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Cirrosis

La cirrosis hepática es el resultado de enfermedades hepáticas crónicas que llevan a la pérdida de la función y estructura del hígado, con síntomas que varían desde fatiga y pérdida de apetito hasta complicaciones graves como ictericia y ascitis. El diagnóstico se realiza a través de análisis de sangre que indican daño hepático, y el tratamiento incluye cambios dietéticos, medicamentos y, en casos severos, trasplante hepático. La clasificación de Child-Pugh se utiliza para evaluar el grado de disfunción hepática y el riesgo quirúrgico.
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Cirrosis

La cirrosis hepática es el resultado de enfermedades hepáticas crónicas que llevan a la pérdida de la función y estructura del hígado, con síntomas que varían desde fatiga y pérdida de apetito hasta complicaciones graves como ictericia y ascitis. El diagnóstico se realiza a través de análisis de sangre que indican daño hepático, y el tratamiento incluye cambios dietéticos, medicamentos y, en casos severos, trasplante hepático. La clasificación de Child-Pugh se utiliza para evaluar el grado de disfunción hepática y el riesgo quirúrgico.
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La cirrosis hepática es la consecuencia final de muchas enfermedades hepáticas

crónicas que lleva a la pérdida de la arquitectura normal del hígado y una disminución
progresiva de sus funciones. Cualquier enfermedad que produzca una inflamación crónica
del hígado puede, en el curso de los años, llegar a producir cirrosis.

Los síntomas tempranos de la cirrosis pueden incluir:

 sentirse cansado o débil


 poco apetito
 perder peso sin intentarlo
 náuseas y vómito
 dolor leve o molestia en la parte superior derecha del abdomen

A medida que la función hepática empeora, pueden aparecer otros síntomas, como:

 moretones y hemorragias que ocurren fácilmente


 confusión, dificultades para pensar, pérdida de memoria, cambios de
personalidad o trastornos del sueño
 hinchazón en la parte inferior de las piernas, tobillos o pies, llamada edema
 hinchazón por acumulación de líquido en el abdomen, llamada ascitis
 picazón severa en la piel
 oscurecimiento del color de la orina
 tinte amarillento en la parte blanca de los ojos y en la piel, llamado ictericia
Clasificacion de [Link]
Es un score, por tanto, derivado empíricamente al nacer para estratificar riesgo quirúrgico,
sin embargo, es el sistema más usado para clasificar el grado de disfunción hepática.

Diagnóstico Diferencial

El médico puede recomendar los siguientes análisis de sangre:

 Pruebas del hígado: que pueden mostrar concentraciones anormales de


enzimas hepáticas, lo cual puede ser un signo de que el hígado está dañado. El
médico puede sospechar que existe una cirrosis si una persona tiene:
o un aumento en las concentraciones de las enzimas hepáticas alanina
transaminasa, aspartato transaminasa y fosfatasa alcalina
o un aumento en las concentraciones de bilirrubina
o una disminución en las concentraciones de proteínas en la sangre
 Conteo sanguíneo completo: que puede mostrar indicaciones de infección y
anemia posiblemente causadas por una hemorragia interna
La enfermedad se detecta de manera incidental mediante exámenes de laboratorio,
exámenes físicos o imágenes. Uno de los hallazgos comunes es la elevación de leve a
moderada de las aminotransferasas (ALT/AST) o de la gamma-glutamiltranspeptidasa
(GammaGTP) con posible agrandamiento de hígado y/o del bazo en la exploración física
por imagen.

Tratamiento

Dietéticos
Entre los dietéticos está la reducción de la sal, para prevenir la retención de líquidos, y la
de proteínas (carnes, pescados) para la encefalopatía hepática. Como es necesaria una
buena nutrición, la dieta debe ser siempre supervisada por el médico. A veces se
necesitan suplementos de vitaminas y minerales.

Farmacológicos
Entre los fármacos se usan, fundamentalmente, los diuréticos para tratar la retención de
líquidos y los llamados beta-bloqueantes para prevenir las hemorragias digestivas.
Pueden ser necesarios otros muchos fármacos para tratar las complicaciones, pero la
mayor parte de ellos se usan fundamentalmente en el ámbito hospitalario.

Trasplante hepático
El tratamiento definitivo de la cirrosis es el trasplante hepático. Se realiza en los pacientes
en que se estima una supervivencia menor de dos años, a consecuencia de esa
enfermedad, y en los que no existe contraindicación para realizarlo por otros motivos.

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