ENFOQUE SISTÉMICO Y FAMILIA
Observar lo que el niño muestra desde esta perspectiva, posibilita percibir de manera
más amplia la situación que es registrada como disfuncional por los adultos e involucrar
a todos los actores. Permite sacarlo del “ojo del huracán” etiquetándolo como “el que
tiene el problema” y colocarlo en el lugar del “sabio” del sistema, quien muestra en ese
momento específico, que hay algo que necesita ser modificado.
La teoría de sistemas fue formulada por Ludwig von Bertalanffy, y se inspira en la
biología para describir la realidad. Un sistema es un conjunto de unidades
interconectadas estrechamente entre sí. Esta perspectiva pone el foco en las relaciones
entre los componentes más que en cada elemento en sí mismo. Estas relaciones se
formulan en función a su organización, de modo que cada sistema tiene sus normas de
regulación interna. Es decir que las dinámicas son mantenidas por la interacción entre la
constancia, equilibrio u Homeostasis y el cambio o necesidad de cambio que tiene todo
sistema, llamado Morfogénesis (crecimiento o evolución).
La sistémica se ha desarrollado en contraposición al reduccionismo de la ciencia, dando
importancia a conceptos como el de holismo y unidad; no sólo afecta a las ciencias
físicas en las que surgió, sino a las sociales y en consecuencia, al ámbito de
intervención terapeútica.
De manera más específica, se entiende por sistema “toda aquella unidad compleja que
existe en el tiempo y en el espacio y que posee límites o fronteras que lo diferencian y lo
separan de todo lo que no es él. Por definición, los sistemas poseen una organización
interna, que engloba tanto a las partes que lo componen como las relaciones que se
establecen entre dichas partes.” La noción de "complejidad" implica el grado de amplitud
de la descripción teórica necesaria para explicar la relación entre sus elementos
constituyentes y de acuerdo a ello, los Sistemas pueden ser:
Abierto: Es aquel cuya interacción entre el sistema y el medio ambiente es constante.
Intercambian energía, materia e información.
Cerrado: Se denomina así cuando se genera muy poco intercambio de energía, de
materia, de información con el medio ambiente.
La familia es un ejemplo perfecto de sistema, ya que responde a estas características.
En cuanto a las interacciones, todos los Sistemas Familiares cambian cuándo se
modifican las posiciones o los intereses de los miembros del grupo, lo que permite
modificar la posición y organización del resto de los miembros y la estructura. Los
miembros se influencian mutuamente, si uno se cambia, automáticamente causa un
cambio en todos los miembros del sistema.
La sistémica concede gran importancia a la contextualidad, ya que un sistema sólo
puede definirse con claridad desde fuera de él. Así, cada sistema se puede entender
como un subsistema dentro de un sistema mayor, que lo engloba.
Como referí anteriormente, el sistema familiar está sujeto al cambio, tanto por su
dinámica interna generada por el paso del tiempo, como por los intercambios que la
familia hace con elementos externos a ella. La familia como sistema está en continuo
desarrollo. Los sistemas familiares, tienen una condición que es significativa para el
comportamiento del ser humano: poseen una finalidad y esta finalidad está dirigida a la
sobrevivencia de nuestra especie. En este sentido, el ser humano está condicionado a
reproducirse y las relaciones humanas están al servicio de la vida. La meta ya existe en
el inconsciente e influye la acción. Así que el sistema familiar se encuentra en un
proceso perpetuo y está dirigido y unido por leyes visibles e invisibles.
TERAPIA FAMILIAR SISTÉMICA
UN POCO DE HISTORIA
La terapia sistémica surge durante la década de los ‘30 como un apoyo a profesiones de
distintos ámbitos: la psiquiatría, psicología, pedagogía y sexología. A pesar de que el
movimiento se inicia en Alemania gracias a Hirschfeld, Popenoe es el primero en
aplicarlo en Estados Unidos. Más adelante, Emily Mudd desarrolló el primer programa de
evaluación en terapia familiar en Filadelfia en 1939.
En 1948 Frieda Fromm–Reichmann (1889-1957), considera lo familiar como parte del
síntoma, e incluye a la familia en sus intervenciones con pacientes diagnosticados con
esquizofrenia.
Años más tarde, en la Escuela de Palo Alto, otros investigadores reunidos alrededor de
Gregory Bastón, Jay Haley, Don Jacson, luego Wastzlawick y la terapeuta Virginia Satir,
comenzaron a intercambiar y confrontar puntos de vista desde distintas disciplinas, para
investigar el tema de la terapia familiar.
