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Arch Ivo

La inteligencia emocional se define como la habilidad de percibir, comprender y regular las propias emociones y las de los demás, lo que promueve el crecimiento emocional e intelectual. La falta de habilidades emocionales puede afectar negativamente el bienestar psicológico y el rendimiento académico de los estudiantes, mientras que una alta inteligencia emocional contribuye a una mejor salud mental y manejo del estrés. Educar en inteligencia emocional se considera esencial en el ámbito educativo, y existen programas efectivos que han demostrado mejorar estas habilidades en los alumnos.

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La inteligencia emocional se define como la habilidad de percibir, comprender y regular las propias emociones y las de los demás, lo que promueve el crecimiento emocional e intelectual. La falta de habilidades emocionales puede afectar negativamente el bienestar psicológico y el rendimiento académico de los estudiantes, mientras que una alta inteligencia emocional contribuye a una mejor salud mental y manejo del estrés. Educar en inteligencia emocional se considera esencial en el ámbito educativo, y existen programas efectivos que han demostrado mejorar estas habilidades en los alumnos.

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INTELIGENCIA EMOCIONAL

Es un concepto definido por Mayer, citado de un estudio de Martínez, como “una habilidad
para percibir, adimilar, comprender y regular las propias emociones y las de los demás,
promovimiendo un crecimiento emocional e intelectual. De esta manera se puede usar esta
información para guiar nuestra forma de pensar y nuestro comportamiento”. Goleman,
clasifica la inteligencia emocional desde distintos puntos, la capacidad de motivarse a uno
mismo sería un muy buen ejemplo para lograr una estabilidad emocional plena.
Las definiciones populares de inteligencia hacen hincapié en los aspectos cognitivos, tales
como la memoria, sin embargo, Edward L. Thorndike, en 1920, utilizó el término
inteligencia social para describir la habilidad de comprender y motivar a otras personas. En
1940, David Wechsler describió la influencia de factores no intelectivos sobre el
comportamiento inteligente y sostuvo, además, que los tests de inteligencia no serían
compleos hasta que no se pudieran describir adecuadamente estos factores.
Para comprender el gran poder de las emociones sobre la mente pensante y la causa del
frecuente conflicto existente entre los sentimientos y la razón, debemos considerar la forma
en que ha evolucionado el cerebro. La región más primitiva del cerebro es el tronco
encefálico, que regula las funciones vitales básicas, como la respiración o el metabolismo, y
lo compartimos con todas aquellas especies que disponen de sistema nerviso, aunque sea
muy rudimentario. De este cerebro primitivo emergieron los centros emocionales que,
millones de años más tarde, dieron lugar al cerebro pensante. El hecho de que el cerebro
emocional sea muy anterior al racional y que éste sea una derivación de aquél, revela con
claridad las auténticas relaciones existentes entre el pensamiento y el sentimiento. El
neocórtex permite un aumento de la sutieza y la complejidad de la vida emocional, aunque
no gobierna la totalidad de la vida emocional porque, en estos asuntos, delega su cometido
en el sistema límbico. Esto es lo que confiere a los centros de la emoción un poder
extraordinario para influir en el funcionamiento global del cerebro, incluyendo a los centros
del pensamiento. Traumas o nuestros momentos más felices. Constituye una especie de
depósito de la memoria emocional. Es la encargada de activar la secreción de dosis masivas
de noradrenalina, que estimula los sentidos y pone al cerebro en estado de alerta.
LeDoux descubrió que la primera zona cerebral por la que pasan las señales sensoriales
procedentes de los ojos o de los oídos es el tálamo, y a partir de ahí y a través de una sola
sinapsis, la amigdala. Otra vía procedente del tálamo lleva la señal hasta el neocórtex,
permitiendo que la amigdala comience a responder antes de que el neocórtex haya
ponderado la información. Según LeDoux: “anatómicamente hablando, el sistema
emocional puede actuar independientemente del neocórtex.
En el campo educativo, el aporte de la inteligencia emocional, constituye una herramienta
de fortalecimiento para el desarrollo de capacidades en los estudiantes, en medio de los
cambios constantes que se están suscitando en área académica producto de diferentes
factores y que en algún momento pueden afectar el buen desenvolvimiento de los alumnos
en tan sentido.
La literatura más reciente ha demostrado que las carencias en las habilidades de inteligencia
emocional afectan a los estudiantes dentro y fuera del contexto escolar. Existen cuatro áreas
fundamentales en las que una falta de IE provoca o facilita la aparición de problemas de
conducta entre los estudiantes: Inteligencia emocional y las relaciones interpersonales,
