0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas15 páginas

Eje Generativo II-2025

El documento aborda cómo Dios se manifiesta al hombre a través de la creación y la revelación, destacando que el conocimiento de Dios puede alcanzarse mediante la razón natural y la fe. Se enfatiza la importancia de la revelación divina, que permite al hombre conocer a Dios más allá de sus capacidades humanas, y se describen las etapas de esta revelación a lo largo de la historia, culminando en Jesucristo. Además, se menciona la necesidad de la gracia para acoger esta revelación y la relación entre la razón y la fe en el conocimiento de Dios.

Cargado por

vero.sardinaa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
14 vistas15 páginas

Eje Generativo II-2025

El documento aborda cómo Dios se manifiesta al hombre a través de la creación y la revelación, destacando que el conocimiento de Dios puede alcanzarse mediante la razón natural y la fe. Se enfatiza la importancia de la revelación divina, que permite al hombre conocer a Dios más allá de sus capacidades humanas, y se describen las etapas de esta revelación a lo largo de la historia, culminando en Jesucristo. Además, se menciona la necesidad de la gracia para acoger esta revelación y la relación entre la razón y la fe en el conocimiento de Dios.

Cargado por

vero.sardinaa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

APUNTES

TEOLOGÍA I
Carrera Psicología
Comisión 2
EJE GENERATIVO II:
DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE
EJE GENERATIVO II: DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

Podríamos decir que Dios se manifiesta a través de su creación y el hombre lo capta de esta manera.
La acción primaria es de Dios y no simplemente del hombre que busca.

Catecismo de la Iglesia:

Las vías de acceso al conocimiento de Dios (“revelación natural”)

31 Creado a imagen de Dios, llamado a conocer y amar a Dios, el hombre que busca a Dios
descubre ciertas "vías" para acceder al conocimiento de Dios. Se las llama también "pruebas de la
existencia de
Dios", no en el sentido de las pruebas propias de las ciencias naturales, sino en el sentido de
"argumentos convergentes y convincentes" que permiten llegar a verdaderas certezas.

Estas "vías" para acercarse a Dios tienen como punto de partida la creación: el mundo material y la
persona humana.

32 El mundo: A partir del movimiento y del devenir, de la contingencia, del orden y de la belleza
del mundo se puede conocer a Dios como origen y fin del universo.

San Pablo afirma refiriéndose a los paganos: "Lo que de Dios se puede conocer, está en ellos
manifiesto: Dios se lo manifestó. Porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo se deja ver
a la inteligencia a través de sus obras: su poder eterno y su divinidad" (Rm 1,19-20; cf. Hch 14,15.17;
17,27-28; Sb 13,1-9).

Y san Agustín: "Interroga a la belleza de la tierra, interroga a la belleza del mar, interroga a la belleza
del aire que se dilata y se difunde, interroga a la belleza del cielo [...] interroga a todas estas realidades.
Todas te responde: Ve, nosotras somos bellas. Su belleza es su proclamación (confessio). Estas bellezas
sujetas a cambio, ¿quién las ha hecho sino la Suma Belleza (Pulcher), no sujeta a cambio?" (Sermo
241, 2: PL 38, 1134).

33 El hombre: Con su apertura a la verdad y a la belleza, con su sentido del bien moral, con su
libertad y la voz de su conciencia, con su aspiración al infinito y a la dicha, el hombre se interroga
sobre la existencia de Dios. En todo esto se perciben signos de su alma espiritual. La "semilla de
eternidad que lleva en sí, al ser irreductible a la sola materia" (GS 18,1; cf. 14,2), su alma, no puede
tener origen más que en Dios.

1
34 El mundo y el hombre atestiguan que no tienen en ellos mismos ni su primer principio ni su fin
último, sino que participan de Aquel que es el Ser en sí, sin origen y sin fin. Así, por estas diversas
"vías", el hombre puede acceder al conocimiento de la existencia de una realidad que es la causa
primera y el fin último de todo, "y que todos llaman Dios" (San Tomás de Aquino, S.Th. 1, q. 2 a. 3,
c.).

35 Las facultades del hombre lo hacen capaz de conocer la existencia de un Dios personal. Pero
para que el hombre pueda entrar en la intimidad de Él ha querido revelarse al hombre y darle la gracia
de poder acoger en la fe esa revelación. Sin embargo, las pruebas de la existencia de Dios pueden
disponer a la fe y ayudar a ver que la fe no se opone a la razón humana.

