Genesis
Para ser honestos no se como comenzó todo. Cuando
querés partir desde un punto resulta que otro le precede.
No recuerdo del todo, pero lo que si recuerdo era la
vergüenza que me daba conocer chicos. Yo estaba en La
Plata y ya sabía que era gay pero nunca antes había estado
con nadie. Sentía mucha inseguridad de mí mismo, por
alguna extraña razón de mis pelos en las piernas y la falta
de este mismo en la frente. Era flaquísimo, narizón,
frentudo y peludo; nada parecido a lo que mostraban las
imágenes de “chicos guapos” en WeHeartIt. Usaba Tinder
y me daba hasta vergüenza deslizar hacia la derecha por
miedo de hacer match con un chico y tener que
enfrentarme a la terrorífica tarea de tener que hablarle por
mensaje a través de un celular. Un día llegó Grindr como lo
que pretendía ser pero aún no lo sabía, un verdadero
molinillo. ¿Saben lo que hacen los molinillos? Trituran
granos enteros hasta reducirlos a polvo. En este caso con
una máscara amarilla de logo. ¿Quién se oculta ahí? Me
sorprendió que en ese momento eso parecía una gran
fiesta, mucha gente había ahí. Y en ese frenetismo pensé
que esa era la manera de relacionarme. Como una droga
me zambullí y todas las inseguridades parecían
desaparecer al tiempo que pedía cada vez más, todo
marchaba bien siempre y cuando esa rueda se mantuviese
girando, y cuando no giraba había que hacerla girar. No se
podía detener, no me quería detener pero tampoco podía
detenerla. Ya era demasiado grande, quería parar, te juro
que quería pero ya no sabía como, había algo en ella que
hacia que me mantenía atado. Por mas que intentase no
podía. Todo ese sexo casual me daba cierta sensación de
seguridad. Un día llego él. Desde el primer momento que
estuvimos me destrozó la mente, era como si un sueño se
convirtiera en realidad, era la clase de chico que nunca
hubiera estado conmigo (yo 21 años con la mentalidad de
un niño de 15). Mitad de 2019. Mantuvimos una relación
sexoafectiva rápida y superflua, pero de mi parte como
niño que nunca había experimentado el amor ni el deseo
hacia nadie en concreto se sintió como amor. Confundí el
deseo con intención. Hasta ese día, ese día del cual nunca
jamás pude hablar. El cuatrimestre había terminado, ya era
el ultimo día que tenia que estar en la ciudad antes de
volverme al pueblo y tenia un turno para extraerme sangre
y realizarme unos análisis. Ese mismo día a la noche tenía
una cita con él. Me extraje la sangre. Esa noche en su casa.
Como siempre era solo sexo. No recuerdo si fue esa la vez
que habíamos tomado unas cervezas con nachos, pero eso
no viene al caso. La cuestión es que termino como siempre
terminaba, los dos en la cama. Yo me sentía bien al saber
que el me deseaba. Ya habíamos hablado de esto, sin
embargo sucedió igual. El arriba mio y sin forro. Le
excitaba cuando me hacia el dormido pero esta vez no era
el caso. Yo tenía los ojos bien abiertos, mirando a los suyo
mientras le decía que no. No. Obvio que no, me decía, con
una cara de perverso que todavía no puedo sacarme de la
retina, mientras seguía haciéndolo. Hasta que
efectivamente terminó. Inmediatamente fui al baño,
expulsé de dentro de mi esa parte de él sintiendo el ardor
de un cuerpo reclamando una negación que no había sido
atendida. En el agua del inodoro solo estaba eso, esa parte
de él, que ni siquiera sabía si era toda o solo una parte.
Lloré, me quise ir pero no tenía datos ni crédito para pedir
un auto. El me pidió que me quedara. Me pidió perdón. Y
ahí me quedé, como una gacela que duerme con el león o
un cazador con su presa. Sabia que estaba mal pero
tampoco nadie me enseño a valorar lo mío. Y cuando nadie
te enseña a valorar lo valioso, es más fácil para ellos
arrebatártelo.
Esa fue la ultima vez que lo vi. Al día siguiente me volví
para el pueblo, para bahía antes en realidad. Era el día del
amigo, o no se que cosa. Salimos al club, no había tomado
demasiado sin embargo quebré. Estaba un poco ebrio, pero
no necesariamente a ese punto, de hecho recuerdo todo lo
ocurrido. Me sentía muy mal al día siguiente, y los
consiguientes. Cuando vuelvo a la ciudad empeoró.
Recuerdo haber caído una noche con fiebre y no
levantarme sino hasta el día siguiente no, sino el otro.
Vomitaba, volaba de fiebre, y me iba por el inodoro.
Recuerdo estar mareado, desidratado, toda la cama mojada
y yo helado, nunca había estado así. Sin embargo apenas
pude ponerme de pie sin marearme seguí con lo que tenia
que hacer. No fui al hospital sino a hacer tramites.
