Peregrinos de la Esperanza: Semana Santa
Peregrinos de la Esperanza: Semana Santa
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JESÚS NUESTRO REY Y SEÑOR, ESPERANZA QUE NO DEFRAUDA
Objetivo: Reconocer y reavivar en esta apertura de semana santa, la
presencia del Señor, en medio de las familias, de los jóvenes y de los niños,
es decir la Iglesia.
Desarrollo:
Después de haber proclamado el Evangelio, y seguidamente habiendo
asperjado los ramos y el pueblo con el agua, procedemos a la
peregrinación, desde este lugar que previamente se ha dispuesto hacia el
templo; en este recorrido encontraremos tres momentos dedicados al
encuentro con Jesús, la esperanza de quienes creen en él y lo siguen.
Estos son los siguiente:
1. Primer momento: “la oración es escuela de la esperanza”
Lema: “hagan oración, sean mis testigos”.
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Signo: la familia y los amigos: llevan una cruz de ramo y un rosario.
Continuamos el recorrido, cantando y alabando al Señor
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3. Tercer momento: “alabemos y bendigamos al Señor nuestra
esperanza”
Lema: “bendigan y alaben al Señor, sean mis testigos”
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Un Encuentro de Humildad
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La vivencia de la semana Santa o Semana Mayor ha
sido a lo largo de la historia de la Iglesia un momento
importante para la vida espiritual de todo cristiano,
quien en cada uno de los días vive el amor de Nuestro
Señor Jesucristo por la humanidad, comprende
también como Dios Padre nos entrega a través del
sacrificio y entrega de su Hijo, el signo más valioso de la
esperanza que él tiene de que el ser humano pueda convertirse
y vivir plenamente en paz y a la vez, nos da un faro que guía
nuestro camino hacia la salvación.
En la eucaristía del jueves Santo del año anterior, el Papa
Francisco hacía una gran invitación que debemos tener
siempre presente: “Jesús perdona todo. Jesús perdona siempre.
Sólo pide que le pidamos perdón”. Es una invitación a no
cansarnos de pedir perdón. Como jóvenes a veces se nos
olvide lo valioso que es perdonar y saber pedir perdón, es sanar
nuestro corazón y vivir el amor. Este día es muy especial porque
vivimos varios momentos que son valiosos para nuestra vida
espiritual, Jesús nos enseña a servir al otro colocando primero la
necesidad del prójimo sobre nuestras propias necesidades, nos
invita a vivir el amor en cada instancia de nuestra propia vida y
ante todo a reconocer le valor incalculable que tiene el ministerio del
sacerdocio, recordemos que desde el bautismo todos compartimos el
sacerdocio común y algunos son llamados a recibir el sacerdocio
ministerial que nos acerca al altar del Señor a vivir su entrega por nosotros.
[Link]
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Sugerencias: Se pueden presentar vidas como la de Santa Catalina de Siena
quien vivió sus últimos siete años de vida solo alimentándose de la eucaristía,
donde nos recuerda el valor del cuerpo y la sangre de Cristo como alimento
de nuestra vida espiritual y corporal o buscar la biografía del Beato Carlo
Acutis, y compartir ese amor de este santo milenial.
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• Tercer momento: “el valor del Sacerdocio”
Se llevará a los jóvenes en procesión con cantos eucarísticos hasta llegar a
un lugar donde habrá fotos de los sacerdotes que han acompañado a las
parroquias y se vivirá un espacio de oración por ellos. Sugerencia,
recordarles que fue un sacerdote quien los hizo hijos de Dios, a través de un
sacramento, por tanto, se ora por ellos con un padre nuestro y ave María.
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El Valor del Sacerdocio; La procesión y los cantos eucarísticos crean un
ambiente de reverencia y gratitud hacia los sacerdotes. Al orar por ellos y
recordar su servicio, los jóvenes pueden valorar el papel fundamental que
desempeñan en la comunidad y reconocer su dedicación. Esta actividad
les permite a los jóvenes comprender la importancia del sacerdocio en la
Iglesia, y valorar el trabajo de los sacerdotes que los han acompañado. El
poder ver las fotografías de los sacerdotes, ayuda a tener presente su
servicio, y a poder recordar los momentos en que ellos han sido una guía
espiritual.
