TEMA 10.
INTERPRETACIÓN GLOBAL DE LOS PROCESOS GEOLÓGICOS EN
EL MARCO DE LA TEORÍA DE LA TECTÓNUCA DE PLACAS
El guion que se seguirá para el desarrollo del tema es el siguiente:
0. INTRODUCCIÓN Y VINCULACIÓN CON EL CURRÍCULO
1. SÍNTESIS DE LA TEORÍA DE LA TECTÓNICA DE PLACAS
2. LA DINÁMICA GLOBAL EN LA HISTORIA DE LA TIERRA: EL CICLO DE WILSON
3. CONSECUENCIAS DE LA TECTÓNICA DE PLACAS
3.1. Sismicidad
3.2. Magmatismo y tectónica de placas
3.3. Metamorfismo y tectónica de placas
3.4. Sedimentación y tectónica de placas
3.5. Deformaciones corticales
4. CONCLUSIONES Y CONSIDERACIONES PEDAGÓGICAS
5. BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA
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0. INTRODUCCIÓN Y VINCULACIÓN CON EL CURRÍCULO
Desde la antigüedad, las montañas han jugado un papel relevante para casi todas las culturas y
civilizaciones. Sin embargo, el interés en la interpretación de su origen no ha tenido paralelamente
el mismo grado de implicación a lo largo de la historia. Ello no significa que su origen no haya
suscitado duda alguna, pues es cierto que a lo largo de los siglos se fueron lanzando distintas teorías
sobre la orogenia o creación de las montañas; todas ellas explicaban que estas se creaban por
movimientos verticales.
Durante unos 100 años, desde 1860 a 1960, la denominada teoría contraccionista daba explicación
los procesos geológicos que ocurrían en la Tierra. Esta teoría explicaba cómo la Tierra se contraía al
enfriarse y, a consecuencia de este proceso, se producían grandes plegamientos (como arrugas) en
la corteza.
En la primera década del siglo XX, comenzaron a aportarse datos que parecían indicar que algunos
continentes habían estado unidos en el pasado; la respuesta de los contraccionistas fue asegurar que
los continentes no se habían desplazado; a esta teoría se la llamó fijista.
La propuesta más innovadora y revolucionaria llegó a principios del siglo XX de manos de un
meteorólogo alemán doctorado en astronomía, Alfred Wegener, que propuso la teoría de la deriva
continental. - ¡Oh, qué locura, los continentes se mueven! - Los fijistas no podían aceptarlo y Wegener
fue ridiculizado. Su teoría al igual que tenía detractores, los fijistas, tenía también partidarios, los
movilistas u horizontalistas. Años más tarde, diversos descubrimientos le dieron la razón a estos
últimos.
En la segunda mitad del siglo XX aún se discutía sobre el origen de las montañas, sin embargo, ya se
estaba gestando lo que constituía uno de los mayores cambios conceptuales en la historia de las
ciencias, comparable con la Teoría Copernicana, la Mecánica Cuántica o la Relatividad. Numerosos
estudios desarrollaron el gran paradigma actual de la Geología: la Tectónica de Placas o Tectónica
Global (Wilson, 1963; Morgan, 1968; Dewly, 1972; Mckenzie, 1977).
Las novedades tecnológicas en experimentación y en tomografía han posibilitado una depuración y
renovación de muchas hipótesis auxiliares de la tectónica de placas, siendo esta teoría la base de
todos los acontecimientos geológicos que se producen en nuestros días. De ella, y de las
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consecuencias que derivan de sus procesos asociados, nos ocuparemos en el desarrollo del presente
tema.
La relevancia expuesta del tema motiva su inclusión en el currículo. Así, los contenidos del tema se
relacionan con los siguientes bloques de contenidos, según establece la legislación educativa vigente:
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1. SÍNTESIS DE LA TEORÍA DE LA TECTÓNICA DE PLACAS
Los postulados de la Teoría de la Tectónica de Placas intentan dar explicación a la totalidad de los
grandes fenómenos geológicos: distribución y evolución de continentes y océanos, formación de
cordilleras, origen y distribución de los movimientos sísmicos, magmatismo y metamorfismo,
geoquímica, variaciones geográficas del pasado, distribución de seres vivos, etc.
De modo simplista, teoría de la Tectónica de Placas propone un modelo cinemático según el cual la
litosfera está compuesta por un número relativamente reducido de placas que están en continuo
movimiento unas con respecto a otras, y en cuyos límites se localiza la mayor parte de la actividad
sísmica, tectónica, y petrogenética, existente en el planeta.
