Mitos y Realidades del Psicoanálisis
Mitos y Realidades del Psicoanálisis
Resumen
Desde su origen y hasta hoy al psicoanálisis se le vienen haciendo diversas críticas y refutaciones, pero
actualmente se plantean una serie de falsas creencias como si fueran hechos comprobados, a partir de
los que se pretende descalificar toda la epistemología y teorización psicoanalítica. Un buen número de
estas pertenecen al terreno de los mitos consagrados por la propia repetición, por tanto, el propósito de
este artículo es abordar el origen de estos mitos y falsas creencias y revisar la validez de algunas, como
por ejemplo: 1) El psicoanálisis ya ha muerto; 2) descubrimientos recientes demuestran la falsedad del
psicoanálisis; 3) el psicoanálisis no es científico; 4)¿el psicoanálisis es ciencia o hermenéutica?; 5) el
psicoanálisis será reconocido en la comunidad científica cuando realice comprobaciones en ensayos
clínicos con muestras grandes de población; 6) el psicoanálisis es subjetivo; 7) el psicoanálisis es
pansexualista y sólo se ocupa de sexo; 8) el psicoanálisis sólo se ocupa del pasado y de la relación con
los padres; 9) el psicoanálisis toma demasiado tiempo.
Title
Validity, myths and false beliefs on Psychoanalysis
Key Word
Psychoanalysis, Psychiatry, Psychology, Psycotherapy
Abstract
From the beginning and still today psychoanalysis has been criticized and refuted. Nowadays false
believes and made-up ideas have been presented as facts trying to diminish and disqualify epistemology
and psychoanalytic theorization. Most of these myths have been propagated only by word of mouth and
repetition, so the point of this article is to address these myths and review their validity. For example: 1)
Psychoanalysis is dead; 2) Recent discoveries proves that psychoanalysis is a lie; 3) Psychoanalysis is not
a science; 4) Is psychoanalysis a science or hermeneutic?; 5) Scientist will recognize psychoanalysis after
gathering the results of clinic essays perform in large cross sections of population; 6) Psychoanalysis is
subjective; 7) Psychoanalysis is pansexualist and only deals with sex matters; 8) Psychoanalysis only
takes into account childhood issues and the early relationship with parents; 9) Psychoanalysis requires too
much time.
Introducción
Cuando se me ofreció dictar un curso sobre psicoterapia psicoanalítica y psicoanálisis a residentes de
postgrado de psiquiatría y psicología clínica, pensé que antes de comenzar a estudiar los conceptos
básicos era conveniente aclarar la validez del método y algunas de las dudas y falsedades que se
escuchan con más frecuencia, tanto entre los legos como entre profesionales de la salud mental. Por
tanto, este artículo está destinado principalmente a los que se inician en el conocimiento de esta disciplina
y no pretende ser una revisión exhaustiva de la epistemología del psicoanálisis.
Me referiré al psicoanálisis tal como repetidamente lo definía Freud: método de investigación, teoría de la
personalidad y terapéutica, aunque la Sinopsis de Psiquiatría de Kaplan y Sadock (1) lo define como una
teoría de la personalidad, un método de investigación y una disciplina científica.
Antes de discutir las que considero falsedades, haré un breve repaso de las que considero las causas de
los ataques y cuestionamientos al psicoanálisis, con una breve referencia a las razones específicas en
España.
El primer grupo lo constituyen las cuatro que considero más importantes y que han acompañado al
psicoanálisis a través de toda su historia:
El segundo grupo lo constituyen las críticas que se fueron añadiendo con el paso del tiempo, entre las
cuales enumeraría las siguientes:
1) Alcances terapéuticos variables e inciertos que dependen de las diversas patologías y pacientes;
lo que también sucede en otras psicoterapias o farmacoterapias, a diferencia de los más rápidos o
más tangibles resultados de algunas especialidades médicas, aunque no todas.
2) Publicaciones y conferencias psicoanalíticas (o pseudo-psicoanalíticas) extremadamente
especulativas, con inapropiado manejo de la metapsicología, de la clínica o con una tendencia a
mezclarlas con filosofía, poesía, imaginación y cualquier otra cosa que parezca profunda o que
por metafórica, sugiera algo aunque no se sepa a ciencia cierta qué cosa es. Y en este punto no
me refiero a los aportes que desde la filosofía, la lingüística, la antropología, la epistemología, etc.
se han hecho al psicoanálisis y viceversa, sino a aquellos escritores que como decía Nietzsche
“enturbian sus aguas para que parezcan profundas”. Con lo cual lo que se ha conseguido es un
innecesario distanciamiento de otras disciplinas o que se tache a los psicoanalistas de crípticos,
confusos, cuando no de poco serios.
