Corpus.
Archivos virtuales de la alteridad
americana
Vol. 9, No 2 | 2019
Julio / Diciembre 2019
Actitud Bayer
Diana Lenton
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DOI: 10.4000/corpusarchivos.3354
ISSN: 1853-8037
Publisher
Diego Escolar
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Diana Lenton, «Actitud Bayer», Corpus [En línea], Vol. 9, No 2 | 2019, Publicado el 11 enero 2020,
consultado el 10 octubre 2024. URL: http://journals.openedition.org/corpusarchivos/3354 ; DOI:
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Actitud Bayer 1
Actitud Bayer1
Diana Lenton
Retrato de Osvaldo Bayer en un mural de la ciudad de Esquel (Foto CM)
1 En estos días se cumple el primer aniversario del fallecimiento de Osvaldo Bayer,
periodista, escritor, guionista e historiador.
2 Lo conocí en 2005, cuando una legisladora porteña del Bloque 19 y 20 convocó a la Red de
Investigadores en Genocidio y Política Indígena, creada poco tiempo antes, para organizar
una serie de jornadas que, por primera vez en ese ámbito, discutieron sobre el
genocidio sufrido por los pueblos originarios en la Argentina. En esas jornadas Osvaldo
participó en su carácter de autor del proyecto de ley –sucesivamente archivado y vuelto
a presentar- que dispone retirar de la Ciudad de Buenos Aires el monumento a Julio
Argentino Roca –el militar que protagonizó la avanzada más encarnizada contra los
indígenas-. A partir de entonces iniciamos una relación de colaboración y amistad por
la que estaré siempre agradecida.
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3 Durante años, todos los jueves, después de la Ronda de las Madres de Plaza de Mayo,
Osvaldo se dirigía al monumento mayor al General Roca en la Avenida Diagonal Sur
para explicar a viva voz los motivos del proyecto y por qué es imprescindible
desmonumentar el relato histórico para hacer justicia con las víctimas del genocidio.
Con lluvia o con sol, lo acompañaba un grupo estable de activistas que conformaron el
grupo Awka Liwen (Rebelde Amanecer en lengua mapuche). También se acercaban
representantes de otros grupos con búsquedas similares en torno a lo que Bayer definía
como una renovación ética que incluyera una nueva interpretación de la historia.
Enfrentado a la estimación estadística de la “eficacia” de su prédica, Bayer sostuvo que
aún si se lograra llamar la atención de sólo cuatro o cinco transeúntes por semana, al
cabo de un año habría al menos, varios cientos de ciudadanos abiertos a una nueva
concepción del problema. El trabajo hormiga encarado por Bayer tuvo su correlato
entonces en las intervenciones anónimas que comenzaron a ocurrir sobre los
monumentos a Roca y a otros representantes del statu quo en todo el país, igualmente
efímeras y eficaces. En diferentes ciudades se presentaron proyectos de ley para
renombrar escuelas, calles y plazas que llevaran el nombre de este militar y de otros
ejecutores de las campañas militares contra los indígenas, para remover sus
monumentos o, simplemente, como en el caso de la ciudad de General Roca en la
provincia de Rio Negro la iniciativa popular consagró el cambio de su nombre por el
toponímico mapuche para la zona, Fiske Menuko. Marcelo Valko lo acompañó en una
parte importante de este proceso.
4 En 2010 desde la Red de Investigadores en Genocidio y Política Indígena le ofrecimos a
Osvaldo armar una compilación con trabajos nuestros, reescritos con fines de difusión,
en un libro prologado por él para continuar su serie “Historia de la crueldad argentina”
que se había iniciado en el Centro Cultural de la Cooperación con un volumen que
revisaba la política de la generación del ‘80 en relación con los inmigrantes y las clases
obreras. Miguel Leuman, un referente mapuche que trabajaba en CTERA – uno de los
principales sindicatos docentes del país-, consiguió el apoyo de una mutual de la
provincia de Buenos Aires para costear la primera edición. “Historia de la crueldad 2:
Julio A. Roca y el genocidio de los pueblos originarios” surgió entonces para denunciar
el genocidio y a la vez responder a las celebraciones acríticas del Bicentenario patrio
que se dieron por esos días. El libro tuvo gran repercusión, especialmente entre los
trabajadores de la educación y militantes por los derechos humanos.
