MOLINA, J.L.; VALENZUELA, H. 2006. "Capítulo 2. Antropología y economía”. En 'Invitación a la Antropología Económica'. Bellaterra; pp. 18-45.
CAPÍTULO II . ANTROPOLOGÍA Y ECONOMÍA
En este capítulo exploraremos el significado de lo “económico” y el proceso
histórico mediante el cual apareció el concepto. Por fuerza, esta descripción
tiene que ser esquemática y sucinta: sólo nos interesa en tanto que nos
ayude a definir el campo de la antropología económica.
EL SIGNIFICADO DE LO “ECONÓMICO”
Por “económico” o “economía” solemos entender al menos dos cosas
diferentes. Por una parte, las actividades, indicadores o procesos que tienen
que ver con la creación, distribución o consumo de bienes y servicios, es
decir, un sector de la cultura; por otra, las acciones motivadas por el cálculo
racional que busca maximizar el beneficio u optimizar los medios en relación
a los fines (“economizar”), esto es, una modalidad de la conducta. Estas dos
acepciones de la palabra “economía”, pueden denominarse “substantiva” y
“formal” respectivamente (Polanyi, 1957).
La división entre “formal” y “sustantiva” está tomada de Max Weber (1922:
64), cuando define dos tipos de racionalidades en su capítulo dedicado a las
categorías sociológicas de la vida económica.
Llamamos racionalidad formal de una gestión económica al grado de cálculo
que le es técnicamente posible y que aplica realmente. Al contrario, llamamos
racionalmente material al grado en que el abastecimiento de bienes dentro de
un grupo de hombres (cualesquiera que sean sus límites) tenga lugar por
medio de una acción social de carácter económico orientada por determinados
postulados de valor (cualquiera que sea su clase), de suerte que en aquella
acción fue contemplada, lo será o puede serlo, desde la perspectiva de tales
postulados de valor. Éstos son en extremo diversos (…).
Efectivamente, Weber distingue dos maneras de actuar económicamente,
ambas igualmente racionales. La primera, individual, consiste en el cálculo
marginal, según el cual el precio se define por la evaluación subjetiva de la
utilidad que reportaría una unidad adicional (marginal) de un bien. Esta
actuación económica optimiza medios y fines y mediante el dinero obtiene su
aplicación técnica más perfeccionada.
18
La segunda racionalidad, material o sustantiva, consiste en el
abastecimiento de bienes dentro de un grupo orientado por postulados de
valor. Esto es, existe una segunda racionalidad económica aplicable en el
campo de acción de instituciones sociales, que trata de la vida material de
un grupo y la forma en que éste se abastece. Esta segunda racionalidad,
obsérvese, admite cálculos, pero se diferencia de la primera en el hecho que
atiende a exigencias éticas, políticas y no solamente a la satisfacción de
necesidades individuales.
Aunque en otras partes Weber (1922: 54) relaciona la racionalidad formal en
su forma más elevada como propia del mercado capitalista, a diferencia de
los cambios determinados por reglas tradicionales (“el cambio de armas
entre Diómedes y Glaucón”), estas racionalidades no son propias cada una
de ellas de un período histórico (capitalista y precapitalista,
respectivamente) sino que se producen de forma simultánea. A la segunda
racionalidad, el cálculo en dinero puede parecerle subalterno e incluso
enemigo de sus postulados (Cf. 1922: 65).
Desde esta perspectiva, el debate sobre la sustancia de lo “económico”, ya
sea en la conducta maximizadora o en las instituciones que se ocupan del
abastecimiento de los medios de vida, no tiene solución. La conducta
racional no es exclusiva de la acepción formal y el cálculo está presente
igualmente en la sustantiva. Más adelante veremos en modo en que
Gudeman (2001) trata de superar este dualismo en los siguientes términos:
existe (y ha existido siempre) una doble racionalidad, la comunal o social y
la maximizadora de la ganancia individual; ambas racionalidades se
combinan de diferentes maneras en todos los sistemas sociales, incluido el
capitalismo.
¿Qué entendemos, pues, por “económico”?, ¿existe lo “económico” en la
sociedad primitiva?, ¿qué justificación teórica tuvo y tiene una “Antropología
económica”? La respuesta a estas cuestiones tendrá que esperar a que
analicemos la emergencia de la categoría económica. Como hemos dicho,
más que una apresurada historia del pensamiento económico sólo nos
19
interesa describir aquí la conformación de una esfera autónoma de la
sociedad (Cf. Dumont, 1977, 1983) y, en especial, los temas referentes a la
teoría del valor y del equilibrio o crisis del sistema.
LA EMERGENCIA HISTÓRICA DE LA CATEGORÍA ECONÓMICA
ARISTÓTELES Y LOS ESCOLÁSTICOS
Aristóteles (ca. 384-322 a.C.), en su Política (Libro I) y en Ética a Nicomáco
(Libro V), se ocupa de temas relacionados con el interés, el dinero, el
comercio y otros aspectos que podemos catalogar de “económicos”. La
palabra “economía” es tomada de la “administración de la casa” (oikos). Para
Aristóteles la casa es la unidad natural de la cual se compone la polis, y las
normas para su administración se relacionan con las normas para el
gobierno de los ciudadanos. La administración de la casa incluye las
relaciones con la esposa, los hijos y los esclavos. El ideal es el
autoabastecimiento, la autarkeia. La crematística, o adquisición de bienes o
negociación (khrèmatistikè), es necesaria para proveerse de aquellos bienes
que son necesarios para restaurar la autosuficiencia. Ahora bien, con el
desarrollo de la polis es normal que se produzcan diferencias en lo que se
produce y que el comercio orientado al cambio se desarrolle. De ahí la
aparición de la moneda, que no es más que la evolución de materiales útiles,
apreciados por todos y fáciles de manejar (“hierro, plata y cualquier otra
cosa semejante”) utilizados en los cambios. A estos materiales se les
imprimió “una marca para evitar medirlos, pues la marca fue puesta como
señal de su valor”. Esto es, la moneda.
Los objetos de la propiedad tienen un doble uso: en cuanto que tales y como
objetos de cambio. Así un zapato puede ser utilizado como calzado, o vendido
o cambiado por alimento.
La riqueza es buena y deseable. Sin embargo, no lo es la riqueza obtenida
del interés o la usura. Pues el dinero se hizo para facilitar el cambio y no
para obtener más dinero. De todos los negocios “éste es el más antinatural”.
20
Como le pasó al rey Midas, convertir en oro todo lo que se toca impide la
natural tendencia a que los seres vivos sean alimentados.
Así pues, la crematística tiene dos partes: el comercio orientado a satisfacer
las necesidades naturales de la casa y el comercio orientado a obtener
dinero. Una tendencia natural del comercio es el monopolio, que proporciona
enormes beneficios y que podría ser un recurso ocasional para financiar los
gastos de la polis.
Si con Aristóteles los temas relacionados con la economía caen dentro de la
Política, con los escolásticos (siglos IX a principios del XVII, Schumpeter,
1954) éstos caen dentro de la Teología y del Derecho. La influencia de
Aristóteles se renueva con la escolástica, que recoge muchos de sus
tratamientos sobre el interés, el monopolio y la usura, así como el concepto
de oikonomia como administración de la casa.