3) La mala praxis, pues aunque charlatanes o malos profesionales los hay en toda ciencia, esto por
sí sólo no suele ser suficiente para dañar la reputación de una disciplina. Sin embargo, existe un
creciente número de personas que un buen día, después de leer un par de artículos e ir a tres
conferencias deciden ejercer de psicoanalistas. Éste intrusismo es más difícil que suceda en otras
profesiones y fue al que Freud llamó psicoanálisis silvestre, previniéndonos del riesgo que
implicaba para los pacientes y la profesión. Lamentablemente las regulaciones relativas a la
formación y ejercicio del psicoanálisis en distintos países son variables, insuficientes o
inadecuadas, por lo que proliferan diversos grupos que contribuyen al descrédito. Tal como dice
Lázaro Sánchez (2) “… hay sociedades privadas de muy distintas características y envergadura –
desde las de carácter internacional hasta las que forman cuatro colegas en un piso alquilado -
cada una de las cuales se considera a sí misma una institución psicoanalítica válida para la
formación, la acreditación y la práctica clínica (y descalifica generalmente a las demás)”.
4) Los casos de seria psicopatología personal entre profesionales de la salud mental se usan para
argumentar que ello prueba que el método es inadecuado pues no ha podido “curar” al propio
profesional. Así, con frecuencia se oye decir que todos los psiquiatras o los psicoanalistas son
“locos” y de este modo los presentan en muchas películas.
¿De donde procede un tópico tan manido? Por una parte, se debe a que en no pocas ocasiones la
motivación inconsciente para elegir una profesión relacionada a la salud mental está vinculada a la
presencia de psicopatología personal o familiar, en un intento de comprenderla y repararla. Por otra parte,
se debe a que el trabajo con trastornos mentales tiene efectos tóxicos, por así decirlo, sobre la propia
salud mental del profesional y esto es aún más notorio cuando en éste hay patología significativa previa o
cuando no cuenta con un adecuado proceso psicoterapéutico personal que le permita procesar estos
“tóxicos” sin ser excesivamente afectado por ellos. Pero en buena medida también se debe al atávico
temor a la enfermedad mental, al temor a su contagio y a su desplazamiento sobre quienes trabajan con
ella.
Además de lo antes planteado, en España el rechazo al psicoanálisis tiene su propia historia y vale la
pena sintetizar la revisión histórica de la psicoterapia que hace Demetrio Barcia (3). Según él, la primera
causa del rechazo en España se debe a que antes de 1920 filósofos como Ortega y Gasset y psiquiatras
como Fernández Sanz fueron muy críticos con el psicoanálisis y dejaron una influencia importante en sus
seguidores de las siguientes décadas. Entre ellos Rodríguez Lafora, Sanchís Banús, Mira y López, Vallejo
Nájera y Prados Such, que aunque aceptaron algunos aportes del psicoanálisis, prácticamente se
mantuvieron distantes. No fue sino hasta 1930 que regresó de formarse en Berlín el primer psicoanalista
español, Ángel Garma, pero no logró la aceptación de los psiquiatras contemporáneos y además emigró a
Argentina durante la Guerra Civil.
La segunda razón de la no aceptación del psicoanálisis en España fue que los psiquiatras eran
neuropsiquiatras y se movían entre ambas disciplinas, dentro de una órbita organicista reforzada por la
influencia de Ramón y Cajal, de quienes fueron discípulos directos la mayoría de los de esa época. No es
sino en la post-guerra que se crean las cátedras universitarias de psiquiatría y cuando comienza
realmente ésta.
Después del año 39, al terminar la Guerra Civil, la orientación psicoterapéutica se mantuvo dentro de la
tradición antropológico – existencial, propia de las concepciones filosóficas imperantes.
Considero que la situación política de la España de Franco tampoco fue favorable para las ideas
psicoanalíticas. En tal sentido, Barcia cita a Glick: “A pesar de una acomodación general con los modelos
previos de polarización sociopolítica (con los liberales tendientes a favorecer y los conservadores a
cuestionar las ideas freudianas) la oposición católica fue relativamente suave”.
Eric Kandel (4), neurobiólogo formado en Harvard, reconocido mundialmente y ganador del premio Nobel
2000 por sus investigaciones en el campo de la memoria y el aprendizaje, en el artículo titulado ¨Un nuevo
contexto intelectual para la psiquiatría¨ publicado en American Journal of Psychiatry en 1998, comenta
que Sigmund Freud intentó inicialmente establecer un modelo neurológico de la conducta, con el fin de
desarrollar una psicología científica, pero en parte debido a las limitaciones de las neurociencias en ese
momento, abandonó este modelo biológico y lo sustituyó por otro puramente mental. Algo parecido a lo
que hizo Skinner cuando favoreció las descripciones objetivas de actos observables sobre las teorías
neurológicas.
Más adelante, Kandel comenta que la pérdida de los importantes desarrollos del psicoanálisis resultaría
muy lamentable y que sus mayores aportaciones serán en el marco de las ciencias cognitivas.
Después, en un artículo de 1999 en el American Journal of Psychiatry, denominado Biología y el futuro del
Psicoanálisis, Kandel (5) contrariamente a los que piensan que el psicoanálisis será reemplazado por la
biología, opina que el declive de la influencia del psicoanálisis "es lamentable, dado que el psicoanálisis
todavía representa el más coherente e intelectualmente satisfactorio punto de vista sobre la mente”.
