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JUEVES 29 DE FEBRERO DE 2024.
Jueves de la II Semana de Cuaresma feria // Misa de la feria, Prefacio de
Cuaresma.
1️ª Lectura: Jer 1️7,5-1️0; Salmo: Sal 1️; Evangelio: Lc 1️6,1️9-31️.
LAS CADENAS DE LA RIQUEZA
El Evangelio es un mensaje de libertad, focalizado en nuestra liberación de las
cadenas que nos retienen dentro del cárcel de nuestro egoísmo. La famosa
parábola del rico y Lázaro, que nos es proclamada hoy, advierte sobre las cadenas
con que la riqueza puede atarnos. Aunque se parece a relatos comunes conocidos
en el antiguo Medio Oriente acerca de la inversión de roles entre personas en esta
vida terrena y en la vida escatológica, esta parábola presenta un mensaje nuevo.
En los relatos de otras naciones, los personajes son castigados por sus culpas o
premiados por sus buenas acciones. En nuestra parábola, en contraste, el rico no
hace nada malo y Lázaro no hace nada bueno. Son las riquezas las que encarcelan
al rico en su egoísmo tan ciego que no puede ni siquiera ver al pobre y por
consecuencia lo llevan al abismo.
LITURGIA DE LAS HORAS: de la feria.
: :2⃣
PRIMERA LECTURA
Maldito el que confía en el hombre; bendito el que confía en el Señor.
Del libro del profeta Jeremías: 1️7, 5-1️0
Esto dice el Señor: “Maldito el hombre que confía en el hombre, que en él pone su
fuerza y aparta del Señor su corazón. Será como un cardo en la estepa, que nunca
disfrutará de la lluvia. Vivirá en la aridez del desierto, en una tierra salobre e
inhabitable. Bendito el hombre que confía en el Señor y en él pone su esperanza.
Será como un árbol plantado junto al agua, que hunde en la corriente sus raíces;
cuando llegue el calor, no lo sentirá y sus hojas se conservarán siempre verdes; en
año de sequía no se marchitará ni dejará de dar frutos. El corazón del hombre es la
cosa más traicionera y difícil de curar. ¿Quién lo podrá entender? Yo, el Señor,
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sondeo la mente y penetro el corazón, para dar a cada uno según sus acciones,
según el fruto de sus obras.”
COMENTARIO
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La denuncia de los pecados de Judá y el anuncio de su merecido castigo (1️-4) dan
pie para la mención de una maldición dirigida a quien se aparta del Señor (5s) y de
una bendición o bienaventuranza para quien se mantiene firme, esperando siempre
confiado en el Señor. Los versículos 9-1️3 son una especie de meditación sapiencial
que llama a mantener la fidelidad y la confianza sólo en Dios.
: : :3⃣
SALMO RESPONSORIAL
Del salmo 1️,1️-2.3.4. 6.
R/. DICHOSO EL HOMBRE QUE CONFÍA EN EL SEÑOR.
Dichoso aquel que no se guía por mundanos criterios, que no anda en malos pasos
ni se burla del bueno, que ama la ley de Dios y se goza en cumplir sus
mandamientos. R/.
Es como un árbol plantado junto al río, que da fruto a su tiempo y nunca se marchita.
En todo tendrá éxito. R/.
En cambio, los malvados serán como la paja barrida por el viento. Porque el Señor
protege el camino del justo y al malo sus caminos acaban por perderlo. R/.
COMENTARIO
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Comienza en forma de bienaventuranza: «dichoso». Describe la conducta del
bueno, primero en forma negativa: ello le permite introducir a los malvados en su
carácter social de grupo organizado. El cinismo es la burla que hacen del justo.
Describe positivamente: la ley es ante todo el decálogo. Es la voluntad de Dios
revelada en palabra de Dios, con poder para establecer un orden religioso. Por eso
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dicha ley es objeto de meditación religiosa. La fácil comparación vegetal del árbol
es más sugestiva en el paisaje de Palestina; quizá con una vaga alusión a un árbol
paradisíaco, Ap 22,2. La comparación es tópica en la poesía hebrea: se mantiene
en la línea vegetal. El viento puede llegar a ser viento cósmico de teofanía,
manifestación de Dios con poder. Pero dicha dimensión no está explícita en el
salmo, y sólo se obtiene por resonancia de pasajes semejantes. También el juicio
podría ser un juicio escatológico, el gran juicio de Dios, como lo puede indicar el
verso siguiente. Síntesis final, otra vez en forma de antítesis. Aparece el símbolo
frecuente y profundo de la vida como camino, que Dios traza y el hombre realiza
responsablemente. Israel ha realizado la experiencia histórica del camino en su
peregrinación hacia la tierra prometida.