La economía escolástica tiene una clara mentalidad legalista, jurídica,
normativa; no es una economía descriptiva. La pretensión de los pensadores
escolásticos es determinar cómo deben ser las cosas y el objeto más general
que se plantean es determinar las reglas de la justicia conmutativa; los
escolásticos tardíos, o sea, los post-medievales, añaden una preocupación
expresa por la justicia social2.
Analizaremos solamente dos aspectos del pensamiento escolástico: el interés
y la teoría del valor. Por lo que se refiere al interés, Santo Tomás de Aquino
(1225-1274), en sintonía con Aristóteles, condena la posibilidad de obtener
dinero del dinero. Esto lo justifica en los siguientes términos: el interés es el
precio del uso del dinero. Ahora bien, el dinero, como el vino, no tiene un uso
que se pueda separar de su sustancia, como sí es posible hacerlo con una
casa, donde uso y sustancia permanecen separados. El dinero se consume
con su uso. Por tanto, si se cobra un interés se está cobrando por algo que no
existe, lo que constituye usura. Más adelante (Escoto, Molina) corrigieron
los argumentos tomistas con la necesidad de remunerar las molestias o el
2Valdés del Toro, Ramón (1999). “Apuntes para la historia del pensamiento económico” en
Notas de clase de Antropología de las instituciones económicas. Curso 1999-2000.
Manuscrito.
21
coste que la falta de dinero ocasiona al prestador, pero continuó la condena
al interés puro.
La segunda cuestión de interés es la teoría del valor. La filosofía escolástica
es utilitarista. La fuente del valor la constituye la utilidad que se extrae de
los bienes.
(…) esos escolásticos descubrieron con inequívoca claridad la teoría de esa
utilidad que ellos consideraban fuente o causa del valor. Molina y Lugo, por
ejemplo, fueron tan precisos como lo sería C. Menger al puntualizar que esa
utilidad no es una propiedad de los bienes mismos, no coincide con ninguna
de sus cualidades intrínsecas, sino que es reflejo de los usos que los
individuos observados se proponen hacer de dichos bienes y de la importancia
que atribuyen a esos usos. (Shumpeter, 1954:137)
Ahora bien, esta noción de utilidad no desemboca en una teoría del precio
que incluya salarios y costes de producción sino que éste se explica de dos
maneras: bien por la concurrencia en el mercado (en un adelanto de la ley de
la oferta y la demanda), bien por el establecimiento de precios tasados, ya
sea por una utilidad o por un monopolio. En este último caso, el precio no
era justo.
LA FISIOCRACIA Y LA ECONOMÍA POLÍTICA
La expresión “economía política” nace de la aplicación de la noción de
“administración de la casa” a “administración de la nación o reino” en el
mercantilismo3:
The mercantilist scholars, as the first ideologues of capitalism, began to
discuss such matters as manufacturing, trade, and profit under the rubric of
"economy," and they considered government as part of the economy,
functioning as "the good father of the family, to provide everything necessary
for supplying the wants of the society and its members." James Steuart
(1767) developed the analogy to Aristotle's family household by stating,
"What oeconomy is in a family, political oeconomy is in a state". (Moore, 1993:
4)
3 Hoogvelt (2001:3) afirma que el fracés Montchrétien de Watteville fue quien acuñó el
término (“The science of wealth adquisition common to the State as well as the Family”). El
mercantilismo constituyó un corpus de ideas desarrolladas en la Europa del siglo XVI y
XVII que tuvo una gran trascendencia en las políticas económicas de los nacientes estados-
nación.
22
En el proceso de constitución de la economía como una esfera autónoma, el
primer desanclaje lo encontramos en Quesnay y la fisiocracia, al presentar
la existencia de un todo integrado en el sistema de precios, la producción
agrícola y el comercio, con leyes naturales que simplemente había que
descubrir.
François Quesnay (1694-1774), médico de Mde. Pompadour y Luis XV,
publicó su Physiocratie, ou Constitution naturelle du Gouvernement
économique d'un royaume agricole al final de su vida. Durante una década
las propuestas de Quesnay fueron un éxito en la corte (Turgot aplicó algunos
de sus principios en calidad de Contrôleur General des Finances hasta que
fue destituido en 1775). Podemos decir que la fisiocracia fue una moda, más
que una escuela en sentido estricto (Schumpeter, 1995: 273).
El Tableau Economique es una proyección del principio que la sociedad
humana, al igual que el universo físico, está sujeta a leyes naturales y, así,
tiene que reflejar el orden natural. El principio de la fisiocracia es que el
valor es creado sólo por la tierra. Sin embargo, aunque Quesnay fue el
primero en condensar en un gráfico los flujos del Tableau hay que atribuir al
banquero parisino Richard Cantillon (1680-1734) su formulación original en
el manuscrito Essai sur la nature du commerce en general, “publicado” en
torno a 1730 (Schumpeter, 1995: 266).
Los componentes del Tableau Economique son los siguientes:
1. «Clase productiva», dedicada fundamentalmente a la agricultura o
también a las artes extractivas -pesca, caza y minería (½ población).
2. «Clase estéril», es decir, la clase artesana y comercial (¼).
3. «Clase propietaria o soberana», compuesta por terratenientes directos
o por gentes que viven indirectamente de las rentas de la tierra (¼).
Los flujos del Tableau Economique sugieren que se han de eliminar las
trabas a esta circulación ideal (laissez-faire) que avanza la idea de equilibrio
económico. Quesnay propuso unificar los miles de impuestos existentes en el
momento en un solo impuesto sobre la renta de los terratenientes.
23
Otra importante idea del Tableau es que para que el sistema funcione es
necesario que todo el mundo gaste totalmente su renta, en un claro anticipo
de una de las tesis más controvertidas de la teoría keynesiana.
Que la explotación de la tierra estaba en la base de cualquier teoría del valor
y del sistema económico está fuera de toda duda en Quesnay. Ahora bien,
Quesnay estaba pensando en una tierra cultivada por empresarios agrícolas
que realizasen grandes explotaciones comerciales. Es decir, por capitalistas
agrícolas. Los terratenientes tenían que limitarse a alquilar sus tierras por
largos períodos. Estos capitalistas tenían tres tipos de necesidades de
capital: avances foncières (gastos iniciales de roturación, limpieza,
instalaciones), avances primitives (herramientas, ganado y caballos) y
avances annuelles (semillas y trabajo, principalmente). Estos avances
presuponen una primera teoría del capital o fondo de riqueza necesario para
producir plusvalías4. Ahora bien, como hemos dicho, es la tierra, no el
trabajo, la fuente de ese valor.
La economía, en este estadio, todavía está sin embargo subordinada a la
política. El estado (el rey) pone los límites, físicos e indirectamente morales,
del sistema por donde circula el flujo (a la manera como la sangre circula por
el cuerpo - como Harvey había ya descubierto en el siglo anterior5): la
protección exterior, el mantenimiento de una red de comunicaciones, el
cuidado de los pobres, la recaudación de los impuestos y la educación del
pueblo en la ley de la naturaleza le competen. La ley natural, tanto moral
como física, que Quesnay desarrolla, es la del mundo preordenado por Dios6.
