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Uruguay Escribe Libro

El documento presenta el proyecto 'Uruguay Escribe', que busca fomentar la escritura y la expresión artística entre los participantes, destacando la diversidad cultural de Uruguay. Se recopilan relatos de personas que han participado en talleres de escritura, donde se les enseña a organizar sus ideas y compartir sus historias. La escritura se presenta como un medio liberador y comunicativo, permitiendo a los autores conectarse con su identidad y su comunidad.
Derechos de autor
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Uruguay Escribe Libro

El documento presenta el proyecto 'Uruguay Escribe', que busca fomentar la escritura y la expresión artística entre los participantes, destacando la diversidad cultural de Uruguay. Se recopilan relatos de personas que han participado en talleres de escritura, donde se les enseña a organizar sus ideas y compartir sus historias. La escritura se presenta como un medio liberador y comunicativo, permitiendo a los autores conectarse con su identidad y su comunidad.
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Derechos de autor cedidos al Ministerio


de Educación y Cultura.
© MEC, 2017
© [Link]., 2017
Uruguay Escribe
Relatos con identidad

1° ed. Montevideo: MEC, 2017


Ministerio de Educación y Cultura (MEC)
Reconquista 535 | CP 11100 | Montevideo, Uruguay
Tel.: (+598) 2 915 0103 | 2 915 0203
[Link]

Coordinación: Adriana Orlando, María Arbilla,


coordinadores departamentales y equipo central.
Diagramación interior: GenDiseño
Ilustraciónes interiores: Carolina Díaz
Revisión: Sandra Moresino
MINISTRA DE EDUCACIÓN Y CULTURA
María Julia Muñoz

SUBSECRETARIA DE EDUCACIÓN Y CULTURA


Edith Moraes

DIRECTORA GENERAL DE SECRETARÍA


Ana Gabriela González Gargano

DIRECTORA NACIONAL DE CENTROS MEC


Glenda Rondán
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La escritura como factor de identidad y mecanismo liberador

La diversidad; desde la comarca al mundo.

Somos un país pequeño, por lo que a priori se podría pensar en cierta homogeneidad,
pero yo creo que hay, precisamente en ese concepto que considero erróneo, una de
nuestras mayores riquezas. Sí, somos un país pequeño, pero tan pequeño como diverso.
Así cada ciudad, cada pueblo, cada localidad posee una identidad propia que se ha
acuñado a lo largo de nuestra corta, pero rica historia.
Una fórmula posible para poner en valor esa diversidad es intentar bucear en ella desde
la visión del artista consagrado y, de la misma forma que el poeta persigue en la senci-
llez del sabor popular la inspiración que renueva y da sentido a su arte –recordemos por
ejemplo a Lorca y su permanente abrevar del folclore andaluz–, nutrirnos de la riqueza
de la variedad desde una mirada casi antropológica, descubriendo y compilando las
interminables historias que se tejen en nuestro territorio.
Por supuesto que eso no estaría mal y sería muy válido, pero ese no es el caso del pro -
grama que fecundó los trabajos que hoy se exponen en este libro.
En esta oportunidad optamos por otro punto de vista y son la mujer y el hombre común
los que elevan su mirada desde la cotidianeidad a la búsqueda de una expresión artís-
tica que los represente, que los identifique y que, en definitiva, dé sentido a su mundo,
es decir, a su comarca.
Así, en un proceso que refuerza la visión descentralizadora de Centros MEC, nos para -
mos en los territorios y, una vez más, escuchamos las voces de los que allí habitan.

La escritura, ¿vehículo para consagrarnos o herramienta para comunicarnos?

No pretendemos convertir a cada uno de los participantes del proyecto en un artista.


Nuestra meta es más simple y paradójicamente mucho más trascendente.
Por poner un ejemplo de lo que perseguimos en palabras sencillas e imágenes que
resultan fáciles de trasmitir, apelaré a una situación que, televisión mediante, es muy

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reconocible por estos días. Me refiero a los programas en los que un grupo de personas
ponen a prueba sus habilidades culinarias.
Pienso que podemos ponernos de acuerdo en que no todos tenemos actitudes para con -
vertirnos en chefs, en grandes artistas de la cocina, pero seguramente el conocimiento
de los secretos de la preparación de los alimentos, nos permitan encontrar la plenitud
en una tarea tan noble. Plenitud que está asociada con el acto de cocinar para los seres
queridos, la sensación de deleitarlos a través de un gesto entrañable y necesario.
Como decía, seguramente no todos podemos ser chefs, pero cocinar para los nuestros
es una acción llena de amor que nos da tranquilidad de espíritu y nos eleva como seres
humanos.
De la misma manera, poner en palabras, negro sobre blanco, lo que sentimos, nues -
tros más recónditos recuerdos, los sueños o pesadillas que acompañan nuestras horas
nocturnas y nuestras vigilias, no nos convierten necesariamente en escritores, pero nos
sobrepone a la rutina diaria y abre un canal de comunicación con nuestro entorno, con
aquellos que nos rodean e, incluso, con los que están más allá –ventaja extra de este
mundo globalizado–.
El acto de escribir es, ha sido y será un hecho profundamente liberador. Nos da alas para
llegar a las cimas más altas y el valor necesario para bucear en las simas más profundas
de nuestro inconsciente.
Escribir para nosotros mismos es como si nos miráramos en un espejo de incontables
capas que nos permitiera llegar a lo más hondo de nuestro intelecto y a los sentimien-
tos mejor guardados, pero escribir con el propósito de que otros lean lo producido agre -
ga nuevas dimensiones a ese acto personal.
Porque al mismo tiempo que se mantiene el proceso de introspección, nos desnuda -
mos completamente, abrimos nuestros corazones y los exponemos despojados de todo
lo superfluo para que los demás los contemplen y nos contemplen libres de máscaras,
puros e imperfectos.

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Escribir; el esfuerzo y la recompensa.

La tarea de escribir puede ser agotadora, un proceso de comenzar y volver a empezar


decenas, tal vez cientos de veces.
La escritura, oficio precioso, requiere de la tenacidad y la constancia de quien lo ejerce.
Debemos dedicar horas a pulir y mejorar nuestra obra con las herramientas que nos
fueron dadas, pero a diferencia de Sísifo, condenado a subir todos los días la misma
roca hasta lo alto de la montaña en un proceso tan titánico como inútil, cada vez que
volvemos sobre nuestras palabras crecemos, ampliamos nuestros horizontes, pulimos
las imperfecciones de los textos –que son tan nuestras como lo son ellos–, y nos volve -
mos seres mejores al tiempo que mejoramos nuestra obra.
Por todo eso, el hecho de escribir con el objetivo de que otros lean nuestro trabajo re-
quiere de un gran esfuerzo, pero entraña la hermosa recompensa de sabernos parte de
un todo, de una construcción compartida.
El material que se ofrece ante ustedes posee mucho de todo lo expresado. En él se re-
flejan las horas de trabajo de un docente capaz de trasmitir su conocimiento con total
generosidad y el esfuerzo de los participantes quienes, actores conscientes y activos de
una comunidad, manifiestan sus invenciones y las ponen a vuestra consideración.
Poder aportar desde Centros MEC a esa tarea liberadora y a la búsqueda de la identidad
de cada terruño, no sólo nos conforta y enorgullece, sino que nos compromete a conti-
nuar trabajando en el mismo sentido. Porque las personas estarán siempre en el centro
de nuestros desvelos.

Glenda Rondán
Directora Nacional De Centros Mec

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Historias nuevas

El proyecto Uruguay Escribe propone motivar, despertar y reactivar las vocaciones para
la escritura, y proporciona técnicas prácticas y sencillas para ordenar ideas y empezar
a escribir. En este libro recopilamos los trabajos de quienes se han sentido a gusto en
nuestros talleres escribiendo historias para ser leídas. Algunas personas ya tenían un
acercamiento previo a la literatura pero, para la gran mayoría de ellas, el trabajo que
recoge este libro es lo primero que escriben para ser leído por otros. Esta recopilación
no es el resultado de un concurso o de una selección previa; se trata de relatos logrados
mediante la aplicación de las técnicas trabajadas en clase en el marco del placer lúdico
de escribir.

Cada módulo proporciona las técnicas básicas para iniciarse en la escritura de dife-
rentes géneros. En el primer módulo trabajamos para desinhibir la creatividad frente
a la aparente solemnidad de la escritura. Luego hacemos el ciclo completo, desde la
primera clase, en la que derribamos una serie de mitos establecidos sobre la actividad
de escribir y compartimos herramientas para empezar de cero, hasta la clase final, en la
que conocemos diferentes maneras de proteger el derecho de autor y cómo funciona
el registro de la propiedad intelectual.

Los ejercicios planteados en cada clase apuntan a la liberación de la imaginación y, como


contrapartida, al desafío de trabajar el poder de síntesis (imprescindible en tiempos de
whatsapp y mensajes de texto) escribiendo historias dentro de un máximo de cien pa -
labras para ser leídas, aunque no solamente, ya que también las historias fueron trabaja-
das en formatos para su representación sobre un escenario o frente a una cámara.

Cada relato de cien palabras incluye el nombre de la localidad en la que nació o en la


que vive en la actualidad quien lo escribe, y algún dato más, elegido por cada autor y
autora, para acercarse a sus lectores.

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Los textos de los integrantes de cada grupo formado en los distintos puntos del país
fueron leídos frente al grupo y celebrados con un aplauso general por la llegada al mun -
do de una historia nueva, una historia que no existiría si su autor o su autora no la hubie -
ra concebido y luego escrito en un papel o en una pantalla.

La intención de este libro es que los nuevos autores tengan nuevos lectores y completar
así el círculo de la comunicación.
Andrés Tulipano
Docente | Uruguay Escribe

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La suerte de los encerrados

Aunque a los cinco años de edad, los tres


habían alcanzado la estatura máxima que
tendrían durante toda su vida, ninguno
de ellos se había conocido con anteriori -
dad. Ningún festejo de fin de año, fiesta de
cumpleaños, o celebración deportiva los
había cruzado. No sólo les impedía cono -
cerse el hecho de que, por su condición,
cuidaran con celo los vínculos que enta -
blaban por fuera de sus círculos íntimos,
sino la circunstancia de nacer en ciudades
distintas. Nunca imaginaron que la vida los
iba a terminar juntando en la jaula de un
circo a las afueras de la ciudad de Minas.

Franco Laviano
31 años - Comunicador
Minas - Lavalleja

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Soledades

Hace tres años yo vivía en Solymar, Ciudad


de la Costa. Tenía una vecina de unos 80
años que vivía sola. No tenía familia; su
única compañía era un gato al que trata -
ba como si fuera un niño. Todas las tardes
lo vestía y lo sacaba a pasear en el canasto
de su bicicleta. Yo creo que el destino de
cada uno está marcado, y que la soledad
en algún momento saca ventaja para po-
der escapar por algún lado.

María Noel R.
34 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

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Armonía

La noche fría y blanca está en total armo-


nía. He salido a observar las estrellas en
el firmamento cristalino. Contrasta con la
inmensidad del campo, parece una gran
sábana blanca. En esa quietud canta el
arroyo sus melodías, las cuales serían muy
difíciles de escuchar con el bullicio del
día. Es suave, sencilla y da paz al alma de
quien escucha. Es una música suave, dul-
ce casi como un susurro. Las luces de Nico
Pérez se ven a la distancia. Estoy en paz y
armonía.

Ramón Pereyra (Toto)


52 años. Peón rural
Nico Pérez - Florida

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Canelones estrellada

¿Buscando las estrellas en un día como


este? Qué mejor manera de hacerlo visi-
tando el programa de Google Earth. Con
ello podemos ver todo en nuestro univer-
so. Podemos visitar la Luna, visitar Marte y
el resto de los planetas. Bueno… no exac -
tamente todos. Júpiter no está disponible
porque su atmósfera es muy espesa para
que nuestros satélites le saquen fotos a su
superficie. Si alguien de la ciudad de Ca-
nelones quisiera utilizar esta herramien-
ta será bienvenido. También es posible
utilizar la herramienta de Google Maps .
Aunque eso sirve para localizar la calle
en que vivís en la ciudad de Canelones.
Desde que estoy enamorado, veo todo es-
trellado.

Andrew Ast
18 años. Estudiante
Los Cerrillos - Canelones

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Un cachetazo a la historia

Pando estaba 2 a 0 arriba y sin reacción,


tanto que el descuento casi no se festejó.
Cuando se empató en la hora estalló en la
noche de Treinta y Tres un grito de guerra
contra la mufa histórica en el fútbol y la
vida, contra tantas promesas rotas: el oro
de Isla Patrulla, el hierro de Valentines, el
puerto Charqueada; estábamos a un gol
de salir de perdedores.
Atacábamos miles cuando en contragol -
pe solitario un pandense mandó el centro
que por el medio del área descolgaron
dos manos, como las de Gambetta en Ma -
racaná. Eran las manos de nuestro lateral.
3 a 2 ganó Pando, de penal.

Marco Rivero
Taller de Canelones

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La última

Todo fue culpa de otra apuesta del flaco


Milton, cuando pasó por el Pelotaris a to-
mar la última amarga antes de ir al baile
del aniversario del Club Oriental, donde se
reunían las jovencitas de San Carlos junto
a sus padres esperando que algún pintón,
como el flaco, las invitara a bailar. Entona-
do y apasionado por la apuesta quiso en-
trar al baile por la ventana redonda tipo
barco. Y quedó ahí atrapado, el Tostado
Birriel, herrero veterano, lo liberó. El baile
quedó trunco, el flaco durmió en la comi-
saría y quedó eternamente soltero.

Eduardo Batista
Comerciante
San Carlos - Maldonado

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Sólo 5

Hoy después de cinco clases, llega a su fin


el taller de escritura.
Se llevó a cabo en la Escuela N° 21 de Nico
Pérez. El mismo fue dictado por el Sr. An-
drés Tulipano. Para los que asistimos fue
muy fructífero, pues aprendimos cosas
muy interesantes.
Además compartimos muchas vivencias y
nos conocimos un poco más.
Hoy llega a su fin y nos queda un sabor a
poco pero muy buenos recuerdos.

María Esther Román


62 años. Jubilada
Nico Pérez- Florida

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21
Aguas abajo

La embarcación descendía por el río,


cuando el sol candente del medio día,
fundía todo a su paso.
El hombre, arrollado sobre el bote, forma-
ba con él un pequeño bulto oscuro, desli-
zándose entre los remolinos y los gruesos
troncos arrastrados por la creciente del
Cuareim.
A pesar del lacerante dolor, que obnubi -
laba su conciencia, pudo percibir borrosa-
mente, los eucaliptus cercanos a Artigas, y
más allá, a la distancia, el puente como un
enorme muro gris colgando del cielo.
Nadie lo vio cuando llegó tirado en el fon-
do barroso del bote, agonizando junto al
pez raya, aún adherido a su pie.

Martín Sánchez Vera


Médico, fotógrafo y docente
de fotografía
Artigas

22
La bicicleta y mi gato

Me soñé paseando con mi bicicleta por la


rambla de Malvín. Soñé con mi niñez. Allí
me sentía libre. Soñé con mi gato. Soñé
con mi hogar y con mi libertad.

