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Unidad Vii, Adicciones y El Cerebro

El documento aborda las adicciones y su relación con el cerebro, definiendo la adicción como una enfermedad crónica que implica compulsividad, pérdida de control y búsqueda de gratificación. Se exploran los mecanismos de adquisición de adicciones, tipos de adicciones (conductuales y de ingestión), y se discuten los opioides y su impacto en la salud. Además, se analizan las adicciones de conducta y no ingestión, destacando su capacidad para alterar la vida de las personas.
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Unidad Vii, Adicciones y El Cerebro

El documento aborda las adicciones y su relación con el cerebro, definiendo la adicción como una enfermedad crónica que implica compulsividad, pérdida de control y búsqueda de gratificación. Se exploran los mecanismos de adquisición de adicciones, tipos de adicciones (conductuales y de ingestión), y se discuten los opioides y su impacto en la salud. Además, se analizan las adicciones de conducta y no ingestión, destacando su capacidad para alterar la vida de las personas.
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Universidad Autónoma de Santo Domingo

UASD

Nombres:
Mariely Stevens Páez

Materia:
Base Neurobio de la Conducta.

Sección: W13

Profesor:
Zoraida Zapata Lantigua

Tema:
Unidad VII: Las Adicciones y El
Cerebro

25 de noviembre año 2024,


San Pedro de Macorís, Rep. Dom.
Leer y ver los documentos y videos de la Unidad 7, sobre Adicciones y Responder los
siguientes cuestionamientos.

1. ¿Qué conducta se considera como una adicción?

El término adicción deriva del vocablo latino addicere, «condenar». Alguien que es adicto a
una droga se encuentra, de alguna manera, sometido a una servidumbre involuntaria: está
obligado a cumplir las exigencias de su dependencia a las drogas.
Una adicción es una enfermedad crónica y recurrente del cerebro. Se basa en la búsqueda
del alivio a través del consumo o uso de sustancias u otras conductas similares.
El desarrollo de esta conducta implica para la persona adicta la incapacidad de controlarlo,
dificultad para abstenerse, deseo del consumo, disminución del reconocimiento de los
problemas derivados de la adicción y en las relaciones interpersonales, así como una
respuesta emocional disfuncional. Esto crea problemas en la vida de la persona adicta,
mermando su calidad de vida.
Algunas de las características distintivas de las conductas adictivas incluyen:
 Compulsividad. Las personas con conductas adictivas sienten una urgencia
incontrolable de participar en la actividad o consumir la sustancia, a menudo
ignorando las consecuencias negativas asociadas.
 Pérdida de control. La incapacidad para moderar o detener la conducta adictiva,
incluso cuando se reconoce que está teniendo efectos perjudiciales en la salud,
relaciones y vida cotidiana.
 Búsqueda de gratificación. La conducta adictiva está motivada por la búsqueda de
placer, alivio del estrés o escape de la realidad. La persona busca repetidamente la
recompensa asociada con la actividad.
 Tolerancia. Con el tiempo, puede desarrollarse una tolerancia, lo que significa que
la misma cantidad de sustancia o la misma frecuencia de actividad ya no produce la
misma sensación de gratificación, llevando a un aumento en la intensidad o
frecuencia de la conducta adictiva.
 Consecuencias negativas. Las conductas adictivas suelen ir acompañadas de
consecuencias adversas en la salud física y mental, así como en las relaciones
personales, el rendimiento laboral y otras áreas de la vida.

2. ¿Cómo se adquiere o desarrolla una adicción?