4 Plusvalía o plusvalor: el valor extraido más allá del tiempo de trabajo social necesario
para la producción de una determinada mercancía y la reproducción de la fuerza de trabajo
(alimentos y necesidades del trabajador).
5 William Harvey publicó en 1628 su Exercitatio Anatomica de Motu Cordis et Sanguinis in
Animalibus (An Anatomical Exercise Concerning the Motion of the Heart and Blood in
Animals).
6 Cf. Valdés, op. cit.
24
LA ECONOMÍA CLÁSICA
El segundo desanclaje de la categoría económica corresponderá a la
formulación de Adam Smith y los economistas clásicos del mercado como la
más eficiente de las instituciones. Marx denunciará este proceso al
enmascarar, detrás de la mercancía, relaciones sociales de explotación.
Hasta entonces, sin embargo, la economía sigue siendo Política, es decir,
moral y con clases o estamentos sociales.
Entre los precursores de las teorías liberales7 cabe citar a Locke (1632-1704)
y su obra Dos tratados sobre el gobierno civil (1690). Con Locke el individuo
adquiere carta de naturaleza, así como la propiedad privada. La ley de la
naturaleza presenta según Locke un «ordo mundi» con tres estratos: Dios,
los hombres y las criaturas inferiores. Las relaciones de cada estrato
superior con el siguiente son concebidas como relaciones de propiedad,
mientras que las relaciones internas a cada estrato lo son como relaciones de
igualdad.
En 1705 Mandeville (1670-1733) publica una sátira en verso, La Colmena
Rumoreadora o Bribones convertidos en Honestos, que luego convertirá en
un libro, Fábula de las Abejas. «Vicios privados, virtudes públicas»: una
colmena que vivía en la más completa prosperidad pero que estaba llena de
vicios; por ello se impuso una reforma de costumbres. A consecuencia de esta
reforma la corrupción fue desterrada, mas al tiempo se perdió la actividad,
la prosperidad y disminuyó la población.
Con este apólogo, muy del gusto de la época (de hecho imita a La Fontaine y
sus famosa fábulas), Mandeville pone de manifiesto que la búsqueda egoísta
individual lleva a un mayor bien común. Si en lugar de “vicios privados,
virtudes públicas”, entendemos “intereses privados, bien público” podemos
apreciar una neta formulación del individualismo liberal.
7 El liberalismo es una corriente de pensamiento filosófico y político que promueve las
libertades individuales y aboga por un Estado de Derecho para garantizar un marco legal
mínimo. Llevado al plano económico, el liberalismo desaprueba la intromisión del estado en
las relaciones mercantiles.
25
La influencia de Mandeville ha sido grande, especialmente en Adam Smith.
Mandeville, nacido y educado en Holanda, familiarizado con la filosofía
francesa y afincado en Londres como médico, fue célebre en su época. De su
pensamiento podemos destacar su antirracionalismo, el egoísmo
fundamental de la naturaleza humana, la necesidad del lujo y su defensa del
laissez-faire8.
El antirracionalismo de Mandeville, su insistencia en el papel fundamental
de las pasiones humanas, recupera el espíritu relativista de Montaigne
antes de que el pensamiento cartesiano y su búsqueda de la certeza se
impusiera en el siglo XVII (Cf. Toulmin, 2001:110). La referencia a
Montaigne (1533-1592) y sus Essais es importante porque éste inaugura el
relativismo cultural. Roger Bartra, en su libro El salvaje en el espejo (1996),
defiende la tesis de que Montaigne no necesitó de los salvajes del Nuevo
Mundo para formular el relativismo cultural: de hecho, la idea del “salvaje”
ya formaba parte de la tradición occidental, con monstruos en los márgenes
a los que oponerse para hallar su identidad. Así, Europa se describió a sí
misma al describir al salvaje.
Otro elemento que sin duda contribuyó al antirracionalismo de Mandeville
fue la tradición médica griega de los humores y temperamentos, según la
cual nuestra constitución mental y moral obedecía a la proporción relativa
de cuatro “humores” o fluidos corporales: sangre, flema, cólera y melancolía;
o a las cuatro cualidades: calor, frío, sequedad y humedad, que se combinan
para componer el temperamento (Cf. pp. Liii).
El segundo elemento en el pensamiento de Mandeville, el carácter egoísta
fundamental de la naturaleza humana, ya lo encontramos formulado,
cuanto menos, en Hobbes (1588-1679) y su Leviatán. Este egoísmo, movido
8
Tomamos esta información del Comentario crítico, histórico y explicativo de F. B. Kaye a la
edición del libro de Mandeville estudiado aquí. Sin embargo, Fernando Díez, en su libro
Utilidad, deseo y virtud. La formación de la idea moderna del trabajo (2001), presenta una
interpretación diferente del pensamiento de Mandeville.
26
por la pasión del orgullo, se oculta bajo un falso altruismo. Ahora bien, esta
persecución de la satisfacción individual lleva al bien general.
Su defensa del lujo sigue la misma lógica expuesta en La Fábula de las
Abejas: eliminar el lujo equivale a que una legión de artesanos y
comerciantes se suma en la miseria. Aquí se puede apreciar su visión de la
sociedad como un todo interconectado con partes especializadas. De hecho,
la locución “división del trabajo” es atribuible a Mandeville, del cual la tomó
Adam Smith.
Por último, su defensa del laissez-faire es congruente con la búsqueda, sin
barreras, del placer y la pasión individual. Sin duda, su origen holandés y
los puertos comerciales de Ámsterdam y Hamburgo tuvieron no poca
influencia en esta formulación plenamente sistemática y basada en el
individualismo.
Nos toca ocuparnos ahora de Adam Smith (1723-1790). Adam Smith publicó
en 1776 La riqueza de las naciones. Una investigación sobre la naturaleza y
las causas de la riqueza de las naciones, la primera presentación completa
del “sistema” económico. Smith estaba interesado básicamente en las
fuentes del crecimiento económico y propugnó la división del trabajo como el
elemento primordial del aumento de la productividad y la riqueza. Con
Smith, como con los mercantilistas antes que él, el cambio pasa de ser un
proceso en el que 'alguien gana y alguien pierde' a ser un 'proceso
beneficioso para ambas partes'. De hecho, el libre cambio es la base
fundamental de la riqueza de las naciones.
