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Requisitos del Objeto y Causa en Contratos

El documento detalla los requisitos esenciales para la validez de un contrato según el Código Civil, que incluyen el consentimiento de las partes, un objeto cierto y una causa lícita. Se analizan diversas teorías sobre la causa del contrato, desde la clásica hasta la sincrética, y se discuten las implicaciones de la forma de los contratos, destacando el principio de libertad de forma y las excepciones que requieren formalidades específicas. Además, se menciona la jurisprudencia del Tribunal Supremo en relación con la causa y la forma de los contratos.

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Requisitos del Objeto y Causa en Contratos

El documento detalla los requisitos esenciales para la validez de un contrato según el Código Civil, que incluyen el consentimiento de las partes, un objeto cierto y una causa lícita. Se analizan diversas teorías sobre la causa del contrato, desde la clásica hasta la sincrética, y se discuten las implicaciones de la forma de los contratos, destacando el principio de libertad de forma y las excepciones que requieren formalidades específicas. Además, se menciona la jurisprudencia del Tribunal Supremo en relación con la causa y la forma de los contratos.

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TEMA 42

EL OBJETO DEL CONTRATO: REQUISITOS


El CC establece que: “No hay contrato sino cuando concurren los requisitos siguientes: 1º. Consentimiento de los contratantes; 2º.
Objeto cierto que sea material del contrato; y 3º. Causa de la obligación que se establezca” (art. 1261).
El código regula el objeto del contrato en la Sección 2.ª del Capítulo II del Título II del Libro IV (arts. 1271 a 1273).
El STS 20 jul 2006 ha declarado que: “Nuestro ordenamiento jurídico establece el objeto de las obligaciones como aquella realidad
sobre la que el contrato incide y en relación a lo que recae el interés de las partes o la intención negocial o móvil esencial del
contrato”. La doctrina señala que el objeto del contrato es la obligación que por él se constituye. Ha de reunir los ss requisitos:
1) Que sea posible o existente. El CC dispone que: “No podrán ser objeto del contrato las cosas o servicios imposibles” (art.
1272). Respecto de las cosas futuras el CC dispone que: “Pueden ser objeto de contrato todas las cosas que no estén fuera
del comercio de los hombres aun las futuras” (art. 1.271 p1º).
El art. 1271 p2º excepciona de la posibilidad de que las cosas futuras sean objeto de contrato a la herencia futura, tal párrafo dice
que: “Sobre la herencia futura no se podrá, sin embargo, celebrar otros contratos que aquéllos cuyo objeto sea practicar entre vivos
la división de un caudal y otras disposiciones particionales conforme al artículo 1.056”.
2) Que sea lícito. El CC dispone que: “Pueden ser igualmente objeto del contrato todos los servicios que no sean contrarios a
las leyes o a las buenas costumbres” (art. 1271 p3º).
3) Que sea determinado o susceptible de determinación. El objeto de todo contrato -dice el CC- debe ser una cosa de
terminada en cuanto a su especie. La indeterminación en la cantidad no será obstáculo para la existencia del contrato,
siempre que sea posible determinarla sin necesidad nuevo convenio entre los contratantes (art. 1.273).
LA CAUSA
Admitida la causa como elemento del negocio jurídico surgen discrepancias tanto sobre el concepto de la misma, habiéndose
formulado diversas teorías.
I. TEORÍA CLÁSICA DE LA CAUSA CONTRACTUAL

La causa presenta las ss características:


1) Se trata de causa de la obligación, y no del contrato.
2) Se encuentra en relación inmediata y directa con esta obligación, de la cual es la causa próxima.
3) Forma parte integrante del contrato, representando uno de sus elementos constitutivos: no se concibe liberalidad sin
intención liberal, ni venta sin compromiso de entregar una cosa y pagar un precio, ni préstamo de dinero sin entrega de una
suma al prestatario.
II. TEORÍA MODERNA OBJETIVISTA DE LA CAUSA DE LOS NEGOCIOS JURÍDICOS. LA CAUSA COMO
FUNCIÓN O FIN ECONÓMICO-SOCIAL

La moderna doctrina científica mantiene el sentido objetivo, de fin o móvil específico, abstracto y genérico, que la causa tenía en el
Código francés y en los que han seguido sus huellas, dándole todavía mayor relieve, e introduce la novedad de llevar la idea de la
causa a la teoría general de los negocios jurídicos. La causa como la función económico-social del negocio se contempla en sus
elementos esenciales: función que caracteriza el tipo de negocio como acto de autonomía privada y determina su contenido mínimo
necesario.
III. TEORÍA OBJETIVISTA DE LA CAUSA COMO ELEMENTO PROPIO DE LOS NEGOCIOS DE ATRIBUCIÓN
PATRIMONIAL O ENRIQUECIMIENTO