Cuando ocurre un estímulo apetitivo, generalmente es porque se acaba de hacer algo que
hace que suceda —y no porque un experimentador estuviera controlando la situación—. La
eficacia de un estímulo reforzante es mayor si ocurre inmediatamente después de que se dé
la respuesta. Si el estímulo reforzante se retrasa, se vuelve considerablemente menos eficaz.
La razón de este hecho se halla al examinar la función del condicionamiento instrumental:
el aprendizaje de las consecuencias de nuestra propia conducta. Normalmente, hay una
estrecha relación temporal entre las causas y los efectos: se hace algo, y sucede algo, bueno
o malo.
Las consecuencias de las acciones nos enseñan a repetir o no la acción, mientras que los
acontecimientos que suceden a una respuesta después de más de unos pocos segundos
probablemente no fueron causados por esa respuesta. Un experimento realizado por Logan
(1965) ilustra la importancia de la contigüidad temporal del refuerzo. Logan entrenó a ratas
hambrientas a correr por un laberinto simple en el cual un solo pasillo conducía a dos
compartimentos. Al final de uno de ellos la rata encontraría una pequeña cantidad de
comida, y al final del otro recibiría mucha más comida, pero no se le suministraría hasta
haber pasado cierto tiempo. Aunque la estrategia más inteligente hubiera sido entrar en el
segundo compartimento y esperar para recibir la mayor ración de comida, las ratas eligieron
tomar la pequeña ración que se suministraba enseguida.
La contigüidad temporal del refuerzo tuvo preferencia sobre la cantidad. Este fenómeno
explica por qué las drogas más adictivas son las que tienen efectos inmediatos. Los
drogadictos prefieren la heroína a la morfina no porque la heroína tenga un efecto diferente,
sino porque tiene un efecto más rápido. De hecho, la heroína se convierte en morfina tan
pronto como llega al cerebro. Pero debido a que la heroína es un lípido más soluble,
atraviesa la barrera hematoencefálica más rápidamente y sus efectos sobre el cerebro se
sienten antes que los de la morfina.

3. ¿Qué tipos de adicciones pueden darse? ¿Cuáles tipos de adicciones conoce


Ud.?

Todas las adicciones tienen una base prácticamente similar, de manera que se pueden
presentar los mismos síntomas en una adicción al tabaco, como a la cocaína o bien, a la
comida o a las nuevas tecnologías. Esto por llamativo que parezca es así ya que activa el
mismo sistema de recompensas (estimulación del sistema dopaminérgico mesolímbico) ya
sea en una adicción a una sustancia o conducta.
 Adicciones de conducta: al juego, sexo, trabajo, Internet, sectas, religión, relaciones
(codependencia).
 Adicciones de ingestión (química): alcohol, nicotina, cocaína, marihuana, opio,
sedantes e hipnóticos, anfetaminas, éxtasis y heroína. Adicciones de ingestión
(comida): anorexia, bulimia, comedor compulsivo.

4. ¿Qué es la Auto estimulación cerebral y que son los centros de recompensa


cerebrales?
Las ratas, los seres humanos y muchas otras especies llegan a administrarse breves
descargas de estimulación eléctrica débil en determinados lugares del cerebro. Este
fenómeno se conoce como autoestimulación cerebral, y a los lugares del cerebro con
capacidad de mediar este fenómeno se les llama centros de recompensa
Inicialmente se creyó que la auto estimulación cerebral era un fenómeno unitario — es
decir, que sus propiedades fundamentales eran las mismas independientemente del lugar de
estimulación—. La mayoría de los primeros estudios de auto estimulación cerebral
implicaron la estimulación del septum o del hipotálamo lateral, puesto que el ritmo de auto
estimulación de estas zonas era espectacularmente alto: las ratas, por lo general, presionan
una palanca miles de veces por hora para estimular estas zonas, y no paran hasta que están
exhaustas. Sin embargo, se ha demostrad que se da auto estimulación de muchas otras
estructuras cerebrales. Los estudios iniciales de auto estimulación cerebral sugirieron que la
presión de la palanca para obtener estimulación cerebral era esencialmente diferente de la
presión) de la palanca para obtener un refuerzo natural, como comida o agua. A esta idea
contribuyeron dos observaciones sorprendentes.
En primer lugar, a pesar de su ritmo de respuesta extremadamente alto, muchas ratas
dejaban de presionar la palanca de auto estimulación casi inmediatamente cuando se
desconectaba el mecanismo que suministraba la corriente. Este hallazgo era sorprendente,
puesto que se supone que un alto índice de respuesta operante indica, por lo general, que el
refuerzo es particularmente placentero; mientras que un índice rápido de extinción suele
indicar que no lo es.
Estas diferencias entre presionar la palanca para obtener la estimulación reforzante del
hipotálamo lateral o del septum y presionarla para obtener comida o agua parecían
desacreditar la teoría original de Olds y Milner de que la autoestimulación cerebral
implicaba que se activaran los circuitos cerebrales de recompensa natural. Sin embargo,
varias líneas de investigación indican que los circuitos que intervienen en la
autoestimulación cerebral son circuitos de recompensa naturales.
Examinemos tres de ellas: Primera, la estimulación cerebral a través de electrodos de
autoestimulación a menudo provoca una conducta motivada natural, tal como comer, beber,
conducta maternal o de cópula cuando están presentes los objetos a los que se dirige.
Segunda, cuando se produce un aumento de la motivación natural (por ejemplo, mediante
privación de comida o de agua, inyecciones de hormonas, o por la presencia de objetos de
presa) suele aumentar el ritmo de autoestimulación.
Tercera, quedó claro que las diferencias entre las situaciones en que habitualmente se
estudiaban los efectos reforzantes de la estimulación cerebral y los de las recompensas
naturales contribuían a la impresión de que dichos efectos eran cualitativamente diferentes.
Por ejemplo, la comparación entre presionar la palanca para obtener comida y presionarla
para obtener estimulación cerebral se confunden habitualmente debido a que los sujetos que
presionan una palanca para obtener estimulación cerebral no han estado sometidos a una
privación y a que la presión de la palanca proporciona la recompensa directa e
inmediatamente. Por lo contrario, en los estudios en que se presiona la palanca para obtener
una recompensa natural, los sujetos suelen estar privados y presionan la palanca para
obtener una bolita de comida o una gota de agua, a la que tienen que acercarse y consumir
para experimentar los efectos reforzantes.
5. ¿Qué son los opioides y cómo afectan al cerebro? Cite 5 de los más adictivos
que se conocen. ¿Por qué son tan peligrosos?