Ma. Eugenia M.
45 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

23
Reparación final

La naturaleza ya no ilumina los amane -


ceres de la anciana. Una bellísima mujer
del ayer, que hoy recorre, en soledad, cada
rincón de Fray Marcos. Los libros y las te-
lenovelas, que pautaron su existencia, de-
jaron de cautivarla. Busca diariamente al-
guna razón para vivir. Cruza al cibercafé e
ingresa al chat, a dialogar siempre con la
misma persona, cuyo alias es Dios. Escribe
su saludo habitual pero no tuvo respues -
ta. Siguió esperando. Minutos después,
escucha una voz muy dulce, como celes -
tial. Retira la vista del monitor y estaba ahí,
enfrente, mirándola atentamente, porque
vino a salvarla de su rutina… para siempre.

Juanjo Soria
50 años - Gerente de RRHH
Fray Marcos - Florida

24
La sombra de la Muerte

Un dios se sentó sobre la vereda con una


expresión adusta asomando en sus ojos de
plata. Si veía un posible objetivo, alzaba el
dedo índice, lo señalaba, cerraba su mano,
y bruscamente movía su brazo; la víctima
caía fulminada. Apuntó a otro mortal que
paseaba en bicicleta, cerró el puño, movió
su brazo: fue alcanzado por un auto. El frío
era imponente, pero el dios no sentía la
temperatura en su piel. Borró otra vida más,
un solitario peatón. Él sonrió, satisfecho.
Desplegó sus alas negras y siguió deam -
bulando por la ciudad de Minas.

Sofía Baudean
17 años - Estudiante
Minas - Lavalleja

25
Se oye el tren

Se oye el tren, ¿será que va a llover? En el


club comienzan a pintar a los que primero
van llegando. Llegó el camión. Dudando,
empiezan a cargar. Todo irá según caigan
las gotas. El cielo se cerró, la ilusión- co
mienza a derrumbarse. El vapor del humo
y del alcohol, y la humedad, empañan
el espejo. Hay que despintarse la cara; la
tonelada que pesa ese momento. Un pe -
nal errado sin patear. La murga no salió y
los suspiros se acodan en la cantina. Por
Aguas Corrientes no pasa el tren. Pero
cuando se escucha a lo lejos, llueve.

Pablo Fernández Pierrotti


Trabajador - Músico
Aguas Corrientes - Canelones

26
El empleado

- Lo sé de memoria , hace treinta años tra-


bajo aquí, en el cementerio de Rocha.
- Llega el cortejo.
- Esperan a los autos más retrasados.
- Espero. - “Seis personas por favor”.
- Se sube el cajón al carrito que está en la
puerta.
- Espero. - “Cuando lo deseen …”
- Todos caminan en silencio.
- Se escucha alguna tos.
- Comentan algo en voz baja.
- “Cuidado el escalón…”
- Caminamos.
- Llegamos al nicho.
- Espero. - Un llanto ahogado.
- “Procedamos….”
- Entra el cajón.
- Se pone la tapa de mármol.
- Acomodan las coronas y los ramos.
- Espera.
- Llantos.
- Abrazos. Pablo Almandós
- Se dispersa la gente. Artista
- Se van.
Rocha
- Silencio.
- Espero.
- El muerto soy yo.

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Siempre juntos

Habían amanecido bailando abrazados.


Temprano caminaron por la playa dejan -
do huellas en la arena. En la canoa y proa a
la isla, Marcos miró el cielo y saboreó tan-
ta felicidad. Tenía 20 años y los proyectos
intactos. Adela tenía 22 y sonreía, siempre
sonreía. Era verano, mucho sol, río y ese
placer de estar juntos navegando. No ne-
cesitaban hablar, conocían sus sueños de
memoria, su casa sería en San Javier con
techo de dos aguas, su primer hijo se lla -
maría Bruno. El cielo ennegreció, las olas
rugieron, cien rayos brillaron. Después
todo calma…El río Uruguay susurra aver -
gonzado.

Ricardo Belbey
56 años - Albañil
San Javier - Río Negro

28
Tesoros

Temblaba, ¿qué estaba ocurriendo en


Mercedes?
Los ruidos del centro dejaban de ser
ruidos, el paseo de la rambla se volvía
una escuela. Donde había silencios se
oían verdades. Mercedes cambiaba, la
vida de Lara se volvía música. Su actitud
perfeccionista e insegura se rompía, como
su apuro interminable.
Se volvía amiga de niños, abuelos, vecinos,
de muchos en la calle. ‘’Intento ser yo
todos los días’’, le comentó Diana, y según
Virginia: ‘’Ver las cosas simples’’.
Amor, valor, talentos…
¡Tesoros!
Lara dejó de contabilizar inmuebles.
Decidió volverse mochilera en su propio
entorno.

Bettina Verde Rodríguez


36 años - Comunicadora
Mercedes - Soriano

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Las nubes

Salto, nació como otras tantas ciudades,


a la orilla de un río con saltos de agua.
Allí hay una casa en la ladera de un cerro.
Blanca como la nieve, resalta entre tanto
verde. Al cruzar el portón vuelves atrás en
el tiempo. Al recorrerla tienes la sensación
que tras cada puerta, en cada pasillo, te
encontrarás a Enrique, Esther e incluso a
Nicolás Guillén. Nunca estás solo en Las
Nubes. Cada objeto, cada pared, están
empapados de la esencia de quienes la
habitaron. Hoy, la habitan fantasmas crea -
dos por el recuerdo de todos los que allí
convergen.

Pablo Villaverde
Salto

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Mercedes

Manos juntas, dedos cruzados. Sonrisas li-


geras y mejillas sonrojadas.
Se respiraba un ambiente dulce, liviano.
Cada paso a su lado, parecía un paso más
a la felicidad.
La brisa abanicaba suavemente su oscura
cabellera, sus ojos miraban al frente. Su
belleza era extraña. No todos la podían ver.
Y así, sin decir nada y sintiéndolo todo, nos
alejamos poco a poco por las callecitas de
Mercedes.
Con el atardecer como testigo y el anaran -
jado sol de guía, caminamos rumbo al río,
y caminó nuestro amor.

Matilde Leyba
15 años - Estudiante
de Bachillerato Artístico
Mercedes - Soriano

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Nuestro encuentro

Aquel encuentro no era casual, lo había -


mos vivido ya en nuestros pensamientos.
Recuerdo que era una cálida mañana de
otoño, de esos días donde el sol empeza-
ba a teñir las hojas como si fuera una más
de sus obras de arte.
Al llegar miré sus ojos, un dejo de emo-
ción sentí en mi pecho y mi corazón latió
como nunca hasta ese momento.
Un beso en la mejilla selló nuestro- en
cuentro y juntos caminamos sin destino.
Las calles de Rivera fueron testigos de
nuestras primeras caricias.
Aquel encuentro no fue casual, pero de -
finitivamente ya lo habíamos vivido en
nuestros pensamientos.

Viviana Pérez
Periodista
Rivera

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Fray Marcos

Este es un pequeño pueblo ubicado al


este de Florida, separado de Canelones
por nuestro río Santa Lucía. En verano
compartimos sus playas y la sombra del
gran monte nativo con nuestros vecinos y
muchos acampantes que llegan de varios
puntos del país a descansar rodeados de
tanta naturaleza.
El viejo puente que tanto nos ha identifi-
cado, hoy compite jugueteando con dos
gigantes que han cambiado la tranqui-
la fisonomía por continuo movimiento y
hasta parece que sus aspas abrazan en
bienvenida a quien se queda y para que
no los olviden, al que va de paso.

Norma Hernández
76 años - Jubilada
Fray Marcos - Florida

33
Defendiendo mi alegría

Defender la alegría, qué importante esa


acción. Cuán dura es la realidad en el lu-
gar que me toca estar en este momento.
La defiendo disfrutando cada pequeño
detalle, como compartir el mate todas las
mañanas con mis dos compañeras, a las
que tengo la esperanza de poder llamar -
las “amigas” cuando salga. La defiendo tra-
tando de tomar decisiones correctas para
no perder la mayor de mis alegrías que
es poder ver a mi hijo, preso también en
este lugar, cada quince días. La defiendo
negándome a tener malos pensamientos.
La defiendo para no permitirme bajar los
brazos.

Maru
45 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

34
Alguien especial

Vivía en Dolores.
Se jubiló como Juez de Paz.
Su pasión era el ciclismo, se entrenaba,
corría.
Una vez me dijo: “A mí me hubiera gustado
ser poeta”.
Un día llegué a casa y pregunté:
- ¿Papá?
- Salió en bicicleta.
Pero desde ese día, nunca más el chirriar
de los frenos al llegar.
Bajarse ágilmente, pasarle la mano al tubo
mientras la rueda giraba, centelleando,
nunca más.
El apretado abrazo, presionarte los lóbulos
de las orejas, nunca más.
Como tampoco más, acercarte con fuerza
las frazadas en la espalda al desearte las
buenas noches.
Nunca más.
El de las apretadas despedidas, nunca
más. Emilia
Jubilada
Mercedes - Soriano

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36
Secuestro

De pronto se siente arrastrado y, cada


tanto, apretado. ¿Quién lo ataca? ¿Por
qué?
A empujones lo meten en un túnel oscuro
y asfixiante. Asoma mareado. Una luz le
lastima los ojos. Voces resuenan en sus
oídos. Lo golpean.
Sus nervios no soportan tanta tensión y
llora.
Llora desconsoladamente por lo perdido
y por el porvenir. Presiente que nunca
volverá a disfrutar de tanta paz como
hasta ahora.
Uno de los captores lo toma y lo envuelve:
- Felicitaciones. Un varón más en Fray
Marcos.
Al fin comprende: esto es la vida.
Y no sabe si reír o seguir llorando.

Carmen Rocca
Docente de Enseñanza
Secundaria
Fray Marcos - Florida

37
Llueve en Rivera

El gato se relame las gotas de la cola.


El perro ronca debajo de la mesa.
Los sapos se besan en los charcos.
Las ratas miran desde sus cuevas.
Los pájaros se acurrucan en las hojas.
El bebé duerme en el regazo del pecho.
La trabajadora sestea con el ruido de las
chapas.
El poeta secuestra la magia del aguacero.
El inundado aborrece el idilio del poeta.

Enrique da Rosa
39 años - Gestor cultural
Rivera

38
39
El esqueleto

Me levanté temprano y salí a caminar


por la playa Verde. Desde lejos divisé su
cuerpo oscuro tumbado de costado. “Es
impresionante la cantidad de gente que
viene a verlo”, gritó un hombre que aso -
maba tras unos médanos. Se refería a él.
Decían que había sido arrastrado por la
corriente. Estaba de paso. Un viento fuer-
te lo desamarró y lo hizo encallar. Obreros
montevideanos decidieron desarmarlo en
su lecho de olas, dejando un esqueleto
herrumbrado que apenas asomaba con la
bajante. Como siempre sucede, perdió el
interés de los curiosos y las arenas lo cu-
brieron de olvido.

Rubén Cortizo
Docente - Subdirector
Juan Lacaze - Colonia

40
El patio de mi niñez

En la cocina, hay un mitin familiar. Hay


vidrios empañados de ollas y de tres her -
manas que hierven dentro. Nadie entra.
Tampoco el abuelo. Vino Roma a Duraz -
no, está Elsa y mi abuela, Célica, de mesa
de luz de muchos libros, de cine club que
no entiendo.
A veces batiendo se hablan en simultáneo,
no “se pisan”… hablan a la vez. Apremia la
vida. Y si metemos la nariz, sin inmutarse
pasan a esa jeringonza:
- ¡haypamoporospo…!
Y siguen, desenfrenadas, metiéndose una
dentro de las vidas de las otras.
Al almorzar parecerán mujeres comunes.

Federico Franco
Padre de familia, dirigente
del Club Wanderers, docente
e Ingeniero Agrónomo.
Durazno

41
Pertenecer

Llevaba cinco años sin pisar Minas, pero


su casa seguía igual. La carretilla oxidada
daba un aspecto abandonado al patio la-
teral. Y ahí seguía la vieja bicicleta de su
padre, apoyada contra la pared. Gaspar, el
viejo gato de su madre, la miraba desde
los escalones con los ojos entrecerrados,
moviendo la cola, reprochando su ausen-
cia. Caminó hacia la puerta, en silencio,
cargando dos bolsos llenos de culpa, arre-
pentimiento, y excusas. Tocó timbre. -Al
guien abrió. Se encontró con los ojos de su
madre, llenos de alivio. Olvidó su discurso,
y entonces supo que realmente nunca se
había ido.

Tamara Silva
17 años - Estudiante de
Bachillerato biológico en
el Liceo de Aiguá
Minas - Lavalleja

42
Calles

Me pregunto si podemos hacerlo de otra


manera, no como las otras veces, Rivera
ya no es la misma, ni nosotros, ni las -cir
cunstancias. Era más fácil cuando mamá
tomaba las decisiones. En épocas de crisis,
ella nos vestía con blusones enormes y nos
calzaba las medias por encima del panta-
lón, nos espolvoreaba arena en el rostro y
nos agitaba el cabello para que pareciera
más encaracolado. Graciela a veces llora -
ba, pero yo la pujaba por el brazo y le de-
cía que era mamá quien mandaba. Cami-
nábamos tranquilos, Rivera era diferente y
la gente daba lo que nos faltaba.

Bruno Machado
25 años - Ingeniero
Rivera

43
En Aguas Corrientes

Le dije a mi tía, mientras tocaba el piano,


que me iba a la playa. Tomé la bicicleta y
recorrí el camino agreste, que forma una
“u”, y llegué cuando el sol quemaba la are-
na como si fuera un campo seco. Algunos
tomaban siestas como lagartos. Dos jóve-
nes chapoteaban en la lámina verde. Una
señora vigilaba a unos pequeños que -ju
gaban. Me zambullí al agua como un gran
nadador. Cansado detuve mis braceadas,
me hundí como un ancla. Pero me jalaron
de un brazo hasta la orilla. Quedé boca
arriba, mirando el límpido azul del cielo.

Daniel Da Rosa Fourcade


Poeta y wing derecho
Aguas Corrientes - Canelones

44
Orgullo

Miro sus ojos y sólo veo bondad. Miro su


boca y sólo veo alegria. Miro su ser y sólo
veo amor. Lo miro y solo me lleno de -or
gullo. Veo un hombre siempre justo, pero
también muy sencillo. Dice que se llama
Carlo, y que nació en una ciudad llamada
Mercedes junto a un río que lo llaman Río
Negro. En un barrio que le dicen Palo Alto.
Y yo pienso, qué hermoso río, que hermo-
so barrio. Qué hermosa, la ciudad de Mer-
cedes que me regaló este gran hombre
que hoy es mi esposo.

Natalie Vique
34 años - Empleada
Mercedes

45
Siempre yo

Papá me pidió que antes de salir cerrara


bien la puerta para que no entrara el gato.
El día estaba soleado en Minas, y el calor
que abrazaba el ambiente me incitó para
ir al arroyo, así que, apronté mi mochila,
tomé mi bicicleta y salí. Cuando volví a
casa el escenario hablaba por sí solo: papá,
el gato y las plantas de mamá por todas
partes. Apronté mis oídos para el gran dis-
curso, aunque podría jurar que había ce -
rrado la puerta. En eso apareció mamá y
dijo:- ¡Fui yo!, olvidé cerrar la ventana del
cuarto.