La doctrina alemana considera la causa como un elemento propio del contenido de algunos de ellos, los negocios llamados de
atribución patrimonial. Así, estudian la causa dentro de la teoría de las transmisiones y atribuciones patrimoniales. La misma
dirección siguen algunos sectores recientes de la doctrina italiana. Así, la causa es pues, el elemento teleológico o causa final de la
atribución patrimonial, que confiere significado jurídico al negocio mediante el que se efectúa esa atribución.
IV. TEORÍA SUBJETIVISTA DE LA CAUSA. LA CAUSA-MOTIVO O CAUSA IMPULSIVA

El querer (voluntad) se dirige hacia un fin determinado (intención) y es impulsado por motivos (móviles) concretos que funcionan
como resortes de la voluntad declarada. Haciendo abstracción de esos móviles individuales, teleológicos, determinantes de la
voluntad, el acto es incomprensible como fenómeno aislado, carente de sentido.
Con esta flexible concepción de la causa se permite la anulación de aquellos negocios cuya causa, abstractamente considerada, no
tiene nada de inmoral, pero que han de ser considerados ilícitos cuando se les aprecia en función de los móviles que los han inspirado
y del fin a que tienden.
Lo que no parece estar todavía bien precisado -y ello constituye el motivo de la crítica que a esta teoría dirigen autores como Dabin-
es en qué casos el motivo determinante puede ser tomado en consideración.
V. TEORÍAS ANTICAUSALISTAS

La teoría de que se trata dice que si la doctrina de la causa desapareciese de los Códigos nada se perdería. La no existencia de la
causa es un fenómeno igual a la no existencia del objeto; la causa falsa es un fenómeno de simulación o de error de consentimiento;
la causa ilícita es igual a la prestación ilícita. Además, la doctrina de la causa es ilógica, sobre todo aplicada a los contratos
sinalagmáticos, en que las prestaciones recíprocas son la causa para cada uno de los contratantes, de modo que cada una de ellas
viene a ser causa y efecto de la otra al mismo tiempo, cosa imposible.
VI. TEORÍAS SINCRÉTICAS