En profundidad, las placas están compuestas por la corteza terrestre y una parte del manto superior,
alcanzando un grosor medio de unos 100 km, capa a la que se denominó litosfera. Existe bajo estas
placas un canal de baja velocidad (para las ondas S y P), que se comporta plásticamente en contraste
con la litosfera, un millón de veces más rígida (viscosidad: 1026 poises).
En superficie, las placas pueden contener corteza continental, corteza oceánica o, pueden ser mixtas,
cuando contienen ambos tipos de corteza, y las relaciones mutuas entre ellas pueden reducirse a tres
tipos de movimientos relativos que dan lugar a tres tipos de bordes o límites de placa (Tarbuck y
Lutgens, 2005):
- Bodes de placa convergentes o destructivos: donde dos placas tienden a colisionar entre sí,
asociados normalmente a las llamadas zonas de subducción donde una placa, de mayor
densidad, se sumerge forzadamente bajo la otra, internándose en la astenosfera, con cuyos
materiales terminará, a la larga, asimilándose.
- Bordes de placa divergentes o constructivos: son límites de separación de placas, donde se
produce un ascenso de magma profundo como consecuencia de la distensión, que sale a la
superficie de forma de erupciones lineales en la zona llamada de rift. La extensión topográfica
de este tipo de limite son las grandes alineaciones montañosas submarinas denominadas
dorsales oceánicas, a partir de las cuales se produce una continua formación de nueva
litosfera oceánica (expansión de los océanos).
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- Bodes de placa transformantes o pasivos: corresponden a un deslizamiento pasivo de dos
placas enfrentadas. Se localizan principalmente en las grandes fallas transformantes que
cortan periódicamente la estructura de las dorsales oceánicas.
Así pues, los límites entre placas están definidos por tres tipos de estructuras litosféricas: dorsales
oceánicas, fosas oceánicas y fallas transformantes. Estos límites vienen marcados, además, por la
localización de los epicentros sísmicos que constituyen la base para la delimitación de las placas.
En la actualidad se diferencian ocho grandes placas y un número mayor de subplacas o microplacas;
las ocho grandes son: Euroasiática, Africana; Antártica, Indoaustraliana, Pacífica, Nazca,
Norteamericana y Sudamericana.
En un principio, se establece que el motor que mueve las placas son unas corrientes de convección
en una zona del manto superior, situada por debajo de la litosfera, a la que se llamó astenosfera. En
esta capa se observó que las ondas sísmicas disminuían su velocidad y se dedujo que su material, aún
estando en estado sólido, se comportaría como un fluido que ascendía por debajo de las dorsales y
descendía bajo las zonas de subducción; este flujo se produciría a causa de la diferencia de densidad
de los materiales de la base de la astenosfera y los de la parte superior de ésta, debido a la diferente
temperatura que existe en estas zonas.
En la actualidad, mediante la tomografía sísmica, se ha podido asegurar que la convección en estado
sólido se produce en todo el manto terrestre (2.900 km de espesor) y es el mecanismo motor de la
tectónica de placas y de toda la actividad geológica asociada a ésta en la superficie de nuestro
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planeta, como son la deriva continental, la sismicidad, el vulcanismo y las orogenias. La convección
en el manto y la tectónica de placas constituyen un solo sistema, en el que las placas oceánicas son
la cubierta térmica superior, enfriada en la convección. El motor del lento movimiento de las placas
y del manto es el calor radiactivo y el enfriamiento residual del planeta a través de sus 4.500 millones
de años de historia. Las menciones a la astenosfera están sometidas a debate, existiendo hoy día
radiografías del manto en las que aparecen superplumas o superpenachos, ascenso de materiales
desde zonas profundas del manto (llamado nivel D”), y superzonas de subducción.
2. LA DINÁMICA GLOBAL DE LA HISTORIA DE LA TIERRA: EL CICLO DE WILSON
El mejor modelo para visualizar el conjunto de los efectos que se asocian a la Tectónica de placas es
el llamado Ciclo de Wilson en honor al geofísico canadiense John Tuzo Wilson, el cual consta de varias
etapas que son las siguientes:
a) Fragmentación continental: La aparición de un océano comienza con el abombamiento y
fractura de la corteza continental.
b) Se produce una ligera distensión y se hunde una franja dando una fosa o valle de rift, que se
rellena rápidamente de agua dando grandes lagos (África, zona de grandes lagos).
c) Las rocas del manto alcanzan la superficie y comienza a formarse una corteza oceánica,
separando las dos partes del bloque continental inicialmente fracturado. Ej. Mar Rojo actual.
