Universidad de Valladolid
Facultad de Ciencias
Los teoremas de incompletitud de
Gödel
Trabajo de Fin de Grado
Grado en Matemáticas
Autor: Ándrés Infante Adrián
Tutor: Antonio Campillo López
2023
A todos los que dedican su vida al estudio,
como Kurt Gödel.
Índice general
Introducción 5
Contexto histórico 9
1 Aproximación filosófica 13
1.1 Filosofías de la Matemática 14
1.1.1 Platonismo 14
1.1.2 Logicismo 20
1.1.3 Intuicionismo 29
1.1.4 Formalismo 35
2 Aproximación formal 45
2.1 Lenguajes formales de primer orden 45
2.1.1 Sintaxis 45
2.1.2 Semántica 51
2.2 Teorías formales de primer orden 56
2.2.1 Axiomas Lógicos y Reglas de Inferencia 57
2.2.2 Teorías y pruebas 59
2.3 Metateoremas relativos a los modelos y a la verdad 62
2.3.1 Las colecciones de sentencias «verdaderas» 62
2.3.2 Metateoremas lógicos 64
2.4 Los teoremas de Gödel 67
2.4.1 Introducción de Gödel 68
2.4.2 Gödelización 71
2.4.3 Teoría de la Recursión 73
2.4.4 Representabilidad sintáctica 75
2.4.5 Demostraciones 79
2.4.6 Sentencias indecidibles de la aritmética 85
2.4.7 Computabilidad 86
Conclusiones 95
A La prueba de la existencia de Dios: el argumento ontológico 101
Bibliografía 107
3
Introducción
Este trabajo trata, como el título reza, de los teoremas de incompletitud de
Gödel. El objetivo es desengranar los teoremas de forma tan completa como nos sea
posible atendiendo a las exigencias de este tipo de trabajos. Especifiquemos más este
objetivo. Para ello, observemos la siguiente formulación simple de los teoremas:
Primer teorema Todo sistema formal de la matemática clásica que es con-
sistente es incompleto.
Segundo teorema No es posible probar la consistencia de un sistema formal
de la matemática clásica.
Si reflexionamos sobre estos enunciados, posiblemente lo primero en que recale-
mos es que estos teoremas no son parte del Análisis, ni de la Geometría, ni de la
Aritmética... ni siquiera de la Lógica. En esta primera percepción cabe pensar que
estos teoremas, «stricto sensu», no son teoremas de la Matemática, sino que van más
allá de la Matemática, que desbordan su campo. La consistencia y la completitud
son propiedades del sistema formal, externas a él. Digamos que no hablan matemá-
ticas, sino de matemáticas; en concreto de la lógica matemática. A este lenguaje
que habla acerca de las matemáticas, Hilbert dio en llamarlo «metamatemática».
Podemos decir que son teoremas de la metalógica.
Sin embargo, reparamos también en que el uso de la palabra teorema no puede ser
casual. Los metateoremas lógicos son, con todo el derecho, resultados matemáticos.
En efecto, las formulaciones metalógicas pueden demostrarse en la lógica, es decir,
en la Matemática; su construcción es interna a las matemáticas. De alguna manera
hablan, al mismo tiempo, desde dentro y fuera de las matemáticas. Aquí entra en
juego la genialidad de Gödel. La demostración del teorema de Gödel se lleva a cabo
en un lenguaje formal, es decir, dentro de la lógica matemática y no fuera. En
concreto aparecerán tres tipos de lenguajes distintos: el lenguaje metamatemático
o natural, el lenguaje formal y el lenguaje matemático relativo a un modelo del
sistema formal. El cambio de lenguaje, la legitimidad para hacerlo, es la clave de
la demostración. En particular, en este y en el resto de metateoremas (como el
teorema de Löwenheim-Skolem-Tarski o el teorema de la Indefinibilidad de la Verdad
de Trasrki) la técnica crucial radica en la Teoría de Modelos, que permite una
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ÍNDICE GENERAL
interpretación semántica (matemática, que nos permite evaluar la veracidad) de
las sentencias de un lenguaje formal.
Pero no ignoremos las consecuencias no estrictamente matemáticas (formales),
en este caso, del teorema de Gödel. Admitimos su clara irrupción en el campo de
la metodología matemática, esto es, en el campo de la Filosofía de la Matemática.
No creemos descubrir nada con esto: la lógica matemática (no exclusivamente, véase
el impacto del desarrollo de la geometría no euclidiana para el intuicionismo), en
tanto en cuanto trata la cuestión metodológica (la construcción) de las matemáticas,
estudia los fundamentos de la Matemática. Y esto es una cuestión filosófica (no es
casualidad que los más grandes lógicos hayan sido, además, grandes filósofos). En
este sentido, hacemos nuestras las siguiente palabras de Jesús Padilla Gálvez:
Al mismo tiempo los lenguajes en los que se ha estructurado la noción de
verdad y de los que habla la teoría de modelos son, por lo general, sistemas
matemáticos. Las «cosas» representadas en dichos lenguajes son también sis-
temas matemáticos. Por esto, la teoría de modelos es una teoría semántica que
pone en relación unos sistemas matemáticos con otros sistemas matemáticos.
Dicha teoría nos proporciona algunas pistas con respecto a aquella semántica
que pone en relación los lenguajes naturales con la realidad. Sin embargo,
ha de tenerse siempre presente que no hay ningún sustituto matemático pa-
ra los problemas genuinamente filosóficos. Y el problema de la verdad es un
problema netamente filosófico. ([28] Padilla 2007, 229)
Nos encontramos pues con dos partes en el teorema: el significado filosófico y el
formal, ambos amparados por su demostración formal. Ante el objetivo inicial del
trabajo, a saber, «desengranar los teoremas de forma tan completa como nos sea
posible», nos parece necesario y legítimo tratar estas dos vertientes en profundidad.
Por eso hacemos este planteamiento:
Antes de nada expondremos el contexto histórico en el que se enmarca el tra-
bajo de Gödel. A continuación , en el primer capítulo, hacemos un análisis de las
corrientes clásicas en filosofía de la Matemática: platonismo, logicismo, intuicionis-
mo y formalismo. En este repaso tratamos de centrarnos en lo relacionado con los
teoremas de incompletitud de Gödel, pero se busca una visión general.
Posteriormente hacemos una aproximación formal a los teoremas. El objetivo
principal es conseguir llegar a una demostración adecuada y poder comprenderla.
Para ello debemos tratar las teorías formales de primer orden, a lo que dedicamos
las dos primeras secciones del capítulo. La tercera versa sobre otros metateoremas
lógicos que son fundamentales, como el teorema de completitu de Gödel o el teorema
de Löwenheim-Skolem-Tarski. Finalmente, en la cuarta sección del capítulo dos, ex-
ponemos en profundidad los teoremas de incompletitud. Comenzamos analizando la
intruducción de Gödel a su artículo original. Posteriormente tratamos en detalle los
tres pilares de los teoremas: la gödelización, la teoría de la recursión y la represen-
tabilidad sintáctica. A continuación explicamos las demostraciones y analizamos el
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 6
ÍNDICE GENERAL
significado de los teoremas, y terminamos con dos apartados que creemos cierran el
círculo, no sólo para entender los teoremas de Gödel, sino también sus consecuencias
inmediatas: presentamos una sentencia puramente aritmética que no es demostrable
y exponemos las ideas de Alan Turing en relación a la computabilidad.
Como no podía ser de otra manera, dedicamos unas páginas a comentar las
conclusiones que hemos extraído de este trabajo. Además hemos añadido un apéndice
interesantísimo. Se trata de una demostración que hizo Gödel, aunque nunca la
publicó, del argumento ontológico sobre la exitencia de Dios. Dado que en este
trabajo hemos hablado mucho de filosofía y de Kurt Gödel (no sólo de sus teoremas
de incompletitud), nos parece adecuado incluirlo.
Queremos hacer constar los dos siguientes puntos: que pretendemos demostrar el
teorema de Gödel, pero que la demostración no será realmente rigorosa debido a la
complejidad de la misma, sino superficial; y que no pretendemos elaborar una teoría
filosófica de la Matemática, sino simplemente exponer con claridad las interpreta-
ciones filosóficas de la Matemática más importantes. Posteriormente explicaremos
nuestra idea de filosofía, pero ya adelantamos que, a diferencia de las matemáticas,
no es una ciencia, y que no caben resultados científicos en ella. Con esto no negamos
su papel en el conjunto del saber.
Como aclaración, en la bibliografía hemos optado por escribir el año de publi-
cación original inmediatamente después del nombre del autor. En el caso en el que
hemos usado una edición de años posteriores, escribimos la fecha al final, después
de la editorial y el lugar de edición.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 7
Contexto histórico
A principios del siglo XIX, Lobachevski y Bolyai, e, independientemente, Gauss,
desarrollaron la primera geometría no euclídea: la hiperbólica. A mediados vendría
la geometría elíptica de la mano de Riemann. Por dos mil años, los Elementos de
Euclides habían sido la base de la geometría, que ahora se revelaba más compleja.
Otros matemáticos había explorado previamente los fallos del sistema euclideano,
pero su autoridad era tal que incluso algunos, como Saccheri, acabaron tomando sus
propios trabajos como absurdos y aceptando el famoso postulado de las paralelas de
los Elementos.
Los axiomas de Euclides (mas que de axiomas en el sentido moderno, los pos-
tulados de los Elementos consisten en ciertos métodos válidos para la construcción
geométrica) se consideraban universales y autoevidentes: eran afirmaciones verda-
deras sobre el espacio que percibimos sensorialmente. Sin embargo, ahora, otros
axiomas, contradictrios a los del maestro, llevaban a geometrías no euclidianas. El
problema era que nuestra intuición espacial ordinaria no se ajustaba a estas nuevas
geometrías: parecían claramente falsas. La forma de tratar los axiomas no eucli-
deanos, de constatar su validez, o no, será plantear el problema de su consistencia
interna, es decir, garantizar que no son contradictorios. La misma posibilidad de las
geometrías no euclideanas dependía de este problema.
Todo esto provocó una renovación en el interés (y la necesidad) por fundamentar
la Matemática. Se abría paso la concepción formalista: la tarea del matemático es
deducir las consecuencias lógicas necesarias de los axiomas. Se trata de revisar y per-
feccionar los axiomas de los distintos sistemas matemáticos. El programa formalista,
que será impulsado por el prestigioso matemático David Hilbert, constará de dos
cuestiones fundamentales: la primera, construir un sistema que formalice completa-
mente la matemática clásica; la segunda, demostrar la consistencia del sistema. Los
conceptos matemáticos han de ser reemplazados por signos gráficos carentes de sen-
tido, la demostración se reduce a la deducción formal conforme a reglas mecánicas.
Deducir: esta es la tarea del matemático.
En 1879 Gottlob Frege publica Begriffsschrift (Ideografía), iniciando de manera
sorprendente la lógica moderna. Michael Dummet señala: «[la obra] es asombrosa
porque no tiene precedentes: parece haber surgido del cerebro de Frege no fertilizado
por influencias externas» ([9] Dummet, 1973, 17). El lenguaje formal creado por
9
ÍNDICE GENERAL
Frege es un vehículo directo al logicismo y al estudio de los sistemas matemáticos
desde una perspectiva formal. El mismo Frege publica, en 1884, los Grundlagen
der Arithmetik (Fundamentos de la Aritmética), de nuevo, precursor, esta vez en la
Filosofía de las Matemáticas según se entiende actualmente.
Entre 1878 y 1884 Georg Cantor desarrolla la Teoría de Conjuntos, que rápida-
mente se revela a la vez potente y enigmática. Los estudios de Cantor sobre cardinales
y ordinales sumaban a la fiesta al que Borges consideraba «[el concepto] que es el
corruptor y el desatinador de los otros. No hablo del Mal cuyo limitado imperio es la
ética; hablo del infinito». Cantor demostró que existían diferentes tipos de infinitos
inconmensurables entre sí, es decir, no todos los conjuntos infinitos eran equipoten-
tes. Para Javier de Lorenzo, la teoría intuitiva de conjuntos supone “una ruptura
epistemológica en el hacer matemático”, que constituye, frente al constructivismo
anterior, “una teoría auténtica del infinito actual” ([6] De Lorenzo, 1979). Así, la
Teoría de Conjuntos se granjeó un enemigo notable: los matemáticos intuicionistas.
En una carta del 16 de junio de 1902, el joven matemático Bertrand Russell aler-
ta a Frege de un error catastrófico en sus leyes lógicas básicas: la famosa paradoja
de Russell. A pesar de ello, Russell y Alfred Whitehead se erigen como dignos su-
cesores para relevar a Frege en el programa logicista. Tras un trabajo monumental,
que se plasmaría en los Principia Mathematica, publicados entre 1910 y 1913, con-
siguieron soslayar las antinomias y paradojas, pagando el precio de crear una teoría
increíblemente abstracta y compleja. Hasta los años treinta se admite, a pesar de las
duras críticas al axioma de reducibilidad de Russell y Whitehead, que los Principia
(también otras teorías) conseguían formalizar completamente la matemática clásica.
Sin embargo la consistencia del sistema dependía de la consistencia de la Teoría de
Conjuntos.
El avance formalista continuaba: Peano axiomatiza la Aritmética en 1889 en sus
Grundlagen der Arithmetik (Fundamentos de la Aritmética), que luego refinaría en
1897, reduciendo los axiomas a cinco: los Axiomas de Peano; y, en 1898, Hilbert axio-
matiza la geometría en Grundlagen der Geometrie (Fundamentos de la geometría).
Al igual que los Principia, la consistencia de ambos sistemas sigue dependiendo de
la consistencia de la Teoría de Conjuntos. Posteriormente se axiomatiza la bête noi-
re, la Teoría de Conjuntos de Cantor, que había quedado seriamente tocada por las
paradojas y antinomias. La primera publicación de Zermelo, de 1908, se completa
en 1922 con las contribuciones de Fraenkel, estableciendo los axiomas de Zermelo-
Fraenkel (por sus iniciales ZF, o ZFC si incluye el axioma de elección) y logrando
evitar las paradojas de Russell, Cantor, y otras tantas.
En el año 1900, en el Congreso Internacional de Matemáticos en París, Hilbert
propone 23 problemas matemáticos que él consideraba claves para la matemática
futura. El segundo dice así: Probar que los axiomas de la aritmética son consistentes
(esto es, que la aritmética es un sistema formal que no supone una contradicción).
Hilbert estaba convencido de que esta conjetura era cierta, de que un sistema formal
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 10
ÍNDICE GENERAL
tiene tantos teoremas formales como matemáticos, y que no cabe deducir contradic-
ciones. Recordemos sus famosas palabras:
La convicción de la resolubilidad de todo problema matemático ha sido siem-
pre un potente estímulo para el trabajo científico; dentro de nosotros resuena
siempre el lema: «aquí está el problema, busca la solución». Puedes buscarla
con el pensamiento puro, porque en la matemática no cabe el Ignorabimus.
([20], 1898)
En septiembre de 1930 hubo un congreso celebrado en Königsberg, la ciudad na-
tal de Hilbert. En una entrevista en la radio local pronunció las célebres palabras que
hoy están escritas en su tumba (y de las cuales se conserva un audio): «Wir müssen
wissen, wir werden wissen» («Debemos saber, sabremos»). Magnífica coincidencia:
en el mismo congreso, dos días antes, el lógico austríaco Kurt Gödel, de sólo 23 años
(los mismos que tiene quien escribe este trabajo; nótense los abismos, los oceános, las
distancias cósmicas que nos separan a los mortales de los grandes genios), exponía
un resultado sorprendente a una audencia más bien escasa: había demostrado que
había proposiciones aritméticas verdaderas que no podían demostrarse en el sistema
formal, y que la consistencia del mismo es precisamente una de ellas. Al parecer
la repercusión no fue muy amplia, aunque sí sabemos que un gran matemático co-
mo von Neumann quedó sorprendido por las cualidades de Gödel. Un año después,
Gödel publica en la revista «Monatshefte für Mathematik un Physik» sus teoremas
de incompletitud en el artículo «Über formal unentscheidbare Sätze der Principia
Mathematica und verwandter Systeme I » («Sobre proposiciones formalmente inde-
cidibles de Principia Mathematica y sistemas relacionados»). Es el fin del proyecto
formalista como aspiración a fundamentar las Matemáticas. Gödel trabaja con el
sistema formal de Principia, pero los teoremas abarcan de forma análoga todos los
sistemas formales que sean capaces de representar aritmética básica, en particular
la Teoría de Conjuntos, asegurando que, si ZFC no es una teoría contradictoria (es
consistente), entonces existe una fórmula verdadera que no es demostrable en ZFC.
Y, además, que la consistencia de ZFC no es demostrable en ZFC1 .
1
Para un desarrollo amplio de la vida de Frege, von Neumann, Cantor, Russell y Gödel, véase
([26] Mosterín, 2000)
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 11
Capítulo 1
Aproximación filosófica
Antes de nada queremos dejar claro que el artículo ([23] Madrid Casado, 2009)
ha sido fundamental para la redacción de este apartado, sirviendo como base. Agra-
decemos también al autor sus aclaraciones.
Nos vamos a acoger (aquí, sin otra justificación que la conveniencia, pues somos
más o menos legos en la materia) a la definición de filosofía del filósofo español
Gustavo Bueno. A todos nos es conocido el lema de la Academia de Platón: «No
entre aquí quien no sepa geometría» (el gran filósofo griego no se quedó aquí en
sus exigencias matemáticas, y llegaba a pedir la pena de muerte para los profesores
que no enseñaran a sus alumnos los números irracionales). Metafóricamente Bueno
define la filosofía como la “Geometría de las Ideas”. La filosofía razona: con las leyes
de la lógica y la dialéctica, y sobre las Ideas. ¿Qué son las Ideas? Consideramos
dadas las ciencias positivas actuales (física, matemáticas, química, biología...1 ), que
operan con conceptos. Sin embargo, hay conceptos que no se consiguen enclaustrar
en ninguna de las ciencias, pues pertenecen a distintos contextos al mismo tiempo,
ya sean científicos o no. Son estos conceptos a los que llamamos Ideas, que por
resistirse a ser captados por un campo científico concreto, quedan fuera, desbordan
las ciencias y precisan un tratamiento filosófico. Las Ideas tratan de conceptos, de
su coordinación entre ellos y con otros. Los conceptos, por contraposición a las
Ideas, son configuraciones definidas de ciertos contenidos de un campo científico2 .
Por ejemplo, la Idea de Espacio engloba los conceptos científicos de espacio vectorial
(matemáticas) o de espacio newtoniano (física); no es enclasable en ninguna ciencia
particular.
Según esta concepción, la Idea de Ciencia es un concepto filósofico, y no científico,
que trata de las relaciones entre las distintas ciencias positivas: en qué se diferencian
(y por qué), qué tienen en común, etc. La Idea de Matemática tratará, pues, de
cuestiones que van más allá de las matemáticas, que quedan fuera de su campo. Qué
1
Para una aclaración sobre esto y las siguientes ideas sobre qué es la ciencia, véase ([4] Bueno,
1995b).
2
Para un desarrollo de todo esto véase ([4] Bueno, 1995a).
13
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
es hacer matemáticas, qué es la Matemática, cuál es su relación con las otras ciencias,
son preguntas filosóficas. Reparamos pronto en que hay varias respuestas posibles,
o sea, que hay varias Ideas de la Matemática. Tratamos esto en el primer apartado
de esta sección, donde hacemos un amplio repaso de las cuatro corrientes clásicas
en Filosofía de las Matemáticas: platonismo, logicismo, intuicionismo y formalismo.
Queremos destacar también la corriente del materialismo formalista de Carlos M.
Madrid Casado ([23] Madrid Casado, 2009), enmarcada en el sistema filosófico de
Gustavo Bueno, el materialismo filosófico. No lo hemos incluido en este trabajo para
no alargarlo, y considerando que desde un punto de vista general lo adecuado era
tartar las cuatro verteintes clásicas.
1.1. Filosofías de la Matemática
Las ciencias positivas, como la física o la química, tratan con términos que re-
fieren a ciertas cosas «materiales». Por ejemplo, en el campo de la química están
el hidrógeno, el carbono, etc, cuyos referenciales son ciertos elementos naturales,
«corpóreos», con ciertas propiedades. El campo de la física contiene términos como
electrones o campos, que asumimos que existen en el universo. Estas teorías recurren
a un lenguaje muy preciso, y además muy distinto al lenguaje natural: las matemá-
ticas. Pero, ¿a qué refieren las matemáticas? Conjunto, función, variedad, grupo,
etc, son objetos matemáticos que no tienen existencia espacio-temporal (material).
Sin embargo, claramente, existen; y aún más: son parte indisociable e indispensable
de nuestras mejores teorías científicas que aspiran a describir el mundo. Razón sufi-
ciente para que tratemos de responder a las grandes preguntas: ¿qué son los objetos
matemáticos? ¿cuál es su estatus ontológico?
Nos proponemos realizar una exposición de las principales respuestas a estas
preguntas, o sea, de las principales corrientes de la Filosofía de las Matemáticas.
Tras la exposición, faltaría la crítica sistemática; pero creemos que esto sobrepasa
los objetivos del trabajo. Hemos tratado de dividir cada apartado en tres puntos: (1)
para las ideas principales de la corriente; (2) para los defensores de la postura, así
como su desarrollo histórico; (3) para los problemas que habitualmente se esgrimen
en su contra. En ocasiones los puntos se entremezclan inevitablemente.
1.1.1. Platonismo
1. El término “platonismo” nos refiere ya las ideas generales de esta corriente.
Dentro de la Filosofía de las Matemáticas fue introducido por el lógico Paul Bernays
en 1924, y no sin acierto.
Como es sabido, Platón, por contraposición al mundo sensible, postuló la existen-
cia del Mundo de las Ideas. Los etéreos habitantes de este mundo metafísico no son
los objetos físicos, con sus incómodas imperfecciones, sino las Ideas o Formas, ciertas
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 14
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
entidades eternas e inmutables que representan la esencia de los objetos sensibles y
cuya manera de captación humana es, estrictamente, la razón (por contraposición a
los sentidos para los objetos del mundo físico). Por ejemplo, jamás podremos ni ver
ni tocar un triángulo ideal, o sea, un verdadero triángulo, sino sólo ciertos objetos
accidentales con forma aproximada de triángulo: accidentalmente triangulares. El
(único) verdadero triángulo es la Idea de triángulo, cuya existencia es independien-
te de nosotros. En este sentido Platón considera que las figuras matemáticas y los
números son Ideas, accesibles sólo mediante la razón, con existencia real y universal.
Como decíamos, Bernays introduce el término en el campo matemático. El ob-
jetivo era caracterizar el modo de pensar en matemáticas donde los objetos de una
teoría matemática se toman como elementos de una totalidad dada. «Dada», o sea,
existente independientemente de nosotros. Vemos el acierto del término.
Creemos conveniente seguir el argumento de José Ferreiros en la distinción de dos
géneros de platonismo. En sus propias palabras ([13] Ferreirós Domínguez, 1999):
Platonismo interno o propiamente matemático: es característico de las
teorías de la matemática abstracta o moderna, donde se hace referencia
a elementos cuya existencia se postula y se considera dada (se podría
hablar de existencia ideal).
Platonismo externo, ontológico, o propiamente filosófico (una de las po-
sibles interpretaciones filosóficas de la matemática, en particular de la
característica antes señalada de la matemática abstracta): consiste en la
afirmación de que los objetos matemáticos gozan de una existencia real,
análoga en algún sentido (aunque diferente) a la existencia de los objetos
físicos.
Es habitual referirse al platonismo en matemáticas como la segunda acepción.
El platonismo interno es realmente casi imposible de evitar en cualquier teoría y
en la práctica matemática: cualquier formulación admite como dados ciertos objetos
(basta considerar cualquier uso del cuantificador existencial ∃, que asume como dada
cierta totalidad). Sin embargo, evita plantarse frente al áspero problema de justifi-
car su existencia real en algún extraño mundo más que en el que puedo imaginar
(esto no debe sonar raro: en mi cabeza existe un centauro llamado Kurt Gödel, que
claramente no es de carne y hueso, sino sólo como una creación de mi mente, como
una imagen o una descripción con mis palabras). Esto nos lleva a otro problema:
qué conceptos matematicos, fruto de la mente humana, son válidos, y cuáles no. Así,
Hilbert planteó con insistencia que la única limitación debe ser la lógica. Es decir,
los objetos matemáticos postulados no pueden dar lugar a teorías contradictorias
(deben ser consistentes). Con eso es suficiente para garantizar su validez.
Bernays establece ([2] Bernays 1935, 63-64) que hay dos posturas platónicas
esenciales en matemáticas con las que debemos tomar partido. La primera, la más
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 15
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
débil, es asumir la existencia objetiva de la totalidad de los número naturales (N).
La segunda es admitir las nociones de conjuntos y funciones arbitrarias.
Notemos que la práctica matemática actual asume estas posturas dentro de lo
que hemos llamado platonismo interno. Su planteamiento de la Matemática es el de
una ciencia abstracta que investiga las relaciones entre elementos y estructuras que se
dan por existentes. Y la noción de existencia no es otra que su admisibilidad (libre de
contradicciones) en el pensamiento humano. No obstante, como resaltaremos luego,
la metodología matemática actual se debe a la postura formalista.
En cuanto al platonismo externo, es la idea puramente platónica. Postula la
existencia de una realidad matemática externa, accesible solamente a través de la
razón, poblada por las proposiciones, que son estricatamente reales y verdaderas.
Un matemático platónico piensa que está descubriendo verdades que ya están ahí,
cual Magallanes llegando al Estrecho de Todos los Santos.
2. Como hemos comentado, Platón fue un platónico. Pero no fue el primero,
sino que fue Pitágoras. La cosmovisión pitagórica establecía la esencia del mundo
en los números: lo único real y eterno que ordenaba el mundo. Aunque Aristóteles,
discípulo de Platón, rechazó la bifurcación de la realidad de su maestro, admitía
la existencia, esta vez en los propios objetos, de esencias o universales. Las ideas
platónicas y aristotélicas se mantienen durante siglos e influyen en San Agustín,
que, en La Ciudad de Dios, asegura que la totalidad de los número naturales existe
en acto en el inteleto divino, pues, ¿quién sería tan necio para decir que Dios deja de
contar en un cierto número n, por grande que sea? La escolástica mediaeval hereda
estas ideas.
Actualmente se suele decir que el platonismo es la fe de la mayor parte de los
matemáticos, pero que es una religión que ejercitan en privado ([5] Davis & Hersh,
1982, 247). Otro dicho habitual es que los matemáticos son platónicos los días que
trabajan pero formalistas los días de fiesta, como decía Dieudonné:
En lo relativo a fundamentos, creemos en la realidad de la matemática, pero,
por supuesto, cuando los filósofos nos atacan con sus paradojas corremos a
escondernos tras el formalismo diciendo: «La matemática es sólo una combi-
nación de símbolos carentes de significado», y entonces sacamos los capítulos
1 y 2 [de los Eléments de mathématiques] sobre teoría de conjuntos. Final-
mente nos dejan en paz y podemos volver a nuestra matemática, haciéndola
como siempre, trabajando en algo real. ([7] Dieudonné 1970)
Efectivamente, Bourbaki era un platónico convencido que veía los objetos mate-
máticos tan reales como los objetos físicos.
Otro gran matemático platónico fue Georg Cantor, para quien los conjuntos y
los números transfinitos, que él había desarrollado, existían en un doble sentido.
Primero, en un reino transuránico que llama intellectu Divino, y segundo, en la
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 16
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
misma naturaleza. Así lo expresa en esta carta a Hermite el 30 de noviembre de
1895:
Dice usted [Hermite] muy bellamente en su carta del 27 de Nov.: «Los núme-
ros (enteros) me parecen constituir un mundo de realidades que existen más
allá de nosotros con el mismo carácter de absoluta necesidad que las realida-
des de la naturaleza, cuyo conocimiento nos es dado por los sentidos, etc.»
Permítame, sin embargo, el comentario de que en mi opinión la realidad y
absoluta legalidad de los números enteros es mucho mayor que la del mundo
sensorial. Y el que así sea, tiene una única y muy simple razón, a saber, que los
números enteros existen en el grado sumo de realidad, tanto separados como
en su totalidad actualmente infinita, en la forma de ideas eternas in intellectu
Divino. ([25] Meschkowski 1983, 275)
Para Cantor la existencia del infinito actual no era ningún problema. De hecho,
como recalca Javier De Lorenzo ([6] De Lorenzo, 1979), en su teoría “lo primero es el
infinito actual escindido en una escala de infinitos y, después, se constituye lo finito,
como mero rincón de lo infinito”. Así, la Teoría de Conjuntos era perfectamente real,
y Cantor solo hacía de escribano ante las inspiraciones, podríamos decir divinas, que
«le venían». Es evidente que la filosofía platónica de Cantor es indispensable para
entender su incansable desarrollo matemático, cuyas teorías fueron siempre puestas
en cuestión filosóficamente.
Kurt Gödel, el protagonista de este trabajo, tomó fuertes posiciones platónicas
en torno a las matemáticas. En ([18] Gödel, 1944a), Gödel analiza la filosofía de
Bertrand Russell, en particular el axioma de reducibilidad que había propuesto para
evitar las definiciones impredicativas (y así las paradojas). En este texto el plato-
nismo gödeliano es absoluto (y en sintonía con el platonismo de compromiso de
Quine):
Sin embargo, también pueden concebirse las clases y los conceptos como ob-
jetos reales, a saber, como «pluralidades de cosas» o como estructuras que
consistan en una pluralidad de cosas, y los conceptos como las propiedades y
las relaciones de las cosas que existen independientemente de nuestras defini-
ciones y construcciones. Me parece que la aceptación de tales objetos es tan
legítima como la aceptación de los cuerpos físicos, y que hay tantas razones
para creer en la existencia de aquellos como en la de éstos. Son necesarios
para obtener un sistema de matemáticas satisfactorio en el mismo sentido en
el que los cuerpos físicos lo son para una teoría satisfactoria de nuestras per-
cepciones sensibles, y en ambos casos es imposible interpretar los enunciados
acerca de estas entidades como enunciados acerca de «datos», es decir, en el
último caso acerca de las percepciones sensibles. (325-326)
En el mismo texto Gödel comenta que la idea de Russell de comparar los axiomas
matemáticos con las leyes de la naturaleza le parece del todo acertada. La idea es
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 17
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
que la correspondencia evidencia matemática-axiomas de la matemática se asemeja
a la correspondencia percepción sensorial-leyes físicas.
