TAREA 2:
LAS EMOCIONES
Y SU IMPORTANCIA EN LAS AULAS DE
PRIMARIA.
Asignatura: Prevención y tratamiento
de las dificultades psicológicas.
Alumna: Olga Martínez Jareño
Profesora: Marina Garijo
Índice
1. ¿Qué son las emociones?........................................................................3
2. ¿Qué es la inteligencia emocional?.........................................................4
3. La importancia de trabajar las emociones en las aulas de Educación
Primaria.......................................................................................................... 5
4. ¿Cómo podemos trabajar las emociones?...............................................6
5. Actividad para trabajar las emociones: “El jardín de las emociones”......7
6. Bibliografía............................................................................................ 10
1. ¿Qué son las emociones?
En el Diccionario de Neurociencia de Mora y Sanguinetti (2004) se define
la emoción como “una reacción conductual y subjetiva producida por un
información proveniente del mundo externo o interno (memoria) del
individuo. Se acompaña de fenómenos neurovegetativos. El sistema
límbico es la parte del cerebro más importante relacionada con la
elaboración de las conductas emocionales”.
La parte conductual, hace referencia a las respuestas del organismo ante
aquellas situaciones que son un peligro (por ejemplo, el dolor) o bien son
estímulos placentero. Ante un perro que nos enseña los dientes,
tendemos a tener una reacción de miedo o peligro, con la que
reaccionamos defendiéndonos o huyendo. En cambio, cuando tenemos
hambre y vemos un plato de comida, sentimos placer, y reaccionamos
acercándonos al plato.
Dicho de otro modo, se podría decir que las emociones son reacciones
inconscientes, que preparan a nuestro cuerpo para atacar, correr,
reír…,y todo esto sin casi apenas ser conscientes.
Uno de los primeros representantes del estudio de las emociones fue
Charles Darwin (1872), que sostenía la teoría de que las expresiones
emocionales son universales.
En la misma línea, Paul Ekman sugirió que la interpretación de
expresiones faciales emocionales es independiente de la cultura, es
decir, sin importar el origen étnico ni la lengua materna, los seres
humanos somos capaces de reconocer una serie de emociones que son
comunes a todos. En este sentido, definió aquello que denominó como
emociones básicas. Estas son: la alegría, el miedo, la ira, el asco, la
tristeza y la sorpresa son básicas en tres acepciones de la palabra:
porque son emociones reconocibles por todos; por su valor adaptativo
para atravesar cualquier situación de nuestra vida; y porque puede que
su fusión da origen a otras emociones más complejas.
Las emociones deberían ser entendidas como organizadoras del
comportamiento, esenciales en la regulación del pensamiento, del
aprendizaje y la actividad de los niños (Wolf & Bell, 2007).
2. ¿Qué es la inteligencia emocional?
Según Salovey y Mayer (1990), la inteligencia emocional consiste en la
habilidad para manejar sentimientos y emociones, discriminar entre ellos
y utilizar estos conocimientos para dirigir los propios pensamientos y
acciones. Su modelo de estructura consta de cuatro bloques:
Percepción emocional. Percibir, identificar, valorar y expresar
las emociones en uno mismo y en los demás, a través del
lenguaje, conducta, la música, etc.
Facilitación emocional del pensamiento. Las emociones
dirigen la atención del pensamiento, pudiendo cambiar la
perspectiva desde optimismo al pesimismo.
Comprensión emocional. Comprender y analizar las emociones.
Capacidad de dar nombre a las emociones y reconocer las
relaciones entre estas y las palabras. Por ejemplo, la tristeza se
puede deber a una pérdida.
Regulación emocional. Controlar nuestras emociones, mitigando
las negativas y potenciando las positivas.
Para Goleman, la inteligencia emocional consiste en la “capacidad de
conocer las propias emociones, manejarlas y motivarse a uno mismo.
Además de, reconocer las emociones de los demás y poder así
establecer relaciones positivas con otras personas”.
