Universidad Nacional del Comahue
CURZA
Seminario Optativo del Área de Cultura y Literatura
Eje del programa: Literatura expandida: confluencia de narrativas literarias y lenguajes artísticos
UNIDAD I
Problematizaciones:
1. Literatura, imagen y relato
CLASE 1
En estas clases reflexionaremos acerca del pasaje de una cultura de la palabra a
una cultura de la imagen. Para ello nos preguntamos ¿Estamos ante una mutación en
nuestra manera de percibir? ¿Qué sucede con el concepto de lector en esta cultura de las
visualidades? Sobre estos interrogantes se pregunta Beatriz Sarlo en la conferencia de
este video ¿El arte se puso de moda? que compartimos en este link
[Link]
Lo interesante de este debate que plantea Salo es analizar la incidencia de la
tecnología y la idea de este “post” que en literatura de alguna manera instala Josefina
Ludmer en la conferencia Lo que viene después que encontrarán en este link:
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Ludmer, en realidad, en el 2008 introdujo la idea de que ya no es posible, ni
necesario distinguir en la literatura realidad histórica y ficción. En “Literatura
postautónoma” aclaró: “la palabra literaria -sostiene- entra en la realidad y ya no es
posible saber si conserva su sesgo crítico”, está atravesada por las escrituras diaspóricas.
Como vemos, la idea que teníamos hasta el momento sobre valor literario se relativiza
porque “lo cultural y lo ficcional en la era de la postautonomía, están en sincronía y en
fusión con la realidad económico política.” (Ludmer, 2008). En este punto su planteo se
relaciona con el análisis de Sarlo porque lo que se pone en cuestión es el tiempo como
condición filosófica: “Hoy en cambio el futuro parece haber desaparecido; sólo existen
los pasados, todos los pasados, conviviendo en el presente. Y el futuro aparece como un
presente extendido.” En este contexto “Es el fin de la autorreferencialidad de la
literatura” sentencia., y fundamenta afirmando que estas nuevas literaturas fabrican
presente y esa es una de sus políticas. Salen de la literatura y entran a la realidad de lo
cotidiano, donde lo cotidiano es la televisión, los blogs, Internet. Esa realidad cotidiana
no es la realidad histórica del pensamiento realista y de su historia política y social, sino
una realidad producida por los medios y las tecnologías. Una realidad que no requiere
ser representada porque ella misma es pura representación.” (Ludmer, 2008) Idea que
Sarlo menciona muy bien cuando aclara que “vivimos en una sociedad de la cultura de
la imagen pero lo verdaderamente nuevo no es esto, ya que en la edad media vivíamos
igual, sino la tecnología que revolucionó la idea de tiempo” (SARLO en conferencia)
Por su parte, cuando Ludmer revela los lineamientos que debemos tener en
cuenta al momento de revitalizar la literatura por medio de las lecturas que es leer el
modo en que la literatura construye realidad, construye mundo, temporalidades,
subjetividades, territorios, para pensar las condiciones de vida actuales, se acerca al
posicionamiento de Leonor Arfuch quién también se ocupa de los modos en que las
narrativas de la actualidad modifican las percepciones del tiempo.
Para completar este escenario en el 2009 se publica La experiencia opaca.
Literatura y desencanto de Florencia Garramuño. Difícilmente se pueda sintetizar aquí
el interés de su pensamiento, pero no podemos obviar la mención de la renovada noción
de Confluencia y de obra como archivo de lo real.
Dice Florencia Garramuño que su perspectiva presiona los límites de la literatura
para ubicarla en un campo expandido en el cual la distinción entre literatura y vida,
resulta irrelevante, porque estas literaturas apuntan a una idea de obra como una suerte
de archivo de lo real despedazado (euxistênciatecas de lo real) que baraja de una forma
novedosa una relación entre archivo y experiencia. El archivo convierte la experiencia
en cadáver porque la existencia de uno supone la muerte o la cancelación de la
condición de existencia pura de esa experiencia archivada, sin embargo, dirá que
“Cuando se trata de arte, no hay afuera, no hay exterior, o no hay experiencia; sino sólo
-en todo caso- el residuo opaco, ya elaborado y, por lo tanto, otra cosa que ese otro
exterior” En esta definición archivo y experiencia, no se contradicen sino que se
conjugan en la formulación de un concepto de obra “estriada por el
exterior”.(Garramuño, 2009: 27)
Enmarcada en el pensamiento inaugurado por Ludmer la tesis principal de
Garramuño es que asistimos al surgimiento de nuevas formas de búsquedas como
alternativas de resistencia, y hace hincapié en la desautonomización de la obra de arte y
en la idea del borramiento de los límites entre escritura y experiencia. Sin embargo, la
ensayista ve que el fin de la experiencia no es el fin de la literatura. Hay otra literatura
que sobrevive y en la que se puede encontrar un modo de redefinición de la experiencia
que reconstruye una relación problemática y crítica entre ellas. Más tarde Florencia
Garramuño publicará Mundos en común (2015) donde propone que en nuestras lecturas
hagamos dialogar las artes y las literaturas de América Latina para abordar aquellas
obras que cuestionan sus medios para proponerse como formas inespecíficas de
expresión, en sus propias palabras: “este libro aspira a teorizar sobre las numerosas
transgresiones y desbordamientos de límites, campos y regiones que exhiben estas
prácticas” (14). Garramuño prosigue con su propuesta de instalar en el campo de la
crítica, la línea de investigación sobre una expansión de lo literario hacia espacios de
frontera que indaguen nuevos modos de leer y reflexionar sobre lo que nombra como “la
lenta transformación del estatuto de lo literario” (Garramuño, 2015:15). Las citas más
potentes son las siguientes:
1. “La proliferación de "formas híbridas" y de textos anfibios que se sostienen en el límite entre realidad y
ficción son todos ejemplos de una fuerte impugnación a la categoría de obra de arte como forma autónoma
y distanciada de lo real; suplantada por prácticas artísticas que se reconocen abiertas y permeadas por el
exterior, y que resultan atravesada por una fuerte preocupación por la relación entre arte y experiencia.”
