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Escuela de Historia
Bucaramanga
2020.
EXPROPIACIONES Y RECLAMACIONES: Negociantes extranjeros y política
durante el ascenso de “La Regeneración” en Colombia (1878-1894)
Escuela de Historia
Bucaramanga
2020.
2
AGRADECIMIENTOS
Debo agradecer, en primer lugar, a mis padres pues gracias a ellos he cosechado
un logro más en mi vida académica. En segundo lugar, a Doña Martha y Don Jorge,
auténticos segundos padres en la ciudad de Bogotá, durante todo el desarrollo de
esta investigación. En tercero a Francy y Eliseo, que ejercieron de correctores de
estilo y ayudaron a pulir esta monografía.
3
TABLA DE CONTENIDO.
INTRODUCCIÓN ................................................................................................... 10
1. EL FENÓMENO DE LA INMIGRACIÓN EN COLOMBIA: (1853-1894) .......... 40
1.1PRESENCIA EXTRANJERA EN COLOMBIA DURANTE LA SEGUNDA MITAD
DEL SIGLO XIX: ASPECTOS FUNDAMENTALES. .............................................. 45
1.2PRESENCIA ALEMANA EN BUCARAMANGA Y LA PROVINCIA DE SOTO.
............................................................................................................................... 52
1.3PRESENCIA EXTRANJERA EN OTROS LUGARES DEL TERRITORIO
NACIONAL............................................................................................................. 63
2. EL CLIMA DE NEGOCIOS PARA LOS EXTRANJEROS DURANTE LAS
GUERRAS CIVILES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX. ......................... 74
2.1 PANORAMA DESALENTADOR U OPORTUNIDAD: CONDICIONES
MATERIALES PARA LOS NEGOCIOS DE EXTRANJEROS. ............................... 78
2.2. EL “ESPÍRITU DE PARTIDO” COMO CONTEXTO DE LA INMIGRACIÓN. .. 88
2.3. LA GUERRA DE 1885 Y EL TRIUNFO DE LA REGENERACIÓN: NUEVAS
REGLAS DE JUEGO PARA LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS. ................. 105
3. LA VIDA ASOCIATIVA DE LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y SU
INSERCIÓN EN LAS SOCIEDADES LOCALES. ................................................ 117
3.1 NEGOCIANTES ALEMANES Y SUS VÍNCULOS CON LA SOCIEDAD
BUMANGUESA. .................................................................................................. 121
3.2 NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y SUS VÍNCULOS CON SOCIEDADES
LOCALES EN OTROS LUGARES DEL TERRITORIO NACIONAL. ................... 143
4. LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y LAS PRESUNTAS VIOLACIONES A
LA NEUTRALIDAD DURANTE LA GUERRA DE 1885: EXPROPIACIONES Y
RECLAMACIONES. ............................................................................................. 157
4.1 LORENT, KELLER Y CO, DEL COMERCIO DE BUCARAMANGA. ............. 161
4.2. CÉSAR LULLE, PHILIP HAKSPIEL Y MINLOS & BREUER, DEL COMERCIO
DE BUCARAMANGA. .......................................................................................... 170
4.3. ERNESTO CERRUTI Y CO, DEL COMERCIO DE CALI.............................. 182
4.4. GIUSEPPE VALLE BIGLIA, DEL COMERCIO DE CALI. ............................. 200
4.5 ¿“AMIGOS” DEL GOBIERNO NACIONAL? LOS CASOS DE MANUEL
CORTISSOZ Y JUAN B. MAINERO .................................................................... 204
4
5. CONCLUSIONES. ........................................................................................... 219
BIBLIOGRAFIA .................................................................................................... 224
5
LISTA DE CUADROS.
Cuadro 1. Aplicación práctica de los tres niveles de sociabilidad definidos por Loaiza
Cano. ..................................................................................................................... 32
Cuadro 2. Relación de alemanes avecindados en Bucaramanga, con su respectiva
compañía comercial…………………………………………………………………...…56
6
LISTA DE ILUSTRACIONES.
7
RESUMEN
La monografía tiene por objeto indagar acerca del rol de los negociantes de origen
extranjero en las luchas políticas de la convulsa etapa final de los “Estados Unidos
de Colombia” y la emergencia del régimen Regenerador (1878-1894), con especial
énfasis en la guerra civil de 1884 y las afectaciones que generó en capitales
extranjeros desde el punto de vista político. Teniendo en cuenta que, si bien
disposiciones normativas prohibían la participación de extranjeros en política, es
ingenuo concebirlos como individuos desligados de su contexto. Ello obliga a
reconstruir la vida asociativa de los migrantes y su relación con las élites locales,
así como el vaivén de las luchas políticas para observar a tales negociantes
inmersos en el contexto de su época. Con el fin de realizar tales objetivos, se realizó
la identificación de los actores, la reconstrucción de su vida asociativa y contexto
político, haciendo uso de metodologías como la prosopografía y la interpretación
crítica de fuentes de la época. Estos procedimientos permitieron describir maneras
de asociarse o sociabilidades, vinculación de negociantes extranjeros a redes de
poder locales, el rol de tales migrantes en procesos de contratación estatal y
desarrollo de las fuerzas productivas propios del modelo capitalista que se quería
implementar, así como los intereses en pugna y en general aportar al conocimiento
de la política durante el siglo XIX colombiano.
1
Trabajo de Grado para optar por el grado de Magister en Historia.
2
Facultad de Ciencias Humanas. Escuela Historia. Directora: Ana Milena Rhenals Doria.
8
ABSTRACT
DESCRIPTION:
The monograph investigates the role of businessmen of foreign origin in the political
struggles of the convulsed final stage of the "Estados Unidos de Colombia" and the
emergence of “La Regeneración” (1878-1894), with a emphasis on the civil war of
1884 and his effects in the bussiness of alien people. For that, is necesary the
reconstruction of the associative life of migrants and their relationship with local
elites, and the political fight because that businessmen are immersed in this
context. So, for the objetives of this investigtion, the text makes an identification of
the actors in the historical process, the reconstruction of their associated life and
political context, using a lot of methodologies of the social sciences as the
prosopography and the critical interpretation of epocal sources These procedures
made it possible to describe ways of associating or sociability, the realtionship of the
foreing businessmen whit the local power networks, the role of such businessmen in
state contracting processes and development of the productive forces of the
capitalist model that was to be implemented. In general, the monography contribute
to the knowledge of politics during the Colombian nineteenth century.
3
Bachelor Thesis.
4
Facultad Ciencias Humanas. Escuela Historia. Directora Ana Milena Rhenals Doria.
9
INTRODUCCIÓN
De ahí surgieron varias preguntas, ya no tan ingenuas: ¿Para qué hicieron esto
último? ¿Fue solamente porque las santandereanas les parecieron muy bonitas?
¿Qué pasó en otros lugares del territorio nacional? Y hojeando las carpetas de las
“Reclamaciones”, el asunto se complejiza aún más. Pues allí se repetían varios de
los sonoros apellidos que había visto en tiempos anteriores. Esas carpetas
recopilaban informaciones sobre reclamos establecidos por extranjeros
damnificados en las guerras civiles que asolaron a Colombia durante el siglo XIX. Y
más allá del hecho en sí de la reclamación, las carpetas hacían un minucioso
recuento de la vida económica y social del extranjero en cuestión, en un esfuerzo
10
por establecer no sólo su capital, sino de quiénes se rodeaba. Debido a que si sus
cercanos eran rebeldes… pues ya se intuye en qué irá a parar el asunto.
11
La Experiencia Federal colombiana duró poco más de 20 años. Existieron desde
luego antecedentes. La federalización es un proceso que data por lo menos de
1855, cuando surgió el primer estado: Panamá. De hecho, fue la constitución de
1853 la que abrió la puerta a ello, al invocar vagamente “el restablecimiento de la
Unión colombiana bajo una federación de 15 o más estados”. Pero sería la
constitución de 1863 la que impondría la federalización absoluta. La ausencia de
vías de comunicación funcionales (a excepción de Panamá, que tenía su ferrocarril
desde 1855) dificultaba no sólo las comunicaciones entre estados sino inclusive
entre diversos distritos de un mismo estado. La imposibilidad de los gobiernos para
ejecutar las obras de infraestructura necesarias para el progreso material les llevó
a solicitar el concurso de nacionales y extranjeros, quienes ejecutarían tales obras
a cambio de diversas ventajas. Las concesiones y el crédito fueron los dos pilares
del estado durante el periodo federal, cuyos magros ingresos eran suplidos con los
préstamos solicitados a la banca nacional e internacional.
5 HOLGUÍN, Carlos. La traición del Doctor Núñez. Guayaquil: Imprenta Comercial, 1893. P.
6 BARAYA, José María. Biografía del General Julián Trujillo. Bogotá: Imprenta de J. M. Lleras, 1876.
7 QUIJANO WALLIS, José María. Memorias autobiográficas, histórico – políticas y de carácter social.
12
con la implantación del librecambio, Colombia se trasformó en un potencial
exportador de materias primas para la economía mundial. Y a la vez se convirtió en
un destino plausible para los inmigrantes extranjeros, que valoraban el potencial
económico del país, a pesar de sus dificultades. Por ello, el arribo de extranjeros a
Colombia puede verse desde la óptica de los procesos de integración en la
economía mundial. Y el arraigo de los migrantes en las sociedades locales como
una estrategia para abrir mercados y facilitar los procesos de intercambio.
10
LÁZARO, Julián. Extranjeros en el caribe colombiano: el caso de los alemanes en Barranquilla,
1919-1945. Migración, dinámicas de grupo y política internacional. Tesis para optar al título de Doctor
en Historia. Sevilla: Universidad Pablo de Olavide, Sevilla, 2016. 576 p.
11
LEVI, Giovanni. Microhistorias. Bogotá: Universidad de los Andes, 2019. Pág. XVII (Prólogo)
12 CONRAD, Sebastian. Historia global. Barcelona: Crítica-Planeta, 2017. P. 59.
13
(Colombia). Y acaso también sus “microhistóricas” observaciones serán fructíferas
para aquel que pretenda observar dinámicas latinoamericanas y globales, relativas
al objeto de estudio y periodo.
Por ello, la investigación privilegió el estudio de casos concretos. Puede decirse que
pone el microscopio sobre los alemanes asentados en Bucaramanga
principalmente, durante los instantes de su llegada, su consolidación como actores
sociales y hombres de fortuna y sus vicisitudes durante el cambio de régimen
político, evidenciadas a partir de los procesos de reclamación. Sin embargo, fueron
investigados casos de otras localidades de la geografía nacional. Cerruti, por
ejemplo, es ineludible, y los estudios sobre su caso son de los pocos existentes
sobre un negociante extranjero y su relación con la élite social y política. Mainero
Trucco fue otra de las figuras que definitivamente no podían quedar al margen. Y
también durante el desarrollo de la investigación fueron emergiendo más casos,
14
De esa manera, el problema central de la investigación fue describir la vida
asociativa de los negociantes de origen extranjero, haciendo especial énfasis en las
estrategias utilizadas para forjar vínculos con las élites locales. Otro interrogante,
íntimamente relacionado con el anterior, se preguntaba si a partir de sus relaciones
a los negociantes se les achacaban simpatías con alguno de los grupos políticos en
pugna, y debido a ello habían sufrido expropiaciones en las guerras civiles. Es decir,
dilucidar si detrás de tales expropiaciones se escondían motivaciones políticas.
Estas preguntas tuvieron como telón de fondo el complejo contexto político
colombiano, que para esta investigación incidió de manera directa en las actividades
de los negociantes de origen extranjero. Tales negociantes se vieron abocados a
implementar estrategias para sobrellevar este contexto, y muy posiblemente para
sacarle provecho. La caracterización de las diversas facciones en pugna y las
circunstancias de la confrontación política y militar permitirán establecer los diversos
grupos que se consolidaron y será pertinente para ubicar a los negociantes de
origen extranjero como relacionados a actores de determinado grupo. Por lo tanto,
la investigación se compone de cuatro momentos:
15
Los dos primeros momentos (materializados en capítulos) tienen una vocación
contextual, pues ubican a los inmigrantes en el país y vislumbran el contexto político
que encontraron esos inmigrantes, el cual incide en sus negocios. El momento tres
se explaya en la vida asociativa, con la particularidad de que muchos de los actores
políticos enunciados en el segundo momento aparecen allí nuevamente,
conformando vínculos familiares y de amistad con los inmigrantes extranjeros. Y el
cuarto y último momento de la investigación, dedicado al análisis de las
expropiaciones y reclamaciones, permite revalidar la hipótesis de las alianzas entre
negociantes e integrantes de las élites locales, dando un cierre muy conveniente a
la investigación.
Revisión historiográfica.
16
éxito o fracaso de sus empresas14. En el caso de Carlos E. Restrepo15, el objetivo
manifiesto del investigador es abordar únicamente sus actividades empresariales,
pese a que Restrepo fue un connotado líder cívico y político, presidente de Colombia
para el Periodo 1910-1914. Sobre ello, el investigador describe cómo Restrepo
buscó marginarse de sus negocios, a fin de ocupar la posición de primer mandatario,
señalando lo difícil que fue para él retornar nuevamente a su práctica empresarial.
Caso similar ocurre con algunos de los “Cuadernos de historia económica y
empresarial”, editados por el Banco de la República. En el caso del ensayo dedicado
al comerciante de origen alemán Adolfo Held 16, este cumple lo que promete: una
visión acerca de Held y sus actividades empresariales, pues si bien existe un breve
bosquejo de las conexiones de Held con Wessels, y las actividades políticas del
primero (se le menciona apoyando una facción radical en contra de la rutilante figura
política del momento, Rafael Nuñez, en 1875), este tema no vuelve a ser abordado
en el resto de la investigación. El estudio de Villoria de la Hoz sobre el Clan Mier17,
centrado en Joaquín de Mier y su hijo Manuel, tampoco se aleja de esta perspectiva,
pues hace un contexto (a grandes rasgos) sobre la situación política de Santa Marta
para luego centrarse exclusivamente en los negocios, y el éxito o fracaso de los
Mier en sus empresas.
La omisión intencional respecto al abordaje de las posibles relaciones políticas
insertas en los negocios de los negociantes subrayados es motivo de crítica, pues
si bien centrarse en ciertos aspectos de la trayectoria de un individuo es una opción
metodológica legítima y en ocasiones necesaria, ello no quiere decir que no sea
pertinente plantear otro tipo de estudios que sí aborden tales relaciones, e incluso
las conviertan en uno de sus principales objetivos. Es posible postular la existencia
14 LONDOÑO MOTTA, Jaime. Lisandro Caicedo, un empresario territorial caucano. En: DAVILA
LADRÓN DE GUEVARA, Carlos. Óp. Cit., pp. 430-433.
15 GARCÍA ESTRADA, Rodrigo de Jesús. Carlos E. Restrepo, el empresario. En: DAVILA LADRÓN
17
de una tendencia historiográfica centrada en reconstruir las trayectorias
empresariales de sujetos específicos, evitado abordar sus conexiones con el mundo
de la política y otros escenarios que probablemente no hacen parte de la actividad
empresarial propiamente dicha.
18 GARCÍA ESTRADA, Rodrigo de Jesús. Los Extranjeros en Colombia. 1810-1920. Bogotá: Planeta,
2006. P. 240.
19 GARCÍA ESTRADA, Rodrigo de Jesús. Extranjeros, ciudadanía y membresía política a finales de
18
énfasis en la “presencia” de los extranjeros, sino en las interacciones de estos con
los poderes locales, para entender su rol en la construcción de Nación no sólo desde
el “desarrollo” económico, sino avanzar también en la comprensión de los
extranjeros como fenómeno político y social.
19
siglo XIX”20, los autores se ocupan de establecer la actuación de Rafael Núñez,
desde la presidencia del Estado Soberano de Bolívar, en pos de la apertura del
Canal del Dique, como uno de los derroteros fundamentales de su administración,
haciendo gestiones incluso ante el gobierno federal. Los autores señalan la
intervención de los individuos del comercio de la ciudad, tanto en la fase de
planificación (consejo consultivo, en el cual figuraban los negociantes de origen
extranjero Pedro Maciá y Tomas Stevenson) como en la fase de ejecución y
contratación, pues el estado licitó la operación del canal. A su vez, los autores no
dudan en subrayar el papel determinante de Núñez como favorecedor y
patrocinador de la empresa del Canal, pues afirman:
Es posible que el Canal Dique hubiera corrido con la misma suerte de antes y al poco
tiempo de realizados los trabajos de mejoramiento éstos se hubieran perdido por falta
de mantenimiento. Pero esto no ocurrió gracias a que por aquel entonces ocupaba la
Presidencia de la República el cartagenero Rafael Núñez. Para asegurar la navegación
por el Dique y su control por parte de Cartagena, Núñez decreta por ley de 1887 que el
Canal es «vía nacional», quedando, por lo tanto, el gobierno central responsable de su
administración, cargos y derechos (El Porvenir, 499, 1887).8 Un poco más tarde, el
mismo Núñez comisiona al gobernador de Bolívar para que se haga cargo de todas
estas atribuciones (El Porvenir, 507, 1887). De esta manera los fondos para
mantenimiento del Dique quedaban garantizados y su administración en favor de los
intereses comerciales de Cartagena firmemente asegurados por el control local de los
mismos.21
20
Estado Soberano del Cauca”22. Allí, se documenta la relación existente entre
Ernesto Cerruti, comerciante de origen italiano, y actores políticos como Tomás
Cipriano de Mosquera (Cerruti incluso se casó con una de sus nietas), Ezequiel
Hurtado, Lope Landaeta, y otros individuos que son socios de sus firmas
comerciales. El ascenso de Cerruti y el crecimiento de sus capitales coincide, según
Valencia Llano, con el triunfo de sus “amigos” en la arena política: el ocaso de estos
últimos, en la guerra civil de 1885 coincide con la ruina del comerciante y el particular
castigo aplicado por el nuevo régimen: la expropiación de varios de sus bienes, al
parecer por su sospechosa simpatía y militancia en el bando rebelde. Si bien en
algunos textos se observa un interés por la inserción del extranjero en la sociedad
local, no son trabajos que se centren en este tópico, y solo lo tratan como un interés
superficial. El libro de Valencia es uno de los trabajos que más se acerca a la vida
asociativa de los negociantes, pero la generalidad siempre ha sido suponer al
negociante como un ser aséptico, que solo ingresa capitales al país y que
permanece distanciado de la sociedad. Cuando se estudian las sociabilidades y
redes políticas de negociantes casi siempre se hace con nacionales y no con
extranjeros, como si estos últimos no tuvieran una vida asociativa.
En esa perspectiva, por ejemplo, el trabajo de Elber Berdugo titulado “José María
Sierra: las rentas públicas estatales y la concentración patrimonial de la riqueza en
Colombia (1877-1909)”23 no indaga en torno a negociantes de origen extranjero,
pero describe el ascenso del ya mítico “campesino millonario”: “Pepe” Sierra. No
sólo analiza sus acciones individuales en pos de consolidar su fortuna, sino que
alude a sus conexiones políticas, que presenta como un factor clave para la
diversificación de sus intereses y a la larga, el crecimiento de sus capitales y la
expansión de sus negocios. Para ello, el autor se ocupa, por una parte, de analizar
la expansión de los negocios de Sierra a otros territorios fuera de Antioquia, como
22 VALENCIA LLANO, Alonso. Empresarios y políticos en el Estado Soberano del Cauca. Cali:
Universidad del Valle, 1993. P. 327.
23BERDUGO, Elber. José María Sierra: las rentas públicas estatales y la concentración patrimonial
de la riqueza en Colombia (1877-1909). Tiempo & Economía. 2017, 4 (1), pp. 27-54.
21
Santander y la Costa Atlántica, lo que logró construyendo sociedades comerciales
con la élite social y empresarial de cada uno de los sitios donde incursionaba. Estas
relaciones personales fueron fructíferas a Sierra porque le permitieron intervenir en
el remate de rentas estatales en diversos puntos de la geografía nacional. Destaca
también la relación de Sierra con poderosas figuras del proyecto Regenerador
emergente, como Manuel Casabianca, Rafael Reyes (uno de sus hijos se casó con
una hija de “Don Pepe”), Fabio Lozano y otros más. La relación con Casabianca fue
bastante fructífera, pues a través del general, a la sazón gobernador del Tolima,
accedió a lucrativos negocios como la renta de licores y la de degüello. En suma,
este artículo desarrolla la amalgama entre empresarios y política, mostrando cómo
las conexiones de Sierra facilitaron sus diversos negocios.
La historiografía nacional también ha producido textos que se ocupan del conjunto
general de los extranjeros frente a diversas políticas del gobierno nacional, infiriendo
la existencia de una vida asociativa de tales extranjeros, pero sin profundizar en
ello. Frank Safford, en su texto ya clásico, titulado “Empresarios nacionales y
extranjeros en Colombia durante el siglo XIX”24, alude también a tales conexiones,
pues subraya los vínculos del Comodoro Juan B. Elbers, empresario naviero
alemán, con Francisco de Paula Santander, permitiendo entrever que quizás tales
vínculos guardan alguna relación con los sucesivos privilegios de navegación a
vapor por el Magdalena otorgados al negociante alemán, a pesar de sus constantes
fracasos en dicha empresa. Safford a su vez se ocupa de realizar un balance sobre
los diferentes vaivenes políticos, especialmente los de las primeras tres décadas de
vida independiente (1820-1850), y sus afectaciones en el empresariado, pues con
frecuencia se alternaban gobiernos favorables a las actividades económicas de los
extranjeros con otros más reacios a ellas.
Quizás se relacione con ello lo que afirma Roger Pita sobre la inmigración
extranjera, pues señala una gran variación en las políticas del Gobierno a la hora
de recibir a los extranjeros, siendo común su percepción como una amenaza, rasgo
24SAFFORD, Frank. Empresarios nacionales y extranjeros en Colombia durante el siglo XIX. Anuario
colombiano de historia social y de la cultura. 1969, nro. 4, p. 87-111.
22
posiblemente heredado de la dominación hispánica25. Señala que la Regeneración
y la hegemonía Conservadora son particularmente fértiles en cuanto a las
restricciones migratorias. Se veía al extranjero como un sospechoso, ya fuera por
temas religiosos (caso de los que profesaban la fe protestante u otra diferente a la
católica) o por considerarse como potenciales violadores de la neutralidad,
susceptibles de participar en política. Estos dos periodos del acontecer nacional
fueron, según Pita, abundantes en expulsiones y expropiaciones,26 debido a la
susceptibilidad del gobierno, que relacionaba a los extranjeros con los desórdenes
de las guerras civiles del siglo XIX.
25 PITA, Roger. La expulsión de extranjeros “perniciosos” en Colombia durante los últimos años de
la Hegemonía Conservadora. HistoReLo. 2017, vol. 9, nro.17, pp. 157.
26 Ibid. Pp. 157.
27 CORREA, Juan Santiago. El ferrocarril de Antioquia: empresarios extranjeros y participación local.
23
El trabajo de Sergio Paolo Solano y Jorge Conde, titulado “Élite empresarial y
desarrollo industrial en Barranquilla, 1875-1930”28, ofrece luces sobre la
participación de sectores del floreciente empresariado barranquillero en la Guerra
de los Supremos, desde una respuesta regional que tenía entre sus objetivos
reclamar al gobierno central la apertura del puerto de Sabanilla al comercio
exterior29. También señala las presiones políticas de la élite cartagenera para que
el gobierno, en vez de concentrarse en la habilitación de un puerto en el sector de
Barranquilla, se centrara en la recuperación del canal del Dique, frustrando de esta
manera los intereses de los negociantes barranquilleros.30 Además, hace hincapié
en el efecto de las medidas proteccionistas, adoptadas por algunos gobiernos
federales, en el empresariado de Barranquilla, pues tales medidas aplicaban no sólo
para los extranjeros, sino para los negocios de otros estados soberanos,
perjudicando las redes comerciales forjadas por los comerciantes de Barranquilla.
28 SOLANO Sergio, CONDE Jorge. Elite empresarial y desarrollo industrial en Barranquilla, 1875-
[Link]: Uniatlántico,1993. P. 172.
29 Ibid., p. 12.
30 Ibid., p. 14
31 MILLER, Rory. Empresas británicas. Economía y política en el Perú 1850-1934. Lima: Banco
24
De manera que uno de sus intereses manifiestos es estudiar los vínculos entre
políticos y negociantes extranjeros, si bien esa participación política estará mediada
por las tomas de posición frente a la conveniencia de las diversas inversiones
extranjeras, y al parecer no dirá mucho sobre la inserción de los negociantes
extranjeros en la sociedad local. Miller subraya a su vez importantes elementos
políticos que intervienen en los negocios de los negociantes extranjeros, como por
ejemplo una oligarquía débil y fragmentada. Miller considera importante profundizar
en los lazos y conflictos entre la élite “costeña” y los diputados de las provincias de
la sierra, lo cual implica sumergirse en el estudio de los posibles vínculos que
trabaron tales individuos33. Conviene señalar a su vez que Miller se sorprendía al
constatar la inexistencia de un estudio de los vínculos entre los políticos peruanos
y los capitales extranjeros:
Se debe notar que las relaciones entre el Estado peruano, Michael P. Grace y el
directorio de la Peruvian siguieron siendo muy complicadas inmediatamente después
de 1890, y que nadie ha investigado las consecuencias de estos vínculos ni publicado
nada sobre el manejo notorio de los ferrocarriles y otras concesiones por parte de la
Peruvian durante esta década: hay materiales sobre esto en los archivos de Gibbs y en
las cartas que mandó el primer representante de la Peruvian, Clinton E. Dawkins, desde
Lima a su amigo inglés, Alfred Milner.
33 Ibid., p. 21.
25
conexiones entre el empresariado y la política (porque ello hace parte de su
estrategia metodológica) y la que se ocupa de contextualizar y abordar tales
vínculos, señalando la confluencia de los intereses empresariales y políticos. De
esta manera, se crea una suerte de diada: los negocios son usados para hacer
política, y la política para hacer negocios. Precisamente en este último horizonte
historiográfico se quiere situar la presente investigación.
En el caso del concepto de política, Hannah Arendt señalaba que lo político puede
ser entendido como “vita activa”, como una “manera de acción necesaria para
mantener unidos a los hombres dentro de un orden”34. La política es una expresión
de la vida en comunidad, y aunque tradicionalmente se entiende por ella lo que se
referiría al Estado, política remite más que nada a un “estar juntos”, pues para
Arendt, “Todas las actividades humanas están condicionadas por el hecho de que
los hombres viven juntos, si bien es sólo la acción lo que no cabe ni siquiera
imaginarse fuera de la sociedad de los hombres”35. Para Arendt, es claro que la
26
sociedad posee inherentemente un “orden” pero ello no menoscaba ni determina la
vita activa ni el “estar juntos”. Todos los aspectos de la condición humana están
relacionados con la política, pues la política es una expresión natural del “estar
juntos.
Carl Schmitt concuerda con Arendt sobre el equívoco en torno a política y estado.36
Según él, lo lógico sería comprender la política a partir de la vida. Y para Schmitt lo
político encierra un binomio que se expresa en la vida humana: la relación antitética
entre amigo y enemigo.
27
hacerse con el control de todos los estados de la Unión, manipulando elecciones y
utilizando a la Guardia Colombiana, en perjuicio del sector independiente, su
aparente aliado durante un largo trecho de la Experiencia Federal39 (1863-1886).
39
DELPAR, Helen. Óp. Cit., pp. 222.
40AGULHON, Maurice. Política, imágenes, sociabilidades. Introducción a cargo de Jordi Canal y
Morell. Zaragoza: Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2016. P. 105.
28
de los individuos, los cuales muchas veces se adscriben a la cotidianidad de tales
individuos. Las implicaciones teóricas de esta proposición son bastante fuertes,
porque se aleja de la tradición sociológica, harto dedicada al hallazgo de sistemas
y estructuras que funcionaran para el “todo social”. Se rescata, de esta manera, al
individuo, cuya dimensión como sujeto histórico parecía ser anulada por el
organismo social. Este enfoque renovado, popularizado ya en diferentes partes del
mundo, permite repensar la historia de las formas posibles de asociación, y a través
de ello, la historia política.
41 Ibid., p. 115.
42 Ibid., p. 113.
43 Ibid., p. 117.
29
donde los actores trazan relaciones, como la familia, el ejército, las asociaciones
cívicas, etc. Según William Chapman “el estudio de las sociabilidades nos permitirá
dar cuenta cuándo un individuo accionaba su relación de poder, cómo un sujeto
empleaba sus relaciones para influir o no en ciertas decisiones, implicando el
análisis de los medios y manifestaciones de cómo los individuos entran a
relacionarse, incorporando, en ocasiones, lo afectivo como parte de la acción44”. Por
lo tanto, sociabilidad fue útil para dar cuenta de las posibles influencias de actores
ajenos a la participación política directa, como los negociantes extranjeros, en
negocios públicos. A su vez, la contra cara: la influencia de actores que ejercen la
representación política en el ámbito empresarial y de los negocios. A través de la
categoría “sociabilidad” se realizará una aproximación al modo de relacionarse de
individuos considerados “típicos” según el problema de investigación: negociantes
extranjeros y líderes políticos.
El tercer nivel es aquel de la participación social más activa en que los vínculos
adquieren mayor trascendencia desde el punto de vista político porque se establecen
nexos asociativos más formales que entrañan obligaciones, deberes, derechos.
Además, incide en la definición de identidades de todo tipo, especialmente las políticas;
en este nivel el individuo puede formarse en los ámbitos de la ciudadanía, de la
30
militancia política y gremial. Este nivel es más voluntario y más consiente, y por lo tanto
muy activo e incidente en la composición de la vida pública.46
Este último nivel parece referir a una suerte de vida política (recordando a Hannah
Arendt) pues se basa en nexos asociativos tácitos o manifiestos, que ligan a los
individuos no sólo con otros, sino con grupos políticos, Pudiendo reconocerse que
al decir “personal político” Loaiza se refiera a los diversos actores reclutados en
torno a determinado grupo político, y que de tener la oportunidad actuarán en pos
de objetivos comunes, solidarizándose otros integrantes del personal político. Sin
embargo, esta solidaridad se verá mediada por circunstancias subjetivas que
permitirán analizar la efectividad del citado vínculo. Por ello, es importante ponderar
a través de las informaciones recolectadas qué tan efectivo puede ser tal vinculo,
entendiendo que se debe demostrar con suficiencia los réditos políticos cosechados
por los negociantes y la participación de políticos en negocios de estos últimos.
Metodológicamente hablando, se procede de acuerdo con los tres niveles de
sociabilidad establecidos por Loaiza, como se ilustra en la cuadro 1:
Cuadro 1. Aplicación práctica de los tres niveles de sociabilidad definidos por Loaiza
Cano.
46 Ibid., p.129.
31
Vínculos de Negocios e guerra para favorecer a
iniciativas comerciales un bando político
Registros Archivos privados, AGN, AO, MRREE,
de correspondencia, reclamaciones, Fondo
Bautismo, periódicos, secretaría Baldíos, Caminos,
actas de de guerra y marina Tabacos, Carnicerías,
matrimonio, notarías, cámaras de Aguardientes, Salinas,
Registros comercio etc. Prensa
de
confirmació
n…
Iglesias AGN, Archivos Archivo General de la
parroquiales departamentales, Nación
Archivos notariales, Biblioteca Nacional
Archivos municipales BLAA
-BLAA, BNC
Fuente: LOAIZA CANO, Gilberto. Óp. Cit.
32
El estudio de estos individuos se realizó en función de sus vínculos asociativos, lo
que quiere decir que se está bastante lejos de expresiones historiográficas como
las biografías, pues se privilegia la acción colectiva47. Dentro de las posibles formas
de la acción colectiva, esta investigación se fijó en las élites, por su papel crucial en
las actividades de los negociantes extranjeros. Según Wright Mills, por élite se hace
referencia a una minoría que controla el poder y toma decisiones clave48. Acceder
a esto selecto grupo es clave para que los negociantes puedan llevar a cabo sus
intereses. Para Wright Mills existirían varias élites, grupos o comunidades reducidas
con espacios de influencia específicos: es posible hablar de élites locales 49, para
evitar generalizar y caracterizar desde un marco flexible no sólo los poderes en una
perspectiva nacional, sino también en su dimensión más doméstica. La pertenencia
a la élite no está adscrita a un mero criterio económico, pues existen muchas
variables, como el prestigio, que influyen en el encumbramiento de determinados
individuos.50 Necesariamente los inmigrantes extranjeros ingresaron a ese selecto
grupo a fin de incidir en la toma de decisiones e intercambiar favores, garantizando
su inserción en esta minoría que posiblemente, grosso modo, ya se hallaba definida
al momento de su inmigración.