La piedra angular de la inteligencia emocional es la conciencia de uno
mismo, de ser inteligente a la hora de sentir, de tener la capacidad de
reconocer lo que se siente.
La inteligencia emocional, no implica estar siempre contento, sino ser
capaz de mantener el equilibrio cuando atravesamos los momentos
males. Reconocer y aceptar los propios sentimientos y salir airoso de
esas situaciones sin dañarnos ni dañar a los demás.
Luego, teniendo en cuenta todo esto, ¿por qué sería importante y
enriquecedor, trabajar las emociones con los niños?
El desarrollo de las habilidades implicadas con la inteligencia emocional
comienzan en la familia, aunque existen casos donde esto no puede llevarse
a cabo.
No obstante, tanto familia y escuela actúan como elementos socializadores
en la vida de los niños, por lo que resulta de vital importancia incluir en las
aulas el trabajo de las emociones.
3. La importancia de trabajar las emociones en las
aulas de Educación Primaria.
En el ámbito educativo resultan imprescindibles las emociones para una
evolución integral y efectiva del niño y, por tanto, en la manera en la que
influye en nuestro proceso de enseñanza-aprendizaje.
En esta etapa temprana de la vida, los niños comienzan a construir las
bases de su identidad y su carácter, por lo que enseñarles a reconocer,
expresar y gestionar sus emociones les proporciona herramientas que
les serán útiles a lo largo de toda su vida. Al incorporar la educación
emocional en el aula, se promueve un ambiente en el que los niños
pueden aprender a conocerse mejor, a entender a los demás y a
enfrentar los desafíos de una manera más saludable.
La educación emocional es un proceso educativo, continuo y
permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias
emocionales como elemento esencial del desarrollo humano, con objeto
de capacitarle para la vida y aumentar el bienestar personal y social
(Bisquerra, 2000).
Uno de los beneficios más importantes de trabajar las emociones en el
aula es el desarrollo de la inteligencia emocional, que como hemos
señalado anteriormente, incluye habilidades como el autoconocimiento,
la autorregulación y la empatía.
Además, el desarrollo de estas habilidades tiene un impacto directo en el
aula, pues cuando los estudiantes logran comprender sus emociones y
expresarlas de manera adecuada, disminuyen las situaciones de
agresividad, los malentendidos y las reacciones impulsivas.
Por otro lado, cuando los niños son capaces de autorregularse y manejar
el estrés o la ansiedad, se concentran mejor en las tareas escolares y en
los procesos de aprendizaje. La autorregulación emocional les permite
mejorar su atención, organizarse y aprovechar mejor el tiempo, lo cual
tiene un impacto positivo en sus habilidades cognitivas y en su
desempeño en clase. En este sentido, la educación emocional se
convierte en una herramienta que también favorece la adquisición de
conocimientos y habilidades académicas.
Por otra parte, enseñar a los niños a manejar sus emociones desde una
edad temprana reduce las probabilidades de desarrollar problemas como
la ansiedad, la depresión o el estrés en la adolescencia y en la adultez.
Los estudiantes que aprenden a reconocer y expresar sus emociones de
manera sana son más propensos a tener una vida emocional equilibrada
y a enfrentar los problemas de manera constructiva. Este enfoque
preventivo es esencial en una sociedad en la que la salud mental está
cada vez más en el centro de las preocupaciones tanto de familias como
de instituciones educativas.
A medida que se vaya tomando consciencia y se incorporen estos
aprendizajes en el currículo escolar, estaremos consiguiente la formación
de generaciones de niños y niñas, que el día de mañana serán adultos
más conscientes y emocionalmente competentes.
4. ¿Cómo podemos trabajar las emociones?
Para trabajar las emociones en el aula de primaria, es importante crear
un ambiente donde los estudiantes se sientan seguros, permitiéndoles
expresar lo que sienten y aprendiendo a gestionarlo.
Una buena forma de poder comenzar las clases, sería integrando
momentos de conversación abierta, en los que los niños puedan hablar
sobre cómo se sienten, qué experiencias han tenido en el día o qué les
preocupa. Este tipo de práctica fomenta la confianza en el grupo y ayuda
a los estudiantes a reconocer y verbalizar sus emociones.