(pág. 18)
2. “La emergencia de otras formas de experiencia (…) no relacionadas (…) con una narración lineal (…)
completa y totalizadora” (pág. 35)
3. “La escritura aparece más cercana a una idea de organismo vivo, irracional, que respira, que a la de una
construcción acabada u objeto concluido” (pág. 23)
Estas tres lecturas críticas, Sarlo, Ludmer y Garramuño nos remiten a que
recordemos la perspectiva que ya en los 90 instalaba Regin Roben en “Extensión e
incertidumbre de la noción de literatura” quién problematiza el objeto de estudio
literatura con el objetivo de expandir sus alcances porque asegura que: “objetos
particulares (…) tienen su manera de inscribirse en lo literario, de producir algo literario
o de pensar lo literario (…) mediante la intervención del lector, de la lectura y de la
recepción, en el análisis del fenómeno literario (…) ¡Estallido del objeto pero también
de los métodos!” (Roben, 1993:53-54)
A partir de esto nos preguntamos ¿Dónde empieza y dónde termina la literatura? El
carácter liminal nos permite pensar ¿Cuáles son los efectos de este desborde de la literatura?
¿Qué nuevos eventos estéticos funda la no pertenencia? ¿Qué nuevos modos de apelación de
emociones se configuran? ¿Qué potencial político contiene estos textos en fronteras? Robin
hace un recorrido de cómo se leyó y que lugar tenía la lectura y la literatura para valorar
especialmente a Bajtin por su recuperación de la cultura popular y a Benjamín por
reconocer la importancia de la cultura de masas. Su pensamiento puede resumirse en
una expresión que pretende dar cuenta de una época:
“Desde fines de siglo XX (1980): Se trata de una cultura de 1o efímero, de
la simultaneidad, de lo inacabado, del flash, del clip. Todo esto ha creado
un imaginario irónico, lúdico. Hoy asistimos a la eclosión del objeto. A
partir de ahora hay objetos particulares y cada uno de ellos tiene su manera
de inscribirse en lo literario, de producir algo literario o de pensar 1o
literario ¡!Estallido del objeto¡¡ (…) Fenómeno que conduce a pensar en la
recepción porque pareciera que se ha formado un nuevo terreno que ya no
mira a la literatura desde el ángulo de la creación o del biografismo, o del
texto por el texto, que ya no la mira desde el ángulo de la relación del
enunciador con los narradores, sino que la contempla en el plano
sociológico de los lectores reales, de los actos de lectura reales, pudiendo
modificar total mente el estatuto del texto, las intenciones del autor:
lecturas disidentes, subversivas o simplemente ignorantes de los códigos de
intertextualidad y de los distanciamientos; lecturas que leerán en primer
grado la antifrase y la ironía, que leerán en segundo grado el más grave de
los mensajes, que leerán en la denotación todo el arsenal connotado de una
memoria colectiva o que, a la inversa, buscaran sentidos tras el sentido,
precisamente allí donde no hay nada que buscar. ¡Estallido del objeto, pero
también de los métodos!” (Roben, 1993:55-56)
Por último, les dejo lo que Inés Dussel nos reclama a los educadores en
Pedagogías de la mirada para que nos dispongamos a enseñar a mirar imágenes que nos
interpelen desde la ética y la política con el objetivo de reflexionar sobre “¿Qué pasa
con lo visual hoy? ¿Qué vemos y cómo somos vistos por los demás?” Esta perspectiva
habilita a que reflexionemos sobre las formulaciones que recorrimos durante la clase
que instauran una nueva literatura que exhibe imágenes que nos punzan y nos remiten al
estatuto de lo humano, no como un absurdo sino como un lugar de derecho, de
necesidad.