados en Bucaramanga, con su respectiva


compañía comercial.

Nombre Compañías comerciales donde actúa Fecha estimada


de llegada
César Lulle Lengerke y Lorent, Lulle &Co. 1880
Berhard Wessels 1880
Paul Polko 1880
Albert Fritsch Lengerke & Lorent 1873
Gustavo Volkmann Lorent& Keller, Lorent & Volkmann 1880
Lorenzo Larsen 1880
Emilio Minlos Minlos, Breuer &cía 1880
Philip Hakspiel Koppel y Schloss 1875
Guillermo Schrader Koppel, Schrader y Muller 1865
Guillermo Muller Koppel, Schrader y Muller 1868
Hermann Hederich Lengerke & Lorent, Hederich&Goelkel 1865
Georg Goelkel Lengerke & Lorent Hederich&Goelkel 1865
Federico ,Minlos Minlos, Breuer &cía 1880
[Link]
Federico Hederich O.
Bucaramanga
Carlos Vogelsang Lengerke&Lorent 1873

55
Alejandro Koppel Koppel&Schloss, Koppel, Schrader y Muller 1865
César Hoffman Lengerke&Lorent, Breuer &Muller 1880
Guillermo Bluhm Lengerke&Lorent 1880
Gottfried Hanssen Lengerke&Lorent 1875
Valdemar Hanssen Lengerke&Lorent 1880
N. en
Rinaldo Goelkel
Bucaramanga
Lengerke&Lorent, Lorent & Keller, Lorent
Paul Lorent 1870
&Volkmann
Carlos Keller Lorent & Keller 1880
Carlos Muller 1880
Geo Von Lengerke Lengerke& Lorent 1855
Hermann Trebert Lengerke & Lorent 1870
Nicolas Briddler Lengerke y Lorent 1870
Ernesto Langenbach 1880
Antonia Goelkel (esposa de Demetrio Paredes Serrano) 1870
Emma Hakspiel (Esposa de Nepomuceno Valenzuela) 1875
William Baedecker Lengerke & Lorent 1865

En el cuadro también puede verse el fenómeno de los súbditos alemanes que


nacían en Bucaramanga, y que ostentaban las dos nacionalidades (alemana y
colombiana). Estos en algunos casos se vinculaban a las iniciativas comerciales de
otros ciudadanos alemanes. Las informaciones sobre las compañías comerciales
(su nombre o razón social, fechas estimadas) han sido tomadas de un artículo de
María Fernanda Duque titulado “Comerciantes y empresarios de Bucaramanga
(1857-1885): una aproximación desde el neoinstitucionalismo”110.

Las informaciones sobre los migrantes que enriquecen tal cuadro tienen en cuenta
una basta recopilación de fuentes. Muchas de las noticias sobre sus negocios se

110DUQUE, María Fernanda. Comerciantes y empresarios de Bucaramanga (1857-1885): Una


aproximación desde el neoinstitucionalismo. Historia Crítica. 2005, nro. 29, pp. 149-184.

56
obtienen a partir de una reclamación interpuesta por Lengerke en 1878 por
expropiaciones sufridas durante la guerra de 1877. De ahí se extraen los nombres
de varios de sus dependientes, como Carlos Vogelsang, Nicolás Briddler, Valdemar
Hansen, Alberto Fritsch y otros, más varios datos como su tiempo de llegada
aproximada al país.111 En este expediente hay muchos datos relevantes, como por
ejemplo cuando Wilhem (o Guillermo) Schrader certifica la nacionalidad alemana de
Lengerke,112 afirmando que conocía a su familia y había tratado a su madre.
Constatar estos lazos previos permite revalidar la hipótesis de una inmigración
basada en noticias trasmitidas de persona a persona.

El libro de Juan Esteban Constaín, titulado “200 años de la presencia alemana en


Colombia” otorga en varios acápites datos sobre la comunidad alemana en
Bucaramanga, mencionando precisamente la teoría de Lengerke y Koppel como
pioneros. Horacio Rodríguez Plata, en su libro “La inmigración alemana al Estado
Soberano de Santander” presenta un apéndice documental, en el cual es posible
encontrar nuevos rastros de los alemanes y sus ocupaciones. Por ejemplo, en un
memorial sobre el camino al sitio de Barranca Bermeja, donde se fundaría Puerto
Santander,113 se menciona a Vogelsang como un ingeniero residente en Montebello
y a Georg Goelkel y a William Baedecker como responsables de las adecuaciones.

También se obtuvieron numerosos datos de las “Crónicas de Bucaramanga” y de la


Gaceta de Santander, especialmente durante los años 1863- 1883 (números 167-
1660).114 En 1863, más exactamente el 27 de mayo, salió publicado el primer
contrato entre el gobierno del Estado Soberano de Santander y Geo Von Lengerke
para abrir un camino entre Zapatoca y lo que hoy en día es Barrancabermeja, en
esa época unas bodegas sobre el río Magdalena.115 Este hito marca el inicio de la

111 AGN, Archivos Oficiales, Fondo Ministerio de Relaciones Exteriores, transferencia 7, caja 81,
(carpeta 289).
112 AGN, Archivos Oficiales, Fondo Ministerio de Relaciones Exteriores, transferencia 7, caja 81,

carpeta 289, folio 98.


113 RODRIGUEZ Plata, Horacio. La inmigración alemana al Estado Soberano de Santander. Bogotá:

Editorial Kelly, 1968. P. 215.


114 Gaceta de Santander, años V- XXV. Socorro: Imprenta del Estado, núms. 167-1660.
115 Gaceta de Santander, Año V.1863. Socorro: Imprenta del Estado, núm 167.

57
estrecha relación entre los alemanes y el gobierno, y de ahí en adelante se darán
noticias de muchos de ellos como contratistas del gobierno. Hacia 1883, el influjo
de la comunidad alemana empieza a caer, debido a la crisis de las quinas y el
inexorable avance del proyecto regenerador, que echó por tierra muchas de las
gabelas que los alemanes habían logrado obtener de los gobiernos radicales. Sobre
ello, es necesario citar el juicio promovido por Paul Lorent, a nombre suyo y de su
tío, en 1882, por la usurpación de sus privilegios comerciales y concesiones de
tierras baldías, que el gobierno nacional había entregado recientemente al súbdito
holandés Manuel Cortissoz,116 desconociendo los privilegios concedidos por el
Estado Soberano de Santander en el decurso de poco menos de 20 años.

La tarea de seguir el rastro de la presencia alemana en Bucaramanga es en varios


casos infructuosa. De algunos de ellos, se tienen noticias fragmentadas y es difícil
reconstruir su periplo vital. Por ejemplo, Valdermar y Gottfried Hanssen aparecen
reseñados como dependientes de Lengerke en algunas de sus empresas, pero
apenas si dejaron un registro de su presencia. Su descendencia ilegítima parece
ser lo único que quedó en el país, pues al parecer no fallecieron en Colombia.
Tampoco se tienen mayores registros de Baedecker mientras que Goelkel engendra
cuatro retoños: Christian, Rinaldo, Jorge y Federico, y muere en Bucaramanga. Sin
embargo, los datos permiten clasificarlos de acuerdo con sus edades (en muchos
casos fijadas de manera tentativa), siendo plausible la hipótesis de tres
generaciones y tres oleadas migratorias:

116 Centro de Documentación Histórica Regional, Bucaramanga (CDHR). Sección civil ejecutivos,
fondo judicial de Bucaramanga, caja 108. “Juicio promovido por Paul Lorent como representante de
la Sociedad Industrial Lengerke y Cía. contra Manuel Cortissoz y Cía., sobre entrega de unas cargas
de quina o su valor, 1883.”

58
Ilustración 2: Generaciones de alemanes.

Primera generación • Geo Von Lengerke


(fecha de nacimiento • Alejandro Koppel
estimada anterior a • Georg Goelkel
1835) • Hermann Hederich

• Paul Lorent, Carlos Vogelsang


Segunda generación ( • Alberto Fristch, Lorenzo Larsenn
fecha de nacimiento • Guillermo Schrader, Guillermo Muller
estimada entre 1835 y
• Philipp Hakspiel, Paul Polko
1850)
• Emilio Minlos

• César Lulle, Carlos Keller


Tercera Generación • Gustavo Volkmann
(fechas de nacimiento • Herman Trembert, Nicolás Briddler, Guillermo Bluhm,
entre 1851 y 1865) Valdemar Hansen, Gottfried Hansen, César Hoffman
• Federico Minlos, Rinaldo Goelkel, María Hederich, etc

Fuente: Elaboración propia.

Estas fechas se infieren, nuevamente, a partir de un abanico de fuentes diversas.


Como ya se dijo, seguir las actividades de Lengerke y su casa comercial es bastante
útil, pues alrededor de 15 de los 29 están vinculados a dicha casa comercial o a las
firmas que la remplazarían tras la muerte del mítico negociante alemán, regentadas
todas ellas por su sobrino, Lorent. En muchos casos, los registros de presentación
del Club de Soto (que adquiriría posteriormente el nombre de “Club del Comercio”),
presentados por Marina Gonzalez de Cala en su libro “El club del comercio y
Bucaramanga117” permiten corroborar estos datos estimativos. Si se tiene en
cuenta, por ejemplo, que Vogelsang fue presentado en el club por Lorent en 1875,
es posible estimar su llegada poco tiempo antes, como muy temprano en 1870. Por
lo tanto, haría parte de la segunda generación de inmigrantes, que principió sus
actividades comerciales a la sombra de Lengerke. El club de Soto concentró a lo
más granado de la sociedad de Bucaramanga, sin distingo de partidos, y entre sus
primeros socios están los alemanes Hederich, Goelkel, Lengerke, Koppel, Lorent,

117
GONZÁLEZ de Cala, Marina. El club del comercio y Bucaramanga. 125 años de historia.
Bucaramanga: Club del Comercio, 1997. P. 133.

59
Schrader y Muller. Estos siete son los migrantes alemanes que ya estaban en la
ciudad en el año de fundación del club, 1872.

Si bien el número es bastante ínfimo, su participación en los procesos de


modernización y vinculación al sistema-mundo es la que define la trascendencia de
su legado. Ya se sabe que Lengerke fue infatigable constructor de caminos,
obsesionado con mejorar la conectividad entre las diversas provincias de Santander
y la búsqueda de una ruta efectiva hacia el Magdalena. Claro que ello no lo hizo
desinteresadamente: los caminos que construyó frecuentemente pasaban por sus
haciendas, y sus negocios de quinas serían los más beneficiados con el
establecimiento de una ruta hacia el Magdalena, que nunca llegó a desarrollarse.

Su perfil es similar al de otros negociantes. Lorent, su sobrino, quizás esté entre los
que más se le parece. Aunque por supuesto está muy lejos de las aventuras de
dandy protagonizadas por su tío y por otros alemanes como Carlos Keller (que
procreó dos hijos ilegítimos con Bárbara Granados)118 y Emilio Minlos (que procreó
un hijo llamado Horacio con Mercedes Díaz, de Lebrija)119 Lorent arribó a Colombia
ya casado. Muchos años después de su llegada, teniendo que declarar sobre su
extranjería, Lorent afirmaría que nació en Bremen el 26 de septiembre de 1850.
Que sus padres eran Carl Lorent y Hermine Margueritte Lengerke (nacida en
Dohsen, hija de Abraham Lengerke y Johana Lutterloh)120 Lorent a su vez tenía
talante de hombre de mundo como su tío, y en 1879 realizó un importante
descubrimiento al ubicar quina cuprea en Santander, y buscó monopolizar esa
variedad de quina, que se cotizaba muy bien en Europa.121
Su genio de hombre de negocios le valió la confianza del tío y patrón. Si bien
Lengerke prefería pasar su tiempo en su hacienda de Montebello, donde daba

118 Archivo Parroquial, Iglesia San Laureano, Bucaramanga. Libro de bautismos, 1894-1895. Fe de
bautismo de Víctor Granados. F. 36. El otro hijo ilegítimo de Keller fue Luis Antonio Granados, su fe
de bautismo se ubica en AP, San Laureano-BGA, Libro de Bautismos 1891-1894. F. 59.
119 Archivo Parroquial, Iglesia de San Pedro, Lebrija. Libro de bautismos 1884-1896. F. 139.
120
AGN, AO, MRE, Caja 82 Car298 f 81. Estas informaciones se extraen del expediente de
reclamación presentando por Lorent por perjuicios ocasionados durante la guerra de 1884-1885.
121
GUERRERO Rincón, Amado Antonio y AVELLANEDA, Maribel. Óp. Cit., pp. 157.

60
rienda suelta a sus ínfulas de señor feudal, su sobrino estaba encargado de la casa
y almacén comercial que habían establecido en Bucaramanga. A la muerte de
Lengerke, el 4 de julio de 1882, su sobrino heredó no sólo su fortuna, algo mermada
por la depreciación de la quina, sino el rol preponderante dentro de la comunidad
alemana. Sus actividades comerciales le seguirían reportando réditos cuantiosos,
diversificados en algunas actividades agropecuarias, préstamos de dinero,
industrias e inversiones en el emergente sector de los servicios públicos.122 También
fue padrino de matrimonio de varios de sus compatriotas (información que se
ampliará en el capítulo tres) y padrino de bautismo de muchos retoños de las
uniones entre alemanes y damas de la sociedad local. A su vez, fue cónsul de su
país, durante los años 1880-1896. Se tiene constancia de su permanencia en
Colombia hasta poco después de la guerra de los Mil días, momento en el que
presumiblemente retorna a su patria.

Otros negociantes, como Guillermo Schrader (que además fue el primer cónsul
alemán en Bucaramanga, hasta 1880), Guillermo Muller y Alejandro Koppel
promovieron el primer Banco, el de Santander, no con el único ánimo de prestar un
servicio a la comunidad, sino también apalancar sus propios negocios.123 Su
actividad estaba casi que exclusivamente centrada en proveer servicios financieros,
compra y venta de propiedades, así como algunos negocios de agroexportación, en
asocio a la poderosa familia Valenzuela, encabezada por don Ulpiano Valenzuela
Mutis y su hijo, José María.124 Los estrechos vínculos entre esta familia y la firma
alemana se convirtieron incluso en alianzas matrimoniales (como se verá en el
capítulo III), y resultaron muy convenientes tanto para los dos alemanes como para
José María Valenzuela. Los tres decidieron abandonaran Bucaramanga a raíz de
las amenazas que pesaron contra sus vidas en aquella negra jornada del 9 de

122
Ibid., p. 156
123
GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 161.
124 GUERRERO Rincón, Amado Antonio y AVELLANEDA, Maribel. Óp. Cit., pp. 161.

61
septiembre. Continuaron sus negocios por medio de apoderados, pero no volverían
a avecindarse en Bucaramanga.125

Usualmente los negociantes alemanes representaban una casa comercial en


concreto, y paralelo a ello desarrollaban actividades que complementaban sus
ingresos, para independizarse en algún momento. Hermann Hederich inició como
dependiente de Lengerke y llegó a administrar su tienda de sombreros, para
posteriormente abrir su propia casa comercial,126 en asocio a Georg Goelkel, que
falleció en 1873 y fue sucedido por sus hijos, Christian, Georg y Rinaldo. Philip
Hakspiel era el subalterno de Harker al frente de algunos negocios de la firma
Koppel y Schloss, llegado a Colombia en 1875. Pero con el tiempo se fraguó un
nombre propio, al entrar en tratos con la familia Valenzuela, con quienes terminó
emparentando. Y en 1884 ya tenía almacén, aunque al parecer sus actividades se
limitaban a la venta de artículos importados.127 Lulle arribó al país en 1882,
prácticamente con una valija que contenía su ropa, inició a trabajar en la casa
comercial Lorent y Keller como dependiente. Para 1886, daba apertura a su propia
casa comercial, en asocio a algunos poderosos negociantes locales como Ricardo
Valderrama y la señora Trinidad Parra de Orozco, su suegra.128

Este último caso es similar al de César Hoffman, que también inició en los negocios
como dependiente de Lorent y Lengerke, pero para el año 1900 tenía más
autonomía, pues era el representante comercial de Breuer& Muller, firma controlada
desde Maracaibo por los herederos de Hermann Breuer, negociante alemán llegado
a esa ciudad hacia 1860. Ello no impidió a Hoffman de hacer negocios por su propia
cuenta, pues se asoció a Bartolomé Rugeles para comercializar café y bienes

125 GONZÁLEZ de Cala, Marina. Óp. Cit., pp. 40.


126 GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 190.
127
AGN, AO, MRE, Transferencia 8, Caja 83, Car303 folios 10-14. Informaciones que provienen de
la reclamación presentada por Hakspiel, por perjuicios ocasionados durante la guerra de 1884-1885.
128 AGN, AO, MRE, Transferencia 8, Caja 83 Car305, folios 12-20. Informaciones que provienen de

una reclamación presentada por Lulle, por perjuicios ocasionados durante la guerra de 1884-1885.

62
raíces.129 Hoffman a su vez había intentado entroncar con la sociedad local, al
casarse con Celia Uribe en 1891, por lo cual estamos ante un negociante de origen
extranjero típico, que coincide con el perfil que se intenta trazar: vínculos con la
sociedad local y rol destacado en la comunidad, negocios diversificados y vínculos
con otros extranjeros de origen alemán, de tipo comercial y fraterno.

1.3 Presencia extranjera en otros lugares del territorio nacional


Para evitar extenderse demasiado, el presente apartado se centrará en los casos
de Juan Bautista Mainero y Ernesto Cerruti, considerando que además de ser
sumamente ilustrativos sobre la presencia extranjera en Colombia, ofrecen la
ventaja de que permiten otear otros migrantes y negociantes que se hallan a ellos
relacionados. Ello debido a su rol predominante en sus respectivas localidades
(ambos ejercen el empleo de cónsul de Italia: Cerruti en Buenaventura y Cali,
Mainero en Cartagena) y su elevada fortuna.

Antes de hablar de Mainero, es necesario decir que la Costa lideraba las


estadísticas de presencia de extranjeros, pues en sus puertos se instala el grueso
de las firmas agroexportadoras. Varios estudios han destacado, para el caso de
Barranquilla, la comunidad judío-sefardita y la comunidad alemana, y para el caso
de Cartagena, la comunidad italiana. La más antigua es la de Cartagena, que Luis
Fernando Molina ubica en torno a los años 1830, conformada por importantes
hombres de negocios como Juan Trucco, Bernardo Capurro, Capela, Benedetti,
Emiliani, Bossio, Aycardi.130 Estos replicaban el modelo ya expuesto de la
importación de artículos y la exportación de “frutos de la tierra”, como las quinas. Se
tiene noticia de que, por ejemplo, además de sus actividades exportadoras en

129 MARTÍNEZ Carreño, Aida (Ed.) Bartolomé Rugeles. Diarios de un comerciante bumangués. 1899-
1938. Bucaramanga: Universidad Autónoma de Bucaramanga, 2005. P. 40.
130 MOLINA, Luis Fernando. Óp. Cit., pp. 4.

63
asocio a Trucco y Mainero, Bernardo Capurro tenía un almacén muy bien surtido en
la Plaza de la Yerba, de Cartagena.131

Esta generación pionera fue superada con creces por Juan Bautista Mainero y
Trucco, que llegó a ser el hombre más rico de Cartagena. La obstrucción del Dique,
que se convirtió en un hecho constante, sumió a Cartagena en una debacle de la
cual difícilmente se recuperaría. Por eso, el joven Mainero tuvo que emigrar, junto
con su esposa Leonor Bossio a Quibdó, en el Cauca, con el objetivo de hacer
fortuna. El Chocó ofrecía potencial fortuna por el auge de la minería. Pero no se
dedicaría Mainero a la extracción de oro, sino a la compra de este a pequeños
mineros, para su posterior reventa y exportación. Con ayuda de su socio, Gregorio
Martínez Bossio, primo de su mujer, logró introducir la navegación entre Quibdó y
Cartagena, ofreciendo nuevos mercados para la menguada ciudad colonial.132

Mainero a su vez puso sus ojos en el vecino estado de Antioquia, valorando la


importancia de la conectividad entre Quibdó y el occidente antioqueño. La irrupción
de Mainero en Antioquia le trajo importantes beneficios económicos, buscando la
fórmula ya conocida del privilegio y la contratación con el gobierno seccional para
acometer obras públicas. Tal fue el caso del camino entre Quibdó y Santa Fe de
Antioquia, del cual obtuvo el privilegio. Pese a algunos reparos, logró establecer un
camino transitable, y se benefició ampliamente de los baldíos repartidos por el
gobierno del Estado. En muchos de ellos inició la siembra de tabaco, durante la
primera mitad de la década de 1860.133

Mainero también estableció negocios en el Norte de Antioquia, en torno a la zona


minera de Zaragoza. Su negocio incluía no sólo participación en las minas, sino el
abastecimiento de estas a través de unas haciendas que estableció en la cuenca
del río Nechí. La más notable de ellas se llamaba el Limón, y según Molina, Mainero
instaló un eficiente circuito empresarial, altamente rentable. Tuvo en el pueblo de

131 MEISEL, Adolfo y AGUILERA, María. Cartagena a través de tres censos de población. Tres siglos
de historia demográfica de Cartagena de Indias. Bogotá: Banco de la República, 2009. P. 55.
132 MOLINA, Luis Fernando. Óp. Cit., pp .5.
133 Ibid., p. 7.

64
Zaragoza una casa desde la cual se administraban estos negocios.134 En el distrito
de Titiribí, Mainero fue propietario de la mina “El Zancudo”, que compró por más de
60000 mil pesos en 1862. Esta compra ocasionó gran escándalo en la sociedad
antioqueña, pues acaeció justo después de la Guerra de las Soberanías, y le dio a
Mainero fama de hombre millonario.135 En la transacción venía incluida la fundición
de Sabaletas, regentada por Reinhard Pashke, que se convirtió en su empleado.

Estas minas resultaron ser su negocio más rentable. Entre sus socios se encontraba
Carlos Coriolano Amador,136 que descendía de una notable familia cartagenera,
dueño de la mitad. Y el ingeniero nacido en Cuba, pero de nacionalidad
estadounidense Francisco J. Cisneros, magnate de los ferrocarriles, que tenía
concesiones de vías férreas en casi todos los estados de la república. Mainero
retornó en 1868 a Cartagena y emprendió negocios de exportación e importación,
al igual que lo había hecho su tío. Combinó esta actividad con la especulación
inmobiliaria, e intentó convertirse en contratista del gobierno de Bolívar. Una de las
obras públicas que absorbió su interés fue la navegabilidad del canal del Dique.137
Mainero se alió con Cisneros para ganar la licitación, pero perdió. Posteriormente
organizó una compañía para hacer la carrera de Cartagena a Honda usando el canal
inaugurado en 1881, pero tuvo problemas para cumplir el contrato, debido según él
a que dicha obra era deficiente.

Otro negocio que captó su atención fue el de la ganadería en Bolívar, que tenía un
antecedente colonial muy exitoso en los hatos ganaderos de los Marqueses de
Torre Hoyos y Santa Coa. Para ello, Mainero trabó alianza con sus primos, los
González Trucco y los Trucco Bossio, a fin de realizar exportaciones de vacuno a
Centroamérica y las Antillas.138 Su primera gran inversión en este ramo la realizó en
1872, con la compra de la Hacienda Buenavista, ubicada en Turbaco. Este

134 Ibid., p.11.


135 Ibid., p.12.
136 Coriolano Amador es descendiente del prócer y político Juan de Dios Amador.
137 Ibid., p.14.
138 Ibid., p.18.

65
gigantesco globo de tierra, que era atravesado por el ferrocarril que unía a
Cartagena con Calamar y poseía puerto propio sobre la Bahía, fue arruinado
durante la guerra de 1885, debido a que las fuerzas de Gaitán Obeso, que
asediaban la ciudad, ocuparon la hacienda y consumieron todo su ganado.139

Sus negocios inmobiliarios también fueron harto redituables: a finales del siglo XIX,
Cartagena era conocidas como el “corralito de Mainero”, dadas las múltiples
inversiones en bienes raíces realizadas por el negociante italiano. La compra de
viejas edificaciones, para luego refaccionarlas o reedificarlas, se convirtió en uno de
sus principales activos, y se estima que invirtió alrededor de 300000 mil pesos en
este propósito.140 A su vez, Mainero no descuidó el ornato de la ciudad que le
acogió, pese a que es descrito como un individuo apático, que gustaba de
relacionarse únicamente con integrantes de la comunidad italiana.141 Se tiene la
noticia de que “llenó de mármol” a Cartagena. Una de sus contribuciones más
sobresalientes es la estatua de Colón, réplica de la que se hallaba en Génova, que
donó a la ciudad. Y la remodelación del cementerio de Manga, lugar donde reposan
sus restos, y se eleva su cenotafio, primorosamente tallado en el más fino mármol.

En el caso del Estado soberano del Cauca, hay que destacar la presencia italiana
en el valle del Río Cauca y la del norteamericano Santiago Eder, por su considerable
impacto en la economía y la política de esa región. La dinámica de la presencia
italiana en el Valle estuvo ligada irremisiblemente al boom de las quinas, las cuales
se convirtieron en un producto notable en el estado soberano del Cauca durante la
década de 1870. Antes de ello, las noticias sobre la presencia de negociantes
italianos en la región son muy fragmentarias. Dicha presencia estaba muy vinculada
al puerto de Buenaventura, que no sólo es el punto de entrada de los migrantes,
sino que es el destino natural de todas las mercancías y el punto por donde ingresan
las exportaciones. Así, en Buenaventura se establecen inicialmente varios

139 Ibid., p. 19.


140 Ibid., p .21.
141 Ibid., p. 22.

66
negociantes como Tassara, Cerruti, Doria, Quilici y Crispino. En Buenaventura
inclusive funcionaba un consulado de Italia, por lo menos desde 1860.142

La bonanza de las quinas vio elevarse a una de las fortunas más sólidas de Los
Estados Unidos de Colombia, y la mayor del Cauca: la de Ernesto Cerruti Castelli,
súbdito del Reino de Italia, quien a partir del año 1872 constituyó la sociedad
comercial Ernesto Cerruti y Cía, junto a connotados hombres de negocios y políticos
locales. Sólo dos años antes había llegado a Buenaventura, procedente de Panamá,
ciudad en la que estaba como empleado de la casa comercial Ferrari desde 1869.143
Sin embargo, un folleto escrito por un contemporáneo, Francisco Rebolledo, titulado
“Aventuras de un cocinero” le asigna a Cerruti unos orígenes más modestos,
comentando que era zapatero remendón en Panamá, y el mismo fue testigo de
cómo logró embarcarse para Guayaquil, mediante embustes, como cocinero en un
barco, para posteriormente emigrar hacia Buenaventura, lugar donde mejoró mucho
su suerte al ser empleado en la casa comercial Tassara.144

La relación de Cerruti y el socio principal de aquella casa comercial, Sebastián


Tassara, fue harto fructífera para el primero. Para 1871 Cerruti ya tenía el suficiente
capital para comprarle a Tassara la casa de este último en Buenaventura, que había
edificado diez años antes a sus expensas.145 Tassara no parecía muy interesado en
permanecer en Colombia, porque en poco tiempo vendió todos sus activos a Cerruti,
sin que exista constancia del origen de los fondos con los cuales Cerruti pudo
acometer tales empresas. Testigos afirmaban que Cerruti había arribado sin capital
alguno al país, para ser dependiente de la casa comercial Tassara.146

Sin embargo, Alonso Valencia Llano postula la hipótesis de que tal fortuna estaba
basada más que nada en el hábil manejo de varios créditos que le habría extendido

142 El consulado se trasladó a Cali en 1871. Ernesto Cerruti lo ocupó de 1870 a 1879.
143 VALENCIA Llano, Alonso. Óp. Cit., pp. 300.
144 REBOLLEDO, Francisco. Aventuras de un cocinero. Bogotá: Imprenta de “El mensajero”, 1898.

P. 12.
145 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car10, f. 5.
146 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car10, f. 22.

67
su otrora patrón, Sebastián Tassara, librados en Panamá.147 Ello resulta bastante
plausible, ya que es el presunto origen para la fortuna de otro extranjero que llegó
al Cauca en condiciones similares: el estadounidense de origen letón James (o
Santiago) Eder. Su hijo Phanor, autor de una monografía sobre su padre, atribuye
su fortuna al crédito que le extendió su hermano mayor Henry Eder, que fue uno de
los primeros ciudadanos estadounidenses que abrió casa comercial en Panamá, en
fecha tan temprana como 1845.148 No hay duda de que estas afirmaciones llaman
a revisar el rol de Panamá en los procesos migratorios, pues lo poco que se ha
trabajado sobre estos procesos ignora por completo esta porción de la Colombia de
ese entonces. Al parecer, Panamá podría tener un rol determinante en el fenómeno
migratorio, como cabeza de puente utilizada por muchos migrantes, y hogar de
numerosas casas comerciales de extranjeros. Tal y como lo señalaba Phanor Eder
al escribir la memoria de su padre.149

Pero retornado a Cerruti, lo cierto es que 1873 fue para él un venturoso año. Pues
además de abrir su propia casa comercial, contrajo un afortunado matrimonio con
Emma Davies Mosquera, que le emparentó con lo más granado de la sociedad
caucana. Pasó a ser pariente político del Gran General Tomás Cipriano de
Mosquera (abuelo de la novia), cuatro veces presidente de la república y del general
Jeremías Cárdenas Silva (tío de la novia). Este último sería uno de los socios
fundadores de “Cerruti & Co”. La sociedad incorporó a otro importante político y
militar del círculo mosquerista, el general Ezequiel Hurtado. Fundada en Cali por
escritura pública, la sociedad comercial declaraba que sus objetivos eran “toda clase
de negocios y especialmente la exportación de frutos del país.”150 Además de ello,
Cerruti suministraba todo el capital inicial, 20000 pesos en varios contados. Asumía
también Cerruti la dirección de la sociedad, y sólo él determinaría cuales serían los

147 VALENCIA Llano, Alonso. ¡Centu per centu, moderata ganancia!: Ernesto Cerruti, un comerciante
italiano en el estado soberano del Cauca. Boletín Cultural y Bibliográfico. 1988, vol. 25, nro. 17, pp.
59.
148 EDER, Phanor. El fundador Santiago M. Eder. Bogotá: Antares, 1959. P. 56.
149 Ibid., p. 41.
150 AGN (Col) AO, MRE, Transferencia 8, caja 98, carpeta 1. F. 1.

68
negocios en los cuales incursionaría. No hay constancia de aporte de capital de los
otros socios. Quizás porque consideraban como suficiente contrapartida el enorme
prestigio político y social que mantenían en el Cauca, lo cual demostraría ser muy
útil a los intereses de la casa comercial.

La sociedad comercial despertaría la envidia de muchos, quienes veían con


preocupación su considerable capital y la influencia política de sus integrantes. De
hecho, puntualmente se hicieron dos acusaciones. La primera de ellas tenía que ver
con la venta de armas, realizada con Cerruti como intermediario, que tenía como
objetivo armar a los partidarios del mosquerismo para atacar a los conservadores
en el Cauca, y la segunda tenía que ver con el remate de bienes muebles
decomisados a rebeldes durante las guerras civiles, que los influyentes socios de la
compañía se encargaban de direccionar para su mayor provecho.151 Esta acusación
es replicada por Carlos Albán, en el informe que, en calidad de procurador del
Cauca, preparó sobre la “cuestión Cerruti” en 1886.152 Existía la sensación de que
la casa Cerruti y Co ejercía una influencia indebida en los asuntos públicos.

Sin embargo, también otros negociantes extranjeros se beneficiaban de su relación


con personalidades políticas del Estado. Santiago Eder logró numerosas
concesiones para llevar a cabo caminos carreteables. El más importante sin duda
era el de Buenaventura a Cali, al que Eder se aplicó con tesón. Entre los
prominentes hombres que eran cercanos a su persona se encontraban el Gran
General (al que Eder conoció en Panamá o en Nueva York, durante la década del
50), Juan de Dios Ulloa, Pio Rengifo (que además era su socio) y Jorge Isaacs
Ferrer.153 El padre de este último, el inglés George Isaacs, había fundado la
Hacienda Manuelita, llamada así por la madre de Isaacs, Manuela Ferrer Scarpetta.
Esta propiedad sería la residencia y principal activo de Eder y su ingenio azucarero,

151 REBOLLEDO, Francisco. Óp. Cit., pp. 301.


152 ALBAN Carlos. Informe que el procurador general del Estado del Cauca dirige al señor presidente
de la Unión, relativo a la cuestión con el ciudadano Ernesto Cerruti. Popayán, 1885. P. 5.
153 EDER, Phanor. Óp. Cit., pp. 87.

69
que con el tiempo adquiriría el nombre de “Ingenio Manuelita”. Sus descendientes
retienen este emporio comercial, uno de los más relevantes del país.

El estado del Cauca era en esa época una zona bastante prometedora para hacer
negocios. Las enormes tierras baldías del estado atrajeron por igual la atención de
nacionales y extranjeros. Así, Mainero, vecino de Quibdó, recibió 1500 hectáreas
de tierras baldías en la zona del río Atrato, mientras que se conformó una sociedad
denominada “Burila”, en torno a un globo de tierra salobre ubicado en el distrito de
Zarzal que atraía a un número considerable de colonos. Su propietario, Lisandro
Caicedo, se asoció con connotados políticos como Eliseo Payán, Juan De Dios
Ulloa y Manuel Antonio Sanclemente, y también con negociantes extranjeros como
el alemán Karl Hoover Simmonds.154

En virtud de adelantar actividades relacionadas con la bonanza quinera, Cerrruti y


compañía realizaron un astuto ardid, que las fuentes consultadas (Rebolledo, Albán
y Alonso Valencia) reportan de manera más o menos similar. Consistió en lograr
que la asamblea del Estado del año 1872 erigiera en territorio al distrito de Páez,
con abundante riqueza en quinas y con población mayoritariamente indígena.
Lograron que Mosquera, presidente del Estado, nombrara prefecto a hechura suya,
y luego arribaron a dicho territorio los generales Landaeta y Hurtado, para
supervisar los intereses de la compañía. De inmediato comenzaron los abusos
contra los indígenas, a quienes no sólo desplazaron de sus tierras, sino explotaron
con salarios de hambre, introduciendo también peones y colonos foráneos.155 Ello
motivó la airada reacción de los indígenas, quienes saquearon la sede de la
empresa, llevándose machetes, quinas y dinero.156 Además de ello intentaron
asesinar a Landaeta y Hurtado, los cuales abandonaron el territorio. Sin embargo,

154 VALENCIA Llano, Alonso. Empresarios y políticos. Óp. Cit., pp. 67.
155 AO, MRE, transferencia 8, Caja 98, Cr1, f. 32.
156 Ibid., f. 34v.

70
la compañía continuó explotando por medio de intermediarios la vasta riqueza
quinera, hasta la caída de los precios de la quina a finales de la década.157

A partir de sus primeros éxitos con las quinas, Cerruti pudo soñar con convertirse
en terrateniente, y en 1875 le compró a la señora María Manuela Vieria, viuda de
Juan Antonio Caicedo, una hacienda llamada “Mulaló” 158, a la que Cerruti añadiría
otras fincas y potreros (como “La Burrera” y “el Jagual”). Posteriormente compró la
hacienda de “Salento”, agregándola al globo de tierra, que quedó bautizado con este
último nombre. La hacienda estaba convenientemente situada, en la orilla occidental
del río Cauca, y representaría la propiedad principal de Ernesto Cerruti, su
residencia habitual y el lugar donde se dedicaría a varias actividades agropecuarias,
como la cría de ganado. Salento fue descrita como una hacienda magnífica por sus
contemporáneos, descripciones que recoge Phanor Eder en el libro sobre su padre.
Allí informa que en Salento había una destilería, servicio de plata en abundancia y
piscina cubierta, entre otros lujos.159

La buena fortuna de Cerruti terminó tan fugaz como había empezado. En el Cauca
su figura empezó a ser odiada, debido a su excesiva figuración en la vida política
del Estado, y a sus prácticas comerciales, consideradas como cuestionables. Su
manejo del monopolio de la sal les resultaba bastante odioso, especialmente a los
militantes conservadores, que en algunas zonas del Estado eran mayoría. El líder
de esa facción, Carlos Holguín Mallarino, ventiló que en Cauca operaba un
“gobierno por escritura pública” en clara alusión a Cerruti y sus influyentes socios.
Y la victoria de Hurtado en 1879, para ser presidente del Estado ratificó la
preponderancia de la casa comercial Cerruti.160

Mucho se ha hablado sobre la participación en política de Cerruti, y se le tiene por


radical y anticlerical. Lo cierto era que sus socios militaban todos ellos en la facción

157 REBOLLEDO, Francisco. Óp. Cit., pp. 22. ALBÁN, Carlos. Óp. Cit. Pp. 9. VALENCIA Llano,
Empresarios y políticos. Óp. Cit., pp. 300.
158 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car10, f .44.
159 PHANOR Eder. Óp. Cit., pp. 375.
160 VALENCIA Llano, Alonso. Centu per centu. Óp. Cit., pp. 60.

71
independiente, que exhibía una ideología débil y más bien se presentaba como
“tercera vía” o fórmula de conciliación, pero que no era otra cosa que la expresión
de oligarquías regionales, vinculadas al estamento militar. Su participación en la
expulsión del obispo Bérmudez es bastante confusa, y quizás responda más bien a
las alianzas del momento entre independientes y radicales. En el año 79 esta
alianza se disolvió, pues los independientes derrocaron al presidente radical
Modesto Garcés (en circunstancias que se verán en el capítulo II). Lo cierto es que
en general la política colombiana de la época tiene mucho de sectarismo, pero
también de oportunismo. De lo que sí parece consciente Cerruti es de la necesidad
de escoger un partido. Apostar por uno de los sectores en pugna, para lograr la
victoria y participar de las mieles del poder: tal parece ser la divisa de Cerruti.

Con todo, Cerruti no calculó la caída de los precios de las quinas y el incendio total
del puerto de Buenaventura en 1881, que dejó sus negocios bastante
malparados.161 Cerruti volcó entonces su atención a la contienda para elegir
presidente del Cauca, a celebrarse en 1883. Se alió con un político cuestionable,
Tomás Renjifo, general durante la guerra de 1877. Apostó fuertemente por su
candidato, organizando reuniones y repartiendo pan y circo en los distritos de Cali,
Palmira, Buga y Buenaventura. Sin embargo, perdió toda su inversión por el
fallecimiento de Renjifo, en enero de 1883. El destino le jugó a Cerruti una mala
pasada. Terminó la época de la contratación estatal, y llegaron las vacas flacas.
Para el momento en el que estalló la guerra de 1885, Cerruti estaba al borde de la
bancarrota.162 Por ello, no extraña la actitud que tomó durante aquella contienda.
Saborear de nuevo las mieles del poder parecía ser su única alternativa.

Precisamente, las recurrentes guerras se estaban configurando como un rasgo


poco atractivo para un inversionista extranjero. Así lo señala Phanor Eder, al señalar
que su propio padre se vio entre los damnificados de la guerra de 1885, y hubo de

161
VALENCIA, Alonso. Centu per centu. Óp. Cit., pp. 69.
162
PHANOR Eder. Óp. Cit., pp. 381.

72
instaurar una reclamación cuya resolución duró poco más de diez años.163 Mainero
también sufrió cuantiosas pérdidas por expropiaciones en la guerra de 1885, y los
negociantes alemanes en Santander tampoco se salvaron de ella, pues el Cauca,
La Costa y Santander fueron los lugares donde se experimentó con mayor fuerza
esa guerra. Una guerra que no es otra cosa que la expresión de una tensa política
de alianzas y revanchas, fundamentada en el espíritu de partido y la exclusión del
contrario, como se verá a continuación.

163
Ibid., p. 403.

73
2. EL CLIMA DE NEGOCIOS PARA LOS EXTRANJEROS DURANTE LAS
GUERRAS CIVILES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX.

Como la presente investigación pretende abordar a los negociantes extranjeros


establecidos en Colombia en relación con su entorno, es conveniente indagar por el
contexto en el cual se desarrolló su ingreso al país y su ulterior residencia en
Colombia. Al elegir el inicio de las experiencias federales como inicio del marco
temporal de la investigación, no sólo se alude a un momento donde crece
significativamente la inmigración por cuenta de la inserción de Colombia en el
mercado mundial, sino a un periodo sumamente convulso en materia política y
social. Caracterizado por circunstancias que se relacionan con el accionar de los
negociantes extranjeros, como la existencia de nueve entidades federales
conocidas como “Estados soberanos”, pobremente integradas y las constantes
pugnas políticas entre los Estados y el gobierno de la Unión, es decir el
faccionalismo o “espíritu de partido” junto a la guerra, su consecuencia directa.

Por ello, en este capítulo se introducirá la temática de la política y la sociedad


colombiana de la segunda mitad del siglo XIX. Entendiendo que es poco afortunado
estudiar la inserción de los grupos de extranjeros en las sociedades locales sin
entender el contexto político y social, signado por guerras civiles, cambios
constitucionales y una “anarquía organizada” que incidirá directamente en las
actividades de los negociantes extranjeros. E insistiendo en la necesidad de
preguntarse hasta qué punto tales extranjeros pudieron permanecer al margen de
los conflictos políticos y sociales, manteniendo la “neutralidad” que se les
demandaba en la más antigua de las leyes sobre esta materia: la de 1847.

Ello con el objetivo de dar contexto a los negocios emprendidos por extranjeros en
el territorio nacional. Frank Safford, en un texto ya clásico, señalaba que una de las
dificultades que enfrentaban los extranjeros al hacer negocios en Colombia durante
el siglo XIX era el difícil clima político, caracterizado por las sucesivas guerras

74
civiles y el cambio de políticas estatales, de suerte que los capitales invertidos
corrían un riesgo considerable.164 Esta idea, en la que Safford no profundiza, invita
a reconstruir el clima político de la actual Colombia durante esa época, y sugerir las
posibles afectaciones de lo que los contemporáneos llamaron el “espíritu de partido”
en el orden público y en la sociedad, especialmente en lo tocante a los negociantes
extranjeros y sus negocios. Por otra parte, es posible hablar no sólo de un clima
difícil para los negocios (como lo señalan algunos contemporáneos, entre ellos,
Aquileo Parra) sino de otras “trabas”, como la escasez de la mano de obra y la
contracción de los mercados.165 Pero sin duda, el rasgo más relevante es la
recurrencia de la guerra como mecanismo para dirimir conflictos, que tiene como
consecuencia directa la expropiación de bienes a negociantes y emprendedores,
entre ellos por supuesto los de origen extranjero.

A ello se le sumaban las excesivas atribuciones de los Estados, que ocasionaban


choques y pugnas con el gobierno federal. La legislación de los Estados debía
ajustarse a la emitida por la Unión, y los decretos dictados por el presidente de los
Estados Unidos de Colombia debían ser implementados por los presidentes de los
Estados Soberanos. Sin embargo, como se demostrará en este capítulo, tal
implementación muchas veces era problemática. Las instituciones del poder
nacional estaban en constante conflicto con los poderes de los estados, y la guerra
fue el mecanismo más usual para dirimir esos conflictos.

