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LUNES 4 DE MARZO DE 2024.
Lunes de la III Semana de Cuaresma feria // Misa de la feria, Prefacio de
Cuaresma.
1️a Lectura: 2Re 5,1️-1️5a; Salmo: Sal 41️; Evangelio: Lc 4,24-30.
NINGÚN PROFETA ES ACEPTADO EN SU PROPIA TIERRA
El triste tema del profeta rechazado corre a lo largo de toda la Biblia, desde el
destino de los profetas clásicos (p. ej. Jer 42, 1️ 43, 7) hasta el asesinato de los
dos profetas en los últimos días (p. ej. Apoc. 1️1️, 3-1️0). De hecho, el tema
parece seguir un ritmo habitual: primero, un profeta es rechazado; luego, los
que lo rechazaron son castigados; pero, en tercer lugar, la compasión
inagotable motiva a Dios a continuar mandando profetas para reformar a su
pueblo (véase Neh 9,26-31️). Jesús mismo se involucra en este ritmo, como nos
revela el Evangelio de hoy. Por desgracia, nuestro mundo no ha aprendido la
lección que le ofrece la Biblia, porque ha asesinado profetas, como Martín
Luther King (1️929-1️968) o Monseñor Oscar Arnulfo Romero (1️91️7-1️980).
¡Ojalá que reconozcamos a los profetas que Dios nos manda hoy!
San Casimiro conmemoración // Misa de la memoria: se dice la oración
colecta propia y el resto de la feria.
San Casimiro, hijo del rey de Polonia Casimiro IV Jagellón, que, siendo príncipe,
destacó por el celo en la fe, por la castidad y la penitencia, la benignidad hacia
los pobres y la devota veneración a la Eucaristía y a la bienaventurada Virgen
María, y aún joven, consumido por la tuberculosis, descansó piadosamente en
la ciudad de Grodno, cerca de Vilna, en Lituania, el 4 de marzo de 1️484, a la
corta edad de 26 años. Murió santamente dejando en todos los más edificantes
recuerdos de bondad y de pureza.
LITURGIA DE LAS HORAS: de la feria.
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2⃣
PRIMERA LECTURA
Muchos leprosos había en Israel, pero ninguno fue curado, sino Naamán, el
sirio.
Del segundo libro de los Reyes: 5, 1️-1️5
En aquellos días, Naamán, general del ejército de Siria, gozaba de la estima y
del favor de su rey, pues por su medio había dado el Señor la victoria a Siria.
Pero este gran guerrero era leproso. Sucedió que una banda de sirios, en una
de sus correrías, trajo cautiva a una jovencita, que pasó luego al servicio de la
mujer de Naamán. Ella le dijo a su señora: “Si mi señor fuera a ver al profeta
que hay en Samaria, ciertamente él lo curaría de su lepra.” Entonces fue
Naamán a contarle al rey, su señor: “Esto y esto dice la muchacha israelita.” El
rey de Siria le respondió: “Anda, pues, que yo te daré una carta para el rey de
Israel.” Naamán se puso en camino, llevando de regalo diez barras de plata,
seis mil monedas de oro, diez vestidos nuevos y una carta para el rey de Israel
que decía: “Al recibir ésta, sabrás que te envío a mi siervo Naamán, para que
lo cures de la lepra.” Cuando el rey de Israel leyó la carta, rasgó sus vestiduras
exclamando: “¿Soy yo acaso Dios, capaz de dar vida o muerte, para que éste
me pida que cure a un hombre de su lepra? Es evidente que lo que anda
buscando es un pretexto para hacerme la guerra.” Cuando Eliseo, el hombre
de Dios, se enteró de que el rey había rasgado sus vestiduras, le envió este
recado: “¿Por qué rasgaste tus vestiduras? Envíamelo y sabrá que hay un
profeta en Israel.” Llegó, pues, Naamán con sus caballos y su carroza, y se
detuvo a la puerta de la casa de Eliseo. Éste le mandó decir con un mensajero:
“Ve y báñate siete veces en el río Jordán, y tu carne quedará limpia.” Naamán
se alejó enojado, diciendo: “Yo había pensado que saldría en persona a mi
encuentro y que, invocando el nombre del Señor, su Dios, pasaría la mano
sobre la parte enferma y me curaría de la lepra. ¿Acaso los ríos de Damasco,
como el Abaná y el Farfar, no valen más que todas las aguas de Israel? ¿No
podría bañarme en ellos y quedar limpio?” Dio media vuelta y ya se marchaba,
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furioso, cuando sus criados se acercaron a él y le dijeron: “Padre mío, si el
profeta te hubiera mandado una cosa muy difícil, ciertamente la habrías hecho;
cuanto más, si sólo te dijo que te bañaras y quedarías sano.” Entonces Naamán
bajó, se bañó siete veces en el Jordán, como le había dicho el hombre de Dios,
y su carne quedó limpia como la de un niño. Volvió con su comitiva a donde
estaba el hombre de Dios y se le presentó, diciendo: “Ahora sé que no hay más
Dios que el de Israel.”