Russell extendió también en otro aspecto (en un de sus primero escritos) la
analogía entre las matemáticas y una ciencia natural. Compara los axiomas de
la lógica y las matemáticas con las leyes de la naturaleza, y la evidencia lógica
con la percepción sensible, de modo que los axiomas no tienen por qué ser
necesariamente evidentes por sí mismos, sino que su justificación estriba (como
en la física) en el hecho de que permiten que estas «percepciones sensibles»
sean deducidas; esto no excluiría, por supuesto, que tuviesen también una
suerte de plausibilidad intrínseca similar a la que se da en física. Creo que
(en el supuesto de que «evidencia» se entienda de un modo suficientemente
estricto) este punto de vista ha sido ampliamente justificado por posteriores
desarrollos y se puede esperar que aún lo sea más en el futuro. (316)
Y posteriormente, criticando la teoría russelliana de la inexistencia de clases,
dice:
Todo esto sólo es una verificación del punto de vista antes defendido de que
la lógica y las matemáticas (del mismo modo que la física) están construidas
con axiomas que tienen un contenido real que no puede ser eludido. (331-332)
Al igual que en el caso de Cantor, parece claro que la “militancia” platónica de
Gödel tuvo algo que ver en el desarrollo de los teoremas de Incompletitud. Rebecca
Goldstein, en ([19] Goldstein, 2005, 44), tras una exposición de la vida de Gödel,
dice:
Fue precisamente la osada ambición de Gödel de llegar a una conclusión mate-
mática que fuese al mismo tiempo un resultado metamatemático que refrenda
se el realismo matemático, la que propició sus teoremas de incompletitud.
(...) Su orientación filosófica no era expresión de su labor matemática, sino
al contrario: su labor matemática era expresión de su orientación filosófica,
de su platonismo, que por tanto era la más profunda expresión del hombre
propiamente dicho.
Actualmente, el físico matemático Roger Penrose se declara platónico y escribe:
No oculto mis fuertes simpatías por el punto de vista platónico de que la
verdad matemática es absoluta, externa y eterna, y no se basa en criterios
hechos por el hombre; y que los objetos tienen una existencia intemporal por
sí mismos, independientemente de la sociedad humana o de objetos físicos
particulares. ([29] Penrose 2006, 186)
A continuación exhibe uno de los argumentos clásicos: ¿cómo explicar el hecho
de que distintas personas puedan alcanzar un acuerdo tan perfecto en torno a las
matemáticas, un saber objetivo sin objetos materiales? Penrose responde que la
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 18
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
comunicación es posible porque cada matemático, a través del intelecto, entra en
contacto con el mismo mundo platónico donde verdaderamente existen los objetos
matemáticos. En este mismo libro (un best seller, por cierto, en divulgación cien-
tífica) Penrose expone una filosofía de la mente que merece ser comentada en este
trabajo. Penrose considera el hecho de que los matemáticos humanos pueden de-
mostrar los resultados no probables formalmente que predice el teorema de Gödel.
Así pues, argumenta que esta disparidad sistema formal vs humano significa que los
matemáticos humanos no se pueden describir como sistemas de prueba formales y,
por lo tanto, en sus procesos mentales están ejecutando un algoritmo no computable.
Es decir, los procesos físicos de la mente no se rigen por las leyes físicas de carácter
algorítmico computable. En otras palabras: el pensamiento humano no puede redu-
cirse a procesos mecánicos como los de un ordenador. Así, los teoremas de Gödel,
esgrimidos no pocas veces como el argumento definitivo de los límites del conoci-
miento humano, significarían sólo los límites de nuestros modelos computacionales.
Penrose propone el colapso de la función de onda en mecánica cuántica como un
proceso no computable candidato a explicar el funcionamiento de la mente humana.
Dejemos este tema aquí, no sin antes añadir que la teoría de Penrose y su argumento
gödeliano ha recibido duras y numerosas críticas.
También Penélope Maddy esgrime argumentos platónicos actualmente en su teo-
ría del realismo conjuntista, en línea con el naturalismo de Willard V. Quine. Quine
propuso la siguiente idea: nuestra mejores teoría físicas están totalmente comprome-
tidas con la aceptación de entidades teóricas, como los electrones, y con la acepta-
ción de entidades abstractas, como los números o las funciones. Así, si creemos en la
existencia de las primeras, estamos obligados a aceptar la existencia de las segundas
(para Quine no hay distinción entre la física y la matemática).
3. Los problemas del platonismo (al menos en su vertiente externa) saltan a la
vista: resulta realmente misterioso que entremos en contacto con un mundo ver-
dadero, independientemente del mundo sensible, que intuimos con el intelecto. Un
problema es, como señala Carlos M. Madrid Casado ([23] Madrid Casado, 2009),
que el platonismo sobrepuebla los cielos. Puede llegar a ser atractivo pensar que
ciertas entidades matemáticas sencillas, como la Idea de triángulo, o la de números
naturales, tengan existencia real. Sin embargo, a medida que ha avanzado el desa-
rrollo matemático, la existencia de objetos matemáticos tan complejos y abstractos
como los que actualmente se manejan complica el tema. ¿Existen realmente todaslas
complejas estructuras abstractas usadas en la demostración del Último Teorema de
Fermat? ¿Existe la distribución de los ceros de la función zeta de Riemann en el
fondo del Mundo de las Ideas y aún no la hemos alcanzado? Parece más natural
concebir estos objetos abstractos como existentes sólo en la mente humana, como
constructos válidos para ciertas cosas.
En cuanto al argumento de Penrose, no parece excesivamente difícil de contes-
tar. Quizás sería un error hacerlo argullendo que los seres humanos se comunican
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 19
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
sobre muchos otros temas simplemente a través del lenguaje, sin recurrir a cielos
platónicos, pues es cierto que el lenguaje natural, a diferencia del matemático, refie-
re, habitualmente, o a objetos reales (corpóreos), o a objetos imaginarios derivados
de ellos. Pero la matemática, realmente, no se refiere a nada. Ahora bien, teniendo
en cuenta que todos los seres hurmanos somos seres biológicos que compartimos la
capacidad del lenguaje, no parece descabellado pensar que podamos comunicarnos
sobre cualquier cosa que construyamos mentalmente, incluso sobre aquello que no
tiene referenciales materiales. Y además, en cierto modo, las matemáticas puede que
sí refieran a algo objetivo: a sus símbolos tipográficos.
En 1973 Paul Benacerraf planteó el siguiente dilema: Asumimos estos dos asertos:
(A) Para que las proposiciones matemáticas sean verdaderas, los objetos con los que
tratan y a los que se refieren deben existir necesariamente; (B) Las humanos sólo
podemos conocer un objeto si interactuamos causalmente con él.
Y de aquí se deduce la siguiente paradoja: Si las matemáticas son universales,
entonces, por (A), los objetos matemáticos no son contingentes. Sin embargo, como
no absorven ni emiten energía, no son espacio-temporales, luego, por (B), no po-
demos conocerlos. De otra manera, si aceptamos que podemos conocer los objetos
matemáticos, entonces, por (B), deben ser contingentes. Es decir: si la matemática es
universal, no la podemos conocer, y si la podemos conocer, entonces no es universal.
El platonismo no escapa de las garras del dilema de Benacerraf : La matemática
es universal, pues los objetos matemáticos no son contingentes sino necesarios; pero,
por ser necesarios, eternos e inmutables, no son espacio-temporales, de lo que se
deduce, por (B), que los humanos no podemos conocerlos. Pero los seres humanos
tenemos conocimientos matemáticos, luego el platonismo es falso.
1.1.2. Logicismo
1. Las premisas fundamental logicistas son dos: (1), que la Matemática es redu-
cible a la Lógica; (2) que los entes lógicos tienen existencia real al margen de los
sujetos pensantes.
Comparte pues, con el platonismo, una sustantivización de la Forma (término
que tomamos prestado de la gnoseología de Gustavo Bueno, véase [[4] Bueno 1995b]),
es decir, de la parte del cuerpo de las matemáticas que explica su unidad (y por con-
siguiente, su diferenciación de las otras ciencias), esto es, la estructura y los modelos
relativos a las matemáticas (para el logicismo, los entes lógicos y sus relaciones).
Así, el logicismo revela la esencia de las matemáticas como una adecuación entre los
matemáticos de carne y hueso (existentes) y los entes lógicos (existentes), accesibles
sólo mediante el intelecto.
2. Si decíamos que Gottlob Frege fue el creador (o descubridor) de la lógica
moderna, ahora añadimos que también lo fue del programa logicista. En concreto,
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 20
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
en los Fundamentos de la Artimética (1884), donde expone sus tesis logicistas. Frege
mantiene que la aritmética se subordina esencialmente a la Lógica: «la aritmética
no sería más que una Lógica más desarrollada, todo teorema aritmético sería una
ley lógica, aunque derivada» ([8] Dou, 1974, 62). Así, del realismo lógico deduce un
realismo matemático: «Calcular es deducir» ([15] Frege 1, 128).
Los entes lógicos, dice, son las leyes de las leyes de la Naturaleza. Notemos la
relación entre esta consideración y las proposiciones platónicas de Gödel en referencia
a Bertrand Russell (del que pronto hablaremos). El pensamiento de Frege supone
una reacción contra las teorías matemáticas del gran filósofo idealista Imanuel Kant,
muy influyente en la época, sobre la calidad sintética (el predicado no está incluido
en el sujeto) de los juicios Aritméticos y Geométricos. Para Frege, como estos juicios
se reducen a juicios lógicos, deben ser analíticos (el predicado no añade nada nuevo
al sujeto).
Las obras de Frege, donde trató, por primera vez, de reducir la aritmética a un
sistema formal, utilizaban una lógica basada en ciertos principios lógicos. Uno de
ellos era el principio de comprehensión, la Ley V de los dos monumentales volúmenes
de los Grundgesetze der Arithmetik (Leyes Básicas de la Aritmética, 1893). Esta ley
se refiere a la posibilidad de definir una clase como los elementos que cumplen cierta
propiedad (a cada concepto es posible asignarle una extensión). Debemos cuidar
los términos: para Frege toda propiedad define un conjunto, y todo conjunto está
definido por una propiedad. En esta lógica los conjuntos se toman como elementos;
esto es, el sistema habla de conjuntos. El lector ya intuirá la vulnerabilidad de esta
tesis frente a la paradoja de Russell. Russell escribe a Frege el 16 de junio de 1902,
cuya carta comenzaba así:
Querido Colega:
He sabido de tu Grundgesetze desde hace un año y medio, pero sólo ha sido
ahora que he podido encontrar tiempo para el detallado estudio que preten-
do dedicar a tus escritos. Estoy totalmente de acuerdo contigo en todos sus
puntos principales, en particular en tu rechazo de todo elemento psicologicis-
ta en lógica, y en el valor que asignas a una notación conceptual para la los
fundamentos de las matemáticas y de la lógica formal que, de paso, a duras
penas pueden distinguirse. En muchos detalles, encuentro en las discusiones,
distinciones y definiciones de tus escritos todo lo que uno busca en vano en
otros lógicos. En particular, en lo que respecta a las funciones (sección 9 de
tu Notación Conceptual) he llegado independientemente a las mismas conclu-
siones incluso en detalle. He encontrado una dificultad tan sólo en un punto.
Afirmas (p. 17) que una función puede también constituir el elemento inde-
terminado. Esto es lo que solía creer yo, pero este punto de vista me parece
ahora dudoso debido a la siguiente contradicción: Sea w el predicado de ser
un predicado que no puede ser predicado de sí mismo. ¿Puede w ser un predi-
cado de sí mismo? De ambas respuestas se sigue una contradicción. Debemos
por tanto concluir que w no es un predicado. Igualmente, no hay una clase
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 21
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
(en su totalidad) de todas las clases que, en su totalidad, no sean miembros
de sí mismas. De esto concluyo que bajo ciertas circunstancias un conjunto
definible no forma un conjunto completo.
La contradicción es la siguiente: consideremos la clase de Rusell R = {x : x ∈
/ x},
donde x es un conjunto. Notemos que la definición es intensional, o sea, para Frege,
R también es un conjunto. En palabras, R es el conjunto de los conjuntos que no
se contienen a sí mismos. Russell se pregunta: ¿R ∈ R? Si R ∈ R, entonces, por
definición, es un conjunto que cumple que no pertenece a sí mismo, esto es, R ∈ / R.
Recíprocamente, si R ∈ / R, entonces es un conjunto con las propiedades necesarias
para estar en R: se deduce que R ∈ R. Tenemos que R ∈ R ↔ R ∈ / R. Con esto el
sistema fregeano se desmoronaba. Frege, con una honestidad intelectual admirable,
paralizó el tercer tomo de su obra tras años de duro trabajo. Su teoría adolecía del
peor error posible de un sistema formal: era contradictoria, pues se puede probar
que R ∈ R y que R ∈ / R. Y de una contradicción se sigue que todo es un teorema.
El continuador del programa logicista de Frege iba a ser, paradójicamente, Rus-
sell. En los años posteriores se investigó la razón de las paradojas y antinomias. La
cuestión parecía radicar, como señaló Henri Poincaré, en la autorreferencia, en par-
ticular en el uso de las definiciones impredicativas, aquellas en las que el término que
se desea definir forma parte del conjunto que se usa para la definición. Por ejemplo,
la clase de Rusell R = {x : x ∈ / x} está definida por una relación entre el objeto a
ser definido (R), con todos los objetos de un cierto tipo (conjuntos) de los cuales
el objeto a ser definido es, él mismo, parte (R es un conjunto). Es el principio del
círculo vicioso de Russell, que Gödel explicaba así (para luego criticarlo, pues el
tema es más peliagudo de lo que parece):
La falacia, según se sostiene, consiste en la circunstancia de que se definen (o
se asumen tácitamente) totalidades cuya existencia implica la existencia de
ciertos nuevos elementos de la misma totalidad, a saber, elementos definibles
únicamente en términos de la totalidad entera. Esto lleva a la formulación
de un principio que dice que ninguna totalidad puede contener miembros
definibles únicamente en términos de la totalidad, o miembros que involucran
o presuponen esta totalidad (principio del círculo vicioso). [[18] Gödel, 1944a,
322]
Notemos que estas paradojas no son exlusivas del lenguaje formal, sino que en
neustro lenguaje natural habitual también se producen paradojas semánticas debi-
do a la autorreferencia. Por ejemplo la paradoja del mentiroso3 o la antinomia de
Richard, que Gödel cita como argumentos análogos a su demostración ([18] Gödel
1944b, 56).
3
«Un hombre afirma que está mintiendo. ¿Lo que dice es verdadero o falso?» O en la versión
más simple: «Esta oración es falsa». Si esta oración falsa, entonces es verdadera, y si es verdadera,
entonces es falsa.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 22
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Rusell y su colaborador Alfred North Whitehead llevaron a cabo un esfuerzo
titánico para idear un nuevo sistema formal que expresase las verdades aritméticas
y evitase todas las paradojas y antinomias que se venían detectando. Es el sistema de
Principia Mathematica, que publicaron en varios tomos (y dejaron sin concluir por
agotamiento) entre 1910 y 1913. Para que nos hagamos una idea, nada más y nada
menos que 700 páginas les fueron necesarias para poder demostrar que 1 + 1 = 2. En
ese momento, con magistral ironía, comentan: «The above proposition is occasionally
useful» («esta proposición es ocasinalmente útil»).
En su obra exponen una Teoría de Tipos, donde se exige que para que X ∈ Y
sea una fórmula bien formada, X debe ser un objeto de un «tipo» inmediatamente
inferior al objeto Y . Podría explicarse de la siguiente manera: los individuos son de
tipo I, los conjuntos de individuos son de tipo II, los conjuntos de conjuntos son
de tipo III, etc. Con esta formulación se evita la pardoja de Russell (y el resto de
paradojas de autorreferencia); se convierte, de hecho, en una fórmula sin sentido
que no cabe si quiera plantear. R es del mismo tipo que R, luego R ∈ R no es una
fórmula bien fromada, y no tiene sentido preguntarse si es cierta o no.
Aunque los Principia hablan por sí mismos de la filosofía de sus autores, con esta
cita de Russell ([33] Russell 1920, 169) queda bien claro: «Logic, I should maintain,
must no more admit a unicorn than zoology can; for logic is concerned with the real
world just as truly as zoology, though with its more abstract and general features»
(«La lógica, debo mantener, no debe admitir un unicornio más que lo que puede
hacerlo la zoología; la lógica trata del mundo real de igual manera que la zoología,
aunque con rasgos más abstractos y generales»). No obstante esta cita se suprimió
de las ediciones posteriores, y las posiciones logicistas de Russell se relajaron con el
tiempo.
A finales del siglo XIX y principios del XX, la ciudad de Viena, capital del
Imperio Austrohúngaro, era una ciudad con un panorama intelectual y cultural
único. Incluso después de la Primera Guerra Mundial y la desintegraciín del Imperio,
Viena continuaba siendo un brillante herbidero científico. Es en este contexto en el
que Gödel realiza sus estudios en lógica.
El más destacado grupo intelectual (y el que interesa aquí) de la época es, posi-
blemente, el Círculo de Viena, un conjunto de pensadores que desarrollaron el movi-
miento conocido como «positivismo lógico» (a veces, «empirismo lógico» o «empiris-
mo radical») dirigido por el filósofo Moritz Schlick. Algunos de sus selectos miembros
(nunca llegaron a aceptar a Karl Popper) más ilustres fueron Rudolf Carnap (alumno
de Frege), Hans Hahn, Otto Neurath, Olga Hahn-Neurath, Herbert Feigl y un joven
Kurt Gödel. El Círculo de Viena tenía como objetivo purgar la ciencia de metodolo-
gías e ideas metafísicas. Para ello, tomaba la teoría empirista de David Hume pero
rectificándola sustancialmente. En palabras de Rebecca Goldstein:
Los positivistas lógicos transformaron la teoría empírica del conocimiento en
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 23
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
una teoría del significado. Según ésta, los recursos empíricos que sirven para
determinar si una proposición concreta es verdadera también nos brindan
el significado mismo de la proposición. (...) los límites de la cognoscibilidad
empírica coinciden con los de la significatividad. Si no se puede concebir un
conjunto de experiencias posibles que corroboren una posición dada, es que tal
proposición lo es tan sólo en apariencia, está vacía de significado y constituye
lo que los positivistas bautizaron como «pseudoproposición». ([19] Goldstein,
2005, 71)
Nótense las similitudes con la teoría de Russell: lo que no significa nada (lo que
es contradictorio), no es válido (al fin y al cabo la solución de Russell para las
antinomias es no permitir lo que no es permisible).
Las ideas logicistas en torno a la matemática del Círculo de Viena quedan pa-
tentes en los planteamientos de Carnap y Hahn: las porposiciones matemáticas se
reducen a proposiciones lógicas, y las proposiciones lógicas son análogas a las tauto-
logías; carecen totalmente de sentido descriptivo. Las matemáticas son puramente
sintácticas (analíticas, si se quiere), luego su verdad proviene de las reglas de los
sitemas formales (aquí está la sustantivización de la lógica). El planteamiento es
opuesto al platónico, donde el concepto de verdad matemática es similar al concepto
de verdad que utilizamos habitualmente.
A estas alturas se estará preguntando el lector qué narices hacía un platónico to-
tal como Gödel en el Círculo de Viena (Gödel tenía plantamientos realistas respecto
a la matemática desde 1925, y acudió a las reuniones del Círculo de Viena entre 1926
y 1928). A todas luces era un infiltrado, un disidente silencioso que jamás reveló sus
opiniones filosóficas. Varios de los miembros del Círculo hablarían de él, posterior-
mente, en términos similares a los que hace Fiegl: «un hombre aplicado, de lo más
sencillo y diligente, pero con una mente a todas luces genial». Karl Menger (hijo
de Carl Menger, el ilustre economista, padre de la Escuela Austríaca), que acudía
habitualmente a las reuniones del Círculo, refiere: «Jamás oí a Gödel hablar en esas
reuniones ni intervenir en los debates; pero manifestaba su interés mediante leves
movimientos de cabeza que indicaban conformidad, escepticismo o discrepancia».
Resaltemos la discrepancia fundamental del logicismo del Círculo de Viena con
el platonismo de Gödel: para Gödel las proposiciones matemáticas son descriptivas,
no así empíricas; la concepción de las matemáticas como «carente de sentido» le era
inaceptable. Gödel no entro a debatir dialécticamente con los logicistas, más bien
entró, directamente, a ganar; los teoremas de Incompletitud, consideraba, eran una
réplica casi definitiva. Así lo expresa en una carta que iba a enviar al lógico chino
Hao Wang (tuvieron una rica correspondencia) en 1971, pero que se quedó en el
cajón:
Si bien es verdad que el interés en el fundamento de las matemáticas me lo
despertó el «Círculo de Viena», las consecuencias filosóficas de mis resultados,
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 24
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
así como los principios heurísticos que me condujeron a ellos, son todo menos
positivistas o empiristas. (...)
Soy un realista conceptual y matemático desde 1925 más o menos. Jamás he
sostenido que las matemáticas sean una sintaxis. Al contrario: es precisamente
esa idea, concebida en un sentido razonable, la que mis resultados rebaten.
Por último, queremos tratar el logicismo del filósofo Ludwig Wittgenstein.
Wittgenstein dejó la carrera de ingeniería aeronáutica para estudiar con Russell
en Inglaterra, con quien mantendría una intensa relación profesional. Russell ad-
miraba a Wittgenstein, a quien describió como «...tal vez el ejemplo más logrado
que yo haya conocido de lo que tradicionalmente se tiene por un genio: apasionado,
profundo, intenso y dominante». En una carta a su amante Ottoline Morrell expresa
que Wittgenstein, que por entonces aún era estudiante, llegaba a exasperarlo y le
hacía dudar de todo:
Estábamos los dos sulfurados. Le he mostrado una parte crucial de lo que
estaba escribiendo y me ha dicho que era un error de cabo a rabo, que no
tenía en cuenta las complicaciones que conllevaba; que él ha puesto a prueba
mis tesis y ha visto que no valen. Yo no acertaba a entender sus objeciones
-apenas podía hablar de lo acalorado que estaba-, pero me ha dado el pálpito
de que tenía razón, de que se me había pasado por alto alguna cosa. Si yo
también pudiese ver de qué se trata, no me importaría, pero la situación, tal
y como está, me preocupa, y ya no me causa ningún placer escribir. Lo único
que puedo hacer es seguir adelante con lo que veo, pero me da la sensación
de que seguramente todo está equivocado y de que Wittgenstein va a pensar
que soy un bribón embustero por seguir en mis trece.
El logicismo de Wittgenstein se encuentra en su única obra publicada en vida, el
Tractatus logico-philosophicus (1921), terminado de escribir en las trincheras de la
Primera Guerra Mundial, que fue prologado (con poco éxito para Wittgenstein) por
Russell. Como el lector quizás sepa, al tratar su pensamiento se habla del primer
Wittgenstein, el del Tractatus, y el segundo Wittgenstein, el de las Investigaciones
filosóficas, pues sus posiciones filosóficas cambiaron radicalmente en un momento
de su vida. Pues bien, Wittgenstein I era casi una deidad, un verdadero ídolo al
que invocar para zanjar cualquier discusión, en el Círculo de Viena (al que nunca
quiso acudir y a muchos de cuyos miembros despreció). Los positivistas lógicos inter-
pretaron el Tractatus como la definitiva y pulida codificación de sus pensamientos.
Wittgenstein I defendía, efectivamente, que las verdades lógicas son tautologías:
6.1 Las proposiciones de la lógica son tautologías ([35] Wittgenstein, 1921,
126)
6.11 Las proposiciones de la lógica, pues, no dicen nada. (Son las proposiciones
analíticas). [126]
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 25
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Aquí vemos que el logicismo puro de Wittgenstein se separa de las ideas del
Círculo de Viena:
5.61 La lógica llena el mundo; los límites del mundo son también sus límites.
No podemos, por consiguiente, decir en lógica: en el mundo hay esto, y esto,
aquello no. En efecto, esto presupondría, aparentemente, que excluimos ciertas
posibilidades; y ello no puede ser el caso, porque, de otro modo, la lógica
tendría que rebasar los límites del mundo: si es que, efectivamente, pudiera
contemplar tales límites también desde el otro lado. Lo que no podemos pensar
no lo podemos pensar; así pues, tampoco podemos decir lo que no podemos
pensar. ([35] Wittgenstein, 1921, 123)
6.113 Que a la sola luz del símbolo pueda reconocerse que son verdaderas, es
característica peculiar de las proposiciones lógicas, y este hecho encierra en sí
toda la filosofía de la lógica. Y del mismo modo, que no pueda reconocerse
en la sola proposición la verdad o flasedad de las proposiciones no lógicas, es
también uno de los hecho más importantes. (127)
6.124 Las proposiciones lógicas describen el armazón del mundo o, más bien,
lo representan. No «tratan» de nada. Presuponen que los nombres tienen
significado, y las proposiciones elementales sentido; y ésta es su conexión con
el mundo. Está claro que algo tiene que indicar sobre el mundo el hecho
de que ciertas conexiones de símbolos -que tienen esencialmente un carácter
determinado- sean tautologías. Aquí radica lo decisivo. Decíamos que hay
algo de arbitrario en los símbolos que usamos y algo hay que no lo es. En la
lógica sólo ésto se expresa: Pero quiere decir que en la lógica no expresamos
nosotros lo que queremos con ayuda de los signos, sino que en la lógica es la
propia naturaleza de los signos naturalmente necesarios lo que se expresa. Si
conocemos la sintaxis lógica de un lenguaje sígnico cualquiera, entonces ya
están dadas todas las proposiciones de la lógica. (131-132)
6.2321 Y que las proposiciones de la matemática puedan ser probadas no
quiere decir otra cosa sino que su corrección puede ser percibida sin necesidad
de que lo que expresan sea ello mismo comparado, en orden a su corrección,
con los hechos. (135)
En contra de Russell, no considera la Matemática como una parte de La Lógica,
sino como un método suyo:
6.2 La matemática es un método lógico. Las proposiciones de la matemática
son ecuaciones, es decir, pseudo-proposiciones. ([35] Wittgenstein, 1921, 134)
Wittgenstein jamás fue un positivista lógico. Según el propio Wittgenstein, la
parte más importante del Tractatus no es lo escrito, sino lo no escrito: lo que él llama
lo ético o lo místico. Para un positivista lógico, fuera de los límites de lo decible no
hay absolutamente nada. Pero para Wittgenstein está aquello «de lo que no se puede
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 26
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
hablar». Esta es, podríamos decir, la incompletitud wittgensteniana, muy distinta a
la de Gödel (pero en ello coinciden contra el positivismo lógico: de alguna manera,
el hombre no es la medida de todas las cosas). Lo místico es inexpresable:
6.522 Lo inexpresable, ciertamente, existe. Se muestra, es lo místico. ([35]
Wittgenstein, 1921, 144)
6.53. El método correcto de la filosofía sería propieamente éste: no decir nada
más que lo que se puede decir, o sea, proposiciones de la ciencia natural -o sea,
algo que nada tiene que ver con la filosofía-, y entonces, cuantas veces alguien
quisiera decir algo metafísico, probarle que en sus proposiciones no había
dado significado a ciertos signos. Este método le resultaría insatisfactorio -no
tendría el sentimiento de que le enseñábamos filosofía-, pero sería el único
estrictamente correcto. (144-145)
Dejamos este tema aquí, no sin antes escribir la célebre última proposición del
Tractatus:
7. De lo que no se puede hablar hay que callar. ([35] Wittgenstein, 1921, 145)
3. Para analizar los problemas del logicismo, plantearemos las críticas a los Prin-
cipia y a Wittgenstein.
Primero, aunque, formalmente, los Principia son correctos, la Teoría de Tipos de
Russell y Whitehead parece sacada de la chistera. No se ofrece ninguna explicación
de por qué algunos conjuntos están permitidos y otros no. Además, se parte de
unos axiomas que han sido cuestionados. En concreto el axioma de reducibilidad en
el cálculo de funciones proposicionales. Por función proposicional consideran toda
expresión que contenga una variable x tal que, cuando x tome un valor determinado,
se convierta en una proposición. El axioma, entonces, dice así: cualquier función
proposicional (sea del Tipo que sea), es equivalente, extensionalmente, a alguna
función proposicional de un Tipo inferior. Salta a la vista que está postulado, ad
hoc, para evitar las paradojas. Así lo reconoce Rusell:
No veo ninguna razón para creer que el axioma de reducibilidad sea lógica-
mente necesario, que es lo que significaría decir que es cierto en todos los
mundos posibles. La admisión de este axioma en un sistema lógico es, por
tanto, un defecto ... una suposición dudosa. ([33] 1920, 155)
Y en su «Introducción» de 1927 a la segunda edición de Principia Mathematica:
Un punto en el que la mejora es obviamente deseable es el axioma de reducibi-
lidad (* 12.1.11). Este axioma tiene una justificación puramente pragmática:
conduce a los resultados deseados y no a otros. Pero claramente no es el tipo
de axioma con el que podemos quedarnos satisfechos.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 27
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Los matemáticos no lo aceptaron generalmente, y preferían trabajar con la Teoría
de Conjuntos de Zermelo. En este sentido, otro axioma dudoso era el axioma de
infinitud, que postulaba que «si n es un número cardinal inductivo cualquiera, existe
por lo menos una clase de individuos que tiene n elementos». La controversia surge
porque, en el sistema de Principia, sin este axioma es imposible definir un número.
Su única manera de justificarlo fue suponer que en el mundo hay infinitos objetos:
si sólo hubiera n cosas en el mundo, la clase de todas las (n + 1)-uplas sería vacía,
y no podrían definir el número n + 1. Hermann Weyl expresaba sin ironía que los
Principia ponían a prueba nuestra fe apenas algo menos que los primeros Padres de
la Iglesia.
Para Gödel ([18] Gödel, 1944a, 314) los Principia eran «[el único sistema donde]
se hizo uso completo del nuevo método [, la lógica formal iniciada por Frege,] para
derivar gran parte de las matemáticas a partir de muy pocos axiomas y conceptos
lógicos». Pero a continuación expresa una crítica a los mismos:
Es una lástima que esta primera presentación amplia y detallada de una lógica
matemática y la derivación de las matemáticas a partir de ella ostente una falta
de precisión formal tan grande en sus fundamentos (en *1-*21 de Principia)
que represente un paso atrás en comparación con Frege. Lo que falta, ante
todo, es una presentación exacta de la sintaxis del formalismo. Se omiten las
consideraciones sintácticas incluso en casos en que resultan esenciales para
la corrección de las deducciones, en particular en conexión con los «signos
incompletos».
Segundo, en cuanto a Wittgenstein, son los teoremas de Gödel los que constituyen
la prueba de fuego. La mera posibilidad de una demostración como la de Gödel era
inadmisible en el sistema de Wittgenstein, incluso en Wittgenstein II. No se puede
hablar fuera de un sistema fomral, ¡es imposible! Expresaba que «no hay cálculo que
pueda decidir un problema filosófico. Un cálculo no puede aportarnos información
sobre los fundamentos de las matemáticas».
Recordemos el temperamento y la confianza de Wittgenstein en su sistema. En
la introducción al Tractatus llega a decir que:
La verdad de los pensamientos aquí comunicados me parece, en cambio, intoca-
ble y definitiva. Soy, pues, de la opinión de haber solucionado definitivamente,
en lo esencial, los problemas. ([35] Wittgenstein, 1921, 57)
No nos sorprende pues, que, al contrario que otros filósofos cuyas ideas también
eran puestas en cuestión por los teoremas de incompletitud, como Hilbert, el vienés
no aceptara los resultados de Gödel. Llegó a calificarlos de «logishe Kuntstücke»
(«truquitos lógicos») y a decir que su labor «no es hablar de la demostración de
Gödel, sino soslayarla». Para el filósofo todo lo que es conocimiento es formaliza-
ble, incluido el método lógico de la matemática. Para Gödel el conocimiento era
expresable, pero no en nuestros sistemas.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 28
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Como último comentario, tal y como indica Javier de Lorenzo ([6] De Lorenzo,
1979, p. 17), la gödelización del sistema de la artimética que Gödel lleva a cabo
en su demostración supone una identificación entre el sistema formal y la propia
aritmética, haciéndolas equivalentes. De esta manera, frente a las aspiraciones del
logicismo, la Lógica no es base para la Aritmética.