La ausencia de vías de comunicación y la incapacidad para emprender grandes


proyectos de infraestructura se explicarían por la poca coordinación existente entre
el gobierno nacional y los Estados, pues estos últimos carecían de crédito en el
exterior y de capital para emprender tales obras. La solución fue concesionar la
apertura de vías de comunicación, a cambio de ciertos privilegios y ventajas para
aquellos que ejecutaran el proyecto a su costa. Con frecuencia, los concesionarios
eran negociantes de origen extranjero. Las concesiones iban de la mano con la

164 SAFFORD, Frank. Óp. Cit., pp. 87-111.


165 VALENCIA Llano, Óp. Cit., pp. 28.

75
doctrina económica del “laissez faire, laissez passer”, adoptada por la dirigencia
radical.166 El estado se limitaba a rematar las concesiones y administrarlas, mientras
los negociantes ejecutaban las vías de comunicación requeridas para llevar sus
productos al sistema-mundo.

La solución a los problemas de conectividad e infraestructura también estaba


íntimamente relacionada por la política. Con frecuencia los contratos estatales eran
una manera de pagar favores o cimentar alianzas. Al carecer de músculo financiero
para emprender iniciativas, el gobierno se asemejaba a una red burocrática que
concedía permisos, celebraba acuerdos e intentaba obtener beneficios derivados
de las actividades empresariales, en las cuales casi nunca intervenía. Funcionaba
también como una especie de árbitro: definía reglas fundamentales y ante él se
dirimían disputas (como en el caso de la disputa entre Alfredo Blum y Santiago
Eder)167 Por ello, el clima de los negocios estaba muy relacionado con lo político,
pues las instituciones débiles y las constantes variaciones constitucionales
sometían los negocios a la influencia de líderes políticos que controlaban las
maquinarias estatales.

A la hora de indagar por lo político, las memorias y textos reflexivos escritos por
figuras de la época serán el más útil de los tipos documentales, pues permiten
conocer a profundidad opiniones desde diversas posiciones del espectro. Al revisar
sistemáticamente títulos publicados en ese periodo o que se refieren a él (por
ejemplo, las memorias de Quijano Wallis o Aníbal Galindo), escritos por actores de
espectros políticos diferentes, se logra una mejor idea de ese clima político que es
elusivo en los documentos de carácter oficial.

Precisamente al analizar periódicos y memorias como las de Salvador Camacho


Roldán, Myriam Jimeno logra trazar una imagen de la política del periodo federal
(1856-1885), protagonizado por los radicales. Sobre ellos, señala que:

166
PARRA, Aquileo. Memorias. Bogotá: Incunables, 1982. P. 89.
167
EDER, Phanor. Óp. Cit., pp. 399.

76
Las ideas liberales les fueron favorables para articular una política propia para el manejo
del nuevo Estado, pero no me parece que ello obedeciera tan sólo a una postura
ideológica, sino que la postura ideológica era inseparable de un interés pragmático por
debilitar a sus contendores políticos. Puede ser que no consiguieran prever las
consecuencias de sus decisiones y que estuvieran enceguecidos en medio de la lucha
conta sus opositores. Así lo parece, porque la forma en que aplicaron los ideales de las
corrientes liberales tuvo como consecuencia el debilitar las cortapisas institucionales al
uso de la violencia.168

Para Jimeno, es claro que los radicales practicaron la política de una manera
sectarista y excluyente, basada en la identificación de enemigos y la oposición a un
contrario, en este caso los conservadores que fueron su enemigo político por lo
menos desde los albores del liberalismo radical en la década de 1850. La mejor
forma de sostenerse en el poder para ellos fue mantener en situación de debilidad
a sus contrarios, privándolos del acceso a los cargos de representación política. Los
radicales “Acentuaron de tal manera los peligros del ejercicio de la autoridad, que la
confundieron con el poderío (uso de la fuerza para ejercer y sostener el poder. Muy
a su pesar, esto fue lo que les abrió las puertas a sus opositores conservadores,
alentados por la proliferación de focos de violencia en la forma de levantamientos
locales o de guerras internas”169. De manera que se puede hablar de un escenario
político sumamente precario, con instituciones débiles y una confrontación
permanente. Este escenario será el contexto político en el cual actuarán los
negociantes de origen extranjero.

Este capítulo revisó varias facetas del “clima de los negocios”. En primer lugar, las
condiciones materiales, entendiéndose por tales los aspectos relacionados con la
geografía, la infraestructura, la conectividad, y, en fin, el medio físico. En segundo
lugar, el tópico político, dentro del cual están el “espíritu de partido”, la debilidad
institucional y las recurrentes guerras civiles. Y, por último, se le concederá especial
atención a la Guerra de 1885, pues se tiene la hipótesis de que redefinió la relación

168 JIMENO, Miriam. Los límites de la libertad: ideología, política y violencia en los radicales. En
SIERRA, Rubén(editor). El radicalismo colombiano del Siglo XIX. Bogotá: Universidad Nacional,
2006. P. 170.
169 Ibid., p. 172.

77
del gobierno con los negociantes de origen extranjero, además de cambios
institucionales y políticos que de alguna manera les afectaron.

2.1 PANORAMA DESALENTADOR U OPORTUNIDAD: CONDICIONES


MATERIALES PARA LOS NEGOCIOS DE EXTRANJEROS.

Entender a los negociantes de origen extranjero en el espacio donde actúan


requiere una adecuada contextualización de dicho espacio. La Colombia de aquella
época posee características singulares que incidieron directamente en las
actividades de los negociantes extranjeros. Quizás uno de los rasgos más
determinantes sea el hecho de que el país se encontraba dividido en 9 entidades
federales, denominadas “Estados soberanos”. En la constitución de 1863, se
especificaban las amplísimas atribuciones de los gobiernos estatales, entre ellas el
régimen fiscal y arancelario, así como el derecho a tener su propio presupuesto y
administrar las rentas estatales, lo que determinaba que gran parte del gasto público
fueran gestionado desde los centros de poder regionales y no desde la capital
nacional. Debido a ello, los negociantes extranjeros establecieron provechosos
tratos con las oligarquías regionales, buscando facilidades para sus negocios y
socios cuyo prestigio e influencia social y política les fuera útil.

La federalización permite que cada uno de los Estados tenga condiciones


particulares, que inciden directamente en las actividades de los negociantes de
origen extranjeros. Tale condiciones eran modeladas, de cierta manera, por las
élites que detentaban el poder, las cuales determinaban las políticas públicas, las
leyes y los decretos que regían la vida económica y social, contando con el marco
general de la constitución de Rionegro, y las leyes y decretos del orden nacional,
cuya implementación era problemática. En el caso de los gobiernos radicales, su
agenda se ve resumida en el programa que desplegó Manuel Murillo Toro al
conseguir el poder en el Estado Soberano de Santander, en 1857. Pese a que había
nacido en Chaparral, la asamblea constituyente del Estado le votó masivamente.

78
Murillo creía fervorosamente en un estado que operara como garante de las
libertades, pero dejara en manos de la iniciativa privada la mayor parte de los ramos,
como la creación de empresas, las obras de infraestructura y la educación.170 Este
sería el punto de vista dominante en Santander por lo menos hasta bien entrada la
década del 70, pero no la tónica general, pues la Constitución consideraba que cada
estado era libre de legislar y establecer sus propias directrices siempre y cuando no
lesionaran a otros Estados. Sin embargo, es claro que debían ser observados
elementos como la desamortización, la educación laica, la libertad de culto, la
inexistencia de la pena de muerte y otras disposiciones que eran de naturaleza
constitucional.

La observancia de dichos elementos constitucionales varió en función de las


singularidades de cada estado. En el caso del Cauca, el predominio de la facción
“independiente”, capitaneada por los edecanes del General Mosquera (los
generales Trujillo, Payán y Hurtado) determinó que existiera una política moderada,
destinada a no perturbar la paz social. Esta última pareció ser la divisa de los
gobiernos caucanos, pues allí por ejemplo el general Trujillo desistió de aplicar el
decreto de instrucción pública expedido por la administración Salgar, que introducía
importantes reformas en el currículo y fue una de las causas de la guerra de 1876
en el Cauca, cuando el gobierno del radical Cesar Conto decidió finalmente
implementarlo. Conviene decir que el programa radical nunca fue enteramente
funcional, por ejemplo, la propuesta de eliminar las rentas estancadas no pudo
llevarse a cabo. La crisis que estalló en 1876 y determinó una redefinición de las
fuerzas políticas tuvo que ver con que el programa radical no logró realizar las
propuestas iniciales que habían esbozado sus ideólogos en la década del 50.171

Las divergencias entre el gobierno federal y los Estados afectaban a los negociantes
extranjeros. Quizás uno de los ejemplos más relevantes sea el de Geo Von

170 ZAPATA Giraldo. Reforma radical en el Estado Soberano de Santander. Bogotá: Universidad del
Rosario, 2017. P. XV.
171 Ibid., p. 15-17.

79
Lengerke, que quedó envuelto en un choque entre el Gobierno de Santander y el
de la Unión, con ocasión de las concesiones de tierras baldías entre los ríos
Sogamoso y Opón. Lengerke había recibido sucesivas concesiones de baldíos en
torno al camino de Montebello a Puerto Santander (Barranca Bermeja) que había
levantado a su costa. En 1880 el gobierno nacional en cabeza de Rafael Núñez
concedió gran parte de estas tierras a Manuel Cortissoz, que sólo hasta 1877 se
había asentado en la región. Solón Wilches, en ese entonces presidente de
Santander, protestó, subrayando las leyes y decretos que concedían a los estados
soberanos la facultad de repartir los baldíos.172 Sin embargo, no pudo hacer mucho
más, pues quería evitar una intervención de la Guardia Colombiana. Pese a que
Wilches volvió a celebrar con Lengerke contratos de explotación de quinas y
concesión de baldíos, Cortissoz y Compañía no se rindieron y embargaron la quina
de Lengerke y sus socios.173 Trabaron alianza con el general Fortunato Bernal, que
organizó bandas armadas que hostilizaron a los peones de Lengerke. El conflicto
se extendió hasta el fallecimiento del mítico alemán, el 4 de julio de 1882.

La “anarquía organizada”, se combinaba con un panorama que era a la vez


prometedor y desalentador. La existencia en casi todos los estados de amplias
zonas susceptibles de colonización era un atractivo que motivó la inmigración de un
número considerable de extranjeros. Casi todos, con excepción del Cauca y
Panamá, se veían surcados por el río Magdalena en su tramo navegable, por lo cual
buscaron articular su infraestructura en torno a la arteria vial natural, con resultados
disímiles en cada uno de los casos. Pero resultaba desalentadora su precaria
existencia, en medio de guerras y conflictos entre las diversas tendencias políticas,
que hacían presencia en todo el territorio nacional. Los “partidos” no sólo pugnaban
por el poder en escala nacional, sino también por el poder a escala local. Con
frecuencia, esos presuntos intereses de partido servían para disimular los intereses
de las élites locales. La guerra de 1875 en los estados de la Costa quizás resume

172 RODRÍGUEZ Plata, Horacio. Óp. Cit., p. 126.


173 Ibid., p. 132.

80
muy bien estos intereses, pues el caudillo Farías por ejemplo fue protegido en el
valle de Upar y en Riohacha, en parte como una manera de mostrar el rechazo al
presidente apoyado por la élite samaria, Riascos.174

Salir al Magdalena era vital para Santander: es así como fundar un puerto efectivo
era una empresa que consumía una gran cantidad de esfuerzos y recursos.

Ilustración 3 Moneda de Geo Von Lengerke.

Fuente: [Link]

Lengerke propuso fundarlo donde hoy está ubicada Barrancabermeja. Para él, este
punto era de fácil acceso desde la capital del estado y desde las provincias de Soto
y García Rovira. Huelga decir que también le resultaba sumamente conveniente,
pues sus haciendas estaban en esa ruta. También se probó establecer el puerto no
en el Magdalena, sino en el río Sogamoso: se le denominó puerto de Botijas y
estaba ubicado cerca al lugar donde el primer Mantilla de los Ríos fundó San Juan
de Girón. Otro punto donde se descargaban mercancías era el dique del Paturia (al
que incluso se le asignó una administración de hacienda subalterna)175, cerca de la
confluencia con el río Lebrija. Otros puertos utilizados eran Puerto Wilches (fundado
a inicios de la década de 1880) y el viejo Puerto Real, rebautizado como Puerto

174
BRICEÑO, Manuel. La revolución de 1876-1877. Bogotá: Imprenta Nueva, 1878.
175 Decreto 84 de 1876. Disponible en [Link]
[Link]/clp/[Link]/Decretos/1841071?fn=[Link]$f=templates$3.0

81
Nacional, que funcionaba como el puerto de la ciudad de Ocaña y se ubica en lo
que hoy es Gamarra. Ninguno de estos puertos funcionó plenamente.176

En cuanto a la red férrea, que era presentada como la panacea para los problemas
de conectividad, sus desarrollos fueron pobres y lamentables, salvo contadas
excepciones. Con bombos y platillos se recibió en Santander al ingeniero inglés
Robert Joy en 1871.177 El trazado férreo se haría desde Bucaramanga a Puerto
Wilches. Catorce años después, al contemplar la línea férrea, Foción Soto
informaba que “lo hecho, y que cuesta a Santander más de 600000, valdrá unos
cien mil pesos”178. Sólo había unas cuantas leguas de trazado, la locomotora estaba
dañada, los rieles estaban esparcidos por el terreno y no existían alojamientos
suficientes de Sabana de Torres a Puerto Wilches.

En el caso del Cauca, el principal objetivo era lograr la conexión entre Cali y
Buenaventura. En un principio se remontaba el Dagua en canoa mientras aún era
navegable, pero en cierto punto había que atravesar la cordillera a lomo de mula.
Así lo vivió Santiago Eder en su primer viaje de Buenaventura a Cali, hacia el año
de 1864.179 Pese a que al menos desde el año 1715 se proyectaba el citado camino,
para 1865 no se había adelantado mayor cosa.180 Lo que había de camino ni
siquiera llegaba al punto navegable del Dagua. En 1865 el general Julián Trujillo fue
nombrado Superintendente de las obras de dicho camino, pero como ese mismo
año estalló una revolución en el Cauca, cedió la superintendencia a Santiago Eder,
que de inmediato firmó un contrato con el gobierno presidido por el general Eliseo
Payán.181 Los trabajos llevaban bastante adelanto, pero en 1869 salió Eder de la

176 CARREÑO, Clara. Las vías hacia el Magdalena. Los caminos de Lebrija y Sogamoso en el siglo
XIX. Apuntes. 2010, vol. 23 (2), pp. 104-117.
177 GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 145.
178 SOTO, Foción. Memorias del movimiento de resistencia a la dictadura de Rafael Núñez. Bogotá:

Incunables, 1986. Tomo II. P. 13.


179 EDER, Phanor. Óp. Cit., pp. 95.
180 Ibid., p. 120.
181 Ibid., p. 131.

82
superintendencia del camino, y poco tiempo después se desistió de él, para intentar
la vía férrea.182 Finalmente, no se hizo ni lo uno ni lo otro.

Los estados de la Costa también padecieron el atraso de las obras de


infraestructura. La ciudad de Cartagena particularmente sufrió con el cierre del canal
del Dique, que había acaecido en los últimos días del régimen colonial, y casi medio
siglo después continuaba cerrado. Juan Bernardo Elbers realizó las primeras
tentativas para la navegación regular del Magdalena, obra que contemplaba la
apertura del Dique, pero ni siquiera logró reunir el capital suficiente para adelantar
estas adecuaciones.183 La navegación a vapor se organizó por Barranquilla, con en
concurso de empresarios como el alemán Karl Hauer Simmonds, que tenía
intereses en esa ciudad y en Cali, y por lo tanto concentró sus esfuerzos en hacer
llegar los vapores hasta el río Cauca.184 Logró convencer a varios políticos de dicho
Estado, como Julián Trujillo, pero la idea se frustró.

La falta de conectividad también revestía cierta ambigüedad, pues si bien contratar


con los estados la apertura de vías de comunicación parecía ser una buena fuente
de ingresos, las dificultades pocas veces podían ser superadas en corto tiempo. Los
relatos de viajeros que recorrieron el territorio dan cuenta del aislamiento y la
dificultad de las comunicaciones. El español Gutiérrez de Alba, cuyo viaje tuvo lugar
en 1870, da cuenta del difícil trasegar debido al relieve montañoso en su tránsito
desde Santa Fe hacia el norte, por el camino de Tunja. Por ello, el método preferido
para trasportar mercancías continuaba siendo el lomo de las bestias o en algunos
casos, el “lomo de indio”185 Durante todo el camino, había escasez de cabalgaduras
y no se encontraba siquiera quien repusiera una herradura.186 Sobre la ferrería de
Samacá dice, por ejemplo, que “De cualquier modo, el establecimiento no podrá

182 Ibid., p. 135.


183 CAMACHO Roldán, Salvador. Notas de viaje. Bogotá: Banco de la República. [Link] I. P.
135.
184 Ibid., p. 146.
185 GUTIÉRREZ de Alba. Impresiones de un viaje a América, Tomo VII. Bogotá: Banco de la

República. P. 19.
186 Ibid., p. 25.

83
prosperar gran cosa por la falta absoluta de caminos, que faciliten la traslación de
sus productos de gran volumen o de mucho peso”187 Sin embargo, Gutiérrez de
Alba señalaba que la situación mejoraba un poco al salir de Boyacá y aproximarse
a Santander: “Desde que se entra en el territorio de Santander, se advierten ya más
cuidados los caminos, algunas calzadas de piedras sueltas en los lugares
pantanosos, y los puentes de los muchos arroyos que hay que atravesar, aunque
rústicos y deleznables, están construidos con más esmero”188 Estos caminos sufrían
mucho con las inclemencias del clima, y en época de lluvias eran completamente
intransitables. Este relato, que no corresponde a una zona aislada sino al “centro
del país”, constituye un testimonio de la geografía y la conectividad de la recién
nacida federación, que no era mucho mejor que la del virreinato, 70 años atrás.

En el caso de las zonas aisladas del Estado Soberano del Cauca, como el Caquetá,
el único atisbo de civilización eran los tambos de quineros, refugio precario para los
viajeros que se internaban en la selva. Aunque prontamente desaparecían estos
tambos y predominaba la selva exuberante, a la cual inclusive los indios cargueros
se resistían a internarse.189 Los tambos de los quineros llegaban más o menos hasta
la orilla de la quebrada del Hacha, en las inmediaciones de la actual Florencia. De
ahí en adelante, la selva consumía cualquier ímpetu. La expedición dio cuenta de
accidentes geográficos que ni siquiera figuraban en los mapas de Codazzi, como la
quebrada la Perdiz.190 Allí se fundaría Florencia en 1902. No sólo existía un precario
estado de las vías de comunicación, también era nulo el conocimiento del territorio
y su riqueza, y se vislumbra que la frontera de colonización se hallaba en algún
punto cercano a la actual ciudad de Florencia. Quedando inexploradas la mayor
parte de las tierras del Cauca. Del mismo modo, Gutiérrez de Alba también da
cuenta de la reticencia a implementar del todo las reformas radicales, pues relata
que en la Villa de Leiva aún existía un convento de religiosas del Carmen, donde se

187 Ibid., p. 32.


188 Ibid., p. 101.
189 Ibid., p. 14-16.
190 Ibid., p. 34.

84
mantenían 16 religiosas “sin dedicarse a ninguna ocupación útil”, debido a la feroz
reticencia de los pobladores a dar cumplimiento del mandato del gobierno.191

El relato de Gutiérrez de Alba ofrece la oportunidad de conocer aspectos sociales y


espaciales de la Colombia de entonces. Se documentan, por ejemplo, la recurrencia
de prácticas coloniales, como el empleo de cargueros, así como un diagnóstico de
las vías de comunicación, una imagen de las poblaciones e información sobre las
zonas quineros y la frontera de colonización, además de informaciones sobre la
flora, la fauna y los recursos naturales. Así, con base en este relato, se ratifican las
hipótesis acerca de las zonas de frontera y lugares de difícil acceso, los focos de
colonización, el estado deplorable de las vías de comunicación, el aislamiento
geográfico y en general el lamentable estado de la infraestructura, que han hecho
carrera en la historiografía del periodo, de la mano de autores como Catherine
Legrand 192 y Charles Berquist.193

Como Gutiérrez de Alba escribía en 1870, era presumible afirmar que era más bien
poco lo que se había hecho hasta el momento para salvar este rezago en
infraestructura. Las razones por las que no se había avanzado eran varias, pero
algunas voces insistían en la inconveniencia de entregar concesiones a privados,
según lo afirmaba Núñez en 1874.194 Para esa época, Núñez se transformaba en
agudo crítico de los progresos del régimen federal que había ayudado a instaurar.
Y si antes había sido defensor entusiasta de medidas como la desamortización,
ahora protestaba contra los monopolios que se habían concedido en varias partes
de la Nación para adelantar la construcción de ferrocarriles.

Consignar los intereses de Colombia a negociantes extranjeros era admitir la


influencia de potencias foráneas en asuntos nacionales, tal y como estaba

191 Ibid., p. 26.


192 LEGRAND, Catherine. Colonización y protesta campesina en Colombia (1850-1950). Bogotá:
Uniandes, 2016. P. 285.
193 BERGQUIST, Charles. Café y conflicto en Colombia 1886 – 1910. Medellín: Fundación

antioqueña de estudios sociales, 1981. P. 403.


194 NÚÑEZ, Rafael. Escritos económicos. Selección y prólogo de Roberto Junguito. Bogotá: Banco

de la República, 1994. Tomo I. P. 510.

85
ocurriendo en ese momento en Panamá.195 Los extranjeros sólo estaban
interesados en percibir lucro y no veían el servicio de ferrocarriles desde la
perspectiva de la utilidad pública y el bienestar social.196 La tesis de Jean Batiste
Say,197 de que el Estado es mal administrador, tan en boga de los radicales, era
fácilmente refutada comparando el caso de Colombia con el de países de otras
latitudes. La fórmula preferida hasta el momento, que consistía en negociar
contratos con negociantes extranjeros, era puesta en duda por quien en seis años
se convertiría en el primer magistrado de la Nación. Si bien Núñez no tomaría
ninguna medida radical contra los capitales extranjeros, sí pretendía reglamentar la
materia, pues consideraba que el empleo de capitales extranjeros en el país exigía
el envío de utilidades y dividendos a los mercados internacionales.198 Núñez
recomendaba a su vez que se desarrollaran herramientas que permitirían al país
depender menos del concurso de los extranjeros, como cátedras de mineralogía e
ingeniería.199

Sin embargo, sólo después de 1885 podría Núñez entregarse en cuerpo y alma a la
realización de estas reformas. En los Estados Unidos de Colombia la constante fue
la confianza depositada en negociantes extranjeros, que prácticamente tenían
contratadas la mayoría de las obras de infraestructura. Núñez, Parra, Murillo, todos
coincidían en que Colombia carecía del recurso humano y del capital necesario para
doblegar la feraz naturaleza de sus selvas, la inconmensurable extensión de sus
páramos yermos y sus caudalosos ríos. En medio de este entorno, para los
negociantes extranjeros parecía cada vez más relevante contar con las facilidades
que otorgaba la cercanía a las élites locales, dada la necesidad de ejecutar
proyectos de infraestructura antes de cualquier cosa. A esa dificultad se enfrentó
Santiago Eder, por ejemplo, que hubo de construir el camino de Cali a Buenaventura

195 Ibid., p. 519.


196 Ibid., p. 520.
197 Ibid., p. 511.
198
Ibid., p. 648.
199 Ibid., p. 614.

86
para poder establecer esa ruta comercial.200 Y para hacerlo, necesitó la aprobación
del círculo dominante en el Cauca de la época (1865), encabezado por el Gran
General y la oligarquía payanesa.

A fin de realizar su proyecto de navegar desde Barranquilla hasta el Alto Cauca,


Simmonds debió contar con el beneplácito del círculo de poder que dominaba el
Cauca. Y Lengerke recurrió sucesivamente a los gobiernos de Eustorgio Salgar,
Victoriano de Diego Paredes y Solón Wilches para lograr construir la red de caminos
que requería para exportar las quinas y distribuir sus mercancías importadas.
Debido a la relevancia de los líderes políticos para apalancar las obras de
infraestructura, y también a las conexiones familiares y de amistad que establecen
los migrantes con esos líderes, conviene aproximarse un poco al tema de la política
durante el régimen federal. También por la necesidad de aproximarse al tópico de
las guerras civiles y las pugnas entre partidos, no sólo por el aspecto de las alianzas
del poder, sino porque el triunfo de uno y otro impondrá visiones diferentes.

Mosquera por ejemplo es señalado por Eder como uno de los políticos más abiertos
a las innovaciones como el ferrocarril y a los proyectos de infraestructura como la
navegación a vapor.201 Murillo Toro evitaba cualquier compromiso del Estado en
obras de infraestructura, pero según Parra relajó su política de la mano invisible en
1872, al constatar que diez años de “dejar hacer, dejar pasar” no dejaban concluida
ninguna obra importante de las que necesitaba el país.202 Al seguir las pugnas por
el poder se entenderá no sólo los efectos de la política y las guerras en los negocios,
sino también el significado del triunfo de una u otra facción. Atendiendo claro está a
los matices regionales, pues hay que recordar que la federalización concede
relevancia política a los Estados, los cuales tienen sus propias dinámicas.

200EDER, Phanor. Óp. Cit., pp. 95.


201Ibid., p. 90.
202 PARRA, Aquileo. Óp. Cit., pp. 97.

87
2.2. EL “ESPÍRITU DE PARTIDO” COMO CONTEXTO DE LA INMIGRACIÓN.

Los negociantes de origen extranjero eran conscientes del poder de los políticos,
quienes bien podían favorecer o perjudicar sus negocios. Por ello, la lucha por el
poder, marcada por las guerras civiles, los ataques personales y una suerte de
pugnacidad permanente en la política colombiana, denominada “espíritu de partido”
por los contemporáneos. La principal característica de dicha pugnacidad era el
empoderamiento del vencedor y la completa exclusión de los vencidos. Esta tesis,
defendida por Helen Delpar en su ya clásico libro titulado “Rojos contra Azules”203,
es demostrable acudiendo a los textos escritos por figuras contemporáneas. Los
extranjeros estaban advertidos de no inmiscuirse en estas lides. Así, Santiago Eder
por ejemplo había sido advertido en el año de 1870 por los hermanos Bertin, que
habían negociado en el Cauca, subrayándole que

Como amigos sinceros tomamos la libertad de aconsejarle a Ud de no emitir JAMÁS su


parecer en cuanto a las cosas que tocan el porvenir de este país, i en cuanto a los
acontecimientos que lo tienen agitado; nosotros, extranjeros, a pesar de tener decisión
por esta tierra y de estar dispuestos a prestar nuestro contingente para hacerla
progresar, debemos forzosamente callarnos.”204

¿Por qué los hermanos Bertin advertían a Eder sobre la política de manera tan
categórica? ¿sería posible que el apasionamiento y el faccionalismo llegaran a tal
punto de comprometer a un hombre sólo por un comentario? ¿A qué
acontecimientos se referían los hermanos Bertin? La advertencia realizada a Eder
permite confirmar la tesis de una política signada por el espíritu de partido y el
faccionalismo, que varios contemporáneos, pertenecientes a diferentes sectores
políticos, expusieron en textos reflexivos.

Uno de los primeros que discutió abiertamente el tópico del espíritu de partido fue
Manuel María Madiedo (1815-1888), destacado líder del partido conservador
durante la existencia de los Estados Unidos de Colombia (1861-1886). Hacia 1856

203 DELPAR, Helen. Óp. Cit.


204 Eder, Phanor. Óp. Cit., pp. 375.

88
escribió un opúsculo titulado “Ideas fundamentales de los partidos políticos de la
Nueva Granada” destinado según nos dice su autor a polemizar con Florentino
González, cabeza del partido “Liberal”, acerca del sentido e ideas de las
agrupaciones políticas que se conocían como partidos. Allí sostenía que los
“partidos” eran inexistentes y por el contrario lo que existían eran facciones sin
contenido programático y con profundas contradicciones ideológicas que luchaban
entre sí, de manera violenta. Madiedo sostenía que:

Con un nombre o con otro, la misma terquedad, el mismo exclusivismo, el mismo


espíritu parcial de partido, el mismo odio de bandera, el mismo espíritu mezquino godo
e insolente de familia, la misma ambición interesada) las mismas inconsecuencias de
hacer hoi, lo que se censuraba ayer; en fin, los mismos defectos, los mismos hombres
¡Circulo vicioso trazado con la sangre de los pueblos por el egoísmo i la mala fe! 205

Para Madiedo entonces era posible hablar de una política lejana al debate de ideas
y a la defensa de contenidos programáticos, y cercana al faccionalismo, a la
parcialidad, mezquindad y odio. Estas inconsistencias llevaban, por ejemplo, a
confundir la libertad de imprenta con la calumnia,206 la libertad política con el odio a
causa de la opinión política, la instrucción gratuita con el adoctrinamiento y en
general, los excesos de políticas que lejos de ser sanamente orientadas estaban
únicamente movidas por el espíritu de partido y la voluntad de prevalecer sobre el
otro. Madiedo subrayaba con brillantez que dos partidos “se han disociado por razón
de la herencia, EL PODER, i se han dado de puñaladas sobre la tumba de sus
padres”207, definiendo de esta manera el peligroso escalamiento de la lucha política

Esta idea Madiedo la desarrolló mejor en las décadas posteriores. Sin duda, la
guerra civil de 1860, conflicto de gran envergadura sólo comparable a la de 1840 (la
de los Supremos), dejó una honda impresión en Madiedo, que en el año de 1872
escribió en su periódico “la Ilustración” un artículo titulado “Nuestra idea” en el cual
estaban insertas unas palabras que bien podrían describir lo que había sido el

205 MADIEDO, Manuel María. Ideas fundamentales de los partidos políticos de la Nueva Granada.
Bogotá: Imprenta de “El núcleo Liberal”, s.f (fechado en 1856 a partir de su contenido. P. 15.
206 Ibid., p. 16.
207
Ibid., p. 15.

89
devenir de la república en ese entonces conocida como Estados Unidos de
Colombia hasta ese momento. Y parecía también profetizar lo que había por venir:

Supongamos que de aquí a uno, dos o tres años el partido conservador toma la
revancha de 1860 y recupera a balazos lo que a balazos ha perdido.
¿Qué sucedería?
Que al cabo de cierto tiempo, el partido liberal volvería a tomar de la misma manera, a
balazos, posesión del poder que a balazos hubiera perdido.
Y tras esa revolución vendría otra de su adversario; y otra contra este; y otra más contra
aquel…
Pero entonces, ¿cuándo acabaríamos? ¡JAMÁS!
Cierto es que una solución pacífica es más lenta en sus resultados; pero es más segura,
y sobre todo, más SÓLIDA.
Cierto es también que un partido conquistador no abdicará jamás sus conquistas ante
fórmulas legales. 208
Madiedo hacía un llamado a la reflexión, mostrando la historia política de Colombia
como un cúmulo de revanchas y tomas del poder a balazos. Con ello, no quería
decir otra cosa que la política en (los Estados Unidos de) Colombia se hacía con las
armas y no con las ideas: los pronunciamientos militares suplantaban de cuando en
cuando a las lides electorales, y el vencedor se empeñaba en anular, al contrario,
dispuesto a sostenerse en la cúspide aún con fórmulas ilegales. Sin duda Madiedo
pensaba, por ejemplo, en el ánimo revanchista de las dos décadas anteriores. En
1851 se levantaron los conservadores contra los liberales, en 1854 una facción del
partido liberal (conocida como los “draconianos”) asumió la vocería del artesanado
y erigió al general Melo en dictador: este gobierno fue aniquilado por el ala “Gólgota”
del partido liberal y los conservadores. En 1859, la política del gobierno conservador
de Mariano Ospina, que actuaba como todo un “conquistador” mereció el
levantamiento de los gólgotas o radicales en Santander, y la sorpresiva insurrección
de un antiguo líder conservador, Tomás Cipriano de Mosquera. Los radicales y
Mosquera iniciaron una guerra que resultó ser el conflicto más largo de la existencia
de la joven república, con la clara excepción de su guerra fundacional.
Para Madiedo, las condiciones para una nueva revancha estaban servidas. La
tentación de ir a la guerra estaba presente en los cálculos de los conservadores,
quienes habían protagonizado algunos levantamientos a escala local durante la

208 MADIEDO, Manuel María. Nuestra Idea. La Ilustración. 1872, nro. 484, pp. 265.

90
década anterior. Y efectivamente, Madiedo tenía razón: el espíritu de la venganza
no tardaría en fomentar otra lid armada. Entendiendo que, si bien no es posible
incurrir en una generalización y afirmar que todos los líderes de ambos grupos se
hallaban bajo tal lógica, sí es posible identificar esta tendencia, teniendo en cuenta
testimonios como el de Madiedo, que vivió bajo el sino del “espíritu de partido.”

Aquileo Parra Gómez (1825-1900), prominente líder radical de Santander y


presidente de la república a nombre del radicalismo durante 1876-1878, también
comenta con amargura los desastres dejados por la guerra. Sobre la guerra de los
Supremos, Parra subrayaba que:

Los que viven, después de haber presenciado aquel terrible sacudimiento, pueden
recordar el estado de miseria á que quedó reducida la Nueva Granada á causa de él.
Las empresas industriales que no se paralizaron,sufrieron notables quebrantos; las
transacciones á crédito, si llegaban á efectuarse, era en condiciones demasiado
onerosas para el deudor, y el interés del dinero en las antiguas provincias del Socorro
y Vélez y en la plaza de Ambalema, de que yo tuve conocimiento, se elevó á la fabulosa
rata del 8 % mensual.209

Parra deploraba que la guerra rompiera los circuitos comerciales, encareciera las
mercancías y elevara el interés. Sin duda, a situación de conflicto no era la ideal
para realizar negocios. Así, Parra deploraba los resultados de aquella guerra,
citando el ruinoso estado de la república luego del enfrentamiento militar, en el cual
se salvó varias veces de participar, pues el reclutamiento forzoso estaba a la orden
del día. Luego de la guerra, era preciso comenzar de nuevo, y el propio Parra hubo
de hacerlo en la población de Vélez, en donde inició sus actividades comerciales.210
La guerra de 1854 también se debía al faccionalismo, pues en ella a juicio de Parra
se enfrentaron dos grupos del partido liberal, con los siguientes resultados : “el
escándalo de un gran crimen- el crimen de alta traición cometido en desdoro de la
patria; mucha sangre derramada; gran suma de riqueza pública estérilmente
consumida, y por remate, la caída del partido político que se hallaba en el poder”211

209 PARRA, Aquileo. Óp. Cit., pp. 40.


210 Ibid., p. 40.
211 Ibid. p. 100.

91
La riqueza pública aparecía sacrificada al afán de poder y de revancha. Por ello,
Aquileo Parra resumía así la divisa de las agrupaciones políticas de la época:

¡Mantenerse á todo trance en el poder! He ahí la consigna que los representantes de


cada uno de los partidos que temporalmente ha llegado al gobierno, cree haber
recibido de sus comitentes; consigna que se considera obligado á observar
escrupulosamente, aunque ella implique el desconocimiento del derecho que tienen
las mayorías á gobernar.212

El espíritu de partido aparece resumido en un enunciado: tal era el designio asumido


por las más elevadas inteligencias políticas de la época. Hombres como Murillo y
Arboleda, Mosquera y Posada Gutiérrez, todos ellos (incluido quizás el propio
Aquileo) tenían en sus miras el sostenimiento de su respectiva facción en el poder.
La voluntad de prevalecer en política era el sentimiento fundamental que guiaba los
actos de los magistrados, y no la satisfacción de la población. La política era vista
como un instrumento de dominación, y no como una oportunidad de servir.

Aníbal Galindo (1834-1901), secretario de estado en varias administraciones


federales y prominente líder del radicalismo (aunque terminaría reprochando el
proceder de sus camaradas radicales) recordaba que al finalizar la guerra de los
Supremos fueron fusilados su padre, el coronel Tadeo Galindo (veterano de la
independencia) y el primo de este, el coronel José María Vezga Galindo, gobernador
de Mariquita y uno de los “Supremos” alzados en armas.213 De nada valieron los
servicios prestados por estos dos hombres a la república: fueron pasados por las
armas el 9 de agosto de 1841 en la villa de Medellín. De esta manera, fueron
sacrificados a lo que Galindo denominaba el “espíritu de partido”. Como causas de
la guerra, Galindo cita el ánimo de revancha del partido bolivariano/conservador y
la impaciencia del santanderista /liberal, que no esperó a las elecciones, sino que
optó por alzarse en armas, aupado por el general José María Obando que según

212 Ibid. p. 125.


213
GALINDO, Aníbal. Recuerdos históricos. Bogotá: Imprenta de la Luz, 1903. P. 5.

92
Galindo tenía razones personales para rebelarse.214 Galindo también cuestionaba
la sucesión de las guerras civiles. Galindo presentaba como un acontecimiento
desafortunado la sucesión de revoluciones. Esta confesión, aunque retrospectiva,
es relevante debido a que, durante casi toda su vida pública, Madiedo fue un
convencido hombre de partido, que respaldó muchas de las decisiones y participó
en la guerra de 1860.
Si cada revolución ha visto devorada su obra y su triunfo por la que le ha sucedido,
¿Qué puede ofrecernos el triunfo de una nueva reacción bélica, en cambio de los
infinitos dolores, de los infinitos males y de las infinitas desgracias de una revolución?
En cambio de la barbarie que la acompaña y de la corrupción en que se disuelven las
virtudes públicas que mantienen de pie la estatua del hombre y de los pueblos .215

La sucesión de guerras civiles y revoluciones sólo traía males a la república. Allí se


disolvían las virtudes públicas, y el triunfo sólo parecía presagiar una nueva
confrontación. Según Galindo, lo que estaba en juego era el “espíritu de partido”, es
decir, resultaba posible postular la idea de una radicalización de la política en dicho
periodo de tiempo. Las revoluciones eran un suceso desgraciado, un efímero triunfo
de la facción que las acaudilla. Las memorias de Galindo parecen ser una parábola
acerca de cómo no hay que entregarse al “espíritu de partido”. Aunque Galindo
participara en algunas de ellas en su juventud, el Galindo maduro se duele del
lamentable estado de la república, y culpa al fantasma de las guerras civiles de ello.
El odio de partido le hostigaría también personalmente, pues en su condición de ex
secretario de hacienda de la administración Otálora (dic 1882- 1884) fue llamado a
rendir cuentas hasta del más ínfimo de sus movimientos por el nuñismo triunfante.216
Según Galindo, el expresidente Otálora falleció de un mal cardiaco debido a este
hostigamiento. Todo en aras de la revancha del partido vencedor, que recelaba de
Otálora por haber sido propuesto por el partido radical como candidato en 1884.

José María Quijano Wallis (1847-1922) sostenía en sus memorias que la revancha
de partidos desembocó en cambios drásticos en la organización política, en el breve
lapso de 50 años (1850-1900). Para Quijano, fue más de lo que el país pudo

214 Ibid., p .14-15.


215 Ibid., p. 24.
216 GALINDO, Aníbal. Óp. Cit., pp. 236.

93
soportar, pues estos constantes cambios y guerras le condenaron a la inestabilidad
y al atraso.217 Además, afirmaba que “con excepción de una guerra y de otra, en
parte, todas las demás no han sido motivadas por la necesidad de un cambio
substancial en las instituciones, sino por alcanzar el predominio de un partido sobre
el otro.”218 Sus críticas giran en torno a la guerra civil de 1860 o “guerra de las
Soberanías”, levantamiento que derrocó a Ospina por lesionar la soberanía de las
entidades federales recién creadas. Pese a que su padre, Manuel de Jesús Quijano
había sido uno de los promotores de la revuelta (fue él, según Quijano Wallis, el
artífice de la concordia entre Mosquera y Obando), Quijano condenaba este
movimiento y en general cualquier tipo de guerra civil. Su repulsa quedó plasmada
en las siguientes palabras extraídas de sus “Memorias”, dedicadas a reflexionar
sobre el tópico en cuestión:

Aunque la revolución armada declare que tiene por objeto la restauración de las
libertades públicas y el destronamiento de un déspota, casi siempre es injustificable,
improcedente y falsa. Por una parte, en nuestro país, esencialmente legalista y
democrático, no son viables los tiranuelos a estilo de los de otros países de América y,
por otra, si la revolución es vencida, afirma y avigora el despotismo que combate y, si
triunfa, establece otro despotismo igual, sino peor. Cuan cierto es que al día siguiente
de triunfo de una revuelta armada la libertad ha sufrido una derrota.219

Después de presenciar varias de las guerras civiles del siglo XIX, Quijano estaba
convencido de que casi todas ellas eran improcedentes e injustificadas. Pese al rol
de su padre en la Guerra de las Soberanías y el de otros políticos caucanos de su
estimación como Julián Trujillo, Froilán Largacha y el propio general Mosquera,
Quijano veía inviable la “entronización de un déspota” luego del destronamiento de
un déspota precedente. Las revueltas armadas tenían por objeto la anulación del
contrario, por ello Quijano afirma que el triunfo de una revuelta sólo es el preludio
de otra. Es el mismo argumento que desarrolló Madiedo casi 50 años antes de la
publicación de las citadas memorias.

217 QUIJANO WALLIS, José María. Óp. Cit., pp. 60.


218 Ibid., p. 231.
219 Ibid., p. 73.

94
¿Cuál fue el “déspota” que se entronizó tras la revolución de 1860? Mosquera
intentó ejercer una suerte de tutela y dominio en los nacientes Estados Unidos de
Colombia, pero quedó fuera de las cábalas presidenciales tras un golpe de estado
en su contra en 1867. Había sido elegido en 1866, para ejercer su cuarto periodo
presidencial,220 pero las difíciles relaciones con el Congreso, liderado por el jefe del
radicalismo, Manuel Murillo Toro, hicieron de su presidencia una amarga lucha que
destruyó su prestigio y reputación, pues las desavenencias fueron hábilmente
explotadas por la prensa radical. Mosquera tuvo que abandonar sus intenciones
hegemónicas al ser puesto preso en el Observatorio Astronómico por su segundo
designado, el Gral. Santos Acosta Castillo, que completaría el resto de su bienio,
organizando una administración exclusivamente radical. Por lo tanto, Mosquera no
es el déspota que suplantó a Ospina en la cúspide del poder. El nuevo poder que
se alzó tras la guerra de 1860 fue conocido en la opinión como el “Olimpo Radical”,
y estaba conformado exclusivamente con los liberales radicales o “exaltados”.
Aquellos que se habían levantado en la “Guerra de los Supremos”. Aquellos que
habían gobernado con López y habían participado en la derrota de Melo, y habían
sido atacados por Ospina. Ellos eran los que tomarían la revancha y la salida de
Mosquera de la escena nacional les aseguraría 11 años de completa hegemonía.

