"EL PARTIDO DE FÚTBOL Y LA GRAN DISCUSIÓN"
En la escuela primaria "Los Pinos", un grupo de niños jugaba un partido de
fútbol durante el recreo. Tomás, un niño muy competitivo, llevaba todo el
juego intentando marcar un gol, pero cada vez que lo intentaba, su amigo
Lucas le quitaba el balón.
En un momento del juego, Tomás corrió con todas sus fuerzas y pateó la
pelota con mucha potencia. Sin embargo, la pelota no entró en la portería y,
para su sorpresa, Lucas interceptó el balón y marcó un gol para su equipo.
Tomás sintió una gran ola de enojo. Se puso rojo, apretó los puños y sin
pensarlo, gritó:
—¡Eso no vale! ¡Lucas siempre me quita el balón!
Lucas se sintió ofendido y le respondió enojado:
—¡No es mi culpa que no puedas marcar un gol!
La discusión empezó a escalar, y pronto otros niños intervinieron, algunos apoyando a Tomás y otros a
Lucas. La situación se volvió tensa, y la profesora de turno, la señorita Andrea, tuvo que acercarse para
calmar la pelea.
Después de hablar con ellos, la maestra les explicó la importancia de controlar sus emociones y expresar sus
sentimientos sin gritar ni discutir. Les pidió que respiraran profundo y pensaran en cómo podían resolver el
problema de una manera tranquila.
Finalmente, Tomás y Lucas entendieron que ambos querían divertirse y que el enojo no debía arruinar su
amistad. Se dieron la mano y prometieron jugar con más respeto en el futuro.
"EL PARTIDO DE FÚTBOL Y LA GRAN DISCUSIÓN"
En la escuela primaria "Los Pinos", un grupo de niños jugaba un partido de fútbol durante el recreo. Tomás,
un niño muy competitivo, llevaba todo el juego intentando marcar un gol, pero cada vez que lo intentaba,
su amigo Lucas le quitaba el balón.
En un momento del juego, Tomás corrió con todas sus fuerzas y pateó la pelota con mucha potencia. Sin
embargo, la pelota no entró en la portería y, para su sorpresa, Lucas interceptó el balón y marcó un gol para
su equipo.
Tomás sintió una gran ola de enojo. Se puso rojo, apretó los puños y sin
pensarlo, gritó:
—¡Eso no vale! ¡Lucas siempre me quita el balón!
Lucas se sintió ofendido y le respondió enojado:
—¡No es mi culpa que no puedas marcar un gol!
La discusión empezó a escalar, y pronto otros niños intervinieron, algunos
apoyando a Tomás y otros a Lucas. La situación se volvió tensa, y la
profesora de turno, la señorita Andrea, tuvo que acercarse para calmar la
pelea.
Después de hablar con ellos, la maestra les explicó la importancia de
controlar sus emociones y expresar sus sentimientos sin gritar ni discutir.
Les pidió que respiraran profundo y pensaran en cómo podían resolver el problema de una manera
tranquila.
Finalmente, Tomás y Lucas entendieron que ambos querían divertirse y que el enojo no debía arruinar su
amistad. Se dieron la mano y prometieron jugar con más respeto en el futuro.
¿Cómo controlar mis emociones?
Controlar nuestras emociones es fundamental para mantener relaciones saludables, tomar buenas decisiones
y sentirnos bien con nosotros mismos. Aquí te dejo información clave sobre cómo hacerlo:
¿Qué significa controlar las emociones?
No significa reprimir lo que sentimos, sino aprender a reconocer, comprender y manejar nuestras emociones
de forma adecuada para que no nos dominen en situaciones difíciles.
Estrategias para controlar las emociones
1. Reconocer la emoción
Antes de controlar una emoción, es importante identificarla. Pregúntate:
¿Qué estoy sintiendo? (Ejemplo: enojo, tristeza, ansiedad)
¿Por qué me siento así?
¿Qué puedo hacer para mejorar la situación?
2. Practicar la respiración y relajación
Cuando una emoción es intensa, técnicas como estas ayudan a calmarse:
Respiración profunda: Inhalar lentamente por la nariz, sostener el aire unos segundos y exhalar por la boca.
Relajación progresiva: Tensar y relajar los músculos del cuerpo uno por uno.
Visualización positiva: Imaginar un lugar tranquilo o una situación agradable.
3. Expresar las emociones de forma saludable
Hablar con alguien de confianza (amigo, familiar, maestro).
Escribir en un diario sobre lo que sientes.
Dibujar o hacer alguna actividad creativa para desahogarte.
Usar frases como "Me siento..." en lugar de culpar a otros (Ejemplo: "Me siento frustrado porque no me
escuchaste" en vez de "¡Siempre me ignoras!").
4. Pensar antes de reaccionar
Si sientes enojo o tristeza intensa:
Cuenta hasta 10 antes de responder.
Aléjate unos minutos para calmarte y reflexionar.
Pregunta: "¿Cómo puedo solucionar esto sin hacerme daño ni dañar a los demás?"
5. Buscar soluciones y aprender de la experiencia
Cada situación es una oportunidad para mejorar el control emocional. Pregunta:
¿Cómo podría haber reaccionado mejor?
¿Qué aprendí de esta experiencia?
6. Cuidar el bienestar emocional
Las emociones se manejan mejor cuando el cuerpo y la mente están en equilibrio:
Dormir bien.
Comer saludable.
Hacer ejercicio o practicar algún deporte.
Realizar actividades que disfrutes y te relajen.