En su propuesta, el trabajo es la fuente del valor; un valor distinguido del
precio en el mercado. El razonamiento es el siguiente: en una sociedad
simple, el trabajo es la fuente primaria del valor. Si para cazar castores se
requiere el doble de horas que para cazar venados, deberían cambiarse dos
castores por un venado (cit. en Barber, 1967:33). Sin embargo, en una
sociedad compleja, el trabajo es el componente del valor, pero una vez
descontadas la remuneración de la tierra y la remuneración del capital. Esto
es, el valor lo constituye el coste de los salarios más el coste de la renta de la
27
tierra y del beneficio. Los bienes de esta forma producidos (en los que los
productos agrícolas son, como puede verse, todavía de fundamental
importancia) son llevados al mercado. En el caso de que no existan
impedimentos para su venta, el valor (“el precio natural” o el viejo “precio
justo”) se aproximará al precio de mercado. Por lo tanto, es preciso eliminar
cualquier barrera a la actuación de la mano invisible del mercado que, con
su actuación, permita alcanzar este estado. Es necesario aplicar el laissez-
faire a las fuerzas impersonales del mercado y actuar sobre los aranceles,
pero también sobre los monopolios y los acuerdos de los empresarios para
mantener bajos los salarios.
No todo el trabajo, sin embargo, es productivo. Smith divide a la sociedad en
clases productivas, aquéllas que producen productos tangibles, y clases
improductivas, entre las que se cuentan los religiosos, abogados, artistas,
gobernantes, etc. Con esto no quiere decir que las clases improductivas sean
inútiles, sólo que no contribuyen a la riqueza de la nación.
Ahora bien, si el precio de una mercancía está constituido por el trabajo,
más el beneficio más la renta de la tierra ¿dónde está, se pregunta Marx
(1867, Libro II, cap. XIX), el capital? La respuesta radica en que para Smith,
a pesar de que reconoce la importancia de las inversiones en
infraestructuras y las máquinas, así como de las materias primas y los
salarios en la creación del beneficio, estos conceptos son considerados como
una parte del stock de mercancías de la nación y no como parte constitutiva
del proceso de creación de valor. En términos marxistas, para Adam Smith,
M, el valor de una mercancía, es igual al capital circulante c más el beneficio
p, sin aparecer, c, el capital constante, en la ecuación. Veamos esta cuestión.
En primer lugar, Smith (Cf. Libro II, Cap. I) distingue tres partes en el stock
de bienes existentes en un año en las naciones avanzadas en las que se da la
división del trabajo y no se ocultan los bienes por temor a perderlos (como
ocurre en muchas naciones de Asia). La primera, todos los bienes que son
necesarios para el consumo, esto es, la casa, los muebles, el vestido, etc. La
segunda parte está constituida por el capital fijo, es decir, por las máquinas
28
y herramientas, los edificios e infraestructuras destinados a la producción,
así como por la educación y el adiestramiento de los trabajadores9 (¡). La
tercera parte está constituida por el dinero, los alimentos necesarios para
mantener a la población, las materias primas y las mercancías no vendidas.
Para que el capital fijo produzca beneficios es necesario que disponga de
capital circulante, ya sea como adelanto de salarios, materias primas o
alimento para los trabajadores. Sin embargo, paradójicamente, el precio de
una mercancía se compone como hemos visto de tres partes: la que
remunera a los trabajadores (salarios), la que remunera al capitalista
(beneficio) y la que remunera al propietario (renta). Esta insistencia en
intentar buscar un equilibrio natural de las clases sociales le lleva a omitir
el capital fijo de la ecuación y justificar su omisión diciendo que, a fin de
cuentas, el uso y el desgaste de la maquinaria y los edificios puede
descomponerse a su vez, como cualquier mercancía, en los tres conceptos
reseñados.
Aún con sus contradicciones, el sistema económico propuesto por Smith es
imponente: el ahorro no es más que el consumo de otros, la demanda de
trabajo es, en definitiva, demanda de más producción de trabajadores, el
aumento de los capitales implica una disminución de la tasa de beneficio,
etc.
Antes de acabar, un comentario irónico de W.J. Barber (1967:29)
Smith pasó los últimos trece años de su vida como Comisario Real de las
Aduanas de Escocia. Las referencias son que cumplió competentemente sus
deberes administrativos. Es una de esas ironías de la vida el que un hombre
que había dedicado una parte sustancial de su actividad intelectual a
argumentar en favor de la promoción del libre comercio y la minimización de
la interferencia gubernamental en los asuntos económicos, hubiera de
terminar sus días como beneficiario del sistema que había atacado.
Justo es decir que Adam Smith consideraba que la expansión económica
reportaría beneficios para todas las clases sociales.
9Parece, pues, que Gary Becker (1964) no fue el primero en formular la teoría del capital
humano.
29
Robert Malthus (1766-1834), David Ricardo (1772-1823) y John Stuart Mill
(1806-1873) constituyen el resto de autores importantes de la llamada, por
Marx, “economía clásica”. De Malthus sólo destacaremos su visión pesimista
del futuro de las naciones (1798) y su amplio uso de la etnografía disponible
en la época. La tendencia a un crecimiento natural de la población choca con
la ley de la tasa de rendimientos decrecientes de la agricultura, de forma que
los logros en el aumento de la producción de alimentos implican un aumento
desproporcionado de la población, que no puede ser sostenida. Nuevas
inversiones, tanto en el capital constante como en el variable en la tierra, no
implican un aumento proporcional de los productos, de modo que el aumento
del trabajo disponible no asegura su reproducción.
Si Malthus fue el primer profesor de “economía política” al aceptar un cargo
con tal nombre, David Ricardo, su amigo, fue el primer “economista
profesional”. Hombre de negocios, parlamentario e influyente economista,
sus opiniones fueron tenidas en cuentas tanto en la emisión de moneda como
en la política comercial internacional. Dos son los aspectos que
destacaremos del pensamiento de Ricardo (1817). El primero, posiblemente
el más conocido, su formulación de la ley de los costos comparativos, según la
cual las naciones pueden obtener ventaja de especializarse en la producción
de los bienes en los que son relativamente más eficientes, e importar el
resto. Ahora bien, para que este comercio pudiera desarrollarse plenamente
era necesario un sistema financiero internacional estable. Ricardo propuso
el patrón-oro, de forma que si la balanza comercial se deterioraba o si se
emitía moneda indiscriminadamente, las reservas de oro bajarían. Por lo
que respecta a Inglaterra, Ricardo defendía que ésta debía importar cereales
a bajo precio, lo cual proporcionaría un aumento del beneficio global. Las
posibilidades teóricas del crecimiento económico tenían, sin embargo, un
límite: el de la ley de los rendimientos decrecientes que Ricardo aceptó10.
10 La ley del rendimiento decreciente describe las limitaciones del crecimiento de la
producción, especialmente la agrícola, cuando, bajo determinadas técnicas de producción,
aplicamos cantidades variables de un factor o una cantidad fija de los demás factores de
producción.