5 Osvaldo Bayer nació en Santa Fe, el 18 de febrero de 1927. Sus padres fueron José
Gaspar Bayer y Albina Elisa Colombo, argentinos hijos de inmigrantes, colonos en Santa
Fe. José Gaspar, un activo socialdemócrata y antinazi, fue inspector de Correos y
Telégrafos, por lo cual la familia debió vivir sucesivamente en Colonia Humboldt,
Tucumán, Río Gallegos, y en la Ciudad de Buenos Aires.
6 Anarquista, pacifista, romántico, obstinado, dedicó su vida a investigar y denunciar las
injusticias y abusos contra los obreros, los pueblos originarios, los migrantes, las
mujeres, los activistas políticos, los desposeídos. Por sus ideales humanistas, se negó a
hacer el servicio militar pero, lejos de obtener lo pretendido, fue destinado a barrer y
encerar los pisos de los despachos de los oficiales durante dieciocho meses. Al salir,
comenzó a estudiar medicina y filosofía en la Universidad de Buenos Aires, pero la
censura creciente lo decidió a viajar, en 1952, a Alemania, adonde lo esperaba su novia
Marlies Joos, escritora y por entonces estudiante de periodismo. Osvaldo se graduó en
Historia en la Universidad de Hamburgo, donde ejerció la docencia. Estudió también
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periodismo, según sus palabras, para hallar un lenguaje que le permitiera potenciar la
comunicación pública de la Historia. En 1956 volvió a Buenos Aires junto a Marlies y el
mayor de sus hijos, Udo.
7 A lo largo de su vida estudió exhaustivamente la historia del movimiento obrero y
especialmente su vertiente anarquista en Argentina. Publicó, Severino Di Giovanni, el
idealista de la violencia (1970 y Los anarquistas expropiadores y otros ensayos (1975), entre
otras obras.
8 Su rigurosa investigación sobre los fusilamientos de alrededor de mil quinientos peones
en Santa Cruz en 1921 fue amasada durante más de diez años y aun hoy resulta un
trabajo ejemplar. Publicó las primeras notas sobre el caso en la revista Todo es Historia,
fundada por Félix Luna. Los tres primeros tomos de Los vengadores de la Patagonia Trágica
se editaron entre 1972 y 1974. El cuarto tomo del ensayo debió esperar a 1978 para
publicarse en Alemania por el exilio forzado del autor y del editor. Bayer reconoció
haber tenido una primera aproximación a los hechos a través de La Patagonia Trágica, la
obra de José M. Borrero publicada ya en 1928, pero su investigación logró establecer
con mayor objetividad y profundidad los contextos en que se produjeron los hechos de
violencia como las responsabilidades del gobierno de Hipólito Yrigoyen como de los
empresarios extranjeros, nacionales y las fuerzas vivas locales. Mientras el trabajo de
Borrero limitaba la responsabilidad al ejecutor militar y a la Sociedad Rural, Bayer no se
abstuvo de señalar la participación de sectores -que hoy llamaríamos- progresistas en la
masacre, y su complicidad con los sectores económicos que decían combatir. Esta
honestidad trascendental y característica de su obra le atrajo a lo largo de su vida
tantas enemistades como devociones. Sufrió exilios, prohibiciones, la quema de sus
libros, persecución y cárcel por parte de todas las dictaduras militares y también de
varios gobiernos democráticos.
9 La gran difusión lograda por su trabajo sobre la huelga de los peones del 21 y su
represión, lejos de limitarse a la narrativa del pasado, sigue aun produciendo efectos en
las localidades donde hoy se están levantando monumentos a los caídos. Al volver del
exilio, Bayer impulsó la búsqueda de las fosas comunes, con el objetivo de señalar los
lugares donde se había producido la huelga y la represión, y rescatar los restos de las
víctimas. A las puertas del centenario de la masacre, este reto que hoy procura
especialmente la organización Ruta de la Huelga, cobró especial impulso a partir de la
querella iniciada en 2014 por Aurora López, nonagenaria hija de Alejo, uno de los
fusilados.
10 Si hay algo que caracterizó a Osvaldo Bayer es su audacia para transgredir los límites
del registro asignado al trabajo profesional del historiador. Así, su vocación se explayó
en géneros y ámbitos diversos. Además de sus trabajos históricos y periodísticos,
publicó en clave testimonial Rebeldía y esperanza (1993); Rainer y Minou (2001), novela sobre
el amor, la memoria, la responsabilidad histórica y la culpa ambientada en el escenario
de la posguerra alemana; un libro de poemas, Los cantos de la sed (2015). “Nadie describió
el exilio como vos”, dijo emocionado Juan Gelman luego de leer una nota de Bayer sobre
la experiencia sufrida. Así nació la idea de Exilio (1984), el libro que reúne textos de
ambos.