Además, también podríamos poner en práctica técnicas sencillas de
respiración y relajación. Estas prácticas les ayudan a calmarse y a ser
más conscientes de sus pensamientos y sensaciones, permitiéndoles
tomar una pausa antes de reaccionar impulsivamente. Al principio del
día, en la vuelta del patio, podemos realizar algunos minutos de
respiración profunda con el fin de ayudar a que los estudiantes estén
más enfocados y equilibrados emocionalmente.
Por otro lado, el uso de cuentos, historias y personajes es otra
herramienta eficaz. A través de los relatos, los niños pueden identificar
emociones y situaciones similares a las que ellos mismos experimentan,
y comentar cómo los personajes manejan sus sentimientos. A través de
la narración, se facilita la comprensión de emociones complejas, ya que
al observar la experiencia de otros, los niños pueden entender mejor sus
propias emociones y adquirir herramientas para gestionarlas.
Las dinámicas grupales, como los juegos de roles, también son útiles
para fomentar la empatía y el respeto. En estas actividades, los niños
pueden colocarse en el lugar de los demás, explorando cómo se
sentirían en situaciones distintas o cómo reaccionarían ante un conflicto,
así como, les permite experimentar cómo los demás pueden sentirse
ante sus acciones y palabras.
El arte es otro recurso poderoso para trabajar las emociones. Al dibujar,
pintar o expresarse a través de la música y el movimiento, los niños
encuentran formas no verbales de comunicar lo que sienten.
Personalmente, considero que es una herramienta fundamental muy
poco llevada a la práctica, y calificada normalmente como materias
banales, cuando realmente es en esta etapa, cuando más se debería
incidir en el desarrollo de nuestra parte más artística y creativa. A través
de estos medios creativos, los estudiantes pueden explorar sus
emociones de una manera segura y libre, sin limitaciones. Además, el
arte ayuda a los niños a reducir la ansiedad y el estrés, al mismo tiempo
que potencia su creatividad y les permite encontrar soluciones
novedosas a los problemas.
Incorporar actividades de reflexión al final del día también puede ser una
excelente forma de trabajar las emociones en el aula, pues permiten que
los niños tomen conciencia de sus emociones y de su evolución,
fomentando un autoconocimiento que es esencial para su desarrollo.
5. Actividad para trabajar las emociones: “El jardín de
las emociones”.
Mi actividad está pensada para el primer ciclo de primaria, y los
materiales que vamos a utilizar son: cartulinas de colores, tijeras,
rotuladores, pegamento y una pizarra o corcho.
En primer lugar, comenzaría explicando la actividad a los alumnos, y les
diría que vamos a llevar a cabo entre todos un “jardín” de las emociones,
donde todos seremos partícipes de su creación. Cada niño plantará una
flor por cada emoción que ha sentido o reconoce en sí mismo.
Este jardín simboliza cómo cuidamos nuestras emociones, tanto las
agradables como las desafiantes. Se les dice que, así como cuidamos
una planta para que crezca, debemos atender nuestras emociones para
entenderlas y aprender de ellas.
En primer lugar, pediré a cada alumno que piense en varias emociones
que ha sentido recientemente o que reconoce con frecuencia en su vida,
como la alegría, la tristeza, el miedo, el enfado, la calma, la sorpresa,
etc. Esto puede llevarse a cabo mediante una reflexión individual o
mediante una lluvia de ideas grupal, aclarando que todas las emociones
son válidas y tienen su función. Una vez que tengan una lista, cada niño
seleccionará tres emociones que hayan experimentado últimamente y
con las que quieran trabajar.
A continuación cada alumno cogerá cartulinas de colores y dibujara una
flora grande para cada emociona que haya elegido. La decorará a su
gusto y posteriormente la recortará. A la hora de elegir los colores, les
pediremos que asocien cada color a una emoción.