30
La segunda cuestión, la teoría del valor, es de fundamental importancia
para la economía marxista posterior. En su sistema, las mercancías
obtienen su precio del trabajo y los beneficios, desapareciendo ya la renta de
los terratenientes de la ecuación. Salarios y beneficios son, además,
contradictorios, de forma que el incremento de unos implica el decremento
de otros. ¿Cómo? Ricardo apunta lo siguiente: si aumentasen los salarios, el
precio de las mercancías no aumentaría, sino que permanecería invariable o
incluso podría reducirse, por la sencilla razón de que el valor se obtiene del
trabajo efectivamente empleado en la producción de un bien y no del precio
pagado por él. Si el trabajo necesario es el mismo y el precio pagado por él es
mayor, entonces disminuirían los beneficios (Cf. Dobb, 1973:93). Esta
contradicción de clases es claramente un adelanto de la teoría de la
plusvalía marxista. En la práctica, sin embargo, los salarios tienen la
tendencia a mantenerse en el límite de la subsistencia por la ley de bronce
de los salarios avant la lettre11. La tasa de beneficio también tiene tendencia
a decrecer por la presión al alza de los salarios como consecuencia del
aumento de población producido por el aumento de la actividad económica.
Esta tendencia al alza de los salarios, que provoca como sabemos un
descenso de los beneficios, podía paliarse importando alimentos; de ahí, la
oposición de Ricardo a las Corn Laws, o Leyes del grano, que gravaban esta
importación.
De John Stuart Mill sólo diremos que se propuso perfeccionar la teoría
clásica y buscar un aumento del bienestar de todas las clases sociales.
LA ECONOMÍA MARXISTA
A partir del análisis de Ricardo, Marx elabora la crítica a la economía
política, expresión suprema de la ciencia burguesa y producto de un estadio
determinado de desarrollo de la historia. De hecho, el mismo análisis de
Ricardo contiene gran parte de los elementos de esa crítica, al identificar la
contradicción de clase entre propietarios, capitalistas y asalariados, por una
11Indica que el salario medio se limita a la cantidad indispensable para garantizar la
reproducción de la fuerza del trabajo.
31
parte, y al definir el trabajo como fuente del valor, incluido el capital, o
trabajo acumulado, por otra. Ahora bien, las relaciones entre mercancías,
expuestas de una forma tan elegante por los economistas clásicos, son de
hecho relaciones entre los hombres, relaciones de producción y de
explotación. Solamente a través de la apropiación de la plusvalía del trabajo
asalariado puede el capitalista obtener su beneficio y, por tanto, mantener el
sistema.
Expresado de forma sencilla, podemos distinguir entre producción simple de
mercancías y producción capitalista. En la primera, la mercancía (M) se
transforma en dinero (D) para obtener mercancías. Es un sistema
relativamente estable y puede representarse del siguiente modo:
M-D-M
El capitalismo, en cambio, parte del dinero, el cual es transformado en
mercancías sólo si sirve para obtener más dinero. El dinero resultante tiene
que ser mayor que el primero, pues de lo contrario no hay beneficio:
D-M-D’; D’>D
Ahora bien, ¿cómo se obtiene M y qué es lo que permite que produzca D’?
El valor de cualquier mercancía, desde la óptica marxista, puede dividirse
en tres partes (Sweezy: 1942): capital constante (c), capital variable (v) y
plusvalía (p). Así:
M= c+ v+ p
De esta fórmula general es posible extraer tres proposiciones
fundamentales. La primera es la tasa de plusvalía. El trabajo aplicado al
capital constante permite dos cosas: reproducir la fuerza de trabajo (en
forma de salarios de subsistencia), v, y generar un excedente p. En el
supuesto de productividad del trabajo que permita de cada 10 horas de
trabajo destinar 5 a la reproducción y 5 a la plusvalía, si la apropiación por
parte del capitalista, o propietario de los medios de producción, es máxima,
la tasa de la plusvalía o tasa de explotación (en el modo de producción
capitalista) será de 1.
32
p/v = p’; 5/5=1
La segunda es la composición orgánica de capital, o la proporción de capital
constante con respecto al capital total.
o = c/(c+v)
Evidentemente existen procesos productivos con una composición orgánica
del capital alta y procesos con una composición baja, hecho ya señalado por
Adam Smith. Cuanto más alto sea el valor de o, más alta será la proporción
de capital constante en el proceso.
Por último, tenemos la tasa de ganancia.
g = p/c+v
Esta proporción puede formularse también del siguiente modo (Cf. Sweezy,
1942: 80):
g = p’ (1-o)
Expresado de esta forma, la tasa de ganancia depende de la tasa de
plusvalía o explotación y de la proporción de composición orgánica del
capital. Cuanto más alta sea la explotación y más baja la proporción
constante de capital (propiedad del capitalista) más alta será la tasa de
ganancia.
Por tanto, aumentar la tasa de ganancia - objetivo del capital, del capitalista
y del capitalismo - sólo puede hacerse manteniendo v bajo (salarios bajos),
minimizando c (inversión de capital) o aumentando la tasa de explotación, o
todo de forma simultánea. Para mantener v bajo el capitalismo dispone de
un ejército de reserva que utiliza sólo cuando es necesario.
Sin embargo (Marx, 1894: Libro III, Cap. XIII), la tendencia a la
acumulación del capital por una parte, y la tendencia a equilibrarse la tasa
de beneficio en todos los sectores de la producción por otra, lleva a un
aumento uniforme de la composición orgánica del capital en el sistema, esto
es, a un aumento relativo de los medios de producción creados por el trabajo
vivo en el proceso de producción y a un consecuente descenso de la plusvalía
33
(suponiendo una tasa de explotación constante). Aunque la masa de
beneficios absoluta puede aumentar, así como la población trabajadora, el
capitalismo, en su desarrollo, presenta una tendencia descendente de la tasa
de ganancia, pues ésta es consecuencia de la proporción de capital
constante. Esta tendencia le es propia y no depende de factores agrícolas
externos, como apuntaba Ricardo.
Sin embargo, y posiblemente debido a que Marx no pudo corregir el Libro III
(Dobb, 1973:177; Sweezy, 1942:129), no es posible deducir un sistema de
precios de producción que considere simultáneamente la teoría del valor y la
tendencia decreciente de la tasa de ganancia.
Descrita de forma sucinta ésta es la lógica del modo de producción
capitalista. Ahora bien, esta lógica se inserta en una teoría de la historia y
de la sociedad: el materialismo histórico.
En 1859 Marx publica Contribución a la Crítica de la Economía Política. En
el siguiente párrafo, citado in extenso, se recoge lo fundamental del
materialismo histórico.