COMENTARIO
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Encontramos en este pasaje toda una serie de contrastes orientados a
establecer la tesis de que «no hay Dios en toda la tierra más que el de Israel»
(1️5), palabras pronunciadas por Nahamán, un oficial sirio que ha recibido un
beneficio del Señor por medio de su profeta Eliseo. Uno de ellos se refiere a la
clase social de los protagonistas de la historia; Nahamán pertenece a la clase
alta gobernante y goza del favor del rey. Cuando se entera, por medio de una
esclava israelita de que podría ser sanado de su lepra (3), el trámite se hace
por vía diplomática, de rey a rey: el rey sirio solicita al rey de Israel la sanación
para Naamán (5s). El narrador resalta con agudeza la reacción y la respuesta
del rey de Israel, quien sospecha que el rey sirio busca un pretexto para
atacarlo. Ahora sí, los ojos tienen que fijarse en alguien que no posee ni los
títulos ni la importancia social y política del resto de actores, pero que sí posee
el carácter de mediador entre Dios y el pueblo. Entra en escena Eliseo, quien
poco a poco se va encumbrando, mientras los encumbrados van perdiendo
altura. Es la manera como la corriente deuteronomista, responsable del Libro
de los Reyes, intuye e ilustra el problema de la universalidad de Dios y, por
tanto, de su soberanía absoluta.
3⃣
SALMO RESPONSORIAL
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De los salmos 41️ y 42 3; 42, 3. 4.
R/. ESTOY SEDIENTO DEL DIOS QUE DA LA VIDA.
Como el venado busca el agua de los ríos, así, cansada, mi alma te busca a ti,
Dios mío. R/.
Del Dios que da la vida está mi ser sediento. ¿Cuándo será posible ver de nuevo
su templo? R/.
Envíame, Señor, tu luz y tu verdad; que ellas se conviertan en mi guía y hasta
tu monte santo me conduzcan, allí donde tú habitas. R/.
Al altar del Señor me acercaré, al Dios que es mi alegría, y a mi Dios, el Señor,
le daré gracias al compás de la cítara. R/.
COMENTARIO
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La gran peregrinación del piadoso israelita, de todo el pueblo de Israel, no
termina en el templo, sino que continúa hacia el que es más que el templo, en
quien reside Dios; él es la luz verdadera, que nos guía por la gran peregrinación,
haciéndonos sentir el dolor de la ausencia diferida, la esperanza del encuentro.
Recitado por la Iglesia, este canto de peregrinación se llena de movimiento
escatológico.
4⃣
EVANGELIO
Como Elías y Eliseo, Jesús no ha sido enviado sólo a los judíos.
Del santo Evangelio según san Lucas: 4, 24-30
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En aquel tiempo, Jesús llegó a Nazaret, entró a la sinagoga y dijo al pueblo: “Yo
les aseguro que nadie es profeta en su tierra. Había ciertamente en Israel
muchas viudas en los tiempos de Elías, cuando faltó la lluvia durante tres años
y medio, y hubo un hambre terrible en todo el país; sin embargo, a ninguna de
ellas fue enviado Elías, sino a una viuda que vivía en Sarepta, ciudad de Sidón.