Incluso considera que el psicoanálisis podría ayudar al avance de la investigación en neurociencias, así
como la biología puede realizar grandes contribuciones a la comprensión de los diversos procesos
mentales inconscientes, al concepto de determinismo psíquico, al papel de los procesos mentales
inconscientes en la psicopatología o a la comprensión del efecto terapéutico del psicoanálisis.
Kandel desarrolla ocho áreas donde el trabajo conjunto puede ser particularmente fructífero:
Ahora veamos que sucede con el psicoanálisis en un texto clásico de psiquiatría y mundialmente utilizado
como lo es el de de Kaplan y Sadock. Si observamos ediciones anteriores, la actitud hacía el psicoanálisis
era mucho más crítica y podemos ver que en patologías como la esquizofrenia no se dejaba
prácticamente ningún lugar para el psicoanálisis. Probablemente porque entonces el mayor peso
etiológico recaía sobre los componentes genético y biológico. Sin embargo, al ir cobrando más vigencia la
interacción multifactorial de genes, biología y ambiente, las cosas han cambiado y si revisamos la
“Sinopsis de psiquiatría” de estos autores en su octava y novena edición (6), no sólo encontramos que
entre los cinco colaboradores del Director está un psicoanalista (Glen Gabbard del Instituto de
Psicoanálisis de Topeka en Kansas) sino que en el capítulo de Esquizofrenia dicen: “Las visiones
psicodinámicas de la esquizofrenia se consideran erróneamente, a menudo, como si subrayaran el papel
de los padres en el trastorno, cuando en realidad, la perspectiva actual está centrada en las dificultades
psicológicas y neuropsicológicas del paciente esquizofrénico que le crean problemas con la mayoría de
las personas”. Más adelante señalan que “aquellos [esquizofrénicos] que son capaces de integrar la
experiencia psicótica en sus vidas pueden beneficiarse de algún tipo de terapia introspectiva”.
En éste mismo texto, al referirse al Trastorno Distímico, señalan que la psicoterapia introspectiva
individual es la modalidad más frecuente para el trastorno distímico y muchos especialistas creen que
constituye el tratamiento de elección (7). Igualmente mencionan su utilidad en otros trastornos, entre ellos
algunos trastornos de la personalidad.
No intento un recuento exhaustivo de las validaciones que se le hacen actualmente al psicoanálisis desde
otras ciencias, sino dejar claro que lejos de ser una disciplina muerta, está perfectamente viva y que los
errores o teorías psicoanalíticas ya superadas sólo confirman la característica evolutiva de cualquier
campo del saber. Esta característica nos lleva a la segunda falsedad sobre el psicoanálisis que suele ser
escuchada incluso en campos científicos.
Pongamos un ejemplo de la psiquiatría. Durante mucho tiempo prevalecieron las teorías que atribuían a la
alteración de un determinado neurotransmisor o a su receptor enfermedades como la esquizofrenia o los
trastornos afectivos. Hoy en día se habla de que estos no son más que interruptores de una cadena de
eventos que culminan en fenómenos intraneuronales como la transcripción y, sin embargo, nadie plantea
que aquella primera teoría, al menos incompleta, descalifique la validez completa de las neurociencias.
Esto metodológicamente no tendría sentido, pero en cambio algunos aceptan éste tipo de razonamientos
para descalificar al psicoanálisis. Por ejemplo, pueden echar mano de alguna teoría de difícil
comprobación como la pulsión de muerte (cuestionada incluso por muchos psicoanalistas) o sobre las
teorías iniciales del psicoanálisis sobre la madre del esquizofrénico, pero obvian por ejemplo, los estudios
de Kandel antes citados que aportan una comprobación empírica desde el campo de las neurociencias a
los conceptos de inconsciente y preconsciente.
Dicho en otras palabras, el hecho de que actualmente los cirujanos no utilicen los métodos de asepsia y
antisepsia que descubrió Semmelweis no invalidan su aporte. Igualmente el que algunos conceptos
freudianos de hace ya un siglo hayan sido trascendidos no invalida toda la estructura de su edificio
conceptual y aún menos las de sus sucesores.
3° El psicoanálisis no es científico:
Se le exige al psicoanálisis que haga mayores validaciones empíricas y en buena medida hay razones
para exigirlo y para intentar mejoras metodológicas en éste sentido. Sin embargo, McIntosch (citado por
Bleichmar y Leiberman) (8) plantea que incluso las ciencias naturales también desarrollan afirmaciones
sobre áreas que no están abiertas a la validación empírica, por ejemplo, el interior de las estrellas o los
hábitos de las especies extinguidas.
Por otra parte, además de las ciencias naturales, están las ciencias sociales y de la conducta con sus
propias metodologías. Klimovsky (9), un epistemólogo, recuerda que existen teorías que trabajan con
material puramente empírico, como la teoría de la evolución de Darwin y otras con una mezcla de material
empírico y teórico, como la genética, la química o el psicoanálisis. Compara estas dos últimas con un
interesante ejemplo, dice que el psicoanalista al observar el material inconsciente hace un salto
gnoseológico tan grande como el químico cuando deja de hablar del color del papel tornasol y se pone a
hablar de la órbita de los electrones en la estructura atómica y del desplazamiento de estos en esas
órbitas.