Recuerdo pensar que estar enfermo no era una opción
cuando sos grande y nadie esta ahí para ayudarte. Por mas
fiebre que tengas las cosas tienen que ser hechas, esa era
mi mentalida. Y ahí estaba yo: en pleno EDELAP esperando
el turno mientras poco podía mantener mi compostura, sin
embargo no pensaba que esa era razón suficiente para ser
tratado. Había sacado turno para la medica, ella atendia
los viernes y esto era recién lunes. No fui a la guardia,
espere al viernes. Obviamente cuando llegó ese día yo ya
estaba bien pero le conté lo sucedido. Me dio unas ordenes
para hacer unos análisis de sangre. Los resultados
tardarían una semana aproximadamente sin embargo a los
pocos días me llamaron del laboratorio para que los vaya a
buscar. Algo había. Las enzimas hepáticas por las nubes,
era claramente un daño digno de una hepatitis. La medica
me pidió mas estudios sin embargo ninguno arrojó un
diagnostico certero. Lo mas plausible era una reacción
hepatotóxica al antidepresivo que había empezado a tomar
recientemente, sin embargo era muy extraño casi
imposible por parte de esa medicación. Tal vez había
tomado demasiado alcohol esa noche? Yo sabia que no. La
cuestión es que yo ya estaba bien, por lo que descartando
las causas mas alarmantes como algún tipo de virus de la
hepatitis ya no era necesario seguir con el diagnostico.
Quedo en la historia clínica como un simple suceso. Todo
esto mas o menos septiembre de 2019 estamos hablando.
2020 se desata el covid. Plena pandemia y mama
desestabilizada mentalmente. Un día tomaba veneno. Al
otro se cortaba los brazos. En otro iba con un palo de
hierro a la casa de papa a acosarlo. Y en ese alboroto
estaba él. Salido del molinillo como siempre. Pero era luz,
como es luz que se cuela por la boca de la cerradura. Estar
con el me hacia sentir bien. Era pandemia, mi madre tenia
intentos de suicidios, no tenia amigos, pero lo tenia a el.
Todo estaba muy mal pero me sentía tranquilo con el. Todo
estaba mal y no podía estar peor. Pero me equivoque. Fue
un 20 de junio que fuimos juntos a la cruz roja para
hacernos un análisis de sangre. Sangre de nuevo. Había
pasado un año desde el ultimo análisis. Pero este era
distinto, una sola gota para detectar VIH. Sabíamos que
ambos éramos negativos pero eso nos iba a dar
tranquilidad. Pero no. Recuerdo estar sentados en las
escalinatas del edificio. En el piso, juntos porque eso era
comodidad. El me mostraba una nutricionista conocida que
hacia dietas keto y se llenaba de guita. Y también que … se
escucha su nombre. Lo estaban llamando para darle el
resultado, vuelve a los tres minutos y me muestra:
NEGATIVO. En mayúsculas. Me llaman a mi. Me empizan a
hablar, no recuerdo que me decían pero sobre la
importancia de cuidarme y cuidar a los demás. El tiempo
ya iba pasando y notaba que estaba mas tiempo del que
estuvo Antonio. Me empecé a preocupar, no tenia sentido
que me hablen tanto a no ser que… POSITIVO. En
mayúsculas.
El mundo cambió pero yo no quería hacerlo. Hacerlo
significaba tener que aceptar que algo me había cambiado,
y ese algo era demasiado perturbador. El cerebro es frágil,
sabes? Es un órgano de reflejos, solo busca protegerse y
perdurar. A costa de lo que sea. Y es así como continué con
mi mismo patrón de comportamiento. El mundo siguió,
avanzo, pero yo seguí ahí, estancado en un positivo en
mayúsculas impreso en un papel. Condena firme para ser
preso de mi mismo.
Dicen que la obsesión es pensar que algo que funcionó y
funcionó bien va a funcionar siempre para todo. Sin
embargo eso no sucede, y las puertas comienzan a no
abrirse si siempre usas la misma llave. Y el tiempo pasa, y
la gente avanza a nuevas habitaciones y vos seguís ahí,
esperando a que el foco eventualmente se apague.
Quiero seguir pero algo me detiene. Me arrastra hacia la
oscuridad. A veces quiero creer que es algún tipo de
maleficio, como si de una densa marea me persiguiese.
Pero creo que en realidad solo soy yo mismo. Mi propio
enemigo, el único que busca estar peor pero que lucha por
estar mejor. Y le sirve, porque si intenta mejorar entonces
el mal puede continuar. Como si se retroalimentaran, como
si se necesitasen mutuamente. Pero ya no quiero que ser
mi enemigo, quiero ir únicamente hacia adelante con toda
mi potencia hacia la misma dirección.
Necesito ser mejor.