El opio, derivado de una resina pegajosa producida por la adormidera del opio, se ha
ingerido y fumado durante siglos. La adicción a los opiáceos tiene un alto coste, tanto
personal como social. En primer lugar, ya que la heroína —el opiáceo que se consume más
frecuentemente— es una droga ilegal en la mayoría de los países, un adicto se convierte,
por definición, en un delincuente.
En segundo lugar, debido a la tolerancia, la persona tiene que ir aumentando su dosis de
droga para conseguir un «subidón». El hábito se hace así cada vez más caro y el adicto a
menudo se ve obligado a delinquir para obtener el dinero que necesita para costearlo. En
tercer lugar, un adicto a los opiáceos utiliza a menudo jeringuillas en malas condiciones
higiénicas: en la actualidad, un porcentaje significativo de quienes se inyectan drogas
ilícitas se han expuesto así a contraer hepatitis o el virus del sida. En cuarto lugar, si la
persona adicta es una mujer embarazada, su bebé también se hará dependiente de la droga,
ya que esta atraviesa muy fácilmente la barrera placentaria. Al niño se le tendrán que
administrar opiáceos justo después del nacimiento (en el período postnatal), para luego ir
disminuyendo gradualmente la dosis. En quinto lugar, la incertidumbre acerca de la calidad
de una determinada partida de heroína hace posible que un consumidor reciba una dosis
demasiado alta de la droga, con consecuencias posiblemente letales.
En dosis bajas, pueden causar somnolencia. Sin embargo, a dosis más elevadas, pueden
disminuir la frecuencia cardíaca y la respiración, y esto, a su vez, podría derivar en la
muerte. Además, el placer o la sensación de subidón que generan puede aumentar el deseo
de tomarlos a dosis más elevadas y con mayor frecuencia, lo que puede derivar en la
adicción: afectan de tal modo el cerebro y el comportamiento que el paciente no podrá
volver a controlar el uso de opioides en el futuro.
Los opioides son una clase de drogas que incluyen opioides sintéticos como el fentanilo;
analgésicos disponibles legalmente con receta médica como la oxicodona (OxyContin®), la
hidrocodona (Vicodin®), la codeína, la morfina; la droga ilegal heroína, y muchos otros.

6. ¿Qué son y cuáles son las Adicciones de conducta?

