0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas5 páginas

Satélites naturales del sistema solar

Los satélites naturales son cuerpos celestes que orbitan planetas, siendo la Luna el único satélite de la Tierra. Además, se describen los asteroides y cometas, así como la expansión del universo y los descubrimientos de Edwin Hubble sobre las galaxias. La teoría del Big Bang se apoya en la radiación de fondo descubierta en 1965, lo que sugiere que el universo tuvo un comienzo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
16 vistas5 páginas

Satélites naturales del sistema solar

Los satélites naturales son cuerpos celestes que orbitan planetas, siendo la Luna el único satélite de la Tierra. Además, se describen los asteroides y cometas, así como la expansión del universo y los descubrimientos de Edwin Hubble sobre las galaxias. La teoría del Big Bang se apoya en la radiación de fondo descubierta en 1965, lo que sugiere que el universo tuvo un comienzo.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Los satélites

[editar]
Artículo principal: Satélite natural

Los satélites naturales son astros que giran alrededor de los planetas. El único
satélite natural de la Tierra es la Luna, que es también el satélite más cercano
al Sol. A continuación se enumeran los principales satélites de los planetas del
sistema solar (se incluye en el listado a Plutón, considerado por la UAI como
un planeta enano).

 Tierra: 1 satélite → Luna


 Marte: 2 satélites → Fobos, Deimos
 Júpiter: 92 satélites
→ Metis, Adrastea, Amaltea, Tebe, Ío, Europa, Ganimedes, Calisto, Leda, Himalia, Lis
itea, Elara, Ananké, Carmé, Pasífae, Sinope...
 Saturno: 83 satélites
→ Pan, Atlas, Prometeo, Pandora, Epimeteo, Jano, Mimas, Encélado, Tetis, Telesto,
Calipso, Dione, Helena, Rea, Titán, Hiperión, Jápeto, Febe...
 Urano: 27 satélites
→ Cordelia, Ofelia, Bianca, Crésida, Desdémona, Julieta, Porcia, Rosalinda, Belinda,
Puck, Miranda, Ariel, Umbriel, Titania, Oberón.
 Neptuno: 14 satélites
→ Náyade, Talasa, Despina, Galatea, Larisa, Proteo, Tritón, Nereida
 Plutón: 5 satélites → Caronte, Nix, Hidra, Cerbero y Estigia
Asteroides y cometas
[editar]
Artículos principales: Asteroide y Cometa.

C/2014 Q2 (Lovejoy)

En aquellas zonas de la órbita de una estrella en las que, por diversos motivos, no
se ha producido la agrupación de la materia inicial en un único cuerpo dominante
o planeta, aparecen los discos de asteroides: objetos rocosos de muy diversos
tamaños que orbitan en grandes cantidades en torno a la estrella, chocando
eventualmente entre sí. Cuando las rocas tienen diámetros inferiores a 50 m se
denominan meteoroides. A consecuencia de las colisiones, algunos asteroides
pueden variar sus órbitas, adoptando trayectorias muy excéntricas que
periódicamente les acercan la estrella. Cuando la composición de estas rocas es
rica en agua u otros elementos volátiles, el acercamiento a la estrella y su
consecuente aumento de temperatura origina que parte de su masa se evapore y
sea arrastrada por el viento solar, creando una larga cola de material brillante a
medida que la roca se acerca a la estrella. Estos objetos se denominan cometas.
En nuestro sistema solar hay dos grandes discos de asteroides: uno situado entre
las órbitas de Marte y Júpiter, denominado el Cinturón de asteroides, y otro mucho
más tenue y disperso en los límites del Sistema Solar, a aproximadamente un año
luz de distancia, denominado Nube de Oort.

Mapa del universo observable con los objetos astronómicos notables conocidos en la
actualidad. Los cuerpos celestes aparecen con el tamaño agrandado para poder apreciar su
forma.

Indicios de un comienzo
[editar]
Véase también: Cronología del universo temprano

La teoría general de la relatividad, publicada por Albert Einstein en 1916, implicaba


que el cosmos se hallaba en expansión o en contracción. Pero este concepto era
totalmente opuesto a la noción de un universo estático, aceptada entonces hasta
por el propio Einstein. De ahí que este incluyera en sus cálculos lo que denominó
“constante cosmológica”, ajuste mediante el cual intentaba conciliar su teoría con
la idea aceptada de un universo estático e inmutable. Sin embargo, ciertos
descubrimientos que se sucedieron en los años 1920 llevaron a Einstein a decir
que el ajuste que había efectuado a su teoría de la relatividad era «el mayor error
de su vida». Dichos descubrimientos se realizaron gracias a la instalación de un
enorme telescopio de 254 centímetros en el monte Wilson (California). Las
observaciones formuladas en los años 1920 con la ayuda de este instrumento
demostraron que el universo se halla en expansión.