III El conocimiento de Dios según la Iglesia

36 "La Santa Madre Iglesia, mantiene y enseña que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede
ser conocido con certeza mediante la luz natural de la razón humana a partir de las cosas creadas"
(Concilio Vaticano I, Const. dogm. Dei Filius, c.2: DS 3004; cf. Ibíd., De revelatione, canon 2: DS
3026; Concilio Vaticano II, DV 6). Sin esta capacidad, el hombre no podría acoger la revelación de
Dios. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado "a imagen de Dios" (cf. Gn 1,27).

37 Sin embargo, en las condiciones históricas en que se encuentra, el hombre experimenta muchas
dificultades para conocer a Dios con la sola luz de su razón:

«A pesar de que la razón humana, sencillamente hablando, pueda verdaderamente por sus fuerzas y su
luz naturales, llegar a un conocimiento verdadero y cierto de un Dios personal, que protege y gobierna
el mundo por su providencia, así como de una ley natural puesta por el Creador en nuestras almas, sin
embargo hay muchos obstáculos que impiden a esta misma razón usar eficazmente y con fruto su poder
natural; porque las verdades que se refieren a Dios y a los hombres sobrepasan absolutamente el orden
de las cosas sensibles, y cuando deben traducirse en actos y proyectarse en la vida exigen que el hombre
se entregue y renuncie a sí mismo. El espíritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece
dificultad por parte de los sentidos y de la imaginación, así como de los malos deseos nacidos del
pecado original. De ahí procede que en semejantes materias los hombres se persuadan de que son
falsas, o al menos dudosas, las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas (Pío XII, enc. Humani
generis: DS 3875).

38 Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelación de Dios, no solamente acerca de lo
que supera su entendimiento, sino también sobre "las verdades religiosas y morales que de suyo no
son inaccesibles a la razón, a fin de que puedan ser, en el estado actual del género humano, conocidas

2
de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error" (ibid., DS 3876; cf. Concilio
Vaticano I: DS 3005; DV 6; santo Tomás de Aquino, S.Th. 1, q. 1 a. 1, c.).

La revelación histórica

Catecismo de la Iglesia:

CAPÍTULO SEGUNDO DIOS AL ENCUENTRO DEL HOMBRE

50 Mediante la razón natural, el hombre puede conocer a Dios con certeza a partir de sus obras. Pero
existe otro orden de conocimiento que el hombre no puede de ningún modo alcanzar por sus propias
fuerzas, el de la Revelación divina (cf. Concilio Vaticano I: DS 3015). Por una decisión enteramente
libre, Dios se revela y se da al hombre. Lo hace revelando su misterio, su designio benevolente que
estableció desde la eternidad en Cristo en favor de todos los hombres. Revela plenamente su designio
enviando a su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, y al Espíritu Santo.

ARTÍCULO 1 LA REVELACIÓN DE DIOS

I Dios revela su designio amoroso

51 "Dispuso Dios en su sabiduría revelarse a sí mismo y dar a conocer el misterio de su voluntad,


mediante el cual los hombres, por medio de Cristo, Verbo encarnado, tienen acceso al Padre en el
Espíritu Santo y se hacen consortes de la naturaleza divina" (DV 2).

52 Dios, que "habita una luz inaccesible" (1 Tm 6,16) quiere comunicar su propia vida divina a los
hombres libremente creados por él, para hacer de ellos, en su Hijo único, hijos adoptivos (cf. Ef 1,45).
Al revelarse a sí mismo, Dios quiere hacer a los hombres capaces de responderle, de conocerle y de
amarle más allá de lo que ellos serían capaces por sus propias fuerzas.

53 El designio divino de la revelación se realiza a la vez "mediante acciones y palabras",


íntimamente ligadas entre sí y que se esclarecen mutuamente (DV 2). Este designio comporta una
"pedagogía divina" particular: Dios se comunica gradualmente al hombre, lo prepara por etapas para
acoger la Revelación sobrenatural que hace de sí mismo y que culminará en la Persona y la misión del
Verbo encarnado, Jesucristo.