1.1.3. Intuicionismo
1. En 1984 se publica la última versión del diccionario soviético de filosofía en
español, editado por Iván T. Frolov y traducido del ruso por O. Razinkov. Echemos
un vistazo a la definición de intuicionismo matemático:
Orientación en los fundamentos filosóficos de las matemáticas (lo mismo que el
logicismo, el formalismo y el efectivismo), que surgió a comienzos del siglo 20
con motivo de la polémica en torno a sus bases teóricas. Según el intuicionis-
mo, el pensamiento matemático exacto se asienta en la intuición racional, que
incluye el proceso de la estructuración mental de todos los objetos matemáti-
cos. De acuerdo con el intuicionismo, mediante tal intuición se crean todas las
matemáticas, por lo cual los objetos matemáticos no existen al margen de las
especulaciones mentales. Para evitar paradojas, la demostración matemática
no debe basarse en la rigurosidad lógica, sino en la evidencia intuitiva: es verí-
dica a condición de que se comprenda intuitivamente cada uno de sus grados,
comenzando por las premisas de partida y las reglas de razonamiento. Así
pues, en definitiva, la intuición debe juzgar también acerca de la aplicabilidad
en las demostraciones de unas u otras leyes y reglas lógicas. Sin embargo, el
intuicionismo, a diferencia del intuitivismo, no opone la intuición a la lógica.
Sólo considera que las matemáticas no pueden basarse en la lógica y desa-
rrolla su comprensión de la lógica como parte de las matemáticas, enfocando
los teoremas lógicos como teorías matemáticas de generalidad máxima. ([16]
1984, 234)
En este sentido, la respuesta a: ¿cuál es el estatus ontológico de los objetos ma-
temáticos? Es: el mismo que el de La Cenicienta, en el sentido de que son construc-
ciones mentales, basadas en la lógica, pero nada más. No hay una sustantivización
de la lógica.
El núcleo del intuicionismo es, pues, que todo objeto matemático es producto
de la mente humana. De esta concepción surge su concepto de verdad matemática,
a saber, que la validez (o no) de un objeto matemático depende de la posibilidad
(o no) de construirlo. La sencillez de estos enunciados esconde consecuencias más
que relevantes: por lo pronto, la prueba por reducción al absurdo queda descartada
como método válido de demostración, pues la negación de la falsedad de un objeto
matemático no significa que sea posible construirlo. En otras palabras, la Ley del
tercero excluido aristotélica, por la cual cualquier proposición, o se da, o no se da
(A∨¬A), no se acepta. Por esto se considera al intuicionismo una corriente particular
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 29
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
dentro del constructivismo matemático. La diferencia es la concepción subjetiva del
primero, por la cual las matemáticas surgen de la intuición, y son por lo tanto previas
a la lógica y al mismo lenguaje. Para explicar esto tendremos que volver a Kant,
que influyó notablemente en el matemático constructivista más representativo, el
holandés L.E.J. Brouwer.
El axioma de elección que asumían las aplaudidas tesis de Zermelo se ve como
una locura de cabo a rabo. Intuitivamente, desde luego, da lugar a locuras de gran
calibre, como la Paradoja de Banach-Tarski. Como señala Mariano Martínez-Pérez
([24] 1991, 337), estamos ante el milagro de los panes y los peces.
Los matemáticos intuicionistan tampoco aceptan los conjuntos no numerables,
tan sólo los numerables (intuidos en el tiempo, como veremos). Leopold Kroenecker,
otro de los precursores del intuicionismo, exclamaba que «Dios hizo los naturales;
el resto es obra del hombre».
2. En la Crítica del juicio ([21] 1790) Kant se ocupa de la Aritmética y la Geome-
tría. La Geometría, dice, se ocupa de conocer las propiedades del espacio, formulando
juicios sintéticos a priori. Es decir, los juicios geométricos son una forma a priori
de la sensibilidad, pues se refieren al espacio que captamos inevitablemente para
toda experiencia (son universales); y son sintéticos porque su conocimiento amplía
nuestro conocimiento de la realidad. Ahora bien, los conceptos geométricos no los
captamos por negación de su contradicción (algo necesario, pero no suficiente), sino
por su efectiva construcción:
El que un concepto semejante se halle libre de toda contradicción, es una
condición lógica necesaria. Pero ello no basta, ni de lejos, en relación con
la realidad objetiva del concepto, es decir, como la posibilidad de un objeto
pensado a través del concepto. Así, el concepto de una figura encerrada entre
dos rectas no implica contradicción alguna, ya que los conceptos de dos rectas
y su cruce no implica la negación de ninguna figura. La posibilidad no descansa
en el concepto como tal, sino en la construcción de tal figura en el espacio, es
decir, en las condiciones del espacio y de la determinación de este. (268)
Notemos las cadenas euclídeas que, a finales del siglo XVIII, ataban inevita-
blemente a Kant. Es el espacio euclídeo, y no otro, el que captamos; en términos
kantianos, las formas a priori del espacio son las del espacio euclídeo, luego los juicios
sintéticos a priori espaciales, esto es, los jucios geométricos, sólo pueden ser relativos
al espacio euclídeo: no existe ninguna otra geometría. Como dice Carlos M. Madrid
Casado ([23] Madrid Casado, 2009), la matemática se libró del yugo kantiano el 10
de junio de 1854, cuando Riemann leyó su discurso de entrada en la Universidad de
Gotinga.
En cuanto a la Aritmética, ¿cuál es nuestra intuición a priori? Kant responde que
es el tiempo. En este caso se trata de una forma a priori de la sensibilidad interna, no
externa como el espacio; es decir, no proviene de un sustrato empírico. Los números
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 30
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
(el contar) son el primer juicio aritmético, intuido en el paso del tiempo: 0, 1, 2, 3, ...
De nuevo, los juicios aritméticos son sintéticos a priori; sintéticos, pues, en palabras
de Kant, «El concepto de 12 no está todavía pensado en modo alguno al pensar yo
simplemente dicha unión de 7 y 5»; a priori porque, como el espacio, el tiempo es
universal y condición de la posibilidad de toda experiencia.
Tras las geometrías no euclideanas el movimiento intuicionista se acogió al aprio-
rismo del tiempo kantiano, abandonando el espacial; se denomina neointuicionismo,
aquí es donde se enmarca el programa de Brouwer.
Las ideas kantianas calaron en Henri Poincaré, aunque con rectificaciones funda-
mentales. Para el genial matemático francés no es posible reducir las matemáticas
a lógica formal. Las siguientes ideas las expone en Ciencia e Hipótesis ([31] 1902).
Poincaré toma la distinción kantiana de las pruebas matemáticas entre pruebas ana-
líticas y sintéticas. Las primeras consisten en una mera verificación mecánica. En
cambio en las segundas necesitamos razonamientos por recurrencia. ¿Puede un ra-
zonamiento de este tipo (por ejemplo, el Principio de Inducción) ser analítico? La
respuesta de Poincaré es negativa. En estos razonamientos tratamos, en el fondo,
con infinitos silogismos, y es imposible probar infinitos silogismos en un número
finito de pasos formales: «Un jugador de ajedrez puede hacer combinaciones para
cuatro o cinco movimientos futuros; pero, no obstante cuán extraordinario jugador
sea, no puede prepararse para más de un número finito de movimientos. Si aplica
sus facultades a la aritmética, no podría concebir sus verdades generales solamente
a partir de la intuición directa; para probar incluso el teorema más pequeño, debe
usar el razonamiento por recurrencia, porque ese es el único instrumento que nos
permite pasar de lo finito a lo infinito». Poincaré creía firmamente en la intuición
como motor esencial de las matemáticas. En estas bonitas reflexiones (tanto como
para ponerlas in extenso) queda patente:
Si asistís a una partida de ajedrez, para comprenderla no os bastará saber las
reglas del movimiento de las piezas. Esto os permitirá solamente reconocer
que cada jugada ha sido hecha conforme a estas reglas, y esta ventaja tendrá
verdaderamente muy poco valor. Es, sin embargo, lo que haría un lector de
un libro de matemáticas, si no fuera más que lógico. Comprender la partida
es enteramente otra cosa; es saber por qué el jugador avanza tal pieza más
bien que tal otra que habría podido mover sin violar las reglas del juego. Es
advertir la razón íntima que hace de esta serie de jugadas sucesivas una especie
de todo organizado. Con mayor razón, esta facultad es necesaria al jugador
mismo, es decir, al inventor.
(. . . ) Por ejemplo, veamos lo que ha ocurrido con la idea de función conti-
nua. Al principio no era más que una imagen sensible, por ejemplo, la de
un trazo continuo descrito con tiza en un pizarrón. Después se ha depurado
poco a poco; pronto se ha utilizado para construir un complicado sistema de
desigualdades, que reproduciría, por decirlo así, todas las líneas de la imagen
primitiva; cuando esta construcción estuvo terminada, se ha descimbrado, por
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 31
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
decirlo así, se ha desechado esta representación grosera que momentáneamen-
te le había servido de apoyo y que sería inútil en adelante; no ha quedado más
que la construcción misma, irreprochable ante los ojos del lógico. Sin embargo,
si la imagen primitiva hubiera desaparecido totalmente de nuestro recuerdo,
¿cómo adivinaríamos por qué capricho se han dispuesto estas desigualdades
de esa manera, unas sobre otras?
(. . . ) Así es como las antiguas nociones intuitivas de nuestros antepasados, aun
cuando las hayamos abandonado, todavía imprimen su forma a los andamiajes
lógicos que hemos colocado en su lugar.
Esta vista de conjunto es necesaria al inventor; es necesaria igualmente a aquél
que quiere realmente comprender al inventor. ¿Puede dárnosla la lógica?
No, el nombre que le dan los matemáticos bastaría para probarlo. En mate-
máticas, la lógica se llama análisis, y análisis significa división, disección. No
puede tener, pues, otra herramienta que el escalpelo y el microscopio.
De este modo, la lógica y la intuición tienen cada una un papel necesario.
Ambas son indispensables. La lógica, que puede dar por sí misma la certeza,
es el instrumento de la demostración; la intuición es el instrumento de la
invención.
Brouwer llevará a cabo, influido por Kant y Poincaré, un ambicioso programa:
quiere reconstruir efectivamente la Matemática desde la perspectiva intuicionista.
En 1918 publicó Fundamentación de la Teoría de Conjuntos independientemente del
principio del Tercio Excluso. Brouwer era un genial topólogo, un gran matemático, y
comenzó a ganar influencia. Por ello Hilbert llegó a expulsarlo del consejo de redac-
ción de los famosos Mathematische Annalen en 1929. Se granjeó grandes discípulos
como Hermann Weyl y Arend Heyting, que continuaron el programa intuicionista.
En 1918 Weyl publica El continuo, una fundamentación del Análisis desde bases
intuicionistas. Heyting se ocupó del Álgebra y de la Aritmética, desarrollando los
conocidos como álgebra de Heyting y aritmética de Heyting, que eran, respectiva-
mente, una axiomatización intuicionista del álgebra de Boole y de la Aritmética.
Los intuicionistas también plantearon una Teoría de Conjuntos y una Lógica. La
Teoría de Conjuntos, desarrollada sobre todo por Brouwer, se denominó Teoría de
Especies. Las especies son los conjuntos de los intuicionistas, con la gran diferencia
de que no es aceptable considerar una colección infinita de números, al menos en
acto. En cuanto a la Lógica Intuicionista, rechazando la demostración por reducción
al absurdo y el principio del Tercero Excluido, se basan en modelos resolutivos de
Kolmogorov.
3. Como comentábamos en la Introducción, antes del descubrimiento de las geo-
metrías no euclídeas, la piedra angular de las matemáticas, en sentido amplio, era la
geometría griega. Pues bien, punto a favor del intuicionismo, la matemática griega
era, en principio y en ejercicio, más o menos intuicionista. Detengámonos un mo-
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 32
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
mento, por curiosidad, en esta cuestión; en concreto en los Elementos de Euclides
4
.
Según la doctrina peripatética, el infinito, si bien existe, sólo lo hace en potencia,
jamás en acto. Por ejemplo, el conjunto de los números naturales, como totalidad,
no existe para Aristóteles, pero se admite que si tengo un número finito n, siempre
existe uno más grande, sin límite (aquí tenemos el infinito en potencia, pero no
llegamos a tenerlo en acto).
Es apasionante observar cómo en los Elementos, Euclides mide con un cuidado
milimétrico sus definiciones para no invocar al infinito en acto, respetando las tesis
de El Filósofo. Consideremos una recta. Desde los institutos aprendemos que las
rectas no acaban. [El hecho de] no acabar está [incluido] en [el concepto de] recta:
estamos invocando el infinito en acto. Suspenso aristotélico. ¿Cómo define recta
Euclides? En la definición 3 del libro primero establece que «los límites de una línea
son puntos». ¡Está definiendo un segmento!
Veamos qué ocurre con el V postulado de Euclídes, el Postulado de las paralelas.
Quizás el lector sospeche que este postulado reza lo siguiente: Por un punto exterior
a una recta se puede trazar, a lo sumo, una recta paralela. Pues bien, no es así, y
la diferencia es fundamental. En este enunciado, en el término paralelas, estamos
asumiendo el infinito en acto. Magistralmente (no es casualidad, por descontado)
Euclides se expresa de la siguiente manera:
Postulado V Si una recta secante corta a dos rectas formando a un lado
ángulos interiores, la suma de los cuales sea menor que dos ángulos rectos;
las dos rectas, suficientemente alargadas, se cortarán en el mismo lado. ([11]
Euclides III aC)
Al asegurar que las rectas se cortarán, se evita el infinito en acto. En el fondo lo
que ha evitado aquí Euclides es lo que no puede dejar de definir (parece que lo atrasa
lo máximo posible, pues es la última definición del libro primero) posteriormente: la
noción de rectas paralelas. He aquí:
EI Definición 23 Rectas paralelas son aquellas que, estando en un mismo
plano y siendo prolongadas indefinidamente en ambos sentidos, no se encuen-
tran una a otra en ninguno de ellos. ([11] Euclides III aC)
Es la única definición que, inevitablemente, asume el infinito en acto. Para com-
probar que no se cortan es necesario prolongarlas infinitamente. No es la única vez
que Euclides no puede evitarlo: las proposiciones 12 y 22 del libro primero también
asumen el infinito en acto.
4
Véase ([30] Pla i Carrera, 2012) para un análisis similar de Arquímides y Proclo.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 33
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Por otro lado, aunque la mayoría de demostraciones en los Elementos son cons-
tructivas, hay un número sustancial de proposiciones y teoremas probados por Re-
ductio ad absurdum, por ejemplo las proposiciones 6, 31 y 20 de los libros primero,
séptimo y noveno respectivamente.
Cerramos ya este paréntesis euclidiano y volvemos al tema que nos ocupa.
Como decíamos, la matemática de los griegos era esencialmente intuicionista.
Sin embargo la irrupción de las geometrías no euclideanas era un revés importante.
Desde entonces es claro el hecho del distanciamiento brutal entre los planteamien-
tos intuicionistas y el hacer matemático cotidiano. Por eso la crítica a la intuición
matemática suelen dirigirse en torno a las construcciones complejas a las que se
ha llegado en la matemática avanzada: ¿alguien ha tenido una intuición espacial, o
celestial, de la bola de Banach-Tarski (efectivamente construida)? 5
En la Matemática moderna lo no intuitivo era el pan de cada día. Hahn utilizaba
este argumento y comentaba: «Because intuition turned out to be deceptive in so
many instances, and because propositions that had been accounted true by intuition
were repeatedly proved false by logic, mathematicians became more and more sceptical
of the validity of intuition» («Puesto que la intuición resultó ser decepcionante en
tantos casos, y debido a que las proposiciones que la intuición había considerado
verdaderas fueron repetidamente probadas como falsas por la lógica, los matemáticos
se volvieron cada vez más escépticos sobre la validez de la intuición»). Y esto es
importante pues, en principio, según esta visión, la intuición debe acompañarnos en
todo nuestro hacer matemático. Es decir, no sirve intuir, de alguna manera, “lo más
básico”, y dedicarnos a extraer conclusiones no intuitivas.
El Análisis de Weyl destruye el Análisis, básicamente. El estricto constructivismo
le impide llegar al continuo: si consideramos la construcción de R con sucesiones de
Cauchy en Q, el problema con el que se topa Weyl es que no puede considerar
todas las posibles sucesiones de Cauchy de Q, sino sólo las que puede construir, que
son una cantidad numerable. Brouwer, en un intento de llegar al continuo, acabaría
aceptando poder considerar todas las sucesiones posibles de Cauchy en potencia,
o sea, que las sucesiones, más que sucesiones, son objetos que, por poder, pueden
continuarse indefinidamente, por así decirlo. Hilbert no daba crédito, no entendía
que un gran matemático como Brouwer aceptara destruir el Análisis por no dar
validez el Principio del Tercio Excluso.
La Aritmética de Heyting tuvo algo más de éxito. En 1933 Gödel probó que
para toda fórmula F demostrable en la Aritmética de Peano existe una fórmula
equivalente G demostrable en la Aritmética de Heyting. Tampoco es para tirar
cohetes: G es una fórmula de la lógica clásica, quizás no sea válida en la Lógica
intuicionista. Además ocurre lo siguiente ([17] George & Velleman, 2002, 122): es
5
En realidad este argumento podría rechazarse arguyendo que la construcción depende crítica-
mente del axioma de elección, que no es intuitivo. El error vendría de asumir un axioma así.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 34
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
posible que la demostración de F utilice reducción al absurdo. Aún así sabemos
que existe una fórmula equivalente G en la Aritmética de Heyting. Pero puede que
todavía no se conozca una demostracón constructiva de G, en cuyo caso G aún no
es verdadera, ni falsa, para el matemático intuicionista.
Pero lo que late en el fondo del intuicionismo es la gran pregunta filosófica: ¿po-
demos fiarnos de nuestra intuición? ¿Y por qué? Está claro que siempre, siempre,
no. La intuición no es una facultad fija e inmóvil, sino que depende de nuestros co-
nocimientos del mundo, de nuestra experiencia acumulada y de nuestras reflexiones
sobre ella. Un ejemplo es la teoría de la relatividad especial, donde la no simulta-
neidad, la dilatación del tiempo o el carácter absoluto de la velocidad de la luz se
nos revelan extraños y antiintuitivos. A pesar ello se han corroborado por cientos
de experimentos, y son aceptados desde hace décadas por la comunidad científica.
Como dicen Alan Sokal y Jean Bricmont ([34] Sokal & Bricmont, 1999), «no existe
ninguna contradicción entre las predicciones de la relatividad y nuestra experiencia
cotidiana, sino que, una vez más, la contradicción se da entre la relatividad y una
extrapolación errónea de nuestra experiencia de cada día». Actualmente las para-
dojas relacionadas con la relatividad especial no son generalmente conocidas, pero
con el paso del tiempo se van asentando más y más en nuestro conocimiento a pesar
de su antiintuitividad, pues el contacto de la sociedad con ellas, sobre todo en los
colegios, se va generalizando (si bien es cierto que seguimos sin tener «experiencias
relativistas», y su carácter antiintuitivo se mantiene y se mantendrá).
Por último, comentar que el carácter constuctivo de las demostraciones que Gödel
da de sus teoremas hace que sean admitidas por los matemáticos intuicionistas. En
general, salvo más o menos estrafalarias excepciones, como Wittgenstein, todos los
lógicos y matemáticos las aceptan.
1.1.4. Formalismo
1. ¿Cuál es la diferencia entre las matemáticas y el ajedrez? Respuesta formalista:
esencialmente, ninguna. La posición formalista plantea que las matemáticos son, por
así decirlo, un juego. La Matemática es un sistema de signos sin sentido alguno para
los cuales se definen ciertas reglas de manipulación válidas: los conceptos pasan
a ser los signos; sus ideas a ser hileras de signos; el razonamiento y la deducción
a la manipulación combinatoria y la deducción formal. Es decir, trabajamos con
lenguajes formales. Recordando las palabras de Poincaré, vemos que las posiciones
del formalismo y el intuicionismo son opuestas.
Una teoría matemática consistirá en lo siguiente: Partimos de ciertas relaciones
de símbolos básicas dadas por válidas llamadas axiomas y, a través de las reglas
válidas de deducción (lógica de primer orden), obtenemos nuevas relaciones de sím-
bolos, los teoremas. Hacer matemátcas es deducir. Ahora bien, para que esto tenga
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 35
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
sentido6 debemos garantizar las siguientes propiedades: (1) que de los axiomas no
se puedan deducir contradicciones (teoría consistente); (2) que de los axiomas se
puedan deducir todas las proposiciones verdaderas (teoría completa). Debemos ser
cuidadosos: no hemos dicho todos los teoremas. La completitud se refiere a si todos
las proposiciones verdaderas pueden derivarse de los axiomas; esto es, si todas las
proposiciones verdaderas son teoremas (o, si se quiere, teoremas formales).
Además parece necesario asumir que sólo serán válidos los procesos finitistas,
esto es, que el número de pasos lógicos de una demostración sea finito.
2. El formalismo en matemáticas va inevitablemente asociado a dos cosas, y casi
se podría decir que en relación causa-efecto: David Hilbert y los teoremas de Gödel.
Pero empecemos por el principio:
El primer sistema axiomático fue el que presenta Euclides en los Elementos,
como ya hemos comentado. Por muy genial que era los matemáticos fueron descu-
briendo fallas en el mismo. En 1733 Jerónimo Saccheri, negando el axioma de las
paralelas, desarrolló los primeros teoremas de le geometría no euclídea. Sin embar-
go, como ya dijimos, acabó por no aceptar su propio trabajo. Dedekind encontró
incongruencias debido a la falta de un axioma de continuidad en los Elementos: un
plano sin los puntos con coordenadas irracionales sigue siendo euclidiano, pero no
tiene por qué ocurrir que dos circunferencias que pasan cada una por el centro de
la otra se corten. Posteriormente, a finales del siglo XIX, llega el descubrimiento
de la geometría hiperbólica, que supone un terremoto en la fundamentación de la
Matemática. La tabla de salvación de la Geometría la presenta David Hilbert en
1899, publicando los famosos Grundlagen der Geometrie ([20] Fundamentos de la
geometría), un trabajo genuinamente formalista (no hay definiciones constructivas)
donde axiomatiza la geometría sobre una base conjuntista (a la manera de Peano).
El programa formalista quedaba claro en la Introducción:
Para su consecuente construcción, la Geometría, lo mismo que la Aritmética,
solamente necesita unas pocas y sencillas proposiciones elementales.
Estas proposiciones elementales se llaman axiomas de la Geometría. El poner
de manifiesto los axiomas de la Geometría y el averiguar sus conexiones es
un problema que se discute desde los tiempo de Euclides en numerosos y
excelentes tratados de la literatura matemática. El problema se reduce al
análisis lógico de nuestras intuiciones espaciales.
La presente investigación es un nuevo ensayo para construir la Geometría
sobre un sistema completo de axiomas, lo más sencilo posible, deduciendo de
él los más importantes teoremas, de tal manera que en ese proceso aparezcan
6
Pretendemos que un sistema formal refleje perfectamente una teoría definida semánticamente
(esto es, todas las sentencias verdaderas de un modelo determinado). Por ejemplo, buscamos una
aritmética formal que refleje la aritmética natural, que, como toda teoría definida semánticamente,
es completa y consistente. Es preciso entonces asegurar la completitud y la consistencia del sistema
formal.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 36
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
con la máxima claridad la interpretación de los distintos grupos de axiomas
y el alcance de las consecuencias que aisladamente se derivan de cada uno de
ellos. (1)
Reflexionemos un momento sobre la frase «...deduciendo de él los más importan-
tes teoremas, de tal manera que en ese proceso aparezcan con la máxima claridad
la interpretación de los distintos grupos de axiomas». Creemos captar las ideas de
Hilbert en torno a los conceptos de consistencia y verdad en matemáticas. Ahonda-
remos en el tema; y para ello recurriremos al debate que mantuvo con Frege, que
quedó plasmado en una correspondencia que es oro puro. Las cuestiones son: ¿Qué
axiomas son válidos? ¿Qué otorga validez a los axiomas? Y antes de nada debemos
explicar cómo se comprueba la no contradicción de los mismos.
El método general para comporbar la no contradicción de unos axiomas, esto
es, la consistencia interna de un sistema, es encontrar un «modelo» (el teorema de
Henkin nos asegura que una teoría de primer orden es consistente si, y sólo si, tiene
un modelo) donde se pueda evaluar la veracidad de esas afirmaciones abstractas. De
esta manera estamos trasladando un problema «metamatemático», la consistencia
de un sistema, al sistema, a las matemáticas. Pongamos un ejemplo que tomamos
de ([27] Nagel & Newman, 1958, 13-14):
Consideremos las clases K y L carcaterizadas por los siguientes axiomas:
1. Dos miembros cualesquiera de K se hallan contenidos en un solo miembro de
L.
2. Ningún miembro de K se halla contenido en más de dos miembros de L.
3. No todos los miembros de K se hallan contenidos en un único miembro de L.
4. Dos miembros cualesquiera de L contienen a un solo miembro de K.
5. Ningún miembro de L contiene a más de dos miembros de K.
De estos postuldos podemos deducir teoremas. Por ejemplo, resulta que K sólo
contiene tres miembros. Para comprobar la consistencia introducimos el siguiente
modelo:
Sea K la clase cuyos elementos son los vértices de un triángulo, y L la clase de
las líneas que froman los lados del mismo. Cuando decimos «un miembro de K está
contenido en un miembro de L» nos referimos a que un punto que es un vértice está
contenido en los lados del triangulo de los cuales es vértice.
Y resulta que en este modelo geométrico (hemos trasladado un problema meta-
matemático a la geometría) los cinco postulados son verdaderos, y por tanto consis-
tentes:
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 37
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Figura 1.1.1 Un modelo para los postulados 1-5 es un triángulo.
1. Dos vértices están contenidos en un sólo lado del triángulo.
2. Ningún vértice está contenido en más de dos lados.
3. No todos los vértices están en un sólo lado.
4. Dos lados cualesquiera del triángulo contienen a un único vértice.
5. Ningún lado contiene a más de dos vértices.
Sin embargo, la realidad no suele ser tan sencilla. La geometría riemanniana,
por ejemplo, puede interpretarse en un modelo euclidiano, considerando «esfera» en
lugar de «plano» y «arcos de máxima longitud» en lugar de «rectas». ¿Queda pro-
bada con esto la consistencia de la geometría riemanniana? No, sólo se ha pospuesto
el problema: la consistencia de la geometría riemanniana depende de la consistencia
de la geometría euclidiana. Esto es lo que se conoce como prueba relativa de con-
sistencia. Por contra, una prueba absoluta de consistencia es aquella en la que la
consistencia queda probada sin necesidad de exigir la consistencia de otro sistema.
Además este método contiene otro problema espinoso: en los modelos donde
interpretamos los axiomas puede ser necesario considerar un número infinito de ele-
mentos. Es imposible entonces comprobar totalmente los axiomas, pues tendríamos
que hacer infinitas observaciones. Si tuviésemos un modelo finito, como el triángulo
del ejemplo, entonces no hay ningún problema, pues podemos examinar todos los
vértices y lados para ver que todos los elementos del modelo verifican los axiomas,
y así poder asegurar su veracidad. Pero generalmente los axiomas de las distin-
tas ramas de la Matemática requieren modelos infinitos. Consideremos por ejemplo
el axioma aritmético por el cual, para todo número entero dado, siempre existe un
inmediato sucesor. Es eviente que necesitamos un modelo infinito para comprobarlo.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 38
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Volvamos a los Grundlagen. La axiomatización de la Geometría que plantea
Hilbert no contiene una demostración absoluta de consistencia, sino una demostra-
ción relativa. Hilbert recurre a un modelo algebraico, en particular a la geometría
cartesiana. Los axiomas de Euclides son verdades en este modelo. Por ejemplo, el
teorema geométrico de que una línea corta a un círculo en dos puntos como máximo
se convierte un teorema algebraico que consiste en un sistema de dos ecuaciones con
dos incógnitas, cuya solución son dos pares de números reales a lo sumo. Hemos
trasladado el problema de consistencia de la Geometría al de la consistencia del
álgebra:
Conforme con esta exigencia, he demostrado en los Fundamentos de la geo-
metría la no-contradicción de los axiomas propuestos haciendo ver que toda
contradicción que se deriva lógicamente de axiomas geométricos debía necesa-
riamente manifestarse también en la aritmética del conjunto de los números
reales. ([20] 1917, 133)
Que, a su vez, se reduce a la consistencia de los números enteros:
Asimismo, el problema de la no-contradicción de un sistema de axiomas para
los números reales se puede referir a un problema que contempla los números
enteros. Es mérito de Weierstrass y de Dedekind el haberlo mostrado en su
teoría de los números irracionales. (133)
Y la consistencia de los número naturales, si queremos evitar una regresión in-
finita, nos lleva a la consistencia del que Hilbert consideraba «el paraíso» de los
matemáticos: la teoría de conjuntos. Y parece que llegamos a un callejón sin salida:
El axioma de los números enteros y las bases de la teoría de conjuntos cons-
tituyen, sin embargo, casos únicos de excepción. El camino que conduciría a
un dominio científico más específico que el suyo parecería inaccesible, porque
fuera de la lógica no existe ninguna disciplina a la cual apelar como últi-
mo recurso. No obstante, como el deber de establecer la no-contradicción es
ineluctable, es necesario, me parece, axiomatizar la lógica y probar que tanto
la teoría de números como la de conjuntos son sólo partes de la lógica. (133)
Como solución Hilbert propone su Teoría de la Demostración. Como dijimos,
una prueba absoluta de consistencia es aquella en la que la consistencia es proba-
da sin necesidad de exigir la consistencia de otro sistema. Añadimos ahora que es
necesario también que no precisemos de un número infinito de de propiedades y/o
operaciones. Se definen ciertos símbolos, se dan las reglas válidas para manipularlos;
el número de manipulaciones debe ser finito; se llega así a fórmulas, que a su vez
estarán conectadas por un número finito de relaciones. Es lo que entendemos por
procedimientos finitistas. Con ello, y manteniendo la idea de demostrar las cuestio-
nes «metamatemáticas» a través de la matemática, debemos llegar a una prueba
de que no podemos obtener fórmulas contradictorias a partir de los axiomas. Von
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 39
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Neumann, defensor también del formalismo, describía así el programa de Hilbert en
«Die formalistische Grundlegung der Mathematik» («Los fundamentos formalistas
de las matemáticas», 1930): tenemos ciertas fórmulas no ambigüas y caracteriza-
das de modo finitista que damos por ciertas, los axiomas; ahora, si probamos A y
probamos A → B, entonces hemos probado B. Esto es la Matemática.