47
BALMORI Diana; VOSS Stuart y WORTMAN, Miles. Las alianzas de familias y la formación del
país en América Latina. México: Fondo de Cultura Económica, 1984. P. 2.
48
WRIGHT Mills, C. la élite del poder. México: Fondo de Cultura económica, 2013. P. 34.
49
Ibid., p. 50.
50
Ibid., p. 88.
51 STONE, Lawrence. El pasado y el presente. México: Fondo de Cultura Económica, 1986. P. 42.
33
Las variables comunes que establece la prosopografía no sólo tienen relación con
la perspectiva analítica de Loaiza, sino que también permiten establecer elementos
de comparación para individuos con perfiles similares. En el caso que nos ocupó,
se establecieron puntos en común como las actividades económicas, los ciclos de
las llegadas, los nexos con otros migrantes y varios elementos más que permiten
intuir ciertas comunidades de migrantes, como la alemana de Bucaramanga y la
italiana del Cauca, que presentan ciertas características específicas, vínculos e
interconexiones, que justifican la necesidad de proceder a realizar la biografía
colectiva. Según Marcela Ferrari, el uso de la prosopografía en la historia política es
bastante antiguo y resulta útil para conocer cómo se relacionaban determinados
individuos agenciados a un proyecto político particular.52
34
tornan interpretables dentro de las conexiones específicas que constituyen las
posiciones relativas de los actores y sus recursos .54
Para Moutoukias, es clave entender las vinculaciones personales entre actores (que
serán caracterizadas en el presente estudio como “sociabilidad”) como parte de un
conjunto mucho mayor, que agrupa a varios actores e incluso les conecta sin que
haya un vínculo personal de por medio, a través de un actor que se relacione con
ambos. Es clave entender que cada uno de estos actores posee recursos, es decir,
servicios o bienes (culturales y simbólicos en el caso de la relación política) que
puede intercambiar, negociar. La capacidad de negociación permite entender qué
es lo que media entre ambos actores y su vínculo de sociabilidad. Las redes se
establecen en medio de esta clase de intercambios que permiten establecer lo que
Gilberto Loaiza denomina “personal político”: un grupo que está dispuesto a
intervenir para favorecer a alguno de los actores implicados en la red. Cada actor
tiene una funcionalidad específica y un elemento de negociación distintivo, así, si
se trata de un líder político reconocido, podrá ofrecer su amistad junto con múltiples
beneficios como la participación en contratos estatales, mientras que el negociante
podrá ofrecer participación en sus sociedades comerciales e inversiones.
Como casos donde se usa acertadamente esta perspectiva, podemos ofrecer los
trabajos de Grey Verbel55 y Alfonso Fernández Villa.56 Para este último, resulta claro
que el acceso al Estado (a través de contratos, concesiones, etc.) será uno de los
objetivos fundamentales de los hombres de negocios, añadiendo que en la
Cartagena de la Regeneración (1885-1895) “los empresarios se hacían hombres
públicos y los hombres públicos se hacían empresarios.”57 Fernández Villa logra
demostrar esta amalgama a través de los diferentes vínculos que tienen entre sí los
35
“vencedores” de la guerra de 1885 en Cartagena.58 Así, por ejemplo, señalará cómo
la familia Vélez se benefició de sus conexiones con el proyecto regenerador para
obtener contratos y puestos públicos, cosechando los réditos de sus vínculos con la
facción triunfante. También muestra cómo varios de los parientes políticos de Juan
B. Mainero Trucco lograron múltiples beneficios gracias al triunfo del régimen
regenerador, con quien tenían afinidad.59 La participación en actividades cívicas, las
conexiones familiares y políticas, todo ello es relevante a la hora de trazar el perfil
de un individuo y sus conexiones, cuya vista de conjunto permite identificar redes.
Grey Verbel, por su parte, intenta determinar quiénes eran los integrantes de la élite
cartagenera ad-portas de la Regeneración, señalando varios subgrupos como las
familias tradicionales del periodo colonial, los sectores en ascenso vinculados a la
experiencia republicana, y los extranjeros, que ingresan a través de enlaces con
alguna de las dos tipologías60. Posteriormente, señala la participación de estos
individuos en los proyectos políticos, inicialmente en el independentismo y
posteriormente en la Regeneración. Hace especial énfasis en las retaliaciones
tomadas por el triunfante Partido Nacional (grupo político de Núñez y sus nuevos
aliados conservadores) hacia diversos actores vinculados a la guerra de 1885,
incluidos algunos exaliados políticos, como una parte de los independientes que
tomó las armas durante la guerra61. Quizás el caso más prominente sea el de
Antonio González Carazo, que pasa de apoyar la candidatura de Núñez en 1875 a
respaldar a Gaitán Obeso en su intento por tomar Cartagena. Conviene pensar que
quizás estos líderes son sólo una arista de la red, y vinculados a ellos se encuentran
negociantes extranjeros que bien pueden cambiar de bando junto con estos líderes.
Entre el círculo independiente que dominó Cartagena (y de paso al Estado de
58 Ibid., p. 20-21.
59 Ibid., p. 24.
60 VERBEL, Grey. Óp. Cit., pp. 46.
61 Ibid., p. 54.
36
Bolivar) Grey Verbel señala a varios negociantes extranjeros como vinculados a
través de relaciones familiares y de amistad. Entre ellos, Juan B. Mainero62.
62 Ibid., p. 57.
37
Mapa 1. Estado Soberano de Santander.
Fuente: [Link]
38
Mapa 2. Estados Unidos de Colombia.
Fuente: [Link]
39
1. EL FENÓMENO DE LA INMIGRACIÓN EN COLOMBIA: (1853-1894)
Colombia, como todos los países surgidos de la disolución del Imperio Español, no
tenía una naturaleza especialmente cosmopolita. Los recelos de las autoridades
españolas para permitir el arribo masivo de contingentes de extranjeros son bien
conocidos.63 Con los procesos revolucionarios de finales del siglo XVIII estas
restricciones se endurecieron, y el hallazgo de una conspiración en Santa Fe en
1794, dirigida por los médicos franceses Manuel Froés y Luis de Rieux pareció
darles la razón.64 De ingleses y alemanes, nada quería saberse: estaban entre los
más peligrosos, por su religión protestante. Si acaso los italianos eran los más
tolerados, debido a que los dilatados dominios de su Majestad Católica abarcaban
partes de Italia. Y así, Carmine Caracciolo, príncipe de Santo Buono, pudo ser virrey
del Perú, y Miguel de la Grúa Talamanca, Marqués de Branciforte, de la Nueva
España. También hubo virreyes de otras nacionalidades, como el valón Teodoro de
Croix y el irlandés Ambrosio O’Higgins, con años de servicio al monarca español y
de fe católica. Estos son los casos notorios, porque es evidente que toda prohibición
tiene sus excepciones, y seguro algunos habrán logrado colarse por los intersticios
del Caribe, que la decadente España era incapaz de controlar.
63
GARCÍA Estrada, Rodrigo de Jesús. Óp. Cit., pp. 44.
64 Archivo General de Indias (AGI), ESTADO, 53, N.55, f. 1v. El Virrey de Nueva Granada al Duque
de la Alcudia.
65 Decreto para promover la inmigración de extranjeros y la colonización de tierras de la Gran
Colombia (Bogotá, 7 de junio de 1823) Biblioteca Ecuatoriana Aurelio Espinosa Pólit. Carpeta Simón
Bolívar (76 documentos): 1823-1844, folio 1r.
40
hacer estudios de química y mineralogía, contratado por el vicepresidente
Santander. Y terminó casándose con Mercedes Mutis Amaya, hija del funcionario
burocrático Facundo Mutis, y descendiente de una importante familia minera de la
ciudad de San Juan de Girón, cuyo patriarca era el español Manuel Mutis, hermano
de “El Sabio”. Antioquia, una de las principales regiones mineras hacia el final de la
dominación hispánica, atrajo también a extranjeros que buscaban realizar
actividades mineralógicas, como el francés Boussignault.66 Otros, como Juan B.
Elbers, o el inglés de ascendencia italiana David Castello67 (que llegó con su hijo
Edmundo) vinieron a negociar contratos con el gobierno colombiano. De estos,
algunos se quedaron, y otros abandonaron el país, desilusionados porque la mayor
parte de las veces encontraban dificultades para desempeñar los encargos.
66
GARCÍA Estrada, Rodrigo de Jesús. Óp. Cit., pp. 71.
67
ORTIZ, Sergio Elías. David Castello. Boletín Cultural y Bibliográfico. 1964, vol. 7, nro. 02.
68 GARCÍA Estrada, Rodrigo de Jesús. Óp. Cit., pp. 163-166.
69 OLARTE, Vicente (comp.) Condición Legal de los Extranjeros en Colombia. Recopilación de leyes
y decretos sobre extranjeros hasta el año de 1908. Bogotá, Imprenta de la Luz, 1908. Pp. 5-7.
70 GARCÍA Estrada, Rodrigo de Jesús. Óp. Cit., pp. 69-93.
41
continuaron en el país darían lugar a importantes familias antioqueñas, como los De
Greiff (de origen sueco) y los Pemberty (de origen inglés)
Será sólo hasta el advenimiento del “progresista” gobierno del general Tomás
Cipriano de Mosquera se daría otro enfoque a la inmigración de extranjeros, con
componentes fuertemente ligados al aspecto mercantil y a la apertura de circuitos
comerciales enfocados en el potencial agrícola del país. Durante su gobierno (1845-
1849) se emitieron: la ley del 27 de marzo de 1847, sobre la sucesión de extranjeros
fallecidos ab intestatio,71 la ley del 27 de mayo de ese año sobre la profesión
consular y la ley de 16 de marzo de 1848 sobre expropiaciones y reclamaciones,
que exoneraba a la Nación de cualquier perjuicio causado sobre la propiedad de los
extranjeros, salvo que hubiera sido cometido por una “autoridad legítima.”
Finalmente, la ley del 28 de abril de 1848 fijó condiciones básicas para la migración,
reservándose el Estado el derecho de admisión y autorizando al ejecutivo a
expulsarles sin previo aviso del territorio de la República.72
Por ello, es posible afirmar que, pese a algunos vagos intentos previos (en 1823 y
1843) las leyes promulgadas entre 1847 y 1848 sobre inmigración extranjera fijaron
por primera vez la normatividad básica referida a extranjeros que arribaran a
Colombia.73 Estas disposiciones no ofrecían tierras baldías o alguna perspectiva
atractiva para el migrante, pero eran conscientes del ingreso de Colombia en el
“sistema-mundo”, en el marco de la política librecambista profesada por Mosquera
y su ministro de Hacienda, Florentino González.
Las concesiones de baldíos y en general, las condiciones más atractivas para los
migrantes datan de la federalización de la república. La constitución que abrió las
puertas al modelo federal, la de 1853, se refería a los extranjeros en su artículo 8,
afirmando que “Los extranjeros que se hallen en el territorio de la Nueva Granada,
71
Es decir, sin testamento.
72
OLARTE, Vicente (comp.). Óp. Cit., pp. 8.
73 GOMEZ Matoma, Maria Angélica. La política internacional migratoria colombiana a principios del
siglo XX. Memoria y sociedad. 2009, vol. 13, (26), pp. 7-17.
42
o que vengan a él, gozarán de los mismos derechos civiles y garantías que los
granadinos, debiendo estar sometidos como ellos, a las leyes y autoridades del
país”74. Esta declaración, que no se había insertado en ningún otro texto
constitucional anterior, mostraba un nuevo espíritu de apertura a la migración
extranjera
74
Constitución Política de la República de Nueva Granada, del año de 1853. Disponible en
[Link]
75
Olarte, Vicente (comp.). Óp. Cit., pp. 9.
76
Ibid., p. 10.
43
recopiló las disposiciones emanadas desde 1862, y además declaró a los
extranjeros exentos de pagar contribuciones de guerra o empréstitos forzosos.
En el año de 1871 fue expedido un nuevo paquete de leyes que amplió los
beneficios para los extranjeros que se domiciliaran en Colombia, creando “Juntas
de Extranjeros”, presentes en todas las aduanas nacionales, enfocadas a dar
información y auxiliar al extranjero en su propósito de residir al interior de la
república, además de elaborar listas de todos los migrantes del territorio nacional77
(ley 80 del 9 de julio de 1871). Antes de esta disposición, parece que la migración
ocurría de forma desordenada, sin siquiera un somero registro de quienes
ingresaban al país. Además, ese mismo año se legisló sobre la necesidad de
fomentar iniciativas como la Compañía de Inmigración y fomento, del Estado
soberano del Magdalena, otorgando excepciones fiscales para esta clase de
iniciativas. Nuevas leyes confirmaron el estatus privilegiado para los migrantes: en
1873 se les garantizó un mínimo de 25 hectáreas a cada inmigrante que fuera
enganchado por una compañía o empresario, siempre y cuando el Gobierno hubiera
concedido a dicho empresario o compañía tierras baldías. La guerra civil de 1877
fue la primera contienda civil generalizada en la mayor parte del territorio de los
Estados Unidos de Colombia, y fue la primera vez que el gobierno tuvo que pagar
las reclamaciones de extranjeros, considerando que se trataba de “créditos” de
índole forzosa concedidos por el extranjero en cuestión. A fin de pagar estas sumas,
se expidió una ley con el procedimiento indicado para hacerlo.78 que guarda
similitudes con la que se expediría años después, relativa a la guerra de 1884-85.
En las próximas páginas, se estudiarán detalladamente casos que dan cuenta del
relativo éxito de las políticas desplegadas a partir de la quinta década del siglo XIX
para atraer migración extranjera a Colombia. Pues durante todo el periodo federal
se formaron comunidades de extranjeros en varias ciudades de Colombia,
dedicados al comercio y actividades agrícolas, ligadas a la política librecambista y
77
Ibid., p. 11.
78
Ibid., p. 11-13.
44
neocolonial promulgada por el Estado Colombiano. Esta política concretamente se
manifestaba en múltiples ventajas para su instalación, como paridad entre los
productos nacionales y los bienes importados, concesión de baldíos, etc. Uno de
los más importantes ingresos fiscales eran las aduanas. De ahí que el gobierno
estuviera interesado en fomentar la salida de materias primas y la importación de
mercancías, que define la doble condición del negociante extranjero, de
comerciante y hacendado. La aproximación concreta a los casos (con especial
atención a la comunidad alemana de Bucaramanga y la provincia de Soto) permitirá
pasar del marco general de la inmigración extranjera al hecho en sí de la
inmigración, entendiendo que el proceso de inmigración implica el carácter de
residente del extranjero en Colombia, así como su avecindamiento en un municipio
y finalmente, su efectiva integración a las sociedades locales.
79
García Estrada, Rodrigo de J. Óp. Cit., pp. 240.
45
vivieron guerras civiles, el conflicto parece recurrente en algunos países,
como Colombia, mientras que otros como México y Brasil presentan mayor
estabilidad, siendo particularmente ilustrativo el caso de este último, cuyas
instituciones monárquicas permanecieron sin mayores sobresaltos hasta el
año de 1889. Y Argentina, por ejemplo, a partir del triunfo unitario, tampoco
se vio salpicada por trastornos de gran factura.80
80 GARAVAGLIA, Juan Carlos; PRO, Juan y ZIMMERMAN, Eduardo (eds.) Las fuerzas de guerra en
la construcción del Estado. América Latina: Siglo XIX. Buenos Aires: Prohistoria, 2012. P. 29-32.
46
nacionalistas para construir un nuevo proyecto de blanqueamiento, que
intentaba ser más fiel a la herencia cultural del país.81
81
RHENALS, Ana Milena y FLÓREZ, Francisco. Escogiendo entre los extranjeros “indeseables”:
afro-antillanos, sirio-libaneses, raza e inmigración en Colombia, 1880-1937. Anuario Colombiano de
Historia Social y de la Cultura. 2013, vol. 40, nro 1, pp. 243-271.
82
VERA de Flachs, María Cristina. Emigraciones transoceánicas. Los alemanes en América 1850-
1914. El caso argentino. Cuadernos de Historia Contemporánea. 1994, nro. 16, pp. 67-68.
47
La llegada de los europeos parece estar íntimamente ligada al sistema-mundo y al
“boom” que experimentaron algunos productos en el mercado mundial. La quina,
conocida desde 1631 en Europa (las comunidades indígenas la habían incorporado
a sus saberes desde muchos siglos atrás) incrementó su demanda con los procesos
de colonización en África y Asia, que se dieron durante el siglo XIX, dadas sus
propiedades contra varias enfermedades tropicales o “fiebres”. Su cotización en los
mercados de Bremen y Hamburgo trajo el primer puñado de migrantes alemanes a
Santander, en la década del 50.83 Los pioneros, son Alejandro Koppel y Georg Von
Lengerke: ambos arriban antes de 1857.84 La cotización de los productos agrícolas
tropicales en los mercados europeos también motivará el arribo de negociantes
extranjeros al Valle del Cauca. En este caso, es Santiago Eder uno de los pioneros,
llegando en 1861 desde los Estados Unidos.85 En Buenaventura, puerto principal
del Pacifico colombiano, se asentaron algunos, como el italiano Sebastián Tassara,
que llegó hacia el año 1860, desde Panamá. Tassara fue uno de los mayores
importadores de mercancías por la aduana de Buenaventura, en el año 186686. La
Costa, como ya se dijo, recibía constantemente migrantes extranjeros desde 1850
por lo menos. En Cartagena, el protagonismo pertenecía al italiano Juan Bautista
Mainero Trucco. Sus negocios se extendían por Antioquia, Cauca, y por supuesto
Bolívar.87 Pese a que Mainero inició sus actividades casi a la par de Lengerke y
Tassara, en realidad hacía parte de la segunda generación de una casa comercial
que operaba desde los años 30, regentada por su tío Juan Trucco.
83
RAMÍREZ, Alejandro. Los efectos de la extracción y exportación de la corteza de quina en el
departamento de Soto, Estado soberano de Santander, 1876-1884. Monografía para optar al título
de Historiador. Bucaramanga: Universidad Industrial de Santander, 2009. P.122.
84
Ibid., p. 23.
85
RAMÍREZ, Ella Nhoris. Valle del Cauca: aspectos de su proceso de configuración regional en el
contexto republicano. Tesis para optar al título de magíster en Historia. Bogotá: Pontificia Universidad
Javeriana, 2011. P. 39.
86 Estados Unidos de Colombia. Diario Oficial. Año III, número 701. Bogotá, 26 de julio de 1866.
87
MOLINA, Luis Fernando. El viejo Mainero: Actividad empresarial de Juan Bautista Mainero Trucco
en Bolívar, Chocó, Antioquia y Cundinamarca 1860-1918. Boletín cultural y bibliográfico. 1988, vol.
25, nro. 17, pp. 3-29.
48
Todos los anteriormente citados corresponden al primer momento de la inmigración
bajo el marco de las políticas favorables consagradas por el régimen federal. Un
segundo momento, que coincidirá con un auge de las quinas (focalizado en
Santander y Cauca) verá surgir a prominentes negociantes como el italiano Ernesto
Cerruti en Cauca88 y el alemán Paul Lorent en Santander. Ambos arriban durante el
final de la sexta década del siglo y el principio de la séptima y se vinculan a
negociantes ya establecidos: Cerruti a Tassara y Lorent a su tío, Lengerke. Los
negociantes de la Costa también participan en el proceso de expansión de la
economía, principalmente en el rol de agentes del ciclo agroexportador.89 Esa
segunda oleada parece entonces estar relacionada con una suerte de noticias sobre
las posibles perspectivas de fortuna, esparcidas por los que llegaron primero.
Quizás el caso de Lengerke sea el más sistemático, pues está vinculado al inicio en
los negocios de un número importante de sus compatriotas.90
Finalmente, la última gran bonanza quinera en 1877 y los estertores del régimen
federal atrajeron nuevos migrantes, especialmente en Santander donde Lorent
documentó la existencia de una nueva variedad de quina: la quina cuprea. No
parece que regiones como el Cauca recibieran muchos migrantes en esta oleada,
aunque la presencia extranjera en el puerto de Buenaventura parecía perenne. A
Santander arriban varios alemanes, concentrados en Bucaramanga. También
aparece en el escenario Manuel Cortissoz, súbdito holandés. Procedente de
Barranquilla, intentó monopolizar la exportación de la nueva variedad de quina,
solicitando baldíos. Muchos de estos baldíos ya habían sido entregados a Lengerke,
en un privilegio que databa de 1863. Sin embargo, Cortissoz tenía aliados muy
influyentes, y la muerte sorprendió a Lengerke antes de lograr una satisfacción.
comerciales y de caminos en la segunda mitad del siglo XIX. Anuario Colombiano de Historia Social
y de la Cultura. 2009, vol. 36, nro. 2, pp. 17-40.
49
El aparente declive en la inmigración seguramente guarda relación con los cambios
en la economía-mundo, que hacia 1880 comenzó a demandar quinas del sudeste
asiático, donde se establecieron plantaciones en las colonias inglesas y francesas.
A su vez, los avances en la química ocasionaron que pronto la quina fuera sustituida
por productos sintetizados en laboratorios farmacéuticos, como Bayer. Esto
solamente es cierto para la migración europea, pues pronto se recibiría una nueva
afluencia de sirio libaneses y antillanos en la Costa caribe,91 y norteamericanos
interesados en la explotación petrolera y el cultivo del banano.92 Por otra parte, el
advenimiento de la Regeneración sin lugar a duda constituye una completa
reconfiguración de la economía, la política y la sociedad en Colombia. Con justicia,
varias voces reclamaban que Santander y Cauca fueron los territorios más
golpeados con la llegada del proyecto regenerador, no sólo por su
“desmembramiento” sino por la poca conveniencia de la mayor parte de sus tierras
para el cultivo del nuevo producto bandera: el café.93 Sin embargo, algunos
alemanes en Santander, como Emilio Minlos y Paul Lorent, intentaron cultivar este
producto en Lebrija, Rionegro y en Piedecuesta, con un éxito cuestionable.94
internacionales en Colombia. Investigación y Desarrollo. 2012, vol. 20, nro.1, pp. 142-167.
93 JOHNSON, David. Santander siglo XIX. Cambios socioeconómicos. Bogotá: Carlos Valencia
50
régimen como Miguel Antonio Caro vertieron el hispanismo y la cultura “Latina”
como posibles elementos de la identidad colombiana. Ello en sintonía con diferentes
propuestas que emergían en toda la antigua América colonizada por España y
Portugal, íntimamente relacionadas con la invención de Latinoamérica como forma
de identificación cultural, en contraposición a la América “anglosajona.”96
Grosso modo, las tres premisas propuestas al inicio del presente trabajo recopilan
los principales hallazgos de un importante número de investigadores sociales de
Colombia y Latinoamérica. Para continuar con los objetivos de la investigación, es
necesario situar tales premisas en los contextos en cuestión, a partir de sujetos
concretos. Tales sujetos serán, por supuesto, los inmigrantes extranjeros
96 AYALA Mora, Enrique. El origen del nombre América Latina y la tradición católica del siglo XIX.
Anuario Colombiano de Historia social y de la cultura. 2013, vol. 40, nro. 1, pp. 213-241.
97 RHENALS Doria, Ana Milena y FLÓREZ Bolívar, Francisco Javier. Óp. Cit., pp. 248.
98
Véase ARAYA Espinosa, Alejandra. ¿Castas o razas? Imaginario sociopolítico y cuerpos
mezclados en la América colonial. Una propuesta desde los cuadros de castas. En CARDONA,
Hilderman y PEDRAZA, Zandra. Al otro lado del cuerpo. Estudios biopolíticos en América Latina.
Bogotá: Uniandes, 2014, pp. 53-78.
51
1.2 Presencia alemana en Bucaramanga y la provincia de Soto.
Ilustración 1 : Geo von Lengerke.
Fuente: [Link]
52
Lengerke, hacia el año de 1855. Para 1858 ya tenía una tienda de sombreros en
Bucaramanga.101
53
acontecimientos del 8 de septiembre 1879106 se marcharon precipitadamente de
Bucaramanga, quedando el súbdito inglés (nacido en Colombia) Adolfo Harker
como representante de la multinacional.
La bonanza quinera en torno a los años 1876-1882 traería un nuevo grupo, más
nutrido, entre los que destacan Polko, Lulle, Wessels,107 Larsen, Hakspiel,
Volkmann y Keller, los dos últimos asociados a Lorent & Lengerke.108 Con la muerte
de Geo en 1882, emergieron nuevas asociaciones comerciales, lideradas por Lorent
con la participación de Keller y Volkmann. Algunos de los recién llegados formarían
sus propias sociedades comerciales, luego de permanecer un corto periodo de
tiempo como dependientes de las sociedades comerciales de Lorent. Así ocurrió
con César Lulle, que llegó a Bucaramanga en el último ciclo y para 1886 ya tenía
su propia casa comercial. La llegada de los hermanos Federico y Emilio Minlos hacia
1880 era un fenómeno distinto, pues obedecía a la instalación en Bucaramanga de
una sucursal de la firma Minlos, Breuer & Co, establecida en Maracaibo y con unos
20 años de existencia. De hecho, su titular en Bucaramanga, Emilio Minlos
Montovio, era hijo del director general de aquella firma comercial, el alemán Emil
Minlos109 y la marabina (con ascendencia italiana) Dolores Montovio. De esa
manera, la mayoría de los migrantes aparecen asociados a las actividades de
Lengerke. Unos pocos responden al establecimiento de sucursales de firmas ya
constituidas en Bucaramanga: tal fue el caso del arribo de Koppel, como
106 Ese día, la sociedad democrática conocida como “La culebra pico de Oro” lideró una asonada
contra la comunidad alemana de Bucaramanga y aquellos que consideraba como sus partidarios,
con un saldo de dos alemanes muertos (Christian Goelkel Ogliastri y Hermann Hederich)
107 La presencia de Bernhard Wessels parece ser conexa a la de su hermano Martin, natural de
de café de Venezuela. Minlos se había iniciado en el negocio del café de la mano de su suegro, el
negociante italiano Giuseppe Montovio. En 1876 regresó a Europa y dejó la dirección de sus
empresas a sus hijos. La fundación de una sucursal de la firma en Bucaramanga hacía parte de un
plan de expansión muy ambicioso, centrado en el cultivo del café, un producto que en Colombia no
alcanzaba valores de exportación. Véase CARDOZO Galué, Germán. Impacto del comercio alemán
en la economía regional marabina (1870–1900). Memorias. Revista digital de Historia y Arqueología
desde el Caribe colombiano. 2013, vol. 10, nro. Y también: RISCHBIETER, Julia Laura.
Microeconomía de la globalización. Café, comerciantes y consumidores en el imperio 1870-
1914. Böhlau Verlag, Colonia. 2011. Pp. 35–36, 51–53, 59, 348.
54
representante de la casa comercial Koppel y Schloss, que jalonó la llegada de
Guillermo Muller y Guillermo Schrader. Y también fue el caso de la firma Minlos
Breuer, en una época ya tardía. El cuadro numero 1 da más información sobre los
migrantes alemanes avecindados en Bucaramanga, su fecha de llegada estimada
y sus casas o compañías comerciales.
55
Alejandro Koppel Koppel&Schloss, Koppel, Schrader y Muller 1865
César Hoffman Lengerke&Lorent, Breuer &Muller 1880
Guillermo Bluhm Lengerke&Lorent 1880
Gottfried Hanssen Lengerke&Lorent 1875
Valdemar Hanssen Lengerke&Lorent 1880
N. en
Rinaldo Goelkel
Bucaramanga
Lengerke&Lorent, Lorent & Keller, Lorent
Paul Lorent 1870
&Volkmann
Carlos Keller Lorent & Keller 1880
Carlos Muller 1880
Geo Von Lengerke Lengerke& Lorent 1855
Hermann Trebert Lengerke & Lorent 1870
Nicolas Briddler Lengerke y Lorent 1870
Ernesto Langenbach 1880
Antonia Goelkel (esposa de Demetrio Paredes Serrano) 1870
Emma Hakspiel (Esposa de Nepomuceno Valenzuela) 1875
William Baedecker Lengerke & Lorent 1865
Las informaciones sobre los migrantes que enriquecen tal cuadro tienen en cuenta
una basta recopilación de fuentes. Muchas de las noticias sobre sus negocios se
56
obtienen a partir de una reclamación interpuesta por Lengerke en 1878 por
expropiaciones sufridas durante la guerra de 1877. De ahí se extraen los nombres
de varios de sus dependientes, como Carlos Vogelsang, Nicolás Briddler, Valdemar
Hansen, Alberto Fritsch y otros, más varios datos como su tiempo de llegada
aproximada al país.111 En este expediente hay muchos datos relevantes, como por
ejemplo cuando Wilhem (o Guillermo) Schrader certifica la nacionalidad alemana de
Lengerke,112 afirmando que conocía a su familia y había tratado a su madre.
Constatar estos lazos previos permite revalidar la hipótesis de una inmigración
basada en noticias trasmitidas de persona a persona.
111 AGN, Archivos Oficiales, Fondo Ministerio de Relaciones Exteriores, transferencia 7, caja 81,
(carpeta 289).
112 AGN, Archivos Oficiales, Fondo Ministerio de Relaciones Exteriores, transferencia 7, caja 81,
57
estrecha relación entre los alemanes y el gobierno, y de ahí en adelante se darán
noticias de muchos de ellos como contratistas del gobierno. Hacia 1883, el influjo
de la comunidad alemana empieza a caer, debido a la crisis de las quinas y el
inexorable avance del proyecto regenerador, que echó por tierra muchas de las
gabelas que los alemanes habían logrado obtener de los gobiernos radicales. Sobre
ello, es necesario citar el juicio promovido por Paul Lorent, a nombre suyo y de su
tío, en 1882, por la usurpación de sus privilegios comerciales y concesiones de
tierras baldías, que el gobierno nacional había entregado recientemente al súbdito
holandés Manuel Cortissoz,116 desconociendo los privilegios concedidos por el
Estado Soberano de Santander en el decurso de poco menos de 20 años.
116 Centro de Documentación Histórica Regional, Bucaramanga (CDHR). Sección civil ejecutivos,
fondo judicial de Bucaramanga, caja 108. “Juicio promovido por Paul Lorent como representante de
la Sociedad Industrial Lengerke y Cía. contra Manuel Cortissoz y Cía., sobre entrega de unas cargas
de quina o su valor, 1883.”
58
Ilustración 2: Generaciones de alemanes.
117
GONZÁLEZ de Cala, Marina. El club del comercio y Bucaramanga. 125 años de historia.
Bucaramanga: Club del Comercio, 1997. P. 133.
59
Schrader y Muller. Estos siete son los migrantes alemanes que ya estaban en la
ciudad en el año de fundación del club, 1872.
Su perfil es similar al de otros negociantes. Lorent, su sobrino, quizás esté entre los
que más se le parece. Aunque por supuesto está muy lejos de las aventuras de
dandy protagonizadas por su tío y por otros alemanes como Carlos Keller (que
procreó dos hijos ilegítimos con Bárbara Granados)118 y Emilio Minlos (que procreó
un hijo llamado Horacio con Mercedes Díaz, de Lebrija)119 Lorent arribó a Colombia
ya casado. Muchos años después de su llegada, teniendo que declarar sobre su
extranjería, Lorent afirmaría que nació en Bremen el 26 de septiembre de 1850.
Que sus padres eran Carl Lorent y Hermine Margueritte Lengerke (nacida en
Dohsen, hija de Abraham Lengerke y Johana Lutterloh)120 Lorent a su vez tenía
talante de hombre de mundo como su tío, y en 1879 realizó un importante
descubrimiento al ubicar quina cuprea en Santander, y buscó monopolizar esa
variedad de quina, que se cotizaba muy bien en Europa.121
Su genio de hombre de negocios le valió la confianza del tío y patrón. Si bien
Lengerke prefería pasar su tiempo en su hacienda de Montebello, donde daba
118 Archivo Parroquial, Iglesia San Laureano, Bucaramanga. Libro de bautismos, 1894-1895. Fe de
bautismo de Víctor Granados. F. 36. El otro hijo ilegítimo de Keller fue Luis Antonio Granados, su fe
de bautismo se ubica en AP, San Laureano-BGA, Libro de Bautismos 1891-1894. F. 59.