San Ireneo de Lyon habla en varias ocasiones de esta pedagogía divina bajo la imagen de un mutuo
acostumbrarse entre Dios y el hombre: "El Verbo de Dios [...] ha habitado en el hombre y se ha hecho
Hijo del hombre para acostumbrar al hombre a comprender a Dios y para acostumbrar a Dios a habitar

3
en el hombre, según la voluntad del Padre" (Adversus haereses, 3,20,2; cf. por ejemplo, Ibid., 3, 17,1;
Ibíd., 4,12,4; Ibíd.,4, 21,3).

II Las etapas de la revelación

Desde el origen, Dios se da a conocer

54 "Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de
sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además,
personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio" (DV 3). Los invitó a una comunión
íntima con Él revistiéndolos de una gracia y de una justicia resplandecientes.

55 Esta revelación no fue interrumpida por el pecado de nuestros primeros padres. Dios, en efecto,
"después de su caída [...] alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención,
y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación
con la perseverancia en las buenas obras" (DV 3).

«Cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte [...] Reiteraste,
además, tu alianza a los hombres (Plegaria eucarística IV: Misal Romano).

La alianza con Noé

56 Una vez rota la unidad del género humano por el pecado, Dios decide desde el comienzo salvar
a la humanidad a través de una serie de etapas. La alianza con Noé después del diluvio (cf. Gn 9,9)
expresa el principio de la Economía divina con las "naciones", es decir con los hombres agrupados
"según sus países, cada uno según su lengua, y según sus clanes" (Gn10,5; cf. Gn 10,20-31).

57 Este orden a la vez cósmico, social y religioso de la pluralidad de las naciones (cf. Hch17,26-
27), está destinado a limitar el orgullo de una humanidad caída que, unánime en su perversidad (cf. Sb
10,5), quisiera hacer por sí misma su unidad a la manera de Babel (cf. Gn11,4-6). Pero, a causa del
pecado (cf. Rm 1,18-25), el politeísmo, así como la idolatría de la nación y de su jefe, son una amenaza
constante de vuelta al paganismo para esta economía aún no definitiva.

58 La alianza con Noé permanece en vigor mientras dura el tiempo de las naciones (cf. Lc21,24),
hasta la proclamación universal del Evangelio. La Biblia venera algunas grandes figuras de las
"naciones", como "Abel el justo", el rey-sacerdote Melquisedec (cf. Gn 14,18), figura de Cristo (cf.
Hb 7,3), o los justos "Noé, Daniel y Job" (Ez 14,14). De esta manera, la Escritura expresa qué altura
de santidad pueden alcanzar los que viven según la alianza de Noé en la espera de que Cristo "reúna
en uno a todos los hijos de Dios dispersos" (Jn 11,52).

4
Dios elige a Abraham

59 Para reunir a la humanidad dispersa, Dios elige a Abram llamándolo "fuera de su tierra, de su
patria y de su casa" (Gn 12,1), para hacer de él "Abraham", es decir, "el padre de una multitud de
naciones" (Gn 17,5): "En ti serán benditas todas las naciones de la tierra" (Gn 12,3; cf. Ga 3,8).

60 El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa hecha a los patriarcas, el pueblo
de la elección (cf. Rm 11,28), llamado a preparar la reunión un día de todos los hijos de Dios en la
unidad de la Iglesia (cf. Jn 11,52; 10,16); ese pueblo será la raíz en la que serán injertados los paganos
hechos creyentes (cf. Rm 11,17-18.24).

61 Los patriarcas, los profetas y otros personajes del Antiguo Testamento han sido y serán siempre
venerados como santos en todas las tradiciones litúrgicas de la Iglesia.

Dios forma a su pueblo Israel

62 Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo salvándolo de la
esclavitud de Egipto. Estableció con él la alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para
que lo reconociese y le sirviera como al único Dios vivo y verdadero, Padre providente y juez justo, y
para que esperase al Salvador prometido (cf. DV 3).

63 Israel es el pueblo sacerdotal de Dios (cf. Ex 19, 6), "sobre el que es invocado el nombre del
Señor" (Dt 28, 10). Es el pueblo de aquellos "a quienes Dios habló primero" (Viernes Santo, Pasión y
Muerte del Señor, Oración universal VI, Misal Romano), el pueblo de los "hermanos mayores" en la
fe de Abraham (cf. Discurso en la sinagoga ante la comunidad hebrea de Roma, 13 abril 1986).