Grupo de Palo Alto
Postula que las relaciones sociales son establecidas directamente por sus participantes
como sujetos que interactúan, así que la comunicación puede entenderse como la base
de toda relación personal.
Anuncia la hipótesis del doble vínculo, o doble coacción, detectando que en familias
psicotizantes, se emiten mensajes más que contradictorios: Dan un mensaje con la
palabra verbal y el discurso y a la vez, por ejemplo, corporalmente emiten otro diferente,
que excluye o bloquea el anterior. Una persona atrapada en un “doble vínculo” se siente
culpable de ser castigada si percibe la contradicción, y plausible de ser designada como
enferma si muestra la diferencia entre lo que se dice y se percibe. Como los niños son
los más transparentes, auténticos y perceptivos, son los que generalmente muestran la
dicotomía manifestando algún síntoma.
Esta terapia familiar clásica, surgida en Palo Alto, se apoya teóricamente sobre la idea
de sistema, de homeostasis, de equilibrio y hacen especial hincapié en la comunicación
entre los miembros del sistema familiar.
John Bell, fue su referente más popular. Muchos afirman que es el padre de la terapia
familiar moderna, un profesor de psicología de la Universidad de Clark en Worcester,
Massachussets, pues en 1951 realizó terapia conjunta con toda la familia de un joven
muy agresivo y obtuvo excelentes resultados. Es por eso que en muchas citas
bibliográficas marcan este momento como el inicio de la terapia sistémica.
A partir de aquí, muchos han aplicado y difundido los principios de la terapia sistémica
en distintos ámbitos. Por ejemplo Nathan Ackerman, en psiquiatría infantil, Theodore
Lidz se especializó en el trabajo con familias de pacientes esquizofrénicos y fue el
primero en explorar el rol de los padres en el proceso de la esquizofrenia. Bateson, que
era antropólogo y filósofo, estudió la estructura familiar de las tribus de las islas de Bali
y Nueva Zelanda junto con su esposa Margaret Mead.
PILARES DEL ENFOQUE SISTÉMICO
Las lecturas sistémicas de basan en diferentes teorías y lecturas epistemológicas. A
grandes rasgos la terapéutica apoyada en concepciones sistémicas (Terapia familiar
sistémica TFS, Terapia de pareja, o en grupos) se nutre principalmente de tres grandes
fuentes.
a) Por un lado en la Teoría General de Sistemas, según la cual un sistema es un
conjunto de elementos en interacción dinámica en el que el estado de cada elemento
está determinado por el estado de cada uno de los demás que lo configuran. La Teoría
General de los Sistemas afirma que las propiedades de los sistemas no pueden ser
explicadas en términos de sus elementos separados; su comprensión se presenta
cuando se estudia globalmente.
b) Otra gran fuente teórica que sirve como base de sustentación es la cibernética. El
concepto de “Feedback”, determina que cualquier conducta de un miembro de un
sistema se transforma en información para los demás. En este sentido se habla
entonces de feedback positivo o negativo, según que las acciones favorezcan o tiendan
a corregir acciones. La cibernética toma el concepto de “Homeostasis”, según el cual a
partir del feedback se tiende al mantenimiento de la organización del sistema.
c) La teoría de la comunicación, sirve como la tercera gran fuente de desarrollo teórico.
Se parte en un axioma básico. “Es imposible no comunicar”, en este sentido todo
comportamiento de un miembro de un sistema tiene un valor de mensaje para los demás
(incluso el silencio o la mirada, o la indiferencia dirían por ejemplo, pero siempre
comunican algo). Por otra parte la comunicación implica considerar no solo el nivel
semántico de una comunicación (nivel digital), sino también el emisor, el receptor, el
entendimiento de un mensaje, la interacción, la puntuación de las secuencias
comunicacionales entre los participantes, etc. (nivel analógico).
MODALIDAD DE INTERVENCIÓN
La terapia sistémica se caracteriza por ser un enfoque de solución de problemas práctico
más que analítico. No importa tanto el diagnóstico de quién tiene el problema, sino que
se centra en identificar los patrones disfuncionales dentro del comportamiento del grupo
de personas, para así redirigir esos patrones de comportamiento directamente. Ayuda a
los sistemas a encontrar el equilibrio. El objetivo es abordar de manera práctica los
patrones actuales de la relación, en lugar de las causas.