La corteza oceánica aún no se hunde bajo la continental.
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d) La separación de los dos bloques continentales continúa, acumulándose grandes espesores
de sedimentos en el margen continental. Los océanos aún son poco profundos y la corteza
oceánica va fosilizando los cambios de polaridad conforme crece.
e) La separación continúa, pero los océanos son lo bastante profundos como para originar una
importante circulación oceánica que modela las costas y crea el perfil característico del
margen continental. Se origina el talud continental lo que facilita que se deslice material
sedimentario desde la plataforma continental por el talud hasta el glacis, aumentando
rápidamente los sedimentos acumulados (Océano Atlántico). Hasta esta fase el océano
experimenta un crecimiento de tamaño continuo.
f) En el límite continente-océano la litosfera oceánica se hunde bajo la continental, comenzando
la subducción. Esto origina las fosas oceánicas, donde los sedimentos se repliegan lentamente
por el empuje de la placa que subduce.
g) Los sedimentos replegados se constituyen en sistemas montañosos adosados al antiguo
continente (cordilleras perioceánicas). En esta situación los fragmentos del continente son
empujados desde varios lados, tanto por las zonas de subducción como en los márgenes
continentales pasivos. Tienden a unirse de nuevo cerrando el océano, que subduce
totalmente bajo las litosferas continentales hasta que colisionan los fragmentos
continentales.
h) Esta obducción obliga a replegar los sedimentos y crea una cordillera intercontinental como
el Himalaya, cerrando el ciclo.
Considerando que la edad de la Tierra es de aproximadamente 4.600 m.a., el ciclo de Wilson no
constituye un acontecimiento excepcional, sino la norma que hay que aplicar para reconstruir los
fenómenos geológicos. Reconstrucción que no es sencilla, porque no siempre las placas ocupan
grandes extensiones de la superficie terrestre, habiendo microplacas y fragmentos litosféricos, ni la
evolución de los sucesos es tan lineal, pues las zonas de subducción pueden destruir dorsales,
cicatrizar, formar o destruir arcos-isla, etc.
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3. CONSECUENCIAS DE LA TECTÓNICA DE PLACAS
La Teoría de la Tectónica de Placas da explicación a la totalidad de los grandes fenómenos geológicos
entre los que figuran:
3.1. Sismicidad
Las zonas de mayor actividad sísmica actual coinciden con cadenas montañosas recientes y con zonas
de fractura, por tanto, estos procesos se pueden explicar mediante la teoría de la Tectónica de Placas.
Estas zonas son:
• Círculo circumpacífico: alrededor de todo el océano Pacífico y afecta a las costas de Asia,
América y Oceanía. La actividad se manifiesta en los Andes, Montañas Rocosas y las fosas
oceánicas que limitan los arcos isla.
• Franja mediaterráneo-asiática: amplia zona a lo largo del Mediterráneo, Turquía; Himalaya e
Indonesia. Se corresponde con cadenas montañosas recientes.
Según la profundidad a la que se localiza el foco sísmico, los movimientos sísmicos se clasifican en
tres tipos: superficiales, intermedios y profundos, y están directamente relacionados con los tipos de
bordes entre placas.
Los seísmos de foco superficial. Sus focos se localizan entre 10 y 20 km de profundidad debido a que
aquí la litosfera es más delgada. Están relacionados bien con fenómenos volcánicos, bien con
desplazamientos de fallas o en general, con reajustes tectónicos como en los orógenos recientes. Son
característicos de las dorsales oceánicas y las cordilleras orogénicas recientes.
Los seísmos de foco profundo (con hipocentro localizado entre los 80 y 700 km); se localizan en las
zonas de subducción. Su distribución en profundidad sigue una superficie inclinada con buzamiento
hacia la placa que monta; superficie a la que se denomina plano de Benioff. Su origen es la intensa
fricción que se produce entre las placas que chocan.
Los seísmos de foco intermedio se encuentran ligados a las fallas transformantes y sus focos se
localizan a unos 70 km de profundidad. Aquí son consecuencia del movimiento lateral de los bloques.
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3.2. Magmatismo y tectónica de placas
Estimaciones realizadas a partir de la actividad volcánica visible sugieren que cada año se funden en
el interior de nuestro planeta más de 15 Km3 de materiales. De la enorme masa de magma así
originada, las erupciones volcánicas que vemos en la superficie continental sólo representan la
décima parte; el resto origina rocas ígneas efusivas en las profundidades oceánicas o masas ígneas
intrusivas en el interior de la litosfera.
