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2025 T 112

Los Diez Mandamientos son normas que promueven el amor hacia Dios y el prójimo, resaltando que la verdadera justicia se manifiesta a través del amor y las acciones. La idolatría y la injusticia social son considerados los principales pecados que contradicen estos mandamientos. La Ley no solo se trata de cumplir reglas, sino de aplicar justicia y misericordia hacia los demás, siguiendo el ejemplo de amor de Jesús.

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Los Diez Mandamientos son normas que promueven el amor hacia Dios y el prójimo, resaltando que la verdadera justicia se manifiesta a través del amor y las acciones. La idolatría y la injusticia social son considerados los principales pecados que contradicen estos mandamientos. La Ley no solo se trata de cumplir reglas, sino de aplicar justicia y misericordia hacia los demás, siguiendo el ejemplo de amor de Jesús.

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Lección 12 para el 22 de marzo de 2025

Los Diez Mandamientos son una serie de normas


que, casi siempre, comienzan con la palabra “no”,
seguida de una acción prohibida.
¿Qué tiene que ver el amor con tanta prohibición?
Debe de tener mucho que ver, puesto que el
resumen de estos mandamientos es: amar y amar.
Está claro que la Ley no es algo exclusivamente
personal. Es el código que define cómo debo
comportarme con Dios y con mis semejantes. Por
eso, la Ley nos enseña a amar.
LOS DOS MANDAMIENTOS PRINCIPALES
“Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu
mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo
como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas” (Mateo 22:37-40)

¿Cómo se relaciona el amor con la Ley Amar a Dios Amar al prójimo


(Mt. 22:37-40; Dt. 6:5; Lv. 19:18)?
I Que Dios sea tu único V Ama a tus padres en
Parece fácil ser justo Amor todo momento
guardando la letra de la
Ley. Pero la verdadera II Dios no necesita VI Muestra tu amor
intermediarios para respetando la vida y los
justicia se demuestra recibir tu amor sentimientos de los
amando. Eso es lo que demás
Jesús le pidió al joven III Muestra tu amor a
Dios respetando su VII Ama a tu cónyuge y sé
rico, que creía ser justo: siempre fiel
Nombre
muestra con acciones
tu amor hacia los VIII El amor respeta lo
IV Dedica el sábado a que es del otro
demás [“dalo a los relacionarte con el
pobres”], y tu amor Creador y Redentor a IX Ama sin hacer daño
quien amas con tus palabras
hacia Dios [“ven y
sígueme”] X Ama sin codiciar lo que
(Mt. 19:16-22). pertenece a quien amas
LOS DOS PECADOS PRINCIPALES
“Él [Acab] fue en gran manera abominable, caminando en pos de los ídolos […] restituid al agraviado,
haced justicia al huérfano, amparad a la viuda” (1º de Reyes 21:26a; Isaías 1:17b)
Existen dos pecados que son mencionados insistentemente a lo
largo de toda la Biblia: la idolatría y la injusticia social. Estos dos
pecados son la antítesis de los dos grandes mandamientos:

¿Muestras tu amor por alguien haciendo lo contrario de lo que


te ha pedido? Eso es exactamente lo que hace quien se postra
ante un ídolo. Aunque diga que ama a Dios, con sus actos lo
niega; porque no solo no respeta Su Ley, sino que muestra su
amor a un objeto inanimado, en lugar de al Creador.
En cuanto al amor hacia los demás, Pablo lo deja muy claro:
“El amor no hace mal al prójimo” (Ro. 13:10).
“El SEÑOR ama la justicia y el derecho; llena está la tierra
de su amor” (Salmos 33:5 NVI)