Klimovsky también llama la atención sobre el hecho de que en ciencia existen muchos procedimientos
para poder acceder a lo que no es directamente visible o epistemológicamente directo. Por ejemplo, para
observar con el telescopio o con el microscopio es necesario tener previamente una teoría, en este caso
la óptica, que es independiente de la biología o la astronomía y que sin haberla aceptado e internalizado,
uno podría reaccionar como los colegas de Galileo: no queriendo observar nada con un instrumento, para
ellos, mágico y defectuoso. Luego dice que todo lo que es material inobservable o no empírico es lo que
los epistemólogos llaman “objeto teórico”, que en el psicoanálisis es el material inconsciente, mientras que
para el conductista lo científico es quedarse sólo con lo observable.
Sin embargo, la objetividad de la conducta observable también es cuestionable, tal como lo señalaba Eric
Fromm con un excelente ejemplo: la sonrisa puede ser un gesto medible y observable, pero ¿tienen igual
motivación la sonrisa del vendedor que se nos acerca en la tienda y la de un padre que ve a su hijo dar
sus primeros pasos?
No es que el material observable como el del conductista no sea científico, lo que quiero subrayar es que
lo no observable también puede serlo. Cuando a Freud se le hacía la crítica de que su teoría descuidaba,
por ejemplo, el aspecto biológico o genético, él respondía que el hecho de que el físico se dedique a su
ciencia no significa que piense que la química no tenga validez, sino que simplemente no es su campo de
estudio.
¿Quién ha visto un agujero negro en el espacio o quién vio suceder el Big Bang?
Antes cite al famoso partero húngaro Semmelweis. Pues él preconizó el uso de la asepsia antes que
Pasteur fundamentara el carácter infeccioso de las infecciones puerperales.
Entonces, lo que “mide” el psicoanálisis es el dato no observable, sino conjeturable o inferible, a partir de
una teoría sin la cual no se puede observar nada, como en el caso del que mira la célula con el
microscopio.
Hay otros que le exigen validaciones estadísticas y contrastan sus resultados con los de estudios con
muestras grandes de pacientes. Lázaro Sánchez (2) cita a Adolf Grünbaum, heredero de Popper de la
crítica epistemológica al psicoanálisis, quien cuestiona la falta de ensayos clínicos rigurosos, controlados y
aleatorizados. Sin embargo, dice, “otros teóricos de la ciencia como Kuhn, Lakatos y Feyerabend
sostienen posturas más abiertas. Para Feyerabend, la ciencia es la religión triunfante de nuestra época,
pero lo bueno de ésta es que puede darse la salvación fuera de la iglesia hegemónica. No está
demostrado, ni parece demostrable, que la ciencia sea el mejor método de acercarse a todos los aspectos
de la realidad, y en especial de la realidad humana… lo que el método científico puede captar de un
fenómeno es lo que tiene de objetivable, que no es por fuerza lo más esencial y significativo”.
Esto último nos lleva a plantearnos la pregunta sobre qué tipo de ciencia es el psicoanálisis o si es una
filosofía o una hermenéutica. Respuesta de difícil solución pues ni siquiera los propios psicoanalistas
están de acuerdo, como veremos a continuación.
Tal como plantea Holt (citado por Bleichmar y Leiberman) (8) los analistas pueden ser agrupados en
cuatro categorías: 1) los que creen que es una ciencia natural, como Freud o Hartmann; 2) los que
piensan que podría considerarse una ciencia social o de la conducta , como Guntrip; 3) los que consideran
que es una actividad humanística o hermenéutica, como Schafer o Home; y 4) los que ven al psicoanálisis
como de naturaleza mixta entre las anteriores, como Gedo y Pollok o Meltzer.
Entre los del grupo que intenta la validación empírica del psicoanálisis, Fonagy ha planteado que lo han
hecho a través de cuatro tipos de estudios: a) sobre la eficiencia terapéutica, b) sobre la verificación de las
hipótesis dentro de la sesión, c) sobre la observación directa del desarrollo infantil, d) sobre estudios
experimentales.
Los del grupo que consideran al psicoanálisis como una hermenéutica parten de que
éste es una actividad interpretativa, el psicoanálisis interpreta lo que está tras el texto
manifiesto del discurso del paciente. Sin embargo, dice Spence (citado por Bleichmar y
Centro de Análisis de Imágenes Biomédicas Computarizadas CAIBCO
Instituto de Medicina Tropical – Facultad de Medicina
Universidad Central de Venezuela
VITAE Academia Biomédica Digital
Fecha de Recepción 20 Mayo - Fecha de Aceptación 22 Junio
http://caibco.ucv.ve Número 24 Julio-Septiembre 2005
Leiberman) (8), “nuestro quehacer no es un simple descifrar o descubrir sentidos de la historia o relatos
de nuestros pacientes, como lo podría hacer una disciplina puramente hermenéutica, sino que nuestra
subjetividad e interacción con nuestros pacientes hacen posible la reedición de la historia y la creación de
nuevas verdades narrativas y subjetivas que realmente modifican la vida de nuestros pacientes”.