Las adicciones comportamentales, también denominadas trastornos de control de impulsos,


son patrones de comportamiento repetitivos y problemáticos que una persona lleva a cabo
de manera compulsiva, a pesar de las consecuencias negativas que puedan resultar.
Estos comportamientos adictivos suelen estar relacionados con actividades placenteras,
como el juego, las compras, la comida, el ejercicio, la tecnología (como el uso excesivo de
Internet o de redes sociales), el sexo, entre otros.
Son conductas repetitivas (jugar, comprar, revisar los mails, mensajes de texto, entrar en
redes sociales…) que no puede dejar de hacer una persona.
Si no realiza la conducta, puede tener importantes niveles de ansiedad e incluso abstinencia,
disminuyendo estos estados cuando vuelven a repetir la conducta.
Todas las adicciones comportamentales perduran a lo largo del tiempo, fluctúan en
intensidad y en frecuencia y generan cambios físicos, psíquicos, emocionales y sociales en
las personas.
Necesidad cada vez mayor de repetir el comportamiento o conducta para lograr la
satisfacción buscada.
Dificultad en el control de impulsos.
Algunas de las adicciones comportamentales más comunes incluyen:
 Ludopatía, juego patológico o adicción al juego: También conocida como
ludopatía, es la incapacidad de resistir la necesidad de jugar, lo que conduce a
problemas financieros y personales graves.
 Compras compulsivas o adicción a las compras (Oniomanía): Implica la
necesidad compulsiva de comprar, incluso cuando no se pueden permitir los gastos,
lo que puede llevar a la acumulación de deudas y problemas financieros.
 Adicción al sexo: Involucra la necesidad compulsiva de participar en actividades
sexuales, a menudo sin considerar las consecuencias negativas para uno mismo o
para otros.
 Adicción a los videojuegos: Implica el uso excesivo y compulsivo de dispositivos
tecnológicos, como videojuegos, lo que puede interferir con las actividades diarias y
las relaciones interpersonales.
 Adicción a las redes sociales: Implica el uso excesivo y compulsivo de redes
sociales, lo que puede interferir con las actividades diarias y las relaciones
interpersonales.
 Chemsex: El término «chemsex» se refiere al uso de sustancias psicoactivas, en el
contexto de encuentros sexuales.
 Adicción al deporte: Tipo de adicción comportamental en el que una persona
desarrolla una obsesión por el ejercicio físico, llevándola a realizar actividades
deportivas de manera excesiva y compulsiva, a menudo en detrimento de su salud y
bienestar general.

7. ¿Que son y cuáles son las Adicciones de Ingestión?

Adicciones de ingestión (química): alcohol, nicotina, cocaína, marihuana, opio, sedantes e


hipnóticos, anfetaminas, éxtasis y heroína. Adicciones de ingestión (comida): anorexia,
bulimia, comedor compulsivo.
La adicción a ciertas sustancias o drogas es un trastorno en el que se desarrolla un patrón
patológico de conductas, creencias y motivaciones orientadas al mantenimiento del
consumo. Esto sucede a pesar de que repercute de manera significativa y negativa en todos
los ámbitos de la vida: la salud física, psicológica, motivacional, relacional, en la familia y
en la pareja.
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), se trata de una enfermedad física y
psicoemocional que crea una dependencia hacia una sustancia, y se caracteriza por un
grupo de signos y síntomas en los que se involucran factores psicológicos, genéticos,
biológicos y sociales.
Poco a poco la adicción, va ocupando todo el tiempo de la persona. Ya sea en la
planificación para conseguir la droga o en el tiempo destinado a su consumo, así como el
tiempo requerido que implica la recuperación. Las personas consumidoras van cambiando
progresivamente al volverse adictas.
Tipos de adicciones a sustancias más frecuentes
 Adicción al alcohol
 Adicción a los porros
 Adicción a la cocaína
 Adicción a los opioides
 Adicción al Tabaco
 Adicción a nuevas sustancias de diseño

8. ¿Que son y cuáles son las Adicciones de NO ingestión?

Son trastornos de dependencia vinculados a actividades humanas diversas. Existen hábitos


de conducta aparentemente inofensivos que pueden convertirse en adictivos e interferir
gravemente en la vida cotidiana de las personas afectadas. Quienes padecen una adicción
sin sustancia no pueden dejar de repetir una conducta (jugar, entrar en las redes sociales,
comprar, etc.) una y otra vez.

El aspecto clave de la adicción comportamental no es el tipo de conducta implicada, sino la


forma de relación que se establece con ella. Lo esencial del trastorno es que la persona
adicta pierde el control sobre la actividad elegida y continúa con ella a pesar de las
consecuencias adversas que le produce.

9. ¿Que son la Codependencia y la Coadicción?