Ahora que queda claro la cuestión de la consistencia de los axiomas, pasamos a
la pregunta sobre qué da realmente validez a los mismos. Podemos tomar, a gros-
so modo, una de estas posiciones: (1) Si los axiomas son verdaderos, entonces no
se contradicen; (2) Si los axiomas no se contradicen, entonces son verdaderos. La
primera es la posición de Frege, la segunda es la de Hilbert.
El 27 de diciembre de 1899, tras leer los Grundlagen, Frege escribe una carta a
Hilbert en la que dice lo siguiente:
A mi entender esto [el hecho de establecer que los axiomas establecen la defini-
ción de los signos que involucran] borra la línea divisoria entre las definiciones
y los axiomas de una forma dudosa, y junto al antiguo significado de la palabra
“axioma” que emerge en la proposición de que los axiomas expresan hechos
fundamentales de la intuición, emerge otro significado que no comprendo su-
ficientemente bien. ([15] Frege 2, 35-36)
Nótese el logicismo de Frege, al considerar los axiomas como proposiciones in-
tuidas, en contraposición al formalismo, donde los axiomas son simples hileras de
signos que, pudiendo ser verdad o no, al ser carentes de significado, no pueden jamás
intuirse. Para Hilbert la no-contradicción es criterio de verdad y existencia. Contesta
lo siguiente:
Usted escribe: «Denomino axiomas a las proposiciones que son verdaderas
pero que no se han demostrado, porque nuestro conocimiento de ellas surge
de una fuente distinta de la lógica, una fuente que podría llamarse intuición
espacial. De la verdad de los axiomas se sigue que no se contradicen entre sí».
Encuentro muy interesante leer esta frase de su carta, ya que por lo que a mi
se refiere, siempre que he pensado, escrito y dado clases o conferencias sobre
estos temas, he dicho justo lo contrario: Si los axiomas dados arbitrariamente
no se contradicen entre sí con todas sus consecuencias, entonces son verdaderos
([15] Frege 2, 37)
No debemos enclasar a Frege en un intuicionismo ingenuo. En esta declaración
que escribe en «Die Grundlagen der Arithmetik» («Los fundamentos de la Aritmé-
tica», [15] 1884) vemos su compromiso con grantizar la consistencia de los sistemas
axiomáticos:
Pues bien, entonces lo que debemos hacer en primer lugar es probar que estos
otros postulados nuestros no contienen contradicción. Hasta que no hayamos
hecho esto, todo el rigor, por mucho que nos esforcemos, será música celestial.
(121)
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 40
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Frege era bien consciente de que la intuición era engañosa. La verdad intuitiva
de los axiomas, bien que es previa al sistema axiomático, debe refrendarse con un
modelo. La validez en el modelo implica la consistencia:
La única forma que conozco [de establecer la consistencia de un sistema] es
ésta: para ver que un objeto cumple todas esas propiedades, es preciso ofrecer
un caso en el cual tales requerimientos se satisfagan. ([15] Frege 2, 43)
Como anticipábamos en la Introducción, nos enfrentamos a cuestiones que se
encuentran simultánemente, como si dijéramos, entre la Matemática (ciencia) y la
Filosofía de las Matemáticas (filosofía). Creemos entreverlo en Hilbert en las siguien-
tes palabras:
Este logro, sin embargo, requiere todavía de un trabajo nuevo y múltiple. En
efecto, una reflexión más profunda muestra pronto que el problema de la no-
contradicción en los conjuntos y en los números enteros no se limita a ellos
mismos, sino que se relaciona con un vasto dominio de preguntas difíciles que
competen a la teoría del conocimiento aunque tengan un carácter netamente
matemático. Para caracterizar brevemente este conjunto de preguntas, me li-
mitaré a una simple enumeración. Un problema matemático, ¿supone siempre
una solución? Pregunta capital a la que se relaciona subsidiariamente la si-
guiente: el resultado de una investigación matemática ¿es siempre controlable?
En el mismo orden de ideas, ¿qué se entiende por criterio de simplicidad de las
pruebas matemáticas? ¿Cómo definir en la matemática y en la lógica la rela-
ción entre contenido y forma? Finalmente, ¿en qué consiste la determinación
de un problema matemático por medio de un número finito de operaciones?
La axiomatización de la lógica sólo podrá satisfacemos enteramente cuando
todas las preguntas de esta naturaleza sean resueltas y su relación aclarada.
([20] 1917, 133-134)
Decíamos que el sistema axiomático de Hilbert para la Geometría se había cons-
truido sobre base conjuntista “a la manera de Peano”. Y esque la primera axio-
matización moderna (tras los trabajos de Frege, claro, pero aquí nos centramos
ya en el programa formalista) no son los «Grundlagen», sino los «Grundlagen der
Arithmetik» (1889) de Giuseppe Peano, donde el famoso matemático italiano había
axiomatizado la Aritmética. Posteriormente, en 1897, refinaba su teoría presentando
los célebres Axiomas de Peano. La consistencia de su teoría descansaba en la consis-
tencia de la teoría de conjuntos. En sus obras, Peano propone (y emplea) una nueva
simbología lógica más manejable que la de Frege. Ésta se expandió rápidamente
entre los matemáticos y, con aportaciones de Whitehead y Russell en Principia, se
convirtió en el lenguaje común de la Lógica Matemática. Hilbert es en este sentido
heredero de Peano.
En 1904, el alemán Ernst Zermelo prueba el teorema del buen orden postulando
el axioma de elección, pero para fundamentar completamente su trabajo se hacía pa-
tente la necesidad de una axiomatización de la teoría de conjuntos. Él mismo abre
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 41
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
el melón publicando un sistema axiomático en 1908, a pesar de no haber podido
probar la consistencia. Posteriormente su compatriota Adolf Fraenkel completa la
teoría (la consistencia sigue sin ser probada), dando lugar a los axiomas de Zermelo-
Fraenkel (ZF). Con esta axiomatización se evitaban las paradojas de autorreferencia,
como la paradoja de Cantor o la de Russell. En concreto gracias al axioma de regu-
laridad (también llamado de fundamentación), que impide que un conjunto pueda
pertenecerse a sí mismo:
Axioma de regularidad Si X es un conjunto no vacío (X ̸= ∅), existe un
x ∈ X tal que x ∩ X = ∅.
Este axioma impide que haya cadenas infinitas de pertenencias sucesivas o ca-
denas finitas cerradas, como x ∈ x. Por tanto, en la teoría axiomática de conjuntos,
la clase de Russell R = {x : x ∈/ x} coincide con el universo Υ = {x : x = x} de
todos los conjuntos. Así, como R es una clase propia (esto es, una clase que no es
un conjunto, pues no es un elemento de ninguna otra clase), Υ también, y evitamos
así la paradoja de Cantor7 Posteriormente se probó que era independiente del resto
de axiomas de ZF. Entre los axiomas de ZF el que quizás más dudas generaba era
el axioma de elección (AE) heredado de Peano, que dice así:
Axioma de elección Para cada conjunto X existe una función de elección:
una función f : X −→ X tal que, para cada conjunto x ∈ X, con x ̸= ∅,
S
f (x) ∈ x.
Este postulado sólo presenta dificultad para conjuntos infinitos, pues para el
caso finito podemos hacer elecciones explícitas. Los axiomas de Zermelo-Fraenkel,
contando el axioma de elección, son diez, y la teoría se abrevia ZFC («C» de Choice,
de axiom of choice). Actualmente podemos decir que el «universo de la Matemática»
es la teoría ZFC+HGC, donde HGC designa la hipótesis general del continuo, la
generalización de la Hipótesis del continuo conjeturada por Cantor:
Hipótesis del continuo No existe ningún conjunto X cuyo cardinal sea
mayor que el de N y menor que el de R; esto es, que cumpla lo siguiente:
ℵ0 < |X| < 2ℵ0 (1.1.1)
Hipótesis general del continuo Para cualquier conjunto X, no existe nin-
gún conjunto Y cuyo cardina sea mayor que el de X y menor que el de P(X);
esto es, que cumpla lo siguiente:
|X| < |Y | < |P(X)| (1.1.2)
7
La paradoja de Cantor se formula así: el conjunto P(Υ), que está bien defnido, cumple, por
definición de universo Υ, que P(Υ) ⊂ Υ. Pero entonces |P(Υ)| ≤ |Υ|, lo cual contradice el teorema
de Cantor, según el cual, para todo conjunto X, |X| < |P(X)|. La solución está en que el universo
Υ no es un conjunto.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 42
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
Por último debemos remarcar que en la década de 1930 se presentó otra teoría
axiomática conjuntista, la Teoría de Clases y Conjuntos de von Neumann-Bernays-
Gödel. Es una extensión de ZFC. NBG introduce la noción de clase, que es una
colección de conjuntos definidos por una fórmula cuyos cuantificadores se extienden
sólo sobre conjuntos. NBG puede definir clases que son más grandes que los con-
juntos, como la clase de todos los conjuntos y la clase de todos los ordinales. En
cualquier caso ZFC es más popular que NBG, sobre todo debido a que trabajar en
NBG es más laborioso y a que NBG es una extensión conservadora de ZFC.
3. La magna pregunta es: Dios mío, ¿es la teoría de conjuntos consistente y
completa? La respuesta son los teoremas de incompletitud de Gödel: si es consistente,
entonces no es completa y habrá verdades no demostrables; precisamente una de ellas
es la consistencia del sistema. O sea, que no.
Los teoremas de incompletitud impiden que una teoría formal sea a la vez con-
sistente y completa, los dos requisitos del programa formalista de construcción de
la Matemática. En otras palabras, es imposible formalizar completamente la Mate-
mática. Aunque el formalismo fracasó como fundamentación de la Matemática, su
metodología nos acompaña actualmente en última instancia. Destaquemos también
las incursión científica que suponen los teoremas de Gödel en la Filosofía de las Ma-
temáticas. Esto está en concordancia con la concepción de Filosofía que expusimos:
las Ideas filosóficas brotan de los conceptos científicos; y la Filosofía es por tanto,
no tanto la madre de la Ciencia, sino su hija, pues toma como dadas las ciencias
positivas.
Gödel y Paul Cohen probaron que el AE es independiente de los axiomas de
ZF. Esto significa que, si ZF es consistente, entonces ni AE ni su negación pueden
demostrarse formalmente a través de los axiomas de ZF (es una de las sentencias
indecidibles en ZF). En consecuencia, asumir AE o su negación nunca llevará a una
contradicción que no se pudiera obtener sin tal supuesto. Por lo tanto, la decisión de
usar el AE en las demostraciones deberá tomarse al margen de los axiomas de ZF.
Una razón a favor podría ser la simple conveniencia: el hecho de usarlo no provoca
contradicciones y hace posible demostrar algunas proposiciones que de otro modo
no se podrían probar.
Por su parte, la HGC también es independiente de ZF. Es más, es independiente
de ZFC. Sin embargo, ZF + HCG necesariamente implica AE, con lo cual HCG es
estrictamente más fuerte que AE, aunque ambos sean independientes de ZF.
Que la teoría de conjuntos sea incompleta (asumiendo que es consistente, pues
si no, como yo hemos dicho, todo vale 8 ) no implica que todas las teorías lo sean;
depende de la lógica usada.
8
Parafraseando la famosa expresión del filósofo de la ciencia Paul Feyereband: «Todas las me-
todologías tienen sus límites, y la única “regla” que sigue siendo válida es: “Todo vale”» ([14]
Feyereband, 1975, 296). El vienés siempre defendió que la cita no debía interpretarse literalmente.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 43
CAPÍTULO 1. APROXIMACIÓN FILOSÓFICA
La Lógica es el estudio del razonamiento, que se da en el lenguaje. Dependiendo
del mismo, la lógica emergente tendrá unas características u otras. En concreto, las
dos cuestiones a estudiar en un lenguaje formal son: (1) su sintaxis, que caracteriza su
capacidad para efectuar demostraciones, y (2) su semántica, es decir, su concepción
de verdad. ¿Cuál es la relación entre la demostrabilidad y la verdad? ¿Todo lo que
es verdadero es demostrable? ¿Todo lo demostrable es verdadero?
Generalemente un lenguaje formal rico en propiedades expresivas, esto es, capaz
de incluir buena parte de las ramas de la Matemática, tiene propiedades semánticas
(metateóricas) pobres. Por ejemplo, la teoría de conjuntos, que si es consistente, en-
tonces es incompleta; o en general las lógicas de segundo orden, que tienen el poder
expresivo suficiente como para ser afectadas también por los teoremas de Gödel. Y
viceversa, un lenguaje formal con una semántica robusta no puede expresar sintác-
ticamente una buena parte las matemáticas. Por ejemplo, la lógica correspondiente
a los lenguajes formales de primer orden. El teorema de completitud de Gödel es-
tablece que en una lógica de primer orden toda sentencia verdadera es lógicamente
demostrable, pero sólo nos permite cuantificar sobre individuos y no sobre funciones
o relaciones.
En la aproximación formal precisaremos qué teorías formales caen bajo los teo-
remas de incompletitud.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 44
Capítulo 2
Aproximación formal
2.1. Lenguajes formales de primer orden
Por extensión, no nos es viable abarcar con exactitud la teoría de lenguajes de
primer orden, luego vamos a ceñirnos a lo imprescindible para entender la demostra-
ción de Gödel. Para un tratamiento completo véase ([13] Fernández Margarit, 2012).
Este libro, «Lógica Matemática y Teoría de Conjuntos», basado en los detallados
apuntes que el profesor Alejandro Fernández Margarit elaboró durante años, ha sido
fundamental para la redacción de este capítulo. El fantástico libro de Josep Pla i
Carrera, «El Teorema de Gödel. Un análisis de la verdad matemática» ([30] Pla i
Carrera, 2012), publicado por la Real Sociedad Matemática Española en conmemo-
ración del Año Turing en 2012, también ha sido absolutamente imprescindible y ha
constituido la base de este capítulo, sin duda. Mi reconocimiento sincero a estos dos
autores. Si el lector desea repasar lo lógica proposicional, así como una introducción
a la lógica de primer orden, puede consultar el libro clásico de Kolmogórov ([22] Kol-
mogórov & Dragalin), o ([1] Aranda et al., 2000), un manuel universitario orientado
a estudiantes de computación.
2.1.1. Sintaxis
Un lenguaje de primer orden L es un conjunto de ciertos símbolos con ciertas
características. Comunes en todos ellos son los símbolos lógicos, y específicos de cada
lenguaje son los símbolos no lógicos. Dependiendo de ellos, el lenguaje será uno u
otro, y será de más o menos utilidad para describir una teoría matemática.
Definición 2.1.1 (Símbolos). Los símbolos de un lenguaje de primer orden son los
siguientes:
(1) Lógicos:
Variables: v0 , v1 , v2 , ... (x, y, z...)
45
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Predicado binario de igualdad: =
Conectivas lógicas:
¬ , negación
• Proposicionales:
∨ , disyunción
• ∃ , cuantificador existencial
(2) No lógicos:
Constantes: c
Funciones: para cada n > 0, letras funcionales n-arias (f, g, h...)
Predicados: para cada n > 0, letras relacionales n-arias (p, q, r...)
A partir de ahora, al conjunto de las constantes lo llamaremos LC , al de las
funciones LF y al de los predicados LP .
Ejemplo 2.1.2. Veamos algunos ejemlos de lenguajes de primer orden que nos
permiten estudiar distintas teorías (recordemos que basta con dar sus símbolo no
lógicos):
1. Teoría de conjuntos: Lcon = {∈} , con ∈ un predicado binario.
2. Teoría de Grupos: El lenguaje formal para describir una teoría no es único,
y aquí tenemos un ejemplo. Se puede estudiar la teoría de grupos con distintos
lenguajes:
+ , función binaria
LG =
0 , constante (elemento neutro)
+
, función binaria
LG1 = 0 , constante (elemento neutro)
− función 1-aria (opuesto)
LG2 = {p} , con p un predicado 3-ario (grafo de la suma)
+
, función binaria
, función binaria
·
3. Teoría de números (aritmética) : LA = S , función 1-aria (siguiente)
1
0 , constante
< predicado binario
1
Notemos que aún no tiene sentido de hablar de la función binaria + como la ’suma’, o de la
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 46
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Una expresión de un lenguaje de primer orden es una hilera finita de símbolos.
En este sentido, cuando dos hileras s y s’ son exactamente iguales, escribiremos
s ≡ s′ . Podemos distinguir dos expresiones fundamentales: términos y fórmulas.
Definición 2.1.3 (Términos). Describen los elementos básicos del universo de dis-
curso. Definimos el conjunto de términos, Term(L), recursivamente:
Variables
Términos elementales:
Constantes
Términos compuestos: f (t1 , ..., tn ), donde t1 , ..., tn son términos elementales y
f una letra funcional n-aria, con n > 0.
Definición 2.1.4 (Fórmulas). Determinan las propiedades sobre los elementos del
universo de discurso. Definimos el conjunto de fórmulas, Form(L), recursivamente:
Fórmulas atómicas At(L): p(t1 , ..., tn ), donde t1 , ..., tn son términos (elemen-
tales o compuestos) y p es un predicado n-ario, con n > 0.
Fórmulas compuestas: Están formadas por fórmulas atómicas y conectivas ló-
gicas. En concreto2 :
• Si φ es una fórmula, entonces ¬φ es una fórmula.
• Si φ y ψ son fórmulas, entonces φ ∨ ψ es una fórmula.
• Si φ es una fórmula y x una variable, entonces ∃xφ es una fórmula.
Una vez definidos estos conceptos, nos será de utilidad dar un símbolos a ciertas
fórmulas habituales; esto no es sino abreviarlas, es decir, no estamos definiendo
nuevos símbolos no lógicos de los lenguajes de primer orden. En particular, podemos
definir la conjunción ’∧’, el cuantificador universal ’∀’, el condicional material ’→’
y el bicondicional ’↔’:
φ ∧ ψ
¬(¬φ ∨ ¬ψ)
∀xφ
¬∃x¬φ
Escribiremos en lugar de
φ →ψ
¬φ ∨ ψ
φ↔ψ (φ → ψ) ∧ (ψ → φ)
función 1-aria S como la función ’siguiente’. Estas nociones sólo tienen cabida en una interpretación
semántica de los símbolos del lenguaje, en concreto en la interpretación de los números naturales.
Por el momento nos movemos estrictamente en el campo de la sintaxis. Por otra parte, se introducen
los siguientes nuevos símbolos del lenguaje redundantes (son abreviaturas): S(0) = 1, S(S(0)) =
S(1) = 2, ... etc.
2
No necesitamos especificar que partimos de fórmulas atómicas, pues ya hemos indicado que
estamos definiendo de manera recursiva.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 47
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Ejemplo 2.1.5. Veamos algunos ejemplos de términos y fórmulas en distintos len-
guajes de primer orden:
En la teoría de grupos, usando en lenguaje LG, la expresión x + (y + 0) + 0)3
es un término, y la expresión ∀x∃y(x + y = 0) es una fórmula, y quiere decir
todo elemento tiene un inverso.
En teoría de números, la expresión S(S(y)) · z es un término (se utilizan la
función 1-aria S dos veces y posteriormente la función binaria ·), mientras que
la expresión S(0) < z ∧ ∀x∀y(x · y = z → x = S(0) ∨ x = z) es una fórmula,
y significa z es primo.
Para completar la expliación de la sintaxis de un lenguaje formal de primer
orden debemos dar pautas respecto a como tratar las variables, en particular sus
posibilidades de sustitución. Ya hemos comentado que las variables son términos.
Podemos distinguir dos casos esenciales en las estancias de una variable en una
fórmula: las variable ligadas (o mudas) y las variable libres. Intuitivamente, una
variable es libre cuando no es más que una notación en la fórmula, y es sustituible.
Por contra, una variable ligada está especificada, ella como variable, a ciertos valores
o relaciones. Formalmente:
Definición 2.1.6 (Variables libres y ligadas). Diremos que una estancia de la va-
riable x en una fórmula φ es ligada cuando esa estancia de x ocurre en una parte
de la fórmula de la forma ∃xψ 4 . Y si no aparece de esta forma, diremos que es una
estancia libre (así, una variable puede ocurrir libre y ligada en una fórmula).
Una variable es libre (resp. ligada) en una fórmula φ, cuando en ella se da al menos
una estancia libre (resp. ligada) de x.
Definición 2.1.7 (Sentencias). Una fórmula φ es una sentencia si es cerrada, esto
es, si no tiene variables libres.
Denotamos Sent(L) al conjunto de sentencias de L, y Vl(φ) al conjunto de las
variables libres de una fórmula φ. Si queremos indicar que Vl(φ) ⊆ {x1 , ..., xn },
usaremos la notación φ(x1 , ..., xn ).
Para realizar las demostraciones en lógica de primer orden seguiremos la prueba
por innducción de la siguiente manera:
3
Formalmente esta fórmula sería ’¬∃x¬∃y = +xy0’, pero utilizaremos siempre esta escritura
informal que es más intuitiva (ya lo venimos haciendo, pues, por ejemplo, ’p(t1 , ..., tn )’ se escribe
formalmente ’pt1 ...tn ’).
4
En la medida en que el cuantificador universal ∀ no es más que una abreviatura de una expresión
del cuantificador existencial ∃, es claro que una variable que ocurre en una parte de la fórmula de
la forma ∀xψ, también está ligada.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 48
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Para probar que todo término t ∈ L5 tiene una propiedad P, basta con probar
que:
1. Toda variable x tiene la propiedad P.
2. Toda constante c tiene la propiedad P.
3. Si t1 , ..., tn ∈ Term(L), f una letra funcional n-aria, entonces f (t1 , ..., tn )
tiene la propiedad P.
Para probar que todas las fórmulas φ ∈ L tienen la propiedad P, basta con
probar que:
1. Todas las fórmulas atómicas, φ ∈ At(L) tienen la propiedad P.
φ ∨ ψ
2. Si φ y ψ tienen la propiedad P, entonces ∃xφ tiene la propiedad P.
¬φ
Definición 2.1.8. Sean a, b ∈ Term(L) y φ ∈ Form(L). Entonces:
bx [a] es la expresión que se obtiene al sustituir las estancias de x en b por el
término a. Escribiremos habitualmente b(a).
φx [a] es la expresión que se obtiene al sustituir las estancias libres de x en φ
por el término a. Escribiremos habitualmente φ(a).6
Nótese la distinción fundamental: en una fórmula sólo definimos la sustitución
de un término (recordemos, variables, constantes y términos compuestos) en las
estancias libres de la variable correspondiente. Veamos un ejemplo:
Ejemplo 2.1.9. En el lenguaje de la aritmética LA (ejemplo 2.1.2, 3)):
φ es ∃x(S(x) = y) ∨ (S(x) < z), a es y + 0 =⇒ φx(a) es ∃x(S(x) = y) ∨
(S(y + 0) < z)
Proposición 2.1.10. Sean a, b ∈ Term(L) y φ ∈ Form(L). Entonces:
1. b(a) ∈ Term(L).
2. φ(a) ∈ Form(L).
5
Escribo el signo ’∈’ para abreviar la escritura. Es decir, lo uso en el lenguaje natural en el
que escribo. Así debe interpretarse durante todo el texto, al igual que otros signos habituales con
significado conocido, como ’=’ o ’=⇒’, y no confundirse con ningún lenguaje formal concreto. En
tal caso, se especificará el lenguaje que se está usando.
6
De manera similar, unido a un proceso de sustitución sencillo, se define la sustitución de n
términos en las estancias de n variable libres en un término o una fórmula, y se denota b(t1 , ..., tn )
y φ(t1 , ..., tn ) respectivamente.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 49
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Demostración: 1. Si x no ocurre en b, entonces b(a) es b, que es un término.
Supongamos ahora que x tiene alguna estancia en b. Por inducción:
Si b es una variable, entonces, si x ocurre en b, b es x, luego b(a) es a,
que es un término.
Si b no es una variable, entonces existen t1 , ..., tn ∈ Term(L), y una
letra funcional n-aria f tal que b = f (t1 , ..., tn ). Por lo tanto, b(a) =
f (t1 (a), ..., tn (a)). Por el método de inducción, t1 (a), ..., tn (a) ∈ Term(L),
luego por definición b(a) es un término compuesto.
2. Ahora utilizamos el método de inducción sobre φ:
Si φ ∈ At(L), entonces existen t1 , ..., tn ∈ Term(L) y un predica-
do n-ario p tal que φ = p(t1 , ..., tn ). Entonces tenemos que φ(a) =
p(t1 (a), ..., tn (a)). Por el apartado 1) de la demostración, t1 (a), ..., tn (a) ∈
Term(L), luego φ es una fórmula (por definición, φ ∈ At(L)).
Si φ es ψ ∨ θ, entonces φ(a) es ψ(a) ∨ θ(a). Por inducción, ψ(a) y θ(a)
son fórmulas, luego φ(a) también.
Si φ es ¬ψ, entonces φ(a) es ¬ψ(a). Por inducción, ¬ψ(a) es una fórmula,
luego φ(a) también.
φ es ∃zψ. Como x es una estancia libre en ψ, z no es x. Tenemos entonces
que φ(a) es ∃zψ(a). Por la hipótesis de inducción, ψ(a) es una fórmula,
luego ∃zψ(a) también.
Lo que hemos probado es la validez del proceso de sustitución sintácticamente.
Sin embargo nos encontramos con que el encaje semántico en las fórmulas es pro-
blemático. Por ejemplo, si φ es ∃y¬(x = y) y a es y, entonces φx [a] es ∃y¬(y = y).
El contenido semántico de φ es que existen dos elementos distintos, mientras que
la sustitución φ(a) quiere decir que existe un elemento distinto de él mismo. La
contradicción es que, si bien φ es correcta en ciertas situaciones, φ(a) no es válida
nunca.
En el próximo apartado nos ocuparemos ampliamente de la semántica de los
lenguajes de primer orden. Para finalizar ahora, damos unas pautas que limitan el
uso de la sustitución para evitar anomalías como la expuesta.
Definición 2.1.11 (Subfórmula). Sea φ ∈ Form(L). Una expresión u es una sub-
fórmula de φ si u ∈ Form(L) y ocurre en φ. Es decir, existen s′ y s′′ , expresiones
de L, tales que φ ≡ s′ us′′ .
Definición 2.1.12. Una variable libre x es sustituible por un término t en una
fórmula φ si, para cada variable z que ocurre en t, todas las subfórmulas de φ de la
forma ∃zψ no contienen estancias libres de x en φ.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 50
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
2.1.2. Semántica
La semántica de la lógica estudia el concepto de verdad de un lenguaje formal.
Hagamos un pequeño comentario sobre la lógica en el lenguaje natural (este ejemplo
se inspira en el presentado en [[30] Pla i Carrera, 2012]). Para ello pensemos en la
siguiente declaración:
«Esta pared es azul».
Esta frase pertenece al español, un lenguaje natural. Comprobamos que es sin-
tácticamente correca: sujeto, verbo y predicado. Ahora bien, además del análisis
sintáctico debemos dilucidar si es cierta o no, esto es, debemos analizarla semán-
ticamente. Y en ello lo primero en que recalamos es que su veracidad no se puede
establecer taxativamente a pripori: depende. Puede que sea cierta (si, por ejemplo,
me estoy refiriendo a las paredes del dormitorio de Van Gogh), o puede que no (si
me refiero a las paredes blancas de mi habitación). Los distintos escenarios en los
que esto ocurre son, intuitivamente, lo que en lógica se entiende por «interpreta-
ción», o, informalmente, por «modelo»7 . Ahora bien, ¿por qué esta ambigüedad? La
respuesta es sencilla: esta frase no remite a una pared, que necesariamente será azul
o no será; la palabra «pared» no tiene, por sí misma, significado preciso (contenido
semántico). Aunque, por la peculiaridad del lenguaje natural, «pared» remite a una
clase de objetos específicos, intuitivamente podemos entender su significado vacío
asimilándolo a un símbolo de un lenguaje formal.8 Todo esto no elimina su estricta
validez sintáctica (de hecho, nada impide que una expresión sea sintácticamente co-
rrecta aunque sea falsa en todos las interpretaciones o modelos: esto es, básicamente,
una paradoja).
Pasemos al estudio formal de la semántica de un lenguaje formal de primer orden.
Primero, necesitamos de una nueva estructura más allá de la sintaxis, para poder
interpretar los símbolos del lenguaje.
Definición 2.1.13 (Estructura). Sea L un lenguaje formal de primer orden. Una
L-estructura U consiste en:
Conjunto |U| =
̸ ∅ denominado universo o dominio (si no da lugar a cofusión,
escribiremos U).
7
En el apartado 1.1.4 introdujimos un ejemplo de «modelo» para un sistema de axiomas senci-
llos, y vimos que, para esa interpretación, éstos eran verdaderos. Así, hicimos un análisis semántico
para cierta interpretación de los axiomas.
8
En el primer apartado hablábamos del filósofo Ludwig Wittgenstein. En Wittgenstein II en-
contramos una filosofía del lenguaje donde las palabras y las proposiciones adquieren su significado
únicamente en su función y su uso en el lenguaje. La validez de una proposición depende del con-
texto lingüístico al que pertenece, o en la términología de Wittgenstein, del «juego de lenguaje».
Por ejemplo, una exposición matemática, un chiste o la lectura de un cuento a un niño son juegos
de lenguaje. La validez de las proposiciones que se usen en ellos está encorsetada por la(su) función
estructural del(en el) contexto; si se usan fuera de lugar, quedarán sin sentido.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 51
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Para cada símbolo de constante c ∈ Lc , un elemento cU ∈ |U|, que denomina-
remos interpretación de c en U.
c ∈ Lc −→ cU ∈ |U|, interpretación de c en U
Para cada símbolo funcional n-ario f ∈ LF , una aplicación n-aria fU : |U|n −→
|U|, que denominaremos interpretación de f en U.
f ∈ LF −→ fU : |U|n −→ |U|, interpretación de f en U.
Para cada símbolo de predicado n-ario p ∈ LP , un subconjunto pU ∈ |U|n , que
denominaremos interpretación de p en U.
p ∈ LP −→ pU ∈ |U|n , interpretación de p en U.
Interpretación del predicado binario de igualdad =: =U es {(a, a) : a ∈ |U|}.
Así pues, podemos designar una L-estructura U de la siguiente manera:
U = ⟨|U|, {cU : c ∈ LC }, {fU : f ∈ LF }, {pU : p ∈ LP }⟩
Por tanto, la L-estructura fija la interpretación de todos los símbolos del lenguaje
excepto de las variables y de las conectivas lógicas. A continuación, definimos la
interpretación de las variables, para lo cual se requiere el dominio |U|.
Definición 2.1.14 (Interpretación de las variables). Una interpretación de las va-
riables9 en la L-estructura U es una aplicación ω de N en el dominio |U|:
vi , variable −→ ω(i) ∈ |U|, interpretación de vi en U.
Sin entrar en detalle, con esto nos basta para definir los términos del lenguaje
sin dificultad: si es una variable o una constante, su interpretación; si es un término
compuesto, la sustitución de la interpretación de cada término en la interpretación
de la letra funcional.
