8.1.
LA CRISIS DE LA RESTAURACIÓN: INTENTOS REGENERADORES Y
OPOSICIÓN AL RÉGIMEN.
El reinado de Alfonso XIII estuvo marcado por la crisis definitiva de la Restauración. En
España, al igual que en el resto de Europa, hubo proyectos para modernizar el país y
establecer un sistema de gobierno más democrático, aunque estos terminaron
fracasando por diversos motivos. En primer lugar, tras las muertes de Cánovas y
Sagasta, los líderes de los partidos del turno fueron incapaces de mantener a sus
facciones unidas, lo que derivó en una gran inestabilidad política. Además, la constante
injerencia de Alfonso XIII en los asuntos de gobierno propició una rechazo a su persona
que acabaría con la caída de su reinado y de la Corona. Por otro lado, surgió una
creciente oposición política, con los nacionalismos, los republicanos y los socialistas. En
cuarto lugar, tenemos el aumento de la conflictividad social por el desarrollo sindical y
del movimiento obrero. Por último, el regreso del protagonismo del Ejército en la política,
iniciado tras el Desastre del 98 e intensificado con las derrotas en Marruecos.
Tras la crisis del 98, el sistema de gobierno fue considerado corrupto e ineficaz, y los
regeneracionistas buscaban reformas para afrontar los problemas del país (caciquismo,
fraude electoral, pobreza, atraso económico, centralismo). Destacamos a Joaquín Costa
o a Unamuno.
Los partidos dinásticos eran conscientes de la necesidad de modernizar el sistema para
frenar la creciente oposición (Revisionismo). Para ello se planteó una “revolución desde
arriba” para contener la “revolución desde abajo”. Sin embargo, los políticos, temerosos
de quebrar la estabilidad, no iniciaron reformas rápidas para eliminar el caciquismo y el
fraude electoral. Dentro de esta etapa destacamos a Antonio Maura, de los
conservadores, y José Canalejas, líder de los liberales. El primer proyecto revisionista
fue planteado por Francisco Silvela al final de la regencia de Mª Cristina, y luchó contra
la corrupción, el fraude electoral y el caciquismo. Maura planteó la revisión más
completa e incluyó medidas sociales y económicas. Planteó la revolución desde arriba
para evitar la revolución popular. Buscará implantar un conservadurismo católico e
instaurar una nueva clase política que atrajera a las masas neutras. Con ellos, buscó
configurar un Estado fuerte y eficaz, eliminar el caciquismo e impedir el protagonismo de
las clases obreras. Entre sus medidas políticas, destacamos la Ley Electoral (1907) que
dificulta el fraude electoral. Mediante la Ley de Administración, que concede mayor
autonomía a ayuntamientos y diputaciones, buscaba la conciliación con el nacionalismo.
Por último, promovió el expansionismo militar con la guerra en Marruecos. Entre sus
medidas sociales, tenemos la creación del Instituto Nacional de Previsión y el
reconocimiento del derecho a huelga (1909). Por último, como medidas económicas
destacamos la supresión parcial del impuesto de consumos y la aplicación de una
economía proteccionista. Asimismo, presentó proyectos frustrados para el
establecimiento de un salario mínimo, la construcción de viviendas, una reforma agraria,
servicio militar obligatorio y la reconstrucción de la flota naval. Esto se debió a la falta de
apoyos por parte del rey y una fuerte oposición. Tras su actuación durante la Semana
Trágica y sus decisiones ante el problema marroquí, tuvo que dimitir. Le sucedió el
liberal José Canalejas. Su propuesta se basaba en la separación Iglesia-Estado, el
intervencionismo estatal y la democratización estatal. Tuvo especial relevancia el
disminuir el peso de la Iglesia en la sociedad española. Las medidas más importantes
fueron: supresión del impuesto de consumo, reforma del sistema de reclutamiento (Ley
de Reclutamiento), que elimina su redención en metálico; aprobación de la Ley del