119 Archivo Parroquial, Iglesia de San Pedro, Lebrija. Libro de bautismos 1884-1896. F. 139.
120
AGN, AO, MRE, Caja 82 Car298 f 81. Estas informaciones se extraen del expediente de
reclamación presentando por Lorent por perjuicios ocasionados durante la guerra de 1884-1885.
121
GUERRERO Rincón, Amado Antonio y AVELLANEDA, Maribel. Óp. Cit., pp. 157.
60
rienda suelta a sus ínfulas de señor feudal, su sobrino estaba encargado de la casa
y almacén comercial que habían establecido en Bucaramanga. A la muerte de
Lengerke, el 4 de julio de 1882, su sobrino heredó no sólo su fortuna, algo mermada
por la depreciación de la quina, sino el rol preponderante dentro de la comunidad
alemana. Sus actividades comerciales le seguirían reportando réditos cuantiosos,
diversificados en algunas actividades agropecuarias, préstamos de dinero,
industrias e inversiones en el emergente sector de los servicios públicos.122 También
fue padrino de matrimonio de varios de sus compatriotas (información que se
ampliará en el capítulo tres) y padrino de bautismo de muchos retoños de las
uniones entre alemanes y damas de la sociedad local. A su vez, fue cónsul de su
país, durante los años 1880-1896. Se tiene constancia de su permanencia en
Colombia hasta poco después de la guerra de los Mil días, momento en el que
presumiblemente retorna a su patria.
Otros negociantes, como Guillermo Schrader (que además fue el primer cónsul
alemán en Bucaramanga, hasta 1880), Guillermo Muller y Alejandro Koppel
promovieron el primer Banco, el de Santander, no con el único ánimo de prestar un
servicio a la comunidad, sino también apalancar sus propios negocios.123 Su
actividad estaba casi que exclusivamente centrada en proveer servicios financieros,
compra y venta de propiedades, así como algunos negocios de agroexportación, en
asocio a la poderosa familia Valenzuela, encabezada por don Ulpiano Valenzuela
Mutis y su hijo, José María.124 Los estrechos vínculos entre esta familia y la firma
alemana se convirtieron incluso en alianzas matrimoniales (como se verá en el
capítulo III), y resultaron muy convenientes tanto para los dos alemanes como para
José María Valenzuela. Los tres decidieron abandonaran Bucaramanga a raíz de
las amenazas que pesaron contra sus vidas en aquella negra jornada del 9 de
122
Ibid., p. 156
123
GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 161.
124 GUERRERO Rincón, Amado Antonio y AVELLANEDA, Maribel. Óp. Cit., pp. 161.
61
septiembre. Continuaron sus negocios por medio de apoderados, pero no volverían
a avecindarse en Bucaramanga.125
Este último caso es similar al de César Hoffman, que también inició en los negocios
como dependiente de Lorent y Lengerke, pero para el año 1900 tenía más
autonomía, pues era el representante comercial de Breuer& Muller, firma controlada
desde Maracaibo por los herederos de Hermann Breuer, negociante alemán llegado
a esa ciudad hacia 1860. Ello no impidió a Hoffman de hacer negocios por su propia
cuenta, pues se asoció a Bartolomé Rugeles para comercializar café y bienes
una reclamación presentada por Lulle, por perjuicios ocasionados durante la guerra de 1884-1885.
62
raíces.129 Hoffman a su vez había intentado entroncar con la sociedad local, al
casarse con Celia Uribe en 1891, por lo cual estamos ante un negociante de origen
extranjero típico, que coincide con el perfil que se intenta trazar: vínculos con la
sociedad local y rol destacado en la comunidad, negocios diversificados y vínculos
con otros extranjeros de origen alemán, de tipo comercial y fraterno.
129 MARTÍNEZ Carreño, Aida (Ed.) Bartolomé Rugeles. Diarios de un comerciante bumangués. 1899-
1938. Bucaramanga: Universidad Autónoma de Bucaramanga, 2005. P. 40.
130 MOLINA, Luis Fernando. Óp. Cit., pp. 4.
63
asocio a Trucco y Mainero, Bernardo Capurro tenía un almacén muy bien surtido en
la Plaza de la Yerba, de Cartagena.131
Esta generación pionera fue superada con creces por Juan Bautista Mainero y
Trucco, que llegó a ser el hombre más rico de Cartagena. La obstrucción del Dique,
que se convirtió en un hecho constante, sumió a Cartagena en una debacle de la
cual difícilmente se recuperaría. Por eso, el joven Mainero tuvo que emigrar, junto
con su esposa Leonor Bossio a Quibdó, en el Cauca, con el objetivo de hacer
fortuna. El Chocó ofrecía potencial fortuna por el auge de la minería. Pero no se
dedicaría Mainero a la extracción de oro, sino a la compra de este a pequeños
mineros, para su posterior reventa y exportación. Con ayuda de su socio, Gregorio
Martínez Bossio, primo de su mujer, logró introducir la navegación entre Quibdó y
Cartagena, ofreciendo nuevos mercados para la menguada ciudad colonial.132
131 MEISEL, Adolfo y AGUILERA, María. Cartagena a través de tres censos de población. Tres siglos
de historia demográfica de Cartagena de Indias. Bogotá: Banco de la República, 2009. P. 55.
132 MOLINA, Luis Fernando. Óp. Cit., pp .5.
133 Ibid., p. 7.
64
Zaragoza una casa desde la cual se administraban estos negocios.134 En el distrito
de Titiribí, Mainero fue propietario de la mina “El Zancudo”, que compró por más de
60000 mil pesos en 1862. Esta compra ocasionó gran escándalo en la sociedad
antioqueña, pues acaeció justo después de la Guerra de las Soberanías, y le dio a
Mainero fama de hombre millonario.135 En la transacción venía incluida la fundición
de Sabaletas, regentada por Reinhard Pashke, que se convirtió en su empleado.
Estas minas resultaron ser su negocio más rentable. Entre sus socios se encontraba
Carlos Coriolano Amador,136 que descendía de una notable familia cartagenera,
dueño de la mitad. Y el ingeniero nacido en Cuba, pero de nacionalidad
estadounidense Francisco J. Cisneros, magnate de los ferrocarriles, que tenía
concesiones de vías férreas en casi todos los estados de la república. Mainero
retornó en 1868 a Cartagena y emprendió negocios de exportación e importación,
al igual que lo había hecho su tío. Combinó esta actividad con la especulación
inmobiliaria, e intentó convertirse en contratista del gobierno de Bolívar. Una de las
obras públicas que absorbió su interés fue la navegabilidad del canal del Dique.137
Mainero se alió con Cisneros para ganar la licitación, pero perdió. Posteriormente
organizó una compañía para hacer la carrera de Cartagena a Honda usando el canal
inaugurado en 1881, pero tuvo problemas para cumplir el contrato, debido según él
a que dicha obra era deficiente.
Otro negocio que captó su atención fue el de la ganadería en Bolívar, que tenía un
antecedente colonial muy exitoso en los hatos ganaderos de los Marqueses de
Torre Hoyos y Santa Coa. Para ello, Mainero trabó alianza con sus primos, los
González Trucco y los Trucco Bossio, a fin de realizar exportaciones de vacuno a
Centroamérica y las Antillas.138 Su primera gran inversión en este ramo la realizó en
1872, con la compra de la Hacienda Buenavista, ubicada en Turbaco. Este
65
gigantesco globo de tierra, que era atravesado por el ferrocarril que unía a
Cartagena con Calamar y poseía puerto propio sobre la Bahía, fue arruinado
durante la guerra de 1885, debido a que las fuerzas de Gaitán Obeso, que
asediaban la ciudad, ocuparon la hacienda y consumieron todo su ganado.139
Sus negocios inmobiliarios también fueron harto redituables: a finales del siglo XIX,
Cartagena era conocidas como el “corralito de Mainero”, dadas las múltiples
inversiones en bienes raíces realizadas por el negociante italiano. La compra de
viejas edificaciones, para luego refaccionarlas o reedificarlas, se convirtió en uno de
sus principales activos, y se estima que invirtió alrededor de 300000 mil pesos en
este propósito.140 A su vez, Mainero no descuidó el ornato de la ciudad que le
acogió, pese a que es descrito como un individuo apático, que gustaba de
relacionarse únicamente con integrantes de la comunidad italiana.141 Se tiene la
noticia de que “llenó de mármol” a Cartagena. Una de sus contribuciones más
sobresalientes es la estatua de Colón, réplica de la que se hallaba en Génova, que
donó a la ciudad. Y la remodelación del cementerio de Manga, lugar donde reposan
sus restos, y se eleva su cenotafio, primorosamente tallado en el más fino mármol.
En el caso del Estado soberano del Cauca, hay que destacar la presencia italiana
en el valle del Río Cauca y la del norteamericano Santiago Eder, por su considerable
impacto en la economía y la política de esa región. La dinámica de la presencia
italiana en el Valle estuvo ligada irremisiblemente al boom de las quinas, las cuales
se convirtieron en un producto notable en el estado soberano del Cauca durante la
década de 1870. Antes de ello, las noticias sobre la presencia de negociantes
italianos en la región son muy fragmentarias. Dicha presencia estaba muy vinculada
al puerto de Buenaventura, que no sólo es el punto de entrada de los migrantes,
sino que es el destino natural de todas las mercancías y el punto por donde ingresan
las exportaciones. Así, en Buenaventura se establecen inicialmente varios
66
negociantes como Tassara, Cerruti, Doria, Quilici y Crispino. En Buenaventura
inclusive funcionaba un consulado de Italia, por lo menos desde 1860.142
La bonanza de las quinas vio elevarse a una de las fortunas más sólidas de Los
Estados Unidos de Colombia, y la mayor del Cauca: la de Ernesto Cerruti Castelli,
súbdito del Reino de Italia, quien a partir del año 1872 constituyó la sociedad
comercial Ernesto Cerruti y Cía, junto a connotados hombres de negocios y políticos
locales. Sólo dos años antes había llegado a Buenaventura, procedente de Panamá,
ciudad en la que estaba como empleado de la casa comercial Ferrari desde 1869.143
Sin embargo, un folleto escrito por un contemporáneo, Francisco Rebolledo, titulado
“Aventuras de un cocinero” le asigna a Cerruti unos orígenes más modestos,
comentando que era zapatero remendón en Panamá, y el mismo fue testigo de
cómo logró embarcarse para Guayaquil, mediante embustes, como cocinero en un
barco, para posteriormente emigrar hacia Buenaventura, lugar donde mejoró mucho
su suerte al ser empleado en la casa comercial Tassara.144
Sin embargo, Alonso Valencia Llano postula la hipótesis de que tal fortuna estaba
basada más que nada en el hábil manejo de varios créditos que le habría extendido
142 El consulado se trasladó a Cali en 1871. Ernesto Cerruti lo ocupó de 1870 a 1879.
143 VALENCIA Llano, Alonso. Óp. Cit., pp. 300.
144 REBOLLEDO, Francisco. Aventuras de un cocinero. Bogotá: Imprenta de “El mensajero”, 1898.
P. 12.
145 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car10, f. 5.
146 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car10, f. 22.
67
su otrora patrón, Sebastián Tassara, librados en Panamá.147 Ello resulta bastante
plausible, ya que es el presunto origen para la fortuna de otro extranjero que llegó
al Cauca en condiciones similares: el estadounidense de origen letón James (o
Santiago) Eder. Su hijo Phanor, autor de una monografía sobre su padre, atribuye
su fortuna al crédito que le extendió su hermano mayor Henry Eder, que fue uno de
los primeros ciudadanos estadounidenses que abrió casa comercial en Panamá, en
fecha tan temprana como 1845.148 No hay duda de que estas afirmaciones llaman
a revisar el rol de Panamá en los procesos migratorios, pues lo poco que se ha
trabajado sobre estos procesos ignora por completo esta porción de la Colombia de
ese entonces. Al parecer, Panamá podría tener un rol determinante en el fenómeno
migratorio, como cabeza de puente utilizada por muchos migrantes, y hogar de
numerosas casas comerciales de extranjeros. Tal y como lo señalaba Phanor Eder
al escribir la memoria de su padre.149
Pero retornado a Cerruti, lo cierto es que 1873 fue para él un venturoso año. Pues
además de abrir su propia casa comercial, contrajo un afortunado matrimonio con
Emma Davies Mosquera, que le emparentó con lo más granado de la sociedad
caucana. Pasó a ser pariente político del Gran General Tomás Cipriano de
Mosquera (abuelo de la novia), cuatro veces presidente de la república y del general
Jeremías Cárdenas Silva (tío de la novia). Este último sería uno de los socios
fundadores de “Cerruti & Co”. La sociedad incorporó a otro importante político y
militar del círculo mosquerista, el general Ezequiel Hurtado. Fundada en Cali por
escritura pública, la sociedad comercial declaraba que sus objetivos eran “toda clase
de negocios y especialmente la exportación de frutos del país.”150 Además de ello,
Cerruti suministraba todo el capital inicial, 20000 pesos en varios contados. Asumía
también Cerruti la dirección de la sociedad, y sólo él determinaría cuales serían los
147 VALENCIA Llano, Alonso. ¡Centu per centu, moderata ganancia!: Ernesto Cerruti, un comerciante
italiano en el estado soberano del Cauca. Boletín Cultural y Bibliográfico. 1988, vol. 25, nro. 17, pp.
59.
148 EDER, Phanor. El fundador Santiago M. Eder. Bogotá: Antares, 1959. P. 56.
149 Ibid., p. 41.
150 AGN (Col) AO, MRE, Transferencia 8, caja 98, carpeta 1. F. 1.
68
negocios en los cuales incursionaría. No hay constancia de aporte de capital de los
otros socios. Quizás porque consideraban como suficiente contrapartida el enorme
prestigio político y social que mantenían en el Cauca, lo cual demostraría ser muy
útil a los intereses de la casa comercial.
69
que con el tiempo adquiriría el nombre de “Ingenio Manuelita”. Sus descendientes
retienen este emporio comercial, uno de los más relevantes del país.
El estado del Cauca era en esa época una zona bastante prometedora para hacer
negocios. Las enormes tierras baldías del estado atrajeron por igual la atención de
nacionales y extranjeros. Así, Mainero, vecino de Quibdó, recibió 1500 hectáreas
de tierras baldías en la zona del río Atrato, mientras que se conformó una sociedad
denominada “Burila”, en torno a un globo de tierra salobre ubicado en el distrito de
Zarzal que atraía a un número considerable de colonos. Su propietario, Lisandro
Caicedo, se asoció con connotados políticos como Eliseo Payán, Juan De Dios
Ulloa y Manuel Antonio Sanclemente, y también con negociantes extranjeros como
el alemán Karl Hoover Simmonds.154
154 VALENCIA Llano, Alonso. Empresarios y políticos. Óp. Cit., pp. 67.
155 AO, MRE, transferencia 8, Caja 98, Cr1, f. 32.
156 Ibid., f. 34v.
70
la compañía continuó explotando por medio de intermediarios la vasta riqueza
quinera, hasta la caída de los precios de la quina a finales de la década.157
A partir de sus primeros éxitos con las quinas, Cerruti pudo soñar con convertirse
en terrateniente, y en 1875 le compró a la señora María Manuela Vieria, viuda de
Juan Antonio Caicedo, una hacienda llamada “Mulaló” 158, a la que Cerruti añadiría
otras fincas y potreros (como “La Burrera” y “el Jagual”). Posteriormente compró la
hacienda de “Salento”, agregándola al globo de tierra, que quedó bautizado con este
último nombre. La hacienda estaba convenientemente situada, en la orilla occidental
del río Cauca, y representaría la propiedad principal de Ernesto Cerruti, su
residencia habitual y el lugar donde se dedicaría a varias actividades agropecuarias,
como la cría de ganado. Salento fue descrita como una hacienda magnífica por sus
contemporáneos, descripciones que recoge Phanor Eder en el libro sobre su padre.
Allí informa que en Salento había una destilería, servicio de plata en abundancia y
piscina cubierta, entre otros lujos.159
La buena fortuna de Cerruti terminó tan fugaz como había empezado. En el Cauca
su figura empezó a ser odiada, debido a su excesiva figuración en la vida política
del Estado, y a sus prácticas comerciales, consideradas como cuestionables. Su
manejo del monopolio de la sal les resultaba bastante odioso, especialmente a los
militantes conservadores, que en algunas zonas del Estado eran mayoría. El líder
de esa facción, Carlos Holguín Mallarino, ventiló que en Cauca operaba un
“gobierno por escritura pública” en clara alusión a Cerruti y sus influyentes socios.
Y la victoria de Hurtado en 1879, para ser presidente del Estado ratificó la
preponderancia de la casa comercial Cerruti.160
157 REBOLLEDO, Francisco. Óp. Cit., pp. 22. ALBÁN, Carlos. Óp. Cit. Pp. 9. VALENCIA Llano,
Empresarios y políticos. Óp. Cit., pp. 300.
158 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car10, f .44.
159 PHANOR Eder. Óp. Cit., pp. 375.
160 VALENCIA Llano, Alonso. Centu per centu. Óp. Cit., pp. 60.
71
independiente, que exhibía una ideología débil y más bien se presentaba como
“tercera vía” o fórmula de conciliación, pero que no era otra cosa que la expresión
de oligarquías regionales, vinculadas al estamento militar. Su participación en la
expulsión del obispo Bérmudez es bastante confusa, y quizás responda más bien a
las alianzas del momento entre independientes y radicales. En el año 79 esta
alianza se disolvió, pues los independientes derrocaron al presidente radical
Modesto Garcés (en circunstancias que se verán en el capítulo II). Lo cierto es que
en general la política colombiana de la época tiene mucho de sectarismo, pero
también de oportunismo. De lo que sí parece consciente Cerruti es de la necesidad
de escoger un partido. Apostar por uno de los sectores en pugna, para lograr la
victoria y participar de las mieles del poder: tal parece ser la divisa de Cerruti.
Con todo, Cerruti no calculó la caída de los precios de las quinas y el incendio total
del puerto de Buenaventura en 1881, que dejó sus negocios bastante
malparados.161 Cerruti volcó entonces su atención a la contienda para elegir
presidente del Cauca, a celebrarse en 1883. Se alió con un político cuestionable,
Tomás Renjifo, general durante la guerra de 1877. Apostó fuertemente por su
candidato, organizando reuniones y repartiendo pan y circo en los distritos de Cali,
Palmira, Buga y Buenaventura. Sin embargo, perdió toda su inversión por el
fallecimiento de Renjifo, en enero de 1883. El destino le jugó a Cerruti una mala
pasada. Terminó la época de la contratación estatal, y llegaron las vacas flacas.
Para el momento en el que estalló la guerra de 1885, Cerruti estaba al borde de la
bancarrota.162 Por ello, no extraña la actitud que tomó durante aquella contienda.
Saborear de nuevo las mieles del poder parecía ser su única alternativa.
161
VALENCIA, Alonso. Centu per centu. Óp. Cit., pp. 69.
162
PHANOR Eder. Óp. Cit., pp. 381.
72
instaurar una reclamación cuya resolución duró poco más de diez años.163 Mainero
también sufrió cuantiosas pérdidas por expropiaciones en la guerra de 1885, y los
negociantes alemanes en Santander tampoco se salvaron de ella, pues el Cauca,
La Costa y Santander fueron los lugares donde se experimentó con mayor fuerza
esa guerra. Una guerra que no es otra cosa que la expresión de una tensa política
de alianzas y revanchas, fundamentada en el espíritu de partido y la exclusión del
contrario, como se verá a continuación.
163
Ibid., p. 403.
73
2. EL CLIMA DE NEGOCIOS PARA LOS EXTRANJEROS DURANTE LAS
GUERRAS CIVILES EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX.
Ello con el objetivo de dar contexto a los negocios emprendidos por extranjeros en
el territorio nacional. Frank Safford, en un texto ya clásico, señalaba que una de las
dificultades que enfrentaban los extranjeros al hacer negocios en Colombia durante
el siglo XIX era el difícil clima político, caracterizado por las sucesivas guerras
74
civiles y el cambio de políticas estatales, de suerte que los capitales invertidos
corrían un riesgo considerable.164 Esta idea, en la que Safford no profundiza, invita
a reconstruir el clima político de la actual Colombia durante esa época, y sugerir las
posibles afectaciones de lo que los contemporáneos llamaron el “espíritu de partido”
en el orden público y en la sociedad, especialmente en lo tocante a los negociantes
extranjeros y sus negocios. Por otra parte, es posible hablar no sólo de un clima
difícil para los negocios (como lo señalan algunos contemporáneos, entre ellos,
Aquileo Parra) sino de otras “trabas”, como la escasez de la mano de obra y la
contracción de los mercados.165 Pero sin duda, el rasgo más relevante es la
recurrencia de la guerra como mecanismo para dirimir conflictos, que tiene como
consecuencia directa la expropiación de bienes a negociantes y emprendedores,
entre ellos por supuesto los de origen extranjero.
75
doctrina económica del “laissez faire, laissez passer”, adoptada por la dirigencia
radical.166 El estado se limitaba a rematar las concesiones y administrarlas, mientras
los negociantes ejecutaban las vías de comunicación requeridas para llevar sus
productos al sistema-mundo.
A la hora de indagar por lo político, las memorias y textos reflexivos escritos por
figuras de la época serán el más útil de los tipos documentales, pues permiten
conocer a profundidad opiniones desde diversas posiciones del espectro. Al revisar
sistemáticamente títulos publicados en ese periodo o que se refieren a él (por
ejemplo, las memorias de Quijano Wallis o Aníbal Galindo), escritos por actores de
espectros políticos diferentes, se logra una mejor idea de ese clima político que es
elusivo en los documentos de carácter oficial.
166
PARRA, Aquileo. Memorias. Bogotá: Incunables, 1982. P. 89.
167
EDER, Phanor. Óp. Cit., pp. 399.
76
Las ideas liberales les fueron favorables para articular una política propia para el manejo
del nuevo Estado, pero no me parece que ello obedeciera tan sólo a una postura
ideológica, sino que la postura ideológica era inseparable de un interés pragmático por
debilitar a sus contendores políticos. Puede ser que no consiguieran prever las
consecuencias de sus decisiones y que estuvieran enceguecidos en medio de la lucha
conta sus opositores. Así lo parece, porque la forma en que aplicaron los ideales de las
corrientes liberales tuvo como consecuencia el debilitar las cortapisas institucionales al
uso de la violencia.168
Para Jimeno, es claro que los radicales practicaron la política de una manera
sectarista y excluyente, basada en la identificación de enemigos y la oposición a un
contrario, en este caso los conservadores que fueron su enemigo político por lo
menos desde los albores del liberalismo radical en la década de 1850. La mejor
forma de sostenerse en el poder para ellos fue mantener en situación de debilidad
a sus contrarios, privándolos del acceso a los cargos de representación política. Los
radicales “Acentuaron de tal manera los peligros del ejercicio de la autoridad, que la
confundieron con el poderío (uso de la fuerza para ejercer y sostener el poder. Muy
a su pesar, esto fue lo que les abrió las puertas a sus opositores conservadores,
alentados por la proliferación de focos de violencia en la forma de levantamientos
locales o de guerras internas”169. De manera que se puede hablar de un escenario
político sumamente precario, con instituciones débiles y una confrontación
permanente. Este escenario será el contexto político en el cual actuarán los
negociantes de origen extranjero.
Este capítulo revisó varias facetas del “clima de los negocios”. En primer lugar, las
condiciones materiales, entendiéndose por tales los aspectos relacionados con la
geografía, la infraestructura, la conectividad, y, en fin, el medio físico. En segundo
lugar, el tópico político, dentro del cual están el “espíritu de partido”, la debilidad
institucional y las recurrentes guerras civiles. Y, por último, se le concederá especial
atención a la Guerra de 1885, pues se tiene la hipótesis de que redefinió la relación
168 JIMENO, Miriam. Los límites de la libertad: ideología, política y violencia en los radicales. En
SIERRA, Rubén(editor). El radicalismo colombiano del Siglo XIX. Bogotá: Universidad Nacional,
2006. P. 170.
169 Ibid., p. 172.
77
del gobierno con los negociantes de origen extranjero, además de cambios
institucionales y políticos que de alguna manera les afectaron.
78
Murillo creía fervorosamente en un estado que operara como garante de las
libertades, pero dejara en manos de la iniciativa privada la mayor parte de los ramos,
como la creación de empresas, las obras de infraestructura y la educación.170 Este
sería el punto de vista dominante en Santander por lo menos hasta bien entrada la
década del 70, pero no la tónica general, pues la Constitución consideraba que cada
estado era libre de legislar y establecer sus propias directrices siempre y cuando no
lesionaran a otros Estados. Sin embargo, es claro que debían ser observados
elementos como la desamortización, la educación laica, la libertad de culto, la
inexistencia de la pena de muerte y otras disposiciones que eran de naturaleza
constitucional.
Las divergencias entre el gobierno federal y los Estados afectaban a los negociantes
extranjeros. Quizás uno de los ejemplos más relevantes sea el de Geo Von
170 ZAPATA Giraldo. Reforma radical en el Estado Soberano de Santander. Bogotá: Universidad del
Rosario, 2017. P. XV.
171 Ibid., p. 15-17.
79
Lengerke, que quedó envuelto en un choque entre el Gobierno de Santander y el
de la Unión, con ocasión de las concesiones de tierras baldías entre los ríos
Sogamoso y Opón. Lengerke había recibido sucesivas concesiones de baldíos en
torno al camino de Montebello a Puerto Santander (Barranca Bermeja) que había
levantado a su costa. En 1880 el gobierno nacional en cabeza de Rafael Núñez
concedió gran parte de estas tierras a Manuel Cortissoz, que sólo hasta 1877 se
había asentado en la región. Solón Wilches, en ese entonces presidente de
Santander, protestó, subrayando las leyes y decretos que concedían a los estados
soberanos la facultad de repartir los baldíos.172 Sin embargo, no pudo hacer mucho
más, pues quería evitar una intervención de la Guardia Colombiana. Pese a que
Wilches volvió a celebrar con Lengerke contratos de explotación de quinas y
concesión de baldíos, Cortissoz y Compañía no se rindieron y embargaron la quina
de Lengerke y sus socios.173 Trabaron alianza con el general Fortunato Bernal, que
organizó bandas armadas que hostilizaron a los peones de Lengerke. El conflicto
se extendió hasta el fallecimiento del mítico alemán, el 4 de julio de 1882.
80
muy bien estos intereses, pues el caudillo Farías por ejemplo fue protegido en el
valle de Upar y en Riohacha, en parte como una manera de mostrar el rechazo al
presidente apoyado por la élite samaria, Riascos.174
Salir al Magdalena era vital para Santander: es así como fundar un puerto efectivo
era una empresa que consumía una gran cantidad de esfuerzos y recursos.
Fuente: [Link]
Lengerke propuso fundarlo donde hoy está ubicada Barrancabermeja. Para él, este
punto era de fácil acceso desde la capital del estado y desde las provincias de Soto
y García Rovira. Huelga decir que también le resultaba sumamente conveniente,
pues sus haciendas estaban en esa ruta. También se probó establecer el puerto no
en el Magdalena, sino en el río Sogamoso: se le denominó puerto de Botijas y
estaba ubicado cerca al lugar donde el primer Mantilla de los Ríos fundó San Juan
de Girón. Otro punto donde se descargaban mercancías era el dique del Paturia (al
que incluso se le asignó una administración de hacienda subalterna)175, cerca de la
confluencia con el río Lebrija. Otros puertos utilizados eran Puerto Wilches (fundado
a inicios de la década de 1880) y el viejo Puerto Real, rebautizado como Puerto
174
BRICEÑO, Manuel. La revolución de 1876-1877. Bogotá: Imprenta Nueva, 1878.
175 Decreto 84 de 1876. Disponible en [Link]
[Link]/clp/[Link]/Decretos/1841071?fn=[Link]$f=templates$3.0
81
Nacional, que funcionaba como el puerto de la ciudad de Ocaña y se ubica en lo
que hoy es Gamarra. Ninguno de estos puertos funcionó plenamente.176
En cuanto a la red férrea, que era presentada como la panacea para los problemas
de conectividad, sus desarrollos fueron pobres y lamentables, salvo contadas
excepciones. Con bombos y platillos se recibió en Santander al ingeniero inglés
Robert Joy en 1871.177 El trazado férreo se haría desde Bucaramanga a Puerto
Wilches. Catorce años después, al contemplar la línea férrea, Foción Soto
informaba que “lo hecho, y que cuesta a Santander más de 600000, valdrá unos
cien mil pesos”178. Sólo había unas cuantas leguas de trazado, la locomotora estaba
dañada, los rieles estaban esparcidos por el terreno y no existían alojamientos
suficientes de Sabana de Torres a Puerto Wilches.
En el caso del Cauca, el principal objetivo era lograr la conexión entre Cali y
Buenaventura. En un principio se remontaba el Dagua en canoa mientras aún era
navegable, pero en cierto punto había que atravesar la cordillera a lomo de mula.
Así lo vivió Santiago Eder en su primer viaje de Buenaventura a Cali, hacia el año
de 1864.179 Pese a que al menos desde el año 1715 se proyectaba el citado camino,
para 1865 no se había adelantado mayor cosa.180 Lo que había de camino ni
siquiera llegaba al punto navegable del Dagua. En 1865 el general Julián Trujillo fue
nombrado Superintendente de las obras de dicho camino, pero como ese mismo
año estalló una revolución en el Cauca, cedió la superintendencia a Santiago Eder,
que de inmediato firmó un contrato con el gobierno presidido por el general Eliseo
Payán.181 Los trabajos llevaban bastante adelanto, pero en 1869 salió Eder de la
176 CARREÑO, Clara. Las vías hacia el Magdalena. Los caminos de Lebrija y Sogamoso en el siglo
XIX. Apuntes. 2010, vol. 23 (2), pp. 104-117.
177 GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 145.
178 SOTO, Foción. Memorias del movimiento de resistencia a la dictadura de Rafael Núñez. Bogotá:
82
superintendencia del camino, y poco tiempo después se desistió de él, para intentar
la vía férrea.182 Finalmente, no se hizo ni lo uno ni lo otro.
República. P. 19.
186 Ibid., p. 25.
83
prosperar gran cosa por la falta absoluta de caminos, que faciliten la traslación de
sus productos de gran volumen o de mucho peso”187 Sin embargo, Gutiérrez de
Alba señalaba que la situación mejoraba un poco al salir de Boyacá y aproximarse
a Santander: “Desde que se entra en el territorio de Santander, se advierten ya más
cuidados los caminos, algunas calzadas de piedras sueltas en los lugares
pantanosos, y los puentes de los muchos arroyos que hay que atravesar, aunque
rústicos y deleznables, están construidos con más esmero”188 Estos caminos sufrían
mucho con las inclemencias del clima, y en época de lluvias eran completamente
intransitables. Este relato, que no corresponde a una zona aislada sino al “centro
del país”, constituye un testimonio de la geografía y la conectividad de la recién
nacida federación, que no era mucho mejor que la del virreinato, 70 años atrás.
En el caso de las zonas aisladas del Estado Soberano del Cauca, como el Caquetá,
el único atisbo de civilización eran los tambos de quineros, refugio precario para los
viajeros que se internaban en la selva. Aunque prontamente desaparecían estos
tambos y predominaba la selva exuberante, a la cual inclusive los indios cargueros
se resistían a internarse.189 Los tambos de los quineros llegaban más o menos hasta
la orilla de la quebrada del Hacha, en las inmediaciones de la actual Florencia. De
ahí en adelante, la selva consumía cualquier ímpetu. La expedición dio cuenta de
accidentes geográficos que ni siquiera figuraban en los mapas de Codazzi, como la
quebrada la Perdiz.190 Allí se fundaría Florencia en 1902. No sólo existía un precario
estado de las vías de comunicación, también era nulo el conocimiento del territorio
y su riqueza, y se vislumbra que la frontera de colonización se hallaba en algún
punto cercano a la actual ciudad de Florencia. Quedando inexploradas la mayor
parte de las tierras del Cauca. Del mismo modo, Gutiérrez de Alba también da
cuenta de la reticencia a implementar del todo las reformas radicales, pues relata
que en la Villa de Leiva aún existía un convento de religiosas del Carmen, donde se
84
mantenían 16 religiosas “sin dedicarse a ninguna ocupación útil”, debido a la feroz
reticencia de los pobladores a dar cumplimiento del mandato del gobierno.191
Como Gutiérrez de Alba escribía en 1870, era presumible afirmar que era más bien
poco lo que se había hecho hasta el momento para salvar este rezago en
infraestructura. Las razones por las que no se había avanzado eran varias, pero
algunas voces insistían en la inconveniencia de entregar concesiones a privados,
según lo afirmaba Núñez en 1874.194 Para esa época, Núñez se transformaba en
agudo crítico de los progresos del régimen federal que había ayudado a instaurar.