Es importante que los jóvenes puedan compartir sus experiencias y
reflexiones después de cada actividad, para que puedan internalizar los
mensajes y aplicarlos en su vida cotidiana.
Cultivar la esperanza:
- Comprometerse a recordar y repetir las frases de
aliento recibidas, especialmente en momentos de
dificultad.
- Identificar y apreciar las situaciones y personas que
generan esperanza en la propia vida.
- Convertirse en fuente de esperanza para otros, compartiendo
mensajes positivos y ofreciendo apoyo.
Vivir el servicio:
- Realizar las acciones de servicio comprometidas, como dar un
mercado o ayudar académicamente.
- Buscar oportunidades diarias para servir a los demás, con humildad y
generosidad.
- Adoptar una actitud de servicio en todas las áreas de la vida,
priorizando las necesidades de los demás.
- Inspirar a otros jóvenes a descubrir y desarrollar sus talentos para
ponerlos al servicio de los demás.
Valorar el sacerdocio:
- Mantener una actitud de gratitud y respeto hacia los sacerdotes.
- Orar regularmente por los sacerdotes, pidiendo por su fortaleza y
santidad.
- Reconocer y apoyar el importante papel que desempeñan los
sacerdotes en la comunidad.
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- ¿Que representa para tu vida el
sacrificio que se realizará en este día?
- Si bien en este día representa el sacrificio y entrega
por amor, ¿vives de acuerdo al sacrificio o ese sacrificio
ha Sido en vano?
- ¿Cuál acto de amor estarías dispuesto a hacer en
esta semana?
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ENCUENTRO ESPIRITUAL: "LA CRUZ, ANCLA DE NUESTRA
ESPERANZA"
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mano derecha remuevan la cinta. Explícales nuevamente que la mano
derecha representa a Jesús que viene a ayudarnos y limpiarnos si nosotros
se lo pedimos.
• La mano izquierda = el hombre
• La cinta (tape) = el pecado
• La mano derecha = Jesucristo.
• El remover la cinta = la libertad.
HACIA LA ESPERANZA
- ¿QUÉ CELEBRA LA IGLESIA EL VIERNES SANTO?
El Viernes Santo toda la Iglesia se une
en duelo y espíritu penitencial para
conmemorar la Pasión y Muerte del
Señor. La liturgia de hoy, en toda su riqueza, nos depara
momentos intensos en los que podremos profundizar en el
misterio del sacrificio de Cristo.
El viernes se reza el Vía Crucis [El camino de la cruz], se
escucha el “Sermón de las Siete Palabras” En Viernes Santo
no se celebra la Santa Eucaristía ni ningún otro sacramento,
a excepción, claro está, del Sacramento de la
Reconciliación y la Unción de los Enfermos en caso de
necesidad o urgencia.
En la tarde del Viernes Santo se realiza la Celebración de la
Pasión (celebración de la palabra) del Señor, que
conmemora los distintos momentos por los que pasó el Jesús
en las horas previas a su muerte. Ese itinerario de dolor se
recuerda paso a paso a través de la lectura de la Palabra, la
Adoración de la Cruz y la Comunión Eucarística consagrada
el día previo, Jueves Santo.
- A QUÉ ME INVITA
Jesús vive su momento más intenso y doloroso, pero confiado a la voluntad
del padre, “Padre si quieres aparta de mí esta copa: pero no se haga mi
voluntad sino la tuya”, y nos pide “levantarnos y orar para no caer en
tentación”, este el momento para preguntarnos, ir a nuestro interior. ¿En mis
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momentos de sufrimiento, miedo o tristeza me confío a la voluntad de Dios
y la acepto? ¿Cuál es mi actitud frente al sufrimiento? ¿En los momentos de
debilidad, fragilidad, alegría o gozo me mantengo atento y en oración para
volverme a levantar?