Candado; ley de Mancomunidades. Presentó tambien reformas sociales (mejora de
condiciones laborales, reforma de propiedad agraria) aunque su labor quedó frustrada
por su asesinato en 1912. Por último tenemos a Eduardo Dato, cuyo programa se
centraba en las reformas sociales para evitar los conflictos. Aprobó la Ley de Accidentes
Laborales, redujo la jornada laboral a 8h y reformó el sistema de pensiones y los
alquileres. Sin embargo, no creía en la renovación política y no introdujo reformas para
acabar con el fraude electoral y democratizar el sistema. La oposición al régimen creció
en gran medida a inicios del s. XX. El republicanismo era el principal grupo de oposición
y constituyó la minoría parlamentaria más numerosa. Tenía mayor influencia en las
zonas urbanas, y se caracterizó por ser un amplio movimiento social, apoyado por la
burguesía y las clases populares. En 1903 nació la Unión Republicana, liderada por
Salmerón y Lerroux, para dar unidad a las facciones republicanas. Sin embargo, pronto
se escindirá en dos grupos. En 1908 se formó el Partido Republicano Radical de
Lerroux por su acercamiento con el catalanismo, y por otro lado se formaría en 1912 el
Partido Reformista, que contaba con intelectuales como Ortega y Gasset.El carlismo
mantuvo su presencia y sus bases. El candidato era D. Jaime y durante su jefatura las
disputas y disidencias fueron frecuentes. Durante la Primera Guerra Mundial, un sector
del partido se declaró germanófilo, y su líder Juan Vázquez de Mella fundó el Partido
Tradicionalista. Otro sector serían los integristas de Ramón Nocedal. En 1931 los tres
grupos se unieron en un partido llamado Comunión Tradicionalista. El catalanismo se
desarrolló con la creación de la Lliga Regionalista (1901), liderada por Prat de la Riba y
Francesc Cambó. Posteriormente con la Solidaridad Catalana (1907) junto a carlistas y
republicanos dominarán las elecciones catalanas. Uno de sus éxitos fue la Ley de
Mancomunidades. A través de la Mancomunidad de Cataluña llevaron una política
nacionalizadora. El nacionalismo vasco se consolida a principios del s. XX. El PNV
modera su programa para captar a la burguesía, y en 1913 se convierte en la Comunión
Nacionalistas Vasca. Tras la muerte de Arana, el partido se divide en independentistas y
autonomistas. En 1921 los radicales refundan el PNV.
Los sindicatos tuvieron un gran desarrollo, determinado por la conflictividad laboral. La
Confederación Nacional del Trabajo se convirtió en la principal organización obrera, y
tras el Congreso de Sans, se reafirmó su apoliticismo lo que incrementó las acciones
violentas, como la época del pistolerismo en Barcelona. El socialismo abandonó su
aislamiento político con pactos como la Conjunción Republicano-Socialista, que permitió
la entrada en las elecciones y propició su desarrollo. A partir de 1917, el PSOE
experimentó un proceso de radicalización: en 1921 un sector del mismo formó el Partido
Comunista de España.
Tras las derrotas militares, entre el ejército surgirá la ideología africanista, defensora de
la unidad y los valores patrios. La primera crisis del reinado la provocaron estos:
después de 1898 los militares fueron sometidos a constantes críticas. Ellos veían en la
prensa y los políticos un peligro para la unidad. En 1905, un grupo de militares asaltó la
redacción de la revista Cut-Cut. En 1906, los militares obtuvieron la Ley de
Jurisdicciones, que sometía a tribunales militares cualquier opinión contra la patria y el
ejército. La ley desprestigió a los liberales y su derogación se convirtió en una
reivindicación clave de nacionalistas, republicanos y sindicatos. Con esta ley se
consolida el regreso del Ejército a la vida política.
8.2. EL IMPACTO DE LOS ACONTECIMIENTOS INTERNACIONALES:
MARRUECOS, LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL Y LA REVOLUCIÓN
RUSA.
