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26 Feb 24

El documento presenta la liturgia del lunes 26 de febrero de 2024, enfocándose en la oración del profeta Daniel como un modelo de confesión y súplica por la misericordia de Dios. Se destaca la importancia de la obediencia a las autoridades y a la palabra de Dios, así como la llamada a la misericordia y el perdón en el Evangelio de Lucas. La meditación invita a reflexionar sobre la obediencia como virtud fundamental en la vida cristiana.

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El documento presenta la liturgia del lunes 26 de febrero de 2024, enfocándose en la oración del profeta Daniel como un modelo de confesión y súplica por la misericordia de Dios. Se destaca la importancia de la obediencia a las autoridades y a la palabra de Dios, así como la llamada a la misericordia y el perdón en el Evangelio de Lucas. La meditación invita a reflexionar sobre la obediencia como virtud fundamental en la vida cristiana.

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me/lectiodivinadiaria

:1️⃣

LUNES 26 DE FEBRERO DE 2024.

Lunes de la II Semana de Cuaresma feria // Misa de la feria, Prefacio de


Cuaresma.

1️ª Lectura: Dn 9,4b-1️0; Salmo: Sal 78; Evangelio: Lc 6,36-38.

UN MODELO DE ORACIÓN BÍBLICA Y PASTORAL

La oración del profeta Daniel, en la primera lectura, es un modelo de oración por


varios motivos. Sirve como un modelo porque reconoce los pecados del pueblo y la
justicia del castigo que Dios inflige en él. Es un modelo también porque pide perdón,
implícitamente, de un Dios a quien caracteriza como misericordioso y compasivo (v.
9). Sobre todo, es un modelo porque surge de un intento de poner junto a la palabra
de Dios, ya que Daniel está intentado entender la Escritura (específicamente, la
predicción sobre el destino de Israel, en Jer 25, 1️1️-1️2 y 29, 1️0), la situación
existencial en que el pueblo se encuentra, a saber, su cautiverio en Babilonia.
Nuestra oración en este tiempo litúrgico, y en todos los tiempos, fructifica cuando la
fundamentamos en la Biblia y en nuestra situación espiritual y pastoral.

LITURGIA DE LAS HORAS: de la feria.

: :2⃣

PRIMERA LECTURA

Hemos pecado, Señor, hemos cometido iniquidades.

Del libro del profeta Daniel: 9, 4-1️0

En aquellos días, imploré al Señor, mi Dios, y le hice esta confesión: “Señor Dios,
grande y temible, que guardas la alianza y el amor a los que te aman y observan
tus mandamientos. Nosotros hemos pecado, hemos cometido iniquidades, hemos
sido malos, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus mandamientos y de
tus normas. No hemos hecho caso a los profetas, tus siervos, que hablaban a
nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo. Tuya es,
Señor, la justicia, y nuestra la vergüenza en el rostro, que ahora soportan los
hombres de Judá, los habitantes de Jerusalén y de todo Israel, próximos y lejanos,
en todos los países donde tú los dispersaste, a causa de las infidelidades que
cometieron contra ti. Señor, la vergüenza es nuestra, de nuestros reyes, de nuestros
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príncipes y de nuestros padres, porque hemos pecado contra ti. De nuestro Dios,
en cambio, es el tener misericordia y perdonar, aunque nos hemos rebelado contra
Él, y al no seguir las leyes que Él nos había dado por medio de sus siervos, los
profetas, no hemos obedecido su voz.”

COMENTARIO

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Daniel sigue angustiado por la ruina de Jerusalén y del Templo, a pesar de que ya
se han cumplido los setenta años de cautividad anunciados por el profeta Jeremías
(Jr 25,1️1️-1️2; 29,1️0). Profundamente apenado, se viste de duelo y pronuncia una
oración penitencial en la que reconoce el pecado del pueblo y el castigo merecido,
e implora la misericordia de Dios, aun cuando haya pecado. Tanto en el exilio como
en el reinado de Antíoco IV, esta plegaria confiesa la fidelidad de Dios y la
responsabilidad que el pueblo tiene en los males que se padecen. Gabriel trae la
respuesta de Dios a la oración de Daniel (Dn 9,20-27). Los setenta años anunciados
por Jeremías se deben entender como setenta semanas de años, lo que da un total
aproximado de 490 años (9,24-25), divididos en tres períodos desiguales: 49 años
+ 434 +7. Estas cifras no son un cálculo matemático, sino una forma aproximada de
resumir la historia: el retorno de la cautividad en Babilonia, la época persa y, por
último, el período que están viviendo bajo la opresión de Antíoco IV. Al castigo
sucederá la salvación, con la consagración del Templo profanado. La garantía de
este anuncio está en la certeza de que es palabra de Dios.