Dado que Dios ama la justicia (Sal. 33:5), es lógico que se enoje
con aquellos que actúan injustamente.
Uno de los ejemplos más claros lo tenemos en el salmo 82,
donde Asaf nos muestra la reacción de Dios ante la actitud de los
jueces que tenían la responsabilidad de aplicar la justicia, pero
usaban su autoridad para actuar injustamente.
Estos jueces, llamados dioses por su puesto de responsabilidad
–ejerciendo la justicia por delegación divina (Sal. 82:1, 6; Jn.
10:34-36)– defienden la injusticia y favorecen a los impíos.
Dios les hace un llamado especial para que defiendan al
desvalido y al necesitado (Sal. 82:2-4 NVI). Si no lo hacen así,
morirán por su injusticia (Sal. 82:7).
Y este clamor por la justicia no atañe solo a aquellos que tienen
responsabilidades judiciales. Dios exige a cada uno de nosotros
que haga justicia (Miq. 6:8; Dt. 16:20; Pr. 21:3; 1Jn. 2:29).
LO MÁS IMPORTANTE DE LA LEY
“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque diezmáis la menta y el eneldo y el comino,
y dejáis lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe. Esto era necesario hacer,
sin dejar de hacer aquello” (Mateo 23:23)

Diezmar aún lo más pequeño es obedecer la ley y, por tanto, hacer lo que es
justo (Mt 23:23a). Entonces ¿por qué Jesús dice que los actos de escribas y
fariseos dejan de lado la justicia (Mt. 23:23b)?
Hacer justicia no es ser justo, sino aplicar
correctamente la Ley a los demás. De ahí
que en la propia Ley [el Pentateuco] haya
excepciones para proteger al desvalido
(Dt. 24:17-21).
Casi todos los profetas tienen palabras de reproche para los que
actúan injustamente con los demás, o no aplican la justicia con
amor (Is. 1:23; Jer. 22:3; Ez. 22:7; Zac. 7:10). Para Isaías, por ejemplo,
buscar la justicia implica auxiliar a los desvalidos (Is. 1:17).
Nehemías se indignó cuando, amparados por la ley, los ricos exigían
la devolución de préstamos sin tener en cuenta la situación de
pobreza de sus hermanos (Neh. 5:6-11).
“¿Quién, pues, de estos tres te parece que fue el prójimo
del que cayó en manos de los ladrones? Él dijo: El que usó
de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz
tú lo mismo” (Lucas 10:36-37)
Muchos entendían que la orden registrada en Levítico
19:18 de amar al prójimo se aplicaba solo a aquellos
que eran israelitas. Si no es israelita, no es mi prójimo.
Sin embargo, no todos defendían esa idea. Por eso, un
escriba que preguntó algo que él mismo era capaz de
responder, quiso justificarse preguntando: “¿Quién es
mi prójimo?” (Lc. 10:25-29).
Jesús no reveló la nacionalidad del hombre herido camino de Jericó. Ni el
sacerdote ni el levita, ejemplos de cumplimiento de la Ley, se interesaron
por el desvalido. Sin embargo, un “no prójimo”, un samaritano, fue “movido
a misericordia” y cumplió la Ley de amar al prójimo como a uno mismo
(Lc. 10:30-37).
El enemigo busca el poder y se preocupa por su propio bienestar. Jesús
dejó su trono, se humilló, y bajó a servir a los demás y dar su vida por
nosotros. ¿A quién imitaremos? Seamos seguidores e imitadores de Jesús.
“Los que aman a Dios no pueden abrigar odio o envidia. Mientras
que el principio celestial del amor eterno llena el corazón, fluirá a
los demás, no simplemente porque se reciban favores de ellos,
sino porque el amor es el principio de acción y modifica el
carácter, gobierna los impulsos, domina las pasiones, subyuga la
enemistad y eleva y ennoblece los afectos. Este amor no se reduce
a incluir solamente “a mí y a los míos”, sino que es tan amplio
como el mundo y tan alto como el cielo, y está en armonía con el
de los activos ángeles. Este amor, albergado en el alma, suaviza la
vida entera, y hace sentir su influencia en todo su alrededor. […]
Si amamos a Dios de todo nuestro corazón, debemos amar
también a sus hijos. Este amor es el Espíritu de Dios. Es el adorno
celestial que da verdadera nobleza y dignidad al alma y asemeja
nuestra vida a la del Maestro”
E. G. W. (Testimonios para la iglesia, tomo 4, pg. 221)

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