Macarena Jaume
25 años - Estudiante
de Psicología
Minas - Lavalleja

46
47
La niña olvidada

La niña tenía seis añitos, cabello castaño y


ojitos color caramelo. Vivía en Montevideo,
en una casa antigua de 17 habitaciones,
con su tía Isabel, la cual la criaba desde
los ocho meses. En la casa de 17 habitacio -
nes había muchos pensionistas. Todas las
tardes, la tía Isabel la bañaba, le daba su
merienda, la peinaba, le daba su muñeca,
la llevaba al zaguán y la dejaba sobre un
almohadón. Todos los días lo mismo. Un
día la niña estaba en el zaguán, llega una
señora, se para frente a ella y le pregunta:
“¿Sabés quién soy yo?”. La niña niega con la
cabeza, y la señora le dice: “Soy tu mamá”.
La niña quedó sorprendida, la mamá le
trajo regalitos y la besaba y abrazaba sin
parar. Luego la madre se despidió, lloran-
do. Sobre esta historia tengo mucho más
para contar, porque se trata de mi historia,
yo la viví.

Sandra F.
62 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

48
Hogar

Nació, se crió y vivió la mayor parte de su


vida en Yaguarón, quizás por eso era tan
alegre, tan sincera.
Las vueltas de la vida la condujeron a San
Carlos, donde la conocí, donde realmente
fue feliz. Hizo amigos, conoció el verdade-
ro amor, sin embargo la vida la maltrató.
Tuvo que partir varias veces, pero pudo re-
gresar al lugar que le robó el corazón, al
lugar que tanto amó, al lugar que quería
que fuera su último y verdadero hogar.
Tenía lupus y cáncer terminal, tenía ganas
de una luna más frente al mar.

Karen Pereira
San Carlos - Maldonado

49
Mi tío Lesmo

De los hornos de carbón a jardinero de la


Plaza Artigas, en Villa Santo Domingo So-
riano.
Sobre el cuadro de su bicicleta Phillips re-
corríamos kilómetros para llegar a su casa
de campo.
¡Cuánto amor irradiaba sobre mí!
Aquel hombre que hacía maravillas con
sus manos... bajábamos la loma, sentía -
mos aromas de los duraznos, las ciruelas, a
miel, pan casero... una magia extraordina-
ria, colores, aromas, sensaciones, formas,
sonidos...
Mi tío Lesmo me enseñó el amor por los
animales, la tierra... sacrificio, entrega, gra-
titud, amor por la vida.
Cuando puedo, me escapo al campo... ne-
cesito encontrarlo...

Irma Ruiz
Empleada
Soriano - Mercedes

50
Luces y sombras

Envejecieron juntos… ella ¡tan agraciada!


Amaban la tierra, él… aquel parral, ella
aquel jazmín legado de su madre.
Enero… ella cumplía ochenta y tres años,
viajamos para agasajarla… la mesa y el
mantel blanco, de pronto… tormenta y
nada… tristeza en sus ojos, luego… la cal -
ma. En mayo, el abuelo partió para siem -
pre, ella, se fue con nosotras, la vieja casa…
cerrada.
Enero… sus ochenta y cuatro, abrimos
puertas y ventanas… llegó, acariciando
cada recuerdo, ¡aquel parral!... la mesa y
el mantel, y ahí, vestido de blanco, victo -
rioso… su jazmín, sonrió, brillaron sus ojos,
volvía a la vida… A la mañana siguiente… se
durmió para siempre...

Sonia Marticorena
57 años - Ama de casa
Agraciada - Soriano

51
Salto

Los recuerdos más felices de mi infancia


son los viajes que hacíamos con mi fami -
lia a Artigas, Bella Unión, Rivera, Concordia
y a algunos otros lugares de la zona. Mis
padres compraban mercaderías de- to
dos esos lugares y hacíamos feria en Sal -
to. Íbamos y veníamos en el día, salíamos
de madrugada, antes del amanecer. Re -
cuerdo cuando salía el sol en el horizonte,
tomábamos mate, yo era el que cebaba.
Conversábamos. Este es unos de los- re
cuerdos más felices de mi infancia junto
con mi familia.

Gabriel S.
36 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

52
La puerta a otro lugar

El día que llegué a Salto con mis amigos,


comenzamos a observar cómo era el -lu
gar y encontramos una casa abandonada,
que nos pareció interesante.
Al otro día entramos en ella. Todo iba bien,
hasta que comenzó a hacerse de noche.
Empezamos a buscar la salida, pero no
la pudimos encontrar. Tuvimos que -pa
sar toda la noche allí sin poder salir, hasta
que en la mañana encontramos una luz
que nos llevaba a la puerta. Al abrirla, ya
nada estaba como antes en ese lugar, y al
darnos vuelta tampoco la casa se encon -
traba allí.

Macarena Pedrozo
Salto

53
Despedida en Buenos Aires

Se despidieron en la esquina y ella quiso


gritar que no quería volver a Mercedes.
¿Qué habría pasado sin esa despedida?
Habrían seguido caminando, como si los
cuerpos no dolieran de la noche anterior.
Él la habría acompañado a La Boca y ella
habría seguido mirándolo, tratando de
aprendérselo de memoria. Habrían pasa-
do mucho sin hablar, demostrando que
no siempre hay que llenar el silencio para
estar con el otro. Él no sé, pero ella habría
querido besarlo en cada semáforo. Se des -
pidieron en la esquina y ella quiso gritar
que no quería volver a Mercedes. Pero sólo
dijo: “chau”.

Victoria Soumastre
30 años - Docente de inglés
Mercedes - Soriano

54
55
Menguante

En “La Bella” 1 el show comenzaba a las 11:30.


La luna aún no había encontrado el cami-
no del cielo. Como tantas noches, Oscar
se aprontaba para el recital: camisa lim -
pia, su jean desgastado por el tiempo y
la moda, deportivos blancos con ribetes
azules, sombrero y tiradores. El camino
que separa su casa del local bailable es
de apenas once cuadras. Sin embargo,
los amigos de la banda lo esperan…espe -
raban; ya eran las 12 y 10 y Oscar sin apare -
cer…tiempo…tensión…especulaciones…La
luna ya estaba subiendo al cielo, un color
rojizo, intenso. ¡Y llegó la noticia! La luna
había matado a Oscar ¡con una piedra en
la sien!

1
A Santa Lucía la llaman “La Bella”, también así se Nelson Bruno Castillo Díaz
llama un local bailable. Actor, director y docente
de Teatro
Aguas Corrientes - Canelones

56
Mercedes

Cómo acercarme a vos.


Juro que trato pero cada acción de mí ha-
cia vos parece alejarte.
Cómo deshacerme de algo que no tengo.
Y veo tu cuerpo y dentro de mí nace un
impulso de tomar tu rostro y posar mis la-
bios junto a los tuyos.
Creo que la única forma de tenerte es en
mis sueños. Sueños que no cesan ser más
que sueños.

Yessica Larrama Gilardoni


19 años - Estudiante
de Bachillerato
Mercedes - Soriano

57
Don Amado

Era un personaje conocido por sus histo -


rias. Contaba que había nacido en el Hos-
pital de Batlle y Ordóñez. Vivía en campa-
ña, en las tardecitas lo rodeaban jóvenes
para amarguear junto al fogón. Pasaron
casi treinta años de mi adolescencia, mi
mente lo imaginaba y mi corazón se ace-
leraba, lo vi, estaba ahí, con sus cabellos
color plata y su rostro marcado por los
años, pero entero como el roble. Allí -se
guía inconfundible amado, como su nom -
bre. ¡Qué dicha! Me miro y nos fundimos
en un abrazo. ¡Me había reconocido! Sentí
alegría y nostalgia a la vez. Todo cambia,
pero allí todo seguía igual.

Stella Ximeno Méndez


Modista y ama de casa
Nico Pérez - Florida

58
Don José María

José María era un septuagenario que vivía


en Nico Pérez. Lo hacía solo en un peque-
ño apartamento “emprestado”, según su
decir.
Trabajó desde “muy gurí” en el campo
haciendo tareas diversas. Primero, en su
juventud fue de “benteveo” en una cua -
drilla esquiladora; luego logró hacerse del
puesto de “casero” en una estancia de los
alrededores.
Al final de sus años, llenaba sus horas dia-
rias dando un recorrido por las calles del
pueblo, escuchando música en la radio o
escribiendo cartas de amor a una destina -
taria imaginaria. Decía que era una buena
terapia para llenar su soledad.

Ana María Rivero


58 años
Nico Pérez - Florida

59
El primer amor

Después de atravesar la etapa escolar, lle-


na de buenos momentos, en mi pueblo,
Nico Pérez, llega un nuevo desafío: madu-
rar y comenzar una nueva fase en la vida,
el nivel secundario.
La adolescencia es una etapa complica -
da donde se viven muchos cambios y co-
menzamos a conocer gente nueva entre
profesores y compañeros que vienen de
otros centros escolares.
La novedad de ver gente nueva hace bro-
tar en algunos adolescentes un sentimien -
to confuso que se le puede llamar amor.
Pero el amor a primera vista del primer
año, es inminente.
Es por eso que a algunas chicas, a pesar
del tiempo transcurrido, se les hace muy
difícil olvidarlo.

Silvina González Caldas


28 años
Nico Pérez - Florida

60
Esloquehay

¿Me querés decir quién te mandó esperar-


lo tanto? Clarooo ella quería pasarla bien
y estar con él que para variar no apareció
total él no vive en el orto del mundo no
tuvo que esperar el 709 Salinas en una
parada helada ni bajarse en una boca de
lobo apurando el paso no sea que aparez-
ca un motochorro y abrir la puerta con un
frío de la putaqueloparió y recién enton-
ces histérica de mierda recién entonces
te diste cuenta que hace dos horas que
recibiste su mensaje avisando que estaba
demorado e invitándote a su casa…

Paola Gericke
Publicista y tallerista
Salinas - Canelones

61
Por no estar

Recuerdo un sueño extraño, íntimo, for


export. Íbamos en un carruaje. Philip
Seymour Hoffman quería mostrarme
Hollywood, nos sentíamos embelesados.
No sé bien cómo pasó, de pronto estába-
mos riéndonos sobre la cama de un hotel
berreta y totalmente desnudos. Rememo -
rábamos nuestros comienzos en el mun -
do del arte; habíamos sido encumbrados
exponentes del porno. Ahora nos reen -
contrábamos veteranos y cansados.
Justo cuando acerqué mi cabeza a su sexo
colorado y mórbido, desperté sofocada en
mi cama de Salinas.
Sacudí a Héctor que dormía a mi lado y no
paré de hablar hasta contarle cada detalle
que ya ni recuerdo y él tampoco.

Paula Mogliani
Bioconstructora. Narradora oral.
Escritora
Salinas - Canelones

62
63
La salida

Estoy perdido. Tengo que encontrar la sa-


lida y volver a Rocha.
Sé que debo bajar una escalera. El lugar
es lúgubre. Al llegar al final encuentro
una puerta cerrada. Un hombre me dice
que me equivoqué. “Esta es la no salida”,
sentencia. Empiezo a subir. Sé que estoy
soñando, me ha pasado antes. Sin miedo
decido saltar de espaldas. Sé que no me
va a pasar nada, estoy soñando.
No quiero sentir dolor. Decido despertar-
me, como otras veces. Hago fuerza y me
sale un aullido. Me despierta mi propio
grito. Estoy en mi cama. Estela me dice:
“Despertate, tienes otra pesadilla”.

Juanjo Pereyra
Periodista
Rocha

64
Amasijo de carne y huesos

Sentados en el punto más alto de la ciu -


dad de Rivera, en una noche ideal para
observar estrellas, estaban los dos, entre
humo y risa, fumando entre tanto y tanto,
bebiendo un vino barato.
Ella creía conocerlo de una vida entera,
amaba su diferente filosofía de vida, le en-
tregó el alma a quien sólo buscaba la piel.
Él no la quería, mirada perversa, sólo bus-
caba una aventura, un mentiroso, destruc -
tor de almas puras. Actuó tan bien su pa-
pel que ella terminó creyendo, lo hizo tan
bien que ella terminó siendo un amasijo
de carne y huesos, y nada más.

Jimena dos Santos


18 años - Estudiante
Rivera

65
La vida y la muerte

Caía el sol en una tardecita de febrero.


Regresaba del cementerio Durazno de
despedir a un ser muy querido.
Con ese dolor que quema, miré las plan-
tas que estaban como yo, mustias sobre
la tierra aún caliente y sin fuerzas para le-
vantarse.
Comencé a regarlas con una lluvia fina. Un
picaflor irrumpió dentro de esa tenue llo-
vizna y me volvió a la realidad. Estuvo allí
suspendido... disfrutando.
Dice una leyenda que cuando eso suce -
de es porque las almas de nuestros seres
queridos están en paz.
Varios picaflores visitan mi jardín.

María Élida Argüello


Jubilada
Durazno

66
La Villa

Querida amiga: Me mudé. Acá todos nos


conocemos, la vecindad es la de la gente
del interior, si viajo alimentan al perro y
riegan mis plantas. En la Villa no se usan
rejas, dejo la ropa tendida, la bici afuera
y mis hijos juegan hasta tarde en la plaza
en las noches de verano. Hay deportistas y
artistas, podés hacer murga, cantar rock,
patinar, hacer zumba, fútbol, remar en el
Santa Lucía, aprender guitarra, escultura o
corte, salir en una película o actuar, jugar
al bingo y mucho más. Venite a comer un
asadito, a disfrutar del atardecer en la pla-
ya o a pescar en mi Aguas Corrientes.

Verónica Godoy
Docente de Expresión
artística escolar
Aguas Corrientes - Canelones

67
Encuentro

“Nos vemos en 15” -alcancé a leer, en el


momento en que trepaba el último tramo
del repecho de la Avenida Salto. En esa es -
quina me detuve para intentar capturar la
imagen del río Uruguay desde ese punto
de la ciudad de Paysandú, y luego seguí
pedaleando.
Entre la emoción de volver a encontrarme
con ella, el río, la velocidad de la bicicleta
en la pendiente, y el perro que se cruzó en
el camino, terminé lanzado sobre la vere-
da y perdiendo el conocimiento.
Mientras me subían a la ambulancia sonó
el nuevo mensaje de Lucía: “Me cansé de
esperarte”.

Leonardo Scampini
Periodista
Paysandú

68
Trueque

Volvió en carro de Castillos, con el surti -


do: harina, grasa, arroz y el barril de yerba
mate. La falta de un par de ovejas había
hecho escasa la lana ese año, así que -ha
bía metido dentro del atado de vellón una
gran piedra para completar los kilos que
faltaban. El vasco Rubio no se enteró y le
terminó dando el surtido con una sonrisa
y todo. Llegó, descargó, aprontó el asiento
mientras calentaba agua pa´l mate. Cuan-
do abrió el barril, sintió la carcajada del vas -
co. La misma gran piedra desde adentro lo
saludaba.

Ignacio Álvarez
37 años - Artista
Castillos - Rocha

69
Mi lugar

¿Me preguntan qué me gusta más de los


viajes? No se asombren: lo que más me
gusta es el regreso.
¡Montevideo maravillosamente mágica!
Otras ciudades ¡preciosas!
Pero nada se compara con la alegría que
siento mientras viajo regresando, a ratos
duermo. Siempre me despierta el traca -
trán del puente.
Pienso: “Ya estoy cerquita”. Pocas paradas
más, bajo en la Escuela, camino media
cuadrita, busco la llave, entro, tiro la carte-
ra, corro al baño...
¡Qué felicidad: estoy en casa!
Grita el guarda:
- Casupáaa.
- ¿Qué dijo? Señor, se equivocó. Bajo en
Fray Marcos, es mi pueblo.
- Señora, se durmió. Se pasó catorce kiló -
metros.