: : :3⃣

SALMO RESPONSORIAL

Del salmo 78, 8. 9, 1️1️.1️3.

R/. NO NOS TRATES, SEÑOR, COMO MERECEN NUESTROS PECADOS.

No recuerdes, Señor, contra nosotros las culpas de nuestros padres. Que tu amor
venga pronto a socorrernos, porque estamos totalmente abatidos. R/.

Para que sepan quién eres, socórrenos, Dios y salvador nuestro. Para que sepan
quién eres, sálvanos y perdona nuestros pecados. R/.

Que lleguen hasta ti los gemidos del cautivo; con tu brazo poderoso salva a los
condenados a muerte. Y nosotros, pueblo tuyo y ovejas de tu rebaño, te daremos
gracias siempre y de generación en generación te alabaremos. R/.
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COMENTARIO

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El pueblo de Dios, que es la Iglesia, recita este salmo en tiempo de persecución:


reconoce el pecado propio, ve una hostilidad contra la salvación concreta instituida
por Dios. Pero también en estos momentos siente a su Señor, Jesucristo, como
«buen Pastor» y puede alabarlo en medio de la tribulación. El Apocalipsis recoge
este tema de la sangre de los mártires: 6,1️0; 1️6,6; 1️9,2; 1️7,6; 1️8,24; y habla de los
cadáveres insepultos de los «testigos», 1️1️,7-1️0.

: : : :4⃣

EVANGELIO

Perdonen y serán perdonados.

Del santo Evangelio según san Lucas: 6, 36-38

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “Sean misericordiosos, como su Padre
es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán
condenados; perdonen y serán perdonados. Den y se les dará: recibirán una medida
buena, bien sacudida, apretada y rebosante en los pliegues de su túnica. Porque
con la misma medida con que midan, serán medidos.”

COMENTARIO

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La propuesta de Jesús, o más que propuesta, el mandato a sus seguidores es la


búsqueda de la instauración de una sociedad construida sobre las bases de unas
relaciones absolutamente contrarias a las establecidas hasta el presente; una
sociedad que puede perfectamente prescindir de su división por clases y a la cual
se llega no por la eliminación de las clases dominantes, sino por la eliminación
sistemática de las estructuras y sistemas que están a la raíz de la división clasista,
y las únicas armas que propone Jesús para la realización de este proyecto de
sociedad nueva son el amor, la bendición, empezando por los enemigos, y la oración
(27s.32s.35); el perdón activo, entendido como pasar por alto una ofensa a
condición de que el agresor tome conciencia del mal que causa, y cambie (29); el
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compartir generoso como reacción contra la codicia (30); el rechazo decidido a la


avaricia y a la usura como causas fundantes del enriquecimiento de unos y
empobrecimiento de otros (34s); en una palabra, obrar con los demás como
quisiéramos que los demás obraran con nosotros (31️).

: : : : :5⃣

MEDITACIÓN

HEMOS SIDO REBELDES

«Señor, que yo guarde puro mi camino, observando tu palabra» (SaI 1️1️9, 9).

1️. «Señor, Dios grande y temible... Nosotros hemos pecado, hemos cometido
iniquidad, hemos sido malos, nos hemos rebelado y nos hemos apartado de tus
mandamientos y de tus normas» (Dn 9, 4-5). Esta confesión hecha por el profeta
Daniel en nombre del pueblo de Israel es siempre actual. Los hombres de todos los
tiempos pueden repetirla y completarla con el profeta: «No hemos escuchado la voz
del Señor, nuestro Dios, para seguir sus leyes, que él nos ha dado por medio de sus
siervos los profetas» (lb 1️0).

El pecado de la desobediencia a Dios, a sus leyes, a sus representantes es de los


más frecuentes y menos valorados. Y, sin embargo, el hombre no vivirá plenamente
la salvación sino por el camino de la obediencia. Es éste el camino que ha recorrido
el Hijo de Dios: «Bajado del cielo no para hacer mi voluntad sino la voluntad del que
me ha enviado» (Jn 6, 38). Y aceptando libremente la voluntad del Padre que lo
inmolaba por la salvación del mundo, quiso someterse a cuantos le representaban,
dignos e indignos, hebreos o paganos, sacerdotes o funcionarios del imperio
romano.

Estilo de Dios es gobernar a los hombres sirviéndose de otros hombres que


participan de su autoridad. «Sométanse todos a las autoridades constituidas —
advierte San Pablo— pues no hay autoridad que no provenga de Dios» (Rm 1️3, 1️).
Toda forma de rebeldía a la autoridad legítima, toda especie de anarquía «se opone
al orden divino» (ib 2). Por eso el cristiano debe prestar «obediencia a las leyes
justas y respeto a las autoridades legítimamente constituidas» (CD 1️9; cfr. GS 74),
no sólo por motivos sociales, sino en conciencia.