Hasta entonces los mayores telescopios solo permitían identificar las estrellas de
nuestra galaxia, la Vía Láctea, y aunque se veían borrones luminosos, llamados
nebulosas, por lo general se tomaban por remolinos de gas existentes en nuestra
galaxia. Gracias a la mayor potencia del telescopio del monte Wilson, Edwin
Hubble logró distinguir estrellas en aquellas nebulosas. Finalmente se descubrió
que los borrones eran lo mismo que la Vía Láctea: galaxias. Hoy se cree que hay
entre 50 000 y 125 000 millones de galaxias, cada una con cientos de miles de
millones de estrellas.

A finales de los años 1920 Hubble también descubrió que las galaxias se alejan de
nosotros, y que lo hacen más velozmente cuanto más lejos se hallan.
Los astrónomos calculan la tasa de recesión de las galaxias mediante
el espectrógrafo, instrumento que mide el espectro de la luz procedente de los
astros. Para ello dirigen la luz que proviene de estrellas lejanas hacia
un prisma que la descompone en los colores que la integran.

La luz de un objeto es rojiza (fenómeno llamado corrimiento al rojo) si este se aleja


del observador, y azulada (corrimiento al azul) si se le aproxima. Cabe destacar
que, salvo en el caso de algunas galaxias cercanas, todas las galaxias conocidas
tienen líneas espectrales desplazadas hacia el rojo. De ahí infieren los científicos
que el universo se expande de forma ordenada. La tasa de esta expansión se
determina midiendo el grado de desplazamiento al rojo. La conclusión que se ha
extraído de la expansión del cosmos se puede ilustrar de la siguiente forma: un
científico invitó al público a analizar el proceso a la inversa —como una película de
la expansión proyectada en retroceso— a fin de observar la historia primitiva del
universo. Visto así, el cosmos parecería estar en recesión o contracción, en vez de
en expansión, y retornando finalmente a un único punto de origen.

El físico Stephen Hawking concluyó lo siguiente en su libro Agujeros negros y


pequeños universos (y otros ensayos), editado en 1993: «La ciencia podría afirmar
que el universo tiene que haber conocido un comienzo». Pero hace años, muchos
expertos rechazaban que el universo hubiese tenido principio. El científico Fred
Hoyle no aceptaba que el cosmos hubiera surgido mediante lo que llamó
burlonamente "a big bang" («una gran explosión»). Uno de los argumentos que
esgrimía era que, de haber existido un comienzo tan dinámico, deberían
conservarse residuos de aquel acontecimiento en algún lugar del universo: tendría
que haber radiación fósil, por así decirlo; una leve luminiscencia residual.

El diario The New York Times (8 de marzo de 1998) indicó que hacia 1965 «los
astrónomos Arno Penzias y Robert Wilson descubrieron la omnipresente radiación
de fondo: el destello residual de la explosión primigenia». El artículo añadía:
«Todo indicaba que la teoría [de la gran explosión] había triunfado».

Pero en los años posteriores al hallazgo se formuló esta objeción: Si el modelo de


la gran explosión era correcto, ¿Por qué no se habían detectado leves
irregularidades en la radiación? (La formación de las galaxias habría requerido un
universo que contase con zonas más frías y densas que permitieran la fusión de la
materia.) En efecto, los experimentos realizados por Penzias y Wilson desde la
superficie terrestre no revelaban tales irregularidades.

Por esta razón, la NASA lanzó en noviembre de 1989 el satélite COBE (siglas de
Explorador del Fondo Cósmico, en inglés), cuyos descubrimientos se calificaron
de cruciales. Las ondas que detectó su radiómetro diferencial de microondas
correspondían a las fluctuaciones que dejaron su impronta en el cosmos y que
hace miles de millones de años llevaron a la formación de las galaxias.

Otros términos
[editar]

Foto del Cosmos tomada con el telescopio Hubble.

Diferentes palabras se han utilizado a través de la historia para denotar "todo el


espacio", incluyendo los equivalentes y las variantes en varios lenguajes de
"cielos", "cosmos" y "mundo". El macrocosmos también se ha utilizado para este
efecto, aunque está más específicamente definido como un sistema que refleja a
gran escala uno, algunos, o todos estos componentes del sistema o partes.
Igualmente, un microcosmos es un sistema que refleja a pequeña escala un
sistema mucho mayor del que es parte.
Aunque palabras como mundo y sus equivalentes en otros lenguajes casi siempre
se refieren al planeta Tierra, antiguamente se referían a cada cosa que existía (se
podía ver). En ese sentido la utilizaba, por ejemplo, Nicolás Copérnico. Algunos
lenguajes utilizan la palabra "mundo" como parte de la palabra "espacio exterior".
Un ejemplo en alemán lo constituye la palabra "Weltraum". 35
[ ]

También podría gustarte