Las fisuras entre los victoriosos de la guerra de las Soberanías emergieron más que
nada por el control de los bienes desamortizados, que Murillo había feriado entre
sus amigos según Mosquera. También en torno a las atribuciones presidenciales,
pues Mosquera vetaba leyes promovidas por la mayoría radical del legislativo, como
una ley que permitía a los Estados Soberanos mantener ejércitos en tiempos de
paz. Mosquera además había suscrito un tratado de defensa con el Perú, válido
para cualquier amenaza interna o externa, e incluso había comprado a este
gobierno un vapor, “El Rayo”, lo cual hizo a Mosquera sospechoso de preparar una
guerra. Así, los radicales empezaron a recelar de su reciente aliado, y la prensa
radical no dudó al tildarlo de tirano, e incitó a que se cometiera un nuevo “28 de

220 El primero: 1845-1849, el segundo: 1861-1863, el tercero: 1863-1864 y el cuarto 1866-1867.

95
septiembre” contra el nuevo Bolívar.221 El golpe contra Mosquera sólo fue el inicio
de una venganza que buscó el destierro de Mosquera, la remoción de todas sus
condecoraciones e inclusive la remoción de su pensión y de la ciudadanía
colombiana, conducta que se extendió hasta el año 1872, cuando fue derrotada en
el legislativo la iniciativa de privar a Mosquera de la ciudadanía colombiana.

Los actos de Acosta el 23 de mayo de 1867 motivaron una calurosa felicitación a la


guarnición de Bogotá por su rol en la caída del “Tirano”. La manifestación afirmaba
que “El fecundo ejemplo que habéis dado el 23 de mayo, os hace acreedores a un
laudo inmarcesible: con ese ejemplo, se afianza la República i la institución militar
se llena de honra i recobra su prestijio. Habéis salvado a los colombianos de
inmensos sacrificios i de ignominiosa servidumbre. Recibid por tanto bien nuestro
saludo cordial i nuestro especial reconocimiento.”222 Encabezaba las firmas Murillo
Toro, y junto a él figuraban varios líderes radicales como Miguel Samper, Nicolás
Esguerra, Januario Salgar, Foción Soto. Pero también conservadores como Carlos
Holguín y el general Posada Gutiérrez. De esta manera, inclusive los presuntos
polos opuestos de la política celebraban la caída de su enemigo común.
Los conservadores a su vez fueron mantenidos a raya: el sucesor de Acosta, Gral.
Santos Gutiérrez, intervino en Cundinamarca cuando resultó electo un conservador,
Ignacio Gutiérrez Vergara, como gobernador de ese estado. Esta elección fue
inicialmente tolerada, según Aquileo Parra.223 Todo cambió, según Carlos Holguín,
cuando Santiago Pérez, secretario de Interior y Relaciones exteriores le hizo ver al
presidente que, con Gutiérrez Vergara, los conservadores controlarían tres estados
soberanos de los nueve. Las cábalas electorales determinaron la intervención de la
Guardia Colombiana y la destitución de Gutiérrez Vergara, así como un juicio en la
Corte Suprema de Justicia, que el propio Murillo Toro, presidente del Tribunal, tuvo

221 PEREZ Manosalva, Santiago; ZAPATA, Felipe y CUENCA, Tomás. El mensajero. Volumen 1,
núm. 17, 1886. Bogotá.
222 MURILLO Toro, Manuel; SAMPER, Miguel; ESGUERRA, Nicolás; SALGAR, Januario, SOTO,

Foción y otros. Congratulación a los señores jefes, oficiales i soldados de la guarnicion de Bogotá.
Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1867.
223 PARRA, Aquileo. Óp. Cit., capítulo VIII.

96
que desestimar.224 Además de las medidas para reprimir el conservatismo, también
se privó de representación en el gabinete a los partidarios de Mosquera, vencedores
en la guerra y con amplia representación en la opinión pública nacional. Todos los
secretarios de despacho de Gutiérrez eran radicales: Pérez, Antonio María Pradilla,
Sergio Camargo, Miguel Samper, Januario Salgar y Narciso González.

El fantasma del partidismo pareció conjurarse durante la administración del general


Eustorgio Salgar, electo en 1870 a nombre del partido Radical, y compitiendo contra
el nombre del general Tomás Cipriano de Mosquera, exiliado en Lima, pero
propuesto in absentia por sus seguidores, entre ellos el presidente del Cauca,
Andrés Cerón y el presidente de Bolívar, Ramón Santodomingo Vila. Sin embargo,
Salgar no organizó un gobierno de partido, sino que convocó a líderes de la facción
mosquerista a hacer parte del gobierno. Así, concurrieron a su gabinete Rafael
Núñez, Julián Trujillo y Salvador Camacho Roldán, que, aunque liberales se
alejaban del radicalismo, y eran cercanos al Mosquerismo. Este acto de sabiduría
política hizo que la presencia de Salgar dejara un grato recuerdo en sus
conciudadanos, a pesar de las dificultades fiscales que le correspondió soportar.

Murillo Toro, en su segundo periodo (1872-1874) organizó un gabinete


exclusivamente radical, con la excepción de Santodomingo Vila, secretario de
Tesoro en 1872. Durante esa época, apareció un opúsculo titulado “los Partidos en
Colombia”225, que se le debió a la pluma de José María Samper, entusiasta radical
en aquella época. Publicado en septiembre de 1873, mereció la réplica de
Mosquera,226 que había regresado a Colombia en 1871 a presidir su estado natal.
El opúsculo y su consabida réplica son útiles para subrayar hasta qué punto había
llegado el distanciamiento entre las dos facciones vencedoras de la “Guerra de las
Soberanías”.

224 HOLGUÍN, Carlos. Cartas políticas. Bogotá: Imprenta de Zalamea Hermanos, 1893. P. 8-19.
225 SAMPER, José María. Orígenes de los partidos políticos en Colombia. Bogotá: Instituto
Colombiano de Cultura, 1978. P. 293.
226 MOSQUERA, Tomás Cipriano de. Los partidos en Colombia. Estudio histórico-político. En:

SAMPER, José María. Óp. Cit.

97
Samper señalaba que, tras la fundación de la república, surgieron la facción “militar”
y el partido “liberal”. Traza Samper la genealogía de ambas corrientes, la primera
tiene como su máximo exponente al general Mosquera, presentado como una
suerte de dictadorzuelo heredero del bolivarianismo golpista de 1828. La segunda
al doctor Manuel Murillo Toro, heredero de la tradición democrática de Santander y
Azuero. Una tercera correspondía a los conservadores. Pese a que Samper admite
matices para esta clasificación (pues conceptúa que estas facciones a su vez tienen
divisiones internas), Samper postulaba la idea del odio de partido como uno de los
móviles del accionar de los políticos colombianos. Así, sólo el odio de partido puede
explicar la persecución que hicieron los conservadores a Obando durante las
presidencias de Márquez y Herrán, que incluso hacían parte de las causas de la
guerra de los Supremos. También el odio de partido explicaría la conducta de
Ospina, que provocó la guerra de 1860 para marginar a los radicales.227

Leyendo a Samper, se infiere que en política primaba el “espíritu de partido” y la


voluntad de imponerse sobre el contrario. El ejemplo por excelencia de esta manera
de hacer la política para Samper es el general Tomás Cipriano de Mosquera, a quien
reconoce ciertas virtudes y un excelente papel en su primera presidencia (1845-
1849), pero que critica por sus maneras dictatoriales y su conveniente conversión
al federalismo con ocasión de la guerra de 1860. Según el, Mosquera siempre había
actuado como enemigo críptico del partido liberal, y los sucesos de 1867 lo
confirmaban. El texto de Samper, por lo tanto, da matices de ser un nuevo capítulo
del odio de partido. El enemigo sigue siendo el general Mosquera, anunciando como
un peligro su facción “dictatorial” y depositando su confianza en el radicalismo, que
encarna todos los principios y tradiciones liberales.

Intimado Mosquera de la poca lisonjera imagen que ofrecía Samper de su persona,


se propuso realizar la refutación correspondiente. Mosquera señala rápidamente
que Samper escribía sin conocimiento de causa, y que él, como protagonista de los
acontecimientos, sí estaba autorizado a dar versión sobre los principales sucesos

227 SAMPER, José María. Los partidos en Colombia. Óp. Cit., pp. 89.

98
políticos de la república. Pese a que reconoce el antagonismo entre civiles y
militares durante la primera república de Colombia, también niega que esta última
facción estuviera decidida por la dictadura, preocupándose por resaltar los
sentimientos republicanos del Libertador y establecer cómo este último no puede
ser visto como un enemigo del liberalismo y un precursor del partido conservador.228

Vindicar la reputación de Bolívar, y de paso, la suya propia, es uno de los intereses


principales. Lentamente empieza a emerger la principal tesis de Mosquera. Para él,
existía una especie de tercera vía, una facción conformada por hombres moderados
alejados de los extremismos de los partidos liberal y conservador, cuyos excesos
reseña detalladamente. A esta tercera vía la denominaba Partido Nacional, o facción
progresista, y se presentaba a sí mismo como su líder, mostrando su inocente
participación en las colusiones de la mitad del siglo. Así, con ocasión de la Guerra
de los Supremos, ofreció perdón e indulto a los revolucionarios que se rindieron al
ejército del Norte, suerte que no corrieron los revolucionarios que cayeron en
Antioquia, ejecutados por el presidente Herrán por instigación de su secretario y
más cercano consejero, Mariano Ospina.

Más adelante, se resistirá a ser identificado como conservador, y afirma que quienes
lo ligan a ese partido (entre ellos Samper) se equivocan, pues por ejemplo durante
su presidencia mantuvo controversias con los conservadores, a tal punto que se
fortaleció el liberalismo, que emergió victorioso en 1849. Se menciona como
intérprete de los sentimientos de individuos moderados de ambos partidos, y
sinceramente federal a partir de 1855, como lo comprueban sus actuaciones en la
cámara del Senado, que presidió entre 1856 y 1857. Desde allí por ejemplo se
resistió a un pronunciamiento que invocaba su nombre para ocupar la presidencia
e incluía el asesinato de Obando, preso mientras se comprobaba su responsabilidad
en el golpe que había dado Melo el 17 de abril de 1854. Por lo tanto, Mosquera se
muestra como una figura soterrada en medio de las abominables manifestaciones
de odio de ambas facciones, y una víctima de ambas. Le persiguió Ospina en 1859

228 MOSQUERA, Tomás Cipriano de. Los partidos políticos en Colombia. Óp. Cit., pp. 22-25.

99
y lo mismo hacía los radicales en 1867. Estos últimos eran para Mosquera la más
pura encarnación del espíritu de partido: sus móviles en 1867 habían sido
únicamente la consecución del poder y la anulación de su enemigo, a quien
persiguieron sin cesar en los tribunales. Los conservadores no se quedaban atrás,
pues inclusive habían tratado de matarle en 1864.

Por lo tanto, Mosquera invitaba a seguir su conducta política, y lanzaba duras


acusaciones contra los radicales, o “gólgotas”, como él los llamaba (este era el
nombre primigenio del liberalismo radical, que databa de 1850), subrayando sus
subsecuentes fraudes electorales (según él, habían impedido su llegada a la
presidencia en 1870 mediante el fraude), su rapiña para con el tesoro nacional y
finalmente, su espíritu de venganza. Esto último, para Mosquera, sería la causa de
la disolución de los Estados Unidos de Colombia. Tanto Samper como Mosquera
señalaban la urgencia de una reforma constitucional, y se hallaban a la expectativa
de las actuaciones del presidente electo, Santiago Pérez.

Pérez asumió la presidencia el 1 de abril de 1874, con el reto de hacer frente a la


crispación cada vez más evidente que amenazaba con romper la frágil paz de la
república, que ya había estado al borde de la guerra civil en 1867, con motivo de la
confrontación entre el radicalismo y el mosquerismo. Sin embargo, sólo entregó una
secretaría a los mosqueristas (futuros independientes), la de tesoro, que ocupó
Ramón Santodomingo Vila. El corto periodo presidencial de dos años determinaba
que una vez que las facciones lograban la entronización de uno de sus miembros
debían inmediatamente preparar la sucesión presidencial. Los radicales habían
logrado cuatro victorias seguidas: Gutiérrez, Salgar, Murillo II y Pérez. En estas
elecciones fue determinante el control del presupuesto y empleos públicos, que
facilitaba que el presidente en ejercicio promocionara al candidato de su
predilección. Por ello, cuando se hizo evidente que el candidato preferido de Pérez
era su ex secretario de Hacienda y presidente de Santander, Aquileo Parra, los
disidentes de esta política, en su mayoría antiguos mosqueristas, lanzaron la

100
candidatura de Rafael Núñez. Buscando no una transformación institucional, sino la
derrota y exclusión de su contraparte: la revancha de 1867.

El interés de la facción radical por asegurar la victoria de Parra aglutinó a


personalidades hasta ese momento disimiles. En el Cauca, el general Julián Trujillo,
expresidente de dicho estado y antiguo mosquerista, alineó su clientela política con
la candidatura Núñez. Los estados de la Costa respaldaban a Núñez, quien pese a
haber vivido los últimos seis años en Europa, dedicado a tareas consulares, contaba
con una amplia popularidad, especialmente en Bolívar, su estado natal, y Panamá,
donde trabajaban en favor de su candidatura los poderosos integrantes del clan
Arosemena, Justo (senador y ex gobernador de Panamá) y su sobrino Pablo. La
candidatura de Núñez también fue respaldada por prominentes líderes de opinión
como Salvador Camacho Roldán, e incluso tuvo la venia del general Mosquera.

Quienes tomaban distancia de los radicales señalaban que sus excesos habían
conducido a la fragmentación de la Nación y de la sociedad. Esta última
particularmente se resentía a causa del sentimiento antirreligioso, como lo
comprendió José María Samper al hacer “acto de contrición” y abandonar las filas
radicales.229 Por otra parte, Samper también criticaba la imposibilidad de la
coexistencia de varias soberanías, que resultaba en que ninguna era realmente
“soberana.”230 Samper también se enteró de varios sucesos protagonizados por los
radicales, como un presunto fraude para lograr que Santos Gutiérrez, fuera electo
presidente. Para ello, un miembro anónimo del Olimpo Radical, que había ocupado
la secretaría de Relaciones Exteriores, confeccionó un registro de votación falso de
Panamá, logrando así el voto faltante para lograr esa elección.231

Los frecuentes fraudes electorales eran una de las razones por las cuales se
criticaba a los radicales. Como su candidato se hallaba en dificultades, los gobiernos
radicales de los estados prepararon estrategias para imponerlo, con la aparente

229 SIERRA, Rubén (ed.) El radicalismo colombiano del siglo XIX. Bogotá: Universidad Nacional de
Colombia. 206. P. 77.
230 Ibid., p. 78.
231 Ibid., p. 86.

101
coordinación del gobierno de la Unión. El presidente del Cauca, Cesar Conto, era
un acérrimo radical, que no dudo al alterar los comicios y de esa manera
obstaculizar la elección de Núñez. Otro tanto hicieron los radicales en
Cundinamarca, capitaneados por Jacobo Sánchez. Sin embargo, los
independientes evitaron ir a la guerra, y Parra “ganó” en medio de una aparente paz.
Aparente porque la guerra estalló a los seis meses de asumir su periodo
presidencial. Como testigo excepcional de la guerra, es relevante el relato que hace
de ella uno de los líderes rebeldes, el coronel Manuel Briceño, quien publicó su libro
“La revolución de 1876-1877” sólo un año después de la conclusión de las
hostilidades. Allí, rastreaba los orígenes de la rebelión hasta 1860, aduciendo que
el partido liberal se había tomado el poder de una manera violenta, y no había
podido consolidar la paz ni el progreso material de la república a pesar del gobierno
hegemónico que creó. Pues “En cuatro años el partido conservador había
permanecido alejado de la escena pública; y el partido liberal, dominador absoluto,
no había sabido devolverle la paz á la República. Colombia se agitaba en las
convulsiones de la anarquía, y ya se había desarrollado en su seno el horrendo
monstruo destinado á devorarla.232 Pero Manuel Briceño va más allá: hace una
lectura, en clave conservadora, de la vida política de los Estados Unidos de
Colombia hasta 1878.

A la hora de hacer un balance sobre las administraciones radicales, Briceño se


atreve a resumirlas en una frase: EL QUE ESCRUTA, ELIGE. Presentada así, en
mayúsculas, quizás para subrayar la fórmula que había permitido 10 años de
hegemonía radical233. Pero para Briceño, lo más grave era el proyecto educativo
impulsado por Salgar, que tachaba de sectario y ateo, destinado a inducir a la
juventud a renegar de Dios y profesar los dogmas liberales234. Este aspecto del
programa radical era identificado por Briceño como una nueva táctica para

232 BRICEÑO, Manuel. Óp. Cit., pp. 1.


233 Ibid., p. 3.
234 Ibid., p. 7.

102
mantenerse a todo trance en el [Link]ño además describe la crisis del
Régimen Radical, señalando que tuvo que enfrentar desde 1875 tensiones en los
estados de la Costa y el Cauca, sectores donde la facción independiente era
mayoritaria235. Los integrantes de esta facción buscaban lograr una mayor
representatividad política e incluso se planteaban la idea de alcanzar acuerdos con
los conservadores. Empero estos acuerdos no se dieron y quien logró negociar
exitosamente con los independientes fue Parra, permitiendo que los independientes
comandaran varios ejércitos. La derrota de los conservadores catapultó a Julián
Trujillo, cabeza del bando independiente, como presidente236. La guerra fue descrita
por el Gral. Payán, presidente del Senado en 1880, como un espectáculo horrendo
para el público extranjero y el origen de una nueva crisis económica, con
afectaciones en el comercio y las obras de infraestructura.237

La guerra de 1876-77 causó afectaciones en negociantes de origen extranjero, no


necesariamente negativas. Ernesto Cerruti logró que se le entregaran un importante
número de cargas de quina amarilla expropiadas a los conservadores del Cauca,
para ser rematadas al mejor postor. En total remató 100 cargas, con pingues
beneficios para sus socios.238 La conducta de Cerruti en esta guerra fue calificada
como “muy adicta a la causa liberal” y en virtud de sus importantes servicios se le
reconoció una compensación de 1819 pesos por las expropiaciones que había
sufrido, tanto por el bando sublevado como por el gobierno.239 A partir de estas
intervenciones de Cerruti apoyando uno de los bandos en pugna, se desarrollaría
contra él una inquina que alcanzaría su punto máximo en 1885.

En Santander, la persona y bienes de Geo Von Lengerke fueron especialmente


protegidos de los desastres de la guerra por gobierno radical presidido por el coronel
Marco Antonio Estrada Plata. Sus propiedades no fueron particularmente

235
Ibid., p. 2.
236 QUIJANO Wallis, José María. Óp. Cit., pp. 297.
237 NÚÑEZ, Rafael. Óp. Cit., pp. 530.
238 AGN, AO, MRE, Transferencia 8, caja 98, C1, f. 38.
239 AGN, AO, MRE, Transferencia 8, caja 98, C1, f. 115.

103
molestadas, pero a finales de 1877 fueron tomadas por el gobierno unas mulas de
su propiedad que estaban en el potrero de Francisco Gómez Gómez. Pese a que
Gómez le refirió al alcalde de Zapatoca que no debía llevarse esas mulas, porque
eran de Lengerke, el alcalde no le creyó y se las llevó.240 Lengerke las había
comprado recientemente, por lo cual ni siquiera había tenido tiempo de herrarlas. Al
parecer había una orden expresa de no molestar al alemán, que era el hombre más
rico de Santander en aquella época. Lengerke fue avisado a Puerto Lengerke,241
lugar donde se hallaba temperando.242 Sólo hasta el final de la guerra Lengerke
tomó acciones para que fuera devuelto su patrimonio, lo que en efecto ocurrió.

Koppel & Schloss, y Koppel & Schrader, sociedades registrada en Bogotá, pero con
intereses en varias partes del país, presentaron en 1879 un reclamo por unas reses
expropiadas en el distrito de Jerusalén (Cundinamarca) durante la guerra de
1877.243 Los novillos se los quitaron los revolucionarios a su dependiente José
Alonzo. Roberto Álvarez, comisionado del “Ejército Regenerador” aclaraba, en carta
a Alonzo, que las reses constituían el valor de un empréstito forzoso destinado a
financiar la revolución.244 Pese a ciertos defectos como el hecho de que la finca
donde estaban las reses no era propiedad de la sociedad comercial, sino de Alonzo,
y que las reses no estaban debidamente marcadas, el secretario de Relaciones
Exteriores, Manuel Ancizar, concedió en septiembre de 1879 la reclamación.245

Si bien las guerras civiles traían perjuicios para los negociantes extranjeros, el
Gobierno parecía muy solícito a la hora de compensar tales daños.
Presumiblemente, debido a los negocios pactados con integrantes de las facciones
radical e independiente. No hubo cambios sustanciales en el poder luego de esa
guerra. Por el contrario, el radicalismo pareció consolidarse más, al ganar
representación política en Antioquia y Tolima, estados tradicionalmente

240 AGN, AO, MRE, Transferencia 7, caja 81, C289, f. 104.


241 Hasta el momento no se ha podido dilucidar donde quedaba dicho sitio.
242
AGN, AO, MRE, Transferencia 7, caja 81, C289, f. 105.
243
AGN (Col) AO, MRE, Transferencia 7, caja 80, C281, f. 7.
244
AGN (Col) AO, MRE, Transferencia 7, caja 80, C281, f. 9.
245
AGN (Col) AO, MRE, Transferencia 7, caja 80, C281, f. 7.

104
conservadores. Y el independentismo quedó con la hegemonía indiscutida en la
Costa y el Cauca. Debido a que tenían tratos con los grupos victoriosos en la guerra,
los negociantes extranjeros no sufrieron muchas afectaciones. Sólo un trastorno
político que finiquitara el régimen federal podía poner en peligro las fortunas forjadas
a lo largo de 25 años de alianzas con los grupos hegemónicos que detentaban el
poder. Y ello fue lo que ocurrió a continuación.

2.3. LA GUERRA DE 1885 Y EL TRIUNFO DE LA REGENERACIÓN: NUEVAS


REGLAS DE JUEGO PARA LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS.

Al llegar a Bogotá para posesionarse de la presidencia de la república, Trujillo


declaró a Aníbal Galindo, que intentaba impulsar su unión con los radicales, que
“persona de alta posición política, y cuyo concepto respetaba mucho, le había dicho
que su programa debía consistir en exterminar á los radicales.”246 Los radicales sólo
fueron tolerados en Antioquia, donde el sucesor de Trujillo, Renjifo, se vio obligado
a apoyarse en ellos para apuntalar su gobierno, y en Tolima, donde el
conservatismo fue desorganizado y los radicales tomaron el poder. El ascenso de
Trujillo no sólo motivo la exclusión de los radicales, sino que motivó una felicitación
de los conservadores. Varios de sus principales líderes suscribieron una misiva a
Trujillo el 15 de mayo de 1878 para felicitarle por su posesión como presidente y
asegurarle que podía “contar en el camino de la Regeneración que han emprendido,
toda la estimación, cooperación y apoyo que los magistrados virtuosos tienen
derecho a esperar de ciudadanos honrados y patriotas.”247 En el citado grupo
sobresalían los nombres de Sergio Arboleda, Antonio Basilio Cuervo, Miguel
Antonio Caro, Carlos y Jorge Holguín Mallarino, Carlos Martínez Silva, Manuel

246 GALINDO, Aníbal. Óp. Cit., pp. 156.


247 AGN, SAAII, Fondo Julián Trujillo, folio 84.

105
Casabianca y Teodoro Lozano, entre otros. ¿Aquellos que perdieron la guerra de
1876 celebrando a uno de los artífices de su derrota? No cabía duda de que cuando
se trataba de sacar a una de las facciones de la contienda, la política era dinámica.

El bienio de Trujillo tuvo como principal proyecto económico el ferrocarril de


Occidente, contratado con Francisco Javier Cisneros, iniciativa que directamente
favorecería a los estados de Cauca y Antioquia, pues la idea original era unir
Medellín y Buenaventura, con un trazado que pasaba por Cali y Cartago. Allí tenían
intereses importantes aliados de Trujillo, como los generales Hurtado y Payán, y
negociantes extranjeros establecidos en el Cauca como Cerruti y Eder. No sólo las
políticas económicas de su gobierno estaban orientadas a favorecer a su estado
natal. También utilizó a la Guardia Colombiana para impedir que Cesar Conto se
afianzara en el Cauca, al lograr ser sucedido por Modesto Garcés y postular el
nombre de un tercer candidato de su grupo político para presidir este Estado. Trujillo
respaldó abiertamente a su antiguo aliado y colaborador, el general Hurtado, y
apoyó a este último y a Payan cuando se rebelaron contra Modesto Garcés. Trujillo
además reeditó las prácticas de los radicales y “ungió” a Núñez como su más
probable sucesor. El propio Núñez obtuvo la secretaría de Hacienda en el gabinete
de Trujillo, nombramiento que fue improbado por el Senado de mayoría radical.
Núñez logró permanecer seis meses en el cargo, y luego fue nombrado
plenipotenciario en Washington.

Los radicales usaron la prensa y las cámaras legislativas para criticar estas
medidas, que iban aparejadas de una expansión del independentismo a nivel
nacional. Así, en Cundinamarca, Daniel Aldana reorganizó al antiguo círculo sapista
en apoyo a Núñez y Trujillo, y en Santander, el general Wilches, elegido presidente
de ese estado, se desmarcó definitivamente de los radicales e inició tratos con
Núñez. En Boyacá, José Eusebio Otálora desplazó exitosamente al círculo del
expresidente Santiago Pérez, que dominaba dicho estado. Los radicales se veían
entonces desplazados de sus tradicionales bases, y muchos de ellos empezaron a
especular con la violencia para retomar el poder.

106
Otros políticos notables, como Pablo Arosemena, Camacho Roldán y Franciso
Javier Zaldua trabajaron activamente en pos de la alianza Trujillo-Nuñez, que
empezaba a ser conocida como “La Regeneración” a partir de la divisa
“regeneración administrativa o catástrofe”. Consistía en remediar muchos de los
“abusos” cometidos por los radicales, especialmente en materia de orden público y
libertad económica. La escasa capacidad del gobierno para recaudar tributos había
determinado la parálisis de muchas iniciativas, como el ferrocarril del Norte, que
requerían la cooperación de varios estados y la intervención del gobierno nacional.
El reducido pie de fuerza era una invitación a las rebeliones, y existía la sensación
de una “paz plagada de guerras”, como lo enuncia acertadamente Gutiérrez Ardila,
pues pequeños conflictos a escala regional y local eran casi permanentes.248 Trujillo
también inició la búsqueda de un concordato con la Santa Sede, misión para la cual
designó a José María Quijano Wallis, uno de sus más cercanos colaboradores.249
Con ello, Trujillo revalidaba su distanciamiento respecto al programa de los
radicales, opuestos a esta clase de entendimientos con la Iglesia.

Las políticas de “La Regeneración” fueron negativas para los intereses de varios
migrantes extranjeros. El hecho de tomar para sí paulatinamente varias facultades
que habían estado en manos de los Estados Soberanos les quitaron relevancia a
los círculos de extranjeros establecidos en las regiones. El centralismo que inició
inclusive desde el gobierno de Trujillo250 tenía por objetivo poner orden frente al
embrollo que habían formado los radicales, con diez códigos legales (los nueve
estados y la Unión), diez administraciones ejecutivas y diez soberanías prestas a
hacerse la guerra entre sí.251 El orden público era el principal problema, porque el

248
GUTIÉRREZ Ardila, Daniel. Una paz plagada de guerras, 1863-1876. En: CAMACHO Carlos;
GARRIDO, Margarita y GUTIÉRREZ Ardila, Daniel. (eds.). Paz en la República. Bogotá: Universidad
Externado de Colombia, 2018, pp. 153-194.
249 QUIJANO Wallis, José María. Óp. Cit., pp. 353.
250 Trujillo, por ejemplo, dispuso un aumento permanente en el pie de fuerza, lo que algunos

interpretaron como una lesión a la soberanía de los Estados. TRUJILLO, Julián. Mensajes a las
cámaras legislativas de 1878 por la administración ejecutiva que se inauguró en abril de ese mismo
año. Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1878. P. 10.
251 NÚÑEZ, Rafael. Óp. Cit., pp. 757.

107
sólo sostenimiento del orden consumía la mayoría de los recursos. Sin embargo,
como señala Marquardt, tampoco se trató de una desfederalización acelerada y la
imposición del unitarismo, sino de una paulatina reconfiguración del poder, que en
un principio requirió hacer algunas concesiones a las ex entidades federativas.252

El proceso de centralización ocurrió en la mayoría de los países de Latinoamérica,


y según Balmori, Voss y Wortman están el marco de un interés de los poderes
centrales por desplazar las élites locales,253 que en varias regiones de Colombia
simpatizaban con los radicales. A la larga, las élites asimilarían estos cambios, pero
no hay dudas de que se trató de una reconfiguración de la relación entre lo local y
lo nacional. Tal fue la principal afectación. Núñez y compañía de ninguna manera
impusieron restricciones a la inversión extranjera, o promulgaron un nacionalismo
exacerbado. Sencillamente, los radicales estaban siendo desplazados del poder, y
con ellos se hundiría la constitución federal, las todopoderosas oligarquías locales
perderían parte de su influjo. Núñez escribió en “La reforma política” que se trataba
de un proceso natural, un debilitamiento del “espíritu de partido”, pues ya los grupos
políticos no se regían por ideales nobles o principios, sino por el oportunismo. Por
ello, la Regeneración prometía una depuración de los principios liberales,
retomando su dimensión humana, relacionada con la justicia, la benevolencia y el
bienestar social.254 Todo eso para decir que el tiempo de los radicales había pasado
y la hora de la Regeneración había llegado.

Otras medidas, como la instauración de un estado confesional, sin duda


desestimularían la llegada de negociantes de religión protestante. Muchos de ellos
se habían amparado en el derecho consagrado en la Constitución de Rionegro a
profesar su propia fe para continuar practicando su religión al avecindarse en
Colombia. Inclusive podían continuar profesando su credo al contraer matrimonio
con señoritas católicas de la sociedad local, como se verá en el capítulo III. Sin

252
MARQUARDT, Bernd. Estado y constitución en la Colombia de la Regeneración del Partido
Nacional 1886-1909. Ciencia política. 2011, nro. 11, pp. 56-81.
253
BALMORI, Diana; VOSS, Stuart y WORTMAN, Miles. Óp. Cit., pp. 67.
254 NÚÑEZ, Rafael. Óp. Cit., pp. 545-546.

108
embargo, con Dios nuevamente en el preámbulo del texto constitucional, y el
concordato que vendría un año después, se perdía ese regusto cosmopolita que los
radicales quisieron darle a la Nación.255

Como estaba cantado ya, Núñez se convirtió en presidente en 1 de abril de 1880,


tras obtener los votos de siete de los 9 estados de la Unión. Uno de sus primeros
actos fue nombrar a Trujillo general de la Guardia Colombiana y otorgarle una
sustanciosa pensión. Así mismo, incorporó en su gabinete a aliados de Trujillo,
como Payán y Emigdio Palau. Los radicales parecían condenados al ostracismo: no
obtuvieron ninguna secretaría. Opuesta a la candidatura de Nuñez se proclamó
desde el Olimpo Radical la candidatura del general Renjifo, sucesor de Trujillo en el
comando de las fuerzas de ocupación de Antioquia, candidatura que acataron todos
los radicales por disciplina de partido, pero que muchos de ellos, como Galindo y
Murillo Toro, declararon inaceptable debido a los abusos cometidos por este jefe en
el ejercicio de su magistratura en Antioquia.256 El espíritu de partido, sin embargo,
impidió a estos dos hombres manifestarse en contra. Según Galindo, Renjifo, viendo
perdida la elección presidencial, tramó incluso derrocar a Trujillo con el apoyo del
gobierno radical del Tolima, encabezado por el general Frutos Santos.257

Sin embargo, al develarse la política de Núñez, Trujillo y otros aliados


independientes empezaron a marcar distancia. Las razones nunca estuvieron
explicitadas, pero tienen que ver con desacuerdos por nombramientos burocráticos
el no apoyo de Núñez a proyectos de inversión en los estados soberanos y la toma
de medidas que lesionaban los intereses y prerrogativas de los estados (apertura
de banca central, etc.). La pervivencia del régimen federal estaba en entredicho y
posiblemente Trujillo y sus aliados no estaban dispuestos a llevar las cosas tan
lejos. Las desavenencias impulsaron la conformación de la “Unión Liberal”, frente

255 BLANCO, Oscar. Fe y nación en Colombia. La Regeneración y el proyecto de una nación católica
(1885-1920). Monografía para optar al título de Magíster en Historia. Bucaramanga: Universidad
Industrial de Santander, 2009. P.162.
256 GALINDO, Aníbal. Óp. Cit., pp. 220.
257 Ibid., p. 221.

109
común entre radicales e independientes, que buscaba cerrarle el paso a Núñez y
sus aliados conservadores. Surgió la candidatura de Francisco Javier Zaldúa,
promovida en el periódico La Unión, bajo la dirección de Felipe Zapata, Santiago
Pérez, Camacho Roldán y Pablo Arosemena. La “Unión Liberal” tomó tanta fuerza
que hasta los conservadores respaldaron a Zaldúa, algo inédito.258 Pese a ello, no
hubo conciliación. Para designar los secretarios de Estado, el presidente debía
someter sus nombres a la aprobación del Senado. Como este último se encontraba
copado por mayorías nuñistas, Zaldúa encontró enormes dificultades para
conformar su gabinete. Sucesivamente fueron rechazados los nombres de Felipe
Zapata, Eustorgio Salgar, José María Villamizar y Pablo Arosemena. El motivo: la
“animadversión” de estos hombres al expresidente Núñez, y su militancia radical.

Zaldúa entonces debió proponer nombres diferentes. Así, se designó a José Alviar,
abogado retirado, en la Secretaría de Gobierno, a Quijano Wallis en la de Exteriores
y a Rufo Urueta en la de Instrucción Pública. En julio de 1882 Zaldúa, finalmente,
pudo gobernar plenamente. Inició una “purga” burocrática, eliminando varios
empleos superfluos, presuntamente creados por Núñez para satisfacer a sus
partidarios.259 La oposición a Zaldúa fue enconada. Se buscaba su renuncia para
que entrara a gobernar el primer o segundo designado, Núñez y José Eusebio
Otálora, respectivamente. El presidente, que no disfrutaba de plena salud, falleció
en diciembre de 1882, luego de que el Senado le negara un permiso para temperar
en otro clima. Ante el fallecimiento del jefe de Estado, la fría reacción de Núñez fue
abstenerse del ejercicio de la presidencia, indicado al segundo designado que debía
hacerlo él. Buscaba claramente ser candidato presidencia en 1884.

Otálora no sería un fiel ejecutor del programa político de Núñez. Si bien quiso
aumentar las rentas de la Unión y protestó contra los peajes y otras rentas
particulares impuestas por los estados soberanos, no buscó la centralización del
Estado, sino una suerte de “federalismo sano”, tal y como lo concebía en aquella

258 QUIJANO Wallis, José María. Óp. Cit., pp. 411- 416.
259 Ibid., pp. 421, 425, 430.

110
época Aníbal Galindo, su secretario de Hacienda. La presencia de Galindo en el
gobierno contrastaba con la del secretario de Tesoro, Alejandro Posada, general
conservador en la guerra de 1876.260 De manera que el gabinete de Otálora
buscaba dar representación a las diversas fuerzas políticas.261 Para 1884, el nombre
de Otálora fue invocado para la reelección, bajo la premisa de la Unión Liberal, y
trabajaban en torno a esta candidatura (que Otalora no aceptó) Julián Trujillo, Pablo
Arosemena, Salvador Camacho Roldán y líderes radicales como Januario y
Eustorgio Salgar.262 Por ello, quedó irremisiblemente separado de su antiguo jefe
político, y el senado nuñista de 1884 inició una indagación en su contra que a juicio
de sus contemporáneos le dejó sin fuerzas y precipitó su muerte.263 Zaldúa y ahora
Otálora aparecían como mártires del espíritu de partido.

Núñez mantuvo inicialmente el espíritu conciliador de la administración Otálora.


Conservadores como Vicente Restrepo y Mariano Tanco fueron secretarios, y
también radicales como Salgar y Acosta. Sin embargo, el ala extrema del
radicalismo se hallaba sumamente descontenta por el equilibrio de los poderes
regionales, pues el nuñismo reinaba en siete de los nueve estados de la Unión, y el
conservatismo ganaba terreno en Cauca, Santander y Boyacá. Los intentos de los
nuñistas por enquistarse en el gobierno de estados tradicionalmente radicales,
como Santander, fueron la gota que rebasó el vaso. En este último estado, Solón
Wilches, aliado de Núñez, intentaba legar el poder a su sucesor elegido, Francisco
Ordoñez.264 Pero los radicales del Estado, bien organizados y elevados en número,
tenían candidato: Eustorgio Salgar, secretario de Relaciones Exteriores de la Unión.
Estas tensiones amenazaban con escalar hacia la guerra, como en efecto ocurrió.

En Santander, el primero en pronunciarse fue el general Daniel Hernández, en


agosto de 1884,265 secundado por los generales Fortunato Bernal y Domnino

260 GALINDO, Anibal. Óp. Cit., pp. 225.


261 El Orden, 1883, nro. 6.
262 QUIJANO Wallis, José María. Op. cit., pp. 448-449.
263 GALINDO, Aníbal. Óp. Cit., pp. 239.
264
SOTO, Foción. Óp. Cit., pp. 30.
265 Ibid., p. 37.

111
Castro, parientes políticos de Wilches.266 Este último se pronunció desde
Bucaramanga, rechazando a las fuerzas del Gral. Juan Manuel Dávila, leal a
Núñez.267 Bucaramanga fue la primera población de importancia ganada por los
rebeldes, y desde allí partieron hacia la capital del estado, Socorro, a fin de batir a
las fuerzas de Wilches. Como solución temporal, el gobierno de Núñez propuso que
asumiera el poder el segundo designado presidencial de Santander, Narciso
González Lineros.268 Una convención, negociada entre los rebeldes y este último,
parecía resolver la situación, no obstante, más demoró en instalarse que en ser
desconocida.269 Por lo cual, los convencionistas desconocieron a González y de
paso a la “dictadura” de Núñez. Fracasado este amago de paz, la guerra finalmente
estalló, sumándose a ella fuerzas opositoras a Núñez de otros puntos de la
geografía nacional, como Tolima, Antioquia, Boyacá y Cauca.

El Cauca también fue uno de los focos de la guerra. Allí se alzaron los radicales a
inicios de 1885, pero su número era tan reducido que se preveía una fácil victoria
de las fuerzas regeneradoras, capitaneadas por el presidente del Estado, el general
Payán.270 El gran bastión revolucionario fue Cali, de donde salieron 800 hombres al
mando de Francisco Pizarro, con el objetivo de cortar la comunicación entre
Popayán y el norte del Estado.271 El primer combate se libró en Sonso, contra las
fuerzas del general Juan E. Ulloa (hijo de Juan de Dios, secretario de gobierno del
Cauca). Las fuerzas radicales quedaron muy golpeadas a raíz de aquel combate, y
se preveía su rendición. Se envió a Emiliano Gaviria a parlamentar con el general
Ulloa, pero este exigió la rendición incondicional.272 A su vez, arribó a Cauca un
batallón de la Guardia Colombiana, comandado por el coronel Guillermo Márquez,
que atacó a Ulloa en Vijes, el 12 de febrero de 1885.273 También se recibió la noticia

266 Ibid., p. 58-61.


267 Ibid., p. 51.
268 Ibid., p. 71.
269 Ibid., p. 109.
270 VALENCIA Llano, Alonso. Óp. Cit., pp. 273.
271 La Rebelión. Noticias de la guerra. Bogotá: Imprenta de la Luz, 1885. P.11.
272 Ibid., p. 16.
273 Ibid., p. 32.

112
de que el Gral. Hurtado acababa de sumarse a la rebelión, pronunciándose desde
su hacienda de Silvia. Sin embargo, en Vijes fue vencido Márquez, quien se retiró
al norte del Cauca, para unir fuerzas con el Gral. Valentín Deaza. Una nueva derrota
en Roldanillo el 24 de febrero selló el destino de la rebelión en el Cauca.274

El presidente radical de Antioquia, Luciano Restrepo, formó una fuerza considerable


e invadió el Cauca. Había estado indeciso desde el año 1884, pero finalmente había
entrado a la guerra, animado por los triunfos de Gaitán Obeso, que en aquella época
se dirigía a la Costa. Sin embargo, sufrió una estrepitosa derrota en Cartago, el 28
de febrero.275 A ello se sumó que el general regenerador Juan N. Mateus logró
tomarse Manizales, por lo cual el gobierno de Antioquia tuvo que capitular 276. Las
esperanzas radicales ahora estaban puestas en el Gral. Ricardo Gaitán Obeso y las
fuerzas del Gral. Hernández, que avanzaban hacia Boyacá. En el caso del primero,
se había insurreccionado en Cundinamarca, tomando Honda y el 11 febrero de 1885
logró tomarse Barranquilla.277 Los segundos habían atravesado el estado de
Santander, a través de sus páramos, esquivando cualquier combate con las fuerzas
de Wilches. Fortunato Bernal había sido batido y capturado en Barichara.278
Hernández entró a Boyacá por Tipacoque, excitando a los boyacenses a unirse a la
guerra. El Gral. Campo E Gutiérrez se unió a las fuerzas de Hernández, y juntos
marcharon hacia Tunja, para convencer al presidente de Boyacá, Gral. Pedro
Sarmiento, de unírseles.279

Este último, sin embargo, se mostraba reacio, a pesar de que las fuerzas de
Hernández habían recibido un conveniente refuerzo, comandado por el general
Gabriel Vargas Santos. El 19 de diciembre de 1885 Sarmiento le envió a Hernández
una nota que contenía un ultimátum: las fuerzas de Santander debían desocupar

274 Ibid., p. 47.


275 Ibid., p. 61.
276 Ibid., p. 52.
277
SOTO, Foción. Óp. Cit., pp. 269.
278 Ibid., p .145.
279 Ibid., p. 166.

113
Boyacá.280 Por esos días, ante los pedidos de Núñez, Sarmiento entregó al gobierno
nacional el parque de Tunja, compuesto por municiones y artillería.281 También se
registró el arribo de Felipe Pérez, que se convirtió en comisionado político de las
fuerzas beligerantes. Gracias en parte a sus buenos oficios, Sarmiento se avino a
negociar una esponsión, que tenía por objetivo una solución política al conflicto. Tal
esponsión sería presentada a Núñez para su ratificación.