España participó en la Conferencia Internacional de Algeciras en 1906, donde se estableció
la división de Marruecos en zonas de influencia, otorgando a España el control del norte del
territorio y a Francia el sur. La colonización española en Marruecos tuvo como principales
objetivos asegurar la posesión de Ceuta y Melilla y recuperar el prestigio de la Corona y el
Ejército tras la derrota en la Guerra Hispano-Estadounidense de 1898. Sin embargo, la
presencia española en Marruecos se encontró con una fuerte resistencia local, lo que llevó
a una serie de conflictos e insurrecciones que evidenciaron las dificultades del Ejército para
mantener el control de la región. Uno de los primeros conflictos fue la Guerra de Melilla en
1909, desencadenada por la oposición de las tribus rifeñas a la explotación de minas por
parte de empresas españolas. Las tropas españolas fueron derrotadas en el monte Gurugú
y en el Barranco del Lobo. Las repercusiones de estos sucesos en España concluyeron en
la Semana Trágica de Barcelona, evidenciando que el ejército se mostraba incapaz de
dominar a los resistentes rifeños. La mayor crisis militar española en Marruecos llegó en
1921 con el Desastre de Annual, cuando el general Silvestre lanzó una ofensiva sin la
preparación adecuada y sufrió una emboscada por parte de las tropas rifeñas lideradas por
Abd el-Krim. Esta derrota supuso la pérdida de soldados y la retirada española de gran
parte del territorio ocupado, lo que generó una ola de indignación en España y debilitó aún
más la imagen del Ejército y del propio rey Alfonso XIII. El desastre militar provocó una
fuerte reacción política y social. La oposición exigió responsabilidades, lo que llevó a la
apertura del Expediente Picasso, una investigación que evidenció la falta de previsión y los
errores estratégicos del alto mando, señalando incluso la posible implicación de Alfonso XIII
en la gestión militar. La presión derivada de esta investigación contribuyó al golpe de Estado
de Primo de Rivera en 1923, cuando el general, con el apoyo de sectores del Ejército y la
monarquía, instauró una dictadura militar. Inicialmente, Primo de Rivera consideró la
posibilidad de abandonar Marruecos, pero la presión de los sectores militares lo llevó a
cambiar de estrategia y en 1925 organizó junto con Francia el Desembarco de Alhucemas
(1925), una operación que permitió recuperar el control de la región y debilitó la resistencia
rifeña. Durante la Primera Guerra Mundial, España adoptó una postura de neutralidad, sin
embargo, esta neutralidad no evitó que la sociedad española se dividiera en dos campos
opuestos: los germanófilos, principalmente conservadores, y los aliadófilos, conformados
por liberales e izquierdistas. Incluso los anarquistas, si bien se mantuvieron neutrales,
caracterizaron el conflicto como un acto de "imperialismo". Esta división de posturas se
reflejó en intensos enfrentamientos en los medios de comunicación de la época. A pesar de
la neutralidad oficial, la economía española se vio beneficiada por la creciente demanda de
productos por parte de los países en guerra. Este aumento en las exportaciones impulsó
especialmente sectores como la agricultura y la producción industrial, destacando regiones
como Cataluña y el País Vasco. Sin embargo,mientras que las empresas experimentaron un
notable crecimiento en sus beneficios, las clases trabajadoras sufrieron un fuerte descenso
de su nivel de vida, a pesar del alza de salarios, por la escasez y la subida de precios
(inflación) de productos de primera necesidad. Este desequilibrio económico contribuyó al
malestar popular, exacerbando la crisis social que ya se vivía en el país para el año 1917. Al
concluir la guerra, el cese de las exportaciones agrarias e industriales provocó el cierre de
fábricas y minas, lo que aumentó el desempleo y la conflictividad social en España. En
1917, se produjo una triple crisis que puso en riesgo la estabilidad del régimen. La crisis
militar estalló cuando oficiales de rango medio, descontentos con la política de ascensos por
méritos de guerra que favorecía a los africanistas, formaron las Juntas de Defensa para
exigir mejoras salariales y cambios en la estructura del Ejército. Alfonso XIII, para calmar la
situación, sustituyó al gobierno liberal por uno conservador encabezado por Eduardo Dato,
evidenciando la interferencia de la monarquía en la política y la falta de cohesión dentro de
las fuerzas armadas. Paralelamente, la crisis política se agravó cuando Francesc Cambó,
líder de la Lliga Regionalista, denunció la falta de representatividad del sistema y exigió
reformas constitucionales. Ante la negativa del gobierno, en 1917 se celebró la Asamblea
de Parlamentarios en Barcelona, donde nacionalistas, republicanos y socialistas Desafiaron
al Gobierno para forzar la renovación del régimen con la intención de romper el dominio de
las oligarquías, del turnismo, las intromisiones del Rey en los asuntos de gobierno y la
centralización. A la crisis militar y política se sumó una crisis social impulsada por el
deterioro de las condiciones de vida de los trabajadores durante la Primera Guerra Mundial.