La codependencia es un problema frecuente en la salud emocional de las personas que


afecta de manera significativa a las relaciones de pareja y familiares, así como de amistad o
laborales.
Codependencia es depender profundamente de otro, es una confusión de identidades, un
identificarse demasiado y demasiado a fondo con otra persona. Cuando esa otra persona es
un/a enfermo/a adicto/a, el codependiente se llama coadicto/a.
En otras palabras, la coadicción es una forma de codependencia y la sufren personas
próximas al enfermo adicto. El coadicto/a centra la mayor parte de su vida en el adicto/a:
él/ella es su prioridad, relegando en ocasiones su propia vida.
El coadicto/a sufre de ansiedad, tristeza, enojo, confusión y trastornos psicosomáticos entre
otros síntomas, debido a la fuerte dependencia emocional y a llevar una vida tormentosa al
lado de un/a enfermo/a adicto/a.
 “Si él/ella está bien, yo estoy bien; si él está mal, yo estoy mal”
 “Le amenazo a menudo con abandonarlo, pero nunca soy capaz”
 “A veces pienso que bebe por mi culpa”
 “No es tan importante su problema. ¿Cómo va a serlo si solo bebe en casa y no
todos los días?”
Si te reconoces en alguna de estas frases, probablemente tengas un problema de
codependencia o coadicción.

10. ¿Cómo se puede ayudar a un adicto a superar su adicción?

1. Acepta tú el problema si quieres que lo acepte la persona con adicción


Es duro admitir la realidad, por eso se niega el problema. El orgullo, la vergüenza o el dolor
por la confianza traicionada no permiten un mínimo de objetividad al principio: no es como
los otros.
Se puede negar el problema de muchos modos, por ejemplo, restándole importancia,
alegando que son cosas de jóvenes, pensando que con la edad esas conductas se resuelven
solas, mirando hacia otra parte… Asumir la situación es abrir los ojos a la realidad que vive
el adicto. Es decir, aceptar a la persona que se tiene delante, no a la que se tiene en su
cabeza.
2. Ama a la persona adicta con amor responsable
En el año 2010, John Kent Harrison dirigió la película Cuando el amor no es suficiente.
Tenemos un concepto de amor a menudo equivocado. Creemos que amar es aguantar sin
límites, sacrificarnos... Esta idea del amor no es madura, pero, sobre todo, no es suficiente
para ayudar a un adicto. La persona con adicción tratará de manipularnos una y otra vez, y
nosotros debemos quererla con responsabilidad e inteligencia. Amar no quiere decir dejarse
engañar.
Poner límites y mantenerlos con firmeza es la mejor manera de mostrarle amor a esa
persona. No se lo pongas fácil. Si no pone de su parte, que no disfrute de las comodidades
de un hogar: comida en la mesa, sábanas limpias, baño de agua caliente, dinero en el
bolsillo… O colabora, o que se busque la vida en otra parte. Es decir, que tenga claros los
límites: no te voy a dar lo que necesitas para seguir consumiendo.
Puede que ahora mismo te estés preguntando: ¿es verdad que los adictos no quieren a
nadie?
3. Busca ayuda especializada
Muchas personas siguen entendiendo que la adicción es un vicio, no una enfermedad. Y por
eso se relacionan con el adicto desde un paradigma moral en el que lo reprenden, humillan,
castigan, comparan… Creen que de esta forma van a lograr hacerlo reaccionar. Da igual
cuánto lo ames, una enfermedad no se cura con consejos y cariño. Tampoco es posible
desintoxicar a un adicto en casa, la mayoría de las veces se requiere de ayuda
profesional. Hay que ponerse en manos de especialistas (médicos, psicólogos, psiquiatras,
terapeutas…), solo una ayuda especializada pondrá punto y final a la enfermedad de la
adicción.
No te desanimes si el adicto no quiere acudir a un centro especializado en adicciones, esto
es normal al principio; se trata de la fase de negación. Lo importante es que la familia
participe. Él vendrá después.
4. Afronta la situación con la persona adicta
No estés dispuesto a todo por él…, pero sin él (el adicto). Habla, comunícate con la persona
adicta con decisión y sin miedo, para ponerle por delante su realidad; sabiendo que lo más
seguro es que él continuará negándolo. No olvides que, en la primera fase, la característica
general del adicto es la negación, la mentira, el victimismo y la manipulación. Señala la
ayuda especializada como la única solución posible y no la negocies.
El tratamiento de desintoxicacion es un trabajo largo, donde hay que poner mucho empeño
y paciencia. Desconfía de las soluciones mágicas. Da igual lo bien que veas al paciente, su
cabeza necesita tiempo.
5. Demuestra con firmeza la resolución de negarte a convivir con la droga o la
adicción
Hay familiares que no mantienen firmemente la actitud de rechazar la adicción. Unos días
son permisivos con el adicto y al día siguiente toman decisiones drásticas ante el mismo
problema. Este doble mensaje va en contra de la recuperación de la persona. Los familiares
deben formar un bloque y ser firmes, mantener la decisión de no querer convivir con la
droga, el alcohol, el juego...
También es muy importante soportar con paciencia y fortaleza la tenaz insistencia del
adicto de abandonar el tratamiento, juzgar absurdo todo lo que suene a terapia, poner en
tela de juicio a sus terapeutas o los métodos de rehabilitación, quejarse de todo lo que se
hace en el centro.
En realidad, lo que busca es huir del control o generar el malestar que necesita para
justificar su próximo consumo. Para ello amenazará con represalias, intentará chantajes,
enfrentará a los padres y a los hermanos entre sí, formará alianzas con otras personas
(abuelos, pareja, amigos) para sabotear la firmeza de la familia y terminar por salirse con la
suya.
6. Nuevas pautas de vida
Cuando inicie su tratamiento, muéstrate colaborador a la hora de eliminar todos los tóxicos
de tu casa, de reorganizar sus nuevos horarios, sus ocupaciones, tratando de aumentar su
participación en la vida de familia. Es necesario buscar una unión en las actividades diarias:
trabajos, ocio, etc.
También ponle límites claros, que no se presten a interpretaciones, tal y como te indiquen
sus terapeutas. Y, sobre todo, si no cumple él su parte, cumple tú la tuya y haz todo lo que
te pide el programa terapéutico. Puede que te interese saber algunas pautas relacionadas
con cómo ayudar a un adicto en recuperación.
Del mismo modo, debes verificar sus afirmaciones, porque el adicto es mitómano y tiende a
mentir o exagerar. Hay que controlar de manera minuciosa el dinero que maneja, no se le
debe dejar solo ni con compañías tóxicas; etc.