Sin embargo, conociendo el talante de Núñez, las fuerzas de Hernández se


preparaban para la guerra total, tal y como se lo hizo saber uno de los comisionados
que debía presentar la esponsión, Foción Soto, a los jefes radicales de Bogotá.282
Y en efecto, tras una fría acogida de Núñez, la esponsión fue desconocida de facto.
Núñez despachó una fuerza armada con rumbo a Boyacá, junto a su secretario de
Guerra, Gral. Campo Serrano, y al de gobierno, Arístides Calderón. Soto centró su
comisión en recoger fondos y partió de Bogotá el 4 de enero, sabiendo que la guerra
total era inminente.283 Las fuerzas rebeldes tuvieron que desalojar Tunja ante la
inminente llegada del ejército regenerador. Al saber que la esponsión había sido
rechazada, al general Sarmiento no le quedó otra opción que unirse a los rebeldes.
Se internaron en el Oriente del estado, en la sierra del Cocuy, perseguidos de cerca
por los regeneradores. Allí adhirió el general Camargo, a quien designaron supremo
director de la guerra. Su estrategia fue evitar en lo posible los combates, lo que
desmoralizó a la tropa. Diferencias entre él y los oficiales (había más de 200 para
una tropa de poco más de mil)284 determinaron su separación del mando.

Las fuerzas entonces salieron nuevamente para Santander, repitiendo su travesía


en sentido inverso, y ocupando Bucaramanga por segunda vez el 19 de marzo de
1885. Allí se reincorporaron Fortunato Bernal y Marco Aurelio Wilches (primo de
Solón), capturados en Barichara, liberados bajo fianza. El 21 por la noche, ante la

280 Ibid., p. 176.


281 Ibid., p. 185.
282 Ibid., p. 203.
283 Ibid., p. 212.
284 Ibid., p. 261.

114
llegada de una fuerza considerable a Piedecuesta, mandada por los generales
Dávila, Solón Wilches y Antonio B. Cuervo, salieron precipitadamente de
Bucaramanga, a buscar la conexión con el Magdalena y con las fuerzas de la
Costa.285 En Puerto Wilches recibieron auxilios remitidos desde la Costa. Las
fuerzas de Gaitán Obeso controlaban el tránsito por el Magdalena.286 El trasegar de
la tropa desde Puerto Nacional (Gamarra) hasta Barranquilla fue una marcha
triunfal. Al llegar a esta última ciudad tuvieron constancia del desorden y la
dilapidación de recursos que imperaba en el ejército del Norte.287 Allí también se
recibieron noticias del confuso incendio de Colón, que dejó malparada la causa
liberal. Cartagena era sitiada desde inicios de abril. El 7 de mayo las fuerzas
combinadas de Santander, Boyacá y la Costa atacaron Cartagena, pero fueron
rechazados.288

Las fuerzas del gobierno se acercaban desde Antioquia y Santander, la primera


mandada por Juan N Mateus y la segunda por Guillermo Quintero Calderón. La
lógica exigía que los revolucionarios atacaran a la fuerza más débil, que era la de
Quintero. Para lograr ello, vararon varias embarcaciones en el Dique, tratando a
toda costa de impedir la reunión de los dos ejércitos. El ataque contra Quintero se
demoró, pues los revolucionarios se enfrascaron en disputas y sufrieron muchas
deserciones.289 Tanto así que hubo tiempo para conferencias de paz, auspiciadas
por el contralmirante Jouett, de la Marina de Estados Unidos. Hernández por los
revolucionarios y Justo Arosemena por los regeneradores conferenciaron en el
buque Tennessee, anclado en Cartagena, sin que pudiera ratificar algún acuerdo.290

El regreso del general Camargo, el día 11 de junio, pareció sacar la guerra de su


estancamiento. Reasumió el título de director de la guerra. Las fuerzas finalmente
se movieron con el objetivo de batir a Quintero Calderón, que se encontraba en el

285 Ibid., p. 284.


286 SOTO, Foción. Óp. Cit., pp. 15.
287 Ibid., p. 21.
288 Ibid., p. 67.
289
Ibid., p. 89.
290
Ibid., p. 102.

115
sitio del Hobo o la Humareda, a pocos kilómetros de El Banco. Los revolucionarios
se movilizaban por la vía del río, y desembarcaron en la retaguardia de Quintero.
Sin embargo, pronto reinó la confusión. El enemigo había tenido tiempo de
repartirse por el terreno, y los liberales se vieron en una emboscada. Cayeron
Sarmiento, Hernández y Bernal. Camargo y Soto sobrevivieron. Aquella jornada
finiquitó la rebelión. Era el 17 de junio de 1885.291

Aunque la rendición sólo llegó hasta septiembre, de manos de un Foción Soto


ascendido al generalato por una nueva deserción de Camargo, la guerra estaba
desde mucho antes decidida. El recorrido de los ejércitos revolucionarios, y las
fuerzas del gobierno que les perseguían trastornaron los lugares por donde pasaron,
dejando a no pocos extranjeros afectados. Materia de esta investigación fue
determinar si las relaciones de tales extranjeros con líderes políticos involucrados
en la guerra afectaron sus negocios. Lo ocurrido durante la guerra de 1877 con
Lengerke, Koppel & Schloss y Cerruti dio luces sobre ello.

Trazado el panorama general, conviene examinar a los negociantes extranjeros


durante aquellos confusos tiempos. ¿Permanecían del todo ajenos a estos
trastornos? ¿Cómo era su relación con la élite adscrita a los diferentes grupos
políticos, que no era otra que la misma dirigencia de las guerras civiles? Al
aproximarse al contexto en el cual se relacionaron los extranjeros, el capítulo III da
más luces sobre esta cuestión. Los grupos de poder que se encontraron en juego
durante esta época tenían todos ellos bases locales y regionales, con las cuales
necesariamente los negociantes extranjeros avecindados en diversos puntos de la
nación tuvieron que tratar.

291
Ibid., p. 138.

116
3. LA VIDA ASOCIATIVA DE LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y SU
INSERCIÓN EN LAS SOCIEDADES LOCALES.

Pese al panorama desalentador ofrecido por las recurrentes guerras civiles y el


faccionalismo político, lo cierto es que algunos aventureros extranjeros divisaron en
Colombia una oportunidad para forjar capitales, siguiendo las dinámicas de
expansión de mercados y acceso a las materias primas que demanda el emergente
mercado mundial. Durante el periodo federal colombiano, la bonanza de las quinas
atrajo a negociantes extranjeros que establecían casas comerciales para participar
del gran fenómeno del intercambio global, que Braudel ya señaló en “Civilización
material, economía y capitalismo.”292 Sin embargo, la formación de capitales que
circulan en los mercados transnacionales es un fenómeno ligado a otros de
naturaleza puramente local. Evidentemente, esa riqueza surge de contextos en los
cuales los hombres de negocios despliegan su actividad: hay una relación directa
entre los peones que se dedican a extraer la quina de las selvas del Magdalena y
los marchantes europeos que la colocan en Bremen o Liorna. Y el presente capítulo
quiere precisamente estudiar los contextos en los cuales se forjó el capital de
algunos negociantes que participaron de la integración de tales contextos locales a
la economía mundial. Y más que nada, hará énfasis en las condiciones que
facilitaron o perjudicaron las actividades de dichos negociantes, como su relación
estrecha con políticos y actores de las sociedades locales, bajo la hipótesis de que
tales sociabilidades son cruciales a la hora de pensar en desarrollar exitosamente
proyectos y actividades económicas en la Colombia de la época.

Subrayada la relevancia de los poderes locales y las enormes dificultades de


conectividad, conviene abordar la temática de la relación de los migrantes con tales
poderes, bajo la premisa de que tales poderes locales eran cruciales a la hora de
vencer los obstáculos de conectividad, y también a la hora de apalancar los

292 BRAUDEL, Fernand. Civilización Material, economía y capitalismo. Siglos XV-XVIII. Tomo I:
titulado “Las estructuras de lo cotidiano: lo posible y lo imposible. Madrid: Alianza. 1984. P. 3.

117
capitales. Ya se ha sugerido que existen intereses que ligan a negociantes
extranjeros y políticos, pero faltaría evaluar hasta qué punto llegan esos vínculos.
La presencia frecuente de apellidos extranjeros en algunas ciudades del territorio
nacional, como Barranquilla, Bucaramanga y Cali, podría ofrecer una pista, y
permitir lanzar una hipótesis: la manera privilegiada de vincularse continuaba siendo
el matrimonio, como lo había sido durante el dominio español. Y aunque es cierto
que emergen algunas prácticas importadas, como los clubes, hay suficientes
argumentos para postular al matrimonio como el vínculo más efectivo. Si bien esta
investigación no analizará aspectos como su frecuencia o recurrencia, sí le
postulará como un mecanismo utilizado por algunos migrantes para vincularse a la
sociedad local. Balmori, Voss y Wortmann afirman que el casamiento era la principal
manera de tender lazos en las comunidades locales iberoamericanas. Estos lazos
eran más duraderos que otros tipos de filiaciones como los clubes y los partidos
políticos, y con frecuencia tenían una función comercial-corporativa, pues de hecho
eran “una asociación de poder y dinero de larga duración.”293 Este capítulo tomará
en cuenta esta idea, y ensayará si es aplicable al contexto en cuestión.

La necesidad de enlazar con los recién llegados no es un rasgo omnipresente en


los clanes que conforman las élites locales. Cada clan familiar tomó sus propias
decisiones. Según Balmori, Voss y Wortman:

Algunas familias notables permanecieron completamente leales al viejo orden colonial,


tolerando mínimos cambios republicanos como precio obligado de la independencia.
Otras estaban abiertas a las influencias del mundo Atlántico norte y al nuevo orden
social que tales influencias parecían fomentar. La mayoría, empero, se quedaron a
medio camino. Alarmados por las inestabilidades que la independencia trajo consigo,
conservaron muchas de las prerrogativas del orden colonial para restaurar y mantener
su estabilidad. No obstante, la posibilidad de ampliar su poder político y económico
mediante contactos extranjeros y un gobierno republicano les hizo tolerar, si no abrazar,
las influencias del Atlántico norte.294

La migración de extranjeros (especialmente desde Europa) debe contemplarse


desde la óptica de los clanes familiares que integraban las élites locales. Para estos

293
BALMORI, Diana; VOSS, Stuart y WORTMAN, Miles. Óp. Cit., pp. 29.
294
Ibid., p. 60.

118
clanes, la emigración extranjera constituía una oportunidad de expandir su poder
económico y adaptarse a una suerte de nuevo orden mundial, a las nuevas
realidades del sistema-mundo. Sin embargo, tampoco están dispuestos a negociar
los privilegios que detentaron durante el régimen español, estableciendo una suerte
de ambigüedad. Muchas de sus prácticas continuaban ancladas en el periodo
indiano, pero promovían un régimen republicano y querían ingresar en el trasiego
de la economía mundial.

Esta investigación, como se ha expuesto, ha presentado dos enfoques.


Económicamente, se ubica en el contexto de la bonanza de las quinas, y
políticamente en el contexto del surgimiento del liberalismo independiente y el
proyecto Regenerador, que logra imponerse en 1885. Ahora bien, socialmente
hablando, se ubicará en el contexto de la decadencia de los centros de poder local
tradicionales, y la emergencia de nuevas urbes dinámicas, con sociedades
vibrantes y menos cerradas. Cali, Bucaramanga, Barranquilla y Cúcuta fueron
algunas de las ciudades que adquirieron importancia más o menos en la mitad del
siglo, en detrimento de los viejos centros de poder, como lo eran Popayán, Girón,
Cartagena y Pamplona. En el caso concreto de Bucaramanga y Cali, el fenómeno
parece estar íntimamente relacionado a la bonanza de las quinas. En el de Cúcuta,
su condición de aduana y paso fronterizo, así como su conveniente ubicación
cercana al lago de Maracaibo. En el de Barranquilla tiene que ver con los problemas
del puerto de Cartagena, derivados de la oclusión del dique, más que nada.

Particularmente en el caso de Cali y Bucaramanga, las similitudes saltan a la vista.


Pues no sólo están íntimamente relacionadas con la bonanza de las quinas y la
llegada al poder de La Regeneración. Si se contempla el contexto de los estados
soberanos donde se ubican estas urbes se comprenden mejor sus similitudes. Los
estados de Cauca y Santander se hallaban en pleno periodo de expansión de la
frontera agrícola, jalonada por el auge quinero. Debido a ello, la concesión de
baldíos sería un practica recurrente. Se buscaba colonizar las vastas extensiones
selváticas y abrir dos importantes vías de comunicación. En el caso del Cauca, la

119
vía hacia el puerto de Buenaventura, y en el caso de Santander, la vía y puerto del
río Magdalena. De hecho, ambos puertos eran prácticamente inexistentes, siendo
necesario además de la vía de comunicación, construir el puerto (fluvial en el caso
de Santander, marítimo en el caso del Cauca), que en la práctica funcionaría como
puerto de dos poblaciones emergentes: Cali en el Cauca y Bucaramanga en
Santander. Ambas ciudades no eran la respectiva capital de su estado, pero
ofrecían una imagen dinámica y eran asiento de considerables comunidades de
extranjeros. Su comercio floreciente se explicaría por la expectativa de la posible
conectividad con el ulterior puerto, además de su cercanía a las zonas de expansión
agrícola: los valles del Magdalena y Cauca, y las zonas quineras al filo de la selva.

Bucaramanga, por ejemplo, descolló a partir de 1865 como una de las poblaciones
emergentes de los Estados Unidos de Colombia. Contó, a juicio de quien fuera su
más destacado cronista (José Joaquín García), con una élite preocupada por el
progreso material y mejorar sustancialmente las posibilidades de la floreciente villa.
Así, intentaron promover que se instalara allí, por ejemplo, la Normal de Señoritas295
y se preocuparon por obtener el privilegio de ser el inicio de la línea ferroviaria que
conectaría el interior del Estado con el río Magdalena.296 En el caso de Cali, allí se
realizaban casi todas las actividades relacionadas con el comercio exterior, y junto
a Palmira se estaban convirtiendo en las poblaciones de mayor relevancia, en
detrimento de la antigua Popayán que languidecía por su inconveniente ubicación,
alejada del que estaba llamado a ser el principal puerto caucano: Buenaventura.297

Las élites locales estaban interesadas en mejorar su conexión con el resto del país
y el mundo, y encontrar un mercado para los frutos de la tierra, tan abundantes en
los mercados internos y tan apetecidos en Europa. Dos de los negociantes aludidos
y quizás los más notorios, Georg Von Lengerke y Ernesto Cerruti ubicarían sus
haciendas cerca a los florecientes centros poblados y a camino entre estos y las

295 GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 515.


296 Ibid., p. 470.
297 VALENCIA Llano, Alonso y ZULUAGA, Francisco. Historia regional del valle del cauca. Cali:

Universidad del Valle, 2011. P. 126.

120
selvas rebosantes en frutos de la tierra como la quina: Lengerke poseía Montebello,
a unos 80 km de Bucaramanga y Cerruti, Salento, a 60 km de Cali. El auge del grupo
alemán en Santander y de varios negociantes en Cauca está ligado a las quinas, y
a partir de 1879 debieron lidiar con las consecuencias de la contracción del mercado
para ese producto. Junto a ellos, sufrieron las élites vinculadas a sus negocios, en
el caso de Santander, Solón Wilches, la familia Valenzuela y otras más vinculadas
al grupo alemán, y en el caso del Cauca, Ezequiel Hurtado y la familia Mosquera.
El auge del proyecto regenerador coincidió con un curioso sentimiento patriótico,
que merece al menos ser mencionado. Si las élites estaban en pos de conectar con
los recién llegados, lo cierto es que sectores de la población veían al extranjero, con
su idiosincrasia y prácticas, como una extravagancia más del régimen radical. Así
lo confirmarían los sucesos de Bucaramanga en 1879 y lo acontecido en Cauca en
1885, con ocasión del “Caso Cerruti”.

Por lo tanto, si bien en un principio fueron recibidos como heraldos de progreso,


hacia 1880 los migrantes extranjeros empiezan a despertar suspicacias. El
descrédito de la imagen del liberalismo radical, con el que muchos de ellos estaban
asociados, podría ser una de las razones por las cuales su influencia iría en
desmedro. Sin embargo, este capítulo se refiere al momento en el cual líderes
políticos y familias beneméritas con prosapia colonial buscaban insistentemente
enlazar con los recién llegados.

3.1 NEGOCIANTES ALEMANES Y SUS VÍNCULOS CON LA SOCIEDAD


BUMANGUESA.

De entre todas las comarcas de Santander, los migrantes alemanes prefirieron


establecerse en su gran mayoría en el floreciente municipio de Bucaramanga. Allí
fundó Lengerke su almacén de sombreros en 1857, y hasta allí llegarían los
compatriotas que invitó para que le acompañaran en su ánimo comercial y
colonizador. Como posible razón para la escogencia de este entre todos los demás
municipios del Estado Soberano de Santander, por encima de su capital y lugares

121
cercanos más poblados como Piedecuesta, puede postularse la cercanía de
Bucaramanga con los ríos Lebrija y Magdalena, rutas comerciales que conectaban
el interior del Estado con los puertos del Caribe. También estaba convenientemente
situada en el camino hacia Maracaibo, otra ruta comercial probada hasta la
saciedad, principalmente por la casa Comercial Minlos & Breuer, establecida en
Bucaramanga, pero cuya sede principal estaba en Maracaibo. Aparte de ello,
Bucaramanga se hallaba convenientemente cerca de las extensas tierras baldías
del valle del Magdalena, rebosantes de quinas, pero infestadas de indios yareguíes.
El proyecto de acceder al Magdalena por las inmediaciones de los ríos Sogamoso
y Lebrija databa de la época hispánica, cuando se concibió la fundación de la ciudad
de San Juan de Girón para acceder al Magdalena y pacificar a los yareguíes.298

Las perspectivas de Bucaramanga parecían ser bastante halagüeñas para los


recién llegados. Tuvo mucho que ver que el primero de ellos les señalara que allí
era posible recrear el bucólico mundo hacendístico que tenía cierto regusto señorial
(por ello algunos de ellos fundaron haciendas, siendo particularmente extensas la
de Minlos, ubicada en el cerro de Palonegro, la Goelkel en Piedecuesta, la de
Lengerke en Zapatoca) pero a la vez intervenir en el comercio de agroexportación.
Durante el lapso en que se dio el mayor número de llegadas (1858-1882) en
Santander predominaba la facción radical del partido Liberal. Fue con estos políticos
que los alemanes debieron entrar en tratos, para acceder al lucrativo negocio de
contratar con el estado. Lengerke aprovechó muy bien dicha opción, trabando una
relación muy estrecha con la dirigencia de Santander, principalmente con Solón
Wilches Calderón, tres veces presidente del estado. Pese a ello, Lengerke fue más
bien parco a la hora de relacionarse con la élite local: jamás se casó y pasó casi
todo su tiempo no en Bucaramanga, sino en su hacienda Montebello, ubicada en la
jurisdicción de Zapatoca.299 Zapatoca por aquella época pertenecía a la jurisdicción
de la provincia de Guanentá, con capital en Barichara. Por ello, Bucaramanga era

298 GUERRERO, Amado. Poder político local. Cabildo de Girón. Siclo XVIII. Bucaramanga: Centro
de Estudios Regionales-SIC editorial, 2003. 263 p.
299 RODRÍGUEZ Plata, Horacio. Óp. Cit., pp. 175.

122
una sucursal más de sus amplios intereses y negocios. Su sobrino, Lorent, sí se
asentó en Bucaramanga, trabando lazos con los vecinos de ese municipio y se
volvió asiduo de las veladas promovidas por el Club del Comercio.

Lengerke amasó una fortuna fabulosa. Hizo traer un piano de cola desde Alemania,
y celebró con gran pompa (cañonazos incluidos) la proclamación del imperio alemán
en 1871. También realizó algunas acciones para congraciarse con la sociedad local,
como una donación para la reconstrucción de la iglesia parroquial de Bucaramanga,
consagrada a San Laureano y a la virgen de Chiquinquirá300. Lengerke también
participó en el exterminio de los yareguíes, nombre con el que se denominaban
indistintamente todos los indígenas que habitaban en la cuenca de los ríos
Sogamoso, Carare y Opón.301

Los favorecimientos para Don Geo empezaron durante la presidencia de Eustorgio


Salgar Moreno, que le convirtió en concesionario del camino a Barrancas Bermejas.
El presidente de la asamblea legislativa era Victoriano de Diego Paredes.302 El
mismo que años después le favorecería con otro contrato estatal, esta vez para
construir varios puentes en los ríos Suarez y Sogamoso.303 Lengerke hubo de
mantener en buen estado estos caminos, en virtud del contrato, para ello organizó
a lo largo varios “tambos” donde tenía gente armada, liderada por compatriotas
suyos como Nicolás Briddler. El emporio comercial y agrícola de Lengerke creció
bajo la protección de Solón Wilches, presidente de Santander en dos ocasiones:
1870-1872 y 1878-1884. Durante su segunda presidencia tuvo que defender
ferozmente los intereses del alemán mítico, que estaban siendo lesionados por el
gobierno Nacional. En Bogotá habían concedido los mismos baldíos de los que
Lengerke disfrutaba al negociante holandés Manuel Cortissoz, por lo cual Wilches
defendió a su socio, invocando la soberanía de los Estados.304 El fallecimiento de

300 GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 246.


301 RODRÍGUEZ Plata, Horacio. Óp. Cit., pp. 90.
302 Ibid., p. 172.
303 Ibid., p. 219.
304 RODRÍGUEZ Plata, Horacio. Óp. Cit., pp. 124.

123
don Geo el 4 de julio de 1882 echó por tierra este reclamo, en el que estaba
involucrado un inmenso globo de tierra entre los ríos Sogamoso y Carare. La
presidencia de Solón le dejó a Lengerke su último contrato de explotación de quinas,
firmado en julio de 1880.305

La sombra y el mito de Lengerke se han proyectado sobre la comunidad alemana


asentada en Bucaramanga, de suerte que Lengerke terminó por encarnar al alemán
por antonomasia. No obstante, si bien es cierto que Lengerke fue el que más poder
económico y político acumuló, su figuración en la sociedad bumanguesa fue nula.
Solo conocemos uno de sus hijos ilegítimos, habido con Benita Vargas en 1871, y
el único que obtuvo con el tiempo el derecho a llevar su apellido: se llamaba
Federico y murió en 1925, a los 54 años de muerte violenta. Casado con Mercedes
Silva, tuvo por lo menos tres hijos: Federico, Jorge y Clementina, los cuales
entroncaron exitosamente con vecinos de Bucaramanga, sobreviviendo de esta
manera el apellido del alemán mítico. De otro hijo llamado Guillermo, mencionado
por Horacio Rodríguez, no se encontraron registros.306 Un porcentaje importante de
sus compatriotas sí contrajo provechosos matrimonios con señoritas de la élite local.
Esta investigación sólo encontró dos casos de mujeres contrayendo matrimonio con
locales. El de Antonia Goelkel, hermana de Georg Goelkel, casada con Demetrio
Paredes Serrano, hijo del presidente de Santander Victoriano de Diego Paredes. Y
el de Emma Hakspiel, hermana del negociante Philip Hakspiel, casada con el liberal
Nepomuceno Peralta Valenzuela, general en la Guerra de los Mil Días.

Por lo tanto, la comunidad alemana, si bien no era crecida en número, si mostró


interés por integrarse a la sociedad local. Sin embargo, estudiar las circunstancias
de tal integración no puede hacerse sin identificar primero a los migrantes y realizar
una somera aproximación a sus actividades y escenarios donde actúan (capítulo I),
para posteriormente revisar sus conexiones personales y qué tan relevantes eran
esas conexiones (tarea del presente capitulo). Así, se revelará si existe un interés

305 Ibid., p. 131.


306 RODRÍGUEZ Plata, Horacio. Óp. Cit., pp. 87.

124
de los alemanes por vincularse a actores con cierta relevancia social y política. La
evidente presencia de sus descendientes permite afirmar positivamente que
entroncaron con familias de la sociedad local. El reto será entonces investigar bajo
qué formas y en qué condiciones se dio la vinculación.

Los extranjeros llegados de Alemania y demás países europeos parecían abrazar


el credo político de la familia que los acogía. Así, el inglés John Harker Mudd
emparenta con los Mutis al casar con Josefa Mutis Amaya y su hijo Adolfo Harker
Mutis será uno de los principales líderes del conservatismo en Bucaramanga,
protestando con indignación frente al destierro del obispo de Pamplona en 1877.
Varios integrantes de la familia Mutis suscribirían dicha misiva, como Juan
Nepomuceno Mutis, Marco Aurelio Mutis entre otros.307 Sin embargo, el fenómeno
más frecuente es la vinculación del migrante con sectores del sector que detentaba
el poder: el radical. La hegemonía radical en Santander fue incuestionable por lo
menos hasta el año 1879. Por ello varios negociantes de origen alemán tuvieron
cercana relación con los políticos de esa facción.

El predominio radical en Santander antecede incluso a la creación de la primera


experiencia federal, la Confederación granadina. Santander emergió como entidad
política en 1857, un año antes de que se sancionaría la nueva constitución federal.
Desde 1856 se impulsaba la creación del Estado, a imitación de lo ocurrido en
Panamá. La creación del estado estuvo orientada por notables locales como José
María Villamizar Gallardo, Eustorgio Salgar, Rafael Otero, Vicente Herrera, Marco
Antonio Estrada Plata, Vicente Azuero Estrada, Antonio María Pradilla, Victoriano
de Diego Paredes y Peramato, y Ulpiano Valenzuela. Había una participación
minoritaria de conservadores, vinculados todos ellos a la ciudad de Pamplona y
capitaneados por los hermanos Canal González, Estanislao y Leonardo. Como
primer presidente fue electo el adalid del radicalismo, Manuel Murillo Toro, natural

307
GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 539.

125
de Chaparral, Tolima. Era la excepción pues la representación legislativa y demás
poderes públicos estaban en manos de las élites locales.

Al abandonar Murillo Toro la presidencia del Estado para acudir al Senado Nacional,
le remplazó en el ejecutivo su secretario de Gobierno, el doctor Ulpiano Valenzuela
Mutis. Descendiente de dos de las familias más importantes de San Juan de Girón,
había nacido en Piedecuesta en 1809, del matrimonio del Doctor Miguel Valenzuela
Mantilla y Micaela Mutis Consuegra.308 Entre sus parientes se encontraban varios
próceres como Crisanto Valenzuela y Sinforoso Mutis. Además, era sobrino de Eloy
Valenzuela, párroco de Bucaramanga durante más de 30 años. El matrimonio
conformado por Ulpiano y María de los Ángeles Navarro era uno de los más
distinguidos de todo el valle del río de Oro. Su hijo mayor, José María,309 fue un
prominente negociante, que trabó fructíferas asociaciones con los alemanes.

Podría sorprender que siendo los negociantes alemanes el principal interés de este
capítulo se haga referencia a una familia de la sociedad local del Valle del río de
Oro. Lo cierto es que los Valenzuela unieron su destino al del grupo alemán
establecido en Bucaramanga, y al calor de sus sociedades comerciales forjarían
una fortuna envidiable, y apadrinarían varias iniciativas como el Club de Soto, o Club
del comercio. Dos de las hijas de Ulpiano estaban casadas con comerciantes
alemanes recién llegados a Bucaramanga. Luisa Valenzuela con Guillermo
Schrader310 e Isabel Valenzuela con Guillermo Muller.311 Además de ello, entre los
descendientes de Miguel Valenzuela y Micaela Mutis se repetía este mismo
fenómeno. El cuadro adjunto relaciona dicho fenómeno.

Cuadro 3. Descendencia de Miguel Valenzuela vinculada matrimonialmente a inmigrantes


alemanes.

308 Archivo de la Parroquia de San Francisco Javier (Piedecuesta) Bautismos 1807-1812, f. 41.
309 Archivo de la Parroquia de San Juan Bautista (Girón) Bautismos 1844-1847, folio 66. Nació el 22
de julio de 1845.
310Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga), bautismos, 1875-1876, f. 33. Fe de

Bautismo de su hija María Inés.


311 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga), dispensas de disparidad de cultos, f.1.

126
Luisa Valenzuela 3 generación (nieta de Miguel Guillermo Muller
Navarro Valenzuela, hija de Ulpiano)
Isabel Valenzuela 3 generación (nieta de Miguel Guillermo Schrader
Navarro Valenzuela, hija de Ulpiano)
Soledad Valenzuela 3 generación (nieta de Miguel, hija Charles Schloss
Suarez de Francisco María)
Ana Valenzuela Jones 4 generación (bisnieta de Miguel Federico Hederich
Valenzuela, nieta de José Benito) Ogliastri (hijo de
Hermann Hederich)
Amelia Valenzuela Vela 4 generación (bisnieta de Miguel Philip Hakspiel
Valenzuela, nieta de Pablo Antonio)
Carlina Valenzuela Vela 4 generación (bisnieta de Miguel Emilio Minlos (Hijo de
Valenzuela, nieta de Pablo Antonio) Emil Minlos, natural de
Lubeck, Alemania)
Nepomuceno Peralta 4 generación (Bisnieto de Miguel Emma Hakspiel
Valenzuela Valenzuela, nieto de Pablo Antonio) (hermana de Philip
Hakspiel)
Fuente: Elaboración propia, basada en documentos del Archivo de la Parroquia de San Laureano
(Bucaramanga).

El caso de la familia Valenzuela era significativo, pues hubo enlaces entre


extranjeros o sus descendientes directos en la tercera y cuarta generación. En la 3
primará el enlace con un extranjero recién llegado, como fue el caso de las hijas de
Ulpiano Valenzuela. En la cuarta, el enlace se daría también entre vástagos nacidos
en Colombia de inmigrantes y damas de la sociedad local. Ana Valenzuela Jones
casó con el hijo de un inmigrante alemán (Hermann Hederich) y la hija de un
inmigrante italiano (Luisa Ogliastri Figueroa) y Carlina Valenzuela Vela con el hijo
del acaudalado comerciante hanseático Emil Minlos, que tenía también negocios en
las Antillas y Venezuela. El grafico número 1 da cuenta del caso de la familia
Valenzuela Navarro, que quizás está entre los más destacables, pues las hijas de
don Ulpiano estuvieron entre las primeras casadas con migrantes alemanes.

127
Ilustración 4:Descendientes de Ulpiano Valenzuela Mutis.

El peso político de la familia Valenzuela durante el periodo federal fue considerable,


ya que casi todos los integrantes de esa familia estaban vinculados a la facción
radical. Tobías Valenzuela Reyna, por ejemplo, asumió la jefatura del departamento

128
de Soto en 1877, en medio de la guerra civil y con el respaldo del presidente del
Estado y el presidente de la República, los radicales Marco Antonio Estrada Plata y
Aquileo Parra, respectivamente.312 La hija de Tobías no era otra que Ana
Valenzuela Jones, enlazada con un alemán como ya se dijo. El presidente Estrada
también emparentaba con los Minlos, pues su hija Amelia Estrada Soto estaba
casada con Federico Minlos, otro hijo de Emil.

Los gráficos 2 ,3 y 4 proveen más información sobre la familia Valenzuela. El dos


muestra la descendencia directa de Miguel Valenzuela, relacionando únicamente a
sus hijos. El 3 y el 4 fijan su atención sobre dos de los hijos de Miguel y su
descendencia hasta la tercera generación: Jerónimo Benito y Pablo Antonio. Ello
porque son las familias de Ulpiano (Ilustración 2) y estas dos las que presentan el
fenómeno del matrimonio de alemanes con señoritas de ese clan familiar.

Ilustración 5: Los hijos de Miguel Valenzuela.

312 GONZÁLEZ de Cala, Marina. Óp. Cit., Pp. 71.

129
Ilustración 6:Descendientes de Pablo Antonio Valenzuela

Ilustración 7:Descendientes de Jerónimo Benito Valenzuela.

130
Tras trazar los árboles genealógicos, se podría entender por qué el destino de la
familia Valenzuela está inextricablemente ligado al de la comunidad alemana de
Bucaramanga. Los descendientes de Miguel Valenzuela eran los herederos de un
capital económico, social y político considerable. Su vida y riquezas estaban ligadas
a sus haciendas y demás propiedades, que disfrutaban desde hacía dos siglos. La
unión con los inmigrantes alemanes debe ser entendida en el marco de los nuevos
tiempos, que demandaban una apertura hacia el “sistema mundo”, a través de
lucrativos intercambios comerciales y culturales, que representaron no sólo la
diversificación de las actividades económicas de los Valenzuela, sino en muchos
casos una riqueza a mayor escala.

El caso de la familia Valenzuela fue el más relevante dado su carácter sistemático,


pero no fue el único. El cuadro número 4 relaciona los enlaces matrimoniales entre
alemanes y señoritas de la localidad.

Cuadro 4. Enlaces entre alemanes y señoritas de Bucaramanga.

César Lulle (1 vez) Manuela Orozco Parra 14 de junio de 1885


César Lulle (2 vez) Isabel Llach Atkinson 31 de mayo de 1888
Berhard Wessels Sara Uscátegui 24 de agosto de 1893
Paul Polko Matilde Ordoñez Bretón 10 de julio de 1882
Albert Fritsch Evangelina Mejía 27 de septiembre de 1884
Gustavo Volkmann Isabel Puyana 5 de febrero de 1890
Lorenzo Larsen Ana Dolores Guerra
Emilio Minlos Carlina Valenzuela Vela
Philip Hakspiel Amelia Valenzuela Vela 20 de febrero de 1879
Guillermo Schrader Isabel Valenzuela Navarro 1870
Guillermo Muller Luisa Valenzuela Navarro 1870
Hermann Hederich Leticia Ogliastri Figueroa 11 de junio de 1871
Georg Goelkel Octavia Jones Arciniegas 1866
Federico, Minlos Amelia Estrada Plata
Federico Hederich O. Ana Valenzuela Jones

131
César Hoffmann Celia Uribe 15 de noviembre de 1891
Hermann Trebert María Orozco Parra 17 de diciembre de 1896
Nicolas Briddler Bonifacia González 5 de septiembre de 1876

No se trataría pues de una masiva llegada de alemanes ni de un sinnúmero de


enlaces. Los que se rastrearon son alrededor de quince (Cesar Lulle se casó dos
veces), estimándose que el posible número global de matrimonios no superaría los
20. Algunos alemanes como Geo Von Lengerke permanecen sin contraer
matrimonio, y otros como Paul Lorent ya estaban casados al llegar. Otros como
Rinaldo Goelkel, nacido en Bucaramanga, hijo de Dolores Jones y Georg Goelkel,
contrajeron matrimonio en otras localidades, en este caso en Maracaibo.313
Usualmente los enlaces implicaban ventajas comerciales. Paul Polko por ejemplo
se casó con la hija del acaudalado comerciante Francisco Ordoñez (estrecho aliado
del dos veces presidente del Estado, Solón Wilches Calderón) y Volkmann con la
hija de David Puyana Figueroa, otro importante hombre de negocios bumangués.
Cesar Lulle se casó en dos ocasiones con las hijas de sus acaudalados socios
comerciales: primero con la hija de Trinidad Parra y luego con la hija de Jose
Joaquín Llach.314 Y ya se ha comentado el caso de Schrader y Muller, casados con
las hijas de Ulpiano Valenzuela, cabeza visible de una organización comercial
titulada Valenzuela e Hijos, y hombre muy rico.

Uno de los casos más relevantes es el de tres de los hijos de Trinidad Parra de
Orozco y Nicolás Genaro Orozco, pues su hijo mayor Luis Miguel Parra Orozco casó
con María Hederich Ogliastri,315 hija de Hermann Hederich, y sus hijas Manuela y
María con César Lulle y Hermann Trembert 316 respectivamente. Como hay noticias
de que tres de los cuatro hijos del matrimonio Orozco-Parra contrajeron matrimonio

313 Archivo de la Parroquia de El Sagrario (Maracaibo). Matrimonios 1799-1922, f. 179.


314 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios, 1881-1892, f. 134.
315 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos 1901-1903, f. 248. La

información es extraída de la fe de bautismo de Gilberto Orozco Hederich, que tuvo como padrino a
su tío Herman Hederich, hijo homónimo de la víctima de la asonada del 9 de septiembre de 1879.
316 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios 1892-1899, f.134.

132
con alemanes o sus descendientes, se identifica una política matrimonial que
consistía en hacer nexos con los recién llegados, integrando a estos últimos a la
sociedad local, muy seguramente a cambio de ventajas como fortalecer los vínculos
con las casas comerciales alemanes.

Algunos negociantes no tenían mucho interés en entroncar con la élite de


Bucaramanga, pero se relacionaron con mujeres de la sociedad local, generalmente
de extracción humilde, procreando hijos ilegítimos. Ya se sabe que el caso más
famoso de esta práctica es el de Lengerke, quien nunca se casó ni apadrinó ningún
niño, ni siquiera a uno de los hijos de los otros integrantes de la comunidad alemana.
Únicamente fue testigo del enlace de su compatriota Hermann Hederich con Leticia
Ogliastri Figueroa, el 11 de junio de 1871.317 Pero ello no le impidió procrear un
número indeterminado de hijos ilegítimos, de los cuales presuntamente sólo dos,
Guillermo y Federico, contaron con su protección y el derecho a llevar su apellido,
póstumamente. Carlos Keller, que llegó a Bucaramanga casado con Matilde Sayer,
la hija de un inglés establecido en Bogotá pierde a su esposa cuando esta es muy
joven: fallece en 1889 a los 19 años de edad, dejando una hija, Matilde Fidela Keller
Sayer. Keller procreó dos vástagos ilegítimos con Bárbara Granados. De manera
que, dentro del gran grupo, es posible discriminar entre los interesados en entroncar
con la sociedad local, como por ejemplo Paul Polko y César Lulle, y los que no,
como Carlos Keller, Geo Von Lengerke y Valdemar Hanssen. Este último tuvo
numerosos descendientes en la ciudad de Bucaramanga, a través de su hija Isabel,
que sólo pudo usar el apellido hasta una edad tardía, cuando se hicieron enmendar
los libros de bautismo y matrimonio donde constaba su filiación, por decreto de la
curia eclesiástica.318

317Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios 1868-1871, f. 62.


318Archivode la Catedral de la Sagrada Familia (Bucaramanga). Bautismos 1897-1907. F.150. La fe
de bautismo de Isabel Acevedo, hija ilegítima de Valdemar Hansen, aparece enmendada y con una
anotación marginal que remite al decreto 0799 del 3 de julio de 1970, en virtud del cual se expidió
una nueva fe de bautismo, esta vez a nombre de Isabel Hansen Acevedo.

133
Una parte de los alemanes decidieron convertirse al catolicismo, otros sin embargo
continuaron profesando su fe luterana, aunque en privado. Entre los que siguieron
fieles a su fe resuenan Georg von Lengerke y Gustavo Volkmann. Este último fue
conducido al “cementerio financiado por los extranjeros” al fallecer en febrero de
1917, es decir al Cementerio Particular, que aún se encuentra junto al Católico
Arquidiocesano.319 Algunos como Emil Minlos, Georg o Jorge Goelkel, y otros se
convirtieron al catolicismo, probablemente para contraer matrimonio con damas de
la sociedad local, aunque esto no les impidió a algunos dejar hijos ilegítimos, dos
en el caso de Minlos320 y uno en el caso de Goelkel.321

Sin embargo, no siempre era necesaria la conversión al catolicismo para entroncar


con la sociedad local. Gustavo Volkmann se casó con Isabel Puyana (hija de Don
David Puyana) sin abjurar de su fe protestante, en presencia del cónsul alemán,
Paul Lorent Lengerke y su esposa Beatrice.322 Los primeros en inaugurar esta
práctica fueron Luisa Valenzuela Navarro y Guillermo Muller, por solicitud expresa
del Sr. Ulpiano Valenzuela Mutis,323 en 1869. El libro de Dispensas de disparidad
de cultos de la parroquia de San Laureano inicia con esa, por lo cual hasta tanto se
encuentre una más antigua, se considerará esa como la primera. En la dispensa se
le informaba al cura de Bucaramanga, Francisco Romero, que el obispo de la
diócesis (de Nueva Pamplona) había analizado el caso que le expusiera en una
misiva anterior, sobre el deseo libre y espontaneo de los citados para contraer
matrimonio católico. Establecía que todos los hijos de la pareja serían bautizados y
educados como católicos y que Muller podía seguir practicando su fe luterana en
privado. Para que se cumplieran las exigencias del obispo, se le demandaba a
Muller un juramento “según el estilo de su religión”. Los segundos en contraer
matrimonio bajo esa fórmula fueron Hermann Hederich y Leticia Ogliastri, en 1871.

319 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga) Defunciones 1915-1918, fo.258.


320 Archivo de la Parroquia de San Pedro Apóstol (Lebrija) Bautismos 1884-1896, f. 139.
321 Marta Ruiz, reconocida in articulo mortis. Archivo de la Parroquia de San Pedro Apóstol (Lebrija)

Bautismos 1891-1893, f. 12.


322Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios, 1881-1892, f.173 bis.
323 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Dispensas de disparidad de cultos, f.1.

134
Situación análoga a la del matrimonio entre Alberto Fritsch y Evangelina Mejía. Ellos
se casaron en una ceremonia atípica, sin acudir al templo y sin bendición solemne:
simplemente decidieron vivir juntos y el cura expidió el contrato matrimonial, con la
presencia de los testigos de la unión, Tobías Valenzuela Reyna y su esposa Dolores
Jones.324 A la pareja Fritsch-Mejía extrañamente les fue permitido asarse sin que el
marido abjurara la fe luterana, luego de que el marido diera declaración sobre
carecer de compromisos previos, poniendo como testigos a sus compatriotas
Ernesto Langenbach y César Lulle.325 El matrimonio de este último con Manuela
Orozco Parra, hija de Nicolás Orozco y Trinidad Parra de Orozco, brinda información
para definir el patrón usual de las dispensas eclesiásticas, pues la información
matrimonial presenta una extensa declaración donde César Lulle se compromete a
respetar la religión de su joven esposa (de 17 años) y bautizar a todos sus hijos en
la religión católica.326 De ahí se establece que posiblemente el juramento
mencionado en el caso de Luisa Valenzuela y Guillermo Muller se realizaba antes
de la ceremonia matrimonial, en la etapa conocida como “información matrimonial”,
destinada a subsanar impedimentos para el matrimonio, además de los ya citados,
Muller, Volkmann, Fritsch y Lulle, Wessels también recurrió a esta figura.

Por otra parte, ser testigos matrimoniales, ya sea del rito del matrimonio o de la
información matrimonial previa también será reflejo de un vínculo fraterno. En el
caso de las informaciones, era frecuente que se exigiera a los extranjeros probar
que no tenían un compromiso matrimonial previo. Por ello, los testigos más idóneos
eran sus propios compatriotas. Los de Alberto Fritsch fueron César Lulle y Ernesto
Langenbach, los de Lulle fueron Carlos Keller y Alberto Fritsch. En el caso de la
información matrimonial de Nicolas Biddler, los testigos fueron Philipp Hakspiel y
Guillermo Muller.327 En el caso del rito, los testigos del enlace de Volkmann fueron

324 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios, 1881-1892, f. 73.


325 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Información matrimonial, 1877-1886,
f.107.
326 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Información matrimonial,1877-1886, f.

111.
327 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Información matrimonial 1873-1876,

f.267.