64 Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una
Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres (cf. Is 2,2-4), y que será grabada en los corazones
(cf. Jr 31,31-34; Hb 10,16). Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la
purificación de todas sus infidelidades (cf. Ez 36), una salvación que incluirá a todas las naciones (cf.
Is 49,5-6; 53,11). Serán sobre todo los pobres y los humildes del Señor (cf. So 2,3) quienes mantendrán
esta esperanza. Las mujeres santas como Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Ana, Judit y Ester
conservaron viva la esperanza de la salvación de Israel. De ellas la figura más pura es María (cf. Lc
1,38).

5
III Cristo Jesús, «mediador y plenitud de toda la Revelación» (DV 2)
Dios ha dicho todo en su Verbo

65 "Muchas veces y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los
profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo" (Hb 1,1-2). Cristo, el Hijo de Dios
hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En Él lo dice todo, no habrá otra
palabra más que ésta. San Juan de la Cruz, después de otros muchos, lo expresa de manera luminosa,
comentando Hb 1,1-2:

«Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo
habló junto y de una vez en esta sola Palabra [...]; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas
ya lo ha hablado todo en Él, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese
preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a
Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad (San Juan de
la Cruz, Subida del monte Carmelo 2,22,3-5: Biblioteca Mística Carmelitana, v. 11 (Burgos 1929), p.
184.).

No habrá otra revelación

66 "La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca pasará; ni hay que esperar otra
revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (DV4). Sin
embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la
fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.

67 A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas", algunas de las cuales han
sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe.
Su función no es la de "mejorar" o "completar" la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a
vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el
sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una
llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.

La fe cristiana no puede aceptar "revelaciones" que pretenden superar o corregir la Revelación de la


que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas religiones no cristianas y también de ciertas sectas
recientes que se fundan en semejantes "revelaciones".

6
LA AFIRMACIÓN DEL CRISTIANISMO DE SER UNA RELIGIÓN REVELADA

¿Qué significado da el cristianismo a la afirmación de ser él una religión revelada? Debemos recurrir
a la Iglesia para conocer el concepto cristiano de la revelación divina que ella transmite, sin agrandarlo
ni empequeñecerlo, para lograr una recta comprensión del concepto cristiano. Esta no prejuzga en
absoluto el problema de su verdad; recurrimos a las declaraciones de la Iglesia sólo como medio para
conocer el concepto de revelación, pero no consideradas tales declaraciones como argumentos
demostrativos que señalan el fin y la tarea.

LA REVELACIÓN DIVINA SEGÚN LAS ENSEÑANZAS DE LA IGLESIA

Significado etimológico y contenido conceptual del término “Revelación”

El término revelación (revelare) significa la acción de manifestar algo oculto. En sentido restringido o
religioso: las manifestaciones hechas por Dios para dar noticias a los hombres sobre sí mismo y sobre
las cosas divinas y religiosas. El verdadero Dios es para la mente humana una realidad innegable pero
envuelta por los velos impenetrables del misterio, un abismo insondable de los más profundos secretos.

El concepto de la revelación en un sentido religioso comprende los siguientes elementos: a) Una acción
dadivosa de Dios: Dios es el sujeto activo de la revelación; sigue una vía descendente; sólo Dios puede
tomar la iniciativa de la revelación. b) Un diálogo entre Dios y los hombres: la revelación establece y
fundamenta una relación dialogal entre Dios y los hombres; los hombres son los interlocutores. c) un
contenido conceptual objetivo, es decir, la manifestación o descubrimiento de algo.

La revelación por la creación

La misma creación encierra una revelación divina que es la que denominamos revelación natural que
es la puerta de entrada y el punto de partida para la revelación histórica. La revelación natural no solo
es el resultado lógico de válidos razonamientos filosóficos, sino que esta doctrina es propuesta
inequívocamente por la sagrada escritura. El concilio Vaticano I definió que “Dios, principio y fin de
todas las cosas, puede ser conocido con certeza por la luz natural de la razón partiendo de las cosas
creadas”.

Se convierten en una revelación de Dios cuando son reconocidas como obras divinas por otros seres
racionales; las cosas de este mundo no tienen en sí la razón de su existencia porque son contingentes

7
y exigen lógicamente la existencia y la acción de un ser eterno, absoluto y necesario (ver las 5 vías de
Santo Tomás de Aquino).