La actual corriente científica cree que combinando la concepción objetiva con la subjetiva, ve en la causa no sólo el fin abstracto y
permanente del contrato (móvil específico), sino la finalidad concreta perseguida por las partes e incorporada al acto jurídico como
elemento determinante de la declaración de voluntad (móvil impulsivo y determinante).
NORMAS DEL CÓDIGO CIVIL
El CC establece en el art. 1261.3º que no hay contrato si no concurre la “causa de la obligación que se establezca”, de tal modo que
concibe la causa como un elemento esencial de los contratos.
El CC solo regula sistemáticamente la causa en relación con los contratos, en la Sección 3.ª del Capítulo II del Título II del Libro
IV (art. 1274 a 1277).
“En los contratos onerosos -dice el art. 1274- se entiende por causa, para cada parte contratante, la prestación o promesa de una
cosa o servicio por la otra parte; en los remuneratorios, el servicio o beneficio que se remunera, y en los de pura beneficencia, la
mera liberalidad del bienhechor”. El artículo de que se trata se presta a muchas críticas.
Se le puede achacar:
a) Que considera a la causa, en los contratos onerosos, en relación con cada uno de los contratantes, lo que equivale a rescindir
y desarticular el contrato.
b) Que la equiparación que se establece entre la prestación y la promesa de una cosa o servicio como causa, no puede ser
aplicada a los contratos unilaterales reales, en los cuales es necesario que la prestación se ejecute para que la obligación de
quien la recibe tenga nacimiento y reconozca como causa la prestación ejecutada por la otra parte.
c) Que la referencia que se hace a la causa en los contratos remuneratorios no se sabe a qué supuesto pueda aplicarse, salvo
que se le identifique con el de la llamada donación remuneratoria.
I. REQUISITOS
1. La causa ha de existir
Art. 1275.1º-. “Los contratos sin causa no producen efecto alguno”. Pero no hace falta que esté expresa en los contratos, pues se
presume que existe la causa mientras el deudor no pruebe lo contrario (art. 1277).
2. La causa ha de ser verdadera
La causa falsa puede ser falsa propiamente dicha o simulada. Es falsa propiamente dicha la causa que tiene por base la credulidad
en un hecho no existente; y simulada la que tiene lugar cuando se hace aparecer artificiosamente una distinta de la verdadera. La
causa falsa se confunde con la inexistencia de causa, y produce la inexistencia del contrato; la simulada no siempre produce este
efecto, porque puede suceder que la causa oculta, pero verdadera, baste para sostener el contrato. Entonces, dice el art 1.276 CC
que “la expresión de una causa falsa en los contratos dará lugar a la nulidad, si no se probase que estaban fundados en otra verdadera
y lícita”.
3. La causa ha de ser lícita
Art. 1275-. “Es ilícita la causa cuando se opone a las leyes o a la moral”. Pero se presume la licitud de la causa, mientras no se
pruebe lo contrario (art. 1277).
La STS 27 mar 2007 ha declarado que: “La ilicitud causal que prevé el artículo 1.275, conforme a reiterada doctrina jurisprudencial,
supone la concurrencia de causa, pero resulta viciada por oponerse a las leyes o a la moral en su conjunto, cualesquiera que sean los
medios empleados para lograr tal finalidad, elevándose el móvil a la categoría de causa en sentido jurídico, ya que aquél imprime a
la voluntad la dirección finalista ilícita y reprobable del convenio, descansando a su vez la ilicitud de la causa en la finalidad negocial
inmoral o ilegal común a todas las partes”.
II. LA CAUSA EN LA JURISPRUDENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO
No ha adoptado el TS una postura única y definitiva en torno a la causa. Lo que verdaderamente sí ha hecho es utilizar ésta para
resolver cada caso, de la forma más moral y equitativa, adoptando para ello la concepción de la causa que fuese más conveniente a
tal fin.
FORMA DE LOS CONTRATOS
El código se refiere a la forma de los contratos en el Capítulo III del Título II del Libro IV (arts. 1278 a 1280), bajo la rúbrica “De
la eficacia de los contratos”.
I. PRINCIPIO DE LIBERTAD DE FORMA
El CC, en el art. 1278, consagra la regla general del ppio de libertad de forma, al decir: “Los contratos serán obligatorios, cualquiera
que sea la forma en que se hayan celebrado, siempre que en ellos concurran las condiciones esenciales para su validez” (que son las
del art. 1261: consentimiento, objeto y causa).
II. LA FORMA AD PROBATIONEM
Ahora bien, el propio Código en el art. 1280 enumera una serie de contratos y otros negocios jurídicos para los que exige no sólo la
forma escrita, sino además que los mismos consten en documento público.
Así, el art. 1280 dice que: “Deberán constar en documento público:
1°. Los actos y contratos que tengan por objeto la creación, transmisión, modificación o extinción de derechos reales sobre bienes
inmuebles.
2°. Los arrendamientos de estos mismos bienes por seis o más años, siempre que deban perjudicar a tercero.
3°. Las capitulaciones matrimoniales y sus modificaciones.
4°. La cesión, repudiación y renuncia de los derechos hereditarios o de los de la sociedad conyugal.
5°. El poder para contraer matrimonio, en general para pelitos y los especiales que deban presentarse en juicio; el poder para
administrar bienes, y cualquier otro que tenga por objeto un acto redactado o que deba redactarse en escritura pública, o haya de
perjudicar a tercero.
6°. La cesión de acciones o derechos procedentes de un acto consignado en escritura pública”.
1. Los actos y contratos que tengan por objeto la creación, transmisión, modificación o extinción de derechos reales sobre
bienes inmuebles
Hay que concluir que, al exigir la forma documental pública para ciertos actos y contratos relativos a los derechos reales sobre BB