Que este viernes santo no se quede solo en los momentos litúrgicos que
presenta la iglesia, sino que nos permitamos vivir un cambio real en nuestro
interior como gesto de amor, arrepentimiento y agradecimiento a Jesús por
su acto más grande de amor por mí y por ti, porque su entrega en la cruz
por nuestra salvación no fue “colectiva”, así como nos llamó por nuestro
nombre, del mismo modo a cada uno nos da la salvación. Como el buen
ladrón, reconozcamos que no somos merecedores del reino de Dios por
nuestros pecados, pero el señor es justo y mira el corazón de quien lo busca
y pide ser recordado y perdonado. Porque gracias a Cristo, las puertas que
se habían cerrado a causa de nuestros pecados han sido abiertas de nuevo
para nunca jamás cerrarse de nuevo. ¿Quién, conociendo esta verdad,
podría seguir viviendo igual? ¿No es esta la victoria más grande de la
historia?
La cruz de Cristo es nuestra ancla en medio de la tormenta, nuestra brújula
que señala el camino correcto. Nos recuerda que, aunque las olas golpeen
con fuerza, tenemos una esperanza firme. En este encuentro, navegaremos
juntos por el mar de la reflexión para comprender el sacrificio de Jesús y lo
que significa para nuestra vida.
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EL CAMINO HACIA LA LUZ - REMANDO HACIA
LA ESPERANZA
Se propone para este momento la oración
de Jesús en el Huerto leída anteriormente. Seguidamente se
realiza un recorrido, con luces tenues o en completa oscuridad,
mientras suena de fondo un canto gregoriano o instrumental
solemne. Este ambiente simboliza la tempestad del mundo, la
incertidumbre de la vida y la oscuridad del pecado.
Cada joven, al caminar este sendero, escribirá en un papel aquello a lo que
necesita morir y al final del recorrido lo depositará a los pies de la cruz. Esto
simboliza soltar el peso que nos impide remar hacia Dios.
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trago, la droga o en que método de distracción me refugio para
evitar el sufrimiento?
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TERCER MOMENTO: EL SEÑOR SE VOLVIÓ Y MIRÓ A PEDRO. RECORDÓ PEDRO
LAS PALABRAS QUE LE HABÍA DICHO EL SEÑOR: <<ANTES QUE CANTE HOY EL
GALLO, ME HABRÁS NEGADO TRES VECES>> (Lc 22,61) (La imagen del
sagrado corazón de Jesús y un espejo)
¿Cuántas veces nos hemos sentido miedo como Pedro? ¿Cuántas veces no
hemos obedecido? Tal vez no somos tan distintos a Pedro, no lo negamos
con palabras, pero sí con nuestras acciones. Al callar sobre nuestra fe para
evitar burlas, cuando elegimos el camino fácil en lugar del correcto, cuando
desobedecemos, cuando el miedo al qué dirán nos impide vivir con
coherencia nuestra relación con Dios, la negación de Pedro no fue
repentina sino un proceso que vamos a considerar para así evitar caer
nosotros.
Pedro tenía una confianza excesiva en él mismo, orgulloso y se creía mejor
que los demás.
No ejerció la vigilancia en la oración como lo indicó Jesús.
No entendió la naturaleza de la batalla que se estaba librando y usó armas
para pelear.
Quedaron solos al ser arrestado Jesús, cuando no tenemos comunión con él
fracasamos.
Se mezcló con los enemigos de Cristo, identificándose como uno de ellos.
El miedo lo llevo a negarlo.
Pedro falló, pero su historia no terminó en la negación sino en la fidelidad. Se
arrepintió y pidió perdón.
Hoy Jesús nos mira, como miró a Pedro, no con una mirada de condena sino
de amor, una que nos dice, “Te conozco, sé de qué estás hecho, sé que el
miedo te ha vencido, pero también sé que puedes levantarte y vencerlo.