Se denomina comportamiento a la relación que se establece entre un fenómeno que
afecta al sistema y los cambios que este fenómeno genera. El fenómeno
desencadenante se denomina estímulo o perturbación y puede desviar al sistema de su
trayectoria inicial en mayor o menor medida, considerándose generador de una crisis.
Ésta se define como un estado temporal de trastorno y desorganización, que impulsa a
la búsqueda de nuevas respuestas que propician el crecimiento, personal y del sistema.
En consecuencia toda crisis es una oportunidad para evolucionar.
La intervención terapéutica desde esta perspectiva colabora para que el sistema
modifique su trayectoria, descubriendo y aplicando sus propios recursos y generando
nuevos comportamientos, como respuestas asertivas a los desafíos que el fluir de la vida
presenta.
Los sistemas poseen una capacidad de autorregulación que les ayuda a mantenerse en
la trayectoria inicial siempre que las perturbaciones no sean demasiado intensas. El
mecanismo por el cual los sistemas reciben información del contexto que motiva el
desarrollo de nuevas respuestas se denomina retroalimentación o feedback. En el plano
terapéutico, esta regulación puede generar un mecanismo de defensa ante hechos de
carácter traumático, que se manifieste como un rechazo a la propia terapia, por
resistencia al cambio. Esta reacción se transforma en un punto de intervención
terapéutica para propiciar que el sistema se abra a lo desconocido, permitiéndose el
caos que conducirá al nuevo orden el que será un nuevo estado, con mayor experiencia
y de mayor complejidad. Por lo tanto esta modalidad implica una idea de salud que
incluye el desorden.
Esta perspectiva de intervención, también incluye conceptos evolutivos, ya que
considera las crisis que se producen en las diferentes etapas de desarrollo (cambios de
etapa evolutiva, mudanzas, separaciones, uniones, nacimientos, muertes, etc.). Estas
fases condicionan y modifican las pautas de relación del sistema, un estilo de relaciones
específico y la interacción con otros sistemas nuevos, generando cambios estructurales.
Comprendiendo las conductas/situaciones disfuncionales como causalidad circular
Hasta entonces, en el campo de la psicoterapia, se entendía el síntoma en términos
lineales, con explicaciones históricas y causales del padecimiento. Primero se busca la
causa para después pasar al tratamiento. El modelo de terapia sistémica, observa los
fenómenos de manera circular. Aquí volvemos a hacer hincapié en el concepto ed
retroalimentación, ya que éste puede ser positiva o negativa. La visión circular de los
problemas subraya cómo la acción de una persona influencia las acciones de la otra,
que por su parte influye también sobre la primera.
La terapia familiar sistémica ofrece una visión circular, interactiva, en el interior del
sistema o grupo que tiene sus reglas de transformación y se autocontrola a través de
fenómenos de retroalimentación para mantener el estado de equilibrio (homeostasis).
Los componentes del sistema entran en relación mediante la comunicación. La
perspectiva circular de observar los fenómenos, permite advertir cómo cada acción y
reacción cambia continuamente la naturaleza del contexto. Este aspecto considerado en
la intervención, deriva de una rama de la terapia sistémica: la Terapia de Familia
Estratégica. Esta modalidad se identifica mayormente con autores como Jay Haley
(1976) y Cloe Madanes (1981). La premisa básica en la cual se engrana esta terapia, co
consiste en conceptualizar un síntoma como un acto de comunicación familiar o como
una secuencia de conductas que conllevan mantener la homeostasis del sistema. La
finalidad del terapeuta en este caso es interrumpir y desbalancear la homeostasis
disfuncional anterior, lo que permitiría a los integrantes de la familia desarrollar y
practicar nuevos estilos de comunicación y construir estrategias de interacción más
adaptadas, recreando un sistema con una nueva estructura.
Es indispensable aplicar esta visión circular para entender las manifestaciones de los
niños vividas como problemáticas, comprendiendo así que son producto de la
interacción entre las personas y no generadas por el niño. Esta mirada responde a la
modalidad estructural dentro de la terapia sistémica, cuyo mayor exponente es Minuchin
(1974, 1993). En vez de enfocar el problema de un niño en el nivel individual y con
énfasis sus procesos internos, partimos de la premisa que, esa manifestación es
consecuencia de un sistema familiar desadaptado, entendiendo esta característica como
su inhabilidad para poder negociar los cambios de ciclo de vida familiar y otros
estresores, como describimos anteriormente. Minuchin sostiene que niños y jóvenes con
trastornos conductuales y psicosomáticos usualmente toman el papel de chivo
expiatorio, cuando en realidad lo que sucede es que las familias de éstos son altamente
disfuncionales en términos de renegociar diversos cambios en el ciclo de vida familiar.