135
el cónsul alemán de la época, Paul Lorent y su esposa, además de don David
Puyana y su esposa, padre y madre de la novia.328 El casamiento de Berhard
Wessels contó con la presencia de Gustavo Volkmann y Paul Lorent,329 y en el
segundo de César Lulle, con Isabel Llach, fueron testigos Ernesto Langenbach y
Ricardo Valderrama.

La vinculación de los extranjeros y su prole a la sociedad local también puede


evidenciarse en el compadrazgo. Los bautismos de la prole de los recién llegados y
los integrantes de la sociedad local ocupan gran parte de las páginas de los libros
de bautismo dedicados al periodo comprendido entre 1870 y 1895. Un examen de
los padrinos de esos niños permitió identificar lazos entre dichos padrinos y sus
padres, pues generalmente los padrinos son personas cercanas a los padres. En
muchos casos eran personas de la propia familia. Así, Antonio Camilo Schrader
Valenzuela tenía como padrinos a sus tíos, Luisa Valenzuela y Guillermo Muller,330
y la hija de estos últimos, Isabel de La Merced, a José María Valenzuela Navarro.331
Luis Ernesto, otro vástago del matrimonio Muller-Valenzuela, tenía por padrino a su
abuelo, Ulpiano Valenzuela Mutis.332 Lo mismo para Guillermo Muller Valenzuela,
que tenía por padrino a su tío político Guillermo Schrader.333

En otras ocasiones también se escogía por padrino a un integrante de la sociedad


local que no necesariamente estuviera emparentado con la familia. Tal fue el caso
del primer descendiente de alemanes nacido en Bucaramanga, Federico Carlos
Goelkel Jones, del matrimonio de Georg Goelkel y Dolores Jones, que nació en
1870 y fue bautizado el 11 de enero de 1871.334 Tuvo como padrinos a David
Puyana Figueroa y su esposa Manuela Martínez, lo que podría indicar una cercanía
entre Goelkel y el mítico dueño de “La Cabecera del Llano”. Un caso similar ocurrió

328 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios, 1881-1892, f. 173 bis.
329 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios, 1892-1899, f. 26.
330 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1872, f, 3.
331 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1872, f. 51.
332 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1870, f. 38.
333 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1873-1875, f. 145.
334 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos 1871, f. 9.

136
con Emilio Minlos Valenzuela, hijo de Emilio Minlos y Carlina Valenzuela, bautizado
el 19 de diciembre de 1894, en plena Regeneración.335 Su padrino fue el connotado
líder conservador Aurelio Mutis, varias veces alcalde de Bucaramanga. Trinidad
Parra de Orozco, una de las negociantes más importantes de Bucaramanga, no tuvo
reparo en hacer de madrina para Dolores Josefa Minlos Valenzuela.336

Revisando otros casos, se encuentra que el padrinazgo recae en amigos cercanos


de la familia, en ocasiones de la misma nacionalidad, como el caso de Andrés
Larsen, nacido en 1884, hijo de Lorenzo Larsen y Ana Dolores Guerra, cuyos
padrinos son el alemán Paul Polko y su esposa Matilde Ordoñez.337 Otra hija del
matrimonio Larsen-Guerra, Olga, tenía como padrinos al alemán Ernesto
Langenbach y a Teresa Semblat de Cortissoz, esposa de Manuel Cortissoz.338 Por
su parte, Philip Hakspiel Valenzuela, hijo del alemán homónimo y Amelia
Valenzuela, tenía por padrino a Rinaldo Goelkel.339 Otra hija de Hakspiel, Ramona,
era apadrinada por Carlina Valenzuela y Emilio Minlos.340

Como puede verse, los alemanes no sólo se integraron exitosamente en la


sociedad, sino que ocuparon los roles más prominentes, junto a las élites que
databan del periodo colonial y algunas fortunas recientes, como la de Juan
Crisóstomo Parra y su hija Trinidad. Su prominencia motivó el malestar de varios
sectores de la población de Bucaramanga, para quienes dichos alemanes eran una
influencia maléfica, que pervertía las buenas costumbres. El malestar social tuvo su
culmen el 9 de septiembre de 1879, cuando algunos integrantes de una sociedad
democrática conocida como “La culebra pico de Oro” lideraron una asonada contra
la comunidad alemana y los integrantes de la élite bumanguesa relacionados a ellos.

335 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1893-1895, f. 272.


336 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1882-1885, f. 343.
337 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos 1882-1885, f. 189-190.
338 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos 1885-1887, f. 182.
339 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos 1885-1887, f. 60.
340 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos 1880-1882, f. 51.

137
Como testimonio de primera mano de ese malestar social, además de las “Crónicas
de Bucaramanga”, existe un opúsculo titulado “Sucesos de Bucaramanga”341,
escrito por uno de los protagonistas: el alcaide de la cárcel de Bucaramanga, Juan
de la Cruz Delgado Ruilova, cabecilla de la asonada junto al alcalde Pedro Collazos.
Delgado Ruilova, antes de pasar a relatar los acontecimientos de la jornada del 9
de septiembre, realizaba un extenso prólogo explicando en qué consistía el malestar
ocasionado por la presencia alemana.

Señalaba en primer lugar que la corrupción de Bucaramanga había principiado unos


28 años antes, cuando empezaron a llegar extranjeros que pronto mostraron no
tener ni el más mínimo respeto por las costumbres y moral del pueblo de
Bucaramanga.342 De suerte que los vecinos honrados y virtuosos se habían visto
obligados a sufrir sus costumbres depravadas, entre las que se encontraban:

1. La lujuria. Los alemanes se regodeaban de tener, a la vista de cualquiera, en


sus casas y almacenes, imágenes obscenas, que fomentaban la
concupiscencia.343
2. La embriaguez: todos ellos permanecían casi todo el tiempo borracho.
Difundieron la costumbre de obsequiar a quien se topara en su camino una
copa de brandy. La juventud de Bucaramanga, vinculada en muchos casos
a los negocios de los alemanes, en calidad de dependientes o “lacayos”
(como dice Delgado Ruilova) había adquirido este vicio.344
3. Concubinato: Varios de dichos alemanes tenían concubinas y se exhibían
con ellas en plena calle.345

Y por si no fuera poco, se les acusaba de desdeñar a los ciudadanos honrados y


laboriosos, llamándolos guaches o canalla. El grupo de los alemanes y sus

341 DELGADO Ruilova, Juan de la Cruz. Sucesos de Bucaramanga. Socorro: Imprenta de Sandalio
Cancino, 1879.
342 Ibid., p. 2.
343 Ibidem.
344 Ibid., p. 3.
345 Ibidem.

138
allegados pronto fue relacionado directamente con el “Club del Comercio”, y entre
la población caló el apelativo “del Comercio” para referirse a este grupo, que
prontamente se organizó políticamente incluso, confeccionando listas para las
elecciones municipales.346 Los “Del Comercio” se preciaban de decir que se les
odiaba por ser ricos, nobles, caballeros, gente decente. Y también apelaban a la
existencia de un odio contra los extranjeros entre los bumangueses, que Delgado
Ruilova se apresta a desmentir, reconociendo los progresos y bondades aparejados
a la inmigración extranjera.

El pueblo decente de Bucaramanga, liderado por familias tradicionales como los


Rovira, los Mantilla, los Rodríguez, los Hurtado y los Pinzón, desde hacía mucho
tiempo se había organizado para impedir que los “del Comercio” lograran vencer en
las elecciones municipales, impidiendo así una hecatombe moral. El día 7 de
septiembre de 1879 salieron los “del Comercio” por enésima vez derrotados, lo que
motivó las iras de su líder: el prominente hombre de negocios local, José María
Valenzuela Navarro.347 Lleno de rabia, cruzó varios insultos con Cecilio Sánchez,
joven empleado público protegido del jefe departamental de Soto, Pedro Rodríguez
Estévez y militante de la facción conocida como “Culebra pico de Oro”.

Que José María Valenzuela actuara como cabeza del bando que agrupaba a los
alemanes se explicaba por sus relaciones comerciales y familiares con “William”
Schrader, cónsul de Alemania en Bucaramanga y esposo de una de sus hermanas.
Cecilio Sánchez es presentado como la contraparte de Valenzuela: joven humilde,
trabaja para sostener a su familia, e iniciaba una distinguida carrera en el servicio
público cuando su vida fue segada en medio de la asonada.348

El día de las elecciones, por la noche, el coronel Obdulio Estévez, líder conservador
y veterano de varias guerras civiles, fue tiroteado a mansalva, y su asesino no fue
atrapado. Los del Comercio señalaron como responsable a Delgado Ruilova, lo cual

346 Ibid., p. 4.
347 Ibidem.
348 Ibid., p. 5.

139
este último califica de absurdo, pues Estévez formaba parte de la lista presentada
por “los Pico de oro” para la municipalidad. Para él, el asesino tuvo que ser un
integrante del Comercio, o un tal Justiniano Franco, señalado por tener problemas
personales con Estévez. En su relato, Delgado Ruilova callaba que esa misma
noche, con el cadáver de Estévez aún en el local de la municipalidad, se había
celebrado un baile en la casa de habitación de su “amiga” Nieves Ariza, donde se
había confeccionado una lista de los “del Comercio” que debían ser asesinados.
Adolfo Harker y José María Valenzuela encabezaban la lista.349

Las exequias de Estévez, celebradas al día siguiente, reunieron a ambos bandos.


Los del Comercio, según Delgado Ruilova, no tenían nada que hacer en ese templo,
pues los unos eran ateos y los otros protestantes, además de francmasones y
racionalistas. Sus rostros abotagados y sus labios secos eran además señal
inequívoca de su estado de alicoramiento.350

Cecilio Sánchez había pedido permiso para ausentarse de sus deberes y concurrir
a las honras fúnebres. Fue rodeado por los del Comercio: delante de él se ubicaron
Valenzuela y su criado Samuel D’Acosta, detrás otro criado de Valenzuela, Tobías
Bretón y varios alemanes que Delgado no identifica. Al agacharse Sánchez para
acomodar la bota de su pantalón. D´Acosta exclamó “Don José María, lo mata
Cecilio”, ante lo cual Valenzuela desenfundó el revolver, y le dio un balazo.
Espantado, Cecilio Sánchez intentó escapar, pero los criados de Valenzuela le
propinaron dos balazos más, dejándolo malherido en el atrio de la iglesia.351 García
contradice esta versión, diciendo que Cecilio Sánchez penetró armado en la iglesia
y Valenzuela más bien intentó defenderse.

En lo que coinciden ambos es en la confusión que se desató en el templo.


Espantados, los integrantes de la comunidad alemana corrieron a sus casas, según
García a resguardarse, según Delgado Ruilova a buscar armas para atacar a los

349 GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 188.


350 DELGADO Ruilova, Juan de la Cruz. Óp. Cit., pp. 6.
351 Ibid., p. 7.

140
“Pico de Oro”. Las iras de estos últimos se concentraron en las casas de Guillermo
Müller, Guillermo Schrader (donde además funcionaba el consulado alemán) y José
María Valenzuela. Este último sin embargo ya no se encontraba en su domicilio, y
había partido al galope a Piedecuesta, a fin de ser el primero en comunicar la noticia
a la capital del Estado, según Delgado para manipular la situación a su
conveniencia.352

Los alemanes se atrincheraron en la casa de Alberto Fristch, lugar del cual fueron
desalojados. Algunos se rindieron en el acto, pero muchos otros continuaron la
pertinaz resistencia contra la asonada, que rápidamente degeneraba en saqueo. La
actitud de Valenzuela le salvó de morir. Su casa fue asaltada y saqueada. Viendo
esta situación, Hermann Hederich y Christian Goelkel (segundo de los hijos de
Georg Goelkel y Dolores Jones) salieron de su refugio para auxiliar aquella casa,
quizás ignorando el afortunado escape de Valenzuela. Recibieron una descarga de
rémington de los “Pico de Oro”, dirigidos por el alcalde Collazos. Goelkel falleció en
el acto y Hederich, herido en el estómago, expiraría días después.353

La noche trajo cierta calma a Bucaramanga. Sin embargo, habían sido saqueadas
las casas de los Müller Valenzuela, Valenzuela Navarro, Jones Arciniegas
(prominente familia local emparentada con los Goelkel y los Valenzuela), y las de
otros que poco tenían que ver, como Rafael Ariza y Nepomuceno Toscano. El jefe
departamental de Soto, ausente por encontrarse en un convidio en la parroquia de
Tona, tardaba en aparecer. Cuando lo hizo, según García, continuaron los abusos
y los saqueos, a pesar de los bandos en los que el jefe departamental afirmaba que
había calma y ya podían regresar los ciudadanos a sus hogares. Pues casi todos
los del “Comercio” abandonaron la ciudad, y formaron una tropa con peones de las
haciendas de Lengerke, Puyana y otros. Concentrados en el sitio de “la Loma” y
capitaneados por el general Domnino Castro, héroe de la guerra de 1877,

352 Ibid., p. 8.
353 GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 189.

141
reocuparon la ciudad, con la aparente anuencia del jefe departamental.354 El alcalde,
aparte de ser cómplice de los rebeldes, convalecía de un vómito de sangre. Delgado
Ruilova y otros cómplices, que habían huido, no tardaron en ser capturados.

El 11 de septiembre de 1879, integrantes de la facción del Comercio solicitan la


presencia de Solón Wilches para restablecer el orden en Bucaramanga. Firmaban
Lengerke, Müller, Celestino Collazos, Domnino Castro, Tobías Valenzuela, Eulogio
Uscátegui, Guillermo C. Jones, Julio Ogliastri, Vicente García Herreros, y otros
más.355 El presidente en efecto arribó al día siguiente, y se vió obligado a encarcelar
a Delgado Ruilova, el alcalde Collazos y otros cómplices, mientras que Pedro
Rodríguez fue removido de su empleo por sus omisiones. La exculpación de
Delgado pretende establecer que, lejos de algún contenido político, las acciones de
los “Pico de oro” fueron reacciones a una inconfundible acción criminal, pues los del
“Comercio” pretendieron defender a un asesino. Aparte de ello, señala que se trató
del estallido de una profunda tensión social, por los muchos abusos y excesos
cometidos por los del “Comercio”. A tal punto que la muerte de Sánchez fue muy
sentida, pero ante el fallecimiento de los dos alemanes hubo incluso regocijo.356

Al parecer, en Bucaramanga se estaba gestando un movimiento con tintes


nacionalistas, xenófobo y reaccionario, que despreciaba a todos aquellos que
gravitaban en torno a la facción “del Comercio”, que no eran otra cosa que aquellos
que habían fraguado su fortuna al calor del librecambio y los dogmas promulgados
por el Olimpo Radical. Si bien no se trataba de un movimiento enquistado en la vieja
pugna entre liberales y conservadores, si se muestra contrario a los cambios
propugnados tras la federalización.

Para Bucaramanga, la asonada tuvo consecuencias nefastas, como una


considerable recesión económica ocasionada por la fuga de capitales. Guillermo
Schrader resolvió sin más trasladarse a Alemania, José María Valenzuela empezó

354Ibid., p.189.
355GAVIRIA Liévano, Enrique. El liberalismo y la insurrección de los artesanos contra el librecambio.
Bogotá: Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2002. P. 203.
356 DELGADO Ruilova, Juan de la Cruz. Óp. Cit., pp. 11.

142
a liquidar sus activos comerciales, y muchas casas comerciales desmontaron sus
sucursales de Bucaramanga.357 La firma Hederich & Goelkel se disolvió por
completo: uno de los fallecidos era su director, Hermann Hederich. También se
disolvió el “Banco de Santander.”358 El movimiento conocido como “La Culebra Pico
de Oro” parece vaticinar lo que sería el espíritu de la Regeneración, periodo durante
el cual aumentarían la animadversión contra la comunidad extranjera establecida
en el país. Ello sería particularmente evidente durante la guerra de 1885, durante la
cual el capital extranjero fue objetivo de las expropiaciones de uno y otro bando.

3.2 NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y SUS VÍNCULOS CON SOCIEDADES


LOCALES EN OTROS LUGARES DEL TERRITORIO NACIONAL.

Luego del análisis del caso de Bucaramanga, conviene plantear la posibilidad de


que las alianzas entre extranjeros y personalidades relevantes de las sociedades
locales sean una dinámica presente en otros lugares del territorio nacional. Para
ello, se estudiaron casos muy puntuales, íntimamente relacionados con el marco
general del trabajo (ascenso de la Regeneración, el “boom” de las quinas y grandes
proyectos de infraestructura). Para efectos de este trabajo, se estudiará el caso de
Cerruti y su relación con la familia Mosquera, y con otros negociantes como Eder y
Quilici. Y el caso del clan Koppel-Kopp-Castello, conformado por negociantes de
nacionalidad británica y alemana. Otro prominente negociante que hubiera podido
ser estudiado en este punto, Juan B. Mainero, se cuidó de establecer lazos
perdurables con la comunidad local. No dejó descendencia, y no hay registros de
su concurrencia como padrino matrimonial o bautismal.

Ya se ha visto que los sacramentos del rito católico parecían ser la manera preferida
de cohesionar el tejido social y entablar provechosas alianzas y vínculos. Paralelo

357 GONZÁLEZ de Cala, Marina. Óp. Cit., pp. 40.


358 GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 194.

143
a ello, se establecían negocios y pactos caracterizados por el intercambio de favores
y promesas de apoyo. Ernesto Cerruti utilizó ambas vías, pues a la vez que empleó
estrategias como el matrimonio y el compadrazgo, también enlazó con políticos
locales, como Tomás Renjifo. Rebolledo cuenta que recién Cerruti inauguró su casa
comercial recurrió a él, que era jefe municipal de Cali, para legalizar unas
mercancías que no declaró en la aduana.359 A la postre, Rengifo llegaría a ser jefe
civil y militar de Antioquia y candidato a la presidencia de la Unión, por lo cual
conexiones de este tipo en parte allanaron el camino de Cerruti hacia el éxito. Algo
similar ocurrió cuando logró formar su sociedad comercial,360 pues en ella figuraron
como socios fundadores dos generales: Hurtado y Cárdenas.

Por lo tanto, al igual que los súbditos alemanes establecidos en Bucaramanga,


Cerruti tenía una asombrosa capacidad para ligarse a políticos y personas de
notabilidad social, que al convertirse en sus socios y amigos representaban
beneficios para el negociante italiano. Cerruti, al igual que los alemanes de
Bucaramanga, se vinculó a la facción más fuerte del Cauca: la mosquerista o
independiente. Y también, al igual que los alemanes de Bucaramanga, vio como
cambiaba su suerte ante el ascenso de la Regeneración y el eclipse de las rutilantes
figuras que eligió por socios y valedores.

En cuanto a la dimensión familiar, Cerruti apuntó bastante alto. Antes de su llegada,


en el Cauca se conformó un entramado familiar que por sus proporciones recordaba
al de la familia Valenzuela. Esta vez en torno a la familia Mosquera, cuya relevancia
a nivel nacional en sin duda mucho mayor que la de los Valenzuela, que si bien dio
importantes líderes que participaron del acontecer nacional, no proveyó un
arzobispo de Bogotá y un presidente de la república. ¡Y qué presidente! Cuatro
veces ocupante de la silla de Bolívar, su actuación se extendió a lo largo de 50 años.

359
REBOLLEDO, Francisco. Óp. Cit., pp. 5.
360AGN. Archivos Oficiales, Ministerio de Relaciones Exteriores, Transferencia 8, caja 98, carpeta 1.
Folios 1-2 “Escritura pública de la sociedad comercial”

144
Tuvo por lo demás una vida personal sumamente desordenada. Casado en su
adolescencia con Mariana Benvenuta Arboleda Arroyo, su prima carnal, mantuvo

relaciones continuadas con al menos otras tres mujeres: Susana Lamas, María
Elorza y Paula Luque.361 Con las dos últimas procreó tres hijas ilegitimas (una con
María Elorza y dos con Paula Luque), que cumplieron la función destinada a las
mujeres de élite en la sociedad colombiana del siglo XIX: servir de prenda para
cimentar alianzas y relaciones convenientes para sus parientes varones. La hija
mayor de Mosquera, Amalia de la Concepción, era la mayor prueba de ello: casada
con el general Pedro Alcántara Herrán, sólo dos años menor que su padre, para
apuntalar la alianza entre ambos. Las hijas ilegítimas a su vez contrajeron
matrimonios con hombres de interés para su padre. A continuación, se ofrece el
árbol genealógico que relaciona la descendencia del Gran general.
Ilustración 8: La familia del “Gran General”

361LOFSTROM, William. La vida íntima de Tomás Cipriano de Mosquera, 1798-1830. Bogotá: Banco
de la República-El Áncora Editores,1996. P. 194-197.

145
Las hijas de Mosquera, como ya se dijo, fueron empleadas para cimentar alianzas.
A su hija ilegítima habida con Paula Luque la casó con un prometedor oficial que
sirvió bajo sus órdenes durante la “Guerra de las Soberanías” y que además le salvó
la vida: Jeremías Cárdenas Silva. El cual inició una sólida carrera política y militar a
la sombra del suegro, a quien suplió en la presidencia del Cauca durante el año
1873.362 A María Engracia la casó con el ingeniero Thomas Davies, que contrató
para supervisor de la casa de la moneda de Popayán y al que comisionó como
administrador de sus negocios mineros. Decisión que no resultó tan afortunada,
pues Davies resultó ser un hombre de negocios mediocre.363 Cárdenas y Davies
fueron una elección concienzuda: con el primero Mosquera esperaba tener un
incondicional aliado militar y político, que le cuidara las espaldas, y con el segundo
un hábil administrador, que fuera de entera confianza.

La siguiente generación, la de sus nietos, funcionó bajo la misma lógica: vínculos


provechosos para el Gran general y la familia. Dos de sus nietas contrajeron
matrimonios con negociantes extranjeros que se abrían paso en el Cauca del boom
de las quinas: Emma Davies con Ernesto Cerruti y María Josefa Mosquera (hija de
su hijo mayor, Aníbal) con Raimundo Doria, negociante italiano establecido en Cali.
Mosquera ya no pensaba en Marte, sino en Mercurio. Ya no buscaba la influencia
política de cara a las cábalas electorales, sino cimentar la posición económica de la
familia, que había padecido una quiebra a finales de la década de 1850. La familia
Mosquera parece actuar bajo la lógica de las “alianzas complementarias” que
establecen Balmori, Voss y Stuart, en el sentido de buscar vínculos que
diversificaran los intereses del grupo familiar.364

Cerruti comprendía el importante papel de los sacramentos católicos como


mecanismos para forjar alianzas y cimentar vínculos. No contento con ingresar en
el más importante clan familiar del Cauca, usó el matrimonio y el compadrazgo para

362 LOFSTROM, William. Óp. Cit., pp. 196.


363 Ibid., p. 194.
364 BALMORI, Diana; VOSS, Stuart y WORTMAN, Miles. Óp. Cit., pp.16.

146
entroncar con otros dos negociantes extranjeros de la región: José Quilici y Santiago
Eder. Su primer hijo varón, Pedro José Buenaventura, fue apadrinado por Quilici y
Zoe Lamarque, de quien no se tienen mayores datos.365 Su hija Italia contrajo
matrimonio con Carlos Eder, hijo menor de Santiago Eder, en 1897.366 Este
matrimonio cimentó una alianza que existía de mucho tiempo atrás, que inclusive
databa de la llegada de Cerruti a Buenaventura en 1870. Para esa época, Eder ya
llevaba casi una década establecido allí y tenía relaciones comerciales con Tassara,
propietario de la casa comercial que luego sería controlada por Cerruti.367

La relación de Cerruti y Eder era muy estrecha. Eder con frecuencia asistía a los
convites que daba el italiano, que reunían a lo más selecto de la sociedad caucana.
Demostró un irrestricto apoyo a este último durante su caída en desgracia,
socorriendo oportunamente no sólo a su futura nuera Italia, sino también a la esposa
de Cerruti, durante los aciagos días de 1886. Inclusive viajó personalmente a
Panamá junto a la familia Cerruti, que acudía a esa ciudad a reunirse con Ernesto.368
Cerruti se alojaba con los Eder en su casa de Estados Unidos, cuando iba a ese
país a atender asuntos concernientes a su reclamación.369 Pese a que Phanor Eder
no lo menciona, conviene preguntarse si quizás Santiago prestó alguna ayuda a su
entrañable amigo, con ocasión del fallo del arbitraje estadounidense que salió a su
favor en 1897, originado en la expropiación de los bienes de Cerruti y la prisión a la
que fue sometido tras la guerra de 1885.

Cerruti también fue gran amigo de sus compatriotas. Con Raimundo Doria y Quilici
lo unían los lazos del parentesco político y el compadrazgo, respectivamente. En
torno a Cerruti también se constituyó todo un círculo de italianos, muchos de ellos
vinculados a Cerruti y Co. La condición de Cerruti de cónsul de Italia en el Cauca,
primero con sede en Buenaventura y luego en Cali, sin duda le permitió relacionarse

365 Archivo de la Catedral de San Pedro (Cali) bautismos 1845-1887, vol. 22-35, f. 216.
366 Archivo de la Catedral de San Pedro (Cali) defunciones 1950- 2002, vol. 29-30, f. 254.
367 EDER, Phanor. Óp. Cit., pp. 377.
368 Ibid., pp. 378.
369
Ibid., pp. 379.

147
estrechamente con sus compatriotas. En 1879 ingresa a su sociedad comercial José
Quilici. Ya trabajaban para Cerruti, en la administración de sus negocios, otros
italianos como el propio Doria,370 Giuseppe Mazza,371 Jose Rossi,372 Pasquale
Crispino y Vicente Spadafora. Casi todos eran agentes comerciales de la sociedad,
que disfrutaban de cierta autonomía y poseían su propio capital; posición análoga a
la de Cerruti en la casa comercial Tassara. Quilici por ejemplo lo remplazó en el
ejercicio de su empleo consular, durante uno de sus viajes a Italia, según lo indicó
Cerruti al Ministerio de Relaciones Exteriores el 15 de noviembre de 1879.373

Pero las asociaciones que le fueron más redituables fueron las que forjó con
elementos de la política local. Trabajando de la mano del clan mosquerista, Cerruti
logró facilidades para su negocio de quinas, pero ante una crisis de sus negocios y
la guerra civil de 1876, concibió como estrategia aproximarse al gobierno radical,
liderado por Cesar Conto, para que este le concediera en remate las quinas
expropiadas a los rebeldes conservadores. Llegó al extremo inclusive de liderar la
escolta que apresó al obispo de Popayán, a fin de exhibir públicamente su lealtad
con el gobierno de Conto.374 En efecto, logró rematar las quinas (específicamente,
100 cargas de quina amarilla) con beneficios para sus socios.375 La conducta de
Cerruti en esta guerra fue calificada como “muy adicta a la causa liberal” y en virtud
de sus importantes servicios se le reconoció una compensación de 1819 pesos por
las expropiaciones que había sufrido, tanto por el bando sublevado como por el
gobierno.376

Era de común dominio el interés de Cerruti por la política, y se reportaba que en


1876 había mostrado gran entusiasmo por la causa del gobierno, visitando el

370 AGN, AO, MRE, Tr 8, caja 98, Cr 1, f.50.


371 Este último fue víctima de vejámenes en Cali al ser denunciada su condición de no neutral, en
febrero de 1885, junto a Cerruti. AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, Cr 4, f. 44.
372 Agente de Cerruti en Buenaventura. AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, Cr 3, f 89
373 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, Cr 1, f.110.
374 REBOLLEDO, Francisco. Óp. Cit., pp. 23; ALBAN Carlos. Óp. Cit., pp. 18. En el asunto del

Obispo, testigos declararon que Cerruti lo había amenazado con revolver, y despojado de sus
ornatos sacerdotales. Véase AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car8, f.70.
375 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, C1, f.38.
376 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, C1, f.115.

148
campamento del general Julián Trujillo (cerca de Manizales) en varias ocasiones.
Esta visita pudo haber sido de carácter personal, pues con la fuerza de Trujillo
permanecían los generales Hurtado, Cárdenas, y Rengifo, todos ellos íntimos
amigos de Cerruti.377 Esta guerra también benefició ampliamente a su compañía
comercial, que le suministró pólvora al ejército, sin ningún atisbo de escándalo pese
a que el jefe de estado mayor y encargado de aprobar esa compra era el general
Hurtado. Manuel Sarria, secretario de gobierno de Cesar Conto, era citado como
otro de los grandes amigos de Cerruti pertenecientes al partido liberal del Cauca,378
en ese tiempo unido en torno a la guerra contra los conservadores.

Las reclamaciones de Cerruti, por diversos elementos expropiados durante la


guerra de 1876, proseguirían hasta 1879. Entre lo reclamado, se encontraban
elementos de importación que vendía en sus almacenes, como machetes y
herramientas de hierro, pero también sal, quina y semovientes de sus potreros. La
resolución de su pleito coincide con la llegada a la presidencia del Estado de uno
de los socios de la compañía, el Gral. Hurtado, luego del conflicto civil del Cauca
del año 1879. Esta guerra fue fácilmente ganada por el auxilio que brindó el
presidente de la Unión, Julián Trujillo, a la rebelión contra el presidente Modesto
Garcés, acusado de fraude electoral. Poco tiempo después de que Hurtado se
sentara en la silla presidencial, Cerruti logró que el gobierno de Bogotá reconociera
su reclamación, en fallo del día 14 de octubre de 1879. Cerruti, que acudió a Bogotá,
suscribió un acuerdo de pagos con el secretario de Hacienda, Luis Carlos Rico.379
Además de la indemnización ya percibida, se le abonó una nueva partida de cerca
de 5000 pesos, justo la suma alegada.

Por aquella época, un viejo conocido, Tomás Rengifo, adquirió relevancia al


remplazar al Gral. Trujillo, elegido presidente de la Unión, en la jefatura civil y militar
del Estado de Antioquia, ocupado tras la derrota de los conservadores en la guerra

377 AGN, AO, MRE, T8, Caja 98 Car8, f.60.


378 AGN, AO, MRE, T8, Caja 98 Car8, f.140.
379 AGN, AO, MRE, Transferencia 8, caja 98, Cr 1, f.107.

149
de 1877. Varios escritos de la época dan cuenta de su talante despótico y
sanguinario,380 lo que no impidió que Cerruti viajar a Medellín a tratar con él. El
resultado de dicha reunión determinó el asocio de Cerruti y el general, la compra de
una hacienda en común y los servicios de Cerruti para colocar sumas de dinero de
su nuevo socio en bancos de Londres. Otras dos fincas adquiridas en común
también serían un resultado de estos tratos.381 Además de ello, la incontenible
ambición de Rengifo hizo que Cerruti terminara vinculado a sus proyectos políticos,
que incluían una rebelión contra el Ejecutivo de la Unión encabezado por Núñez, al
frustrarse su intento de ser electo presidente en 1880. La implicación de Cerruti en
ese complot sería exhibida en 1886 como prueba de su participación en política.

Además de ello Cerruti al parecer realizó actividades a favor de Rengifo a partir del
año de 1880. El general había sido desplazado de Antioquia, pues las constantes
quejas de los antioqueños contra las “hordas del Cauca” le hicieron renunciar. Al
parecer, el general quiso recuperar terreno en su Estado natal, y tramaba una
revolución en 1882 contra el gobierno legítimo.382 Varios testigos declararon que en
casa de Cerruti se celebraban “Juntas revolucionarias”, que tenían por objetivo
afectar las elecciones presidenciales del Cauca de 1882,383 que ganó Payán. Otros
decían que también tenía la intención de influir en la elección municipal, convidando
a beber y comer a un significativo número de personas.384También se decía que
había repartido machetes.385 Al parecer, Cerruti quería que, a la salida de Hurtado
de la presidencia, quedara Rengifo, para lo cual había gastado elevadas sumas de
dinero, a fin de conservar su influencia política.386 Los tratos de Cerruti con políticos

380 Sobre el gobierno de Rengifo en Antioquia, véase RESTREPO Uribe, Rafael. Algo para la historia
de la gloriosísima revolución de Antioquia que estalló el 25 de enero del presente año. Versión
electrónica publicada por la Universidad de Antioquia en
[Link] . [Consultado 19 de
agosto de 2019]
381 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car10, f.50.
382 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, Cr 3, f.11.
383 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, Cr 3, f.13.
384 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, Cr 3, f.13 v.
385 ALBAN Carlos. Óp. Cit., pp. 25.
386 VALENCIA Llano, Alonso. Óp. Cit., pp. 304.

150
le granjearon la animadversión de sectores de la población caucana, quienes le
reprochaban a Cerruti su anticlericalismo y su presunto liberalismo a ultranza.387

El caso de Cerruti se encuentra documentado ampliamente debido a la


circunstancia de su expropiación. Otros migrantes no cuentan con un volumen de
fuentes tan considerable, y su rastreo se hace más difícil debido a que su presencia
no salta a simple vista. Del negociante Alejandro o Alexander Koppel lo más que se
conserva es su tumba, ubicada en el cementerio inglés de Bogotá. Él ostentaba la
nacionalidad alemana y fue uno de los primeros en arribar a Bucaramanga, mucho
antes del boom de las quinas, para establecer un banco y dedicarse a actividades
financieras. Su hermano Bendix o Buendía también estuvo involucrado en ello, y fue
el primer Koppel en llegar a Colombia, como secretario del cónsul de Estados
Unidos en Bogotá, en torno al año 1855.388

Ilustración 10. los hermanos Kopp, Paul Lorent y los hermanos Castello.

Fuente: [Link]

387
EDER, Phanor. Óp. Cit., pp. 384.
388Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá. Guía de los cementerios británico y Hebreo
Bogotá: Alcaldía mayor de Bogotá, 2011. P. 27.

151
Los dos hermanos construirían junto a Edmundo Castello la firma Koppel y Castello,
prestamista de la nación. En 1884, Alejandro fijó nuevamente sus ojos en la región
de Bucaramanga, manifestando interés por explotar la riqueza minera del río Suratá,
en asocio con alemanes establecidos en Bucaramanga como Ernest Langenbach.

Hacia finales del boom quinero arribaría un sobrino de los hermanos Koppel: Leo
Sigfried Kopp Koppel.389 Él fundó una cervecería en Socorro, capital del Estado
soberano de Santander, en 1886, asociado a su hermano Emil y al patriarca de la
comunidad alemana de Bucaramanga, Paul Lorent. Pronto se trasladaría a Bogotá,
ciudad donde fundaría la cervecería Bavaria. Allí moriría, y al parecer se convirtió al
catolicismo, pues reposa en el cementerio católico y no en el cementerio inglés y
alemán. Contrajo matrimonio con Mary Castello,390 hija del socio de sus tíos,
Edmundo de Holte Castello, súbdito inglés natural de Kingston, Jamaica. Los otros
socios de Bavaria fueron Santiago y Carlos Arturo Castello González, hijos de
Edmundo, y por lo tanto hermanos de Mary, la esposa de Leo Kopp.

Ilustración 9:Edmundo de Holte Castello Brandon.

Fuente: [Link]

Pese a que su residencia principal se encontraba en Bogotá, los Castello se


encuentran ligados a San Juan de Girón. Juana González Parra, la primera esposa
del patriarca de la familia, Edmundo, era natural de Girón. Allí contrajo matrimonio

389 “Acerca de nosotros”. En [Link] Consultado


el 30 de abril de 2020.
390 Este matrimonio se documentó en base a la inhumación de su hija Cecilia, fallecida en Bogotá en

1942. Secretaría Distrital de Salud de Bogotá. Licencias de inhumaciones. 1942, Carpeta 1, f. 131.

152
con Edmundo, en 1850.391 Su primer hijo, Santiago, nació en Girón en 1852.392 Los
Koppel-Kopp y los Castello habían iniciado su vida de negociantes en Santander.
Sin embargo, ninguno de ellos arraigó en las sociedades locales y migraron a
Bogotá, lugar donde conformaron una lucrativa sociedad comercial cimentada por
el matrimonio de Mary Castello y Leo Kopp. La influencia de este clan en la política
nacional debió ser considerable, pues si bien no se han encontrado relaciones tan
evidentes como las de Cerruti y algunos negociantes alemanes de Bucaramanga,
su actividad como prestamistas del tesoro nacional está documentada.393 Los
gráficos que se presentan a continuación ilustran las relaciones entre las familias
Castello, Koppel y Kopp.

Ilustración 10: La familia Koppel-Kopp.

391 Archivo de la parroquia de San Juan Bautista (Girón). Matrimonios 1848-1863, f.12.
392 Archivo de la parroquia de San Juan Bautista (Girón). Bautismos 1851-1856, f.70.
393
Diario oficial. Año XXIII. N. 6948. 8, febrero, 1887. Pág. 1. LEY 12 DE 1887(febrero 03) por la cual
se aprueban dos convenios. Relativa a los acuerdos de pagos suscritos entre el gobierno nacional y
las firmas Koppel & Castello, Bonett y Cía y Koppel & Schloss

153
Ilustración 11: Relaciones entre las familias Castello, Koppel y Kopp

Fuente: Elaboración propia.

La razón social Koppel & Schloss, presente en varios lugares del territorio nacional
y cuya casa matriz estaba en Londres, Inglaterra, es otra de las razones comerciales
de los hermanos Koppel.394 En Bucaramanga tenía importantes intereses,
manejados por William Schrader y Adolfo Harker. Charles Schloss, socio de los
hermanos Koppel en esta firma, residía en Bogotá con su esposa, la señora Soledad
Valenzuela Suarez, sobrina de Ulpiano Valenzuela Mutis.395 Quien durante muchos
años fuera cónsul del imperio alemán en Bogotá, y además fue el primer gerente
del banco de Bogotá, Salomón Koppel, al parecer es primo de los hermanos
Koppel.396 Él además estaba casado con una hermana de Edmundo de Holte
Castello, Mary Castello Brandon.397 De manera que la evidencia demuestra que los

394
MARTINEZ, Enrique. Quinta Sión. Los judíos y la conformación del espacio urbano de Bogotá.
Bogotá: Universidad Javeriana, 2018. P. 79.
395 Ibid., p. 78.
396 REYES, Aura. Ensamble de una colección. Trayectos biográficos de sujetos, objetos y

conocimientos antropológicos en Konrad Theodor Preuss a partir de su expedición a Colombia.


Barranquilla: Universidad del Norte, 2019. P. 81.
397 ORTIZ, Sergio. Óp. Cit.

154
Koppel-Kopp-Castello conformaron un poderoso clan familiar, radicado en la ciudad
de Bogotá, sobre el cual investigaciones futuras deberían profundizar.

No se tiene constancia que contra el clan Koppel-Kopp- Castello hayan procedido


hechos de violencia o manifestaciones, que sí padeció el círculo de Cerruti en el
Cauca o el grupo de los alemanes en Bucaramanga. A juzgar por su genealogía,
este grupo familiar fue bastante reacio a arraigarse en la sociedad local bogotana,
lugar donde estaban avecindados. Sólo la tercera generación, la de los hijos de Leo
Kopp, entroncó con la sociedad local bogotana. Su hijo mayor, Leo, casó con Olga
Dávila Alzamora, hija de Jorge Dávila Pumarejo, que regaló un lote en la carrera 5
a los recién casados, lugar donde edificaron la Mansión Kopp.398 Hoy es un templo
masónico. Por último, conviene decir que según lo señala Enrique Martínez en su
libro “Quinta Sion. Los judíos y la conformación del espacio urbano de Bogotá”, tanto
los Koppel como los Kopp, Los Castello y los Schloss tenían ascendencia judía,
aunque no hay pruebas que demuestren que continuaban practicando su fe
ancestral.

Los casos trabajados demuestran la voluntad de los recién llegados de asociarse


con sus compatriotas, formando sociedades comerciales de gran éxito. En el caso
de Cerruti y los negociantes italianos del Cauca, existió una voluntad manifiesta de
vincularse con la sociedad local, que Cerruti llevó al extremo de la participación
política. Precisamente esa participación política, tan repudiable según la legislación,
será el tema del cuarto y último capítulo del presente estudio. En el caso de los
negociantes extranjeros, la participación política podía ser vista como un caso
extremo de la voluntad de asociarse (o de sociabilizar) con las sociedades locales.
Un nivel de inmersión en la sociedad que superaba la mera presencia (capítulo I) y
el trabar provechosos lazos matrimoniales y de amistad (capítulo III). La violación a
la neutralidad, y la subsecuente expropiación es la materialización de esa voluntad

398
MARTINEZ, Enrique. Óp. Cit., pp. 82.

155
de asociarse (o sociabilidad) llevada al extremo. Por ello, son materia de las líneas
que van a continuación.

156
4. LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y LAS PRESUNTAS VIOLACIONES A
LA NEUTRALIDAD DURANTE LA GUERRA DE 1885: EXPROPIACIONES Y
RECLAMACIONES.

Si bien para muchos la guerra había terminado el 17 de junio de 1885, en el campo


de la Humareda, lo cierto es que sólo hasta finales de ese año el gobierno nuñista
logró pacificar las zonas donde persistían los focos rebeldes. Entre ellas, los estados
de Santander y Cauca. Concretada la pacificación, el ejecutivo organizó una
convención nacional que se reunió en Bogotá y tenía instrucciones para elaborar
una nueva carta política opuesta al régimen que acababa de fenecer en la
Humareda. La constitución de la República de Colombia, nombre que en adelante
tendría el país, se sancionó el 5 de agosto de 1886. Mientras se elegía al congreso
de la república, el ejecutivo gobernaba por decreto, con la asistencia del Consejo
Nacional Legislativo, compuesto en buena medida por los propios constituyentes. A
la actividad del ejecutivo se debe el decreto 602 de 1886, que definió el marco legal
en el cual se presentarían, por parte de extranjeros que hubieran sufrido
expropiaciones durante la guerra, la respectiva reclamación.

Este decreto, publicado el 11 de octubre del año mencionado expresaba la


“espontanea voluntad” del Gobierno, que no estaba obligado, ni por sus leyes ni por
el derecho internacional a indemnizar a los extranjeros que vieran menoscabados
sus bienes por una “conmoción interior.”399 El gobierno veía conveniente ¨[…]
uniformar el procedimiento que en toda la República deben emplear los extranjeros
para presentar sus solicitudes de indemnización, y hacerles conocer las
formalidades que el Gobierno exige para atenderlos debidamente”. La labor
centralizadora del gobierno reglamentaría la materia, superando la legislación
dictada en 1878 sobre las reclamaciones de la guerra de 1876, que sólo indicaba

399 República de Colombia. Decreto 602 de 1886. Disponible en: [Link]


[Link]/[Link]?id=1856005

157
que las reclamaciones serían tramitadas por la vía administrativa, sin hacer mayores
precisiones400.