Al igual que Pedro, cada uno de nosotros tiene una elección: seguir
escondidos por miedo o dejar que esa mirada nos transforme.
- ¿Qué me impide vivir mi fe con valentía?
- ¿veo a Jesús a través de mis ojos?
- ¿estoy dispuesto a dejar que Jesús restaure mi corazón como lo hizo
con Pedro?
- ¿Me he avergonzado de profesar mi fe por pena, miedo o para
encajar en algún grupo? ¿Qué desafíos tengo que enfrentar para ser
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un buen testigo de Cristo en estos momentos? ¿Qué hubiera hecho
yo si estuviera en el lugar de Pedro?
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Los jóvenes reflexionaremos que actitudes nos mantienen en la oscuridad:
egoísmo, soberbia, mentira, indiferencia, incredulidad, resentimiento, etc. Al
final del recorrido, se entregan los papeles o post donde los jóvenes puedan
escribir esas actitudes, situaciones, personas a las necesitan morir o renunciar
para resucitar o volver el corazón totalmente dispuesto a Dios.
- EL SACRIFICIO DE UN PADRE
[Link]
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Se proyecta el video del maquinista que sacrifica a su hijo para salvar a los
pasajeros del tren. Tras verlo, se lee la cita del Evangelio de San Juan 3, 16,
se abre un espacio de diálogo con algunas de las siguientes preguntas
- ¿Qué pasaba con las personas en el tren?
- ¿Tú qué harías? ¿vale la pena salvarlos?
- ¿Qué sintieron al ver el video?
- ¿Cómo creen que se sintió el padre?
- ¿En qué se relaciona el evangelio con el video?
➢ LA PASIÓN DE CRISTO
Se proyecta un fragmento de la película La Pasión de Cristo,
específicamente el momento de la crucifixión. Luego, se invita a una nueva
reflexión:
• ¿Cómo se manifiesta el amor de Dios en la cruz?
• ¿Nos damos cuenta del precio de nuestra salvación?
• ¿Seguimos aferrándonos a aquello que nos hunde en el
pecado?
Sugerencia: (esto queda a libertad) se les da una Cruz, que la miren
fijamente, mientras se proclama una parte de la crucifixión. Jn 19, 17-18, 25-
27, 30, 32-34.
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La resurrección es de esperanza, de gozo y de Gloria
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- Desesperanza por sentirnos incomprendidos, por la falta de relaciones
sanas, creyendo que nadie nos escucha o que estamos enfrentando
nuestras luchas sin apoyo.
- Desesperanza por el fracaso, cuando intentamos algo con todas
nuestras fuerzas y no obtenemos los resultados esperados, cuando nos
sentimos insuficientes.
- Desesperanza por la injusticia y el mal en el mundo, al ver la violencia,
la pobreza, la corrupción y el sufrimiento de otros que nos hace creer
que el bien no tiene fuerza suficiente para transformar la realidad.
Al menos una vez en nuestra historia, por nuestra condición humana, hemos
padecido cualquiera de estas realidades, donde la desesperanza nos ha
inundado. La cruz de cada día, la cruz de la muerte, la cruz de la violencia,
la cruz de la soledad, la cruz del fracaso, se ha vuelto tan pesada que nos
ha hecho caer como a Jesús camino al Calvario. El silencio del sepulcro ha
sido tan ensordecedor que hemos llegado a preguntarnos ¿para qué
seguir? ¿Qué sentido tiene todo esto?
Así como nosotros, probablemente estuvieron los discípulos el
viernes y el sábado. Sobrecogidos, desanimados,
acongojados. Pero entonces, vemos el testimonio de
quienes les precedieron. Algo sabían, algo sentían, algo
esperaban. Así lo hizo Abrahán, quien “siguió
esperando cuando ya no había ninguna esperanza”
(Rm 4, 18), lo sabía Job al proclamar “reconozco que
lo puedes todo y ningún plan es irrealizable para ti” (Job
42, 2), lo sabía María, incluso al no entender lo que
sucedía “he aquí la esclava del Señor, hágase en mí
según tu palabra” (Lc 1, 38). Lo que caracterizó a estas
personas no fue su confianza en sus propios planes, o en
sus propias habilidades, fue su abandono total a Dios, a
su voluntad y una esperanza firme, sobrenatural, en su
Palabra.