Veremos a continuación la naturaleza de los procesos magmáticos en relación con el ambiente
tectónico en que se desarrollan.
➢ Magmatismo en los bordes constructivos de placa
Se localiza en las dorsales oceánicas. El magma que se produce en estas zonas deriva de materiales
del manto de composición peridotítica. La fusión parcial de estas rocas da origen a un magma de
naturaleza básica o máfica, que asciende a través de fracturas (fisural), formando nueva corteza de
tipo basáltico. En determinadas zonas, asociados a estos bordes de placa divergentes, se pueden
formar islas volcánicas, como Islandia, debido a que la acumulación de las lavas basálticas, en el
fondo del océano, se produce más deprisa que su alejamiento del borde de expansión. El magma que
no alcanza la superficie en estas zonas cristaliza en profundidad y origina rocas de tipo gabro.
Los rifts continentales son menos frecuentes que las dorsales oceánicas y aunque el magmatismo
asociado a estas zonas es fundamentalmente básico, se puede producir un calentamiento de las rocas
de composición granítica de la corteza, lo que provoca su fusión. Por ello se puede encontrar
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vulcanismo de carácter intermedio o ácido (félsico) en estas zonas, aunque volumétricamente es
mucho menos importante que el vulcanismo basáltico. Un ejemplo de este tipo de magmatismo lo
constituye el Kilimanjaro, localizado en rift africano.
➢ Magmatismo en los bordes destructivos
El vulcanismo en arcos isla y en cordilleras de tipo peripacífico da lugar generalmente a rocas de
tipo andesítico, y en menor proporción a riolitas (Anguita y Moreno, 1991). Bajo la superficie se
producen intrusiones de rocas graníticas. Es decir, los magmas que originan estas rocas son de
composición félsica o intermedia, con mayor proporción en silicio.
La complejidad de una zona de subducción explica los distintos orígenes de los magmas. De este
modo, observamos que a medida que la placa oceánica se hunde, el agua que contienen los
sedimentos y, en menor medida los basaltos que la componen, es expulsada y asciende hacia la zona
del manto superior, entre la placa que subduce y la placa continental que se desplaza. El aumento
del contenido en agua produce una disminución de la temperatura de fusión de los materiales del
manto. Durante el ascenso de estos magmas de composición predominantemente basáltica, se
producen procesos de asimilación y/o fusión de la placa continental que pueden modificar la
composición inicial del magma antes de que alcance la superficie.
➢ Magmatismo de zonas intraplaca
La actividad de esta zona se relaciona con focos puntuales: puntos calientes. Se trata de columnas
de material fundido que ascienden del manto (plumas) situadas en el interior de placas continentales
u oceánicas.
El tipo de magmatismo de estas zonas depende fundamentalmente de si hablamos de corteza
oceánica o continental. El magma original es de tipo basáltico, como sucede en las dorsales y lo
seguirá siendo si la pluma está situada bajo la litosfera oceánica. Los volcanes asociados a estos
puntos, como las islas Hawaii, son el resultado de muchas capas finas de lavas fluidas de composición
basáltica.
Si el magma asciende a través de litosfera continental puede evolucionar a composiciones más
félsicas y originar extensas mesetas de lava solidificada como la de Deccan en la India.
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3.3. Metamorfismo y tectónica de placas
Los procesos metamórficos son otra consecuencia importante de la energía interna de la Tierra que,
en este caso, provoca la transformación de unos minerales en otros y, por tanto, la aparición de
nuevas rocas, sin que se alcance la fusión de ningún mineral.
Los agentes que los originan son por una parte el
aumento de la temperatura, y por otro, el aumento de la
presión sobre los materiales y es por ello por lo que los
diferentes tipos de metamorfismo que sufren las rocas
están relacionados con lugares del planeta que coinciden
con límites de placas:
➢ Metamorfismo regional
Se produce por acción combinada de todos los agentes. Es típico de los bordes destructivos. Cuando
se forman orógenos pericontinentales se observan los llamados cinturones dobles de metamorfismo
(Miyashiro, 1973):
• 1º Cinturón: Alta Presión y Baja Temperatura: Condiciones que se generan en las zonas de
subducción cuando se produce el choque entre placas. Los materiales atrapados entre las dos
placas sufren intensas deformaciones, originándose lo que se conoce como Melange.