11 Escribió guiones para varias películas, basadas en sus investigaciones sobre la historia
reciente y el pasado violento de la Argentina. Entre ellas La Maffia (1972, con José
Dominiani y Leopoldo Torre Nilsson); Todo es ausencia (1983, documental sobre las
Madres de Plaza de Mayo filmado durante la dictadura por Rodolfo Kuhn), La amiga
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(1988), Fútbol argentino (1990, con Lita Stantic), Jaime de Nevares: último viaje (1995, con
Carmen Guarini), Mártir o asesino (2008), Awka Liwen (2010, con Mariano Aiello) y Simón
hijo del pueblo (2013, con Rolando Goldman).
12 Pero el más recordado de sus guiones cinematográficos es el de La Patagonia Rebelde, la
película de H. Olivera y F. Ayala estrenada en 1974 y prohibida pocos meses después.
Por un acuerdo de prudencia entre los productores, había quedado afuera de la película
el último episodio del guión, conocido como el de “las putas de San Julián”. Bayer se
prometió a sí mismo que en algún momento publicaría la historia censurada. En 2013 se
integró como actor y autor en la versión teatral homónima de Rubén Mosquera. A sus
casi 90 años y semanalmente, Osvaldo recorrió salas dispares con esta obra, para
recordar a aquellas heroínas que desde la más extrema vulnerabilidad habían tenido el
solitario coraje de rechazar a los asesinos de los huelguistas de Santa Cruz. Al mismo
tiempo, el Quinteto Negro La Boca estrenaba su álbum Tangos Libertarios, que reúne
doce tangos y algún vals, todos con letra de Osvaldo Bayer y música del Quinteto Negro
La Boca, uno de los cuales es, precisamente, Las putas de San Julián.
En 1958, luego de trabajar para Noticias Gráficas, Osvaldo Bayer se había radicado con
su familia en Esquel (provincia de Chubut) empleándose como redactor en el diario
local. Por diferencias en el contenido y el tono de sus notas, fue despedido del medio, y
como intimidación se le armó una causa por tentativa de homicidio contra el dueño del
diario, por la cual fue encarcelado unos días. Sin embargo, en lugar de irse de la
localidad, decidió quedarse y redoblar la apuesta, fundando junto a Juan Carlos Chayep
el periódico “La ChIsPa” –en alusión a la traducción de Iskra, el diario fundado por
Lenin en 1900 cuyo lema era “Una chispa puede encender el fuego”: el lema de La ChIsPa
de Bayer era “Contra el latifundio. Contra el hambre. Contra la injusticia”. En sus pocos
meses de vida, las páginas de La ChIsPa, reproducidas artesanalmente y con pocos
recursos, denunciaron casos de despojo territorial de familias indígenas. En particular,
las maniobras por las cuales los herederos de Rafael Nahuelquir, a pesar de haber
pagado por sus propias tierras en la localidad de Cushamen (una de las comunidades
mapuches más extensas de la región), fueron estafados por un legislador del partido
radical y otros particulares, que provocaron la pérdida sus tierras a manos de éstos y de
la Compañía de Tierras del Sud Argentino S. A., actualmente propiedad del empresario
Benetton.
La Gendarmería se ocupó de que Bayer y su familia abandonaran Esquel, aludiendo a
una denuncia por filtración de información estratégica en área fronteriza, y por
provocar “inquietud en la población”. La continuidad hasta hoy de conocidas
estructuras locales y nacionales que prolongan la explotación laboral y la estafa
territorial, otorga a La ChIsPa una vigencia que fue reconocida cuando a mediados de
2017 el propio Osvaldo pudo presentar la versión facsimilar compilada y editada por
Bruno Napoli. “Curiñanco y Nahuelquir” tituló Bayer una nota en el diario Página 12, el
5 de junio de 2004, acerca de la vigencia de los reclamos territoriales de esta familia
mapuche contra el estanciero Benetton. La “cuestión mapuche” llegó a las primeras
planas de los diarios en 2017, cuando la represión estatal del conflicto, en ese mismo
lugar, produjo el asesinato de Santiago Maldonado por agentes de Gendarmería.