Así analizan Minuchin, Rosman y Baker (1978) el trastorno de anorexia nerviosa y
Minuchin, Baker, Rosman, Liebman, Milman y Todd (1975), jóvenes con ataques de
asma.
En la intervención, es importante observar en la dinámica familiar, cuatro categorías de
funcionamiento, que posibilitan conceptualizar el comienzo de una disfunción familiar.
El primero de ellos es denominado como problemas de estructura jerárquica: Las
jerarquías de poder hacen referencia a cómo se negocian las decisiones dentro de una
familia y quién o quiénes tienen poder de determinación sobre ellas.
El segundo ítem a tener en cuenta, se refiere a las peculiaridades en las fronteras entre
los subsistemas: La familia es vista como una microunidad social. Las divisiones o
fronteras entre los individuos que componen dicha unidad son importantes para el
funcionamiento interno de dicha familia. Las fronteras son las que imponen las reglas
tácitas del grado de permeabilidad entre los diferentes subsistemas que componen una
familia. Tengamos en cuenta que según Minuchin, el subsistema de los padres y el
subsistema de los hijos deben quedar delimitados de manera clara. Estas fronteras entre
los subsistemas son las que definen quienes participan del poder jerárquico y de qué
manera.
Un tercer factor importante en el entendimiento sistémico de familias son las alianzas o
coaliciones: Podemos describir dos tipos de alianzas disfuncionales: a) la de desvío del
conflicto a través de un chivo expiatorio; b) las coaliciones transgeneracionales. En la
primera se observa a la madre y al padre uniéndose en común poniendo la atención de
un conflicto en algunos de los hijos. Esta estrategia suele desviar otro conflicto, por
ejemplo el de la pareja, pero genera mucho estrés en los niños. La segunda se da
cuando se forma una coalición entre uno de los padres y un hijo, formando un frente
antagónico contra el otro padre.
El cuarto factor importante en la identificación la triangulación: Éstas son consecuencias
de las alianzas.
En realidad podremos observar que estos cuatro aspectos se entrelazan; la
discriminación simplemente nos permite una mayor comprensión de estas dinámicas.
LAS CONSTELACIONES FAMILIARES COMO MODALIDAD DE INTERVENCIÓN
Como se describió anteriormente, Las Constelaciones Familiares representan una
modalidad de abordaje que responde a la teoría sistémica, y su filosofía se basa en “Los
Órdenes del Amor”, que son dinámicas observadas y descriptas por Bert Hellinger y
que están alineadas con las características de los cuatro factores enunciados
anteriormente.
Los órdenes del amor
Toda familia posee una fuerte cohesión interna, no importa cómo se vea desde afuera ni
si los integrantes lo saben o sienten. Los hijos comparten cargas y fuerzas de sus
familias. Nos encontramos vinculados profundamente con nuestras familias de origen:
con nuestros padres, hermanos, abuelos, antepasados.
Más allá de las distancias, de estar o no en este plano, las personas siguen
perteneciendo a la familia y compartiendo enredos, destinos, sentimientos, creencias,
prejuicios…
Muchos hijos piensan que son independientes y autónomos y que están realizando
libremente sus propios caminos, quizás sientan que lo están haciendo mejor o de un
modo totalmente diferente a como lo hicieron sus padres. Generalmente, los vínculos
con la familia van mucho más allá de lo que somos. Los vínculos son imperceptibles y se
dan con todos los miembros, los conozcamos o no. La familia es un sistema o campo
energético compacto sobre el que rigen principios.
Leyes que regulan la relación
Bert Hellinger menciona tres condiciones para el logro de la relación entre un Yo y un
Tú.
Primer Orden: la vinculación - pertenencia.
Cada ser humano tiene la necesidad de estar vinculado. El niño siente la vinculación
como amor y felicidad, no importa de qué manera se crece y en qué circunstancias y no
importa como son los padres. El hijo sabe que pertenece y ese saber y ese vínculo lo
percibe como amor. Esta vinculación es muy poderosa, porque por ese amor el hijo es
capaz de sacrificar su vida. Esto se debe a que esta cohesión es respuesta de la parte
más primitiva de nuestro cerebro que actúa desde la supervivencia y al igual que la
manada, el ser humano quiere estar junto a los suyos como mecanismo de protección.