• 2º Cinturón: Alta Temperatura y Baja Presión: Según se produce la subducción y con el
aumento de la profundidad la temperatura va aumentando considerablemente, mientras que
la alta presión del choque de placas ha disminuido.
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➢ Metamorfismo térmico o de contacto
Aparece ligado a los orógenos, aunque también puede darse en los puntos calientes. El principal
factor que lo origina es el aumento de la temperatura por la presencia de una bolsa de magma
formándose a su alrededor las aureolas metamórficas, bandas de rocas metamórficas con distinto
grado de metamorfismo.
➢ Metamorfismo de enterramiento
Característico de cuencas donde se produce subsidencia, en general en cuencas sedimentarias y en
cualquier lugar de la Tierra a una profundidad de unos 9 km; el factor que la origina es el aumento
de la presión litostática.
➢ Dinamometamorfismo
Se produce en zonas de fractura por la acción combinada del aumento de la presión litostática y
tectónica. Puede generarse en diversas situaciones que nada tienen que ver directamente con los
límites de placas, pero es un tipo de metamorfismo común en los bordes pasivos.
3.4. Sedimentación y tectónica de placas
Al igual que ocurre con las rocas ígneas y metamórficas, el origen y formación de las rocas
sedimentarias está íntimamente ligado a la tectónica de placas. Así, estudiando la distribución actual
de las zonas donde se acumulan los sedimentos, observamos cómo en la mayoría de los casos, estas
zonas se localizan en los bordes de placas (a excepción de los bordes divergentes), en las plataformas
continentales de los márgenes pasivos, o asociadas a antiguos orógenos en fase de erosión que, en
definitiva, representan antiguos límites de placas. Esto no excluye que en el interior de los
continentes existen zonas localizadas (cuencas intracontinentales o plataformas estables) donde se
depositan sedimentos.
Repasando brevemente los distintos bordes de placas, observamos cómo en algunos márgenes
continentales pasivos (asociados a la formación de océanos) se acumulan importantes espesores de
sedimentos, que en algunos casos pueden sobrepasar los 10 km, producto de la erosión de las áreas
continentales que bordean el margen.
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En los márgenes convergentes de colisión continente-continente, donde se desarrollan importantes
procesos orogénicos (formación de montañas), los sedimentos producto de la meteorización y
erosión del orógeno que se está levantando se acumulan en las cuencas colindantes al orógeno
(cuencas de antepaís), junto con los materiales sedimentarios que son transportados por la placa
que subduce, que son apilados formando un prisma de acreción.
3.5. Deformaciones corticales
a) Deformaciones corticales a escala terrestre
Dewley y Bird (1970) propusieron dos tipos básicos de orógenos: marginales (o pericontinentales) y
de colisión (o intercontinentales). Además de estos, existen otros cinturones orogénicos todavía
parcialmente sumergidos en el océano, pero con importantes fenómenos de sismicidad y vulcanismo:
los arcos insulares. analicemos cada uno de ellos por separado:
➢ Orógenos perioceánicos o pericontinentales
Se producen en las zonas de subducción de placa oceánica bajo placa continental. El aumento de
profundidad de la placa que subduce, y la fricción entre ambas, generan calor suficiente para la fusión
parcial de la litosfera oceánica, originado magmas y cinturones de metamorfismo. El atenuamiento
del proceso produce la elevación isostática de la cordillera, su distensión y fracturación, con la
correspondiente salida de magmas basálticos de origen profundo. Como resultado de todo el proceso
se produce un engrosamiento de la corteza continental y su crecimiento marginal en superficie, por
la cordillera formada. Un ejemplo actual de este tipo de orógeno es el de los Andes, formados por
colisión entre la placa de Nazca y la Sudamenricana.
➢ Orógenos intercontinentales
Originados por colisión de dos bloques continentales en las etapas finales del cierre de un océano.
En el choque se produce la compresión de los sedimentos interpuestos entre los continentes, con su
consiguiente plegamiento y fracturación. Se forma así la cordillera y unas mesetas elevadas, que se
sitúan por detrás, a causa del tremendo choque y levantamiento de la placa pasiva. Es característico,
de estos orógenos, la gran intensidad de la deformación. No se produce vulcanismo, debido a que la
obducción cierra los caminos de salida de los magmas. Un ejemplo es la formación del Himalaya por
choque entre la India y Asia.
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➢ Arcos insulares
Se originan en zonas de subducción de parte oceánica de una placa con parte oceánica de otra placa;
cerca de la zona suele haber un continente. En este choque también existe fosa oceánica y un
porcentaje importante del volumen del arco isla es de origen magmático. Los arcos insulares se
forman paralelos al continente y son un conjunto de islas volcánicas situadas en forma de arco.