Y si antes había sido defensor entusiasta de medidas como la desamortización,
ahora protestaba contra los monopolios que se habían concedido en varias partes
de la Nación para adelantar la construcción de ferrocarriles.
85
ocurriendo en ese momento en Panamá.195 Los extranjeros sólo estaban
interesados en percibir lucro y no veían el servicio de ferrocarriles desde la
perspectiva de la utilidad pública y el bienestar social.196 La tesis de Jean Batiste
Say,197 de que el Estado es mal administrador, tan en boga de los radicales, era
fácilmente refutada comparando el caso de Colombia con el de países de otras
latitudes. La fórmula preferida hasta el momento, que consistía en negociar
contratos con negociantes extranjeros, era puesta en duda por quien en seis años
se convertiría en el primer magistrado de la Nación. Si bien Núñez no tomaría
ninguna medida radical contra los capitales extranjeros, sí pretendía reglamentar la
materia, pues consideraba que el empleo de capitales extranjeros en el país exigía
el envío de utilidades y dividendos a los mercados internacionales.198 Núñez
recomendaba a su vez que se desarrollaran herramientas que permitirían al país
depender menos del concurso de los extranjeros, como cátedras de mineralogía e
ingeniería.199
Sin embargo, sólo después de 1885 podría Núñez entregarse en cuerpo y alma a la
realización de estas reformas. En los Estados Unidos de Colombia la constante fue
la confianza depositada en negociantes extranjeros, que prácticamente tenían
contratadas la mayoría de las obras de infraestructura. Núñez, Parra, Murillo, todos
coincidían en que Colombia carecía del recurso humano y del capital necesario para
doblegar la feraz naturaleza de sus selvas, la inconmensurable extensión de sus
páramos yermos y sus caudalosos ríos. En medio de este entorno, para los
negociantes extranjeros parecía cada vez más relevante contar con las facilidades
que otorgaba la cercanía a las élites locales, dada la necesidad de ejecutar
proyectos de infraestructura antes de cualquier cosa. A esa dificultad se enfrentó
Santiago Eder, por ejemplo, que hubo de construir el camino de Cali a Buenaventura
86
para poder establecer esa ruta comercial.200 Y para hacerlo, necesitó la aprobación
del círculo dominante en el Cauca de la época (1865), encabezado por el Gran
General y la oligarquía payanesa.
Mosquera por ejemplo es señalado por Eder como uno de los políticos más abiertos
a las innovaciones como el ferrocarril y a los proyectos de infraestructura como la
navegación a vapor.201 Murillo Toro evitaba cualquier compromiso del Estado en
obras de infraestructura, pero según Parra relajó su política de la mano invisible en
1872, al constatar que diez años de “dejar hacer, dejar pasar” no dejaban concluida
ninguna obra importante de las que necesitaba el país.202 Al seguir las pugnas por
el poder se entenderá no sólo los efectos de la política y las guerras en los negocios,
sino también el significado del triunfo de una u otra facción. Atendiendo claro está a
los matices regionales, pues hay que recordar que la federalización concede
relevancia política a los Estados, los cuales tienen sus propias dinámicas.
87
2.2. EL “ESPÍRITU DE PARTIDO” COMO CONTEXTO DE LA INMIGRACIÓN.
Los negociantes de origen extranjero eran conscientes del poder de los políticos,
quienes bien podían favorecer o perjudicar sus negocios. Por ello, la lucha por el
poder, marcada por las guerras civiles, los ataques personales y una suerte de
pugnacidad permanente en la política colombiana, denominada “espíritu de partido”
por los contemporáneos. La principal característica de dicha pugnacidad era el
empoderamiento del vencedor y la completa exclusión de los vencidos. Esta tesis,
defendida por Helen Delpar en su ya clásico libro titulado “Rojos contra Azules”203,
es demostrable acudiendo a los textos escritos por figuras contemporáneas. Los
extranjeros estaban advertidos de no inmiscuirse en estas lides. Así, Santiago Eder
por ejemplo había sido advertido en el año de 1870 por los hermanos Bertin, que
habían negociado en el Cauca, subrayándole que
¿Por qué los hermanos Bertin advertían a Eder sobre la política de manera tan
categórica? ¿sería posible que el apasionamiento y el faccionalismo llegaran a tal
punto de comprometer a un hombre sólo por un comentario? ¿A qué
acontecimientos se referían los hermanos Bertin? La advertencia realizada a Eder
permite confirmar la tesis de una política signada por el espíritu de partido y el
faccionalismo, que varios contemporáneos, pertenecientes a diferentes sectores
políticos, expusieron en textos reflexivos.
Uno de los primeros que discutió abiertamente el tópico del espíritu de partido fue
Manuel María Madiedo (1815-1888), destacado líder del partido conservador
durante la existencia de los Estados Unidos de Colombia (1861-1886). Hacia 1856
88
escribió un opúsculo titulado “Ideas fundamentales de los partidos políticos de la
Nueva Granada” destinado según nos dice su autor a polemizar con Florentino
González, cabeza del partido “Liberal”, acerca del sentido e ideas de las
agrupaciones políticas que se conocían como partidos. Allí sostenía que los
“partidos” eran inexistentes y por el contrario lo que existían eran facciones sin
contenido programático y con profundas contradicciones ideológicas que luchaban
entre sí, de manera violenta. Madiedo sostenía que:
Para Madiedo entonces era posible hablar de una política lejana al debate de ideas
y a la defensa de contenidos programáticos, y cercana al faccionalismo, a la
parcialidad, mezquindad y odio. Estas inconsistencias llevaban, por ejemplo, a
confundir la libertad de imprenta con la calumnia,206 la libertad política con el odio a
causa de la opinión política, la instrucción gratuita con el adoctrinamiento y en
general, los excesos de políticas que lejos de ser sanamente orientadas estaban
únicamente movidas por el espíritu de partido y la voluntad de prevalecer sobre el
otro. Madiedo subrayaba con brillantez que dos partidos “se han disociado por razón
de la herencia, EL PODER, i se han dado de puñaladas sobre la tumba de sus
padres”207, definiendo de esta manera el peligroso escalamiento de la lucha política
Esta idea Madiedo la desarrolló mejor en las décadas posteriores. Sin duda, la
guerra civil de 1860, conflicto de gran envergadura sólo comparable a la de 1840 (la
de los Supremos), dejó una honda impresión en Madiedo, que en el año de 1872
escribió en su periódico “la Ilustración” un artículo titulado “Nuestra idea” en el cual
estaban insertas unas palabras que bien podrían describir lo que había sido el
205 MADIEDO, Manuel María. Ideas fundamentales de los partidos políticos de la Nueva Granada.
Bogotá: Imprenta de “El núcleo Liberal”, s.f (fechado en 1856 a partir de su contenido. P. 15.
206 Ibid., p. 16.
207
Ibid., p. 15.
89
devenir de la república en ese entonces conocida como Estados Unidos de
Colombia hasta ese momento. Y parecía también profetizar lo que había por venir:
Supongamos que de aquí a uno, dos o tres años el partido conservador toma la
revancha de 1860 y recupera a balazos lo que a balazos ha perdido.
¿Qué sucedería?
Que al cabo de cierto tiempo, el partido liberal volvería a tomar de la misma manera, a
balazos, posesión del poder que a balazos hubiera perdido.
Y tras esa revolución vendría otra de su adversario; y otra contra este; y otra más contra
aquel…
Pero entonces, ¿cuándo acabaríamos? ¡JAMÁS!
Cierto es que una solución pacífica es más lenta en sus resultados; pero es más segura,
y sobre todo, más SÓLIDA.
Cierto es también que un partido conquistador no abdicará jamás sus conquistas ante
fórmulas legales. 208
Madiedo hacía un llamado a la reflexión, mostrando la historia política de Colombia
como un cúmulo de revanchas y tomas del poder a balazos. Con ello, no quería
decir otra cosa que la política en (los Estados Unidos de) Colombia se hacía con las
armas y no con las ideas: los pronunciamientos militares suplantaban de cuando en
cuando a las lides electorales, y el vencedor se empeñaba en anular, al contrario,
dispuesto a sostenerse en la cúspide aún con fórmulas ilegales. Sin duda Madiedo
pensaba, por ejemplo, en el ánimo revanchista de las dos décadas anteriores. En
1851 se levantaron los conservadores contra los liberales, en 1854 una facción del
partido liberal (conocida como los “draconianos”) asumió la vocería del artesanado
y erigió al general Melo en dictador: este gobierno fue aniquilado por el ala “Gólgota”
del partido liberal y los conservadores. En 1859, la política del gobierno conservador
de Mariano Ospina, que actuaba como todo un “conquistador” mereció el
levantamiento de los gólgotas o radicales en Santander, y la sorpresiva insurrección
de un antiguo líder conservador, Tomás Cipriano de Mosquera. Los radicales y
Mosquera iniciaron una guerra que resultó ser el conflicto más largo de la existencia
de la joven república, con la clara excepción de su guerra fundacional.
Para Madiedo, las condiciones para una nueva revancha estaban servidas. La
tentación de ir a la guerra estaba presente en los cálculos de los conservadores,
quienes habían protagonizado algunos levantamientos a escala local durante la
208 MADIEDO, Manuel María. Nuestra Idea. La Ilustración. 1872, nro. 484, pp. 265.
90
década anterior. Y efectivamente, Madiedo tenía razón: el espíritu de la venganza
no tardaría en fomentar otra lid armada. Entendiendo que, si bien no es posible
incurrir en una generalización y afirmar que todos los líderes de ambos grupos se
hallaban bajo tal lógica, sí es posible identificar esta tendencia, teniendo en cuenta
testimonios como el de Madiedo, que vivió bajo el sino del “espíritu de partido.”
Los que viven, después de haber presenciado aquel terrible sacudimiento, pueden
recordar el estado de miseria á que quedó reducida la Nueva Granada á causa de él.
Las empresas industriales que no se paralizaron,sufrieron notables quebrantos; las
transacciones á crédito, si llegaban á efectuarse, era en condiciones demasiado
onerosas para el deudor, y el interés del dinero en las antiguas provincias del Socorro
y Vélez y en la plaza de Ambalema, de que yo tuve conocimiento, se elevó á la fabulosa
rata del 8 % mensual.209
Parra deploraba que la guerra rompiera los circuitos comerciales, encareciera las
mercancías y elevara el interés. Sin duda, a situación de conflicto no era la ideal
para realizar negocios. Así, Parra deploraba los resultados de aquella guerra,
citando el ruinoso estado de la república luego del enfrentamiento militar, en el cual
se salvó varias veces de participar, pues el reclutamiento forzoso estaba a la orden
del día. Luego de la guerra, era preciso comenzar de nuevo, y el propio Parra hubo
de hacerlo en la población de Vélez, en donde inició sus actividades comerciales.210
La guerra de 1854 también se debía al faccionalismo, pues en ella a juicio de Parra
se enfrentaron dos grupos del partido liberal, con los siguientes resultados : “el
escándalo de un gran crimen- el crimen de alta traición cometido en desdoro de la
patria; mucha sangre derramada; gran suma de riqueza pública estérilmente
consumida, y por remate, la caída del partido político que se hallaba en el poder”211
91
La riqueza pública aparecía sacrificada al afán de poder y de revancha. Por ello,
Aquileo Parra resumía así la divisa de las agrupaciones políticas de la época:
92
Galindo tenía razones personales para rebelarse.214 Galindo también cuestionaba
la sucesión de las guerras civiles. Galindo presentaba como un acontecimiento
desafortunado la sucesión de revoluciones. Esta confesión, aunque retrospectiva,
es relevante debido a que, durante casi toda su vida pública, Madiedo fue un
convencido hombre de partido, que respaldó muchas de las decisiones y participó
en la guerra de 1860.
Si cada revolución ha visto devorada su obra y su triunfo por la que le ha sucedido,
¿Qué puede ofrecernos el triunfo de una nueva reacción bélica, en cambio de los
infinitos dolores, de los infinitos males y de las infinitas desgracias de una revolución?
En cambio de la barbarie que la acompaña y de la corrupción en que se disuelven las
virtudes públicas que mantienen de pie la estatua del hombre y de los pueblos .215
José María Quijano Wallis (1847-1922) sostenía en sus memorias que la revancha
de partidos desembocó en cambios drásticos en la organización política, en el breve
lapso de 50 años (1850-1900). Para Quijano, fue más de lo que el país pudo
93
soportar, pues estos constantes cambios y guerras le condenaron a la inestabilidad
y al atraso.217 Además, afirmaba que “con excepción de una guerra y de otra, en
parte, todas las demás no han sido motivadas por la necesidad de un cambio
substancial en las instituciones, sino por alcanzar el predominio de un partido sobre
el otro.”218 Sus críticas giran en torno a la guerra civil de 1860 o “guerra de las
Soberanías”, levantamiento que derrocó a Ospina por lesionar la soberanía de las
entidades federales recién creadas. Pese a que su padre, Manuel de Jesús Quijano
había sido uno de los promotores de la revuelta (fue él, según Quijano Wallis, el
artífice de la concordia entre Mosquera y Obando), Quijano condenaba este
movimiento y en general cualquier tipo de guerra civil. Su repulsa quedó plasmada
en las siguientes palabras extraídas de sus “Memorias”, dedicadas a reflexionar
sobre el tópico en cuestión:
Aunque la revolución armada declare que tiene por objeto la restauración de las
libertades públicas y el destronamiento de un déspota, casi siempre es injustificable,
improcedente y falsa. Por una parte, en nuestro país, esencialmente legalista y
democrático, no son viables los tiranuelos a estilo de los de otros países de América y,
por otra, si la revolución es vencida, afirma y avigora el despotismo que combate y, si
triunfa, establece otro despotismo igual, sino peor. Cuan cierto es que al día siguiente
de triunfo de una revuelta armada la libertad ha sufrido una derrota.219
Después de presenciar varias de las guerras civiles del siglo XIX, Quijano estaba
convencido de que casi todas ellas eran improcedentes e injustificadas. Pese al rol
de su padre en la Guerra de las Soberanías y el de otros políticos caucanos de su
estimación como Julián Trujillo, Froilán Largacha y el propio general Mosquera,
Quijano veía inviable la “entronización de un déspota” luego del destronamiento de
un déspota precedente. Las revueltas armadas tenían por objeto la anulación del
contrario, por ello Quijano afirma que el triunfo de una revuelta sólo es el preludio
de otra. Es el mismo argumento que desarrolló Madiedo casi 50 años antes de la
publicación de las citadas memorias.
94
¿Cuál fue el “déspota” que se entronizó tras la revolución de 1860? Mosquera
intentó ejercer una suerte de tutela y dominio en los nacientes Estados Unidos de
Colombia, pero quedó fuera de las cábalas presidenciales tras un golpe de estado
en su contra en 1867. Había sido elegido en 1866, para ejercer su cuarto periodo
presidencial,220 pero las difíciles relaciones con el Congreso, liderado por el jefe del
radicalismo, Manuel Murillo Toro, hicieron de su presidencia una amarga lucha que
destruyó su prestigio y reputación, pues las desavenencias fueron hábilmente
explotadas por la prensa radical. Mosquera tuvo que abandonar sus intenciones
hegemónicas al ser puesto preso en el Observatorio Astronómico por su segundo
designado, el Gral. Santos Acosta Castillo, que completaría el resto de su bienio,
organizando una administración exclusivamente radical. Por lo tanto, Mosquera no
es el déspota que suplantó a Ospina en la cúspide del poder. El nuevo poder que
se alzó tras la guerra de 1860 fue conocido en la opinión como el “Olimpo Radical”,
y estaba conformado exclusivamente con los liberales radicales o “exaltados”.
Aquellos que se habían levantado en la “Guerra de los Supremos”. Aquellos que
habían gobernado con López y habían participado en la derrota de Melo, y habían
sido atacados por Ospina. Ellos eran los que tomarían la revancha y la salida de
Mosquera de la escena nacional les aseguraría 11 años de completa hegemonía.
Las fisuras entre los victoriosos de la guerra de las Soberanías emergieron más que
nada por el control de los bienes desamortizados, que Murillo había feriado entre
sus amigos según Mosquera. También en torno a las atribuciones presidenciales,
pues Mosquera vetaba leyes promovidas por la mayoría radical del legislativo, como
una ley que permitía a los Estados Soberanos mantener ejércitos en tiempos de
paz. Mosquera además había suscrito un tratado de defensa con el Perú, válido
para cualquier amenaza interna o externa, e incluso había comprado a este
gobierno un vapor, “El Rayo”, lo cual hizo a Mosquera sospechoso de preparar una
guerra. Así, los radicales empezaron a recelar de su reciente aliado, y la prensa
radical no dudó al tildarlo de tirano, e incitó a que se cometiera un nuevo “28 de
95
septiembre” contra el nuevo Bolívar.221 El golpe contra Mosquera sólo fue el inicio
de una venganza que buscó el destierro de Mosquera, la remoción de todas sus
condecoraciones e inclusive la remoción de su pensión y de la ciudadanía
colombiana, conducta que se extendió hasta el año 1872, cuando fue derrotada en
el legislativo la iniciativa de privar a Mosquera de la ciudadanía colombiana.
221 PEREZ Manosalva, Santiago; ZAPATA, Felipe y CUENCA, Tomás. El mensajero. Volumen 1,
núm. 17, 1886. Bogotá.
222 MURILLO Toro, Manuel; SAMPER, Miguel; ESGUERRA, Nicolás; SALGAR, Januario, SOTO,
Foción y otros. Congratulación a los señores jefes, oficiales i soldados de la guarnicion de Bogotá.
Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1867.
223 PARRA, Aquileo. Óp. Cit., capítulo VIII.
96
que desestimar.224 Además de las medidas para reprimir el conservatismo, también
se privó de representación en el gabinete a los partidarios de Mosquera, vencedores
en la guerra y con amplia representación en la opinión pública nacional. Todos los
secretarios de despacho de Gutiérrez eran radicales: Pérez, Antonio María Pradilla,
Sergio Camargo, Miguel Samper, Januario Salgar y Narciso González.
224 HOLGUÍN, Carlos. Cartas políticas. Bogotá: Imprenta de Zalamea Hermanos, 1893. P. 8-19.
225 SAMPER, José María. Orígenes de los partidos políticos en Colombia. Bogotá: Instituto
Colombiano de Cultura, 1978. P. 293.
226 MOSQUERA, Tomás Cipriano de. Los partidos en Colombia. Estudio histórico-político. En:
97
Samper señalaba que, tras la fundación de la república, surgieron la facción “militar”
y el partido “liberal”. Traza Samper la genealogía de ambas corrientes, la primera
tiene como su máximo exponente al general Mosquera, presentado como una
suerte de dictadorzuelo heredero del bolivarianismo golpista de 1828. La segunda
al doctor Manuel Murillo Toro, heredero de la tradición democrática de Santander y
Azuero. Una tercera correspondía a los conservadores. Pese a que Samper admite
matices para esta clasificación (pues conceptúa que estas facciones a su vez tienen
divisiones internas), Samper postulaba la idea del odio de partido como uno de los
móviles del accionar de los políticos colombianos. Así, sólo el odio de partido puede
explicar la persecución que hicieron los conservadores a Obando durante las
presidencias de Márquez y Herrán, que incluso hacían parte de las causas de la
guerra de los Supremos. También el odio de partido explicaría la conducta de
Ospina, que provocó la guerra de 1860 para marginar a los radicales.227
227 SAMPER, José María. Los partidos en Colombia. Óp. Cit., pp. 89.
98
políticos de la república. Pese a que reconoce el antagonismo entre civiles y
militares durante la primera república de Colombia, también niega que esta última
facción estuviera decidida por la dictadura, preocupándose por resaltar los
sentimientos republicanos del Libertador y establecer cómo este último no puede
ser visto como un enemigo del liberalismo y un precursor del partido conservador.228
Más adelante, se resistirá a ser identificado como conservador, y afirma que quienes
lo ligan a ese partido (entre ellos Samper) se equivocan, pues por ejemplo durante
su presidencia mantuvo controversias con los conservadores, a tal punto que se
fortaleció el liberalismo, que emergió victorioso en 1849. Se menciona como
intérprete de los sentimientos de individuos moderados de ambos partidos, y
sinceramente federal a partir de 1855, como lo comprueban sus actuaciones en la
cámara del Senado, que presidió entre 1856 y 1857. Desde allí por ejemplo se
resistió a un pronunciamiento que invocaba su nombre para ocupar la presidencia
e incluía el asesinato de Obando, preso mientras se comprobaba su responsabilidad
en el golpe que había dado Melo el 17 de abril de 1854. Por lo tanto, Mosquera se
muestra como una figura soterrada en medio de las abominables manifestaciones
de odio de ambas facciones, y una víctima de ambas. Le persiguió Ospina en 1859
228 MOSQUERA, Tomás Cipriano de. Los partidos políticos en Colombia. Óp. Cit., pp. 22-25.
99
y lo mismo hacía los radicales en 1867. Estos últimos eran para Mosquera la más
pura encarnación del espíritu de partido: sus móviles en 1867 habían sido
únicamente la consecución del poder y la anulación de su enemigo, a quien
persiguieron sin cesar en los tribunales. Los conservadores no se quedaban atrás,
pues inclusive habían tratado de matarle en 1864.
100
candidatura de Rafael Núñez. Buscando no una transformación institucional, sino la
derrota y exclusión de su contraparte: la revancha de 1867.
Quienes tomaban distancia de los radicales señalaban que sus excesos habían
conducido a la fragmentación de la Nación y de la sociedad. Esta última
particularmente se resentía a causa del sentimiento antirreligioso, como lo
comprendió José María Samper al hacer “acto de contrición” y abandonar las filas
radicales.229 Por otra parte, Samper también criticaba la imposibilidad de la
coexistencia de varias soberanías, que resultaba en que ninguna era realmente
“soberana.”230 Samper también se enteró de varios sucesos protagonizados por los
radicales, como un presunto fraude para lograr que Santos Gutiérrez, fuera electo
presidente. Para ello, un miembro anónimo del Olimpo Radical, que había ocupado
la secretaría de Relaciones Exteriores, confeccionó un registro de votación falso de
Panamá, logrando así el voto faltante para lograr esa elección.231
Los frecuentes fraudes electorales eran una de las razones por las cuales se
criticaba a los radicales. Como su candidato se hallaba en dificultades, los gobiernos
radicales de los estados prepararon estrategias para imponerlo, con la aparente
229 SIERRA, Rubén (ed.) El radicalismo colombiano del siglo XIX. Bogotá: Universidad Nacional de
Colombia. 206. P. 77.
230 Ibid., p. 78.
231 Ibid., p. 86.
101
coordinación del gobierno de la Unión. El presidente del Cauca, Cesar Conto, era
un acérrimo radical, que no dudo al alterar los comicios y de esa manera
obstaculizar la elección de Núñez. Otro tanto hicieron los radicales en
Cundinamarca, capitaneados por Jacobo Sánchez. Sin embargo, los
independientes evitaron ir a la guerra, y Parra “ganó” en medio de una aparente paz.
Aparente porque la guerra estalló a los seis meses de asumir su periodo
presidencial. Como testigo excepcional de la guerra, es relevante el relato que hace
de ella uno de los líderes rebeldes, el coronel Manuel Briceño, quien publicó su libro
“La revolución de 1876-1877” sólo un año después de la conclusión de las
hostilidades. Allí, rastreaba los orígenes de la rebelión hasta 1860, aduciendo que
el partido liberal se había tomado el poder de una manera violenta, y no había
podido consolidar la paz ni el progreso material de la república a pesar del gobierno
hegemónico que creó. Pues “En cuatro años el partido conservador había
permanecido alejado de la escena pública; y el partido liberal, dominador absoluto,
no había sabido devolverle la paz á la República. Colombia se agitaba en las
convulsiones de la anarquía, y ya se había desarrollado en su seno el horrendo
monstruo destinado á devorarla.232 Pero Manuel Briceño va más allá: hace una
lectura, en clave conservadora, de la vida política de los Estados Unidos de
Colombia hasta 1878.
102
mantenerse a todo trance en el [Link]ño además describe la crisis del
Régimen Radical, señalando que tuvo que enfrentar desde 1875 tensiones en los
estados de la Costa y el Cauca, sectores donde la facción independiente era
mayoritaria235. Los integrantes de esta facción buscaban lograr una mayor
representatividad política e incluso se planteaban la idea de alcanzar acuerdos con
los conservadores. Empero estos acuerdos no se dieron y quien logró negociar
exitosamente con los independientes fue Parra, permitiendo que los independientes
comandaran varios ejércitos. La derrota de los conservadores catapultó a Julián
Trujillo, cabeza del bando independiente, como presidente236. La guerra fue descrita
por el Gral. Payán, presidente del Senado en 1880, como un espectáculo horrendo
para el público extranjero y el origen de una nueva crisis económica, con
afectaciones en el comercio y las obras de infraestructura.237
235
Ibid., p. 2.
236 QUIJANO Wallis, José María. Óp. Cit., pp. 297.
237 NÚÑEZ, Rafael. Óp. Cit., pp. 530.
238 AGN, AO, MRE, Transferencia 8, caja 98, C1, f. 38.
239 AGN, AO, MRE, Transferencia 8, caja 98, C1, f. 115.
103
molestadas, pero a finales de 1877 fueron tomadas por el gobierno unas mulas de
su propiedad que estaban en el potrero de Francisco Gómez Gómez. Pese a que
Gómez le refirió al alcalde de Zapatoca que no debía llevarse esas mulas, porque
eran de Lengerke, el alcalde no le creyó y se las llevó.240 Lengerke las había
comprado recientemente, por lo cual ni siquiera había tenido tiempo de herrarlas. Al
parecer había una orden expresa de no molestar al alemán, que era el hombre más
rico de Santander en aquella época. Lengerke fue avisado a Puerto Lengerke,241
lugar donde se hallaba temperando.242 Sólo hasta el final de la guerra Lengerke
tomó acciones para que fuera devuelto su patrimonio, lo que en efecto ocurrió.
Koppel & Schloss, y Koppel & Schrader, sociedades registrada en Bogotá, pero con
intereses en varias partes del país, presentaron en 1879 un reclamo por unas reses
expropiadas en el distrito de Jerusalén (Cundinamarca) durante la guerra de
1877.243 Los novillos se los quitaron los revolucionarios a su dependiente José
Alonzo. Roberto Álvarez, comisionado del “Ejército Regenerador” aclaraba, en carta
a Alonzo, que las reses constituían el valor de un empréstito forzoso destinado a
financiar la revolución.244 Pese a ciertos defectos como el hecho de que la finca
donde estaban las reses no era propiedad de la sociedad comercial, sino de Alonzo,
y que las reses no estaban debidamente marcadas, el secretario de Relaciones
Exteriores, Manuel Ancizar, concedió en septiembre de 1879 la reclamación.245
Si bien las guerras civiles traían perjuicios para los negociantes extranjeros, el
Gobierno parecía muy solícito a la hora de compensar tales daños.
Presumiblemente, debido a los negocios pactados con integrantes de las facciones
radical e independiente. No hubo cambios sustanciales en el poder luego de esa
guerra. Por el contrario, el radicalismo pareció consolidarse más, al ganar
representación política en Antioquia y Tolima, estados tradicionalmente
104
conservadores. Y el independentismo quedó con la hegemonía indiscutida en la
Costa y el Cauca. Debido a que tenían tratos con los grupos victoriosos en la guerra,
los negociantes extranjeros no sufrieron muchas afectaciones. Sólo un trastorno
político que finiquitara el régimen federal podía poner en peligro las fortunas forjadas
a lo largo de 25 años de alianzas con los grupos hegemónicos que detentaban el
poder. Y ello fue lo que ocurrió a continuación.
105
Casabianca y Teodoro Lozano, entre otros. ¿Aquellos que perdieron la guerra de
1876 celebrando a uno de los artífices de su derrota? No cabía duda de que cuando
se trataba de sacar a una de las facciones de la contienda, la política era dinámica.
Los radicales usaron la prensa y las cámaras legislativas para criticar estas
medidas, que iban aparejadas de una expansión del independentismo a nivel
nacional. Así, en Cundinamarca, Daniel Aldana reorganizó al antiguo círculo sapista
en apoyo a Núñez y Trujillo, y en Santander, el general Wilches, elegido presidente
de ese estado, se desmarcó definitivamente de los radicales e inició tratos con
Núñez. En Boyacá, José Eusebio Otálora desplazó exitosamente al círculo del
expresidente Santiago Pérez, que dominaba dicho estado. Los radicales se veían
entonces desplazados de sus tradicionales bases, y muchos de ellos empezaron a
especular con la violencia para retomar el poder.
106
Otros políticos notables, como Pablo Arosemena, Camacho Roldán y Franciso
Javier Zaldua trabajaron activamente en pos de la alianza Trujillo-Nuñez, que
empezaba a ser conocida como “La Regeneración” a partir de la divisa
“regeneración administrativa o catástrofe”. Consistía en remediar muchos de los
“abusos” cometidos por los radicales, especialmente en materia de orden público y
libertad económica. La escasa capacidad del gobierno para recaudar tributos había
determinado la parálisis de muchas iniciativas, como el ferrocarril del Norte, que
requerían la cooperación de varios estados y la intervención del gobierno nacional.
El reducido pie de fuerza era una invitación a las rebeliones, y existía la sensación
de una “paz plagada de guerras”, como lo enuncia acertadamente Gutiérrez Ardila,
pues pequeños conflictos a escala regional y local eran casi permanentes.248 Trujillo
también inició la búsqueda de un concordato con la Santa Sede, misión para la cual
designó a José María Quijano Wallis, uno de sus más cercanos colaboradores.249
Con ello, Trujillo revalidaba su distanciamiento respecto al programa de los
radicales, opuestos a esta clase de entendimientos con la Iglesia.
Las políticas de “La Regeneración” fueron negativas para los intereses de varios
migrantes extranjeros. El hecho de tomar para sí paulatinamente varias facultades
que habían estado en manos de los Estados Soberanos les quitaron relevancia a
los círculos de extranjeros establecidos en las regiones. El centralismo que inició
inclusive desde el gobierno de Trujillo250 tenía por objetivo poner orden frente al
embrollo que habían formado los radicales, con diez códigos legales (los nueve
estados y la Unión), diez administraciones ejecutivas y diez soberanías prestas a
hacerse la guerra entre sí.251 El orden público era el principal problema, porque el
248
GUTIÉRREZ Ardila, Daniel. Una paz plagada de guerras, 1863-1876. En: CAMACHO Carlos;
GARRIDO, Margarita y GUTIÉRREZ Ardila, Daniel. (eds.). Paz en la República. Bogotá: Universidad
Externado de Colombia, 2018, pp. 153-194.
249 QUIJANO Wallis, José María. Óp. Cit., pp. 353.
250 Trujillo, por ejemplo, dispuso un aumento permanente en el pie de fuerza, lo que algunos
interpretaron como una lesión a la soberanía de los Estados. TRUJILLO, Julián. Mensajes a las
cámaras legislativas de 1878 por la administración ejecutiva que se inauguró en abril de ese mismo
año. Bogotá: Imprenta de Gaitán, 1878. P. 10.
251 NÚÑEZ, Rafael. Óp. Cit., pp. 757.
107
sólo sostenimiento del orden consumía la mayoría de los recursos. Sin embargo,
como señala Marquardt, tampoco se trató de una desfederalización acelerada y la
imposición del unitarismo, sino de una paulatina reconfiguración del poder, que en
un principio requirió hacer algunas concesiones a las ex entidades federativas.252
252
MARQUARDT, Bernd. Estado y constitución en la Colombia de la Regeneración del Partido
Nacional 1886-1909. Ciencia política. 2011, nro. 11, pp. 56-81.