: : : :4⃣
EVANGELIO
Recibiste bienes en tu vida y Lázaro, males; ahora él goza del consuelo, mientras
que tú sufres tormentos.
Del santo Evangelio según san Lucas: 1️6, 1️9-31️
En aquel tiempo, Jesús dijo a los fariseos: “Había un hombre rico, que se vestía de
púrpura y telas finas y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo,
llamado Lázaro, yacía a la entrada de su casa, cubierto de llagas y ansiando llenarse
con las sobras que caían de la mesa del rico. Y hasta los perros se acercaban a
lamerle las llagas. Sucedió, pues, que murió el mendigo y los ángeles lo llevaron al
seno de Abraham. Murió también el rico y lo enterraron. Estaba éste en el lugar de
castigo, en medio de tormentos, cuando levantó los ojos y vio a lo lejos a Abraham
y a Lázaro junto a él. Entonces gritó: Padre Abraham, ten piedad de mí. Manda a
Lázaro que moje en agua la punta de su dedo y me refresque la lengua, porque me
torturan estas llamas. Pero Abraham le contestó: Hijo, recuerda que en tu vida
recibiste bienes y Lázaro, en cambio, males. Por eso él goza ahora de consuelo,
mientras que tú sufres tormentos. Además, entre ustedes y nosotros se abre un
abismo inmenso, que nadie puede cruzar, ni hacia allá ni hacia acá. El rico insistió:
Te ruego, entonces, padre Abraham, que mandes a Lázaro a mi casa, pues me
quedan allá cinco hermanos, para que les advierta y no acaben también ellos en
este lugar de tormentos. Abraham le dijo: Tienen a Moisés y a los profetas; que los
escuchen. Pero el rico replicó: No, padre Abraham. Si un muerto va a decírselo,
entonces sí se arrepentirán. Abraham repuso: Si no escuchan a Moisés y a los
profetas, no harán caso, ni aunque resucite un muerto.”
COMENTARIO
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Para redondear el tema de la incompatibilidad entre seguimiento de Jesús y servicio
a la riqueza y los bienes materiales, Lucas presenta esta parábola que, como todas
las demás, muestra también algún aspecto particular de lo que Jesús concibe como
realidad del reino de Dios. Aquí se hace más clara la advertencia sobre la
imposibilidad de servir a Dios, a su reino, y al dinero. La consecuencia más
inmediata es el olvido de las más mínimas relaciones de justicia y de la finalidad de
la misma vida. El servicio a la riqueza se convierte en esclavitud a la misma a tal
punto que se pierde la sensibilidad por el que sufre y se pierde, además, el sentido
y la finalidad de la misma existencia humana.
: : : : :5⃣
MEDITACIÓN
EL PUESTO JUSTO.
«Señor, tú exploras el corazón, para dar a cada uno según su camino» (Jr 1️7-1️0).
1️. «Maldito sea aquel que fía en hombre y hace de la carne su apoyo, y se aparta
del Señor en su corazón» (Jr 1️7, 5). El hombre soberbio, satisfecho de sí mismo y
cerrado a Dios, hasta despreocupado de él, no puede ser objeto de las bendiciones
divinas. Jeremías lo compara a un árbol plantado en los sitios quemados del
desierto, y por eso estéril, infecundo. Es posible que prospere, que por muchos años
goce también de la vida, pero llegará un momento en que su grandeza se
derrumbará y su gloria se cambiará en llanto. El rico de la parábola evangélica (Lc
1️6, 1️9-31️), que banquetea suntuosamente mientras el pobre Lázaro gime a su
puerta, lo personifica con toda exactitud. Jesús no le condena por el simple hecho
de que posea muchas riquezas, sino porque puso en ellas todo su corazón e hizo
consistir su felicidad en disfrutarlas al máximo, olvidándose de Dios y del prójimo.
«No endurecerás tu corazón ni cerrarás tu mano a tu hermano pobre» (Dt 1️5, 7),
dice el Señor; pero este hombre, despreciador de Dios, desprecia también su ley y
no posee ningún sentido de piedad para con el mendigo que espera inútilmente
matar su hambre con las migas que caigan de su mesa. Cuando llega la muerte, la
situación se vuelve al revés: el rico se hunde en un sufrimiento eterno y el pobre
comienza a gozar de una felicidad sin fin. La parábola es el comentario práctico de
las «bienaventuranzas» de los pobres, de los hambrientos, de los que lloran, porque
de ellos es el reino de Dios, porque ellos serán saciados, porque ellos reirán (Lc 6,
20-21️), y de los «ayes» lanzados por Cristo contra los que ahora gozan: «¡Ay de
vosotros, los ricos!, porque habéis recibido vuestro consuelo. ¡Ay de vosotros, los
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que ahora estáis hartos!, porque tendréis hambre. ¡Ay de vosotros, los que reís
ahora!, porque tendréis aflicción y llanto» (ib 24-25).