Definición 2.1.15 (Cardinal de una L-estructura). Sea L un lenguaje formal de
primer orden, y U una L-estructura. Definimos el cardinal de U, card(U), como el
cardinal de su dominio.
9
La interpretación de las variables no es estrictamente necesaria para interpretar por completo
un lenguaje formal de primer orden. La diferencia entre hacerlo o no es la manera de definir la
validez o verdad de las fórmulas. Para un estudio completo de la vía sin interpretar variables, véase
(Fernández Margarit, 2012).
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 52
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Ejemplo 2.1.16. El modelo10 estándar de la aritmética: N . Recordemos que LA =
{0, S, +, ·, <}.
Dominio: |U| = |N | = N ≡ ω = {0, 1, 2, ...}.
Interpretaciones:
• 0 ∈ LAC −→ 0N = 0 ∈ N
• + ∈ LAF −→ +N : N2 −→ N tal que, para cada n, m ∈ N,
n +N m = n + m ∈ N
• S ∈ LAF −→ SN : N −→ N tal que, para cada n ∈ N, SN (n) =
n+1∈N
• · ∈ LAF −→ ·N : N2 −→ N tal que, para cada (n, m) ∈ N2 ,
n ·N m = n · m ∈ N
• <∈ LAP −→ <N ⊂ N2 tal que, <N = {(n, m) ∈ N2 : n < m}
Relajando la notación, podemos escribir:
N = ⟨N, 0, +, s, ·, <⟩
Añadimos, además, una interpretación de las variables: ω : N −→ N / ω(i) = i
Podríamos haber definido una interpretación de las variables diferente, como por
ejemplo, ω(i) = i + 1, o interpretaciones mucho más complejas. Cada una de ellas
acturá diferente sobre las fórmulas. Consideremos la siguiente fórmula de LA:
v1 + v2 = v3
Para la interpretación ω(i) = i (modelo N ), tenemos:
1+2=3
, que es verdadero. Sin embargo, para el modelo N pero cambiando la interpre-
tación de las variables por ω1 (i) = i + 1, nos queda:
2+3=4
, que es falso. Podemos encontrar fórmulas que son verdaderas para toda inter-
pretación posible de las variables, como
v1 + 0 = v1
10
Especificaremos qué L-estructuras son un modelo más adelante.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 53
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Aunque, si cambiásemos la interpretación de la constante 0, por ejemplo, a 0N =
1 ∈ N entonces sería siempre falsa.
Nos preguntamos entonces qué criterio de interpretación debemos seguir para
definir la verdad en una L-estructura. En las siguientes definiciones (que deben
ser completadas con los criterios de verdad de los cuantificadores) precisamos este
concepto.
Definición 2.1.17 (U-satisfacible). Decimos que φ ∈ Form(L) es satisfacible en la
estructura U si, y sólo si, existe una interpretación ω de las variables para la cual φ
es verdadero en U. Lo denotamos U ⊨ φ[ω].
Podríamos establecer un criterio formal para establecer cuándo φ ∈ Sent(L(U)),
una vez interpretadas las variables, es verdadero en U. Efectivamente, por recursión
sobre la longitud de φ ∈ Sent(L(U)), decimos que φ es verdadero en U si, y sólo si
U(t1 ) = U(t2 )11 , si φ es t1 = t2 ,
(U(t1 ), ..., U(tn )) ∈ pU , si φ es p(t1 , ..., tn ),
ψ no es verdadero en U, si φ es ¬ψ,
ψ es verdadero en U o θ es verdadero en U, si φ es ψ ∨ θ,
existe a ∈ U tal que ψx [ca ]12 es verdadero en U, si φ es ∃xψ.
La diferencia clave que debemos comprender es que, una vez interpretadas las
variables, a través del método formal anterior, o a través de las ideas usuales en
ciertas interpretaciones (como podría ser el modelo estándar de la aritmética, donde
podemos decir que 2 + 1 = 10 es «falso», o que 2 + 1 = 3 es «verdadero», etc),
conocemos ya el concepto de «verdad». Es a través de este concepto relativo a la
interpretación que establecemos la U-satisfacibilidad: como aquellas fórmulas que
son verdaderas para una interpretación de las variables.
Definición 2.1.18 (U-verdadera). Decimos que φ ∈ Form(L) es verdadera en U
si, y sólo si, para toda interpretación ω de las variables, φ es verdadero en U. Lo
denotamos U ⊨ φ.
De nuevo, esta definición no es circular. A través de la interpretación de las varia-
bles sí podemos dilucidar la veracidad o falsedad de una fórmula. En consecuencia,
cuando en la segunda parte de la definición decimos «verdadero en U», estamos
tratando con una fórmula cuyas variables ya hemos interpretado, y no debemos
confundirnos con la definición estricta de fórmula U-verdadera.
11
U(t) es la interpretación del término t.
12
A cada a ∈ U podemos asignarle un nuevo símbolo de constante ca llamado «nombre de a».
Al lenguaje L al que añadimos estos nuevos símbolos lo denotamos por L(U).
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 54
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Definición 2.1.19 (Lógicamente verdad). Decimos que φ ∈ Form(L) es verdadera,
o lógicamente verdadera, si, y sólo si, es U-verdadera, U ⊨ φ, para toda L-estructura
U. Lo denotamos ⊨ φ.
Ejemplo 2.1.20. Con N el modelo estándar de la aritmética, detallado en el ejem-
plo 2.1.16:
v1 + 0 = v1 es N -verdadera, pero no es verdadera.
v1 +v2 = v3 es N -satisfacible, pero no es N -verdadera. En particular, N ⊨ φ[ω].
Pero para ω1 (i) = i+1, 2+3=4 es falso, luego N ⊭ φ[ω1 ], y por lo tanto N ⊭ φ.
Para completar la semántica de los lenguajes de primer orden, establecemos el
criterio de verdad de las conectivas lógicas:
Definición 2.1.21. Sea U una L-estructura, y sea φ ∈ Sent(L). Tenemos que:
Si φ es ¬ψ, entonces U⊨φ ⇐⇒ U⊭ψ
Si φ es ψ ∨ θ, entonces U⊨φ ⇐⇒ U⊨ψ ó U⊨θ
El criterio de verdad para los cuantificadores es un poco más laborioso. Intuiti-
vamente, si φ es ∀xψ, entonces U ⊨ φ ⇐⇒ para todo u ∈ U , U ⊨ φ(u).
Sin embargo, debemos dar una explicación más rigurosa en términos de la
interpretación de las variables definida en 2.1.14:
Buscamos establecer el valor de verdad de la sentencia ∀vi φ(vi ). Consideremos
fijada la L-estructura U, y una interpretación de las variables ω, que atribuye
el valor ω(i) ∈ |U| a la variable vi . Dado que debemos establecer la verdad de
φ(vi ) para todo vi , necesitamos atribuirle todos los valores posibles de vi . No
nos basta, pues, con la interpretación ω, sino que precisamos de sus variantes
ωiu , definidas de la siguiente manera:
ω(j) , sij ̸= i
ωiu (j) =
u , sij = i
Por tanto, para el índice i correspondiente a la variable vi , fijo, tomamos todos
los valores u ∈ |U|, esto es, recurrimos a todas las interpretaciones posibles ωiu
cuando u recorre el dominio |U|. De esta manera las otras variables no se ven
alteradas (vj , con j ̸= i, se interpretará ωiu (j) = ω(j), como siempre). En
consecuencia:
U ⊨ ∀vi φ(vi ) ⇐⇒ U ⊨ φ(vi )[ωiu ], ∀u ∈ U
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 55
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Esto es: ∀vi φ(vi ) es verdadero en la L-estructura U si, y sólo si, dando a la
variable vi todos los valores u de U, dejando fijos los valores de las otras va-
riables, φ(u) es verdadero en U. Y vemos que esto es, efectivamente, lo que
intuitivamente habíamos expresado como criterio de verdad para el cuantifi-
cador universal.
Explicitamos también el criterio de verdad del cuantificador existencial: ∃vi φ(vi )
es verdadero en la L-estructura U si, y sólo si, dando a la variable vi un valor
u de U, dejando fijos los valores de las otras variables, φ(u) es verdadero en U.
Ejemplo 2.1.22. Veamos tres ejemplos para que quede claro el criterio de verdad
de los cuantificadores:
1. N ⊨ ∀v1 ∃v2 (v2 = S(v1 )). Damos un valor cualquiera n ∈ N a v1 ; entonces,
como s(n) = n + 1 ∈ N, dando a la variable v2 el valor n + 1, tenemos que
∀v1 ∃v2 (v2 = S(v1 )) es verdadera en N .
2. N ⊨ ∀v1 ∀v2 ∃v3 (v1 + v2 = v3 ). Damos a v1 y a v2 valores cualesquiera n, m ∈ N.
Si damos a la variable v3 el valor m+n = p ∈ N, que existe, pues es el resultado
de la operación suma +N (m, n) = m + n, entonces ∀v1 ∀v2 ∃v3 (v1 + v2 = v3 es
verdadero en N .
3. N ⊭ ∃v1 ∀v2 (v1 = S(v2 )). No nos es posible interpretar v1 de ninguna manera
tal que, para cualquier interpretación n ∈ N de v2 , sea cierto que esa inter-
pretación es igual a s(n), pues si es igual a s(n1 ), entonces no lo es a s(n2 ), si
n1 ̸= n2 . En resumen, no existe ningún elemento de N tal que sea el siguiente
de todos los elementos de N.
2.2. Teorías formales de primer orden
Vamos a introducir el concepto de valoración de verdad, que va a sustituir
a las estructuras, para así poder asignar un valor de verdad, que será 0 o 1, a las
fórmulas.
Definición 2.2.1 (Funciones de validez). Definimos dos funciones de validez:
H¬ : {0, 1} −→ {0, 1} es la aplicación definida por:
1 , si a=0
H¬ (a) =
0 , si a=1.
H∨ : {0, 1}2 −→ {0, 1} es la aplicación definida por:
0 , si a=b=0
H∨ (a, b) =
1 , en caso contrario.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 56
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Definición 2.2.2 (Valoración de verdad). Diremos que una aplicación σ : Form(L) −→
{0, 1} es una valoración de verdad del lenguaje L si, para toda φ ∈ Form(L):
σ(¬φ) = H¬ (σ(φ)),
σ(φ ∨ ψ) = H∨ (σ(φ), σ(ψ)).
Y es sencillo probar la siguiente proposición que relaciona la veracidad en una
L-estructura con la valoración de verdad.
Proposición 2.2.3. Sea U una L-estructura. Existe una valoración de verdad de
L, σU , tal que para toda φ ∈ Sent(L),
σU (φ) = 1 ⇐⇒ U ⊨ φ
A continuación establecemos los conceptos necesarios para definir una teoría, a
saber, los axiomas y las reglas de inferencia.
2.2.1. Axiomas Lógicos y Reglas de Inferencia
Los axiomas lógicos son los axiomas comunes a todos los lenguajes de primer
orden. Posteriormente veremos que cada teoría tiene sus propios axiomas no lógicos.
Definición 2.2.4 (Tautología). Diremos que φ ∈ Form(L) es una tautología si,
para toda valoración de verdad σ, σ(φ) = 1.
Definición 2.2.5 (Axiomas Lógicos). Sea L un lenguaje de primer orden. Los axio-
mas lógicos de L son:
1. Axiomas proposicionales: Las tautologías son los axiomas proposicionales.
2. Axiomas predicativos: Sean φ, ψ ∈ Form(L), t ∈ Term(L).
Ax. de clase 1: ∀x(ψ → φ) → (ψ → ∀xφ), si x ∈
/ Vl(ψ).
Ax. de clase 2 o de sustitución: φx [t] → ∃xφ 13
.
3. Axioma de identidad: Para cualquier variable x, x = x.
4. Axiomas de igualdad:
x1 = y1 ∧ ... ∧ xn = yn → f (x1 , ..., xn ) = f (y1 , ..., yn )
x1 = y1 ∧ ... ∧ xn = yn → (p(x1 , ..., xn ) = p(y1 , ..., yn ))
13
x es sustituible por t en φ. Otra forma de verlo: ∀φ(x) → φ(t), si x ∈
/ Vl(t).
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 57
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Entre los axiomas proposicionales encontramos los axiomas de la lógica de orden
cero, también llamada lógica proposicional. En particular, se heredan los siguientes
tres axiomas que es conveniente explicitar:
Sean φ, ψ.γ ∈ Forml(L).
1. Ax. prop. 1: φ → (γ → φ)
2. Ax. prop. 2: (φ → (γ → ψ)) → ((φ → γ) → (φ → ψ))
3. Ax. prop. 3: (¬φ → ¬γ) → ((¬φ → γ) → φ)
Por otra parte, un axioma de igualdad que también conviene escribir es el si-
guiente:
Ax. igualdad: ∀x∀y(x = y → (φ(x) → φ(y))
Es decir, que siempre podemos cambiar una variable por otra que sea igual que
ella.
Teorema 2.2.6. Los axiomas lógicos de un lenguaje de primer orden L son fórmulas
lógicamente válidas.
Demostración: Vamos a probarlo para los axiomas proposicionales. Sea U una L-
estructura y ψ(x1 , ..., xn ) una tautología. Veamos que U ⊨ ψ. Para ello, tomemos
a1 , ...an ∈ |U|, interpretaciones cualesquiera de las variables, y veamos que U ⊨
ψ(a1 , ..., an ).
Probemos primero que si φ es una tautología, entonces φx [t] es una tautología.
Si no lo fuera, entonces existiría una valorción de verdad σ tal que σ(φx [t]) = 0. No
es difícil ver que la aplicación σx,t definida por σx,t (φ) = σ(φx [t]) es también una
valoración de verdad. En tal caso, tenemos que σx,t (φ) = σ(φx [t]) = 0, luego tendría-
mos que φ no es una tautología, lo cual es una contradicción. Visto que si φ es una
tautología, entonces φx [t] es una tautología, tenemos por hipótesis que ψ(a1 , ..., an )
es una tautología. Entonces para la valoración de verdad σU , σU (ψ(a1 , ..., an )) = 1,
luego por la proposición 2.2.3, U ⊨ ψ.
Definición 2.2.7 (Reglas de inferencia). La lógica de primer orden tiene dos reglas
de inferencia. La primera es el Modus Ponens, que se hereda de la lógica proposicio-
nal. La segunda es la regla de Introducción del cuantificador existencial, caracterís-
tica de la lógica de primer orden.
φ, φ → ψ
1. Modus Ponens (MP):
ψ
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 58
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
φ→ψ
2. Introducción del cuantificador existencial (R∃): , si x ∈
/ Vl(ψ)14 .
∃xφ → ψ
Teorema 2.2.8. Si las hipótesis de una regla de inferencia son U-verdaderas, en-
tonces también lo es la conclusión.
2.2.2. Teorías y pruebas
Recogemos todos los conceptos expresados anteriormente para poder definir con
rigor una teoría formal de primer orden.
Definición 2.2.9 (Teoría). Una teoría de primer orden, T, consta de:
1. Un lenguaje de primer orden, L(T).
2. Axiomas:
Axiomas lógicos (definición 2.2.5).
Axiomas no lógicos: Ax(T) ⊂ Form(L(T))(≡ Form(T)).
3. Reglas de inferencia: MP y R∃ (definición 2.2.7).
Ejemplo 2.2.10. En ejemplos anteriores ya hemos tratado el lenguaje de la arit-
mética, LA = {0; +, ×, S; =}, y el modelo estándar N = ⟨N, 0, +, s, ·, <⟩. A conti-
nuación damos los axiomas no lógicos, con lo que ya tenemos definida la artimética
de Peano de primer orden, que a partir de ahora denominaremos teoría P. Esta es
la teoría formal con la que trabaja Gödel.
Ax(P) = {P1 , P2 , P3 , P4 , P5 , P6 , P7 , P8 }
P1: ∀x(0 ̸= S(x)).
P2: ∀x∀y(S(x) = S(y) → x = y).
P3: ∀x∀y(x = y → S(x) = S(y)).
P4: ∀x(0 + x = x).
P5: ∀x∀y(x + S(y) = S(x + y)).
P6: ∀x(0 · x = 0).
P7: ∀x∀y(x · S(y) = (x · y) + x).
14
O, en términos del cuantificador universal, tendríamos la regla de Generalización universal R∀,
φ
, si x ∈
/ Vl(φ).
∀xφ
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 59
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
P8: ∀φ(x) ∈ Form(P), φ(0) ∧ ∀x(φ(x) → φ(S(x))) −→ ∀xφ(x).
El octavo axioma es el axioma de inducción. En esta formulación de la aritmé-
tica de Peano podemos entender bien el término «primer orden» para las teorías
que estamos manejando. En la formulación original, Peano escribía el axioma de
inducción en relación a un subconjunto de N: para K ⊆ N, si 1 ∈ K y n ∈ K,
entonces n + 1 ∈ K. Y es que Peano da por sentada la existencia del conjunto de
los números naturales. Sin embargo, en lógica de primer orden solamente podemos
cuantificar sobre los «objetos» descritos por el lenguaje formal (de primer orden),
en el caso de LA, los números naturales, y no sobre colecciones de los mismos, o sea,
sobre conjuntos de números naturales (que serían variables de «segundo orden»). Al
escribir el axioma en lógica de primer orden necesitamos establecer una infinidad de
hipótesis, una para cada fórmula de P con una variable libre. Además la formulación
de primer orden es más débil que la original de Peano (véase [30], p. 171, para una
explicación detallada).
Definición 2.2.11 (Demostración). Una T-demostración (una demostración en la
teoría T) es una sucesión finita de fórmulas de L(T), φ1 , φ2 , ...φn tal que, ∀i ∈
{1, 2, ..., n}, φi cumple una de las siguientes condiciones
Es un axioma, lógico o no lógico, de T.
Se obtiene a partir de φj , φk , k, j < i, por MP, donde φj es φk → φi .
Se obtiene aplicando la regla del cuantificador existencial R∃ a φj , j < i, que
es ψ → θ, donde φi es ∃xψ → θ, y donde x no es libre en θ.
Definición 2.2.12 (Teorema). Diremos que φ ∈ Form(T) es un teorema de la
teoría T, T ⊢ φ, si existe una demostración φ1 , φ2 , ...φn en T tal que φn es φ.
En este sentido es claro que, una demostración L(T), φ1 , φ2 , ...φn , ∀i ∈ {1, 2, ..., n},
φi debe cumplir, o bien una de las condiciones de la definición 2.2.11, o bien ser un
teorema.
Definición 2.2.13 (Modelo). Una L(T)-estructura U es un modelo de la teoría T,
U ⊨ T, si todo φ ∈ Ax(T) es U-verdadero, o sea, U ⊨ φ. Lo indicaremos también
como U ∈ Mod(T), la clase de modelos de T, o como UT .
Podríamos redefinir esto de la siguiente manera: Una L(T)-estructura U es un
modelo de φ ∈ Sent(T) si φ es U-verdadera. Así, una L(T)-estructura U es un
modelo de la teoría T si es un modelo de todo φ ∈ Ax(T), o equivalentemente, si
es un modelo de toda φ ∈ Sent(T).
Definición 2.2.14 (Validez, Verdad). φ ∈ Form(T) es válida en la teoría T, T ⊨ φ,
si para todo modelo U (U ⊨ T), φ es U-verdadera (U ⊨ φ).
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 60
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Una vez que hemos definido los conceptos fundamentales de las teorías formales,
pasamos a definir las propiedades sobre los sistemas formales que Hilbert se había
planteado, y que entran en el ámbito de la metalógica: la consistencia, la completitud
y la decibilidad.
Definición 2.2.15 (Decibilidad). Una teoría formal de primer orden T es decidi-
ble si el conjunto de sus teoremas es recursivo. Es decir, existe un algoritmo que
determina para toda fórmula si es un teorema o no.
Definición 2.2.16 (Consistencia). Una teoría formal de primer orden T es consis-
tente si no existe una fórmula φ tal que T ⊢ φ y T ⊢ ¬φ.
Podemos dar varias definiciones equivalentes para una teoría consistente, como
podemos ver en el siguiente teorema.
Teorema 2.2.17. Sea T una teoría. Son equivalentes:
1. T es inconsistente.
2. Para toda fórmula φ de L(T), T ⊢ φ.
3. T ⊢ x ̸= x.
Demostración: Es trivial, excepto la implicación 1) → 2) 15 . Sea ϕ ∈ Form(L(T))
tal que T ⊢ ϕ y T ⊢ ¬ϕ. Veamos que para toda fórmula φ, T ⊢ φ:
ϕ Teorema.
¬ϕ Teorema.
(¬φ → ϕ) → ((¬φ → ¬ϕ) → φ) Ax. Prop. 3.
¬φ → ϕ Teorema.
(¬φ → ¬ϕ) → φ MP 4 y 3.
¬φ → ¬ϕ Teorema.
φ MP 6 y 5.
En las líneas 4 y 6 tenemos que son teoremas sin más que aplicar el Ax. Prop. 1.
Definición 2.2.18 (Completitud). Una teoría consistente T es completa si ∀φ ∈
Sent(L(T)), se tiene que, o bien T ⊢ φ, o bien T ⊢ ¬φ.
Para la definición de teoría completa nos hemos restringido a las fórmulas cerra-
das del lenguaje de la teoría por la siguiente razón. Supongamos que tenemos una
teoría consistente y completa, y consideremos la fórmula (no cerrada) x = y. Del
15
Habitualmente se define la inconsistencia de una teoría como aquella en la que toda fórmula
es un teorema.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 61
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
teorema 2.2.17 obtenemos el corolario de que si T ⊢ x ̸= y entonces T es incon-
sistente sin más que aplicar la regla de sustitución para teoremas 16 a T ⊢ x ̸= x.
Pero, como T es consistente, entonces tenemos que T ⊢ x = y. Como veremos en el
teorema de completitud (nada nos impediría definir esta parte con antelación a esta
definición), esto implica que φ es verdadera en T (T ⊨ φ), por lo que es verdadera
para todo modelo (U ⊨ T) de T: U ⊨ x = y. Pero esto implica que card(U) = 1
(recordemos que esto es, por definición, el cardinal del dominio). En consecuencia,
si en la definición de completitud de una teoría no nos restringimos a las sentencias,
entonces los modelos de una teoría completa solamente tendrían un elemento.
2.3. Metateoremas relativos a los modelos y a la
verdad
Nos planteamos ya en esta sección el verdadero problema en torno al teorema de
Gödel; a saber, la relación entre la verdad (semántica) y la demostración (formal,
sintáctica) en las teorías formales de primer orden.
2.3.1. Las colecciones de sentencias «verdaderas»
Hemos definido el concepto de verdad relativo a: 1) una L-estructura U en la
definición 2.1.18, 2) de forma similar, a una L-estructura U que es un modelo de una
teoría T (U ∈ Mod(T), UT ), 3) todos los modelos Mod(T) en la definición 2.2.14, y
4) todas las L-estructuras U en la definición 2.1.19. Ahora bien, notemos que, fijada
una L-estructura, al carecer de variables libres, las sentencias φ ∈ Sent(L) siempre
son verdaderas o falsas, y no queda lugar a la ambigüedad. De esta forma podemos
escribir las siguientes cuatro clases de sentencias que definen los cuatro conceptos
de verdad:
1. V(U) = {φ ∈ Sent(L) : U ⊨ φ},
2. V(UT ) = {φ ∈ Sent(L) : UT ⊨ φ},
3. V(Mod(T)) = {φ ∈ Sent(L) : UT ⊨ φ, ∀UT } = {σ ∈ Sent(L) : T ⊨ φ},
4. V = {V(U) : U es una L-estructura } = {φ ∈ Sent(L) : ⊨ φ}.
T
16
Aunque no lo hemos explicitado, de las reglas de inferencia definidas para fórmulas se deducen
las mismas ideas para teoremas. R∀: si T ⊢ φ → ψ y x ∈ / Vl(φ), entonces T ⊢ φ → ∀xψ.
Regla de generalización: si T ⊢ φ, entonces T ⊢ ∀xφ. Regla de sustitución: Si T ⊢ φ, entonces
T ⊢ φx1 ,...,xn [t1 ...tn ].
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 62
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Estableciendo estas colecciones de sentencias podemos indagar si cumplen o no
las tesis exigidas por el programa de Hilbert. Es decir, nos preguntamos por su
completitud y consistencia 17 .
Tratemos primero las propiedades metamatemáticas de la colección de sentencias
verdaderas en la L-estructura U, V(U) = {φ ∈ Sent(L) : U ⊨ φ}.
Completitud de V(U): Por el carácter peculiar de las sentencias, el no conte-
ner variables libres, es obvio que, o bien φ ∈ Sent(L) es U-verdadera (U ⊨ φ),
esto es, es verdadera para toda interpretación de las variables, o bien hay una
interpretación ω para la que φ es falsa. Esto último implica que U ̸⊨ φ, luego
U ⊨ ¬φ.
Consistencia de V(U): Es obvio, pues para una sentencia no es posible que
se den a la vez U ⊨ φ y U ⊨ ¬φ, pues si una es cierta, la otra es falsa.
Queda claro entonces que el programa de Hilbert se cumple para las colecciones
de sentencias verdaderas en una L-estructura (en particular en un modelo). Si V(UT )
coincidiese con el conjunto de los teoremas de T, el programa de Hilbert se cumpliría,
pues toda verdad sería demostrable, y todo teorema sería verdadero en el modelo,
y además la axiomatización sería consistente. Sin embargo, no conocemos por el
momento ninguna relación entre V(UT ) y los toeremas de T.
Analicemos a continuación la colección de sentencias V(Mod(T)):
Completitud de V(Mod(T)): Es claro que para cada UT ∈ Mod(T),
V(Mod(T)) ⊆ V(UT ). Es pues una colección de sentencias menor que la ante-
rior, pues estamos abarcando solamente aquellas que son verdaderas en todos
los modelos. Y en consecuencia tenemos que V(Mod(T)) no es completa, pues
no es cierto que dada una sentencia necesariamente UT ⊨ φ, ∀UT ∈ Mod(T),
Habrás cierto modelos en los que seaverdadera y otros en los que sea falsa.
Por ejemplo, en teoría de grupos, el axioma de conmutatividad no es cierto, ni
tampoco lo es su negación, en la colección de sentencias verdaderas en todos
los modelos posibles, pues hay grupos conmutativos y no conmutativos.
Consistencia de V(Mod(T)): Por contra, tenemos que la consistencia de
V(U), en particular de cada V(UT ), implica la consistencia de V(Mod(T)).
En efecto, si V(Mod(T)) no fuese consistente, entonces exitiría una sentencia
φ tal que φ, ¬φ ∈ V(Mod(T)), y entonces para cada modelo UT tendríamos
17
Estrictamente hablando hemos definidos estos conceptos para teorías formales de primer orden,
y no para colecciones de sentencias. Aquí estamos tratando con la «completitud semántica», para
la que una definición adecuada es que, dada una sentencia φ ∈ Sent(L), la colección es completa
si, y sólo si, o bien U ⊨ φ, o bien U ⊨ ¬φ. De forma similar, definimos las «consistencia semántica»
de la siguiente manera: dada una sentencia φ ∈ Sent(L), la colección es consistente si, y sólo si,
no es posible que se de a la vez que U ⊨ φ y que U ⊨ ¬φ.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 63
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
que φ, ¬φ ∈ V(UT ), por lo que V(UT ) no sería consistente. Ahora bien, todo
depende de la consistencia de la propia teoría; si T no es consistente, entonces
Tratando con estas cuestiones Tarski fue capaz de llegar a un importante teorema
que nos asegura que cualquier teorema de una teoría formal de primer orden es
verdader en todos los modelos de la teoría.
Teorema 2.3.1. T ⊢ φ =⇒ T ⊨ φ.
2.3.2. Metateoremas lógicos
Vamos a presentar aquí algunos metateoremas lógicos previos a los teoremas de
incompletitud de Gödel. Éste, como se ha comentado en secciones anteriores, trata
de la relación entre la deducción formal en la sintaxis de un lenguaje L y la verdad
semántica expresable en una L-estructura. Sin embargo, podemos preguntarnos por
la relación entre los teoremas de una teoría formal y las fórmulas verdaderas en todos
sus modelos. El teorema de completitud de Gödel nos dice que los teoremas de una
teoría formal de primer orden coinciden exactamente con las fórmulas verdaderas
(válidas) en todos los modelos de la misma. Tenemos pues que, en una teoría formal
de primer orden, verdad y deducción formal coinciden, luego todo lo que es verdad
es alcanzable sintácticamente.
Teorema 2.3.2 (de completitud de Gödel). Sea T una teoría formal de primer
orden. Entonces
T ⊢ φ ⇐⇒ T ⊨ φ.
Demostración: Hagamos la implicación ⇐=), resultado que se conoce como teorema
de la validez. Utilizamos la definición de Prueba y trabajamos por inducción sobre
teoremas. Sea φ ∈ Form(L). Para ver que T ⊨ φ tenemos que probar que φ es
verdadera para todo modelo de T. El primer caso es que φ sea un axioma. Si es
un axioma lógico, entonces sabemos que es una fórmula lógicamente válida (⊨ φ).
Por lo tanto es U-verdadera (U ⊨ φ) para toda L-estructura U, en particular para
todo modelo de la teoría. Por tanto, es válida: T ⊨ φ. Si es un axioma no lógico
(φ ∈ Ax(T)), entonces, por definición de modelo de una teoría, T ⊨ φ. El segundo
caso es que sea una regla de inferencia. El resultado se deduce de 2.2.8 y de la
hipótesis de inducción.
El teorema de completitud de Gödel fue generalizado por Leon Henkin. Presen-
tamos a continuación el teorema de completitud de Henkin. Nos dice que una teoría
es consistente si, y sólo si, tiene un modelo.
Teorema 2.3.3 (de completitud de Henkin). Sea T una teoría formal de primer
orden. Entonces
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 64
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
T es consistente ⇐⇒ T tiene un modelo.
La demostración es demasiado farragosa como para exponerla aquí. Puede encon-
trarla detalladamente en ([12] Fernández Margarit 20122, cap. III). Como decíamos,
la versión de Henkin es una generalización del teorema de completitud de Gödel:
Proposición 2.3.4. 2.3.2 =⇒ 2.3.3.
Debemos entender bien que el teorema de completitud no se contradice con
el teorema de incompletitud. El primero se aplica a la lógica de primer orden en
general, no específicamente a la aritmética de Peano. Establece que una teoría en
lógica de primer orden es consistente si, y sólo si, hay un modelo que satisface todas
las sentencias verdaderas de la teoría. O en la formulación de Gödel, que las fórmulas
válidas en todos los modelos de la teoría coinciden con los teoremas formales de la
misma. Esto significa que no hay ninguna sentencia verdadera en la teoría (esto es,
verdadera en todos los modelos de la misma) que no pueda ser demostrada dentro
de esa teoría.
Por otra parte, el teorema de incompletitud de Gödel se refiere a sistemas forma-
les específicos, como la aritmética de Peano, la teoría de conjuntos, etc. En concreto
establece que aquellos sistemas suficientemente ricos como para expresar la aritmé-
tica de Peano de primer orden son (si son consistentes) incompletos. Pero en ningún
caso trata con las fórmulas verdaderas de T (o lo que es lo mismo, con las fórmulas
verdaderas en todos los modelos de una teoría T).