Segundo Orden: las normas y reglas del grupo.
En todas las relaciones se desarrollan normas, reglas, rituales, convicciones y tabúes
que tienen valor para todos. De esta manera se estructura una relación en un sistema a
través de órdenes y reglas. Estos órdenes son conocidos y visibles, pero detrás de estos
actúan órdenes invisibles, ya anticipados, sobre los que no se puede negociar. El
respeto de las normas es lo que hace que el sistema funcione, que sea eficiente y
cumpla la finalidad inscripta en su diseño. Este es el nivel superficial. También se da un
orden profundo, asociado al tiempo; el que llega primero al sistema tiene precedencia
sobre los que llegan después y así es como han de ser reconocidos. Se crea
desequilibrio cuando los que llegaron después intentan ocupar el lugar de algún
miembro que llegó antes (haciéndose cargo de sus responsabilidades, por ejemplo) o
cuando los miembros mayores no son capaces de mantener su lugar de prioridad. Sin
embargo, así como los primeros que llegan tienen prioridad sobre los nuevos en el
sistema en cuanto a reconocimiento, si hablamos de atención y cuidado el orden se
invierte, tal y como veremos planteado en el tercer orden. De este modo, la transmisión
de la energía sistémica se mueve desde el pasado hasta el presente, y desde aquí, se
proyecta hacia el futuro. Si se intenta revertir el orden, se crean conflictos.
El tercer Orden: el equilibrio entre dar y tomar.
Todo sistema humano tiene la tendencia y la necesidad de lograr un equilibrio. Esto es
una ley natural y se muestra en relaciones como la necesidad de dar y tomar. Hay que
distinguir diferentes formas de intercambio, por ej., el intercambio en las parejas es
distinto al intercambio entre padres e hijos.
Una pareja tiene la necesidad de equilibrar el dar y tomar. Pero en la relación entre
padres e hijos no se puede lograr el equilibrio de la misma manera. Pues, los padres dan
y los hijos toman. Los hijos nunca pueden dar a los padres, lo que ellos recibieron, la
Vida. Porque el equilibrio tiene que ver también con el tiempo y el orden sigue a una
jerarquía: Aquellos que vinieron antes, dan a aquellos que vienen después. Esto vale
también en el vínculo entre hermanos.
Se puede decir entonces, que hay tres necesidades elementales que son indispensables
para el logro de una relación armónica. La propia conciencia está al servicio de las tres.
Una relación tiene éxito solamente si estas tres condiciones son ejecutadas a la vez: No
hay vinculación sin equilibrio entre dar y tomar y sin reglas. No hay equilibrio sin
vinculación y reglas; no hay reglas sin vinculación y equilibrio.
La conciencia como órgano para el equilibrio
Según Bert Hellinger: “Siempre que entramos en relaciones, nos vemos dirigidos por un
sentido interior, que reacciona automáticamente si hacemos algo que podría dañar o
poner en peligro la relación.” Es decir, hay un órgano interno que ayuda a regular el
comportamiento sistémico, y mantener el equilibrio.
Para los sistemas y sus relaciones el equilibrio se regula por la sensación de malestar o
de placer. En las relaciones rigen unos órdenes determinados. Si estoy en armonía con
el otro, puedo permanecer en la relación, me siento “inocente” y en equilibrio. Si, por lo
contrario, nos desviamos de las condiciones que nos permiten conseguir una relación
lograda, hacemos peligrar la relación, surgen sensaciones de malestar que actúan como
reflejo. Este hecho se experimenta como culpa. A la instancia que controla este proceso,
como un órgano de equilibrio, la llamamos conciencia. La culpa se refiere al otro ya que
me siento culpable si hago algo que perjudica la relación con otros. La inocencia se
refiere a la sensación de hacer algo provechoso para la relación con otros.
La conciencia nos ata al grupo que nos es importante para nuestra supervivencia,
independientemente de cuáles sean las condiciones que éste nos imponga. La
conciencia vela por las condiciones importantes para nuestras relaciones, es decir, por la
vinculación, por el equilibrio entre dar y tomar y por el orden. Es importante hacer
conscientes estos mecanismos, para comenzar a elegir siendo fieles a nosotros mismos.