En otra ocasión Jesús dijo que era muy difícil para los ricos salvarse (Lc 1️8, 24-25);
con mucha frecuencia la riqueza engendra soberbia, de donde después se deriva la
falta de piedad hacia Dios y la dureza de corazón para con el prójimo. Es humilde
en medio de las riquezas y de los honores solamente quien, comprendiendo su
vanidad, apoya su vida en Dios y se considera administrador de los bienes que la
Providencia le ha confiado, para hacer partícipes de ellos a los hermanos
necesitados.
2. Tampoco es la indigencia por sí misma la que salva a Lázaro, sino el haberla
aceptado con humildad y paciencia como venida de las manos de Dios, y confiando
siempre en él. «Bienaventurado el hombre que confía en el Señor» (Jr 1️7, 7). La
pobreza material es un medio de salvación cuando va unida a la pobreza del
espíritu, a la humildad del corazón. El pobre soberbio, que se rebela contra Dios y
contra la sociedad, que anida rencores y trata de esquivar la pobreza con medios
injustos y violentos, no puede identificarse con los pobres de quienes es el reino de
los cielos.
En resumen, la salvación es de los humildes, de los que, reconociendo su total
dependencia de Dios, aceptan de sus manos cualquier situación, próspera o
adversa —bienestar o indigencia, felicidad o tribulaciones— sin ensalzarse y sin
rebelarse. La humildad consiste fundamentalmente en aceptar la propia condición
de criaturas que nada tienen propio, convencidos de que cuanto poseen —en el
orden del ser y del obrar— lo han recibido de Dios. En consecuencia, el hombre ni
puede aprovecharse egoístamente de los dones recibidos, ni gloriarse de ellos como
de cosa propia, y menos todavía atribuirse derechos o sentirse defraudado si la
Providencia le ha destinado una vida pobre, humilde, sin gloria.
Además, la humildad consiste en mantener dentro de los justos límites el amor a los
propios valores, que podría llevar al hombre a considerarse más de lo que merece
y a colocarse por encima de los otros. La humildad es verdad, y por eso en las
relaciones con Dios y en las relaciones con el prójimo enseña a tomar el puesto
justo, el que corresponde a los designios divinos.
Frente a Dios, actitud de pobre consciente de no tener nada y de no poder nada sin
la ayuda divina. «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 1️5, 5), dice Jesús y San Pablo
comenta: «Pues Dios es quien obra en vosotros el querer y el obrar, como bien le
parece» (Flp 2, 1️3). Actitud, pues, de pobre, pero de pobre confiado, sabedor de ser
amado por Dios como hijo y de poder confiar siempre en su socorro.
Frente al prójimo, actitud de pobre abierto a las necesidades ajenas, generoso en
compartir con los demás sus bienes, más dispuesto a servir que a ser servido.
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: : : : : :6⃣
ORACIÓN y CONTEMPLACIÓN
¡Oh Señor!, quiero mirarme a mí mismo; yo, pecador, ¿qué merecía? Yo, vituperador
de Dios, ¿qué merecía? No se me ocurre nada fuera del castigo, nada fuera del
suplicio. Bien veo lo que se me debía, y lo que tú me has dado ha sido gratuitamente.
Se me dio el perdón, a mí, pecador. Se me dio la justificación, la caridad, es decir el
amor divino, para que con ella hiciera bien todas las cosas; y por añadidura, me
darás, Señor, la vida eterna y la compañía de los ángeles; y todo ello por
misericordia.
¡Que no me jacte jamás de mis méritos, porque también ellos son dones tuyos! (In
Ps 1️44, 1️1️).
Haz que descienda a lo hondo de mi corazón y me confiese a ti: nada hay en mí
que pueda agradarte, fuera de lo que tengo de ti; lo que tengo de mí mismo no
puede menos de desagradarte. Si pienso en los bienes que poseo, ¿qué es lo que
no he recibido? Y si lo he recibido, ¿por qué me glorío de ello como si no lo hubiera
recibido?... De mí mismo, sólo supe perderme, y ni aun ahora habría sabido
encontrarte, si tú no me hubieras hecho entrar dentro de mí (Sr 1️3, 3).
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Jesús busca que la justicia se imponga en la vida y no solo tras la muerte.
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