El dilema entre los <<objetivistas>> -los que mantienen la necesidad de una contrastación empírica para
su validación por la comunidad científica – y los <<subjetivistas>> -los que apelan a la coherencia interna
y a la inteligibilidad narrativa como medios de validación propios de esta disciplina- en opinión de Lázaro
Sánchez (2) “es un dilema sobre la ubicación del psicoanálisis en la medicina científica oficial o entre las
medicinas marginales no validadas por ensayos clínicos. Kandel, Grünbaum, Wallerstein o Fonagy
están tratando de que el psicoanálisis haga un esfuerzo para integrarse en la ciencia
experimental. Laplanche, Green o los autores lacanianos prefieren quedarse fuera antes
que vender su alma”.
En efecto, franceses como Green o el propio Lacan, así como muchos analistas de otras
latitudes, no consideran que el psicoanálisis sea una ciencia positivista. Para Lacan el
inconsciente está estructurado como un lenguaje y por tanto podría estudiarse por
medio de la lingüística de Saussure. Pero los que así piensan no dirían que es una
medicina marginal, sino que simplemente el proceso y diálogo psicoanalítico no pueden
ser evaluados con los criterios de contrastación de otras ciencias.
Considero que aunque se realicen más ensayos clínicos, estudios de resultados de tratamiento, etc.,
probablemente las críticas al psicoanálisis continuaran siendo más o menos las mismas. Después
expondré mis razones para creerlo.
Estos autores remiten el comienzo de las investigaciones empíricas más sistemáticas y formales a la
década de los 40, cuando se realizaron estudios sobre el desarrollo psicológico y sobre las patologías
psicosomáticas. Entre los pioneros en estás investigaciones destacan: 1) Anna Freud y Dorothy
Burlingham con sus observaciones en guarderías de Hamstead del impacto sobre los niños al ser
separados de sus madres durante la guerra. 2) René Spitz con sus estudios sobre el “hospitalismo” y la
depresión anaclítica. 3) Edith Jackson con su estudio en Yale de madres con sus recién nacidos.
Posteriormente Kohut presidió un comité para formalizar la actividad investigadora, cuyos aportes fueron
retomados por Wallerstein, durante su presidencia entre 1972 y 1977, quien creó el primer fondo (Fund for
the Psychoanalityc Research) para apoyar la investigación formal de la IPA. Éste funcionó hasta la
presidencia de Otto Kernberg quien creó el Research Advisory Board en 1997, pero sus fondos resultaron
insuficientes para cubrir el creciente número de solicitudes, por lo cual fue necesario limitar los aportes
económicos y el tiempo de duración de los estudios. Hecho que muestra la limitación del factor económico
y la desventaja que al respecto tiene la investigación en psicoterapias en comparación con los
psicofármacos.
Sin embargo, es interesante ver como las circunstancias socioeconómicas pueden ser un motor para la
investigación, pues en Europa y particularmente en Alemania los trabajos se han focalizado en los
estudios de seguimiento destinados a demostrar la efectividad del tratamiento y la relación costo -
beneficio, lo cual refleja la presión de los servicios nacionales de salud en tal sentido.
Wallerstein y Fonagy (10) citan algunas de las investigaciones mas recientemente publicadas:
1) Stephen Seligman (1998), realizaron un estudio con videos sobre interacciones crónicas, repetitivas y
patológicas entre padres e hijos, para investigar los mecanismos de identificación proyectiva y la
transmisión transgeneracional del trauma.
2) Fonagy et al. (1995) y Fonagy & Target (1998) estudiaron las implicaciones de la teoría del apego en
fenómenos tan diversos como la comprensión psicoanalítica del desarrollo humano, el desarrollo del
pensamiento y de la “mentalización”, y la estructura y funcionamiento de la organización límite de
personalidad.
3) Fonagy & Target (1996, 1997) estudiaron los predictores de respuesta en el psicoanálisis y la
psicoterapia de niños.
4) Wallerstein (1988); DeWitt et al. (1991); Zilberg et al. (1991) desarrollaron una escala para medir el
cambio estructural de la organización de personalidad producido por la psicoterapia psicoanalítica. Escala
que está siendo utilizada en seis países europeos.
5) Luborsky & Crits-Christoph (1988) desarrollaron un método que han denominado Core Conflictual
Relationship Theme (CCRT) para identificar las manifestaciones transferenciales y sus alteraciones en el
curso de la terapia.
6) Dahl (1988) desarrolló un método que llamó Fundamental Repetitive and Maladaptive Emotional
Sequences (FRAMES) para evaluar los cambios durante el curso de la terapia de los patrones neuróticos
y repetitivos de relación entre el self y los objetos.