En la producción social de su vida los hombres traban determinadas
relaciones necesarias, independientemente de su voluntad, relaciones de
producción que corresponden a un determinado estadio de desarrollo de sus
fuerzas productivas materiales. La totalidad de estas relaciones de
producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real
sobre la cual se levanta una sobrestructura jurídica y política y a la que
corresponden determinadas formas sociales de conciencia. El modo de
producción de la vida material determina el proceso de la vida social, política
y espiritual en general. No es la conciencia del hombre la que determina su
ser, sino, a la inversa, su ser determina su conciencia. En un determinado
estadio de su desarrollo las fuerzas productivas materiales de la sociedad
entran en contradicción con las relaciones de producción existentes, o, por
usar la equivalente expresión jurídica, con las relaciones de propiedad dentro
de las cuales se habían movido hasta entonces. De formas de desarrollo que
eran de las fuerzas productivas, esas relaciones mutan en trabas de las
mismas. Empieza entonces una época de revolución social. Con la alteración
del fundamento económico se subvierte más rápida o más lentamente toda la
gigantesca sobrestructura. En la consideración de estas conmociones hay que
distinguir siempre entre la transformación material de las condiciones
económicas de la producción, que se pueden registrar con fidelidad científico-
natural, y las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas o filosóficas, en
suma, ideológicas, en las cuales los hombres toman conciencia de este
conflicto y lo dirimen. Del mismo modo que no se puede juzgar a un individuo
por lo que él se imagina ser, así tampoco es posible juzgar una tal época de
34
transformación por su conciencia, sino que hay que explicar esa conciencia
por las contradicciones de la vida material, por el conflicto existente entre las
fuerzas productivas sociales y las relaciones de producción. [Cada formación
social incuba las semillas de su nuevo estadio]. A grandes rasgo se puede
decir que los modos de producción asiático, antiguo, feudal y burgués
moderno son épocas progresivas de la formación social económica. Las
relaciones de producción burguesas son la última forma antagónica del
proceso de producción social, antagónica no en el sentido del antagonismo
individual, sino en el de un antagonismo que nace de las condiciones sociales
de vida de los individuos; pero las fuerzas productivas que se desarrollan en
el seno de la sociedad burguesa producen al mismo tiempo las condiciones
materiales de la solución de ese antagonismo. Por eso la prehistoria de la
sociedad humana termina con esta formación social (citado en Korsh, 1981:
173).
En este fragmento se enuncian las bases del materialismo histórico, siendo
su punto de partida la reproducción de la vida material. Este proceso
conlleva una dinámica de conflictos (de lucha de clases) y superación de
etapas que permiten avanzar a la historia hacia un fin predeterminado.
Tales etapas teóricas, con sus propias relaciones de producción y de
explotación, serían: primero, el socialismo primitivo, propio de sociedades
organizadas en bandas (cazadoras-recolectoras). El grupo, que comparte la
producción y el consumo, no genera excedente y, por lo tanto, no existirían
clases. Segundo, el modo de producción asiático, que explicaría las
construcciones pre-esclavas o pre-feudales de China o India. La elite, una
clase semi-teocrática que afirmaba ser la reencarnación de dioses sobre la
tierra, extrae el excedente mediante la violencia y el trabajo forzado.
Tercero, el modo de producción esclavista, que supone la propiedad sobre el
individuo. Cuarto, el modo de producción feudal propio del alto feudalismo
europeo, en el que la principal forma de propiedad es la posesión de tierra en
relaciones contractuales recíprocas. Quinto, el modo de producción
capitalista, asociado con las sociedades modernas e industriales, en el que
predomina la propiedad privada y la principal forma de explotación es el
trabajo asalariado. Sexto, el modo de producción socialista, donde el control
de la producción está en manos de trabajadores que poseen un acceso
equitativo al consumo. Por último, el modo de producción comunista, donde
teóricamente desaparecen las clases sociales, se ha comparado con las
comunas y, aunque Marx no describe las fuerzas productivas, se asume que
35
es un estadio al que tienden las sociedades capitalistas. La propuesta de
Marx puede expresarse gráficamente así:
Nivel
ideológico
Sobreestructura
ideológica
Estructura
económica
Nivel
material
Asiático Antiguo Feudal Burgués Socialista
Modos de producción
Revoluciones
Ilustración 1. La sucesión de modos de producción marxista
En este esquema se han incluido líneas que van de la sobrestructura a la
estructura económica para representar mejor la complejidad del
pensamiento de Marx, en absoluto guiado por un determinismo simplista.
La base determina la superestructura solamente en última instancia.
Igualmente, la sucesión de los modos de producción es sólo orientativa (Cf.
Prólogo de la Contribución a la crítica de la economía política, 1857).
36
LA ECONOMÍA NEOCLÁSICA
La economía neoclásica presentará la economía como una esfera plenamente
separada y con sus propias leyes. Al romper con la tradición de valor-trabajo
y propugnar que el valor no depende de las cosas sino de las relaciones del
hombre con las cosas, se hace depender la economía de las necesidades y las
asignaciones individuales. Desaparecen completamente las clases sociales o
los estamentos del análisis para ocupar su lugar individuos utilitaristas
obedeciendo a la ley del marginalismo, según la cual cada nueva unidad
tiene gradualmente menos valoración12. Las leyes históricas y la población,
que tanto habían ocupado a pensadores como Malthus (1766-1834), también
dejan de ser el centro de atención.
W.S. Jevons (1835-1882), Leon Walras (1834-1910) y Carl Menger (1840-
1921) defienden que el valor no está en las cosas, ni en el trabajo, sino en las
relaciones del hombre con las cosas. De una visión del mundo preocupada
por los hechos objetivos se pasa a una teoría basada en las necesidades
psicológicas. Los seres humanos tienen necesidades priorizadas según su
urgencia y eligen bienes y servicios según su nivel de satisfacción. Estas
ideas, llamadas marginalismo, explican los procesos económicos en función
de la motivación subjetiva de los individuos, cuya medida se explica en
términos de la utilidad que les reporta la última unidad disponible de cada
bien. De ahí es posible extraer los axiomas de la economía neoclásica, en la
cual desaparecen las clases sociales o los estamentos. De hecho, el
marginalismo puede entenderse como una reacción contra el marxismo y
una defensa de los intereses de la elite en el poder.
Cabe citar entre las fuentes de la economía neoclásica al utilitarismo,
doctrina filosófica aparecida en Inglaterra a finales del siglo XVIII y
desarrollada durante el XIX que proclama que el valor supremo es el de la
12El marginalismo considera que lo más importante para la toma de decisión (económica)
es la utilidad marginal, o última, de consumo o producción. Así, a pesar de que sin agua no
podríamos vivir, el consumo de unidades adicionales de agua hace decrecer su utilidad
marginal y su coste, al contrario que ocurre, por ejemplo, con los diamantes.
37
utilidad; decir x es valioso es decir x es útil13. Jeremy Bentham, James Mill
y John Stuart Mill son los principales representantes del utilitarismo inglés.
Los axiomas a partir de los cuales se construye la economía neoclásica son
los siguientes:
1. Las necesidades humanas son múltiples y susceptibles de infinito
desarrollo.
2. Los medios con los que los seres humanos satisfacen sus propias
necesidades pueden disponerse sólo en cantidades limitadas, es decir,
en cantidades menores de las que se necesitarían para conseguir la
plena satisfacción de dichas necesidades.
La economía es, pues, la ciencia de la escasez.
Es común a estos autores su intento por constituir una ciencia matemática y
deductiva, al estilo de las ciencias físicas. El inglés William Stanley Jevons,
después de sus estudios en lógica y matemática, escribe Theory of Political
Economy (1871) en la que se plantea una visión alternativa de la ciencia
económica. En Austria, Menger escribe también en 1871 Grundsätze der
Volkswirschaftslehre (Principios de la doctrina de la economía política),
aunque no se llegó a publicar. Sin embargo en este manuscrito se halla la
teoría de la utilidad marginal expuesta de manera más completa y
sistemática.