Para ello, utilizaremos la famosa película “Del revés” o “Inside out”
comúnmente conocida, luego nos quedaría así: amarillo para la alegría,
azul para la tristeza, lila para el miedo, rojo para el enfado, verde para el
aso, rosa para la vergüenza, naranja para el estrés , azul claro para la
envidia y morado para el aburrimiento.
Una vez hayan recortado la silueta de la flor,
pediremos a los niños que escriban en el centro
de la flor la emoción elegida y, en los pétalos,
escribirán o dibujarán elementos que les hacen
sentir esa emoción. Por ejemplo, en la flor de
“alegría” pueden escribir cosas como “jugar con
mis amigos”, “cuando me felicitan”, o “visitar a
mis abuelos”. Si eligen “miedo”, podrían escribir
cosas como “cuando me enfrento a algo nuevo” o
“hablar en público”.
El objetivo es que reconozcan y reflexiones acerca
de los momentos o situaciones que generan cada emoción.
Cuando cada alumno haya terminado sus flores, daremos paso a la
“plantación” en el “Jardín de las Emociones”.
El/ la docente, deberá designar un área del aula (puede ser una pared o
un tablón) donde los estudiantes “plantarán” sus flores pegándolas en
grupos, creando así un jardín común. Los estudiantes verán cómo crece
el jardín, que representa la diversidad y riqueza emocional de todos.
Cuando hayamos terminado de completar el jardín, procederemos a
hacer un reflexión grupal, donde incluiremos preguntas como:
¿Qué sienten al ver todas las emociones reflejadas en este jardín?
¿Qué aprendieron sobre sus emociones al hacer esta actividad?
¿Notaron que otros compañeros también tienen emociones
similares? ¿Cómo se sienten al respecto?
¿Qué harían para “cuidar” cada emoción en
su jardín personal?
Por otro lado, se puede hacer también una reflexión
individual con cada estudiante, donde les
preguntaremos cómo se sintieron al reconocer y compartir sus
emociones. De esta manera podremos observar y evaluar si nuestros
alumnos son capaces de identificar correctamente sus emociones y
expresarlas.
Para finalizar la sesión, me gustaría leer con mis alumnos el cuento del
Monstruo de colores, de Ana Llenas, ya que creo que es una gran
herramienta para introducir en el aula, pues pueden verse reflejados a
través de un personaje en concreto, así como reforzar la idea de que
todas las emociones son necesarias y forman parte de nuestra vida.
En los días posteriores al desarrollo de la actividad, podemos tener un
seguimiento realizando “jornadas de cuidado del jardín”, donde los
estudiantes compartan cómo han manejado alguna de sus emociones en
una situación reciente. También pueden agregar nuevas “flores” al jardín
si experimentan una emoción significativa, con el fin de que este nunca
deje de crecer.
6. Bibliografía
Bisquerra, R. (2000). Educación emocional y bienestar. Barcelona: Praxis.
Lilian Reza Suárez (2016): “La influencia de las emociones en las
expresiones faciales según Paul Ekman”, Revista Contribuciones a las
Ciencias Sociales.
Mora, F. (2012). 1.¿ Qué son las emociones?. El Observatorio FAROS Sant
Joan de Déu (www. faroshsjd. net) es la plataforma de promoción de la salud
y el bienestar infantil del Hos-pital Sant Joan de Déu (HSJD) de Barcelona.,
14.
Salovey, P. y Mayer, J. D. (1990). Emotional intelligence. Imagination,
Cognition y Personality, 9, 185-211.
Shapiro, L. E., & Tiscornia, A. (1997). La inteligencia emocional de los niños.
Madrid: Javier Vergara.
Tortello, C., & Becerra, P. C. (2017). ¿ Cómo se estudian las emociones en los
niños? Técnicas conductuales y fisiológicas para evaluar las respuestas
emocionales durante la infancia. Cuadernos de Neuropsicología, 11(3), 77.
Wolfe, C.D. & Bell, M.A. (2007).The integration of cognition and emotion
during infancy and early childhood: Regulatory processes associated with
the development of working memory. Brain and Cognition, 65, 3–13.