La revelación natural es asequible a todos los hombres, es por eso que se llama también revelación
general. La revelación natural no significa un contacto inmediato entre Dios y el hombre. La naturaleza
constituye el eslabón y el puente para el encuentro del hombre con Dios, es lo que San Agustín llama
“las huellas de Dios”; la revelación natural es muy imperfecta como manifestación de Dios; las
verdades relativas a la divinidad que contiene se limitan a las pocas que refleja la creación.

Concepto católico de Revelación histórica

Dios no se ha manifestado solamente a través de las obras de la creación, ha querido entrar en relación
inmediata con él, inicia con ello una nueva historia sobre un plano distinto y superior que parte de Dios
y lleva a una comunión inmediata con él.

La revelación histórica está al servicio de la comunión con Dios, el punto central de este acontecimiento
salvífico es la ENCARNACIÓN del HIJO UNIGÉNITO DE DIOS e impone el mandato de llegar a
ser hijos de Dios. A este nuevo orden de vida corresponde un nuevo orden de conocimiento. La
revelación histórica es al mismo tiempo una revelación verbal y operativa; el sentido pleno y el alcance
total de la revelación verbal sólo pueden comprenderse en su enlace con los hechos relativos a la
salvación. El carácter divino de los hechos relativos a la Salvación no puede conocerse en ellos
mismos, sino que sólo puede establecerse por el modo y el contenido de su manifestación.

Las Sagradas Escrituras nos hablan: “Dios habló muchas veces y de varias maneras a nuestros padres
por medio de los profetas. Últimamente, en nuestros días, nos ha hablado por medio de su Hijo” (Heb.
1,1)

La revelación histórica, a diferencia de la natural, es “inmediata” ya que se realiza sin un objeto


intermedio. Dios y hombre entran en un contacto personal y directo, y mantienen un intercambio
espiritual inmediato. El hablar consiste en un intercambio inmediato entre seres dotados de inteligencia
(locutio Dei); el hablar comprende el dirigir la palabra y el escuchar y responder. En la revelación
histórica Dios se digna mantener con el hombre una conversación inmediata y un verdadero
intercambio de pensamientos y manifestarle de una manera inmediata sus planes y designios de
salvación.

Dios cuenta con muchas posibilidades de comunicación. Puede actuar inmediatamente sobre la
imaginación y el entendimiento del hombre suscitando imágenes o conceptos y mostrándose autor de

8
los mismo (revelatio interna); también por visiones externas y se ha hecho escuchar mediante palabras
audibles (revelatio externa). La forma de revelación divina que es la más hermosa está constituida por
la Encarnación de la segunda persona de la Santísima Trinidad.

La revelación histórica crea esencial y necesariamente una relación mutua enteramente nueva entre
Dios y el hombre. La revelación histórica no consiste únicamente en un mero coloquio personal,
encierra necesariamente un contenido formado por verdades religiosas; se realiza para manifestarnos
secretos inaccesibles y concedernos una participación en la sabiduría y el ser divinos.

A – La revelación histórica contiene también verdades que en sí son asequibles al conocimiento


natural (revelatio supernaturalis secundum modum).

B – Dios nos concede también mediante la revelación histórica la posibilidad de dirigir nuestra
mirada al abismo insondable de los misterios divinos, los cuales, sin la revelación, serían siempre
inaccesibles para el hombre porque sobrepasan la capacidad de la mente humana (revelatio
supernaturalis secundum substantiam). Pero tampoco elimina toda la oscuridad que envuelve a Dios
ante la mirada humana. Por un lado, revela cosas que la mente humana comprende fácilmente una vez
conocidas y por otro hay cosas que la mente humana jamás llega a comprender como la intimidad de
Dios.

La revelación está destinada a todos los hombres (y no a uno en particular) pero se les transmite por
medio de órganos elegidos a los cuales Dios ha hablado directamente.

Cuando se trata de indicar la presencia de un “medio objetivo” desde el cual se puede llegar al
conocimiento de Dios (médium ex quo), debería llamarse mediata a la revelación natural e inmediata
a la histórica que consiste en una comunicación personal de Dios. La mediación del mensajero y de su
palabra no es objetiva. No es barrera ni punto de partida sino mero cause.