Expulsado de Esquel y de nuevo en Buenos Aires, desde 1958 trabajó en la redacción del
diario Clarín hasta que en 1971 fue “desplazado” al suplemento cultural, al que llegó a
dirigir y rebautizó Cultura y Nación. El motivo de la sanción fue la publicación de la que
él mismo consideró su mejor nota en ese medio: “Una súplica en la noche”, la denuncia
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del maltrato a los niños de la calle en la estación Constitución por parte de algunos
empleados del subterráneo.
Fue Secretario general del Sindicato de Prensa entre 1959 y 1962. SiPreBA lo nombró
Secretario honorario.
En 1974 el periodista Rogelio García Lupo lo alertó de que el grupo parapolicial Triple A
(Alianza Anticomunista Argentina) lo había marcado. Osvaldo no dimensionó en un
primer momento la gravedad de la amenaza, pero logró que su esposa Marlies y sus
cuatro hijos se refugiaran primero en Uruguay, y más tarde en Alemania. Luego Bayer
logró salir del país con la ayuda de la Embajada alemana. Con su trabajo como
traductora y como profesora de español, Marlies sostuvo la economía y la integridad
familiar durante la proscripción y el exilio de Osvaldo.
13 La película Cuarentena, de Carlos Echeverría, documentó en tiempo real los dilemas del
retorno de Bayer y otros exiliados que se presentaron con el fin de la dictadura y la
apartura democrática en la Argentina en 1983, con sus familias divididas, la pobreza
inminente, el trabajo esquivo y la falta de garantías personales. En la película puede
verse la búsqueda infructuosa de Bayer por distintas redacciones –de las cuales al
principio sólo la revista Humor respondió favorablemente- y su solidaridad con las
agrupaciones de DDHH y especialmente Madres de Plaza de Mayo, en tiempos
preelectorales en que todavía ningún candidato, a excepción de Oscar Alende,
contemplaba el juzgamiento de los jerarcas militares en su plataforma. Osvaldo no era
un extraño para las Madres, dado que estando en Europa había difundido su situación y
había conseguido fondos de la Iglesia Ortodoxa y del Partido Verde Alemán para que
ellas pudieran viajar a denunciar a la dictadura.
14 Pocos años después empezó a colaborar en el diario Página 12, donde su firma terminó
siendo una marca singular. Sus contratapas se convirtieron en un clásico de los
sábados. Por ellas desfilaron sus preocupaciones por la política internacional y la
denuncia de la explotación y la violencia en diferentes casos del mundo. También allí se
dieron a conocer pequeñas y grandes iniciativas en el campo de la cultura, se
anunciaron marchas y eventos del activismo por los derechos humanos y,
específicamente, de los derechos de los pueblos originarios.
15 En el patio de El Tugurio –tal el nombre que Osvaldo Soriano consagró para la casa de
Bayer, situada en la esquina de Arcos y Monroe en el barrio de Belgrano de la ciudad de
Buenos Aires, en la que falleció y en la que había pasado parte de su infancia- se
gestaron libros, películas y exposiciones, pero especialmente se sostuvo la lucha de
compañeros muy diversos. Por El Tugurio desfilaban diariamente artistas, periodistas,
académicos, políticos, activistas de múltiples luchas, jóvenes y curiosos. Todos éramos
recibidos y todos llevábamos nuestros temas y nuestros delirios, que Bayer
pacientemente escuchaba y comentaba.
16 Lejos de mantenerse intramuros, Bayer fue un incansable visitador de escuelas,
cárceles, pueblos, talleres. Respondía a todas las invitaciones, gastaba sus días en
micros y aviones para promover lo que llamaba la lectura ética de la historia. A pesar de
su avanzada edad, la firma de libros que le acercaban sus lectores al finalizar alguna
charla podía prolongarse horas, pero no dejaba a nadie sin su dedicatoria personal y
distinta. Su sentido del humor sorprendía en medio de la recordación de páginas
dramáticas de su vida o de la historia, tanto como seducía su pasión inextinguible en la
búsqueda de la verdad y la justicia.
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17 En los últimos años, empezó a tomar más fuerza entre todas esas luchas, la de la
llamada “desmonumentalización” de Roca y los genocidas de los pueblos originarios.
18 “Desmonumentar” no significa, para quienes compartimos ese proyecto, apenas
remover monumentos, sino modificar la estructura ideológica que construye próceres
para los genocidios y oscurece las luchas por la liberación de los pueblos.