La conciencia personal
Es la que llamamos conciencia de primer plano. Tiene que ver con lo que sentimos con
respecto a las personas a las que estamos directamente vinculadas. En las relaciones,
ella cuida de que nosotros conservemos la pertenencia. Nos lleva a modificar nuestra
conducta, para asegurarnos esa pertenencia.
La conciencia familiar inconsciente
Esta se da de manera oculta y actúa dando un sentido de orden y equilibrio para todos
los miembros de un sistema familiar. Esta conciencia sanciona y compensa en
posdescendientes toda injusticia sufrida por los antepuestos, aunque aquellos no sepan
nada de los éstos. Volvemos a advertir aquí la importancia de hacer conscientes estos
mecanismos para dejar de repetir las modalidades que, además se dan de manera
metafórica por lo que van cambiando la forma de manifestarse.
En la profundidad de cada familia existe una instancia, que une a todos los miembros
entre ellos. Esta fuerza actúa como conciencia colectiva y es absolutamente
inconsciente. En esta conciencia familiar rige la ley, que nadie debe ser excluido.
Cuando un miembro es excluido, entonces la conciencia familiar elige más adelante a
otro miembro de la familia, que muestre ese desequilibrio. La conciencia colectiva actúa
sobre la familia en un sentido más amplio, como unidad e intenta preservar su
integridad.
La conciencia familiar determina puntos de vista, sentimientos y también el desarrollo de
la persona. Esta conciencia se encarga de que los valores, formas de conducta y destino
de los antepasados, sigan actuando como una vibración sobre la propia persona. Es por
ello que se pueden generar dinámicas (lealtades invisibles, parentalizaciones, etc.), que
muchas veces resultan limitantes y es necesario desandarlas
SISTEMA FAMILIAR Y SISTEMA ESCOLAR – ENFOQUE ECOLÓGICO
Considerando los conceptos descriptos en cuanto a la terapia sistémica, cuando
abordamos determinada expresión del niño percibida como problemática, es
indispensable observar la interconexión de los sistemas familia y escuela, así como otros
sistemas en los que el niño interactúa, los que pasan a ser subsistemas en este análisis
ampliado.
Familia y escuela son los dos subsistemas más relevantes de la vida durante la infancia
y la adolescencia. Cada niño/joven es un miembro de su familia inmediata que tiene una
configuración única en su estructura y sus relaciones, y que a la vez, está anclada en su
propia historia cultural y social. Simultáneamente ese mismo niño/ joven es miembro de
una clase escolar que también tiene su propia y única estructura anclada en una matriz
de complejas estructuras más amplias. Ambos sistemas configuran una de las partes
más importantes de lo que se denomina el mesosistema (Bronfenbrenner) con sus
propias características, también peculiares.
El contexto de intervención implica ambos subsistemas: familia y escuela, especialmente
en estos momentos en que la necesidad de un cambio de paradigma se impone en las
propuestas educativas y las prácticas docentes. Esta transformación es requerida ante
situaciones diversas como son la integración de niños con dificultades especiales,
diversidad étnica, diversidad vibracional (niños índigo, cristal, arco iris, diamante…) y
situaciones de violencia, tanto escolar, social y familiar, creando franjas de niños y
adolescentes en riesgo. Es interesante detectar las modalidades relacionales que
surgen, tomar conciencia que todos forman parte de la misma situación, hacerse
responsables de ello y estar dispuestos a hacer el movimiento necesario para recuperar
el equilibrio y la armonía. Todos son parte del problema, todos son parte de la solución,
lo que requiere una actitud colaborativa y amorosa.
Quien pueda mirar al niño “señalado” como quien muestra la disfuncionalidad en el
sistema, es quien usualmente ocupa ese rol de "conector" facilitador, involucrando
profesionales y familiares. Es importante su habilidad para mantener la comunicación
fluida y abierta, realizar intervenciones, coordinar estrategias y concretar los ajustes que
cada situación requiera.
Al incluir ambos subsistemas, es de central importancia conocer desde el principio la
manera en la cual "el problema" a considerar es definido por uno y otro, ya que esta
concepción puede diferir. Buscar puntos de encuentro y resignificar la situación puede
ser el comienzo de una intervención exitosa, de una efectiva colaboración y el principio
de la solución al aunar criterios, redefinir problemas, eliminar etiquetas y centrarse en
los aspectos comunes. La idea subyacente gira en torno a considerar todo el ecosistema
y trabajar en dirección al logro una actitud cooperativa-colaborativa entre los
involucrados.