¿Cómo se fija el valor de uso? Consideremos: 1º) que nuestras diversas
necesidades tienen para nosotros importancia desigual, 2º) que cualquier
necesidad es más o menos intensa según el grado de satisfacción que haya
recibido (así, para el sediento el primer vaso de agua es más necesario que el
segundo, y el vaso enésimo no satisface ya ninguna necesidad).
13 Como marco teórico para la moralidad implica que cualquier acción o ley viene definida
por su utilidad, entendiendo utilidad como la maximización cuantitativa de consecuencias
consideradas buenas para la sociedad. A menudo, el utilitarismo moral se ha estipulado del
siguiente modo: el máximo bienestar para el máximo número de personas.
38
Partiendo de estos principios se construye la tabla de Menger, asignando un
número de orden a cada necesidad; por ejemplo I alimentación, II vivienda,
III vestido, IV asistencia médica, V educación, VI ornato, VII distracciones...
Bajo cada una de estas necesidades ordenadas horizontalmente se colocan,
en columnas, números árabes que expresan los sucesivos grados de
intensidad de sus manifestaciones y la importancia que damos a los bienes
para satisfacerlas.
I II III IV V VI VII VIII IX X
10 9 8 7 6 5 4 3 2 1
9 8 7 6 5 4 3 2 1
8 7 6 5 4 3 2 1
7 6 5 4 3 2 1
6 5 4 3 2 1
5 4 3 2 1
4 3 2 1
3 2 1
2 1
1
Esta tabla resuelve, a juicio de Menger, el valor de uso. Son igualmente
útiles bienes que se aplican a necesidades que llevan en columnas
diferentes los mismos índices. Todo hombre racional reparte siempre su
renta entre los diversos tipos de gastos, de forma que siempre se
satisfacen a la vez necesidades de igual intensidad.
Con Alfred Marshall (1842-1924), Catedrático de la Universidad de
Cambridge, y sus Principios de Economía (1890), la economía se convierte
en “Economics” y ya definitivamente pierde su carácter de Política.
Marshall, realiza las formulaciones clásicas de la teoría de la oferta y la
demanda y los desarrollos que hoy conocemos como microeconomía. La
economía se ha constituido como una esfera separada de la sociedad, con sus
propias leyes que, afortunadamente, los economistas pueden desvelar.
KEYNESIANISMO, MONETARISMO, NEOINSTITUCIONALISMO
Las siguientes escuelas del pensamiento económico son importantes,
naturalmente, pero, como adujimos en el primer capítulo, no han
representado una fuente de inspiración y debate en antropología económica,
a pesar de su impacto en el resto de ciencias sociales. John Maynard Keynes
39
(1883-1946), en su libro The General Theory of Employment Interest and
Money (1936) critica el liberalismo y propone que, al ser la demanda
agregada el motor del crecimiento, el papel del Estado es fundamental para
garantizar el desarrollo económico y superar la crisis. El mercado, por sí
solo, no garantiza el equilibrio.
La influencia del keynesianismo a partir de la II Guerra Mundial es
contestada por el Monetarismo. En torno a Milton Friedman y la llamada
Escuela de Chicago, se desarrolló una corriente de pensamiento que
criticaba duramente la intervención del Estado en la economía y abogaba
por la liberalización a ultranza. Los efectos de estas políticas son bien
conocidos por todos. Por último, el Neoinstitucionalismo, como vimos
también en el primer capítulo, intenta superar las deficiencias de la
economía neoclásica para explicar los fenómenos macro de nuestra sociedad,
especialmente la evolución diferencial y la diversidad cultural, mediante la
incorporación al desarrollo de un paradigma económico que tiene en cuenta
el papel de las instituciones en el análisis.
Una de las aportaciones más influyentes de esta corriente es el concepto de
costes de transacción (Cf. Ayala, 1999). Por costes de transacción
entenderemos todos los costes asociados a la transferencia de la propiedad
de un producto o servicio y que no están incluidos en sus costes de
producción. Esto es, los costes necesarios para que la transacción sea posible
y se desarrolle como está previsto: costes de adquisición de información
acerca de las propiedades de los productos o servicios, los costes derivados
de la realización del contrato y de su seguimiento. Williamson (1975, 1985),
por ejemplo, defiende que la existencia de organizaciones económicas o
empresas (“jerarquías”) solamente puede explicarse porque las
transacciones de información, trabajo y servicios que se realizan en su
interior tienen unos costes de transacción más bajos en relación con los que
se obtienen en el mercado.
North (1994) distingue tres niveles analíticos en el enfoque
neoinstitucionalista:
40
• Individuos. Son los principales sujetos del hecho social. Su conducta
está guiada por una racionalidad limitada y procesal como
consecuencia de la influencia que ejerce sobre ellos el medio en que
desarrollan sus acciones.
• Organizaciones. Son agrupaciones de individuos con un interés común
creadas con un fin específico.
• Instituciones. Son las reglas del juego de una sociedad que dan forma
al intercambio humano. Pueden ser Reglas Formales, las leyes
económicas y políticas articuladas dentro de una estructura
jerárquica (constituciones, derechos de propiedad, regulaciones
administrativas,...) o Reglas Informales, normas de conducta
sancionadas socialmente y aceptadas internamente, así como las
extensiones, interpretaciones y modificaciones de las normas formales
(tabúes, códigos de conducta, tradiciones,...).
Así pues la elección de los individuos y los arreglos a los que llega con otros
para la obtención de sus medios de vida no actúa en el vacío, sino que lo
hace en el marco de un entramado institucional y organizativo, determinado
a su vez por la historia y por los cambios ejercidos por los emprendedores en
el presente, que intentan hacer cambiar el sistema institucional para
favorecer a sus intereses.
En su último trabajo, North (2005: 1) intenta desarrollar una teoría
neoinstitucionalista para explicar el cambio económico. Para ello propone
partir del estudio de (1) la cantidad y calidad de los seres humanos; (2) el
stock de conocimiento humano, especialmente el aplicado a la gestión de la
naturaleza y (3) el entramado institucional que configura la estructura de
incentivos de la sociedad. Desde luego, se trata de una agenda prometedora
al reincorporar la demografía, la tecnología, la estructura social y la historia
al análisis económico. Una verdadera Economía Política.
Hasta aquí esta apresurada historia del pensamiento económico. Nos
interesa, sin embargo, haber documentado el proceso de separación de lo
“económico” de lo social - proceso que culmina con el marginalismo - y haber
41
expuesto las dos grandes corrientes de la teoría del valor. Ahora estamos en
condiciones de abordar la cuestión del campo de la antropología económica.