19 Los representantes reciclados de la vieja oligarquía comprendieron la profundidad de la
propuesta y reaccionaron en consecuencia. A las muchas editoriales y columnas de
opinión publicadas en el diario conservador La Nación contra la “amenaza indigenista”
representada por Bayer, se sumó en 2011 la demanda civil que la familia Martinez de
Hoz –la misma que contribuyó con un Ministro de Economía a la dictadura de Videla- le
inició por mancillar “el buen nombre y honor” de la familia. En la demanda, el punto de
conflicto era la afirmación de Osvaldo en la película Awka Liwen, de que la familia
Martinez de Hoz se habían visto beneficiados con 2,5 millones de hectáreas por su
aporte económico al ejército durante la llamada Campaña al Desierto. Los Martínez de
Hoz exigían la retractación de Osvaldo en una solicitada pública, y una indemnización
de 500.000 $ por parte de la producción de la película, además del retiro de la misma de
todas las salas, o que se cortara los fragmentos que aludían a la familia. Finalmente,
después de cinco años el tribunal falló a favor de Bayer y de los productores, por
considerar que el mecanismo de censura que pretendía la familia Martínez de Hoz
configuraría un perjuicio a un interés más alto, tal como el derecho a la libre expresión,
símbolo de la democracia recuperada contra las dictaduras representadas en la línea
genealógica Roca – Videla – Martínez de Hoz.
20 A lo largo de su vida Bayer supo reunir buenos amigos y compañeros de lucha.
Expresaba cierta culpa por haber sobrevivido a Rodolfo Walsh, a Paco Urondo, a
Haroldo Conti. Formó un equipo irreductible con León Rozitchner, Osvaldo Soriano,
Rogelio García Lupo, Juan Gelman, Tito Cossa, Fernando Birri, Blanca Rébori. Recibió la
solidaridad de Herman Schiller, de Adolfo Pérez Esquivel y de Beinusz Szmukler en
momentos críticos, y fundó con Graciela Daleo y Marcelo Ferreira la primera Cátedra
Libre de Derechos Humanos, en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, en 1994, como
desafío directo a la amnesia oficial decretada desde el gobierno neoliberal.
21 A lo largo de un siglo de mala memoria y cíclicos oscurantismos, Osvaldo Bayer sostuvo
la posibilidad de aunar el profesionalismo en la investigación, con el compromiso
político y humanista, y una rara capacidad para la comunicación. Esto lo convirtió,
especialmente en la última década, en una figura inusualmente popular, con la
capacidad de despertar devociones en sitios dispares del espectro político y social.
Entrar a la Feria del Libro, o a una escuela, o caminar por la calle con Osvaldo del brazo
implicaba detenerse cada minuto para que firmara un autógrafo, recibiera un abrazo,
un beso, o declaraciones de amor anónimo.
22 En sus últimos años, Bayer se repartió entre el verano porteño con la militancia y el
verano en Linz am Rhein (Alemania) con su familia. La intimidad de ese transcurrir
escindido entre distintas pasiones fue captada en la película La Livertá , de Gustavo
Gzain. En 2015 el fallecimiento de su esposa lo erosionó profundamente y, sumado a la
aparición y avance de una enfermedad, determinó el fin de sus viajes. En la modesta
casa familiar del barrio de Belgrano, entre sus paredes que rebalsan de libros y sus pilas
de papeles, Osvaldo continuó recibiendo incesantes visitas, acompañado a veces por sus
hijos Udo, Esteban, Cristian y Ana que viajaban desde Alemania o Italia, y más
frecuentemente por sus amigos inclaudicables, en particular, Raúl Fernández y Claudia
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Toledo y su esposo Julio, pero también su médica Carlota Salomón, Ana María Careaga,
Cecilia Rosetto, Soledad Iparraguirre, Bruno Napoli, Néstor Elías, Jorgelina Mendez,
Laura Jara Suazo, Irma Caupan, Eduardo Kozanlian, Mariana Dufour, Karina Diaz, Oscar
Ciancio, Calica Ferrer, Stella Calloni, Norita Cortiñas, Tati Almeida y otros que espero
disculpen mi olvido.
23 En medio de la aridez y la amargura que en los últimos tiempos acompañaron el avance
de los modelos totalitarios en la región, las personas como Osvaldo Bayer crean oasis de
solidaridad y empatía con los menos privilegiados. Ojalá la “actitud Bayer” nos
acompañe largamente en el camino del compromiso con la ética y la alegría.
NOTES
1. Agradezco a Raúl Fernández sus generosos aportes sobre el borrador de este texto.
AUTHOR
DIANA LENTON
CONICET – Universidad de Buenos Aires
[email protected] Corpus. Archivos virtuales de la alteridad americana, Vol. 9, No 2 | 2019