Muñeca Martínez
72 años - Jubilada
Fray Marcos - Florida

70
El atardecer de Eduardo

La escalinata desciende hacia la arena.


Más allá, el río y el horizonte. Eduardo
contempla absorto el majestuoso atarde-
cer. Murmura: «Paysandú». Entonces todo
vuelve a él. Los recuerdos, los olores. Sien-
te que ella le toma la mano y su mente
termina de escampar. La mira, pero más
que verla, la redescubre. Experimenta una
vez más ese amor incondicional y desea
que ese efímero momento no se apague
nunca. Se le anuda la garganta, se esfuer-
za para contener las lágrimas. Ella le son-
rie y le dice: “Vamos, abuelo. Ya es hora de
volver al asilo”.

Mario Pons
Informático - Programador
Paysandú

71
Otra oportunidad

Vivir la vida desde la monótona cotidia -


neidad le daba a Pedro pocas motivacio-
nes, le costaba encontrarle sentido. Se le-
vantaba pensando en que ese día iba a ser
igual que ayer. Solía prepararse un mate,
sentarse frente a su ventana con la mirada
perdida buscando algo que ni él mismo
sabía qué era. Un grito inesperado lo trajo
en tiempo y espacio; vio a su vecina que
pedía ayuda, sin pensarlo se incorporó de
un salto y fue en su auxilio. Ese día fue di-
ferente; sonrió con el mensaje “Preséntate
a trabajar a las 8 en el Agua Salto”.

Cecilia Casola
Salto

72
73
Salinas

Me pregunto si en la profundidad sin


tiempo en la que todos nos sumergiremos
perdurarán nuestras palabras. ¿Es posible
que nuestros actos se desvanezcan pero
nuestras palabras sigan etéreas alimen-
tando los pensamientos y sentimientos de
quienes aún están vivos?
Mis pensamientos vuelven a Alma, hoy
cumple ochenta años y yo no estoy invita-
da. Recorro mi interior en busca de algún
recuerdo feliz, no logro alejar de mí el des -
concierto amargo de la pérdida, porque
perder a Alma no es perder a una vecina
es develar el misterio de una familia que, a
ciegas, supe amar.

Analía Budelli
Salinas - Canelones

74
El heredero de Canelones

Era como un sueño tener un tío lejano que


le deje una fortuna.
Desde Estados Unidos y por Facebook avi-
saron al Sr. Juan González, que un tío le
había dejado ocho millones de dólares.
Para cobrarlos, debía enviar su pasaporte,
quinientos dólares para gastos y tener una
cuenta bancaria.
El Sr. González vino al BROU de Canelones
a abrir la cuenta. Ya había enviado el -di
nero inicial y tramitado el pasaporte, pero
grande fue su desilusión cuando se enteró
que era una estafa de la mafia nigeriana.
Tal vez una forma de venganza hacia el
hombre blanco, por tantos siglos de escla -
vitud.

Mónica Lombardi
Contadora pública
Los Cerrillos - Canelones

75
Luces y sombras

Día muy esperado, por amigos y familia -


res. Indescriptible alegría al escuchar su
sonoro llanto. Mamá que con 39 años ve
cumplido sus sueños. Papá ausente.
Desde el primer instante, esos ojitos que
se abren al mundo prometen a Elena un
cielo infinito. Pasan los días, meses y ese
solcito no sabe del rostro materno.
Siente sus caricias, de su gran corazón es-
cucha los latidos. En su mundo de som -
bras nace y crece en Fray Marcos con in-
menso amor.
Pasan los años, las calles son testigo: Ele
-
na en su silla de ruedas cantando, su hijo
trasladándola.
Luz y Sombras amor compartido.

Stella Tucuna
Jubilada
Fray Marcos - Florida

76
Ratones

Llegó a clase un chico adolescente.


No era de Juan Lacaze.
Al recreo, siempre solo junto al corralón.
Nunca traía merienda.
Un recreo me acerqué y le ofrecí un peda-
zo de pastel. Lo tomó parcamente.
Al otro día le di una tangerina, al otro, una
torta frita, al otro, pizza, rosca,
bizcocho…
¡Un día mi amigo trajo merienda!
Comía algo que parecía ratones.
Le pregunté por aquello.
- Boniato asau –respondió.
Le pedí un cachito para probarlo.
- No –replicó –vos nunca me diste boniato
asau.
“Tiene razón”, me dije, y confundido fui a
mirar un globo terráqueo dibujado en el
patio.

David Mackiewicz
Maestro jubilado
Juan Lacaze - Colonia

77
Don Serkis

Era un viejo solitario. Sus únicos motivos


de alegría eran las cartas que le llegaban
de otro continente. Me las mostraba. Es -
taban escritas en un extraño idioma, -di
ferente al que hablábamos aquí y al que
perfeccionaba en mi Escuela. Yo no -en
tendía porque lloraba cuando las leía. Don
Serkis, mi vecino de la niñez, me regaló mi
primer gato y mi primera bicicleta. Era un
emigrante sirio-libanés, asentado en Nico
Pérez, allá por 1960, cuando los trenes po-
blaban la Estación de sonidos, movimien-
to, trasiego de mercaderías, personas y
sueños.

Silvia Etchandía
Asistente social
Nico Pérez - Florida

78
¡Fue un viaje!

Ella estaba ahí a mi costado. Yo había ele-


gido la ventanilla pero prefería mirarla a
ella, era mejor paisaje. Se movió, y al dar
-
se vuelta cruzamos miradas, fue ahí que
le dije, “¿a qué sabe tu boca?”. “¿Perdón?”,
respondió; “¿tu boca…?”, dije. Riéndose me
dice: “¡andá a besar a Gardel!”. “¿Si beso a
Gardel, tengo chances de besarte?”, dije.
Sonrojada, preguntó desafiante: “¿Cómo
lo harías?”. “Viajó al pasado”, respondí.
“Bueno, está bien, tienes mi palabra”, con-
testo. No sospecho qué le dijera, volví, y
la besé, momento en que el guarda grita
“¡Durazno!”. Confundida, me miró profun-
do y dijo, “acá me bajo”.

Matías Almada
25 años - Estudiante de Filosofía
Durazno

79
Otra mirada

Son las tropas de Basilio. Juan las distin -


gue en las cercanías del pueblo y corre
como relámpago: ¡invaden el pueblo! Pue -
de sentirse el alboroto en el aire mañanero
del tranquilo Nico Pérez. El 3 de Noviem-
bre de 1910 será un día que no olvidará. “¡A
demostrar coraje!”, grita el Comandante
Pollero mientras carga al hombro el gas -
tado Máuser y acomoda el pañuelo colo -
rado en su cuello. El entrevero se produce.
El aire limpio se tiñe de humo y el silencio
se llena de ensordecedores estampidos.
Fatal malentendido que desató un com-
bate: ¡iban de paso! Muchos murieron sin
saber.

Cristina Campelo
Docente de Enseñanza
Secundaria
Nico Pérez - Florida

80
Lo que el viento nos dejó

Era una tarde de clima extraño en el Cam -


pamento Parque del Plata. Violeta y sus
amigos esperaban pintando en sus caba-
ñas ansiosos para salir. De repente se cu -
bre el cielo con nubes de colores intensos;
una de ellas comienza a soplar, otra nube
le contesta más fuerte, y otra, y otra. El cie -
lo de colores había desatado una fuerte
tormenta. Recién, cuando irrumpe la llu-
via, las nubes se calman y amanece al fin.
Violeta y los niños salen de las cabañas y
no pueden creer lo que ven; su arte apare -
ce en las paredes.

Laura Ramos Ackermann


33 años - Educadora social
Parque del Plata - Canelones

81
Épocas de crisis

Les tocó en suerte una época extraña.


Rivera, la crisis, las inundaciones. Me ani -
quiló verlos esperando afuera por tres
vacantes en la empresa. Eran miles. Se
amontonaron cuando abrí la oficina. Hay
que darle algo caliente por el frío, pensé.
Uno de ellos explotó, “¡y el encargado!’’. No
contesté. Serví vasitos con café. Corté el
pan que me había llevado en trozos y se
los di... no alcanzó.
Horas y nada. Protestaron. Me pongo ner-
viosa, cierro los ojos. Friamente pido que
regresen mañana.
Me mataron con la mirada e irónicamente
dijeron a coro: “¡tanta bondad!”, toda bruja
tiene su escoba, y se fueron.
Suspiré aliviada...

Marly Profumo
Actriz. Directora teatral
Rivera

82
La cita

Fray Marcos, setiembre, día lluvioso.


Sale a la calle, la ansiedad invade su alma,
cree escucharla, no puede verla.
El peso, el calor, una mano que aprieta.
Detrás de una fuerte luz, se vislumbra un
rostro. Corre, del otro lado ella espera,
serena. Se abrazan, lloran, ríen, celebran.
La luz se apaga, el brillo escapa, una
brisa fría entra. Una niña alegremente la
despierta.
Confundida busca explicaciones, pero es
tarde, se durmió, la vida espera.
Corre las cortinas, ve el sol, allí está ella.
¡Hermana, mi ángel, hoy tengo una cita
contigo, con mi vida, con el afuera...

Gabriela Ferreyra
Maestra
Fray Marcos - Florida

83
Paseo nocturno

A las tres de la madrugada Martín se -le


vantó. Abrió la puerta de su habitación,
pasó por la recepción vacía y salió. Cruzó
la calle y circunvaló la plaza, sin prestar
atención a los emblemáticos edificios que
la rodeaban: la Jefatura de Policía, el Ban-
co República, el Juzgado de Paz, el Club
Minas.
Regresó al hotel, se dirigió a su habitación
y se acostó nuevamente. La recepcionista,
perpleja, no entendía por qué aquel hom-
bre a quien ella misma había ingresado
como huésped dos horas antes, acababa
de entrar, descalzo y en pijama, desde la
calle. No sabía que Martín era sonámbulo.

Mariela Fernández de Risso


Ama de casa
Minas - Lavalleja

84
Mi barrio

Yo siempre quise vivir en otro barrio. Des-


pués de grande me fui adaptando. Allí co-
nocí al padre de mi hijo; tener a mi hijo fue
lo más lindo que me pasó. Después, por
dos años, viví rodeada de delincuentes,
traficantes y asesinos. Yo sabía lo que era
eso porque ya había estado privada de mi
libertad dos veces siendo menor. Viví así
cinco años, hasta que tomé la decisión de
separarme y me fui del barrio. Ahora que
pasaron varios años, cuando salga de este
lugar, voy a volver a mi barrio porque allí
viven mi familia y mis hijos.

Ana B.
26 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

85
¿Libertad?

Aterrada, confundida, ansiosa… No podía


estar de otra forma ante los minutos que
la separaban de cambiar su vida.
Camila nunca había vivido fuera de Pay -
sandú y menos lejos de su familia. Intentó
desdramatizar el asunto pensando que no
era la única que se iba a estudiar a Monte -
video. Incluso la terminal, en ese momen-
to, estaba repleta de otros jóvenes segu -
ramente atravesando la misma angustia
que ella.
Se despidió de todos entre lágrimas y su-
bió al ómnibus; sin embargo, durante el
camino se le dibujó una semisonrisa y sólo
una pregunta invadió su mente: ¿qué será
la libertad?

Carolina Neighbour
28 años - Empleada
Paysandú

86
Miradas

Se cruzaron las miradas.


Los ojos celestes de él miraron fijamente
los de ella, esperando.
A la derecha estaba, además, justo el ma-
rido… ¡Si la conocería!
A su izquierda, ese veterano tenía sus años,
pero era de cuidado, porque “el zorro pier -
de el pelo pero no las mañas”.
Encima, en La Coronilla, aquí en Rocha,
¡estaban acostumbrados! esto era mone -
da corriente.
Bueno… “para atrás, sólo para tomar -im
pulso” (se dijo).
Volvieron a mirarse.
Él trataba de adivinar qué pensaba el ma-
rido y el otro, cuando le dicen: “¡Vas tú che!”
- ¡Truco!
- Re truco…
- ¡Quiero!

Jacqueline Silvera Viera


Comunicadora. Gestora cultural
La Coronilla - Rocha

87
88
Expectativa

Esta mañana me enteré de tu regreso.


Presurosa elegí mi vestido azul, tu preferi-
do, y corrí hacia la estación del ferrocarril.
Me ubiqué frente al cartel donde se leía
Fray Marcos. A las doce sonó la vieja cam-
pana y en el andén apareciste risueño.
Pero mis ojos no hallaron tu mirada. Pron-
to te perdías entre abrazos y aplausos. Mi
corazón estalló en luto. Las lágrimas -cu
brieron mi rostro.
Regresé y en el portal de mi casa había
una rosa. Abrí la puerta y estabas allí, en
tu silla predilecta, con los brazos abiertos,
esperándome.

Myriam Maqueira
Jubilada
Fray Marcos - Florida

89
Efímero

Algunos decían que era un lugar árido, de -


sierto. Pero en sus ojos yo encontré vida, y
lo que necesitaba para vivirla estaba allí,
en la selva de aquel verde de sus ojos.
Las estrellas bañaban las noches en Salto,
parecían brillar mas sólo por entender la
conexión inefable que entre ambos había.
Solía contemplar su canto.
Pero llegó el día en que este perdió la ar-
monía, se apagaba como las últimas lla -
mas de un farol. Con él se fue mi selva, el
perfecto paraíso que me compartía. Aho-
ra noto su voz lejana, mientras canta para
alegrar a alguien más.

Rocío Oyhanarte
Salto

90
Aromas nocturnos

Mis caminatas nocturnas por Canelones


despejan mi mente y provocan los jugos
gástricos más alborotados de un aparato
digestivo.
Emprendo mi marcha al caer el sol, una
brisa acaricia mi nariz; recuerdo: el olfato
es un sentido aprendiz.
Hogares comienzan a destilar aromas,
brisas de milanesas, el blando céfiro de
un puchero, el suave viento de la carne al
horno con verduras que atraviesa la aveni-
da, verdadero despropósito gastronómico
invade mi imaginación.
Estómago y mente a punto de estallar con
tal aperitivo.
Llego a casa exhausto, abro la heladera y
un gran resplandor blanco me vuelve a la
triste realidad.

Oscar Correa
Jubilado
Canelones

91
El hombre sin miedo

Siempre se consideró osado, transgresor.


Siempre cargó con cierta tristeza y melan -
colía. Vivió un poco distanciado de las co-
sas y de las personas. Despreocupado de
los límites y de los peligros. Ninguna ame-
naza lo hizo retroceder, ni persona alguna
logró atemorizarlo. Aquel hombre nunca
sintió temor.
Hasta un 8 de mayo, pasada la mediano -
che, en que un grito, lo cambió para siem -
pre. A partir de esa noche, pasó a consi -
derarse el más cobarde y vulnerable de
todos los hombres.
En la ciudad de Rocha, nació Joaquín, su
hijo. Y todo cambió.