Por el contrario, cuando se quiere destacar que el mensaje de la revelación natural encerrados en las
cosas creadas se ofrece de igual modo a todos los hombres y la revelación histórica desciende de Dios
a su mensajero y éste la transmite a los demás hombres; habría que llamar inmediata (no transmitida)
a la revelación natural y mediata (transmitida) a la histórica.

La inmediata llamada divina de la revelación histórica exige del hombre la respuesta de una fe
incondicional y una rendida obediencia.

9
Diferencia entre revelación por la creación y por la historia

Según la concepción católica las dos son esencialmente distintas:


1. Por la clase de relación mutua que se establece entre Dios y el hombre. La revelación natural
procede de Dios como autor y creador de todos los seres del universo y lo manifiesta a través
de las obras que ha creado. En cambio, la revelación histórica procede de Dios como Padre que
se inclina con benevolencia y de un modo enteramente nuevo hacia el hombre manteniendo
con el mismo un intercambio formal e inmediato de pensamientos.
2. por su relación con hechos históricos; la revelación natural no está ligada a ningún
acontecimiento histórico sino que se relaciona con un hecho ontológico: el ser de todas las
criaturas es obra de Dios de quién todas dependen, es por eso que es asequible, la revelación
histórica está ligada a un acontecimiento histórico singular, cronológica y geográficamente
determinado.
3. Por su contenido: el de la revelación histórica es más amplio (clara y perfecta) que nos facilita
el acceso a un orden entitativo y cognoscitivo esencialmente divinas (verdades asequibles y
verdades divinas) la revelación natural es más reducida (difusa)
4. Por la luz necesaria para conocerlas: para la revelación natural basta la luz natural de la razón
humana aunque sea sólo para conocerla imperfectamente; en cambio para percibir y aceptar la
revelación histórica el hombre tiene que ser facultado por una luz divina gratuita (lumen fidei):
fe.

POSIBILIDAD Y CREDIBILIDAD DE UNA REVELACIÓN HISTÓRICA

Podemos distinguir una posibilidad intrínseca que consiste en la ausencia de contradicción entre los
elementos constitutivos de la esencia de una cosa (metafísica); y otra posibilidad extrínseca o física
que se funda en la existencia de las causas físicas capaces de realizar una cosa. Para la omnipotencia
divina estas dos cosas ya que la omnipotencia puede hacer todo lo que no sea metafísicamente
imposible. No se debe concebir la omnipotencia divina como una arbitrariedad ciega e ilimitada. El
mismo Dios ha puesto límites a su libertad y omnipotencia absolutas, al ejecutar un plan determinado
en la creación y salvación. Como Dios del orden no cambia sus planes caprichosamente sino que realiza
lo que no es contradictorio y está en consonancia con las normas morales.

10
La revelación histórica es la manifestación libre de sí mismo hecha por Dios. Es inconcebible que la
aceptación de la palabra divina constituya un menoscabo de la dignidad personal y la libertad del
hombre.

Concepto de Dios y revelación histórica

Las objeciones que se formulan contra la posibilidad de una revelación histórica se fundan en una falsa
o deficiente concepción de Dios: el ateo que niega la existencia de Dios; el agnóstico para quién nada
puede conocerse con certeza sobre la existencia de Dios (niega la revelación y su posibilidad); el
panteísta y el deísta. Admitida la existencia y la cognoscibilidad de Dios sólo queremos destacar que
Dios es un ser libre, personal y trascendente y comunicable a los hombres.

1. La revelación sólo puede darse si existe un Dios trascendente, personal y libre. Sólo puede
revelarse la persona que posee una esfera íntima, cerrada a las miradas ajenas y es capaz de la
decisión libre de comunicar a otros algo propio. El hombre es enteramente incompetente para
señalar límites a Dios y ponerle condiciones. El hombre debe tener el valor y la humildad
necesarios para aceptar el dominio de Dios y admitir sus generosas decisiones.
2. Las concepciones panteístas y deístas de Dios excluyen la posibilidad de la revelación al anular
la relación de Dios con el mundo. El Dios de los deístas no quiere revelarse porque rehúye todo
diálogo con el hombre. El Dios de los panteístas no puede revelarse porque carece de
interlocutor y por tanto únicamente se es posible un solitario monólogo.
3. los deístas piensan que la revelación es contraria a la sabiduría divina. Dios rebajaría sus
altísimas perfecciones si interviniera en el mundo después de su creación para mejorar con
retoques ulteriores su propia obra. Si Dios quiere establecer una relación personal e inmediata
con el hombre sólo puede hacerlo mediante acto nuevo, especial y gracioso.
4. Cuando se niega la posibilidad de una revelación histórica se destruye la misma raíz de la
religión, se socava la fe en la trascendencia de Dios.