Ejemplos son Japón, Indonesia, Antillas.
b) Deformaciones corticales a escala local
El resultado de la actuación del esfuerzo tectónico da lugar a la deformación de las rocas, la cual
puede ser de tres tipos:
1. Deformación elástica: se produce cuando la relación entre esfuerzo y deformación es
constante, y el cuerpo puede recuperar su forma original al cesar el esfuerzo deformante. Es
transitoria, por lo que no genera estructuras tectónicas.
2. Deformación plástica: la relación esfuerzo-deformación no es constante, y el cuerpo
sometido quedará con una deformación permanente.
3. Deformación clástica o frágil: este tipo de deformación se produce cuando el
comportamiento plástico llega a su límite, por lo que la roca se rompe.
Las deformaciones plásticas (aquellas que superan el límite de elasticidad de la roca). Como
estructuras más representativas, dan lugar a los pliegues mientras que las deformaciones por rotura
originan fallas.
Los pliegues suelen formarse en rocas estratificadas y pueden clasificarse atendiendo a diversos
aspectos que darán lugar a diferentes tipologías en cada caso. Según su forma, los pliegues se pueden
clasificar básicamente en:
➢ Anticlinal: presenta la concavidad hacia abajo. Los materiales más antiguos están en la zona
más interna. El centro es un eje de simetría; los dos lados del anticlinal muestran inclinaciones
diferentes, pero siempre hacia el exterior de los flancos.
➢ Sinclinal: la concavidad es hacia arriba, y presenta los materiales más antiguos en la
superficie. Los dos lados del sinclinal muestran direcciones (de inclinación) diferentes. Los
estratos se inclinan siempre hacia el núcleo.
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Por su parte las fracturas pueden ser de dos tipos generales: diaclasas y fallas.
Las fallas son roturas en las rocas a lo largo de las cuales ha tenido lugar movimiento o
desplazamiento. Las zonas de fallas tienen un ancho que va desde milímetros hasta cientos de
metros. Los movimientos o desplazamientos (salto total) pueden ser desde pequeños (de escasos
milímetros también) hasta muy grandes, llegando a alcanzar cientos de kilómetros de longitud.
Al igual que los pliegues, se clasifican atendiendo a diversos criterios entre los que destaca la
inclinación del plano de falla que las divide en fallas normales o directas, fallas inversas y fallas
longitudinales o transformantes.
Por otro lado, las diaclasas son roturas en las rocas en las que no se produce desplazamiento. Son las
fracturas más frecuentes en todos los tipos de rocas, y tienen una extensión de milímetros,
centímetros hasta pocos metros en rocas muy grandes.
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4. CONCLUSIONES Y CONSIDERACIONES PEDAGÓGICAS
Después de todo lo expuesto cabe hacernos una pregunta: ¿cómo evolucionará la tectónica de placas
en el futuro? Para responder a esta pregunta debemos localizar las zonas de sombra de la teoría, los
fenómenos peor comprendidos. En primer lugar, la dinámica del manto profundo, tema en el que se
ha avanzado enormemente en las últimas décadas, pero que aún deja mucho campo a la
especulación; también, la incógnita del momento en que la litosfera comenzó a reciclarse en nuestro
planeta, y hasta qué punto una posible tectónica de placas en la Tierra antigua sería semejante a la
actual; por último, la posibilidad de aplicar la dinámica global a otros cuerpos del Sistema Solar, que
parece limitada a la posibilidad de Venus.
Observamos pues, que, a pesar de todo, la tectónica de placas además de ser la teoría sobre la Tierra
más explicativa que ha existido en la historia de la Geología, busca campos de aplicación y nos aporta
infinidad de datos sobre la distribución de las zonas sísmicas y volcánicas activas en la actualidad, por
lo que permite, además, la adopción de medidas preventivas y minimizadoras de catástrofes
naturales como terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, etc.
5. BIBLIOGRAFIA Y WEBGRAFIA
• Anguita, F. y Moreno, F. (1991): Procesos geológicos Internos. Rueda. Madrid.
• Araña, V. y Ortíz-Ramís, R.: Vulcanología. Rueda-C.S.I.C. Madrid.
• Mattauer, M. Las deformaciones de la corteza terrestre. Ed. Omega
• Tarbuk, y Lutgens, (2001). Ciencias de la Tierra. Prentice Hall, Madrid.
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