La escasez de productos básicos y la inflación provocaron una creciente insatisfacción entre
la clase obrera, lo que llevó a UGT y CNT a convocar una huelga general revolucionaria en
agosto de 1917. El gobierno de Eduardo Dato respondió con una fuerte represión, utilizando
al Ejército para sofocar la protesta tras la Ley Marcial (estado de guerra). A partir de este
momento la situación se hace cada vez más insostenible. la quiebra del sistema era ya
evidente por varias razones: los partidos dinásticos estaban rotos, existía la debilidad y
heterogeneidad de la posición, y la violencia creciente el proletariado en Cataluña
contrarrestada por el “terrorismo blanco”. Las tensiones persistieron, especialmente durante
el Trienio bolchevique en el campo andaluz y en la industria catalana, donde la violencia se
intensificó. Los obreros promovieron huelgas, destacando la Huelga de la Canadiense, que
triunfó y dio lugar a una dinámica de huelgas constantes. Esto derivó en el “lock out”.
Además se crearon sindicatos libres y se contrató a pistoleros para que acabaran con los
líderes anarquistas (“terrorismo blanco”). En el lado opuesto los anarquistas que respondían
según la acción directa, provocando atentados como el asesinato de Eduardo Dato en
marzo de 1921. Esto condujo a una brutal represión de las autoridades, aplicando el
general Martínez Anido la Ley de fugas. En este contexto el ejército tomó un mayor
protagonismo, reprimiendo y presentándose como el salvador de la monarquía. el asesinato
de datos y desastre anual en la guerra de Marruecos conmovieron la opinión pública y
prepararon el terreno para el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera, en
Barcelona, el 13 de septiembre de 1923. Finalmente, el general Primo de Rivera justificó su
golpe de Estado en 1923 debido al desprestigio de los partidos políticos, la inestabilidad
social, el temor al catalanismo y la indignación por los fracasos militares en Marruecos,
poniendo así fin al sistema político de la Restauración.
8.3. LA DICTADURA DE PRIMO DE RIVERA. EL FINAL DE REINADO DE
ALFONSO XIII.
Durante el reinado de Alfonso XIII (1902-31), concretamente desde 1917, el régimen de la
Restauración entró en crisis. En los años siguientes era difícil formar mayorías en el
Parlamento, ocasionando crisis de gobierno. Aumentó la conflictividad social (huelgas,
violencia patronal y reacción armada de los anarcosindicalistas). A ello se unió en 1921 el
desastre de Annual. Durante la primavera de 1923 se estaba conspirando contra el
Gobierno, desde dos movimientos distintos. Uno vinculado a la desaparición de las Juntas
de Defensa de Barcelona; y otro desde Madrid, que buscaba instaurar un gobierno fuerte,
manteniendo la Constitución y la monarquía. El capitán general de Cataluña, Miguel Primo
de Rivera, contactó con los segundos, cuando en junio pidió en Madrid plenos poderes para
luchar contra el terrorismo en Barcelona, al negárselo se convirtió en enlace de ambos y
jefe de la sublevación. El 13 de septiembre de 1923 Primo de Rivera dio un golpe de
Estado, que fue reconocido por Alfonso XIII mandándole formar gobierno sin contar con el
Parlamento. El nuevo régimen recibió el apoyo de la burguesía, del Partido Socialista y la
UGT. Primo de Rivera, afirmaba no pretender establecer un régimen definitivo. De
septiembre 1923 a diciembre 1925, se desarrolla la etapa del Directorio Militar. Se proclamó
el Estado de guerra (casi dos años), Primo de Rivera disolvió las Cortes, suspendió la
Constitución, sustituyó los gobernadores civiles por militares, publicó el Decreto de