Inteligencia emocional y bienestar psicológico, Inteligencia emocional y rendimiento
académico y Inteligencia emocional y aparición de conductas disruptivas.
Una alta IE nos ayuda a ser capaces de ofrecer a los que nos rodean una información
adecuada acerca de nuestro estado psicológico. Para poder manejar los estados emocionales
de los demás hay que ser capáz, previamente, de manejar bien los propios estados
emocionales. Las personas emocionalmene inteligentes no solo son hábiles a la hora de
percibir, comprender y manejar sus propias emociones, sino también son más capaces de
extrapolar estas habilidades a las emociones de los demás.
En la última década ha habido un conjunto de estudios que se han centrado en analizar el
papel de la IE en el bienestar psicológico de los alumnos. El modelo de Mayer y Salovey
nos proporciona un marco adecuado para conocer los procesos emocionales básicos que
sub-yacen al desarrollo de un adecuado equilibrio psicológico y ayuda a comprender mejor
el pa-pel mediador de ciertas variables emocionales de los alumnos y su influencia sobre el
ajuste psicológico y el bienestar personal. Los estudios realizados en Estados Unidos
muestran que los alumnos universitarios con más IE informan de un menor número de
síntomas físicos, menos ansiedad social y depresión, mayor utilización de estrategias de
afrontamiento activo para solucionar problemas y menos rumiación. Además, cuando estos
alumnos son expuestos a tareas estresantes de laboratorio, perciben los estresores como
menos amenazantes y sus niveles de cortisol y de presión sanguínea son más bajos
(Salovey, Stroud, Woolery y Epel, 2002) e, incluso, se recuperan mejor de los estados de
ánimo inducidos experimentalmente (Salovey, Mayer, Goldman, Turvey y Palfai, 1995).
Las investigaciones realizadas con adolescentes españoles muestran que cuando se les
divide en grupo en función de sus niveles de sintomatología depresiva, los estudiantes con
un estado normal se diferenciaban de los clasificados como depresivos por una mayor
claridad hacia sus sentimientos y por una mayor capa-cidad para regular sus emociones.
La capacidad para atender a nuestras emociones, experimentar con claridad los senti-
mientos y poder reparar los estados de ánimo negativos va a influir decisivamente sobre la
salud mental de los estudiantes y este equilibrio psicológico, a su vez, está relacionado y
afec-ta al rendimiento académico final. Las personas con escasas habilidades emocionales
es más probable que experimenten estrés y dificultades emocionales durante sus estudios y,
en con-secuencia se beneficiarán más del uso de habilidades emocionales adaptativas que
les permiten afrontar tales dificultades. La IE podría actuar como un moderador de los
efectos de las habilidades cognitivas sobre el rendimiento académico.
Educar la inteligencia emocional se ha convertido en una tarea necesaria en el ámbito
educativo y la mayoría de los padres y docentes considera primordial el dominio de estas
habilidades para el desarrollo evolutivo y socioemocional de sus hijos y alumnos. No
obstan-te, hay muchas formas de llevarlo a cabo y, desde nuestro punto de vista, es muy
importante enseñar a los niños y a los adolescentes programas de IE que de forma explícita
contengan y resalten las habilidades emocionales basadas en la capacidad para percibir,
comprender y regular las emociones.. La enseñanza de estas habilidades depende de forma
prioritaria de la práctica, el entrenamiento y su perfeccionamiento, y no tanto de la
instrucción verbal. Lo esencial es ejercitar y practicar las habilidades emocionales y
convertirlas en una respuesta adaptativa más del repertorio natural de la persona. ¿Son
eficaces este tipo de ejercicios en IE? Sí, aunque no son muchos, existen estudios
contrastados que apoyan la eficacia de programa específicos de entrenamiento en las habili-
dades emocionales que componen la IE. En concreto, en el ámbito educativo los pro-
gramas llevados a cabo en [Link]. bajo la denominación de SEL han mostrado unos
resultados muy prometedores

Referencias
Lopes, P., y Salovey, P. (2004). Toward a broader education: Social, emotional, and
practical skills. En J.E. Zins, R.P. Weissberg, M.C. Wang, y H.J. Walberg (Eds.), Building
school success on social and emotional learning (pp. 79-93). New York: Teachers College
Press.
Lopes, L., Salovey, P., Cote, S. y Beers, M., (2005). Emotion regulation abilities and the
qual-ity of social interaction. Emotion, 5, 113-118.
Maurer, M. y Brackett M. A., (2004). Emotional Literacy in the middle school. A 6-step
pro-gram to promote social, emotional and academic learning. New York: Ed. Dude.
Mayer, J.D. y Salovey, P. (1997). What is emotional intelligence? En P. Salovey y D.
Sluyter (eds.). Emotional Development and Emotional Intelligence: implications for
educators (pp. 3-31). New York: Basic Books.
Mayer, J.D., Salovey, P. y Caruso, D. (2000). Models of emotional intelligence. En R.J.
Sternberg (ed.), Handbook of intelligence (pp. 396-420). New York: Cambridge

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