253
BALMORI, Diana; VOSS, Stuart y WORTMAN, Miles. Óp. Cit., pp. 67.
254 NÚÑEZ, Rafael. Óp. Cit., pp. 545-546.
108
embargo, con Dios nuevamente en el preámbulo del texto constitucional, y el
concordato que vendría un año después, se perdía ese regusto cosmopolita que los
radicales quisieron darle a la Nación.255
255 BLANCO, Oscar. Fe y nación en Colombia. La Regeneración y el proyecto de una nación católica
(1885-1920). Monografía para optar al título de Magíster en Historia. Bucaramanga: Universidad
Industrial de Santander, 2009. P.162.
256 GALINDO, Aníbal. Óp. Cit., pp. 220.
257 Ibid., p. 221.
109
común entre radicales e independientes, que buscaba cerrarle el paso a Núñez y
sus aliados conservadores. Surgió la candidatura de Francisco Javier Zaldúa,
promovida en el periódico La Unión, bajo la dirección de Felipe Zapata, Santiago
Pérez, Camacho Roldán y Pablo Arosemena. La “Unión Liberal” tomó tanta fuerza
que hasta los conservadores respaldaron a Zaldúa, algo inédito.258 Pese a ello, no
hubo conciliación. Para designar los secretarios de Estado, el presidente debía
someter sus nombres a la aprobación del Senado. Como este último se encontraba
copado por mayorías nuñistas, Zaldúa encontró enormes dificultades para
conformar su gabinete. Sucesivamente fueron rechazados los nombres de Felipe
Zapata, Eustorgio Salgar, José María Villamizar y Pablo Arosemena. El motivo: la
“animadversión” de estos hombres al expresidente Núñez, y su militancia radical.
Zaldúa entonces debió proponer nombres diferentes. Así, se designó a José Alviar,
abogado retirado, en la Secretaría de Gobierno, a Quijano Wallis en la de Exteriores
y a Rufo Urueta en la de Instrucción Pública. En julio de 1882 Zaldúa, finalmente,
pudo gobernar plenamente. Inició una “purga” burocrática, eliminando varios
empleos superfluos, presuntamente creados por Núñez para satisfacer a sus
partidarios.259 La oposición a Zaldúa fue enconada. Se buscaba su renuncia para
que entrara a gobernar el primer o segundo designado, Núñez y José Eusebio
Otálora, respectivamente. El presidente, que no disfrutaba de plena salud, falleció
en diciembre de 1882, luego de que el Senado le negara un permiso para temperar
en otro clima. Ante el fallecimiento del jefe de Estado, la fría reacción de Núñez fue
abstenerse del ejercicio de la presidencia, indicado al segundo designado que debía
hacerlo él. Buscaba claramente ser candidato presidencia en 1884.
Otálora no sería un fiel ejecutor del programa político de Núñez. Si bien quiso
aumentar las rentas de la Unión y protestó contra los peajes y otras rentas
particulares impuestas por los estados soberanos, no buscó la centralización del
Estado, sino una suerte de “federalismo sano”, tal y como lo concebía en aquella
258 QUIJANO Wallis, José María. Óp. Cit., pp. 411- 416.
259 Ibid., pp. 421, 425, 430.
110
época Aníbal Galindo, su secretario de Hacienda. La presencia de Galindo en el
gobierno contrastaba con la del secretario de Tesoro, Alejandro Posada, general
conservador en la guerra de 1876.260 De manera que el gabinete de Otálora
buscaba dar representación a las diversas fuerzas políticas.261 Para 1884, el nombre
de Otálora fue invocado para la reelección, bajo la premisa de la Unión Liberal, y
trabajaban en torno a esta candidatura (que Otalora no aceptó) Julián Trujillo, Pablo
Arosemena, Salvador Camacho Roldán y líderes radicales como Januario y
Eustorgio Salgar.262 Por ello, quedó irremisiblemente separado de su antiguo jefe
político, y el senado nuñista de 1884 inició una indagación en su contra que a juicio
de sus contemporáneos le dejó sin fuerzas y precipitó su muerte.263 Zaldúa y ahora
Otálora aparecían como mártires del espíritu de partido.
111
Castro, parientes políticos de Wilches.266 Este último se pronunció desde
Bucaramanga, rechazando a las fuerzas del Gral. Juan Manuel Dávila, leal a
Núñez.267 Bucaramanga fue la primera población de importancia ganada por los
rebeldes, y desde allí partieron hacia la capital del estado, Socorro, a fin de batir a
las fuerzas de Wilches. Como solución temporal, el gobierno de Núñez propuso que
asumiera el poder el segundo designado presidencial de Santander, Narciso
González Lineros.268 Una convención, negociada entre los rebeldes y este último,
parecía resolver la situación, no obstante, más demoró en instalarse que en ser
desconocida.269 Por lo cual, los convencionistas desconocieron a González y de
paso a la “dictadura” de Núñez. Fracasado este amago de paz, la guerra finalmente
estalló, sumándose a ella fuerzas opositoras a Núñez de otros puntos de la
geografía nacional, como Tolima, Antioquia, Boyacá y Cauca.
El Cauca también fue uno de los focos de la guerra. Allí se alzaron los radicales a
inicios de 1885, pero su número era tan reducido que se preveía una fácil victoria
de las fuerzas regeneradoras, capitaneadas por el presidente del Estado, el general
Payán.270 El gran bastión revolucionario fue Cali, de donde salieron 800 hombres al
mando de Francisco Pizarro, con el objetivo de cortar la comunicación entre
Popayán y el norte del Estado.271 El primer combate se libró en Sonso, contra las
fuerzas del general Juan E. Ulloa (hijo de Juan de Dios, secretario de gobierno del
Cauca). Las fuerzas radicales quedaron muy golpeadas a raíz de aquel combate, y
se preveía su rendición. Se envió a Emiliano Gaviria a parlamentar con el general
Ulloa, pero este exigió la rendición incondicional.272 A su vez, arribó a Cauca un
batallón de la Guardia Colombiana, comandado por el coronel Guillermo Márquez,
que atacó a Ulloa en Vijes, el 12 de febrero de 1885.273 También se recibió la noticia
112
de que el Gral. Hurtado acababa de sumarse a la rebelión, pronunciándose desde
su hacienda de Silvia. Sin embargo, en Vijes fue vencido Márquez, quien se retiró
al norte del Cauca, para unir fuerzas con el Gral. Valentín Deaza. Una nueva derrota
en Roldanillo el 24 de febrero selló el destino de la rebelión en el Cauca.274
Este último, sin embargo, se mostraba reacio, a pesar de que las fuerzas de
Hernández habían recibido un conveniente refuerzo, comandado por el general
Gabriel Vargas Santos. El 19 de diciembre de 1885 Sarmiento le envió a Hernández
una nota que contenía un ultimátum: las fuerzas de Santander debían desocupar
113
Boyacá.280 Por esos días, ante los pedidos de Núñez, Sarmiento entregó al gobierno
nacional el parque de Tunja, compuesto por municiones y artillería.281 También se
registró el arribo de Felipe Pérez, que se convirtió en comisionado político de las
fuerzas beligerantes. Gracias en parte a sus buenos oficios, Sarmiento se avino a
negociar una esponsión, que tenía por objetivo una solución política al conflicto. Tal
esponsión sería presentada a Núñez para su ratificación.
114
llegada de una fuerza considerable a Piedecuesta, mandada por los generales
Dávila, Solón Wilches y Antonio B. Cuervo, salieron precipitadamente de
Bucaramanga, a buscar la conexión con el Magdalena y con las fuerzas de la
Costa.285 En Puerto Wilches recibieron auxilios remitidos desde la Costa. Las
fuerzas de Gaitán Obeso controlaban el tránsito por el Magdalena.286 El trasegar de
la tropa desde Puerto Nacional (Gamarra) hasta Barranquilla fue una marcha
triunfal. Al llegar a esta última ciudad tuvieron constancia del desorden y la
dilapidación de recursos que imperaba en el ejército del Norte.287 Allí también se
recibieron noticias del confuso incendio de Colón, que dejó malparada la causa
liberal. Cartagena era sitiada desde inicios de abril. El 7 de mayo las fuerzas
combinadas de Santander, Boyacá y la Costa atacaron Cartagena, pero fueron
rechazados.288
115
sitio del Hobo o la Humareda, a pocos kilómetros de El Banco. Los revolucionarios
se movilizaban por la vía del río, y desembarcaron en la retaguardia de Quintero.
Sin embargo, pronto reinó la confusión. El enemigo había tenido tiempo de
repartirse por el terreno, y los liberales se vieron en una emboscada. Cayeron
Sarmiento, Hernández y Bernal. Camargo y Soto sobrevivieron. Aquella jornada
finiquitó la rebelión. Era el 17 de junio de 1885.291
291
Ibid., p. 138.
116
3. LA VIDA ASOCIATIVA DE LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y SU
INSERCIÓN EN LAS SOCIEDADES LOCALES.
292 BRAUDEL, Fernand. Civilización Material, economía y capitalismo. Siglos XV-XVIII. Tomo I:
titulado “Las estructuras de lo cotidiano: lo posible y lo imposible. Madrid: Alianza. 1984. P. 3.
117
capitales. Ya se ha sugerido que existen intereses que ligan a negociantes
extranjeros y políticos, pero faltaría evaluar hasta qué punto llegan esos vínculos.
La presencia frecuente de apellidos extranjeros en algunas ciudades del territorio
nacional, como Barranquilla, Bucaramanga y Cali, podría ofrecer una pista, y
permitir lanzar una hipótesis: la manera privilegiada de vincularse continuaba siendo
el matrimonio, como lo había sido durante el dominio español. Y aunque es cierto
que emergen algunas prácticas importadas, como los clubes, hay suficientes
argumentos para postular al matrimonio como el vínculo más efectivo. Si bien esta
investigación no analizará aspectos como su frecuencia o recurrencia, sí le
postulará como un mecanismo utilizado por algunos migrantes para vincularse a la
sociedad local. Balmori, Voss y Wortmann afirman que el casamiento era la principal
manera de tender lazos en las comunidades locales iberoamericanas. Estos lazos
eran más duraderos que otros tipos de filiaciones como los clubes y los partidos
políticos, y con frecuencia tenían una función comercial-corporativa, pues de hecho
eran “una asociación de poder y dinero de larga duración.”293 Este capítulo tomará
en cuenta esta idea, y ensayará si es aplicable al contexto en cuestión.
293
BALMORI, Diana; VOSS, Stuart y WORTMAN, Miles. Óp. Cit., pp. 29.
294
Ibid., p. 60.
118
clanes, la emigración extranjera constituía una oportunidad de expandir su poder
económico y adaptarse a una suerte de nuevo orden mundial, a las nuevas
realidades del sistema-mundo. Sin embargo, tampoco están dispuestos a negociar
los privilegios que detentaron durante el régimen español, estableciendo una suerte
de ambigüedad. Muchas de sus prácticas continuaban ancladas en el periodo
indiano, pero promovían un régimen republicano y querían ingresar en el trasiego
de la economía mundial.
119
vía hacia el puerto de Buenaventura, y en el caso de Santander, la vía y puerto del
río Magdalena. De hecho, ambos puertos eran prácticamente inexistentes, siendo
necesario además de la vía de comunicación, construir el puerto (fluvial en el caso
de Santander, marítimo en el caso del Cauca), que en la práctica funcionaría como
puerto de dos poblaciones emergentes: Cali en el Cauca y Bucaramanga en
Santander. Ambas ciudades no eran la respectiva capital de su estado, pero
ofrecían una imagen dinámica y eran asiento de considerables comunidades de
extranjeros. Su comercio floreciente se explicaría por la expectativa de la posible
conectividad con el ulterior puerto, además de su cercanía a las zonas de expansión
agrícola: los valles del Magdalena y Cauca, y las zonas quineras al filo de la selva.
Bucaramanga, por ejemplo, descolló a partir de 1865 como una de las poblaciones
emergentes de los Estados Unidos de Colombia. Contó, a juicio de quien fuera su
más destacado cronista (José Joaquín García), con una élite preocupada por el
progreso material y mejorar sustancialmente las posibilidades de la floreciente villa.
Así, intentaron promover que se instalara allí, por ejemplo, la Normal de Señoritas295
y se preocuparon por obtener el privilegio de ser el inicio de la línea ferroviaria que
conectaría el interior del Estado con el río Magdalena.296 En el caso de Cali, allí se
realizaban casi todas las actividades relacionadas con el comercio exterior, y junto
a Palmira se estaban convirtiendo en las poblaciones de mayor relevancia, en
detrimento de la antigua Popayán que languidecía por su inconveniente ubicación,
alejada del que estaba llamado a ser el principal puerto caucano: Buenaventura.297
Las élites locales estaban interesadas en mejorar su conexión con el resto del país
y el mundo, y encontrar un mercado para los frutos de la tierra, tan abundantes en
los mercados internos y tan apetecidos en Europa. Dos de los negociantes aludidos
y quizás los más notorios, Georg Von Lengerke y Ernesto Cerruti ubicarían sus
haciendas cerca a los florecientes centros poblados y a camino entre estos y las
120
selvas rebosantes en frutos de la tierra como la quina: Lengerke poseía Montebello,
a unos 80 km de Bucaramanga y Cerruti, Salento, a 60 km de Cali. El auge del grupo
alemán en Santander y de varios negociantes en Cauca está ligado a las quinas, y
a partir de 1879 debieron lidiar con las consecuencias de la contracción del mercado
para ese producto. Junto a ellos, sufrieron las élites vinculadas a sus negocios, en
el caso de Santander, Solón Wilches, la familia Valenzuela y otras más vinculadas
al grupo alemán, y en el caso del Cauca, Ezequiel Hurtado y la familia Mosquera.
El auge del proyecto regenerador coincidió con un curioso sentimiento patriótico,
que merece al menos ser mencionado. Si las élites estaban en pos de conectar con
los recién llegados, lo cierto es que sectores de la población veían al extranjero, con
su idiosincrasia y prácticas, como una extravagancia más del régimen radical. Así
lo confirmarían los sucesos de Bucaramanga en 1879 y lo acontecido en Cauca en
1885, con ocasión del “Caso Cerruti”.
121
cercanos más poblados como Piedecuesta, puede postularse la cercanía de
Bucaramanga con los ríos Lebrija y Magdalena, rutas comerciales que conectaban
el interior del Estado con los puertos del Caribe. También estaba convenientemente
situada en el camino hacia Maracaibo, otra ruta comercial probada hasta la
saciedad, principalmente por la casa Comercial Minlos & Breuer, establecida en
Bucaramanga, pero cuya sede principal estaba en Maracaibo. Aparte de ello,
Bucaramanga se hallaba convenientemente cerca de las extensas tierras baldías
del valle del Magdalena, rebosantes de quinas, pero infestadas de indios yareguíes.
El proyecto de acceder al Magdalena por las inmediaciones de los ríos Sogamoso
y Lebrija databa de la época hispánica, cuando se concibió la fundación de la ciudad
de San Juan de Girón para acceder al Magdalena y pacificar a los yareguíes.298
298 GUERRERO, Amado. Poder político local. Cabildo de Girón. Siclo XVIII. Bucaramanga: Centro
de Estudios Regionales-SIC editorial, 2003. 263 p.
299 RODRÍGUEZ Plata, Horacio. Óp. Cit., pp. 175.
122
una sucursal más de sus amplios intereses y negocios. Su sobrino, Lorent, sí se
asentó en Bucaramanga, trabando lazos con los vecinos de ese municipio y se
volvió asiduo de las veladas promovidas por el Club del Comercio.
Lengerke amasó una fortuna fabulosa. Hizo traer un piano de cola desde Alemania,
y celebró con gran pompa (cañonazos incluidos) la proclamación del imperio alemán
en 1871. También realizó algunas acciones para congraciarse con la sociedad local,
como una donación para la reconstrucción de la iglesia parroquial de Bucaramanga,
consagrada a San Laureano y a la virgen de Chiquinquirá300. Lengerke también
participó en el exterminio de los yareguíes, nombre con el que se denominaban
indistintamente todos los indígenas que habitaban en la cuenca de los ríos
Sogamoso, Carare y Opón.301
123
don Geo el 4 de julio de 1882 echó por tierra este reclamo, en el que estaba
involucrado un inmenso globo de tierra entre los ríos Sogamoso y Carare. La
presidencia de Solón le dejó a Lengerke su último contrato de explotación de quinas,
firmado en julio de 1880.305
124
de los alemanes por vincularse a actores con cierta relevancia social y política. La
evidente presencia de sus descendientes permite afirmar positivamente que
entroncaron con familias de la sociedad local. El reto será entonces investigar bajo
qué formas y en qué condiciones se dio la vinculación.
307
GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 539.
125
de Chaparral, Tolima. Era la excepción pues la representación legislativa y demás
poderes públicos estaban en manos de las élites locales.
Al abandonar Murillo Toro la presidencia del Estado para acudir al Senado Nacional,
le remplazó en el ejecutivo su secretario de Gobierno, el doctor Ulpiano Valenzuela
Mutis. Descendiente de dos de las familias más importantes de San Juan de Girón,
había nacido en Piedecuesta en 1809, del matrimonio del Doctor Miguel Valenzuela
Mantilla y Micaela Mutis Consuegra.308 Entre sus parientes se encontraban varios
próceres como Crisanto Valenzuela y Sinforoso Mutis. Además, era sobrino de Eloy
Valenzuela, párroco de Bucaramanga durante más de 30 años. El matrimonio
conformado por Ulpiano y María de los Ángeles Navarro era uno de los más
distinguidos de todo el valle del río de Oro. Su hijo mayor, José María,309 fue un
prominente negociante, que trabó fructíferas asociaciones con los alemanes.
Podría sorprender que siendo los negociantes alemanes el principal interés de este
capítulo se haga referencia a una familia de la sociedad local del Valle del río de
Oro. Lo cierto es que los Valenzuela unieron su destino al del grupo alemán
establecido en Bucaramanga, y al calor de sus sociedades comerciales forjarían
una fortuna envidiable, y apadrinarían varias iniciativas como el Club de Soto, o Club
del comercio. Dos de las hijas de Ulpiano estaban casadas con comerciantes
alemanes recién llegados a Bucaramanga. Luisa Valenzuela con Guillermo
Schrader310 e Isabel Valenzuela con Guillermo Muller.311 Además de ello, entre los
descendientes de Miguel Valenzuela y Micaela Mutis se repetía este mismo
fenómeno. El cuadro adjunto relaciona dicho fenómeno.
308 Archivo de la Parroquia de San Francisco Javier (Piedecuesta) Bautismos 1807-1812, f. 41.
309 Archivo de la Parroquia de San Juan Bautista (Girón) Bautismos 1844-1847, folio 66. Nació el 22
de julio de 1845.
310Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga), bautismos, 1875-1876, f. 33. Fe de
126
Luisa Valenzuela 3 generación (nieta de Miguel Guillermo Muller
Navarro Valenzuela, hija de Ulpiano)
Isabel Valenzuela 3 generación (nieta de Miguel Guillermo Schrader
Navarro Valenzuela, hija de Ulpiano)
Soledad Valenzuela 3 generación (nieta de Miguel, hija Charles Schloss
Suarez de Francisco María)
Ana Valenzuela Jones 4 generación (bisnieta de Miguel Federico Hederich
Valenzuela, nieta de José Benito) Ogliastri (hijo de
Hermann Hederich)
Amelia Valenzuela Vela 4 generación (bisnieta de Miguel Philip Hakspiel
Valenzuela, nieta de Pablo Antonio)
Carlina Valenzuela Vela 4 generación (bisnieta de Miguel Emilio Minlos (Hijo de
Valenzuela, nieta de Pablo Antonio) Emil Minlos, natural de
Lubeck, Alemania)
Nepomuceno Peralta 4 generación (Bisnieto de Miguel Emma Hakspiel
Valenzuela Valenzuela, nieto de Pablo Antonio) (hermana de Philip
Hakspiel)
Fuente: Elaboración propia, basada en documentos del Archivo de la Parroquia de San Laureano
(Bucaramanga).
127
Ilustración 4:Descendientes de Ulpiano Valenzuela Mutis.
128
de Soto en 1877, en medio de la guerra civil y con el respaldo del presidente del
Estado y el presidente de la República, los radicales Marco Antonio Estrada Plata y
Aquileo Parra, respectivamente.312 La hija de Tobías no era otra que Ana
Valenzuela Jones, enlazada con un alemán como ya se dijo. El presidente Estrada
también emparentaba con los Minlos, pues su hija Amelia Estrada Soto estaba
casada con Federico Minlos, otro hijo de Emil.
129
Ilustración 6:Descendientes de Pablo Antonio Valenzuela
130
Tras trazar los árboles genealógicos, se podría entender por qué el destino de la
familia Valenzuela está inextricablemente ligado al de la comunidad alemana de
Bucaramanga. Los descendientes de Miguel Valenzuela eran los herederos de un
capital económico, social y político considerable. Su vida y riquezas estaban ligadas
a sus haciendas y demás propiedades, que disfrutaban desde hacía dos siglos. La
unión con los inmigrantes alemanes debe ser entendida en el marco de los nuevos
tiempos, que demandaban una apertura hacia el “sistema mundo”, a través de
lucrativos intercambios comerciales y culturales, que representaron no sólo la
diversificación de las actividades económicas de los Valenzuela, sino en muchos
casos una riqueza a mayor escala.
131
César Hoffmann Celia Uribe 15 de noviembre de 1891
Hermann Trebert María Orozco Parra 17 de diciembre de 1896
Nicolas Briddler Bonifacia González 5 de septiembre de 1876
Uno de los casos más relevantes es el de tres de los hijos de Trinidad Parra de
Orozco y Nicolás Genaro Orozco, pues su hijo mayor Luis Miguel Parra Orozco casó
con María Hederich Ogliastri,315 hija de Hermann Hederich, y sus hijas Manuela y
María con César Lulle y Hermann Trembert 316 respectivamente. Como hay noticias
de que tres de los cuatro hijos del matrimonio Orozco-Parra contrajeron matrimonio
información es extraída de la fe de bautismo de Gilberto Orozco Hederich, que tuvo como padrino a
su tío Herman Hederich, hijo homónimo de la víctima de la asonada del 9 de septiembre de 1879.
316 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios 1892-1899, f.134.
132
con alemanes o sus descendientes, se identifica una política matrimonial que
consistía en hacer nexos con los recién llegados, integrando a estos últimos a la
sociedad local, muy seguramente a cambio de ventajas como fortalecer los vínculos
con las casas comerciales alemanes.
133
Una parte de los alemanes decidieron convertirse al catolicismo, otros sin embargo
continuaron profesando su fe luterana, aunque en privado. Entre los que siguieron
fieles a su fe resuenan Georg von Lengerke y Gustavo Volkmann. Este último fue
conducido al “cementerio financiado por los extranjeros” al fallecer en febrero de
1917, es decir al Cementerio Particular, que aún se encuentra junto al Católico
Arquidiocesano.319 Algunos como Emil Minlos, Georg o Jorge Goelkel, y otros se
convirtieron al catolicismo, probablemente para contraer matrimonio con damas de
la sociedad local, aunque esto no les impidió a algunos dejar hijos ilegítimos, dos
en el caso de Minlos320 y uno en el caso de Goelkel.321
134
Situación análoga a la del matrimonio entre Alberto Fritsch y Evangelina Mejía. Ellos
se casaron en una ceremonia atípica, sin acudir al templo y sin bendición solemne:
simplemente decidieron vivir juntos y el cura expidió el contrato matrimonial, con la
presencia de los testigos de la unión, Tobías Valenzuela Reyna y su esposa Dolores
Jones.324 A la pareja Fritsch-Mejía extrañamente les fue permitido asarse sin que el
marido abjurara la fe luterana, luego de que el marido diera declaración sobre
carecer de compromisos previos, poniendo como testigos a sus compatriotas
Ernesto Langenbach y César Lulle.325 El matrimonio de este último con Manuela
Orozco Parra, hija de Nicolás Orozco y Trinidad Parra de Orozco, brinda información
para definir el patrón usual de las dispensas eclesiásticas, pues la información
matrimonial presenta una extensa declaración donde César Lulle se compromete a
respetar la religión de su joven esposa (de 17 años) y bautizar a todos sus hijos en
la religión católica.326 De ahí se establece que posiblemente el juramento
mencionado en el caso de Luisa Valenzuela y Guillermo Muller se realizaba antes
de la ceremonia matrimonial, en la etapa conocida como “información matrimonial”,
destinada a subsanar impedimentos para el matrimonio, además de los ya citados,
Muller, Volkmann, Fritsch y Lulle, Wessels también recurrió a esta figura.
Por otra parte, ser testigos matrimoniales, ya sea del rito del matrimonio o de la
información matrimonial previa también será reflejo de un vínculo fraterno. En el
caso de las informaciones, era frecuente que se exigiera a los extranjeros probar
que no tenían un compromiso matrimonial previo. Por ello, los testigos más idóneos
eran sus propios compatriotas. Los de Alberto Fritsch fueron César Lulle y Ernesto
Langenbach, los de Lulle fueron Carlos Keller y Alberto Fritsch. En el caso de la
información matrimonial de Nicolas Biddler, los testigos fueron Philipp Hakspiel y
Guillermo Muller.327 En el caso del rito, los testigos del enlace de Volkmann fueron
111.
327 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Información matrimonial 1873-1876,
f.267.
135
el cónsul alemán de la época, Paul Lorent y su esposa, además de don David
Puyana y su esposa, padre y madre de la novia.328 El casamiento de Berhard
Wessels contó con la presencia de Gustavo Volkmann y Paul Lorent,329 y en el
segundo de César Lulle, con Isabel Llach, fueron testigos Ernesto Langenbach y
Ricardo Valderrama.
328 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios, 1881-1892, f. 173 bis.
329 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Matrimonios, 1892-1899, f. 26.
330 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1872, f, 3.
331 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1872, f. 51.
332 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1870, f. 38.
333 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos, 1873-1875, f. 145.
334 Archivo de la Parroquia de San Laureano (Bucaramanga). Bautismos 1871, f. 9.
136
con Emilio Minlos Valenzuela, hijo de Emilio Minlos y Carlina Valenzuela, bautizado
el 19 de diciembre de 1894, en plena Regeneración.335 Su padrino fue el connotado
líder conservador Aurelio Mutis, varias veces alcalde de Bucaramanga. Trinidad
Parra de Orozco, una de las negociantes más importantes de Bucaramanga, no tuvo
reparo en hacer de madrina para Dolores Josefa Minlos Valenzuela.336
137
Como testimonio de primera mano de ese malestar social, además de las “Crónicas
de Bucaramanga”, existe un opúsculo titulado “Sucesos de Bucaramanga”341,
escrito por uno de los protagonistas: el alcaide de la cárcel de Bucaramanga, Juan
de la Cruz Delgado Ruilova, cabecilla de la asonada junto al alcalde Pedro Collazos.
Delgado Ruilova, antes de pasar a relatar los acontecimientos de la jornada del 9
de septiembre, realizaba un extenso prólogo explicando en qué consistía el malestar
ocasionado por la presencia alemana.
341 DELGADO Ruilova, Juan de la Cruz. Sucesos de Bucaramanga. Socorro: Imprenta de Sandalio
Cancino, 1879.
342 Ibid., p. 2.
343 Ibidem.
344 Ibid., p. 3.
345 Ibidem.
138
allegados pronto fue relacionado directamente con el “Club del Comercio”, y entre
la población caló el apelativo “del Comercio” para referirse a este grupo, que
prontamente se organizó políticamente incluso, confeccionando listas para las
elecciones municipales.346 Los “Del Comercio” se preciaban de decir que se les
odiaba por ser ricos, nobles, caballeros, gente decente. Y también apelaban a la
existencia de un odio contra los extranjeros entre los bumangueses, que Delgado
Ruilova se apresta a desmentir, reconociendo los progresos y bondades aparejados
a la inmigración extranjera.
Que José María Valenzuela actuara como cabeza del bando que agrupaba a los
alemanes se explicaba por sus relaciones comerciales y familiares con “William”
Schrader, cónsul de Alemania en Bucaramanga y esposo de una de sus hermanas.
Cecilio Sánchez es presentado como la contraparte de Valenzuela: joven humilde,
trabaja para sostener a su familia, e iniciaba una distinguida carrera en el servicio
público cuando su vida fue segada en medio de la asonada.348
El día de las elecciones, por la noche, el coronel Obdulio Estévez, líder conservador
y veterano de varias guerras civiles, fue tiroteado a mansalva, y su asesino no fue
atrapado. Los del Comercio señalaron como responsable a Delgado Ruilova, lo cual
346 Ibid., p. 4.
347 Ibidem.
348 Ibid., p. 5.
139
este último califica de absurdo, pues Estévez formaba parte de la lista presentada
por “los Pico de oro” para la municipalidad. Para él, el asesino tuvo que ser un
integrante del Comercio, o un tal Justiniano Franco, señalado por tener problemas
personales con Estévez. En su relato, Delgado Ruilova callaba que esa misma
noche, con el cadáver de Estévez aún en el local de la municipalidad, se había
celebrado un baile en la casa de habitación de su “amiga” Nieves Ariza, donde se
había confeccionado una lista de los “del Comercio” que debían ser asesinados.
Adolfo Harker y José María Valenzuela encabezaban la lista.349
Cecilio Sánchez había pedido permiso para ausentarse de sus deberes y concurrir
a las honras fúnebres. Fue rodeado por los del Comercio: delante de él se ubicaron
Valenzuela y su criado Samuel D’Acosta, detrás otro criado de Valenzuela, Tobías
Bretón y varios alemanes que Delgado no identifica. Al agacharse Sánchez para
acomodar la bota de su pantalón. D´Acosta exclamó “Don José María, lo mata
Cecilio”, ante lo cual Valenzuela desenfundó el revolver, y le dio un balazo.
Espantado, Cecilio Sánchez intentó escapar, pero los criados de Valenzuela le
propinaron dos balazos más, dejándolo malherido en el atrio de la iglesia.351 García
contradice esta versión, diciendo que Cecilio Sánchez penetró armado en la iglesia
y Valenzuela más bien intentó defenderse.
140
“Pico de Oro”. Las iras de estos últimos se concentraron en las casas de Guillermo
Müller, Guillermo Schrader (donde además funcionaba el consulado alemán) y José
María Valenzuela. Este último sin embargo ya no se encontraba en su domicilio, y
había partido al galope a Piedecuesta, a fin de ser el primero en comunicar la noticia
a la capital del Estado, según Delgado para manipular la situación a su
conveniencia.352
Los alemanes se atrincheraron en la casa de Alberto Fristch, lugar del cual fueron
desalojados. Algunos se rindieron en el acto, pero muchos otros continuaron la
pertinaz resistencia contra la asonada, que rápidamente degeneraba en saqueo. La
actitud de Valenzuela le salvó de morir. Su casa fue asaltada y saqueada. Viendo
esta situación, Hermann Hederich y Christian Goelkel (segundo de los hijos de
Georg Goelkel y Dolores Jones) salieron de su refugio para auxiliar aquella casa,
quizás ignorando el afortunado escape de Valenzuela. Recibieron una descarga de
rémington de los “Pico de Oro”, dirigidos por el alcalde Collazos. Goelkel falleció en
el acto y Hederich, herido en el estómago, expiraría días después.353
La noche trajo cierta calma a Bucaramanga. Sin embargo, habían sido saqueadas
las casas de los Müller Valenzuela, Valenzuela Navarro, Jones Arciniegas
(prominente familia local emparentada con los Goelkel y los Valenzuela), y las de
otros que poco tenían que ver, como Rafael Ariza y Nepomuceno Toscano. El jefe
departamental de Soto, ausente por encontrarse en un convidio en la parroquia de
Tona, tardaba en aparecer. Cuando lo hizo, según García, continuaron los abusos
y los saqueos, a pesar de los bandos en los que el jefe departamental afirmaba que
había calma y ya podían regresar los ciudadanos a sus hogares. Pues casi todos
los del “Comercio” abandonaron la ciudad, y formaron una tropa con peones de las
haciendas de Lengerke, Puyana y otros. Concentrados en el sitio de “la Loma” y
capitaneados por el general Domnino Castro, héroe de la guerra de 1877,
352 Ibid., p. 8.
353 GARCÍA, José Joaquín. Óp. Cit., pp. 189.
141
reocuparon la ciudad, con la aparente anuencia del jefe departamental.354 El alcalde,
aparte de ser cómplice de los rebeldes, convalecía de un vómito de sangre. Delgado
Ruilova y otros cómplices, que habían huido, no tardaron en ser capturados.