En cuanto al apoyo empírico de los complejos mecanismos mentales de los primeros meses de vida, hay
una serie de trabajos basados en observaciones experimentales de bebés que demuestran que desde el
nacimiento hay una prematura anticipación del objeto ausente y se desarrollan modos tempranos de
relación con la madre (aunque el estadio de permanencia del objeto, descrito por Piaget, se alcance
después de los ocho meses de vida). Ogden (11) plantea que reconocer que existen modos innatos de
organizar las vivencias no significa decir que se ha demostrado que el bebé sea capaz de la compleja
actividad mental que Melanie Klein concibe, ni que el contenido de esa actividad mental sea del tipo
considerado en la hipótesis de Klein. Entre estas investigaciones cita las de: 1) Stern, quien señala la
innata predilección del bebé por el rostro humano; 2) Brazelton, quien describe la temprana capacidad del
bebé para diferenciar el rostro de la madre del de otros; 3) Bower, quien ha demostrado que en las
primeras semanas de vida los bebés tienen un sentido de la continuidad existencial del objeto a lo largo
del tiempo y del espacio; 4) Eimas; 5) Sander; 6) Trevarthan. Trabajos que como dice Ogden, no
demuestran el tipo ni cualidad del proceso mental del infante, pero si la existencia de modos de
vinculación más precoces de lo que se suponía y que más recientemente han sido ampliados por
investigaciones en recién nacidos que demuestran su capacidad de reconocer ciertas tonadas musicales
o la voz de la madre al relatar cuentos cuando estaban aún in útero.
Como se puede observar, tiende a crecer la investigación empírica, dentro y fuera del psicoanálisis, que
apoya algunos de sus postulados. Aún así considero que la exigencia de ensayos clínicos aleatorizados
es cuestionable, pues no todo conocimiento científico debe mostrar su validez a través de experimentos
realizados según técnicas de laboratorio o estadísticas ya que, además de éstas, contamos con la
observación, el razonamiento y la lógica para captar la verdad. Además, las estadísticas, aún siendo las
matemáticas una ciencia exacta, son frecuentemente forzadas para demostrar con ellas lo que alguien se
propone, si no pensemos en las encuestas en política o en mercadeo.
Repito, sin eludir la necesidad de desarrollar estudios con muestras representativas y trascender el uso
exclusivo de casos individuales que, porque no decirlo, requieren demasiado confiar en la buena fe y
objetividad del autor. Sin eludir tampoco la demostración de la efectividad del tratamiento con
instrumentos de medición, incluyendo las técnicas de imagen cerebral, debemos preguntarnos si la
realización de tales estudios bastaría para acallar las críticas.
Como decía al comienzo, tengo la impresión de que no sería así y ello por varios motivos. En primer lugar,
porque tratamientos largos y en los que la relación interpersonal, intersubjetiva y transferencial son el
material fundamental de trabajo, son difíciles de convertir en estudios con grandes muestras de población
como los que se realizan con psicofármacos. En segundo lugar, porque de todas maneras serían de difícil
comprobación, replicabilidad y refutabilidad, sin recurrir al propio método psicoanalítico, por lo cual
probablemente seguiría cuestionándose la validez científica de estos. En tercer lugar, porque ya existen
estudios psicoanalíticos (como los antes citados) y de otras psicoterapias basadas en el psicoanálisis, por
ejemplo, sobre Psicoterapia Breve o Psicoterapia Interpersonal (descrita por Klerman), que demuestran
que son efectivas en el trastorno depresivo mayor, la bulimia nerviosa, la distimia y el trastorno de
ansiedad generalizada, incluso al compararlas con fármacos antidepresivos (12). Sin embargo, dichos
resultados no parece que hayan disminuido en nada las críticas que se le hacen desde principios del siglo
XX.
Por otra parte, debemos preguntarnos si en los trastornos mentales en general los estudios clínicos
demuestran determinantemente lo que se proponen y cuál es la “verdad” científica que encuentran.
Si se revisan ensayos clínicos o estudios de metaanálisis recientes, por ejemplo, sobre la efectividad de
un determinado antidepresivo comparado con otro; la rapidez de su acción; o sobre la eficacia de los
antipsicóticos “atípicos” sobre los síntomas negativos de la esquizofrenia, encontramos numerosos
resultados con expresiones como: “Parecen más eficaces”, o “Dentro de las limitaciones metodológicas
estos resultados indican que [el fármaco] tiene un efecto directo sustancial”, o “Tres estudios pequeños
mostraron tan sólo una tendencia… pero estos resultados muestran claramente”. O sea, expresiones que
denotan vaguedad, ambigüedad o contradicción - sin negar la rigurosidad metodológica de los estudios –
y que le otorga categoría de “verdad” a hechos que “parecen ser”, que provienen de “pequeños estudios”,
que muestran “tan sólo un tendencia” (aunque luego esta “tendencia “muestre claramente” algo) etc.