Incompatibilidades, paró el expediente Picasso, creó el Somatén Nacional, disolvió la
Mancomunidad de Cataluña, persiguió el radicalismo vasco (PNV) y a los anarquistas que
quedaron en la clandestinidad y su organización desarticulada. La dictadura se
institucionalizó con la promulgación del Estatuto Municipal (1924), nombramiento de
delegados gubernativos en los ayuntamientos (militares), y creación de la Unión Patriótica
(UP-1924) partido político propio. Su mayor éxito vino de Marruecos. Tras una etapa de
abandono, los ataques rifeños a las posiciones españolas (1924) y las conversaciones con
Franco y Sanjurjo, le animaron a acabar con el conflicto. Se preparó un potente ejército, que
unido al francés, desembarcó en la bahía de Alhucemas (septiembre 1925), y tras semanas
de batallas, Abd-el-Krim se entregó. El éxito conseguido le reconcilió con el Ejército, con los
ciudadanos cansados de guerra, con los empresarios inversores en Marruecos y con
Hacienda que podía reducir el déficit. En diciembre de 1925 se constituyó el Directorio Civil.
Tras los éxitos económicos y políticos, Primo de Rivera intentó consolidar el régimen a
imitación del fascismo italiano. Convocó una Asamblea Nacional Consultiva (copia del Gran
Consejo Fascista italiano) formada por miembros de UP, que llegaría a presentar un
anteproyecto de Constitución de 1929 que no llegó a promulgarse. En política social, se
puso en marcha la Organización Corporativa del Trabajo, especie de sindicato oficial, y se
creó el Consejo Nacional del Trabajo. En esta etapa de bonanza económica, siguió en
suspenso la Constitución y legislando por decreto. Colaboraron representantes de la
oligarquía tradicional (conde de Guadalhorce), nuevos políticos civiles (J. Calvo Sotelo),
junto a militares (Martínez Anido). Se acometió la ejecución de obras públicas (carreteras,
ferrocarriles…) una reforma fiscal que introducía la declaración sobre la renta, y creación de
monopolios estatales (Telefónica, CAMPSA...). La dictadura no solucionó la cuestión
catalana, ni frenó a un movimiento obrero que se fortalecía. Desde 1928 el PSOE empezó a
pensar en una solución republicana, y lo mismo proponían CNT y PCE. También
contribuyeron a la caída de la dictadura, los intelectuales y el ejército peninsular. Los
primeros, se vieron atacados por la destitución de Unamuno como rector de la Universidad
de Salamanca y por la clausura del Ateneo, desembocando en revueltas universitarias y en
el cierre de la Universidad. El ejército peninsular descontento por el favoritismo hacia los
militares africanistas. A ello se unía la FAI (1927) y la crisis de 1929. Cada vez más aislado
políticamente, el 28 enero 1930 Primo de Rivera presenta la dimisión al Rey. En el final del
reinado de Alfonso XIII (1930-1931), el rey decidió restablecer el viejo sistema
parlamentario, pero los dos gobiernos que se sucedieron ni restablecieron la Constitución
de 1876 ni convocaron elecciones generales. El rey encargó formar gobierno al general
Dámaso Berenguer; pero la complicidad del Rey con la dictadura, alentó el crecimiento
republicano, y las fuerzas políticas republicanas firmaron el Pacto de San Sebastián, con un
comité revolucionario al que se unieron PSOE y UGT. Éstas fueron apoyadas por
intelectuales y respaldadas por acciones del ejército (sublevación de Jaca-diciembre 1930).
Tras la dimisión de D. Berenguer, el nuevo gobierno del almirante Aznar convocó elecciones
municipales el 12 de abril. Acudieron en coalición los firmantes del Pacto de San Sebastián,
con un resultado favorable que desencadenó la abdicación del rey y la proclamación de la II
República.