Fernando Altez
37 años - Murguista
Rocha

92
Hijo

Te fuiste un mes de enero y desde enton-


ces todo se ha transformado en ausencia.
Me pregunto qué hacer con tanto amor,
tantas caricias y tantas palabras que ya
nunca van a ser dichas. Ya no encuentro
consuelo en las cosas de la vida. Sólo me
aferro a tu recuerdo con desesperación,
porque cuando ya nadie se acuerde, será
como si nunca hubieras existido. Te amo
hijo y, cada noche, en cualquier lugar que
me encuentre, me parece escuchar tu voz
diciendo “mamá”, una palabra que, si la
pudiera escuchar otra vez, volvería a ser
feliz.

Gabriela Z.
40 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

93
Añorada Salinas

Cuando compramos la casa en Salinas,


se nos comentó: “Acá se le llama Salinas
Vieja”, persisten los antiguos chalets, hay
vecinos de antaño y se conservan las calles
pavimentadas, privilegio para pocos.
Tenemos una huerta orgánica, y Oldie es
nuestro perro.
Cocinar con fuego, beber un buen vino,
ocupa mi tiempo y templa proyectos.
Mi matrimonio anhela sostener la calidez,
ahora estamos construyendo un horno de
barro y ladrillo.
Vivir cerca de la playa, reafirma que no
quiero irme más.
Tendremos un rincón con sabores caseros,
tropical y con aroma de mar. Tal cual, en-
vejeceremos en un lugar privilegiado.

Sandra Mérida
47 años
Salinas - Canelones

94
Ella

Una tarde decidí llevarla al muelle. Nos


quedamos charlando durante horas hasta
que, mientras mirábamos el mismo atar-
decer, le propuse ser mi esposa. Estuvi -
mos juntos veinticuatro años. No tuvimos
hijos, nunca se dio la oportundad. A pesar
de ello me hizo experimentar la felicidad
más pura. A ella le encantaba recorrer el
parque en bicicleta y yo adoraba verla
sonreír. Hoy, sólo recuerdos gastados que -
dan de aquella bella mujer esbelta como
el caminar pausado de un gato sobre el
tejado. Todavía puedo recordar el sabor
de su sonrisa contra mis labios cuando la
besé por primera vez.

Catalina Gasagoite Pacheco


17 años - Estudiante
Minas - Lavalleja

95
Canelones

El vocablo nació a la raíz de un árbol de


madera noble y sombra generosa.
Es departamento y ciudad; es historia y
futuro. Es un regalo de la orografía donde
el Santa Lucía, el Solís Grande y El Plata
lo rodean mientras la última estribación
de la Cuchilla Grande se enseñorea en el
entorno.
Canelones es viña, bodega, granja, tambo
y playa. Es la puerta de entrada y salida al
cielo que une al país con el mundo.
Como a buen entendedor una sola pala -
bra basta, Canelones es: Canelones.

Víctor Deangelo
62 años - Empleado
Canelones

96
Reloj de plata en Paysandú

Vaya si recuerdo la costumbre de morir y


la costumbre de vivir. Mandacarú degolla-
ba y era prolijo en su trabajo de verdugo,
eficiente como temido por sus jefes, él no
está en la lista, dice y rechaza, no degüella
a mi abuelo. Quizás sea el único en su es-
pecie, sabe leer y escribir.
La Orden Debida es la orden, dice, y se nie -
ga al trabajo de degollar fuera de la orden
escrita.
Ni bien zafa del cuchillo, mi abuelo graba
el reloj de bolsillo, a punta de puñal escri-
be: Violeta. Abuela Violeta regala a mi ma -
dre este mismoreloj suizo.

Jorge Jesús
69 años - Constructor
Paysandú

97
Así es Artigas

Ciudad de Artigas la más Norteña


La impulsora del carnaval
Hoy tu poeta viene a cantarte
Ciudad hermosa, cumbre oriental.
De tus entrañas y al mundo entero
Hermosas piedras allí estarán
Ágatas, cuarzos y amatistas
Semipreciosas brillarán.
Y aquel turista que hoy te visita
Paz y alegría encontrará
Con diversiones y batucadas
Murgas que alegran el carnaval.
De plaza Batlle a plaza Artigas
Escuelas de samba desfilarán
Con sus destaques y hermosos carros
Fuertes aplausos recibirán.
Se le ofrece al visitante
chacras turísticas bien equipadas
Para acampar con la familia
la majestuosa Piedra Pintada.
Supermercados, grandes Free Shops
Plazas y parques, clubes sociales
Para el deporte hermoso estadio Demetrio Martínez Lima
Es el coloso Matías González. 72 años - Trabajador rural,
Buenos hoteles y restaurantes guitarrista, cantautor y poeta
Con aeropuerto y terminal
Artigas
Por Lecueder su Intendencia
Así es mi Artigas, Cumbre Oriental.

98
Perulo

Juan es albañil y vive en José Batlle y Or-


dóñez. Cuenta que un día estaba constru-
yendo un panteón, ayudado por un peón
de muy mal humor llamado Perulo.
En un momento dado, a Juan le faltaban
materiales y le dice a Perulo: “Agarrá la bi-
cicleta y andá a la barraca a traer lo que
falta”. Pasan las horas y Perulo no viene.
Juan, impaciente, se asoma a la portada y
lo ve venir caminando, con la bici al costa-
do. Pregunta: “¿Qué pasó? ¿Pinchaste? El
peón contesta de mal humor: “¡No!” ¿En -
tonces por qué demoraste tanto? Usted
me dijo que agarrara la bicicleta, la llevé,
¡pero no sé andar!

Yessi Miguel
59 años - Funcionaria municipal
Batlle y Ordóñez - Lavalleja

99
Pequeño ensayo del terror

La señora lo mandó ha lugar, alegando


que el mayor nivel que podría alcanzar,
sería el propio nivel al que educaba. Lo se-
ñaló y lo pisoteó. Y de una y mil maneras,
también nos señaló y pisoteó a todos.
Pero, cuando la sangre enfría, por más
duro que sea me cuestiono si en la voz de
esa persona, de algún modo están ocultas
todas las voces de la gente. La pregunta
es: ¿En qué momento nos eludimos y de-
jamos de ser? A tal punto de dejar de ser
para la propia autoridad nacional que nos
representa.

Carola Silva Cardona


Melo - Cerro Largo

100
Catarsis

Mónica despertó brusca y dolorosamente,


repitiendo con atroz angustia:
- ¡Brisa murió! - El inicio del veraneo esfumó
el recuerdo.
Sol, playa, reencuentro con Brisa. Un día
paseando por la arena, ella dijo:
- ¡Mamá, la noche antes de venirme, tuve
terrible pesadilla!
- Estaba nadando, no podía emerger a su-
perficie, luché, luché pero, ¡me moría aho-
gada!
Conmovida Mónica ante sus bellos ojos
verdes cuajados en lágrimas, recordó de
pronto su propio sueño.
- Lo sé, ¡soñé lo mismo! - Mutuamente sur-
gió consolador, apretado y tierno abrazo…
Ya retornando Brisa hacia Montevideo y
Mónica a Batlle y Ordóñez, comprendie -
ron simultáneamente, ¡que habían hecho
catarsis!

Marycarmen Correa
66 años
Batlle y Ordóñez - Florida

101
Carrera

Se había decidido organizar la ansiada


carrera de bicicletas. Como era de espe -
rarse, todos los niños quisieron participar.
Entre ellos uno, el más pequeño de todos.
Aún con ruedas de entrenamiento en su
diminuta bicicleta y con un gato en el ca-
nasto, decidió ocupar un lugar en la línea
de largada. A pesar de que los demás ni -
ños, fácilmente, lo doblaban en altura. Y
al final, todos se asombraron por la gran
hazaña del pequeño, que pese a llegar en
el último puesto, levantó un trofeo. Pocos
sabían que él había sido el único de su ca-
tegoría en participar.

Noelia Evaní Lescano Gutiérrez


18 años - Estudiante
Minas - Lavalleja

102
103
Pegotín

Otoño de 2008 salgo de mi casa, veo algo


que estremece mi corazón.
Un cachorro flaco, se le notan los huesos,
sus patas casi no lo sostienen.
No tiene pelos, sus orejas están comidas
por la sarna.
Me miró con ojos tristes y cariñosos.
¡No queremos otra mascota! (repetíamos).
Le dimos comida, lo hicimos atender por
un veterinario (siempre en la calle).
Un día de lluvia lo entramos a casa.
-Bueno es nuestro PEGOTÍN.
¡Qué alegría! ¡Cómo pagar el cariño que
nos da!
Cuando camino por las calles de Mercedes
veo muchos Pegotines.
¡Ayúdalos! Te darán AMOR.

Ana María Martínez Nieles


Maestra jubilada
Mercedes - Soriano

104
Zapatos nuevos

Cuentan que al inaugurar la Sede Rural de


José Ignacio, se armó un gran baile: todo el
San Carlos estaba allí, las señoras aprove-
charon para lucir sus zapatos nuevos. Una
de ellas, cincuentona y gordita, comenzó
a trastabillar en el piso de portland pulido,
nuevito. Y cayó. Otra señora intentó soco-
rrerla sin suerte, cayendo también. A esta
se le sumó una tercera, que también fra-
casó, al ver que definitivamente no podían
levantarse y ante la risa de los presentes,
comenzaron a caminar en cuatro patas,
en fila, rumbo al baño. Luego de un rato,
habiéndose acomodado la ropa, salieron
como si nada.

Romina Vener
San Carlos - Maldonado

105
La matriarca del barrio Sur

Arrasa con todo, ramas, animales, muebles,


ropa; ya nadie duerme profundo.
El río Uruguay, frente a las costas de Pay -
sandú es así, y se va metiendo en los hue -
cos. Saca la pobreza oculta, y hace que te
hiera los ojos. La solidaridad sanducera re-
nace, una vez más.
24 de diciembre ellos acampan en el can -
tero de la San Martín.
Doña Saturnina Coria, desde el más allá
inspira, visitó las carpas, convocó a los niños
a un desayuno navideño, son 7, tres varo -
nes y cuatro niñas.
Un año después son sesenta niños en el
Centro Cultural.

Aída Cocchiararo
Profesora de Filosofía
Paysandú

106
Príncipe azul

Nací en la ciudad de Flores y siempre es-


cuché cuentos sobre príncipes azules.
Tuve novios de niñez pensando que algu-
no podría ser mi Príncipe Azul. Hasta que
en sexto de escuela, con 14 años, conocí a
un chico de 17 con el que tuve mi primera
relación. Yo estaba enamorada. Con sólo
14 años quedé embarazada, dejé la escue-
la y me dediqué a mi bebé, que nació un
24 de marzo. Ese día me di cuenta que co -
nocí a mi Príncipe Azul. Hoy tiene 16 años,
se llama F, y lo amo más que a nada en el
mundo.

Dahiana S.
31 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

107
Cambio de rubro

Roberto Rocha, hijo del señor Rodolfo


Rocha y nieto del viejo Don Rocha, era el
heredero del conocido Hotel Rocha, en el
centro de la ciudad de Rocha, capital del
departamento homónimo. En el hall del
hotel, en letras de bronce -siempre -lus
trosas- podía leerse el slogan de la marca:
“De Rocha para el mundo, el Hotel Rocha,
derrocha categoría”.
Arriba, en la puerta de cada habitación,
había otro cartel que establecía la única
regla de la casa: “Prohibido matar arañas y
cucarachas contra la pared”.
Con visión de negocios, un día cerró el ho-
tel y creó Fumigaciones Rocha.

Rodrigo Tisnés
38 años - Escritor. Politólogo.
Rocha

108
Secreto a voces

Doña Clara y Doña Carlota sabían vida y


milagro de todos los habitantes del pue -
blo. Conocían de amores y desamores, de
abusos y de traiciones.
Sus habilidades detectivescas les habían
permitido, incluso, resolver más de un
crimen; aunque no habían denunciado a
nadie por falta de pruebas contundentes.
Diariamente, se reunían para intercam -
biar pistas y analizar la información que
recopilaban.
Pero había algo que todo Rocha sabía y
ellas ignoraban. Un secreto que cada una
guardaba celosamente y nunca confesa -
ría. Estaban mutuamente enamoradas y
no podían vivir la una sin la otra.

Alicia Santana
45 años
Rocha

109
Esperanza

La espera. Está decidido. No pasará un día


más sin confesarle su amor.
Mira el reloj, tarda demasiado.
Le gusta el lugar, prolijo, romántico, confi-
tería San José.
Piensa en ella y una ternura inmensa se
anida en su pecho.
¿Le habrá pasado algo?, demora demasia-
do...
El aullido de una sirena cercana lo estre -
mece. Gente que corre, gritan, hacen ade-
manes...
Perplejo y nervioso se acerca, “¿usted vio?”,
se bajó del ómnibus y no miró para cruzar,
¡pobre chica!
Un latigazo recorre su cuerpo de pies a ca -
beza. Desesperado se acerca y reconoce el
tapado azul de Elena.

Nancy Pino Chapper


72 años - Ama de casa
San José

110
Casi a salvo

Le dije que corriera pero no lo hizo.


En ese momento supe que no quedaba
mucho por hacer. Por un instante volví a
lo sucedido unas horas antes.
Como casi siempre a esa hora en aquel
pequeño bar en el centro de la ciudad de
Paysandú, éramos los únicos.
Había sido la excepción ese día y sabía
que algo iba mal, que no iba a ser una no-
che tranquila.
Nada más que dos botellas de whisky ha-
bían bastado para sacar su sinceridad y
que provocara a quién venía a buscar una
razón para acabarlo.
Dos segundos y estaban todos como si en
realidad ellos fueran los que habían esta-
do bebiendo toda la noche.
Pero no consideré que si me conocían no
podrían haber ido así nada más. Dos se -
gundos más y todo había sido en vano.

Flor Carstairs
19 años - Estudiante Contador
Público en Udelar
Paysandú

111
El apagón

Estando de guardia policial pasa gente


por la calle y salgo. Cuando vuelvo a la
casa (habiendo dejado la radio alta) hay
un silencio espectral; les había advertido
a mis compañeros que de haber alguna
broma los iba a sacar a tiros (estábamos
esperando a los ladrones), imaginen ese
momento, me temblaba todo, saqué el
arma, abrí la puerta y grité “muchachos
si son ustedes los cago a tiros”, cada vez
mas asustado, entré despacito, la radio
apagada y yo temblando, cuando se escu -
cha sorpresivamente “estimados oyentes
debido a un corte de energía en radio Ca-
nelones volvemos a nuestra transmisión”.

Basado en hechos reales. Martín García


19 años - Estudiante
Canelones

112
Bolsillo infidente

Estoy en el Liceo de Canelones, dictando


mi clase de Dibujo. Explico en la pizarra
el trazado inicial de una lámina, con total
concentración.
Comúnmente gesticulo con mis manos
y suelo guardar fugazmente una de ellas
en el bolsillo. En esa dinámica tanteo un
papel.
Mientras continúo hablando, razono que
guardo apuntes como ayuda memoria.
Al encontrarlos, me permiten recordar algo
que debo hacer. Bajo la vista y descubro
que se trata de un billete de $ 500.
Hago una pausa.
Al levantar la vista, descubro a todo el gru -
po expectante ante mi descubrimiento.
Aclaro enseguida la situación:
- Estos pantalones no son míos.