Esta perspectiva ecológica- sistémica, suele tener implicancias más allá del "caso en
cuestión " y promueve, a veces, sutiles o bien evidentes cambios en el ecosistema
mayor. Cuando un docente adquiere habilidad en trabajar con los padres, esta
cooperación padres-docente/s tiene en general una alta correlación con el logro de
mejores resultados en las respuestas del niño/joven en las distinta áreas: la mejoría en
el rendimiento escolar, suele ir acompañada de una mejoría en las habilidades sociales
(y viceversa), que conllevan al cambio de la imagen de sí, personal y grupal, siendo ésta
más positiva y así circularmente, el cambio se va ampliando, generalizando, ya que ese
niño/joven va modificando su frecuencia vibratoria y va atrayendo situaciones más
alineadas con su esencia, que se manifiesta en respuestas más ajustadas a cada
contexto y a cada situación.
Pensar en términos de sistema y pensar, además, ecológicamente no significan lo
mismo. Por ejemplo desde la perspectiva sistémica, se puede considerar a la familia
como un grupo que interactúa dentro del contexto familiar. Aquí el problema individual es
visto como relacionado con el sistema de interrelaciones familiares. La perspectiva
ecológica, en cambio, amplía el contexto, incluyendo la interrelación de sistemas más
allá de la familia como son el contexto escolar, la iglesia, el centro deportivo barrial, etc.
En virtud de los conceptos teóricos sistémicos, el cambio en cualquier parte de un
sistema afecta otras partes del mismo. Lo que sucede con un niño en la escuela puede y
suele tener efectos en la familia y a la inversa, las experiencias familiares influencian el
ajuste o desajuste escolar.
Cuando los sistemas se enfrentan con situaciones de estrés pueden comenzar a
funcionar de manera disfuncional, sea cada uno por su lado o en su particular forma de
interacción. En estos casos suelen usarse soluciones no exitosas, en general de manera
muy rígida, para resolver el problema. Por ejemplo a veces los padres pueden comenzar
a ponerse excesivamente rígidos, estrictos y castigadores frente a la frustración que
sienten de no poder controlar a un adolescente rebelde. Esta actitud puede ser
duplicada por la escuela que aplica pautas semejantes a las de la familia, o, a la inversa,
la descalifica. Esto es porque ante las situaciones percibidas como estresantes, el miedo
y la necesidad de control, interfieren en el discernimiento y las respuestas se dan
automáticamente, a modo de inercia. De esta manera, se recurre a las respuestas
conocidas, guardadas a nivel inconsciente y utilizadas por nuestros propios padres y/o
ancestros, las que les han servido a la continuidad de la especie, es decir que la
respuesta está dada desde el instinto de supervivencia, regido por el miedo.
El objetivo básico de la intervención familia- escuela es asistir a ambos sistemas a
ensamblarse en una actitud colaborativa de resolución de los problemas mutuos,
comunes, actitud que implica cambiar la manera de pensar, entender, o definir el
problema, examinar las creencias que sostienen esa conducta y reflexionar sobre lo que
se ha venido haciendo respecto del mismo.
Es interesante en estos casos tomar en consideración el concepto de triangulación que
puede interferir con la resolución del problema. Por ejemplo, cuando padres y docentes
están en conflicto entre sí, el niño/joven queda triangulado, ya que la relación entre
ambos sistemas se convierte en una lucha de poder: pareciera que el objetivo es tener
razón en vez de construir una respuesta común que nos oriente hacia el camino de
solución.
Por ello es importante involucrar a todas las partes para construir y acordar estrategias,
salidas posibles, viables, que representen a todos y así, ponerlas en práctica con
convicción y compromiso, propiciando el cambio con una actitud responsable,
acercándonos a la posibilidad de éxito.
Como muy bien proponen algunos terapeutas (Haley, 197611) "hacer cosas diferentes
de las habituales" en sí mismo ya implica, abre, induce un cambio. Comienzan a pasar
cosas distintas, se producen interacciones diferentes, se incorpora información nueva al
sistema, que afecta personas o procedimientos en lugares nuevos. El desequilibrar un
sistema ya es precursor de cambios.