354Ibid., p.189.
355GAVIRIA Liévano, Enrique. El liberalismo y la insurrección de los artesanos contra el librecambio.
Bogotá: Universidad Jorge Tadeo Lozano, 2002. P. 203.
356 DELGADO Ruilova, Juan de la Cruz. Óp. Cit., pp. 11.
142
a liquidar sus activos comerciales, y muchas casas comerciales desmontaron sus
sucursales de Bucaramanga.357 La firma Hederich & Goelkel se disolvió por
completo: uno de los fallecidos era su director, Hermann Hederich. También se
disolvió el “Banco de Santander.”358 El movimiento conocido como “La Culebra Pico
de Oro” parece vaticinar lo que sería el espíritu de la Regeneración, periodo durante
el cual aumentarían la animadversión contra la comunidad extranjera establecida
en el país. Ello sería particularmente evidente durante la guerra de 1885, durante la
cual el capital extranjero fue objetivo de las expropiaciones de uno y otro bando.
Ya se ha visto que los sacramentos del rito católico parecían ser la manera preferida
de cohesionar el tejido social y entablar provechosas alianzas y vínculos. Paralelo
143
a ello, se establecían negocios y pactos caracterizados por el intercambio de favores
y promesas de apoyo. Ernesto Cerruti utilizó ambas vías, pues a la vez que empleó
estrategias como el matrimonio y el compadrazgo, también enlazó con políticos
locales, como Tomás Renjifo. Rebolledo cuenta que recién Cerruti inauguró su casa
comercial recurrió a él, que era jefe municipal de Cali, para legalizar unas
mercancías que no declaró en la aduana.359 A la postre, Rengifo llegaría a ser jefe
civil y militar de Antioquia y candidato a la presidencia de la Unión, por lo cual
conexiones de este tipo en parte allanaron el camino de Cerruti hacia el éxito. Algo
similar ocurrió cuando logró formar su sociedad comercial,360 pues en ella figuraron
como socios fundadores dos generales: Hurtado y Cárdenas.
359
REBOLLEDO, Francisco. Óp. Cit., pp. 5.
360AGN. Archivos Oficiales, Ministerio de Relaciones Exteriores, Transferencia 8, caja 98, carpeta 1.
Folios 1-2 “Escritura pública de la sociedad comercial”
144
Tuvo por lo demás una vida personal sumamente desordenada. Casado en su
adolescencia con Mariana Benvenuta Arboleda Arroyo, su prima carnal, mantuvo
relaciones continuadas con al menos otras tres mujeres: Susana Lamas, María
Elorza y Paula Luque.361 Con las dos últimas procreó tres hijas ilegitimas (una con
María Elorza y dos con Paula Luque), que cumplieron la función destinada a las
mujeres de élite en la sociedad colombiana del siglo XIX: servir de prenda para
cimentar alianzas y relaciones convenientes para sus parientes varones. La hija
mayor de Mosquera, Amalia de la Concepción, era la mayor prueba de ello: casada
con el general Pedro Alcántara Herrán, sólo dos años menor que su padre, para
apuntalar la alianza entre ambos. Las hijas ilegítimas a su vez contrajeron
matrimonios con hombres de interés para su padre. A continuación, se ofrece el
árbol genealógico que relaciona la descendencia del Gran general.
Ilustración 8: La familia del “Gran General”
361LOFSTROM, William. La vida íntima de Tomás Cipriano de Mosquera, 1798-1830. Bogotá: Banco
de la República-El Áncora Editores,1996. P. 194-197.
145
Las hijas de Mosquera, como ya se dijo, fueron empleadas para cimentar alianzas.
A su hija ilegítima habida con Paula Luque la casó con un prometedor oficial que
sirvió bajo sus órdenes durante la “Guerra de las Soberanías” y que además le salvó
la vida: Jeremías Cárdenas Silva. El cual inició una sólida carrera política y militar a
la sombra del suegro, a quien suplió en la presidencia del Cauca durante el año
1873.362 A María Engracia la casó con el ingeniero Thomas Davies, que contrató
para supervisor de la casa de la moneda de Popayán y al que comisionó como
administrador de sus negocios mineros. Decisión que no resultó tan afortunada,
pues Davies resultó ser un hombre de negocios mediocre.363 Cárdenas y Davies
fueron una elección concienzuda: con el primero Mosquera esperaba tener un
incondicional aliado militar y político, que le cuidara las espaldas, y con el segundo
un hábil administrador, que fuera de entera confianza.
146
entroncar con otros dos negociantes extranjeros de la región: José Quilici y Santiago
Eder. Su primer hijo varón, Pedro José Buenaventura, fue apadrinado por Quilici y
Zoe Lamarque, de quien no se tienen mayores datos.365 Su hija Italia contrajo
matrimonio con Carlos Eder, hijo menor de Santiago Eder, en 1897.366 Este
matrimonio cimentó una alianza que existía de mucho tiempo atrás, que inclusive
databa de la llegada de Cerruti a Buenaventura en 1870. Para esa época, Eder ya
llevaba casi una década establecido allí y tenía relaciones comerciales con Tassara,
propietario de la casa comercial que luego sería controlada por Cerruti.367
La relación de Cerruti y Eder era muy estrecha. Eder con frecuencia asistía a los
convites que daba el italiano, que reunían a lo más selecto de la sociedad caucana.
Demostró un irrestricto apoyo a este último durante su caída en desgracia,
socorriendo oportunamente no sólo a su futura nuera Italia, sino también a la esposa
de Cerruti, durante los aciagos días de 1886. Inclusive viajó personalmente a
Panamá junto a la familia Cerruti, que acudía a esa ciudad a reunirse con Ernesto.368
Cerruti se alojaba con los Eder en su casa de Estados Unidos, cuando iba a ese
país a atender asuntos concernientes a su reclamación.369 Pese a que Phanor Eder
no lo menciona, conviene preguntarse si quizás Santiago prestó alguna ayuda a su
entrañable amigo, con ocasión del fallo del arbitraje estadounidense que salió a su
favor en 1897, originado en la expropiación de los bienes de Cerruti y la prisión a la
que fue sometido tras la guerra de 1885.
Cerruti también fue gran amigo de sus compatriotas. Con Raimundo Doria y Quilici
lo unían los lazos del parentesco político y el compadrazgo, respectivamente. En
torno a Cerruti también se constituyó todo un círculo de italianos, muchos de ellos
vinculados a Cerruti y Co. La condición de Cerruti de cónsul de Italia en el Cauca,
primero con sede en Buenaventura y luego en Cali, sin duda le permitió relacionarse
365 Archivo de la Catedral de San Pedro (Cali) bautismos 1845-1887, vol. 22-35, f. 216.
366 Archivo de la Catedral de San Pedro (Cali) defunciones 1950- 2002, vol. 29-30, f. 254.
367 EDER, Phanor. Óp. Cit., pp. 377.
368 Ibid., pp. 378.
369
Ibid., pp. 379.
147
estrechamente con sus compatriotas. En 1879 ingresa a su sociedad comercial José
Quilici. Ya trabajaban para Cerruti, en la administración de sus negocios, otros
italianos como el propio Doria,370 Giuseppe Mazza,371 Jose Rossi,372 Pasquale
Crispino y Vicente Spadafora. Casi todos eran agentes comerciales de la sociedad,
que disfrutaban de cierta autonomía y poseían su propio capital; posición análoga a
la de Cerruti en la casa comercial Tassara. Quilici por ejemplo lo remplazó en el
ejercicio de su empleo consular, durante uno de sus viajes a Italia, según lo indicó
Cerruti al Ministerio de Relaciones Exteriores el 15 de noviembre de 1879.373
Pero las asociaciones que le fueron más redituables fueron las que forjó con
elementos de la política local. Trabajando de la mano del clan mosquerista, Cerruti
logró facilidades para su negocio de quinas, pero ante una crisis de sus negocios y
la guerra civil de 1876, concibió como estrategia aproximarse al gobierno radical,
liderado por Cesar Conto, para que este le concediera en remate las quinas
expropiadas a los rebeldes conservadores. Llegó al extremo inclusive de liderar la
escolta que apresó al obispo de Popayán, a fin de exhibir públicamente su lealtad
con el gobierno de Conto.374 En efecto, logró rematar las quinas (específicamente,
100 cargas de quina amarilla) con beneficios para sus socios.375 La conducta de
Cerruti en esta guerra fue calificada como “muy adicta a la causa liberal” y en virtud
de sus importantes servicios se le reconoció una compensación de 1819 pesos por
las expropiaciones que había sufrido, tanto por el bando sublevado como por el
gobierno.376
Obispo, testigos declararon que Cerruti lo había amenazado con revolver, y despojado de sus
ornatos sacerdotales. Véase AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car8, f.70.
375 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, C1, f.38.
376 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, C1, f.115.
148
campamento del general Julián Trujillo (cerca de Manizales) en varias ocasiones.
Esta visita pudo haber sido de carácter personal, pues con la fuerza de Trujillo
permanecían los generales Hurtado, Cárdenas, y Rengifo, todos ellos íntimos
amigos de Cerruti.377 Esta guerra también benefició ampliamente a su compañía
comercial, que le suministró pólvora al ejército, sin ningún atisbo de escándalo pese
a que el jefe de estado mayor y encargado de aprobar esa compra era el general
Hurtado. Manuel Sarria, secretario de gobierno de Cesar Conto, era citado como
otro de los grandes amigos de Cerruti pertenecientes al partido liberal del Cauca,378
en ese tiempo unido en torno a la guerra contra los conservadores.
149
de 1877. Varios escritos de la época dan cuenta de su talante despótico y
sanguinario,380 lo que no impidió que Cerruti viajar a Medellín a tratar con él. El
resultado de dicha reunión determinó el asocio de Cerruti y el general, la compra de
una hacienda en común y los servicios de Cerruti para colocar sumas de dinero de
su nuevo socio en bancos de Londres. Otras dos fincas adquiridas en común
también serían un resultado de estos tratos.381 Además de ello, la incontenible
ambición de Rengifo hizo que Cerruti terminara vinculado a sus proyectos políticos,
que incluían una rebelión contra el Ejecutivo de la Unión encabezado por Núñez, al
frustrarse su intento de ser electo presidente en 1880. La implicación de Cerruti en
ese complot sería exhibida en 1886 como prueba de su participación en política.
Además de ello Cerruti al parecer realizó actividades a favor de Rengifo a partir del
año de 1880. El general había sido desplazado de Antioquia, pues las constantes
quejas de los antioqueños contra las “hordas del Cauca” le hicieron renunciar. Al
parecer, el general quiso recuperar terreno en su Estado natal, y tramaba una
revolución en 1882 contra el gobierno legítimo.382 Varios testigos declararon que en
casa de Cerruti se celebraban “Juntas revolucionarias”, que tenían por objetivo
afectar las elecciones presidenciales del Cauca de 1882,383 que ganó Payán. Otros
decían que también tenía la intención de influir en la elección municipal, convidando
a beber y comer a un significativo número de personas.384También se decía que
había repartido machetes.385 Al parecer, Cerruti quería que, a la salida de Hurtado
de la presidencia, quedara Rengifo, para lo cual había gastado elevadas sumas de
dinero, a fin de conservar su influencia política.386 Los tratos de Cerruti con políticos
380 Sobre el gobierno de Rengifo en Antioquia, véase RESTREPO Uribe, Rafael. Algo para la historia
de la gloriosísima revolución de Antioquia que estalló el 25 de enero del presente año. Versión
electrónica publicada por la Universidad de Antioquia en
[Link] . [Consultado 19 de
agosto de 2019]
381 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98 Car10, f.50.
382 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, Cr 3, f.11.
383 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, Cr 3, f.13.
384 AGN, AO, MRE, transferencia 8, caja 98, Cr 3, f.13 v.
385 ALBAN Carlos. Óp. Cit., pp. 25.
386 VALENCIA Llano, Alonso. Óp. Cit., pp. 304.
150
le granjearon la animadversión de sectores de la población caucana, quienes le
reprochaban a Cerruti su anticlericalismo y su presunto liberalismo a ultranza.387
Ilustración 10. los hermanos Kopp, Paul Lorent y los hermanos Castello.
Fuente: [Link]
387
EDER, Phanor. Óp. Cit., pp. 384.
388Instituto Distrital de Patrimonio Cultural de Bogotá. Guía de los cementerios británico y Hebreo
Bogotá: Alcaldía mayor de Bogotá, 2011. P. 27.
151
Los dos hermanos construirían junto a Edmundo Castello la firma Koppel y Castello,
prestamista de la nación. En 1884, Alejandro fijó nuevamente sus ojos en la región
de Bucaramanga, manifestando interés por explotar la riqueza minera del río Suratá,
en asocio con alemanes establecidos en Bucaramanga como Ernest Langenbach.
Hacia finales del boom quinero arribaría un sobrino de los hermanos Koppel: Leo
Sigfried Kopp Koppel.389 Él fundó una cervecería en Socorro, capital del Estado
soberano de Santander, en 1886, asociado a su hermano Emil y al patriarca de la
comunidad alemana de Bucaramanga, Paul Lorent. Pronto se trasladaría a Bogotá,
ciudad donde fundaría la cervecería Bavaria. Allí moriría, y al parecer se convirtió al
catolicismo, pues reposa en el cementerio católico y no en el cementerio inglés y
alemán. Contrajo matrimonio con Mary Castello,390 hija del socio de sus tíos,
Edmundo de Holte Castello, súbdito inglés natural de Kingston, Jamaica. Los otros
socios de Bavaria fueron Santiago y Carlos Arturo Castello González, hijos de
Edmundo, y por lo tanto hermanos de Mary, la esposa de Leo Kopp.
Fuente: [Link]
1942. Secretaría Distrital de Salud de Bogotá. Licencias de inhumaciones. 1942, Carpeta 1, f. 131.
152
con Edmundo, en 1850.391 Su primer hijo, Santiago, nació en Girón en 1852.392 Los
Koppel-Kopp y los Castello habían iniciado su vida de negociantes en Santander.
Sin embargo, ninguno de ellos arraigó en las sociedades locales y migraron a
Bogotá, lugar donde conformaron una lucrativa sociedad comercial cimentada por
el matrimonio de Mary Castello y Leo Kopp. La influencia de este clan en la política
nacional debió ser considerable, pues si bien no se han encontrado relaciones tan
evidentes como las de Cerruti y algunos negociantes alemanes de Bucaramanga,
su actividad como prestamistas del tesoro nacional está documentada.393 Los
gráficos que se presentan a continuación ilustran las relaciones entre las familias
Castello, Koppel y Kopp.
391 Archivo de la parroquia de San Juan Bautista (Girón). Matrimonios 1848-1863, f.12.
392 Archivo de la parroquia de San Juan Bautista (Girón). Bautismos 1851-1856, f.70.
393
Diario oficial. Año XXIII. N. 6948. 8, febrero, 1887. Pág. 1. LEY 12 DE 1887(febrero 03) por la cual
se aprueban dos convenios. Relativa a los acuerdos de pagos suscritos entre el gobierno nacional y
las firmas Koppel & Castello, Bonett y Cía y Koppel & Schloss
153
Ilustración 11: Relaciones entre las familias Castello, Koppel y Kopp
La razón social Koppel & Schloss, presente en varios lugares del territorio nacional
y cuya casa matriz estaba en Londres, Inglaterra, es otra de las razones comerciales
de los hermanos Koppel.394 En Bucaramanga tenía importantes intereses,
manejados por William Schrader y Adolfo Harker. Charles Schloss, socio de los
hermanos Koppel en esta firma, residía en Bogotá con su esposa, la señora Soledad
Valenzuela Suarez, sobrina de Ulpiano Valenzuela Mutis.395 Quien durante muchos
años fuera cónsul del imperio alemán en Bogotá, y además fue el primer gerente
del banco de Bogotá, Salomón Koppel, al parecer es primo de los hermanos
Koppel.396 Él además estaba casado con una hermana de Edmundo de Holte
Castello, Mary Castello Brandon.397 De manera que la evidencia demuestra que los
394
MARTINEZ, Enrique. Quinta Sión. Los judíos y la conformación del espacio urbano de Bogotá.
Bogotá: Universidad Javeriana, 2018. P. 79.
395 Ibid., p. 78.
396 REYES, Aura. Ensamble de una colección. Trayectos biográficos de sujetos, objetos y
154
Koppel-Kopp-Castello conformaron un poderoso clan familiar, radicado en la ciudad
de Bogotá, sobre el cual investigaciones futuras deberían profundizar.
398
MARTINEZ, Enrique. Óp. Cit., pp. 82.
155
de asociarse (o sociabilidad) llevada al extremo. Por ello, son materia de las líneas
que van a continuación.
156
4. LOS NEGOCIANTES EXTRANJEROS Y LAS PRESUNTAS VIOLACIONES A
LA NEUTRALIDAD DURANTE LA GUERRA DE 1885: EXPROPIACIONES Y
RECLAMACIONES.
157
que las reclamaciones serían tramitadas por la vía administrativa, sin hacer mayores
precisiones400.
Así las cosas, el Gobierno delimitaba los alcances de las reclamaciones, aclarando
que procedían por empréstitos, suministros, expropiaciones o daños provenientes
de la pasada rebelión, aclarando en primer lugar que sólo en casos muy específicos
respondería por expropiaciones y daños causados por los rebeldes. En primer lugar,
sólo cuando los perjuicios “[…] hayan sido causados por fuerzas regulares, no por
partidas volantes ó guerrillas de menos de cincuenta hombres, y en obedecimiento
a órdenes dadas por jefe conocido”401, lo que intentaba impedir que pasaran como
daños de la rebelión actos cometidos por criminales comunes, estableciendo la
categoría de “rebelde “como un ejercicio legítimo. Por otra parte, también se exigía
que estuviera claro que sólo mediante la fuerza el extranjero había accedido a las
peticiones de los rebeldes, de lo contrario estaría apoyando al bando rebelde y
perdería no sólo el derecho de reclamar, sino que sería juzgado como nacional. La
sola aquiescencia implícita era suficiente para incurrir en ello.
158
pudieran reclamar por cargamentos de quina, café u otras mercancías, las cuales
generalmente eran subastadas o vendidas por los rebeldes. No hay duda de que el
hecho de legislar a posteriori, conociendo la dinámica de la guerra, le daba una
ventaja enorme al Gobierno, que podía de esta manera modelar el decreto a su
antojo. La cuarta y última condición, que hacía referencia a que el perjuicio debía
haberse causado “dentro de los límites que prescriben la moral y la civilización” era
bastante obscura, pudiendo hacer referencia a la “manera civilizada” de hacer la
guerra, convirtiéndose en un nuevo intento por excluir delitos comunes y el accionar
de fuerzas rebeldes desorganizadas, conocidas como “guerrillas”. Para poder
acreditarse como tal, el extranjero debía presentar los siguientes documentos:
Los agentes consulares de cada uno de los países extranjeros acreditados debían
tramitar las pruebas que señalaban la extranjería de sus respectivos súbditos.
Correspondía por ejemplo al cónsul en Bucaramanga registrar a los ciudadanos
alemanes avecindados en ese distrito.
Pero sin lugar a duda, el documento más relevante era el certificado de neutralidad,
que dependía exclusivamente de las autoridades locales. Solo tales autoridades
podían tener constancia del comportamiento de los extranjeros en su respectivo
domicilio, y cuando no lo tenían, debían practicar pruebas testimoniales. Estos
testimonios eran recogidos entre personas de crédito de la sociedad local.
Resultaba escandaloso el hecho de que el gobierno considerara que si el extranjero
había prestado auxilios al gobierno legítimo no había perdido la condición de neutral,
y por ello, sus reclamaciones serían satisfechas. Tal parece entonces que la
159
condición de neutral sólo se perdía al intervenir, tácita o manifiestamente, para
favorecer al bando sublevado.
Otras disposiciones, como la posibilidad de iniciar la reclamación por apoderado y
la inadmisión de reclamos en torno a bienes litigiosos parecían bastante comunes.
Se fijaba el 31 de agosto de 1887 como fecha última para asentar las respectivas
reclamaciones. Otra consideración importante rezaba que los extranjeros debían
probar la propiedad de lo reclamado antes del inicio de la rebelión. Bienes
originados de cualquier transacción posterior, si querían ser reclamados, debían
provenir de “amigos” del gobierno. El gobierno promulgaba esta disposición
sabiendo que había sido común la práctica de traspasar bienes a ciudadanos
extranjeros, esperando que amparados bajo la propiedad de estos últimos el
Gobierno no pudiera hacerlos objeto de contribuciones forzosas, o de alguna clase
de castigo por la filiación política o simpatía con el bando rebelde.
Este decreto, refrendado por José María Campo Serrano, primer designado
encargado del poder ejecutivo por ausencia del Presidente (Rafael Núñez) y el
vicepresidente (Eliseo Payán), había sido sancionado con conocimiento de causa.
Para esa fecha, ya obraban en poder del gobierno varias reclamaciones, y el decreto
se dio para responder a circunstancias concretas. La no observancia del decreto en
las reclamaciones presentadas motiva su desestimación. Contra el fallo proferido
por el gobierno no procedía recurso alguno, aunque se preveía que, de elevarse
los reclamos hasta el punto de ocasionar un incidente internacional (como sucedió
en el caso Cerruti) se recurriría al laudo arbitral del rey de España.403 Además de
eso, los reclamantes eran libres de llevar su caso a la justicia ordinaria si
consideraban que el gobierno no había actuado en derecho.
160
de forma, siguen más o menos el mismo tipo)404 En primer lugar, las declaradas
fundadas y respondidas de manera positiva, porque o el reclamante auxilió al
Gobierno o porque fue expropiado por este último. En segundo lugar, las que se
declaran como simuladas, pues están en una suerte de limbo: no puede
comprobarse que el extranjero en cuestión no guardó su neutralidad, pero aparece
como comprador o cesionario de derechos o bienes que pertenecían a rebeldes
antes del inicio de la revolución, por lo cual esta reclamación es negada. En esa
suerte de línea gris también podrían ubicarse aquellos que presentan
indistintamente reclamaciones por expropiaciones del gobierno y de los rebeldes,
pues no puede identificarse como decidido “amigo” del gobierno o afectado
exclusivamente por este. Y, en tercer lugar, están aquellos sospechosos de ayudar
a los rebeldes, por mostrar demasiada facilidad o complacencia a la hora de
entregar lo expropiado o por contribuir voluntariamente a su causa.
Esta tipología permitirá caracterizar las reclamaciones a partir del resultado, y
revelará datos acerca del reclamante, como su presunta simpatía con el bando
rebelde o con el Gobierno. Los reclamantes también se clasificarán debido a su
domicilio y asiento de sus negocios. Así mismo, se indagará sobre quienes actúen
en los procesos, a fin de proveer datos que faciliten la comprensión de estos.
404 Esto también se relaciona con la citada ley, la mayoría estaban compuestas por memoriales
redactados por los reclamantes, pruebas de su condición de extranjero, pruebas testimoniales con
el objetivo de acreditar neutralidad o propiedad de lo reclamado, certificado de neutralidad
despachado por autoridad competente y actuaciones del Gobierno Nacional, que concluían con un
fallo proferido por el ministro de Relaciones Exteriores.
161
normalmente estaban bien surtidos y tenían bienes de superior calidad. Varias
sociedades comerciales avecindadas en Bucaramanga se vieron perjudicadas por
el trasegar de los ejércitos que recorrieron el Estado Soberano de Santander, entre
ellas Lorent y Keller. Consolidada con el capital amasado por Geo Von Lengerke,
fallecido en Zapatoca el 4 de julio de 1882, la sociedad comercial había soportado
la caída de los precios de las quinas y el trato desfavorable impulsado por el
gobierno nacional, encabezado por Núñez, que se negaba a reconocer su titularidad
sobre inmensas extensiones de tierras baldías en el territorio de los yareguíes.
Ahora le cabía en suerte sufrir el embate de una revolución que afectaba
directamente sus negocios. El largo expediente de reclamaciones de Lorent y Keller
iniciaba por la reclamación de 17 mulas de carga en buen estado, expropiadas por
el coronel Eusebio Rojas en la población de Salazar de las Palmas, en noviembre
de 1884, poco antes de que se declarara turbado el orden público.405 Seguían otras
reclamaciones, sobre expropiaciones realizadas indistintamente por el gobierno
revolucionario y el gobierno de Bogotá.
En el caso de la reclamación de las mulas, los oficiales de las tropas del “Gobierno
legítimo” alegaban haber refundido estos recibos,406 especialmente porque el
coronel Rojas, falleció en acción en los primeros meses de 1885. Por lo tanto, los
peticionarios tuvieron que conseguir un sinnúmero de testigos que corroboraran que
el coronel Rojas en efecto efectuó tal expropiación407, y que le reconoció a cada
mula un valor de 80 pesos. Las diligencias se practicaron de marzo a diciembre de
1886, en la ciudad de San José de Cúcuta, capital del departamento de Cúcuta, al
cual se hallaba adscrito el municipio de Salazar. Algunos testimonios se tomaron en
la propia Salazar, con traslado a San José de Cúcuta para el expediente. La mayoría
de los testigos ratificaba lo expuesto por Lorent y Keller acerca de las mulas.
162
Inexplicablemente, el pago de esta cantidad quedó en suspenso. El expediente
prosigue con una certificación expedida por Francisco Azuero Montero, jefe del
departamento de Soto impuesto por los revolucionarios, que certifica que se
expropiaron 8270.20 pesos en mercancías a Lorent Y Keller, que les serán pagados
con un interés del 2 por ciento, y en constancia de ello extiende la certificación el
día 5 de septiembre de 1884.408 Este documento estaba además refrendado por el
secretario del jefe departamental, Eliseo Serrano, el jefe de las fuerzas rebeldes
acantonadas en Bucaramanga, Domnino Castro y el secretario de este último,
Celestino Collazos. Paul Lorent se cuidó de dejar asentada su protesta frente a este
hecho, a fin de subrayar su condición de extranjero neutral. A ello contestó
Francisco Azuero que no se trataba de ninguna animosidad contra el comercio, y
que la expropiación era realizada por ser estrictamente necesaria para ayudar a la
“reivindicación de los derechos del pueblo.”409 Por expresa petición del otro socio,
Carlos Keller, comparecieron Eliseo Serrano, Celestino Collazos y Francisco
Azuero, a validar la información citada más arriba, es decir, la expropiación y el
memorial redactado por Lorent para asentar su condición de neutral.410 Estas
diligencias se realizaron durante todo el año 1886.
Domnino Castro, antiguo jefe de las fuerzas rebeldes, declaró el 28 de julio de 1886
a petición de Carlos Keller que en efecto se había realizado la expropiación de
mercancías por la suma descrita, y que el pago no se había verificado porque debido
al cambio de autoridades que sucedió casi de inmediato los fondos habían sido
requisados por las autoridades repuestas. Las averiguaciones de las autoridades
iban encaminadas a determinar si Lorent y Keller habían entregado estas
mercancías mediando la fuerza o si por el contrario lo habían hecho gustosos: ese
pequeño detalle hacía la diferencia entre extranjeros neutrales que han sido
expropiados y extranjeros que conspiran con los alzados en armas para el triunfo
163
de la revolución. Por ello, preguntaron a Azuero si era cierto que Lorent y Keller
habían accedido de mala gana. Lo cual Azuero respondió afirmativamente.411
411
AGN, AO, MRE, caja 82, Car 298, f.42.
412
AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.49.
413 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.52.
414 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.61.
415 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.76.
416 Lorent También declaraba que nació en Bremen el 26 de septiembre de 1850. Que sus padres
eran Carl Lorent y Hermine Margueritte Lengerke AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.81.
164
Carlos Keller, nacido en Stuttgart y la de un tercer socio, Gustavo Volkmann,417
también natural de Bremen.418 Tampoco tuvieron mayores dificultades para que el
jefe departamental de Soto, Felipe Sorzano, les reconociera su calidad de neutrales
en la guerra. Parecía que la sociedad Lorent, Keller y Co lograría la devolución de
las sumas expropiadas. Máxime cuando el gobernador del recién creado
departamento de Santander (cuyo territorio correspondía al Estado soberano), el
coronel Alejandro Peña Solano, ratificó la neutralidad de los socios de la firma.419
417 Sobre Gustavo o Gustav Volkmann, se leía: que había nacido en Bremen el 23 de febrero de
1859 y que era hijo de Daniel Volkmann y Friederike Dodzt. AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.83.
418 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.77.
419 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298, f.80.
165
Sin embargo, cada una de las facturas exigía una nueva práctica de pruebas
testimoniales, por lo cual engrosaban el expediente las pruebas testimoniales de
rigor. Variaba también el escenario, pues todas las expropiaciones realizadas por
los jefes departamentales de Soto se tramitaban en Bucaramanga. Aparte de las
facturas relativas a los rebeldes en septiembre de 1884 y las de las fuerzas del
gobierno de Bogotá a partir de diciembre de 1884, también se habían practicado
expropiaciones en agosto de 1884, esta vez por las fuerzas “del Gobierno.”420 Estas
últimas fueron amparadas por el general Juan Manuel Dávila, comandante de la 3ª
división del ejército de la república, que certificaba la veracidad de todas las facturas
presentadas por Carlos Keller, socio administrador de la firma Lorent, Keller y Co.421
Pese a las pruebas practicadas, en marzo de 1887 aún no existía una resolución
sobre las expropiaciones, por lo cual Carlos Keller dirigía un memorial al ministro de
relaciones Exteriores, Vicente Restrepo, solicitándole una indemnización por
concepto de expropiaciones, que según Keller sumaban 34670 pesos.422 A su vez,
también exigía la satisfacción de las expropiaciones realizadas por los rebeldes,
mencionando también las mercancías expropiadas y los daños sufridos durante la
marcha del general Ricardo Gaitán Obeso hacia el Norte.423 Este general, en un
audaz movimiento, había salido de Honda en campaña por todo el Magdalena,
expropiando mercancías acantonadas en las bodegas de los puertos fluviales. Las
fuerzas del general les expropiaron 38 sacos de café extraídos de su bodega en
Puerto Sogamoso. Las incursiones de este general motivaron a su vez que las
fuerzas rebeldes de Santander volvieran a ocupar Bucaramanga, con el general
Gabriel Vargas Santos a la cabeza, aunque rápidamente salieron rumbo a la Costa,
ansiosas de seguir la senda victoriosa de Gaitán Obeso.
166
El Gobierno comisionó un agente especial, Manuel Esguerra, para que practicara
nuevamente las indagaciones, ignorando las indagaciones ya practicadas424. El
expediente aumentaba su complejidad, particularmente porque se iban agregando
hechos nuevos, como un asalto del que había sido víctima Lorent el día 9 de febrero
de 1885 en el alto de la Peñuela, del vecindario de Guadalupe.425 Lorent y sus
peones habían sido sorprendidos por 20 hombres armados que requisaron todo lo
que llevaba consigo, incluyendo el caballo de Lorent y su equipaje. También se
añadían facturas por 178 kilos de sal que había expropiado el general Dávila en
agosto de 1885, durante los últimos instantes de la guerra.426 La expropiación de
los bultos de sal complejizó mucho más el expediente, al no tener la sal un valor
absoluto sino relativo: testimonios recopilados por el agente especial, Manuel
Esguerra, reportaban que el precio de la sal en Bucaramanga había experimentado
alzas durante la guerra. Debiendo pagarse la cantidad que constaba el bulto de sal
en el momento de la expropiación, había que establecer cuál era el precio de la sal
ese día.427 A Lorent y Keller también les expropiaron 257 cargas de café en el sitio
de “Bodega central”, muy cerca de Puerto Nacional, en la Provincia de Ocaña. Esta
expropiación, realizada por las fuerzas rebeldes, fue dispuesta por el jefe de estado
mayor de las fuerzas del Atlántico, Francisco Acebedo y realizada por Wenceslao
Rodríguez, comandante del vapor Cartagena.428 La expropiación se realizó en junio
de 1885, cuando las fuerzas rebeldes coordinaban sus operaciones en la Costa,
teniendo la ciudad de Barranquilla, tomada por Gaitán en febrero, como base. Se
tasaba el costo del café expropiado en más de treinta mil pesos. Ello elevó la cuenta
de las expropiaciones a cerca de los cien mil pesos.429
167
dar fe de los hechos mencionados en los memoriales que habían elevado al
ministerio de Relaciones Exteriores.430 Este acto fue consentido por el alcalde de
Bucaramanga, José Joaquín García, en noviembre de 1886. Los socios de Lorent,
Keller y Co intentaban movilizar a prominentes actores de la sociedad local para
que avalaran sus pedidos y destrabar de esa manera el proceso, que el gobierno
nacional no tenía ningún interés en zanjar. Sólo así se explican los retardos
ocasionados por la actuación de su agente, Manuel Esguerra, quien ignoró las
declaraciones presentadas ante autoridades locales y departamentales, así como
los certificados de neutralidad, y volvió a solicitar la comparecencia de los firmantes
de las expropiaciones, obviando las realizadas por el gobierno revolucionario.