Me han arrebatado mucho, pero no todo. Me enseñaron a
odiarme así no mostraba resistencia cuando fueron a
saquarme. Me enseñaron que necesitaba a los demás solo
para volverme dependiento no de alguien sino del sistema
entero, para que puedan someterme cuando quisieran y
pedirles permiso para que me abusaran. Eso hacen los
lideres de las sectas: le hacen creer a sus seguidores que
dependen de él, que nada mas tienen, y que los va a salvar
para que de esta manera no huyan. Someten a sus súbditos
y hacen que hagan lo que quieran no por la opresión o
fuerza, sino por hacerles creer que eso es lo que ellos
quieren. Los vuelven sumisos. El les pega y ellos piden
perdón. Así es como operan. Se valen de la necesidad del
humano de sentirse parte de un grupo, de un sentimiento
de pertenencia que llena un vacio existencial. Pero cuando
pueden salir, si es que lo logran, es que se dan cuenta que
estuvieron sometidos.
El vacio es inherente al humano. La pertenencia no existe.
Nada en el exterior va a hacernos sentir plenos nunca.
Debemos sanar de dentro hacia afuera, del mismo modo
que las flores florecen. El verdadero cambio se encuentra
dentro. Pero para hacerlo primero debemos salir de esta
gran secta, sino nunca jamás vamos a poder tener libertad
si seguimos queriendo ser sometidos por una migaja de
seguridad y pertenencia.
La sociedad condena a las sectas porque ella misma, en
esencia, lo es. Construimos naciones, religiones e
instituciones para aplacar el sentimiento de vacio y
aferrarnos a uno de pertenencia. Sin embargo es falso. Lo
unico real que existe es la naturaleza. La tierra, el agua y
el aires, los animales que habitan en el, los cliclos del
biosfera y la cooperacion mutua. Sin embargo nos
esforzamos por construir y mantener esta densa macula
social para sentir que somo algo mas que este efimero,
vacio y carente de sentido momento que transitamos como
vida.
Es como si existiera el mundo real, y por encima múltiples
capas de redes cada vez mas y mas solidas y fuertes. La
red superior condiciona a la inferior. Y es que la maldad no
se encuentra en las redes mas inferiores sino en las
superiores. En esa ultima red de acero que condiciona a
todas las de abajo. Esa red es la que menos gente
concentra pero a la que mas condiciona, y todavía no estoy
del todo seguro de si es un conjunto de personas en si
mismo. La realidad es que las personas no son malas, pero
la red en si misma lo es. Hace que personas buenas hagan
y mantengan una red que es mala. Todos queremos
liberarnos pero estamos condicionados a contribuir en la
continuidad de esta red. Es malo que exista pero también
sería un verdadero caos si se disolviera. Y es que el
humano es bueno individualmente pero egoísta
socialmente. No conciente pero si inconscientemente. No
todos pero si la mayoría. Y es así como se mantiene el
sistema. Es así como esta gran secta que llamamos mundo
moderno funciona para someternos. Y queremos que lo
haga, queremos que nos someta, porque creemos
genuinamente que esto es lo mejor, tal vez porque no nos
atrevemos a salir y ver que en realidad no lo es. Pero
nunca lo haremos si no nos cuestionamos estas cosas. No
salimos por miedo. Y así nos someten, a través del miedo,
la mejor y más económica manera de someter a alguien.
Economía, de eso se trata todo.
Hoy (16/5/24) me encuentro en un momento del cual hace
rato vengo sobrevolando. La idea de hacer puntos finales y
puntos de partidas. Siento que algo nuevo esta sucediendo,
que el mundo que era volvió a cambiar como tantas veces
lo hizo antes, y que esta nueva realidad requiere de una
nueva cosmovisión de afrontamiento. Ya no soy estudiante.
Ya no soy hijo. Ya no soy niño. Ya no estoy condicionado al
deber ser. Ahora soy yo en todo mi esplendor. Esto es lo
que construí. Este soy yo con todas las letras, no hay
manera de decir que soy lo que los demás quieren que yo
sea. Este señor de veintiséis años tiene un carácter, valores
bien definidos y un conocimiento del mundo y de si mismo
ya no ingenuo. Este señor de veintiséis años sigue siendo
un diamante en bruto, pero ya no puede escusarse de no
serlo. Este señor de veintiséis años se hace cargo de su
vida, y sabe que todo absolutamente todo es su
responsabilidad. El pasado ya no lo condena, ya que no se
identifica con el. Si bien lo asume sabe que este no lo
condena. Su única condena es la visión que tiene de los
hechos, pero no los hechos en si mismos. Este señor de
veintiséis años sabe que aun es joven pero que no lo será
por mucho mas tiempo. Que hay cosas que ya no se
perdonan, y que hay un castillo que construir para cuando
ya no lo sea. Y que si ese castillo no está construido hoy no
importa demasiado, pero que si no esta construido en unos
años puede ser un gran peso. Y como sabe que Roma no se
construye en un solo día, prefiere empezar hoy.