José Luis Mussini Reyes


51 años - Empleado
Canelones

113
Sin querer

Un soldado llegó a su casa después de un


largo día de trabajo en el Cuartel de Trini-
dad. Todo su cuerpo le reclamaba descan -
sar, aunque antes, jugó con su hijita.
Colocó una frazada vieja debajo de la hi -
guera sin dejar de mirar a la pequeña, que
iba y venía con pasitos cortos y tamba -
leantes, vigilándola, como buen soldado,
pero sin querer, se rindió.
Cuando despertó no podía abrir los ojos.
“¡Estoy ciego, estoy ciego!”, gritaba asusta-
do.
La niña, imitando a su mamá, había deli -
neado los cansados párpados de su papá,
con un abundante y jugoso lápiz de higo.

Graciela María Ferreira Olivera


Profesora de Historia
Bibliotecaria
Trinidad - Flores

114
Amor de verano

Ella vino a Mercedes a pasar sus vacacio -


nes, creo que se quedaba en la casa de
unos parientes... Ya no importa…
Aún recuerdo con cariño aquella noche
en que la conocí. Ella estaba allí, en la isla
del puerto, sentada sola y tocando en su
guitarra viejas canciones. Le pedí permiso
y me senté a su lado, luego cantamos jun-
tos bajo la luna canciones de amor.
Acompañados del vino y de una noche
mágica, intercambiamos besos y palabras
tiernas durante un par de semanas, hasta
que se terminaron sus vacaciones y ella re -
gresó a Buenos Aires. Nunca más la vi.

Artigas da Luz
Estudiante universitario
Mercedes - Soriano

115
Anécdota real

Llegó al hotel de Nico Pérez un señor con


gran porte, denotando ser de un lugar leja -
no. Al ingresar, el silencio invadió el recin-
to y los parroquianos, e incluso la persona
responsable, fijaron en él sus miradas. Este
hombre se acercó al mostrador y pregun-
tó al anfitrión: - ¿tiene water closet? Al es-
cuchar esto el recepcionista enseguida le
dijo: - no, acá no hay, vaya a Batlle y Ordó-
ñez, que ahí tienen. Al oír esto el caballero
se retiró y el recepcionista alzó su mirada
y dijo: - ¡esta gente de Montevideo pide
cada cosa pa´ comer!

Ricardo Rivero
46 años - Auxiliar de Enfermería
Nico Pérez - Florida

116
Nico

Nico había nacido con una malformación


cardíaca congénita. Su lucha había sido
dura en estos primeros años de vida. Con
la ayuda de sus padres y abuelos había sa -
lido adelante.
Por eso hoy, cruzando con su querida
madre la florecida y primaveral plaza de
Casupá, escuchando el trino alegre de los
inquietos pájaros, y recibiendo en su cara
la brisa fresca de la mañana, iba feliz, a re-
cibir ese premio nacional de robótica, que
en un acto en su escuela le entregarían.
Con sus escasos diez años, ya saboreaba
una vida de esfuerzo, lucha y felicidad…

Pepe Miraballes
58 años - Empleado
y comunicador
Casupá - Florida

117
Nico Pérez

No sé quién me contó de aquel lugar de


veredas pastorientas y empolvadas calles.
Con tardes alegres y un verde Cerro que
cada puesta de sol se hace poema. ¿O lo
leí alguna vez y lo hice mío?
Miro al Cerro que en las noches es faro de
María y en las tardes huele a hierba, mien -
tras que el sol en un lejano cielo viste de
naranjas tonos al pueblito y a su puente.
¿Existirá un sitio así? ¿O sólo lo creé para
escapar de mi cordura? Mas qué importa.
Ahí me encuentran. Si alguna vez quieren
buscarme.

Sheyla Vázquez
37 años - Escritora
Nico Pérez - Florida

118
La luz al final del camino

No lo podía creer, iba a morir.


Lo sabía, lo sentía.
Ya no quedaba más tiempo.
Mi cuerpo quedaría en las calles de Pay -
sandú, nunca podría irme a visitar otro
país, otro lugar.
Mi vida, mi alma y mi fantasma estarían
encarcelados para el resto de la eternidad
en este espacio. Aunque si le busco el lado
positivo, lo encuentro.
Podré ver a mi familia y a mis amigos todo
lo que quiera, podré estar con ellos aun-
que ellos no estén conmigo.
Y de pronto, veo a Dios.
Personificado en una luz blanca y sega-
dora, siento que me envuelve, que se está
llevando mi vida.
Pero después me doy cuenta de que no
era más que la luz de una camioneta que
venía por el camino.

Lucas Echeveste
16 años - Estudiante
Paysandú

119
Amor eterno

Escúchenme. Soy yo quien habla: la tierra


de Canelones, fecundadora de antiguos
carnavales, la que parió a la murga de los
maniceros. La que formó al café Continua-
do y al Carlitos, la que arropó a un Julio
Sosa lustrabotas, canillita y vendedor de
cuadros, la que vio jugar a un Berugo niño.
Pregunto: cuando mis habitantes dejan
su terrenal vida, ¿a dónde irá el amor que
ellos sentían por mí, por mis boliches, por
mis corsos, por mis artistas? Lo ignoro, sólo
sé que existiré por siempre para que cada
uno con su amor logre vivir en mí eterna-
mente.

Rosemarie Martínez Romano


Profesora de Informática
Canelones

120
Enero

El aire caliente le impedía respirar. Hacía


mucho calor en Paysandú, como todos los
eneros, pero él tenía que regar las plantas
y limpiar la cocina antes de que ella llega-
ra. Pero el sillón era más tentador que la
esponja y el jabón. Se durmió, aplastado
por el calor del ventilador. Y la soñó, hacía
tiempo que no lo hacía, la besaba, la -to
caba…, hasta que una mosca lo despertó.
Transpiraba. Volvió a la cocina y sentado,
mirando los platos y fuentes sucias, recor-
dó que no importaba, ella no le rezonga -
ría. Ya no estaba. Había partido el enero
pasado.

Lorena Castellano
Paysandú

121
Bicimoto

En mi ciudad ubicada en el kilómetro 210


de la ruta nacional n.° 9, capital del - de
partamento de Rocha, existen historias
asombrosas.
Tal es la de Eduardo que a toda hora re -
corre con una gran sonrisa las calles de
nuestra ciudad enseñando a grandes,
chicos y medianos que, la vida pese a lo
difícil que se presente, vale la pena vivir
-
la. Para ello no utiliza palabras ni grandes
parafernalias, solo las recorre velozmente
en su “moto”. Una bicicleta con dos carte-
les políticos que simulan un tanque y un
termo de caño de escape. Tal es la historia
del “bicimoto”.

Marcos Pereira
38 años - Escritor
Rocha

122
Infinito

No tenía nombre. Apenas tenía luces. Pero


un DVD exhibido en el centro del recinto
llamó poderosamente mi atención. Su ca-
rátula mostraba un personaje de espaldas
curiosamente vestido igual que yo en ese
momento. Entré para tomarlo del estante
en busca de mayor información, sin em -
bargo en el dorso sólo tenía dos leyen -
das: la primera advertía que la película no
tenía fin y la otra invitaba a abrir la caja.
En su interior no encontré sino un oscuro
vacío que me envolvió hasta repentina -
mente hallarme otra vez en la entrada del
extraño Videoclub. No tenía nombre. Ape -
nas tenía luces

Ery Ramón
Canelones

123
Nuevo Joaquín

Joaquín era un niño de 10 años que se


mudó junto a su familia a un pueblo nuevo
llamado San José. Él venía de inviernos lar-
gos y sueños gastados, allí se prometió vivir
y fluir entre encuentros y descubrimientos .
Jugó en plazas, parques, barrios y ríos.
Generando su impronta olvidaba lo vivido;
fue pisando el camino...
Él era la mejor muestra de sí mismo.
Las educaciones vividas lo llevaron a pen -
sar en la cuenta principal de utilizar lo pa-
sado y volverlo a cambiar.
Cuando aumentó su edad comenzó a pal-
pitar; todo imaginó y con él cumplió.
Ahora muchacho adulto de niñez infinita
reflexionó diciendo que:
Hay un malabar que puede ser elegido
como teorema de la realidad .

Federico Leguizamón
San José

124
Reencuentro

Reconocí en aquellas acacias, los casti -


llos, carpas y chozas en los que viví en mi
imaginación. Más de veinte años sin pisar
aquel piquete. Me detuve y al instante flu-
yeron ante mí las imágenes. Correrías, las
escondidas en las noches, el manto de pla -
ta que nos cubría, las miles de pequeñas
linternas mágicas que misteriosamente
encendían y apagaban. Se apoderaron de
mí, aromas, sonidos, sensaciones, invadió
mi pecho una mezcla de sentimientos y
al instante se inundaron mis ojos. Recordé
sentirme feliz.
-Comience la terapia doctor, esta se lleva-
rá mi cabello pero ya no podrá llevarse mis
ganas de sentir.

Lilián Pérez
San Carlos - Maldonado

125
Errante

Me inquieta saber si algún día asenta -


ré raíces, tener una familia, y un trabajo
como el resto de la sociedad.
Desde que escapé de casa, mi vida ha sido
una aventura inmersa en las bellezas de la
naturaleza y en las vicisitudes que impli -
ca la supervivencia cuando sólo dependes
de lo justo y necesario. Mi felicidad estriba
en los detalles que se me presentan en el
día a día.
Me detengo a observar aquellas personas
que con tantas obligaciones, han perdido
sus ilusiones. Luego, se me acerca una her -
mosa mujer y comenzamos a conversar.
Quizá Mercedes sea mi último destino.

Diego Dossena
Estudiante de Bachillerato
Mercedes - Soriano

126
127
Encallé en tu encanto

Moreno, brillando al sol tu piel salobre.


Tu origen, tal vez, el mismo Olimpo.
Oí tu canto y me dejé seducir, tal como hi-
cieron los antiguos marinos.
Olvidé tapar mis oídos, y encallé en tu en-
canto.
Te quise al sol en los recodos, de noche
aún, sobre las dunas.
Nuestros hijos, hoy saltan gozosos en tus
brazos.
Los miramos satisfechos, son ideas dora -
das, codiciadas.
Audaces, los dejamos ir, libres contra la co -
rriente, rumbo al mar inmenso.
Me dolerá dejarte, partiré algún día ine-
vitablemente. Luego, una mano piadosa
me volverá a tu cauce.

Ana María Allo Caputi


70 años
Parque del Plata - Canelones

128
La conquista

Un galeón español llega a las costas uru -


guayas y los oficiales del navío se encuen-
tran con los indígenas. En la aldea no ha-
blaban castellano, pero todos entendieron
por medio de la meditación, la reflexión y
el autocontrol. Se enfocaron para poder
actuar con tranquilidad y sabiduría. Lo lo-
graron y actuaron. Cuánto amor y mezcla
de emociones. Desde la cárcel aprendo a
conocerte mientras que el infinito es vas-
to. Estoy a prueba. No tengo idea de por
qué, o sobre qué estoy escribiendo, pero
escribo. Tengo lapicera, hay papel, y de úl-
tima me entenderán.

Carlos R.
42 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

129
Dromedarios

En las calles de San José pasean siete


dromedarios.
El intendente decidió comprar tres o
cuatro camellos para ir alternando por
las ciudades del interior y deleitar a los
pequeños. Pero por un error de tipografía
el chico de los mandados compró siete.
En este momento la situación está así:
En el desierto no quieren de vuelta los
camélidos porque se ha extendido el uso
del jeep.
Los otros departamentos no quieren
recibir a los camélidos.
Los camélidos persiguen a las personas.
Así que si tenía miedo de salir a la calle
por temor a un atraco, súmele ahora a eso
que será perseguido por siete camellos
hambrientos.

Gianella Servetto
San José

130
Llamada por teléfono

¡Riiing… riiing! “Hola, hijo, me dijeron que


estás bien, que preguntas por mí y te -di
cen que me fui muy temprano a trabajar.
Me dicen también que te han visto dibujar
sin papel mi rostro en la pared. Mi mundo
es esta prisión donde nunca llega el sol,
sólo tu foto ilumina con su luz el lugar. Sé
que lo que hice está mal, nunca deberías
robar. Me destruye saber que no te veré
crecer y que no puedo firmar tu carné de
la escuela. A veces sueño que estoy en -li
bertad y te puedo abrazar. Agradezco por
esa bella mujer que Dios puso en mi ca -
mino, tu mamá, que es un ángel que se
desvela y lucha sola por tu bien. Hijo, te
pido perdón, tengo que colgar y volver a
mi celda, a pagar por lo que hice mal”.

Ángel N.
20 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

131
Al Chiche

Mi abuelo tenía un amigo al que siempre


temí. Me hacía correr como despavorida
a esconderme entre gritos y llantos deba-
jo de la mesa, en la cocina o detrás de las
puertas, mientras que él sólo pasaba a sa-
ludar. El hombre era viejito, con su tranco
lento, fumando tabaco y siempre llevando
ese sobre oscuro, el cual yo creía que po -
dría guardarme. Cuando pude entender
que dentro de ese estuche no iba a me -
ter una niña de casi un metro, comprobé
que él no era el viejo de la bolsa sino el
violinista de San José con su instrumento
ensobrado.

Nancy Esteche Barraco


25 años - Estudiante
San José

132
Casamiento

Casamiento en mi pueblo Palmitas, 28


de Diciembre 14 horas, María y Raúl, Juez
exige puntualidad... En patota llegamos al
juzgado. La puerta cerrada. Vecino grita:
“¡Está en la quinta...Torres! Gente, ¡lo bus -
can!”. Abre asombrado. “¡¿Que pasa aquí?!”
“Venimos al casamiento de estos mucha-
chos”, le dije; “casorio, hoy, ¿quién dijo?”.
La secretaria de licencia... Se refriega las
manos en el vaquero, busca la carpeta, co -
rrobora, pa... ¡Mi traje en Mercedes! ¡Sólo la
banda tengo! “¿Su saco novio?”. “Por favor,
mientras golpea sus zapatillas embarra -
das. Bueno los caso así... Pero las fotos solo
de la cintura para arriba”.

Élida Rodriguez
Comerciante - Cocinera.
Palmitas - Soriano

133
Un auto con memoria

Anidio Cornejo compró su primer auto.


Un Mercury negro modelo 77.
Lo compró de segunda mano a una fune-
raria que renovó la flota.
Lustró, empaquetó, colocó un parlante de
alta potencia y salió a vagar por las calles
de Salto.
Cada vez que pasaba por una sala mor -
tuoria el auto mermaba la marcha y se si-
lenciaba.
Anidio se enorgullocía pensando que te -
nía un auto sensible e inteligente.
Esta tarde, al pasar por la esquina del ce-
menterio, el Mercury viró improvisada -
mente, nadie lo pudo controlar.
Mañana a las 15 se efectúa el sepelio de
Anidio.

Evangelina Cavallo
Salto

134
Esperando amanecer

En el paraje Casupá, a orillas del arroyo,


armamos el campamento y prendimos la
hoguera. Ilusionados que el sol nos rega -
lara el amanecer. Movimos el fuego con
unas ramas secas; revivió.
El amanecer en primavera, era un premio
poder verlo, ese momento te carga de
energía para todo el día.
Cuando ya habíamos preparado el tercer
termo de agua, nos ganó el sueño... Al des -
pertarnos el sol marcaba el mediodía.
Con los años quedó la anécdota, llegando
a la conclusión que en nuestra ansia de ni -
ños, estábamos esperando el sol en medio
de la madrugada.