EL CAMPO DE LA ANTROPOLOGÍA ECONÓMICA
En 1952 Herskovits publica su Economic Anthropology. A Study in
Comparative Economics, ampliación de su libro anterior The Economic Life
of Primitive Peoples (1940). En esta obra, un amplísimo compendio de
hechos “económicos”, se intenta fundar una antropología económica que
aplique los principios de la ciencia económica al estudio de las sociedades
“primitivas”. Hasta ese momento, se disponía de un puñado de obras sobre
el tema. En 1921 Malinowski publica su artículo “The Primitive Economics
of the Tobriand Islanders” donde muestra que no se podía hablar del
“salvaje” individualista, sino más bien del “comunista” y donde presenta una
sociedad diligente y altamente organizada. En 1929 Firth publica Primitive
Economics of the New Zealand Maori, tesis doctoral realizada bajo la
influencia de Malinowski. En 1932 Thurnwald publica una influyente obra:
Economics in Primitive Communities, que desarrolla algunos de los temas
ya presentes en Bánaro Society (1916). Malinowski, con su Coral Gardens
(1935), Stephan Viljoen, con The Economics of Primitive Peoples (1936), el
mismo Firth con Primitive Polinesian Economy (1939) y Goodfellow con su
Principles of Economic Sociology. The Economics of Primitive Life as
Illustrated from the Bantu peoples, también de 1939, completan el
panorama.
En todas esas obras se expresa la misma preocupación por definir el campo
de lo que se estaba estudiando y sus relaciones con la economía. Ya sabemos
de la enorme influencia que la economía neoclásica ha tenido en esta
empresa intelectual. De hecho, en esta etapa de formación de la disciplina
ya aparece la división entre los partidarios de la ampliación de los principios
de la teoría económica neoclásica a las sociedades primitivas (Goodfellow y
Viljoen en la versión más “ortodoxa” y Herskovits y Firth en la versión más
posibilista) y los interesados por un análisis más sustantivo (Thurnwald y
42
Malinowski). No insistiremos más en ello. Solamente destacaremos los
puntos comunes de las diferentes contribuciones.
Existe, en primer lugar, una preocupación por documentar los medios de
subsistencia y la tecnología empleada, algo de lo que no se ocupan los
economistas en nuestra sociedad de forma sistemática. De hecho, el estudio
de las formas técnicas iniciado por Leroi-Gourhan (1945) no ha tenido
continuidad en el plano teórico en antropología, a excepción de un tímido
intento en los años 90 y 2000 por ciertos antropólogos franceses e ingleses,
como tendremos oportunidad de ver más adelante.
En segundo lugar, se intentan recoger y sistematizar datos “económicos”,
como las horas de trabajo, las cantidades cambiadas, las proporciones de la
cosecha asignadas al tributo, etc., algo que los economistas toman
directamente de las organizaciones dedicadas a producir datos estadísticos y
sobre las que elaboran sus modelos predictivos. Esta tarea es sin embargo
enorme en las sociedades primitivas y se justifica en sí misma.
Por último, los diferentes autores exploran los procesos de decisión y
asignación de recursos a la producción y distribución de bienes, ya sea
mediante la explicación de las instituciones que actúan o mediante la
identificación de los intereses de los individuos o unidades identificadas. El
análisis “macroeconómico”, más que el microeconómico, es el adoptado aquí.
La macroecoconomía se preocupa de los procesos globales, o agregados, como
el desarrollo económico, la distribución de la renta, los niveles de precios, la
relación entre bienes de consumo e inversión y el empleo. De hecho, se
parece más a la primera Economía política que no a la microeconomía
inventada por los neoclásicos.
Vemos, pues, que la Antropología económica tampoco puede ser
completamente definida como la transposición de lo que los economistas
hacen en nuestra sociedad a las sociedades primitivas o “tradicionales”,
como no pudo serlo atendiendo a las definiciones existentes de lo
“económico”.
43
¿Cuál es, pues, el campo de actuación de la antropología económica? Bajo
nuestro punto de vista la antropología económica se ocupa de estudiar el
entramado institucional que actúa en la producción y reproducción de la
vida humana. El enfoque está, siguiendo el título de Polanyi (1977), en
centrarse en los mecanismos que permiten el sustento del hombre (The
Livelihood of Man) o los medios de vida (Narotzky, 1997, 2004). Este
enfoque permite analizar tanto sociedades primitivas como las llamadas
“economías étnicas” o las redes de trueque actuales. Sabemos que estos
mecanismos se presentan en entramados institucionales, de forma que se
puede contratar a parientes, ser un empresario exitoso vendiendo a los
“amigos” y “vecinos” o precisar de un especialista en magia para realizar
labores agrícolas. En estos ejemplos, la acción económica está integrada con
el parentesco, las relaciones sociales o la religión, respectivamente. En el
concepto de medios de vida están incluidos los procesos de circulación y
consumo y es posible aplicarlo tanto a sociedades precapitalistas como
capitalistas.
¿Cuál puede ser el futuro de esta Antropología económica? El diálogo entre
economistas y antropólogos prácticamente no ha existido, como sabemos, y
no podemos esperar que la situación cambie en el futuro. Los métodos
deductivos, las elaboraciones matemáticas y las series estadísticas (Nash,
1966) no han sido tradicionalmente del agrado de la antropología tomada
como un conjunto (aunque sí de los antropólogos “formalistas” y de otras
escuelas dentro de la antropología). Pensamos, sin embargo, que la
Antropología económica ha recogido y elaborado un conjunto de materiales y
proposiciones que son de interés tanto para la economía como para la mejor
comprensión de las sociedades por ella estudiadas.
El primer elemento es el comparativo. La economía podría beneficiarse de
los hallazgos realizados por al antropología económica en el campo de las
esferas de intercambio, la economía de prestigio o los sistemas de mercados.
La antropología social y cultural es por definición comparativa y estudia la
diversidad humana.
44
El segundo elemento es la teoría del valor. La Antropología económica puede
aportar elementos a este debate, tanto desde el punto de vista de las
utilidades culturalmente definidas, como de la etnografía de los objetos
preciosos y la moneda primitiva. Utilitaristas escolásticos o neoclásicos,
fisiócratas y partidarios del valor-trabajo han mostrado diferentes aspectos
de la teoría del valor que, bien acierta en predecir los precios en mundos
ideales, despojados de las relaciones sociales, o bien las describe pero sin
aportar una teoría satisfactoria de estos últimos.
Por último, la tierra, el agua y el aire vuelven a ser elementos del debate en
un Planeta que se ha quedado pequeño para considerar esos elementos
simples externalidades (Martínez-Alier, 1992). Considerar el conocimiento
“indígena” acumulado sobre el medio ambiente, parece, cuanto menos,
prudente.
La historia del pensamiento económico nos enseña que la “Economía” no es un único cuerpo
coherente de teorías sino que en su seno se pueden distinguir debates y enfoques muy
diferentes. La economía neoinstitucionalista es la que comparte un campo teórico común
con la Antropología económica, al introducir el derecho, la historia y las instituciones en el
análisis del desempeño económico.
La Antropología económica no se ha limitado a replicar las actividades que los economistas
hacen en nuestra sociedad, sino que ha ocupado de recoger y sistematizar información
etnográfica sobre el conjunto de instituciones que han permitido a un amplio rango de
sociedades obtener sus medios de vida. Estas instituciones constituyen el objeto de estudio
de la Antropología económica y este conjunto de actividades destinadas a la reproducción de
la vida social (Narotzky, 2004) están insertas en otras instituciones políticas y religiosas.
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