Así las cosas, el Gobierno delimitaba los alcances de las reclamaciones, aclarando
que procedían por empréstitos, suministros, expropiaciones o daños provenientes
de la pasada rebelión, aclarando en primer lugar que sólo en casos muy específicos
respondería por expropiaciones y daños causados por los rebeldes. En primer lugar,
sólo cuando los perjuicios “[…] hayan sido causados por fuerzas regulares, no por
partidas volantes ó guerrillas de menos de cincuenta hombres, y en obedecimiento
a órdenes dadas por jefe conocido”401, lo que intentaba impedir que pasaran como
daños de la rebelión actos cometidos por criminales comunes, estableciendo la
categoría de “rebelde “como un ejercicio legítimo. Por otra parte, también se exigía
que estuviera claro que sólo mediante la fuerza el extranjero había accedido a las
peticiones de los rebeldes, de lo contrario estaría apoyando al bando rebelde y
perdería no sólo el derecho de reclamar, sino que sería juzgado como nacional. La
sola aquiescencia implícita era suficiente para incurrir en ello.

La neutralidad, a la luz de las fuentes documentales, era un mito. El gobierno no


aplicaba esta exigencia, pues cuando el extranjero actuaba como su aliado y
prestaba sus servicios al gobierno o sus “amigos” no era reprendido ni expropiado.
Sólo la posible concusión con rebeldes era penada. El caso del inglés John Vaughan
es ilustrativo de ello, pues pudo introducir 17 caballos durante la guerra en el estado
del Cauca por habérselos comprado a conocidos amigos del gobierno, a pesar de
que estaba estrictamente prohibido negociar con caballos durante la guerra.402

Además de las condiciones ya citadas, también debía cumplirse que el perjuicio


hubiera sido causado para la manutención de los rebeldes. Este inciso sería
particularmente lesivo para los intereses de los extranjeros, porque dificultaba que

400 República de Colombia. Ley 57 de 1878. Disponible en: [Link]


[Link]/[Link]?ruta=Leyes/1610153
401 República de Colombia. Decreto 602 de 1886. Disponible en: [Link]
[Link]/[Link]?id=1856005
402 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car5, f.73.

158
pudieran reclamar por cargamentos de quina, café u otras mercancías, las cuales
generalmente eran subastadas o vendidas por los rebeldes. No hay duda de que el
hecho de legislar a posteriori, conociendo la dinámica de la guerra, le daba una
ventaja enorme al Gobierno, que podía de esta manera modelar el decreto a su
antojo. La cuarta y última condición, que hacía referencia a que el perjuicio debía
haberse causado “dentro de los límites que prescriben la moral y la civilización” era
bastante obscura, pudiendo hacer referencia a la “manera civilizada” de hacer la
guerra, convirtiéndose en un nuevo intento por excluir delitos comunes y el accionar
de fuerzas rebeldes desorganizadas, conocidas como “guerrillas”. Para poder
acreditarse como tal, el extranjero debía presentar los siguientes documentos:

1° Nombre, apellido y domicilio del reclamante.


2° Lugar de su nacimiento.
3° Nombres, apellidos y domicilios de sus padres.
4° Nacionalidad de éstos.
5° La legación de su país debía certificar condición de extranjero.

Los agentes consulares de cada uno de los países extranjeros acreditados debían
tramitar las pruebas que señalaban la extranjería de sus respectivos súbditos.
Correspondía por ejemplo al cónsul en Bucaramanga registrar a los ciudadanos
alemanes avecindados en ese distrito.
Pero sin lugar a duda, el documento más relevante era el certificado de neutralidad,
que dependía exclusivamente de las autoridades locales. Solo tales autoridades
podían tener constancia del comportamiento de los extranjeros en su respectivo
domicilio, y cuando no lo tenían, debían practicar pruebas testimoniales. Estos
testimonios eran recogidos entre personas de crédito de la sociedad local.
Resultaba escandaloso el hecho de que el gobierno considerara que si el extranjero
había prestado auxilios al gobierno legítimo no había perdido la condición de neutral,
y por ello, sus reclamaciones serían satisfechas. Tal parece entonces que la

159
condición de neutral sólo se perdía al intervenir, tácita o manifiestamente, para
favorecer al bando sublevado.
Otras disposiciones, como la posibilidad de iniciar la reclamación por apoderado y
la inadmisión de reclamos en torno a bienes litigiosos parecían bastante comunes.
Se fijaba el 31 de agosto de 1887 como fecha última para asentar las respectivas
reclamaciones. Otra consideración importante rezaba que los extranjeros debían
probar la propiedad de lo reclamado antes del inicio de la rebelión. Bienes
originados de cualquier transacción posterior, si querían ser reclamados, debían
provenir de “amigos” del gobierno. El gobierno promulgaba esta disposición
sabiendo que había sido común la práctica de traspasar bienes a ciudadanos
extranjeros, esperando que amparados bajo la propiedad de estos últimos el
Gobierno no pudiera hacerlos objeto de contribuciones forzosas, o de alguna clase
de castigo por la filiación política o simpatía con el bando rebelde.
Este decreto, refrendado por José María Campo Serrano, primer designado
encargado del poder ejecutivo por ausencia del Presidente (Rafael Núñez) y el
vicepresidente (Eliseo Payán), había sido sancionado con conocimiento de causa.
Para esa fecha, ya obraban en poder del gobierno varias reclamaciones, y el decreto
se dio para responder a circunstancias concretas. La no observancia del decreto en
las reclamaciones presentadas motiva su desestimación. Contra el fallo proferido
por el gobierno no procedía recurso alguno, aunque se preveía que, de elevarse
los reclamos hasta el punto de ocasionar un incidente internacional (como sucedió
en el caso Cerruti) se recurriría al laudo arbitral del rey de España.403 Además de
eso, los reclamantes eran libres de llevar su caso a la justicia ordinaria si
consideraban que el gobierno no había actuado en derecho.

Los expedientes allegados al ministerio de relaciones exteriores se organizaron bajo


este principio. La ley citada sugiere (y el examen de la fuente documental lo ratifica)
posibles tipos de reclamación, clasificadas según su resultado (pues en aspectos

403 República de Colombia. Ley 10 de 1886. Disponible en [Link]


[Link]/[Link]?id=1566848

160
de forma, siguen más o menos el mismo tipo)404 En primer lugar, las declaradas
fundadas y respondidas de manera positiva, porque o el reclamante auxilió al
Gobierno o porque fue expropiado por este último. En segundo lugar, las que se
declaran como simuladas, pues están en una suerte de limbo: no puede
comprobarse que el extranjero en cuestión no guardó su neutralidad, pero aparece
como comprador o cesionario de derechos o bienes que pertenecían a rebeldes
antes del inicio de la revolución, por lo cual esta reclamación es negada. En esa
suerte de línea gris también podrían ubicarse aquellos que presentan
indistintamente reclamaciones por expropiaciones del gobierno y de los rebeldes,
pues no puede identificarse como decidido “amigo” del gobierno o afectado
exclusivamente por este. Y, en tercer lugar, están aquellos sospechosos de ayudar
a los rebeldes, por mostrar demasiada facilidad o complacencia a la hora de
entregar lo expropiado o por contribuir voluntariamente a su causa.
Esta tipología permitirá caracterizar las reclamaciones a partir del resultado, y
revelará datos acerca del reclamante, como su presunta simpatía con el bando
rebelde o con el Gobierno. Los reclamantes también se clasificarán debido a su
domicilio y asiento de sus negocios. Así mismo, se indagará sobre quienes actúen
en los procesos, a fin de proveer datos que faciliten la comprensión de estos.

4.1 Lorent, Keller y Co, del comercio de Bucaramanga.

En Santander, la guerra inició en 1884, luego de la marcha del general Daniel


Hernández hacia el Sur, después de pronunciarse en Pamplona. La dinámica de la
guerra implicó que ambos bandos, al carecer de recursos localizados en las zonas
de conflicto, recurrieran a las expropiaciones para equipar a sus fuerzas. Los
almacenes y haberes de los extranjeros eran su blanco predilecto, pues

404 Esto también se relaciona con la citada ley, la mayoría estaban compuestas por memoriales
redactados por los reclamantes, pruebas de su condición de extranjero, pruebas testimoniales con
el objetivo de acreditar neutralidad o propiedad de lo reclamado, certificado de neutralidad
despachado por autoridad competente y actuaciones del Gobierno Nacional, que concluían con un
fallo proferido por el ministro de Relaciones Exteriores.

161
normalmente estaban bien surtidos y tenían bienes de superior calidad. Varias
sociedades comerciales avecindadas en Bucaramanga se vieron perjudicadas por
el trasegar de los ejércitos que recorrieron el Estado Soberano de Santander, entre
ellas Lorent y Keller. Consolidada con el capital amasado por Geo Von Lengerke,
fallecido en Zapatoca el 4 de julio de 1882, la sociedad comercial había soportado
la caída de los precios de las quinas y el trato desfavorable impulsado por el
gobierno nacional, encabezado por Núñez, que se negaba a reconocer su titularidad
sobre inmensas extensiones de tierras baldías en el territorio de los yareguíes.
Ahora le cabía en suerte sufrir el embate de una revolución que afectaba
directamente sus negocios. El largo expediente de reclamaciones de Lorent y Keller
iniciaba por la reclamación de 17 mulas de carga en buen estado, expropiadas por
el coronel Eusebio Rojas en la población de Salazar de las Palmas, en noviembre
de 1884, poco antes de que se declarara turbado el orden público.405 Seguían otras
reclamaciones, sobre expropiaciones realizadas indistintamente por el gobierno
revolucionario y el gobierno de Bogotá.

En el caso de la reclamación de las mulas, los oficiales de las tropas del “Gobierno
legítimo” alegaban haber refundido estos recibos,406 especialmente porque el
coronel Rojas, falleció en acción en los primeros meses de 1885. Por lo tanto, los
peticionarios tuvieron que conseguir un sinnúmero de testigos que corroboraran que
el coronel Rojas en efecto efectuó tal expropiación407, y que le reconoció a cada
mula un valor de 80 pesos. Las diligencias se practicaron de marzo a diciembre de
1886, en la ciudad de San José de Cúcuta, capital del departamento de Cúcuta, al
cual se hallaba adscrito el municipio de Salazar. Algunos testimonios se tomaron en
la propia Salazar, con traslado a San José de Cúcuta para el expediente. La mayoría
de los testigos ratificaba lo expuesto por Lorent y Keller acerca de las mulas.

405 AGN, AO, MRE, Caja 82 Car298 f.5.


406 AGN, AO, MRE, Caja 82 Car298 f.7.
407 AGN, AO, MRE, Caja 82 Car298 f. 10-20.

162
Inexplicablemente, el pago de esta cantidad quedó en suspenso. El expediente
prosigue con una certificación expedida por Francisco Azuero Montero, jefe del
departamento de Soto impuesto por los revolucionarios, que certifica que se
expropiaron 8270.20 pesos en mercancías a Lorent Y Keller, que les serán pagados
con un interés del 2 por ciento, y en constancia de ello extiende la certificación el
día 5 de septiembre de 1884.408 Este documento estaba además refrendado por el
secretario del jefe departamental, Eliseo Serrano, el jefe de las fuerzas rebeldes
acantonadas en Bucaramanga, Domnino Castro y el secretario de este último,
Celestino Collazos. Paul Lorent se cuidó de dejar asentada su protesta frente a este
hecho, a fin de subrayar su condición de extranjero neutral. A ello contestó
Francisco Azuero que no se trataba de ninguna animosidad contra el comercio, y
que la expropiación era realizada por ser estrictamente necesaria para ayudar a la
“reivindicación de los derechos del pueblo.”409 Por expresa petición del otro socio,
Carlos Keller, comparecieron Eliseo Serrano, Celestino Collazos y Francisco
Azuero, a validar la información citada más arriba, es decir, la expropiación y el
memorial redactado por Lorent para asentar su condición de neutral.410 Estas
diligencias se realizaron durante todo el año 1886.

Domnino Castro, antiguo jefe de las fuerzas rebeldes, declaró el 28 de julio de 1886
a petición de Carlos Keller que en efecto se había realizado la expropiación de
mercancías por la suma descrita, y que el pago no se había verificado porque debido
al cambio de autoridades que sucedió casi de inmediato los fondos habían sido
requisados por las autoridades repuestas. Las averiguaciones de las autoridades
iban encaminadas a determinar si Lorent y Keller habían entregado estas
mercancías mediando la fuerza o si por el contrario lo habían hecho gustosos: ese
pequeño detalle hacía la diferencia entre extranjeros neutrales que han sido
expropiados y extranjeros que conspiran con los alzados en armas para el triunfo

408 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.24.


409 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.25.
410 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.29.

163
de la revolución. Por ello, preguntaron a Azuero si era cierto que Lorent y Keller
habían accedido de mala gana. Lo cual Azuero respondió afirmativamente.411

Al expediente también se anexaban documentos de otra reclamación, esta vez


realizada por el gobierno “legítimo” representado por el presidente del Estado,
Narciso González y el presidente de los Estados Unidos de Colombia, Núñez. Felipe
Sorzano, jefe del departamento instaurado por las tropas legitimistas que entraron
en Bucaramanga en los últimos meses de 1884, declaró que a Lorent y Keller se les
habían expropiado, contra su voluntad, mercancías por un valor de 1054 pesos.412
Entre lo expropiado estaban varios metros de paño, cobijas, toldas de campaña y
otros artículos susceptibles de tener un uso bélico. Los elementos serían llevados
por el general Juan Manuel Dávila al teatro de operaciones, en las provincias de
Ocaña y Cúcuta, donde una división al mando del general Guillermo Quintero
Calderón se batía con el enemigo. Pocos días después, se dio otra expropiación,
por un valor de 1026 pesos, realizada por el nuevo jefe departamental, Aurelio
Mutis.413 Durante diciembre de 1884, y enero, febrero y marzo de 1885, se
sucederían más expropiaciones, con cantidades variables. El 12 de enero, por
ejemplo, se expropiaron mercancías por un valor de 3485 pesos, según constaba
en el recibo.414 El 31 de marzo 2889 pesos.415 Esta fue la última expropiación. Al
parecer todas las mercancías expropiadas fueron remitidas a la fuerza de Quintero
Calderón acuartelada en Ocaña, que a mediados de 1885 invadiría Bolívar.

Era fundamental que los reclamantes presentaran evidencia documental de su


extranjería. Sin embargo, para Lorent y Keller esto no fue un problema, ya que el
cónsul alemán en Bucaramanga era el propio Paul Lorent, quien oficiosamente
certificó su propia naturaleza como súbdito alemán, nacido en Bremen416, la de

411
AGN, AO, MRE, caja 82, Car 298, f.42.
412
AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.49.
413 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.52.
414 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.61.
415 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.76.
416 Lorent También declaraba que nació en Bremen el 26 de septiembre de 1850. Que sus padres

eran Carl Lorent y Hermine Margueritte Lengerke AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.81.

164
Carlos Keller, nacido en Stuttgart y la de un tercer socio, Gustavo Volkmann,417
también natural de Bremen.418 Tampoco tuvieron mayores dificultades para que el
jefe departamental de Soto, Felipe Sorzano, les reconociera su calidad de neutrales
en la guerra. Parecía que la sociedad Lorent, Keller y Co lograría la devolución de
las sumas expropiadas. Máxime cuando el gobernador del recién creado
departamento de Santander (cuyo territorio correspondía al Estado soberano), el
coronel Alejandro Peña Solano, ratificó la neutralidad de los socios de la firma.419

Ilustración 12: Factura de la expropiación realizada por el jefe departamental de Soto,


Felipe Sorzano, a Lorent, Keller y Co, del comercio de Bucaramanga.

Fuente: Fotografía tomada al documento original

417 Sobre Gustavo o Gustav Volkmann, se leía: que había nacido en Bremen el 23 de febrero de
1859 y que era hijo de Daniel Volkmann y Friederike Dodzt. AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.83.
418 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.77.
419 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.80.

165
Sin embargo, cada una de las facturas exigía una nueva práctica de pruebas
testimoniales, por lo cual engrosaban el expediente las pruebas testimoniales de
rigor. Variaba también el escenario, pues todas las expropiaciones realizadas por
los jefes departamentales de Soto se tramitaban en Bucaramanga. Aparte de las
facturas relativas a los rebeldes en septiembre de 1884 y las de las fuerzas del
gobierno de Bogotá a partir de diciembre de 1884, también se habían practicado
expropiaciones en agosto de 1884, esta vez por las fuerzas “del Gobierno.”420 Estas
últimas fueron amparadas por el general Juan Manuel Dávila, comandante de la 3ª
división del ejército de la república, que certificaba la veracidad de todas las facturas
presentadas por Carlos Keller, socio administrador de la firma Lorent, Keller y Co.421

Pese a las pruebas practicadas, en marzo de 1887 aún no existía una resolución
sobre las expropiaciones, por lo cual Carlos Keller dirigía un memorial al ministro de
relaciones Exteriores, Vicente Restrepo, solicitándole una indemnización por
concepto de expropiaciones, que según Keller sumaban 34670 pesos.422 A su vez,
también exigía la satisfacción de las expropiaciones realizadas por los rebeldes,
mencionando también las mercancías expropiadas y los daños sufridos durante la
marcha del general Ricardo Gaitán Obeso hacia el Norte.423 Este general, en un
audaz movimiento, había salido de Honda en campaña por todo el Magdalena,
expropiando mercancías acantonadas en las bodegas de los puertos fluviales. Las
fuerzas del general les expropiaron 38 sacos de café extraídos de su bodega en
Puerto Sogamoso. Las incursiones de este general motivaron a su vez que las
fuerzas rebeldes de Santander volvieran a ocupar Bucaramanga, con el general
Gabriel Vargas Santos a la cabeza, aunque rápidamente salieron rumbo a la Costa,
ansiosas de seguir la senda victoriosa de Gaitán Obeso.

420 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.94.


421 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.95.
422 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.96.
423 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.98.

166
El Gobierno comisionó un agente especial, Manuel Esguerra, para que practicara
nuevamente las indagaciones, ignorando las indagaciones ya practicadas424. El
expediente aumentaba su complejidad, particularmente porque se iban agregando
hechos nuevos, como un asalto del que había sido víctima Lorent el día 9 de febrero
de 1885 en el alto de la Peñuela, del vecindario de Guadalupe.425 Lorent y sus
peones habían sido sorprendidos por 20 hombres armados que requisaron todo lo
que llevaba consigo, incluyendo el caballo de Lorent y su equipaje. También se
añadían facturas por 178 kilos de sal que había expropiado el general Dávila en
agosto de 1885, durante los últimos instantes de la guerra.426 La expropiación de
los bultos de sal complejizó mucho más el expediente, al no tener la sal un valor
absoluto sino relativo: testimonios recopilados por el agente especial, Manuel
Esguerra, reportaban que el precio de la sal en Bucaramanga había experimentado
alzas durante la guerra. Debiendo pagarse la cantidad que constaba el bulto de sal
en el momento de la expropiación, había que establecer cuál era el precio de la sal
ese día.427 A Lorent y Keller también les expropiaron 257 cargas de café en el sitio
de “Bodega central”, muy cerca de Puerto Nacional, en la Provincia de Ocaña. Esta
expropiación, realizada por las fuerzas rebeldes, fue dispuesta por el jefe de estado
mayor de las fuerzas del Atlántico, Francisco Acebedo y realizada por Wenceslao
Rodríguez, comandante del vapor Cartagena.428 La expropiación se realizó en junio
de 1885, cuando las fuerzas rebeldes coordinaban sus operaciones en la Costa,
teniendo la ciudad de Barranquilla, tomada por Gaitán en febrero, como base. Se
tasaba el costo del café expropiado en más de treinta mil pesos. Ello elevó la cuenta
de las expropiaciones a cerca de los cien mil pesos.429

Estancado como estaba el proceso, Gustavo Volkmann solicitó una declaración de


los señores Tobías Valenzuela, Alberto Fristch y Víctor Cadena, los cuales podían

424 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.109.


425 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.118.
426 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.124.
427 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.134.
428 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.181.
429 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.188.

167
dar fe de los hechos mencionados en los memoriales que habían elevado al
ministerio de Relaciones Exteriores.430 Este acto fue consentido por el alcalde de
Bucaramanga, José Joaquín García, en noviembre de 1886. Los socios de Lorent,
Keller y Co intentaban movilizar a prominentes actores de la sociedad local para
que avalaran sus pedidos y destrabar de esa manera el proceso, que el gobierno
nacional no tenía ningún interés en zanjar. Sólo así se explican los retardos
ocasionados por la actuación de su agente, Manuel Esguerra, quien ignoró las
declaraciones presentadas ante autoridades locales y departamentales, así como
los certificados de neutralidad, y volvió a solicitar la comparecencia de los firmantes
de las expropiaciones, obviando las realizadas por el gobierno revolucionario.

Sin embargo, en julio de 1887 salieron dos resoluciones que reconocían como
fundadas las reclamaciones de Lorent, Keller y Co, pero objetaba que se habían
exagerado los valores de las cargas de sal y café, y de las mercancías,
reconociendo en total ambos fallos la suma de 22000 pesos, mucho inferior a lo
reclamado431. Los susodichos no se conformaron con este resultado, y continuaron
haciendo reclamaciones, que a su vez revelaban hechos de la guerra, como la
ocupación de la hacienda “Cabecera del Llano” por las fuerzas del gobierno, y la
pérdida de 140 sacos de café que ya habían comprado Puddendorf y Co, de la
ciudad de Nueva York, y que Lorent y compañía no habían podido despachar debido
a las hostilidades. Pese a estar en esa hacienda, propiedad de Don David
Puyana,432 esas cargas de café pertenecían a Lorent y Keller. Ellos consignaron
estos intereses a Hermógenes Wilson, ex secretario de Hacienda y prominente
político, que procedió a elevar nuevos memorandos al ministerio de Relaciones
Exteriores.433 Estas gestiones tuvieron un efecto positivo, pues fueron reconocidos
otros 8500 pesos, correspondientes a las expropiaciones realizadas por el jefe

430 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.137.


431 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.223-225.
432 En el capítulo III se expuso la relación que unía a David Puyana y Gustavo Volkmann, socio de

Lorent, Keller y Co. Este último se casaría con una hija de Don David, quedando evidenciado de esta
manera el vínculo.
433 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.232.

168
departamental impuesto por los revolucionarios, Francisco Azuero. Aunque se
denegó la concesión de los intereses, que también reclamaban.434 La cifra seguía
siendo inferior al total de lo reclamado, por lo cual Lorent y Keller continuaron
promoviendo recursos, allegando facturas y solicitando indemnizaciones, por lo
menos hasta el año de 1888.

Para obtener el resultado parcialmente favorable, sin duda fue crucial el apoyo de
importantes integrantes de la sociedad local, que ahora servían al gobierno
regenerador, como el alcalde de Bucaramanga, José Joaquín García y el
gobernador de Santander Alejandro Peña Solano. También que se logró determinar
que los bandidos que atacaron a Lorent en Guadalupe pertenecían a las tropas del
gobierno, lo cual podía convertirse en un incidente diplomático grave, dada la
condición de cónsul del Imperio Alemán que ostentaba Lorent.435 El gobierno sin
embargo se sostenía en que no reconocería más expropiaciones realizadas por los
rebeldes, y en los precios notoriamente exagerados con los que Lorent y Keller
habían tasado sus mercancías. Cabe anotar que los peritos no habían sido otros
diferentes a los propios vecinos de Bucaramanga, conocidos y amigos de los
reclamantes, como lo eran Christian Clausen (comerciante danés asentado en
Bucaramanga) Alberto Fristch y Tobías Valenzuela. Estos aparentes vicios de
procedimiento, en los cuales se advirtió un claro intento de actores locales para
favorecer a los reclamantes, llevaron a desconocer más de 25 mil pesos, siendo
especialmente notorio el caso de 171 mulas por un valor de 17000 pesos que no
fueron consideradas porque el gobierno decía tener noticias de que no eran
propiedad de los reclamantes sino del rebelde Eliseo Serrano y su parentela.436 Este
último, como ya se señaló, había sido secretario del general rebelde Domnino
Castro.

434 AGN, AO, MRE, transferencia 7 caja 82 Car298 f.237.


435 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.240.
436 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.244.

169
En mayo de 1888, y con el reconocimiento de otros 4000 pesos, finalizó la novela
de las reclamaciones de Lorent, Keller y Co, con un sabor agridulce para estos
últimos. La cifra de alrededor de 40 mil pesos que habían logrado distaba mucho de
los casi 100 mil que reclamaban. La cifra total reclamada nunca se tasó
adecuadamente, porque el gobierno insistió en su desconocimiento. Los citados
fueron los más golpeados con la guerra en Santander, pues ninguna otra sociedad
comercial de extranjeros asentada en dicho territorio se acercaría a los montos
reclamados por los herederos Lengerke. Tocaba a sus sucesores conformarse con
lo resuelto por el gobierno regenerador, y continuar con sus actividades, en espera
de tiempos mejores. Conviene anotar que las cargas de café y de sal eran los
principales activos expropiados a la sociedad comercial, y no obedecían a las
necesidades más urgentes de las tropas rebeldes, sino que eran bienes destinados
a rematarse. Estos incluso en contadas ocasiones se remataron en la propia
Bucaramanga, jugando con los precios y la inflación causada por el trastorno bélico.

Lorent, Keller y Co indistintamente son expropiados por fuerzas del gobierno y


fuerzas rebeldes. Dada la corta permanencia de los alzados en Bucaramanga
algunos podrían considerar su diligencia a la hora de responder a la expropiación
como algo apresurada y sospechosa. Además, muchos de los que atestiguaban los
hechos afirmados por ellos eran connotados integrantes del partido radical. Sin
duda, en este punto fueron cruciales las aparentes conexiones con integrantes del
bando vencedor, como Peña Solano y José Joaquín García, quienes no dudaron a
la hora de aseverar la neutralidad de los herederos de Lengerke. Pudiendo salvarse
aproximadamente el 40% del capital expropiado.

4.2. CÉSAR LULLE, PHILIP HAKSPIEL Y MINLOS & BREUER, DEL COMERCIO
DE BUCARAMANGA.

170
Si bien a Lorent y Keller se les dio espacio suficiente para presentar pruebas, lo
mismo no ocurrió con César Lulle, alemán del comercio de Bucaramanga, señalado
desde un principio de actuar como depositario de los bienes de su suegra, la señora
Trinidad Parra de Orozco, acusada de amparar tales bienes bajo una bandera
extranjera, ante cualquier trastorno político.437 Por ello, se solicitó al gobernador de
Santander, el coronel Alejandro Peña Solano, averiguar sobre el particular, según
comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores del 13 de marzo de 1887.438

Las autoridades sabían de oídas que existía un contrato por el cual Trinidad Parra
de Orozco consignaba todos sus intereses en Lulle, el cual no era más que un
empleado de la casa comercial Lorent, Keller y Cía. A partir de 1884 sin embargo,
parece que Lulle se había transformado en dueño de semovientes y propiedades,
sospechándose que su “golpe de suerte” se debía a su suegra. Las autoridades
también estaban al tanto del parentesco político entre la señora Parra y Lulle,
mencionándolo como una de las razones esgrimidas para hacer las
averiguaciones.439 César Lulle reclamaba 4000 pesos, desglosados así:

- 2 mulas (a 240 cada una) y 5 reses (a 200 cada una) tomadas de la “Hacienda
Suratá” por las fuerzas del General Antonio Basilio Cuervo, en campaña en
la zona durante marzo de 1885.
- Mercancías tomadas por los jefes departamentales de Soto, de noviembre a
abril: 456 pesos.
- Tomados de la “Hacienda Chitota”, propiedad de la señora Trinidad Parra de
Orozco: un caballo zaino (300), otros caballos por un valor de 490.
- Mercancías expropiadas por el jefe rebelde, Gral. Daniel Hernández, por 577.
- Mercancías expropiadas por el “alcalde rebelde” de Bucaramanga, el señor
Pablo Antonio Valenzuela, por 500.440

437 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.3.


438 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.2.
439 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.4.
440 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.5.

171
Las averiguaciones determinarían si era merecedor de una indemnización o si por
el contrario no le correspondía ni un solo real. La administración departamental
encontró el mencionado contrato entre Trinidad Parra y Lulle, en la cual la primera
le vendía a este último varios semovientes ubicados en sus haciendas “Suratá”,
“Chitota” y “La Bucaramanga.”441 Sospechoso era el crecido número de animales,
hablándose de 14 caballos, de diversas calidades (el más costoso tasado en 500
pesos) 200 reses 20 terneros, sesenta reses de ceba y 30 bueyes, todo ello
sumando 14900 pesos. La señora Parra además se obligaba a mantener a los
animales en su hacienda hasta que Lulle pudiera disponer de ellos. Este último
podía servirse de las bestias como lo tuviera a bien, y tenía un año para cancelar
los 14900. Los animales entonces seguían en las haciendas de Parra, permitiendo
que se dudase de la realidad de esta venta.

César Lulle, entre otras cosas, se hallaba involucrado en lucrativas operaciones a


partir del año de 1884, en que según las averiguaciones del gobierno había pasado
de ser un mero empleado de la firma Lorent, Keller y Co a ser dueño de
semovientes, realizando diversas transacciones comerciales. Así, le había
comprado a Joaquín Llach un caballo por 200 pesos y a Ricardo Valderrama,
director de la Compañía Industrial de la Unión, numerosos semovientes por un valor
de 11 mil pesos. Nuevamente a condición de que pudieran permanecer en las
propiedades del vendedor, la hacienda de “La Unión”, ubicada en Lebrija.442

A fin de dilucidar estas transacciones, se solicitaba testimonio a los señores Ruperto


Arenas M, Laureano Ruiz, Benito Ordoñez, José Joaquín García y Demetrio Ortiz.
sobre las actividades de Lulle antes del año de 1884.443 Esta diligencia se verificó
el 6 de junio de 1887. Ruperto Arenas444 por ejemplo declaró que la casa comercial
de César Lulle funcionaba desde hacía seis meses más o menos. Además de ello,
no tenía constancia de que Lulle hiciera otra cosa que ser un dependiente de Lorent

441 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.8.


442 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.9.
443 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.10.
444 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.12.

172
y Keller, nunca había tenido noticia de que fuera dueño de fincas y semovientes.
Sin embargo, se abstenía de calificar como una simulación las transacciones entre
la señora Parra y César Lulle, pues no le costaba. Pero sí agregaba que los bienes
citados han pasado “pública y notoriamente” como de la señora Trinidad Parra de
Orozco, de la cual César Lulle era yerno e hijo político desde hacía dos años.445

Benito Ordoñez refería casi lo mismo, pero agregaba algunos datos relevantes para
el proceso. Afirmaba haber tratado personalmente con César Lulle cuando era
dependiente de Lorent y Keller, negando que tuviera intereses comerciales antes
del año 1886. Además, a él si le constaba que Trinidad Para seguía administrando
los bienes a los que hacía referencia la reclamación, y que lo había venido haciendo
sin interrupción desde el año 1884. Laureano Ruiz agregaba más elementos: pues
afirmaba que Ricardo Valderrama, Joaquín Llach446 y la propia Trinidad Parra de
Orozco eran socios comerciales, y sobre esta última decía que había administrado
los bienes reclamados, que pasaban a ojos de toda Bucaramanga como suyos.447

Nuevamente José Joaquín García, conservador, egregio cronista y hombre público


especialmente activo durante “La Regeneración” debía dar fe pública en un proceso
seguido por expropiaciones. Esta vez, no en calidad de alcalde de la ciudad, sino
de testigo. Sin embargo, no aportó nada diferente a lo señalado por los testigos,
manteniéndose en que no conocía los bienes de la señora Parra y por lo tanto no
podía saber exactamente qué le había vendido a Lulle y si esta venta era del todo
real.448 Demetrio Ortiz calificó la venta de ficticia, aduciendo que Ricardo
Valderrama y la señora Parra continuaron administrando los bienes citados como si
fueran de su propiedad.

445 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.13.


446 Este Joaquín Llach era el padre de la segunda esposa de Lulle, Isabel Zoraida Llach. Manuela
Orozco Parra murió en 1887, sin hijos y Lulle se volvió a casar en 1889. De este matrimonio
descienden importantes figuras de la sociedad bumanguesa, como el empresario Carlos Ardila Lulle
447 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.15v.
448 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.16.

173
La resolución del Ministerio de Relaciones Exteriores del 1 de agosto de 1887, que
declaraba no fundadas las pretensiones de Lulle, además de citar a los testigos,
señalaba también que para agosto de 1884 ya habían iniciado los trastornos
políticos en Santander, por lo cual resultaba sospechoso que la señora Parra de
Orozco hubiera concluido ese trato comercial con quien menos de un año después
se convertiría en su yerno449. También citaba que unos testigos que había
presentado Lulle, José Joaquín Llach, José Asunción Martínez y Roso González,
no lograban acreditar con suficiencia la propiedad de Lulle sobre lo reclamado, y
tampoco podían explicar cómo logró adquirir esos bienes, si desde su llegada al
país alrededor del año 1882 había trabajado siempre para la casa comercial Lorent,
Keller y Co. Notorio era que el citado Llach fuera socio de Trinidad Parra, y que
además Martínez fuera el yerno de dicho Llach.450

Desde el ministerio también se criticaba el extraño contrato, desfavorable para la


parte de Lulle pues debía pagar el pasto consumido por los animales, mientras estos
seguían en las haciendas de Parra, a disposición de esta última. También era
sospechoso que le hubiera dado a Valderrama 11 mil pesos de contado y las bestias
compradas permanecieran en la finca “la Unión” de manera indeterminada en el
contrato. Todos estos defectos llevaron a concluir que había mala fe en la
reclamación, y fue desestimada por el ministro de ese entonces, Felipe Angulo.

Con 22 años cumplidos en 1884,451 era bastante extraordinario que Cesar Lulle
lograra ser dueño de tan considerable capital. La naturaleza inverosímil de su
fortuna fue lo que le puso en evidencia, y su matrimonio con Manuela Orozco Parra
ratificó lo obvio. Claramente, Lulle y la señora Parra habían fraguado un astuto plan,
que acaso también tuvo incluida la apertura de una casa comercial propia para el
joven Lulle, que nunca tuvo la categoría de socio de Lorent, Keller y Co, y en 1886
pasó de ser uno de sus empleados a tener almacén y casa comercial en

449 AGN, AO, MRE, caja 83 Car305 f.23.


450 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car305 f.24.
451 Había nacido en Hamburgo, el 9 de enero de 1862. Véase AGN, AO, MRE, Caja 83 Car305 f.31

174
Bucaramanga. En el expediente, no se deja constancia sobre por qué la señora
Parra buscó la protección de una bandera extranjera, ni por qué parecía no esperar
que el Gobierno le regresara lo que había tomado. Como hipótesis, quedará una
posible simpatía de la señora Parra hacia las fuerzas rebeldes, que no es posible
comprobar del todo en este momento.

En el caso de Philip Hakspiel, su expediente inicia con la noticia de que Domnino


Castro, comisionado del bando rebelde, le había expropiado el 21 de marzo de 1885
mercancías por un valor de 660 pesos,452 para pertrechar a las tropas del general
Hernández, que acampaban en Bucaramanga. Entre lo expropiado, según factura
adjunta, se encontraban dos docenas de camisas, 4 fluxes de paño 453, levitas de
alpaca, sacos de lana y mantas. Hakspiel, a diferencia de Lulle, dejó bien asentada
su protesta frente a este hecho, reclamando que, en su condición de extranjero
neutral, sus propiedades eran inviolables. Hakspiel exigía la certificación de su
neutralidad en el acto, sin dejar para después la diligencia. Procedía así también
con las reclamaciones hechas por los agentes del Gobierno, Juan Manuel Dávila
(noviembre de 1884-febrero de 1885) y Antonio Basilio Cuervo (febrero-septiembre
de 1885) y los jefes departamentales de Soto, Felipe Sorzano primero y Aurelio
Mutis después. Este último refrendó la mayor parte de las expropiaciones hechas a
Hakspiel, declarando que todas ellas obedecían a la necesidad que tenía de ellas
la tropa del gobierno legítimo.454

Las expropiaciones del gobierno ascendían a poco menos de 6000 pesos, pero
consistían en pequeños objetos que se iban tomando para las tropas destinadas a
marchar hacia el Norte, pues a partir de marzo de 1885 el escenario de la guerra se
trasladó a la Costa. El 3 enero por ejemplo se le expropiaron mercancías por 731.50
pesos, a saber:1200 yardas de tela para camisas, 380 yardas de lana para

452 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.2.


453 Estos fluses completos de paño probablemente estaban destinados a vestir a los generales del
ejército rebelde, Vargas Santos, Sarmiento (otrora presidente de Boyacá) Bernal (titulado presidente
de Santander) y Hernández (el primero que se había alzado, en Pamplona)
454 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.4.

175
cinturones, 20 yardas de paño y 290 carretes de hilo. Así lo certificaba el
comisionado especial del jefe departamental de Soto, Guillermo Forero B, quien
estaba encargado de acopiar los elementos que se remitirían a las tropas en
campaña455. La protesta de Hakspiel quedó asentada el 5 de enero, en presencia
del secretario del jefe departamental, Carlos Mutis Arenas.

Esta manera de proceder se replicó el 13 de ese mes, cuando Forero nuevamente


extendió un recibo por una expropiación realizada a Hakspiel, esta vez de 746
pesos.456 En esa ocasión, también se habían expropiado elementos como telas e
hilo, muy seguramente para confeccionar los vestidos de la tropa. En enero 22 se
expropiaban 185 pesos en mercancías.457 En la constancia expedida por Sorzano
sobre esa reclamación, se encontraba la respuesta de por qué se desplegaba tanta
acuciosidad a la hora de expropiar comerciantes de Bucaramanga: la ciudad se
había convertido en cuartel general de las tropas que saldrían hacia el Norte.458 Allí
se organizaban las divisiones y se formaban batallones. Se vestiría a los soldados
y se les otorgarían los elementos más indispensables para su salida hacia Ocaña,
pisándole los talones a las fuerzas de Hernández y Vargas Santos. Por ello, el 30
de enero nuevamente se expropiarían 219 pesos en mercancías, esencialmente
telas.459

455 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.13.


456 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.15.
457 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.20.
458 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.21.
459 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.24.

176
Ilustración 13:Recibo extendido por Domnino Castro al negociante Philip Hakspiel, por
expropiaciones

Fuente: Fotografía tomada al documento original

El 4 de enero de 1886, Paul Lorent en su calidad de cónsul del Imperio Alemán,


certificaba que Hakspiel en efecto era ciudadano alemán, nacido en la ciudad de
Ravensburg, del reino de Wurtemberg.460 Esta certificación fue solicitada por
Hakspiel ante la inminente instalación de su reclamación, pues el 20 de enero dirigió
un memorial al coronel Alejandro Peña Solano, jefe civil y militar del estado donde

460 AGN, AO, MRE, caja 83 Car303 f.30.

177
enumeraba todos los bienes incautados. Los más significativos eran 24 mulas por
un valor de 2000 pesos, tomadas por el general Juan M. Dávila y 47 cargas de café
por un valor de 2000 pesos, expropiadas en el dique del Paturia por las fuerzas de
Hernández y Vargas Santos461. Presentaba a su vez 42 fojas útiles con los
documentos relativos a las expropiaciones realizadas por el gobierno. La
meticulosidad de Hakspiel probablemente obraría a su favor, siendo difícil que el
gobierno dilatara exigiendo presentación de testigos o alegando no tener pruebas
de la neutralidad de Hakspiel.

Sin embargo, el gobierno exigió comprobantes acerca de la legitimidad de las firmas


que avalaban las expropiaciones, tanto de los empleados del gobierno “legítimo”
como los del “revolucionario”. En el caso de las autoridades “legítimas”, el secretario
de gobierno del Departamento de Santander, general Vicente Villamizar, certificó la
validez de las firmas. Pero en el caso de los “rebeldes” fue menester hacerles
comparecer o conseguir testigos. Por ello, fue necesario convocar a Francisco
Azuero, jefe departamental durante septiembre de 1884, a fin de que reconociera
como válida su firma en una expropiación efectuada por el oficial rebelde Pablo
Antonio Valenzuela.462 La declaración de este tuvo una irregularidad: no se le
preguntó si tenía generales con Hakspiel, posiblemente porque era notorio que este
último había emparentado con los Valenzuela, pues su mujer Amelia pertenecía a
dicho clan. Idéntico proceso debió hacerse con Domnino Castro, no pudiendo
contarse con las declaraciones de Fortunato Bernal o Luis Lleras, pues ambos
fallecieron en la batalla de la Humareda. Domnino declaró el 23 de junio de 1886
que reconocía su firma, así como a Bernal en su calidad de presidente del Estado
nominado por los revolucionarios, y a Luis Lleras como secretario de Hacienda.463

El voluminoso expediente, formado por un sinnúmero de reclamaciones,


complejizaba la labor. Cuando se trataba de semovientes, por ejemplo, debían

461 AGN, AO, MRE, caja 83 Car303 f.40.


462 AGN, AO, MRE, caja 83 Car303 f.43.
463 AGN, AO, MRE, caja 83 Car303 f.51.

178
designarse avaluadores. Así se procedió con una de las reclamaciones por 2000
pesos, la de las 24 mulas.464 Se nombró a Jorge Jones Arciniegas y Felix Rodriguez
como avaluadores, los cuales tasaron cada una de las mulas en cien pesos. Sin
embargo, serían las expropiaciones realizadas por los rebeldes las que
comprometerían a Hakspiel, pues testigos referían que las expropiaciones
realizadas a finales de marzo de 1885, cuando el ejército de Hernández y Vargas
Santos se dirigía hacia el Magdalena, no se habían realizado por la fuerza, bastando
unas pocas palabras a solas entre Hakspiel y Domnino Castro para que el primero
entregara las mercancías, fundamentalmente telas y vestuario para la tropa. Por el
testimonio de Francisco Canal sabemos no sólo esto, sino también que el sastre
Pedro J. Parra, de Bucaramanga, fue el encargado de elaborar en su taller camisas
y pantalones con las mercancías expropiadas a Hakspiel, en tiempo récord.465

Otras irregularidades ponían en entredicho la credibilidad de Hakspiel. Se


sospechaba también de defectos en los avalúos practicados al momento de las
expropiaciones realizadas por el gobierno, conducidos por Tobías Bretón, alcalde
de Bucaramanga por el “gobierno legítimo” y en los cuales por lo menos uno de los
testigos declaraba irregularidades, señalando que nunca vio las mulas que
supuestamente avaluó y que firmó porque Bretón se lo indicó466. Las informaciones
del gobierno indicaban que por lo menos un lote de mulas pertenecía realmente a
la razón social Lorent, Keller y Co. Otro testigo juraba que la mayoría de las mulas
avaluadas las había visto en poder de los señores Arturo Covelli, Joaquín Bretón y
Horacio Cadena. Ante tales irregularidades, se llamó a Tobías Bretón, el cual dijo
no recordar quien había ordenado esas expropiaciones ni tampoco a que militar se
le habían entregado esas mulas, pero que presumía que la orden había venido de
parte del jefe departamental de Soto, su inmediato superior.467

464 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.58.


465 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.69.
466 AGN, AO, MRE, Caja 83 Car303 f.78.
467 AGN, AO, MRE, caja 83 Car303 f.82.