Cristina Manzione
Jubilada
Casupá - Florida

135
Alas

Caía la tarde en Brasil y Sereia posada so-


bre el techo miraba su último atardecer
allí.
El día llegó, empacó lo necesario y voló.
Cargaba con una vida rutinaria y difícil, su
anhelo de nuevas aventuras le provocaba
inefables sentimientos.
De tanto caminar llegó a Durazno, en la
plaza sacó su ukelele. Un hombre que pa-
saba por allí quedó encantado y decidió
llevarla a tocar a su hogar de ancianos.
Vistió de alegría el lugar entre bailes, anéc-
dotas y cálidas risas.
Un día despertó y pudo al fin reconocer
que las alas que necesitaba para ser feliz
vivieron siempre en ella.

Luciana Sastre
23 años - Estudiante de Danza
en el Sodre
Durazno

136
Pueblo

Fray Marcos es un pueblo como cualquier


otro. Con historias variables, divertidas,
conmovedoras y trágicas.
Estas nos mueven hasta las fibras más
íntimas. Porque la palabra asesinato nos
producía horror. Las conmovedoras son
aquellas donde un perrito o gatito son res -
catados de un triste final.
Las divertidas son las provocadas por un
ebrio, de esos que toman sin malicia.
Cuentan chistes malos, se caen, ríen de sí
mismos y cuando vienen a detenerlo, le
pregunta al policía el porqué:
- Va a dormir en una celda hasta que se le
pase el estado etílico.
- ¿Eti…? no tengo eso… sólo estoy borracho…

Gladys Barteneche
Empleada doméstica
Fray Marcos - Florida

137
Rusos y flores

En 1913, un puñado de rusos llegaron a San


Javier para quedarse. Construyeron sus
casas, escuela, y grandes galpones para
guardar los granos que cosechaban. Culti-
varon la tierra con trigo y una semilla rara,
que los lugareños no conocían. La semilla
germinó y se transformó en una hermosa
flor amarilla que giraba contemplando el
sol. “Estos rusos están locos, ¡plantaron flo-
res!”, decían todos. Lo que no sabían y gra -
ta sorpresa se llevaron al saber fue que esa
flor se convertía en un puñado de semillas
y podían elaborar aceite comestible. Los
rusos locos no plantaron flores, ¡plantaron
girasoles!

Cecilia Trinidades Zabalkin


38 años - Docente
San Javier - Río Negro

138
139
Juan Pedro

Era el día del padre y se puso a mirar el


cielo. Yo estaba pensando en palabras con
erre como veníamos ensayando. Le decía
rojo y me decía gojo, le decía Mercedes y
me decía Megcedes.
-¿Puedo agagar una estrella, verito?
Le rompí la ilusión y le dije que no.
Se fue a jugar con una sonrisa y al ratito
volvió.
-Mi papá está en el cielo. Mi papá puede
agagar las estrellas.

Verónica Delgado
Estudiante universitaria
Mercedes - Soriano

140
El Gringo

Era sábado, un día perfecto para la pesca.


Sainka miró su red, preparó los anzuelos y
carnadas para reponer en el espinel. Lobo
correteaba, era día de paseo. La proa era
su lugar, desde cachorro supo mantener
el equilibrio. El camino hasta el río sólo
se interrumpía para llegar al “boliche de
la cooperativa”, tomar unos tragos, charlar
con Don Lea y para unas partidas de du -
rak. Sainka asomó, el sol se ocultaba en el
pueblo de San Javier, Lobo dormía sobre
la bolsa de arpillera. Era día de cobro de
los remolacheros, la recorrida en “El Grin-
go” podía esperar.

Paola Bentancour
41 años. Docente
San Javier - Río Negro

141
Trinidad, 2150

Sale el sol. Sus rayos comienzan a dar co-


lor a mi ciudad. Como siempre los gorrio-
nes cantan en los plátanos.
Comienza el movimiento, los obreros al
trabajo, los estudiantes a sus escuelas, los
comerciantes a sus comercios.
Las ropas raras de telas que no se imagi -
naban cien años atrás. Sólo caminando y
en bicicletas la gente se mueve con tran-
quilidad.
-¡Hola doña María! ¡Hola don Juan!
Tota barre la vereda.
Santino sale a matear.
“Los Tucos” van para Montevideo, rumbo
a la terminal, sacan boleto, se meten en
La Cápsula, a los diez minutos llegan a la
capital.

Diego Elissalde Irazábal


44 años - Empleado rural
Trinidad - Flores

142
Evangelización tulipana
en Mercedes

En mi vida he sido: hija, nieta, madre, es


-
posa, abuela. He trabajado como: docen -
te, modista, vendedora de libros, de botas
y de alhajas.
He incursionado en la pintura, en la cerá-
mica, en el teatro y en la música.
Nunca pensé que a esta altura de mi vida
me ocuparía de pescar con red.
Floto en el mar. Tengo un cardumen; pero
aún no he podido atrapar el pez.

Emilia Plorutti
Jubilada
Mercedes - Soriano

143
Dos niñas

Vivían con sus padres en un pueblo muy


pobre. Cuando la cosecha era buena -to
dos eran felices, pero si era mala, sólo co-
mían maíz y arroz. De noche, María y Sofía
inventaban cuentos frente al fuego, María
decía que las llamas contaban historias.
Un día María se sintió mal. Llamaron al
médico del pueblo y dijo que estaba muy
enferma. No resistió la enfermedad y mu-
rió. Todos en la casa la extrañaban mucho.
Sofía, cada noche, entre las llamas, veía a
María que le contaba historias. Nunca se
lo dije a nadie hasta hoy, que lo escribí en
este cuento.

Valeria P. / Marily F.
38 años y 34 años
Cárcel de las Rosas - Maldonado

144
Pequeño sol

Después de un fuerte chaparrón de pri-


mavera, brotó en el jardín de nuestra casa
en Trinidad, una pequeña planta.
No teníamos la menor idea de lo que era,
todos los días la veíamos crecer.
Pasó el tiempo y los pimpollos comenza-
ron a asomar, hasta que una mañana lu-
minosa, floreció, con sus pétalos amarillos.
Redonda y compitiendo con los rayos del
sol de la mañana que le hacía brillar las
gotitas de roció en sus pétalos. Era una
hermosa caléndula.

Rubén Leman
75 años - Jubilado
Trinidad - Flores

145
Final del juego

El paisaje, el sol abrazador y la aridez se


asocian a la escena. Vas arrastrado como
bestia desolada. Tu corazón, desciende
mil peldaños, tropiezas una y otra vez y
caes al frente, te levantas como puedes
luego de las innúmeras caídas. Nada im -
pide que evoques piel adentro tu Ciudad
Mercedes, tus afectos, ahora que la suer -
te ya está echada. Se detienen, sientes el
ruido, aprestan armas. Elevas la testa en -
capuchada. Quedas quieto y sólo para tu
conciencia y los verdugos, haces el gesto
inconfundible con el dedo medio en ver -
tical. Después, los estampidos, la nada y el
silencio.

Gustavo Mora
64 años - Psiquiatra
Mercedes - Soriano

146
Premonición

Año 1795. Soldados al mando de Don


Agustín de la Rosa caminan por la actual
Plaza Constitución guiados por un indio.
-Aquí es el lugar ideal para fundar la ciu-
dad de Melo.
-No. Indio tuvo visión. Si hacer ciudad aquí
no ser bueno. Estar en un pozo. Arroyo no
dar abasto con saneamiento. Arachania
quedar muy lejos en verano. Gente no so-
portar calor. Brasil quedar lejos para baga -
year.
-¿Pero qué disparates decís indio ignoran-
te? He estudiado científicamente la posi-
ción y sé que es el lugar ideal. Pretender
saber más que yo. ¡Soldados! ¡Armen cam -
pamento! ¿Quién tuvo razón?

Sósima Adelina Martínez


Melo - Cerro Largo

147
La muchacha del saxofón
a Macoco Acosta

La desconocida muchacha con rastas, que


toca el saxofón, ¿de dónde vendrá?
Entrecierra sus ojos, su cuerpo se mueve
acompañando al compás, bailando con
sus pies descalzos sobre el adoquín.
La música la lleva, ¿para dónde se irá?
En un escenario de luna y estrellas, un pu-
ñado de jóvenes la observa y
en silencio se dejan llevar...
La noche de febrero entra en el puerto
madrugada adentro, ella sigue tocando
y nadie se va…
Hace un mes el jazz se fue de Mercedes,
donde ella para siempre se quiere quedar.

Artigas Osores
Empleado de supermercado
Mercedes - Soriano

148
149
Infidelidad en palmitas

Fui directo a la góndola donde ella luce


sus variados modelos. La busqué deteni-
damente, la vi impecable, transparente,
inmaculada luciendo siempre iluminada,
me fui acercando de a poco y su energía
y calor me invadieron, busqué su mirada
pero no la encontré, su frágil corazón de
alambre se estremecía, la noté diferente
casi ausente, cuando al fin la tuve enfrente
comenzó a parpadear, se fue desvanecien -
do frente a mí, será que tardé demasiado
en volverla a elegir. Le pedí perdón por ha -
ber coqueteado con otras y le prometí mi
amor eterno a ella, la vieja bombita de luz
General Electric.

Matilde Reyes
44 años - Comerciante
Palmitas - Soriano

150
El cuidador

Los meses pasaban, mi ánimo no cambia-


ba, generalmente despertaba con pocas
ganas de ganarme la vida, en un oficio
cansador y poco saludable para mí, estos
seres ya habían logrado darme lástima,
encarcelados cada minuto de sus misera-
bles y aburridas vidas, de un período ines-
timado de tiempo, años, algunos quizás
décadas.
Diariamente me dirigía a las afueras de
Mercedes, tratando siempre de rescatar
algo positivo de este fatigante empleo,
pero recientemente había perdido toda
esperanza de regresar a casa con algo bo-
nito para contar.
En fin, ¿me tendrían simpatía esta varie-
dad de mamíferos y aves salvajes por ali -
mentarlos, pero mantenerlos encerrados?

Juan Cruz García


18 años - Estudiante
Mercedes - Soriano

151
Paseando con los abuelos

Abuelito fue el primero en contarme su


relato, dijo mírala, cumple años en setiem -
bre y se pone toda florida ella es ciudad
de Artigas la cuna de mis amores.
Con amor y sacrificio la vi crecer despaci-
to, pero con andar seguro y el respeto de
sus hijos.
Trata de amarla también pues ella se lo
merece, recuerda que por derecho y por
ley también debes respetarla.
Estudia, prepárate para darle a ella todo lo
que se merece, ella nos ha dado mucho,
también a ti te dará la alegría de vivir
en paz y en libertad.

Blanca Lima
Comerciante jubilada
Artigas

152
Halagos

Todos los días el sol de la mañana viene


y me desafía. Trae sueños de este mundo
que ya no esperaba. Mercedes nos abre los
brazos como una postal mostrándonos su
belleza, la comparte con quien quiera ape -
nas detenerse. Somos hijos de esta dulce
agonía. Siento que la esperanza viene de
allí, de ese brillo tenue que me baña en mi
balcón como a escondidas, como pidién-
dome permiso para ser reconocido. Solo
él nos une, nos hace visibles. Es un reflejo
que me mira desde el ojo de la cerradura
y allí está, cálido, incondicional, generoso,
esperándome como todos los días.

E. Soledad Giovio
57 años - Referente
de biblioteca barrial
Mercedes - Soriano

153
Ombú

¿Dónde marchó la familia que viste nacer


y crecer?
Bajo tu sombra jugaron y descansaron en
horas de siesta.
Los pájaros revoloteaban sobre tus hojas.
¿Por qué te persiguen?, diciendo que soli-
tario terminas y ese nido se vuelve tapera.
¿Cuentos?, ¿hechos?
Hoy, mirándote sé que existe una leyenda.
Te encontré caminando rumbo al río cer-
ca de mi pueblo Fray Marcos.
Allí yaces, triste, antaño, con tus brazos ha -
cia el cielo, tan gris y vacío, como si dieras
una plegaria a la propia naturaleza.

Milba Perdomo
Ama de casa
Fray Marcos - Florida

154
Luján y los siete

Luján es una compañera de trabajo, vivía


con sus padres, hija única, nunca se casó,
se dedicó a trabajar como docente, se sen -
tía acompañada, muy especial, reservada.
Un día inesperado, su mamá fallece, por el
sufrimiento, se apega a su papá y a
sus seis mascotas.
Al tiempo enferma su padre y muere.
Una tarde camino a su casa, ve una gatita
lastimada y decide recogerla, curarla, cui-
darla. Al cumplir sus treinta y siete años de
labor debe jubilarse.
Hoy vive feliz en su casa, en Mercedes, de-
dicándole todo el tiempo a sus siete mas-
cotas, Jacobo su perro y seis gatitos.

Lorma Maldonado
Maestra
Mercedes - Soriano

155
Abandono

El día amaneció temerario. Negras nubes


cubrían el cielo como si quisieran comerse
de un solo bocado a Dolores. El calor sofo-
cante amenazaba hace días.
La mujer despertó sobresaltada por un
ruido ensordecedor. Mientras su corazón
se detenía por unos instantes como si qui -
siera refugiarse de ese momento, contem -
pló el paisaje desolado. El primer consue-
lo que vino a su mente fue la pesadilla que
había tenido hace días. Sintió unas impa-
cientes ganas de volver a su cama e inten-
tar un sueño mejor. Pero al regresar vio
su cuerpo tendido en la cama. Entonces,
comprendió que no había vuelta atrás.

Viviana Martínez Brun


34 años - Docente
de Enseñanza Secundaria
Dolores - Soriano

156
Muriendo

Conozco un duende loco y bandido, feo,


pero no dañino. Vive cerca de mi casa, en
el tronco de un sauce llorón, a orillas del
río, en Aguas Corrientes. Le gusta chapo -
tear, brincar y nadar, por eso el agua él
sabe cuidar. Como todos los días, pez gri-
llo y gorrión salieron a pasear, pero hoy en -
contraron al duende triste y sin color. El
pobrecito vio como el humano su río con-
taminó. Desesperado por la situación, con
todos los animales se reunió, y sin encon-
trar solución descubrió, que al humano
nunca le importó el daño que causó.

Juan Seara “Malaka”


18 años - Loco por vocación.
Aguas Corrientes - Canelones

157
Don Casto

Cuentan en Juan Lacaze que Don Casto,


pescador de alma, sentado en el médano
cerca de su casa, estudiando el horizonte.
Pasaba horas así.
De pronto se paraba gritando “¡ahora sí al
agua a pescar!”
La muchachada bulliciosa con la red
pronta, empujaban el bote al río. Seguros
de una buena pesca.
Don Casto en la orilla serio pero feliz, es
-
peraba con fuego y parrilla prontos, para
compartir unas yuntas con pescadores y
vecinos. ¿Vinito? ¡infaltable!
Cantos, niños, alegría, perros. Nadie que -
daba sin comer. Comprara o no. De la pes -
ca vivía desde siempre.
Era su pasión.

Dolores Del Carmen Vidal


Jubilada
Juan Lacaze - Colonia

158
La muñeca del Museo

Abril de 1898, el Coronel Diego Lamas visita


San Carlos; en los salones de la Unión, en
medio de los festejos y discursos, quedó
cautivado por la belleza de una niña rubia.
Al día siguiente, María Angélica concurrió
con un ramo de flores blancas a conocer
al Coronel, en ese encuentro Lamas le
prometió enviar una muñeca tan linda
como ella.
Al mes, llegó la muñeca de la capital con
una tarjeta, “Diego Lamas cumple gustoso
la promesa hecha en San Carlos a su
linda amiguita María Angélica Estévez
Capandeguy”. Dos semanas después
fallece al caer de su caballo.

