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Soldadito de Plomo

El cuento 'El soldadito de plomo' de Hans Christian Andersen narra la historia de un soldadito mutilado que se enamora de una bailarina y, a pesar de enfrentar diversas adversidades, logra reunirse con ella gracias a su fuerza de voluntad. Tras una serie de eventos desafortunados, ambos terminan fundidos en un corazón, simbolizando su amor eterno. Este relato enseña valores como la valentía, la perseverancia y el amor, siendo adecuado para niños hasta 12 años.

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Soldadito de Plomo

El cuento 'El soldadito de plomo' de Hans Christian Andersen narra la historia de un soldadito mutilado que se enamora de una bailarina y, a pesar de enfrentar diversas adversidades, logra reunirse con ella gracias a su fuerza de voluntad. Tras una serie de eventos desafortunados, ambos terminan fundidos en un corazón, simbolizando su amor eterno. Este relato enseña valores como la valentía, la perseverancia y el amor, siendo adecuado para niños hasta 12 años.

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El soldadito de plomo

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Ficha del cuento

Autor:
Hans Christian Andersen
Edades:
Hasta 12 años
Valores
Nos enseña que con el valor de la fuerza de voluntad y la fortaleza podemos conseguir
lo que nos proponemos
Give it 10/10
Puntuación:
M
ediocre
O
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B
ueno
E
xcelente
A
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G
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Tu puntuación: Ninguno Puntuación media: 9.2 (2372votes)
Resumen
Un soldadito de plomo mutilado, se enamora de una bailarina. Despues de pasar por
muchas desgracias; el diablo de la caja de sorpresa, de marinero por las alcantarillas,
se le come un pez...al final, gracias a su empeño y a su fuerza de voluntad, consigue
estar unido a su bailarina, ya que debido a una caida fortuita en el fuego de la
chimenea de la casa, sus peanas se fundirán y se uniran para siempre formando un
bonito corazón.
Pulsa sobre cada enlace o desplázate hacia abajo para leer las

distintas versiones del cuento

Texto original
Análisis educativo de sus valores

Texto original:
Érase una vez un niño que tenía muchísimos juguetes. Los guardaba

todos en su habitación y, durante el día, pasaba horas y horas felices

jugando con ellos.

Uno de sus juegos preferidos era el de hacer la guerra con sus soldaditos

de plomo. Los ponía enfrente unos de otros, y daba comienzo a la

batalla. Cuando se los regalaron,se dio cuenta de que a uno de ellos

le faltaba una pierna a causa de un defecto de fundición.

No obstante, mientras jugaba, colocaba siempre al soldado mutilado en

primera línea, delante de todos, incitándole a ser el más aguerrido.

Pero el niño no sabía que sus juguetes durante la noche cobraban vida y

hablaban entre ellos, y a veces, al colocar ordenadamente a los

soldados, metía por descuido el soldadito mutilado entre los otros

juguetes.

Y así fue como un día el soldadito pudo conocer a una gentil

bailarina, también de plomo. Entre los dos se estableció una corriente

de simpatía y, poco a poco, casi sin darse cuenta, el soldadito se

enamoró de ella. Las noches se sucedían deprisa, una tras otra, y el

soldadito enamorado no encontraba nunca el momento oportuno para

declararle su amor. Cuando el niño lo dejaba en medio de los otros

soldados durante una batalla, anhelaba que la bailarina se diera


cuenta de su valor por la noche , cuando ella le decía si había pasado

miedo, él le respondía con vehemencia que no.

Pero las miradas insistentes y los suspiros del soldadito no pasaron

inadvertidos por el diablejo que estaba encerrado en una caja de

sorpresas. Cada vez que, por arte de magia, la caja se abría a

medianoche, un dedo amonestante señalaba al pobre soldadito.

Finalmente, una noche, el diablo estalló.

-¡Eh, tú!, ¡Deja de mirar a la bailarina!

El pobre soldadito se ruborizó, pero la bailarina, muy gentil, lo consoló:

-No le hagas caso, es un envidioso. Yo estoy muy contenta de hablar

contigo.

Y lo dijo ruborizándose.

¡Pobres estatuillas de plomo, tan tímidas, que no se atrevían a

confesarse su mutuo amor!

Pero un día fueron separados, cuando el niño colocó al soldadito en

el alféizar de una ventana.

-¡Quédate aquí y vigila que no entre ningún enemigo, porque aunque

seas cojo bien puedes hacer de centinela!-

El niño colocó luego a los demás soldaditos encima de una mesa

para jugar.

Pasaban los días y el soldadito de plomo no era relevado de su puesto de

guardia.

Una tarde estalló de improviso una tormenta, y un fuerte viento sacudió


la ventana, golpeando la figurita de plomo que se precipitó en el

vacío. Al caer desde el alféizar con la cabeza hacia abajo, la

bayoneta del fusil se clavó en el suelo. El viento y la lluvia persistían.

¡Una borrasca de verdad! El agua, que caía a cántaros, pronto formó

amplios charcos y pequeños riachuelos que se escapaban por las

alcantarillas. Una nube de muchachos aguardaba a que la lluvia

amainara, cobijados en la puerta de una escuela cercana. Cuando la

lluvia cesó, se lanzaron corriendo en dirección a sus casas,

evitando meter los pies en los charcos más grandes. Dos muchachos se

refugiaron de las últimas gotas que se escurrían de los tejados,

caminando muy pegados a las paredes de los edificios.

