otros encuentros. He ?
ugado otras veces contra el Vancouver Storm, y los reconozco,
pero no los conozco como conocía a mi antiguo equipo. Estuve siete años ?ugando en
Nueva Yor?, desde que tenía diecinueve. No conozco a estos entrenadores, y no me
siento en casa en esta ciudad desde que me ?ui para los ?uveniles, pero ahora mismo
tengo que estar en Vancouver.
Algo me oprime el pecho. Es solo el primer día de entrenamiento, pero nunca he
sentido tanta presión para dar lo me?or de mí.
Suena el silbato y patino hacia el banquillo con los demás ?ugadores.
—Muy bien ?ugado, chicos —dice el entrenador cuando nos acercamos al banquillo.
Al ?inal de la última temporada, una de las peores en la historia del Storm, Tate Ward
ocupó los titulares tras anunciarse que sería el nuevo entrenador. Tiene treinta y
bastantes años, no es mucho mayor que algunos de los ?ugadores del Vancouver, y
tenía una carrera prometedora como delantero en la liga hasta que una lesión de
rodilla la truncó. Entrenaba en la universidad hasta el año pasado y, por lo que he
leído en las noticias sobre hoc?ey, los a?icionados son algo escépticos. Los primeros
entrenadores suelen ser más mayores, con más experiencia entrenando a nivel pro?
esional.
Ward me mira y, ba?o la máscara de portero, se me tensa la mandíbula.
—Tenemos mucho traba?o para la próxima temporada —dice, observando al grupo de
?ugadores—. El año pasado terminamos casi los últimos de la clasi?icación.
El ambiente está tenso mientras los ?ugadores se cambian los patines. Este es el
momento en el que muchos entrenadores señalarían los de?ectos y debilidades. Lo
que el equipo hizo mal el año pasado. Ahora es cuando nos dirá que perder no es una
opción.
Como si no lo supiera.
—Solo podemos ir hacia arriba —dice Ward, sonriéndonos—. Ahora, a las duchas y a
descansar. Nos vemos mañ[Link] encuentros. He ?ugado otras veces contra el
Vancouver Storm, y los reconozco, pero no los conozco como conocía a mi antiguo
equipo. Estuve siete años ?ugando en Nueva Yor?, desde que tenía diecinueve. No
conozco a estos entrenadores, y no me siento en casa en esta ciudad desde que me ?ui
para los ?uveniles, pero ahora mismo tengo que estar en [Link] me oprime
el pecho. Es solo el primer día de entrenamiento, pero nunca he sentido tanta presión
para dar lo me?or de mí. Suena el silbato y patino hacia el banquillo con los demás ?
ugadores.—Muy bien ?ugado, chicos —dice el entrenador cuando nos acercamos al
[Link] ?inal de la última temporada, una de las peores en la historia del Storm,
Tate Ward ocupó los titulares tras anunciarse que sería el nuevo entrenador. Tiene
treinta y bastantes años, no es mucho mayor que algunos de los ?ugadores del
Vancouver, y tenía una carrera prometedora como delantero en la liga hasta que una
lesión de rodilla la truncó. Entrenaba en la universidad hasta el año pasado y, por lo
que he leído en las noticias sobre hoc?ey, los a?icionados son algo escépticos. Los
primeros entrenadores suelen ser más mayores, con más experiencia entrenando a
nivel pro?esional. Ward me mira y, ba?o la máscara de portero, se me tensa la
mandíbula.—Tenemos mucho traba?o para la próxima temporada —dice, observando
al grupo de ?ugadores—. El año pasado terminamos casi los últimos de la clasi?
icació[Link] ambiente está tenso mientras los ?ugadores se cambian los patines. Este es
el momento en el que muchos entrenadores señalarían los de?ectos y debilidades. Lo
que el equipo hizo mal el año pasado. Ahora es cuando nos dirá que perder no es una
opció[Link] si no lo supiera.—Solo podemos ir hacia arriba —dice Ward,
sonriéndonos—. Ahora, a las duchas y a descansar. Nos vemos mañana.
otros encuentros. He ?ugado otras veces contra el Vancouver Storm, y los reconozco,
pero no los conozco como conocía a mi antiguo equipo. Estuve siete años ?ugando en
Nueva Yor?, desde que tenía diecinueve. No conozco a estos entrenadores, y no me
siento en casa en esta ciudad desde que me ?ui para los ?uveniles, pero ahora mismo
tengo que estar en Vancouver.