Es llamativo que en la formulación del teorema de completitud recurrimos a todos
los modelos de una teoría formal. Pensemos por ejemplo en la aritmética de Peano de
primer orden, P. Conocemos el modelo estándar (ver ejemplo 2.1.16), pero, ¿cómo
son el resto de modelos? La respuesta es que no sabemos cómo pueden ser. De hecho
existen los llamados modelos «no estándar» que comentaremos en breve.
En resumen, mientras que el teorema de completitud de Gödel establece la exis-
tencia de un modelo para una teoría consistente en lógica de primer orden, los
teoremas de incompletitud de Gödel demuestran que ciertos sistemas formales, co-
mo la aritmética de Peano de primer orden, no pueden ser completos en sí mismos, y
siempre habrá enunciados verdaderos pero no demostrables dentro de esos sistemas.
Un corolario del teorema de completitud es el teorema de compacidad, del que
daremos una demostración.
Definición 2.3.5 (Teoría finita). Diremos que una teoría formal de primer orden
T es finita si Ax(T) es finito.
Teorema 2.3.6 (de compacidad). Sea T una teoría formal de primer orden. En-
tonces
T tiene un modelo ⇐⇒ toda parte finita de T tiene un modelo.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 65
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Demostración. =⇒) es trivial. Veamos que ⇐=). Supongamos que T no tiene mo-
delos. Entonces por el teorema de completitud, T es inconsistente. En consecuencia,
por el teorema 2.2.17, T ⊢ x ̸= x. Sea T′ una parte finita de T tal que T′ ⊢ x ̸= x.
De nuevo por 2.2.17, T′ es inconsistente, y por el teorema de completitud, no tiene
modelos.
El teorema de completitud identifica la deducción formal con la verdad semán-
tica, luego no es de extrañar que tengamos un teorema de compacidad sintáctica.
Teorema 2.3.7 (de compacidad sintáctica). Sea T una teoría formal de primer
orden y T′ una parte finita de T. Entonces
T ⊢ φ ⇐⇒ T′ ⊢ φ.
Para finalizar esta sección hagamos un breve comentarios sobre los modelos «no
estándar» que comentábamos anteriormente. Como idea general, un modelo no es-
tándar contiene elementos adicionales a los «habituales», como pueden ser números
infinitos o infinitesimales. En un modelo de P, por ejemplo, tendremos más ele-
mentos que los números naturales (que son los elementos que componen el modelo
estándar N ). De alguna manera proporcionan una perspectiva más amplia, aunque
también más «dudosa», sobre los sistemas lógicos.
Veamos con algo de detalle la construcción de un modelo no estándar para la
aritmética de Peano de primer orden P. Para ello vamos a usar el teorema de com-
pacidad, que establece que una teoría tiene un modelo si, y sólo si, toda parte finita
suya lo tiene, Considerando la aritmética de Peano P, podemos añadir la siguiente
serie infinita de axiomas
Ψ = {µ ∈ N, µ ̸= 0, µ ̸= 1, ..., µ ̸= n18 , ...}.
Los axiomas de la nueva teoría serían Ax(P) + Ψ. El modelo que en que in-
terpretamos µ como n + 1 satisface todos los axiomas de la serie Ψ hasta µ ̸= n
(toda colección de elementos naturales tiene un elemento máximo). Pero entonces
es claro que todo subconjunto finito de estos axiomas tiene un modelo: por ejemplo,
N . En consecuencia, por el teorema de compacidad, la teoría aritmética modifica-
da con axiomas no lógicos Ax(P) + Ψ posee un modelo (luego, por el teorema de
completitud, es consistente)
H = ⟨H, 0, +, s, ·, <, h⟩.
Y este modelo es también un modelo de la aritmética de Peano en el cual se
cumplen los axiomas que hemos añadido, luego «hay» un número h ∈ H distinto
de 0, distinto de 1, distinto de 2,... distinto de n,... etc. Es decir, un número h
18
Recordemos que n es una abreviatura de S(S(...(Sn) (0)))...))n) .
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 66
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
mayor que todos y cada uno de los número naturales «estándar». Es lo que antes
denominábamos un «número infinito». Y este es un modelo no estándar de P.
De hecho el teorema de Löwenheim-Skolem-Tarski nos asegura la existencia de
modelos no estándar para cualquier teoría que tenga modelos infinitos (de dominio
infinito), en particular para P. Nos dice que, en tal caso, existen modelos de cual-
quier tamaño «suficientemente grande» (no estándar). Esto implica que no existe un
único modelo «más grande» que sea el modelo «definitivo» de una teoría formal de
primer orden. Por lo tanto, el teorema de Löwenheim-Skolem muestra la existencia
de múltiples modelos para una teoría dada, y corrobora lo que decíamos de que «no
sabemos» cómo pueden ser los modelos de P.
Teorema 2.3.8 (de Löwenheim-Skolem-Tarski). Sea T una teoría que tiene mo-
delos infinitos. Entonces para todo cardinal κ ≥ card(L(T)) existe U ⊨ T tal que
card(U) = κ.
2.4. Los teoremas de Gödel
El objetivo de este apartado es la demostración de los teoremas de incompletitud
de Gödel. Como dijimos en la introducción no presentaremos una demostración
perfecta, pues una exposición detallada y rigorosa exigiría, además de un número
excesivo de páginas, un nivel lógico demasiado avanzado para las características de
este trabajo. En cualquier caso intentaremos expresar con detalle lo más importante
de la demostración.
Como hemos visto, una teoría definida semánticamente, esto es, como el conjun-
to de las sentencias verdaderas en un modelo determinado, es siempre completa y
consistente. Por lo tanto, si queremos que un sistema formal refleje con total exac-
titud una teoría definida semánticamente, aquel debe ser completo y consistente.
Es claro que, si queremos probar la consistencia de cierto sistema formal (como la
teoría P), en la demostración no debemos utilizar razonamientos más «potentes» o
«arriesgados» que los incorporados en tal sistema.
Gödel publica su famoso artículo «Sobre sentencias formalmente indecidibles
de Principia Mathematica y sistemas afines» en 1931 ([18] Gödel 1931). En ese
momento se pensaba que el sistema formal de Russell y Whitehead en «Principia
Mathematica» cumplía con el primer requerimiento del programa formalista de Hil-
bert, a saber, la construcción de un sistema formal que formalizara completamente
la matemática clásica. Los teoremas de incompletitud de Gödel probaban la im-
posibilidad de completar el programa, probando que cualquier sistema formal que
cumpliera ciertas condiciones es incompleto. Esto no impide que se pueda probar la
consistencia desde una teoría más fuerte o añadiendo razonamientos más avanzados
o controvertidos, aunque esto es de dudosa utilidad. Por ejemplo, el matemático
alemán Gerhard Gentzen demostró, relativamente, la consistencia de la aritmética
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 67
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
de primer orden. Para ello utilizó la aritmética recursiva primitiva junto al principio
de inducción transfinita.
Para entender el teorema, vamos a diferenciar cinco secciones que recogen las
partes esenciales del artículo de Gödel. Primero, una introducción de la mano del
propio Gödel; segundo, la parte donde se explica la gödelización; tercero, el estu-
dio de la teoría recursiva, fundamental para entender la representabilidad, lo que
constituye la sección cuarta. Por último, lo que en el artículo de Gödel constituye
la cuarta parte, donde se prueban los teoremas.
2.4.1. Introducción de Gödel
En una primera parte Gödel hace un resumen de su demostración, destacando las
ideas clave. Consideramos adecuado adjuntar aquí ese resumen, al que añadiremos
notas al pie para resaltar y comentar algunas cosas (omitimos las notas al pie de
Gödel).
Como es bien sabido, el progreso de la matemática hacia una exactitud cada
vez mayor ha llevado a la formalización de amplias partes de ella, de tal modo
que las deducciones pueden llevarse a cabo según unas pocas reglas mecánicas.
Los sistemas formales más amplios construidos hasta ahora son el sistema de
Principia Mathematica (PM) y la teoría axiomática de conjuntos de Zermelo-
Fraenkel (desarrollada aún más por J. von Neumann).
Estos dos sistemas son tan amplios que todos los métodos usados hoy en la
matemática pueden ser formalizados en ellos, es decir, pueden ser reducidos a
unos pocos axiomas y reglas de inferencia. Resulta por tanto natural la con-
jetura de que estos axiomas y reglas basten para decidir todas las cuestiones
matemáticas que puedan ser formuladas en dichos sistemas. En lo que sigue
se muestra que esto no es así, sino que, por el contrario, en ambos sistemas
hay problemas relativamente simples de la teoría de los número reales19 que
no pueden ser decididos con sus axiomas (y reglas). Este hecho no se debe
a la especial naturaleza de los sistemas citados, sino que se da en una clase
muy amplia de sistemas formales, a la que en especial pertenecen todos los
que resultan de añadir un número finito de axiomas a los dos sistemas citados,
suponiendo que ningún enunciado falso del tipo indicado en la nota 4 resulte
deducible por el añadido de los nuevos axiomas20 .
Antes de entrar en detalles vamos a esbozarla idea principal de la prueba, aun-
que naturalmente sin pretensiones de exactitud. Las fórmulas de un sistema
formal (aquí nos limitamos al sistema PM ), externamente consideradas, son
19
En la nota 4 al pie, Gödel puntualiza, claro, que se refiere a que existen sentencias indecidibles
utilizando LA y el modelo estándar N .
20
No es necesario que los axiomas sean independientes, pero, obviamente, no tiene sentido añadir
axiomas que nos lleven a enunciados falsos. Además, con esto quitamos la posibilidad tentadora
de añadir como axioma la sentencia indecidible (no demostrable) pero verdadera.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 68
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
secuencias finitas de signos primitivos (variables, constantes lógicas y parén-
tesis o signos de puntuación) y se puede precisar fácilmente qué filas de signos
primitivos son fórmulas y cuáles no. Análogamente, desde un punto formal las
deducciones no son sino secuencias finitas de fórmulas (con ciertas propiedades
explicitables). Para las considereaciones metamatemáticas resulta indiferente
qué objetos usemos como signos primitivos. Usemos números naturales co-
mo tales signos. Consiguientemente, una fórmula será una secuencia finita de
números naturales y una deducción será una secuencia finita de secuencias fi-
nitas de números naturales21 . Los conceptos (o enunciados) metamatemáticos
se convierten así en conceptos (respectivamente, enunciados) sobre números
naturales o sucesiones de números naturales y por tanto pueden ser (al menos
en parte) expresados con los símbolos del sistema PM. En particular se puede
mostrar que los conceptos «fórmula», «deducción» y «fórmula deducible»22
son definibles en el interior del sistema PM. Por ejemplo, se puede ofrecer
una fórmula φ(v) de PM con una variable v (del tipo de una secuencia de
números), tal que, interpretada, dando a los signos de PM su significado in-
tuitivo23 , dice: v es una fórmula deducible. Ahora construimos una sentencia
indecidible del sistema PM, es decir, una sentencia α, tal que ni α ni ¬α es
deducible, del siguiente modo:
Llamamos signo de clase a una fórmula de PM con exactamente una variable
libre del tipo de los número naturales (clase de clases). Supongamos que los
signos de clase están ordenados de alguna manera en una sucesión, designemos
su miembro n-ésimo mediante R(n) y observemos que el concepto «signo de
clase» al igual que la relación ordenante R pueden ser definidos en el sistema
PM. Sea α un signo de clase cualquiera; mediante [α; n] designamos la fórmula
que resulta de sustituir la variable libre por el signo que denota el número na-
tural n en el signo de clase α24 . También la relación ternaria x = [y; z] resulta
ser definible en PM. Ahora definimos una clase K de números naturales del
siguiente modo:
n ∈ K ←→ ¬Bew[R(n); n], (2.4.1)
donde Bew x significa: x es una fórmula deducible. Puesto que todos los con-
ceptos que aparecen en el definiens son definibles en PM 25 , también lo es el
21
A este proceso se lo conoce como «gödelización», que explicaremos más adelante. De esta ma-
nera se asignan biunívocamente números naturales (su número de Gödel g) a los signos primitivos,
a las fórmulas y a las pruebas.
22
Que son conceptos metamatemáticos.
23
Se refiere al dado por el modelo estándar de la artimética, o sea, dando el significado a los
signos en N .
24
Es decir, si el signo de clase α es φ(v), con v una variable libre, entonces se trata de sustituir el
signo asociado al número natural n (o sea, el signo cuyo número de Gödel es n) en dicha variable
libre.
25
Efectivamente ya ha comentado que los conceptos de «fórmula deducible» y la relación ternaria
la relación ternaria x = [y; z] que utiliza la «fórmula que resulta de sustituir la variable libre [de un
signo de clase] por el signo que denota el número natural n» son definibles en PM. Posteriormente
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 69
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
concepto compuesto de ellos K, es decir, hay un signo de clase σ tal que la
fórmula [σ; n], interpretada de acuerdo con el significado intuitivo de sus sig-
nos, dice que el número nautral n pertenece a K. Puesto que σ es un signo de
clase, es idéntico con cierto R(q), es decir, ocurre que
σ = R(q), (2.4.2)
para cierto número natural q. Ahora mostramos que la sentencia [R(q); q]26 es
indecidible en PM. Pues si suponemos que la sentencia [R(q); q] fuera dedu-
cible, entonces sería verdadera; en ese caso, y de acuerdo con lo antes dicho,
q pertenecería a K, es decir, por 2.4.1 valdría que ¬Bew[R(q); q]27 , en con-
tradicción con el supuesto. Si, por el contrario, la negación de [R(q); q] fuera
deducible, entonces ocurriría que q ∈ / K, es decir, valdría que Bew[R(q); q].
Así, tanto [R(q); q] como su negación serían deducibles, lo que de nuevo es
imposible28 .
La analogía de esta argumentación con la antinomia de Richard salta a la
vista; también está íntimamente relacionada con la paradoja del «mentiroso»,
pues la sentencia indecidible [R(q); q] dice que q pertenece a K, es decir, se-
gún 2.4.1, que [R(q); q] no es deducible. Así pues, tenemos ante nosotros una
sentencia que afirma su propia indeducibilidad. Evidentemente el método de
prueba que acabamos de exponer es aplicable a cualquier sistema formal que,
en primer lugar, interpretado naturalmente, disponga de medios de expresión
suficientes para definir los conceptos que aparecen en la argumentación an-
terior (especialmente el concepto de «fórmula deducible») y en el cual, en
segundo lugar, cada fórmula deducible sea verdadera en la interpretación na-
tural29 . Uno de los propósitos del desarrollo exacto de la prueba indicada,
que a continuación ofreceremos, consiste en sustituir la segunda de las citadas
condiciones por otra puramente formal y mucho más débil.
De la observación de que [R(q); q] dice de sí misma que no es deducible se sigue
inmediatamente que [R(q); q] es verdadera, pues [R(q); q] no es deducible (ya
que no es decidible). La sentencia indecidible en el sistema PM ha sido, pues,
finalmente decidida mediante consideraciones metamatemáticas30 . El análisis
preciso de esta extraña situación conduce a resultados sorprendentes respecto
a las pruebas de consistencia de sistemas formales, resultados que serán tra-
tados más detenidamente en la sección 4 (teorema XI). ([18] Gödel 1931, pp.
53-57)
lo demostrará rigorosamente.
26
Esta es la fórmula que resulta de sustituir la variable libre del signo de clase σ por el signo
que denota el número natural q, y que, interpretada de acuerdo con el significado intuitivo de sus
signos, dice que el número natural q pertenece a K.
27
Es decir, [R(q); q] no es una fórmula deducible.
28
Suponiendo que el sistema es consistente.
29
Cualquier teoría formal que contenga la aritmética de Peano de primer orden.
30
Hemos hecho una reducción al absurdo en el «metalenguaje».
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 70
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
2.4.2. Gödelización
En la segunda parte del artículo se precisa el sistema formal con el que se tra-
baja, que es una unión entre el de Principia Mathematica y los axiomas de Peano:
básicamente P. Además, se fija la interpretación de las variables, algo, como hemos
dicho anteriormente, fundamental. En concreto con la teoría simple de tipos: habrá
variables de tipo 1 («numéricas»), que se refieren a los números naturales, de tipo 2
(«sentenciales»), las que se refieren a clases de números naturales, de tipo 3 («predi-
cativas») para clases de clases, y así sucesivamente. De esta manera tenemos siempre
una interpretación para toda fórmula de P, que es una cierta relación de números
naturales, que será verdadera o falsa. Además, no es necesario tener variables para
relaciones binarias o n-arias, pues se pueden definir las relaciones como clases de
pares ordenados y los pares ordenados como clases de clases.
A continuación Gödel establece el procedimiento preciso para la identificación
biunívoca entre los signos primitivos de P y los números naturales, y las propiedades
y relaciones de aquellos en propiedades y relaciones de estos. La manera de hacer
esto es a través de la numeración de Gödel: una proposición metamatemática acerca
de ciertas expresiones es reflejada en el cálculo al utlizar sus números de Gödel (los
asignamos a través de la aplicación g), convirtiéndose en una proposición aritmética.
De esta forma los conceptos metamatemáticos quedan codificados numéricamente,
estableciendo un puente entre el lenguaje formal y el lenguaje natural a través de
la aritmética31 . En otras palabras, la representación numérica de las entidades sin-
tácticas determina una serie de relaciones y funciones numéricas que se corresponde
exactamente con las relaciones y funciones metamatemáticas. Por ejemplo, a la pro-
piedad metamatemática de ser un axioma le corresponde la propiedad numérica de
ser el número de Gödel de un axioma. O, para representar la expresión metamate-
mática de ser inferible de dos fórmulas por MP (o sea, de α → β y α inferimos β),
tendremos la relación numérica de un número n con otros dos, m y p, cuando n es
el número de Gödel de una fórmula inferible por MP de otras dos que tienen núme-
ro de Gödel m y p32 . Posteriormente analizaremos en detalle algunas propiedades
metamatemáticas que Gödel utiliza. Ahora bien, sabemos que no todo lo que tiene
sentido referido a N se puede expresar en LA, pues la capacidad expresiva de LA
no alcanza a todos los subconjuntos, relaciones y funciones de N33 . En la sección
siguiente explicaremos qué relaciones podemos expresar en LA (Gödel se encarga
31
En particular, la expresión metalingüística, perteneciente al lenguaje natural, que será de
importancia crucial es: «Esta sentencia es un teorema».
32
Un ejemplo de función es la «negación». Es la función numérica que asigna a cada número de
Gödel de una hilera de signos el número de Gödel de su negación.
33
Una breve explicación es que LA es numerable, luego la cantidad de fórmulas formales será
una unión numerable de conjuntos finitos o numerables, luego también será numerable. Pero, por
el teorema de Cantor, es imposible dar nombre (entiéndase, definir intensional o extensionalmente)
a todos y cada uno de los subconjuntos de N. De esta forma, aún cuando cada fórmula φ(x) de LA
diese lugar a un conjunto metalingüístico de números naturales, éstos no serían todos los posibles.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 71
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
de demostrar que puede representar todas las que necesita para la demostración).
Pero tratemos por ahora la gödelización:
Primero asignamos unívocamente número naturales a los signos primitivos, in-
cluidos los signos de puntuación, de P de la siguiente manera:
g(()=3, g())=5, g(¬)=7, g(→)=9, g(∃)=11,
g(0)=13, g(S)=15, g(+)=17, g(·)=19, g(=)=21.
A las variables de tipo n les asignamos los números de la forma ρn , donde ρ es
un número primo mayor que 21. Es decir, a las variables de tipo 1 les asignamos
número primos mayores que 21; a las variables de tipo 2 les asignamos como número
de Gödel el cuadrado de un número primo mayor que 21; a las variables de tipo 3
el número de Gödel igual al cubo de un número primo mayor que 21, etc.
Para asignar un número Gödel a una fórmula, que es una hilera de signos, toma-
remos todos los números Gödel correspondientes a cada uno de sus signos en orden,
y los pondremos, uno a uno, como potencia de los primero números primos en orden
de magnitud. Veamos un ejemplo:
Consideremos la fórmula del sistema (∃x)(x = S(y)), donde x e y son variables
de tipo 1. Significa que existe un número natural tal que es el sucesor inmediato de
otro número natural, que es lo mismo que decir que todo número tiene un sucesor
inmediato. Tomando los números de Gödel de cada símbolo en orden, tenemos 3, 11,
23, 5, 3, 23, 21, 15, 3, 29, 5, 5. Por tanto, según la regla establecida anteriormente,
el número Gödel de la fórmula (∃x)(x = S(y)) es
m = 23 · 311 · 523 · 75 · 113 · 1323 · 1721 · 1915 · 233 · 2929 · 315 · 375 . (2.4.3)
Así tenemos asignado biunívocamente un número natural a cada signo primitivo
y a cada secuencia finita de signos primitivos. Observamos que son números ex-
tremadamente grandes, pero lo importante es que existen. Además, por el teorema
fundamental de la aritmética, podemos factorizar cualquier número y ver si proviene
de alguna expresión. Es muy imporante escribir las fórmulas correctamente, atenién-
donos a los símbolos definidos y no a sus abreviaturas. Por ejemplo, si quisiéramos
calcular el número de Gödel de la sentencia (falsa) 0 ̸= 0, tenemos que escribirla de
la forma (¬(0 = 0))34 . Su número de Gödel es 23 · 37 · 53 · 713 · 1121 · 1313 · 175 · 195 .
También deseamos tener un sólo número de Gödel para una sucesión finita de
fórmulas (que puede ser una demostración). En este caso, multiplicamos los primeros
34
Y, si queremos evitar los paréntesis, de la forma ¬ = 00, aunque esto no es habitual, y ni si
quiera el propio Gödel lo hace.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 72
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
número primos elevados, respectivamente, a la potencial igual al número Gödel de
cada fórmula que compone la sucesión. Notemos que los número de Gödel de las
fórmulas tienen siempre exponentes impares (luego los números son pares) y, por
contra, los números Gödel de las sucesiones de fórmulas tienen siempre exponentes
pares.
2.4.3. Teoría de la Recursión
La aritmetización de Gödel nos lleva directamente a tratar con el siguiente as-
pecto clave de la demostración: la recursividad. Antes decíamos que la capacidad
expresiva de LA no alcanza a todos los subconjuntos, relaciones y funciones de N,
pero que Gödel demuestra que puede representar todas las relaciones que necesi-
ta para la demostración. El concepto de representabilidad es, pues, fundamental.
Tenemos dos dificultades a estudiar:
1. Dar una definición precisa de representabilidad de una relación de objetos de
N en LA.
2. Establecer un criterio para dicha representabilidad.
Para el estudio de estas cuestiones Gödel se vale de la teoría de la recursividad35 .
El teorema fundamental que da respuesta a la segunda pregunta es el siguiente
Teorema 2.4.1.
Las funciones primitivas recursivas, a través de su grafo, son relaciones repre-
sentables.
Una relación R es representable si su aplicación característica 1R es primitiva
recursiva.
Es a través de la recursividad, en particular a través de las funciones primitivas
recursivas36 , que Gödel transporta el problema del lenguaje formal (una relación) al
lenguaje de la aritmética (una relación aritmética).
Definición 2.4.2 (Funciones aritméticas elementales).
Función cero: z(n) = 0, ∀n ∈ N.
Función siguiente: s(n) = n + 1, ∀n ∈ N.
35
Para un tratamiento perfectamente formal del tema véase ([12] Fernández Margarit 2012, cap.
IV).
36
Vamos a definir también las funciones recursivas, pero en la demostración de sus teoremas
Gödel precisa únicamente de las funciones y relaciones primitivas recursivas.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 73
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Funciones proyecciones k-arias: πik (n1 , ..., ni , ..., nk ) = ni , para toda k-upla
(n1 , ..., nk ), con 1 ≤ i ≥ k.
Vamos a definir las funciones primitivas recursivas por un proceso generador, a
partir de las funciones aritméticas elementales y tres reglas de construcción. Estas
tres reglas u operaciones son la composición, la recursión y la minimalización.
Definición 2.4.3 (Composición de aplicaciones). Sea g : Nl → N una función l-aria
y f1 : Nk → N, ..., fl : Nk → N, l funciones k-arias. La función k-aria h : Nk → N,
definida por
h(n1 , ..., nk ) = (g ◦ (f1 , ..., fl ))(n1 , ..., nk ) = g(f1 (n1 , ..., nk ), ..., fl (n1 , ..., nk )),
es la función compuesta por g, f1 , ..., fl .
La definición recursiva es habitual en matemáticas. Nosotros mismos la hemos
utilizado en secciones anteriores. La idea de una función aritmética definida recursi-
vamente es que el valor n + 1 se pueda conocer siempre que se conozca el valor en n.
De esta manera basta fijar el valor en 0. Por ejemplo, si queremos definir la función
suma +m : N → N, n 7→ +m (n) = m + n, podemos dar el valor en cero +m (0) = m,
y el valor (n + 1)-ésimo en función del n-ésimo haciendo uso de la función siguiente:
+m (n+1) = s(+m (n)) = (m+n)+1. La definición que damos es sin embargo menos
intuitiva.
Definición 2.4.4 (Recursión de funciones aritméticas). Sea g : Nk → N una función
k-aria y f : Nk+2 → N una función k + 2-aria. La función (k + 1)-aria h : Nk+1 → N,
definida por
1 , ..., nk ) , si n = 0,
g(n
h(n1 , ..., nk , n) =
f (n1 , ..., nk , h(n1 , ..., nk , m), m) , si n = s(m).
, es la función obtenida por recursión de f y g 37 .
Definición 2.4.5 (Función especial). Diremos que una función f : Nk+1 → N
es una función especial si para cada k-upla n1 , ..., nk , existe un m ∈ N tal que
f (n1 , ..., nk , m) = 0.
Definición 2.4.6 (Minimalización de funciones aritméticas). Sea f : Nk+1 → N una
función (k + 1)-aria especial. La función k-aria h : Nk → N definida por
h(n1 , ..., nk ) = mín{m : f (n1 , ..., nk , m) = 0}
es la función obtenida por minimalización de f .
37
A g se le denomina función base, y a f función de iteración.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 74
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Definición 2.4.7 (Función primitiva recursiva). Las funciones primitivas recursi-
vas son aquellas funciones aritméticas obtenidas a partir de las elementales y por
aplicación finita de las operaciones de composición y recursión.
Definición 2.4.8 (Función recursiva). Las funciones recursivas son aquellas funcio-
nes aritméticas obtenidas a partir de las elementales y por aplicación finita de las
operaciones de composición, recursión y minimalización.
Las funciones más usuales son funciones primitivas recursivas, por ejemplo: iden-
tidad, suma, producto, exponenciación, factorial, mínimo, máximo, cociente, suce-
sor... Puede encontrarse una demostración en ([12] Fernández Margarit 2012, pp.
88-92). Por otra parte, es inmediato ver que las reglas de derivación, que son fun-
ciones que aplican expresiones en expresiones, son recursivas. Por ejemplo, podemos
expresar el M P de la siguiente forma
β , si y tiene la forma de α → β,
f (α, y) =
α , en otro caso.
Si suprimimos la restricción de que la operación de minimalización únicamente
se aplica a funciones especiales, además de que la función h definida en 2.4.6 no
será una aplicación (dom(h) ̸= Nk ), puede ocurrir que dicha función h esté definida
solamente en una parte de Nk . Definimos así, eliminando tal restricción, las funciones
parciales recursivas.
Definición 2.4.9 (Relación primitiva recursiva). Una relación aritmética R es pri-
mitiva recursiva si, y sólo si, su función característica 1R lo es.
Definición 2.4.10 (Relación recursiva). Una relación aritmética R es recursiva si,
y sólo si, su función característica 1R lo es.
Con estas últimas definiciones, y recordando el teorema 2.4.1, ya podemos de-
ducir que una relación R es representable si es primitiva recursiva. Ahora que ya
tenemos una idea de la teoría de recursividad, podemos analizar en detalle todo lo
relacionado con la representabilidad en la siguiente sección.
2.4.4. Representabilidad sintáctica
Hagamos un repaso rápido de lo que tenemos hasta ahora. Gödel trabaja en el
lenguaje de primer orden LA con una teoría de tipos para la interpretación de las
variables, con la interpretación estándar N , adoptando los axiomas de Peano; lo que
hemos llamado la teoría o sistema P. Junto a esta teoría tenemos su metateoría,
donde se incluyen las expresiones «φ es una fórmula de P», «φ es un axioma» o «φ
es demostrable», expresiones que de ninguna manera pertenecen a P. Ahora bien,
y esta es posiblemente la genialidad de Gödel, estas expresiones pueden formularse
como funciones recursivas primitivas. Al ser fórmulas de la metamatemática, por la
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 75
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
aritmetización, son expresiones acerca de conjuntos aritméticos. Por ser de este tipo
especial son formalizables, o sea, representables en P. Como consecuencia tenemos
que la metamatemática de P se inserta en el mismo sistema P, que adquiere capaci-
dad para «hablar de sí mismo». En resumen, los dos problemas que resuelve Gödel
son
1. Demostrar que los predicados metamatemáticos pueden expresarse en términos
de funciones y relaciones primitivamente recursivas.
2. Demostrar que las funciones y relaciones primitivamente recursivas son repre-
sentables, es decir, son expresables sintácticamente en P.
Para el primer punto Gödel demuestra38 , en 46 lemas, que nociones como «x es
divisible por y» o «x se deriva de la fórmula y» se pueden definir en términos de
funciones y relaciones primitivamente recursivas. Sin embargo, la número 46, «x es
una fórmula demostrable» (Bew x)39 , es la única de la que no se puede afirmar que
sea primitiva recursiva. Algunos conjuntos, relaciones y funciones que es de utilidad
representar en N son:
Las fórmulas, con el conjunto F orm ⊂ N:
F orm = {n : n = g(φ), con φ ∈ Form(LA)}.
Las fórmulas con una variable libre, con el conjunto F orm1 ⊂ N:
F orm1 = {n : n = g(φ(x)), con φ(x) ∈ Form(LA) y Vl(φ) = {x}}.
Los axiomas, con el conjunto Ax ⊂ N:
Ax = {n : n = g(ψ), con ψ un axioma de P}.
Los teoremas, con el conjunto T eor ⊂ N:
T eor = {n : n = g(φ), con φ ∈ Form(LA) y P ⊢ φ}.
La función N um de N en N que gödeliza el término n:
N um(n) = g(n).
38
Se basa en la aritmetización de la sintaxis con los números de Gödel y en consideraciones sobre
las funciones primitivas recursivas, todo lo cual va más allá del alcance de este texto.
39
Es la propiedad que tiene un número natural si, y sólo si, es el número de Gödel de una fórmula
deducible.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 76
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
La función Subst de N × N en N que a la fórmula φ(x), con x ∈ Vl(φ) de
número de Gödel m, m = g(φ(x)), le asocia el número de Gödel de la sentencia
φ(n):
Subst(m, n) = g(n).
La relación binaria W1 ⊂ N×N tal que <m, n>∈ W1 si, y sólo si, m = g(φ(x)),
con φ(x) ∈ Form(LA) y x ∈ Vl(φ); y donde n = g(s), con s una sucesión de
símbolos que es una demostración de φ(m).