Fue así como vieron al soldadito de plomo clavado en tierra, chorreando

agua.

-¡Qué lástima que tenga una sola pierna! Si no, me lo hubiera llevado a

casa -dijo uno.

-Cojámoslo igualmente, para algo servirá -dijo el otro, y se lo metió en un

bolsillo.

Al otro lado de la calle descendía un riachuelo, el cual transportaba

una barquita de papel que llegó hasta allí no se sabe cómo.

-¡Pongámoslo encima y parecerá marinero!- dijo el pequeño que lo

había recogido.

Así fue como el soldadito de plomo se convirtió en un navegante. El agua

vertiginosa del riachuelo era engullida por la alcantarilla que se tragó


también a la barquita. En el canal subterráneo el nivel de las aguas

turbias era alto.

Enormes ratas, cuyos dientes rechinaban, vieron como pasaba por

delante de ellas el insólito marinero encima de la barquita

zozobrante. ¡Pero hacía falta más que unas míseras ratas para

asustarlo, a él que había afrontado tantos y tantos peligros en sus

batallas!

La alcantarilla desembocaba en el río, y hasta él llegó la barquita

que al final zozobró sin remedio empujada por remolinos

turbulentos.

Después del naufragio, el soldadito de plomo creyó que su fin estaba

próximo al hundirse en las profundidades del agua. Miles de

pensamientos cruzaron entonces por su mente, pero sobre todo, había

uno que le angustiaba más que ningún otro: era el de no volver a ver

jamás a su bailarina...

De pronto, una boca inmensa se lo tragó para cambiar su destino.

El soldadito se encontró en el oscuro estómago de un enorme pez, que

se abalanzó vorazmente sobre él atraído por los brillantes colores de su

uniforme.

Sin embargo, el pez no tuvo tiempo de indigestarse con tan pesada

comida, ya que quedó prendido al poco rato en la red que un

pescador había tendido en el río.

Poco después acabó agonizando en una cesta de la compra junto con

otros peces tan desafortunados como él. Resulta que la cocinera de la


casa en la cual había estado el soldadito, se acercó al mercado para

comprar pescado.

-Este ejemplar parece apropiado para los invitados de esta noche -dijo

la mujer contemplando el pescado expuesto encima de un

mostrador.

El pez acabó en la cocina y, cuando la cocinera la abrió para limpiarlo, se

encontró sorprendida con el soldadito en sus manos.

-¡Pero si es uno de los soldaditos de...! -gritó, y fue en busca del niño

para contarle dónde y cómo había encontrado a su soldadito de

plomo al que le faltaba una pierna.

-¡Sí, es el mío! -exclamó jubiloso el niño al reconocer al soldadito

mutilado que había perdido.

-¡Quién sabe cómo llegó hasta la barriga de este pez! ¡Pobrecito, cuantas

aventuras habrá pasado desde que cayó de la ventana!- Y lo colocó en

la repisa de la chimenea donde su hermanita había colocado a la

bailarina.

Un milagro había reunido de nuevo a los dos enamorados. Felices de

estar otra vez juntos, durante la noche se contaban lo que había

sucedido desde su separación.

Pero el destino les reservaba otra malévola sorpresa: un vendaval

levantó la cortina de la ventana y, golpeando a la bailarina, la hizo caer

en el hogar.
El soldadito de plomo, asustado, vio como su compañera caía. Sabía

que el fuego estaba encendido porque notaba su calor.

Desesperado, se sentía impotente para salvarla.

¡Qué gran enemigo es el fuego que puede fundir a unas estatuillas de

plomo como nosotros! Balanceándose con su única pierna, trató de

mover el pedestal que lo sostenía. Tras ímprobos esfuerzos, por fin

también cayó al fuego. Unidos esta vez por la desgracia, volvieron a

estar cerca el uno del otro, tan cerca que el plomo de sus pequeñas

peanas, lamido por las llamas, empezó a fundirse.

El plomo de la peana de uno se mezcló con el del otro, y el metal

adquirió sorprendentemente la forma de corazón.

A punto estaban sus cuerpecitos de fundirse, cuando acertó a pasar por

allí el niño. Al ver a las dos estatuillas entre las llamas, las empujó con

el pie lejos del fuego. Desde entonces, el soldadito y la bailarina

estuvieron siempre juntos, tal y como el destino los había unido: sobre

una sola peana en forma de corazón.

Análisis de sus Valores

Lo mejor del cuento Lo menos bueno


La fuerza de voluntad que nos enseña el soldadito de plomo El Lo extensa de la versión original
empeño que demuestra para acercarse a la bailarina La valentía que Es un cuento un poco dramático,
posee al enfrentarse a todas las desgracias que le suceden La historia sobre todo para los niños más
de amor que subyace en todo el cuento pequeños
Valoración

Es un cuento que nos enseña muchos valores educativos tales

como, la fuerza de voluntad, el tesón , la valentía...También es

un cuento indicado para niños que tiene algún hándicap que


superar, ya que el soldadito nos demuestra que hay que seguir

adelante aún faltándole una pierna. Esa lucha y valentía se ve

reflejada en todo el cuento. Y todo ello movido por el amor, un

valor que también debemos potenciar en nuestros hijos.

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