Sin embargo, en julio de 1887 salieron dos resoluciones que reconocían como
fundadas las reclamaciones de Lorent, Keller y Co, pero objetaba que se habían
exagerado los valores de las cargas de sal y café, y de las mercancías,
reconociendo en total ambos fallos la suma de 22000 pesos, mucho inferior a lo
reclamado431. Los susodichos no se conformaron con este resultado, y continuaron
haciendo reclamaciones, que a su vez revelaban hechos de la guerra, como la
ocupación de la hacienda “Cabecera del Llano” por las fuerzas del gobierno, y la
pérdida de 140 sacos de café que ya habían comprado Puddendorf y Co, de la
ciudad de Nueva York, y que Lorent y compañía no habían podido despachar debido
a las hostilidades. Pese a estar en esa hacienda, propiedad de Don David
Puyana,432 esas cargas de café pertenecían a Lorent y Keller. Ellos consignaron
estos intereses a Hermógenes Wilson, ex secretario de Hacienda y prominente
político, que procedió a elevar nuevos memorandos al ministerio de Relaciones
Exteriores.433 Estas gestiones tuvieron un efecto positivo, pues fueron reconocidos
otros 8500 pesos, correspondientes a las expropiaciones realizadas por el jefe
Lorent, Keller y Co. Este último se casaría con una hija de Don David, quedando evidenciado de esta
manera el vínculo.
433 AGN, AO, MRE, caja 82 Car298 f.232.
168
departamental impuesto por los revolucionarios, Francisco Azuero. Aunque se
denegó la concesión de los intereses, que también reclamaban.434 La cifra seguía
siendo inferior al total de lo reclamado, por lo cual Lorent y Keller continuaron
promoviendo recursos, allegando facturas y solicitando indemnizaciones, por lo
menos hasta el año de 1888.
Para obtener el resultado parcialmente favorable, sin duda fue crucial el apoyo de
importantes integrantes de la sociedad local, que ahora servían al gobierno
regenerador, como el alcalde de Bucaramanga, José Joaquín García y el
gobernador de Santander Alejandro Peña Solano. También que se logró determinar
que los bandidos que atacaron a Lorent en Guadalupe pertenecían a las tropas del
gobierno, lo cual podía convertirse en un incidente diplomático grave, dada la
condición de cónsul del Imperio Alemán que ostentaba Lorent.435 El gobierno sin
embargo se sostenía en que no reconocería más expropiaciones realizadas por los
rebeldes, y en los precios notoriamente exagerados con los que Lorent y Keller
habían tasado sus mercancías. Cabe anotar que los peritos no habían sido otros
diferentes a los propios vecinos de Bucaramanga, conocidos y amigos de los
reclamantes, como lo eran Christian Clausen (comerciante danés asentado en
Bucaramanga) Alberto Fristch y Tobías Valenzuela. Estos aparentes vicios de
procedimiento, en los cuales se advirtió un claro intento de actores locales para
favorecer a los reclamantes, llevaron a desconocer más de 25 mil pesos, siendo
especialmente notorio el caso de 171 mulas por un valor de 17000 pesos que no
fueron consideradas porque el gobierno decía tener noticias de que no eran
propiedad de los reclamantes sino del rebelde Eliseo Serrano y su parentela.436 Este
último, como ya se señaló, había sido secretario del general rebelde Domnino
Castro.
169
En mayo de 1888, y con el reconocimiento de otros 4000 pesos, finalizó la novela
de las reclamaciones de Lorent, Keller y Co, con un sabor agridulce para estos
últimos. La cifra de alrededor de 40 mil pesos que habían logrado distaba mucho de
los casi 100 mil que reclamaban. La cifra total reclamada nunca se tasó
adecuadamente, porque el gobierno insistió en su desconocimiento. Los citados
fueron los más golpeados con la guerra en Santander, pues ninguna otra sociedad
comercial de extranjeros asentada en dicho territorio se acercaría a los montos
reclamados por los herederos Lengerke. Tocaba a sus sucesores conformarse con
lo resuelto por el gobierno regenerador, y continuar con sus actividades, en espera
de tiempos mejores. Conviene anotar que las cargas de café y de sal eran los
principales activos expropiados a la sociedad comercial, y no obedecían a las
necesidades más urgentes de las tropas rebeldes, sino que eran bienes destinados
a rematarse. Estos incluso en contadas ocasiones se remataron en la propia
Bucaramanga, jugando con los precios y la inflación causada por el trastorno bélico.
4.2. CÉSAR LULLE, PHILIP HAKSPIEL Y MINLOS & BREUER, DEL COMERCIO
DE BUCARAMANGA.
170
Si bien a Lorent y Keller se les dio espacio suficiente para presentar pruebas, lo
mismo no ocurrió con César Lulle, alemán del comercio de Bucaramanga, señalado
desde un principio de actuar como depositario de los bienes de su suegra, la señora
Trinidad Parra de Orozco, acusada de amparar tales bienes bajo una bandera
extranjera, ante cualquier trastorno político.437 Por ello, se solicitó al gobernador de
Santander, el coronel Alejandro Peña Solano, averiguar sobre el particular, según
comunicación del Ministerio de Relaciones Exteriores del 13 de marzo de 1887.438
Las autoridades sabían de oídas que existía un contrato por el cual Trinidad Parra
de Orozco consignaba todos sus intereses en Lulle, el cual no era más que un
empleado de la casa comercial Lorent, Keller y Cía. A partir de 1884 sin embargo,
parece que Lulle se había transformado en dueño de semovientes y propiedades,
sospechándose que su “golpe de suerte” se debía a su suegra. Las autoridades
también estaban al tanto del parentesco político entre la señora Parra y Lulle,
mencionándolo como una de las razones esgrimidas para hacer las
averiguaciones.439 César Lulle reclamaba 4000 pesos, desglosados así:
- 2 mulas (a 240 cada una) y 5 reses (a 200 cada una) tomadas de la “Hacienda
Suratá” por las fuerzas del General Antonio Basilio Cuervo, en campaña en
la zona durante marzo de 1885.
- Mercancías tomadas por los jefes departamentales de Soto, de noviembre a
abril: 456 pesos.
- Tomados de la “Hacienda Chitota”, propiedad de la señora Trinidad Parra de
Orozco: un caballo zaino (300), otros caballos por un valor de 490.
- Mercancías expropiadas por el jefe rebelde, Gral. Daniel Hernández, por 577.
- Mercancías expropiadas por el “alcalde rebelde” de Bucaramanga, el señor
Pablo Antonio Valenzuela, por 500.440
171
Las averiguaciones determinarían si era merecedor de una indemnización o si por
el contrario no le correspondía ni un solo real. La administración departamental
encontró el mencionado contrato entre Trinidad Parra y Lulle, en la cual la primera
le vendía a este último varios semovientes ubicados en sus haciendas “Suratá”,
“Chitota” y “La Bucaramanga.”441 Sospechoso era el crecido número de animales,
hablándose de 14 caballos, de diversas calidades (el más costoso tasado en 500
pesos) 200 reses 20 terneros, sesenta reses de ceba y 30 bueyes, todo ello
sumando 14900 pesos. La señora Parra además se obligaba a mantener a los
animales en su hacienda hasta que Lulle pudiera disponer de ellos. Este último
podía servirse de las bestias como lo tuviera a bien, y tenía un año para cancelar
los 14900. Los animales entonces seguían en las haciendas de Parra, permitiendo
que se dudase de la realidad de esta venta.
172
y Keller, nunca había tenido noticia de que fuera dueño de fincas y semovientes.
Sin embargo, se abstenía de calificar como una simulación las transacciones entre
la señora Parra y César Lulle, pues no le costaba. Pero sí agregaba que los bienes
citados han pasado “pública y notoriamente” como de la señora Trinidad Parra de
Orozco, de la cual César Lulle era yerno e hijo político desde hacía dos años.445
Benito Ordoñez refería casi lo mismo, pero agregaba algunos datos relevantes para
el proceso. Afirmaba haber tratado personalmente con César Lulle cuando era
dependiente de Lorent y Keller, negando que tuviera intereses comerciales antes
del año 1886. Además, a él si le constaba que Trinidad Para seguía administrando
los bienes a los que hacía referencia la reclamación, y que lo había venido haciendo
sin interrupción desde el año 1884. Laureano Ruiz agregaba más elementos: pues
afirmaba que Ricardo Valderrama, Joaquín Llach446 y la propia Trinidad Parra de
Orozco eran socios comerciales, y sobre esta última decía que había administrado
los bienes reclamados, que pasaban a ojos de toda Bucaramanga como suyos.447
173
La resolución del Ministerio de Relaciones Exteriores del 1 de agosto de 1887, que
declaraba no fundadas las pretensiones de Lulle, además de citar a los testigos,
señalaba también que para agosto de 1884 ya habían iniciado los trastornos
políticos en Santander, por lo cual resultaba sospechoso que la señora Parra de
Orozco hubiera concluido ese trato comercial con quien menos de un año después
se convertiría en su yerno449. También citaba que unos testigos que había
presentado Lulle, José Joaquín Llach, José Asunción Martínez y Roso González,
no lograban acreditar con suficiencia la propiedad de Lulle sobre lo reclamado, y
tampoco podían explicar cómo logró adquirir esos bienes, si desde su llegada al
país alrededor del año 1882 había trabajado siempre para la casa comercial Lorent,
Keller y Co. Notorio era que el citado Llach fuera socio de Trinidad Parra, y que
además Martínez fuera el yerno de dicho Llach.450
Con 22 años cumplidos en 1884,451 era bastante extraordinario que Cesar Lulle
lograra ser dueño de tan considerable capital. La naturaleza inverosímil de su
fortuna fue lo que le puso en evidencia, y su matrimonio con Manuela Orozco Parra
ratificó lo obvio. Claramente, Lulle y la señora Parra habían fraguado un astuto plan,
que acaso también tuvo incluida la apertura de una casa comercial propia para el
joven Lulle, que nunca tuvo la categoría de socio de Lorent, Keller y Co, y en 1886
pasó de ser uno de sus empleados a tener almacén y casa comercial en
174
Bucaramanga. En el expediente, no se deja constancia sobre por qué la señora
Parra buscó la protección de una bandera extranjera, ni por qué parecía no esperar
que el Gobierno le regresara lo que había tomado. Como hipótesis, quedará una
posible simpatía de la señora Parra hacia las fuerzas rebeldes, que no es posible
comprobar del todo en este momento.
Las expropiaciones del gobierno ascendían a poco menos de 6000 pesos, pero
consistían en pequeños objetos que se iban tomando para las tropas destinadas a
marchar hacia el Norte, pues a partir de marzo de 1885 el escenario de la guerra se
trasladó a la Costa. El 3 enero por ejemplo se le expropiaron mercancías por 731.50
pesos, a saber:1200 yardas de tela para camisas, 380 yardas de lana para
175
cinturones, 20 yardas de paño y 290 carretes de hilo. Así lo certificaba el
comisionado especial del jefe departamental de Soto, Guillermo Forero B, quien
estaba encargado de acopiar los elementos que se remitirían a las tropas en
campaña455. La protesta de Hakspiel quedó asentada el 5 de enero, en presencia
del secretario del jefe departamental, Carlos Mutis Arenas.
176
Ilustración 13:Recibo extendido por Domnino Castro al negociante Philip Hakspiel, por
expropiaciones
177
enumeraba todos los bienes incautados. Los más significativos eran 24 mulas por
un valor de 2000 pesos, tomadas por el general Juan M. Dávila y 47 cargas de café
por un valor de 2000 pesos, expropiadas en el dique del Paturia por las fuerzas de
Hernández y Vargas Santos461. Presentaba a su vez 42 fojas útiles con los
documentos relativos a las expropiaciones realizadas por el gobierno. La
meticulosidad de Hakspiel probablemente obraría a su favor, siendo difícil que el
gobierno dilatara exigiendo presentación de testigos o alegando no tener pruebas
de la neutralidad de Hakspiel.
178
designarse avaluadores. Así se procedió con una de las reclamaciones por 2000
pesos, la de las 24 mulas.464 Se nombró a Jorge Jones Arciniegas y Felix Rodriguez
como avaluadores, los cuales tasaron cada una de las mulas en cien pesos. Sin
embargo, serían las expropiaciones realizadas por los rebeldes las que
comprometerían a Hakspiel, pues testigos referían que las expropiaciones
realizadas a finales de marzo de 1885, cuando el ejército de Hernández y Vargas
Santos se dirigía hacia el Magdalena, no se habían realizado por la fuerza, bastando
unas pocas palabras a solas entre Hakspiel y Domnino Castro para que el primero
entregara las mercancías, fundamentalmente telas y vestuario para la tropa. Por el
testimonio de Francisco Canal sabemos no sólo esto, sino también que el sastre
Pedro J. Parra, de Bucaramanga, fue el encargado de elaborar en su taller camisas
y pantalones con las mercancías expropiadas a Hakspiel, en tiempo récord.465
179
Se llamó a Jones, el cual confesó que parte de las mulas expropiadas pertenecían
a Horacio y Laureano Cadena. Fue la última actuación en el proceso de Hakspiel y
data de septiembre 23 de 1886. El siguiente documento es del año de 1894, y en
ella Philip Hakspiel dirige un nuevo memorial al Ministerio de Relaciones exteriores,
contabilizando 10000 pesos por concepto de mercancías expropiadas, reclamo que
no había sido resuelto.468 Recordaba que había protestado en el acto, y que además
había pasado su reclamo en el tiempo requerido. Y nombraba un apoderado: el
señor Alberto Jouve. Este último, ya el 15 de agosto de 1895, solicitaba con carácter
urgente que el ministerio dictara una providencia. La providencia se dictó en abril de
1897, y se le pagó poco más de 6 mil, desestimándose las expropiaciones
realizadas por los rebeldes y los recibos defectuosos elaborados por Tobías Bretón.
Final agridulce para Hakspiel, de quien todo parece indicar que el gobierno dudaba,
de su buena fe y de la sinceridad de sus protestas a la hora de ser expropiado. Por
eso, únicamente le mandó a pagar lo que expropió el “gobierno legítimo”.
Otros sin duda fueron más afortunados, como Paul Polko, alemán que había
construido fortuna a la sombra de su poderoso yerno, el negociante Francisco
Ordoñez. El gobierno nacional le reconoce 3800 pesos, a pesar de que varias de
sus mercancías fueron expropiadas por rebeldes.469 Las fechas coincidían más o
menos con las expropiaciones realizadas a Hakspiel. Principalmente se le
expropiaron objetos metálicos: hebillas, machetes, herramientas. El único
descuento que se le hizo fue el de las contribuciones forzosas, que tanto nacionales
como extranjeros debían pagar, por lo tanto, no aplicaba reclamación para esa
cantidad, que frisaba los cien pesos.470 La casa comercial Minlos, Breuer y Co,
originaria de Maracaibo y regentada en Bucaramanga por el negociante germano-
venezolano Emilio Minlos, también realizó una reclamación por expropiaciones, por
un total de 1364 pesos. La mayoría de ellos entregados como “empréstito voluntario”
180
exigido por el coronel Eusebio Rojas, comandante de las fuerzas del gobierno que
obraban en el departamento de Cúcuta.
Por otra parte, Hesselmann también instauró un proceso relativo a unas mercancías
que habían sido expropiadas de las bodegas de Puerto Villamizar, propiedad del
Ferrocarril de Cúcuta, por fuerzas rebeldes encabezadas por el oficial Alejandro
Azuero, que servían al mando de los líderes rebeldes Rogerio López y Ernesto
Cancino. Entre lo expropiado se encontraban varias cobijas de algodón y varios
driles de este mismo material.474 Estas indagaciones se extendieron durante toda la
primera mitad del año de 1886, acreditándose más de 10 testigos del hecho.475 La
fuerza rebelde al parecer no había expedido ningún recibo, pues se había limitado
a apropiarse de lo contenido en las bodegas. Ningún representante de Minlos
Breuer estaba allí presente para protestar neutralidad o exigir un recibo. Finalmente,
también se halló un defecto en los recibos extendidos por Eusebio Rojas, pues
databan de un momento en el cual aún no se declaraba turbado el orden público en
181
el Estado, tal y como lo certificó Clodoveo Valderrama, oficial mayor de la secretaría
de Gobierno, encargado del despacho, el día 16 de abril de 1886.476 Estos defectos
determinaron que sólo se les reconocieran 1364 pesos, en lugar del total, que
rondaba los 2100 pesos.
182
ordinaria establecida por el gobierno en sus decretos de 1886.478 Así, debió solicitar
que comparecieran testigos e intentar demostrar neutralidad, lo que tenía bastante
difícil dada la situación de sus otros dos socios.
183
gobierno había realizado unas expropiaciones a la casa comercial, y su participación
personal, como socio administrador.482 Francisco José Arboleda afirmó que en
calidad de capitán intervino en el recibo de los bienes expropiados, y defendió la
legalidad del procedimiento, estableciendo que antes de la expropiación Cárdenas
había sacado unos paños y otras telas, por deferencia del intendente.483 Acusado
de esconder bienes de la casa Cerruti y de evadir las obligaciones con los
acreedores, Jeremías Cárdenas intentaba, más que obtener algún resultado de sus
reclamaciones, demostrar que no tenía los medios suficientes para asumir las
obligaciones de la sociedad.484 Ezequiel Hurtado intentó salvar algo de capital,
mediante la falsificación de facturas a nombre de su hermano, Manuel Antonio.485
184
de Gobierno del Cauca, Juan de Dios Ulloa (padre del general Juan E. Ulloa) le
garantizó la vida a Cerruti y le dio un trato digno, pero no respondería por sus
propiedades, dado que estaba plenamente confirmado que Cerruti era rebelde.489
Varios testigos referenciaban que su hacienda “Salento” había sido cuartel de los
rebeldes, por lo que el 11 de febrero se le puso bajo arresto domiciliario en Cali,
pero no fue conducido a la cárcel, gracias a Ulloa.490 Con la advertencia de que
cualquier intento por salir de la ciudad de Cali sería considerado como una fuga.
Volviendo a los memoriales de Segre, este también señalaba que pesaban
amenazas sobre otros ciudadanos italianos, como Gaspare Mazza, perjudicado
supuestamente en los procedimientos seguidos contra Cerruti.491 Las respuestas de
Vicente Restrepo eran más bien vagas, amparándose en la soberanía de los
Estados para explicar su imposibilidad a la hora de incidir sobre el particular.
Con la lupa del ministro de Italia sobre el asunto, en Cali se procedió a celebrar el
proceso de Cerruti. El objetivo era probar más allá de toda duda razonable que
Cerruti era rebelde, por ello se presentaron más de 30 testigos. De las declaraciones
de tales testigos podía extraerse que de 1876 en adelante Cerruti se había
mezclado en asuntos políticos, citando que en 1876 se había unido a los hombres
armados que habían expulsado al obispo de Popayán, Carlos Bermúdez. Además
de su participación en la candidatura de Rengifo, que, si bien se malogró por el
fallecimiento del candidato, si tuvo relativo éxito en las elecciones municipales de
los distritos de Cali y Palmira, donde Cerruti logró poner a sus aliados.492
185
conducidos por el propio general Payán en persona, lo que demuestra el gran
interés de este último en obtener un amparo legal para los hechos ya consumados.
Estos habían empezado en una fecha tan temprana como el 27 de abril de 1885.
Sin duda, había urgencia en demostrar la culpabilidad de Cerruti, a fin de darle las
explicaciones del caso al ministro de Italia.
186
Segre, no lo creía así, y protestaba por la interceptación de las comunicaciones con
el comandante del “Flavio Gioia”, que traía instrucciones terminantes del gobierno
italiano sobre cómo proceder en el affaire.497
Entre tanto, por todo el territorio del Estado Soberano del Cauca se buscaban, hasta
debajo de las piedras, a personas que pudieran acreditar la conducta rebelde de
Cerruti.
Ilustración 14:General Valentín Deaza
Fuente: [Link]
497 República de Colombia. Diario oficial. Año XXII. Bogotá,31 de diciembre de 1885. P. 5.
498 AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car3, f.48.
187
señor Cerruti, como hombre avisado, de talento, ha procurado en esta vez salvar
las apariencias, pero como Dios no permite siempre la impunidad del delincuente,
por mucha que ha sido su suspicacia ha dejado clara y perceptible la huella de su
culpabilidad.”499 Otras declaraciones, colectadas después , no eran tan
comprometedoras, pues estos testigos no referían hechos y personajes concretos,
sino que se referían a rumores, por ejemplo un testigo afirmaba que el día que “los
independientes” entraron a Cali , Cerruti se quedó encerrado en su casa, por miedo
a las represalias.500
188
rebelión.506 Uno de ellos, llamado Nemesio Colmenares le acusaban de estar
“trabajando incansablemente” contra el gobierno del General Payán desde 1879, y
además de especular con la sal. Estas nuevas acusaciones eran sumamente graves
para Cerruti, pues le ponía en aprietos con el Gobierno Nacional por la presunta
compra del batallón. Otro testigo, apellidado Sarasti le acusaba de participar en
política por lo menos desde la elección de Zaldúa, es decir, dese 1882.507
189
protesta de las autoridades municipales de Buenaventura.514 Del lado colombiano,
se invocaba la independencia del poder judicial, que había llamado a juicio a Cerruti
y le convocaba a Cali, para probar su inocencia o aceptar con resignación su
culpabilidad.515 Como razones para actuar de esa forma, Cobianchi citaba que se le
había denegado la posibilidad de que Cerruti se quedara en Buenaventura, libre
bajo palabra, que era la fórmula que había aprobado el Rey de Italia.516
Acreedores de Cerruti y otros de sus socios como los hermanos Ricardo y Emiliano
Gaviria Cobaleda, de “Gaviria Hnos” (relacionados con el general rebelde Alejandro
Gaviria) y Fidel Lalinde reclamaban al gobierno nacional por la expropiación
realizada a Cerruti, que tenía mercancías de su propiedad en consignación, entre
otros negocios en común. Ellos eran Schloss Brothers, de Londres, y de Manchester
David Midgley &Sons, Jackson Briesley &Briggs, Taft & Sons, Stadelbauer H y L.L
Behrens H. Ellos por el conducto de A. Cambil, su apoderado, reclamaban la
propiedad de la mayor parte de las mercancías expropiadas a Cerruti. También
denunciaban que tales mercancías se estaban rematando por mucho menos de su
valor, con mucho desorden y premura.517
Junto con el envío de nuevos testimonios, Juan de Dios Ulloa dirigió una larga nota
al secretario de relaciones exteriores, Vicente Restrepo, fecha el 22 de junio. Allí
aclaraba que nada había contra los señores Quilici y Mazza, a quienes se reconocía
como neutrales, este último incluso había sido autorizado a portar armas, y si no
había salido del Estado era porque se negaba a hacerlo sin Cerruti.518 Así mismo,
reconocía que para aquella época (con la culpabilidad de Cerruti suficientemente
demostrada a su criterio) ya se habían adjudicado varias de las fincas de este último,
y se habían vendido sus mercancías. Ello porque a pesar de que la guerra
continuaba en otras partes de la nación, el Cauca ya se hallaba del todo pacificado.
190
Señalaba que el juez de la causa se esmeraba por concluir rápidamente el asunto.
Nuevamente entonces emergía el defecto de que no existían evidencias que
soportaran la incautación de los bienes de Cerruti en el momento en que dicha
incautación ocurrió. Defecto que le costaría bastante caro al gobierno regenerador.
Por otro lado, el gobierno del Cauca interrogaba a José Quilici, otrora socio de
Cerruti, sobre el trato dado a él como extranjero neutral y aspectos relacionados con
este último.519 Quilici aseveraba que como particular sus bienes no habían sufrido
menoscabo, pero que como socio de la casa Cerruti se reportaban pérdidas
considerables debido al embargo de los activos de la compañía. Dada su condición
de neutral comprobada fue persuadido por el poder ejecutivo del Cauca para “sacar”
su parte correspondiente de lo embargado, a lo cual no accedió ya que no favorecía
sus intereses. Además, declaraba no haber sido molestado, y hallarse conforme con
el orden que imperaba en la república. Persuadidos de hacer una declaración similar
fueron el súbdito alemán, de religión judía, Carl Simmonds y el italiano Vicente
Spadafora. Este último además declaraba que desde febrero Cerruti había estado
todo el tiempo en su casa de Cali, y no se le había importunado, ni antes ni después
de la revolución.520 Lo mismo declaraba Alberto Burckhardt, súbdito alemán. Pero
pocos días después de declarar, Spadafora amplió la declaración, retractándose de
sus palabras y denunciando que había sido molestado por el gobierno del general
Payán y que Cerruti también había sido injuriado.521 Cabe entonces la posibilidad
de que la primera se realizara bajo alguna clase de coacción, pues solo así se
explicaría la disparidad. Simmonds también se retractó y declaró solemnemente que
Cerruti había sido sometido a vejámenes siendo neutral, pero se retractó por
segunda vez en 1887,522 en presencia de Alejandro Pizano, enviado por el Gobierno
para recoger una nueva ronda de testimonios con los cuales esperaba impugnar el
fallo del laudo arbitral, que a todas luces resultaría desfavorable.
191
El 13 de agosto, con Cerruti en el “Flavio Gioia” salió el fallo del juzgado criminal de
Cali.523 Se le halló responsable de rebelión y se dictó auto para su formal prisión,
que sería impracticable dado que Cerruti permanecía en el buque italiano. El fallo
incluía detalles que salieron a relucir en la investigación, como el hallazgo en la
hacienda de Salento de una ametralladora y municiones que los rebeldes habían
sustraído de Cali.524 Lo acusaban también de corromper al electorado en las
elecciones de 1882, ofreciendo chicha y aguardiente a la concurrencia.525 Varios de
los participantes de dicha elección habían afirmado “Nosotro tenemo onde mi amo
Cerruti todo lo que pedimo (sic)”. Y por poco resulta victorioso su partido, pero sus
aspiraciones murieron al mismo tiempo que su candidato, Tomás Rengifo, fallecido
de muerte natural a principios de 1883.
Así mismo, se describía en otro apartado del expediente de Cerruti las acciones
hostiles ejecutadas por tripulantes del Flavio Gioia, como lo eran la interrupción de
la línea férrea y el despacho de gente armada al puerto.526 También se hacía
inventario de las mercancías incautadas a Cerruti y que aún se hallaban en poder
del gobierno, por 40095 pesos. Suma que ni siquiera cubría la décima parte de las
obligaciones de Cerruti, tasadas hasta ese momento en poco más de 500000
pesos.527 De lo primero, la consecuencia esperada fue la suspensión de relaciones
diplomáticas entre Colombia e Italia, que se materializó el 24 de agosto de 1885.
192
Ilustración 15:Ricardo Gaviria Cobaleda.
Fuente: [Link]
En el memorial donde daba por terminadas sus relaciones con Colombia, el ministro
de Italia, Davide Serge, comentaba que todo el diferendo se resumía en una
animadversión personal del general Payán contra Cerruti, acusando al primero de
corromper a la justicia del Cauca para satisfacer sus acusaciones.528 Ante estas
acusaciones, las autoridades caucanas buscar perfeccionar el fallo proferido
mediante más testimonios, como el de Telésforo González o Telésforo Cuero, peón
de Cerruti. El confirmaba que el mayordomo de Cerruti los había trasladado a Cali
en calidad de reclutas, a él y otros trabajadores de la hacienda.529 También
atestiguaba que había visto a Cerruti, en compañía de Ricardo Gaviria Cobaleda
(jefe municipal de Cali impuesto por los rebeldes) luciendo en su sombrero una cinta
colorada, divisa de los rebeldes. Así mismo, les había ofrecido muchas prebendas
a sus peones para que no se pasaran al gobierno, como permitirles aprovechar lo
que se cultivaba en la hacienda. Otro jornalero, Ramón Cabuyales, afirmaba que se
sabía que en Salento había armamento de los rebeldes. El mayordomo de Salento,
José Tito Mendoza, corroboraba lo dicho por los dos jornaleros y además agregaba
193
noticias sobre la especial deferencia con la que el coronel Márquez, de la Guardia
Colombiana, trataba a Cerruti, llegando a recibir inclusive órdenes de este último.530
194
cónsul inglés en Panamá, J. Hayes Sadler. Paralelo a ello, el gobierno de España
había asumido la mediación del diferendo entre ambos países. Por lo cual las
instrucciones del ejecutivo nacional fueron terminantes: el juicio quedaba en
suspenso hasta la resolución del laudo arbitral.535 Y Cerruti, en los primeros días de
abril quedó libre bajo fianza, pudiendo permanecer en el país o salir de él.
195
Biagio Requisas hechas en 1885, además del agravante de que también le
Sardi debían cantidades del trastorno del Cauca en 1879
Rafaele El gobierno se apoderó de varias de sus caballerías, sin
Bonomo indemnización
Pedro Expropiación de bienes muebles en la última guerra, de manera
Capurro sospechosa (sin declaración de utilidad pública)
Fuente: Elaboración propia.
El laudo arbitral español encontró que el general Payán había asignado a dedo a
los administradores de los bienes de Cerruti. Estos oscuros personajes habían
realizado negocios dudosos con los bienes y los habían dilapidado. Por ejemplo, en
diciembre de 1886 sólo subsistían 800 cabezas de ganado en la hacienda de
Salento, de un estimado de 5000. La respuesta del gobierno caucano era que
Cerruti había dilapidado gran cantidad de recursos en la rebelión, mientras que el
laudo arbitral se inclinó a considerar la tesis italiana de los malos manejos por parte
de las autoridades locales.536 Por ello, ni su esposa Emma, ni Mazza, ni Menotti, ni
Quilici recibirían los bienes de Cerruti cuando el gobierno nacional tomó
providencias para devolverlos a su dueño, en enero de 1887.537 El estado del Cauca
no existía más, pues había desaparecido en virtud de la constitución de 1886. La
hacienda “Italia”, ubicada en el municipio de Palmira, corría con igual suerte. Las
autoridades locales atribuían el mal estado de esta última hacienda a las plagas y
al abandono, cuidándose de afirmar que se encontraba en franca decadencia desde
antes de la guerra.538 Como depositario, los juzgados designaron a José María
Navia, sin ninguna relación comercial o personal con el negociante italiano.539
196
en Europa un folleto titulado “la cuestión italo-colombiana”, lleno de falsas
apreciaciones según Córdoba. Aclaraba que Cerruti había sido la excepción a la
regla y que otros extranjeros habían sido respetados por el gobierno colombiano.540
Sin embargo, tales afirmaciones pueden y deben ser matizadas. Si bien es cierto
que el caso Cerruti es atípico en muchos aspectos, como el culebrón de sus arrestos
y escapes, no es necesario que todos los casos deban medirse por ese rasero.
Quilici y Mazza por ejemplo sufrieron pérdidas derivadas de sus negocios con
Cerruti, y es necesario separar su esfera personal (relativa a su patrimonio personal)
y una suerte de esfera ampliada, donde caben las asociaciones comerciales con
Cerruti, que sin lugar a duda fueron golpeadas.
presuntas humillaciones al pabellón italiano, cosa que según el gobierno colombiano debía ser, al
contrario, dadas las actuaciones del “Flavio Gioia”. AGN, AO, MRE, T8, caja 98 Car9, f.3.