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liberta, natural de Panamá. Su padre, debido a su pobreza, no podía
casarse con una mujer de su condición, lo que no impidió su
amancebamiento con Ana Velásquez. Fruto de ella nació también Juana,
dos años menor que Martín. Nacido en el barrio limeño de San Sebastián,
Martín de Porres fue bautizado el 9 de diciembre de 1579.
Martín inició su aprendizaje de boticario en la casa de Mateo Pastor, quien
se casaría con la hija de su tutora. Esta experiencia sería clave para Martín,
conocido luego como gran herbolario y curador de enfermos, puesto que
los boticarios hacían curaciones menores y administraban remedios para los
casos comunes. También fue aprendiz de barbero, oficio que conllevaba
conocimientos de cirugía menor.
La vida en el convento estaba regida por la obediencia a sus superiores,
pero en el caso de Martín la condición racial también era determinante. Su
humildad era puesta a prueba en muchas ocasiones. Parecía tener una
concepción muy pobre de sí mismo y hasta como miserable, y por lo tanto
digno de malos tratos. Aunque frecuentaba a la gente de color y a castas,
nunca planteó reivindicaciones sociales ni políticas; se dedicó únicamente
a practicar la caridad, que hizo extensiva a otros grupos étnicos. Todas estas
dificultades no impidieron que Martín fuera un fraile alegre. Sus
contemporáneos señalan su semblante alegre y risueño. Lo que hace, que
Martin llegue a la santidad es la esperanza en Dios que no defrauda.
Esta esperanza que no se ve, esta fuerza demoledora, esta confianza
profunda de los creyentes, como lo manifiesta el salmo incluso en la
desesperanza "aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú
vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan" (Sal 23,4), viene de lo Alto,
viene de la fuerza y omnipotencia de nuestro Señor, de una
profunda confianza de que Él como Padre, no sabe dar cosas
malas a sus hijos, que siempre busca, quiere nuestro bien, y de que
jamás, ni por nuestras miserias más indignas, nos abandonará.
Se les pide a los jóvenes el cerrar los ojos. Se les invita a hacer
un ejercicio de inmersión.
- Imagina que desde niño sueñas con consagrarte a
Dios, pero te dicen que no puedes ser frágil porque
naciste hijo de una esclava negra y un noble español.
- Imagina que amas curar y ayudar a los demás, pero
que te prohíben entrar a la enfermería del convento
porque tu color de piel no es digno de la medicina.
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- Imagina que, a pesar de hacer todo con amor, te
asignan siempre los trabajos más duros: barrer,
limpiar, servir ... mientras ves a otros despreciarte sin
conocerte.
- Imagina que tus hermanos en la fe te llaman
"perro mulato", que te apartan del coro, del altar,
y aun así sigues con el corazón lleno de paz.
- Imagina que la gente te mira con desconfianza
cuando cuidas enfermos, aunque tú seas el único
que se atreve a tocar a los apestados.
- Imagina que tienes el deseo de fundar un
hospital para todos, sin distinción de raza ni
clase, pero nadie te toma en serio porque eres "solo un donado", no
un sacerdote.
Se les pide a las y los jóvenes que abran los ojos y se les comenta:
Sirvió a todos sin distinción, no le importaba si eran ricos o pobres,
blancos o negros, religiosos o no: amaba y ayudaba a todos, porque
veía en cada persona el rostro de Cristo.
Sanó con amor y fe, aunque no era médico oficialmente, curó a
muchísimas personas con remedios naturales, oración y una ternura
que sanaba el cuerpo y el alma.
Vivió en profunda humildad, aceptó los trabajos más simples (barrer,
cocinar, limpiar) con alegría, como si estuviera sirviendo directamente
a Jesús. Transformó lo pequeño en algo grande.