Common questions

Con tecnología de IA

Addiction development involves an interplay of psychological, genetic, biological, and social factors. Psychologically, individuals might use substances to cope with stress or emotional pain . Genetically, some individuals have genetic predispositions that increase susceptibility. Biologically, reward systems in the brain are hijacked by addictive substances that increase dopamine, reinforcing continued usage . Socially, environmental factors like peer pressure, cultural norms, and accessibility influence both initiation and continuation of use . These factors interact in a complex manner, where initial usage due to social environment can lead to biological reinforcement via dopamine pathways, further engraining psychological dependency, highlighting the necessity for multifaceted treatment approaches addressing all such factors .

Ingestion addictions involve dependency on substances such as alcohol, nicotine, and opioids, often leading to severe physical and social repercussions like legal issues, health deterioration, and social isolation . These addictions typically lead to a need for increasing doses, and risky behaviors might be adopted to fulfill the addiction, such as using unhygienic syringes . Non-ingestion addictions, such as those to behaviors like gambling or internet use, manifest in compulsive engagement in these activities despite adverse effects on social and personal life . While both types of addiction can significantly affect one's life, ingestion addictions commonly involve physical dependency and withdrawal symptoms, whereas non-ingestion addictions primarily involve psychological dependency and the compulsive repetition of behaviors .

The brain's reward systems are central to addiction, operating through the mesolimbic dopamine pathway that processes rewarding stimuli and reinforces behaviors leading to those stimuli . In addiction, substances or behaviors that can stimulate these circuits are often preferred due to their perceived rewarding effect. Studies demonstrated that stimulation of specific brain areas, like the septum or the lateral hypothalamus, through electrical means can result in self-administered behaviors similar to natural rewards like eating or drinking . However, artificial stimulation often results in compulsive behavior without the subject experiencing deprivation. Natural rewards typically require effort and result in satiety after consumption, whereas artificial stimulation can create constant reinforcement without satiety, illustrating a key difference between natural and synthetic stimulation of reward pathways .