Andrés de León Brito


Investigador de Historia local
San Carlos - Maldonado

159
Arnaldo, ¿qué esperas?

Arnaldo era un arquitecto de 35 años, vivía


en Young. Era correcto y responsable. Se
recibió a los 25 años, desde ese día nunca
faltó al trabajo.
Un día lo llama Ramiro, primo, desde Pay-
sandú, con un trabajo para él. Dudó, pero
aceptó la propuesta y se fue. Ramiro era
músico, ese día tocaba su banda.
Ni bien llegó, fueron al toque y cuando
entra ve a una chica. Quedó impresiona -
do con sus ojos. Comenzaron a charlar,
ella era simpática, charlaron hasta que le
confesó que tenía marido. Terminó todo y
volvió, perdió el trabajo, aunque se sintió
feliz.

Basado en hechos reales. Diego Camacho


21 años - Estudiante
de Tecnicatura en Recreación
Paysandú

160
Reflejo

Perturbada por la pérdida, salió a caminar,


buscando por las extrañas calles de aque-
lla ciudad. Recorriendo las seccionales, in-
dagando en los almacenes. Entró al bar, se
acodó en la barra gastada y vacía como su
propia vida. Pidió un trago y volvió a pre -
guntar. Nadie pudo decirle nada. Hacía
menos de una semana que había muerto
en ese mismo lugar, ahorcado por sus pro -
pias deudas en aquella especie de patio
lleno de pérdidas.
Sacó su lapicera y sobre algo parecido a
una servilleta, escribió: Sigo buscándote
en Minas. Las sierras me han atrapado.
Para retirarse levantó su mirada preten -
diendo pedirle al cantinero que conser -
vara aquellas palabras por si él volvía. Mas
antes de que pudiera decir nada, entendió
que ahí estaba, detrás de aquellas copas,
en aquel degastado espejo, en sus ojos, su
reflejo.
Aurora Paiva Vázquez
31 años - Docente de Filosofía.
Funcionaria del Poder Judicial
Minas - Lavalleja

161
Sinfonía en verde y marrón

La descubrí mientras desayunaba, el -re


cuadro de mi ventana era el marco per -
fecto para encuadrar la belleza de su
cuerpo. Nos conocimos, habló de sus her-
manas, me contaba historias de pájaros y
algún que otro secreto que iba sabiendo.
Si soplaba alguna brisa la escuchaba reír
mientras se columpiaba en rítmico vaivén.
Con el paso de los días su vestimenta fue
cambiando de color y su cuerpo se fue
tornando cada vez mas acartonado. Hoy
al mirar por mi ventana ya no estaba, llegó
el otoño a Fray Marcos y se la ha llevado.

Ángela Mirta Pittamiglio


66 años - Cooperativista
Fray Marcos - Florida

162
Julia

A mitad de camino entre los ranchos, de-


bajo del jazmín, estaba ella, en el pasto,
cubierta de sereno, ya sin vida.
Cuando los hombres llegaron la acostaron
en su cama, cubrieron espejos y rezaron
en silencio.
El niño se bajó de la falda de su madre y
trepó hasta acostarse al lado de su abuela.
- ¡Saque al niño de ahí! - ordenó el padre.
- Déjelo, la criatura no entiende – Senten-
ció el abuelo.
Esa noche, en un lugar perdido en la cam -
paña de Durazno, flores blancas se abren
en un arbusto, un niño se despide soñan-
do, un alma viaja.

Federico Rodríguez Iriarte


25 años - Estudiante
Durazno

163
Las habas

Don Santos era un semianalfabeto vecino


de Durazno.
Cuentan que almorzó 6 huevos fritos en
una cantina y se fue sin pagar. Le iniciaron
una demanda, argumentando que esos 6
huevos darían 6 gallinas, esas 40 más y así.
Fue citado al Juzgado para el lunes a las
15 horas; llegó 15 y 45. Ante la pregunta del
Juez sobre su tardanza contestó:
- ¡Estaba cociendo habas!
- ¿Pero no le parece tarde para comer?
- ¡No son para comer, son para plantar!
- ¡Pero no le van a nacer!-
- ¡Sí a la señora le nacen gallinas de huevos
fritos, ¿por qué no podría cosechar habas
de semillas cocidas?

Eduardo O´ Neil Ligüera


64 años - Jubilado
Durazno

164
165
¿Casualidad o destino?

Recorría la feria del libro de San José.


Llamó mi atención la “Carpa de la Pala -
bra”.
Entré.
La animadora dijo: “¿Quién quiere contar
algo?”. Un señor levantó la mano.
- Soy el campanero de la iglesia, todos los
días desde hace años, subo la escalera a la
torre, para darle cuerda al reloj, que hace
sonar las campanas.
Sorprendida una señora agregó:
- ¡Yo soy la modista que hacía los trajes de
novia, de todos los casamientos que se ha -
cían los sábados!
Otro señor dijo:
- Y ya que estamos… ¡yo soy el fotógrafo…
que sacaba fotos… en esos mismos casa -
mientos!

Gladys E. dos Santos


Fisioterapeuta jubilada
San José

166
Memorias de mi Tala

Estoy siempre regresando


En un viaje sin escalas
Para traerte mis versos
Mi viejo y querido tala.

Pueblo que me vio nacer


Muy cerca por la campaña
Y cuando cruzo tu arroyo
Me purifico en tus aguas.

Forjaste tu propia historia


A lo largo y a lo ancho
Y en la memoria de todos
Te quedaste viejo pancho.

Y si me marcho algun día


Voy a pedirte un presente
Quiero me entierren aquí
Aunque muy lejos me encuentre.

Juan Carlos Cheirasco


Comerciante
Tala - Canelones

167
Nunca es tarde

Sudaba. No sólo por el sol que había aque -


lla tarde en Mariscala, sino también por
los nervios. Su habitual peinado perfecto
lucía desordenado. En donde solían haber
tacones, había pies descalzos. Su gato la
miraba, como si entendiera lo que aquello
significaba para ella. Las preocupaciones
desaparecían en cada intento. Ningún fra -
caso la hacía desistir. A sus 42 años venció
su miedo. Entendió que nunca es tarde.
Ya no temía hacerlo sola. Tenía una sonri-
sa en la cara. Teresa sudaba, aprendiendo
a andar en bicicleta.

Noelia González
17 años - Estudiante 6° Derecho
Minas - Lavalleja

168
Soledad

El hombre agitó la mano despidiendo a


sus nietos. Los pequeños lo acompañaron
durante toda la tarde del domingo y ya era
hora de que regresaran a su hogar. Adora-
ba sus visitas, pero al verlos partir un senti -
miento de profunda tristeza se apoderaba
de él. Estaba solo, solo otra vez. Cerró la
puerta y se sentó con cierta dificultad. Un
gato negro apareció detrás de una olvida-
da bicicleta en una esquina de la casa y,
luego de desperezarse, encontró cobijo en
su regazo. Lo acarició escuchando el suave
ronroneo y cerró los ojos acostumbrándo-
se al silencio, a su soledad.

Milena Rita Grezes Barrios


18 años - Estudiante
Minas - Lavalleja

169
Fronteras

Todos sus compañeros querían verla. Él


era la excepción. No le interesaban las pe-
lículas de terror. Juan trataba de conven-
cerlo burlándose: “¿Miedosito el amigo?”
Vidal ni se molestaba en responder. Sin un
gesto, se ponía la capucha y se iba.
Ya en la calle, su cara cambiaba de expre-
sión y reflejaba honda preocupación. La
película podría precipitar su condición o
dejarla entrever.
Si tan sólo sospecharan su secreto, debe-
ría abandonar el lugar.
Cuando se vino a vivir a Artigas se lo dije-
ron. Si lo averiguan, te matarán. Las esta-
cas no perdonan. Nadie quiere un vampi-
ro como amigo.

Elba Nury Silva


Docente jubilada
Artigas

170
Silencios

Existe un lugar donde se escucha el can -


to de los pájaros que revolotean por las
cumbreras y los [Link] a flores
silvestres y monte nativo, caminos de pe-
dregullo que te llevan a paisajes soñados.
Hay silencios para la siesta, el mate de té
y las mandarinas al abrigo del sol. Las no-
ches son para los enamorados con un cie-
lo inmenso repleto de lucecitas encendi -
das. El sonido de los renacuajos, del río, las
cigarras... qué pena, Aguas Corrientes, que
haya gente que aún no te conozca.

Noelia Núñez
Hija de Selva Scagni
Aguas Corrientes - Canelones

171
La fuente

Hoy 29 de noviembre de 2011 se feste -


jan los 125 años de Fray Marcos, grandes
y coloridos desfiles por sus calles, todas
las instituciones acompañando y siendo
partícipes de tal acontecimiento. Todo se
concentra en la plaza; autoridades diver -
sas hacen su pasaje frente al micrófono
con conmovedores discursos, pero todos
esperamos a la gran protagonista: “La
Fuente”.
El sol se ocultó, las luces se encendieron,
la cinta en la mano de quien debía
cortarla, los niños expectantes, los grandes
también.
Se corta la cinta, se enciende la fuente, las
caras de asombro lo dicen todo... No fun -
ciona.

Calidia Delgado
36 años - Docente
Fray Marcos - Florida

172
Calle Cuareim

A veces paso por Cuareim y no la reco -


nozco. Los viejos caserones, ahora vacíos,
se niegan a olvidar a los hombres con sus
sueños y sus esperanzas. Imágenes de otro
tiempo, cuando el barrio era una fiesta los
hombres subían por Isla de Flores con sus
tambores y Palermo se transformaba en
un grito de Libertad. La cadencia era el
viejo llamado de la tribu, un mensaje an -
cestral que llegaba a través de la sangre.
Hoy, el barrio duerme el sencillo sueño de
los humildes en un instante eterno de la
edad del hombre.

Fabiana J. / Gabriela Z. / Julio A.


Cárcel de las Rosas - Maldonado

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1908

Promediaba abril, tarde lluviosa, sus dos -


mil habitantes escuchan el silbato del fe-
rrocarril; expectativa en la Estación.
Llega la primera Maestra: Vicenta Barreiro
y Simón.
Padres anhelantes, niños ansiosos obser -
van la portezuela del vagón.
Elegante, austera, vestido largo, botas bri-
llantes. Pie diminuto, esquivador de char-
cos. Mirada incierta. Niños expresivos la ro -
dean. Escudriñan todo. Manos extendidas,
sonrisas… ¡bienvenida!
Fernando, Juan, Filomeno, Elena, tocan su
falda. La Maestra acaricia cabecitas. ¡Recí-
proca dulzura!
Viejo casco de estancia se transforma en
Escuela.
Muchísimos más, compartirían la expe -
riencia más maravillosa y transformadora…

1908: Fecha señera para Casupá. Se convierte en Teresita Tejera (Yiliam )


Pueblo, y fundan la Primera Escuela Rural No.34.
Docente jubilada
Casupá - Florida

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Bajo el mismo cielo

Una gota de lluvia regó el campo, una la


ciudad y otra resbaló por el vidrio de la
ventana de abuela Olga.
Todos miran hacia arriba, y no es casual
que estemos bajo el cielo de Trinidad, dice
la abuela que observa desde adentro.
Como siempre unos llegan, otros se irán y
siempre tengo a quién contarle mis histo-
rias. Es que esta ciudad tan linda siempre
permanece en el recuerdo de quien la
conoce.

Lucía Martínez
27 años - Empleada.
Trinidad - Flores

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San Javier

Acerco el caracol a mi oído. El susurro me


trae recuerdos de mis primeros años en
San Javier.
No quiero preguntar. Sólo escuchar.
Los guijarros que se dejan mecer por las
corrientes, los peces saltarines, el rugido
de un motor, el chasquido de los remos,
el bullicio de las aguas que se abrazan en
un arrullador romance allá donde el paso
de los años y las distintas crecientes del río
Uruguay dejaron sus profundas huellas.
Un día quisiera definir tal vez lucida en
sueños mi alma colmada de vivencias. En -
cuentros y desencuentros que el río lleva
para nunca mas traer.

Raquel Santillán
55 años - Emprendedora
gastronómica.
San Javier - Río Negro

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José

Desde que el tren se llevó a su amigo de


la infancia, recorría las calles de Paysandú
empujando el carro con sus cosas. Todos
los lunes aparecía por el galpón a ayudar
a descargar el camión, con su risa y su
alegría de ser libre, que lo caracterizaba.
De a ratos desaparecía semanas y volvía a
aparecer luego de haber probado trabajos
fijos, las calles eran su vida. Hace mucho
tiempo que no ha vuelto, tal vez le llegó su
final. La hamaca de la placita de Ledesma
y 25 debe estar moviéndose sola, como si
él estuviera ahí.

Martín Meyer
54 años - Idóneo granjero, Téc-
nico en Gerencia, Máster PNL,
pero vivo de ser comerciante.
Paysandú

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¡Qué noche!

A lo lejos se escuchaba el sonar de unos


tambores, cantos de una murga. Era car -
naval, venían desfilando “Los enemigos de
la leche“ auspiciados por el Novillo de oro.
La reunión se realizaba en el Club Social
Casupá. Allí se encontrarían.
¡Qué sorpresa!
Bombos, platillos, redoblantes, gritos de la
gente, silbidos…
Algarabía total en nuestro pueblo.
Cuando comienzan su cuplé, se ven inte-
rrumpidos por seis chicas, ellas “Las ami -
gas de la leche” auspiciadas por la Vaca de
plata.
Sí eran ellas, cuplé va cuplé viene se gana-
ron los aplausos de toda la concurrencia.
¡Qué linda noche de carnaval en Casupá!

Patricia Techera
Jubilada
Casupá - Florida

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Cruce

Las siete de la mañana, invierno en Melo.


En el camino a orillas del Conventos, la
bruma lo envuelve todo. Un hombre ca -
mina hacia las afueras llevando un bulto
bajo sus ropas. Su paso es apurado, con
frecuencia mira hacia atrás para confir-
mar que sigue solo. Al llegar a un cruce
se agacha y desenvuelve el bulto, salen
frutas, flores, maíz y una botella. Se le-
vanta viendo hacia todos lados, desanda
el camino, ahora más ágil. La bruma se va
esfumando y el hombre piensa si sus pro-
blemas también se irán así, después de la
comida ofrecida a esos dioses.

Rossana De Esteban
Melo - Cerro Largo

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Lourdes

Hay años en que ni siquiera te recuerdo.


Esta noche, quizás, la brisa de verano me
hizo pisar el palito de la [Link]
-
ra gritarte que las preguntas que nos ha -
cíamos juntos no tienen una respuesta,
y que después de medio siglo de incerti-
dumbres estoy empezando a envejecer
en un honrado pacto de aceptación con
la realidad. Hace mucho que no recorro la
calle de nuestra historia. A los 20 años en-
tregaste tu cuerpo a la tierra y dejaste de
iluminar mi mundo, llevándote todas las
cosas que eran nuestras y que sólo sobre-
viven en mi memoria, como retazos de un
tiempo que sucumbe, como nosotros, a la
más terrible de las muertes, la del olvido.

Julio A.
Cárcel de las Rosas - Maldonado

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