El contenido de la revelación histórica

Toda comunicación divina es algo enteramente nuevo para el hombre aunque no transmita ningún
conocimiento nuevo en su contenido; en la revelación dios se revela ante todo a sí mismo. Todos los
espíritus grandes tienen conciencia de la inseguridad y la limitación de su conocimiento de la verdad;
la existencia terrena del hombre no se desenvuelve en una atmósfera saturada de luz y de verdad, sino
que padece siempre una dolorosa penuria de conocimientos ciertos y necesarios. Sería una arrogancia,

11
rayana en la locura, que el hombre pretendiera poner límites a las posibilidades divinas proyectando
sobre Dios sus propias limitaciones humanas. Por otra parte, si Dios viene en ayuda de la vacilante
inseguridad del hombre, le amplía su estrecho horizonte y le muestra nuevas realidades, no puede
afirmarse en absoluto que Dios infiera con ello una vejación al hombre, cuando en realidad enriquece
su haber intelectual y satisface en parte su insaciable sed de verdad.

EL MILAGRO COMO CRITERIO DEFINITIVO DE LA REVELACIÓN

Concepto y división del milagro

Es un hecho sensible, extraordinario y divino. El milagro es un hecho extraordinario dentro de nuestro


mundo experimental. Es un hecho que no puede explicarse por las causas naturales, sino que se debe
a la acción inmediata de Dios. El concepto de milagro incluye estos tres momentos: a) que sea un
hecho perceptible por los sentidos; b) que no se deba a causas naturales; c) que el autor del mismo sea
Dios.

a. para el milagro se requiere en primer lugar que se trate de un hecho sensible dentro del mundo
asequible a nuestra experiencia; no son milagros en sentido apologético aquellos hechos cuyas causa
inmediata es Dios pero que como tales, no caen dentro del ámbito de nuestros sentidos (ej.
Transubstanciación, Gracia de los sacramentos).
b. El milagro es un hecho extraordinario, es decir, un hecho que no sigue el curso ordinario de las
leyes naturales. El milagro, como acontecimiento, pertenece a la esfera de la naturaleza pero su causa
eficiente no pertenece a la naturaleza ni está sujeta a las leyes naturales. Milagro en sentido apologético
sólo es aquel hecho cuya realización n o puede explicarse por ninguna de las causas creadas físicas o
espirituales.
c. El milagro es un hecho cuyo autor es Dios; 1) se alcanza la certeza más firme de que un hecho
ha sido causado inmediatamente por Dios cuando el mismo hecho supera, no sólo las posibilidades de
toda la naturaleza creada sino también las fuerzas de los espíritus ultramundanos (creación o
aniquilación de un ser: sólo Dios) 2) existen milagros que no pueden explicarse por las causas naturales
de este mundo, pero que tampoco excluyen la posibilidad de haber sido realizados por espíritus
desconocidos para nosotros. Su autor instrumental, sus circunstancias, sus fines y sus efectos pueden
servirnos de criterios para salir de dudas; para atribuir a Dios como autor un hecho que supera las
causas naturales de este mundo basta la exclusión de la posibilidad de una intervención diabólica.
Algunas personas religiosas consideran milagros a los hechos providentes de Dios; esta “fe en el
milagro” es únicamente una fe ardiente y vivida en la providencia. El considerarlos “milagro” se debe

12
únicamente a la experiencia y a la interpretación subjetivas del hombre religioso. Estos milagros
religiosos no reúnen todos los requisitos necesarios para que un hecho sea milagro en sentido
apologético. Este hecho sólo nos obliga a proceder con especial cautela crítica en la comprensión de
un milagro.

