Sus miradas tiernas me llamaban la atención, como podían ser tan tiernas y tan
inocentes, sus mejillas tan rosadas como el pétalo de una rosa. Admiraba su
padre a sus dos gemelas, el las sobreprotegía ante cualquier mínimo peligro.
Las gemelas amaban la naturaleza tanto así que su padre tenía un enorme jardín
en su hacienda, con llamativas rosas, plantas coloridas que le daban un toque
especial a ese jardín, ellas amaban la naturaleza porque era eso lo que les hacía
recordar a su madre ya fallecida cuando ellas recién eras unas niñas.
-Mira María en ese cielo tan hermoso se encuentra nuestra madre -Decía
Marielena con una triste mirada
-Desde ahí nos cuida -Decía María con alivio en su mirada, las dos observaron
que un pequeño hombrecito estaba acostado en los pastizales del jardín.
Ellas lo ignoraron y se fueron a jugar a otra parte. Pedro admiraba la belleza del
cielo mientras pensaba.
-Como desearía estar con mi familia, mis ovejitas, mi becerrita yuraq munaycha,
hay yuraq, yuraqcha como desearía estar en estos momentos contigo, juagar,
pero yo se algún día las volveré a ver. Mientras que de sus ojos surgían algunas
lágrimas, lágrimas de tristeza, de pronto escucho que alguien lo llamaba.
-Pedro, Pedrucha el patrón te llama, y esta renegado, renegado esta¡¡
Se levantó de inmediato y fue corriendo a donde estaba su patrón.
-Si patroncito mío en que lo puedo ayudar -Decía este con mucho miedo.
-Indio ni para limpiar el establo de los animales sirves, para que nomás servirás -
Exclamo furioso el patrón, dándole una cacheada a Pedo. Mientras los otros
sirvientes lo miraban agachando la cabeza. Pedro asintió la cabeza y se dirigió
rápidamente hacia el establo de los animales, mientras limpiaba observo que una
becerrita tenía un gran parecido a su becerrita yuraq munaycha, pero no era ella,
eso lo puso muy triste. Cuando termino de limpiar se dirigió a la cocina a
conversar un poco con la cocinera, Justina quien ya era una pobre anciana mal de
salud, pero seguía ahí porque no le daban su tan ansiada libertad.
-Pedrucha, por favor mañana puedes ir a recoger un poco de muña, al patrón le
está doliendo su barriga.
Pedro se sintió conmovido por la anciana y le dijo que sí.
Marielena y María entraron a la cocina y escucharon la conversación y
preguntaron acerca de su papá, Justina les dice que su papá se encontraba mal,
pero ya tenían la solución. Marielena y María se fueron a dormir tranquilamente.
Al día siguiente Marielena propuso a María que fueran al barranco donde su
mama´ las solía llevar cuando eran pequeñas.
Marielena sentía cierto rencor a su hermana, creía que el mundo giraba a su
alrededor, esto lo confirmaba cuando su padre prefería más a María que a ella,
ella se sentía impotente, celosa, tenía odia a su hermana, ella creía que era más
hermosa porque siempre la mayoría de gente del pueblo se centraba en María y
no en Marielena, aunque fueran gemelas.
Marielena en un principio quería mucho a su hermana, pero los actos de su padre
y la comunidad construyeron ese odio contra su hermana. María al escuchar que
su hermana quería ir con ella a ese barranco tan especial muy emocionada dijo
que sí.
Las dos se apresuraron para llegar al barranco, ese barranco era al mismo que
Pedro se dirigía para recoger muña. Las dos llegaron y se echaron en los
pastizales de lo cansadas que estaban, tomaron un poco de aire fresco y se
pusieron a jugar.
-María y si llevamos un poco de plantas para plantar en nuestro jardín.
-Sí, apurémonos más bien antes de que todos en la hacienda se den cuenta que
no estamos allí.
-Sí, apurémonos.
Las dos se pusieron a recoger es su canasta hermosas plantas, las más
verdecitas y un poco de rosas las más blancas, sus favoritas.
María se dio cuenta que justo cerca del barranco había una hermosa rosa que
brillaba naturalmente se acercó a recoger muy ingenuamente. Marielena se
percató de esto y aprovecha para empujarla cruelmente; justo en ese momento
Pedro iba llegando a ese lugar cuando observo esto y corrió rápidamente donde
se encontraban las hermanas, mientras gritaba.
-Marielena asesina, asesina eres – Ella al oír esto corrió apresuradamente a su
casa con mucho miedo.
Pedro llego rápidamente donde se encontraba María quien se encontraba sin vida
en el fondo del barranco; él se adentró a recoger en cuerpo sin vida de María para
después poder llevarlo a la hacienda. cuando iba llegando miro a lo lejos que el
patrón estaba en la puerta junto a la cocinera y dos indios, Marielena también se
encontraba en ahí. Pedro al ver esto se apresuró mucho más y ni bien llego donde
su patrón le dijo
-Padrecito mío Marielena fue la que la empujo, ella, ella es la culpable -Don
Froilán no le creía al indio..
-Como puede ser esto posible esperar que te crea a indio o a mi propia hija
-Señor mío tiene que creerme yo mismo la vi.
-Ay indio tus palabras no valen nada –Pedro agacho el cabeza muy temeroso, al
indio le dieron un cruel castigo y él se escapó de la hacienda a un lugar
desconocido, en la mente tenía que llegara donde llegara seria libre. Aunque
sentía cierto remordimiento porque su patrón no le creyó prefirió creer la versión
de su hija mala, estas palabras retumbaban en su mente.
Mientras tanto a Marielena le atormentaba cada noche es espíritu de su hermana
en forma de una sombra brillante que aparecía en la oscuridad esto ocurría cada
noche y esos pensamientos de que mato a su hermana la perseguían, no podía
vivir tranquila, aunque la muerte de su hermana la deseaba, no podía vivir con la
culpa. Hasta que un día decidió contarle todo lo que ocurrió a su padre, don
Froilán no lo podía creer, él estaba en shock, pero ya no servía lamentarse porque
lo hecho, hecho estaba decía don Froilán, decidió mandar a vivir a su hija para
que aprendiera un poco y también como castigo.
Aunque esto no devolvería la vida de María. Marielena al pasar el tiempo
comprendió que lo que hizo fue una mala decisión; pero no servía lamentarse por
lo ocurrido, desde ese momento la vida de Marielena cambio drásticamente, sin
embargo, su padre ya no era el mismo de antes la trataba con indiferencia como a
una más del montón.