Con mayor razón vale esto para los Pastores del rebaño, de quienes Jesús ha dicho:
«Quien a vosotros escucha a mí me escucha, y quien a vosotros desprecia a mí me
desprecia» (Lc 1️0, 1️6). En esta perspectiva el Concilio Vaticano II exhorta a todos
los fieles a que «con cristiana obediencia abracen prontamente lo que los Pastores,
en cuanto representantes de Cristo, ordenan como maestros y rectores en la Iglesia,
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siguiendo en esto el ejemplo de Cristo, quien con su obediencia hasta la muerte ha


abierto a todos los hombres el camino libre de la libertad de los hijos de Dios» (LG
37).

2. No existe categoría alguna de personas que no tenga la obligación de practicar


la virtud de la obediencia. «Sed sumisos los unos a los otros en el temor de Cristo
—exhorta San Pablo—. Las mujeres se sometan a sus maridos, como al Señor...
Vosotros, hijos, obedeced a vuestros padres en el Señor... Vosotros, esclavos,
obedeced a vuestros amos de este mundo con respeto y temor, con sencillez de
corazón, como a Cristo» (Ef 5, 21️-22; 6, 1️-5). En estos textos, la obediencia se
recomienda a toda clase de personas siempre por motivo del Señor; el orden familiar
y social es algo que el Señor quiere. Por lo tanto, se impone la conclusión: obedeced
a los hombres como se obedece a Cristo. La obediencia cristiana se caracteriza
precisamente por este espíritu sobrenatural, en virtud del cual el hombre, pasando
por encima de la creatura que manda, fija la mirada en Dios, en cuyo honor ofrece
el obsequio de la sumisión. Semejante obediencia no es un ejercicio reservado sólo
a quienes han hecho un voto o promesa especial, sino que es obligación de todos.
De hecho, la Iglesia exhorta a todos los fieles a «tener entre sí los mismos
sentimientos que tuvo Cristo, quien se despojó de sí mismo tomando condición de
siervo... obedeciendo hasta la muerte.» (Flp 2, 7-8) (LG 42).

Es evidente que nuestra primera obediencia debe rendirse a Dios, de tal manera
que, si alguna autoridad quisiera imponer algo que fuese contrario a la voluntad de
Dios, tendríamos que responder que no es lícito obedecer a los hombres antes que
a Dios (Hch 4, 1️9). Hecha esta excepción, la obediencia debe practicarse siempre,
también cuando contraría nuestra propia voluntad, especialmente si está en juego
la voluntad expresa de Dios, su ley, el bien de la Iglesia, la sumisión a los superiores
religiosos. Precisamente porque el cristiano no es un hombre aislado, sino que está
integrado en la comunidad eclesial, el bien común puede a veces exigir la renuncia
de criterios, de aspiraciones y proyectos personales; pero no hay duda que esta
renuncia es más agradable a Dios que cualquier obra buena e incluso que cualquier
acto de culto. «¿Acaso se complace el Señor en los holocaustos y sacrificios más
que en la obediencia a su palabra? Mejor es obedecer que sacrificar» (1️ Sm 1️5, 22).
Así apostrofaba Samuel a Saúl que había ofrecido en sacrificio a Dios las primicias
de sus rebaños, pero había quebrantado sus órdenes. La obediencia no es sacrificio
de cosas, sino de la propia voluntad, que vale más que todas las cosas.

: : : : : :6⃣

ORACIÓN y CONTEMPLACIÓN

¡Oh cuán dulce y gloriosa es esta virtud de la obediencia, que entraña todas las
demás virtudes, porque la caridad la concibe y de ella nace. En ella se funda la
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piedra angular de la santísima fe. Es una reina tal, que quien con ella se desposa
no sufre mal alguno, sino que siente paz y quietud. Las olas del mar encrespado no
pueden perjudicarle, ni dañarle puede tempestad alguna... No siente odio frente a
la injuria, porque quiere obedecer, y se le ha mandado que perdone. No se apena
al no ver satisfechos sus deseos porque la obediencia le hace desearte solamente
a ti, Señor, que eres el único que puede, sabe y quiere cumplir sus deseos... Y así,
en todo halla paz y quietud...
¡Oh obediencia, que navegas sin fatiga, y sin peligro llegas al puerto acogedor!
¡Concuerdas con el Verbo unigénito Hijo de Dios; subes a la navecilla de la
santísima cruz para mantenerte... en la obediencia del Verbo y no apartarte nunca
de su doctrina! (Santa Catalina de Sienna. Diálogo 1️55).

: : : : : : :7⃣

Mira cómo es Dios contigo, y haz tú lo mismo.

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