Pasemos ahora al segundo punto, es decir, la cuestión de que las funciones y
relaciones primitivamente recursivas son representables en P.
Dentro del sistema formal de P disponemos de los símbolos formales 0, 1, 2, ...(estas
son abreviaciones) para los número naturales 0, 1, 2, ... Y es claro que, interpretan-
do la letra funcional 1-aria S como la aplicación siguiente s, la interpretación de n
en la LA-estructura estándar N es n. Pues bien, una relación k-aria R ⊂ Nk de
números naturales significa que tenemos ciertas k-uplas tales que <n1 , ..., nk >∈ R,
y otras tales que <m1 , ..., mk >∈
/ R. La idea de la representabilidad en P se basa en
la posibilidad de transcribir este hecho a través del lenguaje formal.
Definición 2.4.11 (Relación representable débilmente en P). Una relación k-aria
R ⊂ Nk de números naturales es representable débilmente en P por la fórmula φ si,
y sólo si, φ tiene k variables libres y para toda k-upla de números naturales verifica
< n1 , n2 , ...nk >∈ R ⇐⇒ T ⊢ φ(n1 , n2 , ...nk )
Definición 2.4.12 (Relación representable en P). Una relación k-aria R ⊂ Nk de
números naturales es representable en P por la fórmula φ si, y sólo si, φ tiene k
variables libres y para toda k-upla de números naturales verifica
1. < n1 , n2 , ...nk >∈ R =⇒ T ⊢ φ(n1 , n2 , ...nk ),
/ R =⇒ T ⊢ ¬φ(n1 , n2 , ...nk ).
2. < n1 , n2 , ...nk >∈
Definición 2.4.13 (Función representable en P). Una función k-aria f : Nk → N
es representable en P si, y sólo si, su grafo G(f ) es representable en P.
Recordemos que el grafo de una función k-aria f : Nk → N es
G(f ) = {(n1 , n2 , ..., nk , m) : m = f (n1 , n2 , ..., nk )},
que se puede ver como una relación (k + 1)-aria G(f ) ⊂ Nk+1 donde
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 77
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
< n1 , n2 , ..., nk , m >∈ G(f ) ⇐⇒ m = f (n1 , n2 , ..., nk ).
Podríamos decir entonces que una función k-aria f : Nk → N es representable en
P por una fórmula φ con n + 1 variable libres si, y sólo si,
1. T ⊢ φ(n1 , n2 , ...nk , m),
2. T ⊢ ∀vφ(n1 , n2 , ...nk , v) → m = v40 ,
, donde m = f (n1 , n2 , ..., nk ).
Es gracias a la fórmula φ(x1 , x2 , ..., xn ) que podemos transferir una propiedad
de la teoría de conjuntos (de N) al sistema formal P. Gödel juega con los distintos
lenguajes sin mezclarlos, traduciendo las expresiones del modelo N en expresiones
formales internas a la teoría.
Con estas definiciones respondemos ya a la primera cuestión que planteábamos
al inicio de la sección 2.4.3. En cuanto al segundo punto allí expuesto, a saber,
establecer un criterio para la representabilidad en P de las relaciones en N, ya
anticipamos el resultado en el teorema 2.4.1, que ahora podemos enunciar en toda
su generalidad y esbozar una demostración intuitiva. Corresponde con el teorema V
en el texto de Gödel.
Teorema 2.4.14. Una función41 es primitiva recursiva42 si, y sólo si, es representable
en P.
Demostración. Para la implicación de derecha a izquierda, supongamos que la fór-
mula φ representa a la función f en P. Veamos que f es primitiva recursiva. Si A es
el conjunto de axiomas de P, podemos computar f de la siguiente manera: Se ge-
neran los A-teoremas; por ser f representable, por definición existen fórmulas de la
forma φ(n, m) en P; en tal caso, cada vez que se obtenga dicha fórmula, tendremos
f (n) = m. De esta manera se prueba la recursividad de f .
En la implicación de izquierda a derecha se trata de probar que toda función
primitiva recursiva es representable. La idea es formar el conjunto X de todas las
funciones representables en P y comprobar que las fnciones aritméticas, suma, pro-
ducto, sucesor, etc., pertenecen a X 43 .
40
Esta condición expresa la unicidad de la fórmula φ.
41
Es equivalente escribir «relación» en lugar de «función», pues sabemos que una relación es
primitiva recursiva si, y sólo si, su función característica lo es.
42
Es válido también para funciones recursivas.
43
Puede encontrarse una demostración en ([12] Fernández Margarit 2012, pp. 88-92). Esta no es
estrictamente la manera de proceder de Gödel, sino que la introdujo J. Robinson.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 78
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Este teorema (y este esbozo de demostración) no es válido únicamente para la
teoría P, sino para cualquiera que satisfaga las condiciones de las definiciones 2.4.11,
2.4.12 y 2.4.13 y que sea recursivamente numerable44 (axiomatizable).
Ya hemos dicho que Gödel se ocupar de demostrar que todas las relaciones de
las que precisa en su demostración son representables en P. Y, en la página 75,
dábamos algunos ejemplos. Para construir la fórmula indecidible vamos a utilizar la
relación binaria W1 . Recordemos que <m, n>∈ W1 si, y sólo si, m = g(φ(x)), con
φ(x) ∈ Form(LA) y x ∈ Vl(φ); y donde n = g(s), con s una sucesión de símbolos
que es una demostración de φ(m).
2.4.5. Demostraciones
Hemos puesto de manifiesto las tres herramientas esenciales de la demostración
de Gödel: la gödelización, la representabilidad y la recursividad primitiva. La dems-
tración es de tipo constructivo; es decir, se construye efectivamente una sentencia
indecidible, indemostrable en el sistema P. Como vimos en el texto introductorio de
Gödel, esta sentencia es la que afirma de sí misma que no es demostrable. La idea
es la siguiente:
1. Construcción de una fórmula Φ ∈ Form(LA) que represente la declaración
metamatemática «la fórmula Φ no es deducible».
↓
2. Prueba de que Φ no es formalmente demostrable.
↓
3. En consecuencia, Φ es verdadera.
↓
4. Si la teoría es consistente, entonces es incompleta.
Nuestra demostración (vamos a plasmar la presentada en ([30] Pla i Carrera,
2012)) no es, como ya se dijo, plenamente rigorosa, ni mucho menos. Sin embargo,
con ella y con los apartados anteriores, creemos haber dado una imagen general
bastante completa de los teoremas de incompletitud.
Construyamos la fórmula Φ que diga de si misma que no es deducible. Vamos a
usar la relación binaria W1 ⊂ N × N anteriormente definida:
W1 = {< m, n >: m = g(φ(x)), φ(x) ∈ Form(LA) y n = g(s)},
con s una sucesión de símbolos que es una demostración de φ(m). Con esto queda
claro que el significado de <m, n>∈ W1 (W1 (m, n)) es: n es el número de Gödel de
una prueba de la fórmula φ(m), donde hemos sustituido el símbolo m en la variable
libre de la fórmula φ(x), la cual tiene número de Gödel m. En otras palabras
44
Trataremos esta cuestión en la siguiente sección sobre Computabilidad.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 79
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
W1 (m, n) ⇐⇒ n es el número de Gödel de una prueba de φ(m) / m = g(φ(x)).
Nos preguntamos ahora si es posible representar la relación W1 en el lenguaje for-
mal, que sabemos que ocurre si su función característica 1W1 es primitiva recursiva.
En este caso, sí lo es (no hacemos la demostración). Por ser la relación representable
en P, como hemos visto en 2.4.12, tendremos una fórmula ω1 (x, y) ∈ Form(LA),
con Vl(ω1 ) = {x, y}, que cumpla lo siguiente
1. < m, n >∈ W1 =⇒ T ⊢ ω1 (m, n),
/ W1 =⇒ T ⊢ ¬ω1 (m, n).
2. < m, n >∈
Hemos conseguido trasladar W1 ⊂ N × N, una relación en N, a una fórmula ω1
en LA: si n es el número de Gödel de una prueba s (n=g(s)) de la fórmula φ(m),
donde hemos sustituido el símbolo m en la variable libre de la fórmula φ(x), la cual
tiene número de Gödel m, entonces ω1 (m, n) es un teorema de P:
T ⊢ ω1 (m, n).
Pero la relación aritmética W1 (m, n) entre los números de Gödel expresa, a través
de su formalización en la fórmula ω1 , una relación metamatemática:
W1 (m, n),
↓
n es el número de Gödel de una prueba de la fórmula φ(m), con m = g(φ(x)),
↓
T ⊢ ω1 (m, n),
↓
«La fórmula φ(m), con m = g(φ(x)), es deducible».
Tratamos entonces de encontrar una fórmula que afirme su propia indecibilidad.
Esto es, una fórmula γ(x) con número de Gödel q que diga:
«La fórmula γ(q), con q = g(γ(x)), no es deducible».
Para ello, usamos el la fórmula ω1 (x, y) de esta manera:
γ(x) := ∀y¬ω1 (x, y). (2.4.4)
Tendrá un número de Gödel asociado, pongamos que es q: q = g(γ(x)). Y ahora
sustituimos en la variable libre x el símbolo q (cuya interpretación es q), obteniendo
la sentencia de Gödel:
Φ := γ(q) = ∀y¬ω1 (q, y). (2.4.5)
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 80
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Esta sentencia está expresando que no existe ningún número de Gödel de una
prueba de la fórmula γ(q), con q el número de Gödel de γ(x). O sea, que «la fórmula
γ(q), con q = g(γ(x)), no es deducible». Pero esa fórmula es ella misma, luego está
expresando su propia indecibilidad. Y esta es la sentencia indecidible Φ que vamos
a usar en la demostración de los teoremas.
De esta forma, W1 (q, n) es verdadero, o lo que es lo mismo, N ⊨ ω1 (q, n) si, y
sólo si, n es el número de Gödel de una demostración de γ(q).
Una vez construida la que va a ser nuestra sentencia indecidible Φ, podemos pasar
a la demostración de los teoremas. Antes, sin embargo, para poder entenderlos en
toda su generalidad, tenemos que explicar los conceptos de clase recursiva primitiva
y ω-consistencia.
Gödel prueba que si P es consistente, entonces la sentencia Φ no es un teorema,
pero, por contra, para probar que ¬Φ tampoco es un teorema, toma como hipótesis
que P es ω-consistente. Esta es una exigencia más fuerte que la consistencia, es
decir, ω-consistencia ⇒ consistencia, pero consistencia ⇏ ω-consistencia. Fue el
lógico estadounidense John Barkley Rosser quien, en 1936, suprimió este tecnicismo
de la demostración gödeliana, reduciendo la exigencia de la ω-consistencia a la mera
consistencia (eso sí, construyendo una sentencia indecidible más compleja, aunque
siguiendo el hilo de Gödel). En esencia nos dice que no es posible probar que cada
número natural, por separado, tiene una cierta propiedad, y a la vez probar que no
la tienen todos los números naturales.
Definición 2.4.15 (ω-consistencia). La teoría P es ω-consistente si, y sólo si, no
existe φ ∈ Form(LA) tal que P ⊢ φ(n), ∀n ∈ N, y a la vez P ⊢ ∃x¬φ(x).
Proposición 2.4.16. Si P es ω-consistente, entonces es consistente.
Demostración. Por el teorema 2.2.17, con probar que ∃φ ∈ Form(LA) tal que P ⊬
φ, ya tendremos que P es consistente. Tenemos que, ∀n ∈ N, P ⊢ (((n = n)) → (n =
n)). Esto implica, por ser P ω-consistente, que P ⊬ ∃x¬(((x = x)) → (x = x)).
Por otra parte, Gödel trabaja con la teoría P. Sin embargo justifica que sus
teoremas son válidos para toda teoría T más potente que P. Con esto nos referimos
a que, siempre que añadamos a P un conjunto de nuevos axiomas que sea primitivo
recursivo, valdrán también los teoremas para esta nueva teoría. La exigencia de
que los axiomas de la teoría deben ser siempre primitivos recursivos se debe a la
necesidad de que sean representables en P.
Definición 2.4.17 (Conjunto primitivo recursivo). Un conjunto A de número natu-
rales es primitivo recursivo si A posee una función característica primitiva recursiva.
Es decir, una función χA tal que
1 , si n ∈ A,
χA (n) =
0 , si n ∈
/ A.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 81
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
El primer teorema de incompletitud nos dice que si la teoría P, o cualquier
extensión suya obtenida añadiendo una clase K recursiva primitiva y ω-consistente
de nuevos axiomas, es consistente, entonces siempre hay alguna sentencia tal que
ni ella ni su negación son deducibles en el sistema. Esto es, es incompleta. Hemos
probado que si una teoría es inconsistente, entonces todo es un teorema, y se puede
probar una fórmula y su negación, lo cual convierte en absolutamente inútil todo el
sistema. Es una propiedad más que deseable.
Teorema 2.4.18 (Primer teorema de incompletitud). ∃Φ ∈ Sent(LA) tal que
1. P consistente =⇒ P ⊬ Φ.
2. P ω-consistente =⇒ P ⊬ ¬Φ.
Demostración. Sea Φ := ∀y¬ω1 (q, y).
1. Supongamos que P es consistente.
Veamos el contrarrecíproco: supongamos que P ⊢ ∀y¬ω1 (q, y).
∃ una prueba s de Φ.
Pongamos que dicha prueba tiene número de Gödel n: n = g(s).
En consecuencia, W1 (q, n).
Por la representabilidad de W1 , P ⊢ ω1 (q, n).
Por el axioma lógico de sustitución, y por hipótesis, P ⊢ ¬ω1 (q, n).
Resulta que P ⊢ ω1 (q, n) y P ⊢ ¬ω1 (q, n).
P no es consistente.
2. Supongamos que P es ω-consistente.
Por reducción al absurdo: supongamos que P ⊢ ¬∀y¬ω1 (q, y).
O lo que es lo mismo, P ⊢ ∃yω1 (q, y).
P ω-consistente =⇒ P consistente.
Luego P ⊬ ∀y¬ω1 (q, y).
Por tanto, ∄n ∈ N que sea el número de Gödel de una prueba de Φ.
En consecuencia, <q, n>∈ / W1 , ∀n ∈ N.
Por la representabilidad de W1 , P ⊢ ¬ω1 (q, n), ∀n ∈ N.
Aplicando la ω-consistencia, P ⊬ ∃y¬¬ω1 (q, y).
O lo que es lo mismo, P ⊬ ∃yω1 (q, y) .
Resulta que P ⊢ ∃yω1 (q, y) y P ⊬ ∃yω1 (q, y).
Contradicción, luego P ⊬ ¬Φ.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 82
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Es interesante comentar algunas cuestiones sobre el teorema, para que se entienda
lo más completamente posible:
Por la naturaleza de las sentencias, que fijada una L-estructura, en este caso
la LA-estructura N , siempre son o verdaderas o falsas, resulta que o N ⊨ Φ
o N ⊨ ¬Φ. Es decir, alguna de las dos representa una proposición aritmética
verdadera, y sin embargo ninguna es demostrable formalmente. En conclusión,
la teoría formal de primer orden P no es capaz de abarcar todas las sentencias
verdaderas en N .
Una sugerencia sería que, si P no es capaz de demostrar todas las sentencias
que son verdaderas en N , considerásemos la teoría P∗ = {σ ∈ Sent(LA) :
N ⊨ σ}, la formada por todas las sentencias que son N -verdaderas. Pero esta
teoría es completa, como vimos en la sección 2.3.1. ¿Cómo es posible? Pudiera
parecer que hemos resuelto el problema, pero la realidad es que esta teoría es
inútil. Dado que no se ve afectada por el primer teorema de incompletitud,
entonces necesariamente el conjunto de sus axiomas no es primitivo recursivo,
y esto es catastrófico, pues significa que no es representable. Es una teoría
«demasiado grande», inexpresable en LA.
De manera similar, se puede demostrar que el conjunto de los teoremas de
P, {φ ∈ Form(LA) : P ⊢ φ} tampoco es representables, y por tanto no es
primitivo recursivo. Se puede ver una demostración intuitiva en ([30] Pla i
Carrera 2012, p. 217).
Tal y como dijimos en la sección 2.3.2, el teorema de incompletitud no contra-
dice el teorema de compleitud de Gödel (2.3.2), que recordemos que expresa
que T ⊢ φ ⇐⇒ U ⊨ φ, ∀L(T)-estructura U ∈ Mod(T). Esto es, que lo que
es verdadero en todos los modelos de una teoría formal de primer orden es
deducible, y viceversa. En el teorema de incompletitud, sin embargo, no nos
estamos refiriendo a todos los modelos posibles de P, sino a uno específico, el
modelo estándar de la aritmética N = ⟨N, 0, +, s, ·, <⟩. Y aquí existen, como
hemos probado, sentencias verdaderas que no son deducibles.
Además, dado que P ⊬ Φ y P ⊬ ¬Φ, ni Φ ni ¬Φ son verdaderas en todos los
modelos, luego debe haber al menos un modelo en el que Φ es falsa, y uno en
el que ¬Φ.
Podemos ver ahora el significado de la sentencia de Gödel Φ con algo más de
rigor. Tenemos que N ⊨ Φ ⇐⇒ ∀n ∈ N, N ⊨ ¬ω1 (q, n). Por lo tanto, no hay
ningún n ∈ N que sea el número de Gödel de una demostración de Φ, pues si lo
hubiera, por construcción de W1 , entonces W1 (q, n). Pero, por ser representable
en P, entonces P ⊢ ω1 (q, n) y N ⊨ ω1 (q, n), lo cual es una contradicción. La
interpretación de N ⊨ Φ es que P ⊬ Φ. Es decir, enuncia en N su propia
indemostrabilidad en P. Y resulta que esta sentencia es verdadera, pues Φ es
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 83
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
indecidible: hay sentencias verdaderas que no se pueden deducir, y la que da
Gödel es la sentencia que se interpreta por «no soy deducible».
Podríamos pensar en añadir esta sentencia Φ, que no deja de ser una sentencia
un tanto «especial», como axioma, pues es «verdadera». Con ello tendríamos
la teoría extendida P ∪ Φ, en la cual Φ es trivialmente decidible. Sin embar-
go, como ya dijimos, al añadir una nueva clase de axiomas que sea recursiva
primitiva, nada cambia, y el método de prueba de Gödel sigue siendo válido.
O sea, se podría volver a construir Φ∗ ∈ Sent(LA) indecidible en P ∪ Φ.
El segundo teorema de incompletitud es un corolario del primero, en el sentido
de que aporta una sentencia que no es deducible. Ahora bien, esta sentencia es
muy particular, y es que la interpretación natural de la misma es que el sistema
es consistente. Es decir, si se cumple la hipótesis del primer teorema, esto es, que
P es consistente, entonces no podemos deducir que lo es, no podemos probar su
consistencia.
La idea es construir la sentencia κ que exprese en la interpretación natural que el
sistema formal es consistente (propiedad metamatemática). Bastará con una fórmula
que exprese que x ̸= x no es deducible. Fijándonos en γ(x) (2.4.4), ponemos
κ := γ(u) = ∀y¬ω1 (u, y), (2.4.6)
donde u es el número de Gödel de la sentencia 0 ̸= 0, u = g(0 ̸= 0). De
manera similar a los argumentos usados en la sentencia de Gödel Φ, esta fórmula
está expresando que no existe ninguna demostración de la sentencia con número
de Gödel u, esto es, de 0 ̸= 0. O lo que es lo mismo, que P es consistente. Todos
los razonamientos aritméticos usados por Gödel pueden formalizarse en LA (todos
los conjuntos, relaciones y funciones que usa, son representables en P), y se puede
demostrar que
κ→Φ
es deducible. Es decir, que es un teorema:
P ⊢ κ → Φ.
Este es el paso crítico. A partir de aquí, el razonamiento es simple. Recordemos
que Φ expresa la proposición metamatemática que afirma su indecibilidad, luego
podemos decir que la fórmula κ → Φ expresa que si P es consistente, entonces es
incompleta (Φ se cumple, luego se cumple una fórmula indecidible, luego el sistema
es incompleto). Vemos por tanto que κ → Φ no es sino la formalización (que Gödel
efectúa) de la proposición metamatemática que es el primer teorema de incompleti-
tud. Pero si podemos deducir la fórmula κ, o sea, si P ⊢ κ, entonces, aplicando MP,
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 84
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
tendríamos que la fórmula Φ es deducible. Pero en el primer teorema de incomple-
titud hemos demostrado que si P es consistente, entonces P ⊬ Φ. En consecuencia,
no es posible que κ sea deducible. Es decir, no podemos probar formalmente la
consistencia de P.
Corolario 2.4.19 (Segundo teorema de incompletitud). Sea κ la sentencia γ(u) =
∀y¬ω1 (u, y).
P consistente =⇒ P ⊬ κ.
Demostración.
Por reducción al absurdo: supongamos que P ⊢ κ.
Se tiene que P ⊢ κ → Φ.
Por MP a κ y κ → Φ, P ⊢ Φ.
Contradicción con el primer teorema de incompletitud, luego P ⊬ κ.
2.4.6. Sentencias indecidibles de la aritmética
Gödel ha probado que hay al menos dos sentencias formales que son indecidi-
bles: Φ y κ. De aquí se deduce que hay enunciados aritméticos verdaderos que no
son demostrables formalmente. Ahora bien, Φ y κ son sentencias un tanto espe-
ciales, que relacionan numéricamente (W1 ) algunos números de Gödel involucrando
directamente conceptos lógicos. Nos preguntamos, ¿Existen enunciados genuinamen-
te aritméticos que sean indecidibles en P? La respuesta es que sí, y vamos a dar
un ejemplo (para conocer más ejemplos, como el teorema de Goodstein, véase [3]
Bovykin 2006).
Uno puramente aritmético indecidible es el llamado teorema reforzado de Ramsey
para el caso finito. La teoría de Ramsey es una interesante rama de la combinatoria
que estudia, a grandes rasgos, las propiedades estructurales de ciertas estructuras
matemáticas, típicamente de los grafos, a través de ciertas características específicas
de sus subestructuras.
Un resultado central es el teorema de Ramsey, que tiene varias versiones (véase
[36] Woods 1979, cap. 9). En este caso damos la «versión aritmética», o sea, en
forma de subconjuntos de N.
Teorema 2.4.20 (de Ramsey (caso infinito)). Consideremos N y coloreemos los
subconjuntos de N de tamaño m con c colores diferentes. Entonces existe algún
subconjunto infinito B de N tal que todos sus subconjuntos de tamaño m tienen
todos el mismo color.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 85
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Teorema 2.4.21 (de Ramsey (caso finito)). Para todo k ∈ Z+ y cualquier r ∈ Z+ ,
existe R(k, r) ∈ Z+ tal que para cualquier coloración de los subconjuntos de tamaño
k de {1, 2, ..., R(k, r)} con r colores, siempre existe al menos un subconjunto B de
{1, 2, ..., R(k, r)} tamaño k en el que todos sus elementos tienen el mismo color.
El teorema reforzado de Ramsey para el caso finito es una extensión del teorema
de Ramsey para conjuntos finitos. En pocas palabras, afirma que para cualquier
conjunto finito de colores y cualquier secuencia finita de números, siempre existe un
número lo suficientemente grande tal que en cualquier coloración de los subconjuntos
de ese número con los colores dados, siempre hay un subconjunto de la secuencia en
el que todos sus elementos tienen el mismo color.
Pues bien, el teorema de Paris-Harrington prueba que el teorema reforzado de
Ramsey para el caso finito no es deducible en la aritmética de Peano de primer
orden45 (en P). Paris y Harrington probaron que mostrando que si existe una prueba
en la aritmética de Peano, entonces el teorema reforzado de Ramsey para el caso
finito implica la consistencia de P. Pero por el segundo teorema de incompletitud
de Gödel esto es imposible, luego necesariamente no existe una prueba formal en la
aritmética de Peano de primer orden del teorema de Ramsey finito reforzado.
Teorema 2.4.22 (de Paris Harrington). El enunciado «para todo k ∈ Z+ y cual-
quier r ∈ Z+ , existe R(k, r) ∈ Z+ tal que para cualquier coloración de los subcon-
juntos de tamaño k de A = {k + 1, k + 2, ..., R(k, r)} con r colores, siempre existe al
menos un subconjunto B de A con card(B) >min(B) en el que todos sus elementos
tienen el mismo color» es indecidible en P46 .
2.4.7. Computabilidad
A modo de consecuencias del teorema de Gödel vamos a dedicar un breve apar-
tado a la computabilidad de la mano del genial matemático británico Alan Turing
(para ampliar información sin perder de vista los teoremas de Gödel, véase [[30] Pla
i Carrera, 2012, cap.11]; y para una introducción formal y rigorosa a la computabi-
lidad puede consultarse [[32] Rayward-Smith 1986]).
Hilbert y Ackermann se plantearon el famoso problema de decisión en el año
1928 (si bien Hilbert ya lo había involucrado en torno a la resolubilidad de ciertas
ecuaciones diofánticas en el décimo problema en el Congreso de París de 1900). Un
problema de decisión o decibilidad consiste en la posibilidad de idear un «proceso»
o un «algoritmo» para la comprobación de la validez de una fórmula (es decir,
que decidiera si es, o no, un teorema). En la lógica proposicional la respuesta es
afirmativa, pero en lógica de primer orden es imposible, tal y como demostraron
Alan Turing y Alonzo Church.
45
Si bien es fácilmente demostrable en aritmética de segundo orden.
46
Puede encontrarse una demostración en ([3] Bovykin 2006).
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 86
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
La relación con los teoremas de incompletitud va a venir con la tesis de Church,
que identifica las funciones recursivas con las funciones computables. Primero vea-
mos las definiciones básicas que podemos manejar, por ahora, en torno a la idea
matemática de algoritmo.
Definición 2.4.23 (Conjunto recursivo/decidible). Un conjunto A de número natu-
rales es recursivo si para cualquier número natural, se sabe (o sea, existe un algoritmo
que determina) si pertenece, o no, a A.
Con lo comentado en la sección 2.4.3 es claro que una definición equivalente es
si A posee una función característica recursiva. Es decir, una función 1A tal que
1 , si x ∈ A,
1A (x) =
0 , si x ∈
/ A.
Definición 2.4.24 (Conjunto recursivamente numerable/listable). Un conjunto A
de número naturales es recursivamente numerable si es el conjunto vacío o si se
pueden generar todos los elementos de A. Esto es, si existe una función f : N → N
tal que Im(f ) = A.
La diferencia es sutil. Mientras que para un conjunto recursivo, disponemos de un
algoritmo que nos dice si un elemento pertenece o no al conjunto, para uno recursi-
vamente numerable disponemos de un algoritmo que va efectivamente construyendo,
uno tras otro, los elementos del conjunto. Es claro que todo conjunto recursivo (de-
cidible) es recursivamente numerable (listable), pero no a la inversa, y esto va a ser
clave para resolver el problema de decisión.
Teorema 2.4.25. Todo conjunto de números naturales A decidible es listale.
Demostración. Si es el conjunto vacío, es trivial. Si no lo es, y 1A es su función
característica, que es recursiva, definimos f (n) = 1A (n) · n + (1 − 1A ) · a, con a ∈ A
fijo, y Im(f ) = A.
Para demostrar que a la inversa es falso, nos preguntamos si, conociendo una
función f tal que Im(f ) = A, podemos saber si un n natural dado pertenece a
ese conjunto. A es construible haciendo f (1), f (2), , .. etc. Pero, a pesar de ser
construible, jamás será efectivamente construido debido a la infinitud de N.
Para formalizar matemáticamente las nociones de algoritmo y computación, Alan
Turing introdujo lo que hoy se conoce como máquinas de Turing. Vamos a proceder
de la manera escrita en ([30] Pla i Carrera 2012, pp. 224-233), aunque para un
tratamiento verdaderamente formal véase ([32] Rayward-Smith 1986, cap. 2). Por
ejemplo, nuestra definición de máquina de Turing será heurística, y no formal.
Definición 2.4.26 (Máquina de Turing). Consideraremos una máquina de Turing
M como una cinta ilimitada, dividida en celdas individuales tal que:
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 87
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Cada celda individual, o bien está vacía, lo cual denotaremos por ∧, o bien
contiene un «palo» o marca, que denotamos por |.
Consta de un lector que lee el contenido de una única celda tras cada cómputo.
Tiene una colección de estados internos posibles, q0 , q1 , q2 , ..., qs , de manera
que tiene una «caja negra» que indica en cuál de ellos se halla la máquina.
Para una entrada de k número naturales, en la cinta se escriben esos k números
(n1 , n2 , ..., nk ) con una celda vacía de separación entre cada uno de ellos. El
resto de celdas están vacías. Un número n se representa en la cinta con n + 1
marcas | consecutivas47 .
Se coloca el cabezal del lector a la derecha del último | (el que esá más a la
derecha) escrito en la cinta.
El estado interno inicial es q0 .
Además, la máquina actúa a través de un programa (que podremos escribir
en forma de matriz) ejecutando, en cada iteración, una de las siguientes acciones
dependiendo del estado interno y de la lectura del cabezal:
Borra lo que esté escrito en la celda que lee el cabezal, dejándola vacía (∧), y
se coloca en un estado interno.
Borra lo que esté escrito en la celda que lee el cabezal, dejando escrito un palo
|, y se coloca en un estado interno.
El cabezal se desplaza a la celda de la derecha (D), y se coloca en un estado
interno.
El cabezal se desplaza a la celda de la derecha (I), y se coloca en un estado
interno.
Cuando no haya ninguna instrucción para el estado interno, se para.
Ejemplo 2.4.27. Las instrucciones de operación para una máquina Turing Ms que
describe la función de paso al siguiente s : N → N, s(n) = n + 1, se expresan a través
de la matriz
" #
q ∧ | q1
Ms = 0 ,
q1 | D q 2
donde cada fila reresenta las iteraciones que se deben hacer según el estado inicial
y las columnas representan, por orden de izquierda a derecha: el estado inicial, la
47
Una celda vacía no es «nada», una marca | es un 0, dos marcas | es un 1, etc.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 88
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
lectura del cabezal, la acción a ejecutar y el estado interno al que se llega en la
misma. Es decir, esta matriz nos está diciendo que en el estado inicial el cabezal
empieza en una celda vacía ∧, y que entonces se debe escribir | en la celda, pasando a
estar en el estado interno q1 . La segunda fila nos indica qué se debe ejecutar cuando
estamos en este estado interno y con el cabezal leyendo una celda con |, que es mover
el cabezal una celda a la derecha. Tras ello el estado interno es q2 , un estado en el
que Ms no actúa, pues no hay instrucciones.
La máquina funcionaría de la siguiente manera. Supongamos que tenemos n +
1 marcas |, es decir, que la entrada de la máquina es el número natural n. Nos
colocamos inicialmente (estado inicial q0 ) a la derecha de la marca (+1)-ésima, esto
es, en una celda vacía ∧. Siguiendo la primera fila de la matriz, al leer ∧, la maquina
escribe | y entra en el estado q1 . Ahora hay escritas n + 2 marcas |, que representan
el número natural n + 1. Al estar en el estado interno q1 , siguiendo las instrucciones
de la segunda fila de Ms , al leer | se desplaza a la derecha, que será una celda vacía
∧, y entra en el estado q2 . Como para este estado interno no hay instrucciones, se
para. Obtenemos entonces
Ms (n) ↓ n + 1,
que quiere decir que ante la entrada n, escribe n + 1 y se detiene. De esta forma
se puede decir que la máquina de Turind Ms computa la función de paso al siguiente
(pronto daremos la definición formal).