Lo que quiero subrayar con estos ejemplos es que la “verdad” científica nunca suele ser única y definitiva,
ni suele ser del tipo “todo o nada”, y que la metodología más rigurosa no puede demostrar verdades
absolutas, sino aproximaciones y posibilidades. Sin embargo, esta benevolencia muchos no se la
Finalmente citaré de nuevo a Lázaro Sánchez (2): “En los últimos años hemos asistido a la glorificación de
la más rigurosa y objetiva <<medicina basada en pruebas>> (Evidence based medicine). En estos
momentos, se están alzando cada vez más voces que señalan sus limitaciones y reivindican la necesidad
de complementar sus indiscutibles logros con lo que se está bautizando con el nombre de Narrative based
medicine: <<medicina basada en narraciones>>, en el diálogo entre médico y paciente; en el
reconocimiento clínico de la importancia de la subjetividad y de la dimensión narrativa, irrenunciable, de
cada persona. Y esto está ocurriendo tanto en la medicina general (Greenhalgh y Hurwitz) como en la
psiquiatría (Greenberg et al), la psicoterapia (Roberts y Holmes) o la bioética (Nelson)”.
6° El psicoanálisis es subjetivo:
Algunos críticos positivistas cuestionan al psicoanálisis un razonamiento circular según el cual el analista
tiene siempre la razón, tanto si el paciente confirma como si niega la interpretación. Lamentablemente hay
fallos en la metodología de comprobación de las hipótesis al ser transformadas en interpretaciones y esto
a veces se debe a la imperfección del método y otras a errores por parte de psicoanalistas que hacen un
uso estereotipado de ciertas teorías. En efecto, la subjetividad de un psicoanalista es uno de sus talones
de Aquiles, pero recordemos que desde los filósofos griegos, si no antes, se está discutiendo sobre la
subjetividad del observador y su influencia sobre lo observado.
El propio Einstein dijo que “el hombre busca para sí mismo una imagen simplificada y lúcida del mundo…
pero hacia las leyes elementales no hay camino lógico, sino sólo intuición, apoyada por un contacto
empático con la experiencia”. Holt afirma que en la ciencia, incluso en la física, hay a la vez intuición y
significado. Creer que uno ve partículas atómicas en las manchas de una cámara de estudio, o la
personalidad de un sujeto en un Rorscharch, es no advertir el alto nivel de inferencia y de atribución de
sentido que se asigna el observador. En estos casos hay también una dosis de interpretación y de
creación de significado (Bleichmar y Leiberman, 1988) (8).
Hagamos un breve recuento filosófico sobre racionalidad y subjetividad. La “filosofía racionalista” parte de
Platón y Sócrates. Platón señaló que las percepciones pueden engañar pero la razón no. Decía que existe
“el mundo de las Ideas” en el que las ideas son como moldes innatos (por ejemplo, la idea de caballo –
imagen -). En su “mito de la caverna” Platón refiere que si alguien sólo ha visto sombras en la pared de la
caverna, creerá que así es el mundo porque su percepción lo engaña al no saber que los objetos reales
están fuera y proyectan sus sombras.
Aristóteles refutaba a Platón porque para él lo fiable eran las percepciones, a partir de las cuales se
creaban las ideas por medio de la razón.
La línea de los filósofos racionalistas continúa con San Agustín, pasa por Descartes llegando a Kant que
en el siglo XVII llegó a la conclusión de que son importantes tanto la razón como la percepción porque la
razón muchas veces predispone a la interpretación de las percepciones. Posteriormente Hegel señaló que
la realidad que se percibe es siempre subjetiva, a lo que Kierkegard añadió que no sólo es subjetiva, sino
que, además, es personal.
Si pasamos de la filosofía a la física cuántica, fue Heisenberg quien descubrió lo que denominó el
Principio de Incertidumbre, según el cual el observador afecta la realidad observada. A partir de este
principio aparece la teoría relativista o perspectivista que considera que la `realidad´ existe, pero es
moldeada por quien la observa y relativa al que la percibe.
Entonces, es curioso que se acepte la subjetividad no sólo en filosofía, sino incluso en física cuántica y no
por eso se la descalifique como falsa, como tampoco se descalifica un instrumento de evaluación
psicológico o psiquiátrico por contener cierto grado de subjetividad por parte del entrevistador o del
entrevistado.
Continuando con la idea de realidad versus subjetividad y narrativa, Schafer (13) se pregunta por la
realidad de nuestras construcciones del desarrollo temprano y de la transferencia., llegando a la siguiente
conclusión: “Las versiones del presente (el aquí-y-ahora) son reconstrucciones tal como lo son las
versiones del pasado... La transferencia en el aquí-y-ahora es una reconstrucción en este sentido: lejos de
representar una serie de hechos narrativamente no mediatizados o inmodificables, la transferencia es una
versión psicoanalítica de hechos que se han relatado y que siempre podrían relatarse de otra manera.... El
hecho de que el paciente reaccione de maneras esclarecedoras a la reconstrucción que hace el analista
de su pasado infantil no demuestra que esa reconstrucción sea la única o la mejor posible, sino tan sólo
que constituye una buena guía”.