179
Se llamó a Jones, el cual confesó que parte de las mulas expropiadas pertenecían
a Horacio y Laureano Cadena. Fue la última actuación en el proceso de Hakspiel y
data de septiembre 23 de 1886. El siguiente documento es del año de 1894, y en
ella Philip Hakspiel dirige un nuevo memorial al Ministerio de Relaciones exteriores,
contabilizando 10000 pesos por concepto de mercancías expropiadas, reclamo que
no había sido resuelto.468 Recordaba que había protestado en el acto, y que además
había pasado su reclamo en el tiempo requerido. Y nombraba un apoderado: el
señor Alberto Jouve. Este último, ya el 15 de agosto de 1895, solicitaba con carácter
urgente que el ministerio dictara una providencia. La providencia se dictó en abril de
1897, y se le pagó poco más de 6 mil, desestimándose las expropiaciones
realizadas por los rebeldes y los recibos defectuosos elaborados por Tobías Bretón.
Final agridulce para Hakspiel, de quien todo parece indicar que el gobierno dudaba,
de su buena fe y de la sinceridad de sus protestas a la hora de ser expropiado. Por
eso, únicamente le mandó a pagar lo que expropió el “gobierno legítimo”.

Otros sin duda fueron más afortunados, como Paul Polko, alemán que había
construido fortuna a la sombra de su poderoso yerno, el negociante Francisco
Ordoñez. El gobierno nacional le reconoce 3800 pesos, a pesar de que varias de
sus mercancías fueron expropiadas por rebeldes.469 Las fechas coincidían más o
menos con las expropiaciones realizadas a Hakspiel. Principalmente se le
expropiaron objetos metálicos: hebillas, machetes, herramientas. El único
descuento que se le hizo fue el de las contribuciones forzosas, que tanto nacionales
como extranjeros debían pagar, por lo tanto, no aplicaba reclamación para esa
cantidad, que frisaba los cien pesos.470 La casa comercial Minlos, Breuer y Co,
originaria de Maracaibo y regentada en Bucaramanga por el negociante germano-
venezolano Emilio Minlos, también realizó una reclamación por expropiaciones, por
un total de 1364 pesos. La mayoría de ellos entregados como “empréstito voluntario”

468 AGN, AO, MRE, caja 83 Car303 f.90.


469 AGN, AO, MRE, caja 83 Car306 f.9.
470 AGN, AO, MRE, caja 83 Car306 f.11.

180
exigido por el coronel Eusebio Rojas, comandante de las fuerzas del gobierno que
obraban en el departamento de Cúcuta.

La situación de la casa comercial se complejizaba si se tiene en cuenta que tenía


numerosos agentes de Maracaibo a Bucaramanga, y muchos de ellos eran de
nacionalidad colombiana. Por ello, los socios firmaban un memorial donde
declaraban solemnemente que ninguno de sus dependientes se había inmiscuido
en política.471 Como la expropiación había ocurrido en el departamento de Cúcuta,
correspondía al agente en San José, el señor Georg Hesselmann. Además de ello,
al haber fallecido Eusebio Rojas en acción, poco después de su ascenso a general,
correspondía a testigos el reconocimiento de su firma. Por lo cual, debieron
practicarse las diligencias de rigor.472 Testigos como Carlos Ferrero, además de
reconocer la firma manifestaban que ni Hesselmann ni ningún otro empleado de
Minlos, Breuer y Co había tomado parte en la más reciente guerra civil.473

Por otra parte, Hesselmann también instauró un proceso relativo a unas mercancías
que habían sido expropiadas de las bodegas de Puerto Villamizar, propiedad del
Ferrocarril de Cúcuta, por fuerzas rebeldes encabezadas por el oficial Alejandro
Azuero, que servían al mando de los líderes rebeldes Rogerio López y Ernesto
Cancino. Entre lo expropiado se encontraban varias cobijas de algodón y varios
driles de este mismo material.474 Estas indagaciones se extendieron durante toda la
primera mitad del año de 1886, acreditándose más de 10 testigos del hecho.475 La
fuerza rebelde al parecer no había expedido ningún recibo, pues se había limitado
a apropiarse de lo contenido en las bodegas. Ningún representante de Minlos
Breuer estaba allí presente para protestar neutralidad o exigir un recibo. Finalmente,
también se halló un defecto en los recibos extendidos por Eusebio Rojas, pues
databan de un momento en el cual aún no se declaraba turbado el orden público en

471 AGN, AO, MRE, caja 83 Car306 f.20.


472 AGN, AO, MRE, caja 83 Car306 f. 22.
473 AGN, AO, MRE, caja 83 Car306 f.23.
474 AGN, AO, MRE, caja 83 Car306 f.33.
475 AGN, AO, MRE, caja 83 Car306 f.44.

181
el Estado, tal y como lo certificó Clodoveo Valderrama, oficial mayor de la secretaría
de Gobierno, encargado del despacho, el día 16 de abril de 1886.476 Estos defectos
determinaron que sólo se les reconocieran 1364 pesos, en lugar del total, que
rondaba los 2100 pesos.

4.3. ERNESTO CERRUTI Y CO, DEL COMERCIO DE CALI.


La reclamación Cerruti se convirtió por sus características en uno de los episodios
más comentados de la historiografía colombiana. Sobre todo, porque distó de ser
un mero trámite administrativo instaurado por el quejoso en cuestión. Quien hizo la
reclamación fue el gobierno del Reino de Italia, y el primero de sus puntos era la
liberación de Cerruti, en la práctica bajo arresto domiciliario de abril a agosto 1885
por su presunta participación en la rebelión. Los hechos distaban de ser más graves
que servir de tapadera a bienes de nacionales presuntamente involucrados en la
rebelión, o una tácita complacencia con el bando sublevado. Se hablaba de equipar
y financiar tropas, conspirar activamente y ser el “nervio” de la rebelión, en la cual
estaban implicados varios socios de su casa comercial, como Ezequiel Hurtado.

Otro socio, Jeremías Cárdenas, protestó obediencia formal al Gobierno. Así,


entrega varios de los activos de la compañía, entre ellos semovientes, a las fuerzas
regeneradoras comandadas por el presidente del Cauca, Eliseo Payán.477 Cárdenas
contabilizaba alrededor de 14800 pesos en artículos varios, desde mercancías
como peines, hebillas e hilo hasta ganado. Entre tanto, Cerruti y Hurtado vivían
momentos convulsos, el uno era conducido preso a Palmira, mientras el otro se veía
obligado a capitular en las montañas del Tolima. Debido a estas circunstancias, y a
la posterior muerte de Hurtado y salida del país de Cerruti, correspondió a Jeremías
Cárdenas afrontar las acusaciones del Gobierno Nacional, pero también el intento
de recuperar lo que había sido expropiado durante la guerra, mediante la vía

476 AGN, AO, MRE, caja 83 Car306 f.56.


477 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car2, f.56.

182
ordinaria establecida por el gobierno en sus decretos de 1886.478 Así, debió solicitar
que comparecieran testigos e intentar demostrar neutralidad, lo que tenía bastante
difícil dada la situación de sus otros dos socios.

En el caso de Cerruti y Co, se vivieron dos procesos: la expropiación como


consecuencia de la guerra y la posterior expropiación de todos los bienes y activos
de Cerruti y Hurtado luego de definirse su condición de rebeldes. Esto último iba
acompañado además de la pena de cárcel en el caso de Cerruti. Sin embargo,
incautar todos los bienes de la casa comercial Cerruti resultó ser una medida
desafortunada, pues implicó que sus acreedores, que eran cuantiosos y se ubicaban
principalmente en Europa y Estados Unidos reclamaran al gobierno colombiano la
satisfacción de las obligaciones de esa razón comercial. Así lo hizo la firma británica
John Goddard y Co, a través de su apoderado Salvador Valencia Fernández 479.
También eran quejosos los herederos de José Quilici, socio italiano de Cerruti, quien
había sido declarado neutral en el laudo arbitral que sancionó el Rey del España, y
que por lo tanto pretendían ser merecedores de una compensación.480

Jeremías Cárdenas denunciaba años después la actitud tendenciosa de aquellos


que adelantaron la liquidación de la casa comercial y las causas judiciales contra
sus socios. Los jueces parecían interesados en demostrar la culpabilidad de Cerruti
y de paso la de toda la sociedad comercial y no en proveer un fallo en derecho. A
su vez, según él, muchos de los testigos presentados para ratificar las impresiones
de los jueces habían salido beneficiados del remate de los bienes de la sociedad
comercial, como Manuel Castro, notable patricio payanés que había comprado la
hacienda de Corinto, que era propiedad de Cerruti y de la sociedad comercial.481

En una fecha tan tardía como 1899, Cárdenas se empeñaba en demostrar la


neutralidad de la casa comercial, independientemente de las acciones realizadas
por los socios. Para ello, citaba testigos que declararan que efectivamente el

478 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car2, f.62.


479 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car2, f.58.
480 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car2, f.60.
481 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car2, f.56.

183
gobierno había realizado unas expropiaciones a la casa comercial, y su participación
personal, como socio administrador.482 Francisco José Arboleda afirmó que en
calidad de capitán intervino en el recibo de los bienes expropiados, y defendió la
legalidad del procedimiento, estableciendo que antes de la expropiación Cárdenas
había sacado unos paños y otras telas, por deferencia del intendente.483 Acusado
de esconder bienes de la casa Cerruti y de evadir las obligaciones con los
acreedores, Jeremías Cárdenas intentaba, más que obtener algún resultado de sus
reclamaciones, demostrar que no tenía los medios suficientes para asumir las
obligaciones de la sociedad.484 Ezequiel Hurtado intentó salvar algo de capital,
mediante la falsificación de facturas a nombre de su hermano, Manuel Antonio.485

La desorganización del expediente documental rotulado como “Cerruti” es palpable.


De las acciones promovidas por el general Cárdenas se pasa a las cuentas de los
“pequeños préstamos” llevados por Cerruti y a las declaraciones que sirvieron de
argumento para avalar el proceder del general Payán, que fue quien ordenó la
prisión de Cerruti y el secuestro de todos sus bienes.

Los rumores de la prisión de Cerruti alarmaron al ministro plenipotenciario de Italia,


Davide Segre, quien el 15 de abril de 1885 dirigió una comunicación al secretario
de relaciones exteriores, Vicente Restrepo, inquiriéndole sobre el particular y otros
presuntos abusos, como la ocupación de la casa de Cerruti en Cali para instalar allí
el cuartel general de Payán, echando a su esposa e hijas del lugar.486 Entre tanto,
el general Juan E. Ulloa, ocupó la hacienda de Salento con el pretexto de estar
siguiéndole el rastro a unos rebeldes. Estos hechos habían ocurrido durante los
primeros días de febrero,487 y posteriormente se continuaron ocupando sus demás
activos en Palmira, Cali, Buenaventura y Popayán.488 La intervención del secretario

482 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car2, f.62.


483 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car2, f.63.
484 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car2, f.65.
485 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car2, f.69.
486 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car3, f.30.
487 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car3, f.30.
488 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.32.

184
de Gobierno del Cauca, Juan de Dios Ulloa (padre del general Juan E. Ulloa) le
garantizó la vida a Cerruti y le dio un trato digno, pero no respondería por sus
propiedades, dado que estaba plenamente confirmado que Cerruti era rebelde.489
Varios testigos referenciaban que su hacienda “Salento” había sido cuartel de los
rebeldes, por lo que el 11 de febrero se le puso bajo arresto domiciliario en Cali,
pero no fue conducido a la cárcel, gracias a Ulloa.490 Con la advertencia de que
cualquier intento por salir de la ciudad de Cali sería considerado como una fuga.
Volviendo a los memoriales de Segre, este también señalaba que pesaban
amenazas sobre otros ciudadanos italianos, como Gaspare Mazza, perjudicado
supuestamente en los procedimientos seguidos contra Cerruti.491 Las respuestas de
Vicente Restrepo eran más bien vagas, amparándose en la soberanía de los
Estados para explicar su imposibilidad a la hora de incidir sobre el particular.

Con la lupa del ministro de Italia sobre el asunto, en Cali se procedió a celebrar el
proceso de Cerruti. El objetivo era probar más allá de toda duda razonable que
Cerruti era rebelde, por ello se presentaron más de 30 testigos. De las declaraciones
de tales testigos podía extraerse que de 1876 en adelante Cerruti se había
mezclado en asuntos políticos, citando que en 1876 se había unido a los hombres
armados que habían expulsado al obispo de Popayán, Carlos Bermúdez. Además
de su participación en la candidatura de Rengifo, que, si bien se malogró por el
fallecimiento del candidato, si tuvo relativo éxito en las elecciones municipales de
los distritos de Cali y Palmira, donde Cerruti logró poner a sus aliados.492

Los testigos además referían que Cerruti se negaba a proveer elementos al


gobierno legítimo, aduciendo que sólo si le pagaban de contado facilitaría elementos
que se consideraban necesarios para la guerra.493 En cambio, distribuyó machetes
a los revolucionarios y les repartió divisas. Extrañamente, los interrogatorios eran

489 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.30.


490 República de Colombia. Diario oficial. Año XXII. Bogotá,31 de diciembre de 1885. Pág. 4
491 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.34.
492 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.37.
493 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.38.

185
conducidos por el propio general Payán en persona, lo que demuestra el gran
interés de este último en obtener un amparo legal para los hechos ya consumados.
Estos habían empezado en una fecha tan temprana como el 27 de abril de 1885.
Sin duda, había urgencia en demostrar la culpabilidad de Cerruti, a fin de darle las
explicaciones del caso al ministro de Italia.

También se le acusaba de entregar cargas de sal a los revolucionarios, ya que


Cerruti tenía un provechoso contrato, extendido por su socio, el general Hurtado
cuando fue presidente del Estado, que le beneficiaba con el expendio de sal en
Cali.494 Además de citar su hacienda de Salento como sitio de reunión de los
revolucionarios, entre ellos el “intitulado” general Rafael Toro. Manuel Encarnación
Gómez trabajaba en la hacienda de Salento a razón de 40 centavos el jornal, y
declaraba que antes de que el batallón de la Guardia encabezado por Márquez
ocupara Cali, Cerruti les impedía a los trabajadores de su hacienda ir a esa ciudad
y ponerse a la orden del gobierno legítimo.495 Refería además que el día 20 de
enero, ante el inminente arribo de Marquez, habían sido llevados a Cali por el señor
Mendoza, mayordomo de Salento, el cual a su vez los puso a la orden del capitán
Rufino Cuero. Este último los trasladó de Mulaló a Santa Librada, y allí uno de los
peones de la hacienda Salento, Telésforo Cuero, les repartió divisas coloradas.496

La cuestión Cerruti escaló en julio de ese año, cuando se avistó en el puerto de


Buenaventura la fragata italiana “Flavio Gioia” al mando del capitán Cobianchi. Este
último tenía órdenes expresas de repatriar a Cerruti. El gobierno caucano afirmaba
que pronto remitiría las pruebas de la culpabilidad de Cerruti. Lo cierto es que aún
estaba consiguiéndolas, algo que a la luz del derecho era bastante cuestionable,
pues a Cerruti se le había puesto preso sin suficientes pruebas. No obstante,
Colombia continuaba en estado de guerra, por lo cual las arbitrariedades estaban
según su gobierno amparadas en esa circunstancia. El ministro de Italia en Bogotá,

494 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car3, f.39.


495 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car3, f.41.
496 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car3, f.42.

186
Segre, no lo creía así, y protestaba por la interceptación de las comunicaciones con
el comandante del “Flavio Gioia”, que traía instrucciones terminantes del gobierno
italiano sobre cómo proceder en el affaire.497

Entre tanto, por todo el territorio del Estado Soberano del Cauca se buscaban, hasta
debajo de las piedras, a personas que pudieran acreditar la conducta rebelde de
Cerruti.
Ilustración 14:General Valentín Deaza

Fuente: [Link]

En Tuluá se encontró a un señor Luis Fonseca, “albañil de profesión y militar por


obligación”, que contó que había sido testigo de que Cerruti había recibido cinco mil
fusiles para la revolución en el puerto de Buenaventura, así mismo, narró cómo fue
utilizado por Cerruti como correo para trasmitirle órdenes al general rebelde Valentín
Deaza.498 Esta misma declaración hubo de repetirla en Cali, en presencia del propio
general Payán. Con esta declaración, Payán consideró que ya tenía suficiente
material para justificar su proceder y remitió las copias de las declaraciones a
Bogotá, con una nota de Juan de Dios Ulloa donde este último afirmaba que: “El

497 República de Colombia. Diario oficial. Año XXII. Bogotá,31 de diciembre de 1885. P. 5.
498 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.48.

187
señor Cerruti, como hombre avisado, de talento, ha procurado en esta vez salvar
las apariencias, pero como Dios no permite siempre la impunidad del delincuente,
por mucha que ha sido su suspicacia ha dejado clara y perceptible la huella de su
culpabilidad.”499 Otras declaraciones, colectadas después , no eran tan
comprometedoras, pues estos testigos no referían hechos y personajes concretos,
sino que se referían a rumores, por ejemplo un testigo afirmaba que el día que “los
independientes” entraron a Cali , Cerruti se quedó encerrado en su casa, por miedo
a las represalias.500

En ese punto, el expediente deja de lado su preocupación por la culpabilidad de


Cerruti (sin duda porque se da por suficientemente demostrada) y pasa al examen
de sus libros, en los cuales aparecen como sus deudores importantes prohombres
de la sociedad caucana,501 como José María Iragorri Isaacs, sobrino de Jorge Isaacs
y patriarca de un tronco familiar que se extiende hasta nuestros días.502 También el
alemán Hermann Bluhm, cuya familia adquirió notabilidad en la sociedad caleña.503
Estos libros no eran otros que los entregados por Cárdenas, el día 20 de abril de
1885, por pedido del gobierno. Algunas joyas que se encontraban en la sede de
Cali, dejadas allí en calidad de garantías de préstamos, fueron puestas a buen
recaudo en el Banco del Cauca, por petición expresa del general Cárdenas.504 Otro
tanto hizo el administrador de la sucursal de Cerruti en Buenaventura, el italiano
José Rossi, quien levantó un acta en presencia del jefe municipal de Buenaventura,
e hizo entrega solemne de los libros, alhajas y letras de cambio.505

En mayo aparecieron testigos que oyeron a Cerruti denostar del gobierno en su


hacienda de Salento, y sostenían que había sido el principal contribuyente del
soborno entregado al batallón de la Guardia Colombiana que se pasó a la

499 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.53.


500 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.62.
501 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.65.
502 En la actualidad, sus más connotados representantes son el exministro y senador Aurelio Iragorri

Valencia y su padre, el también exministro y otrora senador, Aurelio Iragorri Hormaza,.


503 Su bisnieta es la actual ministra de Relaciones Exteriores, Claudia Blum Capurro.
504 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.74.
505 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car8, f.39.

188
rebelión.506 Uno de ellos, llamado Nemesio Colmenares le acusaban de estar
“trabajando incansablemente” contra el gobierno del General Payán desde 1879, y
además de especular con la sal. Estas nuevas acusaciones eran sumamente graves
para Cerruti, pues le ponía en aprietos con el Gobierno Nacional por la presunta
compra del batallón. Otro testigo, apellidado Sarasti le acusaba de participar en
política por lo menos desde la elección de Zaldúa, es decir, dese 1882.507

El “Flavio Gioia” continuaba estacionado en el puerto de Buenaventura,


sometiéndolo a una especie de bloqueo. Exigía el capitán de ese buque
entrevistarse con Cerruti a la brevedad. El capitán Cobianchi sostenía tener órdenes
de “Su majestad, el Rey de Italia” de no salir de ese puerto sin hablar con Cerruti 508.
Según las autoridades, Cerruti planeaba su fuga, pues había mandado un mensaje
a Cobianchi sobre su inminente partida, a pesar de que se le había negado
pasaporte.509 El secretario de Gobierno, Ulloa, dio el 8 de junio pasaporte a Cerruti
para Buenaventura, a fin de efectuar la entrevista. Por supuesto debía hacerlo
escoltado, aunque Ulloa no creía posible su fuga.510 Cobianchi, en carta a Menotti,
agente consular de Italia en Buenaventura, daba su palabra de honor sobre el pronto
regreso de Cerruti a la custodia de las autoridades del Cauca.511 En efecto, Cerruti
viajó a Buenaventura, pero tras una breve estadía en ese puerto el capitán
Cobianchi desembarcó gente armada y sustrajo a Cerruti de la custodia de las
autoridades, embarcándolo en el “Flavio Gioia.”512 Las autoridades librarían el 4 de
agosto orden de captura contra Cerruti, pero ya era demasiado tarde.513

Para lograr sustraer a Cerruti de la custodia de las autoridades colombianas,


Cobianchi bloqueó el ferrocarril de Buenaventura. Sus acciones motivaron la

506 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.76.


507 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.77.
508 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.96.
509 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.97.
510 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.102.
511 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.104.
512 República de Colombia. Diario oficial. Año XXII. Bogotá,31 de diciembre de 1885. Pág. 6
513 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.1.

189
protesta de las autoridades municipales de Buenaventura.514 Del lado colombiano,
se invocaba la independencia del poder judicial, que había llamado a juicio a Cerruti
y le convocaba a Cali, para probar su inocencia o aceptar con resignación su
culpabilidad.515 Como razones para actuar de esa forma, Cobianchi citaba que se le
había denegado la posibilidad de que Cerruti se quedara en Buenaventura, libre
bajo palabra, que era la fórmula que había aprobado el Rey de Italia.516

Acreedores de Cerruti y otros de sus socios como los hermanos Ricardo y Emiliano
Gaviria Cobaleda, de “Gaviria Hnos” (relacionados con el general rebelde Alejandro
Gaviria) y Fidel Lalinde reclamaban al gobierno nacional por la expropiación
realizada a Cerruti, que tenía mercancías de su propiedad en consignación, entre
otros negocios en común. Ellos eran Schloss Brothers, de Londres, y de Manchester
David Midgley &Sons, Jackson Briesley &Briggs, Taft & Sons, Stadelbauer H y L.L
Behrens H. Ellos por el conducto de A. Cambil, su apoderado, reclamaban la
propiedad de la mayor parte de las mercancías expropiadas a Cerruti. También
denunciaban que tales mercancías se estaban rematando por mucho menos de su
valor, con mucho desorden y premura.517

Junto con el envío de nuevos testimonios, Juan de Dios Ulloa dirigió una larga nota
al secretario de relaciones exteriores, Vicente Restrepo, fecha el 22 de junio. Allí
aclaraba que nada había contra los señores Quilici y Mazza, a quienes se reconocía
como neutrales, este último incluso había sido autorizado a portar armas, y si no
había salido del Estado era porque se negaba a hacerlo sin Cerruti.518 Así mismo,
reconocía que para aquella época (con la culpabilidad de Cerruti suficientemente
demostrada a su criterio) ya se habían adjudicado varias de las fincas de este último,
y se habían vendido sus mercancías. Ello porque a pesar de que la guerra
continuaba en otras partes de la nación, el Cauca ya se hallaba del todo pacificado.

514 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.3.


515 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.14.
516 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.26.
517 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.109-110.
518 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.112.

190
Señalaba que el juez de la causa se esmeraba por concluir rápidamente el asunto.
Nuevamente entonces emergía el defecto de que no existían evidencias que
soportaran la incautación de los bienes de Cerruti en el momento en que dicha
incautación ocurrió. Defecto que le costaría bastante caro al gobierno regenerador.

Por otro lado, el gobierno del Cauca interrogaba a José Quilici, otrora socio de
Cerruti, sobre el trato dado a él como extranjero neutral y aspectos relacionados con
este último.519 Quilici aseveraba que como particular sus bienes no habían sufrido
menoscabo, pero que como socio de la casa Cerruti se reportaban pérdidas
considerables debido al embargo de los activos de la compañía. Dada su condición
de neutral comprobada fue persuadido por el poder ejecutivo del Cauca para “sacar”
su parte correspondiente de lo embargado, a lo cual no accedió ya que no favorecía
sus intereses. Además, declaraba no haber sido molestado, y hallarse conforme con
el orden que imperaba en la república. Persuadidos de hacer una declaración similar
fueron el súbdito alemán, de religión judía, Carl Simmonds y el italiano Vicente
Spadafora. Este último además declaraba que desde febrero Cerruti había estado
todo el tiempo en su casa de Cali, y no se le había importunado, ni antes ni después
de la revolución.520 Lo mismo declaraba Alberto Burckhardt, súbdito alemán. Pero
pocos días después de declarar, Spadafora amplió la declaración, retractándose de
sus palabras y denunciando que había sido molestado por el gobierno del general
Payán y que Cerruti también había sido injuriado.521 Cabe entonces la posibilidad
de que la primera se realizara bajo alguna clase de coacción, pues solo así se
explicaría la disparidad. Simmonds también se retractó y declaró solemnemente que
Cerruti había sido sometido a vejámenes siendo neutral, pero se retractó por
segunda vez en 1887,522 en presencia de Alejandro Pizano, enviado por el Gobierno
para recoger una nueva ronda de testimonios con los cuales esperaba impugnar el
fallo del laudo arbitral, que a todas luces resultaría desfavorable.

519 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.64.


520 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.70.
521 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.72.
522 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car8, f.191.

191
El 13 de agosto, con Cerruti en el “Flavio Gioia” salió el fallo del juzgado criminal de
Cali.523 Se le halló responsable de rebelión y se dictó auto para su formal prisión,
que sería impracticable dado que Cerruti permanecía en el buque italiano. El fallo
incluía detalles que salieron a relucir en la investigación, como el hallazgo en la
hacienda de Salento de una ametralladora y municiones que los rebeldes habían
sustraído de Cali.524 Lo acusaban también de corromper al electorado en las
elecciones de 1882, ofreciendo chicha y aguardiente a la concurrencia.525 Varios de
los participantes de dicha elección habían afirmado “Nosotro tenemo onde mi amo
Cerruti todo lo que pedimo (sic)”. Y por poco resulta victorioso su partido, pero sus
aspiraciones murieron al mismo tiempo que su candidato, Tomás Rengifo, fallecido
de muerte natural a principios de 1883.

Así mismo, se describía en otro apartado del expediente de Cerruti las acciones
hostiles ejecutadas por tripulantes del Flavio Gioia, como lo eran la interrupción de
la línea férrea y el despacho de gente armada al puerto.526 También se hacía
inventario de las mercancías incautadas a Cerruti y que aún se hallaban en poder
del gobierno, por 40095 pesos. Suma que ni siquiera cubría la décima parte de las
obligaciones de Cerruti, tasadas hasta ese momento en poco más de 500000
pesos.527 De lo primero, la consecuencia esperada fue la suspensión de relaciones
diplomáticas entre Colombia e Italia, que se materializó el 24 de agosto de 1885.

523 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.79.


524 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.93.
525 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.95.
526 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.104.
527 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.135.

192
Ilustración 15:Ricardo Gaviria Cobaleda.

Fuente: [Link]

En el memorial donde daba por terminadas sus relaciones con Colombia, el ministro
de Italia, Davide Serge, comentaba que todo el diferendo se resumía en una
animadversión personal del general Payán contra Cerruti, acusando al primero de
corromper a la justicia del Cauca para satisfacer sus acusaciones.528 Ante estas
acusaciones, las autoridades caucanas buscar perfeccionar el fallo proferido
mediante más testimonios, como el de Telésforo González o Telésforo Cuero, peón
de Cerruti. El confirmaba que el mayordomo de Cerruti los había trasladado a Cali
en calidad de reclutas, a él y otros trabajadores de la hacienda.529 También
atestiguaba que había visto a Cerruti, en compañía de Ricardo Gaviria Cobaleda
(jefe municipal de Cali impuesto por los rebeldes) luciendo en su sombrero una cinta
colorada, divisa de los rebeldes. Así mismo, les había ofrecido muchas prebendas
a sus peones para que no se pasaran al gobierno, como permitirles aprovechar lo
que se cultivaba en la hacienda. Otro jornalero, Ramón Cabuyales, afirmaba que se
sabía que en Salento había armamento de los rebeldes. El mayordomo de Salento,
José Tito Mendoza, corroboraba lo dicho por los dos jornaleros y además agregaba

528 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car5, f.140.


529 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car6, f.35.

193
noticias sobre la especial deferencia con la que el coronel Márquez, de la Guardia
Colombiana, trataba a Cerruti, llegando a recibir inclusive órdenes de este último.530

El caso de Cerruti terminó relacionándose con los de otros extranjeros,


particularmente italianos, dada la notoriedad de quien quizás el negociante de
origen italiano más prominente del país. Gaspare Mazza también denunciaba
arbitrariedades en su contra, como la violación de su correspondencia. Las
autoridades del Cauca señalaban que Mazza era conocido opositor del gobierno y
la “senda regeneradora de Colombia”, y su conducta ya se aproximaba
peligrosamente a la participación política531 Se sospechaba de una conspiración
entre Cerruti, Mazza y Segre para enviar comunicaciones para los rebeldes. Estas
sospechas estaban relacionadas con la aprensión de Giuseppe Valle Biglia, con
correspondencia para los rebeldes del Quindío y del Cauca.

La novela de Cerruti estaba lejos de terminarse. A inicios de 1886 se recibió noticia


de la inminente llegada de dos buques italianos al puerto de Barranquilla. Entre
tanto, Davide Segre era despedido en Puerto Salgar por el gobierno colombiano.
Rotas las relaciones entre Italia y Colombia, la permanencia de ese funcionario en
el país era insostenible. En comunicaciones oficiales, el gobierno colombiano se
preciaba de haberle tratado hasta el último día con decoro.532 Se informaba a su
vez que el propio Cerruti se encontraba en aguas colombianas, al bordo del vapor
“Ylo”, lo que motivó una airada protesta de las autoridades colombianas existentes
en Panamá al agente de la naviera propietaria del vapor, La “Pacific Steam
Navigation Company.”533 Las autoridades colombianas hacían preparativos para
capturar a Cerruti en el buque, que era de bandera inglesa.534 En el puerto de
Panamá, Cerruti fue entregado al gobierno colombiano, ante las amenazas de la
cañonera “Boyacá”. El proceder del gobierno colombiano motivó la protesta del

530 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car6, f.39.


531 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car6, f.90.
532 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car7, f.2.
533 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car7, f.6.
534 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car7, f.9.

194
cónsul inglés en Panamá, J. Hayes Sadler. Paralelo a ello, el gobierno de España
había asumido la mediación del diferendo entre ambos países. Por lo cual las
instrucciones del ejecutivo nacional fueron terminantes: el juicio quedaba en
suspenso hasta la resolución del laudo arbitral.535 Y Cerruti, en los primeros días de
abril quedó libre bajo fianza, pudiendo permanecer en el país o salir de él.

La corona española elaboró el 30 de noviembre de 1886 una lista de todos los


italianos perjudicados durante la guerra de 1885, junto con alguna breve explicación
del motivo de su causa. La cual se presenta a continuación.

Cuadro 5. Relación de italianos incluidos en el Laudo Arbitral de la Corona


española. Basado en el documento original.

Ernesto Perseguido injustamente por motivos políticos, se habían


Cerruti confiscado sus bienes y había sufrido prisión en dos ocasiones.
Como el gobierno colombiano ya había rematado varias de sus
propiedades, se le debía indemnizar en dinero por ello.
Gaspare Vivía en la misma casa con Cerruti, en Cali. Esta casa fue saqueada
Mazza por orden del gobierno del Cauca. Además, también tenía negocios
junto a Cerruti, por lo cual activos y bienes suyos habían salido
comprometidos en la expropiación
José Socio de la casa de Cerruti, despojado igualmente de sus bienes
Quilici debido al fallo judicial que reclamaba la expropiación de los bienes
de la sociedad comercial Ernesto Cerruti &Co
José Valle Sufrió prisión y confiscación de todos sus bienes porque
Biglia supuestamente servía de correo a los rebeldes. Había ido a Bogotá
a reclamar por los abusos del gobierno del Cauca, apresado en el
camino de regreso
Francisco Agente consular en Buenaventura: le fueron confiscados los
Menotti géneros y el local del consulado convertido en cuartel

535 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car7, f.181.

195
Biagio Requisas hechas en 1885, además del agravante de que también le
Sardi debían cantidades del trastorno del Cauca en 1879
Rafaele El gobierno se apoderó de varias de sus caballerías, sin
Bonomo indemnización
Pedro Expropiación de bienes muebles en la última guerra, de manera
Capurro sospechosa (sin declaración de utilidad pública)
Fuente: Elaboración propia.

El laudo arbitral español encontró que el general Payán había asignado a dedo a
los administradores de los bienes de Cerruti. Estos oscuros personajes habían
realizado negocios dudosos con los bienes y los habían dilapidado. Por ejemplo, en
diciembre de 1886 sólo subsistían 800 cabezas de ganado en la hacienda de
Salento, de un estimado de 5000. La respuesta del gobierno caucano era que
Cerruti había dilapidado gran cantidad de recursos en la rebelión, mientras que el
laudo arbitral se inclinó a considerar la tesis italiana de los malos manejos por parte
de las autoridades locales.536 Por ello, ni su esposa Emma, ni Mazza, ni Menotti, ni
Quilici recibirían los bienes de Cerruti cuando el gobierno nacional tomó
providencias para devolverlos a su dueño, en enero de 1887.537 El estado del Cauca
no existía más, pues había desaparecido en virtud de la constitución de 1886. La
hacienda “Italia”, ubicada en el municipio de Palmira, corría con igual suerte. Las
autoridades locales atribuían el mal estado de esta última hacienda a las plagas y
al abandono, cuidándose de afirmar que se encontraba en franca decadencia desde
antes de la guerra.538 Como depositario, los juzgados designaron a José María
Navia, sin ninguna relación comercial o personal con el negociante italiano.539

Con su habitual falta de orden, el expediente reseñaba una comunicación escrita


por un abogado llamado Jaime Córdoba, que había sido convocado en 1885 por
Cerruti para interceder a favor de él. Este último para julio de 1887, había publicado

536 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car7, f.71.


537 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car8, f.6.
538 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car8, f.14.
539 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car8, f.62.

196
en Europa un folleto titulado “la cuestión italo-colombiana”, lleno de falsas
apreciaciones según Córdoba. Aclaraba que Cerruti había sido la excepción a la
regla y que otros extranjeros habían sido respetados por el gobierno colombiano.540

Sin embargo, tales afirmaciones pueden y deben ser matizadas. Si bien es cierto
que el caso Cerruti es atípico en muchos aspectos, como el culebrón de sus arrestos
y escapes, no es necesario que todos los casos deban medirse por ese rasero.
Quilici y Mazza por ejemplo sufrieron pérdidas derivadas de sus negocios con
Cerruti, y es necesario separar su esfera personal (relativa a su patrimonio personal)
y una suerte de esfera ampliada, donde caben las asociaciones comerciales con
Cerruti, que sin lugar a duda fueron golpeadas.

Para justificar la “excepcionalidad” de la situación de Cerruti, el gobierno ideó la


expresión “política militante”, para esquivar las acusaciones de que Cerruti era
perseguido por sus ideas y opiniones.541 El gobierno afirmaba que una cosa era la
opinión y otra involucrarse directamente en la contienda, militando efectivamente en
uno de los bandos. Sin embargo, en su fallo, la Corona española no consideró esta
categoría, condenando al gobierno colombiano a indemnizar a Cerruti como
particular y a resolver las reclamaciones que presentase la compañía Cerruti y
Co.542 El fallo543 precisaba que se debía pagar en totalidad las indemnizaciones y
las reclamaciones que la compañía presentara antes del 31 de diciembre de 1890.
Esto sin embargo no se cumplió, porque Colombia desconoció este fallo e invocó
una nueva mediación, esta vez en cabeza del gobierno de los Estados Unidos

El gobierno no parecía prepararse para liquidar la cuestión Cerruti, pues aún en


1888 seguía intentando desvirtuar los reclamos de Cerruti, indagando por el rol de
Hurtado, Cárdenas y Quilici en la sociedad, la composición del capital y otros

540 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car8, f.59.


541 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car8, f.110.
542 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car8, f.188.
543 El fallo entre otras cosas resultaba inaceptable porque pedía satisfacciones a Colombia por

presuntas humillaciones al pabellón italiano, cosa que según el gobierno colombiano debía ser, al
contrario, dadas las actuaciones del “Flavio Gioia”. AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car9, f.3.

197
aspectos que cuestionaban la legalidad de la sociedad comercial y su existencia
real, sugiriendo que el rol de los citados socios era nulo, así como su aporte a la
sociedad.544 Sin embargo, las indagaciones sobre este punto fueron infructuosas,
pues casi todos los testigos dijeron no conocer al detalle las actividades de Cerruti
y compañía.545 Poco importó que el gobierno nacional presionara a otros italianos,
como Francisco Menotti y Pedro Capurro, para que dijeran todo lo que sabían sobre
las actividades de su compatriota: estos afirmaron que no sabían, o no les constaba
lo que el gobierno les indagaba.546 Por otra parte, el 28 de septiembre de 1888
Cerruti ejercía presión, reclamando diez mil libras esterlinas con carácter urgente.
Según el, debía pagar a acreedores e instalar a su familia en Europa.547

Las esperanzas del gobierno de zafarse de la cuestión Cerruti se hundían


estrepitosamente. Ni siquiera tenía en su poder la totalidad de los libros de la
compañía. Algunos estaban en poder de la viuda del general Hurtado, y otros
incluso fueron a parar a manos del cónsul de los Estados Unidos en Panamá.548 El
nuevo laudo arbitral no aparece debidamente documentado en el expediente, y
aparte de las actuaciones de Cárdenas y otros (como el hermano de Hurtado) que
aunque aparecieron al principio corresponden a la época del segundo laudo, sólo
se reseñan algunos actos del consejo de ministros en 1902, en plena guerra civil,
inventariando algunas alhajas incautadas a Cerruti que aún permanecían en poder
del gobierno y clarificar, por enésima vez, los libros de cuentas.549

La necesidad de dilucidar qué bienes eran de Cerruti y cuáles eran de la sociedad


comercial era apremiante, pues era uno de los puntos no resueltos por el laudo
español. Conviene anotar que Colombia sí le consignó a Cerruti las 10000 libras
que demandaba, y que el laudo arbitral estadounidense prosiguió en sus trabajos,
declarando que la indemnización de Cerruti sería de 60000 libras esterlinas y

544 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car9, f.67.


545 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car9, f.81-91.
546 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car10, f.29-33.
547 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car9, f.97.
548 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car10, f.2.
549 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car10, f.70.

198
además señalando que sería Colombia la encargada de responder en su totalidad
a los acreedores de Cerruti. Lo cual complicó todo nuevamente, pues Colombia se
negaba a asumir en su totalidad las deudas de Cerruti. Además, el laudo arbitral
solo aplicaba para los líos diplomáticos con el reino de Italia. No podía cobijar a los
acreedores, ciudadanos de otros países en su mayoría.550

Desde ese momento, la “cuestión Cerruti” se transforma exclusivamente en una


negociación diplomática. Las negociaciones sin embargo nunca serían del todo
concluyentes. Al parecer, Payán y su círculo de los “regeneradores” del Cauca no
calcularon bien las consecuencias de proceder contra Cerruti. Fue así como la
presunta aprensión de un revolucionario de una de tantas guerras civiles
colombianas se transformó en un litigio que inclusive involucró a las potencias
mundiales. Y al final, fue Estados Unidos, con una actitud un tanto paternalista, la
nación que intentó dar por zanjado el asunto. Con Cerruti Colombia saldó su
presunta deuda en virtud de ese laudo. A partir del depósito de los últimos 40000,
realizados antes de 1900, la nación colombiana resarcía al italiano por concepto de
lo expropiado. Luego vino la fase del litigio de los acreedores, que, aunque conexa
a la reclamación de Cerruti, se sale de los objetivos de esta investigación.

El caso Cerruti no sólo ejemplifica cómo un tema micro se convierte en macro


(según lo sustenta un compatriota de Cerruti, Giovanni Levi) sino que permite
estudiar a profundidad la sociedad colombiana de la época. En primer lugar, aquí el
“espíritu de partido” llegó a uno de sus máximos, conmoviendo a un ciudadano
extranjero e inflamando el ánimo de un general vencedor que quiso hacer del
negociante italiano un ejemplo, o más bien un escarmiento. En segundo lugar,
aspectos del “nivel microscópico” de las relaciones sociales, como la relación entre
Cerruti y sus peones, sobre los cuales disfruta no sólo del dominio de su fuerza de
trabajo, sino que incluso les sujeta de manera personal, cuasi feudal. O las

550FAZIO, Luciana. Más allá de una simple biografía: “el caso Cerruti” una historia conectada y
multinivel enlazada por un “historiador electricista”. Esboços, Florianópolis. 2019, vol. 26, nro.42, pp.
270-289.

199
relaciones de solidaridad entre Cerruti y los demás italianos, los cuales resisten a
las presiones del gobierno nacional y se niegan a dar información sobre Cerruti y
sus negocios. Y, por último, el caso Cerruti sirve para estudiar de manera crítica al
Estado colombiano de la segunda mitad del siglo XIX, con sus vacilaciones y
desaciertos, y fenómenos como la corrupción (expresada por ejemplo en los
remates de los bienes de Cerruti) la lentitud de las instituciones y las demoras de la
justicia, realidades a las cuales usualmente no se les presta mayor atención.

4.4. GIUSEPPE VALLE BIGLIA, DEL COMERCIO DE CALI.

El destino de Giuseppe Valle Biglia fue de cierta manera análogo al de su


compatriota Cerruti, pero para él no hubo escape providencial a bordo del “Flavio
Gioia”: falleció en Buga en 1899. El 26 de marzo de 1885 llegaron al ministerio de
Relaciones Exteriores noticias de la presunta prisión de Valle Biglia en Buga, por
conducto del ministro de Italia en Bogotá, Davide Segre. El 22 de abril, Juan de Dios
Ulloa informaba que Valle Biglia se hallaba preso a la espera de juicio por rebelión
y participación en la guerra civil.551 El ministro de Italia protestaba por esta situación
tan irregular, en la cual no se había dado parte oficial de la situación de Valle Biglia,
y sólo de oídas se pudo conocer su situación. Para dictar la prisión de Valle Biglia,
no se había procedido sumariamente, señalaba Segre, y al parecer como causales
que determinaron tal prisión sólo figuraban el rumor y la sospecha.552

Segre revelaba que Valle Biglia había sido detenido al regresar de un viaje a Bogotá,
en el cual se había entrevistado con él inclusive, sospechando de una posible
persecución a súbditos italianos de parte del gobierno del Cauca. Afirmación que
hacía muy seguramente teniendo en cuenta la situación de Cerruti.553 El gobierno
colombiano declaraba que se estaban tomando medidas legales contra un

551 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.61.


552 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.66.
553 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.67.