197
aspectos que cuestionaban la legalidad de la sociedad comercial y su existencia
real, sugiriendo que el rol de los citados socios era nulo, así como su aporte a la
sociedad.544 Sin embargo, las indagaciones sobre este punto fueron infructuosas,
pues casi todos los testigos dijeron no conocer al detalle las actividades de Cerruti
y compañía.545 Poco importó que el gobierno nacional presionara a otros italianos,
como Francisco Menotti y Pedro Capurro, para que dijeran todo lo que sabían sobre
las actividades de su compatriota: estos afirmaron que no sabían, o no les constaba
lo que el gobierno les indagaba.546 Por otra parte, el 28 de septiembre de 1888
Cerruti ejercía presión, reclamando diez mil libras esterlinas con carácter urgente.
Según el, debía pagar a acreedores e instalar a su familia en Europa.547
198
además señalando que sería Colombia la encargada de responder en su totalidad
a los acreedores de Cerruti. Lo cual complicó todo nuevamente, pues Colombia se
negaba a asumir en su totalidad las deudas de Cerruti. Además, el laudo arbitral
solo aplicaba para los líos diplomáticos con el reino de Italia. No podía cobijar a los
acreedores, ciudadanos de otros países en su mayoría.550
550FAZIO, Luciana. Más allá de una simple biografía: “el caso Cerruti” una historia conectada y
multinivel enlazada por un “historiador electricista”. Esboços, Florianópolis. 2019, vol. 26, nro.42, pp.
270-289.
199
relaciones de solidaridad entre Cerruti y los demás italianos, los cuales resisten a
las presiones del gobierno nacional y se niegan a dar información sobre Cerruti y
sus negocios. Y, por último, el caso Cerruti sirve para estudiar de manera crítica al
Estado colombiano de la segunda mitad del siglo XIX, con sus vacilaciones y
desaciertos, y fenómenos como la corrupción (expresada por ejemplo en los
remates de los bienes de Cerruti) la lentitud de las instituciones y las demoras de la
justicia, realidades a las cuales usualmente no se les presta mayor atención.
Segre revelaba que Valle Biglia había sido detenido al regresar de un viaje a Bogotá,
en el cual se había entrevistado con él inclusive, sospechando de una posible
persecución a súbditos italianos de parte del gobierno del Cauca. Afirmación que
hacía muy seguramente teniendo en cuenta la situación de Cerruti.553 El gobierno
colombiano declaraba que se estaban tomando medidas legales contra un
200
extranjero no neutral.554 Las protestas del gobierno italiano surtieron efecto, pues
Valle Biglia quedó bajo arresto domiciliario en Cali, mientras se le dictaba sentencia
en el juicio. Existían más italianos sospechosos de participación en la guerra, y
según el gobierno del Cauca se les trataría de acuerdo con la gravedad de las
conductas imputadas.555 El primero en ser exonerado fue Mazza, que ni siquiera
alcanzó a estar detenido, y el 5 de mayo se declaraba su completa inocencia.556
El embargo contra los bienes de Valle Biglia se levantó a mediados de mayo, por
orden judicial. Se instruyó a Valle Biglia para que volviera a tomar posesión de sus
bienes, pero él se negó.557 Sólo hasta diciembre se avino a realizar dicha entrega.
Algunos de los bienes de Valle Biglia, como una casa, habían sido expropiados
mucho antes de su prisión; tales expropiaciones eran el motivo de su viaje a Bogotá,
para manifestar a Segre su situación. En mercancías, a Valle Biglia le habían
tomado 1000 pesos, en su mayoría licores sustraídos de su almacén de
Buenaventura.558 Otras mercancías sin embargo sí fueron devueltas, en su mayoría
enlatados como leche condensada y conservas. Habiendo partido ya el “Flavio
Gioia” y prácticamente en libertad, Valle Biglia parecía tener la intención de retomar
sus negocios y por ello aceptó recibir sus bienes. El asunto, al parecer, se zanjaría
de esa manera. El gobierno del Cauca reportaba que la negligencia de Valle Biglia
al negarse a aceptar había causado deterioros en el inmueble expropiado, todo ello
como parte de un malicioso plan para promover sus reclamaciones.559
Debiendo justificar la radical decisión tomada contra Valle Biglia, el gobierno del
Cauca compiló una serie de testimonios y documentos que demostraban su
culpabilidad, de manera similar al caso de Cerruti. El 7 de febrero de 1885 el jefe
municipal de Buga, Telésforo Arroyo, avisaba a los jefes municipales de Tuluá y
Quindío que Valle Biglia, pasaportado por ellos, fue registrado en Buga y traía cartas
201
con contenido político.560 Cuando Arroyo le registraba, se le encontró un papel
destrozado con nombres de radicales del Estado, además de varios fragmentos de
cartas que había intentado eliminar ante la inminencia del registro.561 Ya desde
Tuluá estaba escoltado, porque desde su abrupto viaje a Bogotá se sospechaba de
él, e inclusive su escolta reportó que había realizado comentarios políticos.
Un memorial de Valle Biglia, redactado doce años después, en 1897, señalaba que
este apresamiento se había fundado en varias cartas que traía para Cerruti, que
según le habían dicho las autoridades del Cauca era considerado el “jefe de la
revolución.”564 Sin embargo, el gobierno ya había tomado sus contingencias y tenía
copias de las presuntas pruebas obtenidas por la justicia local. Según las
trascripciones en poder del gobierno nacional, las cartas que llevaba Valle Biglia
eran bastante comprometedoras. A continuación, se relacionan:
202
Juan de Dios Noticias de la guerra en el Tolima. Versaba acerca de
Restrepo a negocios y empréstitos realizados por Restrepo a nombre de
Ricardo Gaviria Gaviria. Hay que recordar que Ricardo Gaviria lidera la firma
Cobaleda. 26 de “Gaviria Hnos”, señalada de corromper un batallón de la
enero de 1885 guardia colombiana junto con Cerruti.
Juan de la Cruz Paradero de los revolucionarios, acciones subversivas en
Suarez a su Quindío y el Tolima. Describe detalladamente movimientos
madre, Juana ejecutados. Supuestamente debía entregarse en Tuluá, pero
Montoya. 4 de Valle Biglia aún la llevaba en Buga. Hay que recordar que en
febrero de 1885 Tolima y el Quindío actuaba el general rebelde Deaza,
supuestamente complotado con Cerruti.
Fuente: Elaboración propia.
Sin embargo, las cartas pueden hacerse pasar como intercambio de noticias
familiares, no de carácter político. La información que contenían de la guerra podía
ser vista como comentarios inocentes sobre la situación del país. Lo que dictaba la
culpabilidad (y en eso insiste el gobierno) es, en el caso de la carta para Ricardo
Gaviria, el destinatario, y en el caso de la carta de Juan de la Cruz Suarez, el emisor.
Al ser estos dos etiquetados como “rebeldes”, automáticamente Valle Biglia es
susceptible de ser considerado cómplice. También se le encontró una lista de
personas, con su respectiva residencia, transcrita a continuación:
203
fue derrotado el 23 de febrero en Santa Bárbara de Cartago por el general Payán.565
Testigos lo ubicaban en Buga desde inicios de febrero, lugar donde se había reunido
con rebeldes que posteriormente participarían en el combate de Sonso, como
Antonio José González, ayuda de campo de Guillermo Márquez.566 A este
supuestamente le dijo que había estado en Barranquilla, que toda la Costa estaba
en armas y que no importaba si la revolución fracasaba en el Cauca.
Estas pruebas sirvieron de base para negar cualquier indemnización a Valle Biglia,
que la reclamó varias veces en los años posteriores, alegando desconocer el
contenido de las cartas. Sin embargo, las autoridades del Cauca argüían que su
participación había sido consiente. Por ello, Valle Biglia hubo de contentarse con lo
poco que le habían retornado. Nunca estuvo libre de sospecha y su gobierno al
parecer no reclamó sus derechos con la misma fuerza empleada en el caso Cerruti.
Natural de Willemstad, en la isla de Curazao, Manuel Cortissoz era el hijo mayor del
comerciante judío José Immanuel Cortissoz y Esther de Jessurum Pinto. Sus
hermanos eran Jacob, Aarón y Rebeca. A la muerte de su madre, el padre volvió a
contraer matrimonio y se radicó en Venezuela, lugar donde nacieron sus medios
204
hermanos. Prontamente los hijos mayores de José Cortissoz abandonaron la casa
paterna para regresar a Curazao. Allí Manuel contrajo matrimonio con Teresa
Semblat, judía natural de Curazao como él mismo.567 Los hermanos Cortissoz son
ubicados en Barranquilla hacia 1870.
Fuente: [Link]
Allí contrae matrimonio Jacob con su prima Julia Álvarez-Correa Pinto en 1874. A
Manuel Cortissoz es posible ubicarlo en Bucaramanga por tarde en 1877, justo al
inicio del último de los ciclos quineros, en sociedad con Miguel Díaz Granados,
vástago de una notable familia costeña y acucioso negociante.568 A su llegada a
Bucaramanga, Cortissoz tenía una hija: María Alina (n1872) y al poco tiempo
nacerían Esther (n.1878) y Victoria (1880). Las tres fueron bautizadas el 16 de
marzo de 1883, como parte de la decisión de su padre de integrarse en la sociedad
local (aunque él jamás se bautizó, y a su muerte fue enterrado en el cementerio
particular, junto a los alemanes de fe protestante) y sus padrinos fueron
personalidades, como Domnino Castro (padrino de María Alina) el hijo del general
Leonardo Canal, Carlos (padrino de Victoria) y José Joaquín García (padrino de
Esther). Otra hija, Julia, nacida en 1883, fue bautizada en diciembre de ese año,
con Trinidad Parra de Orozco como su madrina. Posteriormente nacerían Gilberto,
Saul y Manuel.
567 SOURDÍS, Adelaida. Los judíos sefardíes en Barranquilla El caso de Jacob y Ernesto Cortissoz.
Barranquilla: Universidad Jorge Tadeo Lozano, 1999. P. 6-7.
568 GONZÁLEZ de Cala, Marina. Óp. Cit., pp. 33.
205
La escritura de constitución de la sociedad comercial “Manuel Cortissoz y Cía.”
databa del 12 de diciembre de 1877, y había sido registrada por el notario ante los
testigos Phillip Hakspiel y Vicente Pinto.569 Suscribieron la escritura Cortissoz y
Arthur Akerman, ambos declarando ser vecinos de Barranquilla y el último como
apoderado del socio capitalista Abraham Wolff de Jessurum Pinto.570 Aunque
Cortissoz administraría la sociedad desde Bucaramanga, Wolff se reservaba el
derecho de examinar los libros y de intervenir en la dirección de la compañía.571
Para el año en que inició la guerra en Santander, es decir 1884, los negocios de
Cortissoz ofrecían una solidez envidiable. En 1881 había sido el segundo exportador
de quinas más importante, por detrás de José María Valenzuela y sus asociados,
Muller y Schrader.572 El expediente de sus reclamaciones muestra que aparte de la
quina se dedicaba a otros lucrativos negocios, como el expendio de sal en el
departamento de Soto. El 25 de septiembre de 1884 introdujo 234 cargas de sal por
el puerto de Botijas, para ser consignadas a diversos clientes. La sal era de las
salinas marítimas de la Costa,573 y había sido vendida a Wolff por el gerente de las
salinas del Magdalena, Ramon Jimeno Collante574 (posteriormente general
revolucionario de la Costa). De esas cargas, 35 fueron tomadas por el jefe
departamental revolucionario, Azuero.
La reclamación de las cargas de sal marina por lo tanto abría el expediente. Manuel
Cortissoz solicitaba el 13 de julio de 1887 (es decir, de manera extemporal) que se
indagara a Jacobo Álvarez, Pablo Mendieta y Liberato Martínez (los dos últimos
resultaban ser arrieros que trabajaban para Cortissoz conduciendo la sal desde
Botijas a Bucaramanga) acerca de la veracidad de la expropiación de las citadas
cargas de sal, ordenada por Azuero y ejecutada por el general Domnino Castro. Sin
embargo, este reclamo fue declarado improcedente unos días después, porque la
206
sociedad “Manuel Cortissoz y Cía” presentaba defectos en su constitución, a la luz
del código de Comercio. Cortissoz allegó copia de las escrituras de constitución de
la sociedad, aclarando su naturaleza comanditaria. El hecho de que Cortissoz
recurriera a un juez hace pensar que estaba reclamando por la vía judicial y no por
la administrativa, usual en las otras reclamaciones.
207
Llach.579 Sin embargo, la acción de Cortissoz fue tardía, y era previsible que se
rechazara su reclamo, en virtud de la legislación vigente. La neutralidad de Wolff fue
certificada por el prefecto de la provincia de Barranquilla, Pedro Carbonell.580 Lo
mismo conceptuaba el gobernador de Bolívar, Henrique Román, cuñado del
presidente Rafael Núñez.581 Cortissoz entre tanto conseguía que se llamara a
declarar a Domnino Castro, que aparte de ser quien expidió el recibo era uno de los
últimos supervivientes de la causa revolucionaria en Santander, teniendo en cuenta
la muerte de la mayoría de su oficialidad en la batalla de la Humareda.
que el señor Manuel Cortissoz había salido de esta plaza acompañando a la fuerza del
gobierno de Santander, el día del combate en Zapamanga, librado entre esas fuerzas
que comandaba el señor Juan Manuel Dávila y las revolucionarias, combate que, dijeron
algunas personas, había presenciado dicho Cortissoz desde un punto distante, y esto y
el ser amigo decidido del citado gobierno produjo precauciones contra él y se le
consideraba enemigo de la causa revolucionaria, y como además estaba interesado en
la conservación del referido gobierno por un contrato importante que había celebrado
con él para la construcción de un trayecto del ferrocarril de Soto, creímos los jefes de la
revolución que si se le dejaban los recursos de la sal Cortissoz los pondría a disposición
del Gobierno.584
208
Por lo tanto, en una conducta que recordaba a la de Cerruti, Cortissoz parecía estar
dispuesto a intervenir en la guerra a favor de quienes identificaba como sus aliados:
el gobierno nacional y el gobierno estatal de Santander. Incluso estuvo dispuesto a
acompañar a la fuerza armada hasta el lugar de la batalla, ligando su suerte a la del
gobierno establecido y sufriendo en consecuencia la furia de los vencedores,
quienes le realizaron la mayor de las incautaciones realizadas en Bucaramanga
durante el breve lapso que ocuparon dicha plaza. Otras cargas de sal que se
encontraban en las bodegas no fueron tomadas: tal fue el caso de la sal que
pertenecía a Alberto Fritsch.585
Ilustración 17:La extraña letra expedida por el gobierno nacional a favor de Cortissoz.
209
Motivado por el fiscal, Juan Mantilla, a ampliar sus impresiones sobre la relación
entre Cortissoz y el Gobierno, Castro señalaba que tenía convencimiento de la
participación de Cortissoz en el bando del gobierno a partir “de sus relaciones con
los señores Juan Manuel Dávila586 y Luis Reyes, jefe del departamento extinguido
de Soto antes de la revolución, y otros sostenedores del Gobierno.”587 Y a
continuación mencionaba hechos de suma gravedad, que terminaban de
caracterizar a Cortissoz como estrecho aliado del gobierno:
Fuente: [Link]
586 Nacido en Santa Marta el 23 de junio de 1857, Juan Manuel Dávila era hijo de Manuel Dávila,
notable político samario e Isabel Pumarejo (Santamarta, parroquia de El Sagrario, bautismos 1835-
1871, f.17). Se estableció en Bucaramanga durante los años de la bonanza de la quina. Allí contrajo
nupcias con Josefina Ordoñez Reyes (Bucaramanga, parroquia de San Laureano, bautismos 1885-
1887, f.125), hija del poderoso comerciante Francisco Ordoñez, que Solón Wilches intentó poner
como presidente del estado en 1884 y además tenía a otra de sus hijas casada con el alemán Paul
Polko. Juan Manuel Dávila era por derecho propio una personalidad dentro del partido conservador.
Su hija Beatriz se casaría con Jaime Holguín Caro, hijo del presidente Carlos Holguín y sobrino del
presidente Miguel Antonio Caro.
587 AGN, AO, MRE, Tr7, caja 76, car226, f.67.
588 Ibid.
210
Este hecho sin lugar a duda le hubiera reservado a Cortissoz un trato análogo al
que la Regeneración dio a Cerruti, si hubieran ganado los revolucionarios. El caso
de Cortissoz probablemente sea una de las más evidentes muestras del proceder
sesgado y partidista del gobierno a la hora de tramitar las reclamaciones. Y
evidencia también que, de fondo, el “espíritu de partido” termina permeando también
a los ciudadanos extranjeros, quienes están dispuestos a correr con muchos riesgos
con tal de que la facción que apoyan gane el poder, y sostenga sus privilegios.
Cortissoz sabía muy bien ello, y por eso se aprestó a intentar sacar la sal de su
almacén luego de la derrota de Zapamanga, siendo sorprendido su peón Jacobo
Álvarez en el acto por el coronel Pedro Parra.589 La declaración de otro testigo,
Jacobo Álvarez, uno de los peones de Cortissoz, ampliaba este escandaloso hecho:
cómo un mes antes de las elecciones que en el año de mil ochocientos ochenta y cuatro
tuvieron lugar en Santander para presidente del Estado, el señor Manuel Cortissoz dio
orden al mayordomo de la hacienda “La Paz” de entregar al señor José Domingo Reyes,
jefe en esa época del departamento de Soto, unos rémingtons y unas escopetas, cuyo
número no recuerdo. Estos hechos me constan a mí por haberlos presenciado, y creo
que tales armas fueron vendidas por el señor Cortissoz al gobierno de Santander,
porque este señor me dijo después de la revolución que estaba cobrando el precio de
ellas.590
Todo parecía indicar que la supuesta venta ocurrió bajo la mesa. La actitud de
Cortissoz, persuadiendo a sus peones para prestar servicios al gobierno e
interviniendo en los debates electorales ya había sido condenada como impropia en
Cerruti, pero en Cortissoz no sólo no era reprobada, sino que inclusive era
premiada. El gobierno contradecía los aspectos de la ley que había dictado en 1886,
al reconocerle a Cortissoz expropiaciones realizadas por los rebeldes, a partir de un
reclamo hecho a destiempo e ignorando las pruebas de su participación en política.
211
varias ocasiones conversar de política. Estas diligencias se practicaron en
Bucaramanga a partir de septiembre de 1888 y se extendieron hasta enero de 1889.
Al parecer, aún se desconocía que el gobierno nacional, sin practicar las
indagaciones de rigor, ya había asignado a Cortissoz 60000 pesos, prácticamente
desde el inicio del proceso. Así que pese a lo que afirmaran los testigos y lo que
conceptuaran las autoridades de Santander, ya estaba decidido el resultado de la
reclamación. En atención a las pruebas recabadas en Bucaramanga, el juez
segundo del circuito de Bogotá, Pedro Molino, falló que la Nación debía pagar a
Cerruti los 70290 que reclamada.593 El 30 de marzo de 1889 el gobierno expidió la
resolución formal que declaraba fundada la pretensión de Cortissoz, pero tras un
acuerdo con este último la cifra quedaba en 60000 mil pesos.594 Sin embargo, la
letra que establecía esta cantidad existía desde poco más de un año atrás, como
queda demostrado en la evidencia documental.
Durante aquella guerra, otro negociante extranjero que prestó delicados servicios al
gobierno fue el italiano Juan Bautista Mainero, establecido en Cartagena. De hecho,
su reclamación era precisamente relativa a su decidida colaboración prestada las
fuerzas de la Regeneración durante el sitio de Cartagena. Mainero contrató a su
costa una goleta llamada Minnia que debía ir por provisiones a Jamaica,
encomendada al ciudadano inglés George Baxter.595 La goleta fue expropiada en
confusas circunstancias por los rebeldes e incendiada. Sus testigos eran: Bartolomé
Martínez Bossio, Manuel H. Gómez y Antonio Román, cuñado del presidente Rafael
Núñez. El gobierno al parecer ofrecía reintegrar los gastos una vez se ganara la
guerra. La ineptitud del comandante de la plaza impidió que se desembarcaran los
valiosos suministros, y Mainero tuvo que disponer que volviera a hacerse a la mar,
para tratar de alcanzar el puerto de Colón. No obstante, el buque fue apresado en
212
alta mar por goletas rebeldes, y remolcado hasta la bahía de Cartagena, lugar donde
los sitiadores descargaron.596 Baxter fue tomado prisionero y el buque fue destruido.
Tomado de [Link]
213
constituido.”599 Benjamín Baena señalaba que “jamás ha tomado parte de la política
del país”, y señalando que “ha servido a los intereses del país cuando ha tocado.”600
De ahí se desprende que la intervención de Mainero en la guerra de 1885 no se
consideraba participación en política, sino una suerte de asunto de Estado. Según
los testimonios, Mainero había prestado un servicio a la Nación, y ello no era
participación en política. Poco importaba que Colombia estuviera dirigida por una
de las facciones en pugna: la doctrina oficial insistía en un levantamiento rebelde
contra el Gobierno Nacional. Aunque lo cierto es que los términos “rebelión” y
“guerra civil” aparecen entremezclados, y no parecen entregar un matiz distintivo.
Tarea que sin duda alguna ahondará alguna otra investigación.
Mainero también logró que convocaran al despacho del juez a Martínez Bossio,
Manuel H. Gomez y Antonio Román, llamados a confirmar que el presidente de la
214
República, Núñez, tomó interés en el asunto, enviando comunicaciones donde
solicitaba que se realizara el abastecimiento de la ciudad bajo la promesa de que el
Gobierno cubriría el importe.602 Martínez Bossio confirmó que se encontraba en
Jamaica cuando llegaron dos telegramas enviados por el presidente solicitando el
abasto de Cartagena y dando su palabra de honor de que tal servicio sería pagado
por el Gobierno. Aseveraba esto porque, aunque los documentos habían sido
destruidos junto con el buque, le constaba.603 Gómez daba más detalles, señalando
que el propio Mainero estuvo presente en Jamaica comprando mercancías para el
buque, que salió completamente cargado.604 También había visto los telegramas, y
señalaba los sacrificios de Mainero para cumplir con la autoimpuesta obligación,
que incluyeron pagar una cuantiosa fianza cuando llegó a Jamaica la noticia de la
captura del buque, so pena de desencadenarse un incidente diplomático.
El cuñado del presidente, y hermano del gobernador de Bolívar, Antonio Román,
declaró el 12 de marzo de 1886 que era cierta la historia de los telegramas enviados
por el presidente, que ayudó a surtir la goleta junto con Bartolomé Martínez Bossio
y que estaba seguro de que los recibos que según Baxter se habían extraviado eran
auténticos, porque era de público conocimiento el celo de este último y Mainero para
cumplir su cometido.605 Recopiladas estas declaraciones, pasó a acreditar testigos
sobre el estado en que había quedado la goleta luego de que los rebeldes la
tomaron. Decía Mainero que después de sacar toda la carga, le prendieron fuego,
y a fin de certificar ello citaba a Santiago Torres y Antonio Atencia.606 Ambos
respaldaron lo dicho por Mainero.
Las indagaciones terminaron el día 30 de marzo de 1886, sin embargo, fue preciso
esperar hasta el 20 de agosto de 1886 para la admisión de los reclamos de Mainero,
por la vía administrativa en el ministerio de Relaciones Exteriores.607 Los conflictos
215
entre Colombia y el Reino de Italia, por cuenta de la “Cuestión Cerruti”, habían
entorpecido el normal trámite de los reclamos. Para esta ocasión, el apoderado de
Mainero, Francisco Groot, adjuntaba documentos relativos a otras expropiaciones
hechas al negociante italiano. Las fuerzas de Gaitán Obeso, por ejemplo, habían
tomado semovientes y elementos de la Hacienda Buenavista, de la cual Mainero
era propietario. Esta expropiación ascendía a 11880 pesos. Se enviaban además al
Ministerio declaraciones de testigos, 4 para acreditar la posesión de los bienes
reclamados y 4 para acreditar neutralidad. También eran remitidos los papeles
relativos a la reclamación de la goleta Minnia. Groot, en su memorial, narraba un
poco las vicisitudes experimentadas por esta goleta, y contaba con que la palabra
del presidente fuera suficiente para aclarar el asunto.608
216
la nacionalidad de Mainero el 21 de marzo de 1887.611 Cumplido este acto, el
ministerio de Relaciones Exteriores dio su fallo el 21 de abril. Encontró “difícil de
admitir” la reclamación por la Hacienda Buenavista, criticando que los testigos de
esa reclamación eran simples peones de la hacienda, y que en la práctica lo ocurrido
en Buenavista no era una expropiación, sino un saqueo perpetrado por las huestes
de Gaitán Obeso. Por ello, no reconocía los 11880 solicitados por Mainero, que ni
siquiera había tenido el cuidado de hacer avaluar por peritos los bienes
presuntamente expropiados, y fijaba el precio de estos de acuerdo con su arbitrio.612
La otra reclamación, relativa a la goleta Minnia, era merecedora de otra suerte. La
palabra del presidente estaba empeñada, y se daba completo crédito a la historia
expuesta por Mainero.613 Declarando que este último había tenido un “extraordinario
interés” en lograr descargar la carga. Se aclaraba que en efecto existía el
cablegrama dirigido por Núñez a su cuñado, Antonio Román, ofreciendo responder
oficialmente por las provisiones. La reclamación de la goleta fue hallada fundada y
se pagaron los 8470 pesos que Mainero pedía, 2600 por la goleta y el resto por su
carga.614 El descuido del propio Mainero, quizás por exceso de confianza, a la hora
de interponer la reclamación relativa a la Hacienda Buenavista determinó el impago
de las cantidades solicitadas. Toda vez que el expediente tenía defectos tan notorios
que su desestimación era lo más plausible. Las diligencias relacionadas con esta
reclamación habían sido conducidas por Leonor Bossio de Mainero, ante la
ausencia de su esposo,615 sin intervención de algún abogado o perito. La lista de
bienes reclamados incluía objetos de la propiedad del mayordomo de la hacienda,
lo cual era un defecto imperdonable.616 Sin embargo, existían también
inconsistencias en la postura del gobierno, que ya se había valido de testimonios de
peones para condenar a Cerruti y absolver a Cortissoz. Lo cual permite concluir que,
si bien Mainero participa en la guerra a favor del gobierno, su relación con dicho
217
gobierno nacional no es del todo cercana, pues el citado gobierno no llega al punto
de saltarse las irregularidades como en el caso de Cortissoz.
218
5. CONCLUSIONES.
219
a las políticas de fomento impulsadas a partir de la presidencia de Murillo Toro y el
auge de las quinas, producto que entregó varios años de utilidad y permitió cierta
recuperación económica luego de la desastrosa “Guerra de las Soberanías”,
especialmente durante los años 1870-1875. Una caída en los precios de la quina
coincidiría desafortunadamente con la guerra de 1876, y el país quedaría en un
estado de postración, con una recuperación relativa a inicios de la década del 80,
debida a la última (y breve) bonanza de la quina.
LOCAL EXTRANJEROS
- Conexiones con el -Conexiones con la
poder economía
transnacional
-Conocimiento del - Conocimiento del
mercado interno mercado
internacional
220
Funcionaría como una suerte de simbiosis: El extranjero no conocía el mercado
interno y carecía de las conexiones necesarias para trazar los acuerdos que le
permitan desarrollar sus actividades. Esto se hacía sumamente necesario porque,
al carecer Colombia de la infraestructura requerida para realizar eficientemente
negocios en el sistema-mundo, los negociantes extranjeros deben procurar que se
ejecuten tales obras: en varios casos llegan a hacerlo por su cuenta, tras negociar
con los poderes. Y el actor local con el que trababan relación era casi siempre un
potentado, de la élite. Muchas veces era el dueño de una fortuna forjada durante el
régimen español, pero carecía de la experticia requerida para dar el salto hacia una
economía de sistema-mundo, trasnacional. El inmigrante extranjero podía resolver
ese punto. Se conformaba un estrecho vínculo en el cual ambas partes salían
beneficiadas. La importancia de los clanes familiares no está en discusión, y es claro
que el éxito de muchos de los negociantes está directamente relacionado con sus
vínculos con dichos clanes.
En tercer lugar, existe una especie de “tipo” al que responde un número importante
de migrantes, con varios rasgos destacables. Como, por ejemplo, la corta edad de
los recién llegados, que mayoritariamente se ubicaban en la franja de los 17 a los
24, y el hecho de que las diligencias de expropiación concluyeron que muchos de
ellos habían llegado sin ningún capital, llevan a pensar en una fuerte presencia de
capitales locales en estos negocios, que se verían apalancados por los recién
llegados y su “don de mundo”. Los casos de Paul Polko y Cesar Lulle son muy
ilustrativos al respecto. Llegados ambos sobre los 20 años, sin grandes capitales y
con muchas expectativas. Casados menos de tres años después de su llegada con
las hijas de poderosos negociantes locales: Polko con la hija de Francisco Ordóñez
y Lulle con la hija de Trinidad Parra de Orozco. Posteriormente, prosperan y
encabezan sociedades comerciales, detrás de las cuales probablemente estaba la
fortuna de su familia política. Cerruti, famoso negociante italiano, también parece
ser uno de estos casos: llegó a territorio colombiano en 1869 y dos años después
iniciaba el proceso de compra de todos los activos de su patrón, el italiano Sebastián
221
Tassara. Conviene preguntarse si hubo capitales nacionales que apalancaran estos
movimientos, actuando Cerruti como auténtico representante de fortunas de origen
local. Posiblemente, la familia Mosquera, a la cual se unió Cerruti en matrimonio
(por casarse con una nieta del “Gran General”) estuviera involucrada en el repentino
flujo de capital que permitió a Cerruti iniciar su negocio.
Por último, se podría considerar que este trabajo proveyó insumos para el debate
de viejos temas de la historia de Colombia. La tesis de la Regeneración como una
suerte de “escoba de Hércules”, que barre desde los cimientos todo vestigio de
federalismo, si bien debe ser matizada es hasta cierto punto corroborada. No sólo
por el rediseño del aparato legal y estatal, sino por su interés de desbancar las
oligarquías regionales, especialmente las ligadas al círculo radical. Quizás haya que
concluir que la centralización del gasto público es una de las mayores apuestas de
la Regeneración, muy reacia a validar los contratos y privilegios pactados por las
entidades federales, tal y como ocurrió en el caso de Lengerke contra Cortissoz.
La tesis del siglo XIX como un siglo plagado de guerras civiles debe circunscribirse
en un marco más amplio: el del “espíritu de partido”, que permitiría darle al problema
una mirada de largo aliento, que se extendería por lo menos hasta el Frente
Nacional. La necesidad de hacer una política contra el otro es una temática que
parece permear gran parte del devenir de Colombia, y durante el periodo federal fue
más que evidente. La Regeneración inclusive puede ser interpretada como una
revancha de 1863, y Bern Marquardt está en lo cierto cuando subraya el interés de
esta última por “volver al pasado”. Hasta el momento, sólo Helen Delpar ha
postulado con claridad la tesis del “espíritu de partido”. Este trabajo en parte aporta
algunos insumos para este debate.
Por sus características, este trabajo también se refirió al caso Cerruti, que ha
suscitado tratados de derecho internacional, monografías y un enorme interés en
ciertos círculos. Respecto a ello, también surgieron algunas conclusiones. En primer
lugar, al compararlo con el caso de Manuel Cortissoz, se percibe que la presunta
animadversión de las autoridades caucanas, encabezadas por el general Payán, es
222
un hecho verificable, reforzándose la tesis de la relevancia del vínculo entre élites y
negociantes en toda suerte de intereses económicos y políticos. La
“nacionalización” de las propiedades de Cerruti fue un asunto afortunado para
socios y acreedores, pues dicha casa comercial se encontraba en crisis y con
numerosas deudas. Con la nacionalización, los socios se libraban del pago de sus
deudas y los acreedores obtenían una mejor garantía de pago. No medió la razón
de Estado a la hora de expropiar a Cerruti, sino el deseo de Payán de arruinar para
siempre a una facción que se le había vuelto adversa, representada por los
generales Cárdenas y Hurtado.
Por lo tanto, quizás la última de las conclusiones se relaciona con un Estado débil,
manejado al dedillo por influyentes líderes políticos que calzan la ley a su beneficio,
y manejan lo público como una extensión de su esfera personal. En un panorama
tan desalentador, los extranjeros se adaptaron, comprendieron dicha lógica e
incursionaron en diversos negocios con mayor o menor fortuna. Aprendieron las
estrategias requeridas para hacer perdurar su legado, ocupando un lugar en la
memoria colectiva de un país demasiado acostumbrado al olvido.
223
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