Había muchos leprosos en Israel, en tiempos del profeta Eliseo; sin embargo,
ninguno de ellos fue curado, sino Naamán, que era de Siria.” Al oír esto, todos
los que estaban en la sinagoga se llenaron de ira, y levantándose, lo sacaron de
la ciudad y lo llevaron hasta un precipicio de la montaña sobre la que estaba
construida la ciudad, para despeñarlo. Pero él, pasando por en medio de ellos,
se alejó de allí.
COMENTARIO
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Es importante tener en cuenta que aquí, el Espíritu Santo y la Palabra son la
chispa que enciende el fuego de la misión de Jesús, según el relato lucano. Pero
Lucas no se queda sólo en la importancia de la Palabra que adquiere en Jesús
esas características de concreción y cumplimiento; hay otros aspectos que
siempre estarán presentes en la vida de Jesús y que Lucas pone en esta primera
escena del ministerio público: el rechazo a Jesús y a su palabra. Rechazo que
comenzó siendo simpatía y admiración (22) pero que se torna luego en
hostilidad suscitada por la duda, «¿no es este el hijo de José?», con intentos de
eliminarlo (28s), lo cual da pie a Jesús para dejar claro que si ellos rechazan su
propuesta y su misión, de todos modos otros, que no son israelitas, estarán
dispuestos a aceptarlo; para ello se vale de la evocación de Elías y de Eliseo que
realizaron signos divinos entre paganos y lograron mejores frutos (24-27).
5⃣
MEDITACIÓN
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VIVIR EL BAUTISMO.
«¡Oh Dios!, que eres luz y no hay en ti tiniebla alguna, que yo ande en la luz
como tú estás en la luz» (1️ Jn 1️, 5-7).
1️. El hecho de que Naamán el sirio estuviese leproso y fuera curado en las
aguas del Jordán es un símbolo del bautismo que purifica al hombre del
pecado. Las aguas del Jordán, que serán un día santificadas por el bautismo de
Jesús, son un preludio de las aguas bautismales que reciben de Cristo su poder
regenerador. Y, así como Naamán, bañándose en el río, vio que su carne
quedaba «limpia como la de un niño» (2Re 5, 1️4), del mismo modo el cristiano,
rociado por el agua del bautismo, renace a una nueva vida, resplandeciente de
inocencia y de gracia, como Adán en el primer día de su creación.
El sentido de la eficacia del bautismo es tan vivo en san Pablo, que él lo
considera como una muerte definitiva al pecado, y cree normal para el cristiano
la abstención del pecado mismo. «Haced cuenta de que estáis muertos al
pecado —escribe a los Romanos—. El pecado no tendrá ya dominio sobre
vosotros» (Rom 6, 1️1️. 1️4). El bautismo, sin embargo, no confirma en gracia;
limpia del pecado, pero le deja al hombre en sus condiciones de debilidad, de
fragilidad, de suerte que la abstención del pecado es fruto de una constante
lucha contra el mal y de una cotidiana fidelidad a la gracia. Se inserta aquí la
necesidad de valorizar la virtud purificadora, regeneradora, del bautismo,
dándole un puesto en nuestra propia vida, dejándola ahondar en las
profundidades de nuestro propio ser. Dondequiera que el hombre descubra en
sí mismo tendencias viciosas —egoísmo, orgullo, vanidad, avaricia, pereza,
lujuria, envidia, y demás—, allí mismo debe abrirse a la gracia bautismal para
que ésta le limpie, le purifique, y allí mismo debe prestar su colaboración con
generoso acto de renuncia, de desapego. «El que quiera venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Pues el que quiera salvar su vida,
la perderá; y el que pierda su vida por mí, la hallará» (Mt 1️6, 24-25). Estas
exigencias impuestas al seguimiento de Cristo comenzaron para el hombre el
día mismo de su bautismo, y en la gracia del bautismo, que le hace partícipe
de la muerte del Señor, encuentra el hombre la fuerza para vivirlas.