Es interesante entender el funcionamiento de un sistema áulico o un sistema escuela,
por analogía, con estilos de familia. Vemos cómo las mismas categorías pueden
aplicarse desde el sistema familia al sistema aula o escuela:
Al igual que en la familia, en el aula y en la escuela, podemos hablar de cohesión como
la unión o ligazón emocional (apego) que une entre sí a los miembros. Ésta incluye la
ligazón emocional, las fronteras, las coaliciones, el tiempo, el espacio, las amistades, la
toma de decisiones, los intereses y las formas de recreación.
Los sistemas enmarañados, son aquellos que tienen una cohesión extrema, llegando a
impedir la individualización de sus miembros. En una relación de tipo enmarañada, hay
un monto extremo de unión emocional y se pretende que los miembros sean
extremadamente leales. Las personas, miembros, son muy dependientes unos de otros.
Hay una falta general de distancia personal y se permite poco espacio privado. La mayor
parte de la energía de las personas está centrada en el sistema familia y hay pocos
amigos o intereses fuera del mismo.
En el extremo opuesto, los sistemas desvinculados, extremos fomentan un alto,
excesivo, grado de autonomía del tipo "cada cual hace lo suyo".
Resulta relativamente sencillo identificar en nuestro contexto escolar estas
características y hacer una transferencia de modelos de análisis Los sistemas
enmarañados suelen ser más frecuentes en los niveles de inicial y primer ciclo.
Se denominan sistemas separados y conectados, los niveles medios respecto de la
cohesión. Estos permiten a sus miembros experimentar independencia y conexión sana
y equilibradas .Los sistemas balanceados, medios, tienden a ser más funcionales.
Los niveles desbalanceados, muy extremos en cuanto al aspecto de cohesión están
ubicados en los extremos. Implican una relación de tipo desligada, a menudo una
separación emocional extrema. Existe una escasa implicancia entre los miembros y hay
excesiva separación personal e independencia. Cada uno hace " lo suyo". Predomina el
tiempo, espacios e intereses individuales, y los miembros son incapaces de brindarse
apoyo mutuo y de resolver problemas conjuntamente.
Observar estas características permite la orientación en la intervención, entendiendo que
los niveles centrales son más favorables en tanto que los extremos ´suelen ser
generadores de conflictos.
Los sistemas familiares y los escolares balanceados, tienden a ser más funcionales. Más
específicamente, una relación de tipo estructurada, tiene un liderazgo básicamente
democrático, con capacidad de negociación, entre sus miembros. Los roles son
estables, con cierta participación de los otros. Las reglas pueden cambiar, aunque hay
algunas firmemente establecidas. Por su parte, una relación de tipo flexible tiene un
estilo democrático en la toma de decisiones. Los roles son compartidos y hay un cambio
fluido en las reglas cuando es necesario.
Los niveles que se ubican en los extremos, implican una relación de tipo rígida se da
cuando el líder es muy controlador, ejerciendo un liderazgo de tipo autoritario. Las
negociaciones son limitadas y la posibilidad de cambio en los liderazgos, roles y reglas
son escasas. A estos sistemas les resulta difícil adaptarse a los eventos estresantes.
Una relación de tipo caótica, extrema, muestra un liderazgo limitado o errático. Las
decisiones son impulsivas y no bien pensadas o anticipadas. Los roles son confusos y
cambian de una persona a otra. Las reglas varían con frecuencia. Hay escasa
consistencia en lo que habitualmente se denomina otorgamiento de premios y castigos.
Personalmente me gusta hablar de consecuencias lógicas, ya que esta modalidad valore
el poder personal de cada integrante y da lugar a que cada uno sea responsable de su
parte; este movimiento es graduado en función a la edad, rol y función de cada
integrante del sistema.
Otro aspecto a tener en cuenta es el estilo de comunicación que se genera. La
comunicación cuando es positiva, incluye empatía, escucha reflexiva, capacidad para
expresar ideas y sentimientos, claridad, continuidad coherencia relacional y comentarios
de apoyo y consideración mutua.
Los aspectos negativos en la comunicación, (nivel de comunicación baja), están dados
por las comunicaciones de doble vínculo, dobles mensajes y los juicios, es decir una
comunicación pobre, fragmentada, o descalificadora.
Cuando las familias y escuelas, logran un funcionamiento moderado a lo largo de las
dimensiones de cohesión y de adaptabilidad, se conducen de manera más saludable y
tienen mayor probabilidad de un afrontamiento eficaz frente a las situaciones a resolver.