200
extranjero no neutral.554 Las protestas del gobierno italiano surtieron efecto, pues
Valle Biglia quedó bajo arresto domiciliario en Cali, mientras se le dictaba sentencia
en el juicio. Existían más italianos sospechosos de participación en la guerra, y
según el gobierno del Cauca se les trataría de acuerdo con la gravedad de las
conductas imputadas.555 El primero en ser exonerado fue Mazza, que ni siquiera
alcanzó a estar detenido, y el 5 de mayo se declaraba su completa inocencia.556

El embargo contra los bienes de Valle Biglia se levantó a mediados de mayo, por
orden judicial. Se instruyó a Valle Biglia para que volviera a tomar posesión de sus
bienes, pero él se negó.557 Sólo hasta diciembre se avino a realizar dicha entrega.
Algunos de los bienes de Valle Biglia, como una casa, habían sido expropiados
mucho antes de su prisión; tales expropiaciones eran el motivo de su viaje a Bogotá,
para manifestar a Segre su situación. En mercancías, a Valle Biglia le habían
tomado 1000 pesos, en su mayoría licores sustraídos de su almacén de
Buenaventura.558 Otras mercancías sin embargo sí fueron devueltas, en su mayoría
enlatados como leche condensada y conservas. Habiendo partido ya el “Flavio
Gioia” y prácticamente en libertad, Valle Biglia parecía tener la intención de retomar
sus negocios y por ello aceptó recibir sus bienes. El asunto, al parecer, se zanjaría
de esa manera. El gobierno del Cauca reportaba que la negligencia de Valle Biglia
al negarse a aceptar había causado deterioros en el inmueble expropiado, todo ello
como parte de un malicioso plan para promover sus reclamaciones.559

Debiendo justificar la radical decisión tomada contra Valle Biglia, el gobierno del
Cauca compiló una serie de testimonios y documentos que demostraban su
culpabilidad, de manera similar al caso de Cerruti. El 7 de febrero de 1885 el jefe
municipal de Buga, Telésforo Arroyo, avisaba a los jefes municipales de Tuluá y
Quindío que Valle Biglia, pasaportado por ellos, fue registrado en Buga y traía cartas

554 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.69.


555 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.74.
556 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.76.
557 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.80.
558 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.82.
559 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car 247, f.85.

201
con contenido político.560 Cuando Arroyo le registraba, se le encontró un papel
destrozado con nombres de radicales del Estado, además de varios fragmentos de
cartas que había intentado eliminar ante la inminencia del registro.561 Ya desde
Tuluá estaba escoltado, porque desde su abrupto viaje a Bogotá se sospechaba de
él, e inclusive su escolta reportó que había realizado comentarios políticos.

El agente consular de Italia en el puerto de Buenaventura, Menotti, no creía que


existieran pruebas suficientes para una medida tan extrema como el presidio. Para
él, si acaso Valle Biglia había cometido una indelicadeza, al prestarse para traer
cartas para conocidos suyos. Al ser ajeno a la política nacional, Valle Biglia no podía
estar al tanto de las sospechas de rebeldía que caían sobre algunos de los
destinatarios.562 Por ello pedía que se le permitiera a Valle Biglia marchar a
Buenaventura, donde residía y tenía su almacén. Sin embargo, según testigos, la
orden de poner preso a Valle Biglia venía del propio Eliseo Payán, que así se lo
había exigido a Arroyo.563

Un memorial de Valle Biglia, redactado doce años después, en 1897, señalaba que
este apresamiento se había fundado en varias cartas que traía para Cerruti, que
según le habían dicho las autoridades del Cauca era considerado el “jefe de la
revolución.”564 Sin embargo, el gobierno ya había tomado sus contingencias y tenía
copias de las presuntas pruebas obtenidas por la justicia local. Según las
trascripciones en poder del gobierno nacional, las cartas que llevaba Valle Biglia
eran bastante comprometedoras. A continuación, se relacionan:

Cuadro 6. Las cartas requisadas a Giuseppe Valle Biglia: resumen de su contenido.

560 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.90.


561 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.91.
562 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.94.
563 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.97.
564 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.104.

202
Juan de Dios Noticias de la guerra en el Tolima. Versaba acerca de
Restrepo a negocios y empréstitos realizados por Restrepo a nombre de
Ricardo Gaviria Gaviria. Hay que recordar que Ricardo Gaviria lidera la firma
Cobaleda. 26 de “Gaviria Hnos”, señalada de corromper un batallón de la
enero de 1885 guardia colombiana junto con Cerruti.
Juan de la Cruz Paradero de los revolucionarios, acciones subversivas en
Suarez a su Quindío y el Tolima. Describe detalladamente movimientos
madre, Juana ejecutados. Supuestamente debía entregarse en Tuluá, pero
Montoya. 4 de Valle Biglia aún la llevaba en Buga. Hay que recordar que en
febrero de 1885 Tolima y el Quindío actuaba el general rebelde Deaza,
supuestamente complotado con Cerruti.
Fuente: Elaboración propia.

Sin embargo, las cartas pueden hacerse pasar como intercambio de noticias
familiares, no de carácter político. La información que contenían de la guerra podía
ser vista como comentarios inocentes sobre la situación del país. Lo que dictaba la
culpabilidad (y en eso insiste el gobierno) es, en el caso de la carta para Ricardo
Gaviria, el destinatario, y en el caso de la carta de Juan de la Cruz Suarez, el emisor.
Al ser estos dos etiquetados como “rebeldes”, automáticamente Valle Biglia es
susceptible de ser considerado cómplice. También se le encontró una lista de
personas, con su respectiva residencia, transcrita a continuación:

- Zarzal: Maximiliano Mazuera y Manuel Millán


- Zabaletas: Juan María Uribe
- Cali: la señora del general Renjifo.
- Buga: la esposa del Dr. Adolfo Rodríguez, la familia de Federico Pizarro.

Según el gobierno, todas estas personas eran afines al partido radical y


posiblemente Valle Biglia estaba haciendo las veces de correo, aprovechándose de
su condición de extranjero para servir de enlace a radicales ubicados en diferentes
puntos. Así mismo también se le había hallado un pasaporte expedido por el general
en jefe de las fuerzas rebeldes de Antioquia, Manuel Antonio Ángel, el mismo que

203
fue derrotado el 23 de febrero en Santa Bárbara de Cartago por el general Payán.565
Testigos lo ubicaban en Buga desde inicios de febrero, lugar donde se había reunido
con rebeldes que posteriormente participarían en el combate de Sonso, como
Antonio José González, ayuda de campo de Guillermo Márquez.566 A este
supuestamente le dijo que había estado en Barranquilla, que toda la Costa estaba
en armas y que no importaba si la revolución fracasaba en el Cauca.

Estas pruebas sirvieron de base para negar cualquier indemnización a Valle Biglia,
que la reclamó varias veces en los años posteriores, alegando desconocer el
contenido de las cartas. Sin embargo, las autoridades del Cauca argüían que su
participación había sido consiente. Por ello, Valle Biglia hubo de contentarse con lo
poco que le habían retornado. Nunca estuvo libre de sospecha y su gobierno al
parecer no reclamó sus derechos con la misma fuerza empleada en el caso Cerruti.

4.5 ¿“AMIGOS” DEL GOBIERNO NACIONAL? LOS CASOS DE MANUEL


CORTISSOZ Y JUAN B. MAINERO
Durante la guerra, algunos extranjeros tomaron partido por el Gobierno. Si para
Cerruti era necesario derrocar al gobierno para favorecer sus negocios, para
muchos otros sostenerlo a todo trance era necesario para prolongar privilegios y
concesiones. Ello por los lazos que unían a algunos negociantes con influyentes
personalidades del régimen regenerador en los contextos locales. Para aterrizar
este planteamiento, se revisaron las reclamaciones dos negociantes, Cortissoz y
Mainero, que al parecer tenían ciertos lazos con agentes de la Regeneración.

Natural de Willemstad, en la isla de Curazao, Manuel Cortissoz era el hijo mayor del
comerciante judío José Immanuel Cortissoz y Esther de Jessurum Pinto. Sus
hermanos eran Jacob, Aarón y Rebeca. A la muerte de su madre, el padre volvió a
contraer matrimonio y se radicó en Venezuela, lugar donde nacieron sus medios

565 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.100.


566 AGN, AO, MRE, T7, caja 75 Car247, f.101.

204
hermanos. Prontamente los hijos mayores de José Cortissoz abandonaron la casa
paterna para regresar a Curazao. Allí Manuel contrajo matrimonio con Teresa
Semblat, judía natural de Curazao como él mismo.567 Los hermanos Cortissoz son
ubicados en Barranquilla hacia 1870.

Ilustración 16:Gilberto Cortissoz

Fuente: [Link]

Allí contrae matrimonio Jacob con su prima Julia Álvarez-Correa Pinto en 1874. A
Manuel Cortissoz es posible ubicarlo en Bucaramanga por tarde en 1877, justo al
inicio del último de los ciclos quineros, en sociedad con Miguel Díaz Granados,
vástago de una notable familia costeña y acucioso negociante.568 A su llegada a
Bucaramanga, Cortissoz tenía una hija: María Alina (n1872) y al poco tiempo
nacerían Esther (n.1878) y Victoria (1880). Las tres fueron bautizadas el 16 de
marzo de 1883, como parte de la decisión de su padre de integrarse en la sociedad
local (aunque él jamás se bautizó, y a su muerte fue enterrado en el cementerio
particular, junto a los alemanes de fe protestante) y sus padrinos fueron
personalidades, como Domnino Castro (padrino de María Alina) el hijo del general
Leonardo Canal, Carlos (padrino de Victoria) y José Joaquín García (padrino de
Esther). Otra hija, Julia, nacida en 1883, fue bautizada en diciembre de ese año,
con Trinidad Parra de Orozco como su madrina. Posteriormente nacerían Gilberto,
Saul y Manuel.

567 SOURDÍS, Adelaida. Los judíos sefardíes en Barranquilla El caso de Jacob y Ernesto Cortissoz.
Barranquilla: Universidad Jorge Tadeo Lozano, 1999. P. 6-7.
568 GONZÁLEZ de Cala, Marina. Óp. Cit., pp. 33.

205
La escritura de constitución de la sociedad comercial “Manuel Cortissoz y Cía.”
databa del 12 de diciembre de 1877, y había sido registrada por el notario ante los
testigos Phillip Hakspiel y Vicente Pinto.569 Suscribieron la escritura Cortissoz y
Arthur Akerman, ambos declarando ser vecinos de Barranquilla y el último como
apoderado del socio capitalista Abraham Wolff de Jessurum Pinto.570 Aunque
Cortissoz administraría la sociedad desde Bucaramanga, Wolff se reservaba el
derecho de examinar los libros y de intervenir en la dirección de la compañía.571

Para el año en que inició la guerra en Santander, es decir 1884, los negocios de
Cortissoz ofrecían una solidez envidiable. En 1881 había sido el segundo exportador
de quinas más importante, por detrás de José María Valenzuela y sus asociados,
Muller y Schrader.572 El expediente de sus reclamaciones muestra que aparte de la
quina se dedicaba a otros lucrativos negocios, como el expendio de sal en el
departamento de Soto. El 25 de septiembre de 1884 introdujo 234 cargas de sal por
el puerto de Botijas, para ser consignadas a diversos clientes. La sal era de las
salinas marítimas de la Costa,573 y había sido vendida a Wolff por el gerente de las
salinas del Magdalena, Ramon Jimeno Collante574 (posteriormente general
revolucionario de la Costa). De esas cargas, 35 fueron tomadas por el jefe
departamental revolucionario, Azuero.

La reclamación de las cargas de sal marina por lo tanto abría el expediente. Manuel
Cortissoz solicitaba el 13 de julio de 1887 (es decir, de manera extemporal) que se
indagara a Jacobo Álvarez, Pablo Mendieta y Liberato Martínez (los dos últimos
resultaban ser arrieros que trabajaban para Cortissoz conduciendo la sal desde
Botijas a Bucaramanga) acerca de la veracidad de la expropiación de las citadas
cargas de sal, ordenada por Azuero y ejecutada por el general Domnino Castro. Sin
embargo, este reclamo fue declarado improcedente unos días después, porque la

569 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.3.


570 Abraham Wolff es a su vez primo materno de Cortissoz.
571 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.7.
572 LADRÓN De Guevara. Óp. Cit., pp.161.
573 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.2.
574 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.61.

206
sociedad “Manuel Cortissoz y Cía” presentaba defectos en su constitución, a la luz
del código de Comercio. Cortissoz allegó copia de las escrituras de constitución de
la sociedad, aclarando su naturaleza comanditaria. El hecho de que Cortissoz
recurriera a un juez hace pensar que estaba reclamando por la vía judicial y no por
la administrativa, usual en las otras reclamaciones.

Cuando finalmente pudo hacerse el interrogatorio, los testigos confirmaron lo


declarado por Cortissoz.575 Se detallaba además que la sal había sido rematada en
Bucaramanga por Celestino Collazos, secretario de Domnino Castro. Salvador
Delgado, quien fuera almacenista del puerto de Botijas, corroboraba esta versión.576
Los jueces desconfiaban del testimonio de los arrieros de Cortissoz, pidiendo a otros
testigos (Francisco Velázquez padre y Segundo Herrera) que certificaran la
honorabilidad de esos testigos.577 Posteriormente Cortissoz informó que el total de
sal expropiada por los rebeldes, tanto en el puerto de Botijas como en su almacén
de Bucaramanga, ascendía a las 234 cargas de sal, a razón de 30 pesos cada una,
para un total de 70290 pesos.578 Sobre el particular, Cortissoz inclusive realizó una
declaración juramentada, incorporada al acervo probatorio.

Entre los documentos que componían tal acervo también se encontraba un


detallado recibo expedido por el jefe de estado mayor de los ejércitos
revolucionarios, el general Domnino Castro, donde consignaba cada una de las
expropiaciones. Subrayaba que los coroneles José María Phillips y Marco Aurelio
Wilches también habían participado en las expropiaciones, así como el general
Daniel Hernández, que era quien había requisado la mayoría: 1570 cargas de sal.
En septiembre de 1887, Cortissoz decidió promover también su caso ante el
Ministerio de Relaciones Exteriores, apoderando al abogado Francisco Groot. Como
testigos de este acto concurrieron ante el notario César Lulle y José Joaquín

575 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.15.


576 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.20.
577 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.28.
578 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.35.

207
Llach.579 Sin embargo, la acción de Cortissoz fue tardía, y era previsible que se
rechazara su reclamo, en virtud de la legislación vigente. La neutralidad de Wolff fue
certificada por el prefecto de la provincia de Barranquilla, Pedro Carbonell.580 Lo
mismo conceptuaba el gobernador de Bolívar, Henrique Román, cuñado del
presidente Rafael Núñez.581 Cortissoz entre tanto conseguía que se llamara a
declarar a Domnino Castro, que aparte de ser quien expidió el recibo era uno de los
últimos supervivientes de la causa revolucionaria en Santander, teniendo en cuenta
la muerte de la mayoría de su oficialidad en la batalla de la Humareda.

En su declaración Domnino Castro manifestaba no tener generales con Cortissoz.


Sin embargo, si era cercano a él: era el padrino de la mayor de sus hijas. Las
autoridades parecían no estar al tanto del compadrazgo entre Cortissoz y Castro, o
prefirieron ignorarlo. Lo cierto es que Castro declaró que sí se trataba de su firma y
que el contenido del recibo era auténtico. También tuvo que certificar el precio de la
sal, para efectos de la liquidación.582 Posteriormente, sucedió un hecho del todo
insólito: el 7 de septiembre de 1887 el gobierno nacional le otorgó una letra a
Cortissoz por 60000 pesos, para hacerse efectiva el 2 de abril de 1889, por concepto
de expropiaciones durante la última guerra.583 La respuesta al trato preferencial que
daba el gobierno a Cortissoz se encontraba en una de las declaraciones de Castro.
Este afirmaba que, a la llegada de los revolucionarios a Bucaramanga, se les dijo:

que el señor Manuel Cortissoz había salido de esta plaza acompañando a la fuerza del
gobierno de Santander, el día del combate en Zapamanga, librado entre esas fuerzas
que comandaba el señor Juan Manuel Dávila y las revolucionarias, combate que, dijeron
algunas personas, había presenciado dicho Cortissoz desde un punto distante, y esto y
el ser amigo decidido del citado gobierno produjo precauciones contra él y se le
consideraba enemigo de la causa revolucionaria, y como además estaba interesado en
la conservación del referido gobierno por un contrato importante que había celebrado
con él para la construcción de un trayecto del ferrocarril de Soto, creímos los jefes de la
revolución que si se le dejaban los recursos de la sal Cortissoz los pondría a disposición
del Gobierno.584

579 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.43.


580 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.49.
581 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.50.
582 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.64.
583 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.54.
584 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.67.

208
Por lo tanto, en una conducta que recordaba a la de Cerruti, Cortissoz parecía estar
dispuesto a intervenir en la guerra a favor de quienes identificaba como sus aliados:
el gobierno nacional y el gobierno estatal de Santander. Incluso estuvo dispuesto a
acompañar a la fuerza armada hasta el lugar de la batalla, ligando su suerte a la del
gobierno establecido y sufriendo en consecuencia la furia de los vencedores,
quienes le realizaron la mayor de las incautaciones realizadas en Bucaramanga
durante el breve lapso que ocuparon dicha plaza. Otras cargas de sal que se
encontraban en las bodegas no fueron tomadas: tal fue el caso de la sal que
pertenecía a Alberto Fritsch.585

Ilustración 17:La extraña letra expedida por el gobierno nacional a favor de Cortissoz.

Fuente: Fotografía tomada al documento original

585 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.86.

209
Motivado por el fiscal, Juan Mantilla, a ampliar sus impresiones sobre la relación
entre Cortissoz y el Gobierno, Castro señalaba que tenía convencimiento de la
participación de Cortissoz en el bando del gobierno a partir “de sus relaciones con
los señores Juan Manuel Dávila586 y Luis Reyes, jefe del departamento extinguido
de Soto antes de la revolución, y otros sostenedores del Gobierno.”587 Y a
continuación mencionaba hechos de suma gravedad, que terminaban de
caracterizar a Cortissoz como estrecho aliado del gobierno:

Se dijo entonces, pero no recuerdo si antes de estallar la revolución o después de


restablecido el orden, que el señor Manuel Cortissoz le había vendido unas armas de
fuego al gobierno de Santander presidido por el señor general Solón Wilches, y respecto
de la venta me inclino a creer que tuvo lugar, si la hubo realmente, en el mismo año de
mil ochocientos ochenta y cuatro, sobre lo cual tal vez pueda declarar el señor general
Dávila.588

Ilustración 18: General Juan Manuel Dávila Pumarejo

Fuente: [Link]

586 Nacido en Santa Marta el 23 de junio de 1857, Juan Manuel Dávila era hijo de Manuel Dávila,
notable político samario e Isabel Pumarejo (Santamarta, parroquia de El Sagrario, bautismos 1835-
1871, f.17). Se estableció en Bucaramanga durante los años de la bonanza de la quina. Allí contrajo
nupcias con Josefina Ordoñez Reyes (Bucaramanga, parroquia de San Laureano, bautismos 1885-
1887, f.125), hija del poderoso comerciante Francisco Ordoñez, que Solón Wilches intentó poner
como presidente del estado en 1884 y además tenía a otra de sus hijas casada con el alemán Paul
Polko. Juan Manuel Dávila era por derecho propio una personalidad dentro del partido conservador.
Su hija Beatriz se casaría con Jaime Holguín Caro, hijo del presidente Carlos Holguín y sobrino del
presidente Miguel Antonio Caro.
587 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.67.
588 Ibid.

210
Este hecho sin lugar a duda le hubiera reservado a Cortissoz un trato análogo al
que la Regeneración dio a Cerruti, si hubieran ganado los revolucionarios. El caso
de Cortissoz probablemente sea una de las más evidentes muestras del proceder
sesgado y partidista del gobierno a la hora de tramitar las reclamaciones. Y
evidencia también que, de fondo, el “espíritu de partido” termina permeando también
a los ciudadanos extranjeros, quienes están dispuestos a correr con muchos riesgos
con tal de que la facción que apoyan gane el poder, y sostenga sus privilegios.
Cortissoz sabía muy bien ello, y por eso se aprestó a intentar sacar la sal de su
almacén luego de la derrota de Zapamanga, siendo sorprendido su peón Jacobo
Álvarez en el acto por el coronel Pedro Parra.589 La declaración de otro testigo,
Jacobo Álvarez, uno de los peones de Cortissoz, ampliaba este escandaloso hecho:

cómo un mes antes de las elecciones que en el año de mil ochocientos ochenta y cuatro
tuvieron lugar en Santander para presidente del Estado, el señor Manuel Cortissoz dio
orden al mayordomo de la hacienda “La Paz” de entregar al señor José Domingo Reyes,
jefe en esa época del departamento de Soto, unos rémingtons y unas escopetas, cuyo
número no recuerdo. Estos hechos me constan a mí por haberlos presenciado, y creo
que tales armas fueron vendidas por el señor Cortissoz al gobierno de Santander,
porque este señor me dijo después de la revolución que estaba cobrando el precio de
ellas.590

Todo parecía indicar que la supuesta venta ocurrió bajo la mesa. La actitud de
Cortissoz, persuadiendo a sus peones para prestar servicios al gobierno e
interviniendo en los debates electorales ya había sido condenada como impropia en
Cerruti, pero en Cortissoz no sólo no era reprobada, sino que inclusive era
premiada. El gobierno contradecía los aspectos de la ley que había dictado en 1886,
al reconocerle a Cortissoz expropiaciones realizadas por los rebeldes, a partir de un
reclamo hecho a destiempo e ignorando las pruebas de su participación en política.

Otro testigo, Tomás Arango, secundaba lo dicho por Domnino y el peón de


Cortissoz.591 Otro testigo, Luis Reyes, subrayó que Cortissoz participaba directa e
indirectamente en favor del gobierno y en contra de la revolución,592 oyéndosele en

589 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.88.


590 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.75.
591 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.78.
592 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.80.

211
varias ocasiones conversar de política. Estas diligencias se practicaron en
Bucaramanga a partir de septiembre de 1888 y se extendieron hasta enero de 1889.
Al parecer, aún se desconocía que el gobierno nacional, sin practicar las
indagaciones de rigor, ya había asignado a Cortissoz 60000 pesos, prácticamente
desde el inicio del proceso. Así que pese a lo que afirmaran los testigos y lo que
conceptuaran las autoridades de Santander, ya estaba decidido el resultado de la
reclamación. En atención a las pruebas recabadas en Bucaramanga, el juez
segundo del circuito de Bogotá, Pedro Molino, falló que la Nación debía pagar a
Cerruti los 70290 que reclamada.593 El 30 de marzo de 1889 el gobierno expidió la
resolución formal que declaraba fundada la pretensión de Cortissoz, pero tras un
acuerdo con este último la cifra quedaba en 60000 mil pesos.594 Sin embargo, la
letra que establecía esta cantidad existía desde poco más de un año atrás, como
queda demostrado en la evidencia documental.

Durante aquella guerra, otro negociante extranjero que prestó delicados servicios al
gobierno fue el italiano Juan Bautista Mainero, establecido en Cartagena. De hecho,
su reclamación era precisamente relativa a su decidida colaboración prestada las
fuerzas de la Regeneración durante el sitio de Cartagena. Mainero contrató a su
costa una goleta llamada Minnia que debía ir por provisiones a Jamaica,
encomendada al ciudadano inglés George Baxter.595 La goleta fue expropiada en
confusas circunstancias por los rebeldes e incendiada. Sus testigos eran: Bartolomé
Martínez Bossio, Manuel H. Gómez y Antonio Román, cuñado del presidente Rafael
Núñez. El gobierno al parecer ofrecía reintegrar los gastos una vez se ganara la
guerra. La ineptitud del comandante de la plaza impidió que se desembarcaran los
valiosos suministros, y Mainero tuvo que disponer que volviera a hacerse a la mar,
para tratar de alcanzar el puerto de Colón. No obstante, el buque fue apresado en

593 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.101.


594 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.103.
595 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.23.

212
alta mar por goletas rebeldes, y remolcado hasta la bahía de Cartagena, lugar donde
los sitiadores descargaron.596 Baxter fue tomado prisionero y el buque fue destruido.

Ilustración 19: Juan B. Mainero Trucco

Tomado de [Link]

Mainero tuvo a su vez que acreditar su neutralidad durante la contienda bé[Link]


ello, presentó como testigos a Juan N. Pombo, Antonio del Real, Miguel Araujo y
Benjamín Baena. En ese documento, Mainero dejaba constancia de que nunca se
había inmiscuido en política, y en caso de conflicto siempre había puesto fortuna y
propiedades al servicio del legítimo gobierno.597 Esta declaración confirma que al
hablar de “neutralidad” se entiende más que nada no tomar las armas contra el
gobierno, más que excluirse de facto de cualquier conflicto político. Mainero
acreditaba su neutralidad el 22 de septiembre de 1885, cuando aún persistían focos
rebeldes en Santander, pero en la mayor parte del país la rebelión estaba derrotada.
Los testigos confirmaban lo expuesto por Mainero. Juan N. Pombo afirmaba que “el
señor Mainero T. ha respetado y obedecido siempre a las auto ridades
constituidas.”598 Miguel Araujo afirmaba que Mainero “quiere conservar su fuero de
extranjero” y a la vez alababa los servicios que había prestado al “gobierno

596 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.24.


597 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.32.
598 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.33.

213
constituido.”599 Benjamín Baena señalaba que “jamás ha tomado parte de la política
del país”, y señalando que “ha servido a los intereses del país cuando ha tocado.”600
De ahí se desprende que la intervención de Mainero en la guerra de 1885 no se
consideraba participación en política, sino una suerte de asunto de Estado. Según
los testimonios, Mainero había prestado un servicio a la Nación, y ello no era
participación en política. Poco importaba que Colombia estuviera dirigida por una
de las facciones en pugna: la doctrina oficial insistía en un levantamiento rebelde
contra el Gobierno Nacional. Aunque lo cierto es que los términos “rebelión” y
“guerra civil” aparecen entremezclados, y no parecen entregar un matiz distintivo.
Tarea que sin duda alguna ahondará alguna otra investigación.

Mainero tenía poderosos aliados en el bando vencedor que intervenían en el trámite


de su reclamación. A su pedido, el jefe civil y militar del Estado de Bolívar, José
Manuel Goenaga, certificaba el 2 de marzo de 1886 la veracidad de las
declaraciones de Baxter y los testigos, haciendo él mismo también un recuento
pormenorizado de los hechos que había presenciado, pues durante el asedio había
oficiado de secretario general del gobierno del Estado, permaneciendo en
Cartagena hasta el final del sitio.601 Goenaga relataba que en efecto Mainero
demostró particular interés en lograr desembarcar la carga del buque “Minnia” e
inclusive logró recibir correspondencia. Pero el comandante de la plaza, general
Francisco Palacios, no quiso facilitarle algunos hombres para realizar la descarga
porque no lo consideró prudente. Decía que Mainero lideró por lo menos dos
tentativas para desembarcar la carga, pero la embarcación se vio obligada a
abandonar Cartagena el 29 de abril de 1885, dos días después de su llegada.

Mainero también logró que convocaran al despacho del juez a Martínez Bossio,
Manuel H. Gomez y Antonio Román, llamados a confirmar que el presidente de la

599 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.34.


600 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.35.
601 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.37.

214
República, Núñez, tomó interés en el asunto, enviando comunicaciones donde
solicitaba que se realizara el abastecimiento de la ciudad bajo la promesa de que el
Gobierno cubriría el importe.602 Martínez Bossio confirmó que se encontraba en
Jamaica cuando llegaron dos telegramas enviados por el presidente solicitando el
abasto de Cartagena y dando su palabra de honor de que tal servicio sería pagado
por el Gobierno. Aseveraba esto porque, aunque los documentos habían sido
destruidos junto con el buque, le constaba.603 Gómez daba más detalles, señalando
que el propio Mainero estuvo presente en Jamaica comprando mercancías para el
buque, que salió completamente cargado.604 También había visto los telegramas, y
señalaba los sacrificios de Mainero para cumplir con la autoimpuesta obligación,
que incluyeron pagar una cuantiosa fianza cuando llegó a Jamaica la noticia de la
captura del buque, so pena de desencadenarse un incidente diplomático.
El cuñado del presidente, y hermano del gobernador de Bolívar, Antonio Román,
declaró el 12 de marzo de 1886 que era cierta la historia de los telegramas enviados
por el presidente, que ayudó a surtir la goleta junto con Bartolomé Martínez Bossio
y que estaba seguro de que los recibos que según Baxter se habían extraviado eran
auténticos, porque era de público conocimiento el celo de este último y Mainero para
cumplir su cometido.605 Recopiladas estas declaraciones, pasó a acreditar testigos
sobre el estado en que había quedado la goleta luego de que los rebeldes la
tomaron. Decía Mainero que después de sacar toda la carga, le prendieron fuego,
y a fin de certificar ello citaba a Santiago Torres y Antonio Atencia.606 Ambos
respaldaron lo dicho por Mainero.

Las indagaciones terminaron el día 30 de marzo de 1886, sin embargo, fue preciso
esperar hasta el 20 de agosto de 1886 para la admisión de los reclamos de Mainero,
por la vía administrativa en el ministerio de Relaciones Exteriores.607 Los conflictos

602 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.41.


603 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.42.
604 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.43.
605 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.47.
606 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.52.
607 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.58.

215
entre Colombia y el Reino de Italia, por cuenta de la “Cuestión Cerruti”, habían
entorpecido el normal trámite de los reclamos. Para esta ocasión, el apoderado de
Mainero, Francisco Groot, adjuntaba documentos relativos a otras expropiaciones
hechas al negociante italiano. Las fuerzas de Gaitán Obeso, por ejemplo, habían
tomado semovientes y elementos de la Hacienda Buenavista, de la cual Mainero
era propietario. Esta expropiación ascendía a 11880 pesos. Se enviaban además al
Ministerio declaraciones de testigos, 4 para acreditar la posesión de los bienes
reclamados y 4 para acreditar neutralidad. También eran remitidos los papeles
relativos a la reclamación de la goleta Minnia. Groot, en su memorial, narraba un
poco las vicisitudes experimentadas por esta goleta, y contaba con que la palabra
del presidente fuera suficiente para aclarar el asunto.608

Como cuando se presentó el reclamo de Mainero ya había sido constituido el laudo


arbitral español y las relaciones entre Colombia e Italia estaban rotas, hubo de
ampararse bajo dicho laudo. Sus reclamaciones se hallaban entonces expectantes
del acuerdo que alcanzaran ambos países, de acuerdo con lo que estableciera en
su arbitraje el Rey de España.609 El memorial de Groot terminaba recordando al
Gobierno que bien podía evitarse la “vía diplomática”, con lo cual parecía barajar la
posibilidad de que el asunto fuera resuelto sin la necesidad de aplicar el laudo. Las
autoridades del departamento de Bolívar continuaron cooperando con Mainero para
la satisfacción de sus reclamos. En diciembre de 1886, Goenaga, gobernador del
departamento de Bolívar, volvió a certificar su neutralidad.610
La nacionalidad italiana de Mainero fue certificada por el cónsul italiano en
Barranquilla en 1887. Esta era una práctica común. En el caso de los alemanes del
comercio de Bucaramanga, el cónsul alemán en aquella ciudad, Paul Lorent, hubo
de certificar la nacionalidad de varios de sus compatriotas. Posteriormente el
ministro residente de Italia en Colombia, el conde Gaspare Gloria, también certificó

608 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.62.


609 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.63.
610 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.65.

216
la nacionalidad de Mainero el 21 de marzo de 1887.611 Cumplido este acto, el
ministerio de Relaciones Exteriores dio su fallo el 21 de abril. Encontró “difícil de
admitir” la reclamación por la Hacienda Buenavista, criticando que los testigos de
esa reclamación eran simples peones de la hacienda, y que en la práctica lo ocurrido
en Buenavista no era una expropiación, sino un saqueo perpetrado por las huestes
de Gaitán Obeso. Por ello, no reconocía los 11880 solicitados por Mainero, que ni
siquiera había tenido el cuidado de hacer avaluar por peritos los bienes
presuntamente expropiados, y fijaba el precio de estos de acuerdo con su arbitrio.612
La otra reclamación, relativa a la goleta Minnia, era merecedora de otra suerte. La
palabra del presidente estaba empeñada, y se daba completo crédito a la historia
expuesta por Mainero.613 Declarando que este último había tenido un “extraordinario
interés” en lograr descargar la carga. Se aclaraba que en efecto existía el
cablegrama dirigido por Núñez a su cuñado, Antonio Román, ofreciendo responder
oficialmente por las provisiones. La reclamación de la goleta fue hallada fundada y
se pagaron los 8470 pesos que Mainero pedía, 2600 por la goleta y el resto por su
carga.614 El descuido del propio Mainero, quizás por exceso de confianza, a la hora
de interponer la reclamación relativa a la Hacienda Buenavista determinó el impago
de las cantidades solicitadas. Toda vez que el expediente tenía defectos tan notorios
que su desestimación era lo más plausible. Las diligencias relacionadas con esta
reclamación habían sido conducidas por Leonor Bossio de Mainero, ante la
ausencia de su esposo,615 sin intervención de algún abogado o perito. La lista de
bienes reclamados incluía objetos de la propiedad del mayordomo de la hacienda,
lo cual era un defecto imperdonable.616 Sin embargo, existían también
inconsistencias en la postura del gobierno, que ya se había valido de testimonios de
peones para condenar a Cerruti y absolver a Cortissoz. Lo cual permite concluir que,
si bien Mainero participa en la guerra a favor del gobierno, su relación con dicho

611 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.68.


612 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.75.
613 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.77.
614 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.78.
615 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.80.
616 AGN, AO, MRE, Tr7, caja75, car248, f.83.

217
gobierno nacional no es del todo cercana, pues el citado gobierno no llega al punto
de saltarse las irregularidades como en el caso de Cortissoz.

Ilustración 20: El cónsul italiano en Barranquilla, Juan Armella, certifica la nacionalidad


italiana de “Giovanni Batista Mainero."

Fuente: fotografía tomada al original

218
5. CONCLUSIONES.

El tópico de los negociantes extranjeros establecidos en Colombia no ha sido


abordado de manera sistemática en la historiografía colombiana. La literatura sobre
la temática se limita a destacar su presencia o realizar un relato que les asume como
individuos desligados de la sociedad. Abordando a los extranjeros como auténticos
actores sociales, e indagando sobre su vida asociativa, salen a la luz algunos rasgos
sobre el tópico en cuestión, que requieren ser destacados.

En primer lugar, se evidencia la existencia de por lo menos tres momentos de la


emigración de extranjeros durante la experiencia federal. Tres momentos asociados
a los ciclos productivos del tabaco y la quina, y vinculados también a cambios
políticos y sociales. Con el objetivo de resumir este planteamiento, se presenta el
siguiente gráfico:

1a oleada 2a oleada 3a oleada


(1855-1863) (1863-1875) (1875-1882)

•tabaco •Quinas (I) • Quinas (II)


•Surge el régimen • Constitución de •Gana fuerza la
federal Rionegro. Olimpo facción
Radical independiente

En realidad, el auge de las plantaciones de tabaco había iniciado antes, en concreto


en 1849, gracias a las políticas impulsadas por Florentino González, que buscó la
extinción del estanco. Los primeros migrantes llegados tras la implantación del
régimen federal alcanzaron a especular con este producto. Los procesos de
federalización alcanzan su cenit tras la firma de la constitución de Rionegro. Se abre
todo un abanico de oportunidades: la especulación inmobiliaria, debido a que
ingresaron los bienes desamortizados al mercado, la concesión de baldíos, debido

219
a las políticas de fomento impulsadas a partir de la presidencia de Murillo Toro y el
auge de las quinas, producto que entregó varios años de utilidad y permitió cierta
recuperación económica luego de la desastrosa “Guerra de las Soberanías”,
especialmente durante los años 1870-1875. Una caída en los precios de la quina
coincidiría desafortunadamente con la guerra de 1876, y el país quedaría en un
estado de postración, con una recuperación relativa a inicios de la década del 80,
debida a la última (y breve) bonanza de la quina.

En segundo lugar, es evidente que un número importante de los negociantes


extranjeros estaba interesado en tender lazos con las comunidades locales, por el
cálculo de los beneficios que podrían obtener, pero también porque los humanos
son sociales por naturaleza. Las formas de la sociabilidad continúan siendo las
mismas que durante la dominación hispánica, principalmente el matrimonio y el
compadrazgo. Algunas otras como las logias, los clubes y las tabernas eran aún
muy incipientes. Las sociedades democráticas, por ser asociaciones netamente
políticas, no parecen haber sido frecuentadas por estos migrantes. Sobre las
razones tras estos lazos, se intuyen dos posibles visiones que se complementan,
descritas a continuación:

LOCAL EXTRANJEROS
- Conexiones con el -Conexiones con la
poder economía
transnacional
-Conocimiento del - Conocimiento del
mercado interno mercado
internacional

220
Funcionaría como una suerte de simbiosis: El extranjero no conocía el mercado
interno y carecía de las conexiones necesarias para trazar los acuerdos que le
permitan desarrollar sus actividades. Esto se hacía sumamente necesario porque,
al carecer Colombia de la infraestructura requerida para realizar eficientemente
negocios en el sistema-mundo, los negociantes extranjeros deben procurar que se
ejecuten tales obras: en varios casos llegan a hacerlo por su cuenta, tras negociar
con los poderes. Y el actor local con el que trababan relación era casi siempre un
potentado, de la élite. Muchas veces era el dueño de una fortuna forjada durante el
régimen español, pero carecía de la experticia requerida para dar el salto hacia una
economía de sistema-mundo, trasnacional. El inmigrante extranjero podía resolver
ese punto. Se conformaba un estrecho vínculo en el cual ambas partes salían
beneficiadas. La importancia de los clanes familiares no está en discusión, y es claro
que el éxito de muchos de los negociantes está directamente relacionado con sus
vínculos con dichos clanes.

En tercer lugar, existe una especie de “tipo” al que responde un número importante
de migrantes, con varios rasgos destacables. Como, por ejemplo, la corta edad de
los recién llegados, que mayoritariamente se ubicaban en la franja de los 17 a los
24, y el hecho de que las diligencias de expropiación concluyeron que muchos de
ellos habían llegado sin ningún capital, llevan a pensar en una fuerte presencia de
capitales locales en estos negocios, que se verían apalancados por los recién
llegados y su “don de mundo”. Los casos de Paul Polko y Cesar Lulle son muy
ilustrativos al respecto. Llegados ambos sobre los 20 años, sin grandes capitales y
con muchas expectativas. Casados menos de tres años después de su llegada con
las hijas de poderosos negociantes locales: Polko con la hija de Francisco Ordóñez
y Lulle con la hija de Trinidad Parra de Orozco. Posteriormente, prosperan y
encabezan sociedades comerciales, detrás de las cuales probablemente estaba la
fortuna de su familia política. Cerruti, famoso negociante italiano, también parece
ser uno de estos casos: llegó a territorio colombiano en 1869 y dos años después
iniciaba el proceso de compra de todos los activos de su patrón, el italiano Sebastián

221
Tassara. Conviene preguntarse si hubo capitales nacionales que apalancaran estos
movimientos, actuando Cerruti como auténtico representante de fortunas de origen
local. Posiblemente, la familia Mosquera, a la cual se unió Cerruti en matrimonio
(por casarse con una nieta del “Gran General”) estuviera involucrada en el repentino
flujo de capital que permitió a Cerruti iniciar su negocio.

Por último, se podría considerar que este trabajo proveyó insumos para el debate
de viejos temas de la historia de Colombia. La tesis de la Regeneración como una
suerte de “escoba de Hércules”, que barre desde los cimientos todo vestigio de
federalismo, si bien debe ser matizada es hasta cierto punto corroborada. No sólo
por el rediseño del aparato legal y estatal, sino por su interés de desbancar las
oligarquías regionales, especialmente las ligadas al círculo radical. Quizás haya que
concluir que la centralización del gasto público es una de las mayores apuestas de
la Regeneración, muy reacia a validar los contratos y privilegios pactados por las
entidades federales, tal y como ocurrió en el caso de Lengerke contra Cortissoz.

La tesis del siglo XIX como un siglo plagado de guerras civiles debe circunscribirse
en un marco más amplio: el del “espíritu de partido”, que permitiría darle al problema
una mirada de largo aliento, que se extendería por lo menos hasta el Frente
Nacional. La necesidad de hacer una política contra el otro es una temática que
parece permear gran parte del devenir de Colombia, y durante el periodo federal fue
más que evidente. La Regeneración inclusive puede ser interpretada como una
revancha de 1863, y Bern Marquardt está en lo cierto cuando subraya el interés de
esta última por “volver al pasado”. Hasta el momento, sólo Helen Delpar ha
postulado con claridad la tesis del “espíritu de partido”. Este trabajo en parte aporta
algunos insumos para este debate.

Por sus características, este trabajo también se refirió al caso Cerruti, que ha
suscitado tratados de derecho internacional, monografías y un enorme interés en
ciertos círculos. Respecto a ello, también surgieron algunas conclusiones. En primer
lugar, al compararlo con el caso de Manuel Cortissoz, se percibe que la presunta
animadversión de las autoridades caucanas, encabezadas por el general Payán, es

222
un hecho verificable, reforzándose la tesis de la relevancia del vínculo entre élites y
negociantes en toda suerte de intereses económicos y políticos. La
“nacionalización” de las propiedades de Cerruti fue un asunto afortunado para
socios y acreedores, pues dicha casa comercial se encontraba en crisis y con
numerosas deudas. Con la nacionalización, los socios se libraban del pago de sus
deudas y los acreedores obtenían una mejor garantía de pago. No medió la razón
de Estado a la hora de expropiar a Cerruti, sino el deseo de Payán de arruinar para
siempre a una facción que se le había vuelto adversa, representada por los
generales Cárdenas y Hurtado.

Esta conclusión, válida para el caso Cerruti puede extenderse a otras


reclamaciones, como la de Lorent y Keller. Si bien Lorent y Keller no acabaron
presos, y recibieron una suma considerable, esta no llegaba ni a la mitad de los
presuntos perjuicios ocasionados. El gobierno no veía bien su relación con varios
integrantes de la sociedad bumanguesa, entre los cuales estaban radicales activos
como Tobías Valenzuela. Al parecer fueron fuerzas del Gobierno las que atacaron
a Lorent cerca de Guadalupe. Este hecho contrasta con la orden de no afectar ni la
persona ni los intereses de Lengerke, impartida con ocasión de la guerra de 1877.
Los gobiernos (esto vale para los estatales y el nacional) procedían de acuerdo a
sus alianzas, favoreciendo a quienes se consideraban cercanos y perjudicando a
quienes no tenían estrechas relaciones con el Gobierno. Inclusive en las
reclamaciones, que parecen estar rodeadas de un marco legal, se procedía de
acuerdo a la lógica de las alianzas.

Por lo tanto, quizás la última de las conclusiones se relaciona con un Estado débil,
manejado al dedillo por influyentes líderes políticos que calzan la ley a su beneficio,
y manejan lo público como una extensión de su esfera personal. En un panorama
tan desalentador, los extranjeros se adaptaron, comprendieron dicha lógica e
incursionaron en diversos negocios con mayor o menor fortuna. Aprendieron las
estrategias requeridas para hacer perdurar su legado, ocupando un lugar en la
memoria colectiva de un país demasiado acostumbrado al olvido.

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