• Por el ámbito en que se realizan los milagros, éstos se dividen en a) milagros físicos: consisten
en hechos que por su contenido pertenecen al mundo físico como el apaciguamiento de una
tempestad, curación de un enfermo, resurrección de un muerto; cuando se realizan sin la
intervención de las causas naturales; b) milagros intelectuales: se producen cuando un hombre
muestra unos conocimientos o una capacidad intelectual que superan todas las posibilidades
del entendimiento humano (ej. Previsión de futuros libres o profecías, penetración de corazones
y la sabiduría sobrehumana) c) milagros morales: hechos de índole moral totalmente
inexplicables por las fuerzas de la voluntad humana lire, por ejemplo una santidad
extraordinaria, la constancia inquebrantable en el martirio, transformaciones históricas no
sujetas a las leyes de la historia.

La posibilidad del milagro

La afirmación de la revelación (intervención de Dios en los acontecimientos naturales) representa


necesariamente la afirmación del milagro. Quien no admite el milagro debe rechazar también la
revelación o privar a su concepto de su significado más profundo.

Los deístas consideran a Dios totalmente separado de la naturaleza, por lo tanto para ellos no hay
milagros; los panteístas consideran que Dios es naturaleza, todo es obra de la naturaleza y por lo tanto
tampoco hay milagro; el cristianismo considera a Dios trascendente, creador y señor providente: puede
intervenir en el curso de la naturaleza.

Posibilidad del milagro por parte de Dios

El verdadero Dios es trascendente al universo e independiente de la naturaleza; la naturaleza es obra


de Dios y, por lo tanto, depende esencial e ininterrumpidamente del mismo Dios. El ser contingente
no sólo necesita de la acción libre creadora de Dios para pasar de la nada a la existencia, sino que
requiere también su constante acción conservadora para continuar existiendo. Si Dios se desentendiera
completamente del mundo, éste volvería inmediatamente a la nada.

13
Dios es trascendente al mundo, creador y señor del universo, infinitamente libre en todas sus decisiones
y vigilante rector detonas las cosas con su providencia. Siendo así, puede intervenir con su acción
inmediata en el curso de la naturaleza. Así pues, el milagro es posible por parte de Dios.

El milagro, por tanto, no es en absoluto un hecho absurdo que carece de causa. Tiene a Dios por autor
y se explica por su libre intervención. Semejante intervención divina no es contraria a la ley más íntima
de la naturaleza. El milagro presupone la validez de la ley natural y no destruye su persistencia.
Corresponde a la causa primera de todo ser generar nuevas fuerzas y producir nuevos efectos.
Precisamente el hecho de que se hayan producido milagros es la mejor prueba de que la naturaleza no
se encuentra cerrada al acceso de nuevas fuerzas procedentes de lo alto.

MISTERIOS:

Gisbert Greshake, del libro EL DIOS UNO Y TRINO (pág. 38)

Misterio no es algo solamente negativo, paradójico y alejado del hombre, sino también algo positivo,
que está cerca de nosotros y nos envuelve: es aquello que sostiene, contiene y mueve todas las demás
cosas y así, conservando su permanente carácter de misterio, puede expresarse de manera aproximada
con palabras. Partiendo del término “Geheimnis” (que se traduce al español como misterio) Jörg Splett
advierte acerca de que, literalmente, esa palabra alemana significa “aquella reunión (Ge-) que brinda
hogar (heim). En esa palabra escuchamos nada más que la exclusión; sin embargo, designa
originalmente aquello en lo cual estamos en casa. Naturalmente, eso que envuelve no se deja asir. Pero
no porque se sustraiga, sino justamente, porque (dándose) nos envuelve”.

Si fuese real la leyenda sobre Agustín según la cual, mientras estaba meditando sobre la trinidad fue
advertido acerca de la inviabilidad de su propósito por un niño que procuraba vaciar a cucharadas el
mar en un pozo hecho en la arena, hay que decir que el niño hubiese hecho mejor aconsejando a Agustín
que se bañase en ese mismo mar. ¡Porqué habría de querer vaciarlo, cuando el mar adquiere su
naturaleza propia, su hermosura y su esplendor justamente al recibir, purificar, sostener y reconfortar
al que en él se baña!

(pág. 56) Sólo la encarnación de Cristo y el destino sobrenatural del hombre se cuentan, pues, entre los
misterios propiamente dichos.

14

También podría gustarte