Concuerdo con Schafer en que la `realidad´ de los hallazgos en un psicoanálisis es una versión que
podría y podrá relatarse de otra manera. Siempre existe una subjetividad compartida entre analista y
paciente que conducirá a hallazgos, a insight y a encontrar un sentido, pero que no será necesariamente
el único sentido posible. Concuerdo también con Ruiz Manresa (14) cuando dice: “En nuestra tarea no
contamos con alcanzar verdades finales o absolutas. Como en las ciencias contemporáneas, sólo existen
rutas por las que transitamos con verdades pragmáticas puestas continuamente a prueba, y a las cuales
modificamos cada vez que encontramos o creamos otras que consensualmente nos parece que funcionan
mejor”.
Aún así, pienso que el sentido tiene que tener sentido; tiene que tener que ver con realidades internas que
puedan evolucionar hacia nuevas realidades o hacia nuevas maneras de apreciar una realidad. O sea,
que se llegará a una `verdad´ que permita la evolución del proceso y el crecimiento, pero que no será una
verdad única, incontrovertible e inmodificable, como no lo es la verdad científica.
Sin embargo, aún cuando no hay una sola verdad, ni una única narrativa, debe haber algunas verdades
posibles y otras no. Si no fuera así, el análisis sería simplemente un tratamiento que aporta una relación y
un sentido, sin importar si este es verdad o mentira. En cuyo caso no habría diferencia con la sugestión
hipnótica o con cualquier explicación que aporte algún sentido. Por ejemplo, a una persona sugestionable
cualquiera puede convencerlo de que lo que le pasa es producto de lo que le aconteció en otra vida (me
refiero a otra reencarnación y no a otra vida en esta vida). Esta persona puede aferrarse a esta
explicación si de alguna forma lo calma, le quita la culpa o la responsabilidad, pero se aferrará a una
mentira que no promoverá su evolución y crecimiento y, por tanto, no habrá ningún cambio.
Entonces, podemos llegar a diferentes narrativas o a vértices distintos de un mismo objeto, pero sólo lo
que se acerque a la verdad (a “la cosa en sí”, como fue tomado el concepto de Kant por Bion) podrá llevar
a nuevos o más profundos acercamientos a ésta y al crecimiento, pues la mentira sólo lleva a la verdad
por casualidad y, por lo general, no promueve el crecimiento. Incluso, metodológicamente, una premisa
falsa puede llevar a una conclusión correcta, pero en dicho caso la verdad encontrada lo será a pesar de
la premisa falsa y no porque la necesitara.
Esto es una evidencia de que muchas críticas provienen de no conocer la obra freudiana y menos aún la
de los innumerables sucesores de variadas escuelas y sólo se conocen los lugares comunes y el
conocimiento popular o Hollywoodense del tema.
Cuando se hace la falsa crítica de que el psicoanálisis sólo trata del pasado, no solo se desconoce la
evolución de la escuela kleiniana, la de las relaciones objetales, la de Bion, Winnicott, la psicología del Yo,
y así hasta llegar a los actuales representantes de la escuela interpersonalista, sino que también se
desconoce la evolución del propio Freud que en un comienzo, recién dejando la hipnosis y la abreacción,
se preocupaba por la interpretación simbólica de los contenidos inconscientes, pero que muy poco
después trasladó el énfasis de la interpretación de símbolos ocultos al estudio de la relación entre
paciente y analista, a través de la resistencia y de la transferencia.
Quienes se equivocan al opinar así es porque creen que el psicoanálisis sólo sigue siendo el de los
primeros artículos de Freud referentes a los lápsus o a los sueños, que son de 1900. Desconocen por
tanto el resto de los 24 tomos de sus obras completas (en la edición de Amorrortu) y la fructífera y ya larga
polémica sobre el concepto de psicoanálisis como hermenéutica, relativo a un inconsciente reprimido e
inmutable que el analista devela (como el hermeneuta interpreta un texto) versus el de un inconsciente en
permanente creación y modificación. En palabras de Ruiz Manresa (15): “En todo material presentado por
el paciente, el analista encontrará, no sólo explicaciones de las discontinuidades atribuibles al mundo
inconsciente intrapsíquico, sino también los núcleos de enganche con las situaciones actuales del aquí y
ahora, que han reactivado la relación entre lo interpersonal y lo intrapsíquico. Cada manifestación de
transferencia por lo tanto, no será considerada como simple repetición distorsionada de un pasado
riguroso, delineada por el inconsciente clásico, sino como la emergencia viva de un nuevo conjunto de
construcciones continuas entre inconsciente y consciente, y cuyo material conjuga pasado, presente, lo
privado unipersonal y la dimensión interactiva interpersonal”.
Por otra parte, hoy en día la gente busca soluciones rápidas, mágicas, con poco esfuerzo e implicación y
muchas veces buscan el alivio de los conflictos sin querer cambiar ellos mismos, pero esto es un
problema de otra índole y no está en nuestras manos modificar programas como si se tratara de
informática. La medicación puede producir cambios rápidos en ciertas patologías o síntomas, pero cuando
lo que se juega son aspectos más complejos de la existencia, lo que impera es de otro orden… a veces
del psicoterapéutico.
Referencias