Public health policies on addiction involve complex ethical considerations, including the balance between individual autonomy and societal safety. Involuntary treatment, while potentially beneficial, raises concerns about consent and respect for personal freedom . Policies involving incarceration might aim to curtail illegal behavior associated with addiction but can further stigmatize individuals and hinder rehabilitation by focusing on punishment rather than treatment. Ethical public health approaches must prioritize human rights, focusing on accessible treatment and harm reduction rather than coercion, aligning with views that addiction should be treated as a medical condition rather than a moral failing . This requires careful consideration of individual dignity, effective use of resources, and broader societal benefit, ensuring policies are compassionate, inclusive, and evidence-based .

The phenomenon of brain self-stimulation initially suggested a fundamental difference from natural rewards due to differences in operant response rates and extinction, challenging previous beliefs about uniformity in reward circuitry . However, further research indicated that self-stimulation can activate natural reward circuits as it promotes behaviors like eating or drinking when conditions are conducive . This suggests that the brain's reward system is highly plastic, capable of modification or exploitation by both natural and artificial stimuli. It implies that neural circuits are flexible in adapting to the sources of reinforcement, which can perpetuate or modify addictive behaviors, indicating the potential for therapeutic interventions targeting these flexible pathways .

Temporal contiguity refers to the proximity in time between a behavior and its consequences . In addiction and reward scenarios, behaviors that result in immediate outcomes are reinforced more strongly than those with delayed results. This is demonstrated by an experiment where rats preferred immediate small rewards over delayed larger ones . This principle explains why drugs like heroin are more addictive than others with similar effects, such as morphine; heroin is favored because it acts faster due to its lipid solubility, which allows it to cross the blood-brain barrier quickly . Thus, the immediacy of reward plays a crucial role in reinforcing certain behaviors, indicating that interventions in addiction treatment could benefit from focusing on modifying patterns associated with immediate gratification.

Addiction has profound implications on both personal and public health levels. Personally, individuals face deteriorating health, increased financial strain, and social isolation, leading to diminished quality of life . Publicly, addiction strains healthcare systems with increased demand for medical and psychological services and contributes to social issues like crime and homelessness, as addicts often engage in illegal activities to finance their habits . Furthermore, public health is affected through the spread of diseases due to unsafe practices associated with drug use. Pregnant addicts create concern for neonatal health, increasing long-term healthcare costs . The societal burden emphasizes the need for comprehensive policies that address prevention, treatment, and social rehabilitation to mitigate the wide-ranging effects of addiction.

Opioids impact the brain by binding to specific receptors, leading to intense pleasure and pain relief, which significantly increases the risk of addiction . They are considered dangerous primarily due to several factors: the development of tolerance requiring increasingly higher doses, the high potential for illegal conduct to fund the addiction, the risk of infections through unhygienic syringe use, and the potential for overdose from uncertain purity in illegal drugs . Additionally, for pregnant women, opioids can cross the placental barrier, leading to neonatal opioid dependency, requiring immediate postnatal treatment . The combination of intense euphoric effects, severe health risks, and significant societal impact underscores the peril of opioid addiction.

Co-dependence in relationships involves an individual excessively relying on another for emotional gratification, especially when the latter is an addict, termed co-addiction . In such dynamics, the co-dependent person prioritizes the addict's needs over their own, often experiencing anxiety, sadness, anger, and confusion, while also relegating their own life concerns . Psychological impacts include identity confusion, emotional distress, and an inability to function independently, causing significant relational and personal instability . Such patterns emerge from a complex interaction of emotional dependency and an inability to maintain healthy boundaries, which perpetuates a cycle of mutual dependency and dysfunction.

Effective strategies for helping an addict include initially accepting the reality of their situation, demonstrating tough love by setting firm boundaries, and seeking specialized professional assistance . Professional intervention is crucial as addiction is a complex disease that involves psychological, biological, and social aspects beyond the control of untrained individuals. Specialists can provide structured support through medical, psychological, and rehabilitative services that address both physical dependency and underlying psychological issues . Moreover, professional treatment plans are tailored to the individual's needs and can include detoxification, therapy, and relapse prevention, significantly improving the chances of successful recovery .

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