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2. El bautismo no sólo tiene una eficacia negativa, es decir, purificar al hombre
del pecado, sino que tiene también una eficacia sumamente positiva: la de
plasmar al hijo de Dios. Son hijos de Dios precisamente «los que renacen del
agua y del Espíritu» (Jn 3, 5). Considerando la plenitud de este renacimiento,
san Juan de la Cruz escribe: «Renacer en el Espíritu Santo en esta vida, es tener
un alma simílima a Dios en pureza, sin tener en sí mezcla de imperfección, y así
se puede hacer pura transformación por participación de unión, aunque no
esencialmente» (2 S. 5, 5). El doctor místico indica así el vértice supremo a que
conduce el pleno desarrollo de la gracia bautismal. La primera y fundamental
disposición es una íntegra pureza interior, porque la vida divina, participada
mediante la gracia, no puede invadir y trasformar completamente al hombre si
no le encuentra totalmente puro. El alma, dice san Juan de la Cruz, es como
una vidriera embestida por un rayo del sol; aunque el rayo sea de por sí
luminoso, capaz de iluminar y penetrar el cristal, no lo podrá hacer, si no lo
encuentra terso, limpio de toda mancha. «Si la vidriera tiene algunos velos de
manchas o nieblas, no le podrá esclarecer y transformar en su luz totalmente
como si estuviera limpia de todas aquellas manchas y sencilla. Antes tanto
menos la esclarecerá cuanto ella estuviere menos desnuda de aquellos velos y
manchas, y tanto más cuanto más limpia estuviere» (ibid 6). Dios es el sol
divino que resplandece sobre las almas, deseoso de invadirlas y penetrarlas
hasta transformarlas en su propia luz y en su propio amor; pero para hacerlo,
espera a que el hombre se decida a liberarse de «todo velo y mancha» de
pecado. Entonces es cuando Dios encuentra a una criatura libre de cualquier
apego al mal, e inmediatamente la llena de sí, de su propia vida; aquí está el
principio, el germen, de la gran trasformación que el Señor quiere obrar en ella.
Y cuanto más el hombre se purifica de todo pecado, de toda costumbre
defectuosa y de toda imperfección, tanto más apto se hace para ser totalmente
penetrado y trasformado por la gracia divina. Así es como el bautismo realiza
gradualmente en el cristiano ese profundo renacimiento y esa plena
trasformación que le hacen semejante a Dios, que le hacen vivir de la vida
misma de Dios, como el hijo es semejante al padre y vive de la vida que ha
recibido del padre.
6⃣
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ORACIÓN y CONTEMPLACIÓN
¡Oh Señor Dios!, misericordioso y veraz, creador y redentor mío, que con la luz
santa de tu rostro me has señalado, que al caro precio de la sangre de tu
Unigénito me has redimido, y por el bautismo me has regenerado en la
esperanza de la vida eterna con la potencia de tu Espíritu, haz que yo renuncie
eficazmente a Satanás, a sus seducciones y obras, con corazón puro y sincero...
Haz que crea fielmente, con fe recta y cálida, coronada de obras de vida, que
me adhiera a ti, y que en tal unión persevere inmutablemente hasta el fin.
¡Oh Señor Jesucristo!, sumo Sacerdote, que volviste a darme la vida con tu
muerte preciosa, aleja de mí con la eficacia de tu presencia, en y por la virtud
del Espíritu Santo, todas las insidias del enemigo, rompe en mí todas las
ataduras del pecado, y, por tu misericordia, mantén apartada lejos de mí toda
ceguedad de corazón. Que tu perfecta caridad, ¡oh Cristo!, me haga triunfar
virilmente de toda tentación... Que tu luminosa verdad me guíe y me haga
caminar a tus ojos con la sinceridad de un corazón perfecto.
Que, por tu gracia, mi conducta sea tal, que merezca yo ser templo de Dios,
morada del Espíritu Santo. (Santa Gertrudis, Ejercicios, 1️).
7⃣
¿Qué diría el profeta de mi vida?
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