inmuebles, el art. 1280 CC no pretende en absoluto afirmar que tales contratos no sean válidos en caso de que lleguen a celebrarse
en forma diversa.
Si estos contratos se celebrasen en documento privado producirían todos sus efectos entre las partes, aunque no siempre respecto de
terceros. Y tal documento privado no sería susceptible de inscripción (art. 3 LH) ni aun de presentación en el Registro de la Propiedad
(art. 420.1 del Reglamento Hipotecario) y no podría servir de calificación para el Registrador (art. 18 LH) (Resolución de la
Dirección General de los Registros y del Notariado de 17 de marzo de 2003).
La exigencia del documento público en estos contratos no es un elemento del contrato sino un requisito para la prueba de los mismos,
la llamada forma ad probationem.
2. Los arrendamientos de estos mismos bienes por seis o más años, siempre que deban perjudicar a tercero
El perjuicio del tercero al que se refiere el precepto radica en la vinculación del posible causahabiente del arrendador; esto es, el
nuevo adquirente de la finca habrá de respetar el arrendamiento en el caso de que haya sido inscrito, art. 1549 y art. 2.5 LH.
En todo caso, esta problemática es extraña a los supuestos más numerosos de arrendamientos, los sometidos a la legislación especial
de “arrendamientos urbanos” y “arrendamientos rústicos”, pues las respectivas disposiciones legislativas obligan al eventual
adquirente de la finca arrendada a respetar el arrendamiento previamente celebrado.
III. LA FORMA AD SOLEMNITATEM
Como supuestos en que la forma tiene carácter sustancial, es decir, ad solemnitatem, podemos señalar los siguientes:
a) La hipoteca sobre inmuebles y muebles. Para la primera se requiere la escritura pública y la inscripción en el Registro de
la Propiedad (art. 1875), y para la hipoteca mobiliaria y prenda sin desplazamiento, la escritura pública (art. 3º de la Ley
de 16 de diciembre de 1954)
b) La donación de inmuebles, que deberá hacerse en escritura pública (art. 633)
c) El censo enfitéutico (art. 1605), que sólo podrá constituirse en escritura pública (art. 1628).
d) El derecho de superficie, que, según el art. 16 del Reglamento Hipotecario exige “títulos públicos” para su constitución,
además de la inscripción en el Registro de la Propiedad.
El art. 16.1 ha sido declarado nulo en todos sus apartados por sentencia del TS (Sala 34) de 31 de enero de 2001 por entender que
está regulando por vía reglamentaria materias reservadas a la Ley.
e) El régimen de aprovechamiento por turno de un bien inmueble de uso turístico que exige que se formalice en escritura
pública que se inscribirá en el Registro de la Propiedad (art. 25.3 de la Ley 4/2012).
IV. LA FORMA ESCRITA DEL ARTÍCULO 1.280-2
El art. 1.280.2º dispone que “también deberán hacerse constar por escrito, aunque sea privado, los demás contratos en que la cuantía
de las prestaciones de uno o de los dos contratantes exceda de 1.500 pesetas”.
El art. 1278 se pronuncia abiertamente a favor de la más absoluta libertad de forma. Mas ello no quiere decir que la inexistencia de
forma escrita prive de eficacia a un contrato cuyas prestaciones superen el montante de las 1.500 pesetas. La jurisprudencia ha
declarado que “es totalmente desafortunada la invocación del último párrafo del artículo 1.280 para negar eficacia al contrato por
no constar en forma escrita, pues, con tal invocación, se pretende desconocer el principio espiritualista introducido en nuestro sistema
jurídico por el Ordenamiento de Alcalá” (SSTS 9 de dic 1971, 26 de ene 1967 y 6 de oct 1965).
V. EL ARTÍCULO 1.279 DEL CÓDIGO CIVIL
El contenido del art. 1279 que dispone que “si la ley exigiere el otorgamiento de escritura u otra forma especial para hacer efectivas
las obligaciones propias de un contrato, los contratantes podrán compelerse recíprocamente a llenar aquella forma desde que hubiese
intervenido el consentimiento y demás requisitos necesarios para su validez”.
El TS, interpretando los arts. 1278, 1279 y 1280, ha llegado a las siguientes conclusiones:
- El art. 1279 consigna una facultad y no una obligación a favor de ambos contratantes.
- Puede pedirse y deberá cumplirse lo convenido, ya que los arts. 1278 y 1280 no exigen que el ejercicio de la acción para
obligar al otorgamiento de la escritura haya de preceder al de la derivada del contrato.
- La falta de forma no priva al contrato de su plena eficacia, cuando las partes lo cumplimentan antes de elevarlo a escritura
pública.
- Si no se llenó la forma, las partes sólo estarán autorizadas para compelerse a llenarla, nunca a solicitar la inexistencia del
contrato.
Se reafirma así en los arts. 1279 y 1280 el principio de libertad de forma, al tiempo que se potencia la consecución del documento
público cuando éste interese o convenga a cualquiera de las partes interesadas (Lasarte Álvarez).
- La cuestión de la renovatio contractus
La elevación a escritura pública del documento privado implica la renovación del contrato o negocio jurídico que en el mismo se
contiene y el nacimiento de un nuevo contrato o negocio jurídico, ya que según el art. 193 del Reglamento Notarial las partes tienen
que prestar un nuevo consentimiento ante el Notario. Se argumenta que si bien las partes han de prestar su consentimiento en la
escritura, ello no significa otra cosa que están conformes con las declaraciones que en ellas se les imputa, por lo que tal
consentimiento no supone un nuevo contrato o negocio jurídico, salvo que la reproducción no coincida con el original
intencionadamente, supuesto en el que sí estaremos en presencia de un nuevo contrato o negocio jurídico.
Esta última tesis ha sido aceptada por el TS (SS de 30 de noviembre de 1996 y 22 de septiembre de 2001).

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