Algo me oprime el pecho. Es solo el primer día de entrenamiento, pero nunca he
sentido tanta presión para dar lo me?or de mí.
Suena el silbato y patino hacia el banquillo con los demás ?ugadores.
—Muy bien ?ugado, chicos —dice el entrenador cuando nos acercamos al banquillo.
Al ?inal de la última temporada, una de las peores en la historia del Storm, Tate Ward
ocupó los titulares tras anunciarse que sería el nuevo entrenador. Tiene treinta y
bastantes años, no es mucho mayor que algunos de los ?ugadores del Vancouver, y
tenía una carrera prometedora como delantero en la liga hasta que una lesión de
rodilla la truncó. Entrenaba en la universidad hasta el año pasado y, por lo que he
leído en las noticias sobre hoc?ey, los a?icionados son algo escépticos. Los primeros
entrenadores suelen ser más mayores, con más experiencia entrenando a nivel pro?
esional.
Ward me mira y, ba?o la máscara de portero, se me tensa la mandíbula.
—Tenemos mucho traba?o para la próxima temporada —dice, observando al grupo de
?ugadores—. El año pasado terminamos casi los últimos de la clasi?icación.
El ambiente está tenso mientras los ?ugadores se cambian los patines. Este es el
momento en el que muchos entrenadores señalarían los de?ectos y debilidades. Lo
que el equipo hizo mal el año pasado. Ahora es cuando nos dirá que perder no es una
opción.
Como si no lo supiera.
—Solo podemos ir hacia arriba —dice Ward, sonriéndonos—. Ahora, a las duchas y a
descansar. Nos vemos mañ[Link] encuentros. He ?ugado otras veces contra el
Vancouver Storm, y los reconozco, pero no los conozco como conocía a mi antiguo
equipo. Estuve siete años ?ugando en Nueva Yor?, desde que tenía diecinueve. No
conozco a estos entrenadores, y no me siento en casa en esta ciudad desde que me ?ui
para los ?uveniles, pero ahora mismo tengo que estar en [Link] me oprime
el pecho. Es solo el primer día de entrenamiento, pero nunca he sentido tanta presión
para dar lo me?or de mí. Suena el silbato y patino hacia el banquillo con los demás ?
ugadores.—Muy bien ?ugado, chicos —dice el entrenador cuando nos acercamos al
[Link] ?inal de la última temporada, una de las peores en la historia del Storm,
Tate Ward ocupó los titulares tras anunciarse que sería el nuevo entrenador. Tiene
treinta y bastantes años, no es mucho mayor que algunos de los ?ugadores del
Vancouver, y tenía una carrera prometedora como delantero en la liga hasta que una
lesión de rodilla la truncó. Entrenaba en la universidad hasta el año pasado y, por lo
que he leído en las noticias sobre hoc?ey, los a?icionados son algo escépticos. Los
primeros entrenadores suelen ser más mayores, con más experiencia entrenando a
nivel pro?esional. Ward me mira y, ba?o la máscara de portero, se me tensa la
mandíbula.—Tenemos mucho traba?o para la próxima temporada —dice, observando
al grupo de ?ugadores—. El año pasado terminamos casi los últimos de la clasi?
icació[Link] ambiente está tenso mientras los ?ugadores se cambian los patines. Este es
el momento en el que muchos entrenadores señalarían los de?ectos y debilidades. Lo
que el equipo hizo mal el año pasado. Ahora es cuando nos dirá que perder no es una
opció[Link] si no lo supiera.—Solo podemos ir hacia arriba —dice Ward,
sonriéndonos—. Ahora, a las duchas y a descansar. Nos vemos mañana.