Construyó puentes, no muros, en un tiempo de discriminación racial,
unió a personas de diferentes clases, razas y culturas, mostrándoles
que todos somos hermanos.
Oraba en silencio y actuaba en secreto, pasaba horas en oración
profunda, y muchas de sus obras buenas las hacía sin buscar
reconocimiento. Vivía para agradar a Dios, no para ser aplaudido.
Fue sembrador de paz, cuando había conflictos o injusticias,
respondía con serenidad, sin odio ni venganza. Su fuerza era la
mansedumbre.
Soñó con un mundo más justo, quiso fundar un hospital para todos, y
aunque no lo logró en vida, inspiró a muchos a continuar ese sueño.
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SEGUNDO DO MOMENTO: LA VIGILIA
Buscar integrar los signos de la vigilia, luz (fuego), agua (bautismo, una
fuente), Palabra y Eucaristía.
[Link]
Eternal Eclipse - Chronicles of a Hero (Official Music Video)
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- “¡Este es nuestro Dios, ningún otro, cuenta al lado de él! El penetró
todos los caminos de la ciencia y se la dio a Jacob, su servidor, y a
Israel, su predilecto. Después de esto apareció sobre la tierra, y vivió
entre los hombres”
- Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los
purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les arrancaré
de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne.
- Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que
observen y practiquen mis leyes. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su
Dios.
Se para la música de repente y sin el ruido de las olas y en el silencio sentido
se proclama la última cita:
“¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos
hemos sumergido en su muerte? Por el bautismo fuimos sepultados con él en
la muerte, para que, así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también
nosotros llevemos una Vida nueva”
Se pone a reproducir canción esperanzadora:
[Link]
Q0W2F0&start_radio=1&pp=ygUWY2FuY2nDs24gZXNwZXJhbnphZ
G9yYaAHAQ%3D%3D
Se les va entregando a cada uno una vela encendida, aún con los ojos
vendados. Cuando todos tengan la vela en sus manos, se les empieza a
llamar cada uno por su nombre, puede ser en simultáneo. Cuando se les
haya llamado a todos, el sacerdote, o el diácono, dicen en voz alta: Yo te
[Link]
WNzV
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bautizo en el nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Si no
está presente alguno, se puede colocar este audio.
Se empieza a aplaudirlos como en el bautismo de los
niños y se les pide que se quiten las vendas.
Continuando con el signo de las velas se les dice a
los jóvenes
Esta es la luz de Cristo, luz de la fe que recibiste de tus
padres, la fe que custodió el pueblo de Israel, la fe
que los sacó de Egipto, la fe que es cumplimiento de
todas las promesas de los profetas, que recibiste en
el Bautismo, que confirmaste o vas a confirmar en el Sacramento
de la Confirmación. Hoy nuevamente ¿quieres recibirla?
Si la respuesta generalizada es Sí, el guía dice:
Mira entonces a tu Dios, que quiere estar Contigo, que Vive y te quiere
Vivo.
Se expone el Santísimo, se canta Él Vive y se comienza la adoración.
Para meditar:
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Al finalizar la adoración, se da la bendición y se reserva el Santísimo dando
paso al momento celebrativo
TERCER MOMENTO: RESURRECCIÓN Y CELEBRACIÓN
Se proclama en voz alta:
San Marcos 16, 1-2.4-7
A la madrugada del primer día de la semana, cuando salía el sol, fueron al
sepulcro. Pero al mirar, vieron que la piedra había sido corrida; era una
piedra muy grande.
Al entrar al sepulcro, vieron a un joven sentado a la
derecha, vestido con una túnica blanca. Ellas
quedaron sorprendidas, pero él les dijo: «No
teman. Ustedes buscan a Jesús de Nazaret, el
Crucificado. Ha resucitado, no está aquí. Miren el
lugar donde lo habían puesto. Vayan ahora a
decir a sus discípulos y a Pedro que él irá antes
que ustedes a Galilea; allí lo verán, como él se
lo había dicho». Palabra del Señor.
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