Es claro que para una misma función puede haber varias máquinas de Turing
que la computen. Otros ejemplos sería el caso de la función binaria + : N × N → N,
+(m, n) = m+n: M+ (m, n) ↓ m+n, y aunque la matriz no es compleja, es bastante
amplia y no es necesario escribirla aquí. También puede darse el caso de una máquina
de Turing que no se detiene nunca, como vemos en el siguiente ejemplo:
Ejemplo 2.4.28. Unas instrucciones de operación para una máquina Turing Mbucle
que entra en un bucle infinito y no para nunca serían:
h i
Ms = q 0 ∧ ∧ q 0 .
En estos casos en que una máquina Turing, sea cual sea su entrada n, no computa
nada, escribiremos Mbucle (n) ↓ ∞. En caso de que sepamos que en algún momento
se para, pero no conozcamos lo que escribe en la cinta a su salida, pondremos
simplemente M(n) ↓.
También es posible dar ejemplos de máquinas de Turing que en algunos casos,
dependiendo del valor que se introduce en la entrada, computa, y en otros no. Puede
verse un ejemplo en ([30] Pla i Carrera 2012, p. 228).
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 89
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Es claro que toda máquina de Turing M definine, para cada k, una función
k-aria recursiva (parcial48 ) fM
k
de la siguiente forma:
p , si M(n1 , ..., nk ) ↓ p,
k
fM (n1 , ..., nk ) =
no está definida , si Mbucle (n1 , ..., nk ) ↓ ∞.
Recordemos la importancia crucial de estas funciones en la demostración de Gö-
del. Este es el primer punto de contacto. Sin embargo, quizás no sea tan relevante
como parece, pues existen muchos otros algoritmos o métodos, además de las má-
quinas de Turing, para computar las funciones parciales recursivas.
Otro punto de contacto interesante es lo siguiente. Al fin y al cabo, las máquinas
de Turing, como algoritmo que son, no son más que hileras de signos. Podemos por
tanto hacer una analogía con la gödelización de los sistemas formales que detallá-
bamos en la sección 2.4.2, y «gödelizar» o «aritmetizar» las propias máquinas de
Turing a través de la aplicación g: M → g(M). De esta manera estamos numerando
de forma unívoca las máquinas de Turing: M1 , M2 , ..., Mk , .... Les asignamos así
símbolos del lenguaje formal, en concreto funciones monarias φ1 , φ2 , ..., φk , ..., que
son φi = fM1
i
.
Así, gracias a este concepto de máquina de Turing, podemos definir una función
computable (si bien, como hemos dicho, hay otros algoritmos válidos).
Definición 2.4.29 (Función computable). Una función parcial f : A ⊆ Nk → N
es computable Turing si existe una máquina de Turing M tal que, si su entra-
da es (n1 , n2 , ..., nk ), entonces se para cuando en la cinta está escrito el número
f (n1 , n2 , ..., nk ), si (n1 , n2 , ..., nk ) ∈ A, y no se detiene nunca si (n1 , n2 , ..., nk ) ∈
/ A.
O sea
1 , ..., nk ) ↓ f (n1 , n2 , ..., nk ) , si (n1 , n2 , ..., nk ) ∈ A,
M(n
M(n1 , ..., nk ) ↓∞ , si (n1 , n2 , ..., nk ) ∈
/ A.
Y podemos redefinir más rigorosamente algunos de los conceptos que hemos
introducido antes y que son clave en la demostración de Gödel.
Definición 2.4.30 (Conjunto recursivo/decidible). Un conjunto A de número na-
turales es recursivo si su función característica 1A es computable a través de una
máquina de Turing.
De esta manera ligamos perfectamente la decibilidad con la computabilidad a
través de las máquinas de Turing. Esto será fundamental para resolver el problema
de la parada.
48
Recordemos que las funciones recursivas parciales son similares a las funciones recursivas pero
donde se ha suprimido la restricción de que la operación de minimalización únicamente se aplica a
funciones especiales.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 90
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Definición 2.4.31 (Conjunto recursivamente numerable/listable). Un conjunto A
de número naturales es recursivamente numerable si existe una función f : N → N
tal que Im(f ) = A que es computable a través de una máquina de Turing.
Fue utilizando estas ideas que Turing pudo resolver el problema de decisión. Gra-
cias a la enumeración de Gödel tenemos un método para enumerar recursivamente
(función de gödelización g) los teoremas de P. De esta forma tenemos, en la arit-
mética, el conjunto de «teoremas» como el conjunto de números naturales que son
el número de Gödel de un teorema:
Teoremas(P) = {n ∈ N : n = g(φ), con T ⊢ φ}.
Y este conjunto es listable a través de la función g. De esta forma podemos ir
enumerando, uno tras otro, los teoremas de P. AHora bien, seguimos planteándonos
el problema de decisión: ¿es decidible? Es decir, dado una fñormula φ, ¿podemos
saber si T ⊢ φ o no? La respuesta es negativa. No existe ninguna máquina de Turing
que nos diga si un cierto n ∈ N corresponde al número de Gödel de un teorema de
P. O dicho de otro modo, la función característica 1Teoremas(P) no es computable a
travás de una máquina de Turing. Y con esto se resolvía finalmente el problema de
decisión.
Decíamos que la demostración de Gödel tenía en su raíz la idea de las paradojas
de autorreferencia. Turing se planteó el problema en el que una máquina de Turing
se simula a sí misma. Para ello planteó la máquina universal de Turing, que podemos
denominar U. La entrada de esta máquina universal es el par de números naturales
(m, n), y actúa siguiendo esta instrucción: «si m es el número de Gödel de la máquina
de Turing M, m = g(M), entonces la actuación de U es M(n), y en caso contrario
devuelve el valor 0». Esto es
M(n) , si m = g(M) para una cierta máquina de Turing M,
U(m, n) ↓
0 , si para toda máquina de Turing M, m ̸= g(M).
La máquina universal, si tuviese tiempo suficiente, podría efectivamente compu-
tar lo que computa cualquier máquina de Turing (por la aritmetización de las má-
quinas de Turing).
Y relacionado con la idea de la autorreferencia está también el problema de
la parada o «halting problem». En término generales este problema se refiere a
la cuestión de determinar si es posible, a partir de un algoritmo y una entrada
determinada, predecir si llegará un momento en que ese algoritmo se detendrá o,
por contra, continuará ejecutándose indefinidamente. En otras palabras, el problema
busca encontrar un algoritmo general que pueda decidir si cualquier otro algoritmo
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 91
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
dado terminará su ejecución o no. A través de las máquinas de Turing podemos
encontrar una solución.
Ya hemos comentado que se pueden numerar recursivamente las máquinas de
Turing: M1 , M2 , ..., Mk , .... Consideremos ahora la función P : N × N → N definida
de la siguiente forma:
1 , si Mm ↓,
P (m, n) =
0 , si Mm ↓ ∞.
Se podría decir que es la función característica de la expresión «la m-ésima
máquina de Turing con entrada n se detiene». La función P es la función de parada.
Y nos preguntamos: ¿es la función de parada computable Turing? Esto es lo
mismo que preguntarse si el problema de la parada es decidible o no, o sea, si se
puede encontrar un algoritmo que nos diga si, para un problema (por ejemplo, la
pertenencia de un elemento a un conjunto), se puede encontrar un algoritmo que nos
diga si el problema tiene solución. O en otras palabras: nos estamos preguntando
por la decibilidad de la decibilidad.
Teorema 2.4.32 (de indecibilidad del problema de la parada). La función de parada
P no es computable.
Demostración. Primero consideremos Wn = {n : φn (n) ↓}, y veamos que no es
decidible (recursivo). Supongamos que sí. Entonces, por definición, su función ca-
racterística
1 , si Mm ↓,
1Wm (n) =
0 , si Mm ↓ ∞,
es computable Turing. Entonces la siguiente función también es computable
0 , si 1Wm (n) = 1,
g(n) =
no está definida , si 1Wm (n) = 0.
En consecuencia, ∃m ∈ N tal que g = φm . Pero entonces
m ∈ Wm ⇐⇒ Mm ↓ ⇐⇒ g(m) = 0 ⇐⇒ m ∈
/ Wm ,
que es una contradicción. Por tanto, Wn es decidible. Consideramos el conjunto
H = {(m, n) : Mm (n) ↓}.
Y el problema de la parada queda planteado de la siguiente manera: H es indeci-
dible. Por reducción al absurdo: si fuese decidible, entonces su función característica
1H sería computable Turing. También lo sería entonces la función f (n) = 1H (n, n).
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 92
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
Pero f ≡ 1Wm , que hemos visto que no es computable. Hemos llegado a una contra-
dicción.
Por último, tras haber comentado ya la utilidad de la computabilidad en la
clasificación de los conjuntos, relaciones y funciones que Gödel utiliza en su prueba,
plasmamos el teorema de Church, que finalmente identifica las funciones recursivas
con las funciones computables.
Teorema 2.4.33 (de Church-Turing). Las funciones computables Turing coinciden
con las funciones parciales recursivas.
Corolario 2.4.34. Si f es una función total de número enteros positivos, entonces
f es recursiva si, y sólo si, f es computable Turing.
Corolario 2.4.35. Una función f es representable en P si, y sólo si, f es computable
Turing y total.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 93
Conclusiones
Para concluir con este Trabajo Fin de Grado, sintetizaremos en las conclusiones
los resultados más importantes. Comentaremos también la relación que guarda con
las materias estudiadas en el grado en Matemáticas, y las posibilidades de continuar
ahondando en estos temas.
A lo largo del texto hemos trabajado en dos ámbitos: la aproximación filosófica
y la aproximación formal a los teoremas.
En el primero hemos repasado las corrientes clásicas más importante en filosofía
de la Matemática. En primer lugar hemos justificado, tomando como base la idea
de Filosofía de Gustavo Bueno, la pertinencia de este apartado filosófico dentro
de un trabajo de matemáticas. A lo largo de las cuatro secciones de este capítulo
hemos citado abundantemente a los matemáticos y lógicos que representan dichas
filosofías. Y es que, como decíamos, la metodología de la Matemática entra a la vez
en el terreno de la filosofía y en el de la lógica. Creemos que en esta síntesis hemos
conseguido enlazar las distintas ideas filosóficas con los momentos históricos que las
representan, desenbocando al final en los teoremas de incompletitud de Gödel. Así
hemos podido comprender bien las posibles respuestas, esencialmente, a la magna
pregunta: ¿qué es la Matemática? A modo de conclusión resumamos las cuatro
posturas fundamentales:
Platonismo. Hemos distinguido, en la línea de José Ferreirós Domínguez,
entre lo que podríamos llamar un platonismo fuerte y uno débil. El primero
recoge la vertiente clásica que considera que los objetos matemáticos tienen
existencia por sí mismos, independientemente de nosotros. Así, cuando llega-
mos a un resultado nuevo en matemáticas, estamos descubriendo algo que ya
existía. Defensores de esta postura, y de forma crucial para sus trabajos en
matemáticas, fueron Bourbaki, Cantor y Gödel. Por contra, el platonismo dé-
bil es inevitable en las matemáticas modernas, en las que damos por existentes
todo lo que sea admisible (no contradictorio). Se podría resumir en la asunción
de la existencia, como totalidad, del conjunto de los número naturales.
Logicismo. Esta corriente reduce estrictamente las matemáticas a la lógica,
que existe primariamente. En palabras de Frege, los entes lógicos existían al ser
95
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
las leyes de las leyes de la Naturaleza. Así, se entienden las verdades matemá-
ticas como verdades analíticas (son tautologías, en la línea de Wittgenstein),
pues dependen únicamente de usar correctamente las reglas lógicas. Fue el mis-
mo Frege quien dio inicio a la lógica moderna y al programa logicista. Tras el
escándalo de las paradojas de autorreferencia, Russell y Whitehead redactaron
los Principia Mathematica, sistema con el que trabaja Gödel en la demosta-
ción de sus teoremas. A pesar de ser una fundamentación de la Matemática,
los Principia adolecían de parecer sospechosamente ad hoc para evitar las an-
tinomias, además de contener en su base una teoría de Clases que posponía
el problema: o bien el logicismo es una tesis errónea, o bien se fundamenta en
una Teoría de Conjuntos.
Intuicionismo. Las tesis intuicionistas, que se basan en el constructivismo
matemático, defienden que la esencia de las matemáticas reside en nuestra
intuición, que ésta es el motor primario de las mismas. Tras la llegada de
las geometrías no euclídeas y el tratamiento cada vez más abstracto en la
aproximación moderna a las matemáticas, el intuicionismo no ha podido sino
retroceder. A pesar de ello, casi nadie se atreverá a negar un papel importante
a lo que llamamos «intuición matemática» en el Hacer Matemático. En este
apartado hemos tratado con los matemáticos que desarrollaron una nueva
matemática intuicionista, como Brouwer, Heyting o Poincaré, así como los
orígenes kantianos de estas ideas. Posteriormente hemos analizado la base
constructivista y aristotélica de los Elementos de Euclides, entre otras cosas.
Formalismo. Mientras que el platonismo y el logicismo sustantivizan la ver-
dad matemática como algo externo a nosotros, el formalismo vuelve al boli y
el papel para decir que la Matemática no es sino el juego de signos carentes
de significado que realizamos los matemáticos de carne y hueso. Estos jue-
gos de signos se ordenan en los sistemas formales, cada uno con sus reglas de
transformación. Hemos hablado in extenso del Programa Formalista de Hilbert
para fundamentar las matemáticas, clave en el desarrollo de los teoremas de
incompletitud. Además hemos introducido la noción de modelo a través de un
ejemplo, y hemos analizado los conceptos de axiomas e independencia, para
terminar con una primera arpoximación a los teoremas de Gödel.
En el segundo capítulo tratamos una aproximación puramente formal a los teore-
mas de incompetitud, cuyo objetivo principal ha sido la demostración de los mismos.
Hemos definido las teorías formales de primer orden rigorosamente. Primero expli-
cando la sintaxis y la semántica de los lenguaje formales de primer orden, y la
importancia de ambas partes y su relación. Hemos logrado clarificar en detalle qué
se entiende por «verdad» y «deducción» en matemáticas, sin duda una de las claves
del trabajo. Tras ello hemos podido definir formalmente la decibilidad, la consisten-
cia y la completitud de una teoría formal, conceptos esenciales en los teoremas de
incompletitud.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 96
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
A continuación hemos abordados ideas introductorias en torno a estos términos,
como comprobar la completitud y consistencia de la colección de sentencias ver-
daderas en un modelo de la toería. También dedicamos un apartado a establecer
algunos de los metateoremas lógicos más importantes previos a los teoremas de in-
completitud. Por ejemplo, el teorema de completitud de Gödel, del que damos una
demostración parcial, que identifica las verdades en todos los modelos de una teoría
formal de primer orden con los teoremas de la misma. También la generalización
del mismo en el teorema de Henkin, los teoremas de compacidad y el teorema de
Löwenheim-Skolem-Tarski. En relación a este último, hemos dado un ejemplo de
construcción de un modelo no estándar para la aritmética de Peano de primer or-
den, construyendo lo que hemos llamado un «número infinito», esto es, un número
que es más grande que cualquier número natural.
Dentro de este segundo capítulo podemos distinguir dos partes: la primera, la an-
teriormente comentada, y la segunda la relativa al macroapartado de los teoremas de
Gödel. En esta segunda parte, que corresponde a la sección 2.4, hemos desarrollado
ampliamente las distintas ideas que Gödel utiliza en la demostración de sus teoremas
de incompletitud. Posteriormente detallamos los teoremas y sus demostraciones, y
dedicamos dos apartados a modo de consecuencias de los mismos. Sinteticemos estas
ideas fundamentales:
Introducción de Gödel. Comentamos la introducción original de Gödel,
muy útil para entender el planteamiento general de demostración.
Gödelización. Estudiamos en detalle el sistema creado por Gödel para arit-
metizar el sistema formal P a través de la numeración de Gödel. De esta forma
todo símbolo, fórmula o sucesión de fórmulas del sistema formal tiene asociado
un número de Gödel, estableciendo un puente entre proposiciones metamate-
máticas y propiedades aritméticas aritmetizando el lenguaje formal.
Teoría de la Recursión. Gödel desarrolla la teoría de la recursión, que se
convierte en el paso previo fundamental para clarificar qué relaciones, fun-
ciones y conjuntos de N (que, como hemos dicho, representan proposiciones
metamatemáticas) son representables en la teoría P.
Representabilidad sintáctica. Para la demostración de los teoremas de
incompletitud, Gödel precisa que expresiones como «φ es una fórmula de P»,
«φ es un axioma» o «φ es demostrable», que de ninguna manera pertenecen a
P, puedan, sin embargo, representarse en el sistema. Para ello debe formularlas
como relaciones recursivas primitivas, y demuestra que son precisamente estas
relaciones las que son representables en P.
Demostraciones. En este apartado presentamos unas demostraciones ade-
cuadas de los dos teoremas de incompletitud, además de una explicación de-
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 97
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
tallada de los mismos: algunos conceptos previos, como la ω-consistencia y los
conjuntos primitivo recursivos, y algunas conclusiones y aclaraciones.
Sentencias indecidibles de la aritmética. Exponemos un ejemplo de sen-
tencia puramente aritmética que, ni ella ni su negación, pueden demostrarse
formalmente en P. Se trata del teorema de Paris-Harrington, que establece la
indecibilidad del teorema reforzado de Ramsey para el caso finito.
Computabilidad. Como apartado relativo a consecuencias del teorema de
Gödel, hablamos de computabilidad. Para ello estudiamos el concepto de deci-
bilidad y el inicio de la computación. A través de las máquinas de Turing somos
capaces de definir formalmente la computabilidad y resolvemos el problema de
la parada.
Un texto que trata un tema tan ambicioso como este siempre adolece de no ser
del todo completo (siempre se puede tirar de algún hilo colindante) y rigoroso. En
cuanto al nivel de detalle, creemos que se ajusta a las exigencias para un Trabajo de
Fin de Grado, y que no trata los teoremas de incompleitud desde una perspectiva
divulgativa, que es lo único que los estudiantes de matemáticas suelen conocer, sino
formal. Además, hemos tratado las dos vertientes del teorema in extenso, algo poco
habitual. Los libros estrictamente de lógica matemática ignoran la aproximación
fislosófica, y raramente los manueales de filosofía universitaria estudian el tema en
profundidad. Sí que hemos de decir que, en la literatura especializada en filosofía
de las matemáticas, el alto nivel de la aproximación lógica es habitual, y en España
tenemos grandes pensadores que así lo han demostrado, como Javier de Lorenzo o
Josep Pla i Carrera.
Podríamos continuar trabajando en el texto ampliando el tratamiento relativo
a la Teoría de Conjuntos. Por ejemplo estudiando la independencia axiomática de
la misma, sus modelos o sus sentencias indecidibles (como la hipótesis general del
continuo).
A lo largo de este Trabajo Fin de Grado no hemos utilizado, realmente, muchos
conceptos de los estudiados en las asignaturas del grado en Matematicas, pues no
hay posibilidad de cursar ninguna asignatura de lógica matemática, y menos aún de
filosofía. Aún así, estos teoremas son, como hemos comentados, con todo derecho,
teoremas matemáticos. Acaso se ha comentado algo en la asignatura de Topología
relativo a la definición de conjunto, la paradoja de Russell, los conjuntos infinitos o
independencia de axiomas en la teoría axiomática de conjuntos, entre otras cosas.
Pero no fue parte importante de ningún tema de la asignatura. Sin embargo, es
fundamental conocer las matemáticas si se pretende, tanto hablar de filosofía de
las matemáticas, y más en un tema que abarca cuestiones como la «verdad» y la
«demostración», como estudiar lógica matemática, en particular los teoremas de
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 98
CAPÍTULO 2. APROXIMACIÓN FORMAL
incompletitud de Gödel. Por ello, si bien estos temas no se han tratado a lo largo
del grado, es todo el grado, en cierto modo, el que se trata en estos temas.
Vale.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 99
Apéndice A
La prueba de la existencia de
Dios: el argumento ontológico
El argumento ontológico es un argumento clásico sobre la existencia de Dios
que se remonta al teólogo del siglo XI San Anselmo de Canterbury. Como el pro-
pio nombre (dado por Kant) indica, se basa en la ontología de Dios, es decir, en
«lo que Dios es», en su categoría existencial o esencial. Más precisamente trata de
probar que la ontología necesaria que debería tener aquello que llamamos Dios im-
plica necesariamente su existencia, pues el no existir iría en contra de sus atributos
ontológicos.
La idea general de San Anselmo es la siguiente: Dios es, por definición, el ser
más perfecto que puede ser pensado. Este ser existe en nuestra mente, podemos
concebirlo. Ahora bien, si el ser más perfecto existe en nuestra mente y no existe en
la realidad, entonces es que no es el ser más perfecto, o que no es del todo perfecto,
pues el más perfecto debe tener el atributo de la existencia1 . Por lo tanto, ese ser
perfecto que llamamos Dios y existe en nuestra mente debe existir también fuera de
ella necesariamente.
El argumento ha sido discutido durante siglos. Una crítica breve es argüir que la
existencia no es una cualidad, o sea, no es un predicado, sino un «cuantificador», de
forma similar a la manera en que se trabaja en lógica formal (para decir que existe
una variable x que cumple la fórmula φ, escribimos ∃xφ(x), y no E(x), φ(x) con E
un predicado de x que le otorga la propieda de existir). Por otra parte Kant criti-
ca, en consonancia creemos con su constructivismo matemático (véase p. 30), que
la mera definición sin contradicción, a través de ciertas propiedades, no implica la
existencia. De hecho, podemos pensar en ejecutar el argumento, en lugar de para un
ser perfecto, para una «isla perfecta», o cualquier otra cosa, y demostrar su existen-
cia. Otra cuestión sería, además, como planteaba Santo Tomás, si los seres humanos
1
En la prueba de Gödel es el axioma A.0.11, que dice que la propiedad de existir necesariamente
es una propiedad positiva.
101
APÉNDICE A. LA PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS: EL
ARGUMENTO ONTOLÓGICO
pueden conocer la naturaleza de Dios. Esto nos recuerda al dilema de Benacerraf
sobre la posibilidad de que los humanos (contingentes) conozcan las proposiciones
matemáticas si estas son de naturaleza platónica (necesarias) que vimos en la p. 202 .
En cualquier caso este tema, que se sigue debatiendo hoy, es tan amplio como
interesante, y el lector puede encontrar abundante bibliografía. Lo que nos interesa
aquí es la prueba lógica que Gödel redactó en 1941, un trabajo que nunca llegó a
publicar. En ella trabaja con la lógica modal (de segundo orden), una lógica avanzada
en la que hay dos modos de verdad: la verdad necesaria y la verdad contingente. Con
ello trata de recoger las expresiones «es necesario que» y «es posible que», o dicho
de otro modo, «verdad en todos los mundos posibles» y «verdad en algún mundo
posible». Esto último no es sino una interpretación de la lógica modal. Resumamos
algunas características esenciales de la lógica modal para poder entender la prueba
gödeliana:
Si una afirmación p es cierta en todos los mundos posibles, entonces es nece-
saria, y lo denotamos: □p.
Si una afirmación p es cierta en algún mundo, entonces es posible, y lo deno-
tamos: 3p.
No todos los mundos tienen los mismos «objetos».
Una propiedad φ(x) asigna a cada «objeto» x, en cada mundo posible, un
valor lógico: verdadero o falso.
La «implicación» en lógica modal se refiere a cualquier mundo posible, y se
denomina «implicación modal». O sea, que la propiedad φ implica la propiedad
ψ quiere decir que, en cualquier mundo posible donde un objeto tenga la
propiedad φ, entonces en ese mundo posible también tiene la propiedad ψ.
Un ejemplo sencillo es la propiedad de existir un objeto x > 0 tal que x2 − 2 = 0.
Para un objeto x, tener esta propiedad es posible (si es un número real, un mundo
posible) pero no la tiene necesariamente (si es un número racional, otro mundo
posible). Por tanto, la afirmación φ(x) :=«existe un objeto x > 0 tal que x2 −2 = 0»
es posible, pero no necesaria, 3p, ¬□p. Si consideramos la propiedad ψ(x) :=«x no
es racional», tenemos que φ(x) → ψ(x).
En la demostración va a ser fundamental la definición de propiedad positiva
P , una propiedad que se aplica a las propiedades φ. Si una propiedad es positiva
escribiremos P (φ). Además, asumiremos que la positividad de un propiedad es in-
dependiente de los objetos que la satisfacen, luego su es positiva para un objeto, lo
es para todos. Esta propiedad es un punto delicado, pues en principio parece haber
2
Ya que vamos a dar una «prueba» del argumento ontológico, nos hemos permitido indicar en
este párrafo algunas de las contraargumentaciones habituales.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 102
APÉNDICE A. LA PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS: EL
ARGUMENTO ONTOLÓGICO
propiedades «positivas» contradictorias entre sí, como por ejemplo la «justicia» y
la «misericordia» la «libertad» y el «bien» (al menos en cuanto al hecho de que la
libertad es también la libertad para hacer el mal; ¿es preferible que no haya mal
pero no seamos libres, o que seamos libres pero haya mal?).
En cualquier caso, estamos ya en condiciones de abordar la demostración de
Gödel (la tomamos de [[30] Pla i Carrera 2012, cap. 1]). Consta de cinco axiomas, 3
definiciones y 5 teoremas.
Como axioma previo que ya hemos adelantado antes, suponemos que del conjunto
de propiedades podemos distinguir y separar las propiedades positivas.
Axioma A.0.1. Si φ es una propiedad positiva, y φ implica ψ, entonces ψ también
es una propiedad positiva.
Axioma A.0.2. Si φ es una propiedad positiva, entonces o bien φ es cierta, o bien
¬φ es cierta, pero no ambas.
Teorema A.0.3. Si φ es una propiedad positiva, entonces existe un objeto x en
algún mundo posible que la satisface: φ(x).
Demostración.
Por reducción al absurdo: supongamos que φ es positiva y no hay objeto
que la satisfaga en ningún mundo.
Esto es, en todos los mundos posibles, no hay objetos con la propiedad φ.
O lo que es lo mismo, □¬φ.
Por el axioma proposicional 1, φ → ¬φ.
Trivialmente, φ → φ.
Como φ es positiva, entonces ¬φ también lo es.
Contradicción con el axioma A.0.2.
Definición A.0.4 (Propiedad divina G, Dios). Sea x un objeto en algún mundo
posible. G(x) es cierto si, y sólo si, en ese mundo, x satisface todas las propiedades
positivas. A un objeto que tiene la propiedad divina lo denominamos Dios3 .
Axioma A.0.5. La propiedad divina G es positiva (P (G)).
Teorema A.0.6. En algún mundo hay un objeto que es Dios.
Demostración. Resulta de aplicar el teorema A.0.3 a la propiedad divina G, que es
positiva.
3
De esta forma ninguna propiedad negativa ψ puede ser divina, pues en tal caso la propiedad
positiva ¬ψ no se podría satisfacer. Dios no puede tener propiedades negativas.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 103
APÉNDICE A. LA PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS: EL
ARGUMENTO ONTOLÓGICO
Definición A.0.7 (Esencia). Una propiedad φ es una esencia del objeto x si, y sólo
si,
1. El objeto tiene la propiedad φ, φ(x).
2. Para toda cualquier otra propiedad satisfecha por x, ψ(x), φ implica necesa-
riamente ψ.
Axioma A.0.8. Una propiedad positiva es una propiedad positiva en todos los
mundos posibles.
Teorema A.0.9. Si x es Dios, esto es, G(x), entonces la propiedad divina G (la
propiedad de ser Dios) es una esencia de x.
Demostración.
Por hipótesis, G(x).
Sea φ otra propiedad de x, φ(x). Veamos que G implica necesariamente φ.
Por definición, Dios no puede tener propiedades negativas, luego φ es una
propiedad positiva.
Por el axioma A.0.8, φ es una propiedad positiva en todos los mundos.
Así, φ(x) en todos los mundos.
En cualquier mundo posible, G(x) implica φ(x).
G(x) implica necesariamente φ(x).
Definición A.0.10 (Necesariamente Existente NE). Un objeto x es necesariamente
existente (NE) si, y sólo si, satisface la siguiente propiedad: Para cada esencia φ de
x, en todos los mundos posibles existe un objeto y que satisface la propiedad φ4 .
Axioma A.0.11. La propiedad NE es una propiedad positiva.
Teorema A.0.12. Existe un Dios en todos los mundos posibles.
Demostración.
Por el axioma A.0.11, NE es positiva.
Por el axioma A.0.8, NE es positiva en todos los mundos posibles.
Por el teorema A.0.6, hay un Dios (x tal que G(x)) en algún mundo.
Por tanto, en algún mundo Dios es NE (x es NE).
Por el teorema A.0.9, la propiedad divina G es una esencia de x.
Por la definición de NE, en todos los mundos posibles existe un objeto que
satisface la propiedad G.
Esto es, en todos los mundos existe un Dios.
4
Es decir, un objeto existe necesariamente si, y sólo si, todas sus esencias se satisfacen en todos
los mundos posibles.
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 104
APÉNDICE A. LA PRUEBA DE LA EXISTENCIA DE DIOS: EL
ARGUMENTO ONTOLÓGICO
Corolario A.0.13. No puede haber dos propiedades que distingan dos dioses.
Demostración.
Por reducción al absurdo: supongamos que hay dos dioses, uno de ellos
satisface la propiedad φ y el otro no.
Por ser la propiedad de un Dios, φ debe ser positiva.
Por el axioma A.0.8, φ es una propiedad positiva en todos los mundos.
Pero entonces hay un Dios que no tiene una propiedad positiva, pues no
satisface φ.
Contradicción con la definición de Dios.
Hasta quí la prueba. A continuación lo presentamos todo (sin demostraciones)
formalmente (escribimos φ ess x para expresar que la propiedad φ es una esencia
del objeto x):
Ax. 1. P (φ) ∧ □∀x(φ(x) → ψ(x)) → P (ψ).
Ax. 2. P (¬φ) ↔ ¬P (φ).
T. 1. P (φ) → 3∃xφ(x).
Def. 1. G(x) ⇔ ∀(P (φ) → φ(x)).
Ax. 3. P (G).
T. 2. 3∃xG(x).
Def. 2. φ ess x ⇐⇒ φ(x) ∧ ∀ψ(ψ(x) → □∀x[φ(x) → ψ(x)]).
Ax. 4. P (φ) → □P (φ).
T. 3. G(x) → G ess x.
Def. 3. NE(x) ⇐⇒ ∀φ φ ess x → □∃yφ(y).
Ax. 5. P (NE).
T. 4. □∃xG(x).
Cor. 1. G(x) ∧ G(y) → ∀φ φ(x) ⇐⇒ φ(y).
Para otra prueba de la existencia de Dios véase ([10] Einstein, 1